Paulo Arieu Theologies Web

Mayo 1, 2008

LA CENTRALIDAD DEL EVANGELIO

Archivado en: 1 — pauloarieu @ 11:50 pm

LA CENTRALIDAD DEL EVANGELIO

EL PRINCIPIO

El principio. En Gálatas 2: 14, Pablo sienta un poderoso principio. Le dice a Pedro que su orgullo racial y su cobardía no estaban “en línea con la verdad del evangelio”. Esto quiere decir: 1) Que las verdades del evangelio tienen una “línea” de implicaciones y ramificaciones y que,2) Estas ramificaciones deben ser trazadas y aplicadas a cada una de las áreas del pensamiento, el sentimiento, la relación, el trabajo y la conducta.

Parte I- IMPLICACIONES Y APLICACIONES

IMPLICACIONES

Implicación # 1- El poder del evangelio.

Primero, Pablo nos está mostrando que llevar la verdad del evangelio en cada área de la vida es la manera para ser cambiada por el poder de Dios. El evangelio es descrito en la Biblia en los más sorprendentes términos. Los ángeles anhelan mirar en él todo el tiempo (1 Pedro 1.12). Este no simplemente nos trae poder, sino que este es el poder de Dios en sí mismo, por lo que Pablo dice “Porque no me avergüenzo del evangelio, porque este es poder de Dios para salvación” (Rom. 1.16). Este también es la bendición de Dios con beneficios, los cuales aumentan a aquel que está cerca ( 1 Cor. 9.23). Este aún es llamado la verdadera luz de la gloria de Dios en sí mismo—”para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo…Porque Dios…es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo.” (2 Cor.4.4,6) Este tiene la vida de Dios. Pablo les dijo a los Corintios, “¡Les he hecho nacer a través del evangelio!” Y entonces, después que este nos ha regenerado, este es el instrumento de todo el crecimiento continuo y progreso espiritual después de que hemos sido convertidos. “el evangelio ha llegado a vosotros, así como a todo el mundo, y lleva fruto y crece también en vosotros, desde el día que oísteis y conocisteis la gracia de Dios en verdad.” (Col. 1.6). Aquí aprendemos: 1) Que el evangelio es algo viviente (Romanos 1.16) el cual es como una semilla o un árbol que lleva más y más vida nueva — “y lleva fruto y crece”. 2) Que el evangelio está “plantado” en nosotros tanto como entendemos “llevar fruto” en su grandeza y profundas implicaciones –“conocisteis la gracia de Dios en verdad”. 3) Que el evangelio continúa creciendo en nosotros y renovándonos a través de nuestras vidas—”también en vosotros desde el día que oísteis”. Este texto nos ayuda a evitar además un acercamiento exclusivamente racionalista o místico para renovación. Por otro lado, el evangelio tiene un contenido—este es profunda doctrina. Este es verdad, y específicamente , es la verdad acerca de la gracia de Dios. Pero por otra parte, esta verdad es un poder viviente que continuamente expande su influencia en nuestras vidas, así como una cosecha o un árbol que creciera y extendiera y dominara más y más un área con sus raíces y frutos.

Implicación # 2- La suficiencia del evangelio.

Segundo, Pablo está mostrando que nosotros nunca “iremos más allá del evangelio” en nuestra vida cristiana para obtener algo más “avanzado”. El evangelio no es el primer paso en una escalera de verdades, en lugar de eso este es como el “eje” de una “rueda” de la verdad. El evangelio no es sólo el A-B-C sino el A a la Z del Cristianismo. El evangelio no es solo la mínima doctrina requerida necesaria para entrar en el reino, sino la manera en que hacemos todo progreso en el reino. Nosotros no somos justificados por el evangelio y entonces santificados por la obediencia, sino que el evangelio es el camino en que crecemos (Gál.3.1-3) y somos renovados (Col. 1.6). Este es la solución para cada problema, la llave para cada puerta cerrada, el poder para atravesar cada barrera (Romanos 1.16-17). Es muy común en la iglesia pensar como sigue: “El evangelio es para no-cristianos. Uno lo necesita para ser salvo. Pero una vez salvo, tu creces a través de duro trabajo y obediencia.” Pero Col. 1.6 muestra que esto es un error. Ambos cosas confesión y “duro trabajo” que no emergen y están en línea con el evangelio no te santificarán—estas te estrangularán. Todos nuestros problemas vienen de una falta de aplicar el evangelio. Por lo tanto cuando Pablo salió de los Efesios él les comprometió “a la palabra de su gracia, que tiene poder para sobreedificaros.” (Hechos 20.32)

El problema principal, entonces, en la vida cristiana es que no hemos pensado en las profundas implicaciones del evangelio, y no hemos “usado” el evangelio en y sobre todas las partes de nuestra vida. Richard Lovelace dice que la mayoría de los problemas de la gente son sólo un fracaso de ser orientados hacia el evangelio—un fracaso en empuñarlo y creerlo enteramente. Lutero dice, “La verdad del Evangelio es el artículo principal de toda la doctrina cristiana…La mayor necesidad es esta que nosotros conozcamos este artículo bien, enseñarlo a otros, y golpearlo repetidamente en sus cabezas continuamente.” (En Gál. 2.14) El evangelio no está fácilmente comprendido. Pablo dice que el evangelio solo hace su trabajo renovador en nosotros tanto como lo entendamos en toda su verdad. Por lo menos, en algún grado vivir alrededor de la verdad del evangelio y no solo “tenerlo”. Así la llave para una renovación espiritual profunda y continua es el continuo re-descubrimiento de el evangelio. Una jornada de renovación es siempre el descubrimiento de una nueva implicación o aplicación del evangelio—viendo más de su verdad. Esto es verdad tanto para un individuo como para una iglesia.

APLICACIONES

Los dos “ladrones” del evangelio. Ya que Pablo usa una metáfora de estar “en línea” con el evangelio, podemos considerar que la renovación del evangelio ocurre cuando nos cuidamos de caminar “fuera de la línea” ya sea a la derecha o a la izquierda. La clave para pensar fuera de las implicaciones del evangelio es considerar el evangelio un “tercer” camino entre los dos errores opuestos. Sin embargo, antes de empezar debemos darnos cuenta que el evangelio no es un camino de en medio entre dos polos–este no es algo en el medio, sino que es algo diferente a ambos. El evangelio critica a ambos a la religión y a la irreligión (Mat. 21.31; 22.10). Los “dos ladrones” del Evangelio, de los que Tertuliano afirmaba: “Igual que Cristo fue crucificado entre dos ladrones, esta doctrina de la justificación se encuentra crucificada entre dos errores opuestos”.Tertuliano quería decir que había dos falsas formas de pensar, cada una de las cuales nos “roba” el poder la distinción del evangelio, empujándonos “fuera de la línea del evangelio” a uno u otro lado. Estos dos errores son muy poderosos porque representan la tendencia natural del corazón y de la mente humanos. (El evangelio es “revelado” por Dios (Romanos 1: 17) – la mente humana no puede concebirlo sin ayuda.) Estos “ladrones” se pueden llamar moralismo o legalismo por una parte y libertinaje o relativismo por otra. Religión contra irreligión.

El ladrón moralismo-religión. ¿De qué forma el moralismo-religión roba el gozo y el poder? El moralismo es el que dice que somos aceptables (para Dios, el mundo, los otros, uno mismo) a través de nuestros logros. (Los moralistas no tienen por qué ser religiosos, pero suelen serlo). Cuando lo son, su religión es bastante conservadora y repleta de reglas. A veces los moralistas ven a Dios como inmensamente santo y justo. Esto les abocará hacia: a) un odio a sí mismos (porque no pueden cumplir las normas) o b) un orgullo de sí mismos (porque creen que las cumplen). Es irónico ver que ambos complejos, de inferioridad y de superioridad, tienen la misma raíz. Que el moralista termine pagado de sí mismo y superior o destruido y culpable, dependerá de lo altas que sean las normas y de las ventajas naturales de cada persona (como familia, inteligencia, apariencia, voluntad). Los moralistas pueden ser profundamente religiosos — pero no existe gozo ni poder transformadores.

El ladrón relativismo-irreligión. ¿De qué forma el relativismo-irreligión roba el gozo y el poder? Los relativistas suelen ser irreligiosos o si se prefiere, lo que se llama “liberales” en religión. En apariencia son más felices y tolerantes que los moralistas/religiosos. Aunque pueden ser más idealistas en algunas áreas (como en política), creen que cada uno necesita determinar lo que está bien y lo que está mal por sí mismo. No creen que Dios sea justo ni que deba castigar a los pecadores. Sus creencias sobre Dios tenderán a considerarlo como un ser amoroso o como una fuerza impersonal. Puede que hablen mucho del amor de Dios pero, como no se consideran pecadores, el amor de Dios por nosotros no le cuesta nada. Si Dios nos acepta es o bien porque es muy acogedor o bien porque nosotros no somos tan malos. El concepto del amor de Dios en el evangelio es mucho más rico, profundo y electrizante.

