La felicidad
La felicidad
Jorge Luis Borges. El remordimiento.
El autor de este artículo,el sr. José Espinosa Martínez, comenta en su artículo en el diario digital español “ElFaro”, de Cartagena, que el pasado miércoles, de esta semana que hoy concluye, le propusieron, junto a otros opinar sobre un tema tan amplio y controvertido como es la Felicidad.
La especialista en psicología lo dejó bien claro, y el resto de los contertulios estuvimos de acuerdo, ponerse metas inalcanzables es un gran error, carecer de un proyecto realista que nos ilusione, es aún peor. En una de las célebres frases que nos dejó Benjamín Franklin nos decía que fracasar no es lo importante, que lo peor es el no haberlo intentado.
Por esa razón es fundamental poseer un proyecto vital, trabajar con tenacidad y entusiasmo para lograrlo aún sabiendo que podemos fracasar. Una iniciativa frustrada puede ser sustituida de inmediato por otra que quizás pueda resultarnos fructífera, ilusionante. La vida, en definitiva, es un continuo y constante tropezar y levantarse, y en la medida de que seamos capaces de ver esa realidad, de no arrugarnos cuando las adversidades nos acechan, nos irá mejor.
Si lo pensamos con detenimiento comprenderemos que casi todo depende de emplear la sensatez y el sentido común, aunque es cierto que vemos numerosos ejemplos que nos dicen que en muchas ocasiones la sensatez y el sentido común brillan por su ausencia.»
Observando tantas cosas que han sucedido en la vida y en la vida de mis seres queridos, puedo concluir en que ningún acontecimiento ni ninguna emoción son permanentes. Como el día y la noche que en su devenir, se generan mutuamente.
Hay momentos de alegría y momentos de tristeza y ninguno de ellos es implacable en su peso ni mucho menos, absolutos… como solemos creer mientras suceden.
El Bien tiene sentido porque existe El Mal. La soledad, es la espera del amor. Muerte y nacimiento conforman un proceso de transformación que resuelve la existencia.
Hay un tiempo para todo
Y un momento
Hay un tiempo para todo y un momento
bajo el cielo para hacer cada cosa:
hay un tiempo de nacer y otro de morir;
un tiempo para plantar
y un tiempo para cosechar.
Un tiempo de dar muerte, y otro para sanar;
un tiempo de destruir
y un tiempo para construir.
Un tiempo para llorar y otro para reír;
un tiempo para los lamentos
y un tiempo para las danzas.
Un tiempo de esparcir piedras
y otro para recogerlas;
un tiempo de abrazarse y otro para separarse.
Un tiempo para ganar y otro para perder;
un tiempo de callar y otro de hablar.
Un tiempo para amar y otro para odiar;
un tiempo para la guerra
y un tiempo para la paz…
Eclesiastés 3, 1-8
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