¿Porque es necesaria la interpretación de la Biblia en la comunidad de fe?


¿Porque es necesaria la interpretación de la Biblia en la comunidad de fe?

“El estudio de la Biblia es, de algún modo, el alma de la teología, dice el Concilio Vaticano II (Dei Verbum, 24), en conexión con una frase de León XIII. Tal estudio no está nunca completamente concluido: cada época tendrá que buscar nuevamente, a su modo, la comprensión de los libros sagrados. En la historia de la interpretación, el surgimiento del método histórico-crítico significó el comienzo de una nueva época. Con él se abrían nuevas posibilidades de comprender la palabra bíblica en su sentido original. Como todas las cosas humanas, también este método implica riesgos, a pesar de sus positivas posibilidades: la búsqueda del sentido original puede conducir a trasponer completamente la palabra en el pasado, de modo que no se la perciba ya en su dimensión presente. Puede conducir a que solamente la dimensión humana de la palabra aparezca como real, mientras el verdadero autor, Dios, se escapa a la percepción de un método que ha sido elaborado precisamente para la comprensión de cosas humanas. “[1]

Yo insisto en que hoy mas que nunca debemos analizar con cuidado los mensajes que predican los ministros, ya que aun hasta uno mismo puede ser engañado. Nadie esta libre de errar,ni nosotros.Por eso debemos tratar de ser prudentes a la hora de escuchar sermones y predicaciones y de intepretar el texto biblico. Libre examen no es libertad para hacerle decir loq ue no quiso decir el texto.

No hay otra revelación que la entregada ya, y de lo que hagamos con esa revelación, de las doctrinas que creamoc o no, depende que sighmaos sioendo una iglesia catolica (universal) , apostólica y con su doctrina de fe basada en los textos biblicos Si no esta en los textos biblicos o está interpetado incorrectamente, dejamos de ser “apostólicos”, perdemos continuidad y compatibilidad y unidad con la iglesia de Cristo universal, quedamos aislados del resto del cuerpo de Cristo y nos tranformamos en secta.

No hay nada nuevo bajo el sol,ni nada que inventar,solo “ir y hacer discípulos, enseñandoles todas las cosas que Jesus enseñó en las escrituras”, y Jesús enseño muchas cosas en la escritura, y continuó dando revelación hasta que se cerró el canon

La Biblia no es de intepretación particular. Pero ¿Porque es necesaria la interpretación en la comunidad de la fe?

Dios no actúa en su revelación de la Palabra, de manera independiente del Cuerpo de Cristo (la iglesia) DIos puso ministerios diversos en la iglesia para edificar el cuerpo de Cristo y entre ellos están los maestros y los que disciernen. Una observación acertada que todo exegeta deberá tomar en consideración.

La Palabra de Dios ha sido dada al pueblo de Dios. A ella debe este pueblo su origen,su supervivencia y su misión. Así fue con Israel. Y asi es con la Iglesia. En la comunidad de fe el pueblo redimido ha escuchado la Palabra, se ha nutrido de ella, se ha dejado guiar,juzgar,corregir, a la par que se ha sentido estimulada.

Pero ninguna experiencia, aunque no sea desestimada puede ponerse en un plano superior al que les corresponde,pues toda experiencia va acompañada de defectos, o incluso quizas de error.

Las obras de los autores cristianos en gran medida, no son otra cosa que la expresión de estas vivencias espirituales de la comunidad creyente.

Los cristianos de Berea fueron alabados porque ellos con diligencia buscaban en las Escrituras: “Y estos eran más nobles que los que estaban en Tesalónica, [los Judíos que no creían, cuales inmediatamente rechazaron las enseñanzas del apóstol Pablo que Cristo fue resucitado de la muerte], pues recibieron [los de Berea] la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así” (Hechos 17:11).

Conclución:

“Aunque la interpretación de la Biblia sea tarea particular de los exegetas, no les pertenece, sin embargo, como monopolio, ya que comporta, en la Iglesia, aspectos que van más allá del análisis científico de los textos. La Iglesia, en efecto, no considera la Biblia simplemente como un conjunto de documentos históricos concernientes a sus orígenes. Ella la acoge como Palabra de Dios que dirige a ella y al mundo entero, en el tiempo presente.”[2]

Notas:

[1] http://www.mopal.org/es/form/IBI/IBI.htm

[2] http://www.mopal.org/es/form/IBI/IBIParte4.htm

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3 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. pauloarieu
    nov 20, 2008 @ 18:48:12

    “Examinadlo todo”

    “Examinadlo todo; retened lo bueno”
    (I Tesalonicenses 5:21).

    El mandato de “examinadlo todo” [o sea, comprobar todo], es una responsabilidad que todo verdadero creyente debe de tomar durante toda su vida. Como cristianos, tenemos que estar continuamente comprobando cada enseñanza que leemos o escuchamos por medio del estudio cuidadoso de las Escrituras. Los cristianos de Berea fueron alabados porque ellos con diligencia buscaban en las Escrituras: “Y estos eran más nobles que los que estaban en Tesalónica, [los Judíos que no creían, cuales inmediatamente rechazaron las enseñanzas del apóstol Pablo que Cristo fue resucitado de la muerte], pues recibieron [los de Berea] la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así” (Hechos 17:11).

