La CPE del reino de Dios

La CPE del reino de Dios

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Cuando un pueblo de este mundo desea organizarse para su unidad, fortalecimiento y bienestar social, una de las opciones que tiene ese pueblo es la de establecerse sobre la base de una Constitución Política de Estado (CPE). En la misma, se escriben los fundamentos y reglas que gobernará a todas las personas que deseen ser miembros o ciudadanos del flamante estado. En lo general, esa CPE no se puede cambiar sino por un voto de mayoría absoluto de los pobladores del país. En resumen, la CPE de una nación es la base de la cual mana todo reglamento y orden. Se puede decir que la CPE es la piedra angular del estado.

Durante siglos, Dios con regularidad prometía a los judíos que vendría a un Rey Libertador. Y, el pueblo de Dios iba en expectativa, soñando del día futuro en el cual aquellos promesas se cumpliesen. En esa esperanza de un Salvador Venidero, vino a Juan el Bautista a la escena. Predica, bautiza y hace que indaga el pueblo, “¿Eres tú el que iba a venir…?”

“No soy yo,” responde Juan, “soy un simple preparador del camino”.

En medio de esa escena llega Jesús de Nazaret. También predica el mensaje de arrepentimiento. El pueblo ansioso está en alerta; ¿quizás sea éste El Prometido? ¿Será que él es quién nos libere de la opresión romana?

La gente lo rodea para escuchar, una reunión multitudinaria, esperando con curiosidad cuál sería el mensaje de su Redentor.

Ésta fue la escena en el principio del quinto capítulo del Evangelio según Mateo.

Y, Jesús abrió su boca y comenzó su mensaje de liberación, diciendo: ―¡Basta ya de la opresión romana! ¡Afuera con los inmundos paganos!

¿Verdad? ¡Claro que no!

De hecho, lo que Jesús les enseñó a los que dieron oídos fue la Constitución Política de Estado del reino celestial. El tiempo se hubo cumplido, ya había llegado el inicio del reino esperado. Pero la enseñanza del Rey Venidero fue bastante extraño. El resultado fue un pueblo atónito por su doctrina.

Bueno, ¿cuál fue la doctrina que hiciera al pueblo quedar casi boquiabierto?


Comienza el capítulo 5 de San Mateo con Jesús y una multitud en expectación. Jesús mira a las gentes y dice en sí mismo, “¡Que tremenda oportunidad! Debo quedarme aquí con esta multitud para darles un caliente discurso político sobre mi pronto reinado.”

No… “Viendo la multitud, subió al monte.”

Este “acto de tontería” tuvo que causar a algunos a confundirse. ¿Un político que da la espalda a una multitud anhelante?

Pero este Rey era de otra clase. Los que desean oírlo tiene que seguirlo, a pesar de que la senda es de cuesta arriba. ¿Tienes tú oídos para oír? Si deseas ser un discípulo de Jesucristo, has de seguirlo. ¡Subamos, pues, al monte, hoy y mañana! Los flojos no entrarán en el reino de él.

Ahora bien, ya que Jesús ha separado los serios de los meros inquisitivos, sí, va a pronunciar ahora su apasionada discurso político. Va a denunciar a los corruptos romanos. ¿Sí?

No. Otra vez los ansiosos oidores se confunden. El Rey se siente. Su discurso se pronunciará con calma. La verdad no se ve necesitada de ser fortalecida por palabras emotivas. No es que lo emocional sea erróneo en sí mismo, lo emocional es innecesario. El discurso se dará con franqueza y claridad. ¿Porqué nublar la verdad con el emocionalismo?

El Rey ha venido para liberar al mundo del opositor despotismo satánico. Por ser cabalmente superior en fuerza, no se le requiere amontonar militantes a su banda. Él mismo solo es capaz de botar al enemigo. Al Rey Conquistador los animados discursos políticos para conmover a la gente no le son necesarios. Así, con gran calma y quietud el Rey empieza a dictar la Constitución Política de Estado del reino celestial. Comienza con el aclarar de cuál clase de personas él busca para ser ciudadanos de la nueva nación santa.

Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos

Ante de todo, bienvenidos son los…¡pobres! Que vengan, porque son bienaventurados dice el Rey.

¿Los pobres? ¿Qué clase de reino será éste? Los políticos siempre van en busca de un espaldarazo de los ricos. Estos adinerados conllevan influencia y plata para apoyar el proyecto del aspirante político. Pero los pobres…¿qué tienen ellos para aportar la carrera al trono?

De hecho, los verdaderos pobrecitos eran los oyentes que no pudieran ver la naturaleza del reino. El reino de Jesús es un reino celestial, no mundanal. Este reino no amontonaba militantes para sostener al rey, sino el Rey iba en búsqueda de personas que estaban necesitados de sostén. Un reino muy raro, ¿verdad? El rey vino para dar, no para recibir. ¡Amén!

Posteriormente en su vida Jesús se pronunciaría sobre los ricos, señalando que a ellos la entrada al reino les sería difícil, a menos que no se despojan de lo acumulado. Y puesto que el desperdicio de lo atesorado les es siempre molestoso y demasío, la mayoría de ellos se aleja de Jesús y de su reino. ¿Se enojase Jesús con los ricos que dan la espada al reino? No, él se entristece, diciendo: ―¡Cuán dificultosamente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas! (Lucas 18.24)

A los oyentes me imagino que les parecía extraño tal enseñanza. Pero por ser las primeras palabras de salir del Maestro en el discurso, servirían para curiosearles, pensando estos: ¿Acaso no escuchara yo bien?

Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación

Sin ofrecerles excusa para la “extraña” enseñanza, Jesús continúa explicándoles los requisitos para ser ciudadano del reino eterno. En esencia dice: ―¡Bienvenidos los llorones a mi reino!

Ahora sí, todos los discípulos prestaron oídos. ¡Este Rey sería de otra clase! Un rey que anda en búsqueda de…¿ llorones? ¿Un rey que les tiene preferidos a los que duelen? ¿a los minusválidos?

Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad

Sigue Jesús dándoles una comprometida: la tierra prometida será herenciado a los mansos.

Pobres, llorones…¿y ahora mansos? ¡Cuál reino será!

Todos sabemos las maniobras de los políticos, sea que sea su modelo político o económico. La tierra del país es el galardón de su fidelidad al partido. Sea unas hectáreas o sea mil hectáreas cuadrados, “al triunfador le pertenece el botín” según dice el refrán. Al más robusto y energético militante del partido se le regala la tierra más fértil y bonita.

Pero el reino de Jesús no es así. A los mansos, los que andan sin aires, ni intereses personales ni atropellar a nadie, se les heredará la tierra prometida a la descendencia de Abraham. En los reinos mundanales son los fuertes y los agresivos los que ganan espacios para sí. ¡Pero el reino celestial es distinto! Es más, la tierra prometida no es una tierra física que produce uvas, granados y higos, sino un lugar espiritual lleno de frutos tal como son el amor, el gozo, la paz, la paciencia, la benignidad, la bondad, la fe, la mansedumbre y la templanza (Gá. 5.22-23).

Recordándonos lo contado por los doce espías enviados ante la multitud que había pasado la mar roja, podemos decir con entusiasmo: “Nosotros llegamos a la tierra a la cual nos enviaste, la que ciertamente fluye leche y miel; y este es el fruto de ella!” (Nú. 13.16 en adelante)

Lo triste es que la mayoría de los espías no creyeron que pudiesen vencer a los gigantes residentes. Ellos sólo se dieron cuenta de su propia fuerza, olvidándose del Dios Eterno. Lo mismo nos occurirá si nos ponemos los ojos en nosotros mismos. Pero por la fe podemos entrar y gozarnos de los frutos del Espíritu, porque eso es con exactitud lo que Jesús prometió herenciar a los mansos. Jesús sí cumple.

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados

A los pobres, llorones y mansos, Jesús les suma otra clase de personas para su reino: los hambrientos y sedientos. Pero no los que buscan víveres para el estómago, sino los que desean sobre todo practicar la justicia en el corazón.

En los reinos mundanales, el clamado de siempre es el de recibir justicia. “Qué me devuelvan la casa que me fue quitado…” “Qué encarcele al homicidio que mató a mi tío…” “Qué arreglan la carretera que pasa por aquí…” Todo egoísta, con el yo en el centro.

