Contextualización de la Biblia


Contextualización de la Biblia

Es la determinación de relaciones existentes entre el texto de la escritura y el contexto existencial.

Se necesita establecer un nexo de comunión entre el espíritu de Dios y el espíritu del intérprete y cuando a la palabra de Dios que habla sigue  la respuesta de quien la escucha.

En este diálogo, el intéreprete inicia su tarea, su comprensión previa del texto, la cual es comnfirmada o modificada por la luz que el texto arroja sobre ella.

“La exégesis literal hsitórica es el fudnamento de la exposición de la Escritura efectuada por la iglesia ” [1]

Todo significado de un texto es diferente de su sentido original, debe ser controlado y autorizado por la propia escritura. De otro modo, lo mas probable es que se produzca el extravío.

 Cualquier “historia” que narre la Biblia, tiene su correlato anterior mesopotámico o egipcio: mesías, edén, diluvio, patriarcas, Moisés, primeros padres, reyes de Israel (no tanto su figura, que pudo existir sino cuanto se les atribuye), grandes guerras.

Toda la Escritura fue dada en un contexto completamente diferente al nuestro, pero si toda la Escritura es inspirada por Dios y es util para la ensenanza (2 Tim. 3:16), luego la misma debe tener algun proposito para nosotros. La pregunta es: Cual es ese proposito? (Que enseñanza queria Dios comunicar a su pueblo?) El contexto cultural nos ayuda a deducir cual era ese proposito. Es importante entender que la Biblia aborda temas y motivaciones como los que enfrentamos en la actualidad. Lejos de restar relevancia a la Biblia, entender la situación en la que fue dada nos ayuda a hacerla mas relevante (algunas veces hasta incomodamente relevante). Nos obliga a ver que las personas con quienes trató Pablo no eran simplemente conflictivas y moralmente inestables; eran personas de carne y hueso que vivian una realidad similar a la nuestra. Para entender y aplicar bien la Biblia, necesitamos dos recursos fundamentales de informacion: uno es la Biblia en si misma, el otro es una comprension del contexto cultural del pasaje que estamos leyendo.

Ejemplos:

1) Jesús (en Mateo 6:7, 8), nos dice que no debemos orar como los paganos. Pero, como oraron los paganos? “Las oraciones griegas sumaban la mayor cantidad de titulos posibles que tenia la deidad a la cual se oraba, esperando con esto asegurar su atencion. Tipicamente, las oraciones paganas recordaban a la deidad los favores que uno habia hecho o los sacrificios ofrecidos, intentando obtener una respuesta del dios sobre una base contractual. Jesus basa la oracion eficaz en una relacion de intimidad, no en un modelo de asociacion comercial, el cual estaba mas cercano al que seguia el paganismo antiguo”.

2) Por que Santiago (en Santiago 2:6) asegura que los ricos oprimen a los pobres y los arrastran a los tribunales? “Las leyes en los tribunales romanos siempre favorecian a los ricos, quienes podian iniciar demandas en contra de las clases inferiores, aunque estas ultimas no podian hacer lo mismo contra los ricos… como en la mayoria de las culturas, la gente pudiente naturalmente tiene ventajas legales. Ellos pueden presentar sus casos de manera mas articulada o emplear a otros para que lo hagan por ellos”

Conclución:

“Un texto sin su contexto es un pretexto”

Notas

[1] nota pie de pag. 27, Jose M.Martinez, Hermenéutica Bíblica, Edit. Clie

Fuentes bibliograficas:

 

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8 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. pauloarieu
    nov 21, 2008 @ 15:21:16

    ← nódulo 2002 • capítulo 6 • páginas 210-213 →
    Contextualización

    Para John Stam era importante haber perdido sus credenciales de pastor por su política, no por su teología reformada. No obstante, es el destino de los evangélicos que sus argumentos terminen como argumentos sobre cómo interpretar la Biblia. Los fundamentalistas acusaban a evangélicos como Stam de ser liberales. Stam negaba que su interpretación era de alguna manera más liberal o relativista que aquella de sus adversarios. «¡Ellos son los relativistas, no yo!», exclamó. «El presidente de AIBC se rehusó a entablar un discusión bíblica conmigo, explicando que, ‘no existe final para aquello, la gente puede hacer que la Biblia diga lo que ellos quieren que diga’. Tienen miedo a la discusión bíblica porque saben que no la dominan. Quiero razones, ellos dicen que su opinión tiene derecho a ser tolerada aunque sea rígida. Inconscientemente, están camuflando su política derechista como teología –la cual en realidad no poseen.»{103}

    Como se mencionó en el capítulo anterior, los innovadores evangélicos como Stam practicaban la «contextualización». Trataban de abrirse camino a través del literalismo importado por los fundamentalistas norteamericanos, para interpretar la escritura en el contexto latinoamericano. [211] «El norteamericano tiende a mirar las escrituras a través del lente de una perspectiva próspera, de clase media y libre empresa. En sí, no hay nada de malo en ello», explicó a sus patrocinadores norteamericanos un miembro de la Misión Centroamericana. «Pero los cristianos del Africa, Asia, y América Latina encontrarán otras verdades dentro de la Palabra… Estarán más orientados al espíritu comunitario. Mirarán en relieve las enseñanzas de la Biblia acerca de la riqueza y la pobreza.»{104}

    «La contextualización es el término de moda en la teología evangélica», me dijo otro miembro de la Misión Centroamericana. «Viene a través del Africa y de América Latina hacia los Estados Unidos, en donde uno se queda afuera si no está interesado en la contextualización. Incluso los conservadores dicen practicarla. ¿Pero cuál es el contexto? El desacuerdo llega cuando uno se traslada desde el contexto bíblico hacia el actual. En el contexto presente, existe un conflicto enorme entre Romanos 13:1 [el cual instruye a los cristianos a obedecer al gobierno] y el deseo por denunciar los abusos y cambiar el sistema.»{105}

    Para los fundamentalistas latinoamericanos, no había necesidad de dar más explicaciones. Interpretar la Biblia en el «contexto latinoamericano» implicaba que existía más de una interpretación; y tener más de una interpretación contradecía el fundamento bíblico de la iglesia como estos hombres lo entendían. Entre aquellos que no querían tener nada que ver con la contextualización estaba el Reverendo Marcelino Ortiz, un socio de Luis Palau y también presidente de la Confederación Evangélica Latinoamericana (CONELA). «La contextualización no es realmente necesaria», me dijo. «El mensaje del evangelio es el mismo en cualquier época, para cada hombre.»

