Rey Josías


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Rey Josías

Vamos a internarnos en el mundo del rey Josías.

Solo hasta el siglo VII el reino pastoril de Judá comienza a perfeccionar su funcionamiento estatal[1], a implementar palacios y a usar la extracción del aceite de oliva ya no como artesanía local sino como industria estatal.

«Un aspecto sumamente importante de la Edad de Hierro II-b, con ramificaciones en la cultura material del periodo, es la evolución de la vida espiritual y la creatividad literaria durante el siglo VII. La alfabetización empezó a extenderse a través de amplios círculos de la sociedad, no limitada ya a un grupo pequeño de escribas profesionales y a miembros de la élite.»[2]

Amón rey de Judá (641-640). Durante un golpe de estado fue asesinado, no obstante la crema y nata de la sociedad colocó en el trono a 

Josías[3](Josiah, Josias, Josia, Giosia). Pasó a la historia como el reformador religioso por excelencia de la doctrina judía; la corriente monoteísta ascendió al poder y eliminó los objetos de culto del templo, la prostitución cúltica y el sacerdocio extranjero en Jerusalén y todas las ciudades de Judá. Esta misma labor la extendió a algunas ciudades de Samaria llegando incluso a ejecutar sacerdotes rurales de cultos cananeos; probablemente, al incrementar su radio de acción, pretendiese cobijar también al reino septentrional desaparecido. En 2 de Reyes se narra 23 se enumeran los hechos de la reforma religiosa de Josías (Josiah, Josias, Josia, Giosia), pero además se alude a todos los grandes personajes de la historia local; se le compara con Moisés, Josué, David y Salomón. El estilo narrativo que configurará las personalidades y actuaciones de Moisés, Josué y David, por ejemplo, parecieran haber sido elaborado pensando en Josías (Josiah, Josias, Josia, Giosia).

Se acepta explícitamente el nombre genérico de Israel para los nacidos en Judá (esto se refleja en el Deuteronomio); con el paso del tiempo también a los israelitas se les dirá, globalmente, judíos.

Se colige que el libro del Deuteronomio no es de redacción (o de creación plena) por parte de Josías[4] y su cuerpo de escribas; se cree que sobre material más antiguo fue elaborado, aprovechando del rey esta hechura para consolidar sus aspiraciones sobre todo Israel, defendiendo de facto la unicidad del pueblo en sus creencias y en su organización política.

«El rey Josías transformó la tradición familiar de la fiesta de la Pascua en una celebración religiosa. Esto implicaba el sacrifico del cordero pascual en el contexto del culto y según Dt. 16, solo se podían hacer sacrificios en el templo de Jerusalén. Esto fue un motivo más para que Jerusalén fuera el centro de la actividad israelita y judaica, dando lugar a las peregrinaciones anuales con motivo de la Pascua.»[5]

La astucia del gobernante (y sus asesores, el cronista Safán, los ministros Ajicán, Acbor, Asaías y Yoaj, así como la profetisa Hulda) radicó en saber leer las circunstancias sociopolíticas y religiosas de su pueblo, percibió que a su religión le faltaba atractivo frente a las volátiles e incultas masas de su nación y que debía hacerla tanto o más atractiva que los cultos paganos de babilonios y fenicios.[6] El primer eslabón de esta campaña fue la re-implantación de la celebración de la pascua, solo que ahora se reunirían todos lo judíos al unísono en Jerusalén y el rey corría con los gastos de la misma. La siguiente fase del proyecto era presentar la historia nacional con colorido y heroísmo, con un meta-protagonismo de los locales por sobre los imperios dominantes, para usufructuar algo del nacionalismo acérrimo que vivían sus gobernados luego de un siglo de dominación asiria. En esta fase del plan, de poner por escrito, (no para lectura directa del inculto populacho pero sí para que fuera escuchado por éstos), la historia judía, hubo que recopilar información de los documentos disponibles a la fecha, en los archivos del templo y del palacio, en la tradición oral de ancianos del norte (de donde surgieron los relatos de Josué, por ejemplo).

