LOS MONTANISTAS


LOS MONTANISTAS

Mucho se ha discutido acerca del movimiento montanista de fines del siglo II, que se hizo extenso y famoso en los siglos III y IV. ¿Era éste un movimiento evangélico de retorno a los mejores principios de la fe cristiana, o ha de considerarse simplemente como una exaltación de ánimo por parte de algunos fanáticos dentro de la Iglesia cristiana universal, todavía no muy desviada de las doctrinas apostólicas?

Es evidente que no faltaron en el seno del movimiento montanista exageraciones y exaltamientos lamentables. Lo mismo ha sucedido en ciertos movimientes similares ocurridos en siglos posteriores dentro de las comunidades evangélicas, y muchos creen que el Montanismo tiene un gran parecido con el Pentecostalísmo moderno. Pero no podemos ignorar el hecho de que había en el Montanismo un impulso de retorno al fervor espiritual de los tiempos apostólicos.

La figura más destacada dentro del Montanismo, y que más huellas ha dejado por sus escritos, fue Tertuliano, de tal manera que alguien ha dicho: «Si el Montañismo no hubiese sido en sus días, Tertuliano lo habría inventado.» Para adherirse a la secta no tuvo que pasar por ninguna crisis ni efectuar cambio alguno de ideas. Lo que le decidió a pronunciarse franca y abiertamente por esta secta fue el observar que eran calumniados y combatidos injustamente.

El bien conocido escritor evangélico D. Juan Varetto dice:
«Hay que entender que los montanistas se habían apartado de los otros cristianos en señal de protesta contra el formalismo, principios de clericalismo y decadencia espiritual que se empezaban a notar en muchas iglesias. Aspiraban a mantener la más completa pureza y fervor. Daban énfasis al sacerdocio universal de los creyentes y eran democráticos en el gobierno de las iglesias, en oposición a las pretensiones del naciente episcopado. Evidentemente, eran protestantes surgidos en el seno de la Iglesia cristiana universal, mucho más de mil años antes de que naciera Lutero y se proclamara la Reforma Protestante.» [0]

Este movimiento inició en Frigia, Asia Menor, alrededor del año 155 d.C. Sim embargo, podemos leer de Eusebio y Jerónimo, que el movimiento inició alrededor de 173 d.C. De Asia Menor se extendió a Roma y al norte de Africa, en donde fue muy popular.

El montanismo fue una amenaza para la iglesia. El principal problema para comprender lo que este movimiento afirmaba y creía se encuentra en que toda la información disponible es fragmentaria y viene de aquellos cristianos y líderes de la iglesia que se oponían al movimiento.

Para sus oponentes, el montanismo se esforzaba en cambiar toda la vida eclesiástica cristiana con la expectación de que Cristo estaba a punto de volver. Montanus, el líder del movimiento, y de quien tomó el nombre, enseñó acerca del derramamiento del Espíritu, del cual, sus seguidores eran los principales receptores. Esto, para Montanus, era una señal del fin de los tiempos. La Jerusalén celestial  estaba a punto de descender a Frigia y Pepuza.

Para muchos, Montanus decía ser el Parakleto del que habla el apóstol Juan en su evangelio (Juan 14:16). Lo afirman por escritos como este,

“Pues Montanus habló, diciendo, ‘Yo soy el Padre, y el Hijo, y el Parakleto.’” [1]

Lo más probable es que este hombre estuviera diciendo que alguno u otro, o quizás todos los miembros de la trinidad hablaran a través de él. Lo que afirman algunos historiadores es que Montanus decía ser la boca del Espíritu Santo. Por ejemplo, Epifanio escribe de Montanus,

“Ya no escucharán de mí, sino que han oído de Cristo.” [2]

Montanus y sus seguidores, principalmente dos mujeres llamadas Prisca y Maximilla, creían que el regalo de profecía era algo diferente a lo que Pablo describió en su carta a los Corintios. Para los montanistas, la profecía era un éxtasis en donde Dios tomaba el control del profeta. Había en sus profecías una pérdida del auto-control y glosolalia. Este último, es decir, el don de lenguas era también prominente entre los montanistas, así como lo eran las visiones revelatorias. En los escritos de Eusebio encontramos a Apollinarius refutando a los montanistas. Este hombre decía que los montanistas hablaban de maneras extrañas. Por ejemplo dice,“El [Montanus] inició en éxtasis y a hablar de manera extraña.” Apollinarius se refería a los montanistas como los “profetas charlatánes.”

Para los montanistas, la profecía consistía en que el profeta entraba en una especia de trance para que Dios pudiera hablar directamente, y esto, por supuesto era una amenaza para la iglesia y la visión que esta mantenía con respecto al canon y a la Biblia como autoridad final. El dicho, “Así dice el Señor” fue adoptado por estos hombres como ocurrencias diarias.

___________________________________________________

Notas:

[0] Samuel Vila, Origen e historia de las denominaciones cristianas, p.25-26, ed. Clie

[1] Didymus. On the Trinity 3: 41,1

[2] Epifanio. Panarion, 48:12; col. 873

Fuentes Bibliográficas:

About these ads

1 comentario (+¿añadir los tuyos?)

  1. Kino
    feb 03, 2009 @ 18:27:14

    Tertuliano una vez que se adhirió a los montanistas cayó en muchos errores. Ejemplo:las segundas nupcias son adulterio, no se puede volver a casar ninguna persona una vez quedado viuda, el cristiano que ha pecado gravemente ya no puede volver a ser perdonado, el fijar fechas para el regreso de Cristo (similar a los adventistas y jehovinos de hoy día), no esconderse o huir durante la persecución, etc. ¿Tiene esto algo que ver con los evangélicos?

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 2.189 seguidores

A %d blogueros les gusta esto: