El testimonio cristiano


El testimonio cristiano

Introducción:

Nada sustituye el testimonio que brota de cristianos seguros de su identidad y contentos de ser quienes son. El concepto de nosotros mismos como determinante fundamental.

Dar testimonio del evangelio

Josh McDowell

En el curso de nuestra formación cristiana, nos han repetido que debemos testificar del Evangelio. Para quienes no tenemos una idea clara de que somos hijos de Dios, amados, valiosos y competentes, el reto de testificar solo sirve para aumentar el sentimiento de culpa en el transcurso de los años, ya que no hemos visto que nadie se convierta gracias a nosotros. Es más, podemos tener un retrato subjetivo todavía más desvirtuado, porque sospechamos que, debido a nuestra falta de fruto como sus testigos, quizás Dios debe amarnos menos.

Muchos cristianos están convencidos de que sus vidas no son lo suficientemente buenas para poder dar testimonio verbal. “Necesito poner mi vida en orden antes de testificar a otros sobre Cristo”, dicen. El asunto es que nunca podrán poner su vida completamente en orden. Por ende, estas personas van por la vida intentando ser “suficientemente buenas”, pero nunca lo logran y, como consecuencia, se sienten culpables, frustradas y desesperanzadas.

 

cristo

Cristo

Otras personas temen las reacciones negativas que pueden recibir si testifican de Cristo; no desean ofender a nadie, ni que nadie se enoje, y optan por no decir nada. Otras están convencidas de que estropearán todo cuando hablen de su fe, y que dejarán a sus oyentes más confundidos.
Estos temores y excusas son evidencia clara de que muchos consideran el testimonio, principalmente, como algo que hacemos, y no el resultado natural de lo que somos.

Este hincapié en el hacer revela un pobre sentido de identidad en Cristo, porque el cristianismo está más relacionado con ser que con hacer. Si te sientes identificado con alguno de estos temores respecto al testimonio, quizá haya un aspecto de tu sentido de identidad que necesitas transformar.

 

Si sientes que no eres “suficientemente bueno” para testificar de Cristo, tienes un sentido limitado del amor de Dios. Cuando adaptes el concepto que tienes de ti al de Dios: aceptado sin condiciones, perdonado y creado a su imagen, tus imperfecciones dejarán de ser un impedimento.

Debes darte cuenta de que Dios te ama y quiere utilizarle, incluso cuando “estás en proceso” de maduración como cristiano. Si Dios tuviera que esperar a que alcanzáramos la plena madurez antes de encomendamos hablar del Evangelio con los demás, ¡tendría que esperar a que llegáramos al cielo!

Además, si todos fuéramos perfectos, las personas a quienes testificamos se sentirían descorazonadas, creerían que sería imposible ser como nosotros. Las personas que, a pesar de sus imperfecciones, se consideran amadas y aceptadas, testifican y transmiten con más naturalidad el amor de Dios.

Si tienes miedo de las reacciones negativas que tu testimonio puede provocar, no has entendido bien cuánto te valora Dios.

Depender demasiado de la aprobación de los demás está evidenciando una baja estimación de tu valor intrínseco para el Creador. ¿A qué le tienes miedo? Dios te tiene en tan alta estima que permitió que su Hijo muriera por ti. El Rey del universo te ama y te valora.

Aunque todos tus conocidos se negaran a escucharte, Dios todavía te valora. Si sientes temor a la reacción de los demás frente a tu testimonio, deberías orar para consolidar la segunda columna de tu identidad, la valoración de Dios.

Si no te animas a testificar porque temes cometer un error o confundirte, no tienes claro lo útil y capaz que puedes ser para Dios. En un sentido, es como si le dijeras a Dios: “Sé que quieres que testifique, pero tendrás que usar a otra persona más capacitada y segura de sí, porque yo no soy ni una cosa ni la otra”.

La importancia del testimonio no radica en lo que digamos o lo bien que lo expresemos. Por el contrario, lo que importa es que somos los hijos amados de Dios. Tú eres único y capaz, por ser como eres. Entre los más de seis mil millones de habitantes en esta Tierra, no hay otra persona como tú. Dios conoce tus capacidades y tus limitaciones, y puede usarte aunque a veces te sientas incompetente.

