No seas como los 56

No seas como los 56.

31 de agosto

“Entre estos jóvenes se encontraban Daniel, Ananías, Misael y Azarías, que eran de Judá.” Daniel 1:6

La elite de los jóvenes del pueblo de Israel había sido llevada cautiva a Babilonia. Eran los adolescentes de la familia real y de la nobleza. Lo mejor de la juventud de Israel fue lo que seleccionó Nabucodonosor para formar parte de su grupo principal de consejeros.
Y el rey de Babilonia los pone a prueba para ver como se adaptaban a sus nuevas responsabilidades.

Dentro de este grupo estaban estos cuatro muchachos. Todos provenían del mismo origen, de la misma clase social, de la misma cultura. Todos conocían muy bien las exigencias de Dios. Dicen los historiadores que este grupo era como de 60 jóvenes. Y a todos ellos, Nabucodonosor les asignó una ración de la comida del rey y un instructor para capacitarlos.

Tenían una oportunidad única en la historia. En lugar de ser esclavos, si aprobaban el examen, podrían ser ejecutivos del reino, tener algún cargo importante, rodearse de influencias y tener un buen pasar. A diferencia de todo el resto del pueblo, estos jóvenes tenían la oportunidad de lograr un futuro mejor.

De este grupo de 60 jóvenes, solo 4 eligieron no contaminarse con la comida del rey, y mantenerse puros. Era una decisión casi suicida. Ellos eran casi niños, y se estaban revelando contra el sistema más
poderoso de la tierra. No solamente podrían perder la oportunidad de lograr un futuro prometedor. Ellos se estaban jugando la vida, por un tema de la comida.

¿Sabes que se sabe de los otros 56 jóvenes? NADA. Aquellos que se adaptaron al sistema, que trataron de ser más abiertos y acomodarse, pasaron por la historia sin dejar rastros, se ahogaron en la mediocridad de la conveniencia.

Solo los cuatro jóvenes que decidieron no comer de la comida del rey, tuvieron éxito, poder, y victoria. Pero no lo obtuvieron por la comida que comieron. Su éxito fue consecuencia de su respeto y temor de Dios. Más allá de las comidas que estaban prohibidas, ellos deseaban agradar a su Dios.

Hoy también tenés que elegir. Tenés que vivir en contra del sistema más poderoso del planeta. Dios te está pidiendo que seas santo y el sistema de este mundo quiere envolverte en la seducción del pecado. Vos tenés que elegir como vivir. La mediocridad y la conveniencia te alejan de Dios. Marcá la diferencia. Viví santo.

REFLEXIÓN – No seas como los 56.

Un gran abrazo y bendiciones

Dany

¿Estamos predestinados?

No nos ha puesto Dios para ira, sino para alcanzar salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo.
1 Tesalonicenses 5:9

Dios… soportó con mucha paciencia los vasos de ira… y para hacer notorias las riquezas de su gloria, las mostró para con los vasos de misericordia que él preparó de antemano para gloria.

Romanos 9:22-23

¿Estamos predestinados?

La palabra destino, utilizada frecuentemente, oculta cierto malestar en forma de excusa: –Es mi destino, no es mi culpa.
Es cierto que el hombre no tiene poder para dirigir los acontecimientos que debe vivir, pero es responsable de conducirse correctamente a través de lo que le sucede. No es un títere o robot manipulado contra su voluntad. El destino no es inevitable y ciego. Cuando la Biblia habla de “predestinación” da a entender que Dios conoce todo de antemano. Sabe lo que va a influir en el curso de mi existencia y de qué manera me voy a comportar en tal o cual circunstancia. Por ejemplo, Él sabe si voy a aceptar el don que me hace en la persona de Jesucristo, su salvación y la vida eterna, o si prefiero volverle la espalda y merecer su ira. Sin embargo, soy yo el que tiene la responsabilidad de escoger. Mi orgullo me impele a resistir a Dios, pero su amor me impulsa a aceptar a Jesús como Salvador.
Si rehúso ese don de tan gran valor, sufriré las consecuencias: el juicio eterno a causa de mis pecados. Si lo acepto, sumergido por su amor, sólo podré decir: soy salvo por su gracia; pues la salvación es un “don de Dios”.
El cristiano tiene un destino: un hermoso porvenir en la presencia de Dios, la felicidad eterna en la “casa del Padre”.


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Ateos Modernos: Nueva Arma en Afganistán

Ateos Modernos: Nueva Arma en Afganistán

Misión: Convencer al Talibán y Al Qaida de que Alá no existe

Autor:Anónimo

Islamabad, Setiembre 1, 2008 (Reuters)

Las fuerzas aliadas en Afganistán han anunciado un plan para infiltrar las zonas en conflicto de Afganistán y Pakistán con fuerzas especiales integradas por Richard Dawkins, Christopher Hitchens, Sam Harris, y otros ateos de la “nueva ola”. A este grupo, llamado AAA (Ateos al Ataque) se le unirá un número de filósofos existencialistas franceses, miembros de la brigada Jean Paul Sartre.

La misión de estos será destruir la moral de los militantes del Talibán y Al Qaida al probarles que Alá no existe. El regimiento AAA tendrá como objetivo principal organizar conferencias en las cuales Dawkins y Hitchen concentrarán sus esfuerzos en demostrar que si Alá existiera, éste sería un dios muy cruel ya que permite que todos los afganos nazcan con cara de terroristas, sumidos en la pobreza y con un olor a sobaco insoportable.

Sam Harris, que ha probado ser el más agresivo y burlón de los tres, disertará sobre la repugnante costumbre de beber orines de camello aconsejada por Mahoma a sus seguidores. La disertación, titulada ¿Pichí o no pichí? That is the question, por seguro despertará el rechazo de las poblaciones tribales del área hacia la religión del islam (y sin duda a los orines de camello).

Finalmente, los tres cancerberos del ateísmo moderno intentarán destruir  definitivamente al islam con su teoría “Traseros bien pateados”, la cual sostiene que si Alá realmente existiera los judíos no hubieran derrotado  vergonzosamente a los árabes cada vez que quisieron invadir Israel.

A su vez, los integrantes del temido escuadrón Jean Paul Sartre, conocidos también como los “Chartreuse Berets”, serán infiltrados para difundir desaliento, plantar dudas y confundir al enemigo.

La primera misión de esta experimentada brigada francesa será la de establecer varios café concerts  en puntos estratégicos de las montañas. Allí se beberá café, rodajas de queso camembert, se fumará y se hablará animadamente de la absurda naturaleza de la vida y del terrible aislamiento del hombre en el universo.

Estos soldados intelectuales será acompañados por mujeres despampanantes, las cuales infundirán mas frustración y descontento en el enemigo al introducir su lengua en los oídos de los filósofos cada cinco minutos. Mientras que hacen esto, por supuesto que darán la impresión o tendrán un aire de ser inalcanzables y remotas para los locales que visiten los cafés.

El líder del escuadrón, coronel Marc-Ange Belmondo, informó ayer de su confianza en el éxito de la misión. Belmondo, un graduado de la Sorbona de aspecto descuidado y vestido con un rompeviento negro, encendió un cigarrillo, y luego de una bocanada de humo larga, dijo: “El Talibán se encuentra atrapado dentro de una falacia lógica de dimensiones ridículas. Alá no existe y puedo probarlo. ¡Quita tu lengua de mi oído, Juliette, estoy hablando!”.

Marc Ange se propone también entregar su desapasionada tesis en el tema del nauseabundo pero inescapable libre albedrío del hombre, con referencias especiales a la obra de Foucault, los filmes de Alfred Hitchcock y la existencia de George W. Bush, lo que el llamó “la más grande de todas las absurdidades humanas”.

Sin embargo, varias agencias humanitarias rápidamente denunciaron la operación como inhumana, señalando que los efectos secundarios de los cigarrillos fumados por los comandos franceses podrían causar estragos entre los civiles de la zona.

Hasta anoche se especulaba que los británicos podrían contribuir al esfuerzo arrojando en paracaídas al profesor Stephen Hawking para propagar en Afganistán su teoría non-teísta sobre la creación del universo. El Dr. Hawking no fuma, lo que podría aplacar la protesta de las organizaciones humanitarias.

Información de último momento implica que el pensador ateo argentino, Ladislao Vadas podría unirse a la misión. Vadas acaba de finalizar la traducción al idioma pérsico de sus libros “Razonamientos Ateos”, “El Origen de las Creencias” (donde no explica el origen de su propia creencia), y su reciente obra, “Che boludo que creés en Alá”. Con la venta de este material, Vadas espera asestar un golpe mortal a la religión islámica. <>

SEOL

SEOL

Palabra hebrea que designa el lugar adonde van los muertos (Dt 32.22; Is 14.9, 11, 15). No es el destino solamente de los perdidos, sino el estado intermedio de todos los muertos. La muerte en el Antiguo Testamento lleva consigo el sentido de entrar en un lugar de sombra (Job 38.17), donde el hombre ya no tiene fuerza (Sal 88.3, 4), y donde está olvidado (Sal 88.5). No obstante, los habitantes del Seol tienen conciencia y reciben a los nuevos muertos que entran en el lugar (Is 14.9). El equivalente griego es Hades, palabra con que se traduce Seol en la Septuaginta.

En algunos pasajes bíblicos parece que el Seol es el lugar adonde van los condenados, en contraste con el cielo. Amós 9.2 dice: «Aunque cavasen hasta el Seol … y aunque subieren hasta el cielo». Job 11.8 y Sal 139.8 repiten la misma idea. Sin embargo, estos pasajes no hacen una distinción escatológica de los distintos destinos de los muertos, sino que indican los puntos geográficos opuestos en la dimensión vertical que imaginaba la mentalidad humana de la época (en aquel entonces se conceptuaba la ubicación del Seol como la parte baja de la tierra). Equivale a la oposición horizontal de «oriente y occidente» (Sal 103.12).

Ciertamente algunos textos indican que los malos van al Seol como castigo (Sal 9.17; 55.15; Pr 23.14), pero esto tal vez se explica por la doctrina bíblica de que la muerte es resultado del pecado (Ro 6.23). Parece que el castigo en sí no es ir al Seol sino morir y entrar en el Seol prematuramente.

Se debe distinguir el uso figurado del Seol en muchos pasajes como Sal 116.3 («Me encontraron las angustias del Seol») y Jonás 2.2 (donde el Seol equivale al vientre del pez).

Hay varios sinónimos de Seol en el Antiguo Testamento: «abismo» (Is 14.15), «sepulcro» (Sal 88.4), «Abadón» (Job 26.6), «lugar de corrupción» (Sal 16.10). Ninguno de estos pasajes requiere la interpretación de que sea lugar de castigo.

Es de notar que el Antiguo Testamento no da enseñanza clara sobre las condiciones en el Seol, tampoco acerca de castigo ni de corona. Sin embargo, Dahoad (Psalms III, Anchor Bible, pp. 304–305) sugiere que se encuentra los inicios de la doctrina del infierno en textos como Sal 140.10; Job 15.30; 20.26.

En la literatura judaica posterior al Antiguo Testamento, vemos el desarrollo de la idea de que el Seol está dividido en dos partes, una para los justos y otra para los injustos, dentro del mismo estado preliminar al destino final (Enoc 22.1–14). Es posible que Dn 12.2 refleje este mismo concepto, puesto que los muertos que «duermen en el polvo de la tierra» posteriormente «serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua».

Nunca se usa la palabra Seol en el Antiguo Testamento como la morada de Satanás y de los ángeles caídos.

Nelson, Wilton M., Nuevo Diccionario Ilustrado de la Biblia, (Nashville, TN: Editorial Caribe) 2000, c1998.

Sos eterno, ojo.

Sos eterno, ojo.

29 de agosto

“Dios hizo todo hermoso en su momento, y puso en la mente humana el sentido del tiempo, aun cuando el hombre no alcanza a comprender la obra que Dios realiza de principio a fin.” Eclesiastés 3:11

Nos acostumbramos a vivir el momento. Solo importa el aquí y ahora. A partir del renacimiento, cuando la figura del hombre se volvió más importante que Dios, el ser humano ha ido desplazando a Dios de las
facetas de su vida, hasta casi olvidarse de Él. Cuando mis padres iban al colegio, era habitual tener alguna materia religiosa. Hoy hablar de religión en algunas escuelas de algunos países está expresamente prohibido.

Cada vez, las personas se vuelven menos creyentes, y cada vez proliferan más los que se denominan ateos. Personas que no creen en Dios. Que solo creen en su existencia presente y que piensan que con la muerte todo se acaba. He tenido un amigo extremadamente ateo y evolucionista. Hoy él sigue pensando que la religión es el opio de los pueblos (como dijo Marx), que solo sirve para darles algo de esperanza a las personas fracasadas, a los débiles, a los que no tienen futuro, a los desvalidos.

La religión no es para los exitosos, para los profesionales, para los adinerados, para los hombres de negocios. Estas personas tienen su confianza en sus logros, en sus estudios, en su dinero, en su influencia o en sus contactos. Y eso los aleja aún más de Dios.

Pero Salomón nos deja esta frase, que rebate todo argumento lógico. Dios puso en la mente del hombre el sentido de eternidad, de tiempo infinito, de algo del más allá. Es un pensamiento que el hombre no puede alcanzar a comprender, que excede su conocimiento y por eso trata de negarlo. Porque le da miedo el más allá. Un famoso ateo del siglo XIX,Nietzsche, dijo antes de morir: “La muerte es un salto al vacio”. A pesar que había predicado toda su vida que después de la muerte no había nada, cuando le llegó el momento, había miedo en su mirada. No sabía a que atenerse.

Hay en el corazón del hombre el concepto de eternidad. Porque el hombre es un ser transcendente que tiene un alma que traspasa el umbral de la muerte. Esta vida dura como mucho 90 años, la eternidad no tiene fin. ¡Que podamos estar preparados para enfrentarla de la mejor manera!

REFLEXIÓN – Sos eterno, ojo.

Un gran abrazo y bendiciones

Dany

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Mas allá de la fe ciega

Mas allá de la fe ciega

por Paul E. Little
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Es imposible para nosotros saber si Dios existe o cómo es, a menos que El decida revelarse a sí mismo.

Debemos buscar en el horizonte de la historia para ver si hay alguna pista acerca de la revelación de Dios. Hay una pista muy clara. En una obscura villa de Palestina, casi 2000 años atrás, un niño nació en un establo. Hoy, el mundo entero sigue celebrando el nacimiento de Jesús.

El vivió en la oscuridad hasta los 30 años, y entonces empezó un clero publico que duró 3 años. Está destinado a cambiar el curso de la historia.

El era una persona excepcional y siempre nos han dicho ” La gente común lo ha oído gustosamente.

Y, “El habló como Alguien que tiene autoridad, y no como los maestros de leyes” (Mateo 7:29).

Jesús dijo que El era el hijo de Dios.

Pronto fue evidente, sin embargo, que El estaba haciendo aseveraciones preocupantes acerca de El mismo. El empezó a identificarse como algo superior a un reconocido maestro o un profeta. El empezó a decir claramente que El era Dios. El hizo su identidad el punto central de sus enseñanzas. La pregunta mas importante que El le hizo a sus seguidores fue, “Quién dirías que soy yo?” Cuando Pedro respondió y dijo “Tu eres Cristo, el hijo viviente de Dios” (Mateo 16:15-16, Jesús no estaba en shock, tampoco reprendió a Pedro. Al contrario, El lo alabó.

El hizo la afirmación explícitamente, y sus oyentes tuvieron todo el impacto de sus palabras. Nos dicen “Los Judíos trataron de matarlo arduamente; no solo estaba rompiendo el Sabbath, también estaba llamando a Dios, su propio padre, haciéndose El mismo igual a Dios” (Juan 5:18).

En otra ocasión el dijo, ” Yo y el Padre somos uno”. Inmediatamente los Judíos quisieron apedrearlo. El les preguntó por cual buen trabajo querían matarlo. Ellos respondieron, “No te estamos apedreando por tus acciones sino por tu blasfemia, por que tú, un simple hombre, reclama ser Dios” (Juan 5:18).

Jesús claramente reclama atributos que solo Dios tiene. Cuando un hombre paralítico fue bajado del techo deseoso de ser curado por El, El dijo, “Hijo, tus pecados te han sido perdonados”. Esto causó una gran conmoción entre los maestros religiosos, quienes decían en sus corazones, “¿Por qué El habla así?” El esta blasfemando! ¿Quién puede perdonar los pecados sino solo Dios?”.

En el momento crítico en el que Su vida estaba al filo de la muerte, el sacerdote más alto le preguntó a El directamente: “Eres tú Cristo, el hijo del Bendecido”.

“Yo soy”, dijo Jesús. “Y tu verás al hijo del hombre sentado a la derecha del Omnipotente y viniendo de las nubes del cielo.”

El sacerdote desgarró sus ropas. “Por qué necesitamos mas testigos?” El pregunto.”Ustedes han oído la blasfemia” (Marcos 14:61-64).

Tan cercana era la conexión con Dios que adecuó una actitud para El mismo con la actitud que tomaba para con Dios. Por lo tanto, conocerse era conocer a Dios (Juan 12:45, 14:9). Creer en El era creer en Dios (Juan 12:44, 14:1). Recibirlo era recibir a Dios (Marcos 9:37). Odiarlo era odiar a Dios (Juan 15:23). Y honorarlo era honorar a Dios (Juan 5:23).

Hablar es fácil. Cualquiera puede reclamar algo…
Pero para Jesús de Nazareth, no fue tan simple.
El tuvo las pruebas que respaldaron sus aseveraciones.

Solo 4 posibilidades.
Cuando encaramos las aseveraciones de Cristo, solo hay 4 posibilidades. El era un mentiroso, un lunático, una leyenda o la verdad. Si decimos que El no era la verdad, estamos automáticamente afirmando una de las 3 posibilidades restantes, nos demos o no nos demos cuenta.

Una posibilidad es que Jesús mintiera cuando dijo que era Dios – en otras palabras, que El sabia que no era Dios, pero deliberadamente engañó a sus oyentes para darle autoridad a sus enseñanzas. Pocos si no es que nadie, sostuvieron esta posición. Incluso aquellos que niegan Su deidad afirman que El era un gran maestro de la moral. Ellos no pudieron darse cuenta que esas 2 afirmaciones son contradictorias. Jesús difícilmente pudo ser un gran maestro de la moral, en el punto mas crucial de sus enseñanzas – su identidad- el era deliberadamente un mentiroso.

Otra posibilidad es que El haya sido sincero pero se mintiera a sí mismo. Hoy en día tenemos un nombre para las personas que piensan ser Dios. Ese nombre es lunático, y ciertamente ese nombre se aplicaría a Cristo si hubiera sido mentiroso en este tema tan importante. Pero veamos la vida de Cristo, vemos que no hay evidencia de anormalidad o desequilibrio como el que vemos en una persona trastornada. En vez de eso, encontramos la mejor compostura bajo presión.

La tercera alternativa es que todo lo que se habla acerca de sus afirmaciones acerca de ser Dios son una leyenda – o sea, que lo que en verdad pasó fue que sus entusiastas seguidores, en el tercero y cuarto siglo, pusieron palabras en la boca de Jesús, palabras que a El le hubiera trastornado oír. De haber regresado, El hubiera inmediatamente repudiado esas palabras.

La teoría de la leyenda ha sido significativamente repudiada por muchos descubrimientos de la arquitectura moderna. Esto ha mostrado que las 4 biografías de Cristo fueron escritas dentro del tiempo de vida de los contemporáneos de Cristo. Tiempo atrás, el Dr. William F. Albright, famoso arqueólogo ahora retirado de la universidad de Johns Hopkins, dijo que no hay razón para creer que alguno de los evangelios fue escrito después del año 70 después de Cristo. Para una simple leyenda acerca de Cristo, en forma de evangelio, para ganar la circulación y para tener el impacto que tuvo, sin ningún pedazo de papel que lo respaldara, es increíble.

Para que esto pudiera pasar tan fantásticamente para alguien de nuestro tiempo que escribiera una biografía de John F. Kennedy y decir que el afirmó que era Dios, por perdonar los pecados de la gente, y por regresar gente de la muerte. Tal historia es tan extraña que nunca despegaría del suelo porque todavía hay demasiada gente viva que conoció a Kennedy. La teoría de la leyenda no es consistente con la fecha de los manuscritos evangélicos.

La única alternativa es que Jesús haya hablado con la verdad.

Desde mi punto de vista, sin embargo, las afirmaciones no significan mucho. Hablar es barato. Cualquiera puede hacer afirmaciones. Ha habido otros que han afirmado ser Dios. Yo puedo afirmar que soy Dios, y ustedes también pueden, pero la pregunta que todos tenemos que responder es, “Qué pruebas tenemos para respaldar tales afirmaciones?”

En mi caso no te tomaría mas de 5 minutos desaprobar mi afirmación. Y posiblemente no tome mucho tiempo para desacreditar la de cualquier otra persona. Pero tratándose de Jesús de Nazareth no es tan simple. El tenía las pruebas que lo respaldaban. El dijo, “Aunque no me crean, crean la evidencia de los milagros, que ustedes aprendan y entiendan que el Padre esta en mí, y yo soy el Padre” (Juan 10:38).

Las credenciales de Jesús.

Primero, su carácter moral coincidió con sus afirmaciones. Muchos internos en asilos afirman ser celebridades o deidades. Pero sus afirmaciones son creídas por sus caracteres. No fue el caso de Cristo. El fue único – como único es Dios.

Jesucristo no tenía pecados. El calibre de su vida fue tal que podía retar a sus enemigos con la pregunta, “Alguien puede probar que soy culpable de algún pecado?” (Juan 8:46). Fue recibido con el silencio, incluso cuando hizo esta pregunta a aquellos que querían señalar faltas es su carácter.

Hemos leído acerca de las tentaciones de Jesús, pero nunca hemos oído de confesiones de pecados por su parte. El nunca pidió perdón, a pesar de que pidió a sus seguidores que lo hicieran. Esta ausencia de cualquier falta moral por parte de Jesús es impresionante.

Cuanto más se acercan hombres y mujeres a Dios, más agobiados están con sus propias faltas, corrupciones y defectos. Entre más cerca se esté de una brillante luz, más nos damos cuenta que necesitamos un baño. Esto es cierto también para mortales ordinarios.

Es también abrumador que Juan, Pablo y Pedro, los cuales fueron entrenados desde la infancia a creer en la universalidad del pecado, todos hablaron de la ausencia de pecado en Cristo: “El no cometió ninguna falta, y ninguna mentira fue encontrada en su boca” (1 Pedro 2:22).

Pilatos, enemigo de Jesús, dijo, “Qué demonios ha hecho él?” El implícitamente reconoció la inocencia de Cristo. Y el centurión romano que presenció la muerte de Cristo dijo, “Seguramente él fue el hijo de Dios” (Mateo, 27:54).

Cristo demostró poder sobre las fuerzas naturales las cuales solo podían pertenecer a Dios, el Autor de esas fuerzas.

El calmó una tormenta de viento y olas en el mar de Galilea. Al hacer esto, el provocó en la gente de la balsa la pregunta: “Quién es El? Hasta el viento y las olas lo obedecen!” (Marcos 4:41) El transformó agua en vino, alimentó a 5000 personas con 5 panes y 2 pescados, dio a una pobre viuda de regreso a su hijo desde la muerte, y trajo de vuelta a la hija muerta de un padre. A un viejo amigo el dijo: “Lázaro, regresa!” y dramáticamente volvió a la vida. Significativamente sus enemigos no negaron este milagro. Sin embargo, trataron de matarlo. “Si dejamos que siga así” ellos dijeron “todos van a creerle” (Juan 11:48).

Jesús demostró el poder del creador por encima de la enfermedad y la muerte. El hizo que el inválido caminara, que el mudo hablara, y que el ciego viera. Algunas de sus curaciones fueron de problemas congénitos no susceptibles a cura psicosomática. La mas impresionante fue la del ciego la cual está descrita en Juan 9. Aunque el hombre no pudo contestarle a sus especuladores cuestionadores, su experiencia fue suficiente para convencerlo. “Una cosa que se es, yo era ciego y ahora puedo ver!” declaró. El estaba impresionado que sus amigos no reconocieran a este curador como el hijo de Dios. “Nadie ha oído de alguien que abriera los ojos de un hombre que nació ciego”, el dijo (Juan 9:25, 32). Para El la evidencia era obvia.

