No vengas con la manos vacías.


No vengas con la manos vacías.

15 de septiembre

“Todos los varones deberán presentarse tres veces al año ante el Señor. Nadie deberá presentarse ante el Señor con las manos vacías.” Deuteronomio 16:6

Vacías

Después de largos años de caminar por el desierto, el pueblo de Israel estaba por entrar en la tierra prometida, y muchas cosas iban a cambiar. A partir de la conquista, cada tribu tendría su región geográfica y cada familia sus pueblos y ciudades para vivir. El pueblo dejaría de moverse como una unidad compacta, y pasaría a ser como cualquier otra nación.

Eso modificaba mucho la forma de comunicación. Hasta ahora, Dios le decía algo a Moisés y este se lo comunicaba a todo el pueblo. En aquellos días no había Internet, ni mensajitos por celular, ni tecnología 3G. La comunicación era mucho más lenta. Por eso Dios, les deja esta regla al pueblo. Era necesario que se junten para fortalecer sus vínculos religiosos.

Dios había determinado que hubiera tres fiestas nacionales para el pueblo, a las que estaban todos obligados a asistir. No importaba cuan lejos vivieran, cada israelita debía asistir a estas fiestas
nacionales. Eran fiestas que duraban una semana, y debían ser celebradas en la ciudad de David. Era una convocatoria para la alegría, la comunión, el esparcimiento y la unidad de la nación.

Pero lo más importante es que estas fiestas eran una convocatoria que Dios hacía para que el pueblo se acercara a Él. Era su momento personal con Dios. Solo tres fiestas en el año. Tres semanas de cincuenta y cuatro eran las que Dios pedía.

Pero nadie podía llegar con las manos vacías. No importaba la condición social, ni los problemas de cada uno. La fiesta era una excusa para el verdadero motivo del encuentro. Venían a encontrarse con Dios, no podían llegar con las manos vacías. Aquel que los invitaba, y que deseaba pasar las fiestas con ellos, era Dios mismo, y por lo tanto, merecía respeto y consideración.

Hoy si vas a una fiesta de cumpleaños, le llevás un regalo al homenajeado. No caes en la fiesta con las manos vacías. Dios esperaba que su pueblo Israel hiciera lo mismo. Y que cada vez que eran convocados a las fiestas de Dios trajeran un regalo para Él.

Pasaron muchos miles de años, y Dios sigue esperando. Cada domingo nos espera en Su Casa y nos invita a una fiesta. La fiesta de Su Comunión.

REFLEXIÓN – No vengas con la manos vacías.

Un gran abrazo y bendiciones

Dany

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