Relatos bíblicos


Estudios bíblicos 

Relatos bíblicos

Por: Edesio Sánchez Cetina

Poética («confección») de la narrativa hebrea

Para iniciar nuestro estudio del género literario «relato» o «narración», vayamos directamente a Jueces 3.12-30. Este relato nos servirá como punto de referencia para nuestra pesquisa:

Como los israelitas volvieron a pecar contra Dios, él le dio a Eglón, rey de Moab, más poder que a los israelitas. Para atacarlos, Eglón se unió con los amonitas y los amalecitas, y se apoderó de Jericó. Después de dieciocho años de esclavitud, los israelitas le suplicaron a Dios que los salvara, y él les envió a Ehud hijo de Guerá, que era de la tribu de Benjamín. Ehud era el encargado de llevarle a Eglón los impuestos que los israelitas debían pagarle.
Ehud hizo una espada de doble filo, de unos cincuenta centímetros de largo, y como era impedido de la mano derecha se la puso del lado derecho, cubriéndola bajo sus ropas. Luego se fue a llevar los impuestos al rey Eglón. Después de entregarle los impuestos, Ehud y sus hombres salieron de allí. Cerca de Guilgal, donde estaban las estatuas de los ídolos, se despidió de ellos y regresó a donde estaba el rey Eglón, que era muy gordo y estaba sentado en su sala de verano. Ehud le dijo: «Su Majestad, tengo un mensaje secreto para usted».
El rey ordenó a sus servidores que salieran. Entonces Ehud se acercó al rey, y le dijo: «El mensaje que traigo es de parte de Dios». Al oír eso el rey, como pudo se puso de pie. Ehud tomó con su mano izquierda la espada que llevaba del lado derecho, y con tanta fuerza se la clavó al rey en el vientre, que le reventó los intestinos. Como Eglón era tan gordo, toda la espada quedó atorada en su gordura. Después Ehud cerró con llave las puertas de la sala de verano, salió por una ventana y se fue.
Cuando los servidores del rey volvieron y encontraron las puertas cerradas con llave, pensaron que Eglón estaba haciendo sus necesidades. Esperaron afuera un buen rato, pero como el rey no salía comenzaron a preocuparse. Entonces abrieron las puertas, y encontraron a su rey tendido en el piso y sin vida.
Mientras los servidores habían estado esperando, Ehud se había escapado. Pasó por donde estaban las estatuas de los ídolos, y se refugió en Seirat. Al llegar a las montañas de la tribu de Efraín, tocó la trompeta para reunir a los israelitas. Ellos bajaron de las montañas, con Ehud al frente, y él les dijo: «¡Síganme! ¡Con la ayuda de Dios venceremos a los moabitas!»
Los israelitas lo siguieron, y se apoderaron del paso del río Jordán que lleva a Moab, y no dejaron pasar a nadie. Y aunque los moabitas eran fuertes y valientes, aquel día murieron unos diez mil de sus mejores soldados. ¡Ninguno pudo escapar!
Después de eso hubo en el territorio ochenta años de paz.
(Traducción en lenguaje actual)

Veamos, en primer lugar, cómo se ha estructurado la trama del relato. A partir del estudio y compresión de la trama, nos moveremos a otros elementos importantes que nos ayudarán a conocer mejor el género literario «narración».

Trama, argumento o intriga
Responden a la disposición ordenada de los acontecimientos (como decía Aristóteles). En su totalidad, la trama sigue una secuencia que se puede ilustrar con la figura de una pirámide, sea ésta de tres lados o de cinco partes. La figura más sencilla o de tres lados sigue el siguiente orden: un principio o exposición, una parte intermedia también llamada complicación, y un final o desenlace —surge un conflicto al principio, se complica de diferentes maneras en la mitad y se resuelve al final.

La figura más completa, la de cinco partes, conocida como estructura «quinaria» sigue el siguiente orden: la exposición, el nudo o complicación, la acción transformadora o clímax, el desenlace, y la situación final o cierre.