Los que van a lograr ciudadanía en el reino de Dios son los que anhelan de todo corazón a ser practicantes de la justicia social y moral. No importa que los demás sean injustos y corruptos, los hijos del reino tienen hambre y sed de repartir la justicia misericordiosa a los indigentes, no de recibir en sí mismo lo merecido. De hecho, ellos reconocen que si la justicia les alcanzara, la muerte eterno sería su condena.

Saciados serán los mansos, dijo Jesús, porque soy capaz de obsequiarles la fuerza para cumplirlo. ¿Pudiera cualquier político comprometerse a sus militantes donarles la fuerza interior para practicar la justicia diaria?

Los políticos del mundo, nunca; pero Jesús, ¡sí pudo!

Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia

Continuando su discurso, Jesús constituyó que los misericordiosos son bienaventurados y bienvenidos a su reino. Otra vez la enseñanza del Maestro va en contra vía de la política normal. Los políticos de este mundo siempre vienen buscando militantes con voz fuerte y actitud combatiente. A la oposición, no le hay demuestras de debilidad ni misericordia: ¡Nunca, no, nunca! Al combate verbal― si no con palos y balas―denunciando y difamando, para ganar espacios en el país.

Pero el reino del cielo es distinto de los mundanos. Sí, hay denuncias de corrupción, pero comienzan los hijos del reino exponiendo lo corrupto que hay en sí mismos. A ellos les tiene más importancia lo negro que haya en sí que el negro que haya en su vecino. A sus vecinos, se les practican primero la misericordia y la paciencia. Y una vez que se denunciaran a sí mismos los ciudadanos del reino celestial, el Rey les baña en su propia sangre, la cual les da una purificación cabal. ¡Qué reino tan raro!

Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios

Aunque la limpieza y apariencia externa sí lleva relevancia alguna, Jesús luego pronuncia que la pureza interna sobresale. Los judíos de aquel entonces pusieron tanta hincapié en lo ritual, que muchos conceptuaron que lo exterior fue el comienzo y el punto final del relacionarse con el Creador. En la política mundana, también se esfuerzan para dar apariencias lucientes de inocencia y impoluto, para luego entrar a conferencias de puerta cerrada donde lo del corazón puede salir sin contagiar la imagen de pureza encarnada.

Los de limpio corazón no tienen como requisito la puerta cerrada para negociar. La transparencia no les amedrenta, sino les brinda oportunidad de auto-escrutinio. Un limpio corazón no quiere decir que la persona esté sin mancha en todo su actuar, sino que el propósito y la intención del corazón sí están rectos. Y a éstas personas se les promete Jesús que verán al Dios Invisible. ¿Ver lo invisible? ¡Sí, en el singular reino de Dios!

Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios

Pasando al próximo punto del Constitución de su reino, Jesús señala que los pacificadores hacen soldados excelentes en el reino de Dios, tanto que no son denominados “soldados”, sino “hijos” de Dios mismo. Bueno, los soldados de Dios nunca ofrecen pactos de paz al pecado ni al padre de éste, pero sí mana de su alma olores de paz en su andar cotidiano. A sus vecinos, a sus parientes y hasta a sus enemigos humanos se les extiende la mano de paz.

Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos

Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo.

Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros

¿Y si la mano pacificadora esté rehusado y se devuelve un golpazo en su lugar? Jesús promete entregar al reino celestial a los maltratados por la causa de la justicia. Los perseguidos y vituperados por Su causa sólo tienen que soportarlo todo en paciencia y perdón. En lugar de vengarse, los hijos del reino se regocijan. Sí, ese reino de Jesús se compone de personas excéntricas: ¡el centro de su vida ya no es el yo! Y por haberse redimido de la dictadura del yo, están libres para regocijarse en la tribulación que el enemigo los tira cotidianamente. Ésta es la libertad espiritual genuina que la Constitución Política de Estado les garantiza a los ciudadanos del reino celestial.


De este modo Jesús fijo los primeros puntos de la Constitución Política del Estado del reino de Dios. Sé que el sermón del monte no fue dado en el sentido estricto de una Constitución Política de Estado. Sin embargo, sí es la ley fundamental del reinado de Jesús en el mundo. Los primeros puntos del sermón tocan qué clase de personas puede ser ciudadanos en el reino. Posteriormente, Jesús señalará cuáles serían las leyes morales del reino y toca también otros asuntos como el modelo económico y el modelo político, qué sería la monarquía―Jesús solo está investido con el poder legislativo, ejecutivo y judicial.

¿Deseas tú cursar una petición de ciudadanía? Es un trámite sencillo: toma tu cruz y sigue Jesús al Calvario. Allí sólo has de colgarte en la cruz y morir con él a tu propia voluntad. Permite que él y él solo, sea Señor, Patrón y Capitán de tu vida.

Al cumplir lo requerido, él mismo entrará al corazón tuyo para botar afuera a Satanás, el pecado y el yo, purificando el templo que eres tú. Esparciendo por todos lados su sangre vivificadora, se sentará en el trono conquistado por amor, y se comenzará el reino de Dios…¡en ti!

¡Amen!

—Miguel Atnip


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Tu oración puede hacer la diferencia.

Tu oración puede hacer la diferencia

18 de septiembre

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Pedro era custodiado en la cárcel

“Así pues, Pedro era custodiado en la cárcel, pero la iglesia hacía  oración ferviente a Dios por él.” Hechos 12:5

Pedro estaba en la cárcel a punto de ser ejecutado. Ya no había mucho para hacer, Jacobo había sido recientemente muerto a espada  por Herodes. Ahora le tocaba el turno a Pedro. Ya no había tiempo para reclamos políticos, ni manifestaciones, ni solicitadas. No había estado de derecho. La causa estaba perdida.

Pero la iglesia en Jerusalén, no se rindió. Y comenzó a orar fervientemente para que Dios hiciera un milagro. No había lógica en el pedido que estaban haciendo. Pero la fe es superior a la lógica. Cientos de hombres y mujeres de Dios comenzaron a suplicarle a Dios que Pedro fuera liberado. Era un pedido casi ridículo, porque era casi imposible. Pero seguían orando fervientemente.

Recibí varios mensajes hoy, por mail y al celular con el siguiente pedido:

Pedido de oración urgente, por 200 pastores cristianos de la india que están amenazados de muerte. Van a asesinarlos en 24 horas. Y comenzarán a perseguir a cientos de cristianos.

¿Qué se puede hacer desde Argentina, del otro lado del mundo? Lógicamente nada. No hay manera de defender a esos hombres, no sabemos en que ciudad están, ni que autoridades habría que notificar para evitar la masacre. No sabemos nada, no podemos hacer nada. Estamos igual que la iglesia de Jerusalén, frente a la ejecución de Pedro.

Hoy debemos recuperar la fe, para destruir toda lógica. Unite a la súplica mundial para que Dios libere a estos hombres y mujeres de la muerte. Ni siquiera sabemos sus nombres, ni donde viven, ni que hacen. Pero hay algo que sabemos: hay una amenaza terrible sobre sus vidas, y solo Dios puede salvarlos. No hay misión de paz, tropas de las naciones unidas, guardias secretas ni comandos especiales que
puedan salvarlos.

Y frente a la falta de lógica, tenemos el poder de la oración. Volvé a tener fe, suplicale hoy a Dios por la liberación de estos hermanos. Es necesario que volvamos a orar. Rompé el hábito y la costumbre de esta sociedad apurada y sin compromiso. Descubrí el poder de la oración ferviente y comunitaria.

Dios sigue teniendo todo el poder y el control. Él puede liberar a estos hermanos de la muerte. Orá fervientemente, con pasión, con poder, con unción, con decisión. Dios todavía puede hacer milagros.
Motivá uno hoy.

REFLEXIÓN – Tu oración puede hacer la diferencia.

Un gran abrazo y bendiciones

Dany

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¿Solo La Biblia… o también la Tradición de la Iglesia?

La Palabra de Dios
¿solo La Biblia… o también la Tradición de la Iglesia?

por Daniel Sapia

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(Los textos del Catecismo Católico se escribirán en AZUL, los textos Bíblicos en ROJO)

¿Cuál es la verdadera y completa Palabra de Dios?

¿Donde se contiene el mensaje autorizado e inspirado por Dios hacia la humanidad?
¿Es la Biblia suficiente o debe complementarse con Tradiciones y Costumbres?
¿Puedo yo entender a Dios, leyendo La Biblia, o necesito la interpretación de la Iglesia?

