Paulo Arieu Theologies Web

Mayo 7, 2008

La ansiedad

Archivado en: 1 — pauloarieu @ 10:36 pm

¿Qué es la ansiedad?

Es una especie de agitación, inquietud, o zozobra. La ansiedad ciertamente ataca a la persona física, emocional y espiritualmente. El término Bíblico «estar afanoso» significa literalmente «destrozarse». La ansiedad viene cuando los pensamientos de la mente y los sentimientos del corazón tiran hacia diferentes direcciones y «nos destrozan». La mente piensa respecto a los problemas y estos sentimientos pesan en el corazón creando un círculo vicioso que destruye nuestro estado emocional. Nuestra mente nos dice que no deberíamos afanarnos, pero a menudo no podemos controlar la ansiedad de nuestros corazones. Antes de disfrutar de la paz tenemos que romper este círculo de ansiedad.

¿ Qué provoca la ansiedad?

Actitudes y pensamientos equivocados hacia las personas, las circunstancias o las cosas. Podemos notar que en este capítulo que Pablo no se afana con respecto a las personas, ni por las circunstancias, ni por las cosas materiales de la vida. De modo que era natural que tuviera el sentir confiado de este capítulo. Su mente y corazón estaban en paz y ni las personas, ni las circunstancias, ni las cosas podían perturbarlo.

El orgullo

Archivado en: 1 — pauloarieu @ 10:31 pm

El orgullo no tiene sabor, ni color, no tamaño. Y sin embargo, es lo más difícil de tragarse.
August Black

C. S. Lewis llamó al orgullo “un cáncer espiritual,” que se come al amor y al contentamiento.

Para deshacernos del orgullo empecemos a pedir perdón cuando tropecemos con alguien desconocido. Demos las gracias sin apretar tanto los labios. Pidamos ayuda cuando la necesitemos.

INTRODUCCIÓN

El ORGULLO es el amor propio del ego que ha llegado a creer que es real… Si nos damos cuenta de que sentimos orgullo por todos los éxitos terrenales que hemos obtenido, sepamos que esos éxitos son para nuestro ego….

El orgullo es absurdo en sí mismo porque de nada sirve cuando nos sumergimos en la Unidad….
El orgullo produce: parálisis.

Envaramiento del cuerpo.

El orgullo tiene una expresión no verbal

Dos investigadores del Departamento de Psicología de la Universidad de California en Davis descubrieron que el orgullo tiene su propia y reconocible expresión facial y lenguaje corporal, lo que lo hace parte de una breve lista de emociones humanas reconocibles que han sido identificadas por los científicos.

En el número de marzo de la revista Psycological Science, la estudiante de doctorado Jessica Tracy y el profesor Richard Robins reportaron el resultado de tres experimentos que muestran que el orgullo tiene una expresión no verbal que puede ser distinguida de otras emociones positivas como la felicidad y la exaltación.

La gente que muestra orgullo generalmente lleva una pequeña sonrisa, inclina levemente la cabeza hacia atrás, visiblemente expanden su postura y alzan los brazos por encima de su cabeza o bien se ponen las manos en la cintura,

En varios experimentos se crearon fotos de personas en poses que expresaban diferentes emociones, incluyendo posibles expresiones de orgullo. A los participantes se les pidió que identificaran las fotos que correspondían a emociones específicas, y que determinaran las que estaban asociadas con el orgullo.

Los resultados de estos experimentos colocan al orgullo en un pequeño grupo de emociones que tienen expresiones definidas y reconocibles. Éstas incluyen el enojo, la indignación o el asco, el miedo, la felicidad, la tristeza, la sorpresa, y posiblemente el desprecio y la vergüenza.

Tracy y Robins escriben: “Los resultados retan la creencia que todas las emociones positivas comparten las mismas expresiones no verbales”.

Ellos creen que la expresión de orgullo es una forma de comunicación no verbal que ha evolucionado en los seres humanos para que después de lograr algo, un individuo pueda mejorar su estatus social comunicando su éxito a los otros a través de esta expresión. Tracy y Robins también especulan que expandir la postura en esta expresión crea una impresión de grandeza y así se expresa el sentido de dominación; y el inclinar la cabeza hacia atrás quizás le permite al individuo observar por encima de la gente mostrando superioridad.

Aunque otras investigaciones se han enfocado en las expresiones faciales, esta investigación en particular muestra que para expresar una emoción se usa más que la cara. “El reconocimiento del orgullo disminuyó de manera sustancial cuando la expresión se restringió a sólo los hombros y la cabeza y no es mejor que un juego de azar cuando sólo se muestra la cara”, dicen los investigadores.

Por otro lado, cuando los participantes observaron sólo la postura del cuerpo sin las expresiones del rostro no reconocieron la expresión del orgullo.

El orgullo es una emoción importante que juega un papel crucial reforzando los comportamientos sociales, como el cuidar de los demás y el logro de las metas, opinaron Tracy y Robins. También dicen que: “En efecto, el orgullo es la emoción (junto a la vergüenza) que nutre el autoestima”.

Sentirse orgulloso puede incrementar el autoestima y alerta al individuo que es valorado por otros. Expresar orgullo es una forma de llamar la atención y también de avisar a los demás que uno merece la aceptación y un mejor estatus en la sociedad, dicen Tracy y Robin.

I. LO QUE ES EL ORGULLO

A. El orgullo, la opinión demasiado alta de uno mismo, es un pecado Prov. 6:16-19; 21:4
B. El orgullo es una avenida de tentación, 1 Juan 2:15-17

El orgullo es falta de reconocimiento de que nuestra personalidad NO forma parte de algo simplemente maravilloso…
Miremos el cielo en una noche estrellada… El orgullo nos hace sentir solos… Si perdemos el orgullo… una noche… mirado las estrellas… sentiremos que todos los seres que habitamos este planeta, somos el planeta… estamos pegados a él… y nuestro planeta junto con los demás, forman nuestro sistema solar que tiene como centro una estrella como esas que vemos… Somos parte de las estrellas… Seguramente en otro planeta de otra estrella exista un ser preguntándose lo mismo… sintiendo lo mismo…

Todos los éxitos terrenales que podamos obtener están muy bien cuando estamos proyectados… jugando a vivir un tipo de vida … pero de nada sirven cuando nos sumergimos en la Unidad…

Nuestro orgullo nos impide ver la pequeñez de nuestra personalidad… Creyéndonos tan importantes… tan grandes… lo único que conseguimos es provocar enfermedades que se manifestarán con parálisis y envaramiento del cuerpo.

Para deshacernos del orgullo empecemos a pedir perdón cuando tropecemos con alguien desconocido… Demos las gracias sin apretar tanto los labios… Pidamos ayuda cuando la necesitemos… Superemos las dificultades para decir “Buenos días o Hasta luego” en lugares como en un ascensor… Digámosle te quiero a quien debiéramos decírselo…

Aceptemos que por más éxito material que hayamos obtenido… que por mas lugares del mundo que hallamos visitado… no estamos aquí para jugar a presumir…

Cuando el orgullo nos asalte (debemos estar en estado de alerta para detectar que nos asalta el orgullo), tratemos de darnos cuenta de que nuestras personalidades no son nada en sí mismas.

¡Nuestra humildad debería ser infinitamente mayor, para reconocer nuestra propia fragilidad ante el Gran Arquitecto del Universo!… La Humildad es una lección para el ego… Porque el ego se ha engañado a sí mismo creyendo que es real y tiene amor propio.

En Proverbios 6:16 – 19, se dice que “Hay 7 cosas que el Señor odia y no puede tolerar”. Estas son:

  • Una mirada orgullosa.
  • Una lengua mentirosa.
  • Manos que matan gente inocente.
  • Una mente que hace planes malvados.
  • Pies que se apresuran a hacer el mal.
  • Un testigo que dice mentira tras mentira.
  • Alguien que causa problemas entre amigos.

Aunque también son siete, son bastantes diferentes de los “Siete Pecados Capitales”. El único pecado que está claramente en ambas listas es el orgullo. “Manos que matan gente inocente” pueden referirse a la ira. Sin embargo, es posible un caso en que una persona mate a alguien malvado llevado, que podría ser un ejemplo de ira pero no de matar a un inocente; y de forma similar, el asesinato a sangre fría de un inocente sería de las “cosas odiadas” sin ser necesariamente un ejemplo de ira. Los otros cinco “pecados capitales” no tienen ninguna correspondencia cercana a las ‘cosas odiadas’.

II. ¿DE DÓNDE VIENE EL ORGULLO?
A. Del corazón, Mar. 7:21-23
B. Del conocimiento de la ciencia del mundo, 1 Cor 8:1b-2
C. De un apellido ilustre, Fil 3:4-7
Gran honor, el nombre de Cristo, evítese jactancia.
D. De una posición importante
1. Ser ancianos, puede hacerles orgullosos, 1 Tim 3:6
2. Tener un título de doctor, ingeniero, etc.
E. El poder y las riquezas pueden ocasionar orgullo (Nabucodonosor), Dan 4:30-31
F. Realizaciones pueden ocasionar orgullo, Luc 18:10-12

III. ¿DE QUÉ ES CAUSA EL ORGULLO?
A. El orgullo nos hace olvidar que somos siervos, no amos, Mat. 20:26
B. El orgullo nos hace destronar a Dios del corazón, Prov. 30:13; Sal 14:1
C. El orgullo nos hace enaltecernos, Prov. 25:27; 6:17
D. El orgullo ocasiona que una persona sea egoísta:
1. “A mi modo, o no se hace”, Prov. 13:10
Prov. 14:3 Prov. 21:24 Prov. 28:25
E. El orgullo nos ocasiona cegarnos de nuestros pecados
F. El orgullo nos ocasiona condenar a otros, Mat 7:3
G. El orgullo impide varias cosas:
1. Impide conversión, Mat 5:3; 18:3
2. Impide a uno el auto – examen, Apoc 3:17
3. Impide a uno que confiese su falta a Dios y a otros.
4. Impide servicio – (Demasiado orgulloso para las tareas humildes, Juan 13:13-15)

IV. LA CAÍDA QUE EL ORGULLO TRAE
Prov. 15:25
Prov. 16:18-19
Prov. 18:12

CONCLUSIÓN:

Recordemos que estamos hechos a la imagen de Dios.
Pero tengamos cuidado para nunca llegar a ser culpables de exaltarnos
nosotros mismos. Reconozcamos siempre nuestra dependencia de Dios.
Seamos hijos humildes en sujeción al Padre. ¡La humildad caracteriza a los cristianos!

Las claves para abandonar el orgullo son: Aprender a perdonar Aceptar el perdón de los demás.

FUENTES;

  • http://www.enbuenasmanos.com
  • http://www.amigoval.com/Bosquejos/Orgullo.htm
  • http://www.ahorausa.com/CyT070704ExpresionNoVerbaldelOrgullo.htm

La diócesis de Javier, en Navarra, España será una de las sedes del encuentro mundial de la juventud

Archivado en: 1 — pauloarieu @ 8:43 pm

La diócesis de Javier, en Navarra,España será una de las sedes del encuentro mundial de la juventud
Diario de Navarra

Es una de las tres sedes españolas para quienes no puedan acudir a la cita de julio con el Papa Benedicto XVI en Sidney

El santuario de Javier en Navarra será entre el 17 y el 20 de julio, junto a santiago de Compostela y el Rocío, una de las tres sedes españolas de los encuentros de jóvenes cristianos que se reunirán en paralelo a la cita mundial organizada en la ciudad australiana de Sydney con el Papa Benedicto XVI.

Así lo ha anunciado hoy en conferencia de prensa el arzobispo de Pamplona y Tudela, Francisco Pérez, quien ha explicado que el evento pretende ofrecer una oportunidad a los jóvenes que no puedan ir a Sydney de compartir el espíritu que se vivirá en Australia con el Papa, de forma que se organizan dos días de talleres preparatorios que culminarán en una noche de vigilia en la que se conectará con la misa que oficiará el Papa.

“La juventud necesita ánimo, ilusión y esperanza”, ha asegurado Pérez, quien ha considerado idónea la elección de Javier como una de las tres sedes españolas para seguir el evento ya que el santo navarro es el patrón de las misiones y “un navarro que supo perder todo para lanzarse a la evangelización”.

Al respecto ha invitado a que a la cita de Javier acudan los jóvenes de la zona noreste de España para vivir la cita mundial del papa con la juventud, y ha avanzado que se espera reunir en la localidad navarra a un millar de personas, mientras que ya suma un centenar, principalmente del movimiento neocatecumenal, el grupo que ha confirmado su viaje a Sidney.

La Diócesis de Pamplona, en España prepara un encuentro de 1.000 jóvenes en Javier

Archivado en: 1 — pauloarieu @ 8:42 pm

La Diócesis de Pamplona,en España, prepara un encuentro de 1.000 jóvenes en Javier

Diario de Noticias

La diócesis de Pamplona, en España, ha preparado un encuentro con jóvenes en Javier con motivo de la XXIII Jornada Mundial de la Juventud, que se celebrará en Sidney (Australia) y a la que acudirá el Papa Benedicto XVI, bajo el lema Con la fuerza del Espíritu seréis mis testigos . Se espera que a la cita en Javier acuda un millar de jóvenes.

El arzobispo de Pamplona y obispo de Tudela, Francisco Pérez, explicó en rueda de prensa que con motivo de estas jornadas de Sidney, la Conferencia Episcopal ha organizado, además del encuentro en Javier, otros tres actos en España para los jóvenes que no puedan acudir; en el Rocío en Huelva, en Santiago de Compostela y en Madrid.

Pérez destacó que se pretende crear “una red de confraternización porque la realidad de la juventud es que necesita el ánimo, la ilusión y la esperanza, y esto está en el corazón del Papa Benedicto XVI”.

El arzobispo indicó que “lo importante es que la juventud descubra la grandeza de creer en Jesucristo y en su iglesia”. “Por eso invito a todos los jóvenes de Navarra a participar en este encuentro”, añadió.

La cita de Javier está dirigida a jóvenes a partir de 16 años. El precio es de 90 euros con alojamiento, comida y materiales incluidos. El plazo de inscripción termina el 20 de junio y se podrá realizar en la secretaria de la delegación de Juventud del Arzobispado de Pamplona, situada en el Seminario, en el teléfono 948 292403, en el mail juventud@iglesianavarra.org y en la página web www.iglesianavarrajoven.org.

A través de la delegación de Juventud, la diócesis de Pamplona ha creado una comisión de trabajo con 12 delegaciones responsables de actividades en las que colabora el Gobierno de Navarra, el Ayuntamiento de Javier y la Compañía de Jesús, los Jesuitas.

El programa se desarrollará del jueves 17 al domingo 20 de julio. Comenzará con la acogida general el jueves por la tarde. Las actividades principales del viernes, bajo el lema Con la fuerza del Espíritu, serán la presentación general del encuentro, el Vía Crucis desde Sangüesa a Javier, varios talleres de temas de actualidad y una velada musical ya entrada la noche en el auditorio Francisco de Jaso.

El sábado, bajo la premisa Seréis mis testigos, a lo largo del día habrá una oración-catequesis sobre la carta del Papa a los jóvenes, la vigilia de oración en conexión vía satélite con Sidney, los talleres con temas de testimonios y compromisos de los jóvenes de hoy.

La jornada culminará con una gran celebración llamada Desde la noche caminamos hacia la luz, de las 24 horas hasta el amanecer a las 7 horas. Se iniciará con un Vía Lucis, música, testimonios y oración para conectar con la misa del Papa en Sidney de 2 a 5 horas en el auditorio. El encuentro finalizará con una fiesta-desayuno y la eucaristía presidida por el arzobispo Francisco Pérez en la explanada del Castillo.

“La enseñanza concertada sale al Estado más barata que la pública”

Archivado en: 1 — pauloarieu @ 8:40 pm

“La enseñanza concertada sale al Estado más barata que la pública”
Diario de Navarra
Defiende la libertad de enseñanza como la seña de identidad de CECE, una patronal que agrupa a 5.800 centros concertados religiosos y laicos en toda España. Su presidenta, Isabel Bazo, pronunció ayer una conferencia en Pamplona. – “Repartir a los alumnos inmigrantes entre todos los colegios es un disparate que va contra la libertad de las familias” – “Los profesores de la concertada no pueden cobrar lo mismo que los funcionarios porque no han hecho oposiciones”
La madrileña Isabel Bazo Sánchez representa a unos 5.800 centros educativos concertados de toda España. Desde hace seis años es la presidenta de la Confederación Española de Centros de Enseñanza (CECE), una patronal que agrupa en Navarra a 19 centros y unos 5.000 alumnos. Licenciada en Bellas Artes, ha sido profesora de Dibujo y Geometría descriptiva en el colegio francés Nuestra Señora de la Sabiduría de Madrid.

Reacia a confesar su edad, sólo dice que ha estado 41 años en un aula de ese centro, del que también fue directora. Ayer pronunció una charla en Pamplona, invitada por la asociación Navarra educa en libertad, que impulsa la objeción de conciencia en la materia de Educación para la Ciudadanía (3º de ESO).

¿Qué es CECE? ¿Qué la diferencia de otras patronales de enseñanza concertada?

Es una patronal creada en 1977 por un religioso agustino, Ángel Martínez Fuentes, que era senador de la UCD. Él creía en la libertad de la enseñanza. Entonces fue una revolución. CECE agrupa a centros educativos de todos los niveles (centros de Infantil, colegios, universidades, colegios mayores…) y tendencias. Es una patronal plural que agrupa a centros laicos y religiosos católicos confesionales, del Opus Dei, neocatecumenales, evangelistas… Nuestra misión es defender la libertad de enseñanza y crear los centros que quieran los titulares. Somos el paraguas que puede defender todos los ámbitos

¿El Estado aporta suficiente dinero a los centros concertados?

La cantidad que se destina a los conciertos educativos no cubre los gastos reales de un colegio. Aunque hay comunidades autónomas, como Navarra, que complementan esta partida. Pero en otras gobernadas por el PSOE, como Andalucía, no se favorece la concertada. Allí sólo el 20% de los colegios son concertados. No obstante, al Estado un puesto en la enseñanza concertada le sale un 40% más barato que en la pública. Quiero aclarar que los conciertos con la Administración no son una ayuda para las empresas privadas, sino para que las familias puedan elegir la enseñanza gratuita que dice la Constitución.

Sin embargo, a pesar de los conciertos, en muchos colegios hay que pagar cuotas mensuales.

Pero son voluntarias. Nadie queda segregado por no pagar. Lo que ocurre es que los presupuestos generales del Estado no cubren los gastos. Por eso se necesitan estas cuotas.

¿Por eso hay menos inmigrantes en los centros concertados?

Con este tema hay una manipulación de los datos. A nivel nacional, la red concertada supone el 30% de todos los centros y la pública, el 70%. Más o menos, son los mismos porcentajes de alumnos inmigrantes que hay en las dos redes. Los inmigrantes suelen ir a los centros de su barrio. Por ejemplo, un colegio de Capuchinos de nuestra patronal que está en el barrio de Tetuán en Madrid tiene un 92% de extranjeros, porque está en un barrio de inmigrantes. Esa manía de repartir a los extranjeros entre todos los colegios y reservar un número de plazas es un disparate que va contra la libertad de esas familias de elegir un colegio.

Los profesores de la concertada quieren el mismo salario que los funcionarios. ¿Qué opina?

No me parece bien. Los funcionarios han superado una oposición, que cuesta sangre, sudor y lágrimas, y han tenido que trabajar en pueblos alejados de su lugar de residencia. Los profesores de la concertada no han tenido esos problemas y han podido elegir el centro que más les interesa. En ningún otro ámbito, los trabajadores de la empresa privada quieren tener el mismo sueldo y horario que los funcionarios. Lo que ocurre es que los trabajadores de la concertada creen que son medio funcionarios.

La semana pasada Cataluña presentó el borrador de su Ley de Educación, en la que contemplaba que los colegios para ser concertados deben ser mixtos. En CECE hay centros que separan a los alumnos de las alumnas (educación diferenciada). ¿Qué les parece esa medida?

Totalmente inconstitucional. La Constitución dice que los centros pueden impulsar el tipo de educación que deseen. Además, se ha demostrado que la educación diferenciada es positiva. Los chicos tienen más fracaso escolar que las chicas. Por eso, es bueno educarlos por separado, de acuerdo con su madurez. Hace unas décadas, tanto en la educación pública como en la concertada, los chicas estábamos separados de las chicos y no hemos tenido ningún trauma. La gente que se mete con estos centros lo hace sólo por cuestiones ideológicas.

¿Cuál es la postura de CECE respecto de la nueva asignatura de Educación para la Ciudadanía, que se imparte en 3º de ESO?

A comienzo de curso, envíe un documento a todos los centros en los que les decía que la materia está en la ley y debe impartirse. Sin embargo, aconsejaba los centros que aceptaran la objeción de conciencia de los alumnos. Son los padres los que deben elegir la educación moral y religiosa que dan a sus hijos. Estamos informado a los padres de que existe un modelo de formulario para solicitar la objeción que se puede enviar directamente a las consejerías de Educación, en vez de a los propios colegios.

Día de la Victoria

Archivado en: 1 — pauloarieu @ 8:37 pm

Día de la Victoria

Hoy 9 de mayo se celebra el día de la Victoria sobre el nazismo.

Desfile del Da de la Victoria el 9 de mayo de 1945 en la Plaza Roja de Moscú

Desfile del Día de la Victoria el 9 de mayo de 1945 en la Plaza Roja de Moscú

El Día de la Victoria (en ruso: День Победы, Den’ Pobédi) es la fiesta de la victoria de la Unión Soviética y los Aliados sobre la Alemania nazi el 9 de mayo de 1945 en la Segunda Guerra Mundial, o Gran Guerra Patria (en ruso: Великая Отечественная Война, Velíkaya Otéchestvennaya Voyná), como se la denominó en la Unión Soviética. Es día festivo en Rusia, Ucrania y en la mayoría de antiguas repúblicas soviéticas.

Los alemanes, representados por el generalfeldmarschall Wilhelm Keitel, firmaron la rendición incondicional el 8 de mayo de 1945 a las 22:43 hora central europea (9 de mayo a las 0:43 hora de Moscú), poniendo fin así a la Segunda Guerra Mundial en el continente europeo. La diferencia horaria explica porque en los países occidentales la victoria se celebra el 8 de mayo, mientras que en Europa Oriental se celebra en 9 de mayo.

Esta fecha no fue conmemorada ampliamente en la URSS hasta después de veinte años, en 1965.

Después de la desintegración de la URSS no se realizaron los desfiles, hasta que en 1995 se retomó la tradición en Rusia. Desde entonces, los desfiles en la Plaza Roja se han realizado anualmente, aunque el desfile militar se había trasladado al Monte Plokonnoi.

En el año 2005, al conmemorarse sesenta años de la derrota de los nazis, el desfile en la Plaza Roja contó de nuevo con la técnica militar.[1]

En esta fecha tradicionalmente desfilan los soldados (una parte histórica y otra contemporánea) y los veteranos, se colocan coronas en la Tumba del Soldado Desconocido y culmina con fuegos artificiales por toda la ciudad de Moscú.

Referencias

Enlaces externos

Wikipedia

Día de Europa

Archivado en: Cultura, Europa, Temas de actualidad — pauloarieu @ 8:35 pm

Día de Europa

Hoy 9 de mayo se celebra el Día de Europa, en recuerdo de la misma fecha en 1950, cuando el ministro francés de Exteriores, Robert Schuman, hizo la célebre declaración que originó la creación de la primera Comunidad Europea: la del Carbón y Acero.