En qué difieren ambos ladrones. Cada uno de los dos ladrones capta un “lado” del evangelio mientras que rechaza el resto. El moralismo (aunque no tiene por qué ser explícitamente religioso) suele ver a Dios como Santo y como Juez. Comprende que existe una ley de justicia eterna y absoluta que no se puede desechar. El relativismo (aunque no tiene por qué ser optimista) suele considerar a Dios, si existe, como un espíritu de amor. Recalca el que todos son imperfectos aunque valiosos y que deberíamos perdonamos y aceptarnos tal como somos. Por una parte, el “moralismo/religión” enfatiza la verdad sin gracia, porque declara que debemos obedecer la verdad para alcanzar la salvación. Por otro lado, el “relativismo/irreligión” enfatiza la gracia sin verdad, porque afirma que todos somos aceptados por Dios (si es que existe) y que debemos decidir lo que es bueno para nosotros. Pero “verdad” sin gracia no es realmente verdad, y “gracia” sin verdad no es realmente gracia. Jesús estaba “lleno de gracia y verdad”, Porque el Evangelio se define como:“Soy mucho más pecador e imperfecto de lo que jamás me imaginé (contra el relativismo) y soy más aceptado y amado de lo que jamás esperé” (contra el legalismo).

En qué se parecen el moralismo y el relativismo. A simple vista, el moralismo y el relativismo parecen ser dos puntos de vista opuestos.De hecho, la gente que se encuentra fuertemente influenciada por uno de ellos suele despreciar a la del otro lado. Pero irónicamente, resultan ser realmente idénticos. Ambos evitan a Jesús como Salvador y el que tiene el control de sus vidas.Ambas son formas de la justicia por obras. Los moralistas, a pesar de todo el énfasis en las normas tradicionales, al final son egocéntricos e individualistas, porque se han constituido en sus propios Salvadores. Los relativistas, a pesar de todo su énfasis en la libertad y la aceptación, al final son moralistas porque siguen teniendo que alcanzar y cumplir (sus propias) normas o caer en la desesperación. Y con frecuencia, sienten un gran orgullo por su apertura mental y juzgan a los que no la tienen. Así que, a la postre, los dos, la persona religiosa y la irreligiosa, buscan eludir a Jesús como Salvador y transformarlo (si lo hacen) en un ejemplo o un ayudador, un medio por el que nos salvamos a nosotros mismos. Ambos pierden de vista al Dios real. La gente irreligiosa pierde de vista la ley y la santidad de Dios y la gente religiosa el amor y la gracia de Dios, pero al final ambos pierden el evangelio por completo. Porque el evangelio es que Jesús cumplió en la cruz la ley de Dios por amor a nosotros. Sin una comprensión completa de la obra de Cristo, la realidad de la santidad de Dios hará que su gracia sea irreal; o la realidad de su amor hará que su santidad sea irreal. Sólo el evangelio-que somos tan pecadores que necesitamos ser salvados completamente por gracia-permite que la persona vea a Dios como realmente es Él. Ambos niegan nuestro pecado–y por eso pierden el poder y la gracia. El moralismo nos halaga diciéndonos que no somos tan pecadores como para no poder ganar el favor de Dios. Esto nos roba todo el poder y el gozo del evangelio, porque creemos que el amor de Dios está con nosotros porque nos lo hemos ganado.Por eso no hay sorpresa ni asombro, no hay gozo humilde ni temor ante el hecho de que Dios nos oye, nos ayuda, nos conoce. Por otro lado, el libertinaje obviamente nos adula diciéndonos que somos básicamente buenos y capaces de elegir nuestras propias normas morales. Esto nos roba todo el poder y el gozo porque nos dice que el amor de Dios está con nosotros sólo porque está con todos. A Dios no le cuesta nada amarnos (porque no somos tan pecadores como para merecer la cruz). Una vez más, no existe asombro ni gozo humilde. El amor de Dios no es electrizante. No existe la “liberación” ni “transformación de motivos”. Nota: Realmente hay dos formas en las que el moralismo nos roba el gozo. Puede abocar a la autocompasión (porque uno no puede cumplir con las normas o a la autocomplacencia (porque uno cree que las han cumplido). Los complejos de inferioridad y de superioridad tienen la misma raíz.Que el moralista termine pagado de sí mismo y superior o destruido y culpable, dependerá de lo altas que sean las normas y de las ventajas naturales de cada persona (como familia, inteligencia, apariencia, voluntad). Resumen. Sin un conocimiento de tu pecado tremendamente grande, el pago de la cruz parece sin importancia y no transforma. Pero, sin el conocimiento de la vida y la muerte de Cristo completamente satisfactorias, el conocimiento del pecado nos aplastaría o lo negaríamos o reprimiríamos. Si quitamos el conocimiento del pecado o el conocimiento de la gracia de Dios, las vidas de la gente no habrán cambiado. Estarán cansados de las reglas o leyes morales o se alejarán de ellas con enojo. Así, el evangelio no es que vayamos de ser irreligiosos a ser religiosos, sino que nos demos cuenta que nuestras razones para ambos, nuestra religiosidad y nuestra irreligiosidad son esencialmente lo mismo y esencialmente equivocadas. Estamos buscando ser nuestros propios salvadores y por lo tanto guardando el control de nuestra vida. Cuando confiamos en Cristo como nuestro Redentor, dejamos de tanto confiar en nuestra auto-determinación o auto-negación para nuestra salvación– tanto de ser moralistas o libertinos.

Una nueva forma completa de ver la vida

Pablo nos muestra que no debemos preguntar simplemente “¿cuál es la forma moral de actuar?” sino “¿cuál es la forma que se ajusta al evangelio?” El evangelio debe ser continuamente “bien pensado” para evitar que nos desplacemos hacia nuestras tendencias naturales del moralismo o el individualismo. Debemos poner todo en línea con el evangelio.

El ejemplo del racismo

Ya que Pablo usó el evangelio para atacar el racismo, permítasenos usarlo como ejemplo de la forma de pensar basada en el evangelio: El acercamiento moralista a la raza.Los moralistas/legalistas tenderán a sentirse muy orgullosos de su propia cultura. Caerán en el imperialismo cultural. Intentarán asociar significado espiritual a su estilo cultural, para sentirse moralmente superiores a otros pueblos. Esto sucede porque los moralistas son personas muy inseguras ya que miran mucho a la ley eterna y, en el fondo, saben que no pueden cumplirla. Así que utilizan las diferencias culturales para apuntalar su sentido de justicia. El acercamiento relativista a la raza. Este acercamiento afirmará: “Los tradicionalistas eran racistas porque creían en la verdad absoluta. Pero la verdad es relativa. Todas las culturas son hermosas en sí mismas. Todas deben ser aceptadas con sus propias características”. El acercamiento del evangelio a la raza.Los cristianos saben que el racismo no se deriva de una creencia en la verdad sino de una falta de creencia en la gracia. El evangelio nos lleva a ser un poco criticas con todas las culturas, incluida la nuestra, (porque existe la verdad) sin sentirnos superiores a nadie. Después de todo, somos salvados sólo por gracia y, por eso, un vecino no cristiano puede que sea más moral y sabio que nosotros. Esto proporciona a los cristianos una postura radicalmente distinta a la de los moralistas o de los relativistas. Nota: Los relativistas (como ya se ha dicho) son, a la postre, moralistas. Y por eso sólo pueden sentir respeto hacia los que creen que todo es relativo. Pero los cristianos no se pueden sentir moralmente superiores a los relativistas.Los cristianos deben pensar de esta misma manera en cada uno de los temas y formas de actuar, para poner todo el línea con el evangelio.

Fuentes:

LA ORTODOXIA MUERTA. Tim Keller

Archivado en: 1 — pauloarieu @ 11:47 pm

LA ORTODOXIA MUERTA. Tim Keller

Tomé este artículo del estudio del Evangelio en Romanos de Keller (Estudio 4). En este tiempo de múltiples opciones, el artículo muestra la importancia de tener iglesias centradas en el evangelio.