La mejor credencial de Jesús para autentificar sus afirmaciones de deidad fue la resurrección de la muerte. Cinco veces en el curso de su vida el predijo que moriría y que 3 días después El regresaría de entre los muertos y se aparecería ante sus discípulos.

Seguramente ésta fue la prueba mas grande. Fue una afirmación que era fácil de verificar. Eso iba o no a pasar.

Amigos y enemigos de la fe cristiana han reconocido la resurrección de Cristo como la base de la fe. Pablo, el gran apóstol, escribió, “Si Cristo no hubiera resucitado nuestras plegarias serían inútiles y también la fe” (1 Corintios 15:14). Pablo dejó todo el caso en la sola resurrección de Cristo. El resucitó o no. Si lo hizo, fue el evento más sensacional de todos los tiempos.

Si cristo resucitó, sabemos con seguridad que Dios existe, cómo es y cómo podemos conocerlo en una experiencia personal.

Solo una pieza de museo?

Por otro lado, si Cristo no resucitó, el cristianismo es una interesante pieza de museo – nada más. No tiene validez objetiva o realidad. Solo es un bonito pensamiento, ciertamente no vale la pena involucrarse mucho en esto. Los mártires que fueron cantando hacia los leones, y misioneros contemporáneos quienes han dado la vida en el Ecuador y el Congo llevando este mensaje a otros, han sido unos pobres engañados.

El ataque de la cristiandad por sus enemigos se ha concentrado en la resurrección porque claramente se ve que éste evento es crucial en el asunto. Un ataque sobresaliente fue uno contemplado en la década de los 30 por un joven abogado Británico. El estaba convencido que la resurrección era inventada y era solo fantasía. Teniendo en cuenta que esa era la base de la fe cristiana, el decidió hacerle un favor al mundo exponiendo este fraude y superstición. Como abogado, él sintió que tenía las facultades para mostrar la evidencia y no admitir evidencia que no cumpla con los criterios para ser admitido en una corte de hoy en día.

Sin embargo, mientras Frank Morrison estaba haciendo su investigación, algo sorprendente pasó. El caso no era tan fácil como lo supuso. Como resultado, el primer capítulo de su libro, Quién movió la piedra? se titula, “El libro que se rehusó ser escrito”. En él, él describe cómo, al examinar la evidencia, empezó a persuadirse en contra de este deseo, por el hecho de la resurrección de Cristo.

Muerte y entierro de Jesús.

La muerte de Jesús fue una ejecución pública en una cruz. El gobierno dijo que era por blasfemia. Jesús dijo que iba a pagar por nuestros pecados. Después de ser severamente torturado, las muñecas y los pies de Jesús fueron clavados en una cruz donde quedó colgado, eventualmente muriendo lentamente sofocado. Una espada fue enterrada en un costado para confirmar Su muerte.

El cuerpo de Jesús fue envuelto en lino cubierto por aproximadamente 100 libras de especies húmedas. Su cuerpo fue puesto en una tumba de roca sólida, y un rodado de 2 toneladas fue expandido para asegurar su entrada. Debido a que Jesús había dicho públicamente que iba a regresar de la muerte en 3 días, un guardia de soldados romanos se estacionó en la tumba. Y un letrero oficial romano fue puesto en la entrada de la tumba declarándola como propiedad gubernamental.

A pesar de esto, 3 días después el cuerpo había desaparecido. Solo quedaron los linos, en la forma del cuerpo. El rodado que sellaba la tumba fue encontrado cierta distancia lejos de la tumba.

La tumba vacía

La primera explicación que circulaba era que los discípulos robaron el cuerpo. En Mateo 28:11-15, tenemos el registro de la reacción del sacerdote principal y los ancianos cuando los guardias les dieron las misteriosas noticias de que el cuerpo había desaparecido. Ellos le dieron dinero a los soldados pidiéndoles que dijeran que el cuerpo fue robado por los discípulos que vinieron en la noche mientras los soldados dormían. Esa historia fue tan falsa que Mateo ni siquiera se molestó en refutarla. Qué jurado te escucharía si dijeras que mientras dormías tu sabías que tu vecino vino a tu casa y robó tu televisión? Quién sabe que está pasando cuando se está dormido? Testimonios como éste serían el hazme reír de toda corte.

Además, nos estamos encarando a una imposibilidad ética y psicológica. Robar el cuerpo de Cristo es algo totalmente ajeno al carácter de los discípulos y de todo lo que sabemos de ellos. Querría decir que ellos fueron unos perpetradores de una deliberada mentira la cual fue responsable de la decepción y muerte de miles de personas. Es inconcebible que, siquiera algunos de los discípulos hayan conspirado y llevado a cabo este robo, nunca le hubieran dicho a los demás.

Cada uno de los discípulos encaró la prueba de la tortura y el martirio por sus declaraciones y creencias. Hombres morirán por lo que creen que es cierto, aunque esto pueda parecer falso. Ellos no, sin embargo, murieron por algo que sabían que era una mentira. Si alguna vez un hombre dice la verdad, es en su lecho de muerte. Y si los discípulos tomaron el cuerpo, y Cristo todavía estaba muerto, nosotros tendríamos todavía el problema de explicar sus apariciones.

Una segunda hipótesis es que las autoridades, Judías o Romanas, hayan movido el cuerpo. Pero para qué? Poniendo guardias en la tumba, cual era la razón para mover el cuerpo? También, qué hay acerca del silencio de las autoridades acerca de las oraciones de los apóstoles acerca de la resurrección en Jerusalem? Los líderes eclesiásticos estaban plantando la rabia, y hacían todo lo posible para prevenir la expansión del mensaje que Jesús trajo de la muerte. Ellos arrestaron a Pedro y a Juan y los golpearon y amenazaron, en un intento de cerrar sus bocas.

Pero había una simple solución a sus problemas. Si tenían el cuerpo de Cristo, habían podido hacer un desfile con él por las calles de Jerusalem. Ellos no hicieron eso simplemente porque no tenían el cuerpo.

  • Otra teoría popular ha sido que las mujeres, desconsoladas y abrumadas por el sufrimiento, se perdieron en el camino en la oscuridad de la mañana y fueron a la tumba equivocada.

En su angustia ellas imaginaron que Cristo había resucitado porque la tumba estaba vacía. Sin embargo, esta teoría cae ante el mismo hecho que destruye el punto anterior. Si las mujeres fueron a la tumba equivocada, entonces por qué los sacerdotes y otros enemigos de la fe no fueron a la tumba correcta y obtuvieron el cuerpo? Es mas, es inconcebible que Pedro y Juan sucumbieron en el mismo error, y ciertamente José de Arimatea, dueño de la tumba, hubiera resuelto el problema. En suma, debe recordarse que éste era un cementerio privado, no un panteón público. No había otra tumba cercana que les permitiera hacer ese error.

  • La teoría del desmayo ha sido un avance que explica la tumba vacía. En este punto de vista, Cristo no murió exactamente. El fue erróneamente reportado como muerto, pero se había desmayado por estar exhausto por el dolor y la pérdida de sangre. Cuando lo acostaron en la tumba fresca, El revivió. El salió de la tumba y se les apareció a sus discípulos, quienes equivocadamente pensaron que había resucitado de los muertos.

Esta es una teoría de construcción moderna. Primero apareció a finales del siglo XVIII. Es significativo que ninguna sugerencia de este tipo ha venido de la antigüedad entre los violentos ataques que se han hecho a la Cristiandad. Todos los records anteriores son enfáticos acerca de la muerte de Jesús.

Pero vamos a asumir por un momento que Cristo fue sepultado vivo y desmayado. Es posible creer que El hubiera sobrevivido tres días en una tumba húmeda sin comida ni agua ni ninguna clase de atención? Hubiera tenido la fuerza para quitarse las ropas de la sepultura, mover la pesada piedra de la entrada a la tumba, sobrepasar a los guardias y caminar varias millas con los pies heridos por los clavos? Tal creencia es más fantástica que el simple hecho de la Resurrección misma.

Aún el crítico Alemán David Strauss, quien por ningún motivo cree en la Resurrección rechazó ésta idea como increíble. El dijo:

Es imposible que Uno que hubiera venido de la tumba, medio muerto, débil y enfermo, quien estaba en necesidad de un tratamiento médico, de vendajes, de cuidados tiernos, quien por fin sucumbió al sufrimiento, pudiera haber dado la impresión a sus discípulos que El era un conquistador de la muerte y de la sepultura; que El era el Príncipe de la Vida.

Finalmente, si esta teoría es correcta, Cristo mismo estuvo involucrado en flagrantes mentiras. Sus discípulos creyeron y predicaron que El había muerto pero revivió de nuevo. Jesús no hizo nada para desmentir esta creencia, sino más bien la impulsó.

La única teoría que adecuadamente explica la tumba vacía es la resurrección de Jesucristo de la muerte.

Un Dios que puede ser conocido.

Si Jesucristo regresó de entre los muertos, probando que es Dios, El está vivo hoy en día. El esta deseando más que ser adorado. El esta deseando ser conocido y entrar en nuestras vidas.

Jesús dijo, “Aguanta, Yo estoy en la puerta (de tu corazón) y toco; si alguien oye mi voz y abre la puerta, entraré en él” (Apocalipsis 3:20).

Carl Gustav Jung dijo, “La neurosis central de nuestro tiempo es el vacío”. Todos nosotros tenemos un gran sentimiento de que nuestra vida tiene significado y profundidad. Jesús nos ofrece una vida con mas significado, abundante el cual viene mediante la relación con El. Jesús dijo, “Yo vine para que tengan vida, y la tengan en abundancia” (Juan 10:10).

Debido a que Jesús murió en la cruz, tomando con El todos los pecados humanos, El ahora nos ofrece perdón, aceptación y una relación genuina con El.

Ahora tú puedes invitar a Jesucristo a entrar en tu vida. Tu puedes decirle algo como: “Jesús, gracias por morir en la cruz por mis pecados. Te pido que me perdones y que entres a mi vida en este momento. Gracias por darme esta relación contigo”.

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Historia del pensamiento científico

Capítulo segundo

Historia del pensamiento científico

En este breve desarrollo histórico de la ciencia, pretendemos resaltar en particular su finalidad y motivación, así como los efectos que ha producido.

Platón dijo que la ciencia empieza con el asombro y la curiosidad. Es cierto, pero la ciencia siempre ha tenido, además, otra motivación: la búsqueda de seguridad y poder mediante el conocimiento. Estas dos últimas motivaciones, seguridad y poder, tienen sus raíces en la creación y en el mandamiento de Dios a los hombres. Pero al igual que ha sucedido con las demás cosas creadas, la bendición de seguir el mandamiento de Dios ha sido sustituida por la corrupción del pecado. El hombre buscó seguridad y poder por medio de la ciencia con el fin de ser independiente. Buscó el poder sobre la naturaleza y sobre los demás hombres. En este punto concreto quiso ser dueño de sí mismo y no depender de Dios. Sus esfuerzos, en el campo científico, quedaban, por tanto, muy lejos de ser neutrales, a pesar de que tales esfuerzos estaban basados en su creencia en la neutralidad.

Los efectos de la ambición humana de ser independiente, fueron como veremos, de un lado la secularización de la ciencia seguida de una tendencia al ateísmo, y del otro, el fracaso del esfuerzo debido a la alienación del hombre respecto a su instrumento y la creciente debilidad del hombre.
Se observan algunos signos de ciencia en sociedades antiguas, en las que los sacerdotes poseían un cierto conocimiento que usaban tanto para beneficio del pueblo, como para ejercer un poder sobre la naturaleza, el pueblo y, según creían, sus (dolos. Este conocimiento era una curiosa mezcla de mito y aguda percepción de la naturaleza. Su aplicación estaba llena de magia.

El verdadero nacimiento de la ciencia se produce en ia civilización griega. Sus progenitores fueron dos deseos: 1) El deseo de tener un camino a la verdad completamente humano, y a la vez seguro, distinto e independiente de las creencias y mitos de los hombres; y 2) el deseo de elevarse por encima de la fe y pensamiento de la gente común y la vida práctica. La clave de la nueva consecución científica de la verdad y de la nueva independencia respecto a la pseudoreligión y vida práctica, era la creencia de que el conocimiento teorético humano, por sí mismo, puede llegar a la verdad debido a su independencia de toda fe y creencia. Es decir, porque es neutral.