    Pero ¿no se había suscrito CONELA al Pacto de Lausana, el cual también hablaba sobre la contextualización y la responsabilidad social? La única razón por la que CONELA se comprometió con Lausana, explicaba Ortiz, era para evitar perder semanas discutiendo sobre su propia declaración doctrinal. En cuanto al compromiso social, pensaba que debía ser confinado a la tarea de reformar las vidas individuales. «Los cristianos conservadores realmente hacen más en responsabilidad social», me dijo. «No es sólo pastel en el cielo. ¡Un mexicano transformado! [212] El dinero gastado en alcohol se convierte en pan, calzado, vivienda, educación. Los niños se educan. La siguiente generación es más fuerte y mejor preparada. La obra social cristiana está levantando hombres. Darles un nuevo corazón, no un nuevo traje. Ahora muchos nicaragüenses piensan que, cuando se trató de cambiar la estructura, el remedio fue peor que la enfermedad. Por lo tanto, la verdadera solución es cambiar el corazón del hombre. Pero la responsabilidad social no es nuestro énfasis, lo admitimos. Es muy difícil saber cuándo llega el momento de denunciar los abusos. No es nuestra tarea denunciar.»{106}

    CONELA había sido organizada, explica Ortiz, porque en los encuentros internacionales «estábamos siendo representados por personas que realmente no eran representativas, [es decir] conservadores, evangélicos, y bíblicos». Se estaba refiriendo a varios líderes de la Fraternidad Teológica Latinoamericana. Como hemos visto anteriormente, la FTL esperaba dar a las iglesias un sentido de responsabilidad social sin abandonar al evangelismo. Para los protestantes más radicales, el rechazo de la Fraternidad a la teología de la liberación la reducía al ala izquierdista del movimiento fundamentalista.{107} Pero cuestionaba la reproducción de las iglesias conservadoras y autoritarias que se preocupaban solo por el crecimiento numérico. Esto hizo sospechar a los organizadores de CONELA de que algunos de los miembros más prominentes de FTL estaban jugando en los dos equipos. Por interesarse en la teología de la liberación, reconocer la validez de algunas de sus propuestas, cuestionar la Pax Americana y el apoyo evangélico a las dictaduras de derecha, se sospechó que hombres como René y Washington Padilla, Orlando Costas, Samuel Escobar y Plutarco Bonilla fueran teólogos de la liberación.

    La razón por la que CONELA estaba impulsando una «guerra sorda» en contra de tales teólogos, argumentaba Samuel Escobar, era que sus líderes estaban vinculados a organizaciones norteamericanas y se sentían amenazados por la independencia teológica y financiera de FTL, por su negativa a repetir fórmulas aprendidas de los norteamericanos. «Cuando insistimos en nuestro propio camino», escribió Escobar, «vienen entonces las acusaciones de herejía y las luchas institucionales. No hay aprecio por el esfuerzo nacional de pensar por cuenta propia, no hay sensibilidad para tratar de entender lo latinoamericano. Lamentablemente, hay caudillos criollos que se prestan a este juego fundamentalista, [213] porque muchas veces medran dentro del esquema paternalista y se benefician de él. Si traducir y repetir servilmente produce ganancias y otorga ventajas, ¿para qué darse el trabajo de procurar la indigeneidad?»{108}

    Notas

    {103} Entrevista del autor a John Stam, Ciudad de Guatemala, 24 de agosto de 1985.

    {104} William Taylor, «Contextualization: What Does It Really Mean?» CAM Bulletin, nº 3, 1983, pp. 3, 12-13.

    {105} Stephen Sywulka, Radio TGN, Ciudad de Guatemala, 28 de agosto de 1985.

    {106} Entrevista del autor, Ciudad de México, 2 de septiembre de 1985.

    {107} Bastian 1984: 61.

    {108} «Heredero de la Reforma Radical», en Padilla 1984: 64-70.
    http://www.nodulo.org/bib/stoll/alp06k.htm