[1] Implica la existencia de un territorio gobernado por una organización burocrática compleja capaza de organizar grandes proyectos de construcción, sostener a una tropa permanente y mantener el flujo comercial permanente y organizado con los países vecinos.
[2]BARKAY Gabriel, La edad de hierro II y III en BEN- TOR Amnon, Coordinador, La arqueología del Antiguo Israel, Ediciones cristiandad S.A., Madrid 2004, páginas 537 y 538.
[3]Descendiente del rey David en la decimosexta generación. (639-609)
[4] Este “volver al pasado” estuvo en boga en esta generación del Medio oriente, incluyendo Egipto (donde se recuperaron los cultos antiguos, manifestaciones artísticas y textos) y Mesopotamia (allí Asurbanipal hizo recopilar los textos cuneiformes antiguos en la famosa biblioteca que lleva su nombre; Nabuconodosor, a su ve, restauró templos.
[5]OCHOA José. Atlas histórico de la Biblia, Antiguo Testamento, Acento editorial, Madrid, 2003., página 243.
[6]Cualquier reformador sabe que transformar las instituciones de un país implica reformar sus paradigmas o re-crearlos. Obviamente si el pueblo judío pretendía mantener su independencia frente a Asiria y a Egipto (en medio de los cuales se encontraba atrapada como un sándwich), tenía que mercadear entre los suyos la necesidad de las armas y el militarismo, derivados de una ortodoxia religiosa más severa. Hasta ese instante la mayoría profesaba cultos cananeos donde las diosas poseían los estelares y los reyes eran sus consortes, óptima mezcla para tiempos de paz. Para tiempos difíciles con amenazas de invasión, la casta sacerdotal dedujo que se necesitaba un monoteísmo autoritario (para que además su guerra fuera una guerra santa –que convocara a las masas-)


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2 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. Trackback: Búsqueda en fuentes externas a la Biblia de las evidencias de la permanencia de Israel en Egipto previas al Exodo Parte 5 « Paulo Arieu Theologies Weblog
  2. pauloarieu
    oct 09, 2008 @ 16:22:12

    Josías: reforma y desvanecimiento de una esperanza (2 Reyes 22:1 — 23:35; 2 Crónicas 34, 35)

    El reinado de Josías (640-609 a.C.) fue uno de los períodos más felices en la historia del reino del sur. Se caracterizó por la reforma, la paz y la prosperidad. Con la muerte de Asurbanipal en el año 627, el imperio asirio empezó a desmoronarse y paulatinamente volvió Judá a ser una nación casi libre del yugo asirio. Sin embargo, hacia fines del reinado de Josías, Judá se vio mezclada en la lucha entre las grandes potencias, la resurgiente Babilonia y el antiguo Egipto. Josías decidió ir contra los egipcios. Su trágica muerte en la batalla de Meguido (609) fue el comienzo del fin de Judá. Se esfumaron las esperanzas na¬cionalistas ante el creciente poder de Babilonia. En 586 a.C., Jerusalén fue destruida y terminó el gobierno de la dinastía davídica.

    Josías comenzó a reinar a los ocho años y a los dieciséis empezó a buscar a Dios. Su madre Jedida aparentemente fue una mujer espiritual, pero sus piadosos consejeros fueron tal vez quienes lo impulsaron a seguir a Jehová, a pesar de que la nación se había entregado casi íntegramente a una idolatría degradante. Fue uno de los mejores reyes de Judá, un hombre bondadoso, celoso para con la religión de Jehová y un gran reformador.

    1. Las reformas de Josías (2 Reyes 22:1 — 23:27; 2 Crónicas 34:1 — 35:19). Al principio de su reinado, la religión de Josías era estrictamente personal. Pero en 628 a.C., comenzó sus reformas. Quizá haya sido animado en su obra por personas religiosas tales como Ilcías, el sumo sacerdote; Safan, el escriba; Huida, la profetisa y posiblemente por Sofonías, el profeta, descendiente de Ezequías, el primo de Josías.

    Josías desarraigó de Jerusalén y de Judá la flagrante idolatría y las prácticas paganas que su padre Amón había vuelto a introducir después de haber sido abolidas por Manases. El templo de Jerusalén fue limpiado, eliminando las cámaras de prostitución “sagrada”. Fueron sacados y reducidos a polvo los utensilios del templo dedicados a Baal, a Asera, y a los planetas y estrellas. Se quitaron de la entrada del templo los caballos dedicados al sol y se quemaron los carros del sol. Los ídolos que llenaban a Judá fueron destruidos; los altares de los lugares altos fueron demolidos.