Lo único que debes hacer es orar: “Dios, solo quiero ser lo que tú deseas que sea. Testificaré de la mejor manera que pueda, y dejaré el resultado en tus manos”.

 

La importancia del testimonio

La fe se transmite  a través del testimonio y el ejemplo. Si revisamos nuestra historia seguramente podremos recordar varias personas que, mediante su testimonio de vida, nos acercaron al misterio del Dios de la Vida. Muchas veces no han sido grandes intelectuales los que nos han enseñado el rostro de Dios sino personas sencillas, muchas de ellas en el hogar, el colegio, el barrio, la misión…

A la hora de transmitir la fe y contagiar a los demás la alegría del evangelio la herramienta más eficaz es el propio ejemplo.

Con mis obras te mostraré mi fe

«Hermanos, si uno dice que tiene fe, pero no viene con obras, ¿de qué le sirve? ¿Acaso lo salvará esa fe? Si un hermano o una hermana no tienen con qué vestirse ni qué comer, y ustedes les dicen: “Que les vaya bien, caliéntense y aliméntense”, sin darles lo necesario para el cuerpo, ¿de qué les sirve eso? Lo mismo ocurre con la fe: si no produce obras, muere solita. Y sería fácil decirle a uno: “Tú tienes tu fe sin obras. Muéstrame tu fe sin obras, y yo te mostraré mi fe a través de las obras”. Sant. 2, 14-18

El testimonio de vida, principal recurso pedagógico del cristiano

La carta de Santiago es muy clara al plantear la necesidad de acompañar la fe con obras que la muestren y lleven a la vida práctica. El catequista, como servidor de la Palabra y pedagogo de la fe debe recordar siempre estas sencillas enseñanzas.

Lo que enseñamos con el ejemplo no se olvida fácilmente. La pedagogía de Jesús está llena de gestos y actitudes. Si recorremos los evangelios son muchas las ocasiones en que su manera de vivir despierta interrogantes en los discípulos, y esos interrogantes (profundos, existenciales) abren el camino al don de la fe.

Es común encontrar a muchos cristianos preocupados por la necesidad de actualizar sus recursos para enseñar el evangelio. Y es muy bueno que así sea, pues implica una toma de conciencia de su misión y responsabilidad. Pero a veces los recursos están más cercanos de lo que esperamos.

¿Por qué no planificar algunos encuentros de crisitanos alrededor de acciones solidarias?

Los frutos de la sabiduría se aprecian en la conducta, nos enseña el mismo Santiago unos párrafos más adelante que la cita señalada más arriba (Sant. 3, 13)

La forma de vivir del catequista, su manera de ser-para-los-demás, el ejemplo de su entrega y su servicio son herramientas privilegiadas para la transmisión de la fe. Quien ha de confiar y creer en una persona que no muestra con su vida lo que enseña con sus palabras. Vivimos un tiempo histórico en el que las palabras están muy devaluadas.

Estamos acostumbrados a escuchar grandes discursos y promesas de cambio… que quedan en la nada e incrementan el escepticismo de la gente. Por esto es tan importante enseñar con los hechos y el testimonio. Además de seguir los pasos del Señor, que pasó haciendo el bien y nos enseñó con su vida, respondemos a una situación histórica.

 

 

En la enseñanza de la fe es necesario siempre volver a lo simple, a la sencillez del evangelio vivido todos los días… que tal vez sea mucho más exigente y comprometido que hablar con palabras complicadas y difíciles. 

Sobre la importancia del Testimonio para el musulmán (Shahada)

- Definitivamente, no hay nada más importante que el testimonio de “La ilaha il-la Al-lah” (No hay más deidad que Dios). Esta declaración –junto con la de “Muhammad rasul ul lah” (Muhammad es el Mensajero de Al-lah)- convierte a alguien en musulmán, sin necesidad de ningún otro requisito.

- Ésta es una declaración de creencia en el Tauhid de Al-lah, que es la línea que separa el iman (fe) del kufr (incredulidad). Ésta fue la llamada de todos los anteriores mensajeros y profetas.