    Este acontecimiento en el libro de Hechos revela que los Cristianos de Berea estudiaban con diligencia las Escrituras para comprobar si las cosas que habían oído eran verdad. Ellos no reaccionaron con ojos cerrados dejándose llevar por sus emociones, ni se negaron a considerar las enseñanzas de Pablo. Sino que, ellos cuidadosamente examinaron las Escrituras y comprobaron ellos mismos que Pablo en verdad, predicaba el verdadero mensaje de Dios.

    Al igual que los de Berea, tenemos que diligentemente escudriñar y examinar las Escrituras para poder discernir entre verdadera doctrina y falsa doctrina. Mientras ejercitamos nuestra mente para este propósito, seremos aptos en usar las Escrituras. Si no ejercitamos nuestra mente y aprendemos a discernir verdad entre error, no seremos Cristianos espiritualmente maduros. ” Y todo aquel que participa de la leche es inexperto en la Palabra de justicia, porque es niño. Pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal” (Hebreos 5:13-14).

    Demasiados Cristianos han permanecido como niños espirituales porque han transferido la responsabilidad que Dios les ha dado para discernir verdad entre error, hacia un ministro, a un concilio de alguna iglesia o a alguna organización religiosa. Sus ministros le han dicho que ellos, son incapaces de entender las Escrituras y deben someterse a las decisiones doctrinales de sus lideres, los cuales solamente pueden interpretar las Escrituras. Pero nunca fue la intención de Dios que nosotros, como creyentes individuales, pongamos nuestra confianza en lideres humanos, los cuales declararían que solamente ellos tendrían la autoridad de establecer doctrina. Estos líderes se han olvidado de las muchas advertencias en el Nuevo Testamento acerca de estar en alerta contra falsos maestros y falsos apóstoles, los cuales alegan servir a Dios. El apóstol Pablo dio esta advertencia, “Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán el rebaño. Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos (Hechos 20:29-30).

    Igualmente, el apóstol Pedro dio advertencia a los hermanos. “Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina. Y muchos seguirán sus disoluciones, por causa de los cuales el camino de la verdad será blasfemado. Y por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas. Sobre los tales ya de largo tiempo la condenación no se tarda, y su perdición no se duerme” (2 Pedro 2:1-3).

    Exactamente como fue advertido por Pablo y Pedro, muchos cristianos en las iglesias del Nuevo Testamento fueron subvertidos y alejados de las verdaderas doctrinas de las Escrituras porque ellos se descuidaron de “comprobar todas las cosas” y no examinaron y probaron las enseñanzas de estos falsos apóstoles. Pero la iglesia en Efeso no se olvidó de las advertencias y avisos de Pablo y Pedro, y de los otros verdaderos apóstoles. En el libro de Apocalipsis, Jesucristo encomió a los creyentes de Efeso porque ellos examinaron y comprobaron aquello que aclamaban los que alegaban ser apóstoles y resultaron ser mentirosos. “Yo conozco tus obras, tu arduo trabajo y paciencia; y que no puedes soportar a los malos, y has probado a los que se dicen ser apóstoles, y no lo son, y los has hallado mentirosos” (Apocalipsis 2:2).

    Como estos falsos maestros profesaban ser ministros de Jesucristo, podemos estar seguro que ellos citaban las Escrituras. Sus falsas doctrinas tendrían que haber parecido que tenían mucha autoridad y eran muy convincentes, porque ellos lograron socavar la fe de algunos cristianos del primer siglo. ¿Cómo fue que la iglesia de Efeso pudo resistir a esta influencia tan poderosa? Si los hermanos de Efeso no hubiesen ejercitado sus mentes para discernir entre verdad y error, ellos no hubiesen reconocido a estos hombres como falsos apóstoles. Pero debido a que los hermanos en Efeso eran hábiles en el uso de las Escrituras, pudieron discernir que esos hombres no enseñaban las verdaderas doctrinas de Jesucristo.

    Como los hermanos de Efeso, los cristianos hoy tienen que estar constantemente en alerta contra falsos ministros, cuyas enseñanzas parecen ser inspiradas, pero resultan ser perversiones de las verdaderas doctrinas de las Escrituras. Es nuestra responsabilidad personal como cristianos comprobar y examinar las enseñanzas de cada ministro, maestro o erudito por medio del estudio de las Escrituras. A través de seguir el mandato de “examinadlo todo” podremos aprender a reconocer y rechazar la falsa doctrina, y podremos mantenernos firme en las verdaderas doctrinas de Jesucristo.