Esta propuesta, conocida como Declaración Schuman, se considera el germen de la creación de lo que actualmente es la Unión Europea.

Europa

Historia

En la Cumbre de Milán de 1985 los Jefes de Estado y de gobierno decidieron celebrar el 9 de mayo como el “Día de Europa”.la designación oficial de ese día de Mayo, como Día de Europa, coincidió con el centenario del nacimiento de Schuman (1886), que junto con Jean Monnet, Konrad Adenauer y Alcide De Gasperi, son considerados los Padres Fundadores de la Europa Comunitaria.

El 9 de mayo se ha convertido en el símbolo europeo que, junto con el euro, la bandera europea y el himno europeo, identifican la entidad política de la UE. El Día de Europa, es un símbolo exclusivo de la UE, a diferencia del la bandera y el himno que son símbolos de Europa por extensión. Esto se debe a que la declaración Schuman fue posterior a la creación del Consejo de Europa, de donde provienen los otros dos símbolos.

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Celebración

A pesar de ser el único día de celebración oficial de la UE, en la practica ninguno de los países miembros de la Unión organiza festividades conmemorativas de alto nivel, como las que se realizan con motivo de las fiestas nacionales de cada estado. Sin embargo en 2006 Francia organizó varias celebraciones que incluían la entrada libre al salón donde se pronunció el discurso, así como la iluminación del arco de Triunfo de París y la torre Eiffel con color azul.

La organización de correos públicos europeos PostEurop, imprimió un sello en homenaje al día Europeo que entro en circulación el 9 de mayo de 2000, coincidiendo con el 50 aniversario de la Declaración Schuman.

Cada año la Comisión Europea, publica un cartel promocional, que comprende un motivo diferente cada vez, acompañado de un lema referente a un tema de actualidad dentro de la UE.

El chiste del recluta que oye voces!

Archivado en: 1 — pauloarieu @ 8:28 pm

El chiste
A un recluta le interrogan en el cuartel acerca de sus facultades anímicas.
-¿Alguna vez le ha ocurrido oír voces, sin saber quién habla ni de dónde viene la voz? -pregunta el oficial.
-Sí mi teniente.
-¿Y cuándo le ocurre esto?
- Pues siempre que me llaman por teléfono.

Hospitalidad- parte 1

Archivado en: 1 — pauloarieu @ 8:24 pm
Hospitalidad- parte 1
Artículo escrito por: Marilyn Casteel

Es muy común aquí en México escuchar la frase: ‘estas en tu casa’. Pero realmente lo creemos y además… ¿es la verdad? La verdadera hospitalidad es abrir la casa y ser quien soy aun con visitas. También es asegurar que la visita estén cómodas, o ‘en casa’. Recuerdo viendo vez tras vez a una amiga mía, en la entrada de su casa, diciendo a cada uno: ‘Pasa a tu casa!’ Por la influencia de ella, quise tener una casa abierta con una actitud igual.

La Biblia manda la hospitalidad – en Romanos 12:13 dice “practiquen la hospitalidad” y en 1 Pedro 4.9, “practiquen la hospitalidad entre ustedes sin quejarse.” Es uno de los dones espirituales y por eso más fácil y cómodo para algunas, PERO, es una bendición y oportunidad para todas. Aprendí como tener gente en mi casa por tener gente en mi casa! Se hizo más y más fácil y cómodo cada vez. Crecía mi habilidad y deseo para servir, por practicar la hospitalidad.

Decidí hace años que tendría que hacerlo muy sencillo, o no lo haría. Eso empezó mis estudios en como recibir visitas a la casa y además ¡disfrutarlo! La próxima vez platicaremos más sobre el ¿cómo? – ¿a quién le servimos? ¿A quién invitamos? ¿Cómo lo hacemos sin mucho dinero o con niños o con mis miedos y fallas? Este mes, empieza con alguien – y además, pídele a Dios que Él te de el deseo de recibir a sus invitados, tal vez aun ¡Ángeles!  ¿Quién piensas que va a ser más bendecida tú o tu invitada? Hebreos 13.2: “No se olviden de practicar la hospitalidad, pues gracias a ella algunos, sin saberlo, hospedaron Ángeles.”

Seamos fieles obedeciendo a Dios siendo hospitalarios, ¿por qué no dar todo por aquél que me salvo? Si el me pide ser hospitalario, entonces…

Scott Yingling

Director General de ObreroFiel.com

Las cruzadas, entre la realidad y la leyenda negra

Archivado en: Temas de actualidad — Etiquetas: — pauloarieu @ 6:04 pm

Las cruzadas, entre la realidad y la leyenda negra

No se aplaca el debate sobre el significado de las Cruzadas. También porque la distancia de final de milenio entre el Occidente y el Islam evoca escenarios sugestivos.

Según el conocido escritor católico Vittorio Messori, sobre las Cruzadas ha sido contruida por los iluministas una «leyenda negra» «como arma de la guerra psicológica contra la Iglesia romana». Messori ha escrito en el «Corriere della Sera», el principal diario italiano, que «es, en efecto, en el siglo XVIII europeo cuando, completando la obra de la Reforma, se establece el rosario de las “infamias romanas”, convertido en canónico».

«Por lo que se refiere a las Cruzadas, la propaganda anticatólica inventó incluso el nombre: igual que el término Edad Media, elegido por la historiografía “iluminada” para indicar el paréntesis de oscuridad y fanatismo entre los esplendores de la Antigüedad y los del Renacimiento. Por descontado que quienes, hace novecientos años, asaltaron Jerusalén, se habrían sorprendido bastante si alguno les hubiera dicho que estaban realizando lo que se llamaría “primera Cruzada”. Aquello para ellos era itinerario, “peregrinación”, recorrido, pasaje. Aquellos mismos «peregrinos armados» se habrían sorprendio aún más si hubieran previsto que les sería atribuida la intención de convertir a los “infieles” o de asegurar vías comerciales a Occidente o de crear “colonias” europeas en Medio Oriente…».

Messori revela que, lamentablemente, «en Occidente, la oscura invención “cruzada” ha acabado por apresar en el sentimiento de culpa a algunos hombres de la misma Iglesia, que no conocen como sucedieron de verdad las cosas». Además, explica Messori, «en Oriente, la leyenda se ha vuelto contra el entero Occidente: pagamos todos –y pagaremos todavía más– las consecuencias, con el deseo de revancha de las multitudes musulmanas que piden venganza contra el «Gran Satanás». Que no es sólo Estados Unidos, sino la entera cristiandad; aquella, justo, de las “Cruzadas”: ¿No son quizá los occidentales mismos quienes insisten en decir que ha sido una terrible, imperdonable agresión contra los píos, devotos, mansos seguidores del Corán?».

«Y sin embargo –revela el conocido escritor– hay una pregunta que deberemos hacernos: en el marco más que milenario de las relaciones entre Cristiandad e Islam, ¿quién fue el agredido y quién el agresor? Cuando, en el 638, el califa Omar conquista Jerusalén, ésta era ya desde hacía más de tres siglos cristiana. Poco después, los seguidores del Profeta invaden y destruyen las gloriosas iglesias primero de Egipto y luego del norte de Africa, llevando a la extinción del cristianismo en los lugares que habían tenido obispos como San Agustín. Toca luego a España, a Sicilia, a Grecia, a la que luego se llamará Turquía y donde las comunidades fundadas por San Pablo mismo se convierten en cúmulos de ruinas. En 1453, tras siete siglos de asedio, capitula y es islamizada la misma Constantinopla, la segunda Roma. El rodillo islámico alcanza los Balcanes, y como por milagro es detenido y obligado a retroceder ante los muros de Viena. Si se execra justamente la masacre de Jerusalén en el 1099, no se debe olvidar a Mahoma II en 1480 en Otranto, simple ejemplo de un cortejo sangriento de sufrimientos».

Messori concluye su reflexión haciendo algunas preguntas: «Todavía hoy: ¿qué país musulmán reconoce a los otros que no sean los suyos, los derechos civiles o la libertad de culto? ¿Quién se indigna ante el genocidio de lo armenios ayer y de los sudaneses cristianos hoy? El mundo, según los devotos del Corán, ¿no está dividido en “territorio del Islam” y “territorio de la guerra”, esto es, todos los lugares todavía no musulmanes que deben serlo, por las buenas o por las malas?».

«Un simple repaso a la historia –escribe Messori– incluso en sus líneas generales, confirma una verdad evidente: una cristiandad en continua postura defensiva respecto a una agresión musulmana, desde los inicios hasta hoy (en Africa, por ejemplo, está en curso una ofensiva sangrienta para islamizar a las etnias que los sacrificios heroicos de generaciones de misioneros habían llevado al bautismo). Admitido –y probablemnte no concedido– que alguno, en la historia, deba pedir excusas a otro ¿deberán ser quizá los católicos quienes se hagan perdonar por aquel acto de autodefensa, por aquel intento de tener al menos abierta la vía de la peregrinación a los lugares de Jesús que fue el ciclo de las Cruzadas?».

http://www.conoze.com/doc.php?doc=926

El historiador Franco Cardini sale al paso de algunos errores

Archivado en: Temas de actualidad — Etiquetas: — pauloarieu @ 6:04 pm

El historiador Franco Cardini sale al paso de algunos errores

La polémica sobre las Cruzadas no se aplaca. Que en este año se celebre el 900 aniversario de la primera Cruzada se ha convertido a los ojos de una cierta publicística anticatólica un argumento para desacreditar a la Iglesia y sus enseñanzas.

Han aparecido artículos en los que las Cruzadas se describen como guerras santas, las masacres de los judíos que tuvieron lugar en aquella ocasión, como la antesala del holocausto. La Iglesia ha sido acusada de haber siempre tratado de eliminar a los adversarios en nombre de la ortodoxia. «La Repubblica», el segundo periódico por difusión en Italia, ha escrito que «los francos masacraron a setenta mil personas en una mezquita», lo que debería hacer suponer que la mezquita era tan grande como un moderno estadio de fútbol.

Para tratar de evitar tonterías y errores, el historiador Franco Cardini, profundo conocedor de los acontecimientos medievales, ha escrito un artículo en «Avvenire» de hoy con el título «Cruzadas, no guerras de religión».

El profesor Cardini explica que la interpretación de las Cruzadas como antecedentes de las guerras de religión y de las guerras ideológicas, ha sido sostenida en los ambientes iluministas. Se trata de una polémica ampliamente malentendida y de pretexto.

Según el profesor Cardini, «las Cruzadas no han sido nunca “guerras de religión”, no han buscado nunca la conversión forzada o la supresión de los infieles. Los excesos y violencias realizados en el curso de las expediciones –que han existido y no se deben olvidar– deben ser evaluados en el marco de la normal aunque dolorosa fenomenología de los hechos militares y siempre teniendo presente que alguna razón teológica los ha justificado. La Cruzada corresponde a un movimiento de peregrinación armado que se afirmó lentamente y se desarrolló en el tiempo –entre el siglo XI y el XIII– que debe ser entendido insertándolo en el contexto del largo encuentro entre Cristiandad e Islam que ha producido resultados positivos culturales y económicos. ¿Cómo se justifica si no el dato de frecuentes amistades e incluso alianzas militares entre cristianos y musulmanes en la historia de las Cruzadas?».

Para confirmar sus tesis el profesor Cardini recuerda la contribución de San Bernardo de Claraval (1090-1153) que contra la caballería laica, como aquella del siglo XII formada por gente ávida, violenta y amoral, propuso la constitución de «una nueva caballería» al servicio de los pobres y de los peregrinos. La propuesta de San Bernardo era revolucionaria, una nueva caballería hecha de monjes que renunciase a toda forma de riqueza y de poder personal y que incluso en la guerra aprendiese que al enemigo se lo puede incluso matar, cuando no haya otra opción, pero que no se le debe odiar. De aquí la enseñanza de no odiar ni siquiera en la batalla.

La Cruzada entendida como «guerra santa» contra los musulmanes, también sería según Cardini una exageración. «En realidad –subraya el profesor– lo que interesaba en las expediciones al servicio de los hermanos en Cristo, amenazados por los musulmanes, era la recuperación de la paz en Occidente y la puesta en marcha de la idea de socorro a los correligionarios lejanos. La Cruzada significaba reconciliarse con el adversario antes de partir, renunciar a la disputa y a la venganza, aceptar la idea del martirio, ponerse a sí mismos y los propios haberes a disposición de la comunidad de los creyentes, proyectarse en un experiencia a la luz de la cual, por un cierto número de meses y quizá de años, se pondría el seguimiento de Cristo y la memoria del Cristo viviente en la tierra que había sido el teatro de su existencia terrena en el culmen de la propia experiencia».

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Las cruzadas, entre el mérito y el mea culpa

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Las cruzadas, entre el mérito y el mea culpa

Los historiadores hacen una relectura en el noveno centenario

En coincidencia con el noveno centenario de la primera expedición a Tierra Santa (15 julio 1099), guiada por Godofredo de Bouillon y Raimundo de Tolosa, que se concluyó con la victoriosa conquista cristiana de Jerusalén, las páginas culturales de los diarios se han llenado de artículos, se han celebrado exposiciones y congresos de estudiosos para recordar este evento.

Como es bien conocido, el asunto de las Cruzadas es controvertido y una cierta publicidad ha utilizado siempre las Cruzadas para criticar ásperamente a la Iglesia católica. Una postura que se ha hecho común y que no ha tenido nunca en cuenta los resultados de las investigaciones históricas.

Aunque los medios de comunicación presionan para que los católicos, ante el Jubileo, carguen con todas las culpas, nuevos descubrimientos históricos demuestran que el asunto de las Cruzadas fue mucho más complejo de lo que se cree. El jesuita Carmelo Capizzi, profesor de Historia Medieval en la Pontificia Universidad Gregoriana, ha escrito un artículo en el último número de «Civiltà Cattolica» en el que sostiene que: «Muy lejos de haber sido inútiles o nefastas, las Cruzadas contribuyeron a crear situaciones históricas positivas, que desembocaron en procesos internacionales todavía abiertos y de vital importancia».

El artículo critica valoraciones «demasiado superficiales sobre el evento histórico» e invita a los estudiosos a acercarse a él libres de condicionamientos ideológicos. El padre Capizzi invita a «rescatar» a las Cruzadas de la que él considera historiografía de signo laicista y por tanto fuertemente condicionada. Hubo errores, admite el padre Capizzi, pero estos no justifican la condena de las Cruzadas que, en su opinión, se deben considerar como un factor de progreso social y cultural. «Se equivocan –concluye– quienes atribuyen a la Cruzada finalidades que ésta no se propuso jamás como, por ejemplo, la propagación de la fe a mano armada».

El artículo de «Civiltà Cattolica» es compartido por el escritor católico Vittorio Messori, que ha declarado al «Corriere della Sera» que «se olvida que en Jerusalén, cuando llegaron los musulmanes, destruyeron todas las iglesias de la cristiandad, lo mismo que hicieron en el Norte de Africa, en Turquía y en la parte de España que ocuparon durante ochocientos años».

Para el historiador Franco Cardini, los equívocos sobre este problema nacen de una visión reductiva de la historia: «Se separa el hecho militar (la Cruzada) de un contexto profundamente denso y positivo». Para valorar mejor la situación, añade Cardini, «haría falta reinsertarla en su contexto histórico con lo que muchas polémicas no tendrían razón de ser». «Por otra parte –explica el historiador medievalista– la palabra Cruzada es una expresión moderna que se usa sistemáticamente sólo desde el siglo XVIII. Hasta entonces había términos que definían al “cruzado” pero no existía la palabra abstracta. Esto significa que, hablando de Cruzadas desde el 1700 a hoy, se ha hecho toda una serie de generalizaciones engañosas».

Monseñor Rino Fisichella, obispo auxiliar de Roma y vicepresidente de la Comisión teológico-histórica del Jubileo, ha explicado a Radio Vaticana que «el tema de las Cruzadas es complejo. No estoy de acuerdo con quienes sólo hacen de las cruzadas una lectura religiosa o una guerra santa. No olvidemos que se trata de un fenómeno que abarca cerca de 200 años de historia y no se puede reducir todo a una sola lectura religiosa. El juicio sobre las Cruzadas debe ser complejo y global, de otro modo existe el riesgo de hacer una transposición de las concepciones y las conquistas que el pensamiento ha hecho hoy y llevarlas al pasado. Ante el Jubileo, es justo que tratemos de evaluar cuáles han sido, en los hechos de nuestra historia, los aspectos positivos que han llevado progreso, que han hecho madurar la conciencia y el comportamiento de algunos cristianos y los que han sido limitadores, que no han permitido dar una visión plena y profunda de la santidad de la Iglesia».

«Las Cruzadas –afirma monseñor Fisichella– han sido presentadas en el pasado como un enfrentamiento entre Oriente y Occidente, para decir ver quién tenía razón y quién estaba equivocado, entre quién era más fuerte y quién era más débil. Pero hoy, a la luz de la historia, de otras conquistas de la humanidad, y de la mayor conciencia que la Iglesia tiene de su historia, creo que es mejor hablar de complementariedad. No es ya un enfrentamiento entre Oriente y Occidente sino la conciencia de que los dos mundos, las dos culturas, las dos realidades tienen que conocerse e integrarse mutuamente».

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¿Fueron las Cruzadas fruto de un simple interés material?

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¿Fueron las Cruzadas fruto de un simple interés material?

Durante décadas distintos historiadores, especialmente de orientación marxista, han insistido en presentar las Cruzadas como un fruto de factores materiales exclusivamente.

Sólo la codicia y el deseo de obtener tierras habrían movido a los cruzados a abandonar Europa occidental para dirigirse a Tierra Santa pero, a pesar de lo arraigado de esta idea, ¿fueron las Cruzadas fruto de un simple interés material? La historiografía marxista y aquella que sin serlo está muy influida en sus planteamientos por ésta ha insistido durante décadas en el carácter meramente material de las Cruzadas. De acuerdo, por ejemplo, a la Historia de las Cruzadas, de Mijaíl Zaborov, los cruzados sólo se desplazaron a Oriente Próximo movidos por el deseo de obtener beneficios económicos que, fundamentalmente, se tradujeran en la posesión de tierras y en el aumento de bienestar material. En otras palabras, la cruzada no pasaba de ser una emigración violenta movida por causas meramente crematísticas. El elemento espiritual simplemente proporcionaba la cobertura, bastante ridícula por otra parte, para semejante aventura de saqueo y pillaje.

El punto de vista de Zaborov tan repetido posteriormente resultaba especialmente sugestivo en la medida en que permitía desacreditar una empresa de carácter confesamente espiritual y, a la vez, dar un ejemplo de cómo ese tipo de fenómenos podía explicarse recurriendo únicamente a argumentos economicistas. Sin embargo, como tantas explicaciones de este tipo, a pesar de lo socorrido e instrumental de su formulación, no resiste un análisis mínimamente sólido de la documentación con que contamos. En primer lugar, lo que se desprende de las fuentes de la época es que marchar a la cruzada no implicaba un aliciente económico sino más bien un enorme sacrificio monetario que sólo se podía emprender convencido de que la recompensa sería más sólida que un pedazo de terreno o una bolsa de monedas. Al respecto los documentos no pueden ser más claros. Un caballero alemán que era convocado a servir al emperador en aquellos años en lugar tan cercano como Alemania gastaba tan sólo en el viaje y atuendo el equivalente a dos años de sus ingresos. Para un francés viajar a Tierra Santa implicaba unos gastos que llegaban a quintuplicar sus rentas anuales. Por lo tanto, como primera medida, necesitaban endeudarse fuertemente para acudir a la cruzada. En no pocos casos incluso perdieron todo lo que tenían para sumarse a la empresa.

No deja de ser curioso que Enrique IV de Alemania en una carta se refiriera a Godofredo de Bouillon y Balduino de Bolonia, ambos caudillos de la primera cruzada, como personas que “atrapadas por la esperanza de una herencia eterna y por el amor, se prepararon para ir a luchar por Dios a Jerusalén y vendieron y dejaron todas sus posesiones”. Su caso, desde luego, no fue excepcional. De hecho, el Papa y los obispos reunidos en el concilio de Clermont redactaron una legislación que imponía la pena de excomunión a aquellos que se aprovecharan de estas circunstancias para despojar a los caballeros cruzados de sus propiedades valiéndose de intereses usurarios o de hipotecas elevadas. El listado de caballeros que se endeudaron extraordinariamente para ir, por ejemplo, a la primera cruzada es enorme y demuestra que ésa era la tendencia general.

Tampoco faltaron los apoyos eclesiales en términos económicos. Por ejemplo, el obispo de Lieja obtuvo fondos para ayudar al arruinado Godofredo de Bouillon despojando los relicarios de su catedral y arrancando las joyas de las iglesias de su diócesis. Quizá se podría interpretar todo esto como una inversión arriesgada ¡y tanto! que se compensaría con las tierras que los cruzados conquistaran en Oriente. Sin embargo, ese análisis tampoco resiste la confrontación con los documentos. Es cierto que durante la primera cruzada un número notablemente exiguo de caballeros optó por permanecer en las tierras arrebatadas a los musulmanes. No obstante, salvo estas excepciones, la aplastante mayoría de los cruzados regresaron a Europa. Tras producirse, en el curso de la primera cruzada, la toma de Jerusalén y la victoria sobre un ejército egipcio (el 12 de agosto de 1099) la práctica totalidad retornó a sus hogares sin bienes y con deudas pero, al parecer, con un profundo sentimiento de orgullo por la hazaña que habían llevado a cabo. De hecho, para defender los Santos Lugares resultó necesario articular la existencia de órdenes militares como los caballeros hospitalarios, primero, y los templarios después. No fue mejor la situación económica en las siguientes cruzadas.

Nuevamente el factor espiritual resultó decisivo y, precisamente, para costear los enormes gastos de una empresa que recaía sobre los peregrinos así se consideraban sus participantes ya que el término cruzados es posterior los monarcas recurrieron a impuestos especiales o a préstamos concedidos a la corona. Vez tras vez, la posibilidad de quedarse en Tierra Santa si es que alguien la contemplaba se reveló imposible pero eso no desanimó a los siguientes participantes a lo largo de nada menos que dos siglos. Ciertamente, no podemos tener una imagen excesivamente idealizada de las Cruzadas y tampoco podemos negar que su modelo de espiritualidad en muchas ocasiones causa más escalofrío a nuestra sensibilidad contemporánea que entusiasmo. A pesar de todo, existe un dato que no puede negarse siquiera porque aparece corroborado en millares de documentos.

Prescindiendo de la mayor o menor categoría humana y espiritual de los participantes, su impulso era fundamentalmente espiritual. Movidos por el deseo de garantizar el libre acceso de los peregrinos a los Santos Lugares y de ganar el cielo, abandonaron todo lo que tenían y se lanzaron a una aventura en la que no pocos no sólo se arruinaron sino que incluso encontraron la muerte, un ejemplo, dicho sea de paso, que no disuadió a otros de seguirlo a lo largo de dos siglos. No se trató, por lo tanto, de un movimiento material disfrazado de espiritualidad sino de un colosal impulso de raíces espirituales que no tuvo inconveniente, pese a sus enormes defectos, en afrontar considerables riesgos y pérdidas materiales.

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LAS CRUZADAS

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Las Cruzadas 

El asedio de Antioqu�a, de una miniatura medieval, durante la primera cruzada. El asedio de Antioquía, de una miniatura medieval, durante la primera cruzada.

Las cruzadas fueron una serie de campañas militares comúnmente hechas a petición del Papado, y que tuvieron lugar entre los siglos XI y XIII, contra los turcos selyúcidas y sarracenos (llamados así los musulmanes) para la reconquista de Tierra Santa.