  2. pauloarieu
    nov 21, 2008 @ 16:02:54

    Interpretando los Textos en el Contexto de Toda la Biblia
    David L. Baker
    Theme!ios 5.2 (Enero, 1980): 2 1-25
    [Reproducido con permiso del autor]
    El Dr. David L. Baker ostenta un PhD de la Universidad Sheffield, Inglaterra. Ha enseñado estudios del Antiguo Testamento en seminarios en Indonesia durante los años 1980s y 1990s, y ahora es Director Suplente de Tyndale House, Cambridge.
    Un cuerpo moreno desnudo chapoteando en un fangoso río de Sumatra, un estudiante universitario de traje entero luchando por mantenerse a flote en el Cam — dos hombres en el agua, pero por razones bastante diferentes. Uno está tomando su baño diario, el otro ha caído por accidente.
    Tanto los israelitas como los egipcios entraron al Mar Rojo, pero solamente el primer grupo salió otra vez. El asunto de Naamán en el río Jordán era diferente al de aquellos judíos penitentes que se amontonaban para unirse allí con Juan el Bautista. En cada caso el evento es similar, pero su significado es diferente dependiendo del contexto.
    Las palabras tampoco pueden separarse del contexto en el que fueron dichas. En la película “Por Dios!” vemos a Peter Sellers como un vicario incompetente pero bien intencionado realizando visitas a sus feligreses. En una puerta es rechazado por uno de los feligreses nada amistosos quien sabe suficiente de la Biblia como para citarla fuera de contexto: “Mateo 27:5, “Judas fue y se ahorcó”; Lucas 10:37, “Ve y haz tii lo mismo.” Pero algo que es infinitamente más serio es la cita sutil de la escritura fuera de contexto que puede engañar de manera genuina, como por ejemplo, aquella realizada por el mismo Diablo (Mat. 4:6).
    Un entendimiento del contexto es una parte vital de la hermenéutica. Generalmente es obvio que las palabras y eventos se relacionan con su contexto inmediato. Lo que no siempre se aprecia de manera plena es la necesidad de considerar todo el trasfondo con el contexto inmediato. Un hombre que se baña en el río Musi no significa la mismo que si se estuviese bañando en un río inglés: en un contexto sería una persona perfectamente normal, en el otro, sería un excéntrico o un exhibicionista. El estilo de recreación de un estudiante inglés probablemente sería visto como algo más excéntrico para un aldeano asiático, para quien el tiempo libre es para descansar, no para gastar una preciosa energía. Si su compañero quiere ir a Granchester, ¿no podría tomar un autobús?
    De modo que, el significado de un evento o palabra se ve afectado por su lugar en el contexto de toda una cultura y su estilo de vida. En términos de la hermenéutica bíblica, esto significa que un texto necesita ser entendido no solamente en su contexto inmediato, sino también en su contexto más amplio, el cual es toda la Biblia.
    El Contexto Bíblico: Historia y Teología
    La Biblia registra la historia y la teología del pueblo escogido de Dios. Luego de un breve registro teológico del principio del mundo, el primer evento principal en la historia bíblica es el
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    llamado a Abraham para que salga de uno de los grandes centros de la civilización pagana para fundar la santa nación de Israel (Gén. 12:1-3; Exo. 19:4-6). La historia del pueblo de Dios se adelanta luego hasta dos milenios, hasta la llegada del apóstol Pablo al centro del impío Imperio Romano con el mensaje de la salvación de Dios a todas las naciones (Hech. 28:16-3 1). El registro es concluido con una colección de cartas que tratan con asuntos teológicos y pastorales, y visiones que se relacionan con el fin del presente orden.
    En el lenguaje teológico, la historia bíblica generalmente es llamada heilsgeschichte (historia de la salvación o salvífica; e.g., von Rad, Cullmann). Con esto se quiere dar a entender que los eventos de aquella historia se presentan no simplemente como pura actividad humana sino también como la actividad de Dios, quien está obrando en ellos para salvar. La historia no es producto de la casualidad, ni se deriva en última instancia del esfuerzo humano, sino que es la realización del propósito divino. La Biblia proclama como Dios está llamando a los hombres, sacándolos de la oscuridad y llevándolos a su luz maravillosa, e incorporándolos en su propio pueblo: la raza escogida, real sacerdocio y nación santa (1 Ped. 2:9). En otras palabras, la Biblia contiene historia teológica. La historia es la esfera de la revelación de Sí mismo al hombre, tanto en palabras como en hechos. Por ejemplo, Dios reveló su grandeza y poder en el Exodo y en los eventos asociados con éste; y reveló su voluntad y propósito para el pueblo que había salvado en los escritos que registran e interpretan esos eventos.
    La historia bíblica se divide en dos eras, las que corresponden al Antiguo y al Nuevo Testamento. La relación entre las dos es bastante compleja, pero uno de sus principales aspectos ha sido resumido de forma muy conveniente en la fórmula ‘promesa y cumplimiento’ (Kümmel, Zimmerli), por la cual se quiere dar a entender que las primeras partes de la historia contienen promesas que son cumplidas en las partes posteriores. En particular, las promesas del Antiguo Testamento se enfocan en el Mesías, cuya venida se registra en el Nuevo Testamento. A través de la ley ylos profetas Dios prometió salvar a su pueblo, y por medio del evangelio y los apóstoles El produjo el cumplimiento de aquella promesa.