    Estudiantes de la Biblia en Argentina

    http://ar.geocities.com/edlbargentina/examinadlo.htm

  2. pauloarieu
    nov 20, 2008 @ 18:52:26

    Plura et unum

    Marcial Solana González-Camino

    La presentación del Cristianismo ante los filósofos

    En el capítulo XVII de los Hechos de los Apóstoles refiere San Lucas que, después de haber predicado el Evangelio en Tesalónica y en Berea, San Pablo fue llevado a Atenas por los cristianos de Berea ante el alboroto promovido por los judíos incrédulos en la predicación del Apóstol, que desde Tesalónica habían ido a Berea amotinando al pueblo. Mientras aguardaba a sus compañeros Silas y Timoteo, que habían quedado en Berea, dice San Lucas que San Pablo se consumía interiormente considerando cómo Atenas estaba entregada a la idolatría; y que disputaba, en la sinagoga con los judíos y prosélitos, y en la plaza pública con los que se le ponían enfrente, entre los cuales hubo algunos filósofos epicúreos y estoicos. Al fin un día los que contendían con San Pablo, que eran aficionadísimos a novedades, le llevaron al Areópago, diciéndole: ¿Qué nueva doctrina es la que predicas? Te hemos oído cosas que jamás habíamos escuchado y deseamos conocer qué es eso que enseñas. Entonces San Pablo, puesto en medio del Areópago, dijo a los atenienses: Advierto que casi sois nimios en lo atañente a la religión, porque al venir aquí y mirar las estatuas de vuestros dioses he visto un altar con esta inscripción: Al Dios desconocido. Pues bien, ese Dios que vosotros adoráis aunque no le conocéis es el que vengo a anunciaros. Él es quien creó al mundo y a todos los seres contenidos en el universo; Él es el Señor del cielo y de la tierra, que no está encerrado y circunscrito en los templos fabricados por los hombres, ni necesita de éstos, sino que es quien les está dando la vida y todas las cosas; Él es quien de un solo hombre ha hecho nacer a todo el linaje humano: Él es quien ha fijado el orden de los tiempos y señalado los límites de cada pueblo, queriendo que los hombres le buscasen y, al fin, le hallasen: no está lejos de cada uno de nosotros, pues dentro de Él vivimos, nos movemos y existimos, y, según dicen algunos de vuestros poetas, somos del linaje de Dios. No debemos imaginar siquiera que Dios es semejante al oro, la plata o el mármol, de cuyas materias hace sus figuras el arte. Dios, que ha tolerado esta grosera ignorancia, ahora intima a los hombres todos y, de todas partes que hagan penitencia, porque tiene determinado juzgar un día al mundo con rectitud por medio de un varón a quien ha constituido juez universal, dando una prueba cierta de esto al haberle resucitado entre los muertos. San Lucas resume el efecto que este razonamiento de San Pablo produjo en los atenienses: algunos se burlaron: otros dijeron: Te volveremos a oír; y otros, finalmente, entre los cuales se encontraba San Dionisio Areopagita y cierta mujer llamada Damaris, creyeron en lo que el Apóstol había predicado.

    Este discurso de San Pablo a los griegos, pronunciado en Atenas, civitas philosophorum, y en el Areópago, ante uno de los auditorios más cultos que entonces había en la tierra, parece que puede considerarse como la presentación oficial del Cristianismo a los filósofos. El razonamiento del Apóstol es algo así como si él hubiera dicho a los atenienses: la verdad que buscáis como filósofos a pesar de vuestros estudios e indagaciones, os es desconocida, no está en ninguno de los sistemas filosóficos que hasta ahora han expuesto los que el mundo considera sabios. No se halla en los Vedas, ni en el Brahmanismo, ni en el Budismo de la India. No está en el Taoísmo, ni en el Confucionismo de la China. No se encuentra en el Mazdeísmo de Persia. Es inútil buscarla en las escuelas que han florecido entre los helenos: la Jónica antigua, la Pitagórica, la Eleática, la Jónica nueva, la Sofística, la Socrática, la Académica, la Peripatética, la Estoica, la Epicúrea, la Escéptica, la Ecléctica… y esto porque todas estas escuelas tienen algo por lo menos erróneo no enseñan solamente la verdad; porque las doctrinas que ellas exponen son incompatibles en orden a lo que los hombres necesitan conocer respecto a Dios, al mundo y a sí mismos, y para ser felices, primero y en cuanto cabe, aquí en la tierra y después allá en la vida futura, que no ha de terminar jamás; y porque aún aquello verdadero que esas escuelas enseñan no se halla propuesto con la claridad y sencillez que son precisas para que todos lleguen a comprenderlo y admitirlo fácilmente. La verdad que buscáis y que, no obstante, desconocéis, está toda ella, íntegra y perfecta, en la doctrina que en Judea y Galilea enseñó un varón llamado Jesús, a quien Dios resucitó y a quien ha constituido maestro y juez universal de los hombres de todos los tiempos, naciones y razas.

    * * *

    Y, en efecto, la verdad cabal y completa no está en las enseñanzas de los filósofos anteriores a Nuestro Señor Jesucristo, ni siquiera en aquellos que defendieron doctrinas más perfectas.

    No está en Sócrates: porque su Filosofía «envuelve el grave defecto de ser… esencialmente incompleta. Para el filósofo ateniense no hay más ciencia posible, ni más filosofía digna de este nombre que la ciencia ético-teológica… El mundo físico, y hasta el mundo antropológico y el mundo divino, si se exceptúa la base moral de los dos últimos, son objetos que no se hallan al alcance de nuestra ciencia. Nuestros conocimientos físicos, antropológicos, metafísicos y teológicos carecen de valor objetivo y científico si se les considera en el orden especulativo y con separación del orden moral. La naturaleza, atributos y destino del alma, lo mismo que la naturaleza, atributos y hasta la existencia de Dios, nos son conocidos porque y en cuanto envuelven relación necesaria con el orden moral; porque y en cuanto la conciencia y la ley moral no podrían existir si no existiera Dios: para Sócrates, lo mismo que para Kant en los tiempos modernos, la razón práctica y la ley moral constituyen el único criterio seguro para llegar a la realidad objetiva y a la existencia de Dios».{1} [15]

