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Mayo 7, 2008

El juicio del mono


El juicio del mono

por Bartolo Luque

PUBLICADO EN TECNOCIENCIA 10 (Febrero 2007)

En marzo de 1925, la asamblea legislativa de Tennessee aprobó la ley Butler, que prohibía la enseñanza de la teoría de la evolución de Darwin en el estado. Se consideraba delito proclamar que los seres humanos hubieran evolucionado a partir de otras especies. La enseñanza oficial debía estar en acuerdo con la Biblia: el hombre fue creado por Dios y la mujer a partir de una de sus costillas. Cuatro meses después, John Thomas Scopes fue arrestado mientras daba clases de evolución en un instituto de secundaria de Dayton (Tennessee). Las autoridades del pueblo consiguieron que William Jennings Bryan (derecha), tres veces presidenciable de los EEUU y fundamentalista religioso, se convirtiera en acusador. Clarence Darrow (izquierda), uno de los abogados más famosos del país por aquel entonces, se ofreció para la defensa. Según calificó el propio Bryan, el juicio, que comenzó el 10 de Julio, sería una «contienda entre la Evolución y la Cristiandad». De modo que la fotografía de este mes puede considerarse una alegoría del enfrentamiento entre ciencia y religión, entre evolución y creacionismo.

El veredicto pudo ser escuchado en directo por radio en todo el país. El 21 de Julio, en tan solo 8 minutos de deliberación, el jurado declaró a Scopes culpable, lo multaron con 100 dólares y quedó en libertad. Darrow apeló a la Suprema Corte de Tennessee y la batalla legal se saldó dos años después con una reducción de la multa a un dólar y una ley antievolución que a nivel práctico dejó de aplicarse. El juicio de Scopes se celebraba 65 años después de la publicación de El origen de las especies de Darwin. Durante todo ese tiempo la teoría de la evolución había madurado gracias a un torrente ininterrumpido de datos y estaba sólidamente fundamentada para la comunidad científica. En realidad el juicio de Scopes fue un contraataque a los vientos fundamentalistas que volvían a resoplar para derrocarla. George W. Rappelyea, un ingeniero que trabajaba en la mina de carbón de Dayton, deseaba la abrogación de la ley antievolución de Tennessee. Apoyado por la Asociación de Libertades Civiles Norteamericanas (ACLU), logró convencer a Scopes para que hablara a sus alumnos de evolución y fuese denunciado por ello. La prensa hizo el resto: Dayton se convirtió en un circo, bautizó el caso con el nombre con que pasaría a la historia, el juicio del mono, y dio la publicidad al asunto que la ACLU deseaba.

¿Lejano en el tiempo? En 1999, el estado de Kansas decidió eliminar cualquier mención a la edad de la Tierra, la teoría de la evolución o el Big Bang en los programas de las escuelas públicas. Arrecia de nuevo el creacionismo, hasta el extremo de que se ha hecho portada en 2006 en Nature, donde leemos: «Esta revista contiene material sobre la evolución. La evolución por selección natural es una teoría, no un hecho. Este material debe ser leído con una mente abierta, estudiado cuidadosamente y considerado críticamente. Aprobado por el Consejo de Gobierno de las Universidades, 2006». Advertencia copiada de las portadas de los libros de Biología en los estados de la Unión donde los fundamentalistas han impuesto sus creencias. No se me ocurre mejor respuesta que este párrafo del libro Dientes de gallina y dedos de caballo del paleontólogo Stephen J. Gould: «Bien, la evolución es una teoría. Es también un hecho. Y los hechos y las teorías son cosas diferentes, no son peldaños en una jerarquía de certeza en aumento. Los hechos son los datos del mundo. Las teorías son estructuras de ideas que explican e interpretan hechos. Los hechos no cambian cuando los científicos discuten las teorías rivales para explicarlos. La teoría de Einstein de la gravitación substituyó la de Newton, pero las manzanas no quedaron suspendidas en el aire pendientes del resultado. Y los humanos evolucionaron a partir de antepasados simiescos tanto si lo hicieron por el mecanismo propuesto por Darwin o por algún otro que esté por descubrir».

Pero, ¿por qué es esta contienda tan importante? Lo expresaba magistralmente Spencer Tracy, interpretando al abogado defensor del juicio del mono, en la película Heredarás el viento (1960): «¿No lo entiende? ¿No entiende que si se toma una teoría como la evolución y se convierte en un crimen enseñarla en las escuelas públicas, mañana puede convertirse en un crimen enseñarla en las escuelas privadas? Y después en un crimen el leer sobre ella. Y seguidamente se podrían prohibir los libros y los periódicos [...]. Si se puede hacer una cosa, se puede hacer la otra. Porque el fanatismo y la ignorancia están siempre ocupados, y necesitan alimentarse». Y a esto añadiría algo más. Todos hemos leído alguna vez la famosa respuesta de Thomas Henry Huxley, a la pregunta de Samuel Wilberforce, obispo de Oxford, de que «si era a través de su abuelo o de su abuela, de quien declaraba descender de un mono» en la contienda más famosa entre evolucionistas y creacionistas. Es menos conocido el comentario por lo bajini que hizo una piadosa señora del público asistente: «Esto de la evolución es una aberración, pero si fuera verdad, lo mejor que podría ocurrir es que se enterara el menor número de gente posible». El fundamentalismo es un problema, pero como científicos poco podemos hacer contra él. El analfabetismo científico es otro, y ese sí es de nuestra responsabilidad.

Trasfondo histórico

Los medios de comunicación estatales españoles están desde hace largo tiempo en campaña constante para convencer al público de la factualidad de la doctrina evolucionista en cuanto al origen y desarrollo del mundo de lo viviente. Ejemplo de ello ha sido el pase de producciones como Cosmos, Era una vez el hombre, y un largo etcétera. Por Radio 2 (FM) de Radio Nacional de España se ha retransmitido algunas veces la obra teatral en adaptación para la radio La herencia del viento. Esta obra pretende pasar por ser una representación del juicio que tuvo lugar en Dayton (Tennessee) en 1925 contra un maestro de escuela, acusado de enseñar evolución, lo cual estaba prohibido en las escuelas públicas de aquel estado por la ley Butler, y que no fue derogada hasta el año 1968. Se ha pasado últimamente por televisión en su última versión (1988) en forma de drama documental televisivo, y es esencialmente una repetición de la película del mismo título para el cine producida en 1960 con Spencer Tracy (personificando a «Henry Drummond» = Clarence Darrow, el abogado defensor), Gene Kelly (personificando a «Hornbeck» = Mencken, un famoso columnista de la prensa), y Frederick March (haciendo el papel de «Matthew Brady» = William Jennings Bryan, principal abogado de la acusación). En la versión de 1988, dirigida por David Green, actúan Kirk Douglas como William Jennings Bryan, y Jason Robard y Darren McGavin.

En toda esta cuestión del famoso juicio de Scopes se han levantado enormes pasiones, y esta película, ya desde su primera versión en 1960, ha contribuido a echar gasolina al fuego con su presentación de los hechos retorcida y parcial, como se demuestra en el cuerpo del artículo: Frente al mito de celudoide, Scopes jamás fue detenido en su clase, en presencia de sus alumnos, ni encarcelado, ni corría riesgo de pena de cárcel, que no estaba contemplada en la ley. Lo que es más chocante, y lo confiesa él mismo en diversas ocasiones, él no enseñó evolución, sino que aceptó voluntariamente ser acusado de ello para poner a prueba la mencionada ley Butler.

Y antes de seguir, se debe poner en claro que este artículo es un examen de la factualidad de los hechos de la película, en comparación con la transcripción del juicio y otras fuentes históricas. Dicho todo esto, pasemos a examinar la cuestión.

¿Qué era esta Ley Butler? ¿Se trataba acaso de una posición cerril de los antievolucionistas, dispuestos a perseguir inquisitorialmente a los que mantuvieran ideas evolucionistas, según la idea que se puede desprender fácilmente de esta situación? Para contestar a esta pregunta se debe comprender la situación política y social de los Estados Unidos. Allí siempre se había protegido el libre tráfico de las ideas sin censura. Pero cuando llegamos a la concepción de qué es la educación, y a quién compete administrar la educación a los niños, había y hay, tanto allí como en España y en todos países, el choque entre la idea de que el contenido y la orientación filosófica de la educación competen a los padres, y que los poderes públicos deben garantizar que esto se respete estrictamente (como reza el artículo 27.3 de la Constitución Española), y la despótica, en la que el Estado usurpa el lugar de los padres en esta cuestión.

En Tennessee, como en todos los estados de la Unión, regía el principio de separación de iglesia y estado, por lo que no se podía enseñar la Biblia en las escuelas públicas. Sin embargo, atendiendo al sentir general de la población, que no quería que la escuela pública fuera empleada para subvertir las creencias cristianas que los niños aprendían en sus hogares o en la iglesia (por cuanto el concepto de escuela pública era que cumplía una misión subsidiaria a los padres), la Ley Butler prohibió enseñar que el hombre provenía de órdenes animales inferiores como contraria a la enseñanza bíblica admitida por la generalidad de la población. No se prohibía enseñar la evolución de los animales y de las plantas, y tampoco se mandaba afirmativamente enseñar la Biblia, lo que estaba constitucionalmente prohibido: sólo se prohibía enseñar una hipótesis subversiva de la fe cristiana a niños de padres en medio de una cultura cristiana en instituciónes públicas de enseñanza. Los maestros que quisieran fundar una escuela privada para enseñar su concepción particular del origen del hombre y filosofías anticristianas no eran en absoluto molestados. Pero en la cuestión de la enseñanza pública se imponía esta limitación, en atención a la postura mayoritariamente cristiana de la población.

