Hablar sin pensar


Jueves 8 de mayo de 2008

sp-garfield

“Hablar sin pensar es tirar sin apuntar.” (Anónimo) [0]

Today's Cartoon

Una flor en una maceta habla en un dialogo mitico, con Grafield, pidiendoles disculpas porque a veces dice cosas sin pensar. Asi somos nosotros muchas veces, en momentos de exitación, decimos cosas de las cuales depues tenemos que arrepentirnos.

«¿Puede una persona hablar sin pensar? La respuesta sí es sencilla. El “habla”, al igual que la escritura son expresiones o producciones del pensamiento. No hay palabra sin concepto. La palabra se verbaliza, el concepto se construye. Antiguamente se consideraba que la inteligencia y la emoción eran asuntos no sólo distintos sino independientes. Hoy, sabemos que ello no es cierto. Por el contrario, son instancias que guardan importante relación entre sí. La gestión del pensamiento, los procesos cognitivos que dan como resultado lo que decimos oralmente y lo que escribimos no está ajeno a la cultura, en su más amplio e intenso sentido. Una persona cuya lengua materna es el quechua “pensará” de distinto modo que otra con el castellano como lengua materna. Ninguna es mejor o mayor que la otra. La “construcción de la realidad” -esa de la que habló Piaget- y la “negociación conceptual” -esa de los enfoques constructivista del conocimiento- pasan por el pensamiento y la cultura.»[1]

«La ira nos lleva a decir palabras sin pensar y a actuar irreflexivamente.
- El hablar sin pensar y el actuar sin reflexionar pueden lastimar, herir, ofender y llevar a cometer injusticias.

– Piensa antes de hablar y reflexiona antes de actuar.
- A un corazón herido siempre le queda una cicatriz.
- No hables sin pensar y sin medir el alcance de tus palabras.
- No hagas un gesto sin medir las consecuencias.» [2]

Pensar antes de hablar y reflexionar antes de actuar

«Pensar antes de hablar y reflexionar antes de actuar. El hablar sin pensar y el actuar sin reflexionar pueden lastimar, herir, ofender y llevar a cometer injusticias. A veces no hay marcha atrás y lo que se dijo se dijo es irreversible.

La cólera, la ira, la falta de dominio pueden hacer que se cometan desatinos.

Un romance, una amistad, la relación con nuestra familia se puede deteriorar con tan solo una palabra que se dijo sin pensar.

Así como una palabra tiene el poder de enriquecer, crear sentimientos positivos, y llenar de dicha y felicidad a una persona también tiene el poder de destruirla.

Cuando estés disgustado ó sientas que estás a punto de decir algo ofensivo, haz una pausa unos segundos, antes de emitir un sonido, pregúntate a ti mismo : ¿Vale la pena causar el daño? ¿Me arrepentiré más delante de lo que voy a decir?

Por lo regular decimos cosas injustas e hirientes motivados por un impulso en nuestras emociones, como el enojo y el resentimiento que nos hacen perder el control sobre nosotros mismos .

La solución: hablar. Hablar , esperar un momento oportuno, aclarar el origen de nuestro disgusto expresar con claridad nuestros sentimientos, sobre todo los negativos, para evitar que se acumulen y exploten en el momento menos oportuno. Se debe hablar, pero hay que saber hacerlo.

Esto significa detenerse un momento, a reflexionar sobre lo que se va a decir y cómo decirlo.

Entre más enojado o enojada estés, detente más tiempo a pensar y sigue después estas sencillas reglas:

Intenta comenzar siempre con una frase amable.

Modula tu voz, tratando de que suene suave.

Si la contraparte se enfurece y empieza a gritar, no le digas: “¡Cálmate!” Simplemente continúa hablando con voz tranquila, y si es posible, deja la discusión para más tarde.

Escucha siempre con cuidado. No conviertas nunca las discusiones en largos monólogos.

Sé sincero al hablar. No digas nada a menos que estés completamente seguro de que es verdad. Tomar decisiones conscientemente. Decide que es lo que debes hacer y luego hazlo con entusiasmo. En caso de duda, pide consejo. No permanezcas en estado de confusión.