    Una manera de entender la naturaleza distintiva de la historia bíblica ha sido tradicionalmente expresada por el concepto de ‘tipología.’ Desdichadamente, este término ha menudo se ha convertido en una excusa para todo tipo de interpretaciones extravagantes, y como resultado tanto el término como el concepto que se halla detrás de él fueron casi olvidados por la erudición histórica y crítica en la primera mitad del siglo veinte. Quizá debido a eso algunos estudiosos sugirieron términos alternativos para representar lo que se halla en la raíz de la tipología, tal como ‘homología’ (Phythian-Adams) o ‘patrones comunes’ (Rowley). Pero después de la Segunda Guerra Mundial, con la llegada de la ‘Teología Bíblica,’ la idea de la tipología gradualmente llegó a ponerse de moda otra vez, redefinida y diferenciada de la alegorización y de otras maneras generalmente inaceptables de interpretar la Biblia. Uno de los proponentes más influyentes fue G. W. H. Lampe, cuya definición es muy representativa:
    Es… ‘principalmente un método de interpretación histórica, basado en la continuidad del propósito de Dios a lo largo de la historia del pacto. Busca demostrar la correspondencia que existe entre las varias etapas en el cumplimiento de aquel propósito’ (1953:202).
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    Entendida de esta manera la tipología es un concepto sumamente útil para interpretar la historia bíblica, y por ende, para interpretar la relación que existe entre las dos partes principales de aquella historia, la Antigua y la Nueva.
    ¿Qué significa esto en la práctica? El término griego tupos, tal como se usa en la Biblia, significa ‘ejemplo’ o ‘patrón’ (Baker: 25 1-53). De modo que, un ‘tipo’ se puede entender como un evento, persona o institución en la historia bíblica que sirve como un ejemplo o patrón para otros eventos, personas o instituciones. Por ejemplo, el Exodo es el ejemplo supremo de la actividad salvadora de Dios tal y como se registra en el Antiguo Testamento, de modo que frecuentemente es tratado como un evento típico por los escritores bíblicos (e.g., Salmos 66, 77, 135, 136; Oseas 11; Isa. 63:11-14; cf. 1 Cor. 10:1-11; Apoc. 15:1-8). Algunasvecesun personaje particular en la Biblia se convierte en tipo de cómo debiesen vivir los creyentes, tales como David (1 Reyes 3:14; 15:3, 11; cf. Eze. 34:24; Zac. 12:8; Mat. 12:3-4; Heb. 11:32); mientras que Caín (1 Juan 3:12; Judas 11) y los testarudos Israelitas en el desierto (Salmo 95:8- 11; Heb. 3:7 — 4:11) son ejemplos que no deben imitarse. El nombre de la colina ‘Sión’ se llega a usar para referirse a la santa ciudad edificada sobre ella (Sal. 97:8; Isa. 28:16), de allí que llega a ser un tipo del hogar espiritual de todos los que pertenecen al verdadero Israel (Isa. 60:14; Miq. 4:1-2; Heb. 12:22; 1 Ped. 2:5-6; Apoc. 14:1).
    Así, la ‘tipología,’ como la ‘historia de la salvación,’ señala al hecho de que la historia registrada en la Biblia no es meramente historia humana, ni la historia de dos religiones, sino la historia de Dios y el hombre. Se basa en la convicción de que Dios realmente existe y que está involucrado en los asuntos del hombre, a quien creó y a quien está salvando. Debido a que Dios es uno, y consistente, hay una cierta consistencia a lo largo del curso de la historia que El dirige, y por lo tanto se pueden trazar paralelos entre los diferentes eventos en esa historia. Las experiencias espirituales de los adoradores de Baal o Buda no se conforman en patrones para la experiencia espiritual Cristiana. Pero el encuentro de Israel o Rut con Yahvé es de relevancia inmediata para nosotros, porque ellos estuvieron en contacto con el mismo Dios que se ha revelado a nosotros en su Hijo (Heb. 1:1-2). De modo que, tales personajes bíblicos pueden convertirse en ejemplos o patrones (‘tipos’) para la experiencia de Dios por parte del Cristiano.
    La figura clave en la historia de la salvación, quien es el ejemplo y patrón para todo Cristiano, es Jesucristo. La teología de la Biblia se sintetiza en la persona de Jesús yen El encuentra su expresión más clara. El Antiguo Testamento extiende su mirada hacia El, y el Nuevo Testamento dirige su mirada hacia atrás, hacia su primera venida — y hacia adelante, a su esperado regreso. Su vida no transcurre ni en el Antiguo ni en el Nuevo Testamento. Ninguno de los documentos fue escrito durante su período de vida. Pero ambos Testamentos testifican del Cristo, quien vivió en la tierra durante el tiempo entre sus composiciones. La declaración Cristiana de la fe, que ‘Jesús es el Cristo,’ se basa en ambos Testamentos, pues el Antiguo Testamento promete y provee una definición provisional de ‘Cristo,’ mientras que el Nuevo Testamento provee su nombre, ‘Jesús,’ y muestra como El cumplió y sobrepasó todas las expectativas (cf. Vischer, Miskotte).
    De acuerdo a Jesús, el Antiguo Testamento habla de Él (Juan 5:39). Esto no equivale a decir que El estaba presente en los tiempos del Antiguo Testamento, o que puede encontrarse y ser expuesto a partir de los textos del Antiguo Testamento. Pero sí significa que es imposible dar una verdadera interpretación teológica del Antiguo Testamento en la Iglesia Cristiana sin hacer referencia al Cristo que cumplió sus promesas y realizó sus esperanzas. No tenemos que
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    imponer la interpretación Cristológica sobre el Antiguo Testamento desde el exterior, sino leyendo el Nuevo Testamento en el Antiguo, o viendo a ‘Jesús en el Génesis,’ o recurriendo a la alegorización o la arbitrariedad. Al contrario, la naturaleza misma del Antiguo Testamento, entendida de manera correcta, demanda la interpretación Cristológica. Así que, es inútil para un Cristiano tratar de entender el Antiguo Testamento sin tomar en consideración al Cristo que éste promete, y quien en realidad vino en cumplimiento de aquella promesa. Además, una correcta interpretación Cristológica del Antiguo Testamento es esencial para justificar la existencia del Cristianismo, porque fue precisamente la interpretación Cristológica diferente por parte de los Judíos de sus escrituras lo que los llevó a ejecutar a Jesús por blasfemia y a perseguir a sus seguidores.
    Predicando los textos en contexto: algunas sugerencias