Pongamos como ejemplo el relato de de Jueces 3.12-30: «Ehud (Aod) libera a Israel de manos de los moabitas». La historia se desarrolla así (RVR-60):

Escenario o exposición
12 Volvieron los hijos de Israel a hacer lo malo ante los ojos de Jehová; y Jehová fortaleció a Eglón rey de Moab contra Israel, por cuanto habían hecho lo malo ante los ojos de Jehová. 13 Este juntó consigo a los hijos de Amón y de Amalec, y vino e hirió a Israel, y tomó la ciudad de las palmeras. 14 Y sirvieron los hijos de Israel a Eglón rey de los moabitas dieciocho años.
15 Y clamaron los hijos de Israel a Jehová; y Jehová les levantó un libertador, a Aod hijo de Gera, benjamita, el cual era zurdo.
Y los hijos de Israel enviaron con él un presente a Eglón rey de Moab. 16 Y Aod se había hecho un puñal de dos filos, de un codo de largo; y se lo ciñó debajo de sus vestidos a su lado derecho. 17 Y entregó el presente a Eglón rey de Moab; y era Eglón hombre muy grueso.

Nudo o complicación
18 Y luego que hubo entregado el presente, despidió a la gente que lo había traído. 19 Mas él se volvió desde los ídolos que están en Gilgal, y dijo: Rey, una palabra secreta tengo que decirte. Él entonces dijo: Calla. Y salieron de delante de él todos los que con él estaban.

Clímax o acción transformadora
20 Y se le acercó Aod, estando él sentado solo en su sala de verano. Y Aod dijo: Tengo palabra de Dios para ti. Él entonces se levantó de la silla. 21 Entonces alargó Aod su mano izquierda, y tomó el puñal de su lado derecho, y se lo metió por el vientre, 22 de tal manera que la empuñadura entró también tras la hoja, y la gordura cubrió la hoja, porque no sacó el puñal de su vientre; y salió el estiércol. 23 Y salió Aod al corredor, y cerró tras sí las puertas de la sala y las aseguró con el cerrojo.
24 Cuando él hubo salido, vinieron los siervos del rey, los cuales viendo las puertas de la sala cerradas, dijeron: Sin duda él cubre sus pies en la sala de verano. 25 Y habiendo esperado hasta estar confusos, porque él no abría las puertas de la sala, tomaron la llave y abrieron; y he aquí su señor caído en tierra, muerto.

Desenlace
26 Mas entre tanto que ellos se detuvieron, Aod escapó, y pasando los ídolos, se puso a salvo en Seirat. 27 Y cuando había entrado, tocó el cuerno en el monte de Efraín, y los hijos de Israel descendieron con él del monte, y él iba delante de ellos. 28 Entonces él les dijo: Seguidme, porque Jehová ha entregado a vuestros enemigos los moabitas en vuestras manos. Y descendieron en pos de él, y tomaron los vados del Jordán a Moab, y no dejaron pasar a ninguno. 29 Y en aquel tiempo mataron de los moabitas como diez mil hombres, todos valientes y todos hombres de guerra; no escapó ninguno.

Cierre o situación final
30 Así fue subyugado Moab aquel día bajo la mano de Israel; y reposó la tierra ochenta años.
Veamos cada punto de manera más detallada, para entender cómo un autor urde la trama o intriga.

Escenario
El escenario es crucial pues provee el trasfondo físico para colocar la acción en el relato. En este caso, el relato nos habla de la situación de opresión que sufría Israel a causa de su pecado, y también nos presenta a los personajes centrales. Es decir, en el escenario o exposición se le da al lector la información necesaria (el «quién» y el «qué») para poder entender la situación que se va a modificar; se le presenta al lector el estado de cosas antes de que se inicie la acción.

Nudo o complicación
Aquí se abre propiamente la acción (serie de acontecimientos donde las cosas se complican) y se da la tensión o conflicto que busca solucionarse en el episodio «cumbre» o «clímax». En el caso de Jueces 3.18-19, el relato nos muestra a un Ehud que utiliza la astucia, con palabras bien elegidas, para engañar a Eglón y así lograr quedarse a solas con él. Se refirió a su daga usando una expresión ambigua —«tengo una palabra/objeto secreta/o para ti» (v.19)—; al usar la palabra hebrea «dabar», mientras Ehud se refería al «objeto» que guardaba en su costado derecho, Eglón entendía «mensaje secreto».

