Cree en el Señor Jesús, y serás salvo, tú y toda tu casa


“Ellos respondieron: Cree en el Señor Jesús, y serás salvo, tú y  toda tu casa.” Hechos 16:31

¿Cuándo caduca una promesa de Dios? En teoría nunca, porque Dios no  miente. Pero a veces se hace algo larga la espera. Para el carcelero  de Filipo, esta promesa fue casi instantánea. El violento soldado, se salvó en la cárcel cuando se arrepintió, y llevo a Pablo y a Silas a su casa par a curarlos y cuidarlos. Allí Pablo predicó de nuevo y toda su familia se convirtió. ¡Qué alegría infinita tendría ese hombre de saber que toda su familia iba a poder entrar al cielo!

El problema es que a veces, esa promesa tarda en cumplirse y nos desalentamos. Es muy complicado tratar de explicarle a un familiar directo nuestra desesperación por saber que la muerte lo lleva al infierno, cuando nosotros por la Gracia de Dios, tenemos asegurado el cielo.

Alguien comentó  acerca de un mail de un amigo querido, en el que le contaba algo acerca de un siervo de Dios quien tiene una familia hermosa. Un hombre fiel y esforzado. Pero tenía un puñal clavado en su corazón. Se había convertido de joven, pero su padre nunca había querido aceptar a Cristo como Salvador.

El padre es un hombre duro, muy racional, seguro y con un gran malhumor nunca quiso creer. No sabemos las razones, simplemente no quería. Durante años, mi amigo intentó hablarle de buena manera, a los gritos, orando, llorando, suplicando, asustando. Pero nada daba resultado. El padre era una roca. No quería creer.

Mi amigo vivió atormentado durante 25 años, por esta dureza de su padre. Pensaba que era su falta de fe, que no hacía las cosas bien, que era su culpa, se olvidó a veces de la promesa de Dios al carcelero. Había pasado mucho tiempo. Eso te cansa, te desgasta, te angustia y te entristece.

El 2 de Abril, en su lecho de dolor, con una enfermedad muy grave que lo estaba matando, a los 85 años de edad, su papá le dijo: Quiero ir al cielo, necesito creer.

Hoy el papá de este siervo de Dios sigue gravemente enfermo, malhumorado como siempre, racional y duro, pero algo cambió en su discurso. Ahora puede decir confiado: Me gustaría ya irme al Cielo, ojala Dios me lleve.

No dudés de Dios, Él siempre cumple.

REFLEXIÓN – Dios es Fiel. Siempre.

Un gran abrazo y bendiciones

About these ads

Los comentarios están cerrados.

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 2.200 seguidores

A %d blogueros les gusta esto: