El proceso de homínización

Como recientemente concluía el doctor Aguirre, S. I., en el magisterio de la Iglesia católica no hay «nada que, por tazón dogmática, se oponga a la moderna teoría biológica de la evolución… El fixismo, en estos últimos años, no ha aportado un solo argumento filosófico positivamente a su favor, ni un solo hecho experimental que lo confirme, ni una idea fecunda en biología teórica, ni un avance provechoso en biología práctica: es fuerza reconocerlo» 

El proceso de hominización

Autor: Paulo Arieu

humanización

Entendemos como “proceso de humanización” el lento proceso del que surge y se desarrolla la cultura, a partir de la base biológica que la hace posible.

Éste es un proceso que debe entenderse como paralelo al de hominización. La separación que de ambos procesos se realiza en las explicaciones de la evolución del hombre, se debe a la necesidad de simplificar la exposición, pero es equívoco, porque pueden entenderse como dos procesos consecutivos, cuando en realidad son simultáneos y de influencia recíproca.

En suma, el hombre es producto de un largo y complejo proceso de relaciones y mutuas influencias entre factores biológicos y culturales.

El nacimiento de las teorías evolucionistas ha hecho que, en la actualidad, se acepte que todos los seres vivos son fruto de la evolución de especies anteriores, incluído el ser humano. Al proceso a través del cual ha aparecido el hombre como resultado de la evolución a partir de otras especies, en concreto, a partir de los primates de la familia de los homínidos, se le llama hominización.

Proceso de hominización

A continuación presentamos un resumen con los pasos o etapas más importantes de este proceso de hominización:

AustralopithecusAustrolopithecus

Apareció hace 6,5 millones de años y desapareció hace un millón de años
Era de pequeña estatura y tenía una capacidad craneal de 500 cm cúbicos

Sus aportaciones más importantes fueron la posición erguida y el bipedismo. Estas características le permitieron el paso del habitat forestal a los espacios abiertos como las estepas o las sabanas. Se dedicaron a la caza, cambiando las costumbres alimenticias y estableciendo nuevas formas de relación social. 

Homo habilis

Homo habilis

Apareció hace 3 millones de años y desapareció hace un millón de años.
Tenía una capacidad craneal de 700 cm cúbicos.

La mayoría de los fósiles hallados de homo habilis aparecenrodeados de instrumentos, lo que demuestra su alto grado de inteligencia y de homnización.

 

Homo erectus

Homo erectus

Apareció hace 1,5 millones de años y esapareció hace unos 300 mil años.
Era más alto que el habilis y su capacidad craneal estaba entre los 900 y los 1200 cm cúbicos.

Parece ser que fue el primero en utilizar el fuego. Construía instrumentos de piedra y armas para la caza como hachas bifaces. Fue el primero en extenderse por amplias zonas del planeta. Con ellos surgen distintas culturas y civilizaciones. Es probable que realizaran rituales asociados al enterramiento.

 

Hombre de neandertal

Homo sapiens neandertal

Apareció en Europa y algunos lugares de Asia hace 100 mil años y desapareció hace 35 mil años.
Tenía una capacidad craneal de 1500 cm cúbicos (igual o superior a la del hombre actual). Era de pequeña estatura y de complexión muy robusta.

Desarrolló una amplia industria lítica. Vivía en cuevas con habitaciones y zonas para el fuego. Profesaban el culto a los muertos y poseían preocupaciones espirituales.

CromagnonHomo sapiens sapiens (el cromagnon es el más significativo)

Apareció hace 100 mil años en África y Oriente Medio y hace 40 mil años en Europa.
Posee una capacidad craneal de 1500 cm cúbicos.

Era nómada y vivía de la caza, pero empezó a desarrollar la agricultura y la ganadería. Construye instrumentos compuestos y adorna su cuerpo. Posee múltiples manifestaciones artísticas (pinturas rupestres), culturales y religiosas. Entierra y trata con reverencia a los muertos.

 El desarrollo del cerebro y en consecuencia de la inteligencia, posibilitó la creación de nuevas y mejores herramientas, y eso permitió dar respuestas más eficaces a los retos de la supervivencia como fueron la vida social, el aprendizaje, la cooperación etc.

Estas capacidades son a su vez favorecidas por la selección natural, pues los individuos más capacitados logran sobrevivir y dejar más descendencia. La cultura se convierte en un factor positivo para la supervivencia. Y este proceso da como resultado, a la larga, homínidos cada vez más cerebrados y simultáneamente, mas culturizados. Hasta llegar al humano actual que es un homínido esencialmente cultural.

