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Mitologia Polineasia – El mito de la creación

Mayo 17, 2008

Mitologia Polineasia –  El mito de la creación

El cielo, Rangi y la tierra, Papa, yacieron para crear a los dioses. Luego fueron separado spor suhijo, hermano de Tangaora. En el mito Maorí, el hijo se llama Tane (el dios de la selva) aunque el nombre puede variar.

Algunos cantos polinesios sobre la creación son abstractos y filosóficos, otros hacen un relato tan detallado de la creación que incluso celebran el nacimiento del polvo en el aire por la unicón de “lo pequeño” y “lo imperceptible”.

Tane, Dios de la Selva

Tane, dios de la selva, junto con sus hermanos, Rongo, dios de las plantas cultivadas, Tangaoa, dios de los peces y reptiles, Huamia, dios de las plantas silvestres, Tu, dios de la guerra y Tawhiri, dios de las tormentas nació de la unión de Rangi y Papa, el cielo y la tierra.

La misteriosa isla de Pascua

Seven Easter Island Moai – Kaehler, Wolfgang

La isla de Pascua, la más aislada de las islas polinésicas, se considera que fue tenida por ombligo del mundo místico. Fue descubierta según la leyenda popular, como consecuencia de un sueño. Muy lejos, hacia el oeste, Haumaka, soñó que cruzaba el mar y llegaba a una tierra con playas de arena blanca. Le contó el sueño a su señor, Hotu mantua (uno de los personajes que se disputaban el trono en su país) quien envió a seis hombres a buscarla. Los hombres partieron, llevndo con ellos el fruto del árbol del pan, ñames, cocos y otras especies para plantar. Tras un largo viaje, llegaron a la isla de Pascua, una tierra cubierta de hierbas que se movían como el mar. Exploraron la tierra pero vieron que era inabitable a no beber agua. Cuando volvían a la playa, vieron dos canoas, una pertenecía a Hotu matua y la otra a Tu´u ko ihu, el sacerdote. Hotu mantua desembarcó primero, y su hijo, Tu´u ma heke nació en la playa. El sacerdote cortó el cordón umblical del niño con los dientes, lo puso en una calabaza y lo hechó al mar. Luego llegarían cientos de personas a establecerse en la isla y proclamaron rey a Hotu Mantua.

Maui-El-de-las Mil-Estrategemas

En la mitología de la polinesia, la creación del mundo se debe al padre cielo, Ragi y a la madre tierra Papa, o bien al dios del mar Tangora. Sin embargo, fue el héroe Maui quien pe´scó a las islas del fondo del mar utilizando un gran anzuelo. Su madre, a quien se suele llamar Hina, que significa “mujer joven” quedo embarazada misteriosamente al ponerse el taparrabos de un hombre y alumbró a Maue en forma de feto. Cuando creció, éste se convirtió en una figura heróica, inteligente y fuerte y se ganó el apodo “Maui-El-de-las Mil-Estrategemas”. Podía hacer de todo, menos vencer a la muerte e hizo mejor mundo para la humanidad. Entre otras cosas, elevó los cielos, robó el fuego del mundo subterráneo para dárselo a la humanidad y atrapó al sol. Pensaba que se movía demasiado a prisa en el cielo para frenarlo, Maui le hechó el lazo con una rueda hecha de fibra de coco, pero el sol la quemó por completo. Hizo otra cuerda con el cabello sagrada de la cabeza de su hermana y lo guardo en el extremo oriental del mar. Al amanecer, lanzó la cuerda y lo capturó por el cuello. Aunque imploraba y suplicaba, Maui no lo dejó marchar hasta que accedió a que los días fuesen más largos en verano y cortos solamente en invierno.

Canto Maorí de la Creación

De la concepción,

el crecimiento,

Del crecimiento,

el pensamiento,

Del pensamiento,

el recuerdo,

Del recuerdo,

la conciencia,

De la conciencia,

el deseo.

http://mitologiapolinesia.idoneos.com/index.php/316841#El_mito_de_la_creaci%C3%B3n

La Teología Menfita: Mito de Creación

Mayo 17, 2008

Transoxiana HomeLa Teología Menfita: Mito de Creación

Lic. Susana Romero

Índice

  • El Himno
  • La Teología Menfita
  • Análisis del Texto
  • Bibliografía

El Himno

Los dioses que se manifestaron como Ptah
Ptah sobre el Gran Trono…
Ptah-Num, el padre que engendró a Atum…
Ptah-Nunet, la madre que dió a luz a Atum…
Ptah el Grande, que es el corazón y la lengua de la Enéada…
(Aquél que) se manifestó como el corazón,
(aquél que) se manifestó como la lengua, con la apariencia de Atum,
(aquél) es Ptah el muy grande, quien dió la vida [a todos los dioses]
así como a sus genios (ka), gracias a este corazón del que Horus es la emanación,
gracias a esta lengua de la que Thot es la emanación,
(nacidos ambos?) de Ptah .
Y ocurrió que el corazón y la lengua predominaron sobre todos los miembros del cuerpo,
puesto que él (Ptah) está en el cuerpo,
y que él (Ptah) está en la boca de todos los dioses,
de todos los hombres, de todos los animales, de todos los reptiles,
de todos los (seres) vivientes, pensando y decretando todo lo que desea.
Su Enéada está ante él, como dientes y labios, o sea, el semen y las manos de Atum .
Porque la Enéada de Atum vino a la existencia gracias a su semen y a sus dedos.
Pero la Enéada es, en realidad, los dientes y los labios de esta boca
que pronunció el nombre de cada cosa, de la cual han salido Shu y Tefnut,
y que ha dado a luz a la Enéada .

La visión de los ojos, el oir de los oídos, y el oler de la naríz,
ellos informan al corazón . El es quien hace surgir todo conocimiento,
y la lengua anuncia lo que el corazón piensa.
Así nacieron todas las cosas y su Enéada fué completada .

En verdad, cada palabra divina se realizó conformemente a lo que el corazón pensó
y a lo que la lengua ordenó . Así fueron creados
los espíritus machos y promovidos los espiritus hembras, autores de
todo alimentió y toda subsistencia, por medio de esta palabra
(dedicada?) a aquel que hace lo que le place y a aquel que hace lo
que se aborrece . Así se dió vida al pacífico, y muerte al turbulento .

Así fueron creados cada labor y cada oficio, la actividad de las
manos, el movimiento de las piernas, la función de cada miembro,
de acuerdo con el designio que pensó el corazón y que expresó la
lengua, lo que se realizó enteramente .

Por ello se dice de Ptah ” Aquel que hizo todo y que hizo
existir a los dioses”. El es Ta-Tenen (“la tierra que surge” del abismo
primordial), él es quien dió nacimiento a los dioses, aquel de quien
todas las cosas han surgido : los alimentos, las subsistencias, las
ofrendas divinas, todas las cosas buenas . Por ello se reconoce y
comprende que su poder es más grande que el de los (otros) dioses .

Y así Ptah se sintió satisfecho, luego que hubo hecho todas las
cosas y todas las palabras divinas .

El dió nacimiento a los dioses, él fundó las ciudades, él
estableció los nomos, él instaló a los dioses en sus santuarios,
él organizó sus ofrendas, él fundó sus santuarios, él fabricó sus
cuerpos, según sus deseos . y los dioses penetraron en sus cuerpos,
(elaborados con) toda especie de plantas, toda clase de piedras, toda
clase de barro, y con todas las materias que crecen en él, en
las cuales se encarnan . Así, todos los dioses se unieron a él, lo mismo
que sus espíritus (sus ka), satisfechos y reunidos en el Señor del
Doble-País .

Traducción de López, Jesús- “Mitología y Relig. Egipcias”

La Creación Egipcia: Teología Menfita

Llevó años el traducir el enorme corpus de la literatura religiosa egipcia, traducciones que fueron a la vez sujeto de diferentes interpretaciones, debidas a la dificultad en comprender el sentido de innumerables pasajes, de oculto significado, que prueban el afán puesto por los sacerdotes en evitar que ciertas fórmulas mágico-religiosas fueran leídas y recitadas por aquellos a quienes no estaban destinadas. Entre estos textos han llegado hasta nosotros varias versiones del Mito Cosmogónico, cada una proveniente de un centro religioso distinto, las que atribuyen al dios local el rol de demiurgo, y que a su vez fueron amalgamadas en épocas posteriores, lo que explicaría la abundante y a veces aparentemente contradictoria literatura cosmogónica egipcia.

Pero hay coincidencia en atribuir este suceso trascendente a un “dios creador”, todos los mitos consideran que el comienzo del mundo es un hecho religioso en el que el demiurgo, bajo distintas apariencias según los relatos, surge de las aguas primordiales o Nun, una masa acuosa e indefinida, que contiene en sí todos los gérmenes de vida. En los distintos mitos hay referencias a una “colina primordial” o “tierra primigenia”, que es a la vez “centro del mundo” y el lugar donde se inicia la acción del demiurgo, montículo que nos remite a las parcelas de tierra fértil que deja el Nilo al retirarse luego de la inundación anual, las que dan lugar a un renacer de la vegetación y posibilitan una nueva vida. Colina que los antiguos egipcios representaron en la figura de la pirámide.

La Teología Menfita hace mención de otros dos mitos creacionales más antiguos: la llamada “Cosmogonía Heliopolitana” y la “Creación Hermopolitana”. De acuerdo al sistema heliopolitano que aparece en los textos de las Pirámides de la D V, el demiurgo es Atum, el cual esputa a Shu y expectora a Tefnut, el “espacio” y el “calor húmedo” respectivamente, dando lugar al primer estadio de creación. En otros textos se dice que Atum se autogeneró, por lo que la primer pareja divina sería engendrada del semen del creador; en ambos casos Shu y Tefnut serían parte sustancial de la divinidad. Estos a su vez dan orígen a Nut-el cielo- y Geb-la tierra-, pareja que a su vez serán padres de Isis y Osiris, y Set y Nefthis, conformando así la Enéada de Heliópolis.

En Hermópolis, ciudad del Egipto Medio, se pensaba que al principio, el caos primordial estaba habitado por cuatro parejas de ranas y serpientes, que constituían la llamada Ogdóada. Sus nombres eran: Nun y Nunet, las aguas primigenias; Heh y Hehet, la infinitud del espacio; Keh y Keket, la oscuridad, y Amon y Amonet, lo oculto. De la simiente de los ocho depositada en un loto que flotaba sobre el Nun – en este caso más fangoso que acuoso – va a nacer el “niño divino”, heredero de los primeros, quienes por esta razón son llamados “padres y madres de Ra”.

El objeto de estas líneas es la llamada Teología Menfita. Este texto, en forma de himno al dios Ptah, relata un hecho fundamental cual es la creación de dioses, hombres y mundo, pero también intenta justificar el traslado de la capital del reino de Heliópolis a Menfis, entonces llamada “Muro Blanco”, una ciudad sin mayor importancia nacional, que a partir de entonces deviene en sede del gobierno y “centro del mundo”, a la vez que su dios local Ptah adquiere supremacía sobre los demás dioses hasta su posterior transformación en divinidad nacional. En cuanto a lo otros mitos antes mencionados, el texto menfita no los desecha, los toma y hace suyos, pero explica a la creación como un acto realizado por el poder del pensamiento-sia-y la palabra-hu-.

Desafortunadamente, de este relato sólo ha perdurado una tardía y dañada inscripción pétrea, que es copia de un antiguo papiro encontrado en la biblioteca del templo de “Ptah al sur del Muro” (Menfis) en tiempos del faraón Shabaka de la DXXV (712-698 A.C.) quién ordenó transcribirlo en una estela de granito a fín de asegurar su conservación, hecho del que dejó constancia:

“Entonces Su Majestad copió de nuevo esta escritura en la Casa de su padre Ptah, el que está al sur del Muro. Su Majestad la había encontrado como una obra de sus antepasados que había sido comida por los gusanos. Era desconocida desde el principio hasta el final. Entonces Su Majestad la copió de nuevo, de manera que ahora se encuentra en mejor estado que anteriormente”.
Lesko, L.”Religion in Ancient Egypt” -pág. 95–

Este texto de la llamada Piedra de Shabaka, hoy en el Museo Británico, ha sido motivo de exhaustivos análisis por parte de los egiptólogos – H.Breasted, Junker y Sethe entre otros- quienes han encontrado dificultad en ponerse de acuerdo acerca de la época de composición del mismo, aunque la mayoría coincide en atribuirlo a los años en que las primeras dinastías trasladaron la capital de Heliópolis a Menfis, ciudad del dios Ptah, hacia fines el 2815 a.C.

También en el Himno a Ptah que se encuentra en el Papiro de Berlín 3048 se alaba a este dios como creador, aunque no es éste un relato tan completo de la Teología Menfita como es el del texto de Shabaka.

Análisis del texto

Estrofa I:

Los dioses que se manifestaron como Ptah:
Ptah sobre el Gran Trono…
Ptah-Nun, el padre que engendró a Atum…
Ptah-Nunet, la madre que dió a luz a Atum…
Ptah, el Grande, que es el corazón y la lengua de la Enéada…

En esta primera estrofa aparece Ptah como el Gran dios, el ntr Wr, el Creador por excelencia, el Absoluto. Se lo equipara con el Nun, las aguas primordiales, unas aguas carentes de vida pero que contienen en sí todos los gérmenes de la creación. Nunet es su pareja y según el mito, ambos -o al fín de cuentas Ptah como divinidad que reúne en sí a los opuestos- dieron a luz a Atum, el demiurgo de la Teología Heliopolitana también salido del Nun, que aquí pasa a un segundo plano como divinidad engendrada por Ptah.

Por otro lado, al asimilar a Path con Nun y Nunet, una de las parejas de la Ogdóada de Hermópolis,

“las cosmogonías de la Ogdóada y de la Enéada son enlazadas por la figura de un creador más bien abstracto e intelectual que se sitúa entre el caos y los progenitores físicos del cosmos”.
Lesko, L. -ibid- pag.96–

Por último leemos la afirmación de que Ptah es el “corazón y lengua “de la Enéada Dentro de la concepción egipcia, el corazón -ib- era el órgano del conocimiento, del pensamiento, de la conciencia; la lengua era el órgano de la palabra creadora que materializaba el pensamiento concebido. Estas dos facultades, conocimiento y palabra, eran consideradas hipóstasis del Creador, llamadas Hu, (la palabra), y Sia, (el conocimiento).

Estrofa II

(Aquél que) se manifestó como el corazón, (aquél que) se manifestó como la lengua, con la apariencia de Atum, (aquél) es Ptah el muy grande, quien dió la vida (a todos los dioses) así como a sus genios (ka) gracias a este corazón del que Horus es la emanación, gracias a esta lengua de la que Thot es la emanación, (nacidos ambos?) de Ptah. Y ocurrió que el corazón y la lengua predominaron sobre todos los miembros del cuerpo, puesto que él (Ptah) está en el cuerpo, y que él (Ptah) está en la boca de todos los dioses, de todos los hombres, de todos los animales, de todos los reptiles, de todos los (seres) vivientes, pensando y decretando todo lo que desea.

Ptah se manifestó en forma de Atum, y como tal creó a todos los dioses y a sus ka -la energía vital- ; y lo hizo concibiéndolos primero en su corazón, y luego dándoles vida mediante su lengua. Se destaca la superioridad de estos órganos por sobre el resto del cuerpo, dada su capacidad creadora . El dios Horus y el dios Thot aparecen como emanaciones de Ptah.

Al finalizar el párrafo se afirma que Ptah está “en el cuerpo y en la boca de todos los dioses, de todos los hombres,…” lo que indicaría la inmanencia del dios en todo ser viviente, “pensando y decretando todo lo que desea”.

Estrofa III

Su Enéada está ante él como dientes y labios, o sea, el semen y las manos de Atum. Porque la Enéada de Atum vino a la existencia gracias a su semen y a sus dedos.

Pero la Enéada es, en realidad, los dientes y los labios de esta boca que pronunció el nombre de cada cosa, de la cual han salido Shu y Tefnut, y que ha dado a luz a la Enéada.

La Enéada heliopolitana nació de un acto de autogeneración de Atum, a diferencia de la concepción menfita – de carácter más abstracto- en que fueron los labios y dientes de Ptah los que pronunciaron el nombre de todas las cosas, creándolas. Este es el núcleo del pensamiento menfita: el poder creador de la palabra. Nos encontramos aquí ante el antiguo concepto de identidad entre la palabra y el objeto que ella designa; ésta es la razón por la que “la boca que pronunció el nombre de cada cosa” las fué creando al designarlas. Las cosas no existen si no tienen nombre, por éso es condición primera de realidad el ser nombrado.

Nos parece interesante señalar que, también en Mesopotamia se consideraba al nombre como sinónimo de existencia; al comienzo del Poema Babilónico de la Creación, para referirse al caos primordial que antecede al cosmos, se dice “Cuando en lo alto el cielo aún no había sido nombrado, y abajo la tierra firme no había sido mencionada por su nombre…”. [Lara Peinado, F.-"Mitos sumerios y acadios" pag.221]

Estrofa IV

La visión de los ojos, el oír de los oídos, y el oler de la nariz, ellos informan al corazón. El es quien hace surgir todo conocimiento, y la lengua anuncia lo que el corazón piensa.

Así nacieron todas las cosas y su enéada fué completada.

En verdad cada palabra divina se realizó conforme a lo que el corazón pensó y la lengua ordenó.

Así fueron creados los espíritus machos y promovidos los espíritus hembras, autores de todo alimento y toda subsistencia, por medio de esta palabra (dedicada?) a aquel que hace lo que le place y a aquel que hace lo que se aborrece.

Así se dió vida al pacífico y muerte al turbulento.

Así fueron creados cada labor y cada oficio, la actividad de las manos, el movimiento de las piernas, la función de cada miembro, de acuerdo con el designio que pensó el corazón y que expresó la lengua, lo que se realizó enteramente.

Este párrafo explica al conocimiento como la relación entre los sentidos y el corazón y la lengua; son los sentidos los encargados de llevar la información a estos órganos. Mediante ésta, el corazón formula los conceptos y la lengua los hace realidad. De esta manera se crearon los alimentos y todo cuanto sirve de subsistencia y se estableció un orden en el mundo; se instauró la Justicia, diferenciando entre lo correcto y lo incorrecto; se crearon los oficios, las artes y se reglamentó toda la actividad humana.

Estrofa V

Por ello se dice de Ptah “aquél que hizo todo y que hizo existir a los dioses”. El es Ta-Tenen (la tierra que surge del abismo primordial) él es quién dió nacimiento a los dioses, aquel de quien todas las cosas han surgido: los alimentos, las subsistencias, las ofrendas divinas, todas las cosas buenas.

Por ello se reconoce y comprende que su poder es más grande que el de los (otros) dioses.

Y así Ptah se sintió satisfecho, luego que hubo hecho todas las cosas y todas las palabras divinas.

Aquí encontramos a Ptah identificado con Ta-Tenem, la tierra emergida, la colina primigenia, el suelo fértil del que surgieron todas “las cosas buenas” y por ésto se lo exalta como al más poderoso y grande de los dioses.

Las últimas dos líneas han dado lugar a interesantes controversias:”Y así Ptah se sintió satisfecho, luego que hubo hecho todas las cosas y todas las palabras divinas”. Algunos eruditos han traducido “descansó” en lugar de “se sintió satisfecho”, lo que introduciría cierto paralelismo con el relato bíblico, en el que Dios descansa al terminar la creación. J. Wilson no lo considera improbable, pero piensa que es más correcta la traducción que hemos transcripto: “se sintió satisfecho”.

En cuanto a la referencia a las “palabras divinas”, el mismo autor opina que este término significa “orden divino”o maat, el orden establecido al que se debían ajustar todos los elementos creados desde el momento de su concepción, y que se encontraba en el conjunto de textos sagrados. La creación no había sido abandonada a la deriva, sino por el contrario:

“había sido acompañada y dominada por una palabra que expresaba una especie de orden divino a fín de comprender los elementos creados” Wilson, J op.cit. pag. 86

Estrofa VI

El dió nacimiento a los dioses, él fundó las ciudades, él estableció los nomos, él instaló a los dioses en sus santuarios, él organizó sus ofrendas, él fundó sus santuarios, él fabricó sus cuerpos según sus deseos. Y los dioses penetraron en sus cuerpos, (elaborados con) toda especie de plantas, toda clase de piedras, toda clase de barro, y con todas las materias que crecen en él, en las cuales se encarnan. Así todos los dioses se unieron a él, lo mismo

que sus espíritus (sus ka), satisfechos y reunidos en el Señor del Doble País.

Este último párrafo, de discutible datación, ya que algunos egiptólogos creen es una interpolación de la época de Shabaka, (712-698 A.C.) atribuye a Ptah el establecimiento del orden social y religioso, de los cultos locales, y hasta de la confección de las estatuas de los dioses con los diversos materiales que crecían en él (Ptah) en cuanto dios-tierra. Las palabras “y los dioses penetraron en sus cuerpos”, refiriéndose a las estatuas de éstos, nos indicaría que en la época de composición del texto, ya se distinguía entre los seres o cosas, y las imágenes de los mismos, a diferencia de la antigua creencia egipcia – por otro lado común al pensamiento arcaico- de la identidad entre lo representado y la figura que lo representa. [Morens, S.: "Egyptian Religion" -pag.154]

Bibliografía

Barucq, André y Daumas, Francois: “Hymnes et Prières de lÉgypte Ancienne” Editions du cerf- 1980 –

Daumas, Francois: “Los dioses de Egipto”- Ediciones Lidiun- 1986-

Derchain, Philippe: “Las religiones antiguas” Vol. I – Siglo XXI -1989 -

Eliade, Mircea: “Lo sagrado y lo profano” – Editorial Labor – 1979 -

Franco, Isabelle: “Mythes et Dieux- Le souffle du soleil” – Ed. Pygmalion – Paris- 1996-

Franfort, Henri: “Reyes y Dioses” – Revista de Occidente S.A. – 1976 -

Hornung, Erik: “L’esprit du temps des pharaons” – Editions du Félin – 1996 -

Lara Peinado, Federico: “Mitos sumerios y acadios” – Editora Nacional – Madrid -1984

Lesko, Leonard & others: “Religion in Ancient Egypt” – Cornell University Press – 1995-

López, Jesús y Sanmartín, J.: “Mitología y Religión del Oriente Antiguo” -Edit. AUSA 1993

Morensz, Siegfried: “Egyptian Religion” – Cornell University Press – 1996 -

Quirke, Stephen: “Ancient Egyptian Religion” – British Museum Press – 1992 -

Wilson, John: “El pensamiento prefilosófico” – Fondo de Cultura Económica – 1988 -


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Actualizado el 23/07/2004

Mitos de la Creación

Mayo 17, 2008

Mitos de la Creación

http://zip.rincondelvago.com/?00031384

Para una mentalidad realista y racional como la helénica resultaba muy difícil la comprensión de la eternidad y del vocablo infinito; era más lógico pensar que todo había tenido un principio, incluso los dioses. Si acaso hay “algo” que, en la mayoría de los relatos mitológicos sobre la creación parece preexistente, es el Caos, abismo sin fondo, espacio abierto sumido en la oscuridad en donde andaban revueltos todos los elementos: el agua, la tierra, el fuego y el aire. Nada tenía en él forma fija y durable, todo estaba en constante movimiento con inevitables choques, los elementos congelados contra los abrasadores, los húmedos contra los secos, los blandos contra los duros y los pesados contra los ligeros. Es decir, el Caos es el Vacío primordial, pero concebido como un enorme recipiente para albergar elementos en forma desordenada. Caos es a la vez Nada y Algo, ¿materia y antimateria o en realidad un primer dios? Pronto se produciría lo que empleando, términos actuales sobre el origen y expansión del Universo, llamaríamos el Big-Bang, la gran explosión que arruinaría al caos y provocaría lo que en el Génesis se relata como Creación por obra de Yahvé, único Ser Supremo. Éstas son las diversas versiones helénicas:

La creación según Hesíodo

Es el relato más conocido, el que ha quedado como clásico, por ello primer lugar, dada su importancia. Sin embargo, otras narraciones, no por menos conocidas, son también muy atractivas.

Según Hesíodo, en un principio sólo existía el Caos. Después emergió Gea (la tierra) de ancho pecho, morada perenne y segura de los seres vivientes, surgida del Tártaro tenebroso de las profundidades, y Eros (el Amor), el más bello de los dioses. Del Caos nada podía esperarse, hasta que de la acción de Eros, principio vital, salieron Érebo (las tinieblas), cuyos dominios se extendían por debajo de Gea en una vasta zona subterránea, y Nix (la oscuridad o la noche). Érebo y Nix tuvieron amoroso consorcio y originaron al Éter y Hemera (el Día), que personificaron respectivamente la luz celeste y terrestre.

Con la luz, Gea cobró personalidad, pero como no pudo unirse al vacío Caos, comenzó a engendrar sola y así mientras dormía surgió Urano (el Cielo Estrellado), un ser de igual extensión que ella, con el fin de que la cubriese toda y fuera una morada celestial segura y eterna para los dioses. También produjo las montañas, para albergue grato de las Ninfas, que escogieron para ello frondosos bosques.

Urano –la pareja primigenia, el Cielo y la Tierra, es propia de muchas mitologías y se encuentra en lugares tan remotos como Nueva Zelanda, donde aparecen respectivamente como Rangi y Papa, y el relato sigue una línea semejante al de Hesíodo– contempló tiernamente a su madre desde las elevadas cumbres y derramó una lluvia fértil sobre sus hendiduras secretas, naciendo así las hierbas, flores y árboles con los animales y las aves, que formaron como un cortejo para cada planta. La lluvia sobrante hizo que corrieran los ríos y al llenar de agua los lugares huecos se originaron así los lagos y los mares, todos ellos deificados con el nombre de Titanes: Océano, Ceo, Crío, Hiperión, Iápeto, Crono; y Titánides: Temis, Rea, Tetis, Tea, Mnemósine y Febe; de ellos descendieron los demás dioses y hombres. Pero como si Urano y Gea quisieran demostrar que su poder estaba por encima de todo, crearon otros hijos de horrible aspecto: los tres Cíclopes primitivos, llamados Arges, Estéropes y Brontes, quienes tenían un solo ojo redondo en medio de la frente y representaban respectivamente el rayo, el relámpago y el trueno y eran inmortales (uno de los descendientes fue astutamente engañado por Ulises, tal como lo cuenta la Odisea), y muchos de éstos ya mortales fueron muertos por Apolo para vengar la violenta desaparición de Asclepio del mundo de los vivos (sus espíritus habitaban las cavernas del volcán Etna en Sicilia). Finalmente, engendraron a los Hecatonquires o Centimanos, tres hermanos con cincuenta cabezas y cien brazos cada uno que se llamaron Coto, Briareo y Giges.

Por su parte la Noche por sí sola había engendrado a Tánatos (la muerte), a Hipno (el sueño) y a otras divinidades como la Hespérides, celosas guardianas del atardecer cuando las tinieblas empiezan a ganar la batalla de la luz diurna, fenómeno que se repite cada día; las Moiras (Parcas), defensoras del orden cósmico, representadas como hilanderas que rigen con sus hilos los destinos de la vida; Némesis, la justicia divina, perseguidora de lo desmesurado y protectora del equilibrio.

Otros mitos de la creación en el escenario helénico

El primero de ellos se atribuye a los pelasgos, uno de los pueblos primitivos que según la tradición habitaron Grecia, en él se advierte una evidente postura matriarcal basada en la concepción primigenia de una Diosa Madre, que se generalizaría en el mundo mediterráneo Oriental, dice así: En el principio Eurínome, la Diosa de todas las cosas, surgió desnuda del Caos, pero no encontró nada sólido en que apoyar los pies y, a causa de ello, separó el mar del firmamento y danzó solitaria. sobre sus olas en dirección sur, y el viento Norte llamado también Bóreas, puesto en movimiento tras ella, le sugirió que sería un buen instrumento pan iniciar una obra Creadora. Eurínome se dio entonces la vuelta y se apoderó de aquél y lo frotó entre sus manos hasta que dio origen a la enorme serpiente Ofión. A continuación la diosa, que tenía frío, bailó para calentarse cada vez más agitadamente, despertando el deseo carnal en Ofión, quien sin pensarlo tres veces se enroscó el cuerpo de Eurínome y la poseyó con lujurioso deleite. Así fue como Eurínome quedó encinta. Después se transformó en paloma y se posó sobre las olas y a su debido tiempo puso el Huevo Universal. A petición suya Ofión se enroscó siete veces alrededor de l huevo hasta que se empolló y dividió en dos. De él salieron todos los seres y elementos que componen el Cosmos: el sol, la luna, las estrellas, la tierra con sus montañas, ríos, mares y lagos, sus árboles, hierbas y criaturas vivientes. Eurínome y Ofión fijaron su morada en el monte Olimpo. Cuando Ofión irritó a su compañera, arrogándose el título de autor del Universo, ésta le pegó tan tremendo puntapié que le arrancó los dientes y lo arrojó a las oscuras cavernas situadas bajo la tierra. Seguidamente la diosa Creó siete potencias planetarias y colocó una Titánide y un Titán en cada una: Tía e Hiperión para el Sol; Febe y Atlante para la Luna; Dione y Crío para el planeta Marte; Metis y Geo para Mercurio; Temis y Eurimedonte para Júpiter; Tetis y Océano para Venus; Rea y Crono para Saturno. Guardadores todos de la sucesión del tiempo. Sin embargo, en esta armoniosa “creación” faltaba el hombre, y entonces apareció Pelasgo, brotado de los dientes de Ofión enterrados en los abismos de Arcadia y precursor de otros que lo aclamaron como jefe culturizador, pues de él aprendieron a construir chozas, a alimentarse de bellotas y a coser túnicas de piel de cerdo. Dioses y hombres se hallaban sometidos a sus oponentes sexuales femeninos y todos, en definitiva, rendían culto a la Gran Diosa Madre. La mujer constituía así el sexo dominante y el hombre aparecía como su víctima asustada. Semejante concepción mitológica debía ser imaginada por una sociedad matrilineal en la que se atribuía el papel engendrador, no al varón, sino al viento o a la ingestión de habichuelas por la futura madre o bien a la deglución de un insecto. En este caso Eurínome actúa como Creador, a semejanza de Yahvé en el Génesis, sólo que aquí en lugar de un Dios asexuado único y supremo es una diosa. Por su parte las culebras, símbolos de Ofión, son consideradas como reencarnaciones de los muertos. Homero consideraba que todos los dioses y seres vivientes surgieron del Océano que circunda el mundo y que Tetis fue la gran madre universal. Por su parte, los helenos iniciados en los misterios órficos creían que la noche de las alas negras, diosa por la que incluso Zeus, el futuro padre de los dioses helénicos clásicos, sentía un temor reverente, fue seducida por el Viento y puso un huevo de plata en el seno de la Oscuridad del que salió Eros o Fanes (el sol), que impulsó el movimiento del Universo. Eros tenía cuatro cabezas (las cuatro estaciones), alas doradas y doble sexo. A veces rugía como un león, mugía como un toro, balaba como un carnero o silbaba como una serpiente. Vivía en una cueva junto con la Noche que se manifestaba en forma de tal, del Orden o de la Justicia. Rea era la madre universal que tenía como misión tocar un tambor de latón para que los hombres se sintieran atraídos a la consulta de los oráculos de la diosa. Eros creó el cielo, el sol y la luna, pero su gobierno perteneció a la diosa hasta que Urano la destronó.

Finalmente, dos mitos a los que el Robert Graves consigna con el apelativo de filosóficos; el primero. basado en La Teogonía de Hesíodo, se muestra confuso, pues mezcla abstracciones con seres concretos: Nereidas, Titanes, Gigantes; y el segundo, forjado ya en una época helenístico-romana (siglo II a I d.C.), recuerda al Génesis y a tradiciones babilónicas-mesopotámica, como el poema épico de Gilgamesh que menciona a Utanapistim, el “Noé sumerio”. Son éstos:

«Algunos dicen que al principio reinaba la Oscuridad y de la Oscuridad nació el Caos. De la unión entre la Oscuridad y el Caos nacieron la Noche, el Día, el Erebo y el Aire.

La unión de la Noche y el Erebo provocó el Hado (el destino), la Vejez, la Muerte, el Asesinato, la Continencia, el Sueño, los Desvaríos, la Discordia, la Miseria, la Vejación, Némesis (la Justicia distribuida según las acciones), la Alegría, la Amistad la Compasión, las tres Parcas y las tres Hespérides.

La unión del Aire y el Día originó la Madre Tierra, el Cielo y el Mar.

De la unión del Aire y la Madre Tierra surgieron el Terror, la Astucia, la Ira, la Lucha, las Mentiras, los Juramentos, la Venganza, la Intemperancia, la Disputa, el Pacto, el Olvido, el Temor, el Orgullo, la Batalla y también Océano y Metis, y los otros Titanes, Tártaros y las Tres Erinies o Furias

De la conjunción del Mar con sus ríos salieron las Nereidas.»

Y el segundo:

«El Dios de todas las cosas que algunos llaman Naturaleza apareció de pronto en el Caos y separó la tierra del cielo, el agua de la tierra y el aire superior del inferior. Después de desenredar los elementos, los ordenó tal como aparecen en la actualidad. Dividió la tierra en zonas, unas muy calurosas, otras muy frías y algunas templadas; moldeó después las llanuras y montañas e hizo crecer los árboles y las plantas. Sobre la tierra colocó el firmamento en constante movimiento, lo llenó de innumerables estrellas y designó las posiciones de los cuatro vientos. Pobló también las aguas de peces, la tierra de animales y el cielo con el sol, la luna y los cinco planetas y finalmente creó al hombre.» Como puede observarse este último relato es el menos mitológico en el sentido que estamos acostumbrados, aunque no por ello es el menos alegórico, con el objetivo central de cantar las glorias de un Ser Supremo y Creador.

La descendencia de Urano y el mito de la Sucesión

El mito de la sucesión comprende, en sentido estricto, la vida de Urano, Crono y Zeus, los tres sucesivos ocupantes del trono de los dioses. Comienza con Urano, el primer señor del mundo, no llamado así por Hesíodo, pero así se implica en su re­lato; explícitamente lo dice Apolodoro (OÜranØj prñtoj toã pantØj dun§steuse kÕsmou). Urano odia a los hijos que va engendrando en su madre la Tierra y los oculta en los abismos de ésta (En Teogonía 157 s., encontramos prácticamente con­fundidas e identificadas la divinidad de la Tierra y la realidad física que el mito le atribuye), por lo que la Tierra, dolorosamente distendida en sus entrañas, apela a sus hijos y los incita contra su padre, maquinando una emboscada contra él. Los cinco mayores, empavorecidos, nada responden; pero Crono, el menor (que, a su vez, será también destronado por el más joven de sus hijos), le promete su ayuda. Su madre le entrega una hoz dentada que ella misma ha fabricado, con la que Crono, aprove­chando el momento en que Urano, que ha llegado trayendo consigo la noche, está extendido en amorosa unión sobre la Tierra, le corta a su padre los órganos genita­les, empuñando la hoz en la mano derecha y sujetándose los miembros con la iz­quierda. A continuación Crono arroja al mar los genitales de su padre tirándolos a su espalda, gesto quizá entendido por Hesíodo como ritual o mágico, y en cierto modo semejante al lanzamiento antropogónico de piedras por Deucalión y Pirra, a la prohibición de mirar atrás que se impone a Orfeo como condición para la resurrec­ción de Eurídice, y al lanzamiento por Ulises, también a sus espaldas, del velo de Leucotea (en Odisea v. 459, donde no se dice cómo lo arroja, pero en v. 350 la pro­pia Leucotea le ha dicho que debe hacerlo vuelto de espaldas). La castración de Urano resulta fecunda. Las gotas de sangre que manan de la herida caen sobre la Tierra, que las recibe y, andando el tiempo, engendra, sin duda fecundada por ellas, tres grupos de seres: las Erinies, los Gigantes y las Ninfas Melias. Las Erinies (9ErinÝej)o Furias (Furiae) son diosas, las diosas encargadas de castigar sobre todo a los parricidas (por eso puede ser simbólico su nacimiento de las gotas de sangre del padre mutilado por su hijo); su aspecto es horrible, con cabellera de serpientes y blandiendo en las manos látigos que son también serpientes; son tres (aunque He­síodo no precisa el número), y sus nombres (que tampoco Hesíodo menciona) son Alecto, Tisífone y Megera (9Alektë, TisifÕnh, Mžgaira). En Esquilo son hijas de la Noche, lo que sugiere alguna equiparación con las Ceres de la Teogonía (v. 217), que son hijas de la Noche y «que castigan sin compasión».

El segundo grupo de seres que brotan de las gotas de sangre de Urano es el de los Gigantes (Gˆgantej), seres colosales, de poder semejante al de los dioses, pero mortales en todo caso. Casi nada dice de ellos Hesíodo, aparte del indicado origen; pero fuera de Hesíodo hay muchos más datos, concentrados sobre todo en torno a la lucha de los Gigantes contra los dioses llamada Gigantomaquia. Los Gigantes, en efecto, no son dioses, sino una especie en cierto modo intermedia entre dioses y hombres: próximos a los dioses (¦gcˆheoi en Odisea VII 206) por sus fuerzas, pero mortales como los hombres. Parecidos a los Gigantes son, por otra parte, los Lestrí­gones (LaistrugÕnej) y los Feacios (Faˆhkej). Las más antiguas alusiones a la Gi­gantomaquia que poseemos están en Píndaro y los relatos más detallados, en Apolo­doro y en las dos Gigantomaquias de Claudiano. En estos relatos y en otras fuentes se menciona un gran número de nombres individuales de Gigantes (Encélado, Alcioneo, Porfirión, Mimante, Efialtes, Éurito, Clitio, Palante, Polibotes, Hipólito, Agrio, Toon, Óbrimo, Reto, Peloro, Énfito, Teodamante, Asco, Oromedonte, Damástor, Paleneo, Equíon, Ctonio, Peloreo, y varios otros).En cuanto a datación, la Gigantomaquia es, en la mayoría de las fuentes, posterior a la Titanomaquia (con la que a veces indebidamente se confunde, así como los Titanes en general, o algunos de ellos en particular, son a veces llamados Gigantes).

El último grupo de seres que brotan de la Tierra al caer las gotas de sangre de Urano es el de las Ninfas Melias, que apenas tienen actuación alguna, tanto en He­síodo como en las pocas menciones posteriores. Por su nombre parecen ser ninfas de los fresnos (Melˆai), o bien de los árboles en general, semejantes a las Dríades. Si tal conexión arbórea llegara en las Ninfas Melias, como en las Dríades, a una cierta identificación con la naturaleza arbórea, podría verse en la génesis de las Melias una cierta semejanza con el nacimiento de un almendro de los genitales de Atis[1] o de un granado al caer a tierra los órganos genitales y la sangre de Agdistis[2]. No tienen nombres individuales las Ninfas Melias, ni en Hesíodo ni en los otros textos, al me­nos en cuanto tales componentes del grupo; hay una Oceánide Melia, madre de Fo­roneo; y una Melia, madre de Folo, de Sileno y de Egialeo, de quien no consta si es la Oceánide, si pertenece al grupo de las Melias de que estamos tratando, o si se trata de otro personaje; todavía más inidentificables son cada una de las dos Melias mencionadas por Calímaco. Las Erinies, los Gigantes y las Ninfas Melias son, pues, los seres que brotan de la Tierra al caer en ella las gotas de sangre de Urano. Pero mucho más importante es otra consecuencia directa de la castración de Urano: sus órganos genitales caen al mar, vagan flotantes durante largo tiempo, y junto a ellos se forma una blanca espuma, brotada de los miembros inmortales, sobre la que a su vez se forma o emerge una joven que será nada menos que la excelsa diosa del amor y de la belleza, Afrodita o Venus, que a continuación pasa junto a Citera (tª KÝhhra, isla al sur del Peloponeso que en tiempos históricos poseyó un famoso santuario de Afrodita), y por último llega a Chipre (KÝproj), donde establece su residencia principal. Hesíodo explica por estas conexiones los otros dos nombres usuales de Afrodita, a saber, Citerea (Kuhžreia), y Cipris (KÝprij. Hesíodo no uti­liza este nombre, que es muy usual luego, sino la variante Kuprogen¿j; hay también Kuprogžneia); y por haber brotado de la espuma, el de Afrodita (9Afrodˆth por ¦frÕj ‘espuma’, pero dejando sin explicar la segunda parte del nombre). En latín no se emplea nunca Afrodita, sustituida, como es común en casi todos los dioses de primera fila, por una traducción o equivalencia con una divinidad itálica, Venus en este caso; son, en cambio, muy usuales en latín las transcripciones indicadas de Cite­rea y Cipris. Añade Hesíodo, entre otros datos, el de que la acompañaban el Amor (‚Eroj, que no parece identificarse con el hijo de Venus de la tradición posterior a Hesíodo, designado habitualmente con la forma ‚Erwj, sino con el ser primigenio que brotó o vino al mundo en cuarto lugar, después del Caos, la Tierra y el Tártaro), y el Deseo (Imeroj, de cuya genealogía nada dice Hesíodo), tanto en el momento de su nacimiento como al marchar a unirse a la muchedumbre de los dioses. Esta ge­nealogía hesiodea de Venus, así como la forma de su nacimiento así descrita por Hesíodo, es inconciliable con la genealogía homérica y con ella se relaciona un dato que es muy célebre, pero que no está ni en Hesíodo ni en texto alguno anterior a Plauto: el de que Venus nació de una concha, o bien que, una vez nacida en el mar, navegó en una concha.