    La verdad dentro del orden filosófico tampoco está en Platón; porque sus enseñanzas morales encierran «máximas detestables… y doctrinas horribles»{2}; porque su política tiene carácter utópico y… tendencias socialistas y comunistas»{3}; porque «en su Metafísica y especialmente en la parte que llamamos Teodicea, aunque se eleva a una altura a la que ningún filósofo anterior había llegado…, obsérvase que su concepto divino, sin dejar de ser elevado y hasta extraordinario en un filósofo gentil, se halla desfigurado por ideas que rebajan su importancia científica, cuales son, entre otras, la existencia del Demiurgo, o ser intermedio entre Dios y el mundo, y, sobre todo, la eternidad de la materia. Añádase a esto la confusión y la obscuridad con que se explica acerca de la verdadera naturaleza del Demiurgo y de la materia eterna, lo mismo que acerca del modo de existencia de tas Ideas, las cuales aparecen unas veces como tipos existentes en la mente divina y otras corno substancias subsistentes en sí mismas y por sí mismas, unas veces aparecen superiores a Dios e independientes, mientras todas aparecen subordinadas a su poder y voluntad. Idéntica observación puede hacerse con respecto a la psicología platónica. Sublime y verdaderamente filosófica cuando proclama la espiritualidad del alma y cuando demuestra su inmortalidad, y reconoce su origen divino, y coloca la esencia de la ciencia y la posesión de la verdad en el conocimiento de lo necesario, de lo inmutable, de lo eterno de la Idea; pero esa misma psicología decae, degenera y pierde su elevación, cuando reduce la ciencia a una mera reminiscencia, cuando nos habla de la preexistencia de las almas y de la metempsicosis y de su unión accidental con el cuerpo y de sus purificaciones y ascensiones»{4}.

    La verdad total filosófica no está siquiera en los libros de Aristóteles, a pesar de ser éste el Filósofo por antonomasia y el organizador de esta ciencia, si es que no fue su verdadero padre: porque, no obstante toda la perfección que, indudablemente, existe en la Filosofía aristotélica, ésta «adolece de graves defectos… la falta de afirmaciones precisas acerca de la inmortalidad del alma, la negación de la providencia divina sobre todas las partes del universo, las afirmaciones referentes a la eternidad del mundo, a la solidez e incorruptibilidad de los cielos, a las inteligencias o ángeles que mueven las esferas… Defecto grave es, también, de la Filosofía de Aristóteles la separación que establece entre la idea teológica y la idea ética. La idea de Dios, base metafísica y sanción real y última del orden moral, apenas se deja ver en la Filosofía ética de Aristóteles, cuya teoría moral ofrece un aspecto puramente racionalista y entraña una sanción casi exclusivamente humana y empírica que tiene gran afinidad con la moral independiente de nuestros días»{5}; y, además en cuestiones sociales, Aristóteles tiene doctrinas erróneas y evidentemente inaceptables en cuanto a la esclavitud y a la existencia y educación de los hijos.

    En cambio, en el Cristianismo, dentro del orden filosófico como en todos los demás, está la verdad y solamente la verdad: nada hay en lo que el Cristianismo enseña que sea error, que no sea verdad. El Cristianismo, como lo indica su propio nombre, es la religión y la doctrina de Nuestro Señor Jesucristo. Nuestro Señor Jesucristo afirmó claramente y probó apodícticamente que, en realidad, Él es Dios. Luego el Cristianisno es religión fundada y doctrina enseñada por el mismo Dios. Es metafísicamente imposible, encierra en sí contradicción y repugnancia, que Dios, Ser infinitamente perfecto, sabio y veraz, enseñe lo que no sea verdad, sino error: porque si así lo hiciera dejaría de ser infinitamente perfecto, sabio y veraz, dejaría de ser Dios. Luego, a priori, cuanto contiene la religión y la doctrina del Cristianismo, es verdad, no puede ser error. Además los dogmas y enseñanzas del Cristianismo han sido todos ellos minuciosísimamente examinados y aquilatados por los varones sapientísimos, unos adictos fervorosos de la sagrada persona y de la doctrina de Nuestro Señor Jesucristo y otros enemigos acérrimos de Él y de sus enseñanzas; y ninguno, ni aquellos ni éstos, han podido señalar en dichos dogmas nada que no sea rigurosamente verdad, nada que tenga algo de error. Luego, a posteriori, cuanto se contiene en los dogmas del Cristianismo es verdad, y no existe en ellos error alguno.

    * * *

    Las doctrinas de la Filosofía gentílica y pagana tampoco contienen toda la verdad, ni podían contenerla.

    Hay verdades naturales, que el entendimiento humano puede conocer con solas sus luces naturales mediante el raciocinio; y hay verdades sobrenaturales, que el entendimiento humano con solas sus luces naturales y aunque use todo su poder discursivo es incapaz de conocer y que para poseerlas necesita el auxilio sobrenatural de la revelación, que Dios se las manifieste y enseñe.