Ante todo el respeto, debes tener mucho cuidado con el sentimiento de la contraparte.

Tener serenidad. No dejar que pequeñas cosas nos saquen nuestra tranquilidad. Conserva la calma y la serenidad. Demuestra sosiego en todo lo que hagas.

Juzga el valor de las palabras antes de hablar. Hablar es una de las armas mas poderosas. Es la única característica humana. El silencio es expresión de sabiduría. Piensa antes de hablar y no hables a menos que tengas algo importante para decir.»[3]

«¿Qué quiere decir esta expresión? hablar mal y pronto:

Se usa, por ejemplo, cuando das tu opinión negativa sobre alguien sin pensarlo demasiado, sin pensar sobre las posibles consecuencias de lo que decis:”Hablando mal y pronto, esa persona es una porquería”.

También sin detenerse a pensar cómo decirlo en forma más delicada, o correcta políticamente, o con rodeos, para no ofender a nadie. De todas maneras es una forma de disculparse o de justificar lo que se está diciendo. Se usa, como dijo Aluminé: “Hablando mal y pronto”, y antes o después, se dice lo que se quiere decir.»[4]

Hablar bien, hablar mal.
« El proceso de la escritura y el del habla son similares: ambos nos sirven para comunicar nuestros pensamientos, nuestras sensaciones y nuestros sentimientos. Porque ambos utilizan el mismo instrumento, el mismo soporte: la palabra.
La palabra no sólo nos permite comunicarnos en voz alta o por escrito con los demás, sino también reflexionar en silencio.
No hay pensamiento sin palabras. Cuando pensamos, nos hablamos a nosotros mismos. A veces, eso sí, a enorme velocidad. Tanta, que perdemos la noción de las palabras. Podemos sentir sin palabras -un dolor no necesita de palabras para dañarnos-, pero no podemos pensar sin palabras.
Incluso un género de pensamiento tan aparentemente próximo de las sensaciones como es la intuición se mueve con palabras. Una intuición no es más que un razonamiento que nuestro cerebro desarrolla de modo tan fulgurante que no nos deja ver las etapas que ha seguido, los eslabones intermedios de la cadena. Pero esos eslabones existen.
El buen uso de la palabra -ya las rumiemos en nuestro cerebro, ya la hagamos aflorar al exterior, oralmente o por escrito- es esencial para el buen funcionamiento de nuestro pensamiento. Alguien que sólo conoce unos pocos cientos de palabras es alguien cuyo pensamiento tiene sólo unos pocos cientos de combinaciones posibles, esto es, alguien que está obligado a simplificar enormemente las realidades.
Creo que era Hegel quien sostenía que quien expresa de modo confuso sus ideas es porque no las tiene claras. A veces nos topamos con gente que pretende convencernos de que ve muy claro un asunto, pero que no acierta a explicarlo. Se engaña: cree que lo ve claro, pero no es verdad. Es imposible razonar bien para el propio coleto y no poder verbalizar el razonamiento, porque el propio coleto también se maneja con palabras.
Ocurre con esto como con el psicoanálisis. En las sesiones de psicoanálisis, el paciente debe exponer sus sentimientos ante el analista, persona con la que no tiene más relación que la clínica y con la que, por ende, apenas puede apelar a sobreentendidos. En su fuero interno, el paciente está acostumbrado a dar por hecho que sus sentimientos son razonables y sensatos. Pero, al tratar de explicárselos a un extraño, se topa con todas sus incongruencias y sus trampas, lo que puede ponerle en las puertas de una crisis que, en determinadas condiciones, le resultará muy útil y saludable. »[5]

Todo tiene su momento en esta vida

« “Tiempo de callar y tiempo de hablar(vs. 7).
Saber hablar y saber callar a su debido tiempo es una de las recomendaciones más frecuentes de los sabios de todos los tiempos.

Ningún libro de la Biblia denuncia el poder destructivo de la lengua como lo hace el apóstol Santiago.