Una vez mutilado Urano por su hijo Crono, éste ocupa el poder supremo, la «dig­nidad regia entre los inmortales», aquí ya explícitamente en Hesíodo (v. 462 de la Teogonía; en v. 486 llama a Crono «el Uránida, gran soberano, rey de los primeros dioses»). Se casa a continuación con su hermana Rea, tiene seis hijos (tres hembras, Hestia, Deméter y Hera, y los tres varones, Hades, Posidón y Zeus), e imita a su pa­dre, pero con mayor dureza aún hacia sus hijos, a los que devora conforme van na­ciendo. Así sucede con los cinco primeros; pero cuando está a punto de nacer el úl­timo, Zeus, su madre Rea, que estaba desolada, pide ayuda a sus padres, Urano y Gea, quienes (en consonancia con una amenaza o predicción de futuro castigo, for­mulada por Urano a raíz de su castración por Crono), le aconsejan que se vaya a Licto, en Creta, para dar a luz al más joven de sus hijos. Así lo hace Rea y, después de dar a luz a Zeus, lo esconde en una profunda cueva del monte Egeo, y a Crono le da a comer, en lugar del niño, una piedra envuelta en pañales. Hesíodo no dice dónde dio a luz Rea a Zeus; nos dice que lo llevó a Licto, pero nos quedamos sin saber si es que para Hesíodo previamente había nacido Zeus en algún otro sitio, o si es que lo llevaba todavía en el vientre y lo dio a luz en Licto; en Apolodoro y en Diodoro Zeus nace en Creta, en una cueva del monte Dicte. Tampoco el monte Egeo, así llamado en Hesíodo, es localizable; la tradición posterior habla del Dicte, como en Apolodoro y Diodoro para el nacimiento, o del Ida, más o menos confun­dido con el Dicte, montañas, ambas, muy conocidas de Creta; las demás fuentes mitográficas se reparten entre el Dicte y el Ida, bien distintos en la mayoría de ellas. La crianza de Zeus tiene lugar en Creta, y sobre ella hay numerosos detalles y va­riantes, ajenos todos ellos a la Teogonía y contados en Apolodoro, Higino y muchos otros textos. Protegido por los Curetes, que ejecutan armados ruidosas danzas para que el llanto del niño no llegue a oídos de Crono, Zeus es criado con leche de la ca­bra Amaltea, o bien es criado por la ninfa Amaltea con leche de cabra; otros nom­bres de nodrizas de Zeus son Adrastea, Ida, Melisa, Temis la Titánide y Cinosura (que será catasterizada en la Osa Menor). En Apolodoro y Zenobio son unas Ninfas, llamadas Adrastea e Ida, hijas de un Meliseo del que nada más se dice, las que se cuidan de criar a Zeus con leche de la cabra Amaltea; en el escolio a la Ilíada es a Temis y a Amaltea, «que era cabra», a quienes confía Rea la crianza del niño. Ovi­dio llama Náyade a Amaltea, y ninfas cretenses en general a las nodrizas de Zeus; Higino y Lactancio la llaman ninfa, sin mayor especificación. En cuanto a la cabra, dicen Eratóstenes e Higino que era hija del Sol y de aspecto pavoroso; Eratóstenes. y Lactancio añaden que con su piel se fabricó Zeus después su famoso escudo llamado égida y que uno de sus cuernos era el Cuerno de la Abundancia.

Zeus va creciendo en Creta y, una vez llegado a la edad adulta, consigue que Crono vomite a sus hermanos (después de haber vomitado la piedra que había de­glutido creyendo ser Zeus, piedra que Zeus coloca en la tierra de Pito, la futura Del­fos, donde, como tal pretendida reliquia, se enseñaba todavía en el siglo II d. C., se­gún cuenta Pausanias), ya sea mediante un vomitivo que le administra la Oceánide Metis, ya mediante alguna otra estratagema, no especificada. Libera también Zeus a los Cíclopes y Hecatonquires que, encadenados por su padre Urano, permanecían todavía en las entrañas de la tierra. Y a continuaci6n, inducido por Gea, emprende Zeus, juntamente con sus hermanos, y con la ayuda, al parecer, de algunos otros dio­ses (probablemente la Oceánide Estige y sus hijos la Gloria (ZÅloj), la Victoria (Nˆkh), la Fuerza (Kr§toj) y la Violencia (Bˆa), aunque esto está sólo en la Teogo­nía (vv. 383-401), y de un modo muy impreciso, sin seguridad de que se refiera a la Titanomaquia), una encarnizada guerra contra su padre Crono, guerra llamada la Titanomaquia por estar Crono asistido en ella por al menos algunos de los otros Ti­tanes, si bien no consta con claridad quiénes fueron, de entre los Titanes y Titánides, los que según la tradición de la Titanomaquia tomaron parte en la lucha al lado de Crono. Hesíodo no lo dice en absoluto; pero tampoco hace excepción alguna al mencionar a los Titanes en general en esta lucha (sobre todo en vv. 667 s., en donde «p§ntej, h¿leiai te ka‹ ©rrenej, [...] Tit§nej te heo‹ ka‹ Ösoi KrÕnou xegžnonto» parece incluir en la lucha a la totalidad de los Titanes, Titánides y Cró­nidas), ni tampoco después al referir su castigo en los vv. 715-733, por lo que parece como si se refiriera siempre a los doce que tiene nombrados en vv. 133-38. Sin em­bargo, hay algunos de ellos frecuentemente excluidos en las otras fuentes, como es el caso de Océano y de Helio; hay otros que aparecen como los principales comba­tientes, como Ceo, Crío, Hiperíon, Crono y Iápeto, además de algunos de sus des­cendientes como Menecio y Atlas.

Los Titanes luchan desde el monte Otris; los Crónidas, desde el Olimpo, con lo que parece Hesíodo dar a entender que las batallas tendrían lugar en la llanura tesa­lia que se extiende entre ambas montañas. Que Zeus y sus hermanos ocupasen el Olimpo expulsando de allí a los Titanes, y constituyendo tal acto algo así como la rotura de hostilidades que inicia la Titanomaquia, es algo no especificado claramente en ningún sitio, pero sí sugerido al menos en la Teogonía (vv. 112 s.); en todo caso, la ocupación del Olimpo será definitiva, y desde entonces Zeus, sus hermanos y sus hijos (no todos, sino los más importantes) se llamarán los Olímpicos. La descripción de la Titanomaquia y de sus resultados ocupa los vv. 629-733 de la Teogonía; la lu­cha dura diez años, hasta que al fin la intervención de los Hecatonquires, que se sa­bía sería decisiva según profecía comunicada por Gea a Zeus (y entonces es, según Apolodoro, cuando Zeus los libera, dando muerte para ello a una tal Campe que era su carcelera), la resuelve a favor de Zeus, que depone del trono a su padre y le su­cede en el gobierno del mundo, que conservará ya a perpetuidad (gracias al trueno, relámpago y rayo que le han proporcionado los Cíclopes, Zeus «reina sobre mortales e inmortales»: Teogonía, v. 506; según Apolodoro, los mismos Cíclopes proporcio­naron también a Plutón el casco y a Posidón el tridente). Crono y los otros Titanes (sin excepción explícita en Hesíodo, pero es probable que haya que exceptuar al Océano y a otros) son expulsados del cielo y encadenados y encerrados bajo la cus­todia de los Hecatonquires en las profundidades de la Tierra, en el Tártaro, tan dis­tante, por debajo, de la tierra, como ésta del cielo.

Con el definitivo establecimiento de Zeus en el trono supremo de los dioses y el mundo termina el mito de la sucesión. Hesíodo no menciona el reparto del mundo por sorteo, que aparece ya en la Ilíada (xv 187-95), entre los tres hermanos Zeus, Posidón y Plutón, que reciben así, respectivamente, la soberanía del cielo, el mar y el infierno. Que para Hesíodo Zeus pasa a ser soberano de los dioses y del mundo inmediatamente después de terminada la Titanomaquia, está sólo implicado, y no de un modo claro, en la Teogonía, a saber, en el v. 730 y en la razón que se da, en los vv. 461-65, para explicar por qué Crono devoraba a sus hijos: «para que ningún otro de los celestes ocupase la dignidad real entre los inmortales, pues había tenido noti­cia, comunicada por la Tierra y el Cielo, de que su destino era ser subyugado por un hijo suyo, a saber, por los designios del gran Zeus». Sólo después de la Titanoma­quia es donde, por una especie de también imprecisa elección o aclamación de los dioses vencedores, Zeus pasa a ser, explícitamente, el rey y soberano de los inmor­tales. Pero aun así, una vez terminada la Titanomaquia y expulsados del cielo por Zeus los Titanes, la supremacía de Zeus, ya sea por lo visto meramente implicado, ya por el sorteo homérico (que, en rigor, no implicaría más que una superioridad literal o topográfica sobre sus hermanos, es decir, la de habitar el cielo de que pasa a ser soberano), de hecho será ya definitiva e inalterada; pero hay, sin embargo, varias ocasiones en que Zeus está a punto de perder esa supremacía, en tres de ellas por tener que enfrentarse con temibles enemigos, y en otras dos con motivo de apeten­cias eróticas suyas. Las primeras son la Gigantomaquia, la Tifonomaquia y la lucha con los Alóadas Oto y Efialtes.

La Gigantomaquia, que no está en Hesíodo y sí principalmente en Apolodoro y Claudiano, es la guerra de los Gigantes contra Zeus y los otros Olímpicos. Instiga­dora de esa lucha es, en la mayoría de las fuentes, la madre de los Gigantes, esto es, la Tierra, que, a pesar de haber tenido anteriormente, como hemos visto, actuaciones favorables a Zeus, quiere ahora vengar la derrota y prisión de los Titanes. La lucha, encarnizada y terrible, se desarrolla en los campos de Flegra (nombre mítico de Pa­lene, la más occidental de las tres penínsulas que componen la también península de la Calcídica, en el NE. de Grecia), y durante ella los Gigantes acumulan unas sobre otras las montañas más importantes de Grecia, intentando escalar así el cielo. Un oráculo había indicado que era condición imprescindible para la victoria de los dio­ses contra los Gigantes que al lado de aquéllos combatiese un mortal (así en Apolo­doro), o, según otros, dos semidioses. La condición se cumple, en el primer caso, en la persona de Hércules; en el segundo, en las de Hércules y Baco; este último apa­rece como combatiente en varias otras fuentes que no mencionan el oráculo. Con la ayuda, pues, ya sea de Hércules solo, ya de Hércules y Baco, los dioses consiguen una victoria total, dando muerte a los Gigantes, algunos de los cuales quedan sepul­tados debajo de islas o de montañas. Esta grandilocuente lucha conocida como la Gigantomaquia (batalla o lucha contra los gigantes), aunque posterior a la creación del hombre, se coloca generalmente aquí por ser la confirmación del poder de Zeus y sus compañeros. En ella no faltó lo anecdótico y lo imprevisto, como cuando algunas versiones cuentan que al aparecer los gigantes se asustó el asno del sátiro Sileno y sus rebuznos fueron tan enormes que impidieron el primer asalto de aquéllos, ya que quedaron perplejos ante los extraños sonidos, creyendo que provenían de algún terrible animal. Otras terribles narraciones cuentan que no fue el asno de Sileno sino el de Dioniso, mientras que otras refieren que este suceso ocurrió cuando Tritón empezó a hacer sonar su trompa marina. Sea como fuere, aunque salta a la vista la ingenuidad de tales relatos como un intento de explicar una fantástica derrota, en Mitología (y la griega no es una excepción) hemos de acostumbrarnos a encontrar lo grandioso y lo terrible mezclado con lo infantil, reflejo subconsciente del modo de ser de los pueblos antiguos creadores de los mitos. La Gigantomaquia fue un tema favorito de la plástica, y así podemos contemplarla en muchos frontones conservados de los templos clásicos (algunos de los cuales son guardados celosamente en los museos más importantes del mundo). Los cuerpos de los monstruos, rematados en serpientes, se prestaban admirablemente a rellenar los ángulos de los frontispicios y terminar así artísticamente una composición.

Una vez terminada la Gigantomaquia, engendra la Tierra al espantable Tifoeo o Tifón (TufweÝj o Tufën o Tuf§wn), y tiene lugar la feroz contienda entre Zeus y los Olímpicos por una parte, y ese único adversario por otra. Hesíodo, que no men­ciona la Gigantomaquia, coloca inmediatamente después de la Titanomaquia la lucha de Tifoeo contra los dioses (llamada, aunque no en la Antigüedad, Tifonomaquia), que describe a lo largo de sesenta versos. La descripción física de Tifoeo está sobre todo en Apolodoro: Tifoeo superaba en estatura a los más altos montes, tocando los astros con la cabeza; de las manos le salían cien cabezas de serpientes y sus extre­midades inferiores estaban formadas por anillos de víboras; todo el cuerpo lo tenía provisto de alas. El pánico que Tifoeo provoca en los dioses es tal (aunque no en Hesíodo), que emprenden todos la huida a Egipto y allí se metamorfosean: Zeus en toro, Hera en vaca, Apolo en cuervo, Baco en macho cabrío, Ártemis en gata, Afro­dita en pez, Hermes en ibis (así en Ovidio; hay variantes, y mención de otros dioses metamorfoseados, en los otros textos citados). Pero, independientemente de esas metamorfosis, se produce un encuentro decisivo entre Zeus y Tifoeo. Zeus lo ful­mina y llega con él a las manos en el monte Casio de Siria, pero Tifoeo lo enlaza con sus extremidades viperinas y le corta los tendones, tras de lo cual se lo carga a cuestas y lo lleva a la cueva Coricia (de Cilicia, en Asia Menor), entregando los ten­dones, para su custodia, al dragón hembra Delfine, monstruo híbrido de mujer y ser­piente. Pero Hermes y Egipán logran hacerse con ellos a hurtadillas, y se los colocan de nuevo a Zeus, que, recobrando su fuerza, persigue de nuevo a Tifoeo, quien llega a Tracia y se defiende descuajando montañas enteras, que arroja contra Zeus. Huye después a Sicilia, donde por fin es definitivamente vencido por Zeus, que lo apri­siona echándole encima el volcán Etna, cuyas erupciones y sacudidas se explicaban a veces como convulsiones de Tifoeo, aprisionado pero no muerto (con alguna con­fusión con Encélado, Gigante mencionado en la Gigantomaquia y en ella aprisio­nado debajo de la isla de Sicilia, sin más especificación). Hay que indicar, por úl­timo, que Tifoeo es hijo de Hera, sin padre, en una versión que aparece en el Himno homérico a Apolo (vv. 307-355).

La tercera ocasión de peligro bélico para Zeus (y para los otros Olímpicos) es contada con menos dramatismo o como peligro más leve: se trata del intento de es­calar el cielo para luchar con los dioses por parte de los Alóadas (9Alw‘§dai o 9Alw§dai). Eran los Alóadas dos muchachos (hijos de Posidón y de Ifimedía, so­brina y esposa de Aloeo) dotados de tan vertiginoso crecimiento, que a los nueve años de edad medían ya casi dieciséis metros de estatura y cuatro de anchura. Des­pués de haber tenido prisionero a Ares durante trece meses (a quien libera Hermes, avisado por Eeribea, madrastra de los Alóadas), o bien antes (en Apolodoro), colo­can el monte Osa sobre el Olimpo y el Pelio sobre el Osa (acción también atribuida, a veces en orden inverso, a los Gigantes en la Gigantomaquia ordinaria) con el pro­pósito de llegar al cielo y atacar a los dioses; pero Apolo (en la Odisea) acaba con ellos, al parecer antes de que logren alcanzar el cielo, y antes, en todo caso, de que llegasen a la pubertad. (En cambio, en el escolio de la Ilíada y en Apolodoro los Alóadas mueren víctimas de una estratagema de Ártemis, a quien quería violar Oto, a la vez que a Hera lo intentaba Efialtes: pone Ártemis una cierva entre ambos, y al intentar ellos cazarla disparándole sus dardos se matan el uno al otro.

Sobre las otras dos ocasiones de peligro para Zeus, ambas ocurren con motivo de apetencias eróticas suyas. La primera amenaza contra su poder surge de su relación (matrimonio según Hesíodo) con la Oceánide Metis, pues Urano y Gea le habían profetizado que el hijo que naciera de esa unión derrocaría a su padre como él había hecho con su padre y éste con su abuelo. Ellos mismos le aconsejan que, para evi­tarlo, devore a Metis y así lo hace, pues ella estaba ya en avanzado estado de gesta­ción. Poco después nacería de la cabeza de Zeus el fruto de esta unión, la diosa Ate­nea. La segunda es simplemente una profecía que no llegó a cumplirse: Zeus preten­día a Tetis, hasta que un oráculo que le predijo que el hijo que naciera de ella sería más fuerte que su padre le disuadió; Zeus entregó a Tetis como esposa a Peleo, y efectivamente se cumplió el oráculo, pues hijo de Tetis fue el temible héroe Aquiles.

Sin embargo, en ninguna de las cinco ocasiones llega a consumarse la amenaza, como tampoco en varias rebeliones, al parecer no muy peligrosas, de diversos dioses como Prometeo, Hera, Posidón, Apolo y otros y el poder de Zeus se considera en la mitología como eterno e inquebrantable.

Por fin Zeus, cuya última evolución de las creencias lo identifican con la potencia universal que encarna el Cosmos (no en vano en la declinación helénica el genitivo de ZeÝj es DiÕj y en la mitología germana anterior a Wotan u Odin se halla Ziu, el dios padre indoeuropeo [Daius Pitar = Dios Padre]), pudo dedicarse a organizar su reino, terminadas las grandes guerras contra titanes y gigantes. Se relata que en la morada terrenal del Olimpo y en la cúspide de tan alta montaña erigió el padre de los dioses una ciudadela. Los mitólogos historicistas quieren ver en Zeus a un rey helénico o indoeuropeo, quien apostado con sus súbditos en la fortaleza olímpica rechazó varios asaltos de pueblos invasores, así como de malvados bandidos. Intentan dar así una explicación real y humana, en especial a la Gigantomaquia. Los poetas y escritores helénicos cuentan que los vientos, la lluvia, las nubes no osaban acercarse a la cima del Olimpo, morada de eterna primavera. A propósito de este lugar, Solino escribe lo siguiente: «El punto más elevado se llama cielo y en él hay un altar consagrado a Zeus. Las entrañas de las víctimas allí sacrificadas se resisten al soplo de los vientos y a la impresión de las lluvias, de suerte que al otro año se encuentran en el mismo estado en que se dejaron. Lo que una vez se consagró al dios queda en todas las épocas al abrigo de las impresiones del aire. Las letras impresas en la ceniza permanecen sin borrarse hasta que se repiten las ceremonias al año siguiente». El nombre de Olimpo no solamente se dio a la parte del Cielo donde Zeus estableció su morada y al monte tantas veces mencionado, sino también en sentido más metafórico a la reunión de dioses que deliberaban en asamblea. Los dioses estaban sujetos como los hombres a la necesidad de alimentarse, pero no con los mismos elementos. En el banquete divino se servían como manjar la ambrosía y el néctar como bebida, ambos destilados de los cuernos de la cabra Amaltea, que alimentó a Zeus cuando era niño. Los dos elementos recreaban los sentidos, embalsamaban el ambiente, otorgaban la juventud y la dicha y aseguraban la inmortalidad. La ambrosía era nueve veces más dulce que la miel, de forma que comiendo miel se prueba la novena parte del placer que se sentiría tomando ambrosía. Según Homero, el néctar era de color rojo y no menos aromático y grato al paladar. Las dinastías de Urano y Crono significaron la época de los grandes cambios y trastornos en la naturaleza, período de formación de los elementos en que nada podía ser estable ni duradero. El gobierno de Zeus –tercera dinastía divina– es el período de la estabilización. La Tierra ha alcanzado la madurez y el aire y el mar han llenado los espacios vacíos dando a la naturaleza los principios vitales, germen de nuevos seres que habían de poblar el mundo terrestre. Pero Zeus no puede con todo y decide el reparto del Universo. Dos son los hermanos que más han ayudado al triunfo final: Posidón, a quien cederá el gobierno del mar, y Hades, al que confiará las profundidades terráqueas. La nueva organización está ya en marcha y ya nadie podrá destruir el mito del invencible Zeus, de sus hermanos y de los olímpicos: Hera, Atenea, Apolo, Ártemis, Hermes, Hefesto, Hestia, Leto, Deméter, Ares y Afrodita… además de Dioniso, divinidad errante terrestre.

Zeus se convirtió en la divinidad suprema del Olimpo, dios de la luz del día, del cielo y de los fenómenos atmosféricos, soberano de dioses y de hombres, que lo conoce todo, tanto el presente como el porvenir. Es todopoderoso, sabio, justo y bueno. Establece el destino del Universo, él mismo de halla sometido a aquél para que esta especie de humillación se tome como ejemplo de humildad, aunque en realidad el Destino es una emanación del propio Zeus.

Según los tratadistas de mitologías comparadas, existieron unos trescientos dioses en los panteones de los pueblos que pueden identificarse con el Zeus helénico. Los cretenses, ya en la antigüedad, no se contentaban con mostrar el lugar donde, según ellos, había nacido el dios, sino que también mostraban la “tumba de Zeus” en Cnossos con la inscripción Ci git Zan (aquí yace Zan = Zeus), lo que producía una gran curiosidad entre la mayoría de la gente que iba a visitarla y un gran escándalo para los mitógrafos y poetas.

Teniendo en cuenta esta importancia, se comprenderá que quizá los fragmentos mitológicos helénicos más extensos se hallen dedicados a la figura de Zeus, que aparece en casi todos los relatos. De éstos probablemente los más conocidos sean las innumerables aventuras amorosas que tuvo con sus esposas y amantes, unas divinas y otras mortales. El número de sus hijos legítimos o ilegítimos se evalúa en unos ciento cincuenta. La procreación aparece en Zeus como manifestación de una acción providencial y no debemos escandalizarnos como hicieron los primeros escritores cristianos ante aquellos relatos, pues hay que penetrar antes en el mundo sociocultural de las gentes que crearon aquella mitología, lo cual no quiere significar que los griegos (aunque con una conducta muchísimo más laxa que la moral estricta cristiana) siguieran habitualmente los ejemplos que mostraban cotidianamente sus dioses. Para explicar los orígenes del mundo y su desarrollo y poblamiento era necesario el que se permitieran uniones sin excesivo prejuicio e incluso muchas de ellas terminarían siendo castigadas. Así pues los poetas y mitógrafos se esforzaban por reconocer las profundas razones que llevaron especialmente a Zeus a dar hijos a los mortales. Así explicaban el nacimiento de Helena por el deseo de disminuir la población excesiva de Grecia y Asia, provocando un conflicto sangriento. El nacimiento de Heracles por la intención de suscitar a un héroe invencible capaz de librar a la tierra de monstruos maléficos.

Bibliografía

–Cardona, F. L. (1996). Mitología Griega, Barcelona, Edicomunicación, S.A.

–Ruiz de Elvira, A. (1975). Mitología Clásica, Madrid, Gredos.




[1] Joven cuyos amores se disputan Agdistis y Cibeles. Al ser destinado a la hija del rey Midas, Agdistis hace que se vuelva loco; el joven se castra frente a un pino y muere. Cibeles entierra los órganos cortados y, junto a ellos, a la hija de Midas, que se suicida. De su tumba nacerá un almendro.

[2] Hijo de Zeus brotado de una roca. Dioniso lo embriaga y lo castra, y su sangre fecunda la tierra, de la que brota un granado. Precisamente uno de estos frutos es tomado por la hija del río Sangario, que queda embarazada dando a luz a Atis.

La amistad – Leyenda árabe

Mayo 17, 2008

La amistad
Leyenda árabe

Dice una linda leyenda árabe que dos amigos viajaban por el desierto y en un determinado punto del viaje discutieron. El otro, ofendido, sin nada que decir, escribió en la arena:

“HOY, MI MEJOR AMIGO ME PEGO UNA BOFETADA EN EL ROSTRO.”

Siguieron adelante y llegaron a un oasis donde resolvieron bañarse. El que había sido abofeteado y lastimado comenzó a ahogarse, siendo salvado por el amigo. Al recuperarse, tomo un estilete y escribió en una piedra:

“HOY, MI MEJOR AMIGO ME SALVO LA VIDA.”

Intrigado, el amigo preguntó: Por que después que te lastime, escribiste en la arena y ahora escribes en una piedra?

Sonriendo, el otro amigo respondió:

“Cuando un gran amigo nos ofende, deberemos escribir en la arena, donde el viento del olvido y el perdón se encargarán de borrarlo y apagarlo; por otro lado cuando nos pase algo grandioso, deberemos grabarlo en la piedra de la memoria del corazón, donde viento ninguno en todo el mundo podrá borrarlo”.

“El odio despierta rencillas; pero el amor cubrirá todas las faltas.” Prov. 10:12

http://larevista.turemanso.com.ar/leyenda/amistad.html

Rómulo y Remo

Mayo 17, 2008

Rómulo y Remo

Supongo que todos habreis escuchado, leido, o estudiado alguna vez la historia de Rómulo y Remo, de cómo fueron amamantados por una loba y cómo posteriormente crearon una pequeña ciudad llamada Roma que creció y creció hasta convertirse en el mayor Imperio que ha dominado sobre la superficie de este planeta. Pero seguramente siempre os habreis quedado con las cosas claves de esta historia, pero hay más, mucho más, con sus contradicciones, con sus dioses y con sus fantasias. Sentaros y … disfrutad.

Y ENEAS ESCAPÓ DE TROYA…

Aunque parezca mentira la historia de Roma comienza en Troya cuando un ejército griego cruza el mar Egeo hasta la costa noroccidental de Asia donde se encontraba esta conocida ciudad. Tras un largo asedio los griegos toman Troya y la incendian, y de las llamas escapó Eneas, uno de los héroes troyanos que defendió la ciudad, según se dice gracias al apoyo de su madre que no era otra que la diosa Venus (Afrodita). Huyó junto con más gente en 20 barcos con la intención de llegar a otras tierras donde construir una nueva ciudad que reemplazara a Troya.

Al final desembarcaron en la zona septentrional de África donde acababa de ser fundada la ciudad de Cartago con la Reina Dido a la cabeza, cabeza que perdió por el bello Eneas. Éste, por un instante, pensó en quedarse allí con Dido y convertirse en Rey de Cartago, pero los dioses sabian que ese no era su cometido y le enviaron un mensajero que le dijo que debia partir inmediatamente. Eneas, que siempre hacia caso a los dioses, marchó sin decirle nada a Dido, la cual, presa de la desesperación se suicidó. Como se nota que es mitologia :)

Tras otro viaje llega a la costa sudoccidental de Italia y comienza a subir por la ‘bota’ hasta llegar al Lacio donde se casó con la hija del Rey Latino, que dió nombre a la región y la cultura del lugar. Pues bien, se casa con Lavinia, fundó una ciudad que le puso el nombre de la mujer y allí vivieron felices y juntos el resto de sus dias. ¿Y Rómulo? ¿y Remo? ¿dónde estan?

Bien, sigamos, Lavinia y Eneas tuvieron un hijo que llamaron Ascanio que fundó la ciudad de Alba Longa, convirtiéndola en la nueva capital de los latinos. Tras ‘ocho’ generaciones desde la llegada de Eneas dos de sus descendientes, Numitor y Amulio estaban en el trono del Lacio, cosa que no suele llegar a buen puerto dado que los tronos son chiquitines, y así Amulio echó del trono a su hermano para reinar solo. Pero Numitor tenía una hija que se llamaba Rea Silvia y para que no tuviese ningún hijo que posteriormente le estorbase, Amulio la obligó a hacerse sacerdotisa de la diosa Vesta (o sea, nada de hombres).

La loba amamantando a los dos hermanos

Pero un día andaba Rea a orillas del rio y se quedó dormida. Y que casualidad que por allí pasaba el dios Marte, gran aficionado a las mujeres, el cual se enamoró de ella y sin despertarla siquiera la dejó embarazada (es como el espíritu santo en versión romana).

En fin, Rea tuvo dos hijos gemelos (esto ya empieza a parecer Falcon Crest) que el usurpador ordenó matar y para ello los niños fueron colocados en una cesta y lanzados al rio Tiber para que muriesen (aquí ya empieza lo que la mayoría de vosotros conoceis). La cesta encalló a unos 20 km de la desembocadura y se dice que los gemelos fueron amamantados por una loba hasta que un pastor los encontró y los crió como a sus hijos, llamándolos Rómulo y Remo.

Éstos, ya de mayores, provocaron una revuelta y quitaron al usurpador, y tio-abuelo, Amulio poniendo en su lugar en el trono a su abuelo Numitor. Los hermanos deciden irse a otros lares a fundar una nueva ciudad. Mientras Remo quería construir la ciudad en el monte avenino Rómulo quería que fuese en el monte palantino (a unos 800 metros al norte), así que deciden consultar a los dioses y por la noche se subieron a cada uno de los montes a esperar una señal divina. Remo vió pasar a 6 águilas (o buitres, no se sabe) pero Rómulo vió 12. Y a partir de aquí los historiadores se hacen la picha un lio y tienen varias versiones.

Versión 1

Remo dijo que aunque solo habia visto 6 aves las suyas habian pasado primero y él era el ganador. Claro, su hermano no estaba de acuerdo, discutieron y Rómulo mató a Remo. Entonces empezó a construir las murallas de la ciudad en el monte palantino, sobre la que iba a gobernar y que en su honor llamó Roma.

Versión 2

Remo acepta (aunque a desgana), siguiendo una tradición etrusca cogen dos bueyes blancos con arado y excavan un surco sobre el cual construyeron las murallas de la ciudad jurando matar a quienquiera que las cruzase. Remo, algo cabreado por la derrota, dijo que eran frágiles y derrumbó un trozo de un puntapié y Rómulo, fiel a la promesa, le mató.

Versión 3

Remo acepta, Rómulo marca con un arado conducido por un buey blanco los límites de la ciudad jurando matar a quien los atravesase. Remo desafia a su hermano cruzando los límites y Rómulo lo mata.

CONCLUSIÓN

Y he aquí la historia de Rómulo y Remo con respecto a la fundación de Roma. Por supuesto tal y como se cuenta se ve a primera vista que todo fue una invención de los primeros romanos para dar a la creación de Roma un tinte más ‘importante’. Los romanos siempre se han sentido atraidos hacia la cultura griega, de hecho cogieron gran parte de sus dioses, y quisieron vincular la fundación de su ciudad al hecho más importante de los griegos, la conquista de Troya. En esa época uno de sus más férrimos enemigos era Cartago, contra el cual luchaban y ya habian vencido alguna que otra vez, y claro, tenían también que meterles por medio y de ahí la historia de la Reina Dido, dando a entender que no solo habian ganado a Cartago en la guerra, sinó también en el amor.

Pero bueno, es imposible que Eneas hubiera estado en la destrucción de Troya y en Cartago, dado que la primera ocurrió en el 1.200 a.C. y Cartago se fundó 400 años después. Es como si hoy se dijera que Isabel la Católica estuvo liada con Primo de Ribera.. vamos, que la historia de Romulo y Remo en general no cuela, de hecho se dice que Remo ni siquiera llegó a existir. Rómulo si, pero no creo que tuviera nada que ver con ninguna loba, ni con Eneas, ni con el dios Marte :) Pero la ’supuesta’ historia verdadera la dejo para otro día.. nos vemos.

Leyenda tehuelche – Kòoch : el creador de la Patagonia

Mayo 17, 2008

Kòoch : el creador de la Patagonia

Leyenda tehuelche

Según dicen los tehuelches, hace muchísimo tiempo no había tierra, ni mar, ni sol… Solamente existía la densa y húmeda oscuridad de las tinieblas. Y en medio de ella vivía, eterno Kòoch.

Nadie sabe por que, un día Kòoch, que siempre había estado bastado a sí mismo, se sintió muy solo y se puso a llorar. Lloró tantas lágrimas, durante tanto tiempo, que contarlas sería imposible. Con su llanto se formo el mar, el inmenso océano donde la vista se pierde.

Cuando Kòoch se dio cuenta de que el agua crecía y que estaba a punto de cubrirlo todo, dejo de llorar y suspiro. Y ese suspiro tan hondo fue el primer viento, que empezó a soplar constantemente, abriéndose paso entre la niebla y agitando el mar.

Algunos dicen que fue así, por los empujones del viento, que la niebla se disipó y apareció la luz, pero otros opinan que fue Kòoch el inventor de la claridad. Cuentan que, en medio del agua y envuelto en la oscuridad, deseó contemplar el extraño mundo que le rodeaba. Se alejó un poco a través del negro espacio y, como no podía ver con nitidez, levanto el brazo y con su gesto hizo un enorme tajo en las tinieblas. Dicen también que el giro de su mano originó una chispa, y que esa chispa se convirtió en el sol.

Xàleshen, como llamaban los tehuelches al gran astro, se levantó sobre el mar e iluminó ese paisaje magnifico: la inmensa superficie ondulada por el viento, cuyo soplo retorcía cada ola hasta verla deshacerse bajo su tocado de espuma.

El sol formó las nubes, que de allí en más se pusieron a vagar, incansables, por el cielo matizando el agua con su sombra, pintándola con grandes manchones oscuros. Y el viento las empujaba a su gusto, a veces suavemente y a veces en forma tan violenta que las hacia chocar entre si. Entonces las nubes se quejaban con truenos retumbantes y amenazaban con el brillo castigador de los relámpagos.

Luego Kòoch se dedicó a su obra maestra. Primero hizo surgir del agua una isla muy grande, y luego dispuso allí los animales, los pájaros, los insectos y los peces. Y el viento, el sol y las nubes encontraron tan hermosa la obra de Kòoch que se pusieron de acuerdo para hacerla perdurar. El sol iluminaba y calentaba la tierra, las nubes dejaban caer la lluvia bienhechora, el viento se moderaba para dejar crecer los pastos… la vida era dulce en la pacífica isla de Kòoch. Entonces el creador, satisfecho, se alejo cruzando el mar. A su paso hizo surgir otra tierra cercana y se marchó rumbo al horizonte, de donde nunca mas volvió.

El quiebre de la tranquilidad

Y así hubieran seguido las cosas en la isla de no ser por el nacimiento de los gigantes, los hijos de Tons, la Oscuridad. Un día, uno de ellos, llamado Nòshtex, rapto a la nube Teo y la encerró en su caverna.

Sus hermanas buscaron a la desaparecida a lo largo y a lo ancho del cielo, pero nadie la había visto. Entonces, furiosas, provocaron una gran tormenta. El agua corrió sin parar, desde lo alto de las montañas, arrastrándolas rocas, inundando las cuevas de los animalitos, destruyendo los nidos, arrasando la tierra en una inmensa protesta… Después de tres días y tres noches Xàleshen quiso saber el motivo de tanto enojo y apareció entre las nubes. Enterado de lo sucedido, esa tarde, al retirarse detrás de la línea donde se junta el cielo con el mar, le contó a Kòoch las novedades, y Kòoch le contestó:

-Te prometo que, quien quiera que haya raptado a Teo, será castigado. Si ella espera un hijo, ese será mas poderoso que su padre.

A la mañana siguiente, apenas asomado el sol comunicó la profecía a las nubes agolpadas en el horizonte y éstas enseguida se lo contaron a Xòchem, el viento que corrió hacia la isla y difundió la noticia aquí y allá, anunciándola a quien quisiera oírla. El chingolo se lo contó al guanaco, el guanaco al ñandú, el ñandú a zorrino, el zorrino a la liebre, al armadillo, al puma… Después Xòchem sopló el mensaje en las puertas de las cavernas de los gigantes, para que no quedara nadie sin enterarse.

Así escucho Nòshtex las palabras de Kòoch, y tuvo miedo de su pequeño enemigo, que ya vivía en el vientre de Teo. “Voy a matarlos”, pensó, “voy a matarlos y a comérmelos a los dos”. Golpeó salvajemente a Teo mientras dormía, arrancó al niño de sus entrañas y, sin mirar a su hijo abandonado en el suelo de la caverna, la despedazó.

Pero alguien más, adentro de la cueva, había escuchado a Xòchem. Era Terr-Werr, una tuco-tuco que vivía en su casa subterránea excavada en el fondo de la gruta. Dicen que fue ella la que salvó al bebe, la que, sigilosamente, en el mismo momento en que el monstruo levantaba a su hijo para devorarlo, le mordió el dedo del pie con todas sus fuerzas, la que escondió al niño debajo de la tierra antes de que el gigante pudiera reaccionar…

Sin embargo, el refugio era demasiado precario. Nòshtex cruzaba la caverna haciéndola temblar con sus pasos de gigante, recorría la isla buscando al cachorrito que apenas había visto, a ese hijo que, en cuanto creciera, iba a traicionarlo.

Entonces Terr-Werr pidió ayuda al resto de los animales: ¿Dónde esconder al bebe?, ¿Cómo ponerlo a salvo del gigante?

Cuentan que todos los animales hicieron una asamblea para discutir el asunto. Que Kìuz, el chorlo, era el único conocedor de la otra tierra que, mas allá del mar, había creado Kòoch antes de recluirse en el horizonte, y propuso enviar allí al niño. Así comenzaron los preparativos para la fuga secreta.

La fuga hacia la patagonia

Una madrugada, cuando el hijo de Teo y el gigante estuvo listo para partir, Terr-Werr lo llevo hasta las inmediaciones de una laguna y lo escondió entre los juncos. Desde allí llamo a Kìken, el chingolo, para que a su vez le transmitiera el mensaje: Todos los animales fueron convocados para escoltar al niño. Algunos, como el puma, se negaron. Otros, como el ñandú y el flamenco, llegaron demasiado tarde. El zorrino iba tan contento al encuentro de la criatura que, interceptado por el gigante, no supo guardar el secreto. Así enterado, Nòshtex se dirigió a grandes pasos hacia la laguna, pero el pecho-colorado, instruido por Terr-Werr, lo distrajo con su canto. Por eso no llegó a tiempo para ver como el cisne se acercó al niño y lo colocó sobre su lomo, ni como carreteó luego para levantar vuelo. Solo alcanzó a distinguir en el cielo un pájaro blanco que, con su largo cuello estirado y las alas desplegadas, volaba delicadamente hacia el oeste. Así, en su colchoncito de plumas, se alejaba el protegido de Kòoch hacia la tierra salvadora de la Patagonia.

Fragmentos del Popol Vuh * (Libro sagrado de los Quiché)

Mayo 17, 2008

Fragmentos del Popol Vuh (Libro sagrado de los Quiché)

PRIMERA PARTE

CAPITULO PRIMERO

Este es el primer libro escrito en la antigüedad, aunque su vista está oculta al que ve y piensa. Admirable es su aparición y el relato (que hace) del tiempo en el cual acabó de formarse todo (lo que es) en el cielo y sobre la tierra, la cuadratura y la cuadrangulación de sus signos, la medida de sus ángulos, su alineamiento y el establecimiento de las paralelas en el cielo y sobre la tierra, en los cuatro extremos, en los cuatro puntos cardinales, como fue dicho por El Creador y El Formador, La Madre, El Padre de la Vida, de la existencia, aquel por el cual se respira y actúa, padre y vivificador de la paz de los pueblos, de sus vasallos civilizados. Aquel cuya sabiduría ha meditado la excelencia de todo lo que hay en el cielo y en la tierra, en los lagos y en el mar.

Este es el relato de cómo todo estaba en suspenso, todo estaba en calma y en silencio; todo estaba inmóvil, todo tranquilo, y vacía la inmensidad de los cielos.

Esta es, pues, la primera palabra y el primer relato. No había aún un solo hombre, un solo animal; no había pájaros, peces, cangrejos, bosques, piedras, barrancas, hondonadas, hierbas ni sotos; sólo el cielo existía.

La faz de la tierra no se manifestaba todavía; sólo el mar apacible y todo el espacio de los cielos.

No había nada que formara cuerpo; nada que se asiese a otra cosa; nada que se moviera, que produjese el más leve roce, que hiciese (el menor) ruido en el cielo.
No había nada erguido. (No había) sino las tranquilas aguas; sino el mar en calma y solo, dentro de sus límites, pues no había nada que existiera.

No había más que la inmovilidad y el silencio en las tinieblas, en la noche. Estaba también solo El Creador, El Formador, El Domador, El Serpiente cubierta de Plumas. Los que engendran, los que dan la vida, están sobre el agua como una luz creciente.

Están cubiertos de verde y azul, y he ahí por qué el nombre de ellos es Gucumatz, cuya naturaleza es de grandes sabios. He aquí cómo existe el cielo; cómo existe igualmente El Corazón del Cielo; tal es el nombre de Dios, así como se le llama. Entonces, fue cuando su palabra llegó aquí con El Dominador y Gucumatz, en las tinieblas y en la noche, y habló con El Dominador, El Gucumatz.

Y ellos hablaron, y entonces se consultaron y meditaron; se comprendieron y unieron sus palabras y sus pensamientos.

Entonces se hizo el día mientras se consultaban, y al alba se manifestó el hombre, cuando ellos tenían consejo sobre la creación y crecimiento de los bosques y de los bejucos; sobre la naturaleza de la vida y de la humanidad (creadas) en las tinieblas y en la noche por aquel que es El Creador del Cielo, cuyo nombre es Hurakán.

El Relámpago es el primer signo de Hurakán; el segundo, El Surco del Relámpago; el tercero, El Rayo que Golpea, y los tres son El Corazón del Cielo.

Luego vinieron ellos con El Dominador, El Gucumatz; entonces tuvieron consejo sobre la vida del hombre; como se harían las siembras, como se haría la luz; quien sería sostén y mantenedor de los dioses.

– ¡Que así sea hecho! ¡Fecundaos!, (fue dicho). Que esta agua se retire y cese de estorbar, a fin de que la tierra exista aquí; que se afirme y presente para ser sembrada, y que brille el día en el cielo y en la tierra, pues no habrá gloria, ni honor de todo lo que hemos creado y formado, hasta que no exista la criatura humana, la criatura dotada de razón.

Así hablaron mientras la tierra era creada por ellos.

Así fue en verdad como se hizo la creación de la tierra.

– ¡Tierra!, dijeron, y al instante se formó.

Como una neblina, o como una nube se formó en su estado material, cuando semejantes a cangrejos aparecieron sobre el agua las montañas y en un momento existieron las grandes montañas.