En este sentido, por cultura debemos entender, de forma amplia, todo un conjunto de capacidades y de costumbres, que no se adquieren por herencia genética, sino por el aprendizaje, gracias a la relación social con los otros congéneres.

Probablemente, los restos de los primeros microorganismos que aparecieron en el planeta han desaparecido para siempre. La caren­cia de partes duras en esos primeros seres vivos y la metamorfosis de las rocas del período arcaico permiten augurar que la histo­ria de los primeros pasos de la vida en nuestro planeta perma­necerá desconocida para siempre.

Se supone que los primeros aglomerados orgánicos se origi­naron en las aguas cálidas de los océanos de hace más de 2.000 mi­llones de años. De esta primera fase de la evolución de la vida se conservan algunos trozos de pizarra donde aparecen fosilizados res­tos gelatinosos, dotados de función clorofílica y capaces, por tanto, de producir el alimento básico de todo ser vivo; a saber, los hidratos de carbono.

En estos primeros conglomerados orgánicos, se supone que fue­ron diferenciándose gradualmente algunos órganos elementales, como los orificios bucales y excretorios o los flagelos de las algas, que fueron posiblemente los primeros antecedentes de los órga­nos de locomoción autónoma de los seres vivos.

Por supuesto, aquí no vamos a intentar hacer un mal resumen de lo que se encuentra bien expuesto en cualquier manual de his­toria natural. Bástanos indicar que desde que, en el Precámbrico inferior, aparecieron los primeros conglomerados de prótidos y las primeras macromoléculas y las bacterias, hasta que los primeros prehomínidos — el Oreopithecus,. por ejemplo — hicieron su aparicion en el Mioceno , transcurrieron mas de 2000 años de filogénesis.

La cultura tiene dos polos claramente establecidos:
1º La relación del homínido con el medio, esto es, el desarrollo de la técnica, que se concreta en la creación de herramientas, vivienda, etc., que le permite sobrevivir más eficazmente en el medio.
2° La relación social con sus propios congéneres, que se concreta en la organización social, la cooperación, el aprendizaje, etc. Y en este polo adquiere especial importancia la comunicación y el lenguaje.

Entendiéndolo así, el grado de evolución de los homínidos se corresponde con el grado de evolución de su cultura, que consiste en una mayor cooperación e interacción social. Como en su lugar hemos señalado es, posiblemente, en el Horno Habilis donde se produce el salto a la evolución cultural. En esta especie el proceso de aprendizaje de las crías, y lo que, de manera muy genérica, podemos denominar “conducta inteligente” comienza a resultar muy eficaz para la adaptación al medio y para la supervivencia, no dependiendo ya exclusivamente de las capacidades heredadas genéticamente.

Este proceso se acelera en las especies posteriores y el aprendizaje cultural se convierte en un mecanismo de selección cada vez mas importante, pues los individuos intelectualmente más capaces son favorecidos por la selección natural, a la que hay que añadirle otro factor esencial que se superpone, la selección cultural. Esta consiste en la selección por parte del grupo (de manera consciente o no) de aquellos individuos más capaces intelectualmente en detrimento de los menos capaces. Acelerándose, así, la
selección y la evolución.

Vida en grupo y cooperacion
Las transformaciones biológicas que hemos visto provocarán el nacimiento
inmaduro de crías y, por tanto, una prolongación del periodo de crianza, y del periodo de aprendizaje. La prolongación de la infancia significa una mayor dependencia de las crías y por tanto un mayor cuidado de los adultos que han de mantener grupos más estables.

El aprendizaje está menos vinculado a la maduración física y más a la transmisión de los conocimientos acumulados por la horda. Esta transmisión seguramente se realizaba tanto por reiterada observación e imitación, como la realizan los simios actuales, como de manera directa, con lo que la función del instinto va dejando paso a la del aprendizaje cultural.
Esta nueva realidad favoreció y a su vez se vio favorecida por una agudización de los hábitos sociales, desarrollándose un comportamiento que sería esencial para el éxito evolutivo, nos referimos a la cooperación estrecha y permanente del grupo, lo cual permitió una mayor explotación del medio, una más abundante recolección, mas fácil localización y obtención de carne, ya por la carroña que había que disputar a los competidores, ya por la caza de algunos animales. La cooperación aumentó, también, la capacidad de defensa frente a los depredadores. Todas éstas eran conductas muy elaboradas y complejas que exigían una mayor coordinación social.