- El propio Al-lah (SWT) ha subrayado la importancia de esta declaración en el Corán. Él (SAW) ha dicho: “… y conoce que no hay más deidad que merezca ser adorada más que Al-lah…” (47:19, 20:8, 3:18, 59:22-23).

El testimonio es pronunciado diariamente por el musulmán en:

a) La llamada a la oración.
b) Al principio de las oraciones.
c) Durante el Tashahud (el testimonio que se dice durante la oración, cada dos rakats, cuando el musulmán se halla sentado).
d) Durante la recitación del Dhikr (el recuerdo de Al-lah), que se recita antes y después de las oraciones.

Los méritos de la Kalimah (La ilaha il-la Al-lah)

Abu Said al Judri narró que el Mensajero de Dios (S) dijo:

“Moisés (AS) dijo: “¡Oh Señor! Enséñame algo con lo que pueda recordarte y suplicarte. Al-lah (T) respondió: “Di: “La ilaha il-la Al-lah”. Musa dijo: “Todos Tus siervos dicen esto.” Al-lah respondió: “Si los siete Cielos y los que habitan en ellos y las siete Tierras fueran puestas en un extremo (de una balanza) y “Laa ilaha il-la Al-lah” fuera puesto en el otro, “La ilaha il-la Al-lah” tendría más peso.”
(Ibn Hibbaan y Haakim)

Y el Mensajero de Al-lah (PB) dijo:

“El mejor Dhikr (recuerdo) es “Laa ilaha il-la Al-lah (No hay más deidad que Dios).”

El Mensajero de Al-lah (PB) dijo:

“Una persona de mi Ummah (Comunidad Islámica) será llamada a la presencia de todas las criaturas el Día del Juicio. Noventa y nueve registros (que enumeran las malas acciones de su vida) serán desplegados y cada uno de ellos llegará tan lejos como la visión pueda alcanzar. Más tarde, se le preguntará a la persona: “¿Niegas alguna de estas acciones?”. Él contestará: “No, mi Señor”. Entonces se le preguntará: “¿Tienes alguna excusa o alguna buena acción (que compense dichas malas acciones).” La persona, que se sentirá asustada, dirá: “No”. Entonces se le dirá: “Sí, sí tienes algunas buenas acciones. Ninguna iniquidad te alcanzará.”
Se le mostrará entonces una carta en la que estará escrito: “La ilaha il-la Al-lah, Muhammad rasul Al-lah”.
Él preguntará: “¡Oh Al-lah! ¿Qué cartas y qué registros son éstos?” Se le dirá entonces: “Ninguna injusticia te alcanzará.” Los noventa y nueve registros serán colocados en un lado de la balanza y la carta en el otro. La carta pesará entonces más que los registros.” (At Tirmidhi y Al Hakim).

Todos estos méritos del Testimonio han sido resumidos por Ibn Rayab de la siguiente manera:

- Su recompensa es Al Yannah (el Paraíso).
- El pronunciar el Testimonio antes de morir puede llevar a alguien a ser admitido en el Paraíso.
- Es una protección frente al Fuego del Infierno.
- La gente que la pronuncie saldrá del Fuego del Infierno, incluso aunque hallan sido temporalmente enviados a él por haber sido negligentes en la observancia de sus obligaciones.
- Borra las faltas y hace que el musulmán sea perdonado.
- Es la mejor de las buenas acciones.
- Es aceptado por Al-lah, el Altísimo.
- Es la mejor declaración pronunciada nunca por los Profetas.
- Es la mejor de las alabanzas a Al-lah.
- Es una protección frente a Shaitan (Satanás).
- Es una garantía de seguridad frente al castigo de la tumba y a lo que acontecerá en el Día de la Resurrección.

Poesía: Mis manos abiertas

Enséñame Señor

a vivir mi fe todos los días,

en las cosas sencillas y cotidianas.

Enséñame Señor

a transmitir mi fe todos los días

con gestos sinceros, con manos abiertas.

Enséñame Señor

a contagiar a otros

el espíritu del Evangelio.

A hacer el bien para que venga el Reino.

Enséñame Señor

a ser un espejo de lo que creo,

A mostrar con mis obras

La fe que da sentido a mi vida.

Que así sea, Señor.

 

Fuentes:

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