Sólo una potencia y un poder maravillosos pudieron hacer lo que fue resuelto (sobre la existencia) de los montes y de los valles, y la creación de los bosques de ciprés y de pino (que aparecieron) en la superficie.

Y así Gucumatz se alegró. ¡Bienvenido seas (exclamó) oh, Corazón del Cielo, oh Hurakán, oh, Surco del Relámpago, oh, Rayo que Golpea!

– Lo que hemos creado y formado tendrá su término, respondieron ellos.

Primero se formaron la tierra, los montes y los valles. El curso de las aguas fue dividido. Los arroyos comenzaron a serpentear entre las montañas. En ese orden existieron las aguas, cuando aparecieron las altas montañas.

Así fue la creación de la tierra cuando fue formada por El Corazón del Cielo, y el Corazón de la Tierra, que así son llamados los que primero la fecundaron, cuando el cielo y la tierra, todavía inertes, estaban suspendidos en medio del agua.

Tal fue su fecundación cuando ellos la formaron, mientras meditaban acerca de su composición y perfeccionamiento.

CAPITULO SEGUNDO

En seguida hicieron fecundos a los animales de la montaña, que son los guardianes de los bosques; los seres que pueblan los montes, los venados, los pájaros, los leones, los tigres, las víboras y el cantil, guardianes de los bejucos.

Luego habló El que Engendra, El que da el Ser:

– ¿Es para (quedar) en silencio, para (estar) sin movimiento, como la sombra de los bosques y de los bejucos? Por ello, es bueno que haya seres que los cuiden.

Así fue como hablaron ellos, mientras provocaban la fecundación de las cosas; e inmediatamente existieron los venados y los pájaros. Entonces, pues, dieron moradas a los venados y a los pájaros.

– Tú, venado, dormirás en las riberas de los arroyos y en las barrancas. Allí permanecerás entre las malezas, en la hierba; en los bosques te multiplicarás; marcharás en cuatro pies y en cuatro pies vivirás. Así como se dijo, así fue hecho.

Luego fueron también repartidas las moradas de los grandes pájaros y de los pequeños pájaros.

– Vosotros, pájaros, os alojaréis en lo alto de los bosques, en lo alto de los bejucos. Allí hallaréis vuestros nidos y allí os multiplicaréis; creceréis en las ramas de los árboles y en los bejucos.

Así fue dicho a los venados y los pájaros, mientras hacían lo que debían; y todos entraron en sus moradas o en sus nidos. Así fue como dio viviendas a los animales de la tierra El que Engendra, El que da el Ser.

Siendo, pues, creados los venados y los pájaros, les fue dicho por El Creador y El Formador, El que Engendra, El que da el Ser:

– Gritad, gorjead ahora, puesto que (se os ha dado) el poder de gritar y de gorjear. Haced oír vuestro lenguaje, cada uno de acuerdo con su especie; cada uno según su género. Así fue dicho a los venados, a los pájaros, a los leones, a los tigres y a las serpientes.

– Decid, pues, nuestro nombre, alabadnos, a nosotros, vuestra madre, vuestro padre. Invocad, pues, a Hurakán, El Surco del Relámpago, El Rayo que Golpea, El Corazón del Cielo, El Corazón de la Tierra, El Creador, El Formador, El que Engendra, El que da el Ser. Hablad, llamadnos y saludadnos, les fue dicho.

Pero les fue imposible hablar como el hombre. No hicieron sino gritar, cacarear, graznar, sin que se manifestara forma de lenguaje, gritando cada uno de diferente manera.

Cuando el Creador y El Formador vieron que no podían hablar, dijéronse otra vez uno a otro:

– No han podido decir nuestro nombre, aunque seamos sus creadores y formadores. Ello no está bien, repitió El que Engendra, El que da el Ser.

Y así fue dicho a los animales:

– Vosotros seréis cambiados, porque os ha sido imposible hablar. Hemos cambiado, pues, de parecer: tendréis vuestro alimento y vuestro pasto, vuestros nidos y vuestros cubiles en las barrancas y en los bosques, pues nuestra gloria no será perfecta, si vosotros no nos invocáis.

– Todavía hay (seres), y los hay, sin duda, que puedan saludarnos. Los haremos capaces de obedecer. Ahora, haced vuestro deber. En cuanto a vuestra carne, será triturada entre los dientes. ¡Así sea! He ahí, pues, vuestro destino. Así fue como se les habló y al mismo tiempo se les hizo saber (estas cosas) a los animales grandes y pequeños, que están sobre la superficie de la tierra.

Quisieron probar fortuna nuevamente. Quisieron hacer otra tentativa y probar de nuevo a que los adoraran. Pero no pudieron entender su lenguaje. Nada lograron y nada pudieron hacer.

Así pues, su carne fue humillada, y todos los animales que moran sobre la faz de la tierra, condenados a ser muertos y comidos.

Así fue como El Creador y El Formador, El que Engendra, El que da el Ser, hicieron un nuevo intento para crear la criatura humana.

– Que se ensaye de nuevo. Ya se acerca el tiempo de las siembras. He ahí la aurora (que va a aparecer). Hagamos a los (que deben ser) nuestros sostenedores y nuestros mantenedores, dijeron.

– ¿Cómo (haremos) para ser invocados y conmemorados sobre la faz de la tierra? Hemos ensayado nuestra primera obra y nuestras primeras criaturas; pero no ha sido posible ser saludados ni honrados por ellas. Probaremos, pues, hacer hombres obedientes y respetuosos, (que sean nuestros) sostenedores y nuestros mantenedores. Así dijeron. Entonces crearon y formaron al hombre. De barro hicieron su carne.

Pero vieron que no estaba bien, pues no tenía consistencia. Sin movimientos, sin fuerza, el hombre era inepto y aguado. No movía la cabeza. La cara no se volvía sino a un lado. Tenía la vista velada y no podía ver hacia atrás. Fue dotado (del don) del habla, aunque no tenía inteligencia, e inmediatamente se consumió en el agua, sin poder estar erguido.

Ahora bien, El Creador y El Formador exclamaron otra vez:

– Mientras más trabaja uno en ello, más incapaz es él de caminar y multiplicarse. ¡Que se haga, pues, un ser inteligente!, dijeron.

Luego deshicieron y destruyeron una vez más su obra y su creación. En seguida dijeron: – ¿Cómo haremos para que puedan nacer (seres) que nos adoren y nos invoquen?.

Dijeron entonces, mientras se consultaban de nuevo:

– Digamos a Xpiyacoc y a Xmucané, al Tirador de Cerbatana, al Tacuacín, al Tirador de Cerbatana al Coyote, probad suerte de nuevo. Ensayad a formarlos de nuevo.

Así se dijeron entre ellos El Creador y El Formador, y hablaron entonces a Xpiyacoc y a Xmucané.

En seguida consultaron a esos adivinos, el Abuelo del Sol, la Abuela de la Luz, como son llamados por el Creador y El Formador, y son ésos los nombres de Xpiyacoc y de Xmucané.

Y los de Hurakán hablaron con Tepeu y Gucumatz. Entonces dijeron al del Sol, al de la formación, que (son los adivinos):

– Es tiempo de ponerse de acuerdo de nuevo sobre los rasgos del hombre que hemos formado, para que (sea) una vez más (nuestro) mantenedor, a fin de que seamos invocados y recordados.

– Tomad, pues, la palabra, ¡oh, Tú que engendras y pares, nuestra Abuela y nuestro Abuelo, Xpiyacoc y Xmucané; haced que la germinación se haga, que el alba ilumine, que seamos invocados, que seamos adorados, que seamos recordados por el hombre formado, por el hombre creado, por el hombre erguido, por el hombre moldeado. Haced que así sea.

– ¡Manifestad vuestro nombre, oh, Tirador de Cerbatana al Tacuacín, oh Tirador de Cerbatana al Coyote, dos veces engendrador, dos veces procreador, Gran Jabalí, Gran Picador de Espinas, El de la Esmeralda, El Joyero, El Cincelador, El Arquitecto, El del Planisferio Verde, El de la Superficie Azulada, El Dueño de la Resina, El Jefe de Toltecat, Abuelo del Sol, Abuela del Día, porque así seréis llamados por vuestras obras y vuestras criaturas!

– Echad suertes con vuestro maíz, con vuestro tzité, para saber si se hará y resultará, que labremos y tallaremos su boca, y su rostro en madera. Así fue dicho a los adivinos.

Llegó (el momento) de echar suertes y de saludar el rito del encantamiento con maíces y tzité.

– ¡Suerte, criaturas!, les dijeron entonces una vieja y un viejo.

Ahora bien, ese viejo era el maestro de las suertes con tzité: Xpiyacoc se llamaba; pero la vieja era la adivina, La Formadora, cuyo nombre (era) Chirakán Xmucané.

Así, pues, ellos hablaron de esta manera cuando el sol se detenía en el meridiano:

– Es tiempo de ponerse de acuerdo. Habla; que nosotros escuchemos; que nosotros hablemos y digamos si es preciso que la madera sea labrada y esculpida por El Formador y El Creador, y si éste será el sostenedor y el mantenedor, cuando la germinación se haga y nazca el día.

– ¡Oh, maíz, oh, tzité, oh, sol, criatura, uníos, ayuntaos! Así fue dicho al maíz, al tzité, al sol y a la criatura.

– Y tú, oh Corazón del Cielo, sonrójate; ¡no humilles a Tepeu ni a Gucumatz!

Luego hablaron y dijeron la verdad: – Así está bien que se hagan vuestros muñecos, labrados en madera; que hablen y razonen a su gusto sobre la tierra.

– Así sea, respondieron ellos cuando hablaron:

En el mismo instante fueron hechos de madera los muñecos. Se formaron los hombres. Los hombres razonaron y éstas son las gentes que (habitan) la superficie de la tierra.

Existieron y se multiplicaron; engendraron hijas e hijos, muñecos labrados en madera; pero no tenían corazón, ni inteligencia, ni recuerdo de su Formador, de su Creador. Llevaban una existencia inútil y vivían como animales.

No se recordaban ya del corazón del Cielo, y por ello cayeron en desgracia. No fue, pues, sino un ensayo, un intento de hacer hombres, que hablaron al principio, pero cuyo rostro se enjutó.

Sus pies y sus manos no tenían consistencia. No tenían sangre ni sustancia, ni humedad, ni grasa. Las mejillas secas era (todo lo que ofrecían) sus caras. Aridos eran sus pies y sus manos; fláccida su carne.

Por esa razón no pensaban en hacer reverencias ante El Formador y El Creador, su padre y providencia.

Ahora bien, estos fueron los primeros hombres que existieron en gran número aquí sobre la faz de la tierra.

CAPITULO TERCERO

En seguida llegó el fin (de esos hombres); la ruina y destrucción de tales muñecos labrados en madera, que fueron igualmente condenados a muerte.

Entonces las aguas se precipitaron por voluntad de El Corazón del Cielo y se produjo una gran inundación, que cubrió los muñecos; esos seres hechos de madera.

De tzité (se hizo) la carne del hombre; pero cuando la mujer fue labrada por El Formador y El Creador, el zibak (entró en) la carne de la mujer. Debió entrar en su constitución por orden de El Formador y de El Creador.

Pero los nuevos seres no pensaban ni hablaban delante de su Formador y de su Creador, del que los hizo, del que los había hecho nacer.

Y así fueron destruidos; fueron inundados, al mismo tiempo que una espesa resina bajó del cielo. (El pájaro) llamado Xecotcovach les sacó los ojos; el Camalotz les decapitó; el Cotzbalam devoró sus carnes; el Tucumbalam quebró y trituró sus huesos y sus cartílagos. Y sus cuerpos fueron reducidos a polvo y dispersados, como castigo a sus personas.

Fueron castigados por que no habían pensado en su madre ni en su padre, el que es El corazón del Cielo, cuyo nombre es Hurakán.

Así es como a causa de ellos se oscureció la superficie de la tierra y una tenebrosa lluvia comenzó a caer, lluvia de día, lluvia de noche.

Llegaron (entonces) todos los animales, grandes y pequeños (y los hombres fueron) golpeados en sus propias caras por los palos y las piedras. Todos los que les habían servido hablaron: sus comales, sus platos, sus ollas, sus perros, sus gallinas, todos los golpearon en sus propias caras.

– Nos habéis tratado mal; nos mordíais; por ello seréis ahora castigados, dijeron sus perros y sus gallinas.

Y he aquí que los metates (les dijeron a su vez):

– Nosotros fuimos atormentados todos los días por vosotros; de día y de noche, siempre holi, holi, huqui, huqui, hacían nuestras caras por vuestra causa. Todo ello lo hemos sufrido de vosotros; pero ahora que habéis cesado de ser hombres, vais a sentir nuestra fuerza, pues moleremos y reduciremos a polvo vuestras carnes. Así hablaron los metates.

Y he aquí que los perros tomaron a su vez la palabra y dijeron:

– ¿Por qué no nos dábais de comer? Apenas se nos veía, y ya éramos echados y perseguidos. El palo para pegarnos estaba (siempre) listo, mientras comíais.

– Así nos tratábais y éramos incapaces de hablar. Sin ello, no os habríamos (dado) la muerte ahora. ¿Cómo, pues, no razonábais; cómo no pensábais, pues, en vosotros mismos?

– Os destruiremos. Ahora probaréis los dientes que hay en nuestra boca; os devoraremos, les decían los perros, destrozándoles la cara.

Sus comales y sus ollas les hablaron a su vez:

– Vosotros nos causabais mal y daños, tiznando con el humo nuestras bocas y nuestras caras; siempre nos teníais al fuego quemándonos, aunque nosotros nada sintiésemos. Vosotros lo sentiréis a su vez. Os quemaremos, exclamaron las ollas, insultándoles ante todos. Lo mismo (hicieron) los tenamastes (pidiendo) que el fuego quemara con violencia sus cabezas, por el mal que les habían hecho.

(Entonces se vio a los hombres) correr, empujándose unos a otros, llenos de desesperación. Querían subirse sobre las casas, pero las casas, desmoronándose, les hacían caer (al suelo). Intentaban subir a los árboles, y los árboles los lanzaban lejos; corrían a esconderse en las cavernas, y las cavernas se cerraban ante ellos.

Así (se cumplió) la ruina de esas criaturas humanas, destinadas a ser confundidas y destruidas. En esa forma fueron entregadas a la destrucción y al desprecio.

Se dice que su descendencia (se ve aún) en esos monitos que viven actualmente en los bosques. Esa fue la señal que quedó de ellos, porque sólo de madera fue hecha su carne por El Formador y El Creador.

Y por tal razón el mono se parece al hombre. Es la muestra de una generación de seres humanos (que no eran) sino muñecos, (hombres) hechos de madera.

CAPITULO CUARTO

Ahora bien, (no había entonces) sino muy poca claridad en la superficie de la tierra; aún no existía el día; pero (había allí) un hombre que se enorgullecía de sí mismo, llamado Vukub-Cakix.

Existían el cielo y la tierra, aunque las caras del sol y de la luna estaban todavía ocultas.

Decía, pues, (Vukub-Cakix): – En verdad, lo que queda de esas gentes que se ahogaron es algo extraordinario; y su existencia es como la de los seres sobrenaturales.

– Seré, pues, grande ahora sobre todos los seres creados. Soy su sol, su aurora y su luna. ¡Así sea! Grande es mi esplendor. Por mí van y caminan los hombres, pues de plata es el globo de mis ojos, resplandecientes como piedras preciosas, y el esmalte de mis dientes brilla como la faz del cielo.

– Mi nariz brilla a lo lejos como la luna. De plata es mi trono, y la faz de la tierra se ilumina cuando me adelanto hacia mi trono.

– Así, pues, soy el sol, soy la luna, causa de la cultura, de la felicidad de mis vasallos. Así será, pues mi vista alcanza muy lejos.

(Así) hablaba Vukub-Cakix, aunque en verdad él no era el sol; sólo se vanagloriaba de sus pedrerías, de sus riquezas.

En realidad, su vista terminaba en el horizonte y no alcanzaba el mundo entero.

Aún no se veían las caras del sol, de la luna ni de las estrellas. No había amanecido.

Así, pues, Vukcub-Cakix se envanecía como si fuera (el igual) del sol y de la luna, pues la luz del sol y la de la luna todavía no habían comenzado a brillar ni a manifestarse. Sólo sus deseos de grandeza le hacían estar más allá de (todo).

Y fue en ese tiempo cuando se produjo la inundación a causa de los muñecos (y de los hombres) hechos de madera.

Ahora contaremos, pues, cómo murió Vukub-Cakix, cuándo fue abatido, y en qué tiempo fue hecho el hombre por la mano de El Formador y de El Creador.

TERCERA PARTE

CAPITULO PRIMERO

Ahora bien, cuando se comenzó a pensar en el hombre y a buscar lo que debía entrar en la carne del hombre, entonces hablaron El que Engendra y El que da el Ser, El Creador y El Formador, nombrados Tepeu y Gucumatz.

Ya la aurora se aproxima. La obra está concluida. Así queda ennoblecido el apoyo, el mantenedor (del altar), el hijo de la luz, el hijo de la civilización. He ahí el nombre esclarecido, y honrada la humanidad sobre la faz de la tierra, dijeron ellos.

Vinieron, pues. Se reunieron en gran número. Juntaron sus sabios consejos en las tinieblas de la noche. Luego buscaron, y moviendo la cabeza, se consultaron, pensando (en lo que harían).

De esa manera salieron a luz las sabias decisiones de esos hombres esclarecidos. Ellos encontraron y descubrieron lo que debía entrar en la carne del hombre. Ahora bien, poco faltaba para que el sol, la luna y las estrellas aparecieran sobre ellos, sobre El Creador y El Formador.

En Paxil y en Cayalá así llaman (a ese lugar), nacieron las mazorcas de maíz amarillo y de maíz blanco.

Y he aquí los nombres de los animales que fueron a buscar alimento: yac (gato de monte); utiú (coyote); quel (cotorra o chocoyo) y hoh (cuervo). Cuatro animales que dieron noticia de las mazorcas de maíz amarillo y de las de maíz blanco, que llegaban a Paxil, y que les mostraron el camino de Paxil.

Allí fue donde obtuvieron al fin los alimentos que entraron en la carne del hombre creado, del hombre formado. Esa (fue) su sangre, que llegó a ser la sangre del hombre; el maíz entró en él por el cuidado de El que Engendra, de El que da el Ser.

Así se regocijaron de haber llegado por fin a aquel país excelente, tan pródigo en cosas sabrosas, donde abundaba el maíz amarillo y el maíz blanco, donde abundaba también el pek, el cacao; donde eran incontables los árboles de zapote, los anonos, los jocotes, los nances, los ahachés, la miel. Abundaban allí, en fin, los mejores alimentos en ese pueblo de Paxil, de Cayalá, (pues tal era) su nombre.

Había alimentos de todas clases, pequeños y grandes; plantas pequeñas y plantas grandes, cuyo camino les había sido mostrado por los animales.

Entonces se comenzó a moler el maíz amarillo, el maíz blanco, y Xmucané compuso con él nueve bebidas, y de ese alimento que entraba (en el cuerpo) hizo nacer la fuerza y el vigor, y dio carne y músculos al hombre.

Eso fue lo que hicieron El que Engendra y El que da el Ser, Tepeu y Gucumatz, como son llamados.

A continuación entraron en pláticas para hacer y formar a nuestra primera madre y a nuestro primer padre. Sólo maíz amarillo y maíz blanco (entraron en) su carne y fueron el único alimento de las piernas y de los brazos del hombre.

Y ellos fueron nuestros primeros padres, los cuatro hombres formados y en los que este alimento (se hizo) su carne.

CAPITULO SEGUNDO

He aquí los nombres de los primeros hombres creados y formados. Este es el primer hombre, Balam-Quitzé. El segundo es Balam-Agab. El tercero, Mahucutah, y el cuarto, Iqi-Balam. Y éstos son los nombres de nuestras primeras madres y primeros padres.

Sólo se les llamó seres modelados y formados. No tuvieron ni madre ni padre, y nosotros los llamamos simplemente hombres.

La mujer no les dio el ser, y no fueron tampoco engendrados por El Edificador ni El Formador, por El que Engendra y El que da el Ser.

Su creación y su formación fueron un prodigio, un verdadero encantamiento, realizado por El Creador y El Formador, por El que Engendra y por El que da el Ser, Tepeu y Gucumatz. Al aparecer como hombres, hombres, pues, fueron. Hablaron y razonaron, vieron y oyeron, anduvieron y palparon. Hombres perfectos y hermosos y cuya figura era una figura humana.

Fue y existió (en ellos) el pensamiento. Vieron y al instante se elevó su mirada. Su vista abrazó todo. Conocieron el mundo entero, y cuando lo contemplaban, su mirada se dirigía, en un momento, de la bóveda del cielo a la superficie de la tierra.

Veían las cosas más ocultas a su voluntad, sin tener necesidad de moverse antes. Y cuando luego volvían la vista a este mundo, veían igualmente todo lo que él contiene.

Grande fue su sabiduría. Su genio se extendió sobre los bosques, sobre las rocas, sobre los lagos y los mares, sobre las montañas y sobre los valles. Hombres verdaderamente dignos de admiración (así eran) Balam-Quitzé, Balam-Agab, Mahucutah e Iqi-Balam.

Entonces fueron interrogados por El Edificador y El Formador.

– ¿Qué es lo que pensáis de vuestro ser? No veis nada. No oís nada. ¿No son buenos vuestro lenguaje y vuestra manera de andar?

– Mirad, pues, y ved bajo el cielo si aparecen las montañas y los valles. Procurad verlos ahora, les fue dicho.

Después vieron el conjunto de todo lo que hay bajo el cielo. Luego dieron gracias a El Creador y a El Formador (diciendo):

– En verdad os damos las gracias. Hemos recibido la existencia; hemos recibido una boca, un rostro. Hablamos, oímos, pensamos, andamos, sentimos y conocemos igualmente bien lo que está lejos y lo que está cerca.

– Vemos también todas las cosas grandes y las cosas pequeñas en el cielo y en la tierra. ¡Gracias, pues, a vos, hemos sido creados, oh, Edificador, oh, Formador! ¡Existimos ya, oh, abuela nuestra, oh, nuestro abuelo!, dijeron al darles las gracias por su creación y por su existencia.

Y acabaron de contemplar y de ver todo lo que existe en los cuatro rincones y en los cuatro ángulos en el cielo y sobre la tierra.

Pero El Edificador y El Formador no oyeron tales cosas con gusto.

– No está bien lo que dicen nuestras criaturas. Ellas saben de todas las cosas grandes y de las pequeñas, dijeron ellos.

Por ello se tomó de nuevo el parecer de El que Engendra, de El que da el Ser.

– ¿Qué haremos ahora con ellos? Que su vista se acorte y (que se contenten) con mirar sólo una parte de la superficie de la tierra, (dijeron).

– No está bien lo que dicen. Su naturaleza no debe ser, pues, sino la de simples criaturas. Pero serán otros tantos dioses, si procrean lo suficiente y si se desarrollan cuando hagan las siembras, cuando amanezca, si se multiplican. ¡Así sea!

– Limitemos un poco (nuestra obra), a fin de que les falte (algo). No está bien lo que vemos. ¿Querrán por ventura igualarse a nosotros, que los hemos hecho; a nosotros, cuya sabiduría se extiende tan lejos y conoce todo?

Eso dijeron El Corazón del Cielo, Hurakán, El Surco del Relámpago, El Rayo que Golpea, Tepeu y Gucumatz, El que Engendra, El que da el Ser, Xpiyacoc, El Edificador y El Formador. Así hablaron y en seguida cambiaron la naturaleza de sus criaturas y de su obra.

Entonces El Corazón del Cielo les pasó una nube sobre las pupilas de los ojos, que se empañaron como la luna de un espejo que se cubre de vapor. El globo de sus ojos fue así oscureciendo. No vieron sino lo que estaba cerca y sólo eso era claro para ellos.

Así fue destruida su sabiduría y toda la ciencia de los cuatro hombres, su origen y su principio. Así fueron formados y creados nuestros primeros abuelos y padres por El Corazón del Cielo, El Corazón de la Tierra.

Existieron también sus esposas, y sus mujeres fueron formadas. Dios fue consultado igualmente. Así, pues, durante su sueño recibieron sus bellas mujeres, que se encontraron con Balam-Quitzé, Balam-Agab, Mahucutah e Iqi-Balam.

Sus mujeres se hallaban allí cuando despertaron. Pronto sus corazones se regocijaron a causa de sus esposas.

CAPITULO TERCERO

He aquí los nombres de sus mujeres: Caha-Paluná, nombre de la mujer de Balam-Quitzé. Chomihá, se llamaba la de Balam-Agab. Tzunihá, la de Mahucutah, y Cakix-há, la de Iqi-Balam. Son los nombres de sus esposas, que fueron princesas.

Ellos engendraron a los hombres, a las pequeñas tribus y a las grandes tribus. Fueron el origen de todos nosotros, la gente de la nación quiché. Al mismo tiempo existieron en gran número los sacrificadores, que no fueron sólo cuatro, aunque sólo cuatro fueron nuestras madres, las de la nación quiché.

Diferentes eran los nombres de cada uno de los que se propagaron allá en el Oriente, y sus nombres han venido a ser los de las naciones de Tepeu, de Olomán, de Cohah, de Quenech, de Ahau, como se llamaba a aquellos hombres allá en el Oriente, donde se multiplicaron.

Se conoce igualmente el origen de los Tamub y el de los de Ilocab, que vinieron juntos de los países de Oriente.

Balam-Quitzé es el abuelo y padre de las nuevegrandes casas o familias de los Cavek. Balam-Agab, el abuelo y padre y de las nueve casas de Nihaib. Mahucutah, el abuelo y padre de las cuatro grandes casas de Ahau-Quiché.

Existieron tres grupos de familias, sin que hubiesen olvidado el nombre de su abuelo y el de su padre, que se propagó y multiplicó allá en Oriente.

Vinieron también los Tamub y los de Ilocab, con trece ramas de pueblos; los trece de Tecpán. Luego los de Rabinal, los cakchiqueles, los de Tziquinahá. En seguida los de Zacahá; después los de Lamak, de Cumatz, de Tuhalhá, de Uchabahá, los de Chimilahá, los de Quibahá, losde Batenab, de Acul-Vinak, de Balamihá, de Canchahel y de Balam-Colob.

Y ésas son solamente las tribus principales, las ramas de los pueblos, como nosotros lo decimos, no habiendo mencionado sino las principales. Hay todavía muchas otras que salieron de los alrededores de cada poblado, pero no escribiremos sus nombres, sino sólo diremos que se propagaron en los países donde sale el sol.

Muchos hombres fueron formados y en la oscuridad se multiplicaron. La civilización no existía aún cuando se reprodujeron, pero vivían todos juntos, y grande fue su existencia y su fama en los países de Oriente.

Entonces no se servían todavía ni sostenían (los altares de los dioses). Sólo volvían los ojos al cielo y no sabían lo que habían venido a hacer de tan lejos.

Allá vivían contentos los hombres negros y los hombres blancos. Dulce (era) el aspecto de esas gentes. Dulce la lengua de esos pueblos, que eran muy inteligentes.

Hay generaciones bajo el cielo y hay países y gentes a los que no se les ve el rostro. No tienen casas y recorren como insensatos las montañas pequeñas y las grandes montañas. Así decían, despreciando el país de esas gentes.

Así hablaban los de allá, donde veían la salida del sol. Ahora bien, una misma era la lengua de todos. No invocaban todavía la madera ni la piedra, y sólo recordaban la palabra del Creador y de El Formador, de El Corazón del Cielo y de El Corazón de la Tierra.

Y hablaban meditando sobre lo que ocultaba la aparición del día, y llenos de la palabra sagrada, llenos de amor, de obediencia y de temor, hacían sus peticiones, y después levantando los ojos al cielo, pedían hijos e hijas.

¡Salud, oh, Creador, oh, Formador! ¡Tú, que nos ves y nos oyes, no nos abandones, no nos dejes! ¡Oh, Dios, que estás en el cielo y sobre la tierra, oh, Corazón del Cielo, oh, Corazón de la Tierra, dadnos nuestra descendencia y nuestra posteridad mientras camine el sol y aparezca la aurora. ¡Que las semillas germinen, así como la luz!

Dadnos el don de marchar siempre por caminos abiertos y veredas sin emboscadas. Que estemos siempre tranquilos y en paz con los nuestros. Que pasemos una vida feliz. Dadnos, pues, una vida, una existencia al abrigo de todo reproche, ¡oh. Hurakán, oh, Surco del Relámpago, oh, Rayo que Golpea! ¡Oh, Chipi-Nanauac, Raxa-Nanauac, Voc, Hunahpú, Tepeu, Gucumatz! ¡Oh, tú que engendras y das el ser, Xpiyacoc, Xmucané, Abuela del Sol, Abuela de la Luz, haz que las semillas germinen y que se haga la luz!

Así fue como hablaron, mientras estaban en reposo, invocando la vuelta de la luz.

Y en espera de la salida del sol, contemplaban la estrella de la mañana, ese gran astro precursor del sol, que ilumina la bóveda del cielo y la faz de la tierra, por todas partes donde se mueven las criaturas humanas.

CAPITULO CUARTO

Balam-Quitzé, Balam-Agab, Mahucutah e Iqi-Balam, dijeron:

– Aguardemos aún la salida del sol. Así hablaron esos grandes sabios, esos hombres instruidos en las ciencias; esos hombres dignos de respeto y de obediencia, como se les llamaba.

Y todavía no existían madera ni piedra (esculpidas), que nuestros padres y madres protegieran. Pero sus corazones estaban cansados allí de esperar el sol, y ya eran muy numerosas las tribus, así como la nación de los yaquis, los sacrificadores.

– Vámonos, pues, vamos a buscar, vamos a ver si están guardados nuestros símbolos. Procuremos hallar lo que pondremos a arder ante ellos, pues estando de esta manera, no tenemos ninguna persona que vele por nosotros.

Así hablaron Balam-Quitzé, Balam-Agab, Mahucutah e Iqi-Balam.

Ahora bien, una sola ciudad oyó el discurso de ellos y luego partieron.

Los nombres del lugar a donde se dirigieron Balam-Quitzé, Balam-Agab, Mahucutah e Iqi-Balam, y los de Tamub e Ilocab, eran Tulán-Zuiva, Siete-Cuevas, Siete-Barrancos. Tal es el nombre de la ciudad a donde fueron a recibir sus dioses.

Y llegaron todos a Tulan. No se podía contar el número de las gentes que llegaban. Todos entraban caminando ordenadamente.

Se les dieron sus dioses. Los primeros fueron los de Balam-Quitzé, de Balam-Agab, de Mahucutah y de Iqi-Balam, que se llenaron de alegría.

– ¡Por fin hemos hallado (lo que buscábamos!), dijeron.

He aquí, pues, que el primero que salió fue Tohil (y éste es el nombre del dios). Levantaron su arca que fue llevada por Balam-Quitzé. En seguida salió Avilitz, nombre del dios que bajó Balam-Agab. Hacavitz fue, según esto, el dios que recibió Mahucutah, y Nicahtagah el que entregaron a Iqi-Balam.

De la misma manera que la nación quiché, recibieron también (sus dioses) los de Tamub. Y Tohil es igualmente el dios de los Tamub, que recibieron el abuelo y padre de los príncipes de los Tamub, que conocemos todavía hoy.

En fin, la tercera tribu era la de Ilocab. Tohil fue asimismo el dios que recibieron los abuelos y los padres, y sus príncipes que conocemos ahora.

Tales son los nombres de las tres (familias) quichés, que no se separaron, porque uno era el nombre de su dios: Tohil el de los quichés; Tohil el de los Tamub y el de los de Ilocab. No teniendo sino un solo nombre su dios, no se separaron nunca esas tres familias quichés.

Grande (era) en verdad la naturaleza de Tohil, Avilitz y Hacavitz.

Y entonces llegaron todas las tribus: los rabinaleños, los cakchiqueles y los tziquinahá, con la nación yaqui, como se les llama ahora.

Pues bien, allá fue donde se alteró la lengua de las tribus. Diferentes volviéronse sus lenguas. No se entendían claramente cuando llegaron a Tulan. Así, pues, allá fue donde se dividieron. Hubo algunas que se fueron hacia el Oriente y muchas vinieron hacia acá.

Y la piel de los animales fue su único vestido. No tenían buenas telas en abundancia, con las cuales hubieran podido vestirse. La piel de los animales era su único atavío. Eran pobres. Nada poseían, pero su naturaleza era de hombres prodigiosos.

Cuando llegaron a Tulán-Zuiva, a Siete Cuevas, a Siete-Barrancos –dicen las antiguas historias– largo había sido su camino para llegar a Tulan.

CAPITULO QUINTO

No había entonces fuego; únicamente lo tenían los de Tohil, y éste es el dios de la nación y el primero que creó el fuego. No se sabe cómo se produjo, pues brillaba ya cuando lo vieron Balam-Quitzé y Balam-Agab.

– ¡Ah, ya no tenemos nuestro fuego! Moriremos de frío, repitieron ellos.

Entonces Tohil respondió:

– No os aflijáis. A vosotros (corresponderá) guardar o destruir ese fuego, del cual habláis, les replicó.

– ¿En verdad, será así, oh, Dios, oh, tú que eres nuestro sostén y nuestro mantenedor; tú, nuestro dios?, le dijeron, ofreciéndole presentes.

Tohil habló: – Está bien. Ciertamente soy vuestro dios. ¡Que así sea! Soy vuestro señor. ¡Que así sea!, fue dicho por Tohil a los sacrificadores. Y así se calentaron las tribus y se regocijaron a causa del fuego.

Pero en seguida comenzó a caer un gran aguacero, que apagó el fuego de las tribus y muchos granizos cayeron sobre la cabeza de las tribus, y su fuego se apagó entonces a causa del granizo. Y ya no hubo más fuego del que se había hecho.

Entonces Balam-Quitzé y Balam-Agab pidieron fuego una vez más a Tohil.

– ¡Oh, Tohil, en verdad morimos de frío!, dijeron.

– No será así. No os aflijáis, respondió Tohil.

Y al instante hizo fuego, golpeándose la sandalia.

En seguida Balam-Quitzé, Balam-Agab, Mahucutah e Iqi-Balam se regocijaron y después se recalentaron. Ahora bien, el fuego de las tribus también se había extinguido y se morían de frío. Luego vinieron a pedirlo a Balam-Quitzé, a Balam-Agab, a Mahucutah y a Iqi-Balam. Y ya no podían soportarlo, ni la helada, temblando (como estaban todos), y dando diente contra diente, ya no tenían vida. Los pies y las manos entumecidos, al extremo de que ya no podían coger nada con ellas cuando llegaron.

– No nos despreciéis ahora que (estamos) con vosotros para pediros que nos deis un poco de vuestro fuego, dijeron al llegar.

Pero no se les recibió bien y entonces se entristeció el corazón de las tribus.

Ahora bien, el lenguaje de Balam-Quitzé, de Balam-Agab, de Mahucutah y de Iqi-Balam era ya diferente.

– ¡Ay, hemos abandonado nuestra lengua! ¿Cómo hemos hecho esto? Estamos arruinados. ¿En dónde, pues, fuimos engañados? No teníamos sino una sola lengua cuando vinimos de Tulan. Uno solo era nuestro modo de conservar (el altar) y una sola nuestra educación.

– No está bien lo que hemos hecho, repitieron todas las tribus, en los bosques y bajo los bejucos.

En ese momento se presentó un hombre ante Balam-Quitzé, Balam-Agab, Mahucutah e Iqi-Balam, y el mensajero de Xibalbá les habló de esta manera:

– En verdad éste es vuestro dios. Este es vuestro sostén y el representante y la sombra de vuestro Creador y de vuestro Formador. No les deis, pues, su fuego a las tribus, hasta que ellas hayan ofrendado a Tohil, que habéis tomado por vuestro señor, lo que ellas os han dado. Preguntad, pues a Tohil lo que deberán dar para recibir el fuego, dijo (este mensajero) de Xibalbá.

Su apariencia era la de un murciélago.

– Soy enviado por vuestro Creador, por vuestro Formador, dijo también el (mensajero) de Xibalbá.

Al oír tales palabras llenáronse de alegría y el corazón de Tohil, Avilitz y de Hacavitz, se exaltó igualmente, mientras hablaba el (enviado) de Xibalbá, que desapareció inmediatamente de su vista sin dejar (por ello) de existir.

Entonces llegaron las tribus que se morían también de frío (pues caía) mucho granizo, y con la lluvia negra que se congelaba, hacía un frío indescriptible.

Todas las tribus estaban temblando y tiritando de frío cuando llegaron a donde estaban Balam-Quitzé, Balam-Agab, Mahucutah e Iqi-Balam. Grande era la aflicción de sus corazones y tristes estaban sus bocas y sus miradas.

En seguida volvieron furtivamente ante Balam-Quitzé, Balam-Agab, Mahucutah e Iqi-Balam y les dijeron:

– ¿No tendréis compasión de nosotros, de nosotros, que sólo pedimos un poco de vuestro fuego? ¿Acaso no es uno nuestro origen y una nuestra morada? ¿No fue una sola nuestra patria cuando fuisteis creados y formados? ¡Tened, pues, piedad de nosotros! repitieron las tribus.

– ¿Qué nos daréis para que tengamos misericordia de vosotros?, les respondieron los dioses.

– Pues bien, os daremos dinero, contestaron las tribus.

– No queremos dinero, replicaron Balam-Quitzé y Balam-Agab.

– ¿Y qué es lo que queréis, pues?

– Pronto lo preguntaremos (a Tohil).

– Está bien. Iremos, pues, a preguntarlo a Tohil y en seguida os lo comunicaremos, les fue contestado.

– ¿Qué deben dar las tribus, ¡oh, Tohil!, las que han venido a pedir tu fuego?, dijeron Balam-Quitzé, Balam-Agab, Mahucutah e Iqi-Balam.

– ¡Bueno! ¿Querrán unirse (a mí) bajo su cintura y bajo su sobaco? ¿Consiente su corazón que me abracen a mí, Tohil? Si no lo desean, no les daré fuego, repuso Tohil.

– Decidles que (eso no se hará sino) poco a poco. Que no unirán por ahora su cintura y su sobaco, os dice él, les diréis vosotros. Así fue respondido a Balam-Quitzé, a Balam-Agab, a Mahucutah y a Iqi-Balam.

Entonces ellos transmitieron la palabra de Tohil.

– Está muy bien. Nos uniremos y le abrazaremos, respondieron al oír y recibir la palabra de Tohil.

No tardaron mucho en cumplir su promesa.

– Está bien, pero (que sea pronto), dijeron al recibir el fuego, después de lo cual se calentaron. -

http://larevista.turemanso.com.ar/leyenda/vuh.html

Historia de la navidad

Mayo 17, 2008

Historia de la navidad
¿Cuál es el origen de la navidad? ¿Cómo se fue gestando la tradición del 25 de diciembre? ¿Qué simboliza el árbol navideño?

La Navidad (1)

Lo que llamamos “Navidad” es el resultado de una mezcla de tradiciones paganas muy coloridas e interesantes.

Para empezar, en los albores de la era cristiana nadie estaba seguro de la fecha en que había nacido Jesús. Era evidente que en diciembre y enero se daban -y se dan- las temperaturas más bajas (hasta 0,1 bajo cero, en grados Celsius) y las precipitaciones más altas (hasta 187 milímetros), de tal manera que resultaba imposible que los pastores durmieran a cielo descubierto mientras cuidaban el ganado, según escribió San Lucas -médico sirio convertido al cristianismo muchos años después de la desaparición de Jesús-, pues durante esta época, incluido febrero, hombres y ganado pernoctaban bajo techo. Era entonces absurdo que el censo de población -decretado por Quirino, gobernador de Siria – se llevara a cabo durante estas fechas, en medio del frío, la lluvia, y los caminos anegados y resbaladizos que harían imposible la caminata a sus lugares de origen, como es el caso de José y María.

Así pues, se comenzó a especular con las fechas: 16 o 20 de mayo, 9, 19 o 20 de abril, 29 de marzo o 29 de septiembre… hasta que en el año 334 el Papa Julio I dictaminó que Jesús había nacido el 25 de diciembre, y punto. No era fecha escogida al azar pues -como nos indica Desmond Morris en Tradiciones de Navidad- coincidía con las festividades que se realizaban en muchos de los desplazamientos de peregrinos durante el Solsticio de Invierno: las ceremonias vikingas en honor de Odín, las Saturnalias romanas, el nacimiento del dios Indoiraní Mithra, etc. De ahí que el nacimiento del Jesús El Cristo haya sido fácilmente asimilado al retorno del sol, al regreso de la luz.

Todo parece indicar que Jesús nació 6 años antes de su supuesto nacimiento, pues los censos se llevaban a cabo cada 14 años y el último había sido en el 20 AC.

Otro elemento pagano de la navidad es el árbol, ya que como hemos visto anteriormente, muchos pueblos les rendían culto a un puñado de árboles considerados sagrados por distintos motivos. El más común, desde Grecia hasta Noruega era el roble, pero con el devenir del cristianismo se cambió el inconmovible roble por el abeto pues, según los misioneros, la forma triangular de la enramada correspondía al Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Este tres mágico caló muy bien en todas partes ya que era un número venerado por muchos pueblos miles de años antes de la venida de Jesús, y de esta manera bastante singular se impuso el abeto y con el correr de los siglos el pino.

Y ya que estamos en el tema de los árboles, durante esta fecha se había convertido en una costumbre milenaria el adornarlos con piedras pintadas y telas de colores, con el doble propósito de “vestir” a los árboles que se habían quedado “desnudos” tras el otoño, esto es sin su respectivo “espíritu”, y por otro lado lograr que el “espíritu” que había escapado de los árboles regresara a dar sus frutos en primavera, como efectivamente sucedía para regocijo de todos.

