Dios, la ciencia y la Biblia
26 ene 2009 Comentarios desactivados
in Ciencia, Diseño inteligente, Temas de actualidad, Teoría de la Evolución
Dios, la ciencia y la Biblia
Noticias de actualidad del mundo científico
Por Mario Seiglie, Tom Robinson y Scott Ashley
— Hallazgo arqueológico confirma la Biblia (una vez más)
— Se desprestigia otro argumento evolucionista
Hallazgo arqueológico confirma la Biblia (una vez más)
Recientemente, el Museo Británico anunció el descubrimiento de una extraordinaria y muy significativa inscripción cuneiforme entre su gran colección de tablillas mesopotámicas. Muchos aclaman este hallazgo como otra asombrosa prueba de la veracidad del Antiguo Testamento, y sin duda que lo es.
Mientras buscaba informes financieros entre algunos documentos babilónicos, Michael Jursa, profesor visitante de Viena, se topó con el nombre de un funcionario de la corte del rey Nabucodonosor de Babilonia. Este nombre también figura en el libro de Jeremías como uno de los oficiales del rey, aunque al deletrearse es un poco diferente.
La tablilla, de más de 2500 años de antigüedad, estuvo en la colección del museo desde 1920, pero se ignoraba su importancia. Ahora se sabe que identifica a Nabu-sharrussu-ukin como el jefe eunuco de Nabucodonosor. Esto corresponde al nombre hebreo Nebo Sarsequín mencionado en Jeremías 39:3 (Nueva Versión Internacional).
En realidad, esta nueva información ayuda a resolver un problema de traducción en el versículo. La mayoría de las Biblias no contienen este nombre de manera explícita. Por ejemplo, la versión Reina-Valera menciona los nombres en Jeremías 39:3 como “Nergal-sarezer, Samgar-nebo, Sarsequim el Rabsaris, Nergal-sarezer el Rabmag”.
Aquí, Samgar ha sido identificado como el nombre de un lugar relacionado con Nergal-sarezer en vez de formar parte de un nombre compuesto con Nebo, que lo sigue en esta versión. Pero en algunas traducciones más actuales, el nombre aparece como Nebo Sarsequín. Y de hecho este nuevo descubrimiento confirma que efectivamente es el nombre correcto de uno de los oficiales principales del rey Nabucodonosor.
Los detractores de la Biblia que alegan que el libro de Jeremías es un relato ficticio escrito siglos después del período babilonio, se ven en serios apuros para explicar la exactitud con que se registraron los nombres de personas extranjeras de relativamente poca importancia.
Una de las dificultades que desde hace mucho tiempo han enfrentado los críticos de la Biblia tiene que ver con las numerosas menciones de nombres aparentemente insignificantes, insertados aquí y allá. Algunos especulan que fueron agregados sólo para que los relatos parecieran auténticos. Otros sugieren que ciertos personajes importantes de historias posteriores fueron incluidos solapadamente en algunos relatos antiguos para cumplir una función poética.
De ser así, ¿cómo se explica la alusión a alguien como Nebo Sarsequín, una figura de poca monta de un país extranjero y que tiene un nombre difícil que nunca vuelve a ser mencionado, y que resulta ser correcto? Es obvio que el autor del libro de Jeremías estaba muy familiarizado con los detalles de los tiempos en que escribió y que se preocupó de ser preciso. La conclusión lógica es que este libro fue indudablemente escrito por Jeremías en tiempos de la conquista de Judá por parte de los babilonios, bajo Nabucodonosor.
Este descubrimiento es solamente el más reciente de muchos hallazgos arqueológicos que confirman la exactitud del libro de Jeremías. Una reciente excavación en Jerusalén dejó al descubierto una bula, que es un grabado en arcilla endurecida, con la impresión del sello que lleva el nombre de Jucal hijo de Selemías, hijo de Sevi. Esta persona, un funcionario de la corte del rey Sedequías, es mencionado en Jeremías 37:3 y 38:1-4.
Otra bula, encontrada a corta distancia de la ya mencionada, tiene grabado el nombre de Gemarías hijo de Safán, el escriba real (36:10). Y antes de ésta, se encontraron dos notables bulas que llevan el nombre del escriba de Jeremías, Baruc hijo de Nerías.
Todas estas personas existieron de verdad, como lo atestigua Jeremías. Estos hechos demuestran que el libro de Jeremías relata historia verdadera, al igual que todo el resto de la Biblia. BN
Se desprestigia otro argumento evolucionista
¿Cuántas personas han aprendido en la escuela sobre la existencia de los supuestos “órganos vestigiales” de nuestro cuerpo? Este término se emplea en la biología para referirse a un órgano “que ha perdido su función, pero que la tuvo en los antepasados de la especie de la que se trata”. Se supone, pues, que ciertas partes de nuestro organismo son vestigios de órganos que alguna vez fueron útiles.
Por mucho tiempo los evolucionistas han alegado que los órganos vestigiales de utilidad decreciente, que Darwin llamó “rudimentarios”, son una prueba de que los organismos vivientes han evolucionado a partir de formas de vida más primitivas.
Sin embargo, investigaciones posteriores han demostrado que los supuestos órganos o estructuras rudimentarios del cuerpo humano —como el apéndice, las amígdalas y el cóccix— no son “rudimentarios” en absoluto. Por el contrario, son estructuras muy útiles y cuyo propósito está bien definido.
Ahora se sabe que el apéndice, probablemente el más conocido de los supuestos órganos vestigiales, tiene una importante función inmunológica, especialmente en los primeros años de vida. “El apéndice, al igual que las amígdalas y las adenoides, consideradas como parte de estos órganos ‘vestigiales’, es un órgano linfoide (parte del sistema inmunológico) que produce anticuerpos para combatir las infecciones en el aparato digestivo. En la convicción de que el apéndice era tan sólo un ‘sobrante’ del proceso evolutivo, muchos cirujanos lo extraían (incluso cuando estaba sano) cuando se encontraban interviniendo en la cavidad abdominal. Hoy en día, y en la gran mayoría de los casos, la extracción de un apéndice saludable es considerada un error médico” (David Menton, Ph.D., “La cola humana y otros cuentos de la evolución”, St. Louis MetroVoice, enero de 1994).
Ahora se sabe que las amígdalas, durante largo tiempo consideradas inútiles, también cumplen una importantísima función en el sistema inmunológico. Estas glándulas actúan como un mecanismo defensivo en contra de las infecciones en las vías respiratorias superiores y aportan un gran servicio al aparato digestivo al filtrar la materia extraña que pueda entrar en el cuerpo a través de la boca o la nariz.
“En cierto momento los médicos llegaron a pensar que las amígdalas eran simplemente restos evolutivos inservibles y las extirpaban convencidos de que esto no causaría ningún daño. Hoy en día existen pruebas abrumadoras de que se producen más problemas en las vías respiratorias superiores después de la extracción de las amígdalas que antes, y los médicos en general coinciden en que la simple dilatación de las amígdalas no justifica la cirugía” (J.D. Ratcliff, Your Body and How it Works [“Su cuerpo y su funcionamiento”], 1975, p. 137).
La vértebra caudal, más conocida como cóccix, es otra de las supuestas estructuras vestigiales cuya valiosa función ha sido descubierta, en particular en lo que respecta a la habilidad para sentarnos de manera cómoda. Muchas personas que han debido sufrir la extracción de este hueso tienen grandes dificultades para sentarse.
Más aún, los numerosos músculos adheridos al cóccix son importantes para la función intestinal y el parto, ya que sostienen los órganos internos y mantienen cerrada la entrada del tubo digestivo. Además, este hueso cumple una importante función como punto de inserción de varios músculos y ligamentos, entre ellos el glúteo mayor, que es el músculo grande que baja por la parte posterior del muslo y nos permite caminar erguidos.
Gracias a extensas investigaciones y descubrimientos en el campo de la anatomía y fisiología humanas, la lista de los órganos que en su momento fueron considerados rudimentarios ha disminuido de 100 a principios del siglo xx a prácticamente cero en la actualidad. Ahora tenemos pruebas de que los órganos que alguna vez se consideraron como casi inservibles, en verdad son muy útiles. Sin embargo, muchos textos escolares y universitarios sobre la evolución todavía se refieren a ellos como supuestas pruebas de la teoría evolucionista.BN
http://www.lasbuenasnoticias.org/archivos/2008/bn012008/diosciencia.htm
Mitos de la evolución Parte 2
26 ene 2009 9 comentarios
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Mitos de la evolución Parte 2
Hay quienes se sorprenderán al descubrir que algunas renombradas “pruebas” de la evolución son todo menos eso. Aquí examinamos cuatro ejemplos típicos, para saber lo que los hechos muestran en realidad.
Por Mario Seiglie
Como vimos en el artículo anterior, Carlos Darwin presentó en su libro El origen de las especies lo que, según él, eran numerosos ejemplos del reino animal que apoyaban su teoría de la evolución. Pero ¿la apoyaban realmente? Examinemos algunas otras supuestas pruebas y veamos qué tan convincentes son después de 150 años.
La cría de palomas: selección artificial contra selección natural
Al principio de su libro, Darwin destacó la importancia que le atribuía a la cría doméstica y se valió de ella como una analogía para su teoría.
“Al inicio de mis observaciones —afirmó— me parecía probable que un estudio cuidadoso de los animales domesticados y de las plantas cultivadas pudiera ofrecerme la mejor oportunidad de aclarar este oscuro problema [de cómo funciona la evolución]. Y no me he decepcionado; en este y en todos los demás casos complejos, invariablemente he descubierto que nuestro conocimiento de la variación bajo la domesticación, por imperfecto que sea, ofrece la pista mejor y más segura” (p. 29, énfasis nuestro en todo el artículo).
Darwin mismo crió palomas y se asombraba de todas las variedades que podían producir los criadores domésticos. En los primeros capítulos de su libro explicó cómo las palomas podían ser criadas para tener una amplia variedad de colas, picos y colores. Después propuso que si los criadores, valiéndose de la selección artificial, podían lograr tan grandes cambios en tan breve tiempo, cuánto más podría la naturaleza, por medio de la selección natural y eones de tiempo, producir cambios de gran envergadura en las plantas y los animales.
Él reconoció que esta era sólo una corazonada, porque no tenía pruebas directas. Sin embargo, a partir de los indicios limitados sobre la variación dentro de una especie (llamada hoy en día microevolución) pasó a especular acerca de cambios complejos que teóricamente podrían conducir a la formación de nuevas especies (macroevolución).
Darwin creía que esto era posible porque había aceptado el concepto erróneo de que se pueden mezclar las características de diferentes especies. Pensaba que con suficiente tiempo, podía surgir una variedad prácticamente infinita de especies completamente distintas. Pero no entendía los principios genéticos de Mendel, todavía sin descubrir en su época, que limitan las posibilidades de cambio en plantas y animales.
Este fue uno de los mayores desaciertos de Darwin: suponer que la vida tenía una capacidad de cambio casi ilimitado cuando se veía sometida a fuertes presiones ambientales y reproductivas. Ahora que los científicos entienden las leyes de la genética, saben que la variedad existe, pero es limitada.
Esto es lo que Michael Behe, profesor de bioquímica, llama “la frontera de la evolución”. Tanto animales como plantas pueden “desarrollarse” o experimentar cambios, pero sólo dentro de sus fronteras genéticas, más allá de las cuales ninguna variación genuina es posible porque existen “murallas” genéticas que impiden una adaptación ulterior.
La genética puede compararse también con una bolsa llena de canicas. Uno puede agitar la bolsa y sacar varias bolitas, y cada vez que lo hace saca diferentes canicas, en este caso representando las diferentes variaciones que son posibles.
Pero hay sólo un número específico de canicas en la bolsa y la selección está limitada al conjunto de ellas. Lo mismo sucede con la genética: dentro del código genético de cada criatura sólo existe un número específico de genes o paquetes de información (canicas). Uno puede, por medio de mutaciones o de ingeniería genética, manipular la información genética de diferentes maneras (dañándola, partiéndola, borrándola o multiplicándola), pero no puede crear nueva información genética. De igual manera, dentro de cada clase de planta o animal existe un número fijo de posibles combinaciones.
En su nuevo libro The Edge of Evolution (“La frontera de la evolución”), el Dr. Behe plantea que la ciencia en realidad puede determinar matemáticamente el punto exacto donde se encuentra ese límite genético. Este es otro golpe devastador a la evolución darviniana.
Darwin cometió un grave error al suponer que existe una gama casi infinita de posibilidades entre las especies y que diferentes clases de animales y plantas podrían surgir de un solo ancestro común. A pesar de la amplia variedad de perros que hay, desde el minúsculo chihuahua hasta el gigantesco danés, todos ellos siguen siendo perros; ninguno se encuentra “evolucionando” para convertirse en otro tipo de criatura. De la misma manera, uno no puede convertir las canicas “perro” en canicas “gato”, no importa cuántas manipulaciones genéticas les haga.
Los pinzones de Darwin
Uno de los supuestos ejemplos de la evolución es el de los famosos pinzones que Darwin recolectó cuando visitó las islas Galápagos en 1835. En su honor, estos pájaros de las Galápagos ahora son llamados “los pinzones de Darwin”.
Al volver a Inglaterra, y mientras él y sus colegas examinaban estos especímenes, observaron leves variaciones en sus tamaños y sus picos. En una edición posterior del Origen de las especies, Darwin especuló brevemente que la selección natural podía modificar el tamaño del pico y del cuerpo de estas aves, y dijo que con suficiente tiempo tales cambios podrían transformarlos en un tipo de pájaros completamente distinto.
Los biógrafos Adrian Desmond y James Moore hacen este comentario: “Habían transcurrido 10 años desde su visita a las Galápagos y él seguía formándose conceptos de las islas. Ahora había tenido más que suficiente tiempo para reinterpretar la fauna a la luz de las investigaciones de John Gould sobre las aves, y también de su propia teoría . . .
”Pero los pinzones eran sólo una pequeña parte de sus pruebas de la evolución. No obstante, él ahora dibujaba los diversos tipos de estas aves, mostrando su variedad de picos. ‘Al ver esta gradación y diversidad de estructuras en un grupo de pájaros tan pequeño e íntimamente relacionado’, indicó, ‘uno puede realmente imaginarse que de un número originalmente reducido de aves en este archipiélago, una especie fue tomada y modificada para un fin diferente’. Esta era una conclusión muy generalizada, y fue todo lo que dijo respecto a la evolución de los pinzones” (Darwin: The Life of a Tormented Evolutionist [“Darwin: La vida de un evolucionista atormentado”], 1991, pp. 327-328).
