Mitos de la creación del Universo


viernes 6 de julio de 2007

Mitos de la creación del Universo

La creación en la mitología griega

Para una mentalidad realista y racional como la helénica resultaba muy difícil la comprensión de la eternidad y del vocablo infinito; era más lógico pensar que todo había tenido un principio, incluso los dioses. Si acaso hay “algo” que, en la mayoría de los relatos mitológicos sobre la creación parece preexistente, es el Caos, abismo sin fondo, espacio abierto sumido en la oscuridad en donde andaban revueltos todos los elementos: el agua, la tierra, el fuego y el aire. Nada tenía en él forma fija y durable, todo estaba en constante movimiento con inevitables choques, los elementos congelados contra los abrasadores, los húmedos contra los secos, los blandos contra los duros y los pesados contra los ligeros. Es decir, el Caos es el Vacío primordial, pero concebido como un enorme recipiente para albergar elementos en forma desordenada. Caos es a la vez Nada y Algo, ¿materia y antimateria o en realidad un primer dios?

Según Hesíodo, en un principio sólo existía el Caos. Después emergió Gea (la tierra) de ancho pecho, morada perenne y segura de los seres vivientes, surgida del Tártaro tenebroso de las profundidades, y Eros (el Amor), el más bello de los dioses. Del Caos nada podía esperarse, hasta que de la acción de Eros, principio vital, salieron Érebo (las tinieblas), cuyos dominios se extendían por debajo de Gea en una vasta zona subterránea, y Nix (la oscuridad o la noche). Érebo y Nix tuvieron amoroso consorcio y originaron al Éter y Hemera (el Día), que personificaron respectivamente la luz celeste y terrestre.

Con la luz, Gea cobró personalidad, pero como no pudo unirse al vacío Caos, comenzó a engendrar sola y así mientras dormía surgió Urano (el Cielo Estrellado), un ser de igual extensión que ella, con el fin de que la cubriese toda y fuera una morada celestial segura y eterna para los dioses. También produjo las montañas, para albergue grato de las Ninfas, que escogieron para ello frondosos bosques.

Urano –(la pareja primigenia, el Cielo y la Tierra, es propia de muchas mitologías y se encuentra en lugares tan remotos como Nueva Zelanda, donde aparecen respectivamente como Rangi y Papa, y el relato sigue una línea semejante al de Hesíodo)- contempló tiernamente a su madre desde las elevadas cumbres y derramó una lluvia fértil sobre sus hendiduras secretas, naciendo así las hierbas, flores y árboles con los animales y las aves, que formaron como un cortejo para cada planta. La lluvia sobrante hizo que corrieran los ríos y al llenar de agua los lugares huecos se originaron así los lagos y los mares, todos ellos deificados con el nombre de Titanes: Océano, Ceo, Crío, Hiperión, Iápeto, Crono; y Titánides: Temis, Rea, Tetis, Tea, Mnemósine y Febe; de ellos descendieron los demás dioses y hombres. Pero como si Urano y Gea quisieran demostrar que su poder estaba por encima de todo, crearon otros hijos de horrible aspecto: los tres Cíclopes primitivos, llamados Arges, Estéropes y Brontes, quienes tenían un solo ojo redondo en medio de la frente y representaban respectivamente el rayo, el relámpago y el trueno y eran inmortales (uno de los descendientes fue astutamente engañado por Ulises, tal como lo cuenta la Odisea), y muchos de éstos ya mortales fueron muertos por Apolo para vengar la violenta desaparición de Asclepio del mundo de los vivos (sus espíritus habitaban las cavernas del volcán Etna en Sicilia). Finalmente, engendraron a los Hecatonquires o Centimanos, tres hermanos con cincuenta cabezas y cien brazos cada uno que se llamaron Coto, Briareo y Giges.

Por su parte la Noche por sí sola había engendrado a Tánatos (la muerte), a Hipno (el sueño) y a otras divinidades como la Hespérides, celosas guardianas del atardecer cuando las tinieblas empiezan a ganar la batalla de la luz diurna, fenómeno que se repite cada día; las Moiras (Parcas), defensoras del orden cósmico, representadas como hilanderas que rigen con sus hilos los destinos de la vida; Némesis, la justicia divina, perseguidora de lo desmesurado y protectora del equilibrio.