    No son necesarios prolijos razonamientos para demostrar que, en efecto, tienen que existir verdades sobrenaturales en el sentido expuesto. El hombre es ser limitado y finito: luego limitadas y finitas serán también todas sus facultades: luego el entendimiento humano es limitado y finito. Dios es Ser infinito, y no sería Dios si no lo fuera. Luego es metafísicamente imposible que el entendimiento finito del hombre conozca y comprenda al Ser infinito de Dios en cuanto este Ser es cognoscible, es decir, con conocimiento adecuado, cabal y del todo perfecto. Para que este conocimiento fuera posible, o el entendimiento humano tendría que dejar de ser limitado y finito para tornarse en infinito, o el Ser de Dios habría de dejar de ser infinito. En otra forma: para que el entendimiento humano abarcase total y perfectamente al Ser de Dios y le conociera adecuada y perfectamente sería necesario, o que el entendimiento humano dejara de ser entendimiento de hombre y se convirtiera en entendimiento divino, o que el Ser de Dios dejara de ser Ser de Dios y se convirtiera en ser finito y limitado. Luego necesariamente han de existir para el entendimiento humano verdades sobrenaturales, verdades relativas a Dios que aquel entendimiento finito y limitado no pueda llegar a conocer con solas sus luces y fuerzas naturales y que si ha de llegar a poseer necesita que Dios, único ser que conoce su propia entidad con conocimiento adecuado, comprensivo y perfecto se las revele y enseñe. Es, pues, necesario que existan verdades sobrenaturales en orden al entendimiento humano.

    Los filósofos gentiles, por grande que fuese su entendimiento, desconocieron las verdades sobrenaturales: porque si fueron gentiles no tuvieron el auxilio de la revelación, único medio para llegar el hombre al conocimiento de las verdades sobrenaturales: Luego los filósofos gentiles, no pudieron enseñar las verdades sobrenaturales, porque las desconocieron. Así fue, en efecto: ninguno de los filósofos gentiles expone una verdad que sea propiamente sobrenatural. Luego la Filosofía gentílica y pagana, aunque contuviera la verdad sin error alguno, que, como antes vimos, no la contiene, nunca poseería toda verdad, siempre le faltarían las verdades sobrenaturales.

    En cambio, el Cristianismo, como es doctrina enseñada por nuestro Señor Jesucristo, que es verdadero Dios y verdadero hombre, posee, no sólo las verdades naturales sin mezcla de error alguno, sino también las verdades sobrenaturales, porque estas últimas las tiene enseñadas y recibidas por manifestación y revelación directa e inmediata del mismo Dios. Luego el Cristianismo posee lo que [16] no tiene ni puede tener ninguna de las filosofías gentílicas, las verdades naturales y las sobrenaturales, toda la verdad, cuanto el hombre necesita conocer respecto a Dios, al mundo y a sí propio, y para ser feliz en la vida temporal y en la eterna e inextinguible.

    * * *

    El servicio que el Cristianismo hace al entendimiento humano enseñándole las verdades sobrenaturales es, realmente, inapreciable: porque le da noticias ciertas que de otro modo no hubiera alcanzado jamás, y noticias relativas a los objetos supremos del conocimiento humano: Dios y lo que a Dios concierne. Luego el Cristianismo ensancha y perfecciona el conocimiento del hombre llevándole a donde nunca hubiera llegado la humana y natural Filosofía.

    Pero además de este, al enseñar el Cristianismo las verdades sobrenaturales, hace también otro muy grande servicio al entendimiento del hombre en orden al conocimiento de las mismas verdades naturales que el entendimiento humano puede alcanzar con solas sus luces naturales; y esto por dos motivos:

    Primero: Porque apoyándose en los dogmas del Cristianismo, es decir, en las verdades sobrenaturales, el entendimiento humano descubre y llega a conocer verdades naturales, que, aunque de suyo son asequibles con las luces naturales del entendimiento humano, éste, si no fuera por el apoyo que le prestan las verdades sobrenaturales, no hubiera llegado a poseer. Según las enseñanzas sobrenaturales, en la Sagrada Eucaristía, en virtud de la transubstanciación eucarística, se verifica la separación de las sustancias del pan y del vino de sus respectivos accidentes; y aquellas sustancias dejan de existir y los accidentes continúan existiendo sin sustancia alguna que les sirva de sujeto de inhesión, pero sin ser ellos sustancia, sino conservando la entidad de accidentes y sustentados, los accidentes distintos de la cantidad en el accidente de cantidad; y este, por la virtud omnipotente de Dios, que sobrenatural y milagrosamente suple el efecto formal de la sustancia en orden a la sustentación del accidente, aunque Dios no sea el sujeto de inhesión ni de la cantidad ni de los demás accidentes eucarísticos. Asimismo, en la Sagrada Eucaristía se hallan real y verdaderamente presentes el cuerpo y la sangre de nuestro Señor Jesucristo. Luego en la Sagrada Eucaristía está la cantidad, las partes del cuerpo y de la sangre de nuestro Señor Jesucristo; mas dichas partes no están extendidas en el espacio, el cuerpo y la sangre del Salvador, en la Sagrada Eucaristía no ocupan el espacio que naturalmente les corresponde. Luego en la Sagrada Eucaristía la cantidad del cuerpo y de la sangre del Redentor produce su efecto formal primario, extiende las partes del cuerpo y de la sangre del Señor en orden a la realidad entitativa del cuerpo y de la sangre de Jesucristo: pero no produce su efecto formal secundario, no extiende las partes del cuerpo y de la sangre de Jesús en orden al espacio. Pues bien, sin las enseñanzas de los dogmas sobrenaturales acerca de la Sagrada Eucaristía, ¿cuándo el entendimiento humano hubiera llegado a conocer estas dos verdades «naturales: A) es intrínsicamente posible, no repugna ni encierra contradicción, la separabilidad de los accidentes respecto a su substancia sustentante, ni que, desapareciendo esta sustancia, los accidentes que ella sustentaba, sin dejar de ser accidentes, sigan existiendo, pero sin estar inherentes en sustancia alguna; y B) es intrínsecamente posible, no repugna ni encierra contradicción, que la cantidad, sin dejar de ser cantidad, produzca sólo su efecto formal primario: extender las partes del cuerpo cuanto en orden al mismo cuerpo, y no produzca su efecto formal secundario, extender las partes del cuerpo cuanto en orden al espacio?