    El lema de Pablo al predicar era predicar a Jesucristo como el Señor crucificado (1 Cor. 2:2; 2 Cor. 4:5). Muchos predicadores han hecho de este lema su punto de partida y meta — y han hecho bien. James Stewart, por ejemplo, aconseja al candidato a predicador que ‘si no estamos determinados a que en cada sermón Cristo sea predicado, sería mejor que renunciemos a nuestra comisión de inmediato y que buscásemos alguna otra vocación’ (p. 54). Ya sea que nuestro sermón se base en un texto del Antiguo o del Nuevo Testamento, o que sea temático, su objetivo primordial debiese ser declarar las Buenas Nuevas acerca de Cristo.
    Pero quizás valga la pena señalar aquí cuán importante es seleccionar un texto adecuado como la base de un sermón. No todas las partes de la Biblia son apropiadas para toda ocasión. En la enseñanza, la predicación, la consej ería, la apologética, la lectura privada, algunos textos son más relevantes que otros. Un aspecto importante de la hermenéutica es determinar cuál texto ha de ser interpretado. La tarea del predicador es predicar a Cristo, y la totalidad de la Biblia es un testimonio de Cristo, de modo que se constituye en el libro-fuente para la predicación, pero no toda oración y párrafo son igualmente apropiados para ese propósito. Génesis 11:10-26; Deuteronomio 23:1-8; Nehemías 12:12-21 y Salmo 109:6-15 tienen su lugar en la Biblia como partes de la historia de la salvación, pero eso no significa que debieran ser seleccionados como textos para el sermón dominical. El predicador ingenioso puede ser capaz de elaborar una homilía edificante a partir del texto más poco prometedor, con la ayuda de la alegorización y la imaginación, pero esto es poco más que imponerle nuestras propias ideas a la palabra de Dios. En lugar de tratar de hacer que un texto sea relevante — que obviamente no es relevante para la ocasión — sería de mayor provecho seleccionar un texto diferente. ¡No hay escasez de material en la Biblia para predicar a Cristo!
    Suponiendo que ya contamos con un texto adecuado, ¿Cómo lo interpretamos fielmente como parte de la Biblia? ¿Cómo se ha de predicar un texto en su contexto bíblico? Debido a que la Biblia no es una colección de textos independientes, sino una obra compleja, con frecuencia necesitamos referirnos a otras partes de la obra para buscar clarificación de lo que se está diciendo en un punto particular. Esta es la razón por la cual las referencias cruzadas forman una parte importante de una edición de la Biblia.
    Primero, consideremos la predicación de los textos del Antiguo Testamento en su contexto bíblico.
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    En algunos casos esto es relativamente sencillo, porque una referencia marginal o un pie de página en nuestras biblias señalan hacia una cita, alusión o interpretación en el Nuevo Testamento, o en otra parte del Antiguo Testamento. Por ejemplo, si el texto escogido es Números 21:4-9, no es demasiado dificil explicar primero esto en su contexto original en la historia de Israel, y luego referirse al uso que Juan hace de la historia para ilustrar la salvación por medio de Cristo (Juan 3:14-16). Eso no significa que Cristo sea el significado del pasaje en Números, o que podemos predicar a Cristo directamente de ese texto. Pero este ilustra ciertos principios de la actividad de Dios para salvar a su pueblo: Dios inicia la salvación, un mediador humano coopera, y la gente tiene que responder de la manera señalada. De modo que forma un trasfondo útil por el cual entender uno de los textos clave de la fe Cristiana. Por supuesto que esa es únicamente una manera de predicar a partir de Números 21:4-9. Igualmente podríamos seguir la dirección de Pablo (1 Cor. 10) y producir un sermón totalmente diferente. O podríamos señalar hacia 2 Reyes 18:4, del cual aprendemos que la serpiente de bronce — originalmente un símbolo de la gracia de Dios — había sido convertida en un ídolo y alejaba a la gente de Dios.
    Muchos textos del Antiguo Testamento no tienen una relación tan obvia con el Nuevo Testamento, pero no obstante se pueden interpretar con mucho beneficio haciendo referencia a lo que el Nuevo Testamento dice sobre el tema. Por ejemplo, 1 Reyes 3:4-15 es un pasaje importante y obviamente significativo en el Antiguo Testamento. Salomón tomó en consideración la sabiduría para llevar a cabo la tarea que Dios le había encomendado. Consideró que la sabiduría era más importante que la salud, las riquezas y la seguridad política (y. 11). Su oración forma un buen patrón para la súplica: recuerda la bondad pasada de Dios (y. 6), reflexiona en su situación presente (vv. 7-8) y solicita la ayuda de Dios para el futuro (y. 9). Pero esta historia, tan iluminadora como es, más bien puede parecer bastante ajena a la experiencia del Cristiano promedio, quien quizás es capaz de archivarla en su mente junto con las historias de la niñez relacionadas con los deseos concedidos por las hadas. Por lo tanto, puede ser útil asociarla con un pasaje del Nuevo Testamento que trate con el tema de la oración, tal como la invitación de Jesús a pedir lo que necesitamos (Lucas 11:9) o el aliento de Pablo a orar en fe (Fil. 4:6). De esta forma se puede mostrar que el ofrecimiento de Dios, “Qué quisieras que te dé?” no fue solamente para Salomón, sino que es un ofrecimiento y desafio para todo Cristiano.
    Hace pocos meses el texto presentado en nuestra iglesia fue Jer. 8:4-9. Este es un ejemplo de un texto que no es irrelevante para el Cristiano, pero que está claramente incompleto si no se complementa con el Nuevo Testamento. Enseña con toda claridad acerca de la naturaleza del pecado, que es un comienzo lo suficientemente bueno para un sermón, pero el predicador sería infiel a su llamado a predicar a Cristo si lo deja en ese punto. Una solución sería referirse a Romanos 3:23, que sintetiza el punto del texto en Jeremías (“Todos han pecado y están destituidos de la presencia salvadora de Dios”), y luego señalar hacia el siguiente versículo, que da la respuesta a la separación que existe entre Dios y el hombre (“siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús”, y. 24).