No es muy difícil tener semejante fe en la neutralidad. Hoy día también se da. Si el hombre no basa su seguridad en el Dios y Padre de nuestro Sefior Jesucristo, aunque se eleve por encima de los ídolos y creencias de la gente común, siempre estará hambriento de seguridad en este mundo incierto. Es un ser inestable y pasajero. Pensó que tenía esa seguridad en una razón libre de todos los elementos subjetivos y relacionada a una verdad inconmovible. Pero es mucho más difícil demostrar —aunque la ciencia se ha esforzado en hacerlo mediante la historia— que esta suposición de la independencia del hombre y su acceso a la verdad es correcta.

Los filósofos griegos (en sus días toda ciencia era filosofía) se encontraron con serias dificultades al ponderar esta cuestión. Parménides cortó el nudo gordiano. “El ser es impensable. Todo lo que no puede ser pensado es irreal, aparente.” Cuando Zenón demostró científicamente que Aquiles no podía adelantar a la tortuga (cosa que en realidad sí hizo), la realidad tuvo que reducirse a su “apariencia”. Pero Heráclito adoptó un enfoque contrario. Arguyó que todas las cosas cambian. No es posible bañarse dos veces en el mismo río. Si ello es así, entonces la realidad misma elude siempre el abrazo de la llamada verdad científica, siendo ésta esencialmente constante. Si es así, ¿qué pasa con la filosofía humana y la percepción de la verdad? No interesa a nuestro tema el discutir la forma en que Heráclito consigue salir de este callejón sin salida, ni tampoco mostrar cómo buscó Demócrito una fórmula de compromiso mediante su teoría del átomo, como también hizo Aristóteles con su esquema forma-materia.

Ciencia y cristianismo
Nos interesa tener en cuenta que al final del período griego y principios de nuestra civilización cristiana, permanecía inamovible la creencia en la autonomía y superioridad del pensamiento teórico humano, frente a la religión y el conocimiento práctico, así como el desprecio hacia la práctica en sí. Esa creencia en la ciencia y la razón constituía la base de la seguridad y el poder de la élite. El rasgo más importante de la filosofía y la ciencia, desde entonces en adelante, hasta finales de la Edad Media, fue el compromiso entre la fe cristiana y la idea entonces reinante acerca de la ciencia: hacer al hombre independiente mediante la investigación autónoma y neutral de la ciencia. Con el fin de hacer a la fe y a la razón ¡ndependientes entre sí, fue necesario constituir dos niveles de vida, como Aquino hizo: el natura?, donde la razón domina independientemente de la fe, y por sus propias luces, y el sobrenatural donde la fe marca el rumbo. La filosofía y la ciencia pertenecen al campo de la razón; y su autonomía significa explícitamente neutralidad en relación a la fe y, de hecho, neutralidad en relación a Dios. El pecado es entonces la pérdida de lo sobrenatural, y no una corrupción de la naturaleza y de la razón. La gracia resulta ser no la restauración de la naturaleza y la razón, sino el don de lo sobrenatural. Tal es la postura tradicional de la escolástica. Para ser imparciales hay que decir que la moderna teología del catolicismo romano se aparta algo de ese esquema. Lo que deseamos resaltar es que el esquema “natural-sobrenatural” es e1 prototipo de la apostasía de los hombres a quienes aún consideramos cristianos por su fe personal. Debemos percatamos de que además de las principales apostasías de este tipo (detectable en Barth y en todos los que defienden la neutralidad de la política y la ciencia) todos los creyentes cristianos dejan traslucir de vez en cuando esas tendencias a la apostasía, si bien con frecuencia ni ellos mismos se percatan.

Corrientes modernas del pensamiento científico
Pero aqu( estamos hablando de la ciencia. La ciencia moderna apareció tras el período escolástico. Sin ningún género de dudas vemos que adopté el esquema “natural-sobrenatural”. La neutralidad de la ciencia era algo presupuesto. Esto desembocé en una nueva actitud hacia el hombre y el mundo. El lazo entre la ciencia y la iglesia se rompió tanto a causa del Refrcimiento (humanismo) como de la Reforma. Mientras que la Reforma se oponía a la idea de una naturaleza autónoma y en general a la idea de que algo podía ser independiente de Dios, o intocado por el pecado y capaz de perfeccionarse sin la gracia, al propio tiempo proclamaba la vocación del hombre para servir a Dios en su creación, desarrollándola y dominándola. Ese reto inspiré a los hombres a investigar la tecnología y las ciencias. El humanismo, por el contrario, utilizó la idea de la naturaleza y la razón autónoma para proclamar la independencia del hombre respecto a Dios, engendrando de este modo su seguridad y poder seculares. También esta creencia sirvió de inspiración a la ciencia. Más adelante volveremos a referirnos a esta diferencia. Pero primero debemos fijarnos en el nuevo método que ha hecho que la ciencia sea lo que hoy es.

El desarrollo de la ciencia se aceleré a causa de dos nuevos métodos: el primero es el método experimental, que con su renovada apreciación del esfuerzo práctico, en contraposición al anterior desprecio del mismo, pasó a ser la base de la ciencia. Reemplazó a la especulación. En segundo lugar está el método matemático, que flevó al análisis funcional de los hechos y a la introducción de la ley de causa y efecto, convirtiéndose en la forma exacta del razonar. Estos dos métodos han hecho avanzar la ciencia de forma asombrosa.

No tardó mucho en hacerse notoria la diferencia entre la Reforma y el humanismo en cuanto a las respectivas evaluaciones de la ciencia. Es muy comprensible que la ciencia, en tanto se considerase neutra, estuviera destinada a convertirse en el objeto predilecto del humanismo y en enemiga del cristianismo, pues el humanismo afirmaba que una ciencia autónoma podía entendérselas con una naturaleza autónoma con el fin de llegar a la verdad. Por otra parte, la tendencia de continuidad de la ciencia originó el concepto de un campo en constante crecimiento llamado “naturaleza” en el que la ciencia tiene dominio absoluto, y consecuentemente también de un campo en constante decadencia, la religión, en el que la fe constituía la dirección del hombre.

Claro está que el actual desprecio hacia la religión al principio en la intención de los científicos, Descartes esperaba servir la causa de la religión, y Newton ensalzó el honor divino al explorar las leyes naturales por las que Dios había establecido el orden. Pero esa misma idea de que existen leyes que regulan completamente la naturaleza y que, en principio, están a disposición de la ciencia, no sólo condujo al deismo (el “absentismo” de Dios), sino que produjo, durante el siglo XIX, la noción científica de que podía omitirse toda especulación respecto a Dios. Sin embargo, aunque esta secularización de la vida no molestó al científico en su disfrute de la primera emoción de su revolucionadora victoria, no deja de ser cómico e irónico el pensar que esta “todopoderosa” ciencia, que no tenía lugar para Dios, fue incapaz de hallar un lugar para el propio hombre. La soberanía y libertad de éste, fin supremo del humanismo, fueron barridas por la ciencia. Esta ha producido un alejamiento entre el hombre y los instrumentos con los que ha de construir el poder y la seguridad.

La Ciencia aplicada

En el siglo XIX la ciencia se había convertido ya en un importante factor de la vida humana. Esto era debido al hecho de que a principios de ese siglo la ciencia dio un segundo paso para aproximarse a la práctica. Centró su aplicación en la realidad con el fin de transformarla. Debe recordarse que este enfoque práctico tuvo su origen en la idea bíblica de la vocación del hombre en este mundo. El calvinismo fue el primer movimiento que hizo revivir dicha idea.

La ciencia aplicada alcanzó un gran éxito. Al adelanto en conocimiento siguió una alianza de la ciencia y la tecnología. Por primera vez en la historia esta alianza ofreció a la humanidad un verdadero y rápido desarrollo de la vida práctica. Era el desarrollo de la creación, querido por Dios para bien del hombre. Pero la actitud del hombre no era concordante. El hombre no tenía intención de ser un buen administrador. Su propósito era el de convertirse en duefio y seíior del mundo mediante sus nuevos instrumentos. Comte resumió en una máxima esta creencia: ‘Savoir pour prevoir, prevoir pour gouverner.” La humanidad, dijo, había atravesado con su fe la etapa teológica:
y la etapa metafísica de Kant con las ideas especulativas: y ahora estaba entrando en la etapa final de la industria con una ciencia basada sólo en los hechos.

¡Y todo esto se proclamaba en nombre de la neutralidad! Acto seguido el ateísmo cruzó el umbral. El ateísmo fue el fruto de una ciencia todopoderosa, independiente, que prometía liberar a la humanidad y al mundo mediante una tecnología que estaba en la senda del progreso. Ya no se necesitaba a Dios y su obra de salvación en Cristo. El hombre se podía liberar por sí mismo. En aquella época esta creencia humanista estaba todavía completamente centrada en la ciencia. La era del pragmatismo todavía no había llegado.

El positivismo
Se continuaba creyendo que la ciencia era independiente y neutral, y como tal la única forma segura de conocimiento y dominio del mundo. ¿Pero cómo podía cumplirse esta promesa tras el fracaso del idealismo especulativo? Comte bosquejó la esperanza del futuro. Su positivismo se ocuparía únicamente de los hechos de la realidad. Estos hechos son realmente verdaderos y, desde luego, neutrales. Basándose sólo en ellos, el conocimiento científico sería verdadero e independiente; y si la ciencia obtenía de estos hechos las leyes que los gobernaban, sería capaz de llegar al modelo de las leyes que gobernaban toda la realidad. En este sencillo planteamiento de la postura de Comte se puede reconocer el método con el que muchas ciencias de nuestros días operan. Pero el positivismo fue más allá en su época. En aras de la coherencia y unidad de las ciencias este modelo positivista tenía que convergir en una ley general.

Era de esperar que esta ley general, de acuerdo con el espíritu del siglo XIX, subrayara el progreso. Esto, sin embargo, nos demuestra que la neutralidad no es tan neutra como se pretendía. Estaba claramente basada en una fe presupuesta en el progreso. Este modelo asumido del progreso nunca fue demostrado científicamente, y no obstante se aplicó a diversos campos de la investigación científica. Podemos dar muchos ejemplos. Los más conocidos son la ley general de la evolución, patrocinada por Darwin y Spencer, y la ley del materialismo histórico, proclamada por Marx, quien insistió en la necesaria evolución histórica hacia una sociedad comunista. La ley de la evolución de Darwin afirmaba la continua evolución de la vida, a partir de la materia, y de las formas superiores de vida, partiendo de las inferiores, estando este proceso de desarrollo regulado por leyes físicas y por el azar. La ley de Spencer era más complicada, y esencialmente filosófica, pero también argüía que la realidad estaba regida únicamente por leyes físicas. De este modo la ciencia erigió una imponente estructura de conocimiento, independiente de la religión, superior a la fe, esencialmente neutral, y en principio considerada como “todopoderosa”.