Clímax o acción transformadora
En esta parte de la acción se logra eliminar la dificultad u obstáculo que se enuncia en la sección anterior. Por eso se llama clímax o cumbre, porque aquí se da el punto en donde toda la historia da un giro de 180 grados. En nuestro relato de Jueces, Ehud logra matar al obeso Eglón, burlarse de los ayudantes de Eglón, y así acabar con el peligro que significaba opresión para su pueblo.
Por ser éste el momento culminante del relato, por lo general los autores deciden «marcarlo» echando mano de varios tipos de recursos: cambio en la sintaxis, en los tiempos verbales, en el manejo del tiempo, etc. El texto hebreo demarca claramente esta parte al cambiar el orden sintáctico normal de la narrativa hebrea. En los versículos 19 y 26 las oraciones son disyuntivas, es decir, empiezan con el sujeto (pronombre: «y él» [v. 19] o nombre: «y Ehud»[v. 26]). Nótese que en el resto del relato el autor siempre empieza la oración principal (nuestras versiones modernas la marcan con el número de versículo) con el verbo, como es común en la sintaxis hebrea propia de los textos en prosa (waw consecutivo o wayyiqtol). Además, el clímax queda enmarcado con la expresión «los ídolos». Por otro lado, en la cumbre el tiempo transcurre en «cámara lenta»; cada elemento se describe en detalle y se presenta sin apuro. Además, los elementos que se habían adelantado, como pista para el oyente, ahora muestran su razón de ser; por ello en la presentación de los personajes, el aspecto físico era importante: Ehud, el héroe, resultó ser astuto y sagaz; Eglón, el villano, muere de manera vergonzosa. Su obesidad da pie para pintar el cuadro satírico y humorístico. En los versículos 24-25, el autor ha decidido marcar lo importante del episodio con la repetición (tres veces) de la frase demostrativa: «y he aquí». Con ella, el autor introduce, in crescendo, tres momentos clave: la puerta de la sala con llave; el rey no abre la puerta; el rey tirado en el suelo, muerto.

Desenlace
Se describe los efectos del clímax. El problema o conflicto ha sido resuelto. Ehud, el héroe escapa ileso, y anima al ejército israelita a luchar y vencer al enemigo. Los papeles se cambian, ya no es Israel quien está bajo la «mano» de Moab, sino los moabitas sufren ahora el castigo bajo la «mano» de Israel.

Cierre o situación final
Se presenta el nuevo estado o retorno a la normalidad. No sólo Moab vive bajo el poder de Israel, sino que la cantidad de años que Israel vive en paz (80 años) es notoriamente mayor que el tiempo que vivió bajo opresión (18 años).
Después de familiarizarnos con la trama del pasaje, debemos detenernos a estudiar varios elementos que, junto con la trama, nos permiten adentrarnos mejor a las características propias de este género literario.

Delimitación
Para el estudio correcto de un relato, el primer paso es marcar los límites externos (o «brechas duras») de la «perícopa» o pasaje y señalar los límites internos (o «brechas suaves»). Para marcar las «brechas duras» (las que marcan el principio o fin del pasaje) es necesario tomar en cuenta al menos cuatro variables o cambios entre nuestro texto y el anterior: (1) cambio de tiempo, tanto cronológico como gramatical; (2) cambio de lugar, por ejemplo, de la calle a la casa o de un país o región a otra; (3) cambio de personajes, quiénes son los nuevos actores, quién ha desaparecido o aparecido; (4) cambio de tema, de qué se habla ahora. Todos estos criterios, en su conjunto, nos dicen que para limitar un relato o narración lo que se debe tomar en cuenta es la «acción narrativa»: ¿dónde comienza y dónde termina el relato? Pueden anexarse otros cambios como el cambio de género literario y otros posibles elementos o criterios.
Los títulos de párrafos presentes en nuestras versiones castellanas no son siempre de ayuda. Tampoco lo son las indicaciones de capítulos y versículos. Todos estos elementos no fueron colocados ni ideados por los autores bíblicos.
En el caso de Jueces 3.12-30, cualquier persona familiarizada con el libro sabe que la aparición de la fórmula «los hijos de Israel volvieron a hacer lo malo…» marca el inicio de una nueva historia. Ésa es la primera señal de que estamos frente a un nuevo relato. Además hay cambio de circunstancia –opresión bajo nuevos enemigos—; hay también cambio de personajes –Ehud (Aod) y Eglón; el tema del relato es diferente al tema del relato anterior y también del que sigue; la geografía también cambia.
Las «brechas suaves» marcan las divisiones internas del pasaje. En el caso de los relatos, éstas se encuentran donde aparecen los límites de cada parte que forma la trama. Como veremos más adelante, las «brechas suaves» también marcan partes del relato que no necesariamente tienen que ver con el desarrollo de la trama.
Para facilitar la división interna de un relato es una buena práctica dividirlo en cuadros. En ciertas ocasiones, varios «cuadros» o escenas no aparecen de manera explícita en el relato; en ese caso, ayuda «recrearlo» para poder tener un cuadro completo de todo el relato.