Confiar en la ley (mandamientos de Dios) es moralismo. Esto es hacer la ley (Que es una cosa buena) un sistema de salvación. El contenido de la ley es bueno, pero usar la ley como un sistema de salvación es muerte. Pero el moralismo es extremadamente común y siempre lo ha sido. Este es actualmente la religión más grande del mundo. Hoy es extremadamente común para la gente compararse a sí mismos con otros, haciendo notar que ellos son “mucho más buenos que la mayoría de la gente”, y dicen, ” si hay un Dios, él ciertamente me aceptaría.”

Es completamente posible poner tu fe en tus prácticas religiosas para salvación en lugar de en Dios. De hecho, tu puedes aún confiar en el Cristianismo en lugar de Cristo. Esto sucede en toda clase de iglesias.

La “Ortodoxia muerta” es una condición donde las doctrinas básicas son cuidadosamente suscritas, pero estas no vitalizan a la gente. Puede haber un apoderamiento de verdades, pero el evangelio no hace una revolución interna. El Dr. Richard Lovelace dice que los miembros de iglesia quienes no son verdaderamente enseñados que ellos son justificados por la fe sola en lugar de sus presentes logros espirituales, “son subconscientemente y radicalmente personas inseguras”.

La “Ortodoxia muerta” hace que la iglesia esté apoyada en un “cojín religioso” que le hace sentirse bien y cómoda.  La gente desesperadamente necesita asegurarse que ellos están en lo correcto. Y entonces se juntan buscando un “cojín”. Varias iglesias hacen esto de varias maneras:

a) Las “Iglesias Legalistas” producen detallados códigos de conducta y detalles de doctrina. Los miembros necesitan continuamente escuchar que ellos son más santos y cuidadosos en la doctrina y que las iglesias con mala doctrina están equivocadas. Ellos confían en su “exactitud teológica”.

b) Las “Iglesias de Poder” ponen gran énfasis en milagros y obras espectaculares de Dios. Los miembros necesitan continuamente tener experiencias de poder emocional y ver sucesos dramáticos. Ellos están confiando en sus sentimientos (o emociones) y en esas respuestas dramáticas a las oraciones.

c) Las “Iglesias Sacerdotales” ponen gran énfasis en los rituales y la tradición. El manejo de la culpa de la gente es anestesiada por la belleza de la música y la arquitectura y la grandeza y el misterio de la ceremonia. Estos descansan en tradiciones.

Ahora, el cuidado de la buena doctrina, una buena conciencia moral, la oración de fe, y la belleza del culto ¡Todo ello está bien! Pero el problema es que esos elementos son regularmente usados como una forma de “obras muertas”, reemplazos de la confianza en la justicia de Cristo.

“Mucho de lo que hemos interpretado como un defecto de santificación ( carencia de madurez) en la gente de la iglesia, es realmente una consecuencia de su pérdida respecto a la justificación [el evangelio de la justicia recibida].”Richard Lovelace. La importancia de este principio no puede ser sobre enfatizado.

Por esto, una iglesia centrada en el Evangelio es rara. Muchas iglesias comienzan con la misión central de conectar a la gente con Jesús, pero pasado el tiempo ellas son arrastradas a mantenerse a sí mismas o a seguir una agenda separada. Ellas hacen todo esto en el nombre del Cristianismo, pero el corazón de su mensaje se ha ido. Algo más además de la gracia de Jesucristo toma el lugar central.

¿Cuáles son las señales o síntomas de la “Ortodoxia muerta”? Lee Romanos 2.21-29

1. Hay una posición sólo teórica hacia la Palabra de Dios. v. 21. Una persona puede amar los conceptos de la verdad, pero nunca está bajo ella, nunca sentir su poder. El moralista o persona con una ortodoxia muerta raramente o nunca está “bajo convicción”. Un cristiano real encuentra la Biblia “viva y activa” (Heb.4.12).

2. Hay una sutil u obvia superioridad moral. Si tu descansas en tus logros espirituales (moralidad y observancia de la religión), tu mirarás hacia abajo a aquellos que han fallado en las mismas áreas. Los Moralistas/Ortodoxia muerta son al final  “fríos” y los más terribles jueces hacia aquellos que están batallando. Ellos no tienen palabras de ánimo para ellos. Una señal de esta condición es que tu no eres accesible –  la gente no desea compartir sus problemas contigo. No eres una persona simpática. Además, los Moralistas/Ortodoxia muerta tienden al chisme y la murmuración y a ser defensivos.

3. Y lo más importante, hay una total carencia de una “vida interior”. Esta significa una activa vida de oración, y un sentido de la presencia y cercanía de Dios. Ahora, esto es algo que el Moralista y/o la Ortodoxia muerta no tienen regularmente. Ellos pueden obtener “sentimientos” cuando ellos son contagiados en la liturgia o en la excitación en un servicio en la iglesia, pero ellos están radicalmente inseguros que Dios les ama y por lo tanto experimentan muerte permanente en ellos. (¡Esto no quiere decir  que un cristiano real siempre tiene grandes tiempos de quietud!).

4. Ahí encontramos doblez de vida. Ahí puede haber una completa hipocresía y una “doble vida”. Es posible que el “pilar de la iglesia” está teniendo una aventura amorosa o sea deshonesto en los negocios.

Fuente: LA ORTODOXIA MUERTA. Tim Keller

LECCIONES DE FRANCIS A. SCHAEFFER (1912-1984)

Archivado en: 1 — pauloarieu @ 11:42 pm

LECCIONES DE FRANCIS A. SCHAEFFER (1912-1984)

Me encontré este artículo sobre Francis A. Schaeffer con el que me siento identificado. Además de haber leído algunos de sus libros que me formaron una cosmovisión cristiana.

Habiendo releído muchas de las obras de Francis A. Schaeffer, enlisto algunas lecciones que él puede hoy enseñar a los cristianos y los no cristianos.

Schaeffer fue un pastor, autor prolífico, generalista profético, apologista y primariamente un evangelista. Así es como el típicamente se describió a sí mismo. Schaeffer inspiró a una generación de evangélicos—incluyendo a mí—el honor del Señorío de Cristo sobre toda la vida y para reclamar la mente y la cultura para la causa del reino.

1. Schaeffer tuvo una profunda pasión por Dios y por la verdad. Esto vino por su conversión intelectual como un joven, después de que él leyó tanto la literatura de los clásicos griegos como la Biblia, así como de su crisis intelectual que lo golpeó después de una década de ministerio. No habiendo visto la realidad del amor Cristiano y la obra del Espíritu, el cuestionó todas las cosas por algunos meses, y así regresó más fuerte, espiritualmente y mentalmente a la tarea. El libro La Verdadera Espiritualidad es el fruto de esta crisis y renovación.

2. Schaeffer se preocupó profundamente de la perdición de la gente moderna. Los no cristianos no eran “objetos” para este hombre de Dios, sino que eran portadores de la imagen de Dios que estaban sin esperanza al estar sin el evangelio de Jesucristo. Cuando Schaeffer examinó la cultura, el lo hizo con un ángulo de como la cultura revela una carencia de esperanza y significado. En sus conversaciones apologéticas, Schaeffer pudo no haber cognoscitivamente usado moderación con sus oponentes, pero el trató de llevarlos a la verdad a través del amor y la razón—y no sin lágrimas, como el frecuentemente decía. Schaeffer escribió acerca de la primacía del amor por la vida cristiana y la misión en Las Marcas del Cristiano.

3. Schaeffer fue un profeta generalista por la causa de Cristo. El estudió las áreas de pensamiento pertinentes para el ministerio y el llamado de la iglesia en sus días. Mientras que algunos erróneamente tomaron sus juicios como la última palabra, estos fueron casi siempre una palabra y un llamado vital para posteriores estudios y compromisos proféticos con el mundo bajo Cristo.

4. Schaeffer no fue un auto-promotor, sino vio a Dios en la vida y ministerio. Los ministerios de L’Abri de apologética y evangelismo, y el estudio que desarrolló en los Alpes Suizos como Francis y su esposa Edith respondieron a las necesidades de los estudiantes que preguntaban. Más tarde en su ministerio, Schaeffer fue algún tiempo promocionado muy pesadamente. Esto pudo haber sido por su hijo, Franky, quien produjo la serie de películas, “¿Cómo Entonces Debemos vivir?” y “¿Qué sucedió con la Raza Humana?” Schaeffer nunca planeó escribir libros, pero los escribió cuando sus conferencias y discusiones fueron tan bien recibidas que los libros fueron requeridos.

5. Schaeffer amó las artes, podía reconocer la fineza estética aún en el arte no Cristiano (o anti-Cristiano), y dio a los artistas Cristianos el permiso y la visión de los esfuerzos artísticos. De esta manera podemos ver el libro Arte y la Biblia, recientemente publicado con un prólogo del músico y autor Michael Caird. Schaeffer con frecuencia hablaba de traer “belleza” a la vida Cristiana.

6. Schaeffer tuvo un conocimiento profundo y amor por las Escrituras. La Biblia era una viviente realidad para este hombre. El dijo en El Dios Que Está Ahí que debemos estar estudiando diariamente las Escrituras con el propósito de presentar la verdad a los no creyentes. El mismo leía al menos tres capítulos del A.T. y uno del N.T. cada día. Sus escritos están saturados de verdad bíblica y sabiduría.

7. Schaeffer fue un hombre de la Reforma, quien, sin embargo, no fue doctrinario o arrogante de su Calvinismo. Schaeffer se dio cuenta que la Reforma era necesaria y que debemos esperar “una iglesia reformada siempre reformándose.” Los Reformadores, aunque no del todo, trajeron la Escritura de regreso a su correcta centralidad y también desplegaron maravillas sociales y culturales para occidente, como Schaeffer lo señala en ¿Cómo Entonces Debemos Vivir? y en Manifiesto Cristiano. Mientras Schaeffer creyó en y enseñó las Normas de Westminster, su llamado se extendió mucho más allá de los círculos Reformados y Presbiterianos.

Por lo tanto, leamos y releamos los libros de Francis Schaeffer. Yo te sugiero adquirir La Colección de Obras y trabajar a tu manera a través de ellas—para la gloria de Dios, por el bien de su iglesia, y por el extendimiento del Reino. Si piensas que no tienes tiempo para leer, entonces por favor date el tiempo. Elimina tus distracciones y sumérgete en estos libros.

Recursos

Schaeffer escribió cerca de veinte libros de 1968 hasta su muerte en 1984. Aquí están algunas de las obras más notables con las que puedes empezar.

1. El Dios que está allí. Originalmente publicado en 1968, esta obra maestra de apologética dio a los Cristianos una manera para ver la cultura y la historia que los desafió a hablar el Cristianismo histórico en el mundo moderno.

2. El Está Allí Y No está Callado. 1972. Este corto pero profundo volumen argumenta que el Dios de los Cristianos es la mejor explicación para la epistemología, la moralidad, y la naturaleza del cosmos y el ser humano.

3. El Manifiesto Cristiano. 1981. Esta es una advertencia y un llamado a la acción a la luz de la declinación de la perspectiva Judeo-Cristiana en la ley y la cultura. Este fue un documento clave en el llamado a los Cristianos para ser activistas informados.

4. Las Marcas del Cristiano. Una precisa meditación en el significado del amor Cristiano como central para todos los esfuerzos Cristianos.

5. La Verdadera Espiritualidad. 1972. Explica las bases de la vida cristiana doctrinalmente y prácticamente. Estas son las verdades que revitalizaron el ministerio de Schaeffer después de una experiencia que lo consumió. Un clásico moderno.

6. ¿Cómo Entonces Debemos Vivir? 1976. Una amplia historia y crítica de la civilización Occidental desde un punto de vista Cristiano. Una motivación para los cristianos para entender su historia y para vivir acordemente bajo el Señorío de Cristo.

Fuente: LECCIONES DE FRANCIS A. SCHAEFFER (1912-1984)

Historia de la Salvación y de la Revelación

Archivado en: 1 — pauloarieu @ 11:36 pm

Historia de la Salvación y de la Revelación

Este capítulo presenta la relación entre la oferta de la gracia y la revelación de la gracia en la historia. En la primera parte, Rahner explica cómo la cristiandad es una religión “histórica” y concretada en la historia, y la religión “absoluta.” Es histórica en cuanto que fue fundada sobre la vida, muerte y resurrección de Jesús de Nazaret. Es absoluta porque, en la historia de Jesucristo, la cristiandad proclama la experiencia trascendental de la humanidad con Dios. La segunda parte presenta la relación entre trascendencia e historia. Muestra que nuestra experiencia de trascendencia siempre sucede en la historia, que actos trascendentales de la libertad y la conciencia hacen posible la historia, y que la “existencial sobrenatural” permite a los seres humanos “hacer” la historia de la salvación con Dios. En la tercera parte, Rahner describe la relación entre la historia del mundo y la historia de la salvación. Cuando los seres humanos responden a la llamada de Dios, la historia del mundo es salvificada. Es una historia de la revelación, explica Rahner, porque cada expresión individual del encuentro con Dios es un tipo de revelación.

Foto explorado de Rahner después del “Foreword” in William J. Kelly, Editor, Theology and Discovery: Essays in Honor of Karl Rahner, S.J. (Milwaukee, Wisconsin: Marquette University Press, 1980).

La cuarta parte explica la relación entre la revelación trascendental de Dios (disponible a todas las personas por lo menos como una oferta) y la revelación especial de Dios en la historia (por ejemplo, la historia de Israel). En la quinta

parte, Rahner describe la estructura de la historia actual de la revelación. La historia de Adán y Eva, dice Rahner, representa el encuentro trascendental de la humanidad con Dios. Finalmente, la sexta parte resume la noción de la revelación. Nota que la revelación categórica o histórica media la revelación trascendental.

Parte 1: Reflexiones previas sobre el problema

(V.1, p. 172) La experiencia trascendental de los seres humanos tiene una historia. No existe solo en una manera estática, sino que sucede en un dinamismo constante. La cristiandad proclama esta experiencia trascendental como el encuentro con Dios en Jesucristo. Este encuentro no es una realidad que es siempre la misma. Es una historia progresiva, una historia soportada por la libertad de Dios y de nosotros.

¿Cómo puede la Cristiandad proclamar que es la religión “absoluta” e “histórica”? ¿Es decir, cómo pueden ser ambos, insuperable y todavía en proceso? Aún más, ¿qué quiere decir que la revelación tiene una historia? No puede significar simplemente que, en la historia, algunos acontecimientos han revelado a Dios y los otros no. La historia de la salvación no puede ser solo otro aspecto de la historia, dado el reclamo cristiano que Dios ha comunicado el ser divino “como centro más íntimo de todo lo que en general pueda ser historia” (173). Tampoco es la historia simplemente la expresión en palabras y actos de una experiencia reveladora que es últimamente trascendental, interior, e inefable. Tiene que ser más “que una limitación, mitologización y reducción a un nivel humano algo que en su plenitud estaba dado ya de antemano” (173-4).

Parte 2: Mediación histórica entre trascendentalidad y trascendencia

(V.2, p. 174) En esta breve sección, Rahner quiere mostrar (1) que nuestra experiencia de trascendencia siempre sucede en la arena humana de la creencia y la acción, (2) que nuestros actos trascendentales de libertad y de conciencia son los que hacen posible la historia como una interpretación de la realidad, y (3) que el “existencial sobrenatural” es un don de Dios dado a través del tiempo, lo que permite a los seres humanos “hacer” la historia de la salvación con Dios.

A. Historia como el acontecer de la trascendencia
(V.2.A, p. 174) El principio fundamental es que el ser humano es “histórico” como un “sujeto” trascendental. Nosotros experimentamos la trascendencia como una llamada de Dios dirigida a nosotros, una vocación a la libertad y la responsabilidad, una vocación que sucede en la historia. La encontramos en nuestra lucha diaria por el conocimiento de uno mismo y la auto-realización, pero se mantiene trascendente. Nosotros no podemos reducir la experiencia trascendental a cualquier momento histórico. No es, por ejemplo, el momento cuando por primera vez nos dimos cuenta de la llamada de la conciencia, o celebramos la Primera Comunión, o nos enamoramos por primera vez. Más bien, cada uno de esos momentos históricos han “mediado” la experiencia trascendental.

El problema es que todavía no entendemos que nuestra experiencia trascendental hace posible la historia. Sin nuestras decisiones concretas para actuar y no actuar, responsables e irresponsables, las que expresan nuestros anhelos para o rechazo a la trascendencia – no habría historia. Nosotros, los seres humanos, somos las únicas criaturas que reconocemos tal cosa como historia. Nosotros la postulamos; y somos capaces de hacerlo así porque recordamos e interpretamos los acontecimientos humanos desde un cierto punto de vista, el punto de vista hipotético del fin de la historia (175). Aunque la historia está todavía en camino, nos aventuramos a creer que las cosas resultaran en cierta manera. Y de este punto de vista hipotético, nosotros interpretamos el pasado y los temas de actualidad que están todavía en proceso.

