Análisis de la diferencia entre Jesús “el Salvador” y Jesús “el Señor” (III)

Análisis de la diferencia entre Jesús “el Salvador” y Jesús “el Señor” (III)

Ver Análisis de la diferencia entre Jesús “el Salvador” y Jesús “el Señor” (I)

Ver Análisis de la diferencia entre Jesús “el Salvador” y Jesús “el Señor” (II)

Ver Análisis de la diferencia entre Jesús “el Salvador” y Jesús “el Señor” (III)

Ver Análisis de la diferencia entre Jesús “el Salvador” y Jesús “el Señor” (IV)

Una concepción dinámico – histórico:

G. S. Hendry afirma que «la solución adoptada por Calcedonia era demasiado estática: “Ignora la dimensión total de la pregunta cristológica porque una adecuada respuesta a la pregunta: ¿Quién es Jesucristo? No puede darse sin tener en cuenta la historia dentro de la cual él es lo En otras palabras la comprensión de la fe en Jesucristo no puede expresarse sólo con conceptos que pertenecen a! orden del “ser”; requiere además conceptos dinámico-históricos.”»[26]

Estos conceptos son los que van a aparecer, luego de la Reforma, con el tema cristológico de los dos estados:

Estos conceptos, surgidos después de la reforma, con el tema cristológico de los dos estados, se originó con Martín Chemnitz y rápidamente fue aceptada y desarrollada tanto por la ortodoxia luterana como por la reformada. Strong, Berkhof, Lacy y otros la tratan.

1. HUMILLACION

2. EXALTACION

1. EL ESTADO DE HUMILLACION

“Fundándose en el pasaje de Filipenses puede decirse que el elemento esencial y central en el estado de humillación se encuentra en el hecho de que aquel que era Señor de toda la tierra, el supremo Legislador, se colocó bajo la ley, cumpliendo en beneficio de su pueblo con todas las obligaciones representativas y penales que ella imponía.” [27]

Jorge Himitan comenta el pasaje de Pablo en Filipenses: «Haya en vosotros —dice Pablo— este sentir que hubo también en Cris­to. Luego, procede a describir el sentir de Cristo: el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse. Cristo, antes de nacer, ya existía en forma de Dios. Él era Dios. En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios, afirma Juan (Juan 1.1). Cristo, siendo en forma de Dios, no esti­mó el ser igual a Dios como una posición a la que aferrarse, sino que se despojó, se desprendió de su condición de Dios y al hacerlo vino al mundo como hombre, en la condición de hombre. Dios, el ser supremo de todo el universo, el Creador, tomó for­ma de ser creado. Este sentir que hubo en Cristo es el que debe haber en nosotros.

Existen seres creados superiores e inferiores a nosotros. Como hombres, todos deseamos superar­nos, evolucionar, subir; nadie busca descender. La siguiente pregunta te ayudará a entender el sentir que hubo en Cristo: ¿Quisieras dejar de ser lo que eres, para transformarte en un perro? Tu reacción inmediata sería: “¡Por favor! ¡Yo soy hombre

¿Quisieras ser una hormiga? La reacción es mayor porque hay que descender aun más.

Dios se hizo hombre. Su salto de humillación haciéndose hombre es mayor que el del hombre vol­viéndose hormiga porque finalmente, hombre y hor­miga son seres creados, mientras que en su caso el Creador debió hacerse criatura y descender, humi­llarse y venir a esta tierra.

Estando en esta condición, él podría haber dicho: “¡Atención! Soy hombre… pero también soy Dios. He venido para que me sirvan; así que, ¡todos; a servirme!”

Pero él no vino para ser servido, sino para servir. Estando entre los hombres como hombre, aun se humilló entre ellos para tomar la forma de siervo. Toda su vida fue de servicio. En el aposento alto tomó la toalla y el lebrillo y se arrodilló para lavar los pies sucios de sus discípulos. Esa tarea, que co­rrespondía al esclavo más indigno, la hizo él, porque descendió para servir.