Aunque él no destacó estos hechos de los pinzones en su teoría de la evolución, en el siglo xx sus seguidores los presentaron como una de las mayores pruebas del darvinismo.
En la década de los 70 los biólogos Peter y Rosemary Grant realizaron estudios sobre el tamaño de los picos de los pájaros pinzones en las Galápagos. Trabajaron principalmente en la isla Dafne Mayor, y observaron que al ocurrir una severa sequía entre 1976 y 1977, la mayoría de los pinzones murieron. Pero los sobrevivientes fueron aquellos que tenían cuerpos y picos más grandes; éstos podían comer las frutas grandes y duras que para los pájaros con picos pequeños eran prácticamente imposibles de comer.
El texto de estudio Biology (“Biología”), de John Kimball, comenta: “Aquí, entonces, se podía ver la selección natural en acción. Pero ¿se produjo algún grado de evolución? La respuesta resultó ser positiva. A medida que la población de G. fortis [la especie de pinzón en estudio] se recuperaba después del regreso de las lluvias, el tamaño medio de los cuerpos y los picos de sus retoños era más grande que antes (un aumento de 4-5 por ciento en la profundidad del pico). La curva en forma de campana se había desviado hacia la derecha, [lo que indicaba] una selección direccional” (edición electrónica, actualizada en el 2006).
Sin embargo, en este texto de estudio, como en muchos otros, no se menciona que durante la siguiente década de lluvias normales ¡el tamaño de los picos volvió a ser como era antes! A largo plazo no hubo tal selección direccional. Más aún, el cambio en el tamaño de los picos había sido infinitesimal, en promedio ¡menos de un milímetro! Es más, en esa isla existían pinzones con picos de esa medida tanto antes como después de la sequía. ¿En qué consistía, entonces, el supuesto cambio evolutivo?
De hecho, algunos evolucionistas parecen estar tan desesperados por confirmar su teoría, que tal vez inconscientemente recurran al engaño. Por ejemplo, un folleto publicado en 1998 por la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos se refiere a los pinzones de Darwin como “un ejemplo particularmente interesante” de la evolución darviniana. También explica cómo los experimentos realizados por Peter y Rosemary Grant en las Galápagos demostraron “que un solo año de sequía en las islas puede provocar cambios evolutivos en los pinzones”, y que “si las sequías ocurren cada 10 años en promedio en estas islas, en tan sólo 200 años podría originarse una nueva especie de pinzones” (Teaching About Evolution and the Nature of Science [“Enseñanzas sobre la evolución y la naturaleza de la ciencia”], p. 10).
El biólogo Jonathan Wells comenta sobre este folleto: “En vez de confundir al lector mencionando que la selección fue revertida después de terminada la sequía, sin producir ningún cambio evolutivo a largo plazo, el folleto simplemente omite este incómodo hecho. Como un vendedor de acciones que afirma que algunas de ellas duplicarán su valor en 20 años porque su valor aumentó en un 5 por ciento en 1998, pero que no informa sobre el 5 por ciento que bajó en 1999, el folleto engaña al público ocultando algunos hechos cruciales.
”Cosas como éstas me hacen preguntar cuántas pruebas existen realmente para respaldar la teoría de Darwin. Como escribió en 1999 Phillip E. Johnson, profesor de derecho y crítico de Darwin: ‘Cuando nuestros científicos más eminentes tienen que recurrir a este tipo de falsedades, tan graves que de ser afirmadas por un vendedor de acciones lo haría terminar en la cárcel, sabemos que están en serios apuros” (Icons of Evolution [“Iconos de la evolución”], 2000, p. 175).
El arqueoptérix, el eslabón perdido que nunca lo fue
Poco después de la aparición del Origen de las especies en 1859, se descubrió un espectacular fósil que a primera vista parecía ser una de las especies en transición, o un eslabón perdido, entre los reptiles y las aves. Fue encontrado en Alemania en 1861 y fue llamado arqueoptérix, que significa “ala antigua”. Esta criatura tenía alas y plumas, pero al contrario de las aves modernas, tenía además dientes, una cola similar a la de un lagarto y garras en sus alas. Durante el siglo pasado se hallaron otros especímenes del arqueoptérix.
En una edición posterior de su libro Darwin agregó este hallazgo a su lista de “pruebas” de la evolución. Este fue su comentario: “El naturalista [Thomas Huxley] ha mostrado que hasta la amplia brecha entre las aves y los reptiles es parcialmente salvada de la manera más inesperada: por un lado, por el avestruz y el extinto arqueoptérix, y por otro lado, por el compsognato, uno de los dinosaurios” (edición de 1872, p. 325).
Ernst Mayr, renombrado evolucionista de la Universidad de Harvard, llamó al arqueoptérix “el eslabón casi perfecto entre los reptiles y las aves” (The Growth of Biological Thought [“El desarrollo del pensamiento biológico”], 1982, p. 430).
Sin embargo, en los últimos 25 años esta supuesta prueba de la evolución ha sido silenciosamente degradada. Después de análisis más profundos, los científicos ahora clasifican a esta criatura como un ave extinta, no una especie en transición. El ornitólogo Alan Feduccia, un experto en el estudio del arqueoptérix, ha afirmado: “Los paleontólogos han intentado clasificar al arqueoptérix como un dinosaurio emplumado y terrestre. Pero esto no es cierto. Es un pájaro, un ave trepadora. Y ni toda la jerigonza paleontológica del mundo podrá cambiar esa realidad” (citado por Virginia Morell en “Archaeopteryx: Early Bird Catches a Can of Worms” [“El arqueoptérix: Ave prehistórica se mete en un embrollo”], de la revista Science, 5 de febrero de 1993, pp. 764-765).
A continuación el profesor Feduccia vaticinó que la teoría del dinosaurio-ave llegaría a ser “la mayor vergüenza de la paleontología en el siglo xx” (citado por Pat Shipman en “Birds Do It . . . Did Dinosaurs?” [“Los pájaros lo hacen . . . ¿también lo hicieron los dinosaurios?”], revista New Scientist, 1º de febrero de 1997, p. 28).
¿A qué se debió tan drástico cambio de perspectiva? Simplemente a los hechos que ahora indican que el arqueoptérix se parece a las aves antiguas y actuales y no a los reptiles.
Se ha descubierto que algunas aves prehistóricas tenían dientes como el arqueoptérix y que eran muy distintas de los reptiles. Ciertas aves modernas tienen garras en sus alas, tales como el hoactzin o chenchena de Sudamérica, y el turaco y el avestruz africanos. Los embriones de algunos pájaros modernos tienen más vértebras en sus colas que el mismo arqueoptérix, y la estructura de la cola del cisne es asombrosamente similar a la de éste. Además, ahora se ha demostrado claramente que el arqueoptérix estaba completamente emplumado, carecía de escamas de reptil, podía volar y tenía huesos huecos, como los de las aves.
Jonathan Wells hace esta afirmación: “El fósil más hermoso del mundo, aquel que Ernst Mayr llamó ‘el eslabón casi perfecto entre los reptiles y las aves’, ha sido calladamente archivado, y la búsqueda de eslabones perdidos continúa como si el arqueoptérix nunca hubiese sido hallado” (p. 135).
La extraña epopeya de la polilla moteada
Hace poco, mientras hojeaba un libro actualizado de biología, me llamó la atención que todavía se utilice una supuesta “prueba” de la teoría evolucionista que conocí hace varias décadas, en la clase de biología de la escuela secundaria, a pesar de que quedó desacreditada hace mucho tiempo.
En ese entonces se me enseñó acerca de las polillas moteadas que cambiaron su color de tono claro a oscuro debido a la contaminación industrial en Gran Bretaña. El texto mencionado asegura que ese hecho es una prueba de cómo la selección natural puede cambiar una especie en otro tipo, e incluso algunos científicos muy eminentes han destacado la importancia de esta supuesta prueba de la evolución.
“Debemos esperar los cambios evolutivos más rápidos en poblaciones súbitamente expuestas a nuevas condiciones”, declaró el paleontólogo John Maynard Smith en su libro The Theory of Evolution (“La teoría de la evolución”), escrito en 1966. “Por lo tanto, es natural que uno de los cambios más impresionantes que se hayan observado en una población silvestre . . . sea el fenómeno del ‘melanismo industrial’, es decir, la aparición y multiplicación de ejemplares oscuros de ciertas especies de polillas” (p. 137).
Sir Gavin De Beer escribió así en la edición de 1974 de la Encyclopædia Britannica: “Uno de los ejemplos observables más asombrosos de la evolución es el fenómeno conocido como melanismo industrial” (vol. 7, p. 14).
Este resumen aparece en el texto Biology (“Biología”), de John Kimball (versión electrónica), actualizado en el 2006: “En el siglo xix muchas especies de polillas en las islas Británicas comenzaron a volverse más oscuras. El ejemplo más estudiado es la polilla motada, Biston betularia. Esta polilla recibe su nombre porque tiene manchas oscuras en sus alas y cuerpo.
”En 1849 se halló una polilla mutante, negra como el carbón, cerca de Manchester, Inglaterra. En menos de un siglo, este tipo de polilla negra aumentó hasta constituir el 90 por ciento de la población de polillas en esa región.
”Esta polilla vuela de noche y descansa de día en los troncos de los árboles. En las zonas alejadas de la actividad industrial, los troncos de los árboles están cubiertos de líquenes . . . Los ejemplares de color pálido [de la polilla] . . . son prácticamente invisibles sobre un fondo así. En las zonas donde la contaminación es un problema serio, la combinación de gases tóxicos y el hollín ha matado los líquenes y ennegrecido los troncos de los árboles. Con un fondo tan oscuro, los ejemplares claros son fácilmente visibles.
”La polilla es presa de los pájaros, que las arrancan de sus lugares de descanso durante el día. En los bosques contaminados, los ejemplares oscuros tienen una oportunidad mucho mejor de sobrevivir sin ser detectados. Cuando el genetista inglés H.B.D. Kettlewell . . . echó a volar polillas de ambos tipos en el bosque, observó que los pájaros efectivamente comían muchas más polillas de color claro.
”Debido a que después de la segunda guerra mundial se aplicaron medidas para combatir la contaminación, la población de las polillas pálidas ha ido aumentando . . .”.
Y ahora, el resto de la historia
Es lamentable que mucha de la información contenida en este y otros textos resulte ser enormemente inexacta. Este es un ejemplo de la importancia de escuchar los dos lados de un asunto y no sólo uno. La Biblia nos dice: “Justo parece el primero que aboga por su causa; pero viene su adversario, y le descubre” (Proverbios 18:17).
Si la sometemos a escrutinio, esta supuesta “prueba” de la evolución de la polilla moteada revela que cuando se trata de enseñar la evolución darviniana, no se puede confiar en que los científicos supuestamente imparciales dejen de lado sus prejuicios.
Otras investigaciones posteriores sobre el fenómeno de la polilla moteada han comprobado que los experimentos clásicos de Kettlewell con estas polillas están plagados de errores. El Dr. Jerry Coyne, profesor de biología evolucionista en la Universidad de Chicago, hizo este franco comentario en una prestigiosa revista científica británica:
“De vez en cuando los evolucionistas reexaminan un estudio experimental clásico y encuentran, para su horror, que está defectuoso o que sencillamente es falso . . . El caballo premiado en nuestro establo de ejemplos ha sido la evolución del ‘melanismo industrial’ en la polilla moteada, B. betularia, presentada por la mayoría de los académicos y textos de estudio como el paradigma de la selección natural y de la evolución, que puede ocurrir durante una sola generación.
”La revisión de esta teoría es el tema central del libro Melanism: Evolution in Action [“Melanismo: Evolución en acción”], de Michael Majerus. Desafortunadamente [para los que creen en la evolución], Majerus muestra que este ejemplo clásico está en pésimas condiciones, y aunque no está listo para ser llevado a la fábrica de pegamentos, sí requiere muchísima atención . . . Majerus señala que el problema más serio es que B. betularia probablemente no se posa en los troncos; en más de 40 años de intensa búsqueda no se han encontrado más de dos polillas haciendo eso.
”En realidad, los lugares de descanso de estos insectos todavía constituyen un misterio. Este solo hecho invalida los experimentos de liberación y captura realizados por Kettlewell, ya que las polillas fueron colocadas directamente sobre los troncos de árboles, donde las aves depredadoras pudieron verlas claramente. (Además, Kettlewell echó a volar sus polillas durante el día, a pesar de que ellas normalmente escogen su lugar de descanso durante la noche.)
”La historia se desmorona aún más al saberse que el resurgimiento de typica [polillas de color claro] ocurrió mucho antes de que los líquenes recolonizaran las zonas contaminadas, y que el aumento y disminución paralelos de los ejemplares melánicos también ocurrió en zonas industriales de los Estados Unidos, donde no hubo ningún cambio en la abundancia de líquenes, que supuestamente desempeñan un papel tan crucial.
”Finalmente, los resultados de los experimentos de comportamiento de Kettlewell no fueron duplicados en estudios posteriores: las polillas no tienen ninguna tendencia a mimetizarse. Majerus encuentra muchas otras fallas en este estudio, pero son demasiadas para enumerarlas aquí. Yo mismo descubrí otros problemas cuando, avergonzado por haber enseñado la historia clásica de Biston betularia por años, leí las investigaciones de Kettlewell por primera vez.
”Majerus concluye, no sin razón, que lo único que podemos deducir de esta historia es que se trata de un caso de rápida evolución que probablemente tiene que ver con la contaminación y las aves depredadoras. Personalmente, yo reemplazaría ‘probablemente’ por ‘quizá’. B. betularia muestra las huellas de la selección natural, pero todavía no hemos visto los pies que las hicieron.
”Majerus se consuela un poco en su análisis diciendo que la verdadera historia tal vez sea más compleja y por lo tanto más interesante, pero uno intuye que sólo lo hace por necesidad. Mi propia reacción se asemeja al desaliento que sentí a los seis años al descubrir que era mi padre y no Santa Claus el que traía los regalos en la Nochebuena” (revista Nature, 5 de noviembre de 1998, pp. 35-36).
“Pruebas” inválidas
¿Qué conclusiones podemos sacar hoy en día sobre la supuesta evolución de las polillas moteadas?
• Ambos especímenes de polillas ya existían al momento de realizarse los experimentos. No surgió ninguna especie nueva en respuesta a los cambios ambientales.
• Lo único que cambió en el transcurso de los siglos xix y xx fue la proporción de polillas claras y oscuras, debido a ciertas condiciones que todavía no se entienden muy bien. No se creó ni evolucionó ninguna nueva especie.
