pero recibiréis poder y me seréis testigos… hasta lo último de la tierra. Hechos 1:6 -11


pero recibiréis poder y me seréis testigos… hasta lo último de la tierra. Hechos 1:6 -11

Pero recibiréis poder y me seréis testigos… hasta lo último de la tierra
Hechos de los Apóstoles 1:6–11.


¿Cómo comenzamos? Es decir ¿por dónde o de qué manera se inicia algo nuevo? La pregunta indaga por la manera como nos enfrentamos a un proyecto nuevo, a la creación de una nueva empresa, sobre todo cuando se trata del inicio de un sueño nuevo. Ocurre que, ante lo nuevo, solemos pensar en las “glorias pasadas”, en aquello que se presenta como modelo ya probado o conocido, como aquello que asociamos a los rasgos de identidad.
Porque somos herencia de un pasado y por tanto ese pasado nos contiene y nos configura: es como si tomásemos la forma de un molde y ese molde consiste en algo pasado que conservamos como herencia. Es como un ropaje que hemos usado por mucho tiempo y que nos abriga y también conforma nuestra apariencia, puesto que la ropa también sirve para dar una imagen. Entonces, ese ropaje es como si fuera uno mismo /a, es como un sello de identidad. Pues ocurre, entonces, que un día ese ropaje ya no nos es útil porque hemos crecido, porque hemos cambiado y hay que desecharlo, hay que cambiarlo por otro ropaje. Pero nos cuesta hacerlo, se hace difícil cambiar la vestimenta, porque uno siente que es como arrancarse una parte de la piel.
Pero comenzar algo nuevo exige un cambio de ropaje, un abandono de aquello que nos sigue atando al pasado, requiere una ruptura con ciertas maneras de hacer y actuar. Sobre todo, requiere evitar dos tentaciones: el uso del poder como medio para construir algo nuevo y el encerramiento frente a la diferencia. Una cosa que nos tienta siempre es que suponemos que con poder se pueden hacer las cosas, que lo que se necesita es el poder del dinero o el poder político o el poder de la fuerza para que podamos cambiar la realidad. Y es que olvidamos que no es el poder lo que trae un cambio verdadero, ni lo que hace posible una revolución, sino otra cosa, otro camino. Al menos, sabemos que en el caso de Jesús está el rechazo de ésta tentación. Es la tentación de Satanás que Jesús rechazó cuando le ofreció los reinos del mundo a cambio de adorarle. La otra tentación consiste en replegarse en un ghetto, es decir constituirse en un grupo de elegidos o de gente especial que se separa de los demás. Es la tentación del fariseísmo, de ese sector de judíos que eran muy piadosos y muy legalistas y que tenían mucha influencia entre todos los judíos y desarrollaron un sentido muy fuerte de identidad y diferenciación con respecto a los demás.
Entonces, sabemos que para comenzar algo nuevo se requiere un ropaje nuevo, es decir el abandono del viejo ropaje. Se tiene que poner el vino nuevo en los odres nuevos y no en los odres viejos. También sabemos que hemos de evitar la tentación de buscar el comienzo de algo nuevo poniendo la confianza en el poder o cerrándonos como grupo. Lo que no sabemos bien a bien es cómo hacer eso, cómo se puede avanzar sin tener esas seguridades. En realidad, parece imposible. Es por eso que Hechos nos muestra desde el inicio que el comienzo de todo, el inicio de la comunidad cristiana, ocurre gracias al Espíritu Santo. Veremos esto en el texto de ésta mañana.
Hallamos a los discípulos con Jesús resucitado. Están fuera de la ciudad de Jerusalén. Parece que ahora se despedirán nuevamente. En realidad Jesús está a punto de ascender al cielo. La ascensión e Jesús marca el final de algo y un nuevo comienzo. Así como todo se inició con el bautismo de Jesús y los cielos se abrieron, para señalar que Jesús es el hijo amado de Dios. Pero esto culmina con su ascensión. Pero no es una despedida, sino una ascensión que marca otra cosa, que inaugura el inicio de un proyecto, de aquello que les ha estado hablando: el reino de Dios.
Es entonces que los discípulos preguntan: “¿restaurarás el reino de Israel ahora?”. La pregunta no es trivial ni inocente. Es la pregunta del miedo al inicio o arranque de un nuevo proyecto. Es la pregunta que busca el poder o que se repliega en el encerramiento de los iguales. Porque en esa pregunta se busca confiar en el poder… ¿qué significa restaurar el Reino de Israel? Significa dejar de estar abajo para colocarse arriba. En lugar de ser una provincia sujeta o sometida al yugo del imperio romano, significa volver a tener independencia y autodeterminación como nación. Es la confianza en el poder. Pero también es un repliegue, porque implica que el reino de Dios consiste en algo exclusivo de israelitas o judíos. La pregunta, pues, contiene todos los temores que emergen ante el reto de un nuevo comienzo.