No es “casualidad” que este sea el primer tema a desarrollar.

Es básico saber cuál es la verdadera fuente de toda doctrina Divina.
No podríamos decir qué quiere Dios de nosotros, sino fundamentamos el origen del mensaje.
Debemos estar 100% seguros que es Dios quien nos habla; sino, corremos el riesgo de seguir caminos inciertos.

La Iglesia Católica afirma

La Iglesia Católica Romana reconoce que la Palabra de Dios está contenida fielmente en las Sagradas Escrituras.

“Dios es el autor de la Sagrada Escritura.” N° 105

…y afirma que aunque fue escrita por hombres, es palabra inspirada por Dios.

“Dios ha inspirado a los autores humanos de los Libros Sagrados. ” N°106

Además, claramente sostiene que Dios dejó escrito SOLO LO QUE QUISO, ni más ni menos. La misma Iglesia Católica afirma que NI LE FALTÓ DECIR, NI LE SOBRÓ.

“En la composición de los libros sagrados, Dios se valió de hombres elegidos, que usaban de todas sus facultades y talentos; de este modo, obrando Dios en ellos y por ellos, como verdaderos autores, pusieron por escrito todo y solo lo que Dios quería” (DV 11).” N°106

Pregunta: ¿si los libros enseñan la Palabra de Dios sólidamente, fielmente y sin error, hace falta agregarles algo?

“…los libros sagrados enseñan sólidamente, fielmente y sin error la Verdad que Dios hizo consignar en dichos libros para salvación nuestra” (DV 11).” N° 107

Hasta aquí hemos visto, haciendo referencia SOLO al Catecismo Católico, que La Biblia no solo es la Palabra de Dios, sino que en ella se contiene el mensaje COMPLETO de Dios a la humanidad.

Veremos a continuación qué dice la misma Biblia respecto de Su mensaje.

La Biblia dice

“Muchos otros milagros hizo también Jesús en presencia de sus discípulos, que no están escritos en este libro. Pero éstos se han escrito con el fin de que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios; y para que, creyendo, tengáis vida eterna, en virtud de su nombre.” (Juan 20:30-31)

Este pasaje bíblico es muchas veces utilizado por nuestros amigos católicos (inclusive sacerdotes en sus sitios de apologética), que sostienen que al haber tantos hechos que Jesús realizó y “no fueron escritos” (texto similar leemos en Juan 21,25), indicaría que todas esas cosas no escritas (suponiéndolas necesarias de decir), contendrían muchas de las Tradiciones que la iglesia Católica fomenta como “parte de la enseñanza”.

En principio, si Dios Padre hubiera considerado relevantes estos “hechos no escritos”, habiendo escrito 66 libros, hubiera escrito todos los libros necesarios para incluirlos. ¿Cuál era la necesidad de dejar Su Palabra incompleta? ¿No decimos que es perfecta? ¿podría serlo si estuviera incompleta?

“Pero éstos se han escrito con el fin de que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios…”

Auí, con esta simple frase, comienza a derrumbarse toda la justificación Católica sobre la necesidad de mantener la tradición oral. Claramente el Apóstol dice que todo lo que se escribió, se hizo con el fin de atestiguar, demostrar, revelar, que Jesús es el Cristo, que Jesús es el Hijo del Dios Altísimo, que Jesús es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Nada falta decir, nada falta escribir para demostrarlo, para comprobarlo. NADA FALTA AGREGAR para que quien lo lea tenga acabado testimonio del poder de Jesucristo y de su autoridad, recibida de Dios Padre.

“…y para que, creyendo, tengáis vida eterna, en virtud de su nombre.”

Todo lo que el ser humano necesita para recomponer su relación con Dios Padre, es CREER EN JESUCRISTO, creer que es el Enviado de Dios, el Mesías, el Cristo, Y TODO LO QUE NECESITAMOS SABER PARA CREERLO ESTA ESCRITO EN LA BIBLIA. No necesitamos ninguna otra información, venga de donde venga y tenga la fuente que tenga.

Contundente el texto bíblico… ¿no es así?

El pasaje precedente fue escrito por el apóstol Juan. Leeremos a continuación otro pasaje, esta vez del apóstol Pablo hacia Timoteo, que reafirma, de una forma que no deja lugar a dudas, lo que acabamos de exponer:

“…y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús. Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.” (2° Timoteo 3:15-17)

Sencillamente hermoso. ¡Que simples son las Palabras de Dios, en contraste con el laberinto doctrinal de la iglesia Católica Romana!

Entre tantas afirmaciones reveladoras, leemos que Las Sagradas Escrituras tienen la suficiente información para instruirte en el camino de fe que te conduce a la Salvación eterna por Cristo Jesús. “… las cuales te pueden hacer sabio para la salvación..” No dice que necesites de “otras informaciones”, de “Tradiciones o costumbres”, de agregados “post-Escriturales” (Ni hablar si esas Tradiciones contradicen expresamente a lo escrito.)

La Tradición

Ahora bien, ¿Cómo define la iglesia Católica qué es la Tradición? ¿Qué argumenta para darle validez, al punto de igualar (y a veces hasta superar) la Palabra de Dios?

Tradición“, definición: Etim.: Latín traditio, entregar, de tradere

Literalmente, la tradición es la enseñanza que se comunica de una generación a otra. Tradición, con “T” mayúscula se refiere a la Palabra revelada por Dios que se transmite en la Iglesia. La Sagrada Tradición, mas técnicamente, se refiere, dentro de la revelación, a aquella parte que no está contenida en la Sagrada Escritura porque no se escribió hasta mas tarde. El depósito de la fe, de la revelación, está compuesto por las Sagradas Escrituras (Biblia) y la Tradición Apostólica.
(texto extraído del sitio web de Las Siervas de los Corazones Traspasados de Jesús y María)

Según lo que acabamos de leer, la Palabra de Dios, La Biblia, no es perfecta, ya que no está completa. Esta condición (completa) la consigue cuando se le “agrega” la Sagrada Tradición. (No obstante, la misma Biblia y el Catecismo Católico, dicen lo contrario). ¿Qué derecho los asiste para sostener tal afirmación?

En este texto del Catecismo, la iglesia Católica vuelve a afirmar que La Biblia no es perfecta:

“De ahí que la Iglesia, a la cual está confiada la transmisión y la interpretación de la Revelación “no saca exclusivamente de la Escritura la certeza de todo lo revelado, Y así se han de recibir y respetar con el mismo espíritu de devoción (DV 9)” N° 82

¿Cómo puede ser que en el Catecismo N° 106 la iglesia Católica afirma que la Escritura es el mensaje COMPLETO de Dios (“Pusieron por escrito TODO lo que Dios quería”, o sea, si no está escrito es porque Dios consideró que no era necesario…”) y que en N° 82 diga que parte de lo revelado lo saca de otro lado distinto de las Sagradas Escrituras. ¿con que fin?

Como si esto fuera poco, veremos una afirmación que se contradice con N° 107

Recordemos antes: “…los libros sagrados enseñan sólidamente, fielmente y sin error la Verdad que Dios hizo consignar en dichos libros para salvación nuestra” (DV 11).” N° 107

Aquí decíamos que La Biblia enseña sólidamente, fielmente y sin error (o sea por sí misma y solo a través de ella, ya que es sólida, fiel y certera), las Verdades para Salvación.

Pues bien, el siguiente texto nos dice que con La Biblia sola, la Sagrada Escritura sola, no alcanza.
Que si La Biblia no es complementada (¿no era perfecta?), no puede subsistir (no tiene valor)

“La Tradición, La Escritura, y el Magisterio de la Iglesia, según el plan prudente de Dios, están unidos y obligados, de modo que ninguno puede subsistir sin los otros; los tres, cada uno según su carácter, y bajo la acción del único Espíritu Santo, contribuyen eficazmente a la salvación de las almas.” (DV 10,3) N° 95

Aquí comenzamos a ver como sutilmente se “agregan” conceptos ajenos totalmente a la Palabra de Dios. Afirman que La Tradición forma parte de una “TERNA” que contribuye a la Salvación de las almas. Sencillamente, una blasfemia.

El tema de la Salvación, por lo trascendental, será tratado por separado.