Básicamente, fueron motivadas por los intereses expansionistas de la nobleza feudal, el control del comercio con Asia y el afán hegemónico del papado sobre las monarquías y las iglesias de Oriente, aunque se declararan con principio y objeto de recuperar Tierra Santa para los peregrinos, de los cuales los turcos selyúcidas, una vez conquistada Jerusalén, abusaban sin piedad.

Las Cruzadas fueron expediciones emprendidas en cumplimiento de un solemne voto para liberar los Lugares Santos de la dominación musulmana. El origen de la palabra se remonta a la cruz hecha de tela y usada como insignia en la ropa exterior de los que tomaron parte en esas iniciativas.

Escritores medievales utilizan los términos crux (pro cruce transmarina, Estatuto de 1284, citado por Du Cange s.v. crux), croisement (Joinville), croiserie (Monstrelet), etc. Desde la Edad Media el significado de la palabra cruzada se extendió para incluir a todas las guerras emprendidas en cumplimiento de un voto y dirigidas contra infieles, p. ej. contra musulmanes, paganos, herejes, o aquellos bajo edicto de excomunión.

Las guerras que desde el siglo VIII mantenían discontinuamente los reinos cristianos del norte de la Peninsula Ibérica contra el musulmán Califato de Córdoba, y que la historiografía conoce como Reconquista, continuaron de forma igualmente discontinua desde el siglo XI contra los reinos de taifas, los almorávides y los almohades, en algunas ocasiones con la calificación de cruzada otorgada por el Papa, como en la batalla de las Navas de Tolosa (1212) o en su episodio final: la Guerra de Granada (1482-1492). En el norte de Europa se organizaron cruzadas contra los prusianos y lituanos. El exterminio de la herejía albigense se debió a una cruzada y, en el siglo XIII, los papas predicaron cruzadas contra Juan Sin Tierra y Federico II.

Pero la literatura moderna ha abusado de la palabra aplicándola a todas las guerras de carácter religioso, como, por ejemplo, la expedición de Heraclio contra los persas en el siglo VII y la conquista de Sajonia por Carlomagno. Nuevamente resonó dicho término durante la primera mitad del siglo XX, utilizado por las potencias del Eje o de su círculo de influencia: la Guerra Civil Española o la invasión alemana de la URSS, recibieron tal calificativo por parte de la propaganda oficial.

Sin embargo, utilizada con un criterio estricto, la idea de la cruzada corresponde a una concepción política que se dio sólo en la Cristiandad del siglo XI al XV; suponía una unión de todos los pueblos y soberanos bajo la dirección de los papas. Todas las cruzadas se anunciaron por la predicación. Después de pronunciar un voto solemne, cada guerrero recibía una cruz de las manos del Papa o de su legado, y era desde ese momento considerado como un soldado de la Iglesia. A los cruzados también se les concedían indulgencias y privilegios temporales, tales como exención de la jurisdicción civil, inviolabilidad de personas o tierras, etc. De todas esas guerras emprendidas en nombre de la Cristiandad, las más importantes fueron las Cruzadas Orientales, que son las tratadas en este artículo.

Antecedentes

Europa y el Mediterráneo en la época de la primera Cruzada  

Europa y el Mediterráneo en la época de la primera Cruzada
La dinast�a selyúcida en su periodo de mayor extensión La dinastía selyúcida en su periodo de mayor extensión

Para poder comprender qué razones tenía la historia de Europa y del Oriente Próximo para tomar semejantes rumbos, debemos remontarnos a los años inmediatamente anteriores al comienzo del fenómeno cruzado y ver qué estaba sucediendo en el mundo de aquel entonces.

En torno al año 1000, Constantinopla se erigía como la ciudad más próspera y poderosa del mundo conocido. Situada en una posición fácilmente defendible, en medio de las principales rutas comerciales, y con un gobierno centralizado y absoluto en la persona del Emperador, además de un ejército capaz y profesional, hacían de la ciudad y los territorios gobernados por ésta (el Imperio Bizantino) una nación sin par en todo el orbe. Gracias a las acciones emprendidas por el Emperador Basilio II Bulgaroktonos, los enemigos más cercanos a sus fronteras habían sido humillados y absorbidos en su totalidad.

Sin embargo, tras la muerte de Basilio, monarcas menos competentes ocuparon el trono bizantino, al tiempo que en el horizonte surgía una nueva amenaza proveniente de Asia Central. Eran los turcos, tribus nómadas que, en el transcurso de esos años, se habían convertido al Islam. Una de esas tribus, los turcos selyúcidas (llamadas así por su mítico líder Selyuk), con todo el fanatismo de los recién conversos, se lanzó contra el “infiel” Imperio de Constantinopla. En la batalla de Manzikert, en el año 1071, el grueso del ejército imperial fue arrasado por las tropas turcas, y uno de los co-Emperadores fue capturado. A raíz de esta debacle, los Bizantinos debieron ceder la mayor parte de Asia Menor (hoy el núcleo de la nación turca) a los selyúcidas. Ahora había fuerzas musulmanas apostadas a escasos kilómetros de la misma Constantinopla.

Por otra parte, los turcos también habían avanzado en dirección sur, hacia Siria y Palestina. Una a una las ciudades del Mediterráneo Oriental cayeron en sus manos, y en 1070, un año antes de Manzikert, entraron en la Ciudad Santa, Jerusalén.

Estos dos hechos conmocionaron tanto a Europa Occidental como a la Oriental. Ambos empezaron a temer que los turcos fueran a engullir lentamente al mundo cristiano, haciendo desaparecer su religión. Además, empezaron a llegar numerosos rumores acerca de torturas y otros horrores cometidos contra peregrinos en Jerusalén por las autoridades turcas. La paciencia iba a agotarse en algún momento.

En 1081, subió al trono Bizantino un general capaz, Alejo Comneno, que decidió hacer frente de manera enérgica al expansionismo turco. Pero pronto se dio cuenta de que no podría hacer el trabajo solo, por lo que inició acercamientos con Occidente, a pesar de que las ramas occidental y oriental de la cristiandad habían roto relaciones en 1054. Alejo estaba interesado en poder contar con un ejército mercenario occidental que, unido a las fuerzas imperiales, atacaran a los turcos en su base y los mandaran de vuelta a Asia Central. Deseaba en particular usar soldados normandos, los cuales habían conquistado el reino de Inglaterra en 1066 y por la misma época habían expulsado a los mismos bizantinos del sur de Italia. Debido a estos encuentros, Alejo conocía muy bien el poder de los normandos. Y ahora los quería como aliados.

Alejo envió emisarios a hablar directamente con el Papa Urbano II, para pedirle su intercesión en el reclutamiento de los mercenarios. El Papado ya se había mostrado capaz de intervenir en asuntos militares cuando promulgó la llamada “Tregua de Dios“, mediante la cual se prohibía el combate desde el viernes al atardecer hasta el lunes al amanecer, lo cual disminuyó notablemente las contiendas entre los pendencieros nobles. Ahora era otra oportunidad de demostrar el poder del papa sobre la voluntad de Europa.

En 1095, Urbano convocó un concilio en la ciudad de Piacenza. Allí expuso la propuesta del Emperador, pero el conflicto de los obispos asistentes al concilio, incluido el Papa, con el Sacro Emperador Romano Germánico, Enrique IV (quien estaba apoyando a un anti Papa), primaron sobre el estudio de la petición de Constantinopla. Alejo tendría que esperar.

Plano de la ciudad de Jerusalén en la época de las Cruzadas
  • La sociedad europea, en su devenir, había ido acumulando un considerable potencial bélico. Por otra parte, el Islam se había erigido en un peligroso y fuerte enemigo. Ambas cosas se aunaron y dieron origen a las Cruzadas, proyectadas por la Cristiandad Occidental para salvar a la Cristiandad Oriental de los musulmanes. El resultado, sin embargo, quedó lejos de los propósitos y, en puridad, el movimiento cruzado, considerado históricamente, fue un fracaso discutible (aunque más de cien años de comercio demuestren lo contrario).
  • Steven Runciman lo resume así: Cuando el Papa Urbano predicó su magno sermón en Clermont, los turcos estaban a punto de amenazar el Bósforo. Cuando el Papa Pío II predicó la última cruzada, los turcos estaban cruzando el Danubio. Rodas, uno de los últimos frutos del movimiento, cayó en poder de los turcos en 1523, y Chipre, arruinada por las guerras con Egipto y Génova, y anexionada finalmente a Venecia, pasó a ellos en 1570. Todo lo que quedó para los conquistadores de Occidente fue un puñado de islas griegas que Venecia mantuvo precariamente en su poder.
  • El avance turco fue contenido por el esfuerzo conjunto de la cristiandad, y por la acción de los Estados a quienes atañía más de cerca, Venecia y el Imperio de los Habsburgo, con Francia, la antigua protagonista de la guerra santa, ayudando al infiel de modo continuado.
  • Hubo ocho cruzadas desde el siglo XI hasta el siglo XIV.

Primera Cruzada

Artículo principal: Primera Cruzada
Masacre de jud�os durante la Primera Cruzada. Biblia del siglo XIII. Masacre de judíos durante la Primera Cruzada. Biblia del siglo XIII.
Captura de Jerusalén durante la Primera Cruzada Captura de Jerusalén durante la Primera Cruzada
  • Al Papa Gregorio VII se debe la idea de que los países cristianos se unieran para luchar contra el común enemigo religioso que era el Islam.

La predicación de Urbano II puso en marcha en primer lugar a multitud de gente humilde, dirigida por el predicador Pedro de Amiens el Ermitaño. Este grupo formó la llamada Cruzada popular, de los pobres o Cruzada de Pedro el Ermitaño. De forma desorganizada se dirigieron hacia Oriente, provocando matanzas de judíos a su paso. A su llegada a Bizancio, el Basileus se apresuró a enviarlos al otro lado del Bósforo. Despreocupadamente se internaron en territorio turco, donde fueron aniquilados fácilmente.

Mucho más organizada fue la llamada Cruzada de los príncipes (denominada habitualmente en la historiografía como la Primera Cruzada), formada por una serie de contingentes armados procedentes principalmente de Francia, Países Bajos y el reino normando de Sicilia. Estos grupos iban dirigidos por segundones de la nobleza, como Godofredo de Bouillon, Raimundo de Tolosa y Bohemundo de Tarento.

Durante su estancia en Constantinopla, estos jefes juraron devolver al Imperio Bizantino aquellos territorios perdidos por éste frente a los turcos.

Desde Bizancio se dirigieron hacia Siria atravesando el territorio selyúcida, donde consiguieron una serie de sorprendentes victorias. Ya en Siria, pusieron sitio a Antioquía, que conquistaron tras un asedio de siete meses. Sin embargo, no la devolvieron al Imperio Bizantino, sino que Bohemundo la retuvo para sí formando el Principado de Antioquía.

Desde Antioquía se dirigieron hacia Jerusalén, conquistando algunas plazas por el camino y sorteando otras. En junio de 1099 sitiaron la capital, que cayó en manos de los cruzados el 15 de julio de 1099. En la conquista, los cruzados realizaron una terrible matanza, que no respetó a judíos ni a musulmanes, mujeres o niños.

Con esta conquista finalizó la Primera Cruzada, y muchos cruzados retornaron a sus países de origen. El resto se quedó para consolidar los territorios recién conquistados. Junto al Reino de Jerusalén (dirigido inicialmente por Godofredo de Bouillon, que tomó el título de Defensor del Santo Sepulcro) y al principado de Antioquía, se crearon además los condados de Edesa (actual Urfa, en Turquía) y Trípoli (en el actual Líbano).

Tras estos éxitos iniciales se produjo una nueva oleada de cruzados, que formaron la llamada cruzada de 1101. Sin embargo, esta expedición, dividida en tres grupos, fue derrotada por los turcos mientras atravesaban Anatolia. Este percance apagó los espíritus cruzados durante algunos años.

Segunda Cruzada

Divisiones pol�ticas de la zona en torno a 1140 Divisiones políticas de la zona en torno a 1140
Artículo principal: Segunda Cruzada

Gracias a la división de los Estados musulmanes, los Estados latinos (o francos, como eran conocidos por los árabes), consiguieron establecerse y sobrevivir. Los dos primeros reyes de Jerusalén, Balduino I y Balduino II fueron gobernantes capaces que extendieron el reino a toda la tierra entre el Mediterráneo y el Jordán, e incluso más allá. Rápidamente se integraron en el cambiante sistema de alianzas locales y así pudieron verse enfrentamientos entre la alianza de un Estado cristiano con uno musulmán contra la alianza de otro Estado cristiano con otro Estado musulmán.

Sin embargo, a medida que el espíritu de cruzada iba decayendo entre los francos, cada vez más cómodos en su nuevo estilo de vida orientalizante, entre los musulmanes iba creciendo el espíritu de jihad o Guerra Santa, principalmente entre la población, movilizada por los predicadores contra sus impíos gobernantes, capaces de tolerar la presencia cristiana en Jerusalén e incluso de aliarse con sus reyes. Este sentimiento fue explotado por una serie de caudillos que consiguieron unificar los distintos Estados musulmanes y lanzarse a la conquista de los reinos cristianos.

El primero de estos fue Zengi, gobernador de Mosul y de Alepo, que en 1144 conquistó Edesa, liquidando el primero de los Estados francos. Como respuesta a esta conquista, que puso de manifiesto la debilidad de los Estados cruzados, el Papa Eugenio III, a través de Bernardo, abad de Claraval (famoso predicador, autor asimismo de la regla de los templarios) predicó en diciembre de 1145 la Segunda Cruzada.

A diferencia de la primera, en esta participaron reyes de la cristiandad, encabezados por Luis VII de Francia (acompañado de su esposa, Leonor de Aquitania) y por el emperador germánico Conrado III. Los desacuerdos entre franceses y alemanes, así como con los bizantinos, fueron constantes en toda la expedición. Cuando ambos reyes llegaron a Tierra Santa (por separado) decidieron que Edesa era un objetivo poco importante y marcharon hacia Jerusalén. Desde allí, para desesperación del rey Balduino III, en lugar de enfrentarse a Nur al-Din (hijo y sucesor de Zengi), eligieron atacar Damasco, estado independiente y aliado del rey de Jerusalén. La expedición fue un fracaso, ya que tras sólo una semana de asedio infructuoso, los ejércitos cruzados se retiraron y volvieron a sus patrias. Con este ataque inútil consiguieron que Damasco cayera en manos de Nur al-Din, que progresivamente iba cercando los Estados francos. Más tarde, el ataque por parte de Balduino II a Egipto iba a provocar la intervención de Nur al-Din en la frontera sur del reino de Jerusalén, preparando el camino para el fin del reino y la convocatoria de la Tercera Cruzada.

Tercera Cruzada

Artículo principal: Tercera Cruzada

Las intromisiones del Reino de Jerusalén en el decadente califato fatimí de Egipto llevaron al sultán Nur al-Din a mandar a su lugarteniente Saladino a hacerse cargo de la situación. No hizo falta mucho tiempo para que Saladino se convirtiera en el amo de Egipto, aunque hasta la muerte de Nur al-Din en 1174 respetó la soberanía de éste. Pero tras su muerte, Saladino se proclamó sultán de Egipto (a pesar de que había un heredero al trono de Nur al-Din, su hijo de sólo 12 años y quien a la postre resultó envenenado) y de Siria, dando comienzo la dinastía ayyubí. Saladino era un hombre sabio y logró la absoluta unión de las facciones musulmanas, así como el control político y militar desde Egipto hasta Siria.

Como Nur al-Din, Saladino era un musulmán devoto y decidido a expulsar a los cruzados de Tierra Santa. El Reino de Jerusalén, regido por el Rey Leproso, Balduino IV de Jerusalén, y rodeado ya por un sólo Estado, se vio obligado a firmar frágiles treguas seguidas por escaramuzas, tratando de retrasar el inevitable final.

Tras la muerte del rey Balduino IV de Jerusalén, el Estado se dividió en distintas facciones, pacifistas o belicosas, y pasó a convertirse en rey, debido al enlace matrimonial que mantenía con la hermana del fallecido patriarca, el general en jefe del ejército unido de Jerusalén: Guy de Lusignan. El mismo apoyaba una política agresiva y de no negociación con los sarracenos y abogaba por su sometimiento y derrota en combate, cosa a la que sus detractores se oponían habida cuenta de la inferioridad numérica que los cristianos tenían ante las tropas de Saladino. La radicalidad religiosa y el apoyo al brazo más radical de la orden de los Templarios (dirigidos por el excéntrico y fundamentalista religioso cristiano: Reinaldo de Châtillon) en sus ataques a diversas localidades y estructuras sarracenas acabarían en un enfrentamiento final entre Guy de Lusignan y el propio Saladino. De hecho, se hace culpable a Guy de lusignan de la derrota y pérdida de Jerusalén por su obsesión en enfrentarse al ejército de Saladino y su falta de visión para la protección de la ciudad y de sus habitantes.

Krak de los Caballeros. Esta fortaleza, considerada inexpugnable, controlaba el paso del interior de Siria a la costa y estuvo bajo el mando de los Caballeros Hospitalarios hasta 1271, cuando perdidos los territorios cristianos, se les permitió la salida de sus caballeros a Chipre. Krak de los Caballeros. Esta fortaleza, considerada inexpugnable, controlaba el paso del interior de Siria a la costa y estuvo bajo el mando de los Caballeros Hospitalarios hasta 1271, cuando perdidos los territorios cristianos, se les permitió la salida de sus caballeros a Chipre.

Reinaldo de Châtillon era un bandido con título de caballero que no se consideraba atado por las treguas firmadas. Saqueaba las caravanas e incluso armó expediciones de piratas para atacar a los barcos de peregrinos que iban a La Meca, ciudad muy importante para los musulmanes. El ataque definitivo fue contra una caravana en la que iba la hermana de Saladino, que juró matarlo con sus propias manos.

Declarada la guerra, el grueso del ejército cruzado, junto con los Templarios y los Hospitalarios, se enfrentó a las tropas de Saladino en los Cuernos de Hattin el 4 de julio de 1187. Los ejércitos cristianos fueron derrotados, dejando el reino indefenso y perdiendo uno de los fragmentos de la Vera Cruz. Saladino mató con sus propias manos a Reinaldo de Châtillon. Algunos de los caballeros Templarios y Hospitalarios capturados fueron también ejecutados. Saladino procedió a ocupar la mayor parte del reino, salvo las plazas costeras, abastecidas desde el mar, y en octubre del mismo año conquistó Jerusalén. Comparada con la toma de 1099, esta fue casi incruenta, aunque sus habitantes debieron pagar un considerable rescate y algunos fueron esclavizados. El reino de Jerusalén había desaparecido.

La toma de Jerusalén conmocionó a Europa y el papa Gregorio VIII convocó una nueva cruzada. En esta participaron reyes de los más importantes de la cristiandad: Ricardo Corazón de León (hijo de Enrique II y de Leonor de Aquitania), Felipe II Augusto de Francia y el emperador Federico I Barbarroja (sobrino de Conrado III). Este último, al mando del grupo más poderoso, siguió la ruta terrestre, en la que sufrió algunas bajas. Cerca de Siria, sin embargo, el emperador murió ahogado mientras se bañaba en el rio Salef (en la actual Turquía) y su ejército ya no continuó hacia Palestina.

Los ejércitos inglés y francés llegaron por la ruta marítima. Su primer (y único) éxito fue la toma de Acre el 13 de julio de 1191, tras la cual Ricardo realizó una matanza de varios miles de prisioneros. Esta matanza militarmente le dio oxígeno para seguir hacia el sur a su meta final: Jerusalén, y además le valió el nombre por el que sería reconocido en la historia, Corazón de León.

Felipe II Augusto estaba preocupado por los problemas en su país y molesto por las rivalidades con Ricardo, por lo que regresó a Francia, dejando a Ricardo al mando de la cruzada. Este llegó hasta las proximidades de Jerusalén, pero en lugar de atacar prefirió firmar una tregua con Saladino, temiendo que su ejército diezmado de 12.000 hombres no fuera capaz de sostener el sitio de Jerusalén. Pensando en una próxima cruzada y en no arriesgar militarmente una derrota que no le daría a los cristianos la posibilidad del control posterior de la Ciudad Santa, pactaron con el mismo Saladino, quien también estaba cansado y diezmado, la tregua que permitía el libre acceso de los peregrinos desarmados a la Ciudad Santa.

Saladino falleció seis meses después. Ricardo murió en 1199 por una flecha a su regreso a Europa. De esta forma, se cerraba la Tercera Cruzada con un nuevo fracaso para los dos bandos, dejando sin esperanzas a los Estados francos. Era cuestión de tiempo para que desapareciera la estrecha franja litoral que controlaban. Sin embargo, resistieron aún un siglo más.

Cuarta Cruzada

Fortalezas templarias Fortalezas templarias
Artículo principal: Cuarta Cruzada

Tras la tregua firmada en la Tercera Cruzada y la muerte de Saladino en 1193, se sucedieron algunos años de relativa paz, en los que los Estados francos del litoral se convirtieron en poco más que colonias comerciales italianas. En 1199, el Papa Inocencio III decidió convocar una nueva cruzada para aliviar la situación de los Estados cruzados. Esta Cuarta Cruzada no debería incluir reyes e ir dirigida contra Egipto, considerado el punto más débil de los estados musulmanes.

Al no ser ya posible la ruta terrestre, los cruzados debían tomar la ruta marítima, por lo que se concentraron en Venecia. El dux Enrico Dandolo se coaligó con el jefe de la expedición Bonifacio de Montferrato y con un usurpador bizantino, Alejo IV Ángelo para cambiar el destino de la cruzada y dirigirla contra Constantinopla, al estar los tres interesados en la deposición del basileus del momento, Alejo III Ángelo.

Inicialmente, los cruzados fueron empleados para luchar contra los húngaros en Zara, por lo que fueron excomulgados por el Papa. Desde allí se dirigieron hacia Bizancio, donde consiguieron instalar a Alejo IV como basileus en 1203. Sin embargo, el nuevo basileus no pudo cumplir las promesas hechas a los cruzados, lo que originó toda clase de disturbios. Fue depuesto por los propios bizantinos, que coronaron a Alejo V Ducas. Esto provocó la intervención definitiva de los cruzados, que conquistaron la ciudad el 12 de abril de 1204. El saqueo de la ciudad fue terrible. Miles de cristianos (incluyendo mujeres y niños) fueron asesinados por los cruzados. Desvalijaron y destruyeron mansiones, palacios, iglesias y la propia basílica de Santa Sofía. Europa occidental recibió un aluvión de obras de arte y reliquias sin precedentes, producto de este saqueo.

Con ello llegaba a su fin el Imperio Bizantino, que se desmembró en una serie de Estados, algunos latinos y otros griegos. De éstos, el llamado Imperio de Nicea conseguiría restaurar una sombra del Imperio Bizantino en 1261.

Los cruzados establecieron el llamado Imperio Latino, organizado feudalmente y con una autoridad muy débil sobre la mayoría de los territorios que supuestamente controlaba (y nula sobre los Estados griegos de Nicea, Trebisonda y Epiro).

La Cuarta Cruzada asestó un doble golpe a los Estados francos de Palestina. Por un lado, les privó de refuerzos militares. Por otro, al crear un polo de atracción en Constantinopla para los caballeros latinos, produjo la emigración de muchos que estaban en Tierra Santa hacia el Imperio Latino, abandonando los Estados francos.