    Segundo: Porque el estudio y la reflexión sobre las verdades sobrenaturales que el Cristianismo enseña da ocasión para que, apoyándose en estas verdades sobrenaturales y acuciado por el deseo de entenderlas con cuanta perfección sea posible a la debilidad del entendimiento humano, éste aquilate y precise conceptos filosóficos que sin la ocasión que para ello prestan aquellos dogmas nunca hubiera aquilatado y precisado tanto. Según los dogmas y verdades sobrenaturales de la Santísima Trinidad y de la Encarnación del Verbo, en Dios hay unidad de esencia, de naturaleza y de substancia subsistente, en trinidad de hipóstasis, de personas; y en nuestro Señor Jesucristo, el Verbo humanado, hay unidad de hipóstasis, de persona, que sustenta a dos naturalezas distintas, una divina y otra humana. Pues bien, si no hubiera sido por los dogmas y verdades sobrenaturales de la Santísima Trinidad y de la Encarnación del Verbo, el entendimiento humano ¿hubiera aquilatado y precisado los conceptos de esencia, naturaleza, sustancia, hipóstasis y persona de suerte que hubiera llegado a conocer esta verdad de orden natural, asequible a las solas luces del entendimiento humano: no repugna, no encierra contradicción, el que una misma esencia, naturaleza o sustancia subsista en tres hipóstasis o personas distintas, y el que una misma hipóstasis o persona haga subsistir a dos naturalezas distintas? La Metafísica aristotélica, con ser el Estagirita el más excelso y perfecto de los filósofos no cristianos no llega a tanto.

    Luego con la enseñanza de las verdades sobrenaturales, el Cristianismo hace un servicio realmente extraordinario al entendimiento del hombre por los motivos que quedan expuestos.

    * * *

    Las verdades básicas del orden religioso y asequibles con las solas luces de la razón natural, que la Filosofía gentílica llegó a poseer y a enseñar, ¿las puede proponer con sencillez y de modo que todos, aun los rudos y faltos de preparación científica, asientan a ellas con facilidad y certeza después de haberlas entendido?

    Si no hubiera otro medio para demostrar y convencer al hombre de esta verdad de orden natural y a la vez capitalísima en lo religioso: Dios existe, verdad que poseyeron y enseñaron muchísimos filósofos gentiles, que el argumento basado en la necesidad de admitir, supuesto el hecho evidente para todos de la existencia del movimiento, un primer motor inmóvil, ¿sería posible que hombres incultos, que casi no entienden el significado de las palabras que intervienen en el argumento consabido, llegaran a adquirir, merced a tal demostración, la certeza plena y perfecta que necesita todo ser racional, de que, en realidad, existe Dios? Verdades fundamentales también en el orden religioso y de carácter natural, asequibles, por lo tanto, con solas las luces del entendimiento humano, son éstas: el mundo tuvo comienzo en su existencia merced a un acto creador, productor ex nihilo; y el alma humana es inmortal. Y, sin embargo, no un filósofo cualquiera, sino el excelso Platón sostuvo la eternidad de la materia y por consiguiente, el ser ella improducida, e independiente, por lo mismo, de la casualidad divina; y Aristóteles, el Filósofo por excelencia, habló de la inmortalidad del alma humana en tal forma que ¿cuánto no es lo que se ha escrito e investigado para saber si defendió o no que el alma humana es inmortal? Pues si esto ha acontecido respecto a estas dos verdades de orden natural tan fundamentales en lo religioso, y con los dos filósofos no cristianos más eximios, si no se contara con otros medios de demostración que los que poseía la Filosofía gentílica, ¿sería posible que todos los hombres, aunque los que desconocen los rudimentos de la Filosofía, alcanzaran fácilmente la certeza y convicción que necesitan tener de estas dos verdades de orden natural y religioso: el mundo ha sido creado por Dios y todo Hombre posee un alma inmortal? [17]

    En el Cristianismo no ocurre esto, sino que la certeza de las verdades que él enseña es fácil y asequible para todos, aun para los rudos e iletrados: porque para llegar a alcanzarla no son necesarios dilatados estudios ni aun preparación científica, basta con saber estas dos cosas: Primera: Dios, Ser infinitamente sabio y santo no puede engañarse ni engañar cuando habla y enseña, bien lo haga Él directamente, bien lo realice por medio de otro. Segunda: Dios ha revelado las verdades dogmáticas, y encarga a la Santa Iglesia Católica que conserve intacto el sagrado depósito de esas verdades y lo transmita a los hombres, asistiéndola Él siempre para que, al hacer todo esto, la Iglesia no yerre nunca. Es decir, basta la fe. Con ella sólo, el hombre no tendrá conocimiento científico, ni menos filosófico, de la verdad, pero tendrá fácilmente y con la certeza y seguridad mayores que son posibles las verdades fundamentales de la Religión y, también, de la Filosofía. Y para llegar a estos conocimientos basta conocer ese librito claro, breve y sencillo que se intitula Catecismo de la Doctrina Cristiana, y creer.