Personajes
Hay por lo menos tres clases de personajes en la narrativa hebrea: el personaje completo o de pleno derecho, el modelo o agente y el figurante o de relleno. El personaje completo es multidimensional y complejo; ofrece una variedad de rasgos; puede ser «protagonista» («héroe») o «antagonista» («villano»). El modelo se caracteriza por presentar un solo rasgo o simple instrumento para la acción. El figurante es sencillamente un carácter que ejerce la función de «relleno» que el autor usa para «llenar» el relato; no ofrece ningún rasgo importante para la historia.
En relación con lo anterior, es importante considerar, al estudiar un relato, lo que se conoce como indicadores de jerarquía. Estos indicadores nos ayudan a descubrir la jerarquía que se le da a los personajes que participan en el relato (Amit: 99):

Indicador de INTERÉS: el personaje sobre el cual el relato enfoca, de variadas maneras, todos los «reflectores» (spotlights), mientras que los otros personajes quedan relegados a posición secundaria.
Indicador de CANTIDAD: La cantidad de espacio o atención que se le asignan a los personajes.
Indicador ESTRUCTURAL: Lugar del relato donde se cita al o los personajes. Los puntos «fuertes» o «clave» para el personaje central (por ej. al principio o al final).
Indicador TEMÁTICO: La evaluación de la naturaleza de las acciones de un personaje en particular, así como lo importante de las declaraciones de ese personaje relacionadas con el propósito de la obra.
Jueces 3.12-30 nos permite reconocer a Ehud como el «protagonista» y a Eglón como el «antagonista». Los israelitas, como personaje, van supeditados a Ehud, y los moabitas, amonitas, y amalecitas lo están a Eglón. Los israelitas aparecen como «agentes» lo mismo que los ayudantes de Eglón. Los pueblos seguidores de Eglón son personajes de «relleno». Yavé, aunque no es personaje central, tampoco lo es de relleno. Aunque sólo aparece tres veces, sus acciones son imprescindibles: La nación enemiga no hubiese podido «fortalecerse» sin la intervención de Yavé (v. 12); Israel no hubiese podido librarse del poder moabita, sino «levantaba» Yavé un libertador (v. 15); Israel no hubiese «derrotado» a Moab, si Yavé no hubiese entregado a Moab en «sus manos» (v. 28). Así, aunque el relato enfoca «las cámaras» la mayor parte del tiempo sobre Ehud, Yavé aparece como el punto de arranque de todo y como Señor de la historia: los enemigos, su pueblo, y el líder que los libera, todos dependen de su soberana voluntad.
Respecto de los dos personajes importantes veamos lo que nos muestra el relato bíblico:
A Eglón se lo pinta como «un hombre muy obeso» (v. 17, NBJ). Ya su nombre, Eglón («becerro gordo»), apunta a su cualidad física y, de alguna manera, a su destino: está listo para el matadero. Esta característica será retomada y usada de manera muy descriptiva para resaltar, aún más, el tenor humorístico y satírico del relato. La muerte de Eglón se da en el ambiente más vergonzoso y repugnante posible. De allí que es importante traducir la última palabra del versículo 22 como «excremento» (M. L. Barré). El tema de la gordura como rasgo característico de Eglón, también se reserva para los soldados del ejército de Moab. Los soldados muertos en la batalla son calificados como samen, palabra que puede traducirse como «fuertes», «robustos», pero también como «gordos» (v. 29). El destino de su gordo rey vino a ser el mismo para ellos.
A Ehud se le presenta con lujo de detalles y con una figura de héroe. Empecemos con el nombre: Está relacionado con la idea de «majestad» y «gloria». Puede traducirse como «¿dónde está la gloria?» (ABD-2: 414) o «majestad [de Dios]» (Soggin: 49). Si el tema de la «mano» no fuera clave en este pasaje, el hecho de que Ehud perteneciera a la tribu de Benjamín no significaría más que una simple referencia étnica. Pero el autor nos obliga a leer en la palabra «benjamín» la expresión: «hijo de la mano derecha». Sin embargo, este hombre que por naturaleza debía ser diestro, resulta ser «un hombre con la mano derecha “atada”», es decir, «impedida». Aunque la expresión es considerada por algunos exegetas como modismo para referirse a los zurdos (Jue 20.16; 1 Cr 12.2) o ambidextros, la intensidad del mensaje del relato, lleno de humor e ironía, sólo se manifiesta si Ehud fue alguien que supo usar su «impedimento» para lograr una gran hazaña.