• Las polillas de las fotografías fueron colocadas en troncos de árboles por los investigadores con sus suposiciones erradas. Los análisis posteriores mostraron que estas polillas normalmente no se posan en los troncos.
• El aumento de las polillas oscuras y la disminución de las pálidas probablemente se debieron a varios factores ambientales y a la depredación por parte de las aves. Pero estos ejemplos también muestran cuán resistentes son las criaturas de Dios cuando se ven enfrentadas a ciertas condiciones cambiantes.
• A principios del siglo xx predominaban las polillas oscuras, quizá debido a la contaminación del ambiente por la actividad industrial. Cuando el ambiente se limpió, las polillas claras pasaron a ser el tipo predominante. Sin embargo, no hubo ningún cambio en el color o la estructura de estos insectos; ambas habían existido antes de que comenzara la contaminación industrial y ambas siguieron existiendo después.
Lamentablemente, en su desesperación por presentar “pruebas” de su teoría de la evolución del hombre a partir de las moléculas —que niega efectivamente al Dios creador descrito en la Biblia— muchos científicos que escriben libros de biología o que dan información en canales de televisión dedicados a la ciencia continúan promulgando estos mitos de la evolución a millones de personas ingenuas.
Con todo esto, y después de revisar los hechos, descartemos otra afirmación falsa de la evolución y démosle gloria a Dios por haber creado una variedad de polillas que en la historia reciente han demostrado su capacidad para adaptarse y sobrevivir bajo diferentes circunstancias.
“El gran mito cosmogónico del siglo xx”
Se han desechado varias otras supuestas “pruebas” de la evolución: los famosos dibujos de embriones de Haeckel resultaron ser falsas representaciones; han sido desacreditadas las progresiones de fósiles que demuestran la evolución del caballo, de la ballena y del hombre; y las bacterias resistentes a los antibióticos sólo muestran una cantidad reducida, no aumentada, de información genética, así que tampoco en este caso se crea algo nuevo.
Como concluyó el genetista y agnóstico Michael Denton después de estudiar exhaustivamente las supuestas pruebas de la evolución: “Uno podría haber esperado que una teoría de semejante importancia, que literalmente cambió al mundo, hubiera sido algo más que metafísica, un poco más que un mito. A fin de cuentas, la teoría darviniana no es más ni menos que el gran mito cosmogónico del siglo xx” (Evolution: A Theory in Crisis [“La evolución: Una teoría en crisis”], 1985, p. 358).
Por tanto, no se deje engañar por los astutos argumentos de quienes se empeñan en presentar la teoría de la evolución darviniana como un hecho comprobado, porque lo que está en juego es mucho más que una simple teoría científica. Se trata de creer lo que Dios nos dice en la Biblia acerca de la creación como un producto cuidadosamente diseñado, o de aceptar esta alternativa humanista basada en un proceso espontáneo de mutaciones fortuitas y de selección natural, una teoría plagada de grandes errores que ha causado mucha incredulidad y dolor. BN
http://www.lasbuenasnoticias.org/archivos/2008/bn012008/evolucion2.htm
Mitos de la evolución, Parte 1
26 ene 2009 34 comentarios
in Ciencia, Temas de actualidad, Teoría de la Evolución Etiquetas: Mitos de la evolución
Mitos de la evolución, Parte 1
Si la teoría de la evolución es algo tan infalible, ¿por qué suscita tantas dudas? ¿Por qué tantos luchan desesperadamente para evitar que se consideren otras opciones? Pero más importante aún, ¿qué es lo que muestran realmente las pruebas?
Por Mario Seiglie
Hoy, en los albores del siglo xxi, la teoría de la evolución sigue siendo el concepto predominante en las escuelas y en los medios de comunicación para explicar la aparición de la asombrosa variedad de más de un millón de especies vivientes en el planeta Tierra.
Desde luego, esta teoría no goza de la misma popularidad en todas partes del mundo. En China, por ejemplo, un paleontólogo le dijo en son de broma a uno de sus colegas estadounidenses: “En China podemos criticar a Darwin, pero no al gobierno. En los Estados Unidos ustedes pueden criticar al gobierno, pero no a Darwin” (“The Church of Darwin” [“La iglesia de Darwin”], periódico The Wall Street Journal, 16 de agosto de 1999).
Curiosamente, en Francia, España, Latinoamérica y en los países islámicos no se ha aceptado la teoría con el mismo entusiasmo. No obstante, en Gran Bretaña, donde nació Darwin, y en los Estados Unidos, que ha recibido gran parte de su herencia cultural de los británicos, al igual que en Alemania, las ideas de Darwin sobre la evolución aún prevalecen y cualquier crítica al respecto provoca disgusto.
Una teoría asediada
¿Por qué es tan prevaleciente esta teoría? ¿Cuáles son sus fundamentos y cuán firmes son sus raíces? Para algunos ha venido a suplantar a la religión, y hasta se ha convertido en una religión por sí misma.
El antropólogo Ashley Montagu asevera: “Después de la Biblia, ninguna obra literaria ha sido tan influyente, prácticamente en todos los aspectos del pensamiento humano, como El origen de las especies” (The Origin of Species [“El origen de las especies”], 1958, edición Mentor, cita impresa en la tapa posterior).
Sin duda, al ver cómo la defienden tan apasionadamente tantos científicos y profesores, es de suponerse que la teoría cuenta con pruebas sumamente impresionantes. Sin embargo, y para asombro de muchos, algunos de los mismos científicos han reconocido, en momentos de sinceridad, que el libro de Darwin en realidad no explica lo que su propio título enuncia: el origen de las especies.
Gordon Taylor, por ejemplo, en su libro pro evolucionista Great Evolution Mystery (“El gran misterio de la evolución”), menciona: “Como destacó en cierta ocasión el profesor de Harvard Ernst Mayr, autoridad reconocida en el estudio de las especies: ‘El libro llamado El origen de las especies en realidad no se refiere a ese tema’. Su colega el profesor Simpson reconoce que Darwin ‘no resolvió el problema que indica el título de su obra’.
”Puede sorprenderle a uno enterarse de que el origen de las especies sigue siendo un gran misterio aun en la actualidad, a pesar de los esfuerzos de millares de biólogos. El tema ha sido el principal foco de atención y está plagado de interminables controversias” (1983, p. 140, énfasis agregado en todo el artículo). Y la controversia continúa hasta hoy.
Pero ¿por qué debería persistir esta polémica? Si, como afirman algunos científicos, la teoría de la evolución es tan cierta como la de la fuerza de gravedad, ¿por qué vemos entonces tantas polémicas y dudas?
Lo que la selección natural puede y no puede hacer
En primer lugar, es importante distinguir entre lo que Darwin descubrió y lo que no logró descubrir. Averiguó que la selección natural es capaz de preservar los cambios ventajosos en una especie, pero no descubrió el mecanismo que da origen a estas variaciones.
En El origen de las especies Darwin comentó: “La selección natural actúa exclusivamente por la preservación y acumulación de variaciones, las cuales son beneficiosas bajo las condiciones orgánicas e inorgánicas a las que está expuesta cada criatura en todas las etapas de su vida. El resultado final es que cada criatura tiende a mejorar progresivamente en relación con su condición . . . Este principio de preservación, o la supervivencia del más apto, lo he denominado Selección Natural” (pp. 124, 130).
Sin embargo, ¡hay un largo trecho entre la simple explicación de cómo sobreviven las especies y cómo se originaron! Como explica el bioquímico y agnóstico Michael Denton: “Lo cierto es que hace 100 años las pruebas eran tan fragmentarias que el mismo Darwin albergaba cada vez más dudas sobre la validez de sus postulados, y el único aspecto de su teoría que ha gozado de cierto respaldo durante el siglo pasado es el que se refiere al fenómeno de la microevolución.
”Su teoría en general, en que toda la vida en la tierra se había originado y desarrollado por una acumulación gradual y sucesiva de mutaciones fortuitas, es todavía, al igual que en la época de Darwin, una hipótesis sumamente especulativa que carece en absoluto del apoyo directo de los hechos y que dista mucho de ser el irrefutable axioma que sus defensores más agresivos quieren hacernos creer” (Evolution: A Theory in Crisis [“La evolución: Una teoría en crisis”], 1985, p. 77.
No existen pruebas directas
En realidad, muy pocos han leído El origen de las especies de principio a fin; y de hecho, para muchos es un libro muy tedioso. El mismo Darwin se refirió a él como “un larguísimo argumento” (p. 435).
Darwin fue un naturalista concienzudo y en un intento por convencer a sus lectores de sus suposiciones, llenó el libro con numerosas observaciones del mundo natural. No obstante, él mismo confesó en su libro que no tenía ninguna prueba directa a favor de su teoría, sólo analogías y posibles ejemplos derivados de la naturaleza.
En la introducción de su libro menciona lo siguiente: “Estoy muy consciente de que difícilmente se puede discutir un solo punto en este tomo en el que no se puedan aducir hechos que a menudo llevan a conclusiones diametralmente opuestas a las mías” (p. 28).
En otro momento de franqueza, Darwin reconoció ante un amigo: “Yo no pretendo presentar pruebas directas de la transformación de una especie en otra” (carta a F.W. Hutton, 20 de abril de 1861).
En su libro reconoce: “Si mi teoría es cierta, con toda seguridad deben haber existido incontables variedades intermedias que vinculen estrechamente todas las especies del mismo grupo; pero como se ha comentado una y otra vez, el proceso mismo de la selección natural tiende constantemente al exterminio de los progenitores y de los eslabones intermedios. Como consecuencia, la prueba de su existencia anterior sólo podría encontrarse entre los restos fósiles, que se preservan, como mostraremos en un capítulo posterior, en un registro extremadamente imperfecto e intermitente” (p. 166).
Así reconoce que no existe absolutamente ninguna especie viviente en estado de transición que le sirva como prueba, y dice que se debe recurrir a los antiguos fósiles para tener algo en qué apoyarse. Pero paradójicamente, también explica que la selección natural no preserva las formas de transición, sino que en realidad las extermina.
¡Esta es una forma muy astuta de “deshacerse del cadáver”! En otras palabras, no puede encontrar las pruebas de su teoría entre los seres vivos, porque el mecanismo principal de la evolución, es decir, la selección natural, ¡las ha eliminado!
Pruebas ausentes entre los fósiles
¿Qué sucede respecto al testimonio de los fósiles? Uno podría pensar que ahora Darwin sí podría citar pruebas concretas para respaldar su teoría. Sin embargo, más adelante tiene que reconocer que ¡aquí tampoco existen! A continuación, y a regañadientes, pregunta: “¿Por qué, entonces, no está atestado de eslabones intermedios cada formación geológica y cada estrato? De hecho, la geología no revela en absoluto semejante cadena orgánica, finamente graduada; y esta es, quizá, la objeción más obvia y seria que puede esgrimirse en contra de la teoría. La explicación radica, creo yo, en la extrema imperfección del registro geológico” (pp. 293-294).
Un poco más adelante dice: “El número de eslabones intermedios y transitivos entre todas las especies vivientes y extintas debe haber sido inconcebiblemente grande. Pero sin ninguna duda, si esta teoría es verdad, ellas han vivido en la tierra. Independientemente de que no encontramos restos fósiles de esos eslabones conectores tan infinitamente numerosos, se podría objetar que el tiempo transcurrido no es suficiente para que hubiera un número tan grande de cambios orgánicos” (p. 295).
Con un hábil juego de manos, dice que las pruebas de su teoría no pueden encontrarse en el presente, sino sólo en el pasado, y después afirma que tampoco se encuentran en el pasado. ¡Luego culpa al testimonio de los fósiles por no darle el respaldo que necesita!
800 ejemplos del modo subjuntivo
¿Qué podía hacer entonces Darwin ante la falta de pruebas verdaderas? Supuso, conjeturó, adivinó e inventó. Cierto dedicado lector del libro de Darwin contó alrededor de 800 ejemplos de palabras en el modo subjuntivo —es decir, de suposiciones acerca de la teoría— tales como “si”, “tal vez”, “quizá”, “posiblemente”, “podría”, “pudo”, etc., además de muchas ilustraciones ficticias.
Si esta teoría cuenta con el respaldo de pruebas tan contundentes como la de que “la tierra gira alrededor del sol”, según dijo el evolucionista Richard Dawkins, entonces ¿por qué la rodea tanta especulación?
¿Por qué simplemente no presentar las pruebas concretas, como se hace con cualquier otra teoría científica? Porque la teoría de Darwin no es simplemente una teoría científica, sino una perspectiva filosófica y, para muchos, un sistema de creencias. Con esta teoría se promueve el naturalismo materialista, es decir, la idea de que todo lo que existe en el universo es sólo materia y sus leyes, y que todas las cosas evolucionaron ¡sin la necesidad de un Creador!
Dice el Dr. Denton: “Es irónico recordar que al principio fue la creciente perspectiva irreligiosa del siglo xix lo que facilitó la aceptación de la evolución, mientras que hoy en día tal vez sea la perspectiva darvinista de la naturaleza la responsable del enfoque agnóstico y escéptico del siglo xx. Lo que alguna vez fue una simple conclusión del materialismo, se ha convertido actualmente en sus cimientos” (Denton, ob. cit., p. 358).
No hay auténticos eslabones perdidos
Y ¿qué se puede decir del testimonio geológico? Después de 150 años adicionales de excavaciones y búsqueda en todos los continentes, ¿se han encontrado los fósiles vitales que Darwin denominó los “eslabones conectores”?
El Dr. Denton continúa: “Desde los tiempos de Darwin, la búsqueda de eslabones perdidos entre los fósiles ha continuado a una escala cada vez mayor. La expansión de la actividad paleontológica en los últimos 100 años ha sido tan enorme que probablemente un 99,9 por ciento de todo el trabajo en la paleontología se ha llevado a cabo a partir de 1860” (p. 160).
“A pesar del tremendo aumento de la actividad geológica en cada rincón del orbe —agrega—, y a pesar del descubrimiento de muchas formas extrañas y hasta la fecha desconocidas, el número infinito de eslabones conectores todavía no se ha encontrado, y el testimonio de los fósiles es tan irregular ahora como lo era en los tiempos en que Darwin escribía El origen de las especies. Los eslabones intermedios siguen siendo tan escurridizos como siempre, y un siglo más tarde su ausencia se mantiene como una de las características más relevantes del testimonio de los fósiles” (p. 162).
De modo que no hay nada en el testimonio de los fósiles que sirva de respaldo a la teoría de Darwin.