    Segundo, se necesita considerar la predicación de los textos del Nuevo Testamento en su contexto. En la práctica es mucho más fácil predicar del Nuevo Testamento sin hacer referencia al Antiguo y viceversa, porque obviamente es más relevante para el Cristiano. Es lo mismo, predicar todo el consejo de Dios implica predicar un texto del Nuevo Testamento en el contexto de toda la Biblia, ya sea explícita o implícitamente.
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    Con frecuencia un texto del Nuevo Testamento cita o alude explícitamente una palabra o evento en el Antiguo Testamento, y en ese caso claramente se requiere una explicación del propósito de la referencia. Textos de libros tales como Mateo, Romanos y Hebreos, por ejemplo, que se dedican específicamente a relacionar el evento de Cristo con la historia de la salvación en el Antiguo Testamento, solo se pueden interpretar correctamente en esa luz. Hay muchos libros y artículos sobre el uso que el Nuevo Testamento hace del Antiguo que nos ayudan a hacer esto (ver Baker: 32-40).
    En otros textos del Nuevo Testamento se implica una interpretación específica del Antiguo Testamento, que sin duda era obvia para los lectores originales, pero que no necesariamente es tan obvia para quienes se sientan en los bancos de la iglesia moderna. Por ejemplo:
    “Y al pasar, vio a un hombre ciego de nacimiento. Y le preguntaron sus discípulos, diciendo: Rabí, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que haya nacido ciego?” (Juan
    9:1-2)
    A un indonesio promedio de la calle no se le ocurre preguntar tal cosa sobre aquellos que se sientan en el pavimento o los puentes de Yakarta. En esta parte del mundo es la suerte lo que determina tales asuntos, no el pecado. La pregunta de los discípulos se basaba en su entendimiento del Antiguo Testamento (e.g., Gén. 3; Exo. 20:5). De modo que puede ser necesario explicar el trasfondo Antiguotestamentario de un texto como ése.
    Otra manera en que el Antiguo Testamento es esencial para la predicación a partir del Nuevo es la definición de los términos. Muchos de los conceptos teológicos básicos de la fe Cristiana provienen del Antiguo Testamento: pecado, reconciliación, sacrificio, perdón, Dios, el hombre, Cristo, gracia — para nombrar solo unos pocos. Por ejemplo, un sermón sobre Romanos 12:1 puede que no requiera una cita explícita del Antiguo Testamento. Pero, de hecho, casi todas las palabras significativas en este texto (misericordia, sacrificio, santo, adoración) provienen originalmente del Antiguo Testamento y sólo se pueden entender plenamente en ese contexto.
    Conclusión
    Para resumir, no es coincidencia que el Antiguo y el Nuevo Testamentos estén unidos en un solo volumen. El Dios que se revela a Sí mismo en el Antiguo Testamento es el Padre de nuestro Señor Jesucristo. El Nuevo Testamento narra el cumplimiento de las promesas hechas con siglos de anterioridad. De modo que los dos Testamentos forman una sola obra histórica y teológica, en la cual cada evento y obra se pueden entender plenamente cuando se interpretan en el contexto como un todo, y el todo sólo se puede interpretar correctamente a la luz de su evento y Palabra central, Jesucristo.
    La Biblia tiene que ver con Dios y el hombre, la teología y la historia. Hubo un tiempo, hace casi dos mil años, cuando el antiguo pacto se agotó y el nuevo aún era un sueño, que Dios vino a la tierra. El Hijo de Dios llegó a ser el Hijo del Hombre. El Mesías prometido apareció en la persona de Jesús de Nazareth, el Rey-carpintero, la Palabra Encarnada. Ese es el mensaje de la Biblia y el punto de partida de nuestra hermenéutica.
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    Bibliografla
    W. Vischer, El Testimonio delAntiguo Testamento con Respecto a Cristo, 1: El Pentateuco, ET:
    Londres 1949 (German 1936, 1934’).
    W. J. Phythian-Adams, El Camino de la Expiación: Estudios en la Teología Bíblica, Londres
    1944.
    J. S. Stewart, La Predicación, Londres 1955 (originalmente publicado en 1946 bajo el título
    Heraldos de Dios).
    W. Zimmerli, “Promesa y Cumplimiento,” ET en Ensayos sobre la Interpretación delAntiguo
    Testamento (ed. C. Westermann, Londres, 1963): 89-122; originalmente publicado en EvTh 12
    (1952): 34-59.
    H. H. Rowley, La Unidad de la Biblia, Londres 1953.
    G. W. H. Lampe, “Exégesis Tipológica,” Theology 56 (1953): 20 1-8; “La Racionalidad de la
    Tipología” en Ensayos sobre la Tipología (Lampe y K. J. Holcombe), Londres 1957, “La
    Hermenéutica y la Tipología,” LCR 190 (1965): 17-25.
    R. W. Funk, “El Antiguo Testamento en Parábola,” Lenguaje, Hermenéutica y la Palabra de Dios, Nueva York 1966, Cap. 8 (originalmente publicado en Encounter 26 (1956): 25 1-67).
    K. H. Miskotte, Cuando los Dioses están en Silencio; ET: Londres 1967 (Holandés 1956, edición revisada del Alemán 1963).
    G. von Rad, “El Antiguo Testamento y el Nuevo,” Old Testament Theology II, ET: Edinburgh
    1965 (Alemán, 1960): 3 19-409; también “Interpretación Tipológica del Antiguo Testamento,”
    ET enlnterpn 15(1961): 174-192 (Alemán: EvTh 12 (1952): 17-33).
    O. Cullmann, La Salvación en la Historia, ET: Londres 1967 (Alemán 1965).
    J. Bright, La Autoridad delAntiguo Testamento, Londres 1967.
    W. J. Harrington, El Sendero de la Teología Bíblica, Dublín 1973.
    F. Mildenberger, “La Unidad, Verdad y Validez de la Biblia,” Interpn 29 (1975): 391-405.
    D. L. Baker, Dos Testamentos, Una Biblia, Leicester 1976.
    Traducción de Donald Herrera Terán, para http://www.contra-mundum.org
    7