Las cruzadas menores

Tras el fracaso de la cuarta, el espíritu cruzado se había apagado casi por completo, pese al interés de algunos papas y reyes por reavivarlo. Si los Estados francos sobrevivieron hasta 1291 fue por la intervención de los mongoles que ,al acabar con el califato Abbasí en 1258 y conquistar la región de Oriente Medio, dieron un respiro a los latinos, al no ser los mongoles hostiles al cristianismo.

La convicción de que los reiterados fracasos se debían a la falta de inocencia de los cruzados, llevó a la conclusión de que sólo los puros podrían reconquistar Jerusalén. En 1212 un predicador de 12 años organizó la llamada cruzada de los niños, en la que miles de niños y jóvenes recorrieron Francia y embarcaron en sus puertos para ir a liberar Tierra Santa. Fueron capturados por capitanes desaprensivos y vendidos como esclavos. Tan sólo algunos consiguieron regresar al cabo de los años. El cuento era popular en la Edad Media, pero la mayoría de los historiadores creen que este cuento se exagera, o que es un mito.

Quinta Cruzada

Artículo principal: Quinta Cruzada

La V Cruzada fue proclamada por Inocencio III en 1213 y partió en 1218 bajo los auspicios de Honorio III. Como la IV Cruzada, tenía como objetivo conquistar Egipto. Tras el éxito inicial de la conquista de Damieta en la desembocadura del Nilo, que aseguraba la supervivencia de los Estados francos, a los cruzados les pudo la ambición e intentaron atacar El Cairo, fracasando y debiendo abandonar incluso lo que habían conquistado, en 1221.

Sexta Cruzada

Artículo principal: Sexta Cruzada

La organización de la VI Cruzada fue un tanto rocambolesca. El papa había ordenado al emperador Federico II Hohenstaufen que fuera a las cruzadas como penitencia. El emperador había asentido, pero había ido demorando la partida, lo que le valió la excomunión. Finalmente, Federico II (que tenía pretensiones propias sobre el trono de Jerusalén) partió en 1228 sin el permiso papal. Sorprendentemente, el emperador consiguió recuperar Jerusalén mediante un acuerdo diplomático. Se autoproclamó rey de Jerusalén en 1229 y también obtuvo Belén y Nazareth.

Séptima Cruzada

Artículo principal: Séptima Cruzada

En 1244 volvió a caer Jerusalén (esta vez de forma definitiva), lo que movió al devoto rey Luis IX de Francia (San Luis) a organizar una nueva cruzada, la Séptima. Como en la V, se dirigió contra Damieta, pero fue derrotado y hecho prisionero en Mansura (Egipto) con todo su ejército.

Octava Cruzada

Artículo principal: Octava Cruzada

Vuelto a Francia, el mismo rey emprendió la llamada VIII Cruzada (1269) contra Túnez, aunque en realidad era un peón en los intereses de su hermano Carlos de Anjou rey de Nápoles, que quería evitar la competencia de los mercaderes tunecinos. La peste acabó con el rey Luis y gran parte de su ejército en Túnez (1270).

Aunque algunos papas intentaron predicar nuevas cruzadas, ya no se organizaron más y, en 1291, los cruzados evacuaron sus últimas posesiones en Tiro, Sidón y Beirut tras la caída de San Juan de Acre. A fin de cuentas, el único triunfo relevante de la Cristiandad durante los dos siglos de más de ocho cruzadas fue la toma de Jerusalén por Godofredo de Bouillon en la primera cruzada en el año 1099, la cual, a pesar de las innumerables matanzas de sarracenos, judíos (hombres, mujeres y niños), logró sostener la Ciudad Santa por muchos años, y encontró los objetivos marcados inicialmente por los defensores de la idea de reconquistar la tierra llamada santa para los cristianos de Europa.

Guerras con la calificación de Cruzada en territorio europeo

Las Cruzadas Bálticas

Artículo principal: Cruzadas bálticas

Fueron una serie de campañas emprendidas por los líderes cristianos de Alemania, Dinamarca y Suecia, entre los siglos XII y XVI, con el objetivo principal de subyugar y convertir a los pueblos paganos de la cuenca del Báltico y contra otros pueblos cristianos considerados igualmente infieles. Uno de los actores principales de dichas campañas fue la Orden Teutónica, que había sido previamente creada en Palestina.

Las cruzadas en el Báltico responden a un movimiento social desarrollado en el Imperio Alemán a mediados del siglo XII. Este movimiento se conoce como Drang nach Osten.

Cruzada contra los albigenses

Artículo principal: Cruzada albigense

En 1209 el Papa Inocencio III proclamó la cruzada albigense con el fin de eliminar la herejía de los cátaros, en el sur de Francia.

Cruzadas en la Reconquista española

Artículo principal: Reconquista

Algunos momentos del periodo final de la Reconquista recibieron del Papa la calificación de cruzada, dada su condición de enfrentamiento de reinos cristianos contra reinos islámicos. No obstante, la motivación de la búsqueda de tal denominación no era tanto el interés por lograr la presencia de nobles europeos del otro lado de los Pirineos (muy poco importante), como la de obtener algún tipo de derechos fiscales para la monarquía (sobre los ingresos del clero o como Bula de Cruzada). Las ocasiones principales fueron la batalla de las Navas de Tolosa (1212), en la que estuvieron presentes casi todos los reyes cristianos peninsulares, y la Guerra de Granada (1482-1492).

LOS CRUZADOS DEL SIGLO XX

Este artículo de las cruzadas estaria incompleto, si no sonsideramos los cruzados del siglo XX. Del blog de Jrania, extraje este artículo, que actualiza este tema de las cruzadas.

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El general Eisenhower llegó a escribir un libro titulado “Cruzada en Europa”, pretendiendo que los “países aliados” (unos 80) que declararon la guerra a Alemania o al Eje (ROBERTO, es decir, ROma+BERlín+TOkio) hacían una “cruzada” se supone que para salvar la “cristiandad” con la colaboración de Stalin.

Los caballeros cristianos, que lucharon para liberar Tierra Santa del poder de los musulmanes, llevaban la Cruz de Cristo como divisa… y por ello fueron llamados Cruzados. Y su mérito principal es que fueron a luchar (y a morir) movidos por su propia voluntad… Es decir… que eran soldados voluntarios… y no forzosos.

En la guerra de 1941 a 1945 en el Frente de Rusia hubo casi un millón de combatientes voluntarios… No se llamaron Cruzados, aunque en cierto modo lo eran. Sobre este hecho hemos hallado en la Red una interesante entrevista con un profesor de Historia.

En la web La Noticia Digital leemos lo siguiente:

Uno de los historiadores más importantes de la corriente revisionista, que pone en tela de juicio tantos cruzados2569.jpgclichés empleados por los funcionarios del Sistema para manipular la memoria histórica, es Carlos Caballero. Es el mayor especialista en lengua española sobre los combatientes de voluntarios europeos durante la Segunda Guerra Mundial.

LND. – ¿Cuál fue el papel, valor y significado del movimiento de los voluntarios europeos en el Frente del Este contra el bolchevismo?

CC. – Creo que se trató de una especie de Brigadas Internacionales, pero a la inversa. Además, mucho más numerosas y mucho más genuinas. Me explico. Las Brigadas Internaciones son un auténtico tópico de la historiografía. Se le han dedicado un sinfín de libros. Cualquier persona medio culta ha oído hablar de ellas. Sin embargo, lo que llamamos Movimiento de Voluntarios Europeos movió a mucha más gente. El número de europeos que durante la II Guerra Mundial se endosó el uniforme de la Wehrmacht para luchar contra el comunismo supera, ¡con creces!, ¡lo multiplica!, al número de los que integraron las Brigadas Internacionales. Además son un fenómeno más genuino, porque a diferencia de las Brigadas Internacionales, creadas, dirigidas, instrumentalizadas, por Stalin, el Movimiento de Voluntarios Europeos surge realmente incluso contra la voluntad de Hitler. El Führer no pensó nunca en reclutar españoleniconunos.jpgs, franceses, ni mucho menos rusos o armenios, para luchar contra Stalin. Fue la realidad la que le impuso a él el tener que contar con esos hombres. De hecho, las cifras más altas de voluntarios en este Movimiento Europeo las dan las nacionalidades de la URSS —rusos, ucranianos, letones, turcomanos, azeríes…—, gente a la que Hitler jamás pensó en liberar sino en colonizar, pero cuyo concurso tuvo que admitir finalmente porque le hacían falta para luchar contra Stalin.

LND. – El debate de los historiadores en Alemania en torno al III Reich, o el existente en Francia respecto al colaboracionismo y la posterior Depuración, ¿ha tenido o podrá tener su correlato en España respecto a la Guerra Civil y el Franquismo?

CC. – Si uno se acerca a una librería, ve con sorpresa que en el apartado de Historia Contemporánea sigue habiendo dos temas estrella: la Guerra Mundial a nivel general y la Guerra Civil en el ámbito español. Parece que ambos conflictos no hubieran acabado en 1945 y 1939 respectivamente. Pero no se trata sólo de que estos temas sigan presentes, sino del apasionamiento con que se escribe sobre ellos. Las posiciones de los historiadores siguen estando, en Alemania, en Francia, en España, cargadas con una fortísima tensión ideológica cuando se habla de estos fenómenos históricos.
Por otra parte, se da una situación de desequilibrio. En España, nadie lo ignora, el “establishment” académico en el ámbito de la historiografía está marcadamente escorado a la izquierda. Nada que objetar a esto, cada uno es muy libre de tener sus ideas, salvo que usen ese marchamo “académico” para tratar de desacreditar a quienes sostienen tesis opuestas. Esto tiene un punto inquisitorial deplorable y, francamente, he sentido algo de vergüenza ajena cuando he visto a prestigiados historiadores españoles rehuir el debate y limitarse a la pura descalificación personal de quien sostenía tesis contrarias a las suyas.

LND. – Como profesional de la docencia, ¿cuál es el grado de manipulación de la historia? ¿Conocen y están dispuestos a conocer los jóvenes nuestra historia?

CC. – Muy posiblemente la Historia nació con esa finalidad, manipular el pasado. No podemos engañarnos al respecto. Orwell lo expresó magistralmente: quien domina el presente, domina el pasado, y quien domina el pasado, dominará el futuro. Hay que partir precisamente de la plena conciencia de que ésta es la situación real para tratar de superarla, poco a poco. Debemos saber que no existe la objetividad en Historia, pero —a partir de ahí— perseguirla, intentar alcanzarla.
Ahora bien, en el ámbito de la enseñanza, la Historia es objeto de increíbles manipulaciones. Casi todo lo que se enseña en Primaria, Secundaria, en la Universidad, son cosas con una “utilidad práctica”: a leer y escribir, química, biología… Sólo hay una materia que, sin tener utilidad práctica alguna, aparece a todo lo largo del currículo: la Historia. Y es que nadie que tenga el poder va a renunciar a tratar de imponer a los administrados su propia visión de la Historia.
Ahora bien, se nota un creciente desinterés del alumnado por la asignatura. La historia le interesa cada vez menos a la gente. No es casual. Olvidar la historia también es una forma de manipular la historia y creo que hoy a nuestros políticos, a nuestros líderes sociales, les gusta más que la gente se dedique a otras cosas antes que a meditar sobre sus raíces.

Bibliografía básica en español

Véase también

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Una izquierda darwinista

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LETRAS LIBRES /  (De click para agrandar)

MAYO DE 2008

Una izquierda darwinista

por Peter Singer

La derecha ha saqueado –a veces con provecho, habitualmente con efectos devastadores– el legado darwinista. Para Peter Singer ha llegado el momento de que la izquierda extraiga de la teoría evolucionista una nueva idea del ser humano. Basta con leer bien a Darwin para comprender que es propio de la naturaleza humana buscar el interés individual a través de la cooperación.

La izquierda necesita un nuevo paradigma. Los partidos socialistas democráticos han abandonado el tradicional objetivo socialista de la propiedad pública, y esto, junto con la caída del comunismo, ha dejado a la izquierda sin las metas que anheló durante los dos siglos en que alcanzó una posición de gran poder político e influencia intelectual. Me ocupo aquí no tanto de la izquierda como una fuerza política organizada, sino de la izquierda como un amplio cuerpo de pensamiento, un espectro de ideas en torno a la consecución de una sociedad mejor. En tanto tal, la izquierda necesita urgentemente de ideas nuevas. Quiero proponer como fuente de tales ideas una aproximación al comportamiento humano basada firmemente en la comprensión moderna de la naturaleza del hombre. Ya es tiempo de que la izquierda tome en serio el hecho de que hemos evolucionado desde otros animales; llevamos las pruebas de esta herencia no sólo en nuestra anatomía y en nuestro ADN, sino en nuestros anhelos y en la manera en que muy probablemente tratemos de satisfacerlos. En otras palabras, ya es tiempo de desarrollar una izquierda darwinista.

¿Podría la izquierda adoptar a Darwin y, aún así, seguir siendo izquierda? Depende de lo que se considere esencial. Permítaseme responder de manera personal a esta cuestión. El año pasado hice un documental para la televisión y también un libro sobre Henry Spira. Para la mayoría de la gente este nombre no significará nada, pero Spira es la persona más extraordinaria con la que jamás haya trabajado. Cuando tenía doce años, su familia vivía en Panamá. Su padre tenía una pequeña tienda que no marchaba del todo bien; para ahorrar dinero, la familia aceptó la oferta de un acaudalado amigo que les propuso vivir en su casa. La casa era una mansión que ocupaba una manzana entera de la ciudad. Un día, dos hombres que trabajaban para el dueño de la propiedad le preguntaron a Henry si quería acompañarlos a cobrar las rentas. Henry lo hizo y vio cómo se financiaba la lujosa existencia del benefactor de su padre: se dirigieron a las barriadas, donde la gente pobre fue amenazada por los cobradores armados. En aquella época Henry no tenía ningún concepto de “la izquierda”, pero de ese día en adelante formó parte de ella. Más tarde, Spira se mudó a Estados Unidos, se volvió trotskista, trabajó como marinero, formó parte de las listas negras durante la era de McCarthy, fue al sur para apoyar a la gente negra, dejó a los trotskistas porque habían perdido contacto con la realidad y dio clases a niños de los guetos de Nueva York. Y como si esto no fuera suficiente, en 1973 leyó mi ensayo Liberación animal y decidió que había aún otro grupo de seres explotados que necesitaba ayuda. Con el tiempo, Spira llegó a ser el activista más empeñoso del movimiento por los derechos de los animales en Estados Unidos.

Spira posee la habilidad de plantear las cosas de manera simple y llana. Cuando le pregunté por qué había pasado su vida defendiendo todas esas causas, me dijo sencillamente que estaba del lado de los débiles, y no de los poderosos; de los oprimidos, y no del opresor; de la montura, y no del jinete. Spira me habló de la inmensa cantidad de dolor y sufrimiento que existe en nuestro universo, y de su deseo de hacer algo para disminuirlo. Y esto, según creo, es de lo que se trata la izquierda. Si nos encogemos de hombros frente al sufrimiento evitable de los débiles y los pobres, de los que son explotados y despojados, entonces no somos de izquierda. La izquierda quiere cambiar esta situación. Existen muchas ideas diversas sobre la igualdad que son compatibles con esta imagen amplia de la izquierda. Y en un mundo en el que las cuatrocientas personas más ricas poseen conjuntamente una riqueza neta mayor a la del 45 por ciento de la población mundial situada en la base de la pirámide, no resulta difícil encontrar puntos comunes en el camino hacia una distribución más equitativa de los recursos.

Hasta aquí sobre la izquierda. Pero, ¿qué hay de la política del darwinismo? Una forma de responder a la pregunta consiste en invocar la distinción entre hechos positivos y valores normativos. Puesto que “ser de izquierda” quiere decir tener ciertos valores, y puesto que la teoría de Darwin es una teoría científica, la imposibilidad de deducir valores a partir de hechos significa que la evolución no tiene nada que ver con la izquierda ni con la derecha. Por lo tanto, tan fácilmente puede existir una izquierda darwinista como una derecha darwinista.

Sin duda, ha sido la derecha la que más ha retomado el pensamiento darwiniano. Andrew Carnegie, por ejemplo, recurrió a la evolución para sostener que la competencia económica nos conduciría a la “supervivencia del más apto”, y haría mejorar así la vida de la mayor parte de la gente. También se invoca el pensamiento darwiniano en la afirmación según la cual las políticas sociales podrían contribuir a la supervivencia de los “menos aptos” y tener consecuencias genéticas nocivas. Esta afirmación es sumamente especulativa. Su base fáctica es más sólida en lo que respecta a la prestación de tratamientos médicos a personas con enfermedades genéticas; sin tratamiento, estas personas morirían incluso antes de poder reproducirse. No cabe duda de que hoy existen muchas más personas que nacen con diabetes prematura debido al descubrimiento de la insulina. Pero nadie propondría seriamente retirar la insulina a los niños con diabetes a fin de evitar las eventuales consecuencias genéticas que comporta el surtir dicha sustancia.

Hay un aspecto más general del pensamiento darwiniano que sí se debe tomar en serio. Es la afirmación según la cual comprender la naturaleza humana, a la luz de la teoría evolutiva, puede ayudarnos a estimar el precio que habremos de pagar por lograr nuestras metas sociales y políticas. Esto no quiere decir que cualquier política social sea incorrecta por ser contraria a las ideas darwinianas; antes bien, deja en nuestras manos la evaluación ética y se limita a proporcionar datos relevantes para poder tomar una decisión.

El núcleo de la concepción izquierdista del mundo es un conjunto de valores; pero también existe una nebulosa de creencias fácticas que se suelen asociar con la izquierda. Debemos preguntarnos si estas creencias fácticas se oponen al pensamiento darwiniano, y si lo hacen, cómo sería la izquierda sin ellas.

En términos generales, la izquierda intelectual, y sobre todo los marxistas, se han mostrado entusiastas ante el recuento que Darwin da sobre el origen de las especies, siempre y cuando las implicaciones que tenga para los seres humanos se limiten a la anatomía y la fisiología. La teoría materialista de la historia, según Marx, implica que no existe una naturaleza humana definida. La naturaleza humana cambia con cada nuevo modo de producción. Ya ha cambiado en el pasado –del comunismo primitivo al feudalismo, y del feudalismo al capitalismo– y podría cambiar de nuevo en el futuro.

La creencia de que la naturaleza humana es maleable ha sido importante para la izquierda, porque le ha proporcionado fundamentos para tener la esperanza de que un tipo distinto de sociedad es posible. La verdadera razón por la cual la izquierda rechazó el darwinismo es porque éste destrozaba el gran sueño de la izquierda: la perfectibilidad del hombre. La idea de construir una sociedad perfecta había estado presente en la conciencia occidental incluso antes de la República de Platón. Desde que la izquierda existe, ha buscado una sociedad en la que todos los seres humanos vivan en armonía y cooperen los unos con los otros, en paz y libertad. Para Darwin, en cambio, la lucha por la existencia, o al menos por la existencia de la propia prole, es interminable.

En el siglo XX, el sueño de la perfectibilidad del género humano se convirtió en las pesadillas de la Rusia estalinista, de la China de la Revolución Cultural y de Camboya bajo el régimen de Pol Pot. La izquierda despertó ofuscada de estas pesadillas. Se han registrado intentos por crear una sociedad nueva y mejor con resultados menos terribles –la Cuba de Castro, los kibbutzim israelíes– pero ninguno ha sido un éxito rotundo. Tenemos que dejar atrás el sueño de la perfectibilidad y eliminar así una barrera más para una izquierda darwinista.

Pero, ¿qué hay de la maleabilidad de la naturaleza humana? ¿Qué queremos decir por maleabilidad y qué tan esencial resulta para la izquierda? Dividamos el comportamiento humano en tres categorías: aquel que varía en gran medida de cultura a cultura; aquel que muestra algo de variación de cultura a cultura, y aquel que presenta poca o ninguna variación.

En la primera categoría, mostrando una inmensa variación, incluiría las distintas formas en que producimos nuestro alimento –recolectando y cazando, criando animales domésticos o sembrando. A estas diferencias corresponden diferencias en los estilos de vida –nómada o sedentario– así como en el tipo de comida que ingerimos. En esta primera categoría también incluiría algunas estructuras económicas, prácticas religiosas y formas de gobierno, pero no –y esto resulta significativo– la existencia de alguna forma de gobierno, que parece ser casi universal.

En la segunda categoría, como comportamiento que muestra ligeras variaciones, incluiría la sexualidad. Los antropólogos victorianos quedaron muy impresionados por las diferencias en la actitud que su propia sociedad y las sociedades que eran objeto de su estudio mostraban hacia la sexualidad; por ello, tendemos a exagerar el grado en que la moral sexual es relativa a cada cultura. Por supuesto, existen diferencias importantes entre las sociedades que permiten a un hombre tener una esposa y las que autorizan a los hombres a tener más de una esposa; pero casi toda sociedad cuenta con un sistema de matrimonio que implica restricciones a las relaciones sexuales fuera de la institución. Además, mientras que a los hombres se les permite una esposa o más, según la cultura, los sistemas de matrimonio en que se permite a las mujeres tener más de un marido son escasos. Sean cuales fueren las reglas del matrimonio, y sin importar qué tan severas sean las sanciones por infringirlas, la infidelidad y los celos sexualmente motivados parecen ser elementos universales del comportamiento humano.

En esta segunda categoría también incluiría la identificación étnica y sus contrarios, la xenofobia y el racismo. Vivo en una sociedad multicultural con un nivel relativamente bajo de racismo, pero sé que existen sentimientos racistas entre los australianos y que los demagogos pueden azuzar estos sentimientos. La tragedia de Bosnia ha demostrado cómo el odio étnico puede resurgir entre pueblos que han convivido pacíficamente durante décadas. El racismo se puede aprender y se puede olvidar, pero el hecho es que los demagogos racistas elevan sus antorchas sobre un material sumamente inflamable.

En la tercera categoría, como un comportamiento que muestra poca variación de una cultura a otra, contaría el hecho de que somos seres sociales preocupados por los intereses de nuestra estirpe. Nuestra presteza para establecer relaciones de cooperación y para reconocer obligaciones recíprocas es igualmente universal. Aunque de manera más controvertida, agregaría que la existencia de una jerarquía o un sistema de rangos es una tendencia casi generalizada. Existen muy pocas sociedades humanas sin distinciones de estatus social; y cuando se hacen intentos por abolir dichas distinciones, estas tienden a reaparecer muy pronto. Finalmente, los roles de género también presentan variaciones muy ligeras. Las mujeres casi siempre desempeñan el papel principal en el cuidado de los niños, mientras que los hombres, más que las mujeres, suelen involucrarse en el enfrentamiento físico, tanto en el interior del grupo social como en la guerra entre distintos grupos. Además, los hombres tienden a desempeñar un papel desproporcionado en el liderazgo político del grupo.

Por supuesto, la cultura influye para agudizar o atenuar las tendencias más profundamente enraizadas en la naturaleza humana. Y puede haber variaciones de individuo a individuo. Nada de lo que he dicho se contradice con la existencia de personas que no se preocupan por su estirpe, o de parejas en las que el hombre cuida de los niños mientras que la mujer trabaja en el ejército. También debo subrayar que mi clasificación general del comportamiento humano no conlleva matices valorativos. No estoy diciendo que si el predominio masculino es característico de casi todas las sociedades, esto signifique que es bueno, o aceptable, o que no deberíamos tratar de cambiarlo. No intento deducir el deber ser a partir del ser, sino evaluar el precio que tendríamos que pagar por la consecución de nuestras metas.

Por ejemplo, si vivimos en una sociedad cuya jerarquía se basa en una aristocracia heredada y abolimos dicha aristocracia, como lo hicieron los revolucionarios franceses y estadou-nidenses, probablemente nos topemos con que una nueva jerarquía emerja, basada quizás en el poder militar o en la riqueza. Cuando la revolución bolchevique en Rusia abolió tanto la aristocracia hereditaria como la riqueza privada, se desarrolló sin demora una jerarquía fundada en el rango y la influencia dentro del Partido Comunista; esto se convirtió en la base de toda suerte de privilegios. La tendencia a constituir jerarquías puede verse en toda clase de conductas mezquinas dentro de las corporaciones y las burocracias, en las que la gente otorga una enorme importancia a qué tan grande es su oficina y cuántas ventanas tiene. Nada de lo anterior significa que la jerarquía sea buena, o deseable, o incluso inevitable; pero sí que deshacerse de ella no será tan fácil como los revolucionarios de antes pensaban.

La izquierda debe aceptar y comprender nuestra naturaleza de seres producto de la evolución. Pero hay distintas maneras de lidiar con las tendencias inherentes a la naturaleza humana. La economía de mercado se funda en la idea de que los seres humanos pueden trabajar duro y mostrar iniciativa sólo si, al hacerlo, les es dado alimentar sus propios intereses económicos. Para satisfacer nuestros intereses lucharemos por producir bienes mejores que los de nuestros competidores, o por producir bienes similares a un menor costo. Así, como dijera Adam Smith, los deseos egoístas de una multitud de individuos se conjuntan, como por obra de una mano invisible, para trabajar en beneficio de todos. Garrett Hardin resumió este punto de vista en The Limits of Altruism, cuando escribió que las políticas públicas debían basarse en “una adhesión inquebrantable a la regla cardinal: nunca le pidas a una persona que actúe contra sus propios intereses”. En teoría –esto es, en una teoría abstracta, libre de cualquier suposición sobre la naturaleza humana–, un monopolio estatal debería ser capaz de proporcionar los servicios públicos más baratos y eficientes, y también el transporte y, para el caso, el suministro de pan; a decir verdad, dicho monopolio tendría enormes ventajas en materia de escala y no estaría obligado a generar ganancias para sus propietarios.

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Sin embargo, cuando tomamos en cuenta la suposición popular de que el interés –más específicamente, el deseo de enriquecerse– impulsa a los seres humanos a trabajar bien, el panorama cambia. Si la comunidad es dueña de una empresa, los gerentes no se benefician de su éxito. Sus intereses económicos personales y los de la empresa apuntarían en direcciones distintas. El resultado es, en el mejor de los casos, la ineficacia; en el peor de los casos, la corrupción generalizada y el robo. Privatizar la empresa asegurará que los propietarios tomen las medidas necesarias para recompensar a sus gerentes de acuerdo con su desempeño; a su vez, los gerentes tomarán las medidas necesarias para asegurar que la empresa opere tan eficazmente como sea posible.

Esta es una manera de ajustar nuestras instituciones a la naturaleza humana, o al menos a una cierta concepción de la naturaleza humana. Pero no es la única. Incluso en términos de la regla cardinal de Hardin, aún debemos preguntarnos qué queremos decir con “interés propio”. La adquisición de riquezas materiales, más allá de un nivel relativamente modesto, tiene poco que ver con el interés en el sentido biológico de maximizar el número de descendientes que uno deja atrás como futuras generaciones. No existe razón alguna para suponer que el crecimiento de la riqueza personal deba ser, ya sea consciente o inconscientemente, la meta que la gente se fije. A menudo se dice que el dinero no puede comprar la felicidad. Esto puede sonar trillado, pero implica que estamos más interesados en ser felices que en ser ricos. Entendido de manera adecuada, el interés va más allá del interés económico. La mayoría de la gente quiere que sus vidas sean felices, satisfactorias o significativas, y reconocen que el dinero es, cuando mucho, un medio para lograr algunos de estos fines. Las políticas públicas no deben fundarse, pues, en el interés, entendido éste en un estrecho sentido económico.

El pensamiento darwiniano moderno abarca tanto la competencia como el altruismo recíproco (un término técnico para la cooperación). Al enfocarse en el factor de la competitividad, la economía moderna de mercado tiene sus premisas en la idea de que nos mueven deseos de adquisición y competencia. Las economías de mercado libre están diseñadas para canalizar nuestros deseos adquisitivos y competitivos de manera tal que operen en beneficio de todos. Sin duda, esto es mejor que una situación en la que dichos deseos operaran sólo para el beneficio de algunos. Pero incluso cuando las sociedades de consumo competitivas trabajan de la mejor manera posible, no constituyen la única vía para armonizar nuestra naturaleza con el bien común. En lugar de ello, deberíamos buscar el fomento de un sentido más amplio del interés individual, una concepción de interés por la que tratemos de construir sobre la faceta social y cooperativa de nuestra naturaleza, antes que sobre la faceta individualista y competitiva.

El trabajo de Robert Axelrod sobre el dilema del prisionero nos brinda una base para la construcción de una sociedad más cooperativa. El dilema del prisionero describe una situación en la que dos personas pueden escoger entre cooperar o no cooperar la una con la otra. El inconveniente es que a cada una le va mejor en el nivel individual si no coopera; pero si ambas toman esta misma decisión, a ambas les irá peor que si las dos hubieran optado por cooperar. El resultado de las decisiones a la vez racionales e interesadas, por parte de dos o más personas, puede hacer que a todos les vaya mejor que si hubieran actuado sólo por interés personal. Actuar motivados sólo por intereses individuales puede ser contraproducente en el ámbito colectivo.

La gente que a diario acude al trabajo en automóvil se enfrenta cada día a esta situación. A todos les iría mejor si, en lugar de estar sentados en medio del intenso tráfico, abandonaran sus automóviles y usaran los autobuses, que entonces viajarían sin demora por las calles despejadas. Pero a ningún individuo le interesa cambiar su auto por el autobús, ya que mientras la gente continúe usando un automóvil propio, los autobuses siempre serán más lentos que los automóviles.

A Axelrod le interesaba saber qué tipo de estrategia –si la cooperativa o la no cooperativa– genera los mejores resultados para las partes que se enfrentan una y otra vez a situaciones de este tipo. ¿Deben cooperar siempre? ¿Deben dar siempre la espalda, como la estrategia de no cooperación lo sugiere? ¿O deben adoptar alguna estrategia mixta, que de alguna manera pase de cooperar a dar la espalda? Axelrod invitó a la gente a proponer estrategias que dieran los mejores resultados a la persona que las adoptara, si es que esta se hallaba repetidamente en situaciones similares al dilema del prisionero.

Cuando recibió las respuestas, Axelrod comparó, con ayuda de una computadora, cada una de ellas con todas las demás unas doscientas veces a través de un torneo. La ganadora fue una estrategia simple llamada tit for tat.1 Cada vez que daba inicio un certamen contra un nuevo jugador, el ejecutante de esta estrategia comenzaba por cooperar. Después de esto, simplemente hacía lo que el otro jugador había hecho en su turno anterior. Así que, si el otro cooperaba, entonces él cooperaba, y seguía haciéndolo a menos que el otro le diera la espalda: entonces, también daba la espalda y seguía haciéndolo hasta que el otro jugador cooperaba de nuevo. Tit for tat también ganó un segundo torneo organizado por Axelrod, incluso aunque esta vez la gente que proponía estrategias sabía que tit for tat había ganado el torneo anterior.

Los resultados de Axelrod, respaldados por trabajos posteriores en este mismo campo de estudio, pueden servir como base para una planeación social que debería ser atractiva para la izquierda. Cualquier persona de izquierda debería darle la bienvenida al hecho de que la estrategia con mejores resultados comience por una acción cooperativa, y de que nunca sea la primera en abandonar la idea de cooperar o de intentar explotar la “bondad” de la otra parte. Aunque los miembros de la izquierda más idealista podrían lamentar que tit for tat no siga cooperando pase lo que pase, una izquierda que comprenda a Darwin debe darse cuenta de que esto resulta esencial para el éxito. Al ser reactiva, tit for tat genera una espiral virtuosa en la que la vida se vuelve más difícil para los abusivos, y en la que, por ende, hay menos de ellos. En palabras de Richard Dawkins, si hay “bobos”, entonces hay “abusivos” que pueden prosperar aprovechándose de los primeros. Al rehusarse a ser tomado por un bobo, el estratega de tit for tat puede lograr que las partes que cooperan obtengan mejores resultados que los abusivos. Una izquierda no darwinista culparía a la pobreza o a la falta de educación o al legado de formas retrógradas de pensamiento por la existencia de los abusivos. Una izquierda darwinista se daría cuenta de que, aun cuando todos estos factores inciden en el nivel a que llegan los abusos, la única solución permanente consiste en modificar los resultados finales de manera tal que los abusivos no prosperen.

La cuestión que debemos abordar es: ¿bajo qué circunstancias la estrategia tit for tat sería una estrategia exitosa para todos? El primer problema es de escala. Tit for tat no puede funcionar en una sociedad de extraños que nunca se encuentren los unos con los otros. Esta es la razón por la cual la gente de las grandes ciudades no siempre muestra la consideración hacia los demás que resulta común en asentamientos rurales, donde la gente se conoce de toda la vida. Necesitamos encontrar estructuras capaces de sobreponerse al anonimato de las sociedades en que vivimos, sociedades enormes, sumamente móviles, y que al parecer no harán más que seguir creciendo.

El siguiente problema es aún más difícil. Si nada de lo que tú haces cambia de verdad algo para mí, tit for tat no funcionará. Así que, aun cuando la estrategia no necesita la igualdad, una disparidad muy grande en materia de poder o de riqueza eliminará el incentivo de la cooperación mutua. Si dejáramos a un grupo de personas tan fuera de la riqueza social mancomunada que no tuvieran nada con qué contribuir, las estaríamos enajenando de las prácticas sociales y de las instituciones de las que forman parte, y casi sin duda estas personas se convertirían en adversarios que representarían una amenaza para dichas instituciones. La lección política del pensamiento darwiniano del siglo XX es totalmente diferente de la del darwinismo social del siglo XIX. Los darwinistas sociales consideraban que, si los menos aptos eran abandonados en el camino, esto no era más que la forma en que la naturaleza descartaba a los débiles: un resultado inevitable de la lucha por la existencia. Tratar de superar esto les parecía inútil, si no es que claramente dañino. Una izquierda darwinista que comprende las condiciones para la cooperación mutua, así como sus beneficios, luchará por evitar las condiciones económicas que generan marginación.

Permítaseme entretejer algunas líneas de pensamiento. ¿Qué distingue a una izquierda darwinista de las versiones anteriores de la izquierda? En primer lugar, la izquierda darwinista no negaría la existencia de una naturaleza humana, ni insistiría en que la naturaleza humana es intrínsecamente buena, ni infinitamente maleable. En segundo lugar, esta izquierda no pretendería poner fin a todo conflicto y toda lucha entre los seres humanos. En tercer lugar, no supondría que todas las desigualdades se deben a la discriminación, al prejuicio, a la opresión o al condicionamiento social. Algunas se deberán a estos factores, pero no todas. Por ejemplo, el hecho de que entre los directores ejecutivos haya menos mujeres que hombres puede deberse a que los hombres están más dispuestos a subordinar sus vidas e intereses personales a sus metas profesionales; las diferencias biológicas entre hombres y mujeres pueden ser un factor en la medida en que puede haber entre los primeros una mayor disposición a sacrificar todo con tal de llegar a la cima.

¿Y qué hay de aquello que una izquierda darwinista sostendría? En primer lugar, esta izquierda reconocería que hay algo llamado naturaleza humana, e intentaría saber más sobre ella, de manera tal que lograra fundarse en la mejor evidencia disponible sobre lo que los seres humanos son. En segundo lugar, anticiparía que, aun bajo sistemas sociales y económicos muy distintos, mucha gente actuará de manera competitiva para afianzar su estatus, ganar poder y alimentar los intereses de su estirpe y los propios. En tercer lugar, la izquierda darwinista esperaría que, sin importar el sistema social y económico en que viva, la mayoría de la gente responderá positivamente a una invitación a involucrarse en formas de cooperación que resulten en el beneficio mutuo, siempre y cuando la invitación sea genuina. En cuarto lugar, esta izquierda promovería estructuras que fomentaran la cooperación antes que la competencia, e intentaría canalizar la competencia hacia fines socialmente deseables. En quinto lugar, reconocería que la manera en que explotamos a los animales es el legado de un pasado predarwiniano que exageró el abismo entre los humanos y otros animales y, por ende, trabajaría en pos de un estatus moral más alto para los animales. Y en sexto lugar, la izquierda darwinista sustentaría los valores tradicionales de la izquierda poniéndose del lado de los débiles, de los pobres y de los oprimidos, pero pensando muy cuidadosamente qué opciones sí funcionarían para beneficiarlos de verdad.

En algunos sentidos, esta es una visión mucho más modesta de la izquierda, en la que se sustituye sus ideas utópicas por una visión realista y desapasionada de lo que puede lograrse. Sin embargo, en el plazo largo, no sabemos si nuestra capacidad de razonar nos pueda llevar más allá de las restricciones darwinistas convencionales sobre el grado de altruismo que una sociedad puede fomentar. Somos seres racionales. Una vez que comenzamos a razonar, podemos sentirnos impulsados a seguir una cadena de argumentos hasta una conclusión que no habíamos anticipado. La razón nos permite reconocer que cada uno de nosotros es sencillamente un ser entre otros, otros que tienen deseos y necesidades que los preocupan, de la misma manera en que nos preocupan nuestros deseos y necesidades. ¿Podrá esta concepción sobreponerse algún día a la fuerza de otros elementos en nuestra naturaleza evolucionada que actúan contra la idea de velar imparcialmente por todos los demás seres humanos o, lo que sería aún mejor, por todos los demás seres que sienten?

Un defensor del darwinismo como Richard Dawkins, ni más ni menos, sostiene la posibilidad de “cultivar y alimentar deliberadamente un altruismo puro y desinteresado, algo que no tiene lugar en la naturaleza, algo que nunca ha existido antes en la historia entera del mundo”. Aunque “estamos construidos como máquinas de genes”, nos dice Dawkins, “tenemos el poder de oponernos a nuestros creadores”. He aquí una verdad importante. Somos la primera generación que comprende no sólo que hemos evolucionado, sino también los mecanismos por los cuales hemos evolucionado. En su épica filosófica, la Fenomenología del espíritu, Hegel esbozaba el fin de la historia como un estado de sabiduría absoluta, en el que la mente se conoce a sí misma tal como es, y de esta manera obtiene su propia libertad. No tenemos que aceptar la metafísica de Hegel para darnos cuenta de que algo parecido ha sucedido durante los últimos cincuenta años. Por primera vez desde que la vida surgiera del caldo primigenio, hay seres que entienden cómo han llegado a ser lo que son. En un futuro más distante, que apenas alcanzamos a vislumbrar, esto podría ser un requisito para una nueva forma de libertad: la libertad de moldear nuestros genes para que, en lugar de vivir en sociedades limitadas por su origen evolutivo, podamos construir esa sociedad que consideremos la mejor de todas. ~

Traducción de Marianela Santoveña

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1 La estrategia tit for tat, en la teoría de juegos, consiste en dar a cambio lo mismo que se recibe, y puede entenderse como una versión del “ojo por ojo” o “represalia equivalente” en materia de cooperación.– N. de la T.

Monerías

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Monerías

l infame juicio de Scopes no involucraba un asesinato o violencia de ningún tipo. Max Haines

Los monos pueden causar grandes noticias. Si alguna vez vagabundeó por Dayton, Tennessee, durante el terrible verano de 1925, se hubiera topado cara a cara con todo tipo de monos. Había carteles de monos en las tiendas, muñecos de monos, placas de monos, monos vivos. ¿Por qué tantos simios? Bien, se lo diré.

John Thomas Scopes era un callado profesor de biología que no aparentaba sus 24 años. No tenía idea de lo que desataría cuando les enseñó a sus alumnos la teoría de la evolución de Darwin. De hecho, lo que Scopes consideraba nada más que el realizar sus tareas como profesor precipitó uno de los juicios más conocidos en la historia de Estados Unidos.

Los niños le contaron a sus padres que les estaban enseñando que la historia bíblica de la creación no debía ser tomada como literal. En realidad, la vida animal sobre la tierra había evolucionado a través de un largo proceso gradual de desarrollo a partir de células. Los simples granjeros de Dayton estaban azorados.

El área estaba habitada por fanáticos fundamentalistas, que creían, sin duda alguna, palabra por palabra en la interpretación de la Biblia.

Las noticias sobre el maestro que enseñaba a sus alumnos que los humanos habían descendido de los monos se esparció rápidamente.

En su momento, un miembro de la Legislatura del Estado, John Washington Butler, presentó un artículo que decía que era ilegal que un maestro de la escuela pública en Tennessee enseñara una teoría que negara la historia bíblica del origen del hombre. El artículo decía que las escuelas públicas no podían enseñar que el hombre había descendido de una forma menor animal. El 21 de marzo de 1925, el Artículo Butler se convirtió en ley.

Scopes continuó enseñando la teoría de la evolución. Al hacerlo, ahora estaba quebrando la ley estatal. Fue arrestado y acusado de “desmoralizar la paz y la dignidad del estado”.

El ridículo incidente en el dormido pueblo tomó significado nacional con la entrada en el caso de dos de los hombres más prominentes de EEUU.

Uno, William Jennings Bryan, un ardiente fundamentalista, fue anunciado como abogado especial. El feroz orador había sido tres veces candidato democrático para la presidencia de EEUU. Perdió en las tres ocasiones. Bryan vio el juicio como una oportunidad doble-una posibilidad de realizar un golpe en contra de los ateos, y a la vez, ganar publicidad favorable que podría catapultarlo hacia la Casa Blanca.

Con la ayuda de la Unión Americana de Libertades Civiles, Scopes pudo contraatacar el pesado revólver de la parte atacante con nuestro segundo individuo prominente, Clarence Darrow, un renombrado abogado defensor. Apenas un año antes, Darrow había salvado a Leopold y Loeb de la silla eléctrica por el horrendo asesinato de Bobby Franks, de 14 años, en Chicago.

La suerte estaba echada. Era como si el destino hubiera juntado a estos dos hombres totalmente opuestos para luchar en el pequeño pueblo de Tennessee. El abiertamente ateo Darrow, defensor de causas perdidas, era un hombre desprolijo e informal, al que se le daba bien desbaratar graneros. Bryan era un fundamentalista hecho y derecho y había tenido gran demanda como orador, enseñando la interpretación literal de la Biblia.

Esencialmente, el juicio se redujo a la ciencia versus la religión; algunos dijeron conocimiento versus ignorancia.

El juicio del mono comenzó el 10 de julio de 1925. Los periodistas llegaron de todas partes de EEUU y de varios países. Una manta calurosa descendió sobre Tennessee, haciendo que la pobremente ventilada corte se convirtiera en un baño turco. El símbolo del evento, el mono, estaba en todas partes. Vendedores ambulantes, hombres de la Medicina y el costado carnavalesco de la sociedad se acercó a la polémica. Algunos luchaban con aquellos que no compartían su opinión. En resumen, la comunidad tomó un aire festivo.

Dentro, los dos protagonistas se unían en la batalla. Darrow señalaba que su defendido Scopes admitió enseñar la teoría de la evolución. En ningún momento estuvo en desacuerdo con la Biblia. De hecho, según Darrow, muchas personas creían tanto en la teoría de Darwin como en la Biblia. Todo era cuestión de interpretación.

Algunos pensaban que el discurso dado por Darrow en la corte fue el mejor dado por un abogado defensor en cualquier corte. Señaló: “La Biblia no es un libro, sino que está compuesto por 66 libros escritos en un período de alrededor de 1.000 años, algunos de ellos muy tempranamente, y otros, comparativamente más tarde. Es un libro principalmente sobre religión y moral. No es un libro de ciencia. Allí no hay nada prescrito que te diga cómo construir una vía de tren o un bote a vapor o cómo hacer nada que haga avanzar a la civilización”. Continuó, ilustrando que en el momento en que la Biblia fue escrita había muchas teorías que se creían teorías científicas universales y luego fueron probadas como incorrectas.

Bryan, quien se dirigió al jurado durante 79 minutos, aseguró que el enseñarle a los niños sobre la evolución era robarles su fe en Dios.

En un movimiento sorpresivo, Darrow le ganó a su adversario. Bryan subió al estrado como testigo experto de la Biblia, y admitió que él creía en la versión del Rey James de la Biblia, palabra por palabra. Luego, durante largos 90 minutos, Darrow estuvo haciendo preguntas embarazosas al tembloroso Bryan. “¿De dónde vino la mujer de Caín, si, como dice la Biblia, la tierra sólo estaba habitada por su hermano Abel y su madre y su padre, Adan y Eva?”. Darrow también hizo que Bryan admitiera que pudo haber tomado más de seis días de 24 horas hacer la Tierra.

El defensor Bryan afirmó que creía firmemente que “Dios castigó a la serpiente al condenar a las víboras a arrastrarse por siempre sobre sus estómagos”. Bryan se paralizó cuando se le preguntó, “¿Tiene alguna idea de cómo se movía la víbora antes de eso?”. Después de todo, el tiempo que pasó en el estrado fue una experiencia humillante para William Jennings Bryan.

En ocho días se concluyó el juicio. Sólo tomó nueve minutos para que el olvidado hombre en el caso, John Scopes, fuera hallado culpable. Se le multó con una pena mínima de 100 dólares bajo estatuto. Se lanzó una apelación sobre un tecnicismo. La Corte Suprema de Tennessee dio vuelta el juicio del jurado, pero estimó que la ley en sí misma era inconstitucional.

Clarence Darrow emergió como ganador no oficial y continuó defendiendo otros casos no populares.

El juicio y la humillación personal sufrida tuvo un costo para William Jennings Bryan. Murió por fallas cardíacas mientras dormía en Dayton justo seis días luego del juicio.
En 1960, John Scopes fue presentado con la llave del pueblo de Dayton por el alcalde. Celebraron el aniversario número 35 del juicio en el “Día del Juicio Scopes”.

AGOSTO DE 2007

La acusación del fundamentalismo cristiano

The Baltimore Evening Sun, 17 de julio de 1925

Dayton, Tennessee, 17 de julio.- Aunque la corte falló en su contra esta mañana, y el testimonio de los expertos requerido por la defensa será excluido del juicio del impío Scopes, fue Dudley Field Malone quien ganó ayer la gran batalla de los retóricos. Apenas se irguió para iniciar la sesión, reinaba ya en la sala el consenso de que el juez Raulston estaba decidido y que nada que ningún abogado defensor pudiera decir podría sacudirlo. Pero Malone incuestionablemente lo sacudió; estaba, al final, en plena duda, y lo mostró mediante sus preguntas. Le tomó toda una noche de reposo regresar a la normalidad. La acusación ganó, pero llegó sólo a una pulgada de la derrota.

Malone se había preparado para asediar y vencer a Bryan, y lo logró magníficamente. Dudo que, en una corte de ciencia legal, se haya oído otro discurso más elocuente desde los días de Gog y Magog. Brotaba de las ventanas abiertas como el sonido de una práctica artillera, y alarmaba a los contrabandistas y a los linces de las cumbres distantes. Trenes atronando sobre las vías cercanas apenas sonaron, y cuando, hasta el final, una mesa atiborrada de periodistas boquiabiertos se quebró en un escándalo, el ruido parecía, por contraste, no ser más que una cuerda de pizzicato sobre una viola da gamba. Los paisanos afuera vertían sus Biblias dentro de los altavoces y podían así entregarse jovialmente al impacto de la voz original. En breve, Malone estaba entonado. Fue un gran día para Irlanda. Y para la defensa. Malone no solamente habló más fuerte que Bryan, también lo dominó claramente y fue más convincente que él. Su discurso, efectivamente, fue una de las mejores presentaciones de un caso contra la basura fundamentalista que he escuchado.