Qué dicen los Apologistas

Los apologistas católicos se aferran al único pasaje de la Escritura que, de alguna manera, puede interpretarse como que las Tradiciones son valoradas como parte del Evangelio:

“Pero nosotros debemos dar siempre gracias a Dios respecto a vosotros, hermanos amados por el Señor, de que Dios os haya escogido desde el principio para salvación, mediante la santificación por el Espíritu y la fe en la verdad, a lo cual os llamó mediante nuestro evangelio, para alcanzar la gloria de nuestro Señor Jesucristo. Así que, hermanos, estad firmes, y retened la doctrina [tradiciones] que habéis aprendido, sea por palabra, o por carta nuestra.” (2° Tesalonicenses 2:13-16)

Esta argumentación la encontramos en muchas páginas de apologética católica, entre ellas en el sitio web de Las Siervas de los Corazones Traspasados de Jesús y María (entre tantos otros).

Personalmente me ha tocado participar en conversaciones de tono apologéticas con un Sacerdote católico, residente en la ciudad de Roma, estudiante de exégesis bíblica e intérprete de hebreo y griego, que también posee la mencionada argumentación en su página titulada “Una pregunta a un hermano evangélico serio” y en la que habla de la validez de las Tradiciones en el mensaje del Evangelio de Salvación.

Transcribo el planteo del sacerdote apologista y posteriormente, aceptando “su pregunta”, adjunto la respuesta enviada por este “hermano evangélico”.

Dijo el Sacerdote:

“… ¿Que debe hacer un creyente del siglo XX al leer 2 Tesalonicenses 2:13-15?
“…así pues, hermanos, manteneos firmes y conservad las tradiciones que habéis aprendido de nosotros, de viva voz o por carta.”

¿Basado en qué principio debo decir ahora que aquello que se enseñó “de viva voz” hay que olvidarlo y quedarse solo con lo que se entrego “por carta”?
¿No se dio cuenta San Pablo de lo “peligroso” que era decir que había que obedecer las tradiciones orales…?

Los católicos, por su parte, siguen manteniendo que hay que conservar ambas doctrinas, la que fue entregada por carta y la que fue entregada oralmente por los pastores de la Iglesia; “ambas” doctrinas que son una misma doctrina comunicada por distintos canales, pero que se complementan, se perfeccionan [1], se explican mutuamente. Así era en el comienzo y ellos no ven porqué ahora deban limitar la enseñanza a lo que quedo escrito. Si Dios así lo enseñase, por ejemplo a través de alguno de los Apóstoles, entonces habría que aceptarlo con gusto. Pero, como dijimos, no existe ningún motivo que nos permita pensar razonablemente que ahora debemos dejar de prestar atención a la Tradición oral.”

(parte del desarrollo apologético del sacerdote católico en “una pregunta a un hermano evangélico serio”)

[1] Pregunta para el Sacerdote: ¿Si hacen falta las Tradiciones para perfeccionar la Doctrina Bíblica, significa que las Sagradas Escrituras son imperfectas? ¿se atrevería a repetir esta afirmación, cuando le llegue el momento, ante el Trono de la Gracia?

Respuesta de un “hermano evangélico” (una porción, ya que se enviaron 12 hojas)

…Otra de sus afirmaciones [del sacerdote] es que “La Tradición (con mayúsculas) de la Iglesia tiene su origen en Jesucristo y los Apóstoles.” Si esto es así, me gustaría que de forma sencilla me explique porqué motivo tanto Jesucristo como los Apóstoles “caen” en reiteradas CONTRADICCIONES entre lo escrito y lo transmitido de viva voz.”
“Yo, creyente del siglo XX, leyendo 2° Tesalonicenses 2:14, “…así pues, hermanos, manteneos firmes y conservad las tradiciones que habéis aprendido de nosotros, de viva voz o por carta..”, interpreto que, o bien el apóstol Pablo estaba LOCO porque escribía UNA COSA y verbalmente contaba OTRA, o bien las tradiciones de las que habla el Apóstol Pablo NO SON LAS TRADICIONES QUE MENCIONA LA IGLESIA CATÓLICA.”

“Además, ¿cómo pudo haber Dios omitido dejar escrito en su Palabra, cosas tan básicas e importantes que participan en “Su” (supuesto) Plan de Salvación? ¿Confiaría en hombres (imperfectos, pecadores, débiles, ninguno justo) para que de viva voz transmitan detalles no escritos (¿olvidados en la imprenta?) de la columna vertebral de Su Mensaje? Si a Dios le costó la vida de Su propio Hijo.. ¿no se aseguraría del más mínimo detalle para poder sacar mayor “rédito” de su sacrificio? ¿Dios se olvidó de decirnos que si Jesús no nos podía atender porque estaba muy ocupado, María podía interceder por nosotros? ¿Dios se olvidó? … ¿ O NUNCA LO CONSIDERÓ..?

La Tradición oral: un expediente temporario

Mientras el Nuevo Testamento estaba en proceso de escribirse, obviamente hubo un tiempo cuando la iglesia primitiva dependía de las enseñanzas orales de los apóstoles. No obstante, tenemos muchas razones para creer que, no importa cuál haya sido la enseñanza que el Espíritu Santo inspiraba que era destinada para todos los creyentes a lo largo de la historia, habrían sido registradas por escrito. Esto es cierto por las razones ya delineadas:

1) No había tradición verbal que se había pasado desde los tiempos del Antiguo Testamento desde Moisés, David, Samuel y todos los demás para que fuese enseñada a Israel, por lo tanto, ¿por qué la habría para la iglesia?

2) Cristo condenó toda la tradición verbal desarrollada por los rabinos porque pervertía la Palabra de Dios escrita, por lo tanto, ¿por qué querría él que la iglesia tuviera la misma influencia corruptora?

3) Es imposible rastrear la tradición verbal hasta su origen, ni estar seguro de su exactitud.

4) Es inevitable que la enseñanza verbal se tergiverse en el proceso de transmisión de una generación a la siguiente.

5) No todo lo que Pablo o los otros apóstoles dijeron estaba al nivel de Escritura y era para los creyentes de todas las épocas, y la única forma de descubrir la diferencia sería poner las enseñanzas permanentes por escrito.

Los apóstoles mismos indican cuáles son las enseñanzas verbales que debían ponerse por escrito en forma permanente. Tenemos dicha evidencia en los escritos de Pablo. En 1° Corintios 11:23 él declara que está presentando por escrito lo que previamente les había enseñado verbalmente: “lo que también os he enseñado [anteriormente]“. En 2° Tesalonicenses 2:5 Pablo declara la misma cosa:

“¿No os acordáis que cuando yo estaba todavía con vosotros, os decía esto?”. Les estaba dando a ellos (y a nosotros) por escrito lo que les había previamente dicho verbalmente; y al mismo tiempo estaba elaborando sobre ello y proveyendo más entendimiento. La misma cosa es cierto de la tradición a la cual se refiere en 2° Tesalonicenses 3:6. De nuevo señala:”… cuando estábamos con vosotros, os ordenábamos esto [la misma cosa verbalmente] … (v. 10). Pedro dice lo mismo: “También yo procuraré con diligencia que después de mi partida vosotros podáis en todo momento tener memoria de estas cosas” (2° Pedro 1: 15). En otras palabras, puso por escrito lo que antes les había enseñado verbalmente a fin de que no se lo olvidaran o tergiversaran después de su muerte.

Pablo estaba profundamente preocupado por la falsa doctrina. Gran parte de sus escritos fueron para corregir herejías. Les advirtió a los ancianos de Efeso- “Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al rebaño. Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos” (Hechos 20:29-30).

Sería irrazonable, entonces, imaginar que Pablo no pondría por escrito todo lo que el Espíritu Santo le había inspirado que enseñara. Si los hombres pervertirían aun la verdad escrita, cuánto más fácil sería que pervirtieran la verbal, a medida que las memorias fallaran y vinieran nuevas generaciones que jamás habían oído la enseñanza original.

(Dave Hunt – “A Woman Rides the Beast” – Harvest House Publishers – 1994 – Pag. 530 y 531)

¿Son las Sagradas Escrituras, La Biblia, la Palabra de Dios, completa y suficiente como para transmitir fiel y acabadamente Su Plan de Salvación?