En los relatos, también deben considerarse como «personajes» a tres participantes más: el autor, el narrador y el lector. El narrador puede ser uno de los personajes del relato o la «voz» omnipresente del autor. En esos roles puede hablar en primera o tercera persona.
En relación con el «lector», Jean Louis Ska dice lo siguiente (p. 145): «El relato requiere una contribución activa por parte del lector, para llegar a ser realmente lo que es… la parte del lector es indispensable. Los relatos están dormidos hasta que no llega el lector a despertarlos de su sueño». En este mismo espíritu Pedro Salinas dice: «Y así el creador del [relato] se siente seguido en los siglos por un largo séquito de recreadores y recreadores, participantes todos en la faena de mantener la obra en vida» (Moreiro: 27).
Es necesario que mantengamos en mente que para el autor del relato, el lector es su cómplice. El autor de la narración implica al lector usando diferentes «guiños», sobrentendidos e invitaciones. Es decir, el autor literalmente «corteja» al lector para poder completar el mensaje. Si tomamos esto en cuenta, reconoceremos que en el contexto de la Biblia, ésta es una realidad presente a la vez que poderosa. Pablo en Corintios habla de la «letra viva» versus la «letra muerta». La palabra de Dios, viva y eficaz, requiere del «lector» u «oyente» para que sea «completa». Por ser palabra de Dios, la Biblia siempre exige de quien la aborda una «respuesta». No se puede ser «oidor olvidadizo» de ella.
Con relación al tema de la caracterización, la narrativa hebrea ofrece varias técnicas:
Descripción. Aunque a la narrativa hebrea no le «apetece» mucho describir a sus personajes con detalles, sí encontramos la descripción al servicio de la trama o argumento. Así vemos en Jueces 3 cuando se describe a Eglón como «gordo», dándole al lector la imagen de una becerro gordo listo para la matanza.
Interiorización. El narrador, a menudo, provee «ventanas» para que el lector tenga acceso al estado mental o emocional del personaje; o el mirar la acción a través de los ojos del personaje. El autor ofrece esa ventana en dos maneras: (a) el narrador comenta el pensamiento u opinión de un personaje —nos enteramos secretamente de los pensamientos del personaje por los comentarios que de él da el narrador; (b) el narrador usa las citas directas de los pensamientos del personaje —lo que se llama monólogo interno (Ex 2.14; 3.3).
Diálogo directo. La narrativa hebrea prefiere, sobre todas las cosas, sostener la acción dentro del argumento por medio de la oración directa. El diálogo directo ofrece las dimensiones psicológicas e ideológicas del personaje, y ofrece más dramatismo que la narración exterior. En Jueces 14—16 Sansón hace uso constante de la oración directa (véase 14.2, 3b; 15.18; 16.28).
Acciones. Los relatos de acciones sirven para resaltar a los personajes (véase Gn 30.35-36, 37-43). Esta técnica reconoce que el carácter de una persona se revela a través de sus actos. En la narrativa bíblica las acciones sirven como un canal muy importante para establecer un personaje. Las acciones son, además, piezas clave para la construcción del argumento. En algunos casos la «inacción» también sirve para revelar el carácter de algún personaje.
Contraste. El autor puede resaltar los rasgos de los personajes al colocarlos en yuxtaposición. Los ejemplos de Ehud y Eglón son bien claros. Lo mismo pasa al comparar al profeta Eliseo con su ayudante Gehazi en el relato de la curación de Naamán (2 Re 5).