Fue simple en su estructura, claro en sus razonamientos, y en sus principales puntos fue abrumadoramente elocuente. No fue largo, pero cubrió el terreno entero y disparó elaborados y abundantes proyectiles que conquistaron incluso a los fundamentalistas. Cuando acabó, ellos le dedicaron una enorme ovación que era por lo menos cuatro veces más fuerte que aquella que le habían dedicado a Bryan; porque estos provincianos disfrutan los discursos y saben cuándo son buenos. La lógica del diablo no puede atraparlos, pero tampoco se salvan de ceder a los placeres voluptuosos de sus lascivas frases.

El discurso fue completamente dirigido a Bryan, y éste se acomodó en su postura habitual, agitando su abanico de palmera enérgicamente y escudado en unos labios duros, crueles y celosamente cerrados. Este viejo muchacho se tornó más y más patético. Ha envejecido mucho durante los últimos años, y ahora comienza a parecer viejo y febril. Todo lo que queda de su antiguo fuego está ahora en sus ojos negros; brillan como oscuras gemas, y en ese brillo hay una inmensa e inútil maldad. Esto es todo lo que ha quedado del líder sin igual de hace treinta años. Alguna vez tuvo un pie en la Casa Blanca y la nación tembló con sus rugidos. Ahora no es más que un papa de hojalata en el cinturón de la Coca-Cola y el hermano de solitarios pastores que maltratan sus ya escasas luces en templos galvanizados situados junto a las vías. Su clímax llegó cuando se lanzó en una furiosa denuncia de la doctrina de que el hombre es un mamífero. Parecía una evidente imposibilidad que cualquier hombre letrado pudiera levantarse en público y descargar cualquiera de aquellos sinsentidos. Aun así el viejo compañero lo hizo. Darrow lo miraba con incredulidad. Malone estaba sentado con la boca totalmente abierta. Hays se regaló una de sus sardónicas risillas. Stewart, Bryan y sus pupilos se miraban extremadamente incómodos. Pero el viejo charlatán habló demasiado. Llamar a un hombre mamífero, al parecer, era también ignorar una revelación divina. El efecto de esta doctrina sería destruir la moralidad y promover la infidelidad. La defensa lo dejó pasar: la flor no necesitaba un adorno.

Vino luego abundante palabrería acerca del caso Leopold Loeb, culminando en el argumento de que enseñar era corromper –de que los profesores, al colocar la ciencia por encima del Génesis, estaban convirtiendo a sus estudiantes en asesinos. Bryan alegó que Darrow había admitido el hecho en su discurso final durante el juicio de Leopold Loeb, y se detuvo a buscar la cita en la copia impresa de su discurso. Darrow negó haber hecho tal declaración, y comenzó su presentación leyendo lo que en realidad había dicho sobre el tema. Bryan entonces procedió denunciando a Nietzsche, a quien describió como un admirador y seguidor de Darwin. Darrow disputó estos puntos y ofreció una exposición de lo que Nietzsche en realidad había enseñado. Bryan simplemente lo ignoró.

El efecto completo de la arenga fue extremadamente depresivo. Rápidamente dejó de ser un argumento dirigido al jurado. Bryan, de hecho, constantemente decía “mis amigos”, en lugar de “su señoría”, y se convirtió en un sermón para una acampada. Todas las sagradas y habituales afirmaciones en Dayton aparecieron ahí: que aprender es peligroso, que nada es verdad si no aparece en la Biblia, que un paisano que va a la iglesia regularmente sabe más de lo que cualquier científico haya escuchado. La cosa llegó a extremos fantásticos. Se transformó en un fárrago de puerilidades sin coherencia ni sentido. No creo que el viejo hombre se haya hecho justicia. Hablaba con una voz pobre y su mente parecía vagar. Había demasiado odio en él para que pudiera también ser persuasivo.

La multitud, por supuesto, estaba con él. Ha sido alimentada con esta clase de palabrería durante años. Sus pastores la asaltan dos veces a la semana precisamente con el mismo sinsentido. Está, crónicamente, en la misma posición que la población protegida por una ley de espionaje en tiempos de guerra. Es decir: prohibido burlarse de los argumentos de este lado y prohibido escuchar al otro bando. Hace años que Bryan ronda por aquí y conoce la mente bucólica. Sabe cómo alcanzar e inflamar sus básicas creencias y supersticiones. Las ha añadido a su repertorio y adornado con frescos absurdos. Hoy, él mismo podría presentarse como el arquetipo del provinciano americano. Su teología es simplemente la magia elemental que es profesada cincuenta y dos veces al año en cien mil iglesias rurales.

Estos montañeses de Tennessee no son más estúpidos que el proletario de la ciudad, sólo están menos informados. Si Darrow, Malone y Hays pudieran hacerse oír durante un mes en el condado de Rhea, creo que una cuarta parte de la población repudiaría el fundamentalismo, y que no pocos de aquellos clérigos ahora en práctica serían restituidos a sus viejos trabajos en las vías ferroviarias. El discurso de Malone probablemente agitó a muchos verdaderos creyentes; otro similar convencería a más de uno. Pero las oportunidades están pesadamente en contra de que escuchen un segundo. Un vez que este juicio haya terminado, la oscuridad se cerrará otra vez y tomará muchos años de diligente y paciente esfuerzo combatirla, si es que efectivamente alguna vez nos iluminamos.

Con brillantes excepciones –el doctor Neal es un ejemplo– los más civilizados en Tennessee mostraron pocos signos de estar a la altura de la situación. Sospecho que es la política lo que los mantiene en silencio y lo que deja en ridículo a su Estado. La mayoría de ellos parecen candidatos para un cargo público, y todo candidato, si quiere conseguir los votos del fundamentalismo, debe berrear el Génesis antes de empezar a berrear cualquier otra cosa. El gobernador Austin Peay es el prototípico político de Tennesee. Él firmó la resolución antievolucionista con sonoras aleluyas y ahora está haciendo toda clase de esfuerzos para aprovechar la atención que se está prestando al juicio Scopes en su beneficio político personal. Los periódicos locales han publicado un telegrama que ha mandado al fiscal general A.T. Stewart implorando su ayuda. En el norte, un gobernador que cediera a esa clase de simiescas fanfarronadas sería destituido por tratar de influir en el curso de un caso que está siendo juzgado. Y sería ridiculizado como un barato charlatán. Pero no aquí.

Describí a Stewart el otro día como a un hombre de aparente educación y juicio palpablemente superior a los abogados de aldea que se sientan junto a él en la mesa del juicio. Todavía creo que lo describí con precisión. Y sin embargo Stewart, al final de la sesión de ayer, exhibió algo que sería inimaginable en el norte. Comenzó su respuesta a Malone con un inteligente y esforzado argumento legal, con grandes evidencias de lo mucho que lo había estudiado. Pero al cabo de poco tiempo se deslizó hacía una violenta arenga teológica llena de extravagantes sinsentidos. Describió el caso como un combate entre la luz y la oscuridad, y a punto estuvo de descender a las profundidades de Bryan. Hays lo desafió con una pregunta. ¿No admitió él, después de todo, que la defensa tenía argumentos razonables; que debía habérsele dado la oportunidad de presentar sus pruebas? Transcribo su respuesta literalmente:

–Aquello que golpea los fundamentos del cristianismo no merece el derecho de una oportunidad.

Hays, absolutamente impresionado por esta cruda descripción de la visión fundamentalista de la corrección procesal, presionó aún más el asunto. Suponiendo que la defensa presentaría no opiniones, sino solamente hechos, ¿rechazaría Stewart su admisión? Éste contestó:

–Personalmente, sí.

–¿Pero como abogado y fiscal general? –insistió Hays.

–Como abogado y fiscal general –dijo Stewart– soy el mismo hombre.

Así es la justicia allí donde el Génesis es el primer y más grande libro de leyes y la herejía es todavía un crimen.

The Baltimore Evening Sun, 18 de julio de 1925

Dayton, Tennesee, 18 de julio.- Lo único que queda de la gran causa del Estado de Tennessee en contra del impío Scopes es el asunto formal de aniquilar al acusado. Pueden haber algunas batallas legales el lunes y algunas oratorias extravagantes el martes, pero la batalla principal ha terminado y el Génesis ha salido absolutamente triunfante. El juez Raulston finiquitó el asunto ayer por la mañana lanzando suaves aleluyas judiciales a los brazos del acusador. El único comentario del sardónico Darrow consistió en derrumbar un pastel metafórico en la nuca del sabio jurista.

–Espero –dijo éste último nerviosamente– que el abogado defensor no intente desacreditar esta corte.

Darrow alzó los brazos y se asomó soñadoramente hacia la ventana.

–Su señoría tiene, naturalmente, derecho a albergar esperanzas.

Sin duda, el caso será larga y profundamente recordado por los degustadores de las delicatessen judiciales –así como los desempeños de Weber y Fields son recordados por los estudiantes de arte dramático. Transcurrido el tiempo, se vuelve más fantástico e hilarante. Scopes ha recibido precisamente el mismo juicio justo que el honorable John Philip Hill, acusado de injuriar el juramento de Howard A. Kelly, ante el reverendo doctor George W. Crabbe. Él es un tipo no sin humor, le encontré hoy con una sonrisa en la cara. Dentro de no mucho el sheriff recibirá el equivalente a un sueldo mensual de él, pero por ahora se ha divertido mucho.

Más interesante que la vacua bufonería que queda será el efecto sobre la gente de Tennessee, los verdaderos prisioneros de la abogacía. Que los más civilizados de ellos están en una febril condición anímica debe ser patente para cualquier visitante. Los bufones que salieron de todos lados les provocaron gran dolor. Están llenos de amargas protestas y valientes proyectos. Se preparan, al parecer, para organizarse, erigir la bandera negra y ofrecer a los fundamentalistas de las montañas de estiércol una batalla hasta la muerte. No se detendrán hasta que el último predicador bautista salga volando por encima de las montañas y la común decencia intelectual del cristianismo se haya restaurado.

Con la mejor voluntad del mundo, encuentro imposible aceptar esta alta discusión con algo que se parezca a la confianza. La intelectualidad de Tennessee tuvo su oportunidad y la dejó escapar. Cuando el viejo charlatán de Bryan invadió el estado con sus supercherías, unánimemente guardaron silencio. Cuando comenzó a reunir conversos en las regiones lejanas, no opusieron ninguna resistencia. Cuando la Cámara Legislativa aprobó la enmienda antievolucionista y el gobernador la firmó, se resignaron a una murmuración agachada. Y cuando finalmente tuvo lugar la batalla y llegó el momento de los puñetazos, solamente un ciudadano de Tennessee se presentó voluntario.

El único voluntario fue el doctor John Neal, ahora miembro de la defensa, un buen abogado y un hombre honesto. Sus servicios prestados a Darrow, Malone y Hays han sido valiosísimos y éstos salieron del caso sintiendo un gran respeto hacia él. ¿Pero cómo lo mira Tennessee? Mi impresión es que Tennessee subestimó increíblemente la idea de que un granjero que lee la Biblia sabe más que cualquier científico del mundo. Esta clase de nociva basura, escuchada desde lejos, puede parecer sólo ridícula. Pero tiene un sonido diferente, se lo aseguro, cuando uno lo oye como un argumento formal en un tribunal y es tomado como una expresión de sabiduría por un juez y un jurado.

Darrow ha perdido este caso. Estaba perdido mucho antes de que llegara a Dayton. Pero me parece que, de todos modos, él ha hecho un gran servicio público al pelear hasta el final y de una manera perfectamente seria. Que nadie tome esto por una comedia, aunque parezca una farsa en todos sus detalles. Le ha advertido al país que el hombre de neandertal se está organizando en aquellos atrasados rincones de la tierra, dirigido por un fanático, sin juicio y carente de conciencia. Tennessee, censurándolo timorata y tardíamente, ahora ve sus tribunales convertidos en acampadas y su Declaración de Derechos burlada por piadosos funcionarios de la ley. Hay otros estados que deberían revisar mejor sus arsenales antes de que los bárbaros lleguen a sus puertas.

The Baltimore Evening Sun, 20 de Julio, 1925

Tennessee en la sartén

I

Que el pujante pueblo de Dayton, cuando mandó a juicio al impío Scopes, mordió mucho más de lo que era capaz de masticar… este melancólico hecho debe ser ahora evidente para todos. Los Arístides Sophocles Goldsboroughs de la aldea creyeron que con el juicio llegaría mucho dinero, y que produciría una gran cantidad de publicidad gratuita y provechosa. Estuvieron equivocados en ambos cálculos, como suele suceder con los triunfalistas. Los visitantes gastaron en realidad poco dinero. Los paisanos de por allí se llevaron su propia comida y regresaban a casa para dormir. Y los que llegaron de ciudades lejanas se apuraban a bajar hasta Chattanooga cada que había un receso. Por lo que respecta a la publicidad que salió de los telegramas, me temo que más bien ha arruinado al pueblo. Cuando la gente lo recuerde de aquí en adelante, pensará en ello como en Herrin, Illinois, y Homestead, Pennsylvania. Será un pueblo de burla en el mejor de los casos; e infame en el peor.

Los nativos reaccionaron muy mal ante esta publicidad. Lo publicado al principio, creo, de alguna manera los desarmó y engañó. Era en su mayoría una amigable broma; lo tomaron filosóficamente, aconsejados por los Arístides locales de que era benéfico para el comercio. Pero cuando la gran guardia de los periodistas del este y del oeste comenzó a invadirlos y sus despachos a mostrar al país y al mundo cómo era vista la obscena bufonería a los ojos de realistas ciudadanos urbanos, entonces los provincianos comenzaron a sudar frío, y en pocos días estaban llenos de terror e indignación. Algunos de los más burdos espíritus, efectivamente, hablaron bizarramente de acción directa en contra de los autores de esas difamaciones. Pero la historia del Ku Klux y de la Legión Americana ofrece abrumadora evidencia de que el cien por cien de los americanos nunca pelea cuando el enemigo es aún fuerte y capaz de defenderse, así que los visitantes no sufrieron nada peor que las más hostiles miradas. Cuando el último de ellos salga de Dayton, los habitantes desinfectarán el pueblo con velas de sulfuro, y los pastores locales exorcizarán los demonios que dejaron allí.

II

Dayton, por supuesto, es sólo un pequeño pueblo de quinta categoría, por lo que sus agonías son relativamente de poco interés para el mundo. Sus pastores, me atrevo a decirlo, serán capaces de consolarlo, y si ellos no fueran capaces, ahí estará siempre el viejo charlatán de Bryan para echarles una mano. La fe no sólo es capaz de mover montañas, también puede aliviar los agitados espíritus de los montañeses. Los daytonianos, impasibles a las irreverencias de Darrow, aún creen. Creen que ellos no son mamíferos. Ellos creen, según las palabras de Bryan, que saben más que todos los hombres de ciencia de la cristiandad. Ellos creen, bajo la autoridad del Génesis, que la tierra es plana y que aún está infestada de brujas. Y ellos creen, en especial, que todo aquel que dude de estas revelaciones se irá al infierno. Así se consuelan.

¿Pero qué será del resto de la gente de Tennessee? Me temo que no conseguirán consolarse tan fácilmente. Se trata de gente verdaderamente agradable, y muchos de ellos son muy inteligentes. Conocí hombres y mujeres –particularmente mujeres– en Chattanooga en los que noté signos de la más alta cultura. Ellos llevan vidas civilizadas, a pesar de la Prohibición, y estaban interesados en ideas civilizadas, a pesar de la niebla de fundamentalismo en la cual se movían. Conocí miembros del poder judicial que estaban tan avergonzados por el bucólico cretino, Raulston, como un Osler lo estaría por un quiropráctico. Agrego al clero educado: episcopalistas, unitarios, judíos, etcétera –hombres ilustrados, patéticamente agitados bajo las imbecilidades de sus colegas evangélicos. Chattanooga, tal como la encontré, era encantadora, pero inmensamente infeliz.

Lo que su gente pedía –muchos de ellos abiertamente– era suspensión del juicio, comprensión y caridad cristiana, y creo que se merecen todas estas cosas. Dayton puede ser típico de Tennessee, pero no así de todo Tennessee. La minoría civilizada del estado es probablemente tan grande como la de cualquier otro estado del sur. Lo que la afecta es simplemente el hecho de que ha sido, en el pasado, demasiado precavida y política –es decir, temerosa de ofender a la mayoría fundamentalista. A esa actitud se añade algo más: un acrítico y de alguna manera infantil patriotismo local. Los hombres de Tennessee han tolerado a sus imbéciles por el temor de que atacarlos significara atraer la burla del resto del país. Ahora pesa sobre ellos el ridículo, y para colmo, el ataque es diez veces más complicado de lo que era antes.

III

¿Cómo van a pelear para escapar de este pantano? No lo sé. Comienzan la batalla con el enemigo apoderado de todas las cumbres y los cañones; peor aún, es enorme la vacilación en sus propias filas. Los periódicos del estado, con pocas excepciones, son timoratos. Uno de los mejores, el News de Chattanooga, publicó una elocuente felicitación a Bryan en el momento en que éste arribaba a Dayton. Antes se había opuesto a la ley antievolución. Pero a la hora de la batalla, comenzó a vacilar y luego publicó un artículo argumentando que el fundamentalismo, después de todo, hacia felices a los hombres –que algo ganaba un tennessiano siendo un ignorante–; en otras palabras, que un cerdo en el corral debía ser envidiado por Aristóteles. El News fue de lejos el mejor: fue quien ofreció mayor espacio al otro bando, y bajo considerable riesgo. Pero su peso, durante dos semanas, fue arrojado firmemente contra Bryan y sus disparates.

He descrito en mis despachos desde Dayton la actitud pusilánime de los abogados del estado. No fue sino hasta que el juicio llevaba dos días cuando algunos abogados de Tennessee de cierta influencia y dignidad se presentaron al auxilio del doctor John R. Neal –e incluso entonces todos los voluntarios alistados lo hicieron a condición de que sus nombres no aparecieran en los periódicos. Debo exceptuar a T. B. McElwere. Él se sentó a la mesa del juicio y ofreció valiosos servicios. Los demás se ocultaron en el fondo. Era una situación impactante para alguien de Maryland, pero parecía ser vista como algo natural en Tennessee.

La actitud general hacia Neal mismo fue también algo extraordinario. Él es un abogado capaz y un hombre con buena reputación, y en cualquier estado del norte su valor sería apreciado como lo merece. Pero en Tennessee incluso los intelectuales parecen sentir que él ha hecho algo reprobable por haberse sentado a la mesa del juicio junto a Darrow, Hays y Malone. El estado murmura triviales y estúpidos chismes acerca de él –que se viste como un vagabundo, que tiene aspiraciones políticas, y cosas por el estilo. ¿Y qué si lo hace y las tiene? Él se ha presentado, en este caso, de una manera que engrandece a su estado. Pero su estado, en lugar de mostrarse orgulloso de él, simplemente le gruñe a sus espaldas.

IV

Así sucedía también con cada hombre involucrado con la defensa –muchos de ellos, previsiblemente, foráneos. Por ejemplo, Rappelyea, el ingeniero de Dayton que fue el primero en asistir a Scopes. En Dayton me fue dicho solemnemente, no una sino veinte veces, que Rappelyea era (a) un chico del Bowery de Nueva York, y (b) un ingeniero incompetente e ignorante. Hice bastantes esfuerzos para hallar la verdad. Ésta es que (a) él era en realidad miembro de una de las más antiguas familias hugonotas en los Estados Unidos, y (b) que sus capacidades profesionales y cultura general eran tales que los científicos visitantes lo buscaron y encontraron agradable su compañía.

Tal es el castigo que, lanzado por los fundamentalistas, cae sobre un hombre civilizado. Como he dicho, lo peor de ello es que incluso los intelectuales locales ayudaron a jalar la cuerda. En consecuencia, todos los brillantes jóvenes del estado –que produce muchos de ellos– tienden a abandonarlo. Si se quedaran, deberían prepararse para sucumbir a la palabrería prevaleciente o resignarse a ser más o menos infames. Con la ley antievolucionista aplicada, la universidad del estado rápidamente se vendrá abajo; ningún joven inteligente perderá su tiempo en esos cursos si es que puede evitarlo. Y así, con la juventud perdida, la lucha contra la oscuridad carecerá de esperanzas.

Como he dicho, el estado aún produce aguerridos y valientes jóvenes –¡ojalá pudiera retenerlos! Hay buena sangre en cualquier parte, incluso en las montañas. Durante las nocivas bufonerías de Bryan y Raulston la semana pasada, dos especímenes típicos se sentaron a la mesa de la prensa. Uno fue Paul Y. Anderson, corresponsal del St. Louis-Dispatch, y el otro fue Joseph Wood Krutch, uno de los editores de The Nation. Conozco su trabajo y desde mi juicio profesional en ambos casos es de primer nivel. Anderson es uno de los mejores reporteros en el país, y Krutch es uno de los mejores escritores de editoriales. Bueno, ambos estuvieron ahí como extranjeros. Ambos estaban trabajando para publicaciones que no podrían existir en Tennessee. Ambos fueron vistos por sus colegas tenessianos no con orgullo, como representantes del estado, sino como traidores a la idiosincrasia de Tennessee y enemigos públicos. Su crimen consistía en que se trataba de hombres inteligentes que hacían inteligentemente su trabajo. ~

  • http://www.eluniversal.com/estampas/anteriores/200305/crimenes.shtml
  • http://www.letraslibres.com/index.php?art=12272

El juicio del mono

El juicio del mono

por Bartolo Luque

PUBLICADO EN TECNOCIENCIA 10 (Febrero 2007)

En marzo de 1925, la asamblea legislativa de Tennessee aprobó la ley Butler, que prohibía la enseñanza de la teoría de la evolución de Darwin en el estado. Se consideraba delito proclamar que los seres humanos hubieran evolucionado a partir de otras especies. La enseñanza oficial debía estar en acuerdo con la Biblia: el hombre fue creado por Dios y la mujer a partir de una de sus costillas. Cuatro meses después, John Thomas Scopes fue arrestado mientras daba clases de evolución en un instituto de secundaria de Dayton (Tennessee). Las autoridades del pueblo consiguieron que William Jennings Bryan (derecha), tres veces presidenciable de los EEUU y fundamentalista religioso, se convirtiera en acusador. Clarence Darrow (izquierda), uno de los abogados más famosos del país por aquel entonces, se ofreció para la defensa. Según calificó el propio Bryan, el juicio, que comenzó el 10 de Julio, sería una «contienda entre la Evolución y la Cristiandad». De modo que la fotografía de este mes puede considerarse una alegoría del enfrentamiento entre ciencia y religión, entre evolución y creacionismo.

El veredicto pudo ser escuchado en directo por radio en todo el país. El 21 de Julio, en tan solo 8 minutos de deliberación, el jurado declaró a Scopes culpable, lo multaron con 100 dólares y quedó en libertad. Darrow apeló a la Suprema Corte de Tennessee y la batalla legal se saldó dos años después con una reducción de la multa a un dólar y una ley antievolución que a nivel práctico dejó de aplicarse. El juicio de Scopes se celebraba 65 años después de la publicación de El origen de las especies de Darwin. Durante todo ese tiempo la teoría de la evolución había madurado gracias a un torrente ininterrumpido de datos y estaba sólidamente fundamentada para la comunidad científica. En realidad el juicio de Scopes fue un contraataque a los vientos fundamentalistas que volvían a resoplar para derrocarla. George W. Rappelyea, un ingeniero que trabajaba en la mina de carbón de Dayton, deseaba la abrogación de la ley antievolución de Tennessee. Apoyado por la Asociación de Libertades Civiles Norteamericanas (ACLU), logró convencer a Scopes para que hablara a sus alumnos de evolución y fuese denunciado por ello. La prensa hizo el resto: Dayton se convirtió en un circo, bautizó el caso con el nombre con que pasaría a la historia, el juicio del mono, y dio la publicidad al asunto que la ACLU deseaba.