Pero ¿qué se puede decir de los ejemplos que Darwin citó en su libro? Por increíble que nos parezca, ¡todos ellos han resultado ser sólo mitos de la evolución! Examinemos algunas de estas supuestas pruebas.
De los peces a las aves
Darwin imaginó que los peces voladores podían convertirse gradualmente en pájaros. Al respecto escribió: “Al ver que unos cuantos miembros de la clase . . . de los crustáceos y de los moluscos se han adaptado para vivir en la tierra, y al observar que existen aves voladoras . . . es concebible que los peces voladores, que ahora planean largas distancias en el aire, subiendo y girando levemente con la ayuda del movimiento de sus aletas, puedan haber sido modificados hasta convertirse en animales perfectamente alados” (The Origin of Species [“El origen de las especies”], p. 168).
¿Presenta Darwin alguna prueba de la transformación gradual de este pez volador? No, no tiene ninguna prueba ni de animales vivos ni de fósiles. ¿Qué hace, entonces? Recurre a una explicación imaginaria: “Así, volviendo a nuestra ilustración imaginaria del pez volador, no parece probable que los peces capaces de volar realmente pudieran haberse desarrollado a partir de muchas formas inferiores . . . Por lo tanto, la posibilidad de descubrir especies con estructuras en proceso de transición en estado fósil siempre será reducida, por haber existido en número inferior a las especies con estructuras completamente desarrolladas” (p. 169).
Como no cuenta con ningún ejemplo para probar cómo los peces voladores se convierten en algo diferente, desecha los datos concretos afirmando que la posibilidad de encontrar formas en transición siempre será “reducida” en comparación con el descubrimiento de especies estructuralmente completas. Pero “reducida” no quiere decir “inexistente”. Y de hecho, él no presenta ni un solo ejemplo para respaldar su teoría. Su libro está colmado de esta clase de ilustraciones infundadas y especulativas, utilizadas como supuestas pruebas.
Conviene aclarar aquí que hace mucho tiempo que los evolucionistas modernos rechazaron la idea darvinista de que las aves provienen de peces voladores. El concepto popular de moda afirma que evolucionaron de los dinosaurios.
El largo cuello de la jirafa
Darwin estaba muy consciente de un notorio ejemplo en contra de su teoría: la jirafa, el animal viviente más alto que existe. ¿Cómo podía esta criatura haber desarrollado su larguísimo cuello, y dónde se encuentran sus ancestros?
Esta es su explicación: “La jirafa, por su alta estatura, cuello muy alargado, patas delanteras, cabeza y lengua, cuenta con una estructura hermosamente adaptada para buscar alimento en las ramas más altas de los árboles . . . Con toda seguridad, en cada región habrá una especie de animal que pueda ramonear más arriba que los demás; y es casi igualmente probable que esta singular clase de animal pueda contar con un cuello más alargado para este propósito debido a la selección natural y los efectos del uso prolongado” (pp. 205, 207). No se da ningún ejemplo ni se mencionan ancestros en estado fosilizado. Todo es pura especulación.
Hoy en día, sabemos que los animales no pueden adquirir nuevas características sólo por el uso frecuente o infrecuente de algunos de sus miembros. Los científicos han cortado las colas a cientos de generaciones de ratones y, sin embargo, nunca ha nacido un ratón sin cola. Darwin no conocía la verdad en cuanto a las leyes de la herencia que apenas estaban siendo descubiertas por Gregorio Mendel y otros, que revelaron la existencia de barreras genéticas en los seres vivientes. Así que supuso erróneamente que las criaturas podían adquirir cuellos alargados debido al continuo estiramiento de ellos.
Además, ¿pudo Darwin mostrar ejemplos de la prolongación gradual del cuello de la jirafa? De ninguna manera, así es que una vez más recurrió a las conjeturas. Cuando los críticos de su tiempo lo presionaron para que presentara pruebas que respaldaran el alargamiento paulatino de los cuellos, reconoció: “El interrogante de por qué en otras partes del mundo varios animales pertenecientes al mismo orden no han adquirido un cuello alargado o una probóscide [trompa], no puede ser respondida de manera clara; pero esperar una respuesta clara a esta pregunta es tan irracional como preguntarse por qué cierto suceso en la historia de la humanidad ocurrió en un país y no en otro” (p. 207).
¡Aquí podemos ver cómo Darwin confiesa su ignorancia frente al modo en que la jirafa desarrolló su largo cuello! Cuando se vio incapaz de dar pruebas sólidas para comprobar su teoría, se valió de una comparación con los acontecimientos históricos de la humanidad. ¡Esto carece absolutamente de sentido!
Él concluye su sección sobre la jirafa reconociendo: “Excepto por algunas razones generales y vagas que pueden usarse como argumento, no podemos explicar por qué, en muchas regiones del mundo, algunos cuadrúpedos con pezuñas no han desarrollado cuellos mucho más largos u otros medios para buscar alimento en las ramas más altas de los árboles” (p. 208).
Cierto científico, después de considerar este descarado postulado fantasioso respecto a las jirafas, estaba tan consternado con la teoría que dijo: “Siempre he tenido leves sospechas en cuanto a la teoría de la evolución por su habilidad para explicar cualquier característica de los seres vivos (como el cuello de la jirafa, por ejemplo). Por ello, he tratado de ver si los descubrimientos biológicos de los últimos 30 años o más encajan con la propuesta de Darwin. Yo no creo que encajen. Según mi criterio, la teoría no tiene base alguna” (H.S. Lipson, “A Physicist Looks at Evolution” [“Un físico examina la evolución”], Physics Bulletin [“Boletín de la física”], 1980, p. 138.
¿Qué le sucedería a un animal que desarrollara un cuello más largo? Para sobrevivir, tendría que desarrollar simultáneamente arcos bronquiales más fuertes, mayor musculatura y un corazón más grande, ya que de lo contrario el tener un cuello más largo le acarrearía una gran desventaja, y probablemente la muerte.
Como dice Francis Hitching: “Cuando uno observa el estilo de vida de las jirafas, es difícil ver la conexión entre su extraordinaria forma y las presiones darvinistas tradicionales de la competencia por sobrevivir en condiciones de superpoblación y bajo la amenaza de otras especies depredadoras . . . La necesidad de sobrevivir mediante la búsqueda de alimentos a mayor altura es, como muchas de las explicaciones de Darwin, poco más que una especulación errónea que consiste en tomar como causa lo que sólo es un antecedente” (The Neck of the Giraffe [“El cuello de la jirafa”], 1982, pp. 178-179).
En una futura edición examinaremos más ejemplos de los mitos de la evolución. BN
http://www.lasbuenasnoticias.org/archivos/2007/bn062007/evolucion.htm
Daño colateral: La bomba de Darwin
26 ene 2009 2 comentarios
in Temas de actualidad, Teología, Teoría de la Evolución Etiquetas: Darwin
Daño colateral: La bomba de Darwin
Lo que en un momento puede parecer una buena idea no siempre resulta ser positivo a largo plazo. Y esto es precisamente lo que ha ocurrido con la teoría de la evolución.
Por David Treybig
Cuando Carlos Darwin empezó a formular su teoría de la evolución, probablemente nunca tuvo en mente causar tanto daño a la humanidad ni degradar la condición humana. Por el contrario, lo que quería era contribuir al conocimiento científico. Mediante su teoría de la evolución ofreció una explicación de cómo la vida podría haber llegado a existir sin la intervención de Dios. Esta idea revolucionaria tuvo un impacto monumental que ha trascendido el campo de la ciencia.
Sin embargo, lo que Darwin presentó al mundo científico en su libro The Origin of Species (El origen de las especies), publicado en 1859, precipitó una gran oleada de daño colateral; es decir, de consecuencias involuntarias.
Desgraciadamente, muy pocos en nuestra sociedad han analizado las repercusiones de esta hazaña ideológica. Como una bomba que destroza un plácido silencio, las ondas del impacto que produjeron los postulados de Darwin siguen golpeando incesantemente a la sociedad.
La historia de cómo se desarrolló la teoría de la evolución y de la forma en que ha sido defendida está colmada de ironía, engaño y hasta de una fe que raya en lo religioso, practicada por personas no religiosas. Vamos a examinar un cuento más extraño que los mismos animales observados por Darwin en las islas Galápagos.
El rechazo de la religión
Antes de proponer su teoría de la evolución, Carlos Darwin obtuvo un diploma en teología.
Sin embargo, su teoría rechazaba la explicación bíblica de una creación especial. Él no estaba seguro de si la vida había surgido espontáneamente o gracias a la obra de un Creador. De cualquier forma, Darwin suponía que los numerosos cambios evolutivos y graduales de los distintos seres vivos eran los responsables de la gran variedad de criaturas —mamíferos, peces, reptiles, aves, etc.— existentes en la actualidad.
¿Qué impulsó a Darwin a abandonar la enseñanza bíblica? ¿Por qué se atrevió a presentar una teoría carente de pruebas y en directa oposición a la Biblia? Parece ser que, después de todo, Darwin no estaba bien cimentado en las Escrituras.
Al rechazar la religión, Darwin tocó una cuerda que resonó entre muchos de sus contemporáneos y que sigue resonando hoy en día. Al abrazar la teoría de Darwin, algunos piensan erróneamente que se han despojado de las normas y leyes de un Creador y que han quedado en libertad para definir por sí mismos el bien y el mal.
Si tales personas sólo hubiesen leído la Biblia, podrían haberse enterado de que Adán y Eva hicieron lo mismo —es decir, rechazaron a Dios— hace varios miles de años, y que por ello debieron sufrir terribles consecuencias. Cuando desecharon el conocimiento revelado de Dios para decidir por sí mismos cómo conducir sus vidas, Adán y Eva perdieron el acceso al árbol de la vida, que representaba la oportunidad de vivir para siempre (Génesis 3). Lamentablemente, la historia bíblica no logró disuadir a Darwin ni a sus seguidores.
Al parecer, no querían “tener en cuenta a Dios” (Romanos 1:28), ni mucho menos escuchar lo que él tenía que decir en las páginas de la Biblia. Erróneamente, pensaron que su nueva filosofía les otorgaba libertad, una palabra seductora frecuentemente utilizada en la propaganda.
La presentación de la teoría de Darwin desató un encarnizado debate acerca de la verdad. Irónicamente, los partidarios de Darwin alegaban que la religión no era más que una invención humana para ayudar a la gente en momentos difíciles. Ah, sí, claro. Una invención humana . . . ¡como si la teoría de la evolución no lo fuera!
La evolución bajo el microscopio
Al reflexionar sobre su teoría de la evolución, Darwin sabía que existían ciertos aspectos inquietantes, no comprobados, de su hipótesis. Por ejemplo, reconoció que la complejidad del ojo planteaba ciertas dificultades. También reconoció que no había nada entre los fósiles que comprobara irrefutablemente los cambios graduales que él se había imaginado en los seres vivos. Darwin sólo albergaba la esperanza de que tarde o temprano los fósiles le dieran la razón.
Conociendo la debilidad de su teoría, Darwin se sorprendió de la acogida tan positiva que tuvo. Hoy en día, pareciera que el mismo Darwin albergaba más dudas acerca de su hipótesis que la mayoría de los fanáticos darvinianos que la han aceptado sin siquiera cuestionarla.
Sin embargo, al analizarla cuidadosamente, los científicos y pensadores competentes han descubierto graves fallas en la teoría de Darwin. Se ha comprobado que algunas supuestas “pruebas” de la teoría son inadecuadas.
La iglesia de Darwin
Debido a la falta de pruebas válidas que respalden la evolución darviniana y al aumento de pruebas científicas en su contra, los defensores de la evolución se encuentran frente a un creciente desafío para sostener su creencia. Su posición es muy incómoda y exige una adhesión incondicional.
Cuando la teoría evolucionista es confrontada con pruebas científicas como las que ofrece el movimiento del “diseño inteligente”, algunos se sorprenden de que los seguidores de Darwin siempre respondan al desafío argumentando que el diseño inteligente no es más que una religión apenas disimulada. Técnicamente, sin embargo, uno no está obligado a creer en un Dios ni a practicar cierta fe para creer en el diseño inteligente, ya que los argumentos que apoyan este movimiento no se basan en conceptos religiosos, sino únicamente en pruebas científicas.
Desgraciadamente, parece que quienes se aferran fielmente a la teoría de Darwin no quieren reconocer el enorme cúmulo de información científica que está socavando cada vez más su posición. La razón para ello es obvia: pone en peligro su perspectiva del mundo y de la vida.
Si la creación en realidad tiene las huellas digitales del Creador —como lo indican las pruebas— ellos ya no tendrán excusa para no hacerle caso a Dios. De hecho, la Biblia lo expresa muy claramente (ver Romanos 1:20).
Para el mundo académico, la aceptación del diseño inteligente sería un cambio tan monumental como lo fue la aceptación de la teoría de Darwin. Como no están dispuestos a encarar las pruebas, los darvinistas conversos responden tratando de desacreditar la ciencia al compararla con la religión. Pero irónicamente, hoy en día parece que se requiere más fe para creer en el darvinismo que en el Dios creador de la Biblia.
Daño colateral
Desde su detonación, la onda expansiva de la bomba de Darwin ha hecho impacto en prácticamente todos los campos de estudio, con consecuencias extremadamente negativas. Mientras que a los devotos de Darwin les fascina hablar sobre todas las muertes asociadas con las guerras religiosas, no les gusta que les recuerden acerca de las perspectivas mundiales inmorales y materialistas que han sido engendradas o justificadas gracias a la teoría de Darwin.
Una biografía de José Stalin explica que éste consideraba el libro El origen de las especies como una prueba de que Dios no existe (E. Yaroslavsky, Landmarks in the Life of Stalin [“Hitos en la vida de Stalin”], 1940, pp. 8-9).
Cuando era seminarista, Stalin animó a un compañero de estudios para que leyera el libro de Darwin y así pudiera entender que hablar de Dios no era más que “puras tonterías” (ibídem). Como Darwin aseguraba que no existía Dios ni tampoco sus leyes en contra del asesinato de otros seres humanos, Stalin no tuvo ningún resquemor en matar a millones de sus coterráneos mientras se empeñaba en construir un mejor país.
En la Alemania nazi el concepto ideado por Adolfo Hitler de crear una raza superior se basó en “la supervivencia del más apto”, noción inherente a la filosofía de Darwin. Sin importar si las perspectivas de Darwin eran o no racistas, su teoría y aun el título completo de su libro —On the Origin of Species by Means of Natural Selection, or the Preservation of Favoured Races in the Struggle for Life (“Acerca del origen de las especies mediante la selección natural, o la preservación de las razas favorecidas en la lucha por la vida”)— se concertaron con la perspectiva racista de Hitler. Finalmente, los intentos de éste por crear una raza superior lo llevaron a exterminar a seis millones de judíos.