Otro elemento pagano es, por supuesto, Papá Noel, que en un principio se trataba del Abuelo Invierno al que los vikingos agasajaban para que fuera benévolo, y llegado el momento, partiera sin resentimiento para dar paso a la nueva vida. Una vez cristianizados y, siguiendo la costumbre vikinga, los bretones los denominaron Viejo Padre Navidad: uno de ellos se disfrazaba del personaje y con gran alegría el pueblo le ofrecía de comer y de beber en abundancia hasta su partida.

Con el tiempo, el Padre Invierno o Papá Noel, se confundió con San Nicolás, un hombre sumamente rico nacido en lo que hoy es Turquía y famoso por su generosidad con los más pobres, en especial con los niños. Resulta que aquel hombre que se transformó en obispo, y más tarde en santo, los holandeses le tomaron particular cariño y lo llamaron en su lengua Sinter Klaas (San Nicolás), y con este nombre pasó a América, más específicamente a Nueva Ámsterdam, que luego los ingleses rebautizaron como Nueva York. Con el tiempo y las aguas navideñas, Sinter Klaas se transformó en el famoso Santa Claus (Jo Jo Jo), es decir: Papá Noel, esto es, en el Padre Invierno.

Y a propósito de este personaje, los lapones constataban cómo cada vez que estaba por llegar el (Padre) invierno, los renos empezaban a bajar en manadas desde las montañas hasta los valles menos azotados por los vientos gélidos. Sabedor de esta leyenda -o al menos así lo supone Desmond Morris-, el poeta Clement Moore incorporó a los renos a su famoso poema “Una visita de San Nicolás”, allá por 1824. Desde entonces los renos han precedido el carruaje de Papá Noel, y se teme que Rodolfo el reno, que tiene la nariz roja como un tomate, es parte del séquito.

Por su parte los americanos contribuimos a la Navidad con el pavo -del que los aztecas tenían grandes criaderos- que fue introducido en Inglaterra por David Strickland, razón por la cual obtuvo el derecho a poner como centro de su escudo familiar un pavo macho. Sin embargo, durante años -confundiendo el pavo de América con la gallina de Guinea- se creyó que habían sido los turcos quienes habían introducido el pavo en Inglaterra, de ahí su nombre en inglés: turckey (turco).

Al parecer, lo único verdaderamente cristiano de la Navidad es Jesús “El Cristo”, y el pesebre, que fue incorporado por San Francisco, con animales vivos y personajes disfrazados, en el año 1224, para imitar la forma en que se celebraba la Navidad en Tierra Santa. Desde esa fecha, muchas casas nobles de Europa empezaron a competir entre ellas para diseñar el mejor pesebre cada año, hasta llegar a excesos verdaderamente surrealistas. Luego, esta costumbre se trasladó a América en donde se incorporaron figurillas de alpacas, cóndores, tapires y caimanes, amén de indios pastores, ángeles negros, ídolos precolombinos, así como chamanes amazónicos o emperadores incas en sustitución de algún Rey Mago, por lo general Gaspar.

A propósito de esto último, Melchor (soberano persa), Gaspar (rey de la India) y Baltasar (jeque de Arabia), fueron “interpretados” por el ecumenismo de la Edad Media, como Melchor (europeo: a caballo), Gaspar (asiático: sobre un camello) y Baltasar (africano: a lomo de elefante) con el propósito de que “cada rey representara a una parte de la Tierra hasta entonces conocida”, según señala el antropólogo Segundo Moreno.

De esta manera queda demostrado cómo la Navidad, fiesta especialmente diseñada para ser disfrutada por los niños, es una verdadera mezcolanza de tradiciones, mitos y ceremonias paganas.

El árbol de navidad (2)

Con las dos noches de Navidad y de la Epifanía, con el Niño y con los Reyes Magos, se hallan relacionadas toda una serie de tradiciones folklóricas Dicho complejo festivo se apoya a un tiempo en el nacimiento del Dios-Hombre en el solsticio invernal (debe recordarse que todas estas tradiciones son originarias del hemisferio norte) y el comienzo del nuevo año con arreglo al calendario Juliano- Gregoriano.

A la cabeza de las demás tradiciones convendría hablar en primera instancia del árbol de navidad. Dicho árbol, en los últimos decenios, se ha “laicizado” pasando a formar parte del conjunto de usos navideños, ligados al consumismo y como imitación del american way of life (estilo de vida norteamericano). Sus orígenes son germánicos y tiene un significado de retorno, está vinculado a la imagen de seguridad y opulencia de América, vista a través de los ojos de los inmigrantes o a través de filmes ligeros, que USA vertió en kilómetros de celuloide sobre Europa, durante la post-guerra, junto con los paquetes-donativo del Plan Marshall (algo semejante a las cajas de PAN – Plan de Asistencia Nacional – que hace unos años se repartieron en la Argentina). Incluso en la Plaza Roja de Moscú, durante el periodo Soviético, se adornaba con inocuos árboles de Navidad y nadie pensaba entonces que ello podría constituir propaganda “reaccionaria” del nacimiento del Sol-Niño, en la fría noche solsticial. Obviamente ahora con el capitalismo-consumismo se ha acentuado en la plaza que se sigue llamando igual (KRASNAIA significa Rojo o Hermoso).

En el plano histórico, no se remonta a demasiado tiempo atrás, aunque la leyenda alemana quiera relacionarlo con Martín Lutero, quien regresando a Wittenberg, una silenciosa y fría noche de vigilia, quiso recrear, adornando con pequeñas velas un abeto doméstico, la impresión fabulosa que tuvo al observar los Árboles helados del bosque que resplandecían bajo la luz de las estrellas… quizá haya sido un intento de la iglesia alemana reformada por conservar una costumbre pagana, viva en el pueblo, atribuyéndole un carácter cristiano.

La costumbre se arraigo en Alemania y los países escandinavos en los siglos XVI y XVII, de allí paso a Inglaterra: primero fueron los soberanos de la casa de Hannóver, Jorge III (y sobre todo su esposa Carlota), y más tarde el Príncipe Consorte Alberto de Sajonia-Coburgo, celebre marido de la reina Victoria. Cabe pensar que el abeto decorado en los hogares, podría considerarse, en cierto sentido, como una prueba de fidelidad monárquica.

En USA es más antiguo, data de la época de la Guerra de la Independencia y se relaciona con los mercenarios asiáticos que militaban en las filas de los ingleses, pero el dato más preciso lo tenemos con la existencia de la costumbre entre los colonos alemanes de Pensilvania. En general, con respecto al Árbol de Navidad se evoca un indiferenciado trasfondo dentrolatico europeo y en ello se pone de manifiesto que otras especies vegetales comparten el honor de ser consideradas de buen augurio: el abeto (siempre verde) es símbolo de inmortalidad, pero junto con este, se sigue usando el muérdago, la antigua planta de los druidas y de la tradición nórdica y en las zonas rurales italianas se quema el “raigon” un tronco grueso, relacionado con la idea de consumirse el sol solsticial, pero cuya ceniza, conservada, se le atribuye virtudes arcanas (considérese que las cenizas son “fertilizantes”) En Inglaterra abeto, muérdago, madreselva, o en su sustitución el laurel o el enebro.

Todo apunta a la sacralización de la vegetación por lo que debemos relacionar el Árbol de Navidad con los cultos paganos de adoración Arbóreo-Vegetal y se presenta también sobre todo en Europa en otras épocas del año como por ejemplo al comienzo de la primavera, en Mayo, ha sido por otra parte la respuesta cristiano-tradicionalista a los ritos Jacobinos del Árbol de la Libertad, a su vez implantados a imitación del folklórico Árbol de Mayo.

Se puede plantear la pregunta hasta que punto el árbol del solsticio sea un símbolo puramente vegetal o también cósmico: el árbol del mundo, sobre todo en la forma que viene representado en el fresno yggdrasil, senda y escalera entre las tres regiones cósmicas del cielo, la tierra y la ultratumba, el fresno del cual estuvo suspendido Odín durante sus nueve días iniciáticos y a través de su muerte y resurrección consiguió alcanzar la sabiduría contenida en las runas mágicas.

En cuestión de arquetipos, nadie podría decirnos que sea casual, que un símbolo como el árbol se haya impuesto tan profundamente en el seno del cristianismo. En el génesis (bereshit) se menciona el Árbol de la sabiduría situado en el centro de Edén, símbolo central del pacto entre Dios y el hombre; El Árbol de Acvattaha (c con cedilla) de los Hindúes; el árbol paradisíaco haoma de los Persas; El árbol de las manzanas áureas de Jardín de la Hespérides; El árbol del Vellocino de Oro de Jason; en el Nuevo Testamento se da un correlativo del árbol del Edén y es el Árbol de la Cruz, según la medieval Legenda Crucis, esta habría sido hecha con la madera del primero. Desde un plano propiamente mitológico-religioso no puede decirse que sea un azar que un árbol sea el protagonista de la fiesta de Navidad.

En la Tradición de la Kabalá (esto es una redundancia necesaria, Kabalá en hebreo significa tradición) en el Árbol de los Shefirot residen los valores de la sabiduría y el poder. Tanto en la tradición Védica el árbol de Açvatta, el árbol esta invertido, como en el del Purgatorio de Dante, lo que simboliza que en el Cielo está su alimento.

Curiosidades de la Navidad

* Las tarjetas navideñas fueron inventadas por sir Henry Cole, quien en el año 1843 encargó a un amigo pintor que le dibujara y pintara una escena navideña, que luego mandaría a reproducir en una imprenta, para después escribirle unos breves deseos de felicidad y firmarlas y enviarlas a los amigos y familiares.

* Los villancicos son cantos que se entonan en Navidad para celebrar el nacimiento del Niño Jesús. Esta costumbre tiene su origen en la edad media y se mantiene en recuerdo de los muchos profetas que anunciaban el nacimiento del Salvador.

* La tradición de poner el Belén (pesebre) se remonta al año 1223, en la Navidad de una villa italiana. San Francisco de Asís reunió a los vecinos de Grecio para celebrar la misa de medianoche. En derredor de un pesebre, con la figura del Niño Jesús, moldeado por las manos de San Francisco, se cantaron alabanzas al Misterio del Nacimiento; en el momento más solemne de la misa, aquella figura inmóvil adquirió vida, sonrió y extendió sus brazos hacia el Santo de Asís. El milagro se había producido ante la vista de todos, y desde entonces la fama de los “Nacimientos” y su costumbre se extendió por todo el mundo.

* ¿Por qué se llama «Misa del Gallo» la misa que se celebra el 24 de diciembre como término de la vigilia de Navidad? Porque esa misa solía caer «ad galli cantus» al canto del gallo, de donde le quedó su sugestivo nombre que nada tiene que ver con el hecho de que en algunos países acostumbraran comer gallo al horno en la cena de Nochebuena.

Aprendé a decir “feliz navidad y próspero año nuevo” en otros idiomas

Africano – Geseende Kerfees en ‘n gelukkige nuwe jaar
Alemán – Froehliche Weihnachten und ein gluckliches Neues Jahr!
Árabe – I’D Miilad Said ous Sana Saida
Armenio – Shenoraavor Nor Dari yev Pari Gaghand
Azerí – Tezze Iliniz Yahsi Olsun
Bengali – Shuvo Baro Din – Shuvo Nabo Barsho
Breton – Nedeleg laouen na bloav ezh mat
Búlgaro – Vasel Koleda; Tchesti nova godina!
Catalán – Bon nadal i feliç any nou!
Cantonés – Gong Tsok Sing Dan, Bing Ho Sun Hei
Croata – Sretan Bozic
Checo – Prejeme Vam Vesele Vanoce a stastny Novy Rok
Danes – Glaedelig Jul
Egipcio – Colo sana wintom tiebeen
Español – Feliz Navidad y Prospero Año Nuevo
Esperanto – Gajan Kristnaskon
Estonio – Rõõmsaid Jõulupühi
Francés – Joyeux Noël et Bonne Année!
Gallego – Bon Nadal e Ano Novo
Griego – Kala Christougenna Kieftihismenos O Kenourios Chronos
Hawaiano – Mele Kalikimaka
Hebreo – Mo’adim Lesimkha. Shana Tova
Hindi – Shub Naya Baras
Holandés – Vrolijk Kerstfeest en een Gelukkig Nieuwjaar!
Húngaro – Kellemes Karacsonyiunnepeket & Boldog j Évet
Inglés – Merry Christmas & Happy New Year
Islandés – Gledileg Jol og Farsaelt Komandi ar!
Indonés – Selamat Hari Natal
Iraquí – Idah Saidan Wa Sanah Jadidah
Irlandés -Nollaig Shona Dhuit
Italiano – Buon Natale e Felice Anno Nuovo
Japonés – Shinnen omedeto. Kurisumasu Omedeto
Koreano – Sung Tan Chuk Ha
Latin – Natale hilare et Annum Nuovo!
Lituano – Linksmu Kaledu
Macedonio -Streken Bozhik
Malayo – Puthuvalsara Aashamsakal
Maltés – Nixtieklek Milied tajjeb u is-sena t-tabja!
Mandarín – Kung His Hsin Nien bing Chu Shen Tan
Maorí – Meri Kirihimete
Mongolés – Zul saryn bolon shine ony mend devshuulye
Noruego – God Jul og Godt Nyttår
Papiamento – Bon Pasco
Polaco – Wesolych Swiat Bozego Narodzenia
Portugués – Boas Festas e um feliz Ano Novo
Rumano – Sarbatori vesele
Ruso – Pozdrevlyayu s prazdnikom Rozhdestva is Novim Godom
Samoano – La Maunia Le Kilisimasi Ma Le Tausaga Fou
Serbio -Hristos se rodi
Serbio-Croata – Sretam Bozic. Vesela Nova Godina
Somalí – ciid wanaagsan iyo sanad cusub oo fiican.
Swahili – Krismas Njema Na Heri Za Mwaka Mpya
Sueco – God Jul och Gott Nytt År
Sudanés – Wilujeng Natal Sareng Warsa Enggal
Turco – Noeliniz Ve Yeni Yiliniz Kutlu Olsun
Ucraniano – Veseloho Vam Rizdva i Shchastlyvoho Novoho Roku!
Vasco – Zorionak eta Urte Berri On
Vietnamés – Chuc Mung Giang Sinh – Chuc Mung Tan Nien

El mito de la creación – Leyenda escandinava

Mayo 17, 2008

El mito de la creación – Leyenda escandinava

En los tiempos en que nada existía, se abría en el espacio un vasto y vacío golfo llamado Ginnunga. Tenía una longitud y anchura inconmensurable y su profundidad estaba más allá de toda comprensión. No había costa, ni tampoco olas; porque aún no había mar y la tierra no estaba formada ni tampoco los cielos. Allí en el golfo estuvo el principio de las cosas. Allí por primera vez amaneció. Y en el perpetuo crepúsculo estaba el Padre, que gobierna todos los reinos y se mueve entre todas las cosas grandes y pequeñas.

Primero se formó, hacia el norte del golfo, Nifelheim, la inmensa casa de oscuridad nebulosa y frío helador, y en el Sur, Muspelheim, la casa luminosa del calor y de la luz. En medio de Nifelheim estalló la gran fuente de donde todas las aguas fluyen y adonde todas las aguas vuelven. Se llama Hvergelmer, la “caldera rugiente”, y de allí surgieron, al comienzo, doce tremendos ríos llamados Elivagar, que fluyen hacia el Sur, hacia el Golfo.

Una vasta distancia atravesaron desde su nacimiento y, entonces, el veneno que arrastraban con ellos empezó a endurecerse como lo hace la escoria que corre por una superficie, hasta que se congelaron y se convirtieron en hielo. Allí los ríos crecieron en silencio y dejaron de moverse, y los gigantescos bloques de hielo permanecieron juntos. El vapor se elevó del hielo envenenado y se congeló en forma de escarcha; capa tras capa se fueron amontonando en formas fantásticas una sobre otras. Esa parte del golfo que se extiende hacia el Norte era la región del horror y de la lucha. Fuertes masas de vapor negro rodearon el hielo, y dentro estaban chirriantes torbellinos que nunca cesaban, y bancos de huidiza niebla. Pero hacia el Sur Muspelheim brillaba con radiación intensa, y mandaba bellas llamas y chispas de fuego brillante. El espacio que había en medio de la región de las tempestades y de la oscuridad y de la región del calor y de la luz era un crepúsculo pacífico, sereno y tranquilo como el aire sin viento.

Ahora, cuando las chispas de Muspelheim cayeron a través del vapor congelado, y el calor llegó hasta allí por el poder del Padre, las gotas de las mezclas empezaron a caer del cielo. Y fue allí y entonces cuando la vida comenzó a existir. Las gotas se hicieron más rápidas y una masa informe tomó forma humana. Así vino a existir el grande y pesado gigante de arcilla que se llamó Ymer.

Tosco y desgarbado era Ymer y cuando se estiró y comenzó a moverse fue torturado por los dolores producidos por un hambre feroz. Así que salió ansioso en busca de comida, pero no había sustancia de la que él pudiera comer. Los torbellinos le pasaban encima y las oscuras nieblas le rodeaban como un sudario.

Más gotas cayeron de los lóbregos vapores, y luego se formó una vaca gigante que se llamó Audhumala, “la vacía oscuridad”. Ymer la contempló permaneciendo allí en la oscuridad junto a los bloques de hielo y avanzó débilmente hacia ella. Maravillándose, descubrió que de sus ubres salían cuatro regueros blancos de leche, y con ansía bebió y bebió hasta que se llenó con las semillas de la vida y se vio satisfecho. Entonces una gran pesadez se vino sobre Ymer y se tumbó, cayendo en un profundo sueño libre de pesadillas. El calor y la fuerza le poseyeron, y el sudor se concentró en el sobaco de su brazo izquierdo del cual, por el poder del Padre, se formó un hijo llamado Mimer y una hija llamada Bestla. De Mimer descendieron los dioses Vana. Bajo los pies de Ymer salió un hijo monstruoso de seis cabezas, que fue el antecesor de los gigantes malignos del hielo, el temido Hrimthusar. Entonces Ymer despertó. En cuanto a Audhumala, la gran vaca, no tenía verdor del que alimentarse y permaneciendo en el borde de la oscuridad encontró sustento chupando constantemente los enormes cantos rodados que tenían incrustados sal y escarcha. Durante el espacio de un día se alimentó de esa manera, hasta que apareció el pelo de una gran cabeza.

Al segundo día la vaca volvió a los cantos rodados y, antes de que hubiera dejado de chupar, una cabeza humana quedó al descubierto. Al tercer día una noble forma salto. Estada dotada de gran belleza y era ligera y poderosa. Recibió el nombre de Bure, y fue el primero de los dioses Asa. Con el tiempo surgieron más seres gigantes, nobles y malvados dioses. Mimer, que es Mente y Memoria, tuvo hijas, cuyo jefe fue Urd, la diosa de la fortuna y la reina de la vida y de la muerte. Bure tuvo un hijo llamado Bor, que tomó por esposa a Bestla, la hermana del prudente Mimer. Tres hijos nacieron de ellos: el primero se llamó Odin (espíritu), el segundo Ve, cuyo otro nombre es Honer, y el tercero Vile, también conocido como Lodur y Loke. Odin se convirtió en el principal jefe de los dioses Asa, y Honer fue jefe de los Vans que Loke, el usurpador, se convirtió en su gobernante.

Ymer y su maligno hijo desataron su ira y enemistad contra la familia de los dioses y pronto estalló la guerra entre ellos. En ninguno de los lados hubo una pronta victoria, y fieros conflictos se libraron durante largos años antes de que la Tierra se formara. Pero, al fin, los hijos de Bor vencieron sobre los enemigos y les hicieron retroceder. Con el tiempo se sucedieron grandes asesinatos, que disminuyeron el ejército de los gigantes malignos hasta que solamente quedo uno. Fue entonces cuando los dioses consiguieron su triunfo. Ymer cayó al suelo y los victoriosos saltaron sobre él y le reventaron las latientes venas de su cuello. Un gran diluvio de sangre salió de allí y toda la raza de los gigantes se ahogó excepto Bergelmer, el anciano de la montaña, que con su mujer se refugió en los bosques del gran molino del mundo. De éstos descienden los Jotuns, que por siempre guardaron enemistad contra los dioses.

El gran molino del mundo de los dioses estaba al cuidado de Mundilfore. Nueve doncellas gigantes lo movían con gran violencia, y el rechinar de las piedras hacía un clamor tan temible que no se podían oír ni las más altas tempestades. El gran remolino es más grande que el mundo entero, porque de él se hizo el gran molde de la Tierra. Cuando Ymer murió los dioses se reunieron en consejo y se dispusieron a dar forma al mundo. Colocaron el cuerpo del gigante de arcilla sobre el molino y las doncellas lo ataron a él. Las piedras estaban manchadas de sangre, y la carne oscura salió como molde. Así se formó la Tierra y los dioses le dieron forma a su antojo.

De los huesos de Ymer se formaron las rocas y las montañas; sus dientes y mandíbula se dividieron en dos, y cuando iban girando alrededor las doncellas del gigante tiraron los fragmentos aquí y allí, y éstas formaron las piedras y los cantos rodados. La sangre helada del gigante se convirtió en las aguas del vasto mar. Pero las doncellas del gigante no cesaron su labor cuando el cuerpo de Ymer estaba completamente machacado y la Tierra estaba formada y puesta en orden por los dioses. Cuerpos de gigante tras gigante se fueron colocando en el molino, que está situado tras el suelo del océano, y los restos de la carne son la arena que siempre está lavada alrededor de las orillas del mundo. Cuando las aguas son lamidas por el rotante ojo de la piedra del molino se forma un temeroso remolino y se producen los flujos y reflujos del mar cuando se dirige a Hvergelmer, ‘la rugiente caldera’, en Nifel-heim y es arrojado de nuevo hacia delante. Los mismos cielos están formados para tambalearse por el gran molino del mundo alrededor de Veraldar Nagli, ‘la punta del mundo’, que es la estrella Polar.

Después, cuando los dioses habían dado forma a la Tierra, colocaron la calavera de Ymer para que fuera al cielo. En cada uno de los cuatro puntos colocaron como centinelas a fuertes enanos del Este, Oeste, Norte y Sur. La calavera de Ymer descansa sobre su anchos hombros. Pero todavía el Sol no conocía su casa ni la Luna su poder, y las estrellas no tenían lugar donde morar. Las estrellas son brillantes chispas de fuego colocadas desde el Muspel-heim por el gran golfo y están fijadas en el cielo por los dioses para dar luz al mundo y brillo sobre el mar. A cada uno de estos copos de fuego errante se asignaron un orden y movimiento, de forma que cada uno tiene su lugar, tiempo y estación. El Sol y La luna también vieron sus cursos regulados, porque son los mayores discos de fuego y salieron de Muspelheim, y para que los caminos de los cielos pudieran soportarlos los dioses hicieron que los herreros elfos, los hijos de Ivalde y los parientes de Sindre, construyeran carros de oro fino. Mundilfore, que cuida del molino del mundo, envidiaba a su rival Odin. Tenía dos bellos hijos, uno llamado Mani (luna) y el otro Sol. Los dioses se llenaron de ira por la presunción de Mundilfore, y para castigarle le quitaron sus dos hijos de los que él presumía sobradamente, para conducir los carros del cielo y contar los años para los hombres. Al bello Sol mandaron para conducir el carro del Sol. Sus corceles son Arvak, que es “el pronto amanecer”, y Aldsvid, que significa “calor abrasador”.

Bajo su cruz estaban colocadas pieles de aire helado para enfriarlo y refrescarle. Entran en el cielo del Este por la puerta de Hela, a través de la cual pasan las almas de los hombres muertos al mundo del más allá. Entonces los dioses colocan a Mani, el apuesto joven, para conducir el carro de la Luna. Con él están dos bellos niños a los que él se llevó lejos de la Tierra, un muchacho llamado Hyuki y una muchacha llamada Bil. Han sido enviados a la oscuridad de la noche por Vidfimer, su padre, para sacar canciones de hidromiel del arroyo de la montaña Byrger, “él escondido”, que salía del cauce de la fuente de Mimer, y llenaron su cubo Saegr hasta el borde de forma que el preciado hidromiel se derramó cuando lo levantaban sobre el polo Simul. Cuando comenzaron a descender la montaña, Mani los capturó y se los llevó. Los agujeros que siempre se ven por la noche en la cara de la Luna son Huyki y Bil, y los poetas invocan a la bella Bil, de forma que al oírles ella puede derramar sobre la Luna el mágico hidromiel de las canciones sobre sus labios. Bajo la custodia de Mani están un montón de cuernos que se usan para perforar a los malhechores entre los hombres para que éstos así sufran el castigo por sus males.

El sol está en constante movimiento, y también lo está la Luna. Son perseguidos por enemigos sedientos de sangre, que buscan conseguir su destrucción antes de que alcancen los bosques de Varns que les dan cobijo, tras los horizontes del Oeste. Estos son dos fieros lobos gigantes. El que tiene por nombre Skoll, “el seguidor”, persigue al Sol, al que un día devorará; el otro es Hati, “el odiador”, que corre delante de “la brillante doncella del cielo”, en incesante persecución de la Luna. Skoll y Hati son gigantes en forma de lobos. Fueron enviados por la Madre del Mal, la oscura y temible bruja, Gulveig-Hoder, y ellos son sus hijos. Vive en Iarnid, el negro bosque de árboles de acero, en el norte del mundo, que es el lugar donde habita una familia de brujos temidas por dioses y hombres. De los lobos de la bruja el más terrible es Hati, que también se llama Managarm, “el devorador de la luna”. Se alimenta de la sangre de hombres muertos. Los adivinos han predicho que cuando venga a devorar al mundo, los cielos y la tierra se volverán rojos de sangre. Luego, también, deben los asientos de los poderosos dioses enrojecerse con la sangre y el brillo del sol del verano palidecerá, mientras grandes tormentas estallarán con furia para asolar todo el mundo. Una y otra vez, en temidos eclipses, habrían tragado el Sol y la Luna estos lobos gigantes, de no haber sido porque sus malignos designios han sido frustrados por los hechizos que han sido forjados contra ellos, y el clamor de hombres aterrorizados. Nat, que es la Noche, es la morena hija del vana gigante Narve, “el Obligador”, cuyo otro nombres es Mimer. Oscuro su pelo como el de toda su raza, y sus ojos son suaves y benevolentes. Trae descanso al trabajador y refresco al cansado, y descanso y sueños a todos. Al guerrero da fuerza para que pueda obtener victoria, y le encanta llevarse las preocupaciones y los cuidados. Nat es la benefactora madre de los dioses. Tres veces se casó. Su primer marido fue Nagelfare de las estrellas, y su hijo fue Aud, el de las riquezas sin límite. Su segundo marido fue Annar, “Agua”, y su hija Jord, la diosa de la Tierra, fue esposa de Odin y madre de Thor. Su tercer marido fue Delling, el elfo rojo del amanecer, y su hijo fue Dagr, que es Día. A la madre Nat y su hijo Dagr se les dieron carros engalanados con piedras preciosas para que conduzcan alrededor de la Tierra, uno detrás del otro, en el espacio de doce horas. Nat es la que va delante. Su corcel se llama Hrim-faxin, “crin helada”. Rápido galopa por los cielos, y cada mañana la dulce espuma cae como gotas de rocío sobre la Tierra debajo de ella. El buen corcel de Dagr se llama Skin-Faxin, “crin brillante”.De su cuello dorado se emite una radiación y belleza sobre los cielos y sobre todo el mundo. De todos los caballos que existen, es el más alabado por los hombres.

Hay dos estaciones, que son invierno y verano. Vindsvall, hijo del lúgubre Vasud, “el viento helador”, fue el padre del hosco invierno, y el dulce y benefactor Svasusd fue padre del buen verano, queridos por todos. Los hombres se preguntan de dónde viene el viento que azota al océano temerosamente, que convierte a la baja chispa en llama brillante y que ningún ojo puede contemplar. En el cenit del norte del cielo se encuentra en forma de águila un gigante llamado Hraesvelgur, “el devorador de la carne de los hombres muertos”. Cuando sus anchas alas se extienden para iniciar el vuelo los vientos se agitan bajo él y se vienen rápidamente sobre la Tierra. Cuando va o viene, o viaja aquí y allá a través de los cielos, los vientos salen de sus alas. No había todavía un hombre que morara sobre la Tierra, aunque el Sol y la Luna estaban fijados en sus cursos, y los días y las estaciones estaban marcados en el orden debido.

Llegó, sin embargo, un tiempo, cuando los hijos de Bor estaban caminando por las costas del mundo, y vieron dos troncos de madera. Habían crecido del pelo de Ymer, que se había extendido como espesos bosques y abundante verdor del molde de su cuerpo, que es la Tierra. Un tronco era de un fresno, y de él los dioses formaron un hombre; y el otro, que era un aliso, lo convirtieron en una bella mujer. Tenían vida como la de un árbol hasta que los dioses les dieron mente, voluntad y deseo. Luego al hombre se le llamó Ask y a la mujer Embla, y de ellos desciende toda la raza humana, cuya morada se llama Midgard, “la sala del medio”, y Mana-heim, “casa de los hombres”. Alrededor de Midgard está el mar, y más allá, en las costas exteriores, está Jotun-heim, “la casa de los gigantes”. Contra estos los dioses se levantaron una gran masa de hielo de las cejas del turbulento Ymer, cuyo cerebro esparcieron alto en el cielo, donde se convirtieron en espesa masa de nubes esparcidas, agitándose aquí y allí.

(*) Extraído de Teutones. Mitos y leyendas, compilación Donald Mackenzie, ed. Studio.

http://larevista.turemanso.com.ar/leyenda/creacion.html

EL MITO DE LA CREACION DE LOS ANANGU

Mayo 17, 2008

EL MITO DE LA CREACIÓN DE LOS ANANGU

Los anangu son un pueblo aborigen australiano que desde un imprecisable tiempo, habita en la región donde se alza el famoso macizo de Uluru (foto arriba). Los anangu creen poseer una misión: la de custodiar el sagrado Uluru y todo el pasado ancestral que perdura en su presencia imponente y en las paredes de sus cuevas. Y los anangu también protegen su propia memoria mítica que danza en derredor del Tjukurpa, el drimetime, la época de los sueños, la época de los comienzos, de la creación, de los seres ancestrales. Una era acaso más real que la nuestra.

Y los anangu dicen que…

En el Tiempo de los Sueños, en la época Tjukurpa, sólo había una vida sobre la tierra. Una vida inmóvil, representada por una masa embrionaria gigantesca, transparente, hecha de una amalgama de seres inacabados, replegados sobre sí mismos. Y estos proyectos de seres pertenecían cada uno a una especia animal o vegetal.

Impreso en una materia primigenia se encontraba todo el devenir de la Humanidad. ¡ Todo El pasado, el presente y el futuro del mundo se hallaban allí latente ! “Aquel que salió de la nada y existe por sí mismo” , el llamado Ser Supremo, modificó esa masa. Esculpió con ella un cuerpo, brazos, manos, piernas y una cabeza. En una de las caras de la cabeza, practicó dos orificios para los ojos; formó la nariz. Hizo una hendidura para la boca y un agujero para el ano. Así fue como los entes inacabados fueron transformados en seres capaces de sostenerse en pié.

El Tjukurpa habla en términos de pasado y presente. Toda la tierra, incluyendo todo lo que hay y todo lo que vive sobre ella, fue creada durante el Tjukurpa y por el Tjukurpa. Ninguna montaña, valle, llanura, corriente de agua, existía anterior al Tjukurpa; nada había. Durante aquel tiempo, seres ancestrales en forma de humanos, animales y plantas viajaron a lo largo y ancho de la tierra y perpetraron hechos remarcables de creación y destrucción. Los viajes de aquellos seres son recordados y celebrados hoy, donde quiera que fueran. La memoria de sus actividades existe hoy en día en la forma de accidentes geográficos como en la montaña sagrada de Uluru.

Cada hombre y cada mujer quedaron ligados a la especia animal o vegetal de la que habían salido; y ese animal o vegetal se convirtió en su Tjukurpa. Así pues, en cada uno de los seres humanos, en cada uno de los animales, de las plantas y los minerales, en las estrellas y en el aire y en el agua, el Ser Supremo, la Energía vital sagrada, difundió su esencia divina, haciendo entrar en una sola, pero inmensa familia, a todas las formas de la Vida. Pero, por desgracia, retenido por el cosmos, no dispuso de tiempo suficiente para concluir su obra y los hombres nacieron imperfectos. Enriquecidos por el Conocimiento primordial del que habían surgido, inspirados por la esencia divina de la que estaban impregnados, los Grandes Antepasados, criaturas gigantescas, ni hombres ni animales, se pusieron a crear el mundo tal y como es ahora. En la inmensa llanura inacabable que era la tierra, crearon los ríos, las colinas y todos los accidentes del terreno. Promulgaron las leyes destinadas a vincular a todos los hombres entre sí por medio de parentescos sumamente complicados, parentescos que se imbrican los unos en los otros, naciendo aquí para reanudarse allá, arrastrando a todos los miembros de un pueblo en un verdadero torbellino de obligaciones de ayuda mutua, encadenando los unos a los otros desde el nacimiento hasta la muerte. Asimismo, proveyeron de vínculos parecidos a los diferentes pueblos. Así, de norte a sur, de este a oeste, los parentescos creados tejieron una gigantesca telaraña cuyos hilos nos guían y protegen desde entonces. Luego, antes de desaparecer, antes de que concluyera el Tiempo de los Sueños, cuando aparecieron los hombres en su forma actual, les dijeron: “Este es vuestro país. Lo hemos creado para vosotros. Aquí viviréis y lo conservaréis tal como os lo entregamos. No lo dejaréis nunca, pues sois sus Guardianes. Sois los Guardianes de nuestra Creación. (*)

(*) Fuente: Versión del mito anangu presentado en página de Club telepolis.

http://www.temakel.com/mitoanangu.htm

Mitología – HISTORIA DE LA CREACIÓN DEL MUNDO Y DE LA GEMA GRIS (SEGÚN LA TRADICIÓN IRDA)

Mayo 17, 2008

Mitología

HISTORIA DE LA CREACIÓN DEL MUNDO Y DE LA GEMA GRIS

(SEGÚN LA TRADICIÓN IRDA)


Nota:

Los estudiosos de Krynn advertirán que la leyenda de la creación aquí relatada difiere de las leyendas relatadas en otros lugares y momentos por otras razas. Esto es lógico si se tiene en cuenta que cada raza se considera a sí misma el centro del universo. Los enanos, por ejemplo, rehúsan admitir que fueron creados por el caos causado por la Gema Gris, manteniendo que son creación de Reorx. Por su parte muchos elfos creen que la suya es la verdadera raza y que las demás son meros borrones de tinta en el Gran Libro de Gilean. Los irdas, sin embargo, son la raza en posesión de la historia ininterrumpida de Krynn más larga, y por ende consideramos que su relato es el que más se aproxima a los verdaderos acontecimientos.


«Según nuestros antepasados, los tres dioses tal como los conocemos ahora moraban juntos en el plano inmortal. Los tres eran hermanos, ya que habían nacido de Caos, Padre de Todo y de Nada. Paladine, el hijo mayor, era concienzudo, responsable. Gilean, el mediano, era estudioso y contemplativo. Takhisis, la pequeña y la única hija, era, en cierto modo, la favorita. Era impaciente ambiciosa y estaba aburrida.

»Quería poder, quería imponerse a los demás. Lo intentó pero no consiguió dominar a sus hermanos. Paladine era demasiado enérgico, y Gilean estaba demasiado abstraido. Por esto nosotros, los irdas, creemos que fue a instigación de Takhisis que el mundo de Krynn y toda la vida en este plano se crearon.

»Takhisis sabe ser encantadora y muy lista cuando se lo propone, y fue a sus hermanos mayores con la idea de crear un mundo y espíritus que lo habitaran. Con Paladine hizo hincapié en cómo estos espíritus traerían el orden a un universo que, de otra manera, seguiría siendo caótico. Hacía tiempo que a Paladine lo venía incomodando el hecho de que sus existencias no tuvieran propósito alguno, ningún significado. A él y a su consorte Mishakal, les complación la idea de este cambio y dieron su consentimiento.

»-Supongo que le habrás hablado a Padre sobre esto -dijo Paladine- , y que habrás obtenido su permiso.

»-Por supuesto, mi querido hermano -contestó Takhisis.

»Paladine debería haber sabido que su hermana mentía pero estaba tan ansioso de poner orden en el universo que cerro los ojos a la verdad.

»A Gilean le resultó interesante esta idea. Al no tener consorte (no tenemos noticia de lo que ocurrió con ella), Gilean consultó con Zivilyn, un dios que venía de otro de los planos inmortales al que se lo llamaba simplemente Más Allá. Se dice que Zivilyn existe en todos los planos y en todos los tiempos.

»Zivilyn miró delante y miró detrás. Miró a su izquierda y a su derecha. Miró arriba y miró abajo y finalmente declaró la idea como buena.

»En consecuencia, Gilean aceptó.

»-Por supuesto habrás mencionado este asunto a Padre -dijo Gilean como si se le hubiera ocurrido de pronto, sin siquiera alzar la vista de su libro.

»-Desde luego, mi querido hermano contesto Takhisis.

»Gilean sabía que Takhisis mentía, ya que Zivilyn le había advertido que lo haría. Pero la oportunidad de obtener conocimientos era un tentación demasiado grande, así que Gilean cerró los ojos a la verdad.

»Habiendo obtenido el consentimiento de sus hermanos, Takhisis puso en marcha su plan.

»En Más Allá vivía un dios llamado Reorx. No se sabe mucho sobre su pasado, aunque hay rumores de que alguna horrible tragedia los había llevado a rehuir la compañía de otros inmortales. Vivía solo en su plano, en su forja, pasando el tiempo en crear cosas bellas y horrendas, maravillosas y terribles. La creación era su único placer. Ninguno de los objetos que creaba tenía utilidad y una vez que estaban terminados, simplemente los arrojaba a un lado. Todavía los vemos, pues alguno cae de vez en cuando al suelo. Se conocen como estrellas fugaces.

»Takhisis fue a ver a Reorx y alabó sus creaciones.

»-Pero ¡que pena -dijo- que tengas que tirarlas! Tengo un plan en mente. Crearás algo que no te aburrirá sino que te ofrecerá nuevos retos cada día de tu vida inmortal. Crearás un mundo y lo poblarás con espítitus a los que enseñarás todas las artes que conoces.

»La idea cautivó a Reorx. Por fin su interminable creación tendría una utilidad, un beneficio. Aceptó de buena gana.

»-Habrás aclarado este asunto con Padre, ¿no? -preguntó a Takhisis.

»-No habría venido de no ser así -contestó ella.

»Reorx -sencillo y sin doblez- no tenía ni idea de que Takhisis estaba mintiendo.

»Los dioses se reunieron: Paladine, Mishakal y sus hijos; Gilean y su única hija natural, junto con sus hijos adoptivos; y Takhisis con su consorte Sargonnas, y sus hijos. Reorx llegó, instaló su forja y, en medio de la oscura e interminable noche de Caos, colocó un trozo de metal fundido al rojo vivo y dio el primer golpe con su martillo.

»En ese momento, los dos hermanos fueron obligados a abrir los ojos.

»Takhisis no había consultado a Caos, Padre de Todo y de Nada. Consciente de que se opondría a su plan para poner orden en el universo, había mantenido su plan deliberadamente en secreto para él. Y no cabe duda de que sus hermanos lo sabían.

»Caos podría haber destruido a sus hijos y a su juguete allí mismo, en ese instante, pero, como haría cualquier padre, decidió que sería mejor darles una lección.

»-Crearéis el orden, en efecto -tronó-, pero me ocuparé de que el orden engendre discordia, tanto entre vosotros como entre aquellos que habiten vuestro mundo.

»No se podía hacer nada para cambiar lo que había pasado. Las chispas que hizo saltar el martillo de Reorx ya se habían convertido en estrellas. La luz de las estrellas había dado vida a los espíritus vivientes. El propio Reorx forjó un mundo en el que estos espíritus pudieran morar.

»Y fue entonces cuando la maldición de Caos se puso de manifiesto.

»Takhisis quería que los recien creados espíritus estuvieran bajo su control a fin de dominarlos y obligarlos a hacer su voluntad. Paladine quería tener a los espíritus bajo su control con intención de criarlos y conducirlos por los caminos de la rectitud. Gilean no veía ventaja en ninguna de las dos opciones, en un sentido académico. Quería que los espíritus permanecieran libres para que pudieran elegir el camino que quisieran tomar. De ese modo, el mundo sería mucho más interesante.

»Los hermanos pelearon. Sus hijos y dioses de otros planos fueron arrastrados a la batalla. Empezó la Guerra de Todos los Santos.

»El Padre de Todo y de Nada se rió, y escuchar su risa fue horrible.

»Finalmente Paladine y Gilean se dieron cuenta de que la batalla podía destruir todo lo creado. Aliaron sus fuerzas contra las de su hermana y, aunque no alcanzaron una victoria completa, por fin la forzaron a llegar a un acuerdo. Ella accedió de mala gana a que los tres gobernaran el nuevo mundo juntos, manteniendo un equilibrio entre ellos. De este modo esperaban terminar con la maldición que su Padre, Caos, les había echado.

»Los tres dioses decidieron que cada uno de ellos regalaría a los espíritus unos dones que les permitirían vivir y prosperar en el mundo recién forjado.

»Paladine dio a los espíritus la necesidad de control. Así trabajarían para obtener control sobre su entorno y traer orden al mundo.

»Takhisis dio a los espíritus ambición y deseo. Los espíritus no sólo controlarían el mundo, sino que constantemente buscarían mejorarlo… y mejorarse a sí mismos.

»Gilean les otorgó el don de la elección. Cada uno tendría libertad para tomar sus propias decisiones. Ningún dios poseería un poder absoluto.

