(Jesús dijo): El que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás.
“Si conocieras el don de Dios…”
Durante una caminata por la montaña, llegamos a una cumbre desguarnecida. Allí, como ocurre a menudo, se alzaba una cruz de madera. Pronto descubrimos que en sus más pequeñas grietas había monedas incrustadas, colocadas por paseantes.¿Qué deseaban ofrecer esos paseantes? ¿O qué buscaban obtener de Dios? ¿El perdón por un pecado cometido? ¿La felicidad en su vida? ¿La salvación de su alma?
Sea lo que fuere, eso es conocer muy mal al Dios de la Biblia, quien tomó la condición del más pobre de entre los pobres en la persona de Jesucristo. A Dios le agrada dar y es así como expresa su amor. No exige ningún pago por la salvación que ofrece. Es el Dios a quien todo le pertenece y no hace caso a nuestras pretensiones de querer comprarle su misericordia. Entonces, en un mundo donde nada se puede obtener sin dinero, Jesús ofrece gratuitamente el “agua viva” a toda persona sedienta en su ser interior (Juan 4:10).
El agua viva es símbolo de frescura, de renovación, de una nueva vida. Esta vida empieza cuando uno reconoce que tiene necesidad de Dios y se somete a su autoridad. Así como Jesús iba al encuentro de personas que tenían dificultades, hoy en día Dios viene a nuestro encuentro. No nos juzga, sino que nos ofrece su perdón.
Ese don de Dios, ¿lo conoce el lector?
© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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