Crítica del positivismo
Antes de que el edificio del positivismo se concluyera, empezó ya a desplomarse. La oposición apareció dentro y fuera. Como sucede con todas las secularizaciones históricas, no se pudo mantener. Dios no tolera ni aun siquiera la intención de alcanzar la autonomía. Podemos contar siempre con el fracaso final de la apostasía. El análisis de este fracaso es, desde luego, de la máxima importancia para el enfoque cristiano de la ciencia. ¿Qué fue entonces Lo que socavó el positivismo? Pueden seña larse cuatro razones principales.
La primera es el relativismo. Si la ley general que se\presupone es la del progreso histórico, la ciencia nunca conocerá una verdad universalmente válida, puesto que los resultados de la ciencia siempre dependerán en alguna medida de la fase evolutiva que el propio científico ocupe. Resulta pues que esta ley general no es ley en absoluto. La tesis del positivismo es destructiva para el propio positivismo, puesto que no admite demostración. Este argumento puede aplica’rse a todas las teorías científicas que fueron influenciadas por el positivismo. Cuando Marx argumentó que el espíritu humano depende del entorno social, nos damos cuenta de que no hay una verdad universal reconocida por tal espíritu. Una cosa será llamada verdad por los capitalistas, en tanto que el proletariado llamará verdad a lo contrario. La ciencia es todo menos neutral cuando interpreta la historia con una suposición indemostrada como esa. Esta fue la conclusión de Sorel tras estudiar a Marx. Cuando Freud afirma que el hombre está gobernado por sus libidos y sus represiones sociales, su teoría cae por la misma razón. No hay una verdad universal en las libido de Freud. La segunda razón se refiere a la pretendida base del sistema. Esta base, según se recordará, es: sólo hechos. ¿Pero cómo llegamos a estos hechos? ¿Puede hacerse de forma neutral? Y, en caso afirmativo, ¿qué podemos hacer con ellos, dado que se desvanecen, varían incesantemente, y se interrelacionan con los demás hechos, para llegar a leyes generales ya estables, universalmente válidas? Estas dos preguntas han minado gravemente la tesis del positivismo. Vamos a ocuparnos únicamente de la primera: ¿Cómo llegamos a los hechos? No los podemos tomar todos. Hay que seleccionarlos, y para poder emplearlos hay que darles un significado e interpretarlos. Sin más explicación, es evidente que el fundamento neutral de la ciencia no puede establecerse con hechos sólo. Hay que hacer algo con ellos antes de que puedan ser el punto de arranque o 5ase de la ciencia. El científico, que es quien elige e interpreta los hechos, se involucra en la cuestión (incluyendo sus gustos y disgustos, sus ideas y prejuicios) al echar los fundamentos de la ciencia. Hay que demostrar primero que el científico que interroga a la realidad que está tratando es a su vez neutral. Téngase en cuenta que la ciencia siempre se verá limitada de ese modo, ya que únicamente se obtienen respuestas acerca de lo que se pregunta, ¡y muy raras veces acerca de lo que no se pregunta! Esperamos demostrar más adelante que el científico no puede ser neutral. Por el momento será suficiente afirmar que la tesis positivista, según la cual la neutralidad de la ciencia puede concluirse de a neutralidad de los hechos, es falaz, dado que no es la realidad fáctica la que determina el punto de arranque o base de la ciencia, sino lo que el científico ha hecho con ella, Nietzsche se percató claramente de que la interpretación de los hechos es decisiva para la ciencia. Esto le convenció de que la ciencia está lejos de ser neutral. La ciencia, según Nietzsche, selecciona lo que el científico puede usar. Este ni tan siquiera busca la verdad, Su interés está —para bien o para mal— en lo que es útil para la vida. No podemos aceptar esta conclusión de Nietzsche. Reconocemos que la ciencia es verdaderamente un sendero hacia la verdad. Pero los principios del positivismo no pueden defenders9 en su propio terreno. Para demostrar que la ciencia es neutral, no sólo debe demostrarse la neutralidad de los hechos, sino especialmente que los fines del científico que hace la selección, son neutrales.
El tercer ataque contra el positivismo vino desde fuera. Según el positivismo la ciencia rio tiene límites. Sus leyes son del mismo tipo que las leyes físicas. Por consiguiente hacen predicción de causa a efecto. ¿Pero qué lugar deja ese determinismo para la libertad humana y la responsabilidad? La postura positivista descuida la libertad del hombre y eso lleva a una contradicción. ¿De qué sirve que Marx escriba su libro El Capital para inspirar a los proletarios si, como él afirma, nuestra sociedad evolucionará hacia el socialismo, según leyes férreas? Limitémonos entonces a esperar sentados a que suceda lo que, sea como sea, ha de suceder. ¿Para qué tenía Spengler que escribir su enorme volumen sobre La Decadencia de Occidente, prediciendo el declive de nuestra civilización, si de todos modos está condenada a morir? Según él se trata de un mero organismo biológico cuyos días están numerados por la lógica de las leyes inexorables de la realidad. Así pues, al admitir únicamente el humanismo un hombre libre y autónomo, convirtió la ciencia en un instrumento que ahora amenaza con destruir al propio humanismo. Cuando se considera que la ciencia es “todopoderosa” no queda lugar para la libertad y soberanía humana. La autonomía de la ciencia ha conducido siempre, a lo largo de la historia, a conflictos internos. Con relación al positivismo, el humanismo tuvo que hacer de nuevo una elección entre la libertad del hombre y la supremacía de la ciencia. Eligió la libertad, dejando a un lado, de momento, su instrumento.
Antes de considerar el declive de la ciencia resultante de la elección que tuvo que hacerse, hay que considerar la cuarta causa de la decadencia del positivismo. Su enfoque de la ciencia estaba basado en la creencia en el progreso. Tal creencia está, desde luego, lejos de ser neutral, Nietzsche atacó esa creencia en el progreso. Lejos de ser progresivo, el siglo XIX fue, según él, un siglo de decadencia. En consecuencia predijo la crisis de nuestra civilización para ei siglo siguiente (el XX). La causa de esta decadencia, dijo, es que Dios está muerto. Dios no existe,
pero la humanidad ha vivido y se ha inspirado en la pretensión de que existe. El hombre acababa de descubrir que no existe nada aparte de este mundo. Todo es absurdo. Esto dio pie al nihilismo. También la verdad se había basado en la idea de que Dios existe. Pero ahora resultaba que no había una verdad general. Esta concepción minó poderosamente los fundamentos de una ciencia neutral e independiente. La ciencia vino a ser considerada únicamente como algo útil para la vida. La verdad se miró simplemente como la mejor forma de servir a la vida de uno mismo. La ciencia se contempló como un instrumento de la vida. El criterio de Nietzsche preparó el camino al pragmatismo.

El irracionalismo: catalizador de nuestro tiempo
A causa de esta crítica, no sólo el positivismo, sino toda afirmación de la verdad científica, fue puesta en duda. Comenzó un período de irracionalismo, con la devaluación y degradación de la ciencia.
Si resumimos nuestro repaso histórico, vemos que la ciencia se desarrollé poderosamente, pero al propio tiempo la idea de una ciencia independiente y neutral produjo, en primer término, una secularización de la vida y el ateísmo. Luego dio origen también a una crisis en los mismos fundamentos de la ciencia, consistente en el alejamiento del hombre y la ciencia, hasta que por último se produjo el derrocamiento de la propia ciencia. No es de extrañar que Kuyper comparara la idea de neutralidad a un asno dando saltos sobre la pata izquierda.
A pesar de que el humanismo renunció a la autonomía de la ciencia en cuanto base de la autonomía e independencia del hombre, no renunció a la autonomía del hombre propiamente dicha. Lo que hizo fue buscar apoyo en alguna otra cosa. Nietzsche lo buscó en una vida regida por el egoísmo. El nihilismo continué en las malignas y egoman(acas obras de Hiitler y Stalin, convirtiendose estos nombres en ley para si mismos mediante esta filosofía.
El existencialismo, en contraste con aquel tipo de nihilismo, intentó salvar al humanismo afirmando que la libertad es la más profunda raíz y base inconmovible de la existencia. Sus discípulos más extremistas subrayaron la postura que Nietzsche había defendido, y que ya había derrotado al positivismo, o sea, lo absurdo de la vida. La vida es yana, dijo Nietzsche. Es absurda, dice Camus. Es estupidez, dice Sartre.


Confusión del pensamiento científico actual
Por extraño que parezca, la propia ciencia, desde Descartes al positivismo, acentuó la cuestión del significado de la realidad, omitiéndola por completo. La neutralidad impide en si cualquier postura que concierna al significado de la realidad, ya que esto sería necesariamente una postura de fe. Y su axioma fundamental elimina cualquier fe y toda fe.
¿Pero cómo quedaban entonces la ciencia y los científicos? En la vida práctica la ciencia se hizo más importante que nunca. Los científicos no podían permitirse un fácil paso al existencialismo. Si la ciencia no podía utilizarse para hacer al hombre independiente mediante su verdad independiente, ¿quedaba por ello anticuada e inútil? Ciertamente, no. Aun a pesar de que la ciencia no podía dar seguridad al hombre a través de la posesión de la verdad, y aun cuando su neutralidad ya no podía defenderse, siguió siendo un poder evidente en la vida práctica. Lo que empezó en el campo de la tecnología, se ha extendido a Otros campos de la realidad con notable éxito. Su aplicación a la sociología, psicología y economía, parecía resolver todos los problemis. I3crthollet ya había dicho: “La
ciencia es superior a todo. Sólo la ciencia proporciona resultados definitivos.” Fue así como la aplicación do la ciencia se convirtió en panacea de todos los males. Para muchos científicos, especialmente en América, esto supuso una válvula de escape. Parecía que siempre se podía demostrar que la aplicación de la ciencia era muy útil en los hechos concretos.
Es digno de tenerse en cuenta que en tanto que Nietzsche y los existencialistas dominaban la mentalidad europea con una visión pesimista, el carácter americano estaba controlado por un pragmatismo optimista. ¿Cuál es la postura del pragmatismo? El pragmatismo dice: No especulemos; no hagamos preguntas inútiles. Si la ciencia afecta a la práctica, en tanto en cuanto tenga ese efecto, debe considerarse verdadera.
Así, como dice William James, si la hipótesis de que el átomo rige la vida es menos útil para nuestra vida presente y futura que la hipótesis de que Dios la dirige, entonces elegiremos a Dios, de otro modo no. ¡Qué incalculable soberbia intelectual! La existencia de Dios se hace depender de si el hombre, ese gusanito superior, lo juzga oportuno o no. Pero analicemos también si el pragmatismo es realmente una salida para la ciencia. ¿Queda la ciencia a salvo reduciéndola a un apéndice de la práctica? En absoluto. Si la verdad es únicamente una verdad de trabajo, si la verdad científica consiste sólo en lo útil, entonces nos enfrentamos a una pregunta: ¿qué es lo ÚtIl? O sea, debemos contestar a esta pregunta fundamental: ¿Qué utilidad es verdadera? ¿Cuál es la verdad respecto a la utilidad? Sorel comprendió perfectamente esta cuestión. Observó que la verdad de la utilidad era, para James, la creencia americana en el progreso. Pero el propio James eludió ingenuamente plantearse y responderse científicamente esta cuestión. Simplemente se limitó a presuponer que era así. El espíritu de esa creencia se parece a lo que Coleridge describió en otra situación diciendo:
“Déjese a la rosa a un lado y declárese vencedora a la coliflor.” Todo parece confirmar que el pragmatismo es una salida fácil. No resuelve el problema científico, y deja incluso sin tocar los verdaderos problemas: ¿Qué es la ciencia? ¿Cómo puede ser la ciencia independiente, o al menos neutral respecto a la fe y las creencias? ¿Cómo puede garantizar la ciencia la seguridad del hombre y su autonomía?
Después de más de dos mil años de luchar con estas preguntas, el hombre moderno no ha recibido mucho aliento; y su intento de excluir la fe de la ciencia, no ofrece base para su actual orgullo por sus logros. La ciencia se ha convertido en un poder formidable; pero hoy está atravesando una crisis muy grande en sus mismas raíces. Al intentar desarrollarse independientemente de Dios y de Sus normas, su espíritu ha conducido la civilización a una crisis respecto al significado de la vida, de la seguridad del hombre y de su libertad.

Capítulo tercero
Poder y crisis de la ciencia

En nuestro anterior recorrido histórico por el campo de la ciencia hemos descubierto algunos hechos notables. La ciencia, nacida del asombro humano y de su deseo de seguridad y poder, mantuvo desde el principio una especial relación con la religión. La mayoría de los hombres buscaron a través de la ciencia una esfera de independencia respecto a la religión. El razonamiento, la percepción teorética y, más tarde, la experimentación, fueron los instrumentos empleados para conseguir ese propósito. Tanto si el pensador científico era modesto y respetaba un limitado campo de fe, como si no, la motivación era la misma: la lucha por la independencia del hombre.
Hemos visto también que la reforma calvinista dio un poderoso ímpetu a la ciencia, abriendo los ojos del hombre para ver el mundo como campo de su vocación. No obstante, desde la Reforma, la ciencia triunfó de tal modo, que gradualmente quedó arraigada la idea en los científicos de que la ciencia podía liberar a la humanidad absolutamente, y proporcionar el poder necesario para dominar el mundo. La ciencia aplicada, en particular, dio la impresión de convertir esto en realidad. Tanto Dios, como su mandamiento a la humanidad, desaparecieron de la visión de estos científicos. Hoy, en casi todas las ciencias y todas las Universidades Dios se ha convertido en un vacío. El hombre de ciencia no sabría, ni siquiera por aproximación, dónde podría introducir en su trabajo la idea de Dios y de fe.
El lado irónico de este desarrollo está en que al mismo tiempo que los sueños de poder e independencia mediante el conocimiento se convertían en realidad, la ciencia atravesaba
una. grave crisis en sus propios fundamentos y en lo relacionado a su poder en la vida práctica. Este poder y esta crisis son los temas de este trabajo.