“Toda palabra de Dios es limpia; Él es escudo a los que en él esperan. No añadas a sus palabras, para que no te reprenda, y seas hallado mentiroso”. (Proverbios 30:5-6)

Resumiendo:

según Dios en Su Palabra, La Biblia: La Escritura es REVELACIÓN perfecta y completa.
según la iglesia Católica Romana: La Escritura es incompleta y necesita de la Tradición.

Bien, ya hemos demostrado, basándonos en el Catecismo Católico y en la misma Biblia, que el mensaje necesario, todo el mensaje, se encuentra escrito en La Biblia, la Sagrada Escritura. Nada falta agregar, nada falta incluir, nada falta completar. Con esto damos por respondido y fundamentado, mas allá de lo que se pretenda dar a entender, cual es la ÚNICA Palabra de Dios, La Santa Biblia.

La primer divergencia está claramente dilucidada, no solo tomando como fundamento la propia Palabra de Dios, sino el mismo Catecismo Católico. Aunque aquí no se acaba el problema, porque la Iglesia Católica, afirma que nadie por sí mismo puede interpretar la Sagrada Escritura, que no podemos por nosotros mismos “entender” que quiere decirnos Dios, sino que esa función le fue entregada a la propia Iglesia Católica. Ella, por medio de los obispos, es la única autorizada a interpretar la Palabra de Dios, La Biblia:

“El oficio de interpretar auténticamente la palabra de Dios, oral o escrita, ha sido encomendado sólo al Magisterio vivo de la Iglesia, el cual lo ejercita en nombre de Jesucristo, es decir, a los obispos en comunión con el sucesor de Pedro, el obispo de Roma” N° 85

“Todo lo dicho sobre la interpretación de la Escritura queda sometido al juicio definitivo de la Iglesia, que recibió de Dios el encargo y el oficio de conservar e interpretar la Palabra de Dios” N° 119

La Iglesia Católica, a través de sus obispos, dice tener la autoridad para interpretar La Sagrada Escritura y proponerle a los fieles EN QUÉ DEBEN CREER (canal abierto para agregar tradiciones no bíblicas):

“El Magisterio no está por encima de la palabra de Dios, sino a su servicio, para enseñar puramente lo transmitido, pues por mandato divino y con la asistencia del Espíritu Santo, lo escucha devotamente, lo custodia celosamente, lo explica fielmente (¿?); y de este único depósito de la fe saca todo lo que propone como revelado por Dios para ser creído” (DV 10).” N° 86

No solo la Iglesia Católica se siente con derecho a decir en qué debemos creer, sino que dice tener la autoridad (otorgada supuestamente por Cristo), de OBLIGAR a los fieles a creer en ello.

“El Magisterio de la Iglesia ejerce plenamente la autoridad que tiene de Cristo cuando define dogmas, es decir, cuando propone, de una forma que obliga al pueblo cristiano a una adhesión irrevocable de fe, verdades contenidas en la Revelación Divina, o también cuando propone de manera definitiva verdades que tienen con ellas un vínculo necesario.” N° 88

Veamos que dice La Biblia respecto de su discernimiento:

“Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho. “ (Juan 14:26)

“Os he escrito esto sobre los que os engañan. Pero la unción que vosotros recibisteis de Él permanece en vosotros, y no tenéis necesidad de que nadie os enseñe, así como la unción misma os enseña todas las cosas, y es verdadera, y no es mentira, según ella os ha enseñado, permaneced en Él.” (1ª Juan 2:26-27)

“Si me amáis, guardad mis mandamientos. Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros” (Juan 14:15-17)

“Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. El me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber.” (Juan 16:13-14)

“Cuando os trajeren a las sinagogas, y ante los magistrados y las autoridades, no os preocupéis por cómo o qué habréis de responder, o qué habréis de decir; porque el Espíritu Santo os enseñará en la misma hora lo que debáis decir” (Lucas 12:11-12)

“Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre, que está en los cielos” (Mateo 17:17)

Un ejemplo hermosísimamente contundente de la capacitación a través del Espíritu Santo es el caso del Apóstol Pablo:

“Mas os hago saber hermanos, que el evangelio anunciado por mí, no es según hombre; pues yo ni lo recibí ni lo aprendí de hombre alguno, sino por revelación de Jesucristo.” (Gal 1:11-12)

Resumiendo:

según Dios en Su Palabra, La Biblia: El discernimiento de La Escritura lo da el Espíritu Santo.
según la iglesia Católica Romana: La Escritura puede ser interpretada solo por el Magisterio de la iglesia Católica Romana, la cual dice a sus devotos qué deben creer. Así se ha de recibir y respetar. Aceptar sin cuestionar.

“Pues en vano me honran, enseñando como doctrinas mandamientos de hombres. Porque dejando el mandamiento de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres”. (Marcos 7:7-8)

“Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo”. (Colosenses 2:8)

“Y al que puede confirmaros según mi evangelio y la predicación de Jesucristo, según la revelación del misterio que se ha mantenido oculto desde tiempos eternos, pero que ha sido manifestado ahora, y que por las Escrituras de los profetas, según el mandamiento del Dios eterno, se ha dado a conocer a todas las gentes para que obedezcan a la fe, al único y sabio Dios, sea gloria mediante Jesucristo para siempre. Amén” (Romanos 16:25-27)

¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo?

(Los dos cimientos – Lucas 6:46-49)

Como dijo el Señor…

“…ESCRITO ESTÁ…!”

Que Dios te bendiga

Daniel Sapia – “Conocereis la Verdad” – Apologética Cristiana – ® 2000

http://www.geocities.com/conocereislaverdad

Concilio Vaticano II

Concilio Vaticano II

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El Concilio Vaticano II fue un concilio ecuménico de la Iglesia católica siendo uno de los eventos históricos que marcaron el siglo XX. Fue convocado por el papa Juan XXIII, quien lo anunció desde el mes de enero de 1959.

El Concilio constó de cuatro sesiones, siendo la primera de ellas presidida por el mismo Papa en el otoño de 1962. Él no pudo concluir este Concilio ya que falleció un año después, (el 3 de junio de 1963). Las otras tres etapas fueron convocadas y presididas por su sucesor, el Papa Pablo VI, hasta su clausura en 1965. La lengua oficial del Concilio fue la lengua latina.

Ha sido el Concilio más representativo de todos, con una media de asistencia de unos dos mil padres conciliares procedentes de todas las partes del mundo y de una gran diversidad de lenguas y razas. Asistieron además miembros de otras confesiones religiosas cristianas.

Objetivo 

El Concilio se convocó con los fines principales de:

  • Promover el desarrollo de la fe católica.
  • Lograr una renovación moral de la vida cristiana de los fieles.
  • Adaptar la disciplina eclesiástica a las necesidades y métodos de nuestro tiempo.

Se pretendió que fuera un “aggiornamento” o puesta al día de la Iglesia, renovando los elementos que más necesidad tuvieran de ello, revisando el fondo y la forma de todas sus actividades.

Pretendió proporcionar una apertura dialogante con el mundo moderno, actualizando la vida de la Iglesia sin definir ningún dogma, incluso con nuevo lenguaje conciliatorio frente a problemas actuales y antiguos.

Trató de la Iglesia, la Revelación, la Liturgia, la libertad religiosa, etc. siendo sus características más importantes la renovación y la tradición.

Antecedentes 

A lo largo de los años 1950, la investigación teológica y bíblica católica había empezado a apartarse del neoescolasticismo y el literalismo bíblico que la reacción al modernismo había impuesto desde el Concilio Vaticano I. Esta evolución puede apreciarse en teólogos como los jesuitas Karl Rahner o John Courtney Murray, que se habían venido esforzando por integrar la experiencia humana moderna con el dogma cristiano, así como en otros como Yves CongarJoseph Ratzinger (ahora Papa con el nombre Benedicto XVI) y Henri de Lubac que buscaban lo que veían como una comprensión más ajustada de la Escritura y de los Santos Padres, un retorno a las fuentes (ressourcement) y una actualización (aggiornamento).

Al mismo tiempo los obispos de todo el mundo venían afrontando tremendos desafíos asociados al cambio político, social, económico y tecnológico. Algunos de ellos aspiraban a formas nuevas de responder a esos cambios. El Concilio Vaticano I, desarrollado casi un siglo antes, había sido interrumpido cuando el ejército italiano entró en Roma en los momentos finales de la unificación italiana. Sólo habían concluido las deliberaciones relativas al papel del papado, dejando sin resolver los aspectos pastorales y dogmáticos concernientes al conjunto de la Iglesia.