El “sobrenatural existencial” mismo (ver IV. 3 arriba) tiene una historia. Este existencial, definido como el que orienta al ser humano hacia la auto-comunicación de Dios, es un don divino. Fue dado a través del tiempo. Empezó en la oscuridad de la prehistoria y se ha desarrollado junto con el desarrollo de la autocomprensión y la conciencia humana. Gracias al existencial sobrenatural, los seres humanos son capaces de oír y responder a la llamada de Dios. Esa escucha y respuesta es la historia de la revelación. Cuando hablamos del sobrenatural existencial como un don divino, nos referimos a que Dios es libre de dar o no dar el ser divino. Además, los seres humanos son libres de recibir la auto-comunicación divina o de lamentar la ausencia del misterio sagrado de Dios. “No hay acción salvífica de Dios en el hombre,” dice Rahner, “que no sea a la vez acción salvífica de la humanidad” (176-7).

Parte 3: La historia de la salvación y de la revelación como coextensiva con toda la historia universal

(V.3, p. 177) ¿Cuál es la diferencia entre la historia mundial y la historia de la salvación? Empezamos con esa pregunta. Rahner dice que las dos historias son “coexistentes.” Cuando el ser humano responde a la llamada de Dios, él o ella “hace” la historia de la salvación (A). Verdaderamente podemos decir que la historia de la salvación es también la historia de la revelación. Cada expresión individual en la palabra y el acto del encuentro con Dios es una clase de la revelación (B). Aunque se diga comúnmente que la revelación “terminó” con la muerte del último discípulo y el cerrar del Nuevo Testamento, es justo decir (dando un poco diferente el significado de la revelación) que esa revelación continúa tal como viene a la conciencia de uno mismo (C). La revelación no es solo la expresión, en la Escritura y la tradición, de “los hechos” de la salvación, sino de la apropiación de ellos por la persona en quien Dios permite los “hechos” para convertirse en la Palabra de Dios (D). Experimentamos la llamada de Dios, no solo en el reino explícitamente del culto religioso y la creencia, sino por todas partes que Dios nos llama a responder en la libertad y responsabilidad (E).

A. Historia de la salvación e historia universal
(V.3.A., p. 177) La historia de la humanidad es coexistente, pero no idéntica con la historia de la salvación. ¿Por qué no idéntica? Porque la historia humana es no sólo la historia de nuestra salvación, es también la historia de nuestra culpa y el rechazo a Dios. Sin embargo, Dios no pensó la salvación meramente para unos pocos. Todos encuentran la salvación, dice Rahner, “quienes no se cierran a Dios en una acción última de su vida y de su libertad” (177). Dios desea salvar a todos.

Toda historia es la historia de la salvación en la medida en que toda historia es “el acto histórico concreto de aceptación o rechazo de la comunicación de Dios mismo” (178). Todo lo demás es meramente “la historia de la naturaleza.” Hay dos “momentos” en la historia de la salvación. Primero, es el acontecimiento de auto-comunicación de Dios. Dios nos comunica el ser divino trascendentalmente, en la llamada a sobrepasar lo que somos actualmente y llegar a ser lo que somos en potencia. El segundo momento en la historia de la salvación es el momento de la respuesta humana. Cuando nosotros respondemos a la invitación de Dios, nosotros “hacemos” la historia. Cuando el ser humano acepta o rechaza la oferta de Dios, la oferta se puede ver en la historia. Así la auto-comunicación de Dios, originalmente trascendental, es histórica también, y no tiene que ser explícitamente religiosa. Cada respuesta del humano a la llamada de Dios pertenece a la historia de la comunicación y la relación divino-humana.

B. La historia universal de la salvación es a la vez historia de la revelación
(V.3.B., p. 179) No importa cuan popular sea, es “insignificante” identificar la historia Bíblica de la revelación con la historia de la revelación en su totalidad. Hay más en la historia de la revelación, dice Rahner, que lo que está en la Biblia. La historia de la salvación no empezó solo con Abraham. La historia de la revelación toma lugar dondequiera que la historia humana acontece. Cada historia individual de la fe forma parte de la historia de la revelación. Esto no es la revelación natural de Dios que S. Pablo describe en el primer capítulo de Romanos, sino un encuentro trascendental con Dios. Uno no puede acercarse a Dios en la Iglesia o en la Biblia sin haber sido ya dirigido por la gracia de Dios – sin una invitación de Dios, la que podría ser llamada una revelación. Todo lo que es debido a la gracia es un aspecto de la revelación.

La historia de la religión incluye la historia de las religiones verdaderas y las falsas. Se puede decir que incluso las falsas religiones existen en el orden de la gracia, por ser posibles por Dios, y para ser practicadas por personas que aceptan o rechazan a Dios. ¿Por qué? Porque ningún persona puede tener algo que hacer con Dios sin primero ser “sostenido” o dirigido por la gracia de Dios. La revelación está indudablemente “más allá” el conocimiento meramente natural, aún el conocimiento de los sabios. Sin embargo, la revelación no puede ser reducida a la Escritura y la Tradición del catolicismo. Es accesible, dice Rahner, en cada experiencia humana. Para estar seguro, la experiencia debe ser “gratuitamente elevada”; esto es, que debe ser la experiencia interior de propia llamada de Dios. La experiencia no es meramente Dios que habla “desde la nada,” sino en el interior humano.

C. Fundamentación de la tesis con datos de la dogmática católica
(V.3.C., p. 181) Algunos dirían esa tesis de Rahner – la tesis que esa revelación no puede ser limitada a la revelación explícita y oficial de la Iglesia – no es “católica,” pero esa es una comprensión inadecuada de cristiandad. Cristiandad se entiende realmente como un proceso progresivo, no en una vez, y un depósito de la fe para todo. Es una interpretación constantemente desarrollada, “una reflexión histórica totalmente determinada y lograda” (182). La fe cristiana siempre se ha entendido como un proceso por que la historia de la revelación viene a la conciencia de sí mismo. Al contrario de los argumentos de S. Agustín y Jean Calvin, cristianos creen que esa salvación es prometida a todo. Nadie es forzado a ser perdido. Para estar seguro, uno puede perder la salvación por la culpa personal. Sin embargo, está equivocado entender a Dios como “produciendo” la salvación en una persona.

La historia de la salvación, la historia oficial de la Iglesia, se debe aceptar en la libertad. Y no se puede aceptar a menos que sea conocido como una historia de la salvación. Para estar seguro, la aceptación personal de la necesidad de la historia de la salvación no es una aceptación de proposiciones dogmáticas. La salvación puede ocurrir fuera del contexto cristiano cuando un encuentro con Dios se acepta libremente y como conocido, incluso si no conocido explícitamente. Sin embargo, debe ser una aceptación en la fe, una fe en la Palabra propia de Dios, una palabra que revela a Dios.

D. Fundamento teológico y especulativo complementario
(V.3.D., p. 184) ¿Cómo armoniza la tesis de Rahner con la revelación oficial? ¿Cómo armoniza su idea de una “revelación universal pero todavía sobrenatural” con el Nuevo y el Antiguo Testamento? La respuesta de Rahner es que nuestra habilidad de oír la invitación de Dios y responder es un don de Dios. La trascendencia está elevada “por la comunicación de Dios mismo como oferta a la libertad del hombre” (184). El don es simplemente una posibilidad “óntica” o teorética, no una declaración de hechos más allá de nuestro persona y conciencia. Tampoco es la expresión temática y elaborada de un filósofo de la religión. Es más bien una realidad esencial y viva, una realidad “ontológica.” Uno incluso puede decir que la enseñanza explícitamente cristiana de la iglesia, producida por Dios, puede ser reducida a una palabra meramente humana si no es llevada y dirigida por la auto-comunicación de Dios mismo.

La teología escolástica diría que cuando nuestros actos intencionales son elevados por la gracia sobrenatural, su objeto o meta es sobrenatural. Así que los actos intencionalmente piadosos del budista o hindú son en sí mismos sobrenaturales. Para estar seguros, ellos no pueden alcanzar su meta explícitamente religiosa por un acto meramente natural. Sin embargo, el budista o hindú, movido por Dios, experimenta la “revelación.”