Nuevamente, si no le creemos a Dios cuando nos dice que es malo matar a nuestros semejantes, la única base que la gente tiene para sus decisiones son sus opiniones personales.
¿Fue el exterminio de millones de personas el resultado que Darwin esperaba cuando escribió El origen de las especies? Por supuesto que no. Pero el daño colateral ocasionado por el darvinismo no termina con Stalin o Hitler. Por el contrario, ha continuado su incansable marcha a través de numerosos ámbitos de la vida humana, de los cuales tal vez ninguno haya sido más afectado que la conducta moral.
Si los seres humanos no son más que animales, como sugirió Darwin, no hay nada malo en que busquen la pareja que quieran y lo hagan cuando bien les parezca. El pasar por alto las instrucciones bíblicas que regulan nuestra conducta sexual ha llevado a la destrucción de innumerables familias y a un sufrimiento incalculable. Este es otro ejemplo de daño colateral.
Es más, si las personas son simplemente animales, entonces no importa si una mujer decide abortar o no. Bajo esta premisa, millones de bebés han sido abortados antes de que siquiera pudieran respirar por primera vez. Más daño colateral.
Cuando Darwin escribió El origen de las especies, ¿habrá sido capaz de prever que su teoría desempeñaría un papel fundamental en la destrucción familiar y en la extinción de millones de criaturas en gestación? Seguramente que no. Pero una premisa defectuosa conduce a resultados defectuosos. Los efectos negativos de la conducta inmoral, justificada por la teoría de Darwin, siguen multiplicándose.
¡Es una gran tragedia que tantos apoyen una idea equivocada que se ha convertido en una filosofía materialista que devalúa la vida humana y socava la fe de los seres humanos en su Creador! ¡Qué triste es ver tanto sufrimiento innecesario! ¿Por qué no reconocer a Dios como Dios y optar por vivir una vida de bendiciones y de renovación, no de daño colateral? BN
http://www.lasbuenasnoticias.org/archivos/2008/bn022008/bombadarwin.htm
El Sherlock Holmes del diseño inteligente
26 ene 2009 Comentarios desactivados
in Diseño inteligente, William A. Dembski
El Sherlock Holmes del diseño inteligente
Esta es la asombrosa historia de un profesor que hizo de detective para determinar si el universo estaba diseñado por una inteligencia superior.
Por Mario Seiglie
Cuando yo era adolescente, me encantaba leer las historias del detective Sherlock Holmes. Me maravillaba su habilidad para descifrar hasta los casos más difíciles con sus increíbles poderes deductivos e inductivos. “Elemental”, solía decir cuando resolvía otro enigmático crimen. Esos relatos me fascinaban tanto que compré las obras completas de Sherlock Holmes en una tienda de libros usados. Esa obra contenía la colección entera de 56 relatos cortos y cuatro novelas escritas por Sir Arthur Conan Doyle. Disfruté mucho con cada aventura.
Nunca me imaginé que con el tiempo me toparía con otro tipo de Sherlock Holmes, esta vez al estudiar el movimiento del diseño inteligente: un grupo de prominentes científicos y profesores que refutan la evolución darviniana. Esta vez, el Sherlock Holmes resultó ser William Dembski, un profesor norteamericano de matemáticas y filosofía. Él se valió de sus habilidades matemáticas para resolver lo que parecía una tarea imposible: determinar si algo en la naturaleza está intencionalmente diseñado o si es sólo el resultado de ciertos procesos físicos.
Este tema siempre ha provocado un acalorado debate entre evolucionistas y creacionistas. Los creacionistas insisten en que los organismos vivientes muestran tal complejidad, propósito, integridad y, en muchos casos, simbiosis, que tienen que haber sido inteligentemente diseñados. Pero los evolucionistas no están de acuerdo. Alegan que todas estas criaturas sólo muestran un diseño “aparente” y que fueron formadas gracias a mutaciones fortuitas y a la selección natural en el transcurso de largas épocas.
El problema es que como nadie ha visto a ninguna criatura surgir de la nada, ya sea una bacteria o un ser humano, su origen tiene que ser deducido de algo que ya existe, ya sea un organismo vivo o los restos fosilizados de algún otro. Hasta ahora, hay solamente dos explicaciones posibles para la existencia de seres vivos en la tierra: o fueron creados por una fuente inteligente, o son el resultado de la casualidad o de leyes naturales sin guía alguna.
Entonces se presentó el Dr. Dembski. Él diseñó una prueba científica para determinar si algo ha sido inteligentemente diseñado o no.
La prueba de los tres filtros
Imaginémonos tres filtros, como tres redes, una encima de la otra, con agujeros de tamaño decreciente. Basándose en las leyes de la probabilidad, el Dr. Dembski estableció los parámetros para cada filtro. Cada objeto o suceso de la naturaleza puede ser examinado por medio de estos tres filtros, y solamente si algo ha sido inteligentemente diseñado va a terminar pasando por el último filtro. A este método de prueba lo llama “el filtro explicativo”.
“A grandes rasgos —escribe el Dr. Dembski—, el filtro formula tres preguntas en el siguiente orden:
1) ¿Puede ser esto explicado por una ley?
2) ¿Puede ser explicado por el azar?
3) ¿Puede ser explicado por el diseño?
Él llama al primero “el filtro de contingencia”. Éste atrapa cualquier fenómeno que sea el simple resultado de una ley natural o de una alta probabilidad de que ocurra por casualidad. Por ejemplo, una pelota que es lanzada una vez tras otra tiene un 100 por ciento de probabilidades de caer al suelo, y esto es explicado por una ley natural, en este caso la de la gravedad. Esta acción es captada por el primer filtro.
El segundo filtro es “el filtro de la complejidad”. Éste retiene cualquier suceso con una probabilidad más alta que una en 10150. Esta cifra es el resultado de multiplicar el número de partículas elementales en el universo (1080) por la edad máxima del universo (1025 segundos) por el ritmo máximo de transacciones moleculares por segundo (1045). Este es el número máximo de posibilidades físicas en la historia del universo.
Al tercer filtro lo identifica como “el filtro de la especificación”. Éste es extremadamente difícil de pasar; la probabilidad de que ello ocurra por casualidad es de menos de una en 10150.
Por ejemplo, si alguien obtiene una escalera real en un juego de póker, es una cosa sumamente rara. Es tan improbable que los matemáticos han calculado que sólo sucede una vez cada dos millones y medio de juegos (para ser más preciso, cada 2 598 960 juegos) o aproximadamente una vez al año en todo Estados Unidos.
¿Qué pasaría si alguien consiguiera dos escaleras reales en forma consecutiva? Esta es una probabilidad casi imposible (de hecho, si le ocurriera a alguien, lo más seguro es que le acusarían de tramposo). Sin embargo, tales sucesos consecutivos todavía serían captados por el segundo filtro porque, a pesar de ser muy improbables, estarían todavía dentro de los límites de la naturaleza.
El Dr. Dembski ha sido tan conservador en sus cálculos que un objeto o suceso no puede pasar por el tercer filtro a menos que tenga la probabilidad de ocurrir con la frecuencia de ¡25 escaleras reales consecutivas! Cualquier cosa que pueda ocurrir con mayor frecuencia será atrapada por el primer o segundo filtro y no podría clasificarse necesariamente como algo inteligentemente diseñado. Él quiere estar absolutamente seguro de que lo que pase por el tercer filtro no sea el resultado de las leyes naturales o del azar, y que solamente pueda ser explicado como producto de una fuente inteligente.
Resultados de la prueba
Cuando el Dr. Dembski pone a prueba los flagelos de la bacteria (el medio que usan las bacterias para desplazarse) con los filtros de probabilidad, ¡éstos fácilmente pasan el umbral del diseño! Aquí tenemos algo que no sólo es altamente improbable, sino que además tiene complejidad específica. Él calcula que la probabilidad de que las 40 proteínas del flagelo se junten por casualidad es el equivalente a haber obtenido ¡190 escaleras reales consecutivas! Así que fácilmente pasa su barrera de 25 escaleras reales repetidas. Sin ninguna duda, algo más que la casualidad está en juego aquí.
El Dr. Dembski subraya que este método para determinar si algo es inteligentemente diseñado o no, nunca ha producido resultados falsos. Esta prueba cumple con las rigurosas normas científicas de las probabilidades. También es objetiva, ya que no determina cuál es la fuente inteligente que diseñó el producto final que pasó por el tercer filtro, y está basada en la verificación empírica. Los críticos evolucionistas, aunque vociferan de una forma muy estridente, no han sido capaces de encontrar una debilidad legítima en este método. El ADN, el ARN, las proteínas, las plantas, y los órganos de los animales, por ejemplo, todos pasan a través de los tres filtros y son clasificados como cosas inteligentemente diseñadas.
Este es un poderoso mecanismo en el arsenal del movimiento del diseño inteligente. Después del concepto de complejidad irreducible de Michael Behe, el filtro explicativo del Dr. Dembski es el segundo recurso de mayor importancia en el movimiento que se opone a la evolución darviniana.
Así que, cuando se somete algo a este examen y pasa los tres filtros, hasta el famoso Sherlock Holmes exclamaría: “¡Elemental! Ha sido inteligentemente diseñado”. BN
http://www.lasbuenasnoticias.org/archivos/2008/bn022008/sherlock.htm
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26 ene 2009 Comentarios desactivados
in Filosofía, Temas de actualidad Etiquetas: La guerra, noticias bélicas
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“Sólo le pido a Dios que la guerra no me sea indiferente, es un monstruo grande y pisa fuerte toda la pobre inocencia de la gente. Es un monstruo grande y pisa fuerte toda la pobre inocencia de la gente.” (Mercedes Sosa / Leon Gieco) (1)
Estas son las letras de una canción de Mercedes Sosa, también cantada en su época por Leon Gieco, cantantes de rock argentino, durante la guerra de la subverción marxista lenista en Argentina, durante el período de la dictadura militar.
Personalmente considero que la guerra es algo absurdo,no le encuentro sentido alguno, ver como hermanos de raza en vez de encontrar salidas coherentes a las crisis humanas, se enfrascan en una lucha odiosa sin cuartel unos con otros.
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La guerra, “es un monstruo grande y pisa fuerte”
26 ene 2009 30 comentarios
in Filosofía Etiquetas: ética, La guerra
La guerra, “es un monstruo grande y pisa fuerte”
Autor: Paulo Arieu
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El problema entre Israel y Gaza actualmente es el tema más importante que está sucediendo a nivel mundial
Introduccion:
La frecuencia con la que estallan las guerras es muy similar a la de cualquier suceso aleatorio, lo que parece indicar que las guerras son imprevisibles.(Wikipedia)
El misterio de los genes Hox
26 ene 2009 Comentarios desactivados
in Ciencia, Temas de actualidad, Teoría de la Evolución Etiquetas: genes Hox
El misterio de los genes Hox
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Pues bien, en la actualidad vuelve a ser otra vez la genética quien viene a rechazar los argumentos de Dobzhansky, a propósito del descubrimiento de los llamados genes Hox. Las mutaciones provocadas en la mosca del vinagre, la famosa Drosophila, se conocen casi desde principios del siglo XX. En 1915 se encontró una mutación que transformaba el cuerpo de la mosca. Cambiaba la parte anterior del tercer segmento del tórax (que suele poseer unos pequeños órganos capaces de estabilizar el vuelo, llamados halterios) por una copia del segundo segmento, que es donde van las alas. El genetista que descubrió esta mutación, Calvin Bridges, la llamó bithorax. Cuatro años más tarde encontró otra mutación, la bithoraxoid, que hacía lo mismo pero con la parte posterior de dichos segmentos. Pues bien, la combinación de ambas mutaciones daba lugar a una mosca con cuatro alas en vez de dos y ocho patas como las arañas. Una verdadera pesadilla para los neodarwinistas.
Los genes del tipo bithorax donde se producen tales mutaciones reciben el nombre de genes Hox y actualmente se conocen ya docenas de ellos. Se ha descubierto que su función principal es regular a otros genes y que están dispuestos en el cromosoma en fila y en el mismo orden que las partes del cuerpo sobre las que actúa cada uno de ellos.
Pero lo más extraordinario y que ha dejado perplejos a los investigadores es que tales genes no son exclusivos de la mosca Drosophila sino que existen en todos los animales y en el ser humano. El orden de estos genes es siempre el mismo en todas las especies, a la izquierda los que especifican la cabeza, después los del tronco y a la derecha los del abdomen. Además se ha comprobado que son intercambiables entre especies. Un gen Hox llamado Deformed especifica la cabeza de la mosca, pero también la de un sapo, un ratón y un hombre. Esto significa que un gen Hox humano puede curar a una mosca que tenga el suyo mutado, pero no le producirá una pequeña cabecita humana sino una de mosca. Estos genes no crean estructuras, sólo seleccionan aquellas que tiene disponible cada especie animal.
Este descubrimiento constituye la mayor sorpresa para los biólogos en los últimos cien años. Desde Darwin se había creído que todas las estructuras de los seres vivos, incluidos los genes, evolucionaban desde lo simple a lo complejo. Los animales primitivos debían tener genes primitivos. Según tal criterio, era de esperar que una mosca tuviera genes mucho más simples que un ser humano ya que su cuerpo es también mucho más sencillo. Además lo lógico sería esperar profundas diferencias entre los genes de seres tan alejados entre sí en la escala evolutiva. Cientos de millones de años de mutaciones y selección natural habrían impedido que genes de mosca y de hombre pudieran siquiera parecerse lo más mínimo. Sin embargo, los genes Hox vienen a decir que todo esto era erróneo y que el darwinismo es incapaz de explicar el genoma de las especies vivas.
El biólogo evolucionista, Javier Sampedro, lo expresa así: “Se trata en mi opinión, del conjunto de hechos más sorprendente y enigmático que la genética ha descubierto en toda su historia, porque revela que toda la deslumbrante diversidad animal de este planeta, desde los ácaros de la moqueta hasta los ministros de cultura pasando por los berberechos y los gusanos que les parasitan, no son más que ajustes menores de un meticuloso plan de diseño que la evolución inventó una sola vez, hace unos 600 millones de años. Y que, sin embargo, es tan eficaz y versátil que sirve para construir casi cualquier cosa que uno quiera imaginar, nade corra vuele o resuelva ecuaciones diferenciales. Nadie, absolutamente nadie, se hubiera imaginado una cosa semejante hace 20 años, no digamos ya en tiempos de Darwin.” (Sampedro, Deconstruyendo a Darwin, Crítica, 2002: 98) Si se sustituye en este párrafo “la evolución” por “el Creador” se entiende mucho mejor la sorpresa que se ha llevado el estamento científico.