»Todos estos dones eran buenos, ninguno malo… a menos que se llevaran a extremos. La necesidad de control, llevada al extremo, conduce al miedo por el cambio, la supresión de ideas nuevas, la intolerancia de cualquier cosa diferente.

»La ambición, llevada al extremo, conduce a la determinación de alcanzar el poder a toda costa, a la esclavitud. Los deseos pueden convertirse en obsesiones y llevar a la gula, la lujuria, la avaricia y la envidia.

»La libertad llevada hasta su extremos es anarquía.

»Los espíritus adquirieron forma física, brotando de la imaginacion de los dioses. De la mente de Paladine surgieron los elfos, su raza ideal. Disfrutan controlando el mundo físico, dándole forma a su antojo. Viven largo tiempo y cambian poco.

»Takhisis imaginó una raza de criaturas de una belleza absoluta, todas tan ambiciosas y egoístas como ella misma. Éstos fueron los ogros y, al acrecentarse sus apetitos, su belleza se consumió. Pero son extraordinariamente fuertes y muy poderosos.

»Puede decirse que nosotros, los irdas, somos creación de Takhisis ya que fuimos los ogros originales. Vimos lo que le estaba ocurriendo a nuestro pueblo, y algunos de nosotros nos volvimos hacia Paladine, suplicándole ayuda. Nos dio capacidad para separaranos de la Reina Oscura, pero fue a un alto coste. No podíamos vivir en contacto con otras razas os sucumbiriamos a la tentación y caeríamos de nuevo. Seríamos unos seres aislados, solitarios, que al disfrutar del aislamiento perpetuaríamos nuestra propia soledad. Incluso unirnos para tener progenie nos resultaría difícil, de manera que nuestro pueblo nunca sería numeroso. Aceptamos todas estas condiciones a fin de escapar del destino de nuestros hermanos. Y, así, el mundo no sabe nada de nosotros… o lo que cree saber es falso.

»Gilean imaginó la raza de los humanos. Tienen la vida más corta de todas, son los que cambian con más rapidez y los que con más facilidad se pasan de uno a otro bando.

»El Padre, para su propia diversión y para incrementar la probabilidad de desorden, creó a los animales. Irritó mucho a sus hijos al otorgar ventajas a muchos de los animales; de todos ellos, los principales son los dragones, que poseen inteligencia, sabiduría, larga vida, magia, fuerza y armas formidables.

»Desde la llegada de los dragones a Krynn, las otras especies mortales han combatido contra ellos o se han esforzado para aliarse con ellos.

»Así tuvo lugar la creación del equilibrio en el mundo. Los elfos se consideraron a sí mismos como la encarnación del Bien, mientras que los ogros eran la representación del Mal (Resulta interesante señalar que desde el punto de vista de los ogros sobre el mundo, el planteamiento es completamente contrario. Son los ogros los que se ven a sí mismos como representantes del Bien, y los elfos y los que como ellos abogan por la exterminación de la raza de los ogros, son el Mal). Los humanos, en el medio, podían moverse para unirse a uno u otro lado y así lo hicieron… constantemente.

»Por llevar los humanos en su sangre todos los dones de los dioses -necesidad de ejercer control, ambición, deseos y libertad de elección para utilizar estos dones de modo beneficioso o perjudicial-, son los que avanzan velozmente a través del tiempo, creando, cambiando, alterando, destruyendo. A esto se le llama progreso.

»Fue también durante esta época cuando la magia apareció en el mundo. Tres de los hijos de los dioses habían crecido juntos y habían estado inusualmente unidos: Solinari, hijo de Paladine y Mishakal; Nuitari, hijo de Takhisis y Sargonnas; y Lunitari, hija de Gilean. Todos los dioses poseen el poder de la magia, pero en estos tres ese poder estaba realzado por su amor a la magia y su dedicación a este arte. Esto creó un vínculo entre ellos, que tan distintos eran en otros aspectos.

»Cuando tuvo lugar la Guerra de Todos los Santos, estos tres estuvieron bajo una gran presión por parte de sus padres para que se unieran a uno u otro bando. Los tres primos temían que la guerra destruiría lo que más amaban: la magia. Hicieron el juramento de permanecer fieles a ella, leales entre sí, y abandonaron el panteón de los dioses. Asumieron forma mortal y caminaron por la faz de Krynn.

»Cada primo encontró un seguidor entre los mortales, y a ese seguidor cada uno de ellos le otorgó el don de la magia. Este don podía pasarse a otros mortales, y estos mortales podrían, en momentos de necesidad invocar la ayuda de los tres dioses. Después los tres primos abandonaron Krynn, aunque permanecieron cerca, girando a su alrededor en el firmamento, observando con ojos siempre abiertos a los mortales que utilizaban sus dones. Los mortales conocen a esos “ojos” como las tres lunas de Kryn: la plateada Solinari, la roja Lunitari y la invisible (salvo para sus seguidores) Nuitari

»Nosotros los irdas, poseemos unos poderes mágicos inmensos, pero no sabemos con exactitud de dónde emana ese poder. No estamos alineados con los hechiceros de Krynn y, de hecho, se nos considera “renegados”. Nos ven como una amenza, un peligro para sus ordenes. Nuestra magia es una de las muchas razones por las que evitamos el contacto con otras especies. La magia es crucial para nuestra supervivencia. Todos los irdas nacen con ella. Llevamos la magia en la sangre, por decirlo de alguna forma, y funciona de un modo tan innato como lo hacen los otros sentidos: la vista, el olfato, el oído, el tacto y el gusto. ¿Alguien nos pregunta que expliquemos cómo vemos? No encuentro razón alguna para que el mundo exija que expliquemos cómo realizamos lo que son, a sus ojos, milagros.

»Bien, continuemos con la historia de la creación.

»El nuevo mundo era joven y salvaje, como lo eran los espíritus de los mortales que lo habitaban. Los elfos trabajaban duro, sumisos, en su parte del mundo. Los ogros aprendían a adaptarse a la suya. Los humanos buscaban manipular y mejorar la suya. Reorx, el dios solitario, se ofreció a ayudarlos. Se dice que Reorx únicamente se siente feliz de verdad cuando se mezcla e interfiere en la vida de los mortales.

»Reorx enseñó a un grupo de humano innumerables habilidades, en las que estaba incluida, la técnica de forjar acero. Los elfos y los ogros codiciaban el metal, que ninguno de ellos sabía cómo fabricar. Fueron en busca de los humanos para comprar espadas, cuchillos, herramientas. Los humanos se sintieron inmensamente enorgullecidos de sus habilidades y empezaron a hacer alarde de ellas. Olvidaron, en su orgullo, honrar a Reorx, su maextro. Incluso lo rechazaron cuando el dios aparecio entre ellos, y se rieron de él porque era mucho más bajo que ellos, ridiculizando su interés en el mismo arte con el que estaban obteniendo tanta riqueza.

»Enfurecido, Reorx maldijo a estos humanos. Les arrebató las habilidades que les había enseñado, dejándoles sólo el deseo de inventar, construir, fabricar. Decretó que estos humanos fueran bajos, ajados, y ridiculizados por las otras razas. Los transformó en gnomos.

»Durante este tiempo, conocido como la Era de la Luz o del Albor, el equilibrio del mundo -que había sido relativamente estable- empezó a perturbarse. Los humanos, que ya no se contentaban con lo que tenían, empezaron a codiciar las posesiones de sus vecinos. Los ogros, incitados por Takhisis, ansiaban el poder. Los elfos querían que los dejarán en paz y solos, y estaban dispuesto a luchar para preservar su aislamiento.

»Hiddukel fue uno de los dioses de Más Allá que Takhisis trajo a este plano para incrementar su dominio sobre los humanos. Hiddukel es un comerciante. Le encanta hacer tratos y trueques y es extremadamente bueno en ello. Vio en el desequilibrio de la balanza un medio de acrecentar su propio poder. La guerra sería beneficiosa para los negocios, promovería el aumento de la producción de armas, armaduras, alimentos para los ejércitos, y así sucesivamente. Puesto que también era un traficante de las almas de los muertos, Hiddukel también veía un fabuloso beneficio en este campo.

»Con la esperanza de aumentar el tumulto, Hiddukel fue a ver a Chislev, diosa de las frondas y la naturaleza, y, valiéndose de toda su persuasión, la convenció de que el conflicto estaba próximo.

»-Sólo es cuestión de tiempo antes de que estalle -dijo tristemente-. ¿Y cómo afectará al entorno? Bosques talados para hacer torres de asedio. Arbolillos convertidos en arcos y flechas. Campos arrasados o quemados. Tenemos que poner fin a este enfrentamiento entre las razas, de una vez por toda. Por bien de la naturaleza desde luego.

»-¿Y cuál es tu interés en todo esto? -demandó Chislev-. No puedo creer que te importe el bienestar de los conejitos.

»-Nadie da crédito a que yo tenga corazón -protestó Hiddukel.

»-Eso es porque resulta difícil verlo bajo la densa capa de tu untuosa palabrería -replicó Chislev.

»-Por si te interesa saberlo, la guerra sería extremadamente perturbadora para los mercados financieros. El precio del oro se hundiría; perdería prácticamente todo su valor. Los granjeros no pueden llevar sus productos a los mercados si los mercados están siendo invadidos. Y, además, me gustan mucho los conejitos.

»-En estofado, tal vez. -Chislev suspiró-. Aun así, tienes razón. He visto la agitación creciente entre las razas, y también a mí me ha preocupado. He hablado con Gilean, ¡pero ya lo conoces! Nunca levanta la vista de ese libro. Siempre está escribiendo, escribiendo, escribiendo.

»-Pues intenta hablar con Takhisis y verás -dijo Hiddukel con gesto desdeñoso- . O está por ahí con Sargonnas, observando cómo los minotauros se machacan la cabeza unos a otros, o está ocupada provocando plagas, hambruna, inundaciones o cualquier cosa que se te ocurra pensar. Ya no tiene tiempo para los de nuestra condición.

»-¿Qué sugieres que hagamos? Presumo que tienes un plan.

»-¿Acaso no lo tengo siempre mi querida amiga amante de los árboles? Si la Neutralidad fuera la fuerza dominante en el mundo, entonces el equilibrio sería constante, jamás se perturbaría. ¿Estás de acuerdo?

»-Supongo que sí -contestó Chislev con cautela, sin confiar en Hiddukel pero incapaz de argumentar en contra de su planteamiento-. Pero no veo qué…

»-¡Ah! Ve a hablar con Reorx y pídele que cree una gema que guarde en su interior la esencia pura de la Neutralidad. Esta gema servirá de pilar a la posición neutral, que así se convertirá en la fuerza mayor de Krynn, superando a los dos extremos opuestos. Estarán dominados por el centro, incapaces de desviarse mucho de él.

»-¿Y qué hacemos con esa joya una vez que haya sido creada? ¿Dártela para que la guardes a buen recaudo? -Chislev era una diosa afable, pero tenía tendencia a mostrarse sarcástica, sobre todo con Hiddukel.

»-¡Cielos, no! -El dios parecía espantado- ¡No querría tener semejante responsabilidad! Lo más razonable sería entregársel a uno de los vuestros para que la guarde, ¿no?

»-Chislev miró a Hiddukel fijamente, pero el dios soportó su escrutinió con una expresión de total inocencia, mostrando una sincera preocupación por el destino del mundo. Se rumorea que la propia Takhisis ha salido perdiendo en muchos tratos con Hiddukel.

»El resultado de esta conversación fue que Chislev salió de su bosque y recorrió el mundo en forma de mortal. Lo que vio le causó gran desasosiego. Forjas de acero ardían al rojo vivo en medio de la noche; los elfos pulían sus recién adquiridas espadas; los humanos contaban sus ganancias; los ogros hacían prácticas como si cortaran cabezas. Afligida, Chislev decidió que había que hacer algo.

»Se planteó hablar del asunto con su consorte, Zivilyn, el dios que podía ver todos los planos, en todo momento, futuro y pasado. Pero Chislev sabía por experiencia que era difícil obtener un “sí” o un “no” sin rodeos como respuesta de Zivilyn, que siempre estaba decidiendo hacer una cosa, para después mirarla desde otro ángulo y cambiar de parecer una y otra vez hasta que por fin acababa sin hacer nada.

»Este asunto necesitaba acción, y Chislev estaba decidida a emprender alguna. Fue a ver a Reorx.

»Ninguno de los dioses visitaba nunca a Reorx, una de las razones por las que pasaba tanto tiempo de compadreo con los humanos. Se quedó sorprendido y se sintió complacido por la visita, máxime tratándose de alguien de belleza tan delicada y temperamento tan dulce como Chislev.

»Ella, por su parte, se quedó impresionada por la amabilidad y atención de Reorx, que iba de acá para allá por su desordenada morada, preparando pasteles, tropezando con los muebles, tirando la tetera, ofreciéndole cualquier cosa del universo que deseara tomar.

»Chislev sintió una punzada de remordimiento pues comprendió la soledad del dios, y se reprochó el haber descuidado su trato. Prometiéndose que lo visitaría más a menudo en el futuro, Chislev se tomó el té y planteó su petición.

»Reorx accedió de muy buena gana. ¿Que quería una gema? Pues la tendría. ¡Un centenar de ellas! ¡Las mejores del universo!

»Chislev, sonrojada, contestó que sólo quería una gema, una gema corriente, una gema que guardara en su interior la esencia de la Neutralidad.

»Reorx se atusó la barba y frunció el entrecejo, pensativo.

»-¿Y que sería eso, exactamente?

»-Vaya, pues… -Chislev parecía algo perpleja- La esencia de la Neutralidad sería… eh…

»-¿El Caos? -sugirió Reorx.

»Chislev consideró el asunto, echando miradas a su alrededor con cierto temor, no fuera a ser que el Padre de Todo y de Nada -la encarnación del Caos- estuviera escuchando por casualidad.

»-¿Crees que podríamos apoderarnos de una pequeña parte? No demasiado, sólo lo suficiente para afianzar la Neutralidad en este mundo.

»-Considéralo hecho, señora -dijo Reorx con magnífico aplomo- ¿Dónde he de entregar esta gema?

»Chislev había cavilado largo y tendido acerca de esto.

»-Entrégasela a Lunitari. Se encuentra más cerca del mundo, y está continuamente involucrada con los mortales y sus acciones. Será la más indicada para guardarla.

»Reorx aceptó, le besó la mano, tropezó con un escabel, derramó su taza de té y, con el rostro rojo como la grana, se marchó al punto hacia su forja.

»Chislev, disipadas sus preocupaciones, regresó a su bosque de buena gana.

»No se sabe cómo consiguió Reorx apoderarse de un fragmento de Caos e introducirlo en la gema, pero, por lo que ocurrió después, evidentemente fue capaz de hacerlo. Creó lo que llamó la “Gema Gris” y, cuando estuvo terminada, se la llevó a Lunitaria para que la guardara a buen recaudo. La diosa se sintió atraída por la gema de inmediato, y la puso en el centro de la luna roja. Rara vez la perdía de vista, pues la piedra tenía el extraño efecto de hacer que cualquiera que la mirara la codiciara.

»Esto incluía, desafortunadamente, al creador de la joya, Reorx. Después de habérsela entregado a Lunitari, el dios se quedó desconcertado al descubrir que había soñado con la piedra todas las noches. Lamentando haberse desprendido de ella, fue a ver a Lunitari y le pidió humildemente que se la devolviera.

»Lunitari rehusó. También ella soñaba todas las noches con la joya y le gustaba despertar y verla brillando en la luna roja.

»Reorx se enfadó y soltó pestes, y finalmente dio con el modo de recuperar la Gema Gris para sí mismo. Adoptó forma de mortal y apareció entre la raza que había creado, los gnomos. Eligió a uno de ellos, cuya invenciones habían sido de las menos destructivas para la vida, partes del cuerpo y bienes de valor, y le mostró -en un sueño- la Gema Gris.

»Ni que decir tiene que el gnomo deseó la joya más que cualquier otra cosa en Krynn, con la posible excepción de un destornillador de múltiples cabezas movido por vapor. Como esto último era inalcanzable (estaba atascado en comités), el gnomo decidió apoderarse de la Gema Gris. Qué fue lo que tuvo que hacer está reseñado en otras historias, pero en el intento de recuperación había involucrada una escala extensible, varios tornos y poleas, una red mágica, y un pequeño empujoncito por parte de Reorx.

»Baste decir que el gnomo capturó la Gema Gris apresándola en la red mágica mientras Lunitari estaba al otro lado del mundo.

»-Es justo lo que necesito -dijo el gnomo, mirando la piedra con admiración-, para dar potencia a mi cuchilla rotatoria, combinación de cortador de encurtidos y recortador de barbas. -El gnomo estaba a punto de poner la gema en su invento cuando apareció Reorx bajo el disfraz de un colega gnomo y la exigió para si mismo.

»Los dos pelearon y, durante la trifulca, la Gema Gris se escabulló de la red y escapó.

»Ésta fue la primera indicación de que la Gema Gris era algo más de lo que Reorx, Lunitari, el gnomo o cualquier otro habían imaginado.

»Reorx contempló, pasmado, cómo la joya se alejaba por el aire. Fue en su persecución (al igual que el gnomo y una multitud de parientes suyos), pero ninguno fue capaz de capturarla. La Gema Gris campó por sus respetos por todo Krynn, causando estragos a su paso. Alteró animales y plantas, afectó a la ejecución de conjuros de los hechiceros, y se convirtió en un considerable fastidio.

»Para entonces, todos los dioses conocían la existencia de la Gema Gris. Paladine y Takhisis estaban furiosos con Reorx por haberla forjado sin consultarlos primero. Chislev, avergonzada, admitió su participación en el asunto, e implicó a Hiddukel, que se encogió de hombros y se echó a reír escandalosamente.

»Su complot había funcionado. En lugar de reforzar el equilibrio. La Gema Gris lo había desestabilizado aún más. Los elfos estaban planeando declarar la guerra a los humanos; los humanos se preparaban para combatir contra los elfos; y los ogros estaban ansiosos por pelear con todos los contendientes.

»Para no extenderme demasiado con esta historia, me referiré al humano llamado Gargath, que se las ingenió para capturar a la Gema Gris. La retuvo en su castillo con diversos artilugios mágicos. (O eso pensó él. Mi opinión es que la piedra le permitió que la capturara, ya que ningún tipo de magia humana que yo conozca podría retenerla por mucho tiempo.)

»Los gnomos, que habían ido tras la Gema Gris durante décadas, pusieron cerco al castillo de Gargath. Tuvieron éxito (accidentalmente) en abrir brecha en las murallas. Los gnomos irrumpieron como una tromba en el patio de armas y alzaron sus anhelantes manos hacia la joya. Un grupo de gnomos exigía que se partiera la piedra allí y en ese mismo momento, pues sentían una gran curiosidad por saber qué había dentro. El otro grupo de gnomos quería cogerla y llevarla de vuelta a su morad y guardarla por su valor.

»Una brillante luz gris iluminó el patio cegando a todo el mundo. Cuando recobraron la vista, los dos grupos de gnomos se enzarzaron en una pelea. Pero lo más asombroso es que los gnomos ya no eran gnomos. El poder de la Gema Gris los había cambiado, convirtiendo en enanos a aquellos que codiciaban la piedra por su riqueza, y en kenders a los que la querían por simple curiosidad.

»Los gnomos que se habían que dado fuera de las murallas del castillo trabajando en su último invento -la ballesta giratoria de multitud de disparos, conocida como Ballesta Gatlinga en honor de su inverntor, Tornillo Flojo Gatling- resultaron inmunes a los efectos de la luz mágica de la Gema Gris. Dedujeron que se debía a los candelabros quemadores de aceite, que estaban pensados para iluminar el campo de batalla de noche y que habían sido instalados en un globo hinchado con gas tal propósito; el gas se producía por una nueva técnica demasiado compleja para describirla aquí, pero para la que se requería zumo de limón, tenazas metálicas y agua. Aquellos que sobrevivieron a la subsiguiente explosión, continuaron siendo gnomos.

»La Gema Gris desapareció por el horizonte. Desde entonces, Reorx y otros han hecho varios intentos de capturarla. La Gema Gris dejaba que las personas la cogieran, las utilizaba para sus propósitos, o quizá para divertirse, y después, cuando se cansaba del jueguecito, los liberaba y la Gema Gris “escapaba”.

»Pero ahora los irdas la tenemos en nuestro poder. Somos los primeros que la hemos sometido a nuestra voluntad… o eso afirma el Dictaminador…

El Protector, año 377 d.C.

http://mundosdekrynn2.iespana.es/paginas/mitos.html

Mitología – HISTORIA DE KRYNN

Mayo 17, 2008

Mitología

ICONOCRONOS DE ASTINUS DE PALANTHAS

(HISTORIA DE KRYNN)


Astinus de Palanthas, célebre cronista, pasó varios años compendiando leyendas y relatos referentes a la antigua historia de Krynn, a partir de los cuales creó la famosa colección de pergaminos titulada

Iconocronos.

Nota: Para descripciones más detalladas y cronología completa, ver Historia de Krynn


Creación del Mundo

Antes del amanecer de los tiempos, reinaba el Caos más absoluto.
Luego surgieron los dioses del más allá, generando el Bien, el Mal y la Neutralidad.
Reorx, el Forjador, golpeó con su hacha el seno del Caos. Este último aminoró su marcha, y las chispas que despidió la herramienta se transformaron en estrellas. Acto seguido, los dioses dieron vida a los espíritus de todas las razas que habrían de poblar los nuevos mundos nacidos en la Gran Fragua. Tales espíritus eran, pues, los hijos de las divinidades.
Los dioses empezaron a diisputarse a sus criaturas. Los del Bien querían encauzarlas hacia las sendas del probidad y compartir con ellas el dominio del universo. Los del Mal pretendían exclavizarlas a fin de que acatasen todas sus órdenes. Los de la Neutralidad deseaban establecer un equilibrio: conceder a los nuevos seres libertad para elegir si preferían servir a la bondad o, por el contrario, a la perversión.
Fue así como la Guerra de Todos los Santos asoló los cielos. Los dioses benéficos y neutrales aunaron esfuerzos para evitar la victoria definitiva de los malignos.
El Dios Supremo habló desde esferas ignotas, y puso término al conflicto al decretar la igualdad de oportunidades. Las divinidades del Bien, del Mal y la Neutralidad fueron autorizadas a otorgar cada una un don a los recién concebidos entes.
Los paladines benignos dieron a los espíritus existencia y formas corporales. De este modo, las criaturas obtuvieron el control del mundo material y pudieron asemejarse más a los dioses. Los creadores del Bien confiaban en que sus vástagos fomentarían la paz y el orden en su reino terrenal, y los condujeron por los caminos de la Luz.
Las fuerzas de la maldad dictaminaron que los seres físicos padecieran hambre y sed, y que tendrían que trabajar para satisfacer sus necesidades. Su esperanza era subyugar a las razas a través de las privaciones y el sufrimiento.
Los dioses neutrales infundieron en sus hijos el libre albedrío, de tal suerte que pudieran escoger entre el Bien y el Mal. Así quedaba preservado el equilibrio.
Por último, las divinidades dieron forma al país de Krynn como lugar de residencia de su progenie. El Supremo determinó que cada uno optara por su propio curso de acción en la vida. La etapa común sería la muerte, punto de tránsito entre Krynn y la siguiente fase existencial.


Las Razas

A partir de los espíritus se crearon numerosas razas. La primera fue la de los elfos, favorecidos por los dioses bondadosos. Los elfos moldean el mundo y poseen una magia benigna que doblega la naturaleza a su voluntad. Su longevidad sobrepasa a la de todos sus hermanos y, aunque cambian las cosas, ellos mismos apenas experimentan alteraciones.
La raza humana cuenta con la protección de las divinidades de la Neutralidad, pero también los dioses del Bien y los del Mal codician sus almas. Son criaturas capaces de elegir libremente entre la Luz y las Sombras. Su breve paso por la tierra suele consumirse en una lucha incesante para conseguir poder y sabiduría. Son ágiles de pensamiento y obra, aunque a menudo no calibran suficientemente las consecuencias de sus actos. En definitava, los humanos mueven el mundo.
Los ogros son la etnia favorita de los dioses malévolos. Al principio constituían la más bella de todas las razas, pero sólo se ocupaban de saciar sus apetitos. Eran esclavos de sus propios anhelos, y hasta su hermosura fue devorada por sus desmedidos instintos. Se trata de un pueblo egoista y cruel, que se recrea inflingiendo dolor y penalidades a los más débiles.
El Dios Supremo creó una cuarta clase de seres: los animales. Los modeló con una mezcla equilibrada de bondad, maldad y neutralidad, y los hizo nacer del mundo mismo. Los dragones son los reyes del reino animal. Al igual que las demás criaturas, poseen la suficiente autodeterminación para alistarse en las filas de la divinidad que elijan.


Era de los Sueños

La Era de los Sueños fue la primera de Krynn. Está difuminada en mitos y poemas, y poco se sabe a ciencia cierta de los días inaugurales del mundo.
La era se inición con la creación del universo y concluyó allí donde arranca la historia registrada, hace un par de milenios. La crónica más completa de aquellos tiempos es la que se encuentra en la Antología de Canciones, recolección del bardo Quevalin Sath.
En tan remota época se fundó el primer reino de los elfos, Silvanesti, y se emprendió la edificación de Kal-thax, gran capital de los enanos.
Los Dragones del Mal personificaban por entonces las fuerzas oscuras, guerreando contra las otras razas para someterlas. Fueron innumerables y crudas las batallas de aquellas centurias, si bien los reptiles siempre fueron derrotados.
La tragedia se cebó en todas las razas. La fraticida Guerra de Kinslayer que libraron elfos y humanos se prologó cincuenta años antes de que se negociara la paz. El tratado denominado “de la Vaina de Espada” zanjó la contienda , mas un gran número de elfos hubieron de abandonar Silvanesti en busca de nuevos hogares, viajando al Oeste y fundando la nación de Qualinesti.
El imperio humano de Ergoth fue el más importante de la Era de los Sueños. Basado en ideales de concordia y justicia, degeneró en algo corrupto y represivo. Vinas Solamnus, adalid de la guardia imperial, se dirigió hacia el oeste al frente de un ejército para sofocar una rebelión, pero descubrió que ésta era justificada. Se pasó al bando que debía combatir, y comando a las huestes que liberaron los estados orientales de Ergoth. Creó la hermandad de los Caballeros de Solamnia con el propósito de salvaguardar la libertad del pueblo.
Ergoth se dividió en estados independientes, de los que nacieron las naciones de Istar, Solamnia y Goodlund.. Los Caballeros de Solamnia gobernaron con equidad durante varios siglos, y la paz se consolidó en sus tierras.
Al proclamarse la Tercera Guerra de los Dragones, el equilibrio de Krynn se vió gravemente amenazado. La inestabilidad duró casi tres siglos.

Huma Dragonbane, Caballero de Solamnia, estudió con un hombre santo y oró a los dioses para que lo ampararan. Su búsqueda de auxilio lo llevó a remotos confines. En uno de sus viajes conoció a una hembra de Dragón Plateado en su forma humana, quien se enamoró de él. La mujer-reptil reveló a Huma el secreto de la Dragonlance. Paladine, el mayor de los dioses, bajó a la tierra metamorfoseado en mortal a fin de socorrer al caballero. Éste pudo desterrar a los dragones y se enfrentó a Takhisis, Reina de la Oscuridad, provisto de la nueva arma. Sus enemigos hubieron de replegarse en las Tinieblas.
Así terminó la Tercera Guerra de los Dragones y, con el exilio de tales criaturas, se clausuró la Era de los Sueños.


Era del Poder

Fue esta la “edad de oro” de Krynn. Se prolongó algo menos de mil años, un largo periodo en el que florecieron la gloria, la paz y los logros de toda índole.
Tras el destierro de los dragones, los ogros, privados de sus potentes aliados, sobreestimaron sus posibilidades y atacaron a los enanos de Kal-thax. Las guerras que siguieron duraron un centenar de años, y concluyeron con la total rendición de los ogros y su esclavización por las otras razas. Aunque algunas bandas de renegados se refugiaron en las montañas y asaltaron esporádicamente distintos villorrios, la raza de los ogros se extinguió como nación.
Ergoth, debilitado por su distribución fragmentaria, declinó como estado predominante. Ocupó su puesto Istar, que pasó a ser el poder político central en Ansalon.
Los estados independientes de los Kenders se anexaron a Istar por el pacto de “Kendermeld”. Silvanesti se ligaba a su vez a Istar por el tratado de Elfmeld. Bajo las presiones de los territorios vecinos, el reino enanil de Kal-thax firmó la alianza de Dwarfmeld. Y, al fin, Solamnia y Ergoth se avinieron a las condiciones del Greatmeld. El imperio de Istar, autor de la unificación, formó el primer gobierno soberano de Ansalon.
En efecto, había triunfado la gloria de una gran urbe. Se pronosticaba un futuro ilimitado de bienestar. Las hordas de la perversidad parecían haber sido desarticuladas a perpetuidad: no había dragones, y los ogros no eran más que títeres y servidores. En el año 959 de la Era del Poder, el Príncipe de los Sacerdotes de Istar resolvió borrar de sus dominios los postreros vestigios de maldad invocando a uno de los dioses para que lo secundara en su proyecto…
Y sobrevino el Cataclismo.


El Cataclismo

Los dioses se encolerizaron por la arrogancia del Príncipe, de la misma manera que se enfurece un padre por el comportamiento díscolo de sus hijos. Con frecuencia las divinidades ayudan a los mortales, pero hay que abordarlas haciendo gala de humildad, sin petulancia. Los creadores decidieron dar una lección al pueblo de Krynn, ya que es deber del padre corregir la conducta caprichosa del vástago.
La ira de los dioses se materializó en una montaña ignea, que fue arrojada desde el cielo para destruir la ciudad de Istar. Cambió la faz de la tierra. Crecieron nuevas cordilleras, a la vez que el llano se hundía en el mar. Así castigaron los hacedores a sus presuntuosas criaturas, en la confianza de que éstas volverían a los senderos de la rectitud.
Pero los pobladores de Krynn no comprendieron el mensaje de las deidades. No se detuvieron a reflexionar que era su orgullo el causante de la catástrofe; tan sólo vieron en ella una demostración gratuita de cólera. Sintiéndose abandonados, los habitantes de todo el continente dejaron de adorar a los dioses verdaderos y reverenciaron a otros falsos. Se levantaron ídolos y se derrumbaron otros. Incluso los antes ennoblecidos Caballeros de Solamnia cayeron en desgracia, porque no podían invertir los efectos del cataclismo.
El caos se enseñoreó de Krynn en los sombríos años posteriores a la hecatombe. Los enanos de Thorbardín, recriminando el suceso a los humanos y demás etnias, cerraron a piedra y lodo las puertas de su reino hasta contra sus congéneres afincados en el exterior. El mago llamado Fistandantilus (o Raistlin), el más poderoso de su tiempo, capitaneó un ejército de hombres y Enanos de las Colinas en la que se conocería como Guerra de Dwarfgate. Al quedar patente su derrota, el hechicero formuló un sortilegio tan destructivo que ambos bandos se desintegraron.
Se sellaron pues las puertas de Thorbardín, e incluso su emplazamiento se desdibujó en la transformada región. También los elfos abolieron cualquier contacto con la humanidad, y Silvanesti y Qualinesti se aislaron herméticamente de todos los extranjeros, salvo de unos pocos.
Fueron años de desesperanza y confusión. Era mejor reverenciar a un dios falso que a ninguno, por lo que salieron de la nada una gran diversidad de credos. Se difundió entre las gentes del llano la costumbre de adorar a los antepasados. Los eruditos de Haven y Solace fundaron el movimiento de los Buscadores, que en sus inicios propugnó la búsqueda de las viejas verdades, o al menos de alguna novedosa pero susceptible de funcionar. Con el tiempo, la escuela intelectual degeneró en una facción política, la Teocracia de los Buscadores, que tomó fuerte arraigo en Abanasinia. Sus cabecillas adoptaron cultos a dioses nuevos y descartaron la búsqueda de lo auténtico.
La pobreza era ahora moneda de curso legal, ya que las fortunas de épocas pasadas fueron sepultadas bajo los escombros del Cataclismo. El oro, metal precioso por excelencia, resultaba demasiado corriente e inútil para la vida cotidiana. El acero, en cambio, alcanzó un valor inmenso en la mayor parte de Ansalon, dada su variedad de aplicaciones prácticas. Pronto las monedas de este material se hicieron esenciales en las transacciones del comercio.
Los elfos aún recordaban el ya lejano pasado, pero las frágiles memorias de los humanos hicieron que el viejo mundo se sumiera en el olvido pocas generaciones más tarde. Se creía que los dragones eran simple mitos, forjados únicamente para asustar a los niños. La idea de que los clérigos pudieran invocar encantamientos era tildada de blasfemia entre los adeptos a la Teocracia de los Buscadores. Por proferir tal “herejía”, más de uno fue encarcelado y hasta quemado en la hoguera.
Despacio, Krynn se recobró del Cataclismo, si bien la noticia de un mal peor empezó a divulgarse por todas las latitudes. En el norte, unos guerreros estaban conquistando la demarcación de la antigua Istar. un ejército se ponía de nuevo en marcha. Las fuerzas rotas, diseminadas, de los hombres y mujeres del continente no ofrecían digna oposición a las misteriosas hordas que se aliaban a los provocadores.
Los norteños averiguaron sin tardanza la horrible verdad: los que instigaban al levantamiento tenían a su lado a hordas de pesadilla. ¡Los dragones habían regresado!


Dragones de Krynn

Los dragones no habían hecho acto de presencia en Krynn a lo largo de más de mil años, desde el término de la Era de los Sueños. De hecho, los moradores de los reinos, a excepción de sabios y hechiceros, estaban convencidos de que tales animales eran meros personajes de cuentos infantiles.
El origen de los reptiles se remonta a la creación misma del universa. Sus cuerpos no dimanaron de las estrellas, como los de humanos y elfos, sino de la quintaesencia del mundo. Por consiguiente, los dragones son la energía vital de Krynn hecha carne y escamas.
Estos colosos, según sus inclinaciones y al igual que las otras razas superiores, se alinearon con las fuerzas del Bien, el Mal o la Neutralidad.
Durante la Era de los Sueños se desataron tres Guerras de los Dragones. En el transcurso de la tercera, a un joven Caballero de Solamnia llamado Huma se le reveló el enigma de la Dragonlance. Montado en un Dragón Plateado, Huma batalló en el aire contra los reptiles malignos. Como desenlace, sus contrincantes fueron abatidos y los otros, los del Bien y la Neutralidad, se retiraron a fin de mantener el equilibrio del universo.
Después del Cataclismo, los rumores acerca del retorno de los dragones no cesaron de aumentar. Los gobernantes del pais acabaron por admitir que el mito se había hecho realidad, y que los terroríficos reptiles alados estaban de regreso.
¿Qué provocó la vuelta de los dragones? Nadie podía decirlo. Las bestias parecían estar al servicio de los ya mencionados guerreros, los apodados “Señores de los Dragones”. Se ignoraba cómo habían adquirido estos últimos el derecho a sus servicios, mas de lo que cabía duda era de que entre unos y otros configuraban el contingente más impresionante que marchara nunca sobre el continente de Ansalon.


Dioses de Krynn

Se narra en el relato de la creación que los dioses vinieron de más allá de las fuentes del Caos, durante la Era del Nacimiento de las Estrellas, para fraguar el Universo. Su origen es ignoto, aunque se supone que procedían de otra esfera existencial. Algunos de los eventos del citado Nacimiento han sido desvirtuados por la leyenda, sobre todo después del Cataclismo, cuando el conocimiento de las divinidades auténticas se esfumó de las mentes de Krynn.
Toda la información contenida en este apartado fue entresacada de los Discos de Mishakal, que hallaron los compañeros de la posada en las ruinas de Xaq Tsaroth. Cualquier criatura que lea los discos con la devoción apropiada puede llegar a ser un sacerdote de virtudes mágicas. Los clérigos de Krynn lucen en su pecho un Medallón de la Fé, en el que figura grabado el símbolo de su divinidad. Tales medallones poseen un don: se duplican automáticamente en cuanto se ordena un nuevo sacerdote. La réplica del talismán ostenta el emblema del dios que venera este miembro, coincida o no con el del original.
Nadie, salvo los mismos hacedores, conocen sus auténticos nombres, que desde luego no comunican a los mortales. Los apelativos que les damos (véase Dioses de Krynn) son los de uso más generalizado en los años ulteriores a las Guerras de la Dragonlance entre las diferentes culturas del continente de Ansalon . Huelga añadir que la lista no es exhaustiva.
Que se sepa, existen veintiún dioses en Krynn: siete del Bien, otros tantos del Mal y la Neutralidad. Todos ellos están representados en la bóveda celeste. Seis bondadosos y seis malignos forman alo zodíaco, mientras que el mismo número de divinidades neutrales están simbolizadas por estrellas errantes. Los tres restantes -patronos de la magia Blanca, Negra y Roja- tienen su manifestación visible en las tres lunas que trazan su órbita sobre el mundo.

http://mundosdekrynn2.iespana.es/paginas/mitos.html

Mitología – Dioses de Krynn

Mayo 17, 2008

Mitología – Dioses de Krynn


Sumo DiosCaos, Padre de Todo,

Otros nombres: Caos, Padre y Madre de Todo y Nada
Género: Masculino y femenino
Plano natal: Desconocido
Símbolo: Desconocido
Colores: Desconocido
Ámbito de influencia: Todas las energías creativas y destructivas, los poderes de los auténticos nombres y auténticas formas, justicia, y los antojos del azar.
Avatar del Sumo Dios: Ninguno conocido
Las canciones de la creación hablan del Uno, el Sumo Dios, que vino del más allá. El Sumo Dios vino cuando todo estaba vacío, cuando no había ni Krynn ni ningún sol, luna o estrella. Entonces fue cuando el Sumo Dios cruzó una puerta desde distantes mundos. Hallándose solo en este nuevo lugar, el Sumo Dios decidió crear otros dioses más débiles. Acerca de cómo fueron creados esos dioses no hay nada seguro. Algunas canciones relatan que el Sumo Dios abrió una puerta en su corazón para dejar salir los dioses del más allá. Otros dicen que el Sumo Dios trajo con él otros dioses más toscos y los modeló como un hombre talla un palo de madera. Otros aun afirman que los dioses brotaron de las pasiones del Sumo Dios: amor, odio, alegría, miedo, satisfacción, rabia, y así. Todas las historias están de acuerdo, sin embargo, en que el Sumo Dios es madre y padre de todos los otros dioses.
En la Universidad de Palanthus, traducciones de los recientemente descubiertos Discos de Mishakal indican que el Sumo Dios fue el arquitecto jefe de Krynn. Mirando al vacío, el Sumo Dios tuvo una visión de un mundo justo y hermoso, no un mundo totalmente bueno, pero un mundo hermoso de todos modos. Entonces, reuniendo a los demás dioses, el Sumo Dios los puso a trabajar en la tarea de formar todas las cosas. Reorx forjó la enorme esfera girante, mientras los otros dioses modelaban las maravillosas complejidades del mundo, todo ello de acuerdo con el plan del Sumo Dios. Una vez completado el mundo, el Sumo Dios estaba cansado. Retirándose de Krynn, el Sumo Dios dejó la creación a cargo de otros tres dioses: Paladine del Bien, Takhisis del Mal y Gilean de la Neutralidad. En la actualidad el Sumo Dios se limita a observar esos tres pilares de la creación, contento con permanecer retirado.
La mayoría de las historias están de acuerdo en que el Padre/Madre de Todo existe y contempla los acontecimientos de Krynn, pero pocos mortales, si hay alguno, adoran a este distante y silencioso creador.
Algunos teólogos creen que los propios dioses rinden homenaje al Padre/Madre de Todo. Abundan nuevas historias y leyendas relativas a la naturaleza y destino del Sumo Dios, a medida que la gente de Krynn se vuelve de nuevo a las cosas invisibles.


Dioses del Bien



Paladine, Lord del Dragón
Otros nombres: Padre de Platino (Dragones), Paladín de Draco (Ergoth), Espada Celeste (Goodlund), Lord de los Dragones (Mithas), E’li (Silvanesti), Thak el Martillo (Thorbardin), Bah’Mut (Istar), el Gran Dragón (Solamnia), Guerrero Valiente (Solace), Fizban (en su apariencia humana).
Género: Masculino

Plano natal: Los Siete Cielos

Símbolo: Triángulo de Plata, y también el Pino (Silvanesti) y el Yunque (Thorbardin)
Colores: Plata, blanco.
Ámbito de influencia: Gobierno y tutela, orden, esperanza, luz.