    El debilitamiento del imperio asirio permitió que Judá extendiera su influencia sobre la región que anteriormente había sido el reino de Israel. Así que Josías pudo realizar su reforma en los territorios de Manases y Efraín, Isacar y hasta Zabulón. En Bet-el, el altar erigido al becerro de oro hacía trescientos años por Jeroboam, fue derribado. Pero primero Josías quemó sobre él los huesos de los falsos profetas, cumpliendo así la profecía de 1 Reyes 13:2. Se observa que Josías actuó con violencia, pero la tradición idólatra no podía ser cambiada a no ser por métodos drásticos.

    La fase positiva de la reforma consistió en la reparación del templo. La casa de Dios había sido descuidada por largos períodos de tiempo después del reinado de Joás. Muchas de las paredes y los edificios colaterales se hallaban derruidos y los pisos estaban en mal estado. Josías hizo una colecta para su reparación, recogiendo fondos en Judá, en Benjamín, y en el territorio que había sido el reino del norte.
    Se descubrió el libro de la ley “dada por medio de Moisés” cuando el templo fue reparado en 621 a.C. Es posible que fuese escondido por un sacerdote cuando Manases trató de destruir las copias de la Ley. ¿Qué se entiende por “libro de la ley”? Algunos estudiosos piensan que esta expresión se refiere al Pentateuco, pero esta teoría es improbable, pues fue leído en una sesión (2 Crónicas 34:29-31). Otros creen que fue el Deuteronomio, porque éste contiene terribles maldiciones contra la idolatría a la cual Judá se había entregado por tanto tiempo (2 Crónicas 34:24). Es probable que fuera el Deuteronomio; sin embargo, carece de evidencia la teoría de la alta crítica de que algunos sacerdotes del reinado de Josías hubieran escrito este libro como un “fraude pío” para promover la reforma. El erudito conservador R. K. Harrison nos señala que el Deuteronomio tiene el esquema de un tratado, incluso un prólogo histórico que a menudo se encuentra en los pactos de fines del segundo milenio a.C., pero es un esquema que no se halla en los tratados de soberanía del primer milenio en el Medio Oriente. Además, otros elementos tales como la legislación de Deuteronomio 13 y 20, armonizan con el período de la conquista bajo Josué. El libro habría sido anacrónico si hubiera sido escrito en la época de la monarquía.19

    El escriba Safan le leyó el libro al rey, y éste se dio cuenta de cuan lejos su nación se había apartado de la Palabra de Dios, y de las funestas consecuencias profetizadas por Moisés. Alarmado, Josías rasgó sus vestidos. Consultó con Huida, la profetisa. Ella declaró que los juicios por la idolatría eran inevitables, pero que Josías no vería su cumplimiento, pues él deseaba hacer la voluntad de Dios. Josías
    reunió una gran asamblea de ancianos, sacerdotes, levitas y piiHilu en Jerusalén a fin de escuchar la lectura del libro. Representa rulo d NÚ pueblo, hizo un pacto solemne ante Jehová de que él como rey rt<<ii« fiel a la Ley de Dios. Después continuó llevando a cabo la re fon HA. Se pueden extraer algunas lecciones de este relato. La Palabr.i il» Dios es indestructible, por más que los hombres la descuiden o tr.il^n de destruirla. También Dios, por regla general, recompensa luí esfuerzos por reformar con un conocimiento más profundo dr NII voluntad. Finalmente, la Palabra de Dios es la base verdadera de UnU reforma genuina.
    Josías mandó que el pueblo celebrara la Pascua, una fiesta que no se había observado desde hacía tiempo. Fue celebrada con tal gozo y solemnidad, que se la recuerda como la más notable de la historia de Judá.
    2. La trágica muerte de Josías (2 Reyes 23:28-30; 2 Crónicas 35:20-27). En 626 a.C, Nabopolasar de Babilonia se rebeló contra Asiría y logró librar a Babilonia del dominio asirio. Estos babilonios eran conocidos también como caldeos; eran semitas nómadas que durante siglos ha¬bían emigrado hacia Babilonia. Nabopolasar reedificó la ciudad de Babilonia y estableció el imperio neobabilónico o caldeo. También sostuvo una guerra enconada contra Asiría.
    Mientras tanto, los medos, en el norte de la región del actual Irán, bajo el mando de su rey Ciaxares, se unieron a los babilonios en sus campañas militares contra Asiría. La ciudad de Asur cayó en mano de los medos en 614. Un ejército de medos, babilonios y sus aliados puso sitio a Nínive, la fabulosa capital de Asiría, en 612. Durante su asedio, se desbordó el Tigris y se llevó parte de las murallas, dejando indefensa la ciudad. Nínive fue tomada fácilmente, y sus habitantes fueron pasados a filo de espada. La orgullosa ciudad fue reducida a un montón de ruinas, y se convirtió en un nombre legendario. Se cumplieron al pie de la letra las profecías de Sofonías (2:13-15) y de Nahum. El poder militar más grande que el mundo hubiera conocido hasta entonces, había sido destruido. De los pueblos oprimidos por los asirios, se levantó un coro de regocijo. Nahum lo expresa así: “Ay de ti, ciudad sanguinaria, toda llena de mentira y de rapiña. . . Tu herida es incurable; todos los que oigan tu fama batirán las manos” (3:1, 19).