Estilo
Si se pudiera decir en una sola palabra lo característico del estilo narrativo hebreo se usaría la palabra «acción». En el relato, la acción toma precedencia a la descripción; ésta, se reduce al mínimo, y está supeditada a la acción. «De todos los ingredientes que pueden entrar en la composición de un relato, los autores bíblicos eligen, por lo tanto, únicamente aquellos que se refieren a la acción: discusiones, decisiones y acciones» (Ska y otros:10).
El otro rasgo distintivo es la «repetición». Así se hacer referencia no sólo al número de veces que una palabra o recurso discursivo se repite, sino a la variedad de tipos de recursos repetitivos. Veamos varios de esos recursos:
Leitwort (palabra que se repite). Repetición de la misma palabra o sus cognados. En el caso de Jueces 3.12-30, el tema de «la mano» es clave. Ehud, «el hijo de la mano derecha» (benjaminita), es un hombre que tiene «la mano derecha atada». Pues bien, es através de su «mano» (v. 15, trad. lit. de hebreo) que los israelitas envían el tributo a Eglón. Con su «mano», Ehud mete el puñal que acaba con la vida de Eglón (v. 21). Finalmente, Dios pone al enemigo en «manos» de Israel, y Moab cae humillado bajo la «mano» de Israel.
La parte central del relato, es decir el clímax, tiene una estructura concéntrica, y juega con las palabras «salir», «entrar» y «cerrar».

Oraciones o frases clave. El autor las repite para darle unidad temática a una sección extensa. Por ejemplo, el estribillo que se repite varias veces en Jueces: «En aquellos días no había rey en Israel; todo mundo hacía lo que bien le parecía» (17.6; 18.1; 19.1; 21.25).
Motivo. La aparición, varias veces, de algún objeto, imagen o acción: «los ídolos» en el relato de Ehud (Jue 3.19 y 26). Los siguientes ejemplos son también dignos de notar: «piedra» en el ciclo de Jacob; «agua» en la historia de Moisés; «fuego» en los relatos de Sansón. Estos motivos pueden darle al relato unidad temática o coherencia.
Temas. Varios temas aparecen de manera constante en la narrativa hebrea. En el caso de Jueces 3.12-30 tenemos el ejemplo de cómo Dios selecciona no al más poderoso o mejor equipado, sino al débil, al impedido, al más jóven. Otros ejemplos son: el tema de la mujer estéril (Gn 11; 16; 20; 25; 30); obediencia y rebelión en el desierto y la revocación de la primogenitura (Gn 21; 25; 27; 37; 42; 48). Estos temas se organizan de acuerdo a ciertos patrones que el autor quiere que el lector descubra; o indican los componentes de la cosmovisión del autor. En el caso de la revocación de la primogenitura, el autor sugiere que Dios no está atado a las convenciones o costumbres y leyes humanas.
Repetición de secuencias. Al inicio del relato de Ehud y Eglón aparecen varios elementos del paradigma cíclico que se repite una y otra vez en el libro de los Jueces.
Patrones quiásticos. Palabras y eventos que se repiten en orden inverso para darle forma a episodios, discursos, ciclos de historias, etc. Véase el siguiente diagrama en el caso de la historia narrada en Jueces 3.12-30:

A. Yavé hizo a Moab más poderoso que los israelitas.
B. Moab ataca a Israel.
C. Israel envía a Ehud con el tributo para Eglón.
D. En «los ídolos», Ehud se «regresa».
E. Ehud regresa a Eglón.
F. Los sirvientes de Eglón salen (hay un mensaje secreto).
G. Ehud entra al recinto de Eglón.
H. Ehud saca su espada.
I. Ehud clava su espada en el vientre de Eglón.
H. Ehud no saca su espada.
G. Ehud sale del recinto de Eglón.
F. Los sirvientes de Eglón entran (mensaje aún secreto).
E. Ehud se aleja de la casa de Eglón.
D. En «los ídolos», Ehud escapa y reúne a los israelitas.
C. Ehud guía el ataque de los israelitas a Moab.
B. Israel mata a los moabitas.
A. Moab queda sujeto bajo el poder de los israelitas.