La crisis actual en el pensamiento científico
Debe quedar claro que ni el tremendo poder de la ciencia, ni su rápido desarrollo, constituyen las causas de la crisis. Es cierto que ambas cosas lo han complicado todo, y nos plantean muchos problemas, pero la crisis tiene otro carácter. Es paralizadora, y sus raíces se adentran muy hondo en el hombre y en la realidad. La causa de la crisis está en la creencia del hombre en su poder independiente y en su dominio del mundo por medio de la ciencia. Están en juego la neutralidad de la ciencia, que es indispensable para esa creencia, y el carácter ilimitado de las posibilidades científicas en cuanto base para el indiscutido poder del hombre sobre la realidad. Con toda razón se puede sospechar que el oscuro trasfondo de esta crisis es la desaparición de Dios del pensamiento y vida del hombre. Dios mismo ha conducido a la humanidad a esta crisis. El no permitirá que se le relegue al olvido. No lo puede permitir por causa del propio hombre. Así, el sueño de independencia, el sueño de un mundo sin Dios y de una redención sin Cristo, se ha convertido en una pesadilla.
Fácil será bosquejar las líneas maestras de nuestro estudio. Nos proponemos demostrar que existe realmente una crisis en la ciencia y en su aplicación a la vida, aun a pesar de que el ámbito de su conocimiento e influencia sigue creciendo. Debemos, por tanto, examinar en primer lugar el actual quehacer científico, y luego fijarnos en su aplicación.

Especialización en el campo científico
Comencemos por una de las principales causas de los actuales problemas de la ciencia. Nos referimos al incremento de la especialización. Debido a su rápido desarrollo, la ciencia ha extendido las fronteras del conocimiento de una forma casi revolucionaria. Esto ha creado graves problemas. El erudito capaz de examinar todo el horizonte del conocimiento es figura del pasado. Es imposible hallar ni tan siquiera un hombre capaz de dominar todo el campo de una sola ciencia. Todo científico está obligado a especializarse. Es muy ilustrativa la anécdota de un profesor a quien se pidió que escribiera un artículo sobre la Reforma en Alemania, en el período 1520-1 525, y que rehusó diciendo que su especialidad era la Alemania de la Reforma entre 1 525 y 1530. Afortunadamente esa situación no es universal. Pero es evidente que la especialización ha ido ya tan lejos que ha roto la cohesión de la ciencia en conjunto. Apenas hay una comunicación entre las diversas ciencias, y en la mayoría de ellas sólo el trabajo en equipo puede garantizar una cierta coherencia. La especialización no hace, por consiguiente, sino producir una especie de crisis en la ciencia.
Pero hay que tener en cuenta que la especialización no es la única causa, y posiblemente ni siquiera la principal causa, de la actual disolución de la ciencia. Fijémonos de nuevo en el concepto de ciencia del siglo XIX. Se creía que el pensamiento científico proporcionaba una poderosa estructura de verdad objetiva que, en principio lo abarcaba todo. La ciencia se dividió en diversos departamentos, quedando entrelazada por la filosofía, la cual generalizaba los resultados de las diversas ciencias.

Problemas acerca de la ¡limitación y la objetividad
Mientras que hasta el presente ese criterio se ha ido defendiendo cada vez más, al mismo tiempo ha surgido una prófunda desconfianza hacia esa idea en sí. El concepto de ciencia se ve asaltado por dos graves dudas, que se refieren a su ilimitacióri y a su objetividad.
La primera duda surgió del siguiente modo. ¿Podrá este conocimiento científico, en constante expansión, solucionar siempre las cuestiones de verdadera importancia? El irracionalista dice que no. La ciencia, debido a su mismo método, se aparta de todos los problemas que son realmente importantes. Este locuaz animal –dice Martin— este charlatán que nunca para, devora la débil inteligibilidad de los hechos visibles. Se pone aquí de manifiesto un vuelco completo de la fe en la ciencia, que la humanidad acariciaba desde los filósofos griegos.
Claro está que esta duda apenas la sienten muchos científicos, particularmente los que se dedican a las ciencias de la naturaleza. Pero de todos modos se ven profundamente afectados por estas dudas, debido al poder del pensamiento filosófico moderno. Whitehead dice correctamente que el científico que cree que su ciencia está libre de la filosofía, se ha rendido ya a una filosofía del azar. La cuestión es que entre la gente influyente de nuestra actual sociedad no hay una confianza en la ciencia en cuanto guía para nuestra civilización. Esto es parte de la crisis de la ciencia. Pero la crisis de nuestra civilización se ha complicado por el hecho de que esta ciencia continua guiando, a pesar de todo, la vida práctica. Por consiguiente la ilimitación de la ciencia ha producido la idea de la prioridad y preeminencia de la ciencia aplicada.

La lucha por la objetividad científica
La primera duda que los científicos tuvieron se refirió a la objetividad y neutralidad de la ciencia. Ya nos hemos ocupado de este asunto un poco más arriba. Incluso los que no aceptaban una ciencia sin límites creían que la ciencia estaba, por lo menos, libre de sentimientos, creencias y fe; o sea, que era neutral. Se la consideraba, por tanto, fuente de la verdad
objetiva, de la verdad libre de todo elemento subjetivo. Pero también eso se duda hoy. Hemos intentado hacer ver anteriormente que este pensamiento autónomo e imperialista, que ni siquiera respetaba o admitía la fe del hombre, su libertad y responsabilidad, produjo un relativismo de cuño propio que hizo tambalear la objetividad.
Para defender el evolucionismo la verdad científica debe depender del nivel biológico del desarrollo conocido por el científico, pero cuando esto se enfoca así, nos quedamos sin una verdad universalmente válida.
En sociología la verdad científica se hace depender de la sociedad y del entorno particular del científico. Pero en ese caso no se puede conseguir una verdad válida para otra sociedad
—cosa que Marx perdió de vista, pero que Sorel entendió perfecta mente.
En psicología, la verdad científica se convirtió en el resultado de los sentimientos dominantes del científico individual. Su postura, en consecuencia, no puede ser la verdad para toda persona. Una vez más nos quedamos sin verdad en este campo. Freud contradice continuamente su propio mensaje.
En historia, la situación histórica del científico concreto determina también lo que i admite como verdad. Pero eso no ha de ser necesariamente verdad en otras épocas y civilizaciones. Hubo un hombre, Husserl, que entendió perfectamente este peligro de la ciencia. Le impresionó hondamente porque supuso que nuestra civilización está basada en la fiabilidad de la verdad científica. Pensó, por tanto, que la crisis de la verdad científica significaba la crisis de nuestra civilización. Husserl dedicó su vida a demostrar la objetividad y neutralidad de la ciencia, pero también fracasó, y Heidegger, su discípulo, se vio obligado a refugiarse en el existencialismo.
Tampoco las proposiciones que el pragmatismo presentaba eran solucón para la ciencia. En realidad eran una huída, fácil y superficial hacia la práctica. El pragmatismo dejó sin contestar la cuestión básica de qué cosa es buena en la práctica, y qué cosa no. Permitía a la ciencia operar sólo en la superficie de las cosas, donde coincide con la vida práctica, dejando siempre en
el olvido los problemas fundamentales. En el curso de una visita a los EE.UU. me percaté de cuántos admiradores tiene allí el pragmatismo entre los científicos, si bien la mayoría de ellos están a oscuras respecto a las cuestiones realmente importantes. El pragmatismo no puede satisfacer al hombre que tenga un poco de asombro científico.
Pareció abrirse después otra vía de escape para los que querían seguir defendiendo la objetividad y neutralidad de la ciencia. Si la afirmación de que la ciencia es objetiva no puede mantenerse en cuanto a la ciencia en conjunto, entonces, se dice, podemos afirmar por lo menos que esta objetividad existe en nuestra ciencia particular, con el fin de dar a nuestro trabajo una validez universal. De este modo el científico se reservaría en su ciencia un área teórica completamente independiente y autosuficiente que garantizara la neutralidad de su ciencia y la objetividad de sus resultados. La física, psicología, economía, sociología, etc. en su aspecto teórico, se consideran de te modo el fundamento de la neutralidad. En la actualidad juegan el tremendo papel que en otro tiempo desempeñara, en el campo del pensamiento científico, aquella filosofía que todo lo abarcaba con su lógica. Es evidente que este concepto de ciencia conduce inevitablemente a la destrucción de su coherencia. Más que la especialización, este nuevo intento de preservar la fe del hombre en la neutralidad, determinó la presente crisis de la ciencia… Pero, según veremos, el problema de la objetividad, aún trastornó más a la ciencia.
Antes de introducirnos en esa cuestión, reflexionemos por un momento en las consecuencias de lo que se acaba dt decir. ¿No es cierto —se puede quizás objetar— que la mayoría de los científicos no experimentan todas esas dudas y problemas? Sí, pero eso no afecta a la validez de lo que se viene diciendo. La crisis existe; influencia a todos, tanto si lo notan como si no. Cuando una empresa comercial está al borde de la bancarrota, muchos de sus empleados no saben ni una palabra de la situación. Por consiguiente siguen trabajando sin ninguna preocupación. Sin embargo, su falta de percepción no afecta para nada a la crisis. Pronto o tarde serán influenciados por ella. Así ocurre con la ciencia. Ya hemos apuntado que Whitehead dice correctamente que el científico que cree que su ciencia está libre de la filosofía, se ha sometido ya a una filosofía del azar. Y lo que es más, cada una de estas filosofías del azar está alimentando la crisis. A menos que la crisis se resuelva, la bancarrota de todo el pensamiento científico es inevitable. No estamos todavía al cabo de los problemas del hombre moderno. Las investigaciones de muchos problemas científicos llevan en sí mismos la semilla que ha de destruir el fundamento de la ciencia, así como su objetividad y neutralidad. Esto se puede ver muy claro en una de las ciencias más avanzadas de nuestro tiempo: la Física. ¡Recuérdese que consciente o inconscientemente, el credo científico del hombre moderno es: la ciencia es neutral, o sea, independiente de la fe y de todos los factores subjetivos. Esto se afirma con el fin de hacer al hombre independiente y dotarle del poder necesario para dominar el mundo.
No tenemos la intención de tratar aquí a fondo la cuestión de la Física, teniendo en cuenta que la mayoría de los lectores no estarán familiarizados con este campo. No obstante será preciso hacer unas cuantas indicaciones con el fin de ilustrar lo que pretendemos decir. La teoría del átomo ha enseñado desde hace largo tiempo (desde los días de Demócrito) que la realidad consiste de átomos que se mueven, o sea de partículas indestructibles e inmutables. El trasfondo de esta teoría se basa en la creencia de que la realidad es inteligible, o dicho de otro modo, que la ciencia la puede comprender y dominar. Se consideraba al mundo como un sistema cerrado y determinado, de átomos que se movían según la ley de causa y efecto. Nietzsche dijo irónicamente que semejantes suposiciones científicas hacían la realidad más barata para poderla comprar. Pero cuando las modernas investigaciones progresaron, esta hipótesis naufragó. Fijémonos en los escollos que le pusieron la teoría de la relatividad y de la física cuántica.
Cuando la universalidad de la teoría mecariicista del siglo pasado —antes descrita— fue relativizada a causa de tener que contar con la ondulación, se pensó que esta ondulación de las ondas eléctricas se podría unir a un sistema realmente fijo. La implicación es fácil de entender. Los hombres insistían en que debía existir algún punto fijo en el que se pudiera depositar plena confianza. Pero Einstein, entre otros, demostró que ese sistema no existe. No existe un éter en un sistema absoluto. Acto seguido Einstein investigó de nuevo la dimensión y el tiempo. Según la idea de un sistema absoluto se suponía que estos factores también eran absolutos. Tiene que ser posible decir que una cosa tiene una longitud fija para todos los observadores. Tiene que ser posible decir que un acontecimiento ocurrió en un tiempo definido, independiente del observador. Pero Einstein demostró que esto no es cierto. El mismo objeto podía tener dos dimensiones para dos observadores. El mismo suceso podía haber acaecido en momentos diferentes para dos observadores. Estas diferencias se producirían cuando los observadores se movieran respecto a su relación entre sí. La dimensión y el tiempo varían según el movimiento del observador con relación al objeto o suceso. En este caso, por consiguiente, la verdad científica ya no es objetiva, sino que depende de factores subjetivos. A pesar de que este problema turbó gravemente a los científicos, se vio la forma de superarlo. El elemento subjetivo podía controlarse y calcularse. Uriicamente sufrieron la conmoción —por ser invenciones de la razón— las ideas de la objetividad absoluta, y del espacio y tiempo fijos. Con la mecánica cuántica y ondulatoria, la física clásica experimentó una fuerte sacudida en sus mismos fundamentos. Fijémonos en algunos ejemplos. Uno de los principios de la física clásica era que cada evento se podía localizar exactamente en términos de lugar y tiempo. Pero Heisenberg demostró que cuanto más exactamente se intenta localizar el lugar de un objeto en movimiento, menor es la exactitud con que se puede fijar su velocidad en ese lugar. También se demostró que lo contrario era igualmente cierto. Esto significó una importante limitación para la ciencia. Otro fundamento era el de la pronosticabilidad del futuro de un suceso por medio de la ley de causa y efecto. Se demostró: sin embirqn, que ya no se puede predecir lo que ft sucederá a un eiFJc!rón en el futuro, aun cuando se conozcan exactamente todas sus características presentes. Sólo queda la probabilidad de que se le pueda encontrar en un cierto lugar en un momento dado. Pero también es posible que no sea hallado nunca más, y que se haya desvanecido y producido una ondulación,
Estos experimentos han sacudido la creencia de que la ciencia es objetiva, y de que es posible aislar el suceso que el observador quiere conocer, El hombre moderno se ha visto forzado a admitir que el observador nunca puede separarse de los hechos. Es decir, nunca podemos llegar al suceso en sí. Sólo conocemos una mezcla consistente del suceso que nos gustaría conocer, aunque no podemos, y la influencia subjetiva que introducimos en el acto de observar y medir. El hombre siempre influencia el proceso de un electrón que se mueve al intentar conocer algo de ese proceso, mientras que el proceso en sí no lo puede conocer jamás. Todo ello se suma a la afirmación de que el hombre, particularmente en física, y en general en toda ciencia nunca pueda llegar a la verdad objetiva. No puede excluir los elementos subjetivos de su conocimiento, y esa es su principal limitación, La hipótesis de la verdad científica objetiva tiene que ser abandonada debido a los resultados de la experimentación humana. Más adelante indagaremos qué clase de subjefiidad es inherente a la ciencia, y cuál no.
Resumamos nuestras reflexiones hasta este punto. Hemos examinado la crisis que la ciencia ha producido. La ciencia ya no puede reclamar una objetividad y neutralidad demostradas. En principio, incluso su conocimiento de la realidad se da con limitaciones. Son precisamente las cuestiones más importantes las que escapan al ojo de la ciencia.
Pero no debemos sacar conclusiones equivocadas de esta situación. No son la ciencia en sí, y la verdad científica, las que están comprometidas en la crisis. Lo que se ha visto sacudido es más bien la largamente acariciada, pero errónea, creencia en una ciencia neutral, objetivá, autosuficiente e ilimitada. La crisis concierne a estas dos supociones: 1) existencia de un campo de investigación, en cuanto campo de hechos, aislado y cerrado, y 2) una ciencia que en cuanto medio neutral y autónomo puede investigar ese campo para llegar a la verdad, libre de todos los elementos subjetivos. Esa crisis ya ha ocasionado la destrucción de la coherencia de las ciencias, y ha producido el entronamiento de una filosofía que se refugió en dI irracionalismo o buscó consuelo en el pragmatismo. Cada rasgo de la presente crisis demuestra que el humanismo tiende a oscilar de un extremo al otro. De la idea de que sólo la verdad científica es digna de confianza, se traslada a la postura de que la ciencia es incapaz de suministrarnos verdad alguna. Como más adelante veremos, ambas posturas son inaceptables. Aunque la neutralidad no existe, hay, sin embargo, lugar para la verdad científica.