El Talmud judío contiene un pasaje en el que se refiere a la tercera lengua. Dice que la lengua mata a tres: al calumniador, al calumniado y al que cree en la calumnia.

Cuando hablas contra tu hermano te dañas tú, dañas a tu hermano y dañas a la persona que te está escuchando. ¡Cuántas veces hemos oído a personas decir: “No me cuentes más chismes. Me están haciendo daño las cosas que hablas”!

  • “Aun el necio, cuando calla, es contado por sabio; el que cierra sus labios es entendido” (Proverbios 17:28).
  • “El que guarda su boca y su lengua, su alma guarda de angustias” (Proverbios 21:23).

Cuando las grandes autoridades religiosas del pueblo hebreo sometieron a Jesús a juicio y buscaban falsos testigos para poder acusarle, el Señor permanecía tranquilo.

Lleno de ira, el sumo sacerdote le pregunta: “¿No respondes nada? ¿Qué testifican estos contra ti?”. Y el evangelista comenta: “Jesús callaba” (Mateo 26:62-63).»[6]

Conclución:

«“Pero Jesús no le respondió ni una palabra; de tal manera que el gobernador se maravillaba mucho”. (Mateo 27:14)

Como cristianos queremos seguir al Maestro, caminar por sus pisadas, seguir su ejemplo. Jesús, la expresión máxima de la revelación de Dios a los hombres. Jesús, el Verbo hecho carne. Nos sorprende su mensaje simple pero eficiente, sabio, apropiado a cada situación y a cada interlocutor, justo, sin derroche de palabras formales y huecas ni escatimando el diálogo y la comunicación genuinos. Las palabras de Jesús, vida y salud para el ser humano.

Repentinamente, aparece algo extraño, incomprensible tal vez, pero impactante: el silencio de Jesús. “Y siendo acusado por los principales sacerdotes y por los ancianos, nada respondió. Pilato entonces le dijo: ¿No oyes cuántas cosas testifican contra ti? Pero Jesús no le respondió ni una palabra; de tal manera que el gobernador se maravillaba mucho” (Mateo 27: 12-14). Jesús hizo silencio, pero dijo todo. Tiempo de hablar y tiempo de callar.

El silencio es un mensaje poderoso. Puede significar compasión y comprensión; dar espacio a otro; castigar; eludir un compromiso; impotencia o reconocimiento de los propios límites; ignorancia; culpa; etc.

El silencio de Jesús es un mensaje poderoso. ¿Qué nos quiso decir? Podemos tejer muchas hipótesis. El pasaje menciona el efecto que el silencio de Jesús tuvo sobre Pilato: una mezcla de curiosidad, perplejidad, ¿admiración tal vez? Otro pasaje nos ayuda. “Pues para esto fuisteis llamados; porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas… quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente” (1ª Pedro 2:21-23).

Se ilumina el escenario donde Jesús está frente a Pilato. Se escucha fuertemente el silencio de alguien que teniendo toda la razón, toda la potencia, toda la fuerza de una conciencia sin mancha, toda la autoridad para juzgar a quienes lo acusan… elige callar. El silencio del inocente. El silencio de quien asume una culpa que no le es propia, pero que está dispuesto a cargar. El silencio no de la pasividad y la impotencia, sino de alguien que conoce y confía en el supremo Juez ante quien encomienda su causa.

El silencio de Jesús, una actitud sobrenatural: elegir callar cuando hay mucho que podría decirse. El silencio elocuente de Jesús, un ejemplo para cada cristiano.

Oración: Señor, gracias por tu ejemplo de hacer silencio en el tiempo apropiado. Que podamos seguir tus pisadas. Amén.» [7]

Hay que pensar antes de hablar. Bien dijo Santiago:“Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse” (Santiago 1:19).

Notas

[0] http://www.sabidurias.com/

[1] http://edukamus.blogspot.com

[2] 10 claves para educar

[3] Pensar antes de hablar y reflexionar antes de actuar

[4] hablar mal y pronto

[5] Hablar bien

[6] Tiempo para todo (VIII)

[7] Tiempo de callar

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