¿Lejano en el tiempo? En 1999, el estado de Kansas decidió eliminar cualquier mención a la edad de la Tierra, la teoría de la evolución o el Big Bang en los programas de las escuelas públicas. Arrecia de nuevo el creacionismo, hasta el extremo de que se ha hecho portada en 2006 en Nature, donde leemos: «Esta revista contiene material sobre la evolución. La evolución por selección natural es una teoría, no un hecho. Este material debe ser leído con una mente abierta, estudiado cuidadosamente y considerado críticamente. Aprobado por el Consejo de Gobierno de las Universidades, 2006». Advertencia copiada de las portadas de los libros de Biología en los estados de la Unión donde los fundamentalistas han impuesto sus creencias. No se me ocurre mejor respuesta que este párrafo del libro Dientes de gallina y dedos de caballo del paleontólogo Stephen J. Gould: «Bien, la evolución es una teoría. Es también un hecho. Y los hechos y las teorías son cosas diferentes, no son peldaños en una jerarquía de certeza en aumento. Los hechos son los datos del mundo. Las teorías son estructuras de ideas que explican e interpretan hechos. Los hechos no cambian cuando los científicos discuten las teorías rivales para explicarlos. La teoría de Einstein de la gravitación substituyó la de Newton, pero las manzanas no quedaron suspendidas en el aire pendientes del resultado. Y los humanos evolucionaron a partir de antepasados simiescos tanto si lo hicieron por el mecanismo propuesto por Darwin o por algún otro que esté por descubrir».

Pero, ¿por qué es esta contienda tan importante? Lo expresaba magistralmente Spencer Tracy, interpretando al abogado defensor del juicio del mono, en la película Heredarás el viento (1960): «¿No lo entiende? ¿No entiende que si se toma una teoría como la evolución y se convierte en un crimen enseñarla en las escuelas públicas, mañana puede convertirse en un crimen enseñarla en las escuelas privadas? Y después en un crimen el leer sobre ella. Y seguidamente se podrían prohibir los libros y los periódicos [...]. Si se puede hacer una cosa, se puede hacer la otra. Porque el fanatismo y la ignorancia están siempre ocupados, y necesitan alimentarse». Y a esto añadiría algo más. Todos hemos leído alguna vez la famosa respuesta de Thomas Henry Huxley, a la pregunta de Samuel Wilberforce, obispo de Oxford, de que «si era a través de su abuelo o de su abuela, de quien declaraba descender de un mono» en la contienda más famosa entre evolucionistas y creacionistas. Es menos conocido el comentario por lo bajini que hizo una piadosa señora del público asistente: «Esto de la evolución es una aberración, pero si fuera verdad, lo mejor que podría ocurrir es que se enterara el menor número de gente posible». El fundamentalismo es un problema, pero como científicos poco podemos hacer contra él. El analfabetismo científico es otro, y ese sí es de nuestra responsabilidad.

Trasfondo histórico

Los medios de comunicación estatales españoles están desde hace largo tiempo en campaña constante para convencer al público de la factualidad de la doctrina evolucionista en cuanto al origen y desarrollo del mundo de lo viviente. Ejemplo de ello ha sido el pase de producciones como Cosmos, Era una vez el hombre, y un largo etcétera. Por Radio 2 (FM) de Radio Nacional de España se ha retransmitido algunas veces la obra teatral en adaptación para la radio La herencia del viento. Esta obra pretende pasar por ser una representación del juicio que tuvo lugar en Dayton (Tennessee) en 1925 contra un maestro de escuela, acusado de enseñar evolución, lo cual estaba prohibido en las escuelas públicas de aquel estado por la ley Butler, y que no fue derogada hasta el año 1968. Se ha pasado últimamente por televisión en su última versión (1988) en forma de drama documental televisivo, y es esencialmente una repetición de la película del mismo título para el cine producida en 1960 con Spencer Tracy (personificando a «Henry Drummond» = Clarence Darrow, el abogado defensor), Gene Kelly (personificando a «Hornbeck» = Mencken, un famoso columnista de la prensa), y Frederick March (haciendo el papel de «Matthew Brady» = William Jennings Bryan, principal abogado de la acusación). En la versión de 1988, dirigida por David Green, actúan Kirk Douglas como William Jennings Bryan, y Jason Robard y Darren McGavin.

En toda esta cuestión del famoso juicio de Scopes se han levantado enormes pasiones, y esta película, ya desde su primera versión en 1960, ha contribuido a echar gasolina al fuego con su presentación de los hechos retorcida y parcial, como se demuestra en el cuerpo del artículo: Frente al mito de celudoide, Scopes jamás fue detenido en su clase, en presencia de sus alumnos, ni encarcelado, ni corría riesgo de pena de cárcel, que no estaba contemplada en la ley. Lo que es más chocante, y lo confiesa él mismo en diversas ocasiones, él no enseñó evolución, sino que aceptó voluntariamente ser acusado de ello para poner a prueba la mencionada ley Butler.

Y antes de seguir, se debe poner en claro que este artículo es un examen de la factualidad de los hechos de la película, en comparación con la transcripción del juicio y otras fuentes históricas. Dicho todo esto, pasemos a examinar la cuestión.

¿Qué era esta Ley Butler? ¿Se trataba acaso de una posición cerril de los antievolucionistas, dispuestos a perseguir inquisitorialmente a los que mantuvieran ideas evolucionistas, según la idea que se puede desprender fácilmente de esta situación? Para contestar a esta pregunta se debe comprender la situación política y social de los Estados Unidos. Allí siempre se había protegido el libre tráfico de las ideas sin censura. Pero cuando llegamos a la concepción de qué es la educación, y a quién compete administrar la educación a los niños, había y hay, tanto allí como en España y en todos países, el choque entre la idea de que el contenido y la orientación filosófica de la educación competen a los padres, y que los poderes públicos deben garantizar que esto se respete estrictamente (como reza el artículo 27.3 de la Constitución Española), y la despótica, en la que el Estado usurpa el lugar de los padres en esta cuestión.

En Tennessee, como en todos los estados de la Unión, regía el principio de separación de iglesia y estado, por lo que no se podía enseñar la Biblia en las escuelas públicas. Sin embargo, atendiendo al sentir general de la población, que no quería que la escuela pública fuera empleada para subvertir las creencias cristianas que los niños aprendían en sus hogares o en la iglesia (por cuanto el concepto de escuela pública era que cumplía una misión subsidiaria a los padres), la Ley Butler prohibió enseñar que el hombre provenía de órdenes animales inferiores como contraria a la enseñanza bíblica admitida por la generalidad de la población. No se prohibía enseñar la evolución de los animales y de las plantas, y tampoco se mandaba afirmativamente enseñar la Biblia, lo que estaba constitucionalmente prohibido: sólo se prohibía enseñar una hipótesis subversiva de la fe cristiana a niños de padres en medio de una cultura cristiana en instituciónes públicas de enseñanza. Los maestros que quisieran fundar una escuela privada para enseñar su concepción particular del origen del hombre y filosofías anticristianas no eran en absoluto molestados. Pero en la cuestión de la enseñanza pública se imponía esta limitación, en atención a la postura mayoritariamente cristiana de la población.

Aquí se debe insistir que a pesar de toda la propaganda en contrario, el evolucionismo no ha sido demostrado como un hecho, aunque algunos de sus partidarios lo repitan constante y estridentemente, sino que sigue siendo una doctrina hija de la filosofía naturalista, cuyo método excluye a Dios a priori. Dentro de su marco se intenta dar explicación al mundo de lo viviente dejando expresamente a un lado toda posible acción divina. Así, el Evolucionismo no es una conclusión dictada por el estudio del mundo de lo viviente, sino una filosofía formalmente atea que se impone sobre el estudio del mundo de lo viviente como punto de partida metodológico necesario por parte de sus creyentes. «No es por sus conclusiones, sino por su principio metodológico que la ciencia moderna rechaza la creación directa» (véase Weizsäcker, C. F. von, La importancia de la ciencia, Ed. Labor, Barcelona 1976, pág. 125).

Fuente: http://www.tecnociencia.org

La historia según Hollywood del Juicio Scopes

Archivado en: 1 — pauloarieu @ 5:09 pm

David Menton, Ph.D.

La historia según Hollywood del Juicio Scopes

Crónica de una manipulación cinematográfica


En su libro History of Modern Creationism el popular orador creacionista doctor Henry M. Morris comenta que mientras estaba en una gira de conferencias por Nueva Zelanda descubrió que «ciudad tras ciudad, bien durante mi visita o inmediatamente después, los canales de televisión gubernamentales iban mostrando la película acerca del juicio de Scopes La herencia del viento, una y otra vez». El doctor Morris concluía que es una indicación de la pobreza de los argumentos científicos de los evolucionistas que se siga empleando esta película de 30 años de antigüedad, basada en una obra teatral de hace 40 años, que a su vez se basa en un juicio de hace 65 años, para argumentar el caso de la evolución contra el de la creación. Es sorprendente la continuidad y frecuencia con que se pasa esta película en vista de su mediocre calidad dramática. Es indudable que el atractivo de La herencia del viento descansa principalmente en la relevancia que se le atribuye en la creciente controversia Creación/Evolución.

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Clarence Darrow

Archivado en: 1 — pauloarieu @ 5:03 pm

Clarence Darrow

Clarence Seward Darrow (Kinsman, Ohio, 18 de abril de 1857Chicago, Illinois, 13 de marzo de 1938). Abogado estadounidense y directivo de la Unión Americana por las Libertades Civiles.

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De las Corporaciones a los Trabajadores

Darrow comenzó su carrera en Youngstown (Ohio). Luego se estableció en Chicago, donde pronto llegó a ser abogado de la North Western Railroad. Renunció a su bien remunerado cargo para defender exitosamente a Eugene V. Debs, el líder del sindicato ferroviario American Railway Union en la huelga de los obreros de Pullman de 1894. La victoria de los trabajadores en este caso hizo famoso a Darrow, ya que no sólo demostró la inocencia de Debs sino que puso en evidencia las maniobras ilegales de los empresarios y gerentes para tratar de incriminar a los huelguistas.

También en 1894 comenzó Darrow su lucha contra la pena de muerte al defender a Patrick Eugene Prendergast, un perturbado mental quien confesó haber asesinado al alcalde Carter Harrison. Aunque Prendergast fue ejecutado, nunca más permitió Darrow que uno de sus clientes sufriera ese destino.

Darrow defendió luego a Bill Haywood, dirigente del sindicato radical Industrial Workers of the World IWW y de la Federación de Mineros, a quien acusaban de complicidad en el asesinato del ex gobernador de Idaho Frank Steunenberg in 1905.

La preferencia del movimiento obrero por Darrow terminó tras la defensa de los hermanos MacNamara, acusados de hacer explotar una bomba en el edificio del diario Los Angeles Times que causó la muerte de 20 personas. Al comprobarse la participación de los acusados en los hechos, estos y Darrow llegaron a un acuerdo con el Fiscal, que a cambio del reconocimiento d ela culpabilidad que correspondía a cada uno, no solicitó la pena de muerte, sino 50 años de cárcel para quien colocó el artefacto explosivo. Los trabajadores pensaron que nunca Darrow ha debido reconocer la responsabilidad de los activistas acusados. Para completar Darrow fue acusado de sobornar a un jurado, al que uno de sus allegados estaba dando dinero. Darrow terminó juzgado, pero fue declarado inocente al demostrar que se le trataba de condenar por su lucha en defensa de los derechos de los trabajadores y los pobres.

De laboralista a penalista

A partir de allí Darrow se dedicó al derecho penal y a combatir contra la pena de muerte que consideraba opuesta al humanismo y completamente inútil para combatir el crimen. El caso más importante que asumió fue el de Leopold-Loeb autores en 1924 del asesinanto atroz de un adolescente. Darrow demostró las perturbaciones mentales de estos asesinos y especialmente dejó claro que ejecutarlos era practicar la misma violencia que ellos practicaban. Fueron condenados a cadena perpetua. Logró que no fueran condenados a muerte cerca de 100 sindicados de asesinato que defendió y su carrera se convirtió en una condena de la pena capital.

El Juicio de Scopes

En 1925, Darrow defendió a John Thomas Scopes en el todavía famoso “Juicio del Mono“. El maestro Scopes fue juzgado por enseñar la teoría de la evolución de las especies en una escuela estatal en Tennessee El cargo era “enseñar una teoría que niega la historia de la Creación Divina del hombre tal y como la expone la Biblia, y enseña en cambio que el hombre desciende de un bajo orden de los animales”.

El acusador y testigo principal fue el fundamentalista William Jennings Bryan. Cuando Darrow lo interrogó, Bryan tuvo que aceptar que no se podía interpretar el relato bíblico de la creación en seis días como si se tratara de días de 24 horas sino como seis períodos indeterminados de tiempo. Darrow demostró ante la opinión pública el desvarío de una interpretación literal de la Biblia y la necesidad de enseñar en las escuelas las teorías científicas. Aunque el juez condenó a Scopes a pagar 100 dólares de multa, el juicio desprestigió inmensamente a Bryan y al fundamentalismo y fue un triunfo para Scopes como maestro, pues lo que enseñaba a unos pocos alumnos, pudo enseñarlo a todo el país y al mundo. Bryan murió poco después.

Ossian Sweet

Una multitud de blancos en Detroit intentó echar a una familia negra de la vivienda recién comprada en un barrio blanco. En la lucha, murió un hombre blanco, y los once negros que estaban en la casa fueron arrestados y acusados de asesinato. Llevaron Dr. Ossian Sweet y a tres miembros de su familia a juicio y después de un callejón sin salida inicial, Darrow dijo al jurado: “insisto en que no hay sino prejuicios en este caso; si fuera a la inversa y once hombres blancos hubieran matado a un negro al proteger su hogar y sus vidas contra una multitud de negros, nadie habría ni siquiera soñado con procesarlos. En cambio les habrían dado medallas… ” Los Sweet fueron declarados inocentes.

A los 68 años Darrow se retiró y sólo atendió ocasionalmente casos, como el juicio Massie en Hawaiien 1932.

Escritos literarios

  • Persian Pearl
  • The Story of My Life
  • Farmington
  • Resist Not Evil

Referencias

WIKIPEDIA

Scopes Trial

Archivado en: 1 — pauloarieu @ 4:56 pm

Scopes Trial

Scopes v. State
Criminal Court of Tennessee
Full case name The State of Tennessee v. John Thomas Scopes
Date decided July 21, 1925
Citations None
Judges sitting John T. Raulston
Case history
Subsequent actions: Scopes v. State (1926)
Case opinions
The Butler Act does not violate church and state or state religion laws but instead, merely prohibits the teaching of evolution on the grounds of intellectual disagreement, and leaves the only non-religion specific option as (the latter representing teacher John Thomas Scopes) in an American legal case that tested a law passed on March 13, 1925, which forbade the teaching, in any state-funded educational establishment in Tennessee, of “any theory that denies the story of the Divine Creation of man as taught in the Bible, and to teach instead that man has descended from a lower order of animals.” This is often interpreted as meaning that the law forbade the teaching of any aspect of the theory of evolution.

The “Scopes Trial” (Scopes v. State, 152 Tenn. 424, 278 S.W. 57 (Tenn. 1925), often called the “Scopes Monkey Trial“) was an American legal case that tested a law passed on March 13, 1925, which forbade the teaching, in any state-funded educational establishment in Tennessee, of “any theory that denies the story of the Divine Creation of man as taught in the Bible, and to teach instead that man has descended from a lower order of animals.” The case was a watershed in the creation-evolution controversy.

John Scopes, a high school teacher, was charged on May 5, 1925 with teaching evolution from a chapter in a textbook which showed ideas developed from those set out in Charles Darwin’s book On the Origin of Species. The trial pitted two of the preeminent legal minds of the time against one another. Three time presidential candidate and former Secretary of State William Jennings Bryan headed up the prosecution, while prominent trial attorney Clarence Darrow spoke for the defense.[1] The famous trial was made infamous by the fictionalized accounts given in the 1955 play Inherit the Wind, the 1960 Hollywood motion picture and the 1965, 1988 and 1999 television films of the same name.

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Butler Act

The Tennessee anti-evolution law, which had been proposed by state legislator John Washington Butler, declared:

“… that it shall be unlawful for any teacher in any of the Universities, Normals and all other public schools of the State which are supported in whole or in part by the public school funds of the State, to teach any theory that denies the story of the Divine Creation of man as taught in the Bible, and to teach instead that man has descended from a lower order of animals.”[2]

On January 28, 1925 the lower house of the Tennessee legislature passed Butler’s bill 71 to 5; the vote in the Senate on March 13 was 24 to 6 in favor. Dismayed that the legislature had passed the bill, but needing the support of rural legislators like Butler for educational reforms, Governor Austin Peay signed the Butler Act into law on March 21, 1925 with the hopeful observation that, “Probably the law will never be applied.”[3] Butler later declared: “I never had any idea my bill would make a fuss. I just thought it would become law, and that everybody would abide by it and that we wouldn’t hear any more of evolution in Tennessee.”[4] Scopes was later found guilty and was fined.

Testing the Butler Act

The American Civil Liberties Union (ACLU) had offered to defend anyone accused of teaching the theory of evolution in defiance of the Butler Act. George Rappleyea, who managed several local mines, convinced a group of businessmen in Dayton, Tennessee, then a town of 1,756, that the controversy of such a trial would give Dayton much needed publicity. With their agreement, he called in his friend, 24-year-old John Scopes, who was Clark County High School’s football coach and had substituted for Principal Ferguson in a science class. Rappleyea asked Scopes to teach the theory of evolution.[5]

Rappleyea pointed out that while the Butler Act prohibited the teaching of the theory of evolution, the state required teachers to use a textbook—George Hunter’s Civic Biology (1914)—which explicitly described and endorsed the theory of evolution, and that teachers were therefore effectively required to break the law.[5] Scopes could not actually remember having covered the section on evolution in Hunter’s textbook, but he told the group “If you can prove that I’ve taught evolution and that I can qualify as a defendant, then I’ll be willing to stand trial.”[cite this quote]

Scopes became an increasingly willing participant, even incriminating himself and urging students to testify against him.[6] He was indicted on April 24, after three students testified against him at the grand jury, at Scopes’ behest.[7] According to Edward J. Larson, Judge John T. Raulston accelerated the convening of the grand jury and “…all but instructed the grand jury to indict Scopes, despite the meager evidence against him and the widely reported stories questioning whether the willing defendant had ever taught evolution in the classroom.”[8] Scopes was charged with having taught from the chapter on evolution to a May 7, 1925, high school class in violation of the Butler Act (and nominally arrested, though never detained). His bail of $500 was paid by Paul Patterson, owner of the Baltimore Sun.[9]

Prosecution and defense teams

The original prosecutors were Scopes’ friends, Herbert E. and Sue K. Hicks, two brothers who were local attorneys.

Hoping to attract major press coverage, George Rappleyea went so far as to write to the British novelist H. G. Wells asking him to join the defense team. Wells replied that he had no legal training in Britain, let alone in America, and declined the offer. However, John R. Neal, a law school professor from Knoxville, announced that he would act as Scopes’ attorney — whether Scopes liked it or not — and became the nominal head of the defense team.

Baptist pastor William Bell Riley, the founder and president of the World Christian Fundamentals Association, was instrumental in calling lawyer and three-time Democratic presidential candidate and lifelong Presbyterian William Jennings Bryan to act as that organization’s counsel. Bryan had originally been invited by Sue Hicks to become an associate of the prosecution and Bryan had readily accepted, despite the fact he had not tried a case in thirty-six years. As Scopes pointed out: “After [Bryan] was accepted by the state as a special prosecutor in the case, there was never any hope of containing the controversy within the bounds of constitutionality.”[10]

In response, Clarence Darrow, a staunch agnostic, volunteered his services to the defense. After many changes back and forth, the defense team consisted of Darrow, ACLU attorney Arthur Garfield Hays, and Dudley Field Malone, an international divorce lawyer who had worked at the State Department while Bryan was Secretary of State.

The prosecution team was led by Tom Stewart, district attorney for the 18th Circuit (and future United States Senator), and included, in addition to Herbert and Sue Hicks, Ben B. McKenzie and William Jennings Bryan. The trial was covered by journalists from around the world, including H. L. Mencken for The Baltimore Sun, which was also paying part of the defense’s expenses. It was Mencken who provided the trial with its most colorful labels such as the “Monkey trial” of “the infidel Scopes.” It was also the first U.S. trial to be broadcast on national radio.

Trial

Clarence Darrow and William Jennings Bryan chat in court during the Scopes Trial.

Clarence Darrow and William Jennings Bryan chat in court during the Scopes Trial.

The ACLU had originally intended to oppose the Butler Act on the grounds that it violated the teacher’s individual rights, and was therefore unconstitutional. Mainly because of Clarence Darrow, this strategy changed as the trial progressed, and the earliest argument proposed by the defense once the trial had began was that there was actually no conflict between evolution and the creation account in the Bible. In support of this claim, they brought in eight experts on evolution. Other than Dr. Maynard Metcalf, a zoologist from Johns Hopkins University, the judge would not allow these experts to testify in person. Instead, they were allowed to submit written statements so that their evidence could be used at the appeal. In response to this decision, Darrow made a sarcastic comment to Judge Raulston, for which he apologized the next day keeping himself from being found in contempt of court.

By the later stages of the trial, Clarence Darrow had largely abandoned the ACLU’s original strategy and attacked the literal interpretation of the Bible as well as Bryan’s limited knowledge of other religions and science.

Only when the case went to appeal did the defense return to the original claim that the prosecution was invalid because the law was essentially designed to benefit a particular religious group, which would be unconstitutional.

In what proved to be his only extensive speech of the trial, Bryan responded to this theory on behalf of the state. Following Stewart’s strategy, Bryan argued that the proposed scientific testimony was neither competent nor proper, given the legal issue in the case, which he insisted was simply whether Scopes had taught evolution in the Rhea County High School. To support his contention that evolution was morally pernicious, Bryan cited the famous Leopold-Loeb trial involving Darrow the year before the Scopes Trial. Darrow had saved two rich young child murderers from the death sentence, and Bryan cited Darrow’s own words:

This terrible crime was inherent in his organism, and it came from some ancestor … Is any blame attached because somebody took Nietzsche’s philosophy seriously and fashioned his life upon it? … It is hardly fair to hang a 19–year–old boy for the philosophy that was taught him at the university.

Bryan chastised evolution for teaching children that humans were but one of (precisely) 35,000 types of mammals and bemoaned the fact that human beings were descended “Not even from American monkeys, but from old world monkeys” (World’s Most Famous Court Trial, 174-78).