El poder de la ciencia aplicada
Tras examinar la crisis de la ciencia, debemos ahora considerar la cuestión de la aplicación de la ciencia. También aquí nos encontramos con una crisis en nuestro tiempo. Se ha originado ésta en la misma fuente que produjo la crisis del pensamiento científico, a saber: la creencia en la ¡limitación y superioridad de la ciencia. Esta convicción determinó también la aplicación de la ciencia a la vida práctica, y produjo una crisis en la misma. Para comprender esto debemos prestar breve atención al desarrollo de la aplicación de la ciencia en la vida. Al igual que todas las demás cosas en el mundo, esta aplicación surgió como fruto tanto de poderes buenos como malos, tanto de la fe bíblica que inspira al hombre en su vocación de dominar y desarrollar la tierra, como del espíritu de iluminación que proclamó la liberación del hombre por el mismo hombre con la instrumentalidad de la ciencia.
Cuando esta última idea se desmoronó tras la Revolución francesa, Comte buscó la explicación de este fracaso en la falta de logros científicos. Debía extenderse la ciencia a la sociología
con el fin de controlar el campo de la sociedad humana. La sociedad debía regirse por las leyes de la ciencia de modo que pudiera desarrollarse sin estorbos. Lo que sucedía era que la importancia del criterio acerca de la función de la ciencia en la realidad se estaba infravalorando lastimosamente. Marx empleó el criterio científico a fondo y afirmó que todo lo que él profetizaba nada tenía que ver con la fe. Sus criterios, dijo, estaban basados sólo en la ciencia. Tanto el comunismo como el socialismo —aunque este último de una forma algo ambigua— proclamaron la superioridad de la ciencia aplicada.
Esta ideología no llegó a florecer totalmente durante el siglo pasado. Los principios de la ciencia aplicada no se utilizaron de lleno hasta que Frederic Taylor los empleó en la gerencia científica de la producción. Su intención era eliminar métodos perniciosos de producción mediante la investigación científica, y con ello incrementar la producción, mejorar las relaciones entre empresario y trabajador, y aumentar tanto los salarios como los dividendos. En líneas generales su propósito era alcanzar una producción teóricamente perfecta, dirigida por la ciencia. Las cadenas de montaje de Ford fueron el primer intento de aplicación de estas directrices científicas. La idea se introdujo gradualmente en otros campos, especialmente en aquellos lugares en que el Gobierno tenía un poder absoluto para hacerlo.

Ciencia aplicada y planificación social
El sistema científico de producción se ensayó principalmente en la Rusia comunista, donde Stalin implantó los planes quinquenales. Durante la crisis económica de los Estados Unidos, Roosevelt realizó todos los esfuerzos posibles para establecer una economía dirigida científicamente para su New Deal. En Europa los socialistas desarrollaron también sus sistemas planificados para la sociedad. No puede negarse, como dice Mannheim, que la era del individualismo ha terminado. Hemos entrado en
una fase colectivista de la sociedad. La esencia de esta transición está en la sustitución del invento por la planificación científica. La sociedad ya no se abandona al azar, la improvisación y la iniciativa individual. Estamos en el tiempo —suponen con alegría los planificadores— en que la sociedad puede tratarse como problema científico. Puede analizarse, y de este análisis se puede extraer una prognosis para el futuro. Sobre tal base se puede implantar un plan científico y se puede organizar la sociedad según ese plan, de tal modo que la antigua búsqueda de la humanidad de una organización social ideal que asegure el bienestar humano y la seguridad, habrá por fin dado su fruto. Como es lógico, esta planificación requiere tanto el control de la sociedad como de los individuos, a fin de que el plan no sufra alteraciones. El individualismo, dice Mannheim, tendré que estar al fin, más o menos, predeterminado, si se quiere que el plan se lleve a efecto. En consecuencia, los salarios, primas, rentas, seguridad social, cuota de producción, elección de profesión, deberán ser dirigidos desde arriba. La ciencia —se sigue argumentando— da una solución universalmente válida que debe determinar la realidad. Por consiguiente, la aplicación del plan requiere instrumentos que empujen al pueblo a la situación social que armonice con el plan nivelador.
Ahora bien, esta planificación económica no es, en modo alguno, el fin de la cuestión. Mannheim revela una profunda percepción cuando dice que la planificación económica conducirá a la sociedad a un sistema totalitario como el que existe en Rusia. Cualquier individuo que no apruebe el plan o no se adapte a él, debe a pesar de todo aceptarlo, o si es necesario se le debe hacer que lo acepte. Por consiguiente es necesario —sigue diciendo Mannheim— incluir también en la planificación los aspectos espirituales de la vida, con el fin de convencer al pueblo de que en esta era de la planificación debe apoyarse plenamente el plan. Es, pues, inevitable que la educación y la información pública por prensa, radio, etc. sea también planificada. También la religión cae en la esfera de esa planificación y debe adaptarse a ella. En nuestros tiempos modernos todo el mundo debe tener una mentalidad planificadora.
Es evidente que estos pensamientos todavía no han cristalizado en la sociedad occidental. No obstante, se está gestando en todas partes, y todos debemos percatamos del hecho de que nunca llegará un momento concreto en el que se dé el paso decisivo e irrevocable. La planificación avanza gradualmente. Cuando se acepta en principio, uno se ve obligado a seguirla en todo. Aun cuando se rechace el desenlace totalitario, cuanto más se defienda la planificación como panacea de los males de la sociedad, tanto más imposible se hace una resistencia final y una liberación de las consecuencias. Todas las libertades, incluyendo la religiosa, tendrán que sacrificarse si se quiere que la sociedad planificada sea un éxito. Por esta razón, los cristianos en particular deben entender cómo funciona en la práctica la planificación. Se empieza por un análisis de la sociedad. Luego sigue la prognosis del futuro y el diseño del plan ideal. A continuación viene la información al público, a modo de aviso. La etapa final es la implantación del plan como regla coercitiva para el pueblo.
En muchos casos, las tres primeras etapas, hasta llegar a la divulgación del plan, pueden defenderse. Pero ¿qué diremos de la cuarta etapa, o sea, del control de la sociedad por una selección de científicos y dirigentes que tienen la ciencia a su disposición? ¿Es eso malo? ¿Por qué? ¿Ha creado ya alguna crisis? ¿Es la cuarta etapa mala también cuando el pueblo no es obligado sino guiado suavemente, según el proyecto de Mannheim? Obsérvese que en este último caso la élite dirigente sólo necesita dar un paso para obtener su propósito influenciando a la masa en el nivel de lo subconsciente. Este sería el método más fácil, y también el más peligroso. Se usa ya con frecuencia en el mundo de los negocios mediante la sutileza de la publicidad, y no hay duda de que también se usará en po1 (tica. En estos casos, el forzar a la masa para hacerla de mentalidad planificadora y seducirla con motivaciones subconscientes, equivale a borrar su responsabilidad. El pueblo no es ganado por la verdad de la cosa, sino por algo muy diferente, algo que no tiene nada que ver con la
verdad, sino con la utilidad para meter a la masa en el molde. Todo esto no es sino una desecración de la personalidad e individualidad humanas. Es así como la ciencia aplicada produce la crisis en la sociedad moderna. Podemos distinguir tres ragos en esta crisis: 1? Pérdida de libertad; 2? secularización, y 3 alienación. De ellos nos ocuparemos en el resto de la obra.