E. Mediación categórica de la trascendentalidad elevada sobrenaturalmente
(V.3.E., p. 186) ¿Podemos experimentar la trascendencia sólo en un encuentro de temas específicamente religiosos? A primera vista, alguno quizás diga que sí. Las personas experimentan el horizonte sobrenatural, para uno quizás, sólo si ellos utilizan la palabra “Dios,” sólo si ellos hablan de la ley de Dios, sólo si ellos quieren hacer la voluntad de Dios.
Pero no, eso es falso. “No tenemos que habérnoslas con Dios sólo cuando de algún modo lo tematizamos en manera conceptual,” dice Rahner, “sin que la experiencia originaria de Dios, aunque sea en manera innominada y no temática” (187). Al contrario, hay una experiencia original de Dios que no es explícitamente religiosa. No es temática, ni un objeto de la reflexión. Nosotros lo experimentamos siempre que llegamos a ser para nosotros mismos sujetos libres, libres para responder a las posibilidades que Dios ofrece. Esto sucede cuando nos experimentamos a nosotros mismos antes del misterio sagrado que nos sobrepasa. Esta experiencia es nuestra “trascendencia sobrenatural.”

Como resultado de ella, puede decirse que experimentamos a Dios no solo en la religión, sino en todas partes.
No hay para los cristianos un reino sagrado donde Dios es encontrado sólo. Aún cuando actuamos moralmente por razones puramente naturales, esa acción moral se eleva sobrenaturalmente. “El seguimiento de la ley moral natural es salvífico en sí mismo – elevado sobrenaturalmente” (187).

La posibilidad de encontrar a Dios por todas partes, no solo en los espacios tradicionalmente sagrados, está implícita en la enseñanza del Vaticano II, que todos pueden ser salvados. Para estar seguros, la fe es necesaria para la salvación, pero esta fe no se puede definir estrechamente como el contenido explícito de una tradición de la revelación en el Antiguo y Nuevo Testamento. La fe necesaria para la salvación no es ninguna otra que “la aceptación obediente de la autotrascendencia del hombre elevada en forma sobrenatural” (188). Siempre que se acepta una propia orientación básica hacia Dios, se experimenta una revelación de Dios.

Parte 4:Relación entre la historia general de la revelación trascendental y la historia categorial especial de la revelación

(V.4, p. 188) Si podemos experimentar a Dios dondequiera, aún en los ámbitos que no son explícitamente religiosos, entonces ¿qué significa articular esa experiencia en una manera explícitamente religiosa? La respuesta tiene que ver con la historia. La historia es la expresión esencial y necesaria del encuentro humano con Dios, la expresión de la revelación (A). La revelación de la que se habla aquí es principalmente la revelación trascendental de Dios, el don de Dios en la llamada y en la autorización de nuestra respuesta. Rahner lo llama la revelación “universal” y “trascendental” a todas las personas. Esta revelación se expresa a si misma en formas “especiales” y “categóricas.” Por ejemplo, podemos clasificarlas como visiones y profecías. El más alto y muy exitoso de éstos es la revelación de Jesucristo (B). Podemos inferir, sin embargo, que haya otras “revelaciones de Dios” aparte de las que los cristianos conocen como revelación. Estas otras revelaciones son la expresión de una experiencia trascendental, expresiones deseadas por Dios (C). Jesucristo es el criterio para distinguir entre interpretaciones verdaderas y falsas de la experiencia trascendental, un criterio disponible sólo en fe (D). Los “portadores de la revelación,” tal como profetas y discípulos, expresan la experiencia de auto-comunicación de Dios, la experiencia que se puede decir que nos “constituye” como el pueblo de Dios. Ellos nos constituyen porque, por ellos, nosotros entramos realmente en la historia de la revelación y la salvación (E). La historia universal de la revelación se expresa en los hechos particulares, los que nos permiten saber y reconocer la voz de Dios (F).

A. La autointerpretación histórica esencialmente necesaria de la experiencia trascendental (sobrenatural)
(V.4.A., p. 189) Rahner parte de la premisa de que la experiencia trascendental tiene una historia. No es solo un encuentro subjetivo que algunos tienen y los otros no tienen. Ni es meramente un fenómeno periódico que nunca se desarrolla. Al contrario, la experiencia trascendental tiene la objetividad de algo conocido universalmente. Además, desarrolla y alcanza un punto insuperable en Jesucristo. La historia cristiana es la historia de la experiencia trascendental compartida de los cristianos. Es la interpretación de su propia experiencia trascendental. Con respecto a la historia de la experiencia trascendental, la revelación histórica (por ejemplo, “los acontecimientos” históricos del patriarcado, del éxodo, e incluso de Jesús de Nazaret) son un “momento secundario” en la historia total de la humanidad. Para experimentar revelación verdadera en la revelación histórica, las personas con fe deben reconocer en ella misma la expresión de su encuentro trascendental con Dios.

¿Significa eso que cristiandad, “la religión absoluta,” es también un momento secundario? Según el punto de vista de Rahner, la Iglesia primitiva experimentó a Jesucristo como Señor. La suya era una interpretación histórica, una interpretación que sucedió en la libertad y la esperanza. Existía el riesgo de que la interpretación fuera errónea, pero los primeros cristianos tomaron el riesgo. Estaban seguros de que, en Jesús, habían encontrado la Palabra propia de Dios. Las interpretaciones históricas de personas y acontecimientos pueden ser interpretaciones equivocadas. Esta no lo era, pero era una interpretación, un “momento” secundario. Los primeros cristianos reconocieron a Jesús como la Palabra debido al encuentro trascendental con Dios que ellos ya habían tenido.

Con esas palabras, parece como si Rahner relativizara la historia de la revelación. La historia objetiva está subordinada al encuentro primario en la experiencia trascendental. Sin embargo, Rahner dice algo más profundo. Él dice que la historia de la Iglesia (la historia entera, y no apenas la historia de Jesús ni de los santos) es la historia de la revelación. La historia de la Iglesia no existe aparte de la historia exterior. Es la revelación precisamente porque se mantiene dentro de la historia.

B. Concepto de una historia categorial y especial de la revelación
(V.4.B., p. 190) La historia de la cristiandad no es solamente una expresión entre otras de expresar la posibilidad de auto-trascendencia humana. “La historia de la revelación trascendental de Dios se mueve con dirección irreversible hacia una suprema y envolvente autointerpretación del hombre” (190). Los cristianos saben que la revelación culminó en la encarnación. Éste es el sentido especial en el que la palabra revelación es normalmente utilizada.

Al mismo tiempo, sin embargo, hay un sentido más amplio de la revelación explícitamente cristiana. Rahner lo llama “la historia universal y categorial de la revelación.” No es meramente “universal,” o sea, disponible (por lo menos como una oferta) a todas las personas todo el tiempo. Es también “categorial,” es decir, una declaración que indica un hecho, conocido por la experiencia, que se conforma a reglas como cualquier otro hecho (ve II.3.A; II.5.A; III.3.A; IV.3.A). En otras palabras, la revelación universal de Dios como un sobrenatural existencial se expresa a través de la historia humana. En contraste, la revelación en el sentido cristiano usual es solamente una especie de un género más amplio.

De ahí hay una historia de la revelación que no coincide con el Antiguo y Nuevo Testamento. Esta historia de la revelación es enteramente verdadera. Ha sucedido dondequiera que Dios ha dirigido a la humanidad a través de su conciencia. Pero esta revelación “es siempre una historia no lograda plenamente,” dice Rahner. Además, “está permeada y empañada por la culpa del ser humano” (191). En contraste, “la historia de la revelación en el sentido usual y – sobre todo – pleno de la revelación cristiana se encuentra donde gente piadosa se sabe como guiada y dirigida por Dios. Esa revelación encuentra su propia verdad” (191).

C. Posibilidad de una historia auténtica de la revelación fuera del Antiguo y del Nuevo Testamento
(V.4.C., p. 192) La revelación en su pureza se encuentra en el Nuevo y Antiguo Testamento, pero no sólo se encuentra allí. ¿Cómo es esto posible? Rahner dice no más que lo que él dijo en la sección previa, pero él especula que es posible. Es posible, incluso si estos otras “historias de la revelación” son breves y parciales. El afirma que ellas son sinceramente auto-interpretaciones de una experiencia reveladora y trascendental de Dios. Una revelación autentica “se sabe con razón como dirigida por Dios” porque Dios desea salvar a todos. Su dirección “no se concibe como adicional y venida de afuera, sino como fuerza inmanente de la propia comunicación de Dios” (192). Como la historia cristiana de la revelación, otras historias no se pueden deducir de un principio abstracto ni reducidos a las consecuencias de una lógica meramente humana. Como la historia cristiana, ellas son “experimentadas, sufridas, y aceptadas en el historia.”

El historiador cristiano de la religión puede reconocer estas otras historias de la revelación. Inevitablemente el cristiano las interpretará con respecto a sus últimas intenciones. El o ella puede ver bien en estas otras historias la presencia del Dios del Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento. La historia de la revelación solo puede ser completada en Jesucristo, dice Rahner. Él pregunta, sin embargo, ¿cuáles son los criterios por los cuales uno distingue entre verdaderas y falsas revelaciones?