La alimentación se realizaba en grupo, lo que estrechó los lazos sociales, el
desarrollo de la afectividad, favoreció la comunicación de la experiencia social, etc. Y el manejo de nuevos útiles necesitaba de un adiestramiento que supuso el fomento de relaciones de aprendizaje entre los individuos del grupo, a la vez que produjo un aumento de la densidad de población.

Comunicación y lenguaje 
El homínido evoluciona más rápidamente al aumentar la complejidad de su medio.

A mayor diversidad de experiencias, mayor número de diferentes estímulos a los que el individuo ha de aprender a responder adecuadamente. Todo lo que hemos visto exigía conductas más complejas y con ellas el desarrollo de la capacidad de emitir y distinguir mayor número de voces. El homínido empieza a dirigir sus gritos al servicio de esa vida social. El grito deja de ser exclusivamente una respuesta a estímulos externos, como expresión de dolor, temor o amenaza, y adquiere una función nueva, anunciar lo que se va
a hacer en presencia de otros para enseñarles o para pedir su colaboración. Es éste un progreso fundamental para la posterior culminación en la palabra.

Así, parece que el manejo de útiles y la actividad cooperante fueron decisivos en el paso del mero grito animal al primer esbozo de lenguaje articulado.

Por su parte, la selección natural actuaría en favor de aquellos individuos con gran capacidad manual, y de emitir y percibir un mayor numero de voces. Esto produciría un notable cambio somático: cambios en la laringe para poder articular los nuevos sonidos y, en las últimas etapas de la hominización, el desarrollo del cerebro.

La progresiva implantación y perfeccionamiento del lenguaje tuvo consecuencias evolutivas trascendentales, en cuanto que permitió transmitir oralmente la propia experiencia desvinculada espacio-temporalmente de los hechos. El lenguaje es el instrumento más adecuado para adquirir y transmitir experiencia sobre todos y cada uno de los seres y procesos del universo, naciendo así la experiencia social. En definitiva, la realidad ha podido someterse progresivamente a la acción humana desde que fue expresándose en lengua.

El lenguaje es el último paso que permite al homínido desprenderse de su medio animal y sustituirlo por un medio social humano. Este importante cambio cualitativo de medio significa romper el equilibrio en el que se encontraba frente a las demás especies.

Ahora, el hombre primitivo se adelanta en su acción a las otras especies, interfiere en sus recursos alimentarios, y utiliza nuevas especies como alimento, convirtiéndose poco a poco en el animal hegemónico.

En cualquier caso, lo dicho no debe entenderse como una sucesión de fases, sino como una interrelación múltiple de factores en la que se da influencia recíproca constante entre ellos. Las transformaciones anatómicas, como la liberación de las manos y sus responsabilidades manipuladoras eran un reto al cerebro que debió dar órdenes cada vez más complejas y sutiles que forzaban a las manos a incrementar su habilidad y precisión para construir instrumentos cada vez más complejos y perfectos. Esto a su vez exigía un cerebro cada vez más voluminoso y complejo en sus conexiones, y por tanto exigía la posibilidad de crecimiento del cráneo. El aumento del cerebro implica más inteligencia y comportamientos depredatorios, sociales, etc., más refinados. El éxito de este proceso posibilitó la supervivencia y prosperidad en el nuevo hábitat dando una respuesta adecuada tanto en cuanto a las ventajas como a los peligros.

Tan sólo desde el Silúrico inferiór, en que aparecen los vertebrados ancestrales, fluviales, hasta el momento en que emergen los primeros antropoídes hominoideos, transcurre nada menos que un lapso de cerca de 500 millones de años,

Restos de criaturas hominoideas jalonan luego un largo período de millones de años, durante los cuales se van separando de varias familias una de las cuales está representada por los actuales orangutanes,gorilas, chimpancés, y otra por la especie humana.

En efecto, de una rama del mismo tronco del que proceden los actuales póngidos descienden también nuestros remotos ante­pasados,-los australopitecus o parántropos, pequeñas criaturas de una talla menor que la del gorila, pero mayor que la del chimpancé o el orangután, con un peso que se calcula entre los 25 y 50 kilogramos, y que ya caminaban erguidos pese a lo exiguo de su cerebro. Todavía muy semejantes a los actuales antropomorfos, estos australopitecus poseían una faz hocicada y una frente huidiza,con un cráneo hundido cuya capacidad normal oscilaba entre los  500 y los 600 centímetros cúbicos (en algún caso no llegaban siquiera a los 400 c.c.). No está demostrado que estos prehomínidos poseyeran una cultura, pues los pretendidos instrumentos encontrados junto a los restos de los australopitecus eran posiblemente restos anturales de guijarros tallados caprichosamente por la propia naturaleza. A pesar de todo, estas pequeñas criaturas, que vivieron hace un millón de años en el África del Sur, representan un evidente paso en el camino hacia la hominización, por cuanto su postura erecta y la liberación consiguiente de las manos, así como su vida no arbórea, hubieron de exigirles enormes esfuerzos adaptativos que abrieron el camino hacia escalones filogenéticos superiores.