Animales planificados y planificadores
La primera característica de la planificación consiste en la eliminación de la libertad y responsabilidad humanas. Esto es una consecuencia det hecho de que la planificación supone la elaboración científica de las actividades del pueblo en un determinado campo, tanto a nivel individual como en grupo, así como el control de dichas actividades con el fin de comprobar si se ajustan al plan.
¿Cómo se logra esto? Los hombres y las colectividades actuarán cuando estén motivados por una creencia en la necesidad o ventaja de algo, y posean la necesaria libertad para esa actividad. Ser motivado y actuar con libertad sólo es posible sobre una base de conocimiento. Por lo general se tratará de un conocimiento práctico. La mayoría de los individuos se interesa en el aquí y ahora, y se esfuerza por lo que le parece útil. Ahora bien, cuando la ciencia es aplicada, el conocimiento de ella compite con este conocimiento práctico. Esa es nuestra situación actual. Como se comprenderá, en eso radica también nuestro problema. Por el momento no vamos a inquirir cómo debía ser esta competencia. Sólo pretendemos saber cómo es de hecho. Podremos entender esto mejor fijándonos en la gerencia científica que Taylor desarrolló. Para él la ciencia era, en todos los sentidos, la más alta y mejor forma de conocimiento. El conocimiento práctico lo consideraba como algo azaroso y compuesto de piezas reunidas accidentalmente. Pero el conocimiento científico aplicado era para él un todo coherente,
sistemáticamente compilado y universalmente válido. Si se llega a hacer presión con él para forzar su aceptación, entonces sustituirá al conocimiento práctico. Como es lógico, este concepto presupone: 1.1 que sólo el conocimiento de los científicos tiene valor, y que el conocimiento práctico de los obreros puede elirninarse sin ningún perjuicio; 2°) que sólo los hombres de ciencia y aquellos que pueden manejar el conocimiento científico tendrán verdadera responsabi !idad. Los obreros están obligados a seguir ras reglas del plan de producción. De este modo la ciencia determina cada operación individual, y la conexión de todas ellas.
Fijémonos ahora en otro aspecto de esta cuestión. Los filósofos de nuestro siglo han protestado, según hemos visto, contra la preeminencia del pensamiento científico, porque no hace justicia al hombre. Debido a su propia naturaleza este pensamiento sólo puede determinar la realidad por sus resultados. Es por consiguiente incapaz de definir la libertad humana. Jaspers dice: “No hay libertad para el pensamiento científico.” Las consecuencias del ideal científico no estorbaron la libertad de la vida práctica en tanto que la ciencia no fue aplicada. Simplemente invitaba al hombre a creer que no es más que un animal o tal vez sólo una máquina.
Pero esta situación cambia completamente cuando el dictado de la ciencia se aplica a las actividades del hombre. No sólo es entonces excluida la libertad del mundo del pensamiento, como fue el caso en Marx y Freud, sino que además, por medio de la planificación y el control de esta libertad, es también excluida de la conducta en la vida. En el sistema de producción de Taylor el obrero no tiene libertad para elegir o inventar. Tiene que hacer lo que el plan le ha impuesto.
Como resultado de la planificación aC produce, en principio la misma pérdida de libertad en otros campos. Unicamente se dan diferencias de grado. La élite es libre y responsable; el hombre común es obligado a obedecer ciegamente y se ve privado del precioso don que Dios le concedió en cuanto personalidad libre: la capacidad de responder libremente a la vocación de
Dios. Polak denomina al hombre animal planificador. Es esto algo muy sugestivo para su visión del hombre, pero en su entusiasmo por la planificación olvida que para que una pequeña élite realice el ideal del animal planificador, la masa humana es degradada al nivel de animales planificados.
Está claro que siempre quedará una cierta libertad. Pero ésta no será fruto de los principios científicos. Esta libertad permanece sólo a causa de la incapacidad de la ciencia para controlarlo todo. Lo decisivo es el plan. La libertad debe siempre ceder cuando el plan lo requiera. Siegfried apunta a esta crisis de la responsabilidad y de la libertad (que se originó en un falso principio de la ciencia) cuando dice que el rasgo más sorprendente de nuestro siglo, en comparación con el anterior, es su pérdida de libertad.

Secularización de la vida práctica
La segunda característica de la crisis fue la secularización de la vida. Ya no hay lugar para Dios. No pretendemos decir que la ciencia aplicada sea la única causa de este rasgo de la sociedad moderna, aunque sí que es una causa básica. La culpa no es de la ciencia en sí, sino del hombre que ha producido esa ciencia, guiado por principios falsos. La secuiarización, la disociación de la vida respecto a Dios, surge cuando la propia ciencia es secularizada y por su aplicación controla la vida práctica en su totalidad.
Esas dos condiciones se dan en nuestros días Dios ha sido desplazado gradualmente del pensamiento del hombre con la ayuda del espíritu de una ciencia que es considerada neutral, autosuficiente, independiente, y superior a todo. Esa ciencia, aplicada a la vida práctica, especialmente con su visión de una sociedad planeada, va consiguiendo gradualmente el control de la sociedad. ¿Cómo podemos entender la secularización en esa situación? Esta ciencia aplicada nos plantea un grave dilema.
Siempre que la ciencia, motivada por sus presuposiciones, dé la solución definitiva y determinada, no quedará lugar para Dios. No hay lugar para la oración, ni para la gracia divina, ni para la bendición de Dios. Si una sociedad planificada es científicamente correcta, ya no necesita a Dios. Cada paso que se da en esa dirección, hace al mundo más profano y la aisla aún más de Dios. Los salarios y precios, el trabajo, las pensiones, la enfermedad, el gasto del dinero, el tiempo libre, la natalidad, la migración, la elección de profesión, la información educativa y, en definitiva, todo, puede ser controlado por la ciencia sobre la base de una profunda investigación. Sólo ella parece capaz de producir resultados buenos y necesarios. Parece como si la teoría siempre tuviera razón.
La ciencia aplicada parece haber conseguido el dominio del futuro, a menos que se le descubra alguna fisura. Afortunadamente hay por lo menos, dos de ellas. Más adelante las examinaremos, pero puede ser útil mencionarlas ahora: la primera es que la ciencia no es neutral e independiente, y la segunda es que la ciencia aplicada no puede y 1)0 debe intentar controlar la realidad. Pero tengamos en cuenta que el camino para llegar a percibir la debilidad inherente de la ciencia aplicada, con vistas a poder resistir con éxito su impacto totalitario, es largo, duro, y lleno de obstáculos. Parece que incluso el cristiano se ve empujado a confiar en la ciencia, restringiendo su fe al círculo de la familia, la iglesia y tal vez de su propio corazón y el cielo. ¡Al menos eso está fuera de la planificación! La extensión de la planificación —engendrada por el mal (le la ciencia aplicada— persigue a todo aquel que vive sn Dios. Es significativo que Heidegger dijera en una ocasión: “Ser es dar un paso hacia la muerte.”
En esta maligna situación, el cristiano parece forzado a aceptar el esquema “natural-sobrenatural”. Pero esto deja a su llamada vida natural sin Dios. No confiemos jamás en ese esquema. Téngase en cuenta que la secularización siempre tenderá a ensanchar el campo de lo “natural”, y estrechar el de lo sobrenatural. Algunos pueden sentirse tentados a volverle la espalda a la iglesia porque ésta no tenga un mensaje para una vida práctica sin Dios. Sólo el evangelio completo de Dios puede dar esperanza. Este evangelio reta los presupuestos de la ciencia aplicada y se enf renta directamente a ellos, formulando la elección con toda claridad: Cristo o la ciencia. Cristo, el Salvador del mundo, pone al descubierto los problemas del hombre moderno. Sólo El les puede dar solución. El siglo XIX creyó en la rendición mediante el progreso y la tecnología. El siglo XX cree en la redención mediante la ciencia aplicada en una sociedad planificada. Cristo o esa ciencia; he ahí la elección que se nos presenta.


Alienación y aislamiento del hombre
¿Existe alguna otra fisura en la ciencia aplicada? Por cierto que sí. Hay una muy importante, relacionada con la tercera característica de nuestra actual crisis, y estrechamente conectada con el punto anterior. El poder que la ciencia aplicada ha conseguido, se revuelve contra ese hombre que esperaba convertirse, con su ayuda, en amo de la realidad. Es ésta una cuestión muy extensa que aquí sólo podemos tocar brevemente. Dessauer ya ha señalado el hecho de que la tecnología desarrollada por el hombre se está transformando en un poder impersonal, autónomo, que parece haberse independizado del hombre y oponerse a sus mejores intereses. Cualquier persona que trabaje en una organización puede sentir el poder latente que le es característico. No se trata sólo de un poder contra el hombre insignificante, sino que también es, en cierto sentido, algo más allá del control de la élite. A veces hemos habiado con dirigentes de semejantes organizaciones, aconsejándoles para introducir algunas mejoras. Se han encogido de hombros y han dicho: “Su consejo es muy bueno, pero la organización no lo puede incorporar; no olvide que soy tan impotente como Ud.”.
Lo mismo sucede con la planificación en otros campos, incluyendo el de la información pública. Cuando se busca la fuerza en la planificación, lo que en realidad sucede es que uno se convierte en esclavo, aunque se sea el creador del plan. Hitler llegó a un punto de su carrera en el que la guerra ya era inevitable, aunque la hubiera querido impedir. Laski, el teorizante laborista, ha argumentado que cuando el partido de la oposición se hace con el poder en un gobierno que se ha embarcado en un programa laborista planificado, se ve obligado, por el poder de la anterior planificación, a desarrollar el esquema socialista. Esto, dijo, no sólo es bueno, sino también inevitable.
Este punto tiene una aplicación todavía más amplia. El resultado de la ciencia aplicada es la esclavitud y la enemistad. Guardini dice que desde la Edad Media el hombre ha creado varios
campos autónomos de investigación con el fin de convertirse en dueño de la realidad. Mediante esos esfuerzos ha cerrado las puertas a Dios. Parece ser que al católico Guardini se le ha escapado el ver que esta tendencia tiene su origen en la naturaleza autónoma alimentada por Tomás de Aquino. Pero se da cuenta, no obstante, de que esa autonomía conduce a la alienación del hombre de ese mismo campo. Esto es algo que se ha puesto muy de manifiesto en el caso del hombre y la bomba atómica.
Esta alienación se puede observar en nuestra civilización, con sus esfuerzos en busca de la seguridad y el poder a través de la indiscutida y triunfante ciencia. Pero todos los esfuerzos humanos han desembocado en una sorprendente inseguridad. El hombre se da cuenta de que los medios de su poder se e escapan de las manos y se vuelven contra la propia humanidad. El hombre ha luchado por conseguir el dominio de ¡a realidad y así, en cuanto amo, ser igual a Dios. En ese proceso ha perdido a Dios. Al propio tiempo se alienó del mismo poder que había descubierto y pretendido emplear para sus propios fines. Esto le ha ido reduciendo más y más a la esclavitud, convirtiéndose en su enemigo. Al igual que en el caso de Adán, el ansia humana de autonomía revela las consecuencias y naturaleza del
pecado. Dios mismo está castigando a nuestra civilización por este pecado, con la actual crisis de la ciencia y el pensamiento científico. La secularización penaliza al hombre con la pérdida del significado de la vida. El ansia humana de independencia ha provocado este mortífero rebote de la herramienta, produciendo la actual esclavitud.
Hay que tener en cuenta que los instrumentos empleados por el hombre no son verdaderamente independientes de éste. Parecen serlo al alienarse de la vida y esperanza del hombre. Es Dios, en realidad, quien hace que el hombre, con todo su recién estrenado poder, se convierta en impotente. Dios castiga la apostasía del hombre volviendo los instrumentos contra el propio hombre, confrontándole con lo absurdo de su vida, y con una pérdida de la fe, con el resultado de la pérdida de la fe, con el resultado de la pérdida esencial del control de los instrumentos.
Jaspers, aunque no percibe el carácter de la fe, admite que esta pérdida de fe marca la crisis de nuestra civilización. No hay nada que objetar a esa observación. Se puede ver en la inútil lucha de Occidente por contrarrestar al comunismo y recuperar la perdida iniciativa. Se puede también ver en la incapacidad de Europa para encontrar la solución adecuada a sus relaciones con sus antiguas colonias.
Apenas hace cuarenta años que Freud dijo que la Religión y la fe eran una neurosis nacida de frustraciones psicológicas. En nuestros días hay muchos humanistas que se percatan con dolor de que la verdad es precisamente al revés. Se dan cuenta de que nuestra crisis es una neurosis nacida de la falta de fe en el significado de la realidad. He ahí, al descubierto, las raíces de nuestra crisis, tanto en la ciencia teórica como en la aplicada. La única solución está en la recuperación de la fe. Montaigne dijo en cierta ocasión: “No hay brisa para el que no conoce un puerto.” Pero no toda fe es válida y verdadera. La única fe que puede rescatar a nuestra civilización es la que hace al hombre absoluta y completamente dependiente de Dios, pues esa fe abre las puertas de la verdadera libertad en Cristo.

 

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