El papa Juan XXIII manifestó su intención de convocar un concilio el 25 de enero de 1959, sólo tres meses después de su elección, ocurrida en octubre de 1958. Aunque su propósito encontró muchas formas de manifestarse durante los tres años siguientes, una de sus expresiones más conocidas es la que, preguntado por los motivos, presentó al tiempo que abría una ventana: «Quiero abrir las ventanas de la Iglesia para que podamos ver hacia afuera y los fieles puedan ver hacia el interior.» Invitó a otras iglesias a enviar observadores al concilio, aceptándolo tanto iglesias protestantes como ortodoxas. La Iglesia Ortodoxa Rusa, por temor al gobierno soviético comunista, sólo aceptó tras recibir seguridades de que el concilio sería apolítico.

Preparación 

  • Febrero 1959 a octubre 1962 es la etapa de preparación del Concilio, responsabilidad de la Curia Romana que preparó un cuestionario a los obispos para saber qué querían que se tratara en este (pues no había motivo concreto).

Es un concilio bastante documentado. Se pueden ver «Le fonti ufficiali» que son conservadas en un archivo dividido en:

    • Materia preparatoria:
      • Serie I, antepreparatoria que corresponde a antes del inicio del concilio, son las respuestas de los obispos a los cuestionarios. No están en sentido sistemático.
      • Serie II, Materia preparatoria (4 volúmenes en 6 tomos) Corresponde al último año después de la convocación del concilio. Son los documentos preparados por la Curia para el concilio. La Curia divide los temas en 10 temas (que corresponden a los 10 dicasterios del Vaticano que presidían las 10 comisiones preparatorias)

Participantes del concilio

  • Los 2450 obispos de la Iglesia, el único grupo que fue excluido son los obispos del bloque comunista chino por lo que faltaron unos 200 obispos. Había un convenio con los soviéticos de poder dejar salir y entrar a los obispos a sus países sin problemas. Es el concilio más grande en cuanto a cantidad (Calcedonia 200; Trento 950) y en cuanto a catolicidad pues es la primera vez que participan obispos en modo sustancial no europeos (sobre todo africanos y asiáticos). En los primeros dos años predominaron los obispos europeos pero las siguientes sesiones fueron mas participadas. (Incluso participaron algunos cardenales teólogos o no obispos, pero por insistencia de Juan XXIII fueron ordenados obispos). Además participaron algunos abades de grandes congregaciones (franciscanos, conventuales, dominicanos).
  • Teólogos invitados del Papa como consultores no como miembros plenos (Yves CongarKarl RahnerHenri de Lubac Philips; podían escuchar pero no hablar en el aula), no podían entrar al aula pero con influencia en las comisiones (aquellas 10 ya mencionadas). Al inicio del Concilio se da el nombramiento de las comisiones conciliares (dos tercios nombrados por los obispos y un tercio por el Papa) teniendo como tarea guiar y escribir aquellos decretos ya discutidos en el aula.
  • Consultores de Iglesias ortodoxas y de las iglesias protestantes.
  • Observadores, y católicos laicos (cf. Mary Goldic, Ospite a casa propia, ed. en inglés)
  • Periodistas. Se dan muchas publicaciones pero en especial Times. (Raniero en la Valle Avennie; Caprile en Civiltá Católica; Frank Furteer en Allgemeine Zeitung; Le monde, Assomptionisti La Croix; F-X Murphy CSSR bajo el pseudónimo de Xavier Rynne en New York; también algunos libros YVES CONGAR, non journal du concilio)

Documentos 

Tras un largo y duro trabajo, se redactaron 16 documentos, cuyo conjunto constituye una toma de conciencia de la situación actual de la Iglesia y define las orientaciones que se imponen.

Estos documentos son:

Bibliografía

  • Ralf van Bühren: Kunst und Kirche im 20. Jahrhundert. Die Rezeption des Zweiten Vatikanischen Konzils (Konziliengeschichte, Reihe B: Untersuchungen), Paderborn: Ferdinand Schöningh 2008 (ISBN 978-3-506-76388-4)
  • Michael Bredeck: Das Zweite Vatikanum als Konzil des Aggiornamento. Zur hermeneutischen Grundlegung einer theologischen Konzilsinterpretation (Paderborner theologische Studien, 48), Paderborn: Ferdinand Schöningh 2007 (ISBN 978-3-506-76317-4)
  • Alberigo, Giuseppe: Breve storia del concilio Vaticano II (1959–1965), Bologna 2005
  • Chenaux, Philippe: Les agents de la réception de Vatican II. Métodologie et orientations de recherche, in: Annuarium Historiae Conciliorum 33, 2001, S. 426–436

Enlaces externos 

APOLOGÉTICA CATÓLICA IV

APOLOGÉTICA CATÓLICA IV

LA TRADICIÓN

SON MUCHAS las prerrogativas que Roma reclama para si. Nunca las ha reducido en lo más mínimo, al contrario han ido aumentando a través de los siglos. El papa dice que es el vicario de Cristo en la tierra a través de una larga sucesión de papas que, según se dice, comenzó con el apóstol Pedro. La iglesia de la que el papa es cabeza visible debe ser reconocida como la verdadera iglesia católica, de alcance universal, y todas las demás iglesias son cismáticas y en estado de rebelión contra la legítima autoridad. Reclama para si la infalibilidad en asuntos de doctrina y costumbres, lo cual debe ser creído bajo pena de perdición. Solamente ella tiene el derecho de decidir el significado y la interpretación de las santas Escrituras. Sólo en ella hay salvación. Tiene autoridad temporal y espiritual en todo el mundo, y por disposición divina le están sujetos todos los gobiernos tanto civiles como militares. El hecho de que no haya podido poner en práctica esta autoridad, no la invalida en cuanto a ella se refiere.

¿En qué autoridad basa los estupendos poderes que para sí reclama?

Apela en primer lugar a la Sagrada Escritura, pues reconoce su divina inspiración y, por consiguiente, su divina autoridad.

En segundo lugar apela a la tradición y a los pronunciamientos de los diversos papas y concilios de la iglesia.

Consideremos primeramente su apelación a las Santas Escrituras.

La Biblia católico-romana es la Vulgata, que fue traducida al latín por Jerónimo: el Antiguo Testamento, excepto los Salmos, traducido del hebreo, y el Nuevo Testamento del griego. Al finalizar el siglo quince era muy escaso el conocimiento del hebreo y del griego, y donde se leía la Biblia se usaba generalmente la Vulgata, pero algunos miembros del Concilio de Trento, que sabían que la traducción de Jerónimo no era perfecta, quisieron hacer una nueva traducción. El trabajo que esto encerraba era grande y, además, los reformadores protestantes se apoyaban en los textos originales griego y hebreo, de modo que el Concilio acordó por mayoría reconocer un solo texto como su corte de apelación, y este acuerdo recayó sobre la traducción de Jerónimo, que era la comúnmente usada y llevaba ya mil años de existencia. Fue así como llegaron a basarse en la Vulgata latina todas las predicaciones, razonamientos y enseñanzas romanas, así como las notas escritas. La iglesia de Roma no puede alegar autoridad alguna para dejar a un lado los originales griego y hebreo y sustituirlos por la traducción latina como la norma de apelación. Si se establece como norma una sola traducción, es menester reconocer que el traductor debió tener el mismo grado de inspiración divina que los escritores originales. Sin embargo, los mismos romanistas admiten que la Vulgata no es perfecta.

La versión Vulgata de la Biblia incluye también los libros apócrifos, que no fueron traducidos del hebreo sino del griego de los Setenta. Jerónimo, en su lista de los libros canónicos del Antiguo Testamento, no incluye los libros apócrifos, cuya inspiración divina él rechazó. No fue él el responsable de su traducción al latín, y sin embargo fueron incluidos como parte integrante de la versión de la Vulgata. Los apócrifos, en tosías 12:9 y 2 Macabeos 12:46, favorecen las dos doctrinas romanas de la salvación por las obras y las oraciones por los difuntos, ninguna de las cuales se encuentra en las Escrituras canónicas. Esta puede ser la razón para que Roma incluya los apócrifos en la versión romana.