No está muy claro, sin embargo, que los australopitecus fueran un precedente directo de los posteriores pitecántropos. Más bien parece que representaron simplemente una línea divergente, una especie a extinguir que, aunque procedente del mismo tronco bá­sico de los primates, siguió una dirección distinta de la que condujo a a los genuinos hominidos. Ya en esa línea y hacia la misma época en que vivió el australopiteco, aparece el homo habilis, posible antecesor del homo erectas.

En cualquier caso, se sabe que el Pithecanthropus ereclus, des­cubierto en Java portel médico holandés Eugéne Dubois en 1891, vivió unos cuantos cientos de miles de años después que los austra-Ibpitecos y el homo habilis — hace aproximadamente medio millón de años —, y que representa un paso ya más definido en el proceso de hominizcación. Claramente, los pitecántropos representan uno de los «eslabones perdidos» profetizados por Darwin, y aun cuando su mentón rudimentario, su coronilla plana, sus grandes arcos  superciliares y su faz  hocicada manifestaran características todavía muy alejadas de las del hombre actual, su capacidad cra­neal — decisiva a la hora de juzgar la capacidad adaptativa de una especie— se acercaba a los  1.000 c.c. y superaba con mucho a la de sus predecesores los australopitecus, y también a la de los simios actuales. Este grupo hominoideo, que aparece en el Pleisto-ceno medio y al cual pertenecen también muchos ejemplares del Smanthropus  (cuya   capacidad   craneal oscila  entre   los   1.000  y los 1.100 ce), corresponde. a una fase de hominización rudimen­taria, pero de hominización, al fin y al cabo.

A juzgar por lo que se ha podido reconstruir de su vida, habitaban en cavernas, utilizaban el fuego, tallaban útiles de piedra, martillos, también con trampas, conseguían, al parecer, cazar animales física­mente  muy  poderosos   (elefantes,  rinocerontes, bisontes, búfalos, osos, antílopes, tigres y leopardos);   pero les faltaban dos ingredientes básicos: un cerebro más desarrollado y cultura.

Posible­mente, esos alardes venatorios de los pitecántropos suponían una labor de equipo y un lenguaje elemental capaz de mantener una organización social mínima. Con todo, el nivel de hominización de los pitecántropos parece haber sido muy rudimentario. A lo que se sabe, practicaban el canibalismo y gustaban, como los actuales antrpófagos melanesios, de extraer los cerebros de los muertos para saborearlos como exquisitas golosinas. Sus huesos aparecen, efectivamente, mezclados con los de la caza, y nada indica en ellos que enterraran a sus muertos ni que practicaran ritos o poseyeran un arte ornamental. Su cultura fue, por consiguiente, más bien una precultura; es decir, una organización social mínima en que unas técnicas subsistenciales rudimentarias estaban al servicio de fines vitales de pura supervivencia.

Hacia la mitad del segundo interglacial (hace unos 350.000 años), los pitecántropos se extinguieron y fueron sustituidos por grupos ya muy cercanos al homo sapiens de Neanderthal, esto es, muy cercanos al paleoántropo u hombre arcaico. Se sabe que este hombre presapiens poseía una cultura elemental; sus hachas bifaces eran ya muy superiores a las de los pitecántropos; su alimentación se componía de caza y granos, eran nómadas y que frecuentaban sobre todo las orillas de los ríos y los lagos. Cuando este grupo, que dura unos 100.000 años, se extingue, ya han aparecido los primeros ejemplares del género humano propiamente dichos, esto es, los paleántropos de Neanderthal, de Rodesia y de Solo, que poseen ya una frente recta, una dentición que demuestra que las manos han sustituido al hocico en muchas funciones adaptativas, una capacidad craneal muy semejante a la nuestra y una cultura típica del Paleolítico inferior. Su técnica, mas avanzada, les permitía tallar hachas más perfectas que las bifaces; sabían utilizar,por supuesto, el fuego, enterraban con ritos que suponían ciertas creencias religiosas, se pintaban los cuerpos, usaban amuletos y practicaban ritos de caza. En esencia, biológica y culturalmente, el hombre de Neanderthal había trascendido ya los niveles de la animalidad; pero súbitamente, en el tercer período interglacial, hace unos 50.000 años, esta especie desapareció sin dejar apenas rastro, y en toda la superficie del planeta quedó, como único representante del género homo, el hombre de Cromagnon, que venía compartiendo la escena paleolítica con el hombre de Neanderthal desde muchos miles de años atrás, quizás desde hacía más de 100.000 años.