Los genes Hox no se han ido gestando lentamente a lo largo de 600 millones de años de evolución gradual, ni se han producido por macromutaciones o según el equilibrio puntuado: estaban ahí desde el principio de la creación.
Si uno de estos genes Hox procedente de un hombre es capaz de curar a su equivalente en la mosca, es evidente que los genes Hox han conservado muy bien su función y no han cambiado a lo largo de las eras.
Las alteraciones en dichos genes producen cambios importantes en los animales que en vez de mejorarlos les perjudican notablemente. Las moscas con cuatro alas y cuatro pares de patas son organismos deficientes incapaces de dejar descendientes fértiles que mejoren la raza. Quien se empecine en no ver la mano de una inteligencia superior detrás de los genes Hox y quiera seguir apelando a la imposible evolución ciega de la materia, allá él con su conciencia. Pero que no pretenda acusar de fanatismo religioso a quienes concluyen que la lógica y la sensatez de los hechos observados imponen el diseño y no el azar. También hay fanatismo en el seno de la ciencia.
Antonio Cruz es biólogo, profesor y escritor.
© A. C. Suárez, ProtestanteDigital.com (España, 2008).
protestantedigital.com
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¿Es el hombre un mono? ¿y un simio? ¿es el mono un hombre?
26 ene 2009 Comentarios desactivados
in Ciencia, Temas de actualidad, Teología, Teoría de la Evolución
¿Es el hombre un mono? ¿y un simio? ¿es el mono un hombre?
Seguro que os suena la siguiente frase, a la que dediqué alguna historia:
No descendemos del mono; tenemos un antepasado común con el mono
Pero se está quedando antigua y demodé. Ésta otra frase es la que hace furor ahora:
No descendemos del mono, ¡somos monos!
Aparte del furor ¿es correcta la afirmación?
Los conceptos de “mono” y “simio”, y las ideas sobre las relaciones entre éstos y nuestra especie han ido cambiando de un modo interesante, pero confuso. Con Darwin la Biología se hace evolucionista, y la similitudlinneana entre humanos y simios (estuvimos clasificados juntos desde el principio) es interpretada del modo correcto: no se trata de un capricho de Dios, sino de puro parentesco.

Para enfatizar dicho parentesco ante los incrédulos, algunos evolucionistas se ven tentados de modificar el significado común de las palabras “mono” o “simio”, de tal manera que puedan incluir al hombre. (Las motivaciones de otros son algo menos inocentes: no es el sólo hecho científico de nuestro parentesco lo que más les interesa divulgar, sino sus propias ideas filosóficas y políticas. Con cierta frecuencia, su creencia en la animalidad instintiva e inevitable del hombre. Uno de los clásicos entre estos deterministas es Desmond Morris, con sus libros El mono desnudo(O el simio desnudo: The naked ape en inglés) y El zoo humano).
Sostengo que “mono” y “simio” son términos del lenguaje común, no categorías taxonómicas de la zoología. Originalmente sinónimos (al igual que, aparentemente, las palabras inglesas monkey y ape), designan un conjunto impreciso pero reconocible de animales: aquellos primates no humanos que son más numerosos y conocidos. En el lenguaje común, un chimpancé es un mono, y también un mandril, un macaco o un tití americano son monos. Por supuesto, el hombre no es un mono en el lenguaje común.
Ahora bien, a los zoólogos el lenguaje ordinario se les suele quedar corto, y tampoco les resulta cómodo comunicarse rígidamente en el latín de las clasificaciones. Utilizan una jerga técnica, sin valor taxonómico pero confortable, con palabras del lenguaje común a las que dan, algunas veces, un significado diferente. Y aquí es donde se complican las cosas. Porque los divulgadores científicos han adoptado esa misma jerga, a menudo mezclándola confusamente con la clasificación. Pero, además, los diccionarios y enciclopedias, en su afán por el rigor, también han asimilado parcialmente esos nuevos significados.
La jerga zoológica rompe la sinonimia entre “mono” y “simio”, y entre “monkey” y “ape”. Simios (y apes) pasan a ser sólo los escasos primates sin cola que forman, junto con los humanos, el grupo Hominoidea(Busquemos Hominoidea y lo encontraremos frecuentemente descrito como la suma de humanos y simios). Son simios los gibones, orangutanes, gorilas y chimpancés (y sus parientes extintos del mismo grupo, claro). Los macacos, o los babuinos, ya no son simios. Cuando se habla de “grandes simios” (o great apes) se excluye a los gibones, más pequeños, divergentes en su camino evolutivo, y probablemente menos listos también. En ocasiones, no obstante, aún es posible toparse con la expresión “grandes monos”, cuyo significado es idéntico. Pero la palabra “mono”, para la mayoría de zoólogos, debe restringirse a los grupos taxonómicos Platyrrhini y Cercopithecoidea. Se trata, respectivamente, de los primates americanos (todos ellos) y de un subtipo (el más numeroso) de los primates africanos y asiáticos. También suelen denominarse “monos del nuevo mundo” y “monos del viejo mundo”. ¿Y qué ocurre con el resto de los primates no humanos? No son ni monos, ni simios: son los prosimios.
Esta página en inglés es muy representativa. En ella se distinguen claramente monos, simios, humanos y prosimios, según la costumbre más extendida en la divulgación actual. “Hay al menos 145 especies vivas del suborden Anthropoidea. El 90% de ellas son monos. El resto de las especies son simios y humanos. Los antropoides (miembros del suborden Anthropoidea) han sido los primates que han poblado la Tierra con más éxito. Son por lo general más grandes, más inteligentes, y tienen ojos más desarrollados que los prosimios“. El ser humano no está con los monos del nuevo mundo ni con los del viejo mundo. Está junto a los llamados “simios”. Según este tipo de divisiones semi-científicas (jerga técnica no taxonómica), los humanos tampoco seríamos monos.
Los legos seguirán llamando mono al orangután, aunque quizá tengan que soportar ser corregidos por el sabihondo de turno, que habrá leído en algún libro que las cosas ya no son como antes. Yo, aunque pueda dármelas también de sabihondo, me rebelo no obstante y afirmo que un chimpancé no sólo es un simio, sino también un mono, casi el prototipo de mono. Mono con todos los derechos.
La forma de explicar la diversidad de los primates que hemos visto refleja una idea de evolución lineal hoy ya anticuada: la “escala evolutiva”. Cada división corresponde a un “grado evolutivo” y los monos son todos aquellos primates que, estando más “avanzados” que los prosimios, aún no son lo suficientemente parecidos al hombre. Siguen teniendo cola, tamaño pequeño y habilidades modestas en comparación con las de los simios.
La mencionada jerga no se refleja bien en las clasificaciones taxonómicas que los propios zoólogos utilizan cuando se ponen realmente rigurosos. No hay una categoría taxonómica llamada “monos” (ni su equivalente en latín); ni siquiera algo que agrupe a los monos del nuevo y del viejo mundo en una rama exclusiva. Tampoco la palabra “simios” aparece en las clasificaciones (aunque sí los prosimios: Prosimii, y hubo alguna vez un Simioidea, ahora obsoleto). Por tanto, tampoco podemos apoyarnos en la clasificación taxonómica propiamente dicha para denominarnos monos. Somos Primates, Anthropoidea, Catarrhini, Hominoidea, etc., pero no “monos”. (Las aves tienen más suerte: ellas sí pueden decir que son dinosaurios, ya que existe el taxón Dinosauria y las aves, al menos en las clasificaciones cladísticas, están bien dentro de ese grupo)
¿Qué dicen los diccionarios? Probemos con el desastroso Diccionario de la Real Academia Española. Mono es, según el DRAE, un Nombre genérico con que se designa a cualquiera de los animales del suborden de los Simios. En un principio interpreté que se refieren al suborden en el que están clasificados los simios (este suborden solo puede ser Anthropoidea y sí, incluye también a los humanos. Ergo, para la RAE, el hombre podría ser un mono. Pero entonces ¿por qué usar mayúscula en “Simios”? ¡No existe un suborden llamado Simios! Si buscamos “simio” obtenemos “Primate antropoide” y “Suborden de estos animales”. De un modo confuso, el DRAE aparentemente iguala simios, monos, y la categoría taxonómica Anthropoidea en la que estamos alojados los humanos.
Para el diccionario de inglés Webster, un monkey es “un mamífero primate no humano, frecuentemente con la excepción de los lemures y tarseros; especialmente, cualquiera de los primates más pequeños de cola larga, en contraste con los simios (apes)”. Ape aparece en su primera acepción como sinónimo de monkey, y en la segunda especifica las dos familias de antropomorfos de la taxonomía tradicional, sin incluir al hombre. No somos monos, por tanto, para el Webster.
Y, según la Encyclopaedia Britannica, un monkey es “en general, cualquiera de las casi 200 especies de primates con cola, con la excepción de los lemures, tarseros y loris (…) La Enciclopedia Británica on linedistingue monkeys y apes, y además incluye a los seres humanos dentro de los apes. ¡Es decir, no seríamos monos, sino simios!
Espero haber mostrado que ni el lenguaje común, ni la jerga zoológica, ni la clasificación taxonómica permiten afirmar con rigor que el hombre sea un mono. Habrá quien piense que no puedo hablar de lenguaje común si tengo en contra a los diccionarios, pero los diccionarios no se ponen de acuerdo por el momento y la sensación que dan, al menos a mí, es la de una cierta confusión.
¿Quiere usted sostener, a pesar de todo, que el hombre es un mono? Entonces necesita hacer algunos malabarismos con el lenguaje:
a) Utilizar “mono” como sinónimo de “primate”. Buena estrategia porque nadie duda que el hombre es un primate y, por lo tanto, también sería un mono.
b) Utilizar “mono” como sinónimo de Anthropoidea. Es el mismo tipo de trampa, algo más refinada.
c) Enarbolar las liosas definiciones del Diccionario de la Real Academia Española (pero no permita que nadie busque “homínido” o “dinosaurio”, porque perdería credibilidad).
c) Convencer a su interlocutor, con la ayuda de la Enciclopedia Británica, de que el hombre es un simio. Después, esconder la Enciclopedia Británica y sostener que “simio” y “mono” son sinónimos.
Para todos los casos anteriores: apoyar su discurso con las siguientes insinuaciones falaces sobre quienes niegan que el hombre sea un mono:
1.-Tienen prejuicios religiosos
2.-Les repugna la idea de cualquier tipo relación con los monos.
3.-Son arrogantes y antropocéntricos, y temen ser expulsados de su pedestal.
4.-Ignoran la evolución
FUENTE:
El evolucionismo como Ciencia abierta y todos los otros ‘autobombos’
26 ene 2009 2 comentarios
in Ciencia, Temas de actualidad, Teología, Teoría de la Evolución
El evolucionismo como Ciencia abierta y todos los otros ‘autobombos’
autor:Jolimu
El evolucionismo como Ciencia abierta y todos los otros ‘autobombos’, recordarles tres procesos científicos:
A)- La teoría Endosimbiótica jamás se ha podido demostrar; ahora bien, en el hipotético caso que hubiera sucedido (intento situarme desde vuestra perspectiva), hay una diferencia morfológica entre bacteria y ameba, o lo que sea que haya surgido de esa simbiosis, dando lugar a ‘algo’ del reino Protista. Supongamos que se adquirió mitocondria, que aprendió a dominar esta verdadera central energética, que creó citoesqueleto, núcleo, etc…
Eso requiere un cambio en la inscripción codificada que aparece en la molécula del ADN. La síntesis proteica de ambas es bastante diferente; la cadena del eucarionte es distinta a la del procariota, la generación de energía también… Convendrás conmigo en que, desde el punto de vista de la información codificada, hay una diferencia abismal en genes, pares de bases, etc; así que fue necesario cambiar toda esa información que aparece ‘inscrita y codificada’..
La pregunta que surje es: ¿Quién diseñó, programó e inscribió, en LENGUAJE CODIFICADO, la primera información ADN en el procariota, y quién ‘actualizó’ luego de la supuesta endosimbiosis, toda esa información, con un aumento millonario de datos, en el eucariota derivado? ¿Quién codificó esa información?
Ya ves que no te pido lo que aparece en la literatura evolucionista; las hipotéticas etapas en hipotéticos miles de millones de años. Eso ya me lo estudié; lo que te pido es que razones y comprendas que el paso de procariota a eucariota, en cuyos ADN respectivos aparece INSCRITA toda la fórmula para su vida, es imposible, sin un factor externo inteligente que lo controle y ‘escriba’.
Una información no se inscribe y codifica a sí misma; eso es absurdo. ¿Cómo puede aparecer esa información, REINSCRITA Y ACTUALIZADA, de una especie a la otra, sin un agente externo?
B)-Azar, casualidad y bombo con combinaciones posibles. Se plantea que diseminados átomos inorgánicos se unieron por azar, para crear aminoácidos y moléculas complejas como las proteínas, el ADN y el ARN, obviando la imperiosa necesidad de que coincidieran en el tiempo, pues por ejemplo, se sabe que muchas proteínas de potencial interés, apenas mantienen su configuración nativa y funcional por unas horas, mientras otras solo duran dos minutos.
Aunque los evolucionistas se dan a sí mismos un margen de miles de millones de años, ocurre un hecho muy particular: en la secuencia proteica, donde todos los aminoácidos se aparean según afinidad para formar las proteínas, se observa un orden cronológico. Es decir, no vale que en el año 1 aparezca un aminoácido y en el 32000 aparezca otro; es más, seré generoso. Digamos que aparece un aminoácido, de un triplete determinado y que al año siguiente aparece el otro; tenemos un problema:
Andrea Bechmair, Daniel Finley y Alexander Varshavsky, del departamento de Biología del Massachusetts Institute of Technology, MIT, dan una respuesta (Science, vol. 234 pág. 179, 1986). Según ellos, el último aminoácido de la cadena (Nitrógeno terminal) que forma la proteína, marca su supervivencia. Si es metionina, serina, alanina, treonina, valina o lisina, la vida media de la proteína es de veinte horas o más. En cambio, si el aminoácido terminal es isoleucina o glutamato, la vida media es de 30 minutos. La glutamina y tirosina, son aún más efímeras: 10 minutos. Y si son arginina, fenil, alanina, leucina o aspartato, duran apenas dos minutos.