Tradicionalmente la constelación de este dios guarda la Puerta de las Almas, obstaculizando a los reptiles el regreso al plano de la vida.
Paladine es Padre del Bien y Maestro de la Ley. Habla por los dioses del Bien, y los acaudilla no mediante la restricción sino por el ejemplo y el ánimo. Paladine defiende las leyes del Bien, y ayuda a la legalidad y a la abjuración del Mal.
Durante la Era de los Sueños, Paladine condujo a los dioses en la creación. Antes de que se hiciera nada, Paladine y Takhisis infundieron a la furia cruda del caos forma y finalidad. Así crearon las primeras cosas materiales, los dragones. Takhisis, celosa de que las primeras creaciones no fueran enteramente suyas, corrompió a los dragones cromáticos para hacerlos malvados. Paladine reemplazó sus hijos caídos con los dragones buenos metálicos, pero el acto corruptor de Takhisis inició la grieta entre el Bien y el Mal.
Luego Takhisis intentó dominar a los recién creados espíritus-estrella. la grieta se amplió a un cañón. Paladine, en justa furia, desencadenó la Guerra de Todos los Santos contra los dioses del Mal. la guerra terminó con ambos bandos heridos, pero el campo de batalla, Krynn, quedó destruido casi por completo. Paladine, entristecido por la devastación, juró no volver a hacer nunca más la guerra sobre el mundo.
Y así, Paladine aprendió la necesidad de ser sutil en este conflicto con los dioses del Mal. Trabajando a través de sus adoradores antes que en persona, Paladine pudo traer un lento cambio sin poner en peligro la débil materia de la creación. Paladine aconsejó a los otros dioses del Bien que hicieran lo mismo, y eso hacen.
En una de las horas más oscuras de la historia, sin embargo, cuando Takhisis gravitaba sobre el mundo como una plaga ineludible, Paladine se dio cuenta de que necesitaba un arma más poderosa en la lucha por el Bien. Uniéndose a sus hijos Kiri-Jolith – dios de la guerra, la gloria, el honor y el deber- y Habbakuk -dios de la armonía y la naturaleza-, Paladine creó los Caballeros de Solamnia. Éstos eligieron al héroe humano de la libertad, Vinas Solamnus, para establecer la orden de caballería, basándose en los ideales de verdad, justicia y honor. Los Caballeros de Solamnia demostraron ser un arma lo suficientemente buena como para desbaratar los planes del Mal durante más de un milenio. Luego, en los prolegómenos de la Tercera Guerra de los Dragones, Paladine afiló el borde de su arma revelando el secreto de la lanza de Dragón.
Muchas leyendas sugieren que Huma, el héroe de la Lanza de Dragón que consiguió extraer un juramento de la propia Reina de la Oscuridad en persona, era el avatar de Paladine. Esto es falso. Huma era realmente un mortal, que actuaba quizá bajo guía divina, pero seguía siendo un mortal. Debido a que el sacrificio que cambió la historia de este simple hombre es difícil de aceptar, muchos prefieren considerarlo divino antes que aspirar a este dorado ejemplo.
Hoy en día, Paladine es honrado por todas las órdenes de los Caballeros de Solamnia. Es el patrón de la Orden de la Rosa.
La constelación de Paladine protege la constelación de Gilean (el Libro del Conocimiento). Según la tradición, la constelación de Paladine ocupa su posición debido a que la verdad y el conocimiento son armas esenciales para combatir el Mal. Durante la Guerra de la lanza, las constelaciones de Paladine y Takhisis desaparecieron ambas de los cielos, una advertencia a la gente de Krynn. Una vez la Reina Oscura fue derrotada y expulsada, las constelaciones regresaron a sus correspondientes posiciones en los cielos.
En el Cataclismo, Paladine y su orden, desilusionados por la gente arrogante y ligados por los conjuros del rey sacerdote, cesaron su intervención en el mundo. A lo largo de 60 días, permitieron que el Mal cabalgara sin control por el mundo. Durante este tiempo, las lágrimas de Paladine resplandecieron brillantes en el cielo nocturno.
Desde entonces, Paladine ha vuelto su mano al agotador e incesante trabajo de guiar a los inconstantes mortales. Paladine gobierna desde el Domo de la Creación, que rodea los cielos. Esas tierras etéreas son infinitas y hermosas.

Motivaciones: A partir de la devastación de la Guerra de la lanza, Paladine tiene dos metas principales: mantener a Takhisis en su destierro y traer de nuevo la luz y la esperanza a las abrumadas naciones de Krynn. Incluso en la pausa que siguió a la guerra, Paladine ha regresado ocasionalmente en forma de avatar para espolear la obra del Bien.

Avatares de Paladine: Tras los días oscuros del Cataclismo, Paladine volvió a entrar en el mundo en la forma del perplejo y viejo hechicero Fizban el Fabuloso.
Fizban encarna las habilidades mágicas de Paladine. Vaga por el mundo como un mago senil que olvida conjuros, ¡e incluso su propio nombre ! . Desventura tras desventura se acumulan en torno al aturdido Fizban pero, al final, cada error se une con todos los demás errores para formar una sorprendente victoria. La auténtica naturaleza de Fizban es un misterio: ¿es un auténtico creyente tocado por la divinidad, un cascarón creado en memoria de un adorador favorito, o simplemente un conducto para la voz del dios? Esta ontología importa poco a los dragones, sin embargo, porque instintivamente captan la presencia divina y muestran deferencia.
Como gran dios, Paladine puede mantener muchos avatares a la vez. Una forma es un sacerdote de perpetua sonrisa, grueso y duro de oído, que ve lo mejor en todo. Afortunadamente, en su presencia, todo se decanta siempre hacia lo mejor. También toma la forma de un viejo luchador con un dragón en su cresta. En esta forma, lleva un bigote solámnico y no lleva barba. Pese a su pelo que empieza a desaparecer y sus crujientes articulaciones, sigue siendo juvenilmente ágil e intuitivo cuando surge la necesidad. Mortífero en la batalla, es aún más hábil como hombre de estado, y arrastra a las multitudes con sus elocuentes discursos.

Sacerdotes: Los sacerdotes de Paladine mantienen la ley del Bien en sus pensamientos, palabras y acciones. No se acobardan ante los malvados, sin embargo, confiando en que el autodestructivo Mal enseñe sus propias lecciones.

Mishakal, la Sanadora
Otros nombres: Ka-mel-sha, Sanadora del Hogar (Tarsis), Mesalax (Thorbardin), Meshal (muro de Hielo), Mishas (Ergoth), Quenesti Pah (Silvanesti), Quen (Qualinesti), Señora de los Cielos (Goodlund), Dama Azul (Balifor, Hylo), Emperatriz (Mithas), Portadora de Luz, Traedora de Luz (Solamnia).
Género: Femenino

Plano natal: Elysium

Símbolo: Signo Azul del Infinito

Colores: Azul cielo.
Ámbito de Influencia: Curación, sabiduría, fertilidad, conocimiento, vida, belleza, bendición.

Mishakal se halla presente en casi todas las civilizaciones de Krynn. Entre la mayoría de la gente buena de Krynn, Mishakal es adorada como la “Curadora”. En los días pre-Cataclismo, era la más reverenciada de los dioses dispensadores, con muchos templos que enseñaban el arte de curar. Casi cada comunidad en Ansalón tenía un sacerdote de Mishakal para atender la salud de la población y, en días recientes, el nuevo clero de Mishakal está trabajando para renovar esta costumbre.
Antes del Cataclismo, Mishakal era conocida primariamente como la “Curadora”, pero en la Guerra de la lanza ganó otros apelativos: “Traedora de Luz”, “Portadora de Luz” y “Quen Illumini”. Esos nombres reflejan el hecho de que fue Mishakal quien reveló los auténticos dioses a un mundo en la oscuridad. Los legendarios Discos de Mishakal, un conjunto de discos de platino grabados con el conocimiento de los dioses buenos, llevó esta revelación en forma tangible al pueblo de Krynn. Desde entonces, su sacerdocio ha crecido comprensiblemente.
Mishakal es la esposa y consejera de Paladine. La pareja tiene dos hijos gemelos, Habbakuk y Kiri Jolith, así como un tercero y más joven llamado Solinari.

Motivaciones: Mishakal, como Paladine, se manifestó durante la Guerra de la Lanza. Desea sólo curar las tierras heridas y reclutar sacerdotes compasivos para convertirlos en nuevos sanadores. Esas actividades pusieron a Mishakal y sus seguidores en directo conflicto con Morgion y sus fieles. Mishakal desea devolver a su sacerdocio su gloria pre-Cataclismo, cuando cada asentamiento tenía un sacerdote de Mishakal.

Avatares de Mishakal: Mishakal aparece casi siempre como una hermosa mujer de una excelente salud y condición física. Su piel sin mácula irradia una luz dorada a menos que desee disfrazarse. Aunque haya amortiguado su radiación, su latente poder profundiza a menudo los azules naturales de los objetos a su alrededor: flores azules, lagos azules, ojos azules y así. lleva una túnica y no reviste armadura ni porta armas, excepto su resplandeciente vara de cristal azul. Aunque esta forma es su favorita, ocasionalmente ocupa avatares enormemente distintos.

Sacerdotes: Un sacerdote de Mishakal busca a aquellos que están enfermos y los cura. Aunque algunos sacerdotes cobran un precio nominal por sus conjuros de curación, Mishakal exige que sus sacerdotes no cobren excesivamente o nieguen la curación a aquellos que no puedan permitirse pagar el precio.


Majere, Maestro de la Mente
Otros nombres: Manthus (Ergoth), Mantis de la Rosa (Qualinesti), Matheri (Silvanesti), Nadir el Procurador de Sueños (Mithas).
Género: Masculino y femenino

Plano natal: Elysium

Símbolo: Araña de Cobre, y también Rosa Solitaria (Qualinesti, Silvanesti) y Mantis (Solamnia)
Colores: Cobrizo, rojo
Ámbitos de influencia: Meditación, control, fe, piedad, inspiración.

Majere es el dios protector de los monjes. Se afirma que provee a sus fieles de símbolos, los cuales, al dibujarse en tierra, se transforman en insectos y luchan en favor de su amo. Majere es el dios de la organización, la industria y el control, así como de la meditación, la fe y los sueños. Majere crea e inspira las artes marciales y todas las disciplinas que conducen a una honesta confrontación con uno mismo. Los adoradores de Majere buscan vidas sencillas, desprovistas de trampas lujosas pero llenas con meditación, autodisciplina y profundos pensamientos.
Majere trabajó mano a mano con Paladine en la creación y población de Krynn. Según algunos eruditos, la mejor creación de Majere son los insectos de Krynn, que emulan la discreta gracia, introspectiva complejidad e incesante industria del tranquilo dios. Como dijo en una ocasión Astinus: “Cada uno de los insectos de Majere es una elegante complejidad de patas y armadura que ninguna máquina gnómica podrá jamás igualar”.

Motivaciones: Majere es el amigo de Paladine, y no se halla “en competencia” con él. Tan sólo busca vivir una vida sencilla de lealtad, fe y piedad. Desea seguidores que hagan lo mismo.

Avatares de Majere: En Krynn, este tranquilo dios toma dos formas. La primera es la de una hermosa mujer ciega. Pese a su juventud y encanto, la oráculo es totalmente calva. Tiene unos rasgos delicados, una nariz larga y ligeramente curvada y labios llenos. Majere asume también la forma de un hombre anciano, igualmente calvo. Su encorvado cuerpo está envuelto en una túnica de arpillera y no lleva ninguna arma. En esta forma, la perpetua sonrisa de serenidad de Majere pone nerviosos a aquellos que no son sinceros consigo mismos.

Sacerdotes: Los sacerdotes de Majere no deben retener más del 10% de cualquier riqueza ganada o hallada. Siguen una forma de vida sencilla, buscando visiones y contemplando cada acto y palabra antes de proceder. Los sacerdotes de Majere promueven la fe, la piedad y la lealtad a través del ejemplo. La única indulgencia permitida a los sacerdotes de Majere es la persecución de un empeño artístico.

Kiri-Jolith, Espada de Justicia
Otros nombres: Corij (Ergoth), Kijo la Hoja (Thorbardin), Jolith (Kharolis), Qu’an el Guerrero (Uligan), Emperador (Mithas).
Género: Masculino
Plano natal: Paraísos gemelos

Símbolos: Cuerno de bisonte, y también Hacha Guerrera con Apéndices Córneos (Thorbardin, Kharolis),
Colores: Marrón, blanco
Ámbitos de influencia: Guerra y contienda armada, batalla, valor y heroísmo.

Kiri-Jolith es un dios guerrero, pero no sanguinario. Es el elegido por los paladines y luchadores de causas justas. Su constelación amenaza a la de la Reina de la Oscuridad en el cielo nocturno. Kiri Jolith es el dios de la gloria, del honor, la obediencia, la justicia y la guerra con un fin justo.
Kiri Jolith es el hijo mayor de Paladine y Mishakal, aunque precedió a su hermano gemelo Habbakuk por unos simples momentos. Los gemelos y Paladine se aparecieron ante Vinas Solamnus y le inspiraron formar los Caballeros de Solamnia. Éste lo hizo, creando una orden para seguir las enseñanzas de cada uno de los tres dioses. Kiri Jolith es el patrón de la Orden de la Espada.

Motivaciones: Kiri Jolith, hijo de Paladine, es mucho más agresivo que su padre. Como dios de la guerra del Bien, busca reconstruir la base de su poder para contrarrestar futuras amenazas de la Reina Oscura. Ve a los draconianos y a los dragones cromáticos como terribles amenazas. Kiri Jolith recluta activamente para los Caballeros de Solamnia, buscando guerreros con valor, heroísmo, auto-sacrificio y obediencia. Los sacerdotes de Kiri Jolith persiguen el Mal y lanzan agresivamente la batalla contra él.

Avatares de Kiri Jolith: Lo más común es que Kiri Jolith adopte la forma avatar de un Caballero de Solamnia, resplandeciente en su hermosa armadura de placas. A menudo lleva una pesada lanza de jinete a la batalla, un arma que tiene un cierto parecido a la famosa DragonLance. Ocasionalmente, Kiri Jolith toma la forma avatar de un enorme minotauro con un hacha de batalla.

Sacerdotes: Los sacerdotes de Kiri Jolith deben usar poderes concedidos para combatir legal y honorablemente el Mal. Kiri Jolith prohibe el uso de poderes para beneficiar sólo al sacerdocio. Si un sacerdote o paladín de Kiri Jolith se halla en un grupo que se retira, ese personaje debe ser el último en retirarse, cubriendo la escapatoria del grupo. La cobardía es una blasfemia entre los adoradores de Kiri Jolith. Los ofensores necesitan una expiación y una búsqueda para volver a la gracia de su dios.

Habbakuk, el Rey Pescador
Otros Nombres: Fénix Azul (Ergoth, Silvanesti, Qualinesti), Señor de los Cielos (Goodlund, Balifor), Lord del Mar (Mithas).
Género: Masculino

Plano natal: Felices Terrenos de Caza

Símbolo: Pájaro Azul, y también Fénix Azul (Ergoth).
Colores: Azul intenso, blanco.
Ámbito de influencia: El reino animal y el mar, creación, pasión.

Habbakuk creó y gobierna todas las criaturas de tierra firme y del mar. Guardabosques y marineros lo reverencian especialmente. Hizo las criaturas a su imagen, y él es tan feral y despiadado como ellas. De todos modos, en el furioso ciclo de predador y presa reside una armonía natural que también encarna a Habbakuk. Así, es tan fiero como un león cuando se enfrenta con el Mal, y tan inocente como un cervatillo cuando trata con el Bien. No es necesario decir que Habbakuk es tan temido como amado. Puesto que representa el eterno ciclo de la naturaleza, Habbakuk se ha convertido en un símbolo de la vida eterna más allá del mundo.
Hijo de Paladine y de Mishakal, Habbakuk es el hermano menor de Kiri Jolith. Junto con su hermano y su padre, Habbakuk estableció los Caballeros de Solamnia, creando la Orden de la Corona.

Motivaciones:
Habbakuk, como hijo de Paladine y hermano gemelo de Kiri Jolith, desea curar las cicatrices de Ansalón, e intenta invertir el daño causado durante la Guerra de la lanza. Habbakuk busca específicamente reclamar el hogar Silvanesti. Con este fin, trabaja con los dioses neutrales de la naturaleza.
Puesto que Habbakuk fundó los Caballeros de la Corona, sus búsquedas ayudan a menudo a la naturaleza. Además, Habbakuk trabaja para mantener a raya a la maligna Reina Marina Zeboim.

Avatares de Habbakuk: Ocasionalmente Habbakuk aparece como un gran pájaro azul o un fénix que arde con llamas azules. En el mar, Habbakuk adopta la forma de un gigantesco delfín azul. Supuestamente ha tomado muchas otras formas, incluido un tejón, un elfo salvaje, un serio pero listo kender, un alto guardabosques con revuelto pelo negro y ojos intensamente azules, un nervudo druida de pelo y barba blancos y muchas otras criaturas. En esos disfraces, el color aparece de forma típica en el color o las ropas de la criatura.

Sacerdotes: Los sacerdotes de Habbakuk protegen ferozmente la naturaleza de aquellos que pretenden destruirla o despojarla. En muchos aspectos, los sacerdotes de Habbakuk se parecen a los druidas paganos que también rinden homenaje a este dios. Una vez durante su vida, un sacerdote de Habbakuk debe abandonar caminos y comunidad y vagar por las tierras, sin llevarse nada consigo excepto un bastón y las ropas que viste. Este tiempo purifica al sacerdote y enseña los auténticos caminos de la naturaleza y de Habbakuk. El tiempo termina cuando el sacerdote o bien ha hecho un gran servicio a Habbakuk (normalmente protegiendo o restaurando la naturaleza de alguna terrible amenaza) o Habbakuk le envía una señal.

Branchala, el Rey Bardo
Otros nombres: Maestro Cantor (Goodlund), Astra (Qualinesti), Astarin (Silvanesti), Bran (Ergoth), Jardinero (Mithas), Bardilun (Thorbardin).
Género: Masculino

Plano natal: Gladsheim

Símbolo: Lira de Bardo, y también Flauta (Goodlund, Qualinesti, Silvanesti).
Colores: Amarillo, verde.
Ámbito de influencia: Elfos, kenders, bosques, belleza y música.

Branchala se aparece en una forma afín al pueblo que visita. Su predominio es francamente ostensible entre elfos y kenders. El Rey Bardo Branchala es el dios de la música. Compañero de Habbakuk desde el inicio del tiempo, Branchala imbuyó a las primeras criaturas de Krynn con la lírica y la indomada melodía de su alma inmortal.
La música de Branchala es la canción de todas las almas vivas. Sus melodías evocan una innegable pasión en todos los oyentes. la música de Branchala mora hasta cierta extensión en cada criatura de Krynn. Algunos incluso dicen que todos los corazones laten al compás de las misteriosas melodías.

Motivaciones: Branchala busca cantantes y narradores de historias para que difundan la noticia de las victorias conseguidas por los Héroes de la lanza. Branchala espera reparar los espíritus heridos de la gente de Ansalón, animándola a reconstruir su mundo. Todavía queda mucho por hacer.

Avatares de Branchala: Los avatares de Branchala adoptan la forma de la gente a la que están visitando. Cuando elige mezclarse con los mortales, empaña su divino resplandor. De esta forma puede unirse a las festividades sin provocar embarazosas adulaciones.
Los avatares de Branchala muestran infaliblemente alguna asociación con el bosque. Aparece como un leñador, un guardabosques, un bardo de los grandes bosques, o incluso un druida pagano…. cualquier disfraz asociado con los árboles.

Sacerdotes: Los sacerdotes de Branchala deben componer una canción, escribir un poema o crear una danza una vez cada estación. Una vez durante la vida del sacerdote, debe crear una obra maestra dedicada a Branchala. Esta obra maestra debe tomar años para ser creada y representa el summum de la habilidad del bardo. Puede ser una canción, un poema, una danza, una obra de arte, una broma pesada o un relato.

Solinari, Mano Poderosa
Otro nombres: Solin (Ergoth), Ojo Blanco (Goodlund, Balifor), Ojo de Dios (Thorbardin), Disco de Marfil (Hylo), Faro (Mithas).
Género: Masculino

Plano natal: Siete Cielos (inicialmente), Frontera Etérea (actualmente)

Símbolo: Esfera o círculo blanco.
Colores: Blanco plateado.
Ámbito de influencia: Magia blanca.

Solinari es la luna blanca de Krynn. La influencia de la magia benigna sufre altibajos según su posición en la bóveda celeste. Solinari, tercer hijo de Paladine y Mishakal, es el dios de la magia buena. Solinari ama profundamente a Krynn y le ha concedido su magia buena para que custodie la tierra. Estableció la orden de la Túnica Blanca para administrar la magia buena.
Como los demás dioses de la magia, Solinari decidió permanecer cerca de Krynn, residiendo en el plano Etéreo cerca de su símbolo, la luna de plata. Ya no tiene un plano natal.

Motivaciones: La pasión de Solinari por la magia permanece sin disminuir con el paso del tiempo. Ahora busca traer un gran flujo de magos de valía a la Túnica Blanca. Trabaja con Lunitari para fortalecer la presencia de la magia en Ansalón. Los seguidores de Solinari buscan bibliotecas perdidas, bóvedas con tesoros y cualquier ruina que pueda contener libros de conjuros u objetos mágicos.

Avatares de Solinari: Puesto que Solinari está más cerca de Krynn que de los dioses no mágicos, raras veces adopta su forma de avatar. De todos modos, cuando debe intervenir directamente, aparece como un anciano hechicero vestido de blanco. Al contrario que Fizban (avatar de Paladine), el avatar de Solinari tiene un intelecto lúcido, lleno de perspicacia y recursos. Emprende con entusiasmo cualquier conversación sobre magia, aunque sus balbuceos se vuelven a menudo demasiado frenéticos y crípticos como para ser descifrados.

Sacerdotes: Para convertirse en un sacerdote de Solinari, un aspirante debe convertirse primero en un hechicero de Túnica Blanca. Más adelante, el hechicero debe buscar un sacerdote de Solinari para que le inicie en el sacerdocio.


Dioses del Mal



Takhisis, Reina de la Oscuridad
Otros nombres: Reina de los Dragones (Istar, Silvanesti, Ergoth), Tii’Mhut (Istar), la de las Mil Caras (Hylo), Mai-tat (Tarsis), Nilat la Corruptora (Muro de Hielo), Tamex el Falso Metal (Thorbardin), Takhisis (ejércitos de los Dragones), Lady Caos (Mithas), Lady Oscura (ogros), Mwarg (hobgoblins).
Género: Femenino

Plano natal: Primer plano de los Reinos Infernales (Nueve infiernos)

Símbolo: Media Luna Negra.
Colores: Negro y negro iridiscente.
Ámbito de influencia: Dragones del Mal, noche, intriga, caos, tinieblas y odio.

La Reina de los Dragones es adorada por los Señores de los Dragones, los draconianos y sus aliados humanos. Ni siquiera los locos o los niños pronuncian el nombre de Takhisis a la ligera. Su nombre evoca oscuridad, destrucción y muerte. Envuelta en sombras y odio, sólo desea la dominación y la esclavización de Krynn y su gente.
En la Era de los Sueños, Takhisis era la compañera y consorte de Paladine. Los dos dioses eran iguales en todos los aspectos. Pero cuando forjaron los primeros seres de la creación, los dragones construidos del caos, Takhisis se sintió celosa. Deseó ser el único primer creador; deseó que las primeras criaturas llevaran su sello. Y maquinó una forma de conseguirlo. La naciente Reina Oscura corrompió los dragones, drenó la nobleza de su sangre e instaló en su lugar salvaje furia. Paladine se sintió profundamente agraviado, un pesar que complació a su amante. Con la perversión de esas primeras creaciones, Takhisis dividió para siempre las familias de dioses.
Abandonó a Paladine y se unió a Sargonnas, dios de la furia y la venganza. Tuvieron dos descendientes: Nuitari, dios de la magia negra, y Zeboim, diosa del mar y las tormentas. La pasión entre Takhisis y Sargonnas ha sido intensa y volátil, y ha vacilado entre la lujuria insaciable y el rencoroso odio. Takhisis dio a luz otro hijo, Artha, semidiosa de la lujuria y la codicia desatadas. Aunque originalmente se creyó que era fruto de una relación pasajera con Chemosh, Artha era en realidad hija de Hiddukel enmascarado como Chemosh.
Pero tales alianzas no distrajeron a Takhisis de su meta definitiva: la dominación. A continuación dirigió su atención a los espíritus estrella, y deseó convertirlos en peones para las mortíferas guerras que planeaba contra los otros dioses. Al descubrir sus planes, los otros dioses se negaron. El resultado fue la Guerra de Todos los Santos. La guerra terminó en unas tablas y Takhisis, furiosa de no poder apoderarse de los espíritus estrella, derramó sobre ellos la debilidad, la enfermedad y la muerte.
No ha pasado ni un solo momento ociosa desde entonces. Todas tres Guerras de los Dragones empezaron como consecuencia de sus maniobras para conseguir el poder. Entre esas guerras, derramó incontables plagas e insensatas matanzas. Seguramente hubieran caído peores catástrofes sobre el mundo si Huma no hubiera usado la DragonLance. Alejar a Takhisis de Krynn y exiliarla a los Nueve Infiernos. Junto con ella, los dragones, tanto malvados como buenos, se hundieron profundamente en el suelo y durmieron. Pronto vivieron sólo en las historias y leyendas.
La Reina de la Oscuridad edificó su hogar en Avernus, la primera capa de los Reinos Infernales. Su dominio era Abthalom, las Extensiones Inferiores. Durante su reinado, Abthalom estuvo en un estado de constante flujo, reflejando los tempestuosos humores de su ama. Mientras aguardaba una posibilidad de escapar, torturaba los espíritus de la gente muerta consignados a vivir en los Nueve Infiernos a causa de su maldad.
Finalmente, el orgullo del rey sacerdote proporcionó a Takhisis un medio de escapar. Usando la vanidad del rey sacerdote como las cuerdas de una marioneta, gobernó Istar a través de él. Durante un glorioso y horrible siglo, Takhisis extendió su poder desde Istar hasta las cuatro esquinas de Ansalón. Finalmente, los demás dioses no pudieron soportarlo más. Así llegó el Cataclismo.
El Cataclismo casi destruyó Ansalón y todo Krynn, un resultado que a Takhisis le importaba poco. Peor aún, en realidad se benefició del Cataclismo. Cuando cayó la montaña, arrastró el Templo del rey sacerdote hacia abajo, hasta las Extensiones Inferiores. Entonces, usando la conexión innata del Templo con Krynn, Takhisis forjó una puerta de regreso a Krynn. Al regresar, anuló la expulsión de Huma.
Desde entonces, los ejércitos del Mal de Takhisis se han ido amasando, y sus retorcidos planes no han dejado de avanzar. En la actualidad es adorada por los Altos Señores de los Dragones, los ogros, las razas goblins, los ejércitos draconianos y algunos humanos despreciables.

Motivaciones: Takhisis no acepta fácilmente la derrota. Aún espera someter todo Krynn bajo su tiranía. Se da cuenta de que dragones y draconianos no serán echados fácilmente de Ansalón. Aún controlan muchas tierras y son capaces y dispuestos a luchar. Lo que Takhisis necesita ahora es un grupo de poderosos lugartenientes para reemplazar las pérdidas como Kitiara y lord Soth. También busca los huevos de los dragones buenos, para crear draconianos más poderosos. Finalmente, para llenar sus disminuidos rangos, Takhisis ha lanzado una campaña de seducción y tentación, ofreciendo gran poder a cambio de obediencia. Algunos dicen que Chemosh le ha proporcionado incluso muertos vivientes especialmente retorcidos que devolver a Ansalón bajo nuevos cuerpos. Aunque Paladine es su enemigo desde hace mucho tiempo, Kiri Jolith es quien le causa mayor preocupación. Ha ordenado a todos sus seguidores que maten a los adoradores de Kiri Jolith y profanen sus templos apenas los vean.

Avatares de Takhisis: Takhisis puede adoptar cualquier forma, pero sus dos favoritas son un dragón cromático de cinco cabezas y una hermosa tentadora de raza humana o élfica. Los rumores afirman que también adopta las formas avatares de una serpiente gigante y cualquier criatura con muchas cabezas como una hidra o un leviatán.
Durante tres milenios después de la victoria de Huma y también después de que el Consejo de la Piedra Blanca hubiera terminado la Guerra de la lanza, el avatar de Takhisis fue barrido de Ansalón. Aun así, puede actuar a través de agentes y descendientes, trabajando para abrir una puerta para su regreso. Puede hacer saber su voluntad en sueños y a través de agentes, aunque estos últimos suelen morir inmediatamente después de completar el mensaje.

Sacerdotes: Los sacerdotes de Takhisis sirven como ojos y oídos de su ama, alertas a cualquier oportunidad de hacer progresar las ambiciones de su diosa. Los sacerdotes se ocupan también de sus planes de sabotear el poder de cualquier otro dios distinto a Takhisis. Las directrices primordiales de la Reina Oscura a sus sacerdotes son usar los deseos de los seres de alineamiento bueno para esclavizarles y para destruir o robar los huevos de los dragones buenos. Cada sacerdote de Takhisis debe prestar un juramento de absoluta obediencia. Aquellos que quebranten este juramento reciben una muerte lenta y dolorosa, seguida por una eternidad de condenación.

Sargonnas, Venganza Oscura
Otros nombres: Argon (Istar, Ergoth), El Incendiario (Hylo), Misal-Lasim (Tarsis), Gonnas el Obstinado (Muro de Hielo), Sargonnas el Quebrantador (Thorbardin), Kinthalas (Silvanesti), Kinis (Qualinesti), Destructor (Mithas).
Género: Masculino
Plano natal: Gehenna
Símbolos: Cóndor cobrizo estilizado, y también puño enrojecido (Thorbardin, Istar)
Ámbito de influencia: Desiertos, volcanes, venganza, destrucción, intriga y fuego.

Poco se sabe del consorte de Takhisis. Quizá la Reina de la Oscuridad arroje sombras intencionales sobre él. Así, Takhisis lo mantiene oscuro, poco adorado y no amenazador. O quizás el propio Sargonnas haya tejido a su alrededor la oscuridad. Es el meditabundo y a veces explosivo dios de la venganza, la rabia, los desiertos y los volcanes. Sargonnas encarna la pasión destructiva del fuego. Su mayor aliado, Takhisis, es también su mayor enemigo, y rutinariamente hace planes a favor y en contra de su Reina.

Motivaciones: Sargonnas, el consorte de Takhisis, se siente furioso por la infidelidad de la Reina Oscura. Ha empezado a filtrar planes de Takhisis que interesan a las potencias neutrales y buenas. También envía a sus seguidores a destruir templos de otros dioses malvados y chantajear a los sacerdotes para que sigan a Sargonnas. El objetivo final de Sargonnas es la ascendencia por encima de su consorte.

Avatares de Sargonnas: Sargonnas prefiere la forma de un cóndor rojo con una suave y atractiva voz. También aparece como un elemental de fuego de lava con una rugiente voz que suena como el rugir de un horno enano. Ocasionalmente, toma la forma de un luchador humano, kender o minotauro, pero se muestra reacio a hacerlo.

Sacerdotes: Los sacerdotes de Sargonnas deben buscar activamente venganza por los males que el mundo ha cometido contra Sargonnas (incluida la ignorancia de su existencia), así como cualquier mal sufrido personalmente por el sacerdote. Los sacerdotes actúan también para llevar a cabo los retorcidos planes de su dios.


Morgion, Viento Negro
Otros nombres: H’rar (Ergoth, Istar), Gormion (Tarsis), Morgi (Muro de Hielo), Morgax el Señor de la Herrumbre (Thorbardin), Dios de la Putrefacción (Solamnia), Pestilencia (Mithas), Anthrax el Lord Macho Cabrío (hobgoblins).
Género: Masculino y femenino
Plano natal: Hades
Símbolo: Capucha con dos Ojos Rojos, y también Hacha Invertida (Thorbardin) y Pata de Rata (Hylo)
Ámbito de influencia: Enfermedad, epidemias, podredumbre, descomposición, debilidad y complot.

Los adeptos a Morgion se reúnen en sombríos lugares de culto, y guardan en estricto secreto todas sus malignas actividades. Morgion, rey de la enfermedad y de la descomposición, rechaza la compañía de los otros dioses y no discute sus planes con ellos. Morgion medita a solas en una torre de bronce al borde del Abismo, manteniendo sus pensamientos en secreto de todos excepto de sus esbirros leales. Aquellos lo bastante desafortunados como para encontrarse con este repulsivo dios ven un semipodrido cadáver humanoide ni masculino ni femenino cubierto con una cabeza de macho cabrío. El secreto es el modo de actuar de Morgion, con una desconfianza que rivaliza la de Sargonnas.

Motivaciones: Morgion se esfuerza por difundir las epidemias y la enfermedad en la estela de la Guerra de la lanza. Sabotea activamente los intentos de los sacerdotes de Mishakal siempre que le es posible. Para esta tarea necesita más sacerdotes, y los busca diligentemente entre los enanos oscuros y las otras criaturas subterráneas.

Avatares de Morgion: Morgion tiene dos avatares favoritos: una gruesa y rodante nube negra con dos resplandecientes ojos rojos, y una sacerdotisa o ejecutora llevando una capucha y un velo negros. Morgion habla con un ronco susurro. Cada día a partir de entonces, la víctima sufre otros ld20 puntos de daño por podredumbre hasta la muerte o el lanzamiento con éxito de un conjuro de curar o curar enfermedad. Estos conjuros no restablecen los puntos de golpe perdidos; tan sólo detienen el progreso de la enfermedad. Conjuros subsiguientes y descanso restablecen normalmente los puntos.

Sacerdotes: Los sacerdotes de Morgion se reúnen en secreto y en lugares oscuros para adorar y planear sus actos malignos. Efectúan un juramento mortal de mantener sus doctrinas y sus actos secretos; poco se sabe de ellos fuera de su orden.

Chemosh, Lord de la Muerte
Otros nombres: Aeleth (Ergoth), Dron de las Profundidades (Tarsis), Chemos Joton (Muro de Hielo), Khemax (Thorbardin), Matavida (Mithas), Orkrust (hobgoblins).
Género: Masculino
Plano natal: Red/Abismo Fiendholme
Símbolos: Calavera Animal Amarilla.
Colores: Negro, amarillo mortecino.
Ámbito de influencia: Todos los muertos vivientes, Nérnesis, devastador.

Los adoradores de Chemosh suelen vestir ropajes negros y cubrirse el rostro con máscaras blancas en forma de calavera. En la Era de los Sueños, Chemosh, lord de los muertos vivientes, fue atraído por Takhisis a Krynn. Necesitaba un lugarteniente para que acaudillara las legiones de muertos.
Como señor de la falsa redención, Chemosh ofrece “vida eterna”: los receptores gastan la inmortalidad en un cuerpo muerto viviente y eternamente corrupto. Chemosh raras veces explica esto cuando hace un pacto con los muertos vivientes malvados. Antes de que puedan reconsiderar las cosas, se hallan convertidos en esbirros de Chemosh.

Motivaciones: Chemosh trabaja muy íntimamente con Takhisis para reclutar líderes muertos vivientes para sus ejércitos en Ansalón. Además, Chemosh incita a los reclutas con falsas promesas de inmortalidad. Busca corromper los héroes potenciales del Bien.

Avatares de Chemosh: Chemosh aparece o bien como un hombre gallardamente apuesto con una túnica negra o como un cadáver envuelto en finas ropas semipodridas. En cualquier aspecto, lleva una pequeña hoz de obsidiana. La hoz dirige siempre a Chemosh hasta el blanco con mayor fuerza vital (es decir, mayor nivel). La auténtica forma de Chemosh es la de un hinchado sátiro con un cráneo de macho cabrío por cabeza.

Sacerdotes: Los sacerdotes de Chemosh llevan máscaras de cráneos blancos y túnicas negras. Reclutan seguidores usando la falsa promesa de inmortalidad de Chemosh. Puesto que los esbirros de Chemosh respaldan su poder, los sacerdotes consideran la destrucción de los muertos vivientes estrictamente tabú. Toman venganza de cualquiera que cometa una.

Zeboim, Mar Tenebroso
Otros nombres: Rann (Ergoth), Zyr (Tarsis), Zebir Jotun (Muro de Hielo), Bhezomiax (Thorbardin), Maelstrom (Mithas)
Género: Femenino
Plano natal: Pandemonium
Símbolo: Concha de Tortuga.
Colores: Verde, rojo.
Ámbito de influencia: El mar, tormentas, tempestades, celos, clima, y los espíritus de las razas marinas.

La traducción de término Zeboim es, tanto en Tarsis como en Ergoth, “Reina de los Mares”. La mayoría de las razas enaniles ignoran la existencia de esta diosa. Para devolverles su ignorancia, Zeboim se deleita haciendo caer a los enanos de los botes y contemplando como sus cuerpos de pesados huesos se hunden hasta el fondo. Zeboim la Reina del Mar es la impetuosa y volátil hija de la Reina Oscura y Sargonnas. Su impredecible temperamento la convierte en un peligroso enemigo y un amigo letal.
Como creadora del mar, las tormentas y el clima, Zeboim recibe peticiones y sacrificios de los hombres de mar que desean buen tiempo y un viaje seguro. Aunque algunos consiguen eludir su furia, otros que la disgustan a causa de algún desliz real o imaginario nunca vuelven a ver el puerto.

Motivaciones: Zeboim nunca ha tenido muchos sacerdotes. Le importa poco cambiar este hecho. Guerrea contra Habbakuk, dios de la vida marina, por el control de los mares. El control de Habbakuk más allá de los mares la vuelve loca de rabia. En consecuencia, Zeboim ofrece recompensas de clima extremadamente favorable a cualquiera que mate a los seguidores de Habbakuk y persiga hasta la extinción a su gente en el mar. Recluta a las razas acuáticas malvadas y a las razas costeras malvadas. Proporciona a sus seguidores la enorme riqueza de las naves perdidas cargadas de tesoros.

Avatares de Zeboim: Aunque Zeboim puede adoptar forma humana, prefiere la forma de una gigantesca tortuga marina con un rostro humano femenino.

Sacerdotes: Zeboim tiene pocos sacerdotes; la mayoría de los seres temen sus caprichos. Aquellos que la honran lo hacen arrojando ofrendas desde los costados de sus barcos. A los pocos auténticos sacerdotes de Zeboim se les requiere que sepan nadar.

Hiddukel, Príncipe de las Mentiras
Otros nombres: Traicionador (Mithas), Usk Do (hobgoblins), Hitax la Grieta (Thorbardin), M’Fistos (Istar).
Género: Masculino
Plano natal: La Red/Abismo Fiendholme

Símbolo: Balanza de mercader Rota.
Colores: Rojo, blanco hueso.
Ámbito de influencia: Prácticas comerciales malvadas, demonios y almas condenadas, codicia, esclavitud, traición.

Hiddukel es un comerciante que trafica con las ánimas. Controla toda la riqueza mundana obtenida por medios fraudulentos, que utiliza para corromper a los ambiciosos. Hiddukel, dios de las riquezas mal conseguidas y los tratos, es el dios patrón de los hombres de negocios malvados y los mercaderes deshonestos. Astuto negociador, Hiddukel comercia con almas vivas. Algunos dicen que Hiddukel puede incluso negociar con Takhisis y salir adelante.
Hiddukel controla toda la riqueza mal conseguida, y la utiliza para corromper a la vez a los hombres honestos y a los codiciosos. Codicia y malicia impulsan todas sus transacciones. Uno de sus tratos dio como resultado la creación de la Piedra Gris, un artefacto que se desencadenó sobre Krynn.

Motivaciones: En el caos económico después de la Guerra de la lanza, Hiddukel trabaja para conseguir una buena presa sobre las economías nacionales. Se opone directamente a Shinare y, en menor extensión, a Reorx. Hiddukel ofrece grandes recompensas a sus seguidores por destruir a los sacerdotes y templos de Shinare. Hiddukel, puesto que no es un gran luchador, teme a Reorx y no se arriesgará a irritarle.

Avatares de Hiddukel: Hiddukel prefiere aparecer como un hombre obeso con fríos ojos como cuentas y una untuosa sonrisa. Envuelve sus abundantes carnes con los más finos brocados, y sus nudillos están repletos de falsas piedras preciosas. Hiddukel evita el combate físico, y confía en los conjuros y en los monstruos guardaespaldas contratados.

Sacerdotes: Los sacerdotes de Hiddukel deben perseguir codiciosamente y alcanzar la riqueza a través de medios deshonestos y (cuando todo lo demás falle) honestos. También deben llevar las ropas más finas disponibles.

Nuitari, Devorador Oscuro
Otros nombres: Merodeador Nocturno (Mithas), Oscuridad (Elian), Mano Negra (Balifor), Impío (Thorbardin).
Género: Masculino
Plano natal: Acheron (inicialmente), Frontera Etérea (actualmente)
Símbolo: Esfera o Círculo Negro.
Colores: Negro.
Ámbito de Influencia: Magia Negra.

Nuitari es la luna negra de Krynn. Sólo saben de su existencia los astrólogos, navegantes, hechiceros y estudiosos de los cielos, ya que no se delimita su contorno más que cuando eclipsa a estrellas y planetas. La influencia de la nigromancia sufre altibajos según su posición en la bóveda celeste. Nuitari, dios de la magia negra, obtuvo su naturaleza malvada de sus padres, Takhisis y Sargonnas. Como los demás dioses de la magia, Nuitari abandonó su plano natal para orbitar Krynn en el plano etéreo. Reside justo más allá de la luna negra que es su símbolo. Esta es la más pequeña de todas las lunas, Nuitari vigila Krynn y fomenta su más grande amor, la magia.
Mientras vagaba por Krynn en forma de avatar, Nuitari fundó la orden de hechicería de la Túnica Negra. Esta orden abraza las creencias de Nuitari de que la magia debería ser algo secreto y codiciado.

Motivaciones: Nuitari, como Solinari y Lunitari, busca incrementar la presencia de la magia en Ansalón. Si no puede reclutar un mago para la oscuridad, puede animarlo a convertirse en un renegado, causando dolores de cabeza a Solinari y Lunitari. Trabaja distantemente con los otros dos dioses de la magia para traer más y mejor magia a Krynn. Pero Nuitari querría que todo fuese magia negra.

Avatares de Nuitari: Nuitari se inclina hacia la forma de un joven tranquilo e intenso con pelo negro cual ala de cuervo y una larga túnica negra. También puede aparecerse como un niño perverso.

Sacerdotes: Para convertirse en un sacerdote de Nuitari, un aspirante debe ser primero un hechicero de Túnica Negra. Más adelante, el hechicero debe buscar entonces a un sacerdote de Nuitari para que le inicie en el sacerdocio.


Dioses de la Neutralidad



Gilean, Vacío
Otros nombres: Gilean el Libro, Viajero Gris, Sabio, Puerta de las Almas.
Género: Masculino
Plano natal: Oposición Concordante
Símbolo: Libro Abierto.
Colores: Gris.
Ámbito de influencia: Conocimiento.

