La felicidad

La felicidad

José Espinosa Martínez
04/05/2008
“He cometido el peor de los pecados que un hombre puede cometer. No he sido feliz. Que los glaciares del olvidome arrastren y me pierdan, despiadados. Mis padres me engendraron para el juego arriesgado y hermoso de la vida, para la tierra, el agua, el aire, el fuego. Los defraudé. No fui feliz. Cumplida no fue su joven voluntad. Mi mente se aplicó a las simétricas porfías del arte, que entreteje naderías. Me legaron valor. No fui valiente. No me abandona. Siempre está a mi lado La sombra de haber sido un desdichado.”

Jorge Luis Borges. El remordimiento.

El autor de este artículo,el sr. José Espinosa Martínez, comenta en su artículo en el diario digital español “ElFaro”, de Cartagena, que el pasado miércoles, de esta semana que hoy concluye, le propusieron, junto a otros opinar sobre un tema tan amplio y controvertido como es la Felicidad.

«Juntos a la Sra. María Dolores, abogada especialista en asuntos relacionados con la familia, un joven amable y con la cabeza bien amueblada, cuyo nombre no conseguí retener, un colaborador habitual del programa y una especialista, una psicóloga con consulta profesional en la capital de la región, coincidimos; la felicidad no existe, es un estado transitorio al que todos debemos aspirar, disfrutar de ella cuando nos viene a visitar, conociendo de antemano que en ocasiones las a veces imprevisibles circunstancias pueden condicionar nuestro estado de ánimo.
Sabiendo que dependemos de hechos que en ocasiones no podemos prevenir, que por ello pueden alterar nuestro cotidiano vivir, es más fácil transitar por este, a veces, valle de lágrimas. Tener claro que durante el tiempo que nos toque vivir, nos vamos a ver inmersos en situaciones duras y complicadas, también nos será útil para recorrer el camino. Sólo lo irremediable, una acentuada y prolongada situación de penuria económica, en la que echemos a faltar lo más básico para los nuestros, una cruel enfermedad, sin solución posible, es lo único que debería entristecernos.

La especialista en psicología lo dejó bien claro, y el resto de los contertulios estuvimos de acuerdo, ponerse metas inalcanzables es un gran error, carecer de un proyecto realista que nos ilusione, es aún peor. En una de las célebres frases que nos dejó Benjamín Franklin nos decía que fracasar no es lo importante, que lo peor es el no haberlo intentado.

Por esa razón es fundamental poseer un proyecto vital, trabajar con tenacidad y entusiasmo para lograrlo aún sabiendo que podemos fracasar. Una iniciativa frustrada puede ser sustituida de inmediato por otra que quizás pueda resultarnos fructífera, ilusionante. La vida, en definitiva, es un continuo y constante tropezar y levantarse, y en la medida de que seamos capaces de ver esa realidad, de no arrugarnos cuando las adversidades nos acechan, nos irá mejor.

Si lo pensamos con detenimiento comprenderemos que casi todo depende de emplear la sensatez y el sentido común, aunque es cierto que vemos numerosos ejemplos que nos dicen que en muchas ocasiones la sensatez y el sentido común brillan por su ausencia.»

Observando tantas cosas que han sucedido en la vida y en la vida de mis seres queridos, puedo concluir en que ningún acontecimiento ni ninguna emoción son permanentes. Como el día y la noche que en su devenir, se generan mutuamente.

Hay momentos de alegría y momentos de tristeza y ninguno de ellos es implacable en su peso ni mucho menos, absolutos… como solemos creer mientras suceden.

El Bien tiene sentido porque existe El Mal. La soledad, es la espera del amor. Muerte y nacimiento conforman un proceso de transformación que resuelve la existencia.

Hay un tiempo para todo
Y un momento

Hay un tiempo para todo y un momento
bajo el cielo para hacer cada cosa:
hay un tiempo de nacer y otro de morir;
un tiempo para plantar
y un tiempo para cosechar.

Un tiempo de dar muerte, y otro para sanar;
un tiempo de destruir
y un tiempo para construir.
Un tiempo para llorar y otro para reír;
un tiempo para los lamentos
y un tiempo para las danzas.

Un tiempo de esparcir piedras
y otro para recogerlas;
un tiempo de abrazarse y otro para separarse.
Un tiempo para ganar y otro para perder;
un tiempo de callar y otro de hablar.
Un tiempo para amar y otro para odiar;
un tiempo para la guerra
y un tiempo para la paz…

Eclesiastés 3, 1-8

http://www.diarioelfaro.es

Mayo 4, 2008. Familia, Felicidad, Psicología, Psicología cristiana.