Es interesante que Jesús no responde a la pregunta de manera directa. No dice que si o que no. Porque el problema no está en la pregunta, sino en lo implícito, que es el temor al nuevo comienzo. Jesús les dice que los tiempos están en la potestad del Padre. Esto equivale a decir que sólo se puede arrancar con la plena confianza en Dios, sin que sea necesario que nos entregue un calendario con fechas y señales del cumplimiento de cada cosa. El tiempo o los momentos quedan en manos de Dios.
Jesús dice entonces a los discípulos, que recibirán poder, al venir el Espíritu Santo, para dar testimonio de Jesús. Es decir, que hay una fuerza que no consiste en la posición de convertirse primero en una nación emancipada ni en la cerrazón como grupo étnico. Dicha fuerza consiste en un poder de envío, de empuje, de lanzamiento hacia fuera, hacia el mundo exterior. ¿Se dan cuenta de lo que esto implica? Se trata de un envío, de una misión. Lo que permite comenzar algo nuevo es el sentido de misión, de envío. Lo que hay, a partir de las palabras últimas de Jesús, exactamente antes de su ascensión, es una comisión, es decir una encomienda que otorga propósito a la vida de la nueva comunidad. Son las palabras que la designan, desde su origen y hasta el presente, como una “iglesia en misión”.
Aquí es donde reconocemos que la iglesia nunca puede dejar de ser misionera, nunca puede dejar de testificar de Jesús dentro de ese envío que hace el Señor en Hechos 1, 8. Muchas veces la iglesia ha querido ejercitar la misión confiando en el poder, como cuando las naciones más poderosas han conquistado e impuesto la religión cristiana (en su versión católica o protestante) a otros pueblos. Pero entonces no han sido testigos del Jesús resucitado, del Señor de la vida, sino que han sido testigos de intereses imperialistas. Muchas veces se intenta hacer la misión sin abrirse a los demás, sino esperando que los demás se adapten a nosotros en todo, que se amolden o cambien previamente si es que quieren llevar el sello nuestro. Pero eso tampoco es el testimonio del Jesús resucitado, quien rompió las barreras de las diferencias y separaciones.
La iglesia está en misión, es decir se pone en marcha. El camino va desde Jerusalén hasta “lo último de la tierra”, es decir más allá de todo límite. Es un envío que precisamente requiere saltar las barreras, las distancias, las separaciones. Y ese salto no puede hacerse desde el poder, porque el poder no reconcilia, sino que impone por la fuerza. Tampoco puede hacerse desde el encerramiento, pues el repliegue es un modo de negar el envío, de negar la misma misión. Lo que hace falta es un milagro, es la acción de una fuerza de impulse más allá de esas barreras. Y para ello se requiere la presencia el Espíritu.
Por eso Jesús asciende, para que venga el Espíritu Santo. La ascensión de Jesús es la manera como el texto nos enseña la presencia que está por venir del Espíritu Santo: no se trata de posar la mirada en las alturas, en el cielo. Sino que hay que mirar alrededor, mirar horizontalmente, porque es en el plano de la mirada con respecto a los demás que hallaremos el ámbito de la misión. Es frente a los otros, es frente al prójimo, es frente a quienes nos encontramos en el camino, que hallaremos el sentido de la misión. La pregunta es, por tanto, ¿por dónde nos lleva el Señor?, ¿qué quiere que hagamos en los lugares donde nos movemos? ¿Cómo serle fieles en tanto testigos suyos frente a las barreras y separaciones que aparecen?
Estamos ante el comienzo de la misión y frente al Señor resucitado. Está el gozo de esa resurrección, la alegría de la vida nueva en Jesús, el sentido nuevo que adquiere su derrota en la cruz, que ahora es la derrota sobre la muerte. Ya no tiene poder aquello que nos divide y enajena. Ahora nuestra vida sólo tiene sentido en el anuncio de esta buena nueva, como testigos de Jesús en todo lugar y frente a toda situación, hasta lo último de la tierra.

Víctor Hernández Ramírez. Església Evangélica Betlem, Clot, Barcelona.

28 de enero de 2007

http://www.lupaprotestante.es/homilias/?p=22

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1 comentario (+¿añadir los tuyos?)

  1. israel
    feb 05, 2009 @ 18:25:08

    hermanos somos un grupo que nos titulamos los siervos de dios somos niños pero que tambien alabamos el nombre soberano de dios estamos grabando una maketa queremos deciros con todo esto que nos llameis para hablar con vosotros de unos asuntos porfavor llamen al telf:617541013 (israel)
    si no pudierais llamarnos nos envian un mensaje por el hotmail que es el siguiente :marques_iav@hotmail.com que dios os bendiga

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