De El Rincón del Vago

El Mito Nórdico de la Creación

En el principio no existía cielo ni tierra, sólo una inmensa profundidad sin fondo envuelta en niebla -llamada Ginugagap. Mas en el centro de toda esta vastedad, existía una fuente llamada Mimir del que emanaban doce ríos formando lo que parecía los radios de una rueda. Estos ríos se iban congelando a medida que se alejaban de Mimir. Al sur de la niebla existía una región de luz de la que un día surgió una brisa caliente que empezó a fundir el hielo de los ríos. El contacto entre el aire templado y frío creó nubes, las cuales se congelaron y formaron a un gigante de hielo y escarcha llamado Ymir y a su vaca de nombre Audhumbla, de cuya leche se alimentaba Ymir. Mientras más fundido estaba el hielo, más sal había, la cual era lamida por Audhumbla para alimentarse. Estas lamidas fueron desenterrando del hielo a un hombre enterrado en el hielo. El primer día se descubrió su cabello, al segundo se pudo observar la cabeza y los hombros y en el tercero se desenterró por completo un hombre con facciones delicadas y poderosas. Él fue Buri, con una inteligencia superior a la de Ymir, convirtiéndose en dueño de lo poco que le rodeaba, es decir en el primer dios. De Buri apareció su hijo Bor. A su vez, se formó otro gigante de seis cabezas llamado Thrudgelmir, de quien surgió Bergelmir que emparejó con Ymir. De esta unión nacieron los malignos gigantes de hielo.

Buri y su hijo Bor comenzaron una lucha tremenda contra estos gigantes, una lucha que parecía no tener fin, pero en los albores de la desesperanza surgió la llama de una nueva alianza. Bor y la giganta Bestla -hija de Bothorn y descendiente de Ymir- tuvieron tres hijos que combinaban el poder de ambos combatientes: Odín, Vili y Ve. Estos tres dioses se alieron a su progenitor y al progenitor de éste en la lucha contra los gigantes. Odín cambió uno de sus ojos por beber de Mimir, la fuente primordial, y así obtener la eterna sabiduría. Gracias a esto, Ymir fue vencido y su sangre ahogó a todos sus aliados, salvo a Bergelmir y una nueva esposa que huyeron.

Odín, Vili y Ve se hicieron con el gobierno de Ginugagap y tumbaron el cadáver de Ymir sobre el abismo, comenzando a crear un mundo habitable con sus restos mortales. Con su piel construyeron Midgard (Tierra Media), con sus huesos se formaron las montañas, de su vello surgió la vegetación, de sus dientes los acantilados, su sangre y sudor sirvió para el mar. A muchísima distancia de ellos, Bergelmir y su esposa crearon Jotun, la casa de los Gigantes, y engendraron una nueva raza de gigantes opositores. Odín separó las tinieblas de la luz creando la noche y el día. Formó Asgard, tierra de los dioses. El universo está sostenido por un fresno llamado Yggdrasil una de cuyas raices toca Asgard y otra Midgard, así como el inframundo cuya vigilancia corresponde a la diosa Hel (después de todo aquello surgieron muchos dioses). En Yggdrasil hay muchos más lugares como Elflheim que es la casa de los Elfos. Todo el universo es simétrico y perfecto gracias a cuatro enanos llamados Nordri, Sudri, Austri y Westri que lo hacen simétrico en sus cuatro puntos cardinales. Se dice que tras aquello, una parte de Ymir quedó viva y a veces se sacude, moviendo así Yggdrasil y creando terremotos.

La creación del hombre y la mujer fue llevada a cabo por Odín. De un olmo sacó a la mujer y de un fresno al hombre. Ask y Embla fueron los primeros hombre y mujer. Vili les dio la razón y el movimiento y Ve les dio el habla. A partir de ahí surgió la humanidad.

De Reflexiones de un Humanista

Mito de la creación Maya

La creación del mundo es descrita en el Popol Vuh, la Biblia de los Mayas:

” Esta es la historia del inicio, cuando no había aves, ningún pez, ninguna montaña, ningún sonido, ningún movimiento, solo el Cielo solitario, el Mar solitario, solo Corazón del Cielo, que se llama Huracán. El primero se llama Caculhá-Huracán. El segundo es Chipi-Caculhá. El tercero es Raxá-Caculhá. Y estos tres son el Corazón del Cielo….pero no hay nadie que diga su nombre, nadie que alabe su gloria y que alimente su grandeza” .

“Hágase así! ¡Que se llene el vacío! ¡Que esta agua se retire y desocupe [el espacio], que surja la tierra y que se afirme! Así dijeron. ¡Que aclare, que amanezca en el cielo y en la tierra! No habrá gloria ni grandeza en nuestra creación y formación hasta que exista la criatura humana, el hombre formado. Así dijeron”…. (Popol Vuh)

Cuando el mundo fue creado, se puso un pilar en el cielo. . . que era el árbol blanco, de la abundancia al norte, después, el árbol negro de la abundancia fue puesto al oeste. . . .Después, el árbol rojo de la abundancia fue puesto al este. . . Después el árbol amarillo de la abundancia fue puesto en el sur. . . Después el gran árbol verde (Ceiba) de la abundancia fue puesto en el centro.

La creación del mundo actual y la humanidad, fue solo un acto en el ciclo eterno de nacimiento, muerte y renovación. Los ciclos de las estaciones y las estrellas en sus recorridos, son reflejos de ésta danza cósmica.

El mundo antediluviano, fue regido por Vukub-Cakix, “Siete Guacamayo,” quien tomó el lugar del sol. Para preparar la creación de los verdaderos humanos el reinado de éste tenía que ser terminado, lo que fue logrado por los Gemelos Héroes, Hunahpú e Xbalanqué, quienes derribaron a Vucub Caquix, de su árbol.

En la visión maya del cosmos, las cuevas son entradas al acuoso inframundo -el Xibalbá, o Lugar del Miedo-, que desempeña un papel clave en la historia de la creación, según se describe en el Popol Vuh, libro sagrado de los mayas.La leyenda habla de unos hermanos gemelos muy hábiles en el tradicional juego de pelota. Cuando jugaban, hacían tanto ruido que molestaban a los dioses del Xibalbá, quienes los retaron a un torneo. Los dioses vencieron a los gemelos, los sacrificaron y sepultaron sus cuerpos debajo del campo de juego. La cabeza de uno de ellos, Hun Hunahpú, fue colgada de un árbol que producía calabazas con forma humana. Una diosa llamada Xquic oyó hablar del extraño árbol y decidió ir a conocerlo. Cuando se acercó a él, la cabeza de Hun Hunahpú le escupió en la mano, fecundándola. Así concibió a Hunahpú y Xbalanqué, conocidos como los Héroes Gemelos. Con el tiempo se convirtieron en jugadores como su padre y su tío. Los dioses los convocaron al Xibalbá y los vencieron en el campo de juego, molieron sus huesos y los esparcieron en un río, donde los gemelos renacieron, primero como peces y luego como actores itinerantes.

Al regresar al Xibalbá, para tomar venganza, urdieron una trampa. Tras interpretar diversos números asombrosos, Xbalanqué decapitó a Hunahpú y volvió a colocarle la cabeza. Los dioses, encantados con el espectáculo, les rogaron que los decapitaran y les devolvieran la vida también a ellos. Los Héroes Gemelos simularon obedecer y procedieron a decapitar a los dioses. Al final lograron consumar su venganza: se negaron a recomponer sus cuerpos y los derrotaron para siempre. Así fue cómo triunfó el bien sobre el mal, y el mundo estuvo preparado para la creación de los seres humanos. Xbalanqué y Hunahpú emergieron del Xibalbá como el sol y la luna -dones para los mayas- y se elevaron al cielo. Cada día reinterpretan su viaje al mundo del Más Allá y su jubiloso retorno.

De Bitácora Almendrón

Mitos egipcios de la creación

Hermópolis fue la capital del Alto Egipto. Allí elaboraron un sistema cosmogónico, uno de los más importantes de las múltiples versiones mitológicas de los pueblos egipcios antiguos. El dios principal de este sistema era Thot, el dios de la luna, pero Thot no toma parte en la creación del mundo, ni siquiera en la doctrina que observaban sus adoradores. Se decía en Hermópolis que en el principio existió un grupo divino formado por cuatro parejas de genios, los Hehu, que constituían una Ogdóada, un grupo de ocho dioses. La Ogdóada fue indiscutiblemente, desde los orígenes, el elemento característico del panteón de Hermópolis. Su culto es tan antiguo que dio su nombre a la ciudad, llamada en su honor Khemenu, “la ciudad de los ocho”. Estos ocho dioses constituían una entidad indisoluble que funcionaba como una divinidad autónoma, porque sus ocho componentes obraban siempre al unísono, jamás individualmente.


La Ogdóada se componía de cuatro parejas divinas formadas por un macho y una hembra. Los machos fueron generalmente representados con cuerpo de hombre y cabeza de rana; las hembras con cuerpo de mujer y cabeza de serpiente. También pueden cambiar los nombres de sus miembros, pero cada pareja recibe siempre un nombre masculino y su correspondiente forma femenina, nombres que traducen los diferentes aspectos del abismo inicial. Nun y su compañera Naunet son el Caos, el agua primordial. Heh y Hehet encarnan una noción imprecisa que pudiera ser el Extravío de las aguas que buscan una meta cuando recubren la tierra. También podría tratarse del Infinito espacial o temporal. Kek y Keket son las tinieblas. Amón y Amaunet son los Escondidos, lo Desconocido. Todas estas nociones son negativas e indican bien la naturaleza incoherente del Caos.