A partir de entonces, una sola especie, la nuestra, quedó a la cabeza del largo proceso evolutivo que, a grandes rasgos, acabá­bamos de describir .

Con su cerebro más desarrollado (1.750 c.c. por término me­dio), este hombre nuevo, este neoántropo, produjo una cultura que se desarrolló relativamente poco durante los 100.000 años del Paleolítico superior, pero que a partir del Mesolítico y del Neolítico comenzó a progresar con ritmo creciente, hasta desembocar en la vertiginosa civilización actual.

Biológicamente, apenas podrían en­contrarse diferencias sensibles entre los primeros hombres de Cromagnon y nuestros contrmporáneos; pero las diferencias culturales que nos separan son fabulosas, al menos en lo que respecta al conocimiento y dominio del mundo exterior.

A juzgar por lo que opinan algunos biólogos especializados en anatomía del cerebro, la evolución del cerebro humano todavía no se ha detenido; concretamente, hay indicios de que los polos frontales del mismo, es decir la zona del cortex que más directamente parece intervenir en el ejercicio de las funciones intelectuales su en una especie de forcejeo para agenciarse un mayor espacio para su expansión. Pero dejemos aparte ahora la posibilidad de que el hombre del futuro cuente con un cerebro superior al nuestro, y concentrémonos por un momento en el hecho de que el hombre de hace cincuenta mil años, que fabricaban hachas de sílex y llevaban una vida nómada, y la población actual de las grandes metrópolis tecnificadas, no presentan diferencias aparentes en lo referente a su dotación cerebral.
Expuesta la cosa de otro modo, lo que ocurre es que, con las mismas estructuras neurobiológicas, un hombre puede vivir en la barbarie, en la Atenas de Pericles o en el mundo técnico del presdente.A partir, pues de determinado momento de la evolución biológica, lo que entra en jeugo para continuar el progreso de la especie es un factor nuevo: la cultura, la acumulación y transmición de conocimientos. terminado el proceso biológico de hominización, en el Paelolítico, con la aparición de los hombres de Cromagnon, estabilizado ya (al menos momentáneamente) el proceso de cerebración de la especie, ocurre que un primate, el Pithecatropues erectus, utilzia su cerenbro y sus manos para cosntruir instrumentos que potencien y prolonguen su capacidad  de acción. Entre la naturaleza y el nuevo homínido se va a interponer asi una realdiad nueva, una especie de intermundo tecnico, todavía muy rudimentario, pero que es la puerta que abre el camino pra als prodigiosas proezas científicas que vendrán mas tarde. El término, pues , del proceso de cerebración es la instalación de los homínidos en le mundo de la cultura, el salto a un mundo nuevo en el mundo  de la cultura, el salto a un mundo nuevo en el que nada esta hecho y cuya esencia consiste, nada mas y nada menos, que en la necesidad de inventarlo todo.
Fuentes:

Una familia librepensadora

Charles Darwin en la red

Una familia librepensadora

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Una familia librepensadoraEn la página web hecha pública hoy por la Universidad de Cambridge se pueden conocer de forma gratuita los trabajos de Darwin. Además, también ofrece imágenes personales de la vida del biólogo Charles Robert Darwin que nació en Shrewsbury (Inglaterra) en 1809 en el seno de una familia acomodada. Fue el quinto de los seis hijos que tuvo el doctor y financiero Robert Darwin con Susannah Darwin, que murió cuando Charles tenía ocho años. En la foto aparece su abuelo paterno, Erasmus Darwin. Su padre, librepensador, se doblegó ante los convencionalismos, bautizando a su hijo Charles en la Iglesia Anglicana, a la que se habían convertido sus suegros ya que tanto él como su esposa pertenecían a la Iglesia Unitaria, para la que Dios es una sola persona y no tres.- UNIVERSIDAD DE CAMBRIDGE – 17-04-2008

Fuente:

http://www.elpais.com/fotogaleria/Charles/Darwin/red/5333-1/

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