Escenas típicas. Son similares a los temas, pero se refieren de manera específica a la repetición de discursos o conductas convencionales (tradicionales) que aparecen en contextos similares. Por ejemplo: escenas de esponsales (Gn 24. 10-61; 29.1-20; Ex 2.15b-21); relatos de anunciación (Gn 18.1-15; Jue 13; 1 S 1; 2 R 4.8-37).

Citas. Los autores veterotestamentarios gustan de usar el discurso directo en lugar de la «narración» en tercera persona.
Un tercer rasgo característico de los relatos bíblicos es la «ironía». Una y otra vez se deja en vergüenza o ridículo al «poderoso» o «importante». A nadie escapa la descripción de Eglón y el relato de su muerte en Jueces 3.12-30. Lo mismo pasa en la historia de Naamán narrada en 2 Reyes 5. Qué ridicula es la «cantidad de plata, oro y vestidos lujosos» que Naamán lleva consigo para «comprar» al profeta de Dios. En qué ridículo quedó el rey de Israel al leer la carta que el envió el rey de Siria. El relato de la burra de Baalam en Números 22.21-34 es otro excelente ejemplo al respecto. Baalam, el profeta y vidente, fue incapaz de «ver» al ángel de Yavé que estaba por matarlo. En cambio, la burra, animal considerado tonto y terco, se convirtió en «profetiza» y pudo ver y hablar para librar a Baalam de la muerte segura.
En el Nuevo Testamento también aparecen una gran cantidad de relatos, tanto en los evangelios como en el libro de Hechos. Como ejemplo, presentamos aquí el relato de la «alimentación de más de cinco mil personas» (Mc 6.30-44):

30 Entonces los apóstoles se juntaron con Jesús, y le contaron todo lo que habían hecho, y lo que habían enseñado. 31 Él les dijo: Venid vosotros aparte a un lugar desierto, y descansad un poco. Porque eran muchos los que iban y venían, de manera que ni aun tenían tiempo para comer. 32 Y se fueron solos en una barca a un lugar desierto. 33 Pero muchos los vieron ir, y le reconocieron; y muchos fueron allá a pie desde las ciudades, y llegaron antes que ellos, y se juntaron a él.
34Y salió Jesús y vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos, porque eran como ovejas que no tenían pastor; y comenzó a enseñarles muchas cosas. 35 Cuando ya era muy avanzada la hora, sus discípulos se acercaron a él, diciendo: El lugar es desierto, y la hora ya muy avanzada. 36 Despídelos para que vayan a los campos y aldeas de alrededor, y compren pan, pues no tienen qué comer. 37 Respondiendo él, les dijo: Dadles vosotros de comer. Ellos le dijeron: ¿Que vayamos y compremos pan por doscientos denarios, y les demos de comer?
38 Él les dijo: ¿Cuántos panes tenéis? Id y vedlo. Y al saberlo, dijeron: Cinco, y dos peces. 39Y les mandó que hiciesen recostar a todos por grupos sobre la hierba verde. 40Y se recostaron por grupos, de ciento en ciento, y de cincuenta en cincuenta. 41Entonces tomó los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, bendijo, y partió los panes, y dio a sus discípulos para que los pusiesen delante; y repartió los dos peces entre todos.
42 Y comieron todos, y se saciaron.
43 Y recogieron de los pedazos doce cestas llenas, y de lo que sobró de los peces.
44 Y los que comieron eran cinco mil hombres.