La estricta doctrina hermopolitana no admitía a Re por demiurgo, sino que afirmaba, al contrario, que sus ocho dioses locales eran los creadores de la luz, los padres y las madres de Re. Una isla había surgido en Hermópolis entre las aguas del abismo primordial, y en esta isla, llamada de los Dos Cuchillos, los dioses ranas y las diosas serpientes habían depositado un huevo que al romperse dio nacimiento al sol, el creador y organizador de nuestro mundo.

Los hermopolitanos no tenían una idea muy clara del origen de este huevo y sus explicaciones revelan la influencia de otros sistemas teológicos, particularmente el tebano. Los textos religiosos más antiguos no están ni siquiera de acuerdo en atribuir la postura del huevo cósmico a un ave determinada. A veces el ave parece ser un ganso, y otras un halcón; y el Libro Egipcio de los Muertos parece a veces referirse al huevo de un pájaro macho. Al final no se sabe quién es el demiurgo no nombrado que se oculta en la cáscara del huevo cósmico. Quizás se trate de Shu, el dios del aire “que separa la tierra del cielo”, y la cáscara del huevo primordial habría sido el receptáculo del soplo de la vida universal.

Según el sistema helipolitano Shu era la primera criatura del demiurgo, y a su vez, el creador de los dioses que componen la Enéada. Del mismo modo, la fórmula de los Textos de los Sarcófagos proclama a Shu padre de los dioses y, concretamente, de la Ogdóada hermopolitana. Pero los mismos Textos afirman una doctrina diferente cuando identifican a Shu con el huevo cósmico, el huevo que los ocho miembros de la Ogdóada habían depositado en la colina de Hermópolis. Lo que quiere decir que los miembros de la Ogdóada eran los padres, y no los hijos de Shu.

Otro mito hermopolitano da una explicación muy diferente de la creación del mundo. De las aguas del abismo líquido (el Nun) había surgido una isla en el lugar en que, más tarde, se hallaría la ciudad de Hermópolis. Su nombre era la Isla del Incendio o del Arrebol, por que la causa de este incendio era el apuntar del sol que se anunciaba con los inflamados colores del alba. El la isla había un estanque cenagoso lleno de las aguas del Caos, y en la superficie flotaba un loto divino. El estanque era la morada de los ocho miembros de la Ogdóada, las cuatro ranas macho y las cuatro serpientes hembra. Los machos la fecundaron. El loto, como muchas otras flores, cierra sus pétalos durante la noche para protegerse del frío, y los despliega al amanecer. Cuando el loto abrió sus pétalos azules, un niño resplandeciente se alzó, iluminando el mundo y creando todas las cosas y todos los seres.

De La Web de Facundo Allia

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El mitólogo Claude Levi-Strauss defendía que la función de las mitologías era proporcionar una solución imaginaria a los problemas del mundo real. Las visualizaciones científicas modernas también ofrecen este tipo de soluciones. Los científicos observan el mundo natural y sus fenómenos, tales como el comportamiento de las tormentas, y crean modelos matemáticos en los que se basan las supercomputadoras para describir y hacer pronósticos de dichos fenómenos naturales.

He ahí la razón que hace a la ciencia mucho mejor que otras historias: sus modelos lógico-matemáticos y su capacidad de hacer pronósticos de sucesos futuros.

FUENTE: Mitos de la creación del Universo (http://cienciaeindependencia.blogspot.com/)

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11 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. vanessa hudgens
    jul 01, 2008 @ 20:27:25

    es muy largo chauuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu

  2. pauloarieu
    jul 01, 2008 @ 21:02:15

    Hola Vanesa.
    No te sirvio?
    Bendiciones

  3. karol tatiana garcia cubillos
    jul 15, 2008 @ 22:02:12

    que no puedo encontrar un mito regional sobre la creacion del universo ese es mi comentario grasias

  4. pauloarieu
    jul 16, 2008 @ 00:09:21

    karol tatiana garcia cubillos
    Que mito buscás?
    Saludos
    Paulo

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  9. alejandra
    may 31, 2009 @ 23:58:02

    no wencontre lo que llo nesecitada chaoooooooooooooooooosssssssss

  10. smery
    jun 08, 2009 @ 23:30:15

    gracias ya encontre lo k keria

  11. pauloarieu
    jun 09, 2009 @ 00:14:47

    ok.

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