    El último monarca asirio, Asuruballit II, intentó resistir a los babilonios en Harán, esperando ayuda de Egipto, pero fue derrotado en 609. Mientras los babilonios y escitas atacaban Harán, el faraón Necao de Egipto marchó hacia el norte a través de Palestina para defender los remanentes del moribundo imperio asirio. Josías trató de detenerlo en Meguido, a 100 kilómetros al norte de Jerusalén. Es posible que el rey de Judá quisiera granjearse el favor de Babilonia. En la batalla fue alcanzado por una flecha de los arqueros egipcios y ¡talleció. Con la muerte de Josías, se esfumó toda la esperanza ¡nacional y religiosa de Judá. Era el último buen rey de la casa de David. Fue sepultado con gran lamentación. El profeta Jeremías compuso una elegía especial para la ocasión, la cual fue cantada hasta mucho tiempo después de la vuelta del cautiverio babilónico. ¿Cómo explicar la profecía de que Josías sería llevado a su sepulcro en paz? (ver 2 Reyes 22:20). La predicción de Huida no se refiere a la manera en que falleció Josías, sino a su estado de ánimo en la hora de la muerte: “No verán tus ojos todo el mal que yo traigo sobre este lugar.” Con la muerte de Josías, quiso Dios librarlo de las próximas calamidades que le sobrevendrían al pueblo.
    Los profetas de Judá en esta época fueron Jeremías, Sofonías, Nahum y Habacuc. Fue un tiempo de intensa actividad profética, en I que la nación oyó las urgentes advertencias de un juicio inminente. Pero después de la muerte de Josías, el pueblo volvió a entregarse a la idolatría, pues su arrepentimiento no era ni profundo ni sincero. La nación se hallaba en la pendiente, tanto en lo espiritual como lo político.

    Por un período de tres años, la nación estuvo sujeta a Egipto. Luego, en el año 605, los babilonios derrotaron a los egipcios en la batalla de Carquemis, en el norte de Siria, junto a la orilla occidental del Eufrates. Esta derrota fue tan completa, que Necao tuvo que retroceder a Egipto y “nunca más volvió a salir de su tierra” (2 Reyes 24:7). Lo que quedaba del imperio asirio fue tomado por los babilonios y Judá también quedó sometido a los vencedores. El imperio asirio, que había dominado el mundo conocido por más de dos siglos, dejó de existir. Los babilonios se establecieron en el Medio Oriente como sus sucesores. D. El triunfo de Babilonia y la caída de Jerusalén (2 Reyes 23:26 — 25:30; 2 Crónicas 36)

    Josías tuvo tres hijos y cada uno de ellos, por turno, reinó sobre Judá. Sin embargo, ninguno de los tres continuó con la misma dedicación a Jehová que tenía su padre. Primero, el pueblo de Judá entronizó a Joacaz (Salum), pero después de reinar sólo tres meses fue depuesto por los egipcios y llevado prisionero a Egipto, donde murió al poco tiempo. El faraón Necao nombró como rey a Joacim (Eliaquim), quien reinó once años en Jerusalén. Sedequías, el hijo más joven de Josías, fue el último rey de Judá.

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