Aquí se debe insistir que a pesar de toda la propaganda en contrario, el evolucionismo no ha sido demostrado como un hecho, aunque algunos de sus partidarios lo repitan constante y estridentemente, sino que sigue siendo una doctrina hija de la filosofía naturalista, cuyo método excluye a Dios a priori. Dentro de su marco se intenta dar explicación al mundo de lo viviente dejando expresamente a un lado toda posible acción divina. Así, el Evolucionismo no es una conclusión dictada por el estudio del mundo de lo viviente, sino una filosofía formalmente atea que se impone sobre el estudio del mundo de lo viviente como punto de partida metodológico necesario por parte de sus creyentes. «No es por sus conclusiones, sino por su principio metodológico que la ciencia moderna rechaza la creación directa» (véase Weizsäcker, C. F. von, La importancia de la ciencia, Ed. Labor, Barcelona 1976, pág. 125).

Fuente: http://www.tecnociencia.org

10 comentarios

  1. Pienso que el debate entre evolucionistas y creacionistas es parte de una etapa casi superada, estamos en la era del conocimiento y la evolucion pertenece al atraso, al oscurantismo, al fetichismo, la ignorancia, la estupidez mas aberrante del ser humano.Los profesionales y estudiosos que se respetan al leer sobre eso lo hacen con la cabeza baja de la verguenza, porque no pueden creer como es que una burda mentira a sobrevivido tanto, sin siquiera tener un hilo conductor de la prueba,que en el area legal nosotros decimos, es la madre de las pruebas.
    Como profesional del derecho, experto en criminalistica, experto en planificacion, y en administracion estoy dispuesto a asistir a todos los foros nacionales e internacionales para demostrar que la teoria de la evolucion es un fiasco de los grandes…

    comentario por Dr. Manuel Cordones M — Mayo 28, 2008 @ 1:47 pm

  2. Dr. Manuel Cordones M
    Bienvenido al blog.
    Le gustaria participar de un foro donde se debate la teoria de la evolución.
    Si es asi, y ud. me lo permite, yo le invitaria participar de un debate didáctico, donde estoy enseñado lo que dicen las teorias, para poder conocerlas y evaluarlas.
    Espero su respuesta.
    Cordialmente
    Paulo Arieu

    comentario por pauloarieu — Mayo 28, 2008 @ 1:51 pm

  3. Hola
    Me gustaría que alguna vez uno de todos los Grandilocuentes Creacionistas que llenan el Ciberespacio con cosas como que la Teoría de la Evolución es una mentira, un fraude, que no tiene evidencias, etc…y un Chorro Diarreico casi insoportable, nos den aunque sea una sóla Evidencia de la Creación. Verguenza deberìan tener los ignorantes que no saben de lo que opinan tan sueltos de cuerpo.
    Saludos.

    comentario por Phosphoros — Mayo 28, 2008 @ 5:00 pm

  4. ¿Me Censuraste otra vez o me parece?…

    comentario por Phosphoros — Mayo 28, 2008 @ 5:36 pm

  5. No no me censuraste…¡¡¡había desaparecido mi Post!!!. Rarísimo.

    comentario por Phosphoros — Mayo 28, 2008 @ 5:38 pm

  6. Sería muy bueno que el Dr Manuel Cordones M. léa mi resúmen:
    http://lasteologias.wordpress.com/2008/04/21/la-teoria-de-la-evolucion-no-se-gana-nada-con-ocultar-la-informacion-esta-debe-ser-evaluada-para-bien-o-para-mal/
    Saludos.

    comentario por Phosphoros — Mayo 28, 2008 @ 6:01 pm

  7. Hola
    Sería muy bueno que el Dr lea mi post del 15/05/2008 07:42 Hs. en:
    http://lasteologias.wordpress.com/2008/05/12/definiciones-basicas-para-la-controversia-creacionevolucion/
    Saludos.

    comentario por Phosphoros — Mayo 28, 2008 @ 8:22 pm

  8. Dr. Manuel, dice “Como profesional del derecho, experto en criminalistica, experto en planificacion, y en administracion…” (…)

    ¿y un poquito de biología, ya que la teoría de la evolución sólo habla de especies biológicas?
    Un saludo

    comentario por Manuel — Mayo 28, 2008 @ 9:52 pm

  9. Phosphoros. No estas censurado. Por ahi ando poco con la computadora, ando haciendo otras cosas.

    comentario por pauloarieu — Mayo 29, 2008 @ 3:03 am

  10. Hola Paulo
    No, es que desaparecían los últimos Post…Re-loco.
    Manuel tiene razón, mucho Doctor, mucho Doctor, pero de Biología Ní un pomo.
    Saludos.

    comentario por Phosphoros — Mayo 29, 2008 @ 10:00 am


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