D. Jesucristo como criterio de distinción
(V.4.D., p. 193) Jesucristo sólo es “el criterio” para distinguir entre revelaciones verdaderas y falsas. En Jesucristo distinguimos entre interpretaciones meramente humanas y erróneas de la experiencia trascendental de Dios, e interpretaciones legítimas. En Jesús distinguimos también las verdaderas interpretaciones de la revelación de la cristiandad de las falsas interpretaciones de la cristiandad. Para estar seguros, el criterio de Jesucristo no es una regla meramente neutral e impersonalmente científica. No está disponible, por ejemplo, a los incrédulos historiadores de la religión. Está disponible sólo en la fe, y es el criterio preeminente.

E. La función de los portadores de la revelación
(V.4.E., p. 194) ¿Cuál es la función de los “portadores de la revelación” tal como los profetas? Ellos expresan algo que está presente a un nivel fundamental por todas partes y en todos, a saber, la habilidad de oír la llamada de Dios y de responder a ella. Ellos expresan en una manera indudablemente válida la auto-comunicación trascendental de Dios. Sin embargo, cuando ellos así lo hacen, su expresión no es meramente humana y natural. El discurso sinceramente profético difiere de nuestros propios esfuerzos de expresar la auto-comunicación de Dios. ¿Cómo difiere?

- Expresa una realidad constituida por Dios.
- La expresión se puede decir ser propia de Dios.
- No es una reflexión, sino una parte de la auto-comunicación de Dios, gobernado por la voluntad de Dios.
- La expresión puede ser dicha para “constituirnos,” para oír verdaderamente el discurso profético, nos adentramos en la historia de la salvación y la revelación.

La luz de la fe y la luz por la que los profetas comprenden el mensaje de Dios son los mismos. Esa “luz” es “la subjetividad divina del hombre” (195). El profeta es el creyente que expresa correctamente la experiencia de Dios. En la palabra del profeta, nosotros reconocemos nuestra propia experiencia. Esto no relativiza su voz. Es más bien un corolario de nuestra experiencia humana. En esa experiencia, los otros – a saber, los “portadores de la revelación” – llegan a ser los modelos para nosotros. Ellos son la norma por la que son tomados como ciertos.

F. La orientación hacia la universalidad en la historia particular lograda de la revelación
(V.4.F., p. 197) La historia universal de la revelación y la historia particular de la revelación “condicionan” el uno al otro. Lo universal alcanza su “esencia” y “objetivación histórica completa” en el particular. Sin la revelación particular del profeta y el evangelista, no sabríamos ni reconoceríamos la voz de Dios. La revelación que encontramos en los profetas y en los evangelistas es no sólo oficial, sino también autoritaria. Aunque ellos sean las expresiones “particulares” de la revelación, ellos tienen un significado fundamental para todo. Y en ese sentido, puede decirse que ellos son “universales.” Por ellos, nosotros reconocemos la experiencia de la llamada trascendental de Dios y podemos responder a ella.

Parte 5: Estructura de la historia fáctica de la revelación

(V.5, p. 198) ¿Cómo deberemos interpretar la historia de la revelación presentada en el Antiguo Testamento? Rahner ofrece dos respuestas. Primero, que las historias del Antiguo Testamento acerca de Adán y Eva son “inferencias.” Los autores del Génesis infirieron en la existencia de un encuentro trascendental con Dios que debe haber sucedido a los primeros seres humanos, y lo expresaron en forma de leyenda.

Segundo, Rahner ofrece una interpretación de la historia de la revelación del Antiguo Testamento. La historia israelita es un breve momento en los milenios de encuentros trascendentales entre Dios y la humanidad. Sin embargo, es una expresión más completa de la historia de la revelación que se contuvo en otras religiones. Esta historia mira hacia Cristo como su cumplimiento. En Cristo, la humanidad y la divinidad alcanzan un punto de unión perfecta.

A. La “revelación primitiva”
(V.5.A., p. 199) ¿Existieron Adán y Eva? Uno no puede utilizar la Biblia, por supuesto, para contestar las preguntas acerca de las ciencias naturales. Sin embargo, uno puede decir que los primeros seres humanos, siempre que y dondequiera que ellos estaban, experimentaron la revelación trascendental y categórica de Dios. La humanidad siempre ha sido orientada hacia Dios por la auto-comunicación de Dios. Y en ese sentido, la narración Bíblica del primer pecado es verdadera: describe el primer rechazo de la humanidad a la auto-comunicación de Dios. Sin embargo, aún en ese momento, podemos ver que el absoluto deseo de Dios es comunicarse con nosotros abarcados por la culpa de Adán.

La revelación de Dios a Adán y Eva se mantuvo viva, aún en una situación condicionada por la culpa. Y podemos decir esa revelación universal de Dios en la experiencia trascendental (a pesar de ser depravadas y expresadas en formas politeístas) está presente en las sociedades pre-cristianas. Los recuentos de Adán y Eva en el Génesis hacen una inferencia. Ellos infieren de nuestra experiencia trascendental presente lo que debe haber sido su fundación histórica. Sabemos nuestros orígenes por medio de mitos etiológicos, tal como los de Adán y Eva, las historias que explican nuestros orígenes. Estas son reconocidas como expresiones válidas de la experiencia trascendental, así como la revelación.

¿Por qué recurrimos a las historias? Rahner explica esto por medio de la doctrina Tomista de “la conversión al fantasma,” el cual era el tema de su primera tesis doctoral, publicada como Espíritu en el Mundo. No sólo la Biblia, sino aún el lenguaje metafísico más abstracto, emplea los “fantasmas.” Este es el término de Santo Tomás para las imágenes, las analogías, y las representaciones – la expresión de realidades trascendentales.

B. ¿Es posible una estructuración de la historia entera de la revelación?
(V.5.B., p. 201) La historia de la religión muestra una variedad de revelaciones sobrenaturales, pero esta diversidad tiene su propia unidad. Todas las religiones tienen una dirección común, visto desde los ojos de Dios. De nuestro punto de vista, sin embargo, la ley de las religiones y su dirección común “apenas pueden conocerse” (201). Escritura, por ejemplo, suelta la luz pequeña en la estructura de la historia universal de la revelación. Los cuentos del Antiguo Testamento de los cananeos, amalecitas, y jebuseos nos dicen poco acerca de la historia trascendental de la libertad.

Según la tesis de Rahner, si pudiéramos ver el retrato amplio, nosotros veríamos que toda “la edad bíblica” de Abraham a Cristo es parte del acontecimiento de Cristo. Las luchas religiosas son las tentativas de clarificar nuestra experiencia de la comunicación de Dios con nosotros. Sólo en milenios recientes la raza humana ha “comprendido su existencia en la claridad y libertad de la historia” (203). Antes de esto, no había un lenguaje para expresar el encuentro con Dios. Y dado que no había manera de expresar el encuentro trascendental, dice Rahner, la humanidad (en un sentido filosófico o teológico) no existía (203). No había “historia de revelación” precisa ni teológica. Nuestra historia de la revelación cristiana conserva, sin embargo, su conexión con la historia universal inmensa de la salvación.

La historia cristiana entera de la revelación, de Abraham al último de los escritos de los profetas, no es sino una breve preparación para la primera venida de Cristo. Aparte de Cristo, no hay interpretación unificada del Antiguo Testamento. La historia israelita es el acontecimiento de un diálogo con Dios. Ofrece una “tendencia prospectiva a un futuro abierto” (205). Es cierto que, con respecto a los encuentros trascendentales con Dios en los milenios de la prehistoria, la historia del Antiguo Testamento no es sino un momento breve. Sin embargo, ese momento breve expresa más completamente la relación trascendental que tenemos con Dios que lo que encontramos en la historia de otras religiones.

La historia de Israel es también una historia de la culpa y la alienación. Indica eso, que aún entre esas personas que no oyeron ni respondieron a Dios correctamente (por ejemplo, los cananeos, amalecitas, jebuseos, etc.), había una experiencia del trascendente. Esta experiencia señaló a Cristo, el punto final de la plenitud de la salvación. Así que la historia del Antiguo Testamento es una “cesura decisiva” o un punto de retorno. Es el período en el que seres humanos cambiaron fundamentalmente. Fueron transformados desde que la naturaleza los amenazó, y comenzaron a crear su propio ambiente. La humanidad comenzó a mirar hacia el cumplimiento de la historia. Aunque desconocido para ellos, estuvieron en busca de Cristo. La vida de Cristo no es sino un momento en la historia, pero es el decisivo. En ese momento, Dios y el ser humano, que acepta la llamada de Dios, se convirtieron en uno.