  3. Marcelo Sánchez Ávila
    nov 21, 2008 @ 16:48:56

    Hola Paulo

    No entiendo mucho para donde vas con esta entrada… en la entrada se afirma una cosa y en tu comentario otra.

    Si bien ambos textos hablan de contextualización ambos dicen cosas que son totalmente contrarias. Para el primero contextualizar un texto es ver en que situaciones él fue escrito, el segundo habla de las condiciones del lector.

    A mi juicio el sentido del texto no depende del contexto del lector. ¿Moisés, Isaías, Pablo conocían el contexto en el cual se les iba a leer? No! Lo que ellos escribieron tiene sentido al entenderlo en sus contextos. Una vez entendido cual es el mensaje que ellos escribieron para su época el texto también puede ser aplicado a la nuestra.

    Aplicado pero nunca entendido por nuestro contexto. El mensaje del texto es igual para Latinoamérica, China y USA; la aplicaciones pueden ser diferentes pero nunca el entendimiento del texto.

    El texto dice lo que su autor quería que dijera, no lo que lector quiere que diga. El mensaje del texto está en el autor no en el lector.

  4. pauloarieu
    nov 21, 2008 @ 16:54:29

    hola Marcelo,
    La contextualziacion es lo que vos decis,
    “El mensaje del texto es igual para Latinoamérica, China y USA; la aplicaciones pueden ser diferentes pero nunca el entendimiento del texto.”

    Pero hay que entender bien el contexto en el que fue escrito.
    Por eso puse los dos ejemplos, que son citados en una synopsis de un lirno de hermeneutica novotestamentaria.
    No se que escribi mal o que dije mal, espero tu respuesta
    Gracias
    Saludos

  5. pauloarieu
    nov 21, 2008 @ 17:00:00

    Marcelo, ayer se te cayo internet cuando me diste un enlace sobre una mañana que Dios te hablo. Si te acordas, quisiera leerla.
    Saludos

  6. Marcelo Sánchez Ávila
    nov 21, 2008 @ 17:16:27

    El comentario habla de la validez de interpretar el texto “desde distintos contextos”, sólo hay un contexto con el cual interpretar el texto, el contexto del autor y ese no cambia aquí ni en USA.

    El enlace que te mandé no hablaba de mi experiencia con la revelación sino que fue escrito por John Piper. Aquí va el link http://reformadoreformandome.wordpress.com/2007/10/22/la-manana-en-que-escuche-la-voz-de-dios/

    Adios

  7. pauloarieu
    nov 21, 2008 @ 19:44:41

    hola marcelo, sabes que no me doy cuenta donde me decis que me equivoqué
    Saludos

  8. pauloarieu
    nov 21, 2008 @ 20:33:02

    Desde la Reforma Protestante, los cristianos han sido enseñados a ser reduccionistas en cuanto al estudio bíblico y ser individualistas, cuando tenemos que aplicar las palabras de las Escrituras. El fenómeno de la iglesia emergente aún no se ha apartado de esas dos engañadoras tendencias. Consideren estos pensamientos que abren la puerta al desafío y al diálogo.

    El Nuevo Testamento debe ser visto en su totalidad si queremos entender su verdadero contexto. Es decir, tenemos que dar un paso atrás para poder visualizar todo el marco antes de que podamos
    realmente entender los cuadros de que está hecho. La fe cristiana es intensamente corporativa. Por ejemplo, el grueso de las Epístolas del Nuevo Testamento están escritas a iglesias… cuerpos
    corporativos de creyentes que conocían de una vida compartida entre ellos, y no a individuos. (De las 21 Epístolas del Nuevo Testamento solamente 5 están escritas a individuos. Y 4 de esas 5 fueron escritas a obreros de la obra cristiana.)

    El segundo punto abre otro universo aparte que yo creo tiene que llegar a formar parte de la conversación de la iglesia emergente. Es decir, el vivir una vida de cristianos no puede llevarse a cabo si no es con una vida compartida, cara a cara, en la comunidad de creyentes.

    Cuando las personas entienden la narrativa del siglo primero, se entusiasman al saber que los pasajes referentes a la transformación encontrados en el Nuevo Testamento, no están dirigidos a los
    seguidores de Jesús como individuos. Estos pasajes están dirigidos a comunidades, al estilo de las iglesias del siglo primero, en el sentido de la palabra. Consecuentemente se dan cuenta que no llegan a
    lograr esa transformación calentando el banco ni escuchando sermones. Como tampoco lo hace el estar de pié cerca del banco, con las manos en alto cantando alabanzas dirigidas por un equipo de adoración o director musical. La transformación ocurre cuando la comunidad de creyentes descubre como conservar al Señor en conjunto y vivir sus vidas en una forma compartida.

    A mí me parece que lo que se necesita, entonces, es una forma totalmente nueva de acercarnos al Nuevo Testamento. Un acercamiento total en el que entendemos la historia… la narrativa… que sucede
    detrás de todos esos escritos. A no ser que tengamos un buen entendimiento de cómo la historia del libro de los Hechos de los Apóstoles, cronológicamente interactúa con las cartas de Pablo y las
    demás cartas del Nuevo Testamento, continuaremos cometiendo las mismas y comunes equivocaciones de tomar los versículos fuera de contexto histórico y erróneamente aplicarlos en un mal encaminado celo por lograr tener relevancia.

    (Para más detalles sobre este tema, ver mi artículo Needed: A New Approach to the New Testament http://www.ptmin.org/needed.htm y The Bible is Not a Jigsaw Puzzle http://www.ptmin.org/jigsaw.htm También he creado una reconstrucción en orden cronológico de la entera narrative de la iglesia del siglo primero en mi libro, The Untold Story of the New Testament Church, from Destiny Image Publishers, http://www.ptmin.org/untold.htm.)

    Esto me lleva a algunas preguntas un poco tensas.

    ¿Será valioso para nosotros que estamos “emergiendo” también hacerlo en la forma que nosotros los acercamos al Nuevo Testamento?
    ¿Sería posible que al entender la narrativa de la primera iglesia, como telón de fondo para todas las Epístolas, podría revolucionar nuestro entendimiento de la escrita Historia de Dios y llevarnos aún
    más lejos, hacia un esfuerzo de restauración y renovación?

    ¿Es posible que si continuamos tomando el punto de vista individualista y reduccionista hacia el Nuevo Testamento, que por siglos ha dominado al cristianismo, que continuemos cayendo en los
    mismos errores cometidos por nuestros antepasados?

    ¿Podemos… y debemos… abandonar totalmente el método de “cortar-y-pegar-versos-juntos” para estudiar la Biblia y dar sermones, y buscar la forma de abrazar un método un poco mejor?

    El fenómeno de la iglesia emergente, como todos los movimientos que le han precedido de reforma y renovación, ha enfatizado sobre muchas cosas cristianas en lugar de la Persona de Jesucristo.