Gilean, patriarca de los dioses neutrales, guarda el libro de todo el conocimiento y los auténticos nombres, el Tobril, que contiene toda la sabiduría acumulada por los dioses. Antes de la creación, el Sumo Dios escribió el Tobril para consignar en él los diseños del universo. Después de la creación, ninguno entre los dioses fue lo bastante de confianza como para guardar el Tobril, porque sus secretos eran más poderosos que los propios dioses. Así, el Sumo Dios buscó por todo Krynn un mortal de confianza, escrutó en las profundidades del tiempo. Y sólo halló un alma de confianza: Gilean, un escriba tan escrupuloso que nunca había escrito un error. El Sumo Dios trajo a Gilean de vuelta al alba de la creación y le confió el Tobril diciéndole: “Lee los pasajes que puedas. Su conocimiento te hará un dios igual a todos los demás. Pero guarda este conocimiento de todos los dioses y mortales, porque el día que otro lo lea, tú deberás morir”. Y así Gilean leyó el Tobril, y lo ha guardado fielmente desde entonces. Pero incluso algunos pasajes se hallan sellados a sus ojos, y sólo pueden ser leídos por el Sumo Dios.
El Sumo Dios hizo a Gilean no sólo el guardián del Tobril, sino también el cabeza de los dioses neutrales en mantener el equilibrio entre las familias del Bien y del Mal. El Sumo Dios escribió este destino para Gilean en las estrellas, colocando su constelación en el cielo nocturno entre la de Paladine y la de Takhisis. Las mantiene separadas a fin de evitar que luchen y destruyan toda la creación.
Gilean reside en el Valle Escondido, un valle de perfección, paz y serenidad que existe en todas partes y en ninguna parte. A veces, fieles devotos de Gilean pueden hallar ese Valle Escondido.

Motivaciones: Aunque Gilean sabe que el Bien ha de ganar la Guerra de la lanza para que Krynn sobreviva, teme que las fuerzas del Bien inclinen demasiado la balanza hacia su lado. La fuerza de los dioses del Bien sobrepasa a veces su sabiduría. El militarista Kiri Jolith demuestra ser una preocupación especial. Gilean está preocupado también por Takhisis que, herida por la derrota, se alzará probablemente muy pronto. Los sacerdotes de Gilean tienen la tarea doblemente difícil de observar ambas facciones extremas, el Bien y el Mal. Gilean busca más adoradores y sacerdotes para que le ayuden a salvaguardar el equilibrio.

Avatares de Gilean: Gilean toma la forma de un erudito de mediana edad cargado de libros, ocupado en un tema en particular y ajeno a todo lo demás. Este avatar masculino o femenino puede aparecer como un humano, elfo, enano o kender. Aunque al parecer absorto en sí mismo, Gilean comprueba astutamente las ideas preconcebidas de la gente con la que se encuentra. Aquellos que aprenden algo de esas comprobaciones ganan un poco del conocimiento secreto o una respuesta a una cuestión turbadora.

Sacerdotes: Los sacerdotes de Gilean sirven en un templo o universidad y buscan insaciablemente el conocimiento. Una vez cada cuatro años, un sacerdote de Gilean debe escribir un largo ensayo relativo a algún tema metafísico o filosófico. Este ensayo, llamado tesis, debe ser presentado al templo o universidad donde sirva el sacerdote. Si se siente complacido con la tesis, Gilean la distribuye mágicamente a las bibliotecas de todos los templos de Gilean en Ansalón. Si no se siente complacido, el sacerdote debe reescribirla. Ningún sacerdote de Gilean puede quemar jamás un libro. Una transgresión así requiere una búsqueda y una expiación por el sacerdote ofensor. Un mes cada año, un sacerdote de Gilean debe servir al público como historiador, consejero, juez o árbitro. Haciendo esto, el sacerdote realiza en la tierra los mismos esfuerzos pacificadores que Gilean realiza en los cielos.

Sirrion, la Llama Ondulante
Otros nombres: Alquimista, Amo del Fuego, Maestro del Fuego, el Hechicero (Mithas).
Género: Masculino o ninguno (feroz energía)
Plano natal: Limbo
Símbolo: Llamas multicolores.
Colores: Rojos y amarillos incandescentes.
Ámbito de influencia: Incendios, hogueras y llamaradas, energía natural, transformación.

Los acólitos de Sirrion manejan el fuego como si fuera arcilla para modelar. Son capaces de hacer auténticas figuras de fuego. Sirrion, dios de la llama creativa y el poder natural, esculpe fuego en hermosas formas. Controla todas las llamas, desde el ardiente sol hasta la más insignificante llama de una vela, canalizando y filtrando el fiero poder en formas útiles. Pero Sirrion no está en absoluto domado; a veces inicia incendios forestales para limpiar una zona de árboles viejos y podridos y permitir que crezca un bosque joven; también quema a los niños que juegan con la llama de una vela, enseñándoles a respetar el fuego. Y aunque desea convertir el fuego en algo útil, aún desea más hacerlo hermoso.
La compañera de Sirrion es Shinare, diosa de la riqueza y el comercio. Se pelean porque Sirrion es temperamental y artista, mientras que Shinare es práctica y oportunista.
Sirrion no posee una constelación fácilmente reconocible, porque su símbolo celestial es su planeta.

Motivaciones: A Sirrion le importan poco los seguidores mortales, aunque la belleza y el poder del fuego atrae a muchos hacia él. Si se da, cuenta de ellos, da la bienvenida a los que acuden sinceramente y rechaza a aquellos que buscan sólo poder. Únicamente cuando su esposa Shinare gana más seguidores (y así más poder) busca activamente sacerdotes Sirrion. Los gnomos en especial aman a Sirrion debido al poder del vapor y de la pólvora negra que les proporciona.

Avatares de Sirrion: Sirrion prefiere aparecer como fuego y augurios de humo o cenizas. Cuando toma una forma de avatar, Sirrion aparece como un hombre alto de llameante pelo, barba y cejas. Lleva una túnica que cambia periódicamente de color, muy a la manera de las llamas. En batalla esgrime una espada en llamas de dos manos que ningún mortal puede tocar. Cualquiera que la toque es atacado por la espada para doble daño; el ataque prosigue hasta que el ofensor muere o deja caer la espada.

Sacerdotes: Los sacerdotes de Sirrion tienen un gran desafío. Deben modelar el fuego en formas hermosas y útiles, sin perder nunca el control y que su poder destructivo sea liberado. Los sacerdotes de Sirrion sirven primariamente a la naturaleza con su manejo del fuego. Ocasionalmente Sirrion garantiza pequeñas bonificaciones a los sacerdotes que contienen un fuego destructor o utilizan el fuego para promover pasiones creativas. También mira favorablemente a aquellos que alteran los planes de industria y comercio de Shinare.


Reorx, el Forjador
Otros nombres: Yunque (Elian), el Maestro de Armas (Mithas), Reorx el Maestro (gnomos), Reorx el Artesano (kender), Dougan Martillo Rojo (en su apariencia de enano).
Género: Masculino
Plano natal: Arcadia
Símbolo: Martillo de Fragua, y también Hacha Guerrera Enanil (Thorbardin) y Mazo (Kharas).
Colores: Gris pizarroso, rojo.
Ámbitos de influencia: Enanos, armas y tecnología.

Los enanos de Ansalón consideran a Reorx (dios de la manufactura, la tecnología y la metalurgia) como el más grande de los dioses. Aunque los humanos ven a Reorx como el rotundo auxiliador de Kiri Jolith, los enanos y gnomos lo pintan como un poderoso enano con brazos muy musculosos gracias a la fragua.
Según todos los mitos de la creación, Reorx domó el caos para forjar el mundo. La mayoría de los relatos admiten también que las estrellas fueron chispas surgidas de su martillo cuando golpeó el caos. La segunda creación más grande de Reorx, la Piedra Gris de Gargath, condujo a la creación de enanos, gnomos y kenders. En consecuencia, son muchos los que consideran al dios fragua como el padre de esas razas.
Reorx no posee una constelación fácilmente reconocible porque su símbolo celestial es un planeta.

Motivaciones: Reorx mantiene fuertes lazos con las razas semihumanas de Krynn. Los enanos son sus principales seguidores, y le siguieron fieles incluso durante el Cataclismo. Debido a su fidelidad, Reorx trabaja duramente para restaurar la gloria de la raza enana. Ha forjado una alianza con Shinare para espolear la industria enana. Reorx trabaja también muy íntimamente con los gnomos manipuladores, a los que inspira algunas de sus más grandes invenciones. Y, pese a sus tendencias dispersas, Reorx ama a los kenders, que fueron creados por la Piedra Gris de Gargath.
Los humanos son otro asunto. Si saben algo de Reorx, es para considerarlo como un personaje cómico. Aun así, Reorx prueba ocasionalmente a los humanos para ver si están dispuestos a regresar a la fe.

Avatares de Reorx: Reorx toma la forma de un poderoso luchador enano, con el martillo mágico siempre a mano. Bajo su muy curtida piel descansan enormes músculos. Su larga barba contiene numerosas trenzas y tiene el color gris-azulado del acero templado. Reorx lleva un único martillo arrojadizo enano (todas las cualidades alcance, daño, etc son dobladas), y un hermoso peto de adamantina. Los enanos ven el avatar como el perfecto luchador enano en todos los aspectos. Reorx puede adoptar también la forma de un herrero de cualquier raza gnómica que vive en una fragua. Independientemente de la forma, lleva siempre un martillo o el símbolo de un martillo.

Sacerdotes: Cada sacerdote de Reorx de nivel superior debe crear un artefacto especial de renombre con sus propias manos. El objeto terminado debe exhibir la más fina artesanía posible del sacerdote. Cuando el sacerdote alcanza dicho nivel, debe anunciar a la comunidad de creyentes qué artefacto creará. A partir de entonces, el sacerdote puede trabajar en el artefacto tanto o tan poco como desee, pero debe terminarlo antes de alcanzar la edad madura (250 años).


Chislev, la Bestia
Otros nombres: Chislev Montaraz (humanos y elfos), La Salvaje (Mithas), la Silvestre.
Género: Femenino (normalmente), masculino (ocasionalmente)
Plano natal: Terrenos Felices de Caza
Símbolos: Pluma de Ave parda, amarilla y verde.
Colores: Marrón, amarillo, Verde.
Ámbito de influencia: La naturaleza, selva, animales.

Chislev es la encarnación de la naturaleza, honrada sobre todo por los bárbaros. Según la leyenda, las estaciones cambian con los cambios de humor de su corazón; su miedo trae el otoño, su desesperación el invierno, su esperanza la primavera y su alegría el verano. Junto con la adoración de los mortales, Chislev recibe las alabanzas de todos los animales del campo; cada hoja de hierba se vuelve hacia ella como hacia el sol. Es servida por los espíritus maestros de cada criatura de Krynn, que anima las estatuas de piedra de los suyos.
Se dice que Chislev y su compañero Zivilyn moran el Zhan, el gran bosque más allá del mundo. Los elfos creen que cuando los elfos de valía se hacen viejos viajan a Zhan para vivir con Chislev y Zivilyn. El amor entre esos dioses llena todo Zhan con una profunda bendición.
Chislev no tiene una constelación fácilmente reconocible debido a que su símbolo celestial es un planeta errante de color amarillo brillante.

Motivaciones: Chislev siente cada herida en la superficie de Krynn. Ella, más que ningún otro dios, trabaja para restaurar la tierra de las secuelas de la Guerra. Desea en especial sanar Silvanesti. Con este fin, sus sacerdotes trabajan en concierto con los de Habbakuk. A medida que la naturaleza es curada, Chislev se vuelve más fuerte. No desea dominar Ansalón, sino dejar que la naturaleza medre de nuevo. Chislev se opone al predominio de la industria y discute la idea de Shinare de que la industria necesita más atención que la naturaleza.

Avatares de Chislev: Normalmente Chislev aparece como una hermosa mujer humana o elfa. En cualquier forma, su pelo brilla como la dorada luz del sol, y sus ropas parecen estar hechas de plantas vivas. Lleva una vara de madera viva. En ocasiones, cuando no desea hablar con nadie, se aparece como un unicornio.

Sacerdotes: El sacerdocio de Chislev consiste en druidas no paganos, que se preocupan por la naturaleza tanto como lo hacen los druidas.


Zivilyn, Árbol de Vida
Otros nombres: Zivilyn Verdeárbol (Qualinost) Árbol del Mundo, Árbol de la Vida (Qualinesti, Silvanesti), el Sabio (Mithas).
Género: Masculino
Plano natal: Todas partes y ninguna parte
Símbolo: Gran Árbol Verde o Dorado, en ocasiones un vallenwood.
Colores: Verde, oro.
Ámbito de influencia: Sabiduría.

Zivilyn, dios de toda sabiduría, es el Árbol de la Vida celestial. Sus ramas y sus raíces se extienden a todos los tiempos y lugares. Del mismo modo que Gilean conserva el conocimiento del universo, Zivilyn ha atesorado el saber de cada uno de los planos existenciales y conserva su sabiduría. No actúa de acuerdo con los dictados de su mente, sino de acuerdo con los de su corazón.
Puesto que la sabiduría es incompleta sin el conocimiento y el conocimiento es incompleto sin la sabiduría, Zivilyn y Gilean trabajan muy íntimamente. Zivilyn es el compañero de Chislev; la mayoría de los mortales ven esta relación como el perfecto matrimonio de armonía y comprensión.
Zivilyn no tiene ninguna constelación fácilmente reconocible debido a que su símbolo celestial es un planeta errante de tonalidad esmeralda iridiscente.

Motivaciones: Zivilyn trabaja con Chislev para restaurar la naturaleza porque ama a Chislev y porque la naturaleza es la cuna de la sabiduría. Desea enseñar a la gente de Krynn una sabiduría que trasciende el Bien y el Mal, una sabiduría no encadenada por ningún orden. Ocasionalmente Zivilyn envía adoradores en busca de bibliotecas y fuentes de sabiduría perdidas, aunque a menudo pide que busquen fa sabiduría por sí mismos.

Avatares de Zivilyn: Zivilyn adopta muy diferentes formas. Algunos lo han visto como un hombre viejo y casi calvo con una larga barba. Aunque de vista aguda, sus ojos parecen dos ventanas gemelas que miran al espacio. Cualquiera que se mire en aquellos ojos averiguará su futuro, incluidas las circunstancias de su muerte. Otros señalan a Zivilyn como un niño profético de piel negra, pelo blanco y ojos de azogue. Recientemente, algunos eruditos han propuesto incluso que el intemporal Astinus de Palanthus es una rama de Zivilyn. Después de todo, Zivilyn puede mantener varios avatares al mismo tiempo, y Astinus puede ser uno de ellos. En cualquier forma, Zivilyn lleva consigo un simple bastón de madera que obedecerá cualquier orden que le dé.

Sacerdotes: Los sacerdotes de Zivilyn se dedican a la sabiduría en pensamiento y obra. Para los sacerdotes, cometer un acto estúpido es peor que cometer un acto malvado.


Shinare, Victoria Alada
Otros nombres: el Alado, La Alada (Silvanesti, Qualinesti), Señor del Oro, Maestro de Plata (Thorbardin), Libertad Andante (Ergoth), Equilibrio de la Balanza (Mithas).
Género: Femenino (generalmente), masculino (para humanos y enanos)
Plano natal: Oposición Concordante
Símbolo: Ala de Grifo.
Colores: Oro, plata, marrón.
Ámbito de influencia: Dinero, riqueza, industria, libertad, poder.

Shinare (diosa de la riqueza, la industria y el comercio) tiene muchos adoradores enanos, porque aprecian su amor hacia la riqueza y la industria. También encuentra muchos seguidores entre los mercaderes, mercenarios y aventureros que buscan beneficios de otras razas. Y toda la gente la considera la campeona de la libertad y el autodestino.
El compañero de Shinare es Sirrion, dios del fuego creativo. Su relación muestra las tensiones de sus personalidades opuestas: Sirrion es temperamental y artístico, mientras que Shinare es tranquila y práctica. De todos modos, por alguna razón que ni ellos comprenden, permanecen juntos.
Shinare no posee una constelación fácilmente reconocible porque su símbolo celestial es su planeta.

Motivaciones: Shinare ve al Ansalón retorcido por la guerra como un lugar que necesita ser reconstruido. Pide a sus adoradores que trabajen duramente en la reconstrucción de su arruinada gloria. Recluta agresivamente seguidores, afirmando que sólo la industria y el progreso pueden salvar Ansalón. Aunque se siente acosada por su caprichoso compañero, Sirrion, Shinare considera que su mayor enemigo es Hiddukel, dios de los negocios corruptos.

Avatares de Shinare: La mayoría de las veces Shinare adopta el disfraz de una rica y robusta matrona o mercader. Lleva ropas caras y joyas, y un cinturón de la más fina plata rodea su cintura. Cuando se aparece a los enanos, toma la forma de un mercader enano, envuelto en ricas ropas y chorreando gemas y metales preciosos. Puesto que los enanos comparten tan completamente sus filosofías, acepta su testaruda insistencia en que es masculino. Preocupaciones tan menores como un género mortal no frenan el camino del progreso. En cualquiera de sus formas, Shinare lleva una maza de plata sólida.

Sacerdotes: Los sacerdotes de Shinare son industriosos. Trabajan duro para amasar riqueza y prestigio, pero no deben ser codiciosos. Su trabajo debe servir a la comunidad en general y deben gastar juiciosamente su dinero en beneficio de todos. Los sacerdotes de Shinare deben vestir con las mejores ropas que puedan permitirse y adornar sus armas con gemas y metales preciosos. Shinare deposita ocasionalmente gemas o metales preciosos en los bolsillos de los sacerdotes que se oponen a los planes de Sirrion. Shinare no busca causar daño a su compañero, sino frenar sus ambiciosos planes. Pero su auténtico enemigo es Hiddukel, falso mercader y pervertidor de contratos.

Lunitari, Doncella Velada
Otros nombres: Luin (Ergoth), Ojo Encendido, Ojo Rojo (Goodlund), Vela Nocturna o Candil de la Noche (Thorbardin), Doncella de Ilusión (Mithas).
Género: Femenino
Plano natal: Limbo (originalmente), Frontera Etérea (actualmente)
Símbolos: Esfera o Círculo Rojo.
Colores: Rojo o magenta.
Ámbito de influencia: Magia neutral y de ilusionistas.

Lunitari, la luna roja, que nació de Gilean y una madre desconocida (algunos sugieren que apareció ya adulta de los pensamientos de su padre), es diosa de la magia neutral y los trucos propios del ilusionismo. La influencia de la neutralidad y la ilusión sufre altibajos según su posición en la bóveda celeste. Fundó la Orden de hechicería de la Túnica Roja para promover la magia neutral. La mayoría de los magos de Krynn abrazan su orden porque les permite practicar la magia sin escrúpulos morales.
Lunitari y Solinari han sido amigos desde hace mucho y trabajan bien juntos. Como los demás dioses de la magia, Lunitari prefiere estar cerca de Krynn para gobernar su orden de magos. El símbolo celeste de Lunitari, la pequeña luna roja, recibe el nombre de “luz hechicera”.

Motivaciones: Lunitari desea traer un renacimiento mágico a Ansalón. Para conseguir esta meta, trabaja íntimamente con Solinari, aunque también promociona con intensidad sus hechiceros de la Túnica Roja.

Avatares de Lunitari: Normalmente Lunitari adopta la forma de una hermosa mujer humana pelirroja envuelta en telas rojas. Tiene una sonrisa astuta y caprichosa. Ocasionalmente, Lunitari envuelve a su avatar en una poderosa ilusión, que puede ser cualquier cosa, desde un draconiano a un gnomo. Lunitari lleva consigo dardos de rubí rojo.

Sacerdotes: Para ser un sacerdote de Lunitari, un aspirante debe convertirse primero en un hechicero de Túnica Roja. Más adelante, el hechicero debe buscar entonces un sacerdote de Lunitari para su iniciación en la Sagrada Orden de las Estrellas.

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MITOS DE LA CREACIÓN (los orígenes de Krynn)

Mayo 17, 2008

MITOS DE LA CREACIÓN

Nota:

En los paganos días que siguieron al Cataclismo, el conocimiento de los auténticos dioses y la auténtica creación de Krynn desapareció del mundo.

Las historias de la creación que sobrevivieron son fragmentarias y se hallan fuertemente teñidas por desviaciones culturales.

Incluso los Discos de Mishakal son enloquecedoramente vagos acerca de la creación.

Relatos como los que siguen proporcionan aún el mejor conocimiento que tenemos de los orígenes de Krynn

Mito silvanesti

«Antes del tiempo y la sustancia no había nada. El Sumo Dios abrió una puerta desde otro lugar y la cruzó al interior del vacío. Pero lo lamentó, porque era un lugar desolado. Y se tendió en el caos como una mujer dormida.

»Entonces Chislev, al que llamamos Naturaleza, y Reorx, al que llamamos Manufactura, cruzaron también la puerta para ver al Sumo Dios tan perturbado. Y Chislev dijo: “Hagamos un mundo, Reorx, para que el Sumo Dios no necesite llorar”. Pesaroso y compasivo, el rotundo Reorx esgrimió su poderoso martillo para forjar el caos en un mundo. Así creó una bola de roca. Pero de todos modos el Sumo Dios no salió de su pesar.

»Chislev descendió para caminar por la enorme y desnuda bola de roca. Era más desolada que el propio caos, y sus ásperas piedras herían sus pies. Allá donde cayeron sus lágrimas se formaron ríos. Allá donde sus pies sangraron brotaron salados océanos. Cuando Chislev vio los ríos y los océanos se alegró. Se echó a reír y saltó y bailó por el mundo. Allá donde rió, hermosas praderas recubrieron la piedra. Allá donde saltó, crecieron bosques. Allá donde bailó, las rocas se amontonaron en enormes montañas.

»Pero el mundo seguía siendo solitario, porque nadie vivía en él. Así que Chislev se agachó y modeló con arcilla todas las criaturas de la tierra, el mar y el aire. Una vez estuvieron todas hechas, se echó a reír ante las pequeñas e inmóviles formas. Al oír su risa, las figuras cobraron vida.

»El tintinear del martillo de Reorx y el sonido de la risa de Chislev despertaron al adormecido Sumo Dios. Él también se echó a reír. El sonido atrajo a todos los demás dioses por la puerta abierta: Paladine y sus seis, Gilean y sus cuatro, y Takhisis y sus seis. Todos se sintieron tan sorprendidos por el nuevo mundo que empezaron a discutir sobre quién lo gobernaría. Irritado por el clamor en los cielos, el Sumo Dios cerró la puerta con fuerza y gritó: “¡Silencio!” Y guardaron silencio.»

Mito enano

«En los días anteriores a la historia y anteriores al mundo, todo era un enorme caos. Enorme e inútil. Y el Sumo Dios estaba desconcertado. Rebuscó en su túnica y extrajo los palos que había traído del otro lugar y empezó a tallarlos. Talló un palo un agradable y recio palo con una expresión grave, pero siguió sin saber qué hacer con el caos. Talló otro. Aún nada. Talló veintiún palos, y al final siguió igual de desconcertado. Así que el Sumo Dios dijo: ‘¿Qué debo hacer con el caos?’

»El palo recio, al que el Sumo Dios llamó Reorx, dijo: “Yo haré un mundo redondo y recio a mi propia imagen”. Un palo flexible llamado Chislev dijo: “Yo haré árboles a mi propia imagen.” Un palo largo y delgado llamado Zeboim dijo: “Yo haré océanos para vivir en ellos”. Un palo deliciosamente tallado llamado Paladine dijo: “Yo haré dragones a mi propia imagen”. Y todos los demás palos expresaron en voz alta lo que harían.

»El Sumo Dios, complacido con todas estas ideas, le pidió al hermoso palo llamado Paladine que creara él primero sus dragones. Paladine lo hizo, agarrando el poder elemental del caos a puñados y formando nobles dragones con tonalidades arco iris. Aunque su creación complació al Sumo Dios, un palo espinoso llamado Takhisis se sintió celosa: deseaba ser el primer creador y que la primera creación llevara su imagen. Así que corrompió a los dragones, volviéndolos malvados a semejanza suya.

»Alterado por la locura que provocó la pelea de Paladine y Takhisis, el Sumo Dios se volvió a Reorx el Forjador para una creación mejor. Reorx retrocedió un poco con su poderoso martillo y golpeó el caos como un herrero golpea el hierro al rojo. Cada golpe provocó chispas en el éter, y cada chispa se convirtió en una estrella. los otros dioses contemplaron maravillados, seguros de que nunca Podrían forjar tales maravillas. El último y poderoso golpe del martillo de Reorx creó Krynn, un gloriosamente lisa y recia bola de hierro.

»El Sumo Dios aplaudió, pero ahora los demás dioses estaban ansiosos por hacer sus creaciones. Se lanzaron sobre el perfecto mundo de Reorx y procedieron a arruinarlo con profundos cortes, altos piegamientos, charcos y lagunas y lagos y océanos. Como si no fuera suficiente insulto, los dioses llenaron el lugar con hierbas, helechos y árboles, y lo infestaron con todo tipo de criaturas retorcientes, aleteantes, arrastrantes, trepantes y volantes.

»La maravillosa creación de simplicidad de Reorx hormigueaba ahora con todo tipo de vida. Reorx dio una poderosa patada contra el suelo, haciendo en su ira que brotara una montaña. Esa montaña recibiría más tarde el nombre de Thorbardín.

»El Sumo Dios tranquilizó a Reorx. “Este mundo es para todos los dioses. Deben aprender a vivir y trabajar juntos. Lamento que tu mundo perfecto haya resultado arruinado pero, ¿ves?, no eres el único que se lamenta`. Y ahí, en un hermoso claro, vieron a Paladine llorando entre las estatuas de sus perdidos dragones. Había modelado una estatua de dragón por cada uno de los dragones de tonalidades arco iris que había perdido. las estatuas estaban hechas de los metales más finos de Krynn: oro, plata, bronce, latón y cobre.

»El Sumo Dios preguntó: “Paladine, ¿no has creado nada más que esas estatuas para mi mundo?”. Paladine volvió sus tristes ojos hacia el Sumo Dios. “Sí, lo siento. Ya no puedo crear nada nuevo. Mi corazón está con mis hijos perdidos”. Reorx sintió compasión por el pobre dios y dijo: “Tu creación será la más grande de todas…. cinco dragones buenos para nuestro mundo”. Y, diciendo esto, golpeó cada estatua de dragón con su martillo. El estremecedor vibrar del martillo aceleró el metal a la vida, y los cinco dragones metálicos alzaron el vuelo sobre el mundo. »

Mito gnómico

«Antes que todo lo demás, había una máquina llamada caos. Era infinitamente grande e infinitamente compleja. Pero ino hacia nada. Tan sólo funcionaba y funcionaba. Reorx, gran dios de la fragua, vio esto y dijo: “Tenemos un fallo en el diseño. Esta máquina no hace nada. Necesitamos realizar algunas mejoras a la máquina…, añadir algunos accesorios de modo que ahorre trabajo y haga la vida más simple”.

»La primera modificación de diseño de Reorx fue poner un gigantesco engranaje en el centro de la máquina. Con su poderoso martillo, golpeó parte de la máquina para forjar el engranaje. las chispas de la fragua volaron hacia arriba y se convirtieron en estrellas para iluminar su trabajo. Al final el engranaje estuvo terminado. Para hacerlo del todo eficiente, lo había hecho no sólo redondo, sino esférico. Todos los engranajes necesitan dientes y canales, así que hizo montañas y valles.

»Por aquel entonces, como ocurre siempre cuando uno inicia un gran proyecto al aire libre, empezó a llover. Irritado, Reorx abrió canales en el engranaje esférico para controlar el fluir del agua. Los canales se convirtieron en ríos. Pronto, Reorx se dio cuenta de que necesitaba algunos tanques de almacenaje para el agua, así que ahuecó las cuencas que ahora llamamos océanos.

»Pero las aguas seguían subiendo. Irritado, Reorx hizo criaturas marinas para que bebieran el agua. Pero el agua no era suficiente para esas criaturas. Empezaron a devorar el engranaje. Así que Reorx hizo plantas para que las criaturas marinas las comieran. Las plantas treparon hasta tierra firme y las criaturas marinas las siguieron. Y así nacieron las flores y los árboles, los animales y los pájaros. Reorx se sintió totalmente irritado, y pensó que debería destruir el engranaje por completo.

»Justo entonces, algunos otros dioses pasaron por allí. “¿En qué estás trabajando, Reorx?”, preguntaron, intentando echar una mirada a su invención. Reorx, avergonzado por su engranaje infestado de plantas y animales, no se lo dejó ver. Dijo: “ Marchaos. No está terminado”. Una diosa taimada llamada Takhisis miró a las estrellas que habían saltado de la fragua y dijo: “No estás usando estas chispas, ¿verdad, Reorx? Son sólo productos residuales, ¿no? Dámelas.” Pero Paladine dijo: “No se las des a ella, sólo las corromperá. Dámelas a mí en vez”.

»Y así surgió una discusión sobre qué dios tendría las chispas de Reorx. Al final, el Sumo Dios pasó por allí y dijo: “Si vais a pelear sobre ellas, sean productos residuales o no, ninguno de vosotros podrá tenerlas. Yo las convertiré en un pueblo para que viva en el hermoso mundo de Reorx. Si queréis, cada una de las familias de dioses, buenos, malvados y neutrales, puede conceder un don a esas criaturas chispa. Pero ninguno podrá controlarlas”.

»Paladine, patriarca de los dioses buenos, dio a los espíritus cuerpos para que pudieran manipular el mundo como hacen los dioses. Takhisis, matriarca de los dioses malvados, dio a los espíritus dolor hambre, sed, enfermedad y muerte, a fin de poder esclavizarlos a través de sus deseos y miedos. Gilean, patriarca de los dioses neutrales, dio a los espíritus libre albedrío a fin de que pudieran elegir libremente entre el Bien y el Mal. Una vez concedidos esos dones, el Sumo Dios puso las razas de Krynn en el mundo.

»El engranaje estaba claramente arruinado. Seguiría girando, pero evidentemente no impulsaría a todo el universo de la forma que Reorx había esperado. Agitó la cabeza y suspiró, deseoso de haber dejado la máquina del caos tranquila. »

Mito Kender

«Había una gran nada llamada Vacío, y en ella una cosa girante llamada Caos. Reorx, que hizo a los enanos pero también nos ama a nosotros, pensó que el Caos era interesante. Lo cogió, tomó prestado un martillo que KiriJolith no estaba usando, y martilleó el Caos hasta formar con él un mundo redondo.

» ”Hummm… Quizá necesite algunas decoraciones.” Tomó su martillo e hizo montañas, colinas y valles. “ Mejor…. pero todo ha quedado tiznado por el martillo. Quizá será mejor que lo lave con esa agua que Zeboim no está usando…”. Y así el mundo redondo tuvo ríos y océanos.

» Luego halló algunas semillas que Chislev había desechado. “Con las semillas que ella ni siquiera quiere, haré crecer algunas flores para ella.” Así, tomó las semillas y las plantó. Al instante brotaron árboles, hierbas, plantas y flores.

» “El mundo tiene cada vez mejor aspecto.” Encontró unos cuantos de los peces de Habbakuk y los arrojó a su océano para impedir que se sofocaran. Reunió una bandada de los pájaros de Sirrion y los situó sobre el mundo para mayor seguridad. Pronto, el mundo de Reorx medraba de vida.

»Los dioses, al ver que las cosas que habían desechado habían sido tan bien utilizadas, se sintieron celosos. Se quejaron a Paladine, que estudió el mundo de Reorx. Dijo: “¿Estáis irritados porque Reorx hizo algo bueno con vuestros desechos? Bien, lo siento por vosotros. De todos modos, las cosas están tan entremezcladas ahí abajo, que no podríais recuperarlas ni aunque lo intentarais”.»

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Quiebra moral en Italia

Mayo 17, 2008

17/5/2008

Quiebra moral en Italia

La opinión del diario se expresa solo en los editoriales. Los artículos exponen posturas personales.

A las proclamas de la coalición liderada por Silvio Berlusconi y al tono xenófobo de la Liga Norte de Bossi se han unido estos días unos cuantos episodios delictivos protagonizados por extranjeros de etnia gitana (en Italia llamados “rom”) que han servido para encender el fuego del odio racial.

El frustrado rapto de un bebé napolitano ha provocado en un barrio marginal de Nápoles una razzia protagonizada por una turba poseída por un irracional afán de limpieza étnica.

Estos hechos han hecho saltar la alarma e incluso el ministro del Interior, el halcón Roberto Maroni, ha declarado que las medidas de choque contra la inmigración ilegal no serán expulsiones en masa.

Sin embargo, estas ya se han iniciado. En Roma no ha sido una turba, sino el alcalde, el que ha lanzado una redada contra un campamento gitano.

El problema de fondo está en saber si el Ejecutivo de Berlusconi respeta la libre circulación de ciudadanos europeos.

La Comisión Europea opina que, “hasta el momento”, Italia no ha violado las leyes comunitarias, pero en ese país se corre el gravísimo riesgo de una violación de los más elementales derechos humanos, alentada por las palabras incendiarias y por una anunciada legislación muy restrictiva que aplaude una población que quiere que se expulse a toda una comunidad y no a unos individuos concretos que hayan delinquido.

Ante esa quiebra moral se oyen pocas voces en contra: entre ellas la del jefe del Estado, Giorgio Napolitano, último garante de la conciencia ética.

La vicepresidenta del Gobierno español, Fernández de la Vega, se desmarcó de la política de expulsiones que no respeta la ley y los derechos. Sorprendentemente, el PP la ha criticado por esto.

Fuente: http://www.elperiodico.com/

Juan Calvino y los falsos dioses

Mayo 17, 2008

Juan Calvino y los falsos dioses

Fuente: Juan Calvino y los falsos dioses

Juan Calvino

«Aquí es donde es apropiado dar un resumen de la doctrina general.

Primero, entonces, permitamosle al lector observar que la Biblia, para dirigirnos al verdadero Dios, distintivamente excluye y rechaza todos los demás dioses de los paganos, porque la religión fue universalmente adulterada en casi todas las épocas.

Es cierto, de hecho, que el nombre de un Dios era conocido por todo el mundo y celebrado. Por aquellos que adoraban a la multitud de dioses, cuando hablaban el genuino lenguaje de la naturaleza, simplemente usaban el nombre de Dios, como si pensaran de un Dios como suficiente.

Y esto es notado por Justino Martir, quien, para el mismo efecto, escribió un tratado, llamado, De la Monarquía de Dios, en el cual muestra, por gran cantidad de evidencia, que la unidad de Dios está tallada en los corazones de todos.

Tertuliano también prueba lo mismo del lenguaje común. Pero como todo, sin excepción, han sido en la vanidad de sus mentes llevados apresuradamente a ficciones mentirosas, estas impresiones, como la unidad de Dios, cualquiera que hayan sido naturalmente, no han tenido más efecto que el de dejar al hombre sin excusa.

Los más sabios descubren los vagajes de sus mentes cuando expresan el deseo de una deidad, y por lo tanto ofrecen oraciones a dioses desconocidos. Por lo tanto, imaginando una multiplicidad en la naturaleza de Dios, a pesar de que sus ideas de Jupiter, Mercurio, Venus, Minerva, y otros, no eran tan absurdos como los vulgares, no eran libres de los engaños del diablo.

Hemos observado en otro lado, que aún pequeñas las evasiones inventadas por folósofos, no pueden escapar el cargo de rebelión, en que todo en ellos ha corrompido la verdad de Dios.

Por esta razón, Habacuc (Hab 2:20), luego de condenar a todos los ídolos, ordena a los hombres a buscar a Dios en Su templo, que los fieles pudieran reconocer nada más que a Él, que se ha manifestado en Su palabra.» [1]

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[1] John Calvin. Institutes of the Christian Religion. i.x.iii

sujetosalaroca.com

Expulsión imparable de evangélicos en Chiapas

Mayo 17, 2008
Expulsión imparable de evangélicos en Chiapas
Viernes 16 de Mayo de 2008
México

Fernando Martínez Aguilar, pastor de la Iglesia presbiteriana, aseguró que en las últimas cuatro décadas los indígenas evangélicos han pagado con su expulsión y desarraigo el profesar una fe distinta a la católica.

México, (El Universal / NoticiaCristiana.com) El crecimiento de las iglesias evangélicas en Chiapas en los últimos 40 años ha costado la expulsión de comunidades indígenas por intolerancia religiosa, así como la creación de un centenar de asentamientos de grupos étnicos desarraigados y lejos de sus lugares de origen, denunciaron dirigentes evangélicos.

Fernando Martínez Aguilar, pastor de la Iglesia presbiteriana, aseguró que en las últimas cuatro décadas los indígenas evangélicos han pagado con su expulsión y desarraigo el profesar una fe distinta a la católica.

Martínez manifestó que a pesar de la creciente expansión evangélica, los cacicazgos locales, los usos y costumbres, y el rechazo de los católicos tradicionalistas, continúan siendo los principales obstáculos de los credos protestantes. En abril pasado fue incendiado un templo adventista en el municipio de Las Margaritas.

Sin embargo, el arzobispo de la Iglesia católica de Chiapas, Rogelio Cabrera López, consideró que la movilidad de sus feligreses hacia otras religiones es parte de la decisión personal y la libertad religiosa que hay en la entidad.

Para el arzobispo, la religión católica es aún mayoría en Chiapas, con 3 de los 4.2 millones de habitantes de la entidad, aunque calificó de preocupante que los católicos busquen otras religiones.

“En los últimos 40 años, la Iglesia católica ha crecido, principalmente en calidad y profundidad de vida cristiana, así como las evangélicas han crecido en cantidad”, dijo.

Según la Iglesia presbiteriana, debido a las expulsiones masivas, al menos un centenar de comunidades indígenas evangélicas fueron creadas en diferentes municipios de la región de Los Altos de Chiapas. “Con visión progresista y cultura de trabajo cristiano, los evangélicos han logrado sobrevivir y progresar fuera de sus poblados de origen”, señaló Martínez.

Cristianismo práctico

Actualmente, en el municipio de Teopisca se encuentran las comunidades evangélicas de Betania, Lluvias de Gracia y Belén. En San Cristóbal de las Casas las colonias La Nueva Esperanza y La Hormiga; en Chanal, el municipio está divido en barrios, de los cuales sobresalen los más progresistas habitados por evangélicos.

De acuerdo con el presbítero evangélico Juan Marcos Hernández, gran parte del municipio de Tenejapa es rico por la influencia positiva del cristianismo práctico.

Marcos Hernández, pastor de la iglesia Getsemaní en Tuxtla Gutiérrez, señaló que el crecimiento del evangelio en Chiapas es mayor y más profundo en las áreas indígenas y rurales. “Ahí está la fuerza religiosa. En algunas comunidades como Tenango, en Ocosingo, la iglesia crece”, aseguró.

http://www.noticiacristiana.com/

¿Tiene Dios un sentido de humor?

Mayo 17, 2008

Proverbios 15:15 “… el corazón alegre tiene un banquete continuo”

Compilado por: Beth Hanna



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Fiesta de té


Un día mi mamá salió y papi estuvo encargado de cuidarnos a mí y a mi hermano de 5 años. Yo tenía más o menos año y medio y estaba recuperándome de una caída en que se fracturó mi brazo. Alguien me había dado un juego de té y era mi juguete favorito. Papi estaba en la sala absorbido viendo las noticias en la TV y mi hermano estaba jugando cerca de él, cuando le traje a mi papi una tacita de “té”, que simplemente era agua.

Después de varias tazas de té y muchos elogios y alabanzas por el té tan delicioso, mi mamá llegó a casa. Mi papi le dijo que esperara en la sala un momento para ver cómo yo le traía una taza de té, porque, él dijo, era la cosa más linda que había visto.

Mi mamá esperó, y allí llegué yo con la taza de té para mi papi. Al observar a papi tomando su té, mamá le dijo, “¿Se te ha ocurrido que el único lugar que puede alcanzar esa bebita para sacar agua es el escusado?”

¿Tiene Dios un sentido de humor? Pues, en mi opinión sí lo tiene. Podemos ver muchas ocasiones en la Biblia cuando hizo o dijo algo que en verdad demuestra un sentido grande de humor. Y en nuestro mundo de hoy, tanto en la naturaleza como en el ser humano, vemos mucho por el cual reírnos. ¡Gracia a Dios! A veces necesitamos de esas risas y carcajadas y Dios nos ayuda a aguantar mucho por ver lo chistoso en algunas situaciones. Veamos aquí unos ejemplos del humor de Dios en nuestro mundo.






www.ObreroFiel.com

COMENTARIOS AL SALMO 8

Mayo 17, 2008


COMENTARIOS AL SALMO 8


2. ¡Señor, Dios nuestro,
qué admirable es tu nombre
en toda la tierra!

Ensalzaste tu majestad sobre los cielos.
3. De la boca de los niños de pecho
has sacado una alabanza contra tus enemigos,
para reprimir al adversario y al rebelde.

4. Cuando contemplo el cielo,
obra de tus dedos,
la luna y las estrellas que has creado,
5. qué es el hombre para que te acuerdes de él;
el ser humano, para darle poder.

6. Lo hiciste poco inferior a los ángeles,
lo coronaste de gloria y dignidad,
7. le diste el mando sobre las obras de tus manos,
todo lo sometiste bajo sus pies.

8. Rebaños de ovejas y toros,
y hasta las bestias del campo,
9. las aves del cielo, los peces del mar,
que trazan sendas por el mar.

10. ¡Señor, Dios nuestro,
qué admirable es tu nombre
en toda la tierra!


1. La Humanidad Santísima de Cristo, maravilla de la Creación

* Para nosotros, cristianos, este salmo, sobre todo situado en sábado, día en que empezamos nuestra celebración semanal de la Pascua, puede ser. muy evocador; con él celebramos al Verbo Creador para concluir con una visión de Cristo Resucitado, coronado de gloria y dignidad (v. 6), segundo Adán. En la Creación actúa ciertamente el amor, pero sobresale el poder. En la restauración -segunda creación- brilla, por encima de todo, el amor. De esta forma el salmo dispone a la celebración ya cercana del Domingo, día en que se inició la creación y alcanzó su cenit la historia de la salvación.