Siendo Dios, se hizo hombre; siendo hombre se hizo siervo. Pero aún hay otro escalón en este des­censo de Cristo: siendo siervo, se humilló a sí mis­mo, haciéndose obediente hasta la muerte, y no cualquier muerte, sino muerte de cruz. Cristo des­cendió al lugar más bajo, porque no hay en el uni­verso un sitio peor que aquel donde se recibe la maldición divina. En efecto, él cargó en el Calvario la maldición sobre sí; fue hecho pecado por nosotros. El ser más alto del universo descendió hasta el lugar más bajo. ¡Todos nuestros infiernos cayeron sobre el Hijo de Dios en aquella cruz!»[28]

En la humillación de Cristo hay dos elementos:

(1) El haber dejado de lado la divina majestad y haber tomado la naturaleza humana,

(2) el haberse sujetado como hombre a las demandas y maldición de la ley.

En este proceso de humillación hay, según la teología reformada, cinco momentos.

1. La encarnación y el nacimiento de Cristo

Quien se encarnó fue; la segunda persona de la Trinidad que tomó la naturaleza humana. ¿Se habría encarnado el Verbo si Adán no hubiese pecado?, se pregunta Lacueva.

Habría dos posibilidades:

(a) Que la encarnación tuviera por finalidad coronar la obra de la creación visible

(b) que su finalidad fuera la redención del hombre caído.

Nos parece que la segunda alternativa es la justa, aunque los teólogos protestantes no son unánimes en este asunto. Añadamos ahora únicamente que la encarnación se hizo mediante una concepción sobrenatural y un nacimiento virginal.

Los textos en el Evangelio de Lucas, sobre todo, son muy conocidos para tener que citarlos en apoyo de esta afirmación.

2. Los sufrimientos del Salvador.

Sobre este asunto se entiende hoy que los sufrimientos del Señor fueron tanto físicos como espirituales, sin exceptuar exclusivamente alguno de los aspectos. Sufrió de muchas maneras a lo largo de su vida; agonizó en el Getsemaní; y pendió largas horas de la cruz en una agonía horrible, cuya sola posibilidad espantaba al romano culto.

Como dice Berkhof: “Su capacidad de sufrimiento se midió por el carácter ideal de su humanidad con su perfección ética y con su sentido de justicia, santidad y veracidad.””

3. La muerte del Salvador.

Tiene un sentido vicario; le llega comal resultado de ser el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo; expresión que debemos entender con todas las connotaciones que tiene Jesucristo hay que entenderla desde el punto de vista judicial, como el castigo que voluntariamente aceptó como pago de la pena que merece el becado del hombre.

4. El entierro del Salvador.

Las razones que da Berkhof para atender, como un momento más de la humillación del Señor, su sepultura, son las siguientes:

(a) El regreso del hombre al polvo del cual fue tomado se presenta en las Escrituras como parte del castigo por el pecado;

(b) hay textos bíblicos en que apoyar esta conclusión: Salmos 16:10; Hechos 2:27, 31; 13:34, 35

(c) el entierro es un descenso y por tanto una humillación para el pecador

(d) hay un cierto acuerdo en las tapas, en la obra objetiva de la redención y el orden de la aplicación del trabajo de Cristo.

La Biblia habla de que el pecador ha sido sepultado con Cristo (Ro. 6:1-6) y resucitado con él. En consecuencia, también el entierro de Jesús forma parte de su humillación, Por otra parte, en este acto Jesús libra a los redimidos del terror de la tumba.

5. El descenso del Salvador al Hades.

Esta doctrina, como expresión del último paso en la humillación del Salvador, parece apoyarse en cuatro textos: Efesios 4:9; 1 Pedro 3:18, 19; 1 Pedro 4:4-6 y Salmos 16:8-10.

Diremos que todos estos textos pueden interpretarse de manera que no impliquen el descenso literal de Cristo al Hades.

Esto está en el llamado “Credo de los Apóstoles”, pero según el mismo Berkhof no hay razón para entender que la humillación dé Cristo fuera más allá de su muerte.

2. EL ESTADO DE EXALTACION

Como en el caso de la Humillación de Cristo, volvemos al texto de Filipenses 2:5-1.1, pero ahora leemos desde el versículo 9 en adelante: Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.”

Jorge Himitan continua comentando el versículo 9 «Por lo cual (por este sentir que hubo en Cristo de humillarse hasta lo más bajo) Dios también lo exaltó hasta lo sumo. Él se humilló. iQué diferente a nosotros! Siempre buscamos ascender un poco más. “Señor, concéde­me que en tu reino me siente a tu derecha… Señor, ¿quién será el mayor?…” Siempre queremos subir.