    En mi opinión, si fuéramos a observar el tapiz por donde, a través de la historia, se han desplazado todos los movimientos y denominaciones cristianas, veríamos que todas han sido pintadas con un pincel muy fino. Para un movimiento, el pincel es evangelismo. Para otro es la justicia social y la misericordia. Para otro, son las alabanzas y la adoración. Para otros es el estudio bíblico y la exactitud doctrinal y teológica. Para otros es el poder de Dios, los dones del Espíritu, señales y milagros. Para otros es la profecía. Y aún para otros es la teología de los últimos días (escatología). Y así sigue…

    Todas esas brochas representan “cosas” cristianas. Y son solamente eso… “cosas”. Cosas acerca del Señor por las que, en el mejor de los casos, nos conectamos. O en el peor de los casos, cosas por las que nos obsesionamos.

    Pero ¿dónde están esos que pintan con todas las brochas y hablan de la Persona de Jesucristo? ¿Dónde están esos que no hablan acerca de las “cosas”… sino que hablan de ÉL en profundidades poco conocidas y exploradas?, y no solamente hablando de Él, ¿sino presentándole y ministrándole a Él a Su pueblo?

    Al principio dije que había leído resmas de artículos de diferentes iglesias emergentes. En tanto que algunas de ellas revelan un fresco pensar en muchas cosas, he descubierto algo que les falta,
    virtualmente a todas ellas: El centralismo de Jesucristo

    Recuerdo leer, no hace mucho tiempo, unos artículos de unas cuantas iglesias emergentes y conté cuantas veces la palabra Señor era mencionada. En un artículo, bastante largo, Él fue mencionado una vez. En otro, ¡nunca fue mencionado!

    Contrastando esto, si fuéramos a leer detenidamente las cartas de Pablo, encontraríamos una pluma destilando Cristo.

    Tomen, por ejemplo, sus cartas a los Efesios o a los Colosenses.Traten de contar cuantas veces Pablo menciona al Señor en un solo capítulo. ¡Es increíble!

    ¿Cuál es mi punto? Pablo tuvo un viviente encuentro con su Señor que le estremeció hasta lo más profundo de su ser. Un ministerio brotó de ese encuentro. ¡Y ese ministerio fue una Persona! Pablo no se preocupó de “cosas” cristianas. Su preocupación era el Señor en Persona. Y este glorioso Señor encarna todas las cosas espirituales.

    ¿Puedo aventurarme a hacer una pregunta de búsqueda a mis compañeros ministros de la iglesia emergente?

    ¿Es posible que hayamos perdido el foco principal de nuestra fe?

    ¿Estamos simplemente pasando herramientas gastadas que fueron heredadas de nuestros antepasados evangélicos acerca de cómo conocer al Señor? (“ore y estudie su Biblia… ore y estudie su Biblia una vez más”).

    ¿Podría haber nuevas herramientas para conocer a nuestro Señor más profundamente y más prácticamente?

    Y si las hay ¿estamos abiertos a descubrirlas juntos?, y ¿estamos dispuestos a experimentarlas antes de predicarlas al Pueblo de Dios?

    ¿Acaso nuestros mensajes y escritos traicionan una familiaridad íntima con el Uno que habita en nosotros, o estamos solamente tratando sujetos, asuntos, tópicos y cosas?

    ¿Son nuestros ministerios, uno; el de otorgar VIDA… el cual es Cristo en persona, o traicionamos una vaga familiaridad con esa gloriosa Persona?

    ¿Estamos educando al pueblo de Dios con “cosas” acerca de la fe, o les estamos trayendo a un vívido encuentro con Él… cuyas consecuencias consumirán y cautivarán sus corazones por el resto de sus vidas?

    Reto e Invitación

    A mediados del siglo XX, los fabricantes de relojes suizos tenían dominado el mercado mundial de relojes. Pero esto cambió cuando uno de sus paisanos apareció con una nueva idea: el reloj de cuarzo. Él presentó la idea a los fabricantes suizos y ellos se rieron de él. Llegaron a la conclusión que nunca funcionaría y rehusaron patentar la idea. Seiko, el fabricante japonés, por otro lado, echó una mirada al reloj de cuarzo y el resto es historia.

    El poder de un paradigma tenía tan influenciados a los fabricantes de relojes suizos, que no podían comprender el nuevo concepto del reloj de cuarzo. Simplemente porque el reloj de cuarzo no tenía los
    mecanismos de precisión, ni la cuerda, ni los cojinetes, lo rechazaron. El paradigma presente no permitía el paso a la innovación. El resultado final fue que perdieron el control del mercado y tuvieron
    que despedir a miles de trabajadores. Esto sucedió porque el reloj de cuarzo no encajaba dentro de su visión del mundo. No cabía dentro de su paradigma. No pudieron apreciar el camino nuevo simplemente porque estaban cegados por el viejo.

    Tengo la firme convicción que un giro de paradigma similar, con referencia a la estructura y práctica de la iglesia, al igual que la plantación de iglesias, es absolutamente crucial para el Cuerpo de Cristo si este quiere reflejar el sueño que habita en el corazón de Dios y pueda llegar a tener un impacto cultural significativo. O dicho de otra manera, una seria reevaluación del rol pastoral moderno, en la
    forma que las iglesias son plantadas, el centralismo de Cristo, el origen de las raíces del comportamiento de Cristo en la tierra, la narrativa de la historia de la iglesia del siglo primero y el eterno propósito de Dios, son todos necesarios si la iglesia emergente tiene alguna esperanza de verdaderamente emerger.

    Así pues, consideren este artículo como ambos: un reto y una nvitación para desarrollar un paciente diálogo y hermandad entre los líderes, autores, comentaristas y miembros de la comunidad de la
    iglesia emergente.

    Me daría una gran alegría el tener la oportunidad de discutir estos temas con todos los que han sido capturados por el llamado de emerger. Puesto que a lo mejor, al hacerlo, podremos aprender unos de otros y aprovecharnos de la presente apertura que Dios ha puesto ante nosotros.

    Pueden ponerse en contacto conmigo por correo electrónico a Violabooks@aol.com (http://www.ptmin.org). También pueden escribirme a Present Testimony Ministry, P.O. Box 140370, Gainesville, FL 32614

    mail to: eliecerguillen4@gmail.com

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