    Luego el Cristianismo hace lo que no hizo ninguna de las filosofías gentílicas: enseñar a todos con la claridad y sencillez que son precisas para que lo entiendan aun los rudos e iletrados las verdades básicas del orden religioso.

    * * *

    La predicación del Cristianismo fue, pues, el perfeccionamiento de todas y cada una de las escuelas filosóficas precristianas, aun de las más excelsas, en lo que ellas tenían de verdadero; fue el hecho más trascendental que ha existido en los siglos en orden a la cultura de la humanidad; fue el poner, con certeza absoluta y con sencillez perfecta, las verdades más sublimes y necesarias al alcance incluso de los niños: fue dar a los hombres la enseñanza precisa para que lleguen a ser siempre felices… Razón hay para que los filósofos de todos los tiempos caigan de hinojos ante nuestro Señor Jesucristo; y con la mente, con la voluntad y con el alma entera le digan: Tú eres el maestro y el doctor por excelencia, Tú eres la luz que ilumina a todo hombre que viene a este mundo, Tú eres la sabiduría subsistente, Tú eres ¡la verdad!

    Marcial Solana

    Notas

    {1} Historia de la Filosofía, por el P. Zeferino González, tomo I, Madrid 1886, párrafo 54, págs. 208 y 209. Para juzgar en el orden filosófico a los más importantes filósofos de la época precristiana, me parece que, dado el carácter vulgarizador de Cristiandad, más conveniente que hacer el juicio, basándome inmediatamente en las fuentes directas pira conocer las doctrinas de dichos filósofos, es transcribir los juicios que sobre ellos emite Fray Zeferino González, el más conocido de los historiadores españoles que hasta ahora ha tenido la Filosofía y que, para mayor autoridad suya en lo concerniente al orden religioso, fue Cardenal de la Santa Iglesia Romana y Arzobispo Primado de España.
    {2} Obra, tomo y edición citados, párrafo 69, pág. 258.
    {3} Obra, tomo y edición citados, párrafo 69, pág. 258.
    {4} Obra, tomo y edición citados, párrafo 69. págs. 258, 260 y 261.
    {5} Obra, tomo y edición citados, párrafo 76, págs. 326 y 327.

    http://www.filosofia.org/hem/dep/cnc/1945014.htm

  3. pauloarieu
    nov 20, 2008 @ 19:11:35

    LA INTERPRETACIÓN DE LA BIBLIA EN LA VIDA DE LA IGLESIA

    Aunque la interpretación de la Biblia sea tarea particular de los exegetas, no les pertenece, sin embargo, como monopolio, ya que comporta, en la Iglesia, aspectos que van más allá del análisis científico de los textos. La Iglesia, en efecto, no considera la Biblia simplemente como un conjunto de documentos históricos concernientes a sus orígenes. Ella la acoge como Palabra de Dios que dirige a ella y al mundo entero, en el tiempo presente.
    Esta convicción de fe tiene como consecuencia la práctica de la actualización y de la inculturación del mensaje bíblico, así como los diversos modos de utilización de los textos inspirados, en la liturgia, la Lectio divina, el ministerio pastoral, y el movimiento ecuménico.

    A. LA ACTUALIZACIÓN

    Ya en la Biblia misma (como hemos notado en el capítulo anterior) se puede constatar la práctica de la actualización: textos más antiguos son releídos a la luz de circunstancias nuevas y aplicados a la situación presente del Pueblo de Dios. Basada sobre estas mismas convicciones, la actualización continúa siendo practicada necesariamente en las comunidades creyentes.
    1. Principios

    Los principios que fundan la práctica de la actualización son los siguientes:
    La actualización es posible, porque la plenitud de sentido del texto bíblico le otorga valor para todas las épocas y culturas (cf. Is 40,8; 66,18-21; Mt 28,19-20). El mensaje bíblico puede a la vez relativizar y fecundar los sistemas de valores y las normas de comportamiento de cada generación.
    La actualización es necesaria porque, aunque el mensaje de la Biblia tenga un valor duradero, sus textos han sido elaborados en función de circunstancias pasadas y en un lenguaje condicionado por diversas épocas. Para manifestar el alcance que tienen para los hombres y las mujeres de hoy, es necesario aplicar su mensaje a las circunstancias presentes y expresarlo en un lenguaje adaptado a la época actual. Esto presupone un esfuerzo hermenéutico que tiende a discernir a través del condicionamiento histórico los puntos esenciales del mensaje.
    La actualización debe tener constantemente en cuenta las relaciones complejas que existen en la Biblia cristiana entre el Nuevo Testamento y el Antiguo, ya que el Nuevo Testamento se presenta a la vez como cumplimiento y superación del Antiguo. La actualización se efectúa en conformidad con la unidad dinámica, así constituida.
    La actualización se realiza gracias al dinamismo de la Tradición viviente de la comunidad de fe. Ésta se sitúa explícitamente en la prolongación de las comunidades donde la Escritura ha nacido, ha sido conservada y trasmitida. En la actualización, la Tradición cumple un doble papel: procura, por una parte, una protección contra las interpretaciones aberrantes, y asegura, por otra, la trasmisión del dinamismo original.
    Actualización no significa, pues, manipulación de los textos. No se trata de proyectar sobre los textos bíblicos opiniones o ideologías nuevas, sino de buscar sinceramente la luz que contienen para el tiempo presente. El texto de la Biblia tiene autoridad en todo tiempo sobre la Iglesia cristiana; y aunque hayan pasado siglos desde el momento de su composición, conserva su papel de guía privilegiado que no se puede manipular. El Magisterio de la Iglesia “no está por encima de la Palabra de Dios, sino a su servicio, no enseñando sino lo que fue trasmitido; por mandato de Dios, con la asistencia del Espíritu Santo, la escucha con amor, la conserva santamente y la explica fielmente” (Dei Verbum, 10).
    2. Métodos