La Liturgia propone el salmo 8 para la Misa de la Solemnidad de la Santísima Trinidad. Nos apoyamos en este uso y por medio de esta exclamación llena de admiración y entusiasmo -que atraviesa el salmo desde su inicio hasta el final-, nos trasladamos a la atmósfera del Paraíso, al momento en el que las criaturas salían luminosas y transparentes de las manos del Creador, como manifestación de su grandeza y bondad272. A lo largo de miles de años, el universo fue el único lenguaje del Dios invisible. Meditemos, pues, en esta estrofa a la luz de otras palabras poéticas de la Liturgia: “A ti, Señor, Padre nuestro, te aclaman cuantas criaturas reúne el plácido jardín del Universo.”273

** La tradición en torno al Salterio nos ayuda a contemplar aquí lo que sería un anuncio de la glorificación mesiánica de Jesús:274 en su entrada triunfal en Jerusalén,275 ante los fariseos -sus adversarios- legitimará el entusiasmo de los niños que le aclaman, invocando precisamente estas palabras: De la boca de los niños de pecho has sacado una alabanza contra tus enemigos (v. 3).

Así pues, el Rey de la gloria entra en su ciudad, montado en un asno, para conquistar a la hija de Sión, figura de su Iglesia, no por la astucia ni por la violencia, sino por la humildad; por eso los súbditos de su Reino son los niños.276

¡Qué fácil resulta simpatizar con ese niño277 -personaje anónimo, pero elocuente-, a quien Jesús abrazó, bendijo e impuso las manos, atraído por la hermosura del alma que veía en él, fruto de la sencillez y de la confianza! “«… quasi modo geniti infantes» (1 Pt 2: 2): como niños recién nacidos… Pensaba que esa invitación de la Iglesia nos viene muy bien a todos los que sentimos la realidad de la filiación divina. Porque nos conviene ser muy recios, muy sólidos, (…) y, sin embargo, delante de Dios, ¡es tan bueno que nos consideremos hijos pequeños!”278.

*** Y desde aquel primer Adán del Paraíso, tras desandar el camino andado por Eva, pasamos a este Hombre del que habla el salmo al exaltar su excelsa grandeza, coronado de gloria y dignidad (v. 6), que es Cristo, ‘novissimus Adam’279. Así nos lo muestra la Liturgia, por medio de una antífona para este salmo en el Tiempo de Pascua.280 Por eso, mientras la Iglesia contempla aquí la gloria y el esplendor del Señor, ‘perfectus Homo’, nosotros repetimos estas palabras del salmo, saboreándolas como un himno de alabanza a Jesús, contemplado en su gloriosa Ascensión al Cielo, en su realeza universal, en el esplendor de su Divinidad281.

Lo que nos atrae en Él es esta unión armoniosa e inefable de lo divino y lo humano. Si su santidad no fuera humanizada, no estaría como adaptada a nosotros; si no fuera divina, no nos arrebataría, no nos divinizaría. Como las madres convierten los alimentos sólidos y sustanciosos en leche para que puedan aprovecharlos los niños -de tal modo que si no fueran sustanciosos no servirían y si no fueran asimilados en forma de leche, no podrían tomarlos-, así, ‘Spiritus Sancti operante virtute’,282 el alimento solidísimo de la Divinidad se hace para nosotros asimilable.283

…………………

272 Gen 1: 1-28.

273 LITURGIA HORARUM, Himno ‘Te Patrem’, Of de lect, Santísima Trinidad: ‘Te Dominum fatentur quotquot amoenus paradisi hortus adunat’ (F. AROCENA, Los himnos de la Liturgia de las Horas, Madrid, 1992, p. 186).

274 P. SALMON OSB, Les ‘Tituli psalmorum’ des manuscrits latins, París, 1959, Serie II (S. Agustín de Cantorbery), 8, p. 81: ‘De … laude infantium qui dicebant hosanna in excelsis’.

275 Mt 21: 14-16.

276 CEC, 559.

277 Mt 18: 2.

278 BEATO JOSEMARIA ESCRIVA DE BALAGUER, Amigos de Dios, Madrid, 1987. n. 142.

279 GS, 22.

280 LITURGIA DE LAS HORAS, ant Laud Sáb 2 y 4 T Pasc: Coronaste de gloria y dignidad a tu Cristo. Aleluya.

281 LITURGIA DE LAS HORAS, ant H Media Ascen., ant Laud Transfiguración.

282 MISSALE ROMANUM, Prex eucharrística III, epíclesis anteconsecr.

283 L.M. MARTINEZ, Jesús, Madrid 1953, p. 191.

FELIX AROCENA
EN ESPÍRITU Y VERDAD, vol. I
Colección Trípode
Edic. EGA. Bilbao-1995.Págs. 126-128


2.

PRIMERA LECTURA: CON ISRAEL

* Este himno a la realeza de Yahveh debía cantarse, (en una fe), en una fiesta nocturna, bajo el encanto de un cielo estrellado, y la transparencia de las noches sin nubes del oriente. Este salmo es la traducción en canción y en oración de la enseñanza o catecismo elemental de la religión de Israel, el Génesis: Un Dios creador de todo, que confía todo al hombre y lo coloca en lo más alto: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza. .. Dominad la tierra y sometedla. . . Os doy todo. ..” (Génesis 1;2)

Llama la atención que este salmo de alabanza a la grandeza de Dios, se transforma a la larga en alabanza a la grandeza del hombre. Ahora bien, Dios lo ha hecho todo: observemos los pronombres personales y posesivos: “Tu nombre… Tu esplendor… Tú opones… Tus dedos… Tú creas… Tú piensas en él… te ocupas de él… Tú lo has querido… Tú lo has establecido… Tus manos… Tú colocas,… Paradójicamente, en un poema en que el hombre es exaltado, ¡Dios es el sujeto de casi todos los verbos!”.

SEGUNDA LECTURA, CON JESÚS H/GRANDEZA:

** Jesús cita explícitamente este salmo para defender, contra los fariseos y los escribas, las gentes sencillas del pueblo que lo aclamaban el día de los ramos: “¿No oyes lo que dicen aquellos?” – Perfectamente, respondió Jesús. ¿No habéis oído jamás el texto que dice: “De la boca de los niños, de los bebés, has hecho brotar una alabanza”? (Mateo 21,16). Para Jesús, la verdadera grandeza del hombre está en los pequeños, en aquellos que aceptan recibir todo con sencillez. Y Jesús insistía en la necesidad de la humildad: “Padre, te bendigo porque ocultaste estas cosas a los sabios y prudentes y las revelaste a los pequeñitos” (Lucas 10,21).

San Pablo cita tres veces este salmo (Hebreos 2,6 – 10; Efesios 1,22; 1 Corintios 15,25-27): “Has puesto todo bajo sus pies”. En cada texto Pablo quiere expresar la maravilla de la resurrección de Jesús como una victoria total sobre la muerte. El Padre Martelet comenta: La promesa de Dios de someter todo al hombre, sería un irrisorio engaño si el hombre continuara vencido por la muerte… En tal caso sería él quien estaría en tierra al pie de todos los vivientes. Ahora bien, solamente el “segundo Adán”, realiza plenamente la promesa hecha al primero: “el hombre a quien todo sometió el Padre” es, Jesucristo. “He aquí el hombre” diría Pilatos,~sin saber hasta qué punto era verdadera su fórmula. Verificamos hasta qué punto los salmos anunciaban a Jesucristo y por qué El los recitó con una intensidad tan especial.

Efectivamente, a cualquiera que se hace la pregunta radical: “¿qué es el hombre? ¿Qué significa su fragilidad ante las inmensidades siderales?”, no se puede contestar sino de esta manera: el hombre es esta “condición” que el Hijo de Dios quiso asumir… ¡”El Verbo se hizo carne… Dios se hizo hombre”! No nos extrañemos, pues, que un salmo, palabra inspirada, cante la “gloria del hombre” cantando “la gloria de Dios”.

TERCERA LECTURA, CON NUESTRO TIEMPO

*** La admiración. A medida que la ciencia nos revela las maravillas del universo, con mayor razón podremos cantar este salmo “Cuando contemplo el cielo, obra de tus manos…” hoy que sabemos que el cosmos es inmensamente grande a “millones de años luz”, ¿dejaremos por ello de maravillarnos?

La infancia. Es uno de los temas favoritos de la literatura contemporánea. Se ha descubierto la frescura y la verdad de los “porqués” de los niños: “¿por qué, papá, alumbra el sol?-porque está ardiendo-. ¿Y por qué está ardiendo…? “Hay un cierto orgullo de adulto que lo hace creer muy fuerte, y que sin embargo se ve desarmado por la sencillez del niño.

El cielo, las estrellas. ¡Todo es igualmente bello! ¡Confesadlo! Dejaos maravillar. Recostaos en una pradera, una bella noche estrellada. Si hay algo evidente, es que esto no lo ha hecho el hombre. Sólo un niño comprende lo que los orgullosos nunca entenderán: “

El firmamento es esta muralla”, esta barrera que el adversario (de Dios) nunca podrá atravesar. Dios no tiene necesidad de defenderse… Ninguno de sus enemigos podrá igualarlo. El cosmos, el mundo sideral, con sus leyes armónicas son suficientes para silenciar las pretensiones ridículas de éstos “picaruelos”, que se creen capaces de rehacer el universo. Nuestros antepasados estaban en lo cierto, cuando “escuchaban cantar a los astros” (Job 38,7 – 11). Sí, escuchad de vez en cuando el canto de las estrellas.

La técnica, el dominio del hombre. En todo ésto no hay contradicción. “Tú has puesto todo bajo sus pies”. Un día por primera vez los cosmonautas caminaron sobre la luna: símbolo de la grandeza del hombre científico que progresivamente domina la naturaleza. Sin embargo ningún poeta del espacio, ningún comunicado de prensa, ningún informe oficial de la NASA, preocupado por elogiar el valor de los técnicos, se ha atrevido a decir del hombre lo que hace ya mucho tiempo el pueblo de Dios dijo de El en el salmo octavo: “Apenas inferior a un dios lo hiciste, coronándolo de gloria y de esplendor; lo hiciste señor de las obras de tus manos…” En tiempo del salmista el hombre que navegaba en pequeñas embarcaciones, “haciendo su camino sobre las aguas”, dominaba ya el mundo por orden de Dios. Hoy, el piloto que despega en su super jet para aterrizar unas horas después en un aeropuerto de otro continente, realiza a veces sin saberlo, el proyecto de Dios. Esto es cierto del investigador que hace avanzar la ciencia, del niño que mira el dibujo que acaba de “crear”, de la abuela que teje un tapiz, de la madre que educa un bebé, del obrero que construye una casa, de todo hombre… que con su trabajo perfecciona un poco la creación.

¿Qué es el hombre? Interrogante muy moderno que Pascal replantea. En contraste con la inmensidad del cielo, el hombre se siente minúsculo. El silencio eterno de los espacios me atemoriza… (392) “El hombre es sólo una caña, lo más débil de la naturaleza, pero es una caña pensante… aunque el universo lo aplastara, el hombre seria aún más noble que aquel que lo mataba, porque sabe que muere… El universo no es consciente de la superioridad que tiene sobre él… (391).

La grandeza del hombre. En el corazón, en el centro de este universo abrumador, inmenso, está el “hombre”, infinitamente más grande que este mundo… sí, ¡el hombre es más grande y más importante que el sol! ¿Por qué? Porque ocupa constantemente el pensamiento de Dios, responde el salmo:”¿Qué es el hombre para que de él te acuerdes, el hijo de Adán (el terrícola) para que de él cuides?” ¡ Un solo hombre es mayor y tiene más precio a los ojos de Dios que todo el universo! Dios reserva para el hombre un cuidado que el mecanismo celeste no necesita: Dios ama al hombre. ¡Qué grande es tu nombre! “Padre, yo les he revelado tu nombre” (Juan 17,6). Padre nuestro, santificado sea tu nombre.

NOEL QUESSON
50 SALMOS PARA TODOS LOS DIAS. Tomo I
PAULINAS, 2ª Edición
BOGOTA-COLOMBIA-1988.Págs. 16-19


3.

Los salmos nos invitan a orar al Dios creador, y esta llamada nos seduce. No nos desagrada introducir astros y ríos en nuestro encuentro con Dios; esto nos parece preferible a orar «con la cabeza apoyada en las manos». Otros dirán que una mayor madurez o unas pruebas más numerosas les impiden salir del interior del hombre. Después de todo, ahí es donde tienen sus últimas resonancias las tragedias más vastas. La humanidad vive por fuera sus tragedias, pero las recuerda por dentro. Nos lo dice claramente el nombre de Auschwitz: si se atasca esa interioridad del hombre, las víctimas, al ser olvidadas, habrán muerto para nadie.

Pero la plegaria bíblica supera esa oposición entre el dentro y el fuera: la plegaria del corazón es una oración del cuerpo. El corazón no percibe nada sin el fuera, pero el fuera nos conduce hacia el corazón, sede de la presencia. Sólo desde ahí aparece la creación como lo que es realmente: íntima, secreta, última acción de Dios. Discreta palabra: sólo un murmullo tan nocturno puede ser entendido como el anuncio de una victoria divina sobre la muerte.

Todo empieza en la experiencia sensible, por los ojos:

Cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos,
la luna y las estrellas que has creado… (v. 4).

Pero esta línea es cruzada pronto por otra. Recordamos la sentencia de Pascal: «Nada de cuanto se ofrece al alma es simple, y el alma no se muestra simple a ningún sujeto». La creación, en efecto, es contraste y remite al contraste del hombre. La visión del cosmos, del mundo extraterrestre, hace difícil creer que el hombre sea importante:

¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él? (v. 5).

La mirada, pues, se desvía de los astros al hombre, que parece tan poca cosa. Pero el hombre contrasta con ese poco de su apariencia:

Lo hiciste poco menos que un dios…
Todo lo sometiste bajo sus pies (vv. 6-7).

Dominado y dominante, asustado y luego coronado «de gloria y dignidad», el hombre está en el cosmos como un punto de desequilibrio, una fragilidad retenida al borde del abismo. Pero es precisamente en ese punto, y en ningún otro, donde concentra todo pensamiento sobre la creación y de ahí brota. Al borde mismo en que el hombre se desalienta, allí es donde recobra ánimos. Una mirada fija en el círculo lejano de las cosas no acertaría a imaginar un Dios creador; no podría encontrarlo sino volviendo sobre sí mismo.

Nueva sorpresa: coronado por encima de «todas las cosas», el hombre, literalmente, no tiene poder alguno sino sobre las bestias:

Todo lo sometiste bajo sus pies:
los rebaños de ovejas y toros
y hasta las fieras salvajes,
las aves del cielo, los peces del mar
que trazan sendas por el mar (vv. 7-9).

Dominado por los astros, dominador de los animales: la sabiduría bíblica sitúa al hombre en ese filo agudísimo. La sabiduría moderna, por su parte, estimará que no hay en ello apenas «gloria y dignidad» y que tal posición tiene muy poco de regia. Pero la Biblia se mantiene ahí. El primer capítulo del Génesis se afirma en esa misma idea; privado de poder sobre los astros, el hombre sabrá dominar la tierra porque domesticará los animales herbívoros. No otra cosa se sugiere más allá de este imperio que se estima sobradamente glorioso (que el lector tenga a bien verificar por sí mismo el texto de Gn 1,28: el hombre no puede multiplicarse, llenar la tierra y someterla sino a condición de ejercer su dominio sobre los animales que, como él, se multiplican y llenan la tierra. La segunda tarea es condición de la primera). Para una humanidad que ya se ha dado algún paseo sobre un astro, el mensaje resulta difícilmente aceptable.

Pero es posible caminar sobre un astro y no tener el oído lo bastante fino como para escuchar el mensaje de un hombre antiguo. Este nos da a entender, en el Génesis, que el hombre está hecho a imagen de Dios y, en el salmo 8, que es casi un dios (v. 6). Los dos textos están concordes en enseñar que la imagen divina se sitúa en la diferencia entre lo que hacen el hombre y el animal. También en este caso, el pensamiento de la creación nos hace volver sobre el hombre y más aún sobre aquello que, en el hombre, no es lo más visible.

A pesar de todo, ¿no están suficientemente claras esta diferencia y esta realeza del hombre sobre el animal? El hombre antiguo nos reserva una respuesta: «Los animales —responde el hombre antiguo— se devoran entre sí, y lo mismo hacen los hombres; la diferencia entre ellos, por tanto, no es evidente. Los animales no son herbívoros, según el relato de la creación (Gn 1,30), sino por mandato de Dios, y esa restricción no les viene de su naturaleza. Para dominar esta naturaleza, el hombre relega a Dios al puesto de mando: por efecto de su palabra delegada (pues es cierto, y sumamente asombroso, que se habla a los animales), los animales se abstienen de devorarse entre sí. Pero Caín mata a Abel y desde entonces se devoran unos a otros los hombres, desde Caín hasta el diluvio, por lo que su palabra pierde todo el poder que tenía para imponer mansedumbre a los animales.

Si hoy imitan los hombres a los animales que se devoran por naturaleza, ahí está la prueba de que ya no los dominan. Los imitan y por ello se les asemejan. Y si se asemejan a los animales, ahí está el signo evidente de que han perdido la semejanza divina, sobre la que se fundaba su poder. No hay duda de que los seguirán dominando, pero será por la fuerza y el terror: el hombre domina al león por los mismos medios que utiliza el león para dominar al cordero. Ya no es mediante la palabra. Una vez que el hombre se ha sumido en la violencia, Dios le ha adaptado su ley: Todos los animales de la tierra os temerán y respetarán (Gen 9,2). Por eso reina desde entonces el estado de guerra entre los animales, entre el hombre y los animales, entre el hombre y el hombre. Sólo el día en que Dios haya sanado al hombre, el león comerá paja con el buey, porque se habrán reconciliado, y si se reconcilian será porque un niño los conduce cuando lleguen los tiempos del término de las guerras (Is 11,1-9; cf. 2,4). De este modo —concluye el hombre antiguo—ese dominio sobre los animales, que tan poca cosa te parece, es un poder que, a pesar de que eres capaz de caminar sobre un astro, no posees. Quizá lo tengas hoy menos que nunca».

Cuanto más nos remontamos en el tiempo, más nos encontramos con que los antiguos poseían la capacidad de leer un misterio a través de la letra o la fábula de un texto. Una vez que lo hemos trazado conforme a sus reglas, su ángulo de visión se nos hace claro: el hombre más cercano a los astros quizá se haya hecho más semejante a los animales. Después de llegar allá, no se sentirá menos espantado que el salmista al saberse poco menos que un dios, puesto que la guerra de hoy le descubre que posee el poder de «descrear» el mundo. Meditar, pues, sobre la creación no es cosa que nos aleje demasiado de nuestros dramas.

El hombre que emprende la guerra afila sus dientes y endurece su piel. Se rehace conforme a la imagen del escualo, de las aves rapaces, del felino. Su fuerza es violencia. La fuerza de Dios, por el contrario, es mansedumbre. A imagen de Dios se comporta únicamente el ser que es más fuerte que su propia fuerza. La mansedumbre es más que la no violencia. Jesús confirma en este punto el salmo 37: los sufridos están llamados a poseer la tierra, como el niño de Isaías.

Resulta, pues, que a partir de una mirada sobre los astros nos sentimos llamados hacia aquello que no es lo más visible en el hombre, hacia la imagen de la mansedumbre de Dios. Esta conversión, este giro es una ley de todo pensamiento bíblico sobre la creación. Nos ha sido preciso, sin duda, interpretar la realeza humana (al señalar sus límites) conforme a Gn 1 y sus secuelas. No puede sorprendernos este rodeo si recordamos hasta qué punto el triángulo que une al hombre con los astros y los animales fue familiar, a través de los zodíacos y sistemas parecidos, al pensamiento antiguo, que no se adentraba por esos caminos para descubrir puras banalidades al cabo de ellos.

Pero el salmo 8 no nos abandona una vez llegados a este punto. La creación puede ser también una prueba de fuerza y una victoria,

para reprimir al enemigo y al rebelde (v. 3).

El contexto nos ayuda a creer que el enemigo es la violencia y también que la fuerza es la mansedumbre e incluso la debilidad. Nada mejor para entenderlo que estas palabras:

Ensalzaré tu majestad por encima del cielo
con la boca de un niño de pecho.
Has cimentado un alcázar frente a tus adversarios,
para reprimir al enemigo y al rebelde (vv. 2-3).

Al nivel más arcaico, la imagen se plasmó en una figura mitológica de recién nacidos divinos o de dioses gemelos. Los recién nacidos, que se caracterizan por su impotencia como los más aptos para cantar la victoria de Dios, encarnan una lección que, independientemente de sus orígenes, no se ha perdido. Jesús la recoge, según Mt 21,16, pues vino para cumplir la misión de aquel niño que era capaz de reconciliar a las fieras mediante la dulzura de Dios.

PAUL BEAUCHANO
LOS SALMOS NOCHE Y DÍA
Ediciones CRISTIANDAD
MADRID-1981. Págs: 157-161


4. LA ORACIÓN DE LOS CIELOS

«¡Señor, dueño nuestro, qué admirable es tu nombre en toda la tierral».

Soy un enamorado de la naturaleza. Amo los cielos y la tierra, los ríos y los árboles, las montañas y las nubes. Puedo sentarme enfrente del mar, fuera de la esfera del tiempo, y mirar con ojos de eternidad el juego de las olas y las rocas, ajedrez de blancas crestas y oscuras sombras sobre el tablero sin límites de la creación. Puedo contemplar el curso de un río y el bailar de las aguas y el cantar de las piedras, y sentir su alegría como mi propia alegría en mi correr hacia el mar. Puedo sentarme bajo un árbol y sentir su vida como mía en el surgir de la savia desde las raíces ocultas hasta las hojas bailarinas. Puedo flotar a la deriva con una nube, volar con un pájaro o, sencillamente, quedarme sentado con una flor, sentada ella misma en el color y la fragancia de su vida desde el rincón oscuro de la selva en el que nace y muere.

Me identifico con la naturaleza… porque la naturaleza eres Tú.

La naturaleza recoge el frescor de tus dedos, la vida de tu aliento, el temblor de la majestad de tu presencia, la serena alegría de tu bendición de paz. Disfruto de una puesta de sol, porque es obra exclusivamente tuya, y no hay mano humana que pueda retocarla; y, como es exclusivamente tuya, me trae en imagen virgen el mensaje directo de tu presencia. Y disfruto cuando en la oscuridad de la noche que habla de intimidad te veo trazar sobre el cielo tu firma de estrellas. ¿Entiendes ahora por qué me gusta mirar al cielo por la noche para descifrar con fe y con amor el código secreto de tu caligrafia celeste?

«Contemplo el cielo, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que has creado, y me digo a mí mismo con alegre orgullo: «Señor, Dios nuestro, ¡qué admirable es tu nombre en toda la tierra!»

En medio de esa maravilla me veo a mí mismo. «¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él?» Atomo de polvo en un mundo de luz. Pero en ese átomo que soy yo hay toda otra creación más maravillosa que el cielo y las estrellas. La maravilla de mi cuerpo, el secreto de mis células, el relámpago de mis nervios, el trono de mi corazón. Y el temblor de mi alma, la centella de mi entendimiento, el gozo de sentir y la locura de amar. La maravilla que llevo dentro, y tu firma también sobre ella. Sonrío cuando me dices que me has hecho rey de la creación, sólo inferior a ti. Sé de mi pequeñez y mi grandeza, de mi dignidad y mi nada, y reconociendo ambos extremos acepto con sencillez la corona de rey de la creación, la de dentro y la de fuera, y quiero disfrutar de ambas plenamente, de los ríos y las montañas tanto como de la conversación y del humor; de las palabras de los hombres y del murmullo de los bosques; de familia y estrellas, amigos y árboles, libros y pájaros, vientos y música, silencio y oración…; disfrutar de todo como sé que tú quieres que yo disfrute para gozo de mi corazón y gloria de tu nombre.

«¡Señor, dueño nuestro, qué admirable es tu nombre en toda la tierra!»

CARLOS G. VALLÉS
BUSCO TU ROSTRO
ORAR LOS SALMOS

Paulinas Sal Terrae.Santander-1989, pág. 23


5./Sal/008/POEMA

Señor, Padre nuestro,
qué admirable es tu nombre
en toda la tierra,
qué gozoso es tu nombre
en todo corazón.

Cuando contemplo el cielo,
galaxias en expansión desde hace 13.000 millones de años
y que Tu pusiste en movimiento
con un toque de amor;
y cuando miro a la tierra,
este puntito que gira
siguiendo las órdenes del sol,
el cual se mueve a su vez
en torno a la Constelación de Sagitario,
y no se aparta ni un milímetro de tus planes,
aunque tarde 150 millones de años
en dar su vuelta completa;
y cuando pienso que hay millones de planetas
iguales a éste nuestro,
y habitados por seres vivos, inteligentes,
no dejo de preguntarme asombrado:
¿qué es el hombre, para que te acuerdes de él
y le ofrezcas tu amistad?
Lo hiciste rey de la creación
-¿o será una ilusión nuestra?-,
para que pueda disponer y perfeccionar
las cosas, tus criaturas.
Lo hiciste a tu imagen y semejanza
dándole la mayor gloria y dignidad.
Lo hiciste tu hijo predilecto,
todo un pequeño dios.
¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él
y lo ames tanto?
Tu Hijo único se vistió de nuestra carne
y pisó esta tierra tan humilde,
en prueba del mayor amor.
¿Qué es la tierra para que te dignes visitarla,
qué es el hombre para que te acuerdes de él?

¡Señor, Padre nuestro,
qué admirable es tu nombre
en toda la tierra!


6.
¡Señor, Padre nuestro,
qué grande es tu nombre,
qué admirables son las obras de tu amor!

Cuando contemplo el cielo:
¡Una maravilla apabullante!
Cuando veo el sol y las estrellas,
las nubes, las tormentas,
me siento gozosamente pequeño
y me digo: Aquí está la mano de mi Padre.

Cuando recorro la tierra,
llena de riquezas y sorpresas;
cuando descubro los paisajes;
cuando me embriagan las luces, los colores y sonidos,
me siento tiernamente agradecido
y exclamo: Aquí está la mano de mi Padre.

Cuando me sorprende la vida variada
en el mar, en la tierra y en el cielo;
cuando veo la fuerza y astucia de los animales,
su belleza, su encanto, su inteligencia,
me siento en comunión con todos, extasiado,
y me digo: Aquí está la mano de mi Padre.

Cuando miro a los hijos de los hombres
y veo sus trabajos, sus afanes, sus amores,
sus progresos, sus conquistas y sus grandes esperanzas,
comprendo que los has coronado de gloria y dignidad,
destinados a cultivar la obra de tus manos.

Y me pregunto, aturdido:
¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él?
Y tengo que confesar: Eres un Dios, amigo de los hombres.

Y cuando me contemplo a mí mismo,
y me siento gratuitamente amado,
y no sé de dónde me viene la alegría,
y siento que todo el cielo está dentro de mí,
y que alguien me está salvando siempre,
me doy cuenta, emocionado, que soy un hijo tuyo,
y tengo que gritar y cantar y repetir
con un amor inexplicable:
¡Qué grande eres, Señor!
¡Qué grande es tu amor para conmigo!
Verdaderamente, ¡oh Dios!, Tú eres mi Padre.

CARITAS
UN DIOS PARA TU HERMANO
CUARESMA Y PASCUA 1992.Págs. 269 s.


7. CATEQUESIS DEL PAPA, en la audiencia general del miércoles, 26 de Junio de 2002

Grandeza del Señor y dignidad del hombre

1. ”El hombre (…) se nos revela como el centro de esta empresa. Se nos revela gigante, se nos revela divino, no en sí mismo, sino en su principio y en su destino. Honremos al hombre, a su dignidad, su espíritu, su vida” (Ángelus del 13 de julio de 1969:  L’Osservatore Romano, edición en lengua española, 29 de julio de 1969, p. 2).

Con estas palabras, en julio de 1969, Pablo VI entregaba a los astronautas norteamericanos a punto de partir hacia la luna el texto del salmo 8, que acaba de resonar aquí, para que entrara en los espacios cósmicos.


En efecto, este himno es una celebración del hombre, una criatura insignificante comparada con la inmensidad del universo, una “caña” frágil, para usar una famosa imagen del gran filósofo Blas Pascal (Pensamientos, n. 264). Y, sin embargo, se trata de una “caña pensante” que puede comprender la creación, en cuanto señor de todo lo creado, “coronado” por Dios mismo (cf. Sal 8, 6). Como sucede a menudo en los himnos que exaltan al Creador, el salmo 8 comienza y termina con una solemne antífona dirigida al Señor, cuya magnificencia se manifiesta en todo el universo:  “¡Señor, dueño nuestro, qué admirable es tu nombre en toda la tierra!” (vv. 2. 10).


2. El cuerpo del canto parece suponer una atmósfera nocturna, con la luna y las estrellas encendidas en el cielo. La primera estrofa del himno (cf. vv. 2-5) está dominada por una confrontación entre Dios, el hombre y el cosmos. En la escena aparece ante todo el Señor, cuya gloria cantan los cielos, pero también los labios de la humanidad. La alabanza que brota espontáneamente de la boca de los niños anula y confunde los discursos presuntuosos de los que niegan a Dios (cf. v. 3). A  estos se les califica de “adversarios”, “enemigos” y “rebeldes”,  porque  creen erróneamente que con  su  razón y su acción pueden desafiar y enfrentarse al Creador (cf. Sal 13, 1).


Inmediatamente después se abre el sugestivo escenario de una noche estrellada. Ante ese horizonte infinito, surge la eterna pregunta:  “¿Qué es el hombre?” (Sal 8, 5). La respuesta primera e inmediata habla de nulidad, tanto en relación con la inmensidad de los cielos como, sobre todo, con respecto a la majestad del Creador. En efecto, el cielo, dice el salmista, es “tuyo”, “has creado” la luna y las estrellas, que son “obra de tus dedos” (cf. v. 4). Es hermosa esa expresión, que se usa en vez de la más común:  “obra de tus manos” (cf. v. 7):  Dios ha creado estas realidades colosales con la facilidad y la finura de un recamado o de un cincel, con el toque leve de un arpista que desliza sus dedos entre las cuerdas.


3. Por eso, la primera reacción es de asombro:  ¿cómo puede Dios “acordarse” y “cuidar” (cf. v. 5) de esta criatura tan frágil y pequeña? Pero he aquí la gran sorpresa:  al hombre, criatura débil, Dios le ha dado una dignidad estupenda:  lo ha hecho poco inferior a los ángeles o, como puede traducirse también el original hebreo, poco inferior a un dios (cf. v. 6).


Entramos, así, en la segunda estrofa del Salmo (cf. vv. 6-10). El hombre es considerado como el lugarteniente regio del mismo Creador. En efecto, Dios lo ha “coronado” como un virrey, destinándolo a un señorío universal:  “Todo lo sometiste bajo sus pies”, y el adjetivo “todo” resuena mientras desfilan las diversas criaturas (cf. vv. 7-9). Pero este dominio no se conquista con la capacidad humana, realidad frágil y limitada, ni se obtiene con una victoria sobre Dios, como pretendía el mito griego de Prometeo. Es un dominio que Dios regala:  a las manos frágiles y a menudo egoístas del hombre se confía todo el horizonte de las criaturas, para que conserve su armonía y su belleza, para que las use y no abuse de ellas, para que descubra sus secretos y desarrolle sus potencialidades.


Como declara la constitución pastoral Gaudium et spes del concilio Vaticano II, “el hombre ha sido creado “a imagen de Dios”, capaz de conocer y amar a su Creador, y ha sido constituido por él señor de todas las criaturas terrenas, para regirlas y servirse de ellas glorificando a Dios” (n. 12).


4. Por desgracia, el dominio del hombre, afirmado en el salmo 8, puede ser mal entendido y deformado por el hombre egoísta, que con frecuencia ha actuado más como un tirano loco que como un gobernador sabio e inteligente. El libro de la Sabiduría pone en guardia contra este tipo de desviaciones, cuando precisa que Dios “formó al hombre para que dominase sobre los seres creados (…) y administrase el mundo con santidad y justicia” (Sb 9, 2-3). También Job, aunque en un contexto diverso, recurre a este salmo para recordar sobre todo la debilidad humana, que no merecería tanta atención por parte de Dios:  “¿Qué es el hombre para que tanto de él te ocupes, para que pongas en él tu corazón, para que lo escrutes todas las mañanas?” (Jb 7, 17-18). La historia documenta el mal que la libertad humana esparce en el mundo con las devastaciones ambientales y con las injusticias sociales más clamorosas.


A diferencia de los seres humanos que humillan a sus semejantes y la creación, Cristo se presenta como el hombre perfecto, “coronado de gloria y honor por haber padecido la muerte, pues por la gracia  de  Dios experimentó la muerte para bien de todos” (Hb 2, 9). Reina sobre el  universo  con el dominio de paz y de amor que prepara el nuevo mundo, los nuevos cielos y la nueva tierra (cf. 2 P 3, 13). Más aún, su autoridad regia -como sugiere el autor de la carta a los Hebreos aplicándole el salmo 8- se ejerce a través de la entrega suprema de sí en la muerte “para bien de todos”.


Cristo no es un soberano que exige que le sirvan, sino que sirve y se consagra a los demás:  “El Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos” (Mc 10, 45). De este modo, recapitula en sí “lo que está en los cielos y lo que está en la tierra” (Ef 1, 10). Desde esta perspectiva cristológica, el salmo 8 revela toda la fuerza de su mensaje y de su esperanza, invitándonos a ejercer nuestra soberanía sobre la creación no con el dominio, sino con el amor.


8. «Qué es el hombre para que te acuerdes de él»

Intervención que había preparado Juan Pablo II para la audiencia general de este miércoles (24-septiembre-2003) y que fue leída en su nombre por el cardenal Angelo Sodano, secretario de Estado vaticano, sobre el salmo 8, «Grandeza del Señor y dignidad del hombre».


La luz hermosa de Dios

1. Al meditar en el Salmo 8, admirable himno de alabanza, se concluye nuestro largo camino a través de los salmos y de los cánticos que constituyen el alma de la oración de la Liturgia de Laudes. Durante estas catequesis nuestra reflexión se ha detenido en 84 oraciones bíblicas, de las que hemos tratado de destacar en particular su intensidad espiritual, sin descuidar su belleza poética.

La Biblia, de hecho, nos invita a comenzar el camino de nuestra jornada con un canto que no sólo proclame las maravillas realizadas por Dios y nuestra respuesta de fe, sino que además lo haga «con arte» (Cf. Salmo 46,8), es decir, de una manera bella, luminosa, dulce y fuerte al mismo tiempo.

Espléndido como ninguno es el Salmo 8, en el que el hombre, sumergido en la noche, cuando en la inmensidad del cielo se iluminan la luna y las estrellas (Cf. versículo 4), se siente como un granito de arena en la infinidad y en los espacios ilimitados que lo envuelven.

Dios y la paradoja humana

2. En el corazón del Salmo 8, de hecho, emerge una doble experiencia. Por un lado, la persona humana se siente como aplastada por la grandiosidad de la creación, «obra de tus dedos» divinos. Esta curiosa expresión sustituye a las «obras de tus manos» (Cf. versículo 7), como queriendo indicar que el Creador ha trazado un designio o un bordado con los astros resplandecientes, arrojados en la inmensidad del cosmos.

Por otro lado, sin embargo, Dios se inclina sobre el hombre y le corona como si fuera su virrey: «lo coronaste de gloria y dignidad» (versículo 6). Es más, a esta criatura tan frágil le confía todo el universo para que pueda conocerlo y sustentarse (Cf. versículos 7-9).

El horizonte de la soberanía del hombre sobre las criaturas queda circunscrito, en una especie de evocación de la página de apertura del Génesis: rebaños, manadas, animales del campo, aves del cielo y peces del mar son entregados al hombre para que les dé un nombre (Cf. Génesis 2, 19-20), descubra su realidad profunda, la respete y la transforme a través del trabajo y se convierta en fuente de belleza y de vida. El Salmo nos hace conscientes de nuestra grandeza y de nuestra responsabilidad ante la creación (Cf. Sabiduría 9, 3).

Señor de su propio destino

3. Releyendo el Salmo 8, el autor de la Carta a los Hebreos percibe una comprensión más profunda del designio de Dios para el hombre. La vocación del hombre no puede quedar limitada en el actual mundo terreno; al afirmar que Dios ha puesto «todo» bajo sus pies, el salmista quiere decir que le somete también «el mundo venidero» (Hebreos 2, 5), «un reino inconmovible » (12, 28). En definitiva, la vocación del hombre es la «vocación celestial» (3,1). Dios quiere llevar «a muchos hijos a la gloria» (2, 10). Para que se pudiera realizar este proyecto divino era necesario que la vocación del hombre encontrara su primer cumplimiento perfecto en un «pionero» (Cf. Ibídem). Este pionero es Cristo.

El autor de la Carta a los Hebreos ha observado en este sentido que las expresiones del Salmo se aplican a Cristo de manera privilegiada, es decir, más precisa que para el resto de los hombres. De hecho, en el original el Salmista utiliza el verbo «rebajar», diciendo a Dios: «Lo rebajaste a los ángeles, lo coronaste de gloria y dignidad» (Cf. Salmo 8,6; Hebreos 2, 6). Para cualquier persona este verbo es impropio; los hombres no han sido «rebajados» a los ángeles, pues nunca han estado por encima de ellos. Sin embargo, en el caso de Cristo, este verbo es exacto, pues en cuanto Hijo de Dios, él se encontraba por encima de los ángeles y se hizo inferior al hacerse hombre, después fue coronado de gloria en su resurrección. De este modo, Cristo cumplió plenamente la vocación del hombre y la cumplió, precisa el autor, «para bien de todos» (Hebreos 2, 9).

Nuestro divino proyecto

4. Desde esta perspectiva, san Ambrosio comenta el Salmo y lo aplica a nosotros. Comienza con la frase en la que se describe la «coronación» del hombre: «lo coronaste de gloria y dignidad» (versículo 6). En esa gloria, él vislumbra el premio que el Señor nos reserva cuando hemos superado la prueba de la tentación.

Estas son las palabras del gran padre de la Iglesia en su «Tratado del Evangelio según San Lucas»: «El Señor ha coronado también de gloria y magnificencia a su amado. Ese Dios que desea distribuir las coronas, permite las tentaciones: por ello, cuando seas tentado, recuerda de que te está preparando la corona. Si descartas el combate de los mártires, descartarás también sus coronas; si descartas sus suplicios, descartarás también su dicha» (Edición en italiano IV, 41: Saemo 12, pp. 330-333).

Dios prepara para nosotros esa «corona de justicia» (2 Timoteo 4, 8) con la que recompensará nuestra fidelidad que le demostramos incluso en los momentos de tempestad que sacuden nuestro corazón y nuestra mente. Pero en todo momento él está atento para ver qué es lo que le pasa a su criatura predilecta y quiere que en ella brille para siempre la «imagen» divina (Cf. Génesis 1, 26) de modo que sea en el mundo signo de armonía, de luz y de paz.

http://www.mercaba.org/DIESDOMINI/FIESTAS/TRINIDAD/C/sal-comentario.htm

VISIÓN DE LA CREACIÓN DEL MITO DE UN DIOS SERPIENTE EXTRAÍDA DE UN CAPÍTULO DE LOS SIMPSON.

Mayo 17, 2008

los simpsonsLos colonos fundadores de un pueblo del Medio Oeste se encontraron con una tierra fértil y con un problema, esa tierra estaba infestada por todo tipo de serpientes. De hecho suponían una amenaza para la supervivencia de la comunidad.

Así que unos días al año los ciudadanos, cuando eclosionaban las víboras, se reunían, hacían sus rezos en la iglesia y luego, armados de garrotes, la emprendían con todo lo que se deslizara, hasta hacer un montón enorme.

Luego corría el licor y la fiesta.

Esta costumbre la llevaron de la misma manera durante muchos años y, poco a poco, llegó a adquirir cierta relevancia en la comarca. Ya no eran sólo los del pueblo los que iban a la matanza de la serpiente, sino que venían de fuera, compraban el licor en el pueblo, hubo feria y mercado.

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Como ya las serpientes estaban al borde de la extinción, lo que provocaba una proliferación de ratones y conejos, la fiesta llegó a ser solo simbólica. Pero era ya la famosa fiesta de la Serpiente y se hacían alrededor de su figura actividades casi paganas. Se erigió una estatua en el pueblo con una serpiente, con gran enojo del pastor, pero “business is the business” y tuvo que tragar.

El negocio de recuerdos prosperó, medallitas con serpiente, llaveros de serpiente, botas de serpiente, se abrió un terrario enorme, con grandes fosos en los que zangoloteaban las bichas.

Lo que empezó siendo una calamidad era pura prosperidad. La serpiente maligna se tornó benigna. Todo el pueblo las amaba y, aunque seguía celebrando al Señor en la Iglesia, también celebraba a la serpiente.

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Pero una guerra nuclear acabó el negocio y hasta 65.000 años después, cuando los herederos de los supervivientes ya se habían recuperado de la conmoción y quisieron saber porqué, excavando aquí y allá dieron con los restos de la ciudad de la Serpiente, como fue llamada.

Se encargó un estudio a los más afamados arqueólogos y sabios, que llegaron a la conclusión de que una cultura que adoraba a las Serpientes había vivido en la zona. Tenían un dios Serpiente y su vida giraba en torno a su culto. La estatua de bronce de la Serpiente, excelentemente conservada, fue la prueba definitiva.

http://www.celtiberia.net/articulo.asp?id=2134