El esquema de la pirámide de cinco partes nos muestra cómo la trama se estructura de manera clara y natural. Además, la delimitación del relato aparece también con claridad: se da un cambio de personajes respecto del relato anterior (Mc 6.14-29); el tema es totalmente distinto (en el relato anterior es la muerte de Juan Bautista, aquí es la alimentación de la multitud hambrienta); el lugar también ha cambiado (del palacio de Herodes pasamos a una zona desierta en los alrededores del Lago de Galilea).
Un estudio cuidadoso de la trama y del desarrollo del relato nos muestra que el tema central no es tanto el milagro de la alimentación de una multitud con unos cuantos panes y dos pescados, sino la lección que Jesús, «el buen pastor», les da a sus discípulos, «aprendices de pastor».
Por ello, el relato al principio y al final resalta la figura de los discípulos en relación con la tarea misional que Jesús les ha asignado: la enseñanza y las acciones a favor de la gente. Las doce «cestas llenas» del versículo 43 apuntan ni más ni menos a esa tarea de «hacer» a favor de los demás, del mismo modo que Jesús lo acaba de hacer para la multitud que los rodea.
Aunque el relato sigue de inmediato al que narra la muerte de Juan Bautista (Mc 6.14-29), el versículo 30 remite al lector al relato sobre la misión de los doce discípulos (Mc 6.7-13). Este relato da la clave de los varios elementos que se encuentran en Marcos 6.30-44: el de la enseñanza y proclamación de la palabra, el de «hacer» actos milagrosos como la sanidad y la expulsión de demonios y el tema del «pan».
De acuerdo al versículo 30, los discípulos o apóstoles han aprendido lo básico; es decir, cumplir con lo que Jesús, su maestro les pidió hacer. Jesús reconoce que la tarea ha sido cumplida, e invita a sus «enviados» a un merecido descanso (6.31). Los atareados apóstoles «no tenían tiempo para comer». Sin embargo, la idea del descanso pronto se esfumó. La multitud vio que Jesús y sus discípulos partían hacia el otro lado del lago, así que se les adelantaron (v. 33). Qué frustración para los discípulos fue descubrir que su «pastor» y «maestro» cambió la dirección de su interés y misión. Ya no era el «pastor» de los doce, sino de la multitud (v. 34). Pronto los apóstoles descubrieron que Jesús simplemente estaba haciendo lo que les había pedido hacer: enseñar a la gente. Más aún, «eran ovejas sin pastor»; ¿no había venido para eso?
Sin embargo, seguía la lección más importante y más difícil, la de proveer «pan» para esas ovejas que no sólo no tenían pastor, sino que tampoco «tenían que comer» (v. 36). Aquí es donde la complicación del relato, el «nudo», se muestra en toda su intensidad. Los discípulos recurren a la solución humana, la que todos conocemos: (a) que cada cual resuelva su problema (v. 36); (b) la solución del problema escapa de nuestras manos (v. 37). Jesús, en cambio, recurre a la propuesta divina: si la gente ya ha provisto para ustedes de pan (Mc 6.8), es obvio que, en primer lugar, ustedes tengan algo de comer, y en segundo lugar, eso que tienen y que no lo compraron ustedes es la base del «hacer» milagroso que ya aprendieron a realizar (Mc 6.7-13). Si Jesús «les dio autoridad» para expulsar demonios y sanar enfermos, el pueblo les había dado «pan» para la alimentación. ¡Ése era el secreto del milagro! Los discípulos estaban «equipados», pero no podían reconocerlo. Por eso necesitaban la gran lección.
Para la lección, Jesús los invita a compartir con él lo que el mismo Dios y Padre había prometido ser (Sal 23): «buen pastor». Jesús en compañía de sus «discípulos» hace descansar a la «multitud de ovejas» en el «pasto verde» y los alimenta (véase Sal 23.2), y todos comen y comen y se satisfacen. Pero la lección no termina aquí. De acuerdo al versículo 43, sobraron «doce cestas llenas de lo que sobró». ¿Por qué doce y no cinco mil de acuerdo al número de «varones» representantes de familias que formaban la multitud? Porque la lección y el movimiento del relato tenían como personajes centrales a los discípulos; ellos son los que necesitaban «aprender» a ser verdaderos pastores como lo era su Señor y maestro. Con las doce cestas, los discípulos tenía más que suficiente para «continuar con el milagro» de alimentar a las «muchas ovejas» que se encontrarían en su misionar.
El que da, recibe más; el que tiene poco y lo pone en las manos del Señor, logra grandes cosas; el que aprende a ser compasivo como su Maestro, recibe grandes muestras de compasión; al que se compromete con los «carentes de pastor» recibe el mismo título que su Maestro: ser «buen pastor».
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Bibliografía
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© La Biblia en las Américas, Volumen 61 / Número 281 / No. 4 del 2006

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