Parte 6: Resumen del concepto de revelación

(V.6, p. 207) La revelación trascendental difiere, ante todo, de la revelación natural. La revelación natural no nos dice nada acerca de la relación humana con Dios (A). La revelación trascendental, en contraste, se convierte en el recipiente. Diviniza al ser humano, dándole a la persona una participación en la propia realidad de Dios (B). La revelación categórica e histórica existe como un momento secundario en la revelación trascendental. Ella “media” la revelación trascendental (C). En la Encarnación, la revelación alcanza su punto más alto. En ella, el ser propio de Dios es comunicado (D).

A. Revelación “natural” y auténtica auto-revelación de Dios
(V.6.A., p. 207) La revelación natural “deja que Dios permanezca desconocido.” ¿Por qué? Porque la revelación natural sugiere que conocemos a Dios como un análogo al misterio de la naturaleza. Pregunta acerca de Dios, pero deja sin contestar si Dios nos quiere cerca o lejos. La revelación verdadera es un evento del diálogo. Dios habla y nosotros contestamos. La revelación natural no nos habla acerca de la relación humana con Dios. Solo un encuentro trascendental con la auto-revelación verdadera de Dios nos puede decir eso.

B. El aspecto trascendental de la revelación
(V.6.B., p. 209) ¿Qué queremos decir cuando mencionamos que Dios encuentra al ser humano en la revelación? Queremos decir que Dios se “revela” a la persona que “oye” la voz de Dios. Dios “causa” que esa persona oiga, y lo o la transforma. Nosotros le llamamos “divinización” para significar que la persona es hecha capaz de oír la voz de Dios y aceptar las posibilidades que Dios ofrece como las posibilidades propias de la persona.

Esta divinización es lo que la tradición llama la gracia “santificante” o “justificante.” Es siempre ofrecida a todas las personas. Da a la humanidad el verdadero ser de Dios. En una palabra, da trascendencia. Esa trascendencia es una vista a, y la participación en, la propia realidad de Dios.

La pregunta del espíritu humano es “contestada” por Dios. La respuesta de Dios se destina para todas las personas en la experiencia trascendental. No se ofrece como algo mas “adjunto” en la vida de una persona. No, está dentro de y es parte de la totalidad de esa vida. Es la historia de la trascendencia humana.

C. El aspecto categórico e histórico de la revelación
(V.6.C., p. 210) La auto-revelación de Dios siempre se media “categóricamente.” Se media absolutamente o sin título en un sentido particular y concreto (ve II.3.A; II.5.A; III.3.A; IV.3.A; V.4.B). Cuando algo es “categóricamente verdadero,” decimos que corresponde a una forma o la idea que subraya toda la experiencia humana. La auto-revelación de Dios se conforma con lo que los humanos pueden experimentar, a saber, la existencia histórica. Así podemos decir que esa auto-revelación de Dios siempre se media en el conocimiento objetivo.

Nosotros los humanos tratamos de interpretar nuestra experiencia de la auto-revelación de Dios por medio de proposiciones. Dios crea para nosotros la posibilidad de la salvación en y por medio de esos objetos – por ejemplo, las instituciones y los artefactos – que expresan la experiencia de la gracia. Estos objetos existen dentro de un contexto humano. Es decir, son entremezclados con el error e incluso con el pecado, pero dadas esas limitaciones, la revelación categórica e histórica se puede decir que son revelación verdadera. Sin duda, la revelación de la Iglesia, pública, oficial, y constituida históricamente es el punto culminante en la historia de la revelación categórica. Tal revelación se alcanza:

- No para un individuo, sino para una comunidad;
- por ésos a quienes llamamos profetas; y
- por Dios una manera pura (sin embargo parcial).

Esta revelación pura no ocurre por todas partes. Es sólo un momento en la historia universal de la salvación y la revelación, donde la revelación puede ser interpretada mal y puede ser depravada. En la revelación de Dios en Jesucristo, la revelación categórica se convierte en absoluta.

D. La cúspide insuperable de toda la revelación
(V.6.D., p. 212) ¿Por qué es la encarnación del Logos insuperable? Rahner ofrece tres respuestas. En la encarnación:

- Lo que se comunica es el propio ser de Dios;
- el modo de comunicación (a saber, la realidad humana) es un hecho divino; y
- el recipiente de la auto-comunicación (es decir, el ser de Jesús) se ha convertido uno con la auto-comunicación de Dios.

El acontecimiento de Cristo es “la única cesura realmente aprehensible” o el punto decisivo en la historia de la salvación. A la luz de Jesucristo, el Antiguo Testamento se ve como una historia oficial de la revelación.

Fuente:

http://users.adelphia.net/~markfischer/SpRahner500.htm

Aporte a La Teología de la Epístola a los Efesios.

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Aporte a La Teología de la Epístola a los Efesios.

EPÍSTOLA A LOS EFESIOS.

Más que una epístola simplemente, este escrito es un tratado epistolar, quizás dirigido a los creyentes de toda el Asia Menor, especialmente a los gentiles (2.11, 19; 5.7s). Se escribió si no juntamente, al menos muy cerca de la Epístola a los Colosenses, y es muy probable que la llevara un mismo correo, Tíquico (6.21, 22; cf. Col 4.7–9). A diferencia de las demás cartas paulinas, no contiene exhortaciones de carácter personal ni soluciones para problemas concretos, indicio de su carácter encíclico.

Autor  Y  Fecha

Desde los primeros años del siglo II, la tradición concuerda en que esta carta la escribió Pablo quizás entre 50–60 d.C. Sin embargo, durante los últimos años, la alta  CRÍTICA ha puesto en tela de duda tal tradición. Los argumentos en contra de la paternidad paulina tienen carácter subjetivo y se relacionan con el estilo, el vocabulario, la doctrina y los paralelos íntimos con otras cartas de Pablo. Según Barth, Efesios contiene 80 palabras que no se encuentran en otras cartas paulinas, además del aumento en el uso de verbos en proporción con los sustantivos; además, contiene 231 verbos y 158 sustantivos, mientras que GÁLATAS 139 verbos y 202 sustantivos. También ciertas palabras típicamente paulinas (misterio, servicio, herencia, plenitud, por ejemplo) parecen tener un sentido diferente en Efesios. En ningún momento estos han sido argumentos decisivos. Las diferencias internas, comparadas con las otras cartas, pudieron deberse a que fueron distintas las circunstancias que dieron motivo a la epístola.

Marco Histórico

Tradicionalmente la iglesia ha aceptado que la carta se escribió en un inicio para la iglesia de Éfeso. De los escritores de los primeros siglos solo Marción, Orígenes y Basileo daban cabida a otra tradición; a saber, que la carta era la mencionada en Col 4.16, «la de Laodicea», o bien que no tenía destinatarios fijos. Y es cierto que las palabras «en Éfeso» no se hallan en los tres manuscritos griegos más importantes (aunque en su lugar se deja un espacio en blanco), y que en el contexto de Efesios 1.1 causan problemas gramaticales. Además, la evidencia interna (la falta total de saludos personales, por ejemplo) pareciera negar que se escribiera a una iglesia con la que Pablo convivió casi tres años (Ef 1.15; 3.2; 4.21; cf. Hch 19; 20.31).

La mayoría de los eruditos concluyen que debiera encontrarse otra explicación. Se han sugerido las siguientes:

1. La epístola se envió a Laodicea, una iglesia que Pablo no conocía personalmente.

2. Se envió como carta circular a varias iglesias a través de Tíquico (Ef. 6.21; Col 4.7s). Esta teoría presupone que el nombre de las iglesias destinatarias no aparecía en el manuscrito original, sino que se añadía en cada caso cuando la epístola llegaba a ellas.

3. Tenía como propósito ser el mensaje póstumo del anciano apóstol a la iglesia universal. Así se explican las diferentes referencias a personas y la amplitud de la visión cósmica (1.10, 14, 20–23; 2.14–16; 3.14–21; etc.).

4. Se envió para impedir que se extendiese la herejía combatida en la Epístola a los Colosenses.

No se puede, pues, precisar con seguridad ni los destinatarios ni el propósito original de la carta, pero es posible sugerir que se escribió inmediatamente después de Colosenses. Constituye una meditación sobre la grandeza del misterio de Cristo (1.9; 3.4s) y la responsabilidad de la Iglesia en Él (2.10; 4.17ss), temas ya analizados en Colosenses, y se envió a varias iglesias, quizás al mismo tiempo que Colosenses (61