    Partiendo de estos principios, se pueden utilizar diversos métodos de actualización.
    La actualización, practicada ya en la Biblia misma, se ha continuado luego en la tradición judía por medio de procedimientos que se pueden observar en los Targumim y Midrasim: búsqueda de pasajes paralelos (gezerah shawah), modificación en la lectura del texto (‘al tiqrey), adaptación de un segundo sentido (tartey mishmà), etc.
    Por su parte, los Padres de la Iglesia se han servido de la tipología y de la alegoría para actualizar los textos bíblicos de un modo adaptado a la situación de los cristianos de su tiempo.
    En nuestra época, la actualización debe tener en cuenta la evolución de las mentalidades y el progreso de los métodos de interpretación.
    La actualización presupone una exégesis correcta del texto, que determina el sentido literal. Si la persona que actualiza no tiene ella misma una formación exegética, debe recurrir a buenas guías de lectura, que permiten orientar la interpretación.
    Para llevar a cabo adecuadamente la actualización, la interpretación de la Escritura por la Escritura es el método más seguro y más fecundo, especialmente en el caso de textos del Antiguo Testamento que son releídos en el Antiguo Testamento mismo (por ejemplo el maná de Ex 16 en Sab 16,20-29) y/o en el Nuevo Testamento (Jn 6). La actualización de un texto bíblico en la existencia cristiana no puede hacerse correctamente sin establecer una relación con el misterio de Cristo y la Iglesia. No sería normal, por ejemplo, proponer a cristianos, como modelos para una lucha de liberación, únicamente episodios del Antiguo Testamento (Éxodo, 1º y 2º Macabeos).
    Inspirada por filosofías hermenéuticas, la operación hermenéutica comporta luego tres etapas:
    escuchar la Palabra a partir de la situación presente;
    discernir los aspectos de la situación presente que el texto bíblico ilumina o pone en cuestión;
    sacar de la plenitud de sentido del texto bíblico los elementos que pueden hacer evolucionar la situación presente de un modo fecundo, conforme a la voluntad salvífica de Dios en Cristo.
    Gracias a la actualización, la Biblia ilumina múltiples problemas actuales, por ejemplo:
    la cuestión de los ministerios,
    la dimensión comunitaria de la Iglesia,
    la opción preferencial por los pobres,
    la teología de la liberación
    la condición de la mujer.
    La actualización puede también estar atenta a los valores cada vez más reconocidos por la conciencia moderna, como los derechos de la persona, la protección de la vida humana, la preservación de la naturaleza, la inspiración a la paz universal.
    3. Límites

    Para estar de acuerdo con la verdad salvífica expresada en la Biblia, la actualización debe respetar ciertos límites y abstenerse de posibles desviaciones.
    Aunque toda lectura de la Biblia sea forzosamente selectiva, se deben eliminar las lecturas tendenciosas, es decir, aquéllas que, en lugar de ser dóciles al texto, no hacen sino utilizarlo con fines estrechos (como es el caso de la actualización hecha por sectas, por ejemplo la de los Testigos de Jehová).
    La actualización pierde toda validez si se basa sobre principios teóricos que están en desacuerdo con las orientaciones fundamentales del texto de la Biblia mismo; como, por ejemplo, el racionalismo opuesto a la fe o el materialismo ateo.
    Es necesario proscribir también, evidentemente, toda actualización orientada en un sentido contrario a la justicia y a la caridad evangélicas, como las que querrían apoyar sobre textos bíblicos la segregación racial, el antisemitismo o el sexismo, masculino o femenino. Una atención especial es necesaria, según el espíritu del Concilio Vaticano II (Nostra aetate, 4), para evitar absolutamente actualizar algunos textos del Nuevo Testamento en un sentido que podría provocar o reforzar actitudes desfavorables hacia los judíos. Los acontecimientos trágicos del pasado, al contrario, deben ayudar a recordar sin cesar que, según el Nuevo Testamento, los judíos siguen siendo “amados” por Dios, “ya que los dones y la llamada de Dios son sin arrepentimiento” (Rom 11,28-29).
    Las desviaciones serán evitadas, si la actualización parte de una correcta interpretación del texto y se efectúa en la corriente de la tradición viva, bajo la guía del Magisterio eclesial.
    De todas maneras, los riesgos de desviación no pueden constituir una objeción válida contra el cumplimiento de una tarea necesaria: la de hacer llegar el mensaje de la Biblia a los oídos y al corazón de nuestra generación.

    http://www.mopal.org/es/form/IBI/IBIParte4.htm

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