Malone responded for the defense in a speech that was universally considered the oratorical triumph of the trial.[11] Arousing fears of “inquisitions,” Malone argued that the Bible should be preserved in the realm of theology and morality and not put into a course of science. In his gale-force conclusion, Malone declared that Bryan’s “duel to the death” against evolution should not be made one-sided by a court ruling that took away the chief witnesses for the defense. Malone promised that there would be no duel because “There is never a duel with the truth.” The courtroom went wild when Malone finished, and Scopes declared Malone’s speech to be the dramatic highpoint of the entire trial and insisted that part of the reason Bryan wanted to go on the stand was to regain some of his tarnished glory.[12]

On the sixth day of the trial the defense ran out of witnesses. The judge declared that all of the defense testimony on the Bible was irrelevant and should not be presented to the jury (which had been excluded during the defense). One of the defense attorneys, probably Darrow, asked “Where are we to find an expert on the Bible who is acceptable to the court?”[cite this quote] Bryan interjected “I am an expert on the Bible.”[cite this quote] Thus Bryan volunteered to be a defense witness.

Examination of Bryan

On the seventh day of the trial, Clarence Darrow took the unorthodox step of calling William Jennings Bryan, counsel for the prosecution, to the stand as a witness in an effort to demonstrate that belief in the historicity of the Bible and its many accounts of miracles was unreasonable. Bryan accepted, on the understanding that Darrow would in turn submit to questioning by Bryan. Although Hays would claim in his autobiography that the cross-examination of Bryan was unplanned, Darrow spent the night before in preparation. The scientists the defense had brought to Dayton and Charles Francis Potter, a modernist minister who had lost a public debate on evolution with the fundamentalist preacher John Roach Straton, prepared topics and questions for Darrow to address to Bryan on the witness stand.[13] Kirtley Mather, chairman of the geology department at Harvard and also a devout Baptist played Bryan and answered questions as he believed Bryan would.[14] Raulston had adjourned court to the stand on the courthouse lawn, ostensibly because he was “afraid of the building” with so many spectators crammed into the courtroom, but probably because of the stifling heat (227; Scopes and Presley 164).

Adam and Eve

Another area of questioning involved the book of Genesis and if Eve was actually created from Adam’s rib, where Cain got his wife, and how many people lived in Ancient Egypt. Darrow used these examples to show that the stories of the bible could not be scientific and should not be used in teaching science with Darrow telling Bryan, “You insult every man of science and learning in the world because he does not believe in your fool religion.”[15] Bryan’s declaration in response was “The reason I am answering is not for the benefit of the superior court. It is to keep these gentlemen from saying I was afraid to meet them and let them question me, and I want the Christian world to know that any atheist, agnostic, unbeliever, can question me anytime as to my belief in God, and I will answer him.”[16]

Stewart objected, demanding to know the legal purpose of Darrow’s questioning. Bryan, gauging the effect the session was having, snapped that its purpose was “to cast ridicule on everybody who believes in the Bible.” Darrow, with equal vehemence, retorted, “We have the purpose of preventing bigots and ignoramuses from controlling the education of the United States.” (299)

A few more questions followed in the charged open-air courtroom. Darrow asked where Cain got his wife; Bryan answered that he would “leave the agnostics to hunt for her” (302-03). When Darrow addressed the issue of the temptation of Eve by the serpent, Bryan insisted that the Bible be quoted verbatim rather than allowing Darrow to paraphrase it in his own terms. However, after another angry exchange, Judge Raulston banged his gavel, adjourning court and bringing the drama to a sudden close (303-04).

End of the trial

The confrontation between Bryan and Darrow lasted approximately two hours on the afternoon of the seventh day of the trial. It is likely that it would have continued the following morning but for Judge Raulston’s announcement that he considered the whole examination irrelevant to the case and his decision that it should be “expunged” from the record. Thus Bryan was denied the chance to cross-examine the defense lawyers in return, although after the trial Bryan would distribute nine questions to the press to bring out Darrow’s “religious attitude.” The questions and Darrow’s short answers were published in newspapers the day after the trial ended, with the New York Times characterizing Darrow as answering Bryan’s questions “with his agnostic’s creed, ‘I don’t know,’ except where he could deny them with his belief in natural, immutable law.” [17]

After the defense’s final attempt to present evidence was denied, Darrow asked the judge to bring in the jury only to have them come to a guilty verdict:

We claim that the defendant is not guilty, but as the court has excluded any testimony, except as to the one issue as to whether he taught that man descended from a lower order of animals, and we cannot contradict that testimony, there is no logical thing to come except that the jury find a verdict that we may carry to the higher court, purely as a matter of proper procedure. We do not think it is fair to the court or counsel on the other side to waste a lot of time when we know this is the inevitable result and probably the best result for the case.

After they were brought in, Darrow then addressed the jury, telling them that:

We came down here to offer evidence in this case and the court has held under the law that the evidence we had is not admissible, so all we can do is to take an exception and carry it to a higher court to see whether the evidence is admissible or not. . . . we cannot even explain to you that we think you should return a verdict of not guilty. We do not see how you could. We do not ask it.

Darrow closed the case for the defense without a final summation. Under Tennessee law, when the defense waived its right to make a closing speech, the prosecution was also barred from summing up its case.

Scopes never testified since there was never a legal issue as to whether he had taught evolution. Scopes later admitted that, in reality, he was unsure of whether he had taught evolution (another reason the defense did not want him to testify), but the point was not contested at the trial (Scopes 1967:59-60).

After eight days of trial, it took the jury only nine minutes to deliberate. Scopes was found guilty on July 21 and ordered to pay a US$100.00 fine (approximately $1,165 when adjusted for inflation). Raulston imposed the fine before Scopes was given an opportunity to say anything about why the court should not impose punishment upon him and after Neal brought the error to the judge’s attention the defendant spoke for the first and only time in court:

Your honor, I feel that I have been convicted of violating an unjust statute. I will continue in the future, as I have in the past, to oppose this law in any way I can. Any other action would be in violation of my ideal of academic freedom–that is, to teach the truth as guaranteed in our constitution, of personal and religious freedom. I think the fine is unjust (World’s Most Famous Court Trial 313).

Appeal to Supreme Court of Tennessee

Scopes’ lawyers appealed, challenging the conviction on several grounds.

First, they argued that the statute was overly vague because it prohibited the teaching of “evolution,” a very broad term. The court rejected that argument, holding:

Evolution, like prohibition, is a broad term. In recent bickering, however, evolution has been understood to mean the theory which holds that man has developed from some pre-existing lower type. This is the popular significance of evolution, just as the popular significance of prohibition is prohibition of the traffic in intoxicating liquors. It was in that sense that evolution was used in this act. It is in this sense that the word will be used in this opinion, unless the context otherwise indicates. It is only to the theory of the evolution of man from a lower type that the act before us was intended to apply, and much of the discussion we have heard is beside this case.

Second, the lawyers argued that the statute violated Scopes’ constitutional right to due process because it prohibited him from teaching evolution. The court rejected this argument, holding that the state was permitted to regulate his speech as an employee of the state:

He was an employee of the state of Tennessee or of a municipal agency of the state. He was under contract with the state to work in an institution of the state. He had no right or privilege to serve the state except upon such terms as the state prescribed. His liberty, his privilege, his immunity to teach and proclaim the theory of evolution, elsewhere than in the service of the state, was in no wise touched by this law.

Third, it was argued that the terms of the Butler Act violated the Tennessee State Constitution which provided that “It shall be the duty of the General Assembly in all future periods of this government, to cherish literature and science.” The argument was that the theory of the descent of man from a lower order of animals was now established by the preponderance of scientific thought, and that the prohibition of the teaching of such theory was a violation of the legislative duty to cherish science.

The court rejected this argument (Scopes v. State, 154 Tenn. 105, 1927), holding that the determination of what laws cherished science was an issue for the legislature, not the judiciary:

The courts cannot sit in judgment on such acts of the Legislature or its agents and determine whether or not the omission or addition of a particular course of study tends “to cherish science.”

Fourth, the defense lawyers argued that the statute violated the Establishment Clause, unconstitutionally establishing a state religion.

Writing for the court, Chief Justice Grafton Green rejected this argument, holding that the Establishment Clause was designed to prevent the establishment of a state religion as had been the experience in England and Scotland at the writing of the Constitution, and held:

We are not able to see how the prohibition of teaching the theory that man has descended from a lower order of animals gives preference to any religious establishment or mode of worship. So far as we know, there is no religious establishment or organized body that has in its creed or confession of faith any article denying or affirming such a theory. So far as we know, the denial or affirmation of such a theory does not enter into any recognized mode of worship. Since this cause has been pending in this court, we have been favored, in addition to briefs of counsel and various amici curiae, with a multitude of resolutions, addresses, and communications from scientific bodies, religious factions, and individuals giving us the benefit of their views upon the theory of evolution. Examination of these contributions indicates that Protestants, Catholics, and Jews are divided among themselves in their beliefs, and that there is no unanimity among the members of any religious establishment as to this subject. Belief or unbelief in the theory of evolution is no more a characteristic of any religious establishment or mode of worship than is belief or unbelief in the wisdom of the prohibition laws. It would appear that members of the same churches quite generally disagree as to these things.

Further, the court held that while the statute forbade the teaching of evolution (as the court had defined it), it did not require the teaching of any other doctrine, so that it did not benefit any doctrine over the others.

Nevertheless, having found the statute to be constitutional, the court set aside the conviction on appeal because of a legal technicality: the jury should have decided the fine, not the judge, since Tennessee judges could not at that time set fines above $50. Green added a totally unexpected recommendation:

The court is informed that the plaintiff in error is no longer in the service of the state. We see nothing to be gained by prolonging the life of this bizarre case. On the contrary, we think that the peace and dignity of the state, which all criminal prosecutions are brought to redress, will be the better conserved by the entry of a nolle prosequi herein. Such a course is suggested to the Attorney General.

Attorney General L.D. Smith immediately announced that he would not seek a retrial, while Scopes’ lawyers offered angry comments on the stunning decision.[18]

In 1968, the Supreme Court of the United States ruled in Epperson v. Arkansas 393 U.S. 97 (1968) that such bans contravene the Establishment Clause because their primary purpose is religious.[5] Tennessee had repealed the Butler Act the previous year.

Publicity and drama

Publicity

Edward J. Larson, a historian who won the Pulitzer Prize for History for his book Summer for the Gods: The Scopes Trial and America’s Continuing Debate Over Science and Religion, notes “Like so many archetypal American events, the trial itself began as a publicity stunt.”[19] The press coverage of the “monkey” Trial was overwhelming.[20] The front pages of newspapers like the New York Times were dominated by the case for days. More than 200 newspaper reporters from all parts of the country and two from London were in Dayton.[21] Twenty-two telegraphers sent out 165,000 words per day on the trial over thousands of miles of telegraph wires hung for the purpose;[21] more words were transmitted to Britain about the Scopes trial than for any previous American event.[21] Trained chimpanzees performed on the courthouse lawn.[21] Chicago’s WGN radio station broadcast the trial with announcer Quin Ryan via clear channel broadcasts for the first on-the-scene coverage of a criminal trial. Two movie cameramen had their film flown out daily in a small plane from a specially-prepared airstrip. H.L. Mencken’s trial reports were heavily slanted against the prosecution and the jury which was “unanimously hot for Genesis.” He mocked the town’s inhabitants as “yokels” and “morons.” He called Bryan a “buffoon” and his speeches “theologic bilge.” In contrast, he called the defense “eloquent” and “magnificent.” Some creationists have claimed that Mencken’s trial reports turned public opinion against creationism, though few people seem to have actually noticed this at the time.

The media’s portrayal of Darrow’s cross-examination of Bryan, and the play and movie Inherit the Wind, caused millions of Americans to ridicule religious-based opposition to the theory of evolution.[22]

The trial also brought publicity to the town of Dayton, Tennessee, and was hatched as a publicity stunt[20] From The Salem Republican, June 11, 1925:

“The whole matter has assumed the portion of Dayton and her merchants endeavoring to secure a large amount of notoriety and publicity with an open question as whether Scopes is a party to the plot or not.”

The trial did not stop the anti-evolution movement. Before Dayton only the South Carolina, Oklahoma, and Kentucky legislatures had dealt with anti-evolution laws or riders to educational appropriations bills. In 1927, there were 13 states, both in the North and South, that considered some form of anti-evolution law. At least 41 bills, riders, or resolutions were introduced into the state legislatures, with some states facing the issue repeatedly. While most of these efforts were rejected, both Mississippi and Arkansas put anti-evolution laws on the books after the Scopes trial that would outlive the Butler Act.[23] The Butler Act ended up serving as a model for the anti-evolution crusade, and the ACLU could not find a teacher to volunteer for another test case.

Court house

At the site of the trial, the Rhea County Courthouse in Dayton, a $1-million project which restored the second-floor courtroom to as it looked during the Scopes trial was completed in 1979. A museum of trial events in its basement contains such memorabilia as the microphone used to broadcast the trial, trial records, photographs, and an audiovisual history. Every July local people re-enact key moments in the courtroom.[24] In front of the courthouse stands a commemorative plaque erected by the Tennessee Historical Commission:

2B 23
THE SCOPES TRIALHere, from July 10 to 21, 1925 John
Thomas Scopes, a County High School
teacher, was tried for teaching that
a man descended from a lower order
of animals in violation of a lately
passed state law. William Jennings
Bryan assisted the prosecution;
Clarence Darrow, Arthur Garfield
Hays, and Dudley Field Malone the
defense. Scopes was convicted.

Rhea County Courthouse was designated a National Historic Landmark by the National Park Service in 1976.[25] It was placed on the National Register of Historic Places in 1972.[26]

Humor

Anticipating that Scopes would be found guilty, the press fitted the defendant for martyrdom and created an onslaught of ridicule. Time’s initial coverage of the trial focused on Dayton as “the fantastic cross between a circus and a holy war.” Life adorned its masthead with monkeys reading books and proclaimed, “the whole matter is something to laugh about.”[27] Hosts of cartoonists added their own portrayals to the attack (the greatest collection of cartoons available would be the 14 reprinted in L. Sprague de Camp’s The Great Monkey Trial). Both Literary Digest and the popular humor magazine Life (1890–1930) ran compilations of jokes and humorous observations garnered from newspapers around the country.[28]

Overwhelmingly, the butt of these jokes was the prosecution and those aligned with it: Bryan, the city of Dayton, the state of Tennessee, and the entire South, as well as fundamentalist Christians and anti-evolutionists. Rare exceptions were found in the Southern press, where the fact that Darrow had saved Leopold and Loeb from the death penalty continued to be a source of ugly humor. The most widespread form of this ridicule was directed at the inhabitants of Tennessee.[29] Life described Tennessee as “not up to date in its attitude to such things as evolution.”[30] Time related Bryan’s arrival in town with the disparaging comment, “The populace, Bryan’s to a moron, yowled a welcome.”[31] Attacks on Bryan were predictably frequent and nasty: Life awarded him its “Brass Medal of the Fourth Class,” for having “successfully demonstrated by the alchemy of ignorance hot air may be transmuted into gold, and that the Bible is infallibly inspired except where it differs with him on the question of wine, women, and wealth.”[32] Papers across the country routinely dismissed the efforts of both sides in the trial, while the European press reacted to the entire affair with amused condescension.

Famously vituperative attacks came from the literary gadfly H.L. Mencken, whose syndicated columns from Dayton for the Baltimore Sun drew vivid caricatures of the “backward” local populace, referring to the people of Rhea county as “Babbits,” “morons,” “peasants,” “hill-billies,” “yaps” and “yokels.” He chastised the “degraded nonsense which country preachers are ramming and hammering into yokel skulls.” The nicest thing Mencken managed to say about the community was that “The Klan has never got a foothold here, though it rages everywhere else in Tennessee.”[33] Mencken attempted to perpetuate a hoax, distributing flyers for the “Rev. Elmer Chubb,” but the claims that Chubb would drink poison and preach in lost languages were ignored as commonplace by the people of Dayton and only the Commonweal bit.[34] Mencken’s most venomous assault was his withering obituary of Bryan, “In Memoriam: W.J.B,” in which Mencken became one of the few people ever to accuse Bryan of insincerity.[35] Years later Mencken did question whether dismissing Bryan “as a quack pure and unadulterated” was “really just,” but the damage could hardly be undone.[36] Mencken’s columns made the Dayton citizens irate and drew general fire from the Southern press.[37] Ironically, after Raulston ruled against the admission of scientific testimony, Mencken left Dayton, declaring in his last dispatch “All that remains of the great cause of the State of Tennessee against the infidel Scopes is the formal business of bumping off the defendant.”[38] Consequently, the journalist missed Darrow’s cross-examination of Bryan on Monday.

Stage and film

The play Inherit the Wind (1955), by Jerome Lawrence and Robert Edwin Lee was loosely based on this trial. The play turned Darrow and Bryan into characters named Henry Drummond and Matthew Harrison Brady.[39] The play was made into a 1960 film directed by Stanley Kramer, with Spencer Tracy and Fredric March as Drummond and Brady. There have also been a trio of television versions, with Melvyn Douglas and Ed Begley in 1965, Jason Robards and Kirk Douglas in 1988, and Jack Lemmon and George C. Scott in 1999. The Scopes trial did not appear in the Encyclopædia Britannica until 1957, when its inclusion was spurred by the successful run of Inherit the Wind on Broadway, which was mentioned in the citation. It was not until the 1960s that the Scopes trial began to be mentioned in the history textbooks of American high schools and colleges, usually as an example of the conflict between fundamentalists and modernists, and often in sections that also talked about the rise of the Ku Klux Klan in the South.[40]

Since 1987, the city of Dayton has staged a reenactment of the trial using the original transcripts, performing it in the very same courtroom in which the trial took place. The annual event occurs during Dayton’s Scopes Trial festival with several performances showing over the weekend. In 2007, Bryan College, the institute founded in memory of Bryan, purchased the rights to the production and made a filmed version for DVD release using the same performers entitled “Inherit the Truth” in an attempt to clear up any misunderstandings regarding the trial due to Inherit the Wind. [41]

See also

Notes

  1. ^ Hakim, Joy (1995). War, Peace, and All That Jazz. New York, New York: Oxford University Press, 44-45. ISBN 0-19-509514-6.
  2. ^ Tennessee Anti-evolution Statute UMKC Law School. Retrieved 15 April 2007.
  3. ^ Palo E. Coletta, William Jennings Bryan: Political Puritan, 1915-1925; Vol. III (Lincoln: University of Nebraska Press, 1969): 199-200.
  4. ^ New York Times July 18, 1925: 2.
  5. ^ a b c An introduction to the John Scopes (Monkey) Trial by Douglas Linder. UMKC Law. Retrieved 15 April 2007.
  6. ^ Larson 1997, p. 108 “Scopes had urged the students to testify against him, and coached them in their answers.”
  7. ^ Larson 1997, p. 89,107
  8. ^ Larson 1997, p. 108
  9. ^ New York Times 26 May 1925: 1, 16; de Camp, Great Monkey Trial 81-86.
  10. ^ de Camp, Great Monkey Trial 72-74, 79; Scopes and Presley, Center of the Storm 66-67.
  11. ^ de Camp 335.
  12. ^ Scopes and Presley, Center of the Storm, 154-56.
  13. ^ Arthur Garfield Hays, Let Freedom Ring (New York: Liveright, 1937), 71-72; Charles Francis Potter, The Preacher and I (New York: Crown, 1951), 275-76.
  14. ^ de Camp, The Great Monkey Trial, 364-65; Kirtley F. Mather, “Creation and Evolution,” in Science Ponders Religion, ed. Harlow Shapley (New York: Appleton-Century-Crofts, 1960), 32-45.
  15. ^ Moran, Jeffrey P. (2002). The Scopes trial: a brief history with documents. New York: Palgrave, 150. ISBN 0-312-29426-3.
  16. ^ Moran, Jeffrey P. (2002). The Scopes trial: a brief history with documents. New York: Palgrave, 157. ISBN 0-312-29426-3.
  17. ^ New York Times, July 22, 1925: 2.
  18. ^ New York Times 16 Jan. 1927: 1, 28.
  19. ^ Larson 2004, p. 211
  20. ^ a b Larson 2004, p. 212-213
  21. ^ a b c d Larson 2004, p. 213
  22. ^ Larson 2004, p. 217
  23. ^ R. Halliburton, Jr., “The Adoption of Arkansas’ Anti-Evolution Law,” Arkansas Historical Quarterly 23 (Autumn 1964): 280; Ginger, Six Days or Forever?, 212.
  24. ^ Scopes Trial Museum – Tennessee History for Kids
  25. ^ National Park Service (April 2007). “National Historic Landmarks Survey: List of National Historic Landmarks by State”.
  26. ^ National Park Service. ?. National Register Information System. Retrieved on 2007-05-15.
  27. ^ E.S. Martin, Life 86 (16 July 1925): 16..
  28. ^ “Life Lines,” Life 85 (18 June 1925): 10; 85 (25 June 1925): 6, 86 (2 July 1925): 8; 86 (9 July 1925): 6; 86 (30 July 1925): 6; “Life’s Encyclopedia,” Life 85 (25 July 1925): 23; Kile Croak, “My School in Tennessee,” Life 86 (2 July 1925); 4; Arthur Guiterman, “Notes for a Tennessee Primer,” Life 86 (16 July 1925): 5; “Topics in Brief,” Literary Digest, for 86 (4 July 1925): 18; 86 (11 July 1925): 15; 86 (18 July 1925): 15; 86 (25 July 1925): 15, 86 (1 August 1925): 17; 86 (8 August 1925): 13.
  29. ^ “Tennessee Goes Fundamentalist,” New Republic 42 (29 April 1925): 258-60; Howard K. Hollister, “In Dayton, Tennessee,” Nation 121 (8 July 1925): 61-62; Dixon Merritt, “Smoldering Fires,” Outlook 140 (22 July 1925): 421-22.
  30. ^ Martin, Life 86 (16 July 1925: 16.
  31. ^ “The Great Trial,” Time 6 (20 July 1926): 17.
  32. ^ Life 86 (9 July 1925): 7.
  33. ^ Edgar Kemler, The Irreverent Mr. Mencken (Boston: Little, Brown and Company, 1948), 175-90. For excerpts from Mencken’s reports see William Manchester, Sage of Baltimore: The Life and Riotous Times of H.L. Mencken (New York: Andrew-Melrose, 1952) 143-45, and D-Days at Dayton: Reflections on the Scopes Trial, ed. Jerry R. Tompkins (Baton Rouge: Louisiana State Univ. Press, 1965) 35-51.
  34. ^ H.L. Mencken, Heathen Days, 1890-1936 (New York: Alfred A. Knopf, 1943) 231-34; Michael Williams, “Sunday in Dayton,” Commonweal 2 (29 July 1925): 285-88.
  35. ^ “In Memoriam: W.J.B.” was first printed in the Baltimore Evening Sun, 27 July 1925; rpt. by Mencken in the American Mercury 5 (October 1925);: 158-60 and in his Prejudices (Fifth Series), 64-74.
  36. ^ Mencken, Heathen Days, 280-87.
  37. ^ “Mencken Epithets Rouse Dayton’s Ire,” New York Times, 17 July 1925, 3.
  38. ^ “Battle Now Over, Mencken Sees; Genesis Triumphant and Ready for New Jousts,” H.L. Mencken, The Baltimore Evening Sun, July 18, 1925, http://www.positiveatheism.org/hist/menck04.htm#SCOPES9, URL accessed April 27, 2008.
  39. ^ Notes on Inherit the Wind UMKC Law School. Retrieved 15 April 2007.
  40. ^ Lawrance Bernabo and Celeste Michelle Condit (1990). “Two Stories of the Scopes Trial: Legal and Journalistic Articulations of the Legitimacy of Science and Religion” in Popular Trials: Rhetoric, Mass Media, and the Law, edited by Robert Hariman. Tuscaloosa: The University of Alabama Press, 82-83.
  41. ^ Bryan offers DVD of ‘Inherit the Truth’. Retrieved on 2007-10-16.

References

Further reading

External links

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