Cristo dijo:

“Ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis.” Y el apóstol Pablo apela: “Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo tam­bién en Cristo Jesús.”

El Padre exaltó a Cristo. ¿Por qué? Por su humi­llación. Él mismo enseñó a los suyos que el que se humilla será ensalzado, y el que se ensalza será humillado. En su exaltación, Cristo recibió del Padre dos cosas: primero, el lugar sumo. La palabra sumo tie­ne la misma raíz que sumar. Sumo quiere decir la suma de todas las sumas, el lugar más elevado. Cris­to recibió ese lugar del Padre. Segundo, recibió un nombre que es sobre todo nombre. Es un nombre tal, que frente a él se dobla­rá toda rodilla de los que están en los cielos: ángeles y redimidos; de los que están en la tierra: hombres, creyentes, pecadores y aun ateos; y de los que están debajo de la tierra: muertos, demonios y todos los seres del universo, seres de los infiernos y de los aires. Es decir, todos los seres del universo —ángeles, demonios y hombres— doblarán sus rodillas ante la mención de este título supremo que el Padre dio al Hijo cuando lo exaltó. Y toda lengua confesará que ¡JESUCRISTO ES EL SEÑOR!, para la gloria de Dios Padre.

Por supuesto, hay otros textos, incluso en la profecía, que hablan de humillación y exaltación del Mesías (Is. 53:10-12) y entre los podemos citar: Lucas 24:26; Hechos 2:33; 5:30, 31; Efesios 1:20; Hebreos 1:3.

Cuando hablamos del estado de humillación dijimos que éste comienza con la encarnación y que el sujeto de la encarnación era la segunda persona de la Trinidad. Ahora debemos preguntarnos también sobre quien es el sujeto de la exaltación y la respuesta a esta pregunta la da Lacueva, diciendo:”El sujeto de la exaltación, lo mismo que el de la humillación, es el Verbo o Hijo de Dios, aunque, por supuesto, no en su naturaleza divina, sino en su naturaleza humana.”

Es lógico que sea así si hay una continuidad en este proceso. Si en la humillación es lo divino que toma forma humana, en la exaltación debe ser esta “forma humana” la que sea exaltada, pero no ya para asumir nuevamente la exclusiva “forma divina”, sino para continuar en la forma humana asumida y ser de ese modo el eterno Mediador para los hombres. Como en el caso de la humillación también la teología reconoce aquí cuatro momentos.»[29]

1. La resurrección.

Corresponde a la apologética hacer la defensa’ detallada de la fe en la resurrección del Señor; por nuestra parte, no limitaremos a indicar las consecuencias teológicas del hecho que; creemos tan histórico como cualquier otro hecho en la vida de Jesús

Hay cinco cosas significativas en la resurrección de Cristo que queremos señalar:

(a)La resurrección de entre los muertos de Jesucristo tiene el significado de una solemne declaración hecha por Dios mismo de que Jesús es el Hijo de Dios (Ro. 1:4)

(b) según Berkhof, es la declaración del Padre de que el último enemigo había sido destruido, la pena pagada y la condición sobre la que se prometió la vida cumplida

(c) simbolizó lo que estaba destinado que aconteciera: con los creyentes (Ro. 6:8, 9; 8:11; 1 Co. 15:20-22; 1 Tes. 4:14)

(d) se relaciona estrechamente con la justificación, la regeneración y la resurrección final del creyente (Ro. 4:25; 5:10; Fil. 3:10; Col. 2:12; I Pe. 1:3)

(e) es un poderoso llamado a una vida consagrada (2 Co: 5:15; Ro. 6:4; Col. 3:1).

Es evidente que los aspectos más importante de la experiencia cristiana giran en torno a este acontecimiento extraordinario y nos damos cuenta de la verdad del dicho de Pablo: “Si solamente para esta vida tenemos puesta nuestra esperanza en Cristo somos los más dignos de compasión de todos los hombres!” (1 Co 15:19, Biblia de Jerusalén).