Es muy digno de notarse que los judíos del tiempo de nuestro Señor no aceptaron los apócrifos como divinamente inspirados, y aunque él y sus discípulos citaron del Antiguo Testamento más de trescientas veces en el Nuevo, ni siquiera una vez recurrieron a los escritos apócrifos. En Romanos 3:2 se nos dice que los oráculos de Dios habían sido confiados al pueblo judío. Pero ni nuestro Señor ni sus apóstoles 103 condenaron por rechazar los libros apócrifos. Los padres de la primitiva iglesia tampoco los citan como si estuvieran en el mismo nivel que los libros canónicos. En capítulos sucesivos de este libro examinaremos las citas que Roma hace de los libros canónicos para apoyar sus enseñanzas y doctrinas, y demostraremos que lo que hace no es usar, sino abusar de las susodichas citas.

Entramos ahora en las apelaciones de Roma a la tradición y los concilios de la iglesia.

Gran numero de las doctrinas católico-romanas no tienen apoyo alguno bíblico, pues están fuera del alcance de la revelación divina, y para éstas han buscado otra fuente de autoridad que llaman la tradición y los decretos de los concilios de la iglesia. Roma sostiene que existe un cuerpo de enseñanzas orales, trasmitidas de nuestro Señor y los apóstoles de generación en generación, además de la Palabra de Dios escrita en el Nuevo Testamento.

El Concilio de Trento declara lo siguiente:

“Este Concilio, teniendo en cuenta que esta verdad y disciplina están contenidas tanto en los libros escritos como en las tradiciones no escritas, que han llegado hasta nosotros como recibidas por los apóstoles de los labios del mismo Cristo o trasmitidas por los mismos apóstoles bajo la dirección del Espíritu Santo, siguiendo el ejemplo de los padres ortodoxos, acepta y reverencia con la misma piedad y veneración todos los libros tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento, pues Dios es el autor de ambos, y asimismo las susodichas tradiciones en lo que se relaciona con la fe y las costumbres, ya procedan del mismo Cristo o sean dictadas por el Espíritu Santo y preservadas en la iglesia católica en sucesión continua.”

Además, después de poner la lista de los libros del Antiguo y Nuevo Testamento, en la que aparecen los libros apócrifos, concluye diciendo:

“Cualquiera que no acepte como canónicos todos estos libros y cada una de sus partes, conforme son leídos comúnmente en la Iglesia Católica y están contenidos en la antigua versión Vulgata latina, o desprecie a sabiendas y deliberadamente las mencionadas tradiciones, sea anatema.”

A continuación ponemos juntas las dos fuentes de autoridad romana:

a. El Antiguo y el Nuevo Testamento de la Vulgata, incluyendo los apócrifos, todos ellos en lengua latina, que se han de entender, por consiguiente, según los explica e interpreta la “Santa Madre Iglesia”, conforme ya hemos visto en el capítulo I de este libro.

b. b. Un cuerpo de tradición oral, que se supone ha sido trasmitido de generación en generación en una sucesión ininterrumpida, ya sea directamente del mismo Señor o de los apóstoles iluminados por el Espíritu Santo.

A Roma se le ha instado a declarar en qué consiste ese cuerpo de tradición y qué es lo que contiene aparte de lo que el papado ha hecho público ya, pero nunca lo ha dado a conocer. Es lógico concluir que prefiere conservar en secreto su contenido para poder así recurrir más y más a este depósito oculto, según lo requieran las circunstancias. Esto le trae a uno a la memoria al prestidigitador que saca del sombrero los conejos uno tras otro.

Esto no representa todo el cuadro, sin embargo, ya que se cuenta con los concilios de la Iglesia como otra fuente de autoridad. Todos los sacerdotes deben suscribir, al tiempo de su ordenación, el Credo del Papa Pío IV, que declara:

“También profeso y recibo sin ningún género de duda todo lo que ha sido enseñado, definido y declarado por los cánones sagrados y los concilios generales, y en particular por el santo Concilio de Trento.”

Tenemos, por fin, delante de nosotros todo el fundamento de la autoridad papal, que se ha ido ensanchando más y más en el decurso de los siglos, hasta llegar a ser, según parece, suficientemente amplio para poder sostener toda su pesada estructura.

Debemos observar desde el principio en relación con la tradición que la iglesia romana no posee en realidad mayor información acerca de la mente de Cristo y sus apóstoles que la que poseemos todos los demás cristianos. No existe tampoco evidencia alguna de que se hayan dejado a la iglesia otras tradiciones fuera de las verdades contenidas en el Antiguo y Nuevo Testamentos. La iglesia romana aduce ciertamente algunos pasajes como pruebas. Uno se encuentra en Juan 20:30.

“También hizo Jesús muchas otras señales en presencia de sus discípulos, que no están escritas en este libro.”

Este versículo declara ciertamente que Jesús hizo otras señales o milagros que no se hallan relatados en el Evangelio de Juan. Muchos de ellos se hallaban relatados probablemente en los Evangelios sinópticos, que comenzaron a circular mucho antes que el Evangelio de Juan. Pudo haber otros que no estaban relatados en ningún otro libro; pero, de ser esto así, no exíste la menor indicación de que estas tradiciones orales fueran dadas a los apóstoles para ser trasmitidas de generación en generación como afirma Roma. El versículo siguiente, Juan 20:31, dice:

“Estas empero son escritas para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios; y para que creyendo, tengáis vida en su nombre.”

El relato escrito es, pues, suficiente para dejar establecido el hecho de que Jesús es el Hijo de Dios, y suficiente también para crear y establecer una fe que trae la vida eterna. Ni es ni fue necesaria una tradición suplementaria.

Otros pasajes que se citan son: “así que, hermanos, estad firmes y retened la doctrina que habéis aprendido, sea por palabra, o por carta nuestra” (2 Tes. 2:15).

“Empero os denunciamos, hermanos, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que os apartéis de todo hermano que anduviere fuera de orden, y no conforme a la doctrina que recibieron de nosotros” (2 Tes. 3:6) .

“Y os alabo, hermanos, que en todo os acordáis de mi, y retenéis las instrucciones mías, de la manera que os enseñé” (1 Cor. 11:2).

Aquí encontramos tres referencias a las “tradiciones,” pero estas tres cartas fueron escritas mucho antes de que se formara el canon del Nuevo Testamento, antes de que la primitiva enseñanza oral se pusiera en escrito para formar el Nuevo Testamento. Las epístolas en referencia fueron escritas para confirmar la enseñanza oral que ya se había impartido; pero no fue algo, como sugiere Roma, dado para suplementar las Escrituras ya escritas y en uso, para completar así el cuerpo de la verdad revelada.

Permítaseme aquí considerar uno o dos pasajes más de la Escritura, que demuestran cuan falaz es el recurso que Roma hace a la Escritura, y recordemos, al hacerlo, que estos pasajes están tomados del Nuevo Testamento, cuya autoridad divina reconoce la iglesia católico-romana.

a. Judas 3: “Me ha sido necesario escribiros amonestándoos que contendáis eficazmente por la fe que ha sido una vez dada a los santos.”

La epístola de Judas es una epístola general; no fue dirigida a ningún papa u obispo o iglesia en particular, como, por ejemplo, la iglesia de Roma, sino “a los llamados, santificados en Dios Padre, y conservados en Jesucristo,” es decir, a todos los verdaderos creyentes. “La fe,” por consiguiente, fue dada no a Pedro o a los que dicen ser sus sucesores, sino a todos los creyentes. Además fue dada “una vez,” sin que hubiera necesidad de que las futuras generaciones de papas o concilios eclesiásticos le tuvieran que agregar algo. No puede menos de venir a la mente aquí el solemne aviso que se encuentra al final del Nuevo Testamento, casi sus últimas palabras:

“Yo protesto a cualquiera que oye las palabras de la profecía de este libro: Si alguno añadiere a estas cosas, Dios pondrá sobre él las plagas que están escritas en este libro. Y si alguno quitare de las palabras del libro de esta profecía, Dios quitará su parte del libro de la vida, y de la santa ciudad, y de las cosas que están escritas en este libro” (Apoc. 22:18,19).