Esto marca una gran limitación a la hora de formar la 1ª síntesis proteica; todas tuvieron que coincidir en dos minutos, pues de lo contrario, aquellas proteínas formadas en base a aminoácidos arginina, fenil, alanina, leucina o aspartato, morirían mientras se formaran las demás. No vale pues el criterio de los miles de millones de años, ya que el tiempo de duración de la más longeva es de menos de un día; tuvieron que ser coincidentes en un espacio breve de tiempo para ser funcionales y crear la primera célula.
Y no estamos hablando de 4 proteínas. Si consideramos que el genoma humano contiene alrededor de 30,000 genes y que cada gen codifica para una proteína, entonces tiene al menos 30,000 proteínas. A tener en cuenta también, que hay genes que por mecanismos especializados pueden dar lugar a mas de una proteína… de hecho se conocen genes que pueden dar lugar a decenas de ellas, así que calcular el número total es complicado.
¿De verdad crees que la casualidad es una respuesta para hacer coincidir los aminoácidos esenciales en dos minutos mínimo? Y por otra parte, volvemos a la siguiente pregunta, pues el ADN nos obliga: Si se formó por azar, ¿Para qué entonces está inscrita y codificada la fórmula de síntesis proteica en el ADN? ¿No ves la contradicción?
Además, de nuevo otra pregunta: Si sucedió así, por azar, en el bombo de la Naturaleza, ¿quién inscribió y codificó toda esa información, perfectamente programada y cronometrada para que una proteína específica sucediera a la otra? Y, ¿Quién diseñó los codones de ‘parada’ UAA, UAG y UGA? ¿Y el de ‘Start’ AUG?
C)- En cuanto a la creación del ADN y la formación de moléculas por unión de átomos, tengo que decirte lo mismo. No basta con 16 enciclopedias que expliquen cómo pudo haber sucedido; no es suficiente argumentar en base a la paleontología, la química, la física, la geología o la genómica comparada. No hay que encumbrarse tanto, cuando lo sencillo ensombra el análisis de las respuestas evolutivas.
Hay una información con la receta de la vida, cronológicamente escrita, secuencia por secuencia, con señales de inicio y de parada; es decir, hay una programación. Por tanto estamos ante un diseño donde se hace evidente:
a- una escritura con todos los datos de laboratorio.
b- esa escritura aparece codificada.
c- cada una de las actividades está programada perfectamente, SECUENCIA POR SECUENCIA.
¿Quién escribió la información de ADN, quién la codificó, quién la secuenció, y quién la programó?
¿No te das cuenta que la evolución se queda sin respuestas ante esto?
Una y otra vez, el ADN conspira contra toda la argumentación evolucionista; las enciclopedias creadas son incapaces de aclarar todas las dudas que se derivan de esta situación, por mucho que lo intenten, que ofendan y que intenten descalificar a los científicos evolucionistas.
Con respecto a los libros Sagrados y su congruencia con los descubrimientos científicos: la Biblia, que no es un libro de Ciencias, sino de crónicas, escrito por la influencia directa de Dios, a través de los profetas escogidos en cada momento, describe como las generaciones fueron degradándose poco a poco, con respecto a la expectativa de vida:
La generación de Adán-Matusalén-Noé, con un ADN nuevo, aun sin mutaciones importantes, vivieron cerca del milenio. Luego, a medida que aparecieron los daños en la cadena genómica, la de los descendientes de Noé, fue bajando, primero hasta 600, luego hasta 400, y así, hasta llegar a Abraham, que duró 175 años. Todo esto congruente con el descubrimiento de los telómeros, como reloj biológico, y la realidad de una vida más larga, si ellos no se acortaran con la velocidad que lo hacen actualmente.
Las mutaciones ya habían cogido un buen nivel y se fueron multiplicando a través de los cromosomas de cada generación; han seguido aumentando y, de no ser por la gran cantidad de medicamentos, atención médica, y recursos paliativos, agentes externos a la decadente naturaleza genética, anunciada en el Bereshit 2:17, el primer libro de ‘Las Escrituras’ que usaba Jesús para instruir a sus apóstoles (el ‘muriendo, morirás’), hoy día estaríamos viviendo mucho menos.
Algo confirmado en las clases más pobres de la tierra, que no tienen acceso a una atención social con la que cuenta una gran parte de la humanidad. (Nativos del altiplano peruano-boliviano-ecuatoriano-amazónico, etc; africanos australes más desfavorecidos, indios parias, chinos sin recursos…) que a veces, con 30 años, ya son ancianos.
Aunque a los defensores de la teoría evolutiva les pese, deben reconocer que a medida que los conocimientos científicos avanzan, los planteamientos bíblicos van cogiendo forma ante los ojos del humano; en cambio, estos mismos conocimientos, cada vez más, van dejando sin respuestas a la evolución.
En realidad, el ser humano no evoluciona, sino involuciona: ya hay 18000 enfermedades genéticas reconocidas, increméntandose semanalmente en 5, debido a que los cromosomas que reciben la copia de la mutación, se encargan de difundirlos en las subsiguientes. Hay datos estadísticos sobre esto, que se están presentando en el blog del hermano Manuel.
Tubo de ensayo
26 ene 2009 1 comentario
in Ciencia, Temas de actualidad, Teología, Teoría de la Evolución
Tubo de ensayo
Un editorial reciente de Protestante Digital empezaba citando estas palabras de Stuart McAllister en el Foro de Apologética celebrado el paso mes de Mayo: “Mientras Richard Dawkins -el representante más conocido del ateísmo contemporáneo- vende un millón y medio de libros, nosotros no podemos quedarnos cruzados de brazos sin hacer nada.” ¿Y qué podemos hacer? Pues bien, una de las cosas que podemos hacer es prestar atención a la ciencia.

De esta manera podremos conocer mejor el mundo del que habla Dawkins, el mundo en el que ha embarcado a ese millón y medio de lectores. Las ciencias llevan ya mucho tiempo influyendo de manera determinante en nuestra sociedad. Hoy en día, esta influencia no ha hecho más que agudizarse. Y esto no es ya una característica exclusiva de las sociedades occidentales. Poco a poco, otras sociedades se van incorporando a la cultura científico-tecnológica que surgió en el mundo occidental hace siglos: Japón primero, luego varios países del sudeste asiático, actualmente China, y posiblemente la India en un futuro próximo.
Para bien o para mal, vivimos en una era en la que la ciencia y la tecnología son parte de nuestra vida diaria: aviones, teléfonos móviles, ordenadores, coches, antibióticos, vacunas, organismos transgénicos, transplantes… Y no sólo eso, sino que la ciencia y la tecnología están también expandiendo nuestro conocimiento del universo en el que vivimos: desde los satélites que exploran los confines del sistema solar, a la lectura del genoma humano. Vivimos en una nueva era de exploración vertiginosa, pero al mismo tiempo de grandes desafíos, al darnos cuenta del daño que nuestra tecnología está haciendo y puede hacer en el futuro al planeta tierra, nuestro hogar.
Es por lo tanto fundamental que los cristianos comprendamos el mundo de la ciencia, y así podamos presentar el evangelio a nuestra generación teniendo ese mundo en cuenta. Una fe que ignore el fenómeno científico está en estos momentos condenada a la marginalización y la irrelevancia intelectual/cultural.
Por desgracia, en el mundo cristiano de habla hispana, no ha habido tradicionalmente un gran interés por la reflexión sobre las relaciones ciencia y fe. Y esto se agudiza todavía más en el contexto evangélico, en el que la práctica totalidad de las pocas energías dedicadas a estos temas se ha volcado en el debate de los orígenes.
El propósito de esta sección, que en principio se planea quincenal, es contribuir a difundir información sobre las transformaciones científicas que estamos viviendo día a día, y ayudar a integrar el mundo de la ciencia con la fe cristiana.
Para ello, varios científicos cristianos iremos publicando artículos en esta sección, que cubrirán una amplia diversidad de tópicos relacionados con la ciencia.
Dado el interés y la preocupación que genera entre muchos, la reflexión sobre los orígenes tendrá un papel importante. Pero el objetivo no es centrarnos exclusivamente en ese tema. Con el paso de los meses, se irán tocando otros temas, incluyendo referencias a noticias científicas de actualidad y también traducciones de textos que puedan ser de interés.
De esta manera, esperamos estar contribuyendo a mostrar al mundo que el cristianismo tiene algo que decir en el siglo XXI: es relevante aquí y ahora.
Artículo escrito por Pablo de Felipe (Grupo Fe y Ciencia -FyC-)
Grupo FyC es un grupo de científicos cristianos que debaten ciencia y fe
© P. de Felipe, ProtestanteDigital.com (España, 2008).
Dios existe. Y lo dice y lo premia la ciencia
26 ene 2009 1 comentario
in Ciencia, Dios, Filosofía, Temas de actualidad, Teología Etiquetas: existencia de Dios, Michael Heller, Premio Templeton 2008
Dios existe. Y lo dice y lo premia la ciencia
Por José Manuel Vidal

«El reloj lo hizo el relojero / el mundo lo hizo Dios / No hay reloj sin relojero / ni mundo sin Creador». Con esta cancioncilla recitada a coro aprendían los niños en la catequesis de los años 50 y 60 la existencia de un «Dios creador de todas las cosas, que premia a los buenos y castiga a los malos». Ahora, la ciencia parece demostrar que el catecismo tenía razón. El sacerdote y científico polaco Michael Heller sostiene que las matemáticas pueden ofrecer evidencias circunstanciales de la existencia de Dios. Y ha ganado por su teoría el premio Templeton, dotado con más de un millón de euros. Un premio mayor que el Nobel.
- Leer mas en Dios existe. Y lo dice y lo premia la ciencia
Teoría de las creaciones sucesivas
26 ene 2009 Comentarios desactivados
in Ciencia, Creación, Creacionismo, Temas de actualidad
Teoría de las creaciones sucesivas
La teoría de las creaciones sucesivas fue una teoría decimonónica normalmente asociada al catastrofismo que trató de dar cuenta de la aparición brusca en el registro fósil de nuevas especies. Según esta teoría, la Tierra habría estado poblada por toda una sucesión de flora y fauna independientes entre sí, producto de una serie de actos creadores seguidos de aniquilaciones catastróficas. Es más, se llegaron a contabilizar hasta 27 creaciones distintas.
A lo largo del siglo XIX los sucesivos descubrimientos paleontológicos hicieron innegable tanto la extinción como la aparición de nuevas especies. El fijismo resultaba, pues, científicamente inaceptable, y la teoría de las creaciones sucesivas se formuló como la nueva hipótesis que hacía compatible la evidencia paleontológica con el creacionismo. Aunque a menudo se atribuye a Cuvier la autoría de esta teoría, en realidad el naturalista francés atribuyó a las migraciones los saltos en el registro fósil. Fue Louis Agassiz, uno de los principales opositores al evolucionismo darwinista, el principal representante de esta teoría. El geólogo y paleontólogo alemán Heinrich Georg Bronn fue otro de los grandes defensores de la teoría de las creaciones sucesivas, aunque, a diferencia de Agassiz y como seguidor de Lyell, lo hizo en un marcogradualista.
Referencias
- Balan, Bernard (1979), L’ordre et le temps. L’anatomie comparée et l’histoire des vivants au XIXème siècle, Paris: Vrin. ISBN.
Véase también
Pax (gen)
26 ene 2009 Comentarios desactivados
in Ciencia, Temas de actualidad, Teoría de la Evolución
Pax (gen)
Grupos de genes Pax
En los mamíferos existen cuatro grupos de genes Pax bien definidos:
- Grupo 1 (Pax 1 y 9)
- Grupo 2 (Pax 2, 5 y 8).
- Grupo 3 (Pax 3 y 7)
- Grupo 4 (Pax 4 y 6): el Pax-6 ocupa la posición más alta en un grupo de genes jerárquicamente organizado y cuya expresión en cascada es responsable del patrón de desarrollo del ojo.
Homeobox
26 ene 2009 Comentarios desactivados
in Ciencia, Temas de actualidad, Teoría de la Evolución
Homeobox
Un homeobox es una secuencia de ADN que forma parte de genes implicados en la regulación del desarrollo (morfogénesis) de los animales. Los genes que tiene un homeobox se llaman genes homeóticos y forman la familia de genes homeóticos HOM/Hox. Los genes homeobox codifican proteínas que le indican a las células de distintos segmentos del embrión en desarrollo “qué clase de estructuras tienen que hacer” (por ejemplo, antenas para la cabeza y patas para los tres segmentos torácicos). Genes homeobox casi idénticos también fueron encontrados en los genomas de ratones y de seres humanos.
Descubrimiento
Los homeobox fueron descubiertos de forma independiente en 1983 por Walter Gehring, de la Universidad de Basilea, Suiza, y por Matthew Scott y Amy Weiner, de la Universidad de Indiana, Bloomington.1 2
Homeodominio
Un homeobox tiene una extensión de unos 180 pares de bases y codifica una secuencia de aminoácidos o dominio proteico (el homeodominio) que puede adherirse a segmentos del ADN.
Los genes homeobox codifican factores de transcripción que inician cascadas de otros genes, como todos los necesarios para la construcción de una extremidad.
Subfamilias
La familia de genes homeóticos en vertebrados puede dividirse en dos sub-familias:
- Acomplejados, llamados genes HOX o clase I
- No-acomplejados, o genes homeóticos divergentes
Referencias
- ↑ Garber RL,, Kuroiwa A; Gehring WJ. (1983). “Genomic and cDNA clones of the homeotic locus Antennapedia in Drosophila“. EMBO J2 (11): 2027-36.
- ↑ Scott MP,, Weiner AJ; Hazelrigg TI; Polisky BA; Pirrotta V; Scalenghe F; Kaufman TC. (Dec de 1983). “The molecular organization of the Antennapedia locus of Drosophila.”. Cell 35 (3 Pt 2): 763-76.
Bibliografía
- Morgan Allman, John (2003), Duplicación genética y desarrollo cerebral (pp 53-72),El cerebro en evolución. Ariel: Barcelona.
Véase también
El Vaticano “ya está desilusionado” con Obama
26 ene 2009 1 comentario
in Aborto, Estados Unidos, Política, Temas de actualidad, Vaticano
MACRO/VIDA
La Santa Sede critica su “arrogancia” por levantar restricciones al aborto
El Vaticano “ya está desilusionado” con Obama
ELPLURAL.COM
El Vaticano criticó este fin de semana la “arrogante” decisión del presidente de Estados Unidos, Barack Obama, de restaurar la financiación a las clínicas de planificación familiar en el extranjero que realizan abortos o asesoran al respecto. Una moneda de cambio habitual en EEUU entre los presidentes entrantes y que demuestra las intenciones del nuevo gobernante en relación con la interrupción voluntaria del embarazo.