2. La ascensión.

Es el comienzo de la transición de Cristo a la más alta vida de gloria. En ella su naturaleza humana pasó a la plenitud de la gloria celestial y se adaptó en forma perfecta a la nueva situación. El significado doctrinal de la ascensión, según Lacueva, se ve en:

(a) Comporta la entrada en el santuario celestial donde ejerce su ministerio
sacerdotal (He. 9:11-15, 24-26; 10:5-22);

(b) significó la ocasión para eí envío del Espíritu Santo (Hch. 2:33) y la capacitación de su iglesia para la obra del ministerio (Ef. 4:7-22);

(c) es ocasión para preparar lugar para los suyos (Jn. 14:2, 3)

3. El estar sentado a la diestra de Dios.

Sobre este punto dice Berkhof: “En el caso de Cristo fue, indudablemente, indicación del hecho de que el Mediador recibió el dominio para gobernar sobre la iglesia y sobre el universo, siendo hecho participante de la gloria y sobre el universo, siendo hecho participante de la gloria correspondiente.”[30]

Es indudable que este poder y esta autoridad sean los que motivan el avance del reino y aseguran su triunfo final (Mt.18-20)

4. El retorno físico de Cristo.

Es el último momento en el proceso por el cual Jesucristo es exaltado.

Bien dice Berkhof y lo confirma Lacueva citándolo, «que el punto culminante de la exaltación de Cristo no se alcanza sino en el momento en que Aquel que sufrió a manos de hombres, regresa con el carácter de Juez”.»[31]

Hay tres términos bíblicos con los que el Nuevo Testamento se refiere a este hecho y cada uno tiene una connotación particular:

(a) El término parousia que se puede traducir sencillamente como “presencia” pero en el sentido de “venida”, “llegada”. Según A. Deissmann, el término se usaba en los días del Nuevo Testamento como una expresión usual para referirse a la llegada o visita de un rey o emperador, y para M. Dibelius, era un término sagrado para indicar la “aparición gloriosa, después de haber estado ausente ó escondido”, de algún dios pagano. Josefo, el historiador judío (90 d. de J. C.) se refiere con este término a las apariciones del Dios de Israel en el Sinaí. Pero en el uso del Nuevo Testamento esta venida es la del Señor en su gloria mesiánica;

(b) apocalipsis es otro de los términos griegos usados; su significado es ‘”revelación” y tiene que ver con el hecho de que el Señor, oculto ahora a la vista de los hombres se ha de presentar nuevamente

(c) con el otro término epifaneia se indica lo glorioso del hecho de la aparición de Jesucristo.

Notas:

[26] Floreal Ureta, Elementos de teología Cristiana. Una introducción General, Pág. 133, Casa Bautista de Publciaciones

[27] L. Berkhof, Teología sistemática, (Grand Rapids,Michigan:T.E.L.L.,1969),p.28, citado por Floreal Ureta en Elementos de teología Cristiana. Una introducción General, op. cit,Pág. 133

[28] Jorge Himitian, Jesucristo es el Señor, pag. 14-15

[29 ] Ibid, pag. 16-17

[30] L. Berkhof, Teología sistemática ,(Grand Rapids,Michigan:T.E.L.L.,1969),p.41 8, citado por Floreal Ureta en Elementos de teología Cristiana. Una introducción General, op. cit,Pág. 136

[31] Francisco Lacueva, La Persona y la obra de Jesucristo,p.234, citado por Floreal Ureta en Elementos de teología Cristiana. Una introducción General, op. cit,Pág. 137

Junio 7, 2008. 1.

3 comentarios

  1. Análisis de la diferencia entre Jesús “el Salvador” y Jesús “el Señor” (IV) « Paulo Arieu Theologies Weblog respondidos:

    [...] Ver Análisis de la diferencia entre Jesús “el Salvador” y Jesús “el Señor” (III) [...]

  2. Analisis de la diferencia entre Jesús “el Salvador” y Jesús “el Señor” (I) « Paulo Arieu Theologies Weblog respondidos:

    [...] Ver Análisis de la diferencia entre Jesús “el Salvador” y Jesús “el Señor” (III) [...]

  3. Analisis de la diferencia entre Jesús “el Salvador” y Jesús “el Señor” (II) « Paulo Arieu Theologies Weblog respondidos:

    [...] Ver Análisis de la diferencia entre Jesús “el Salvador” y Jesús “el Señor” (III) [...]