Es cierto que la iglesia de Roma niega que haya añadido doctrina alguna a la revelación original, diciendo que lo que ella ha hecho ha sido sacar del tesoro de la tradición apostólica y desarrollarlo bajo la dirección del Espíritu Santo, lo cual es evidentemente falso, porque muchas de las doctrinas llamadas “tradición apostólica” están en abierto conflicto con las verdades reveladas por Dios en la Palabra escrita, y Dios es “el Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación” (Santiago 1:17) .

b. Pedro dice a los creyentes a quienes escribe en I Pedro 1:23:

“Siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios, que vive y permanece para siempre.”

Luego añade:

“Y esta es la palabra que por el evangelio os ha sido anunciada.”

En los Hechos de los Apóstoles encontramos seis sermones o discursos de Pedro, de modo que conocemos el evangelio que él predicó. Ni siquiera en una ocasión se separó en lo más mínimo de las doctrinas que se exponen claramente en el Nuevo Testamento En los sermones de Pedro no hay lugar para las doctrinas que están basadas en la tradición suplementaria de la palabra escrita, y sin embargo, su evangelio fue suficiente, con el poder del Espíritu Santo, para conducir a miles de oyentes a la experiencia de un nuevo nacimiento.

c. En 2 Tim. 3:16, 17, leemos también:

“Toda Escritura es inspirada divinamente y útil para enseñar, para redarguir, para corregir, para instituir en justicia, para que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente instruido para toda buena obra.”

¿Qué necesidad tenemos de añadir la tradición oral si las Santas Escrituras no sólo pueden hacernos sabios para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús (2 Tim. 2:15), sino que pueden hacernos también perfectos, enteramente instruidos para toda buena obra?

Nuestro Señor ahuyentó al diablo tres veces, anteponiendo a cada una de sus citas del Antiguo Testamento el “Escrito está” (Mat. 4:4, 7 y 10). El desconcertó a los que ponían en duda su misión mesiánica con palabras tomadas de las Escrituras del Antiguo Testamento (Mat. 22:41-46), y consoló a sus desalentados y perplejos discípulos declarándoles “en todas las Escrituras lo que de él decían” (Luc. 24:2527). Pero reprendió severamente a los fariseos porque “habéis invalidado el mandamiento de Dios por vuestra tradición” (Mat. 15:6) y porque aun traspasaban el mandamiento (Mat. 15:3). En contra de ellos citó las palabras del profeta Isaías:

“Este pueblo de labios me honra; mas su corazón lejos está de mí. Mas en vano me honran, enseñando doctrinas y mandamientos de hombres” (Mat. 15:8-9).

A medida que vamos avanzando en este libro, observáremos que esto es precisamente lo que Roma está haciendo. Ella culpa a los protestantes de corromper y pervertir la Palabra, y es ella la culpable de este vil pecado.

El extracto siguiente está tomado de un libro titulado “The Question Box” (Buzón de Preguntas), escrito por Bernard Conway de los Padres Paulistas, con la autorización del Superior General de la Orden, el “Censor Librorum” y con el imprimatur del Cardenal Hayes, arzobispo católico-romano de Nueva York en 1929. En la página del título se dice que han sido impresos más de tres millones de ejemplares.

La pregunta es como sigue: “¿No es la Biblia la única fuente de nuestra fe, el único medio por el que han llegado hasta nosotros las enseñanzas de Cristo?”

Respuesta:

“No. La Biblia no es la única fuente de fe como afirmó Lutero en el siglo dieciséis, porque sin la interpretación de un apostolado de enseñanza divina e infalible distinto de la Biblia, no hubiéramos podido saber con certeza divina qué libros constituían las Escrituras inspiradas, o si los ejemplares que hoy poseemos están conformes con los originales. La Biblia de por sí no es más que letra muerta, que clama por un intérprete divino; no está dispuesta en una forma sistemática como un credo o un catecismo; con frecuencia es oscura y difícil de ser entendida como dice San Pedro hablando de las epístolas de Pablo (2 Pedro 3:16. Compárese con Hechos 8:30, 31); se presta a falsas interpretaciones. Además un número de verdades reveladas han llegado hasta nosotros solamente por tradición divina.”

Aquí Roma se pone de manifiesto, pues se arroga a sí misma el título de “apostolado de enseñanza divina e infalible, distinta de la Biblia.”

Frente a lo que ella dice de que “la Biblia de por sí es letra muerta,” coloquemos el pasaje de Hebreos 4:12:

“Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más penetrante que toda espada de dos filos: y que alcanza hasta partir el alma, y aun el espíritu, y las coyunturas y tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.”

¿De qué lado nos colocamos?

Herodes quería ver a Jesús –

Herodes quería ver a Jesús – 

Descargar (Herodes-queria-ver-a-jesus.pdf)

San Isaac de Siria (siglo VII) monje de Ninive, actual Mossoul (Iraq)
Discursos espirituales, primera serie, Nº 20

Herodes quería ver a Jesús –   ¿Cómo pueden los seres creados contemplar a Dios? La visión de Dios es tan terrible que el mismo Moisés dice que tiembla de temor. En efecto, cuando la gloria de Dios aparece en la tierra, en el monte Sinaí (Ex 20) la montaña echa humo y tiembla ante la inminente revelación. Los animales que se acercan a la falda de la montaña morían. Los hijos de Israel se habían preparado: se habían purificado durante tres días según la orden de Moisés, para ser dignos de oír la voz de Dios y de ver su manifestación. Cuando llegó el tiempo no pudieron ni asumir la visión de su luz ni soportar el trueno de su voz terrible.

Pero ahora, cuando Dios ha derramado su gracia en su venida, ya no es a través de un terremoto, ni en el fuego, ni en la manifestación de una voz terrible y fuerte que ha bajado, sino como el rocío sobre el orvalle. (Jue 6,37), como un gota que cae suavemente sobre la tierra. Ha venido a nosotros de manera diferente. Ha cubierto su majestad con el velo de nuestra carne. Ha hecho de ella un tesoro. Ha vivido entre nosotros en esta carne que su voluntad se había formado en el seno de la Virgen María, para que, viéndolo de nuestra raza y viviendo entre nosotros, no nos quedáramos turbados contemplando su gloria. Por esto, los que se han revestido con el vestido con que el Creador apareció entre nosotros, se han revestido de Cristo mismo. (Gal 3,27) Han deseado llevar en su persona interior (Ef 3,16) la misma humildad con la que Cristo se manifestó a su creación y ha vivido en ella, como se manifiesta ahora a sus servidores. En lugar del vestido de honor y de gloria exteriores, éstos se han revestido de su humildad. 

“Obras todas del Señor, bendecid al Señor”.-

“¡Señor, dueño nuestro, qué admirable es tu nombre en toda la tierra!” (Sal 8, 2).

Gracias de la visita

Rema lago adentro….

Rema lago adentro….

San Ambrosio (hacia 340-397) obispo de Milán, doctor de la Iglesia

 

Tratado sobre el evangelio de San Lucas, IV, 71-76; SC 45, Pág. 180

“Rema lago adentro y echad vuestras redes para pescar.” (Lc 5,4)

“Rema lago adentro”, es decir en la alta mar de los debates. ¿Hay abismos comparables a “…la profanidad de riqueza, de la sabiduría y de la ciencia de Dios” (cf Rm 11,33) a la proclamación de la filiación divina?… La Iglesia es conducida por Pedro en la alta mar del testimonio, para contemplar al Hijo de Dios resucitado y al Espíritu derramado.

¿Cuáles son las redes que Cristo manda a los apóstoles de echar al agua? No es el conjunto de las palabras, los discursos, la profanidad de los argumentos que no dejan escapar a los que se han quedado en sus redes? Estos instrumentos de pesca de los apóstoles no hacen perecer a la presa sino que la conservan, la salvan de los abismos y la sacan a la luz, conduciéndola de los fondos bajos hacia las alturas…


“Maestro, dice Pedro, hemos estado toda la noche faenando y no hemos cogido nada, pero puesto que tú lo dices, echaré las redes.” (Lc 5,5)  Yo también, Señor, sé que para mí es de noche si tú no me guías. Todavía no he convertido a nadie por mis palabras, todavía es de noche. He hablado el día de la Epifanía; he echado las redes y no he pescado nada. He echado las redes de día. Espero que tú me mandes echar las redes. A tu palabra la volveré a echar. La confianza en uno mismo no vale nada mientras que la humildad es fecunda. Los apóstoles, que hasta entonces no habían pescado nada, a la voz del Señor, capturaron una gran cantidad de peces.

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