- Noticias relacionadas
En una entrevista publicada el sábado por el diario italiano Corriere della Sera, monseñor Rino Fisichella, de la Academia Pontificia para la Vida, indicó que esta decisión ha supuesto “una desilusión” para la Santa Sede.
La arrogancia de Obama
El funcionario del Vaticano, criticó la “arrogancia” de los que creen que pueden decidir sobre la vida y la muerte una vez que llegan al poder, en referencia a la decisión adoptada por el nuevo presidente estadounidense, quien el pasado viernes levantó este veto que rigió durante los ocho años del gobierno de George W. Bush.
“Estamos desilusionados”
“Si ésta es una de las primeras decisiones del presidente Obama, tengo que decirlo, con todo respeto, que ya estamos desilusionados”, agregó. Otro funcionario de la Academia, monseñor Elio Sgreccia, dijo que se le ha asestado un golpe duro a los católicos de Estados Unidos y a personas en todo el mundo que luchan contra “el sacrificio de los inocentes”.
Política de Ciudad de México
La norma es conocida como la Política de Ciudad de México porque fue dada a conocer en una conferencia de la ONU en 1984 en esta ciudad y se convirtió en la piedra angular de las políticas sociales de la Administración conservadora del ex presidente republicano Ronald Reagan. El ex presidente Bill Clinton, demócrata, anuló la norma cuando llegó al poder en 1993, y su sucesor, el republicano George W. Bush, la reinstauró en enero de 2001.
Rouco sobre el bus ateo
26 ene 2009 12 comentarios
in Ateismo, España, Temas de actualidad Etiquetas: bus ateo, Rouco:
El Plural / Macro/Vida

“No es justo obligarles a soportar mensajes que hieren su sentimiento religioso”
Rouco sobre el bus ateo: “Es un abuso usar los espacios públicos para hablar mal de Dios a los creyentes”
ELPLURAL.COM/EUROPAPRESS
El cardenal arzobispo de Madrid y presidente de la Conferencia Episcopal, Antonio María Rouco Varela, criticó ayer duramente “la utilización de espacios públicos para hablar mal de Dios ante los creyentes”, en referencia a la campaña promovida por asociaciones de ateos en las ciudades de Barcelona y Madrid con el lema: “Probablemente Dios no existe. Deja de preocuparte y disfruta”.
Rouco señaló, en defensa de la Institución eclesiástica, que los católicos respetan a todos, “también a quienes no creen en Dios”, por lo que no considera “aceptable que se diga o se insinúe” que los creyentes viven preocupados por ello. “La fe no es fuente de preocupación insana, sino de consuelo y de libertad”.
Hiriente
El cardenal señaló que “no es justo obligar a quienes tienen que hacer uso de esos espacios, sin alternativa posible, a tener que soportar mensajes que hieren su sentimiento religioso”, por lo que apeló a que sean las autoridades competentes las que “tutelen como es debido el derecho de los ciudadanos a no ser menospreciados y atacados en sus convicciones de fe”.
Socavar derechos fundamentales
Rouco insistió en que “los medios públicos no deberían ser utilizados para socavar derechos fundamentales”, por lo que el cardenal considera que es una vulneración de algunos principios constitucionales.
No es una preocupación insana
Además, también se refirió a la incongruencia del mensaje que transmite la campaña publicitaria promovida por asociaciones de ateos, ya que “la fe no es una fuente de preocupación insana, sino de consuelo y libertad”, por lo que “no es aceptable que se diga o se insinúe que” los que creen en Dios viven preocupados por ello.
“Usos lesivos de la libertad religiosa”
Rouco comparó el caso español con el de otras ciudades como “Roma, Milán y Zaragoza”, que han “sabido compaginar la tutela de los derechos de libertad religiosa y de libertad de expresión, y no han cedido espacios urbanos para usos lesivos de la libertad religiosa y del sentimiento de los creyentes”.
Invento del hombre
“Como pastores de la Iglesia, a los que incumbe la grave responsabilidad de invitar a todos a la fe en el Dios del amor, no podemos por menos de mostrar nuestro dolor por la propaganda que falsea la imagen de Dios presentándole como un probable invento de los hombres que no les deja vivir en paz”, manifestó el cardenal arzobispo de Madrid, quien además insistió en que “desfigurar la verdad de Dios, mofarse de su amor, significa en realidad perjudicar la causa del hombre”.
Defensa de los católicos
Para continuar mostrando en todo momento una imagen firme y segura, Rouco se posicionó en defensa de los católicos, de quienes dijo que nunca se escandalizan ni se sorprenden de que “haya alguien que no conozca verdaderamente a Dios o quien de palabra o de hecho oponga resistencia a su amor”.
Rouco señaló, en defensa de la Institución eclesiástica, que los católicos respetan a todos, “también a quienes no creen en Dios”, por lo que no considera “aceptable que se diga o se insinúe” que los creyentes viven preocupados por ello. “La fe no es fuente de preocupación insana, sino de consuelo y de libertad”.
Hiriente
El cardenal señaló que “no es justo obligar a quienes tienen que hacer uso de esos espacios, sin alternativa posible, a tener que soportar mensajes que hieren su sentimiento religioso”, por lo que apeló a que sean las autoridades competentes las que “tutelen como es debido el derecho de los ciudadanos a no ser menospreciados y atacados en sus convicciones de fe”.
Socavar derechos fundamentales
Rouco insistió en que “los medios públicos no deberían ser utilizados para socavar derechos fundamentales”, por lo que el cardenal considera que es una vulneración de algunos principios constitucionales.
No es una preocupación insana
Además, también se refirió a la incongruencia del mensaje que transmite la campaña publicitaria promovida por asociaciones de ateos, ya que “la fe no es una fuente de preocupación insana, sino de consuelo y libertad”, por lo que “no es aceptable que se diga o se insinúe que” los que creen en Dios viven preocupados por ello.
“Usos lesivos de la libertad religiosa”
Rouco comparó el caso español con el de otras ciudades como “Roma, Milán y Zaragoza”, que han “sabido compaginar la tutela de los derechos de libertad religiosa y de libertad de expresión, y no han cedido espacios urbanos para usos lesivos de la libertad religiosa y del sentimiento de los creyentes”.
Invento del hombre
“Como pastores de la Iglesia, a los que incumbe la grave responsabilidad de invitar a todos a la fe en el Dios del amor, no podemos por menos de mostrar nuestro dolor por la propaganda que falsea la imagen de Dios presentándole como un probable invento de los hombres que no les deja vivir en paz”, manifestó el cardenal arzobispo de Madrid, quien además insistió en que “desfigurar la verdad de Dios, mofarse de su amor, significa en realidad perjudicar la causa del hombre”.
Defensa de los católicos
Para continuar mostrando en todo momento una imagen firme y segura, Rouco se posicionó en defensa de los católicos, de quienes dijo que nunca se escandalizan ni se sorprenden de que “haya alguien que no conozca verdaderamente a Dios o quien de palabra o de hecho oponga resistencia a su amor”.
A la guerra del autobús se unen los musulmanes
26 ene 2009 Comentarios desactivados
in Teología
A la guerra del autobús se unen los musulmanes
Escrito por entreCristianos
domingo, 25 de enero de 2009
El “bus musulmán” se une a la publicidad religiosa y antireligiosa iniciada por los buses ateo y cristiano. Ahora la polémica se libra en el campo entre judíos y musulmanes por su mensaje provocador.
En estos momentos en los que en las calles las calles de Londres, Barcelona y Turín y Madrid recorren autobuses ateos y crisitanos, la última novedad de las campañas religiosas en los autobuses la protagoniza el “autobus musulmán”.
La campaña que promociona el islam ha comenzado en el condado estadounidense de Broward en el estado de la Florida donde ya se lee en los autobuses el lema: “Islam: la forma de vida de Abraham, Moisés, Jesús y Mahoma”.
La campaña tiene un presupuesto de 60.000 dólares y ha sido pagada el Consejo de Relaciones Islámicas Americanas. En dicho Consejo han señalado que “les debíamos esto a nuestros camaradas americanos para hacerles saber que el Islam está a favor de la paz. Los musulmanes también estamos aquí y formamos parte de los Estados Unidos de América”.
Esta camapaña ha causado indignación entre la población judia y la asociación “Americanos contra el odio” ha sido portavoz de esta comunidad. Su principal responsable Joe Kaufman asegura que “el mensaje de la campaña es erróneo porque implica que Abraham, Moisés y Jesús son todos musulmanes”. Dicha asociación ha pedido sin éxito la retirada de la campaña de modo que el autobús mulsulmán seguirá paseándose de momento por este condado de Florida alegando que la misma es ofensiva para la comunidad judía y la cristiana.
La mosca con ojos humanos?
26 ene 2009 Comentarios desactivados
in Ciencia, Temas de actualidad, Teología, Teoría de la Evolución Etiquetas: La mosca
La mosca con ojos humanos?
Posted: 24 Jan 2009 10:33 AM PST
Uno de los baluartes argumentativos de los creacionistas o los que apoyan la idea del diseño inteligente acostumbra a ser la complejidad y sutileza de un ojo, un órgano que según ellos no pudo haber evolucionado azarosamente tal y como postula la teoría darwiniana. Contra esta idea errónea que se ha tratado de difundir como un punto débil en la teoría de la evolución, ya existen quintales de explicaciones; en Escalando el monte improbable, de Richard Dawkins, pueden leerse un buen puñado de ellas. Pero sirva este humilde post para añadir una más a la montaña.
La cuestión es que existen muchos tipos distintos de ojos. Se calcula, pues, que el ojo ha evolucionado de forma independiente más de 40 veces en diferentes contextos del reino animal. Aunque descienden probablemente de una especie de ojo germinal (quizá sólo fuera un órgano que tenía cierta sensibilidad a la luz), según su óptica el ojo ha evolucionado en dos ramas separadas: el ojo de los vertebrados y el ojo compuesto de los crustáceos.
En la mosca del vinagre, Drosophila, muy empleada en experimentos genéticos, se halla un gen que literalmente fabrica sus ojos. Los genetistas lo llaman, curiosamente, eyeless (sin ojos), porque se suelen bautizar en relación a lo que sucede cuando el gen no funciona correctamente o muta. El gen equivalente en los mamíferos se llama Pax6, aunque en los ratones también se conoce como ojo pequeño, y en los seres humanos, aniridia (que significa “sin iris”, claro).
Al parecer, la secuencia de ADN del gen aniridia es más similar al del gen eyeless que otros genes humanos; así, después de todo, esas criaturas de ciencia ficción que son hombres con enormes ojos compuestos no son tan imposibles de concebir en la realidad. Lo que ya se ha llevado a cabo es algo a la inversa. Moscas con ojos humanos, en cierto modo.
Este experimento fue realizado por el suizo Walter Gehring. Introdujeron el gen ojo pequeño de un ratón en embriones de moscas del vinagre. Al poco, los genes insertados en la parte del embrión que se encargaba de fabricar una pata provocaron que la mosca adulta desarrollara un ojo en la pata; técnicamente llamado ojo ectópico. Pero el ojo era de mosca, eso sí, no de ratón ni de humano.
Era un ojo compuesto porque el gen, independientemente de donde provenga, parece transmitir la instrucción de la fabricación de un ojo tal y como se fabrica normalmente en el organismo huésped. Jeff Goldbum en La mosca ya no se nos presenta tan difícil de creer; a diferencia del creacionismo y el diseño inteligente, que para creer en ellos se requiere de una venda opaca en los ojos (nunca mejor dicho).
Más información | Evolucionarios
San Pablo ayuda a entender el significado de la conversión, según el Papa
25 ene 2009 Comentarios desactivados
in Doctrinas Cristianas, San Pablo, Teología
San Pablo ayuda a entender el significado de la conversión, según el Papa
La conversión “es el camino hacia la unidad de los cristianos”
CIUDAD DEL VATICANO, domingo 25 de enero de 2009 (ZENIT.org).- La experiencia de san Pablo puede ser “un modelo para toda auténtica conversión cristiana”, afirmó hoy Benedicto XVI, durante el rezo del Ángelus con los peregrinos congregados en la Plaza de San Pedro.
Gracias a la conversión de Pablo, explicó el Papa, aludiendo a la fiesta de la Conversión de San Pablo que hoy celebra toda la Iglesia, “podemos comprender el verdadero significado de la conversión evangélica”.
Aunque en el caso de Pablo “algunos prefieren no utilizar la palabra ‘conversión’, porque dicen que él ya era creyente y no tuvo que abandonar su fe para adherirse a Cristo”, el Papa recuerda que la experiencia de Pablo maduró en el encuentro con Cristo resucitado”.
“Fue este encuentro el que le cambió radicalmente la existencia. En el camino de Damasco sucedió para él lo que Jesús pide en el Evangelio de hoy: Saulo se convirtió porque, gracias a la luz divina, ‘creyó en el Evangelio’”, explicó.
“Su conversión y la nuestra -observó el Pontífice-, consiste en creer en Jesús muerto y resucitado y en abrirse a la iluminación de su gracia divina”.
En aquel momento, de hecho, “Saulo comprendió que su slavación no dependía de las obras buenas realizadas según la ley, sino del hecho de que Jesús había muerto también por él -el perseguidor- y que estaba, y está, resucitado”.
Según el Papa, “esta verdad, que gracias al bautismo ilumina la existencia de todo cristiano, alumbra completamente nuestra forma de vivir”.
Convertirse, por tanto, significa “creer que Jesús se ha entregado a sí mismo por mí, muriendo en la cruz, y que resucitado, vive conmigo y en mí”.
Confiando en “el poder de su perdón, explicó el Papa, podemos “salir de las arenas movedizas del orgullo y del pecado, de la mentira y de la tristeza, del egoísmo y de toda falsa seguridad, para conocer y vivir la riqueza de su amor”.
…
SALVADOS POR SU MISERICORDIA
La justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él.
Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros seamos justicia de Dios en él.
Cristo nos redimió de la maldición de la Ley, haciéndose maldición por nosotros (pues está escrito: «Maldito todo el que es colgado en un madero»),
Pero por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención,
Nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo, el cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo, nuestro Salvador,
Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor. Por amor a él lo he perdido todo y lo tengo por basura, para ganar a Cristo y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que se basa en la Ley, sino la que se adquiere por la fe en Cristo, la justicia que procede de Dios y se basa en la fe.
Ro.3:22 II Co.5:21 Ga. 3:13 I Co. 1:30 Tit.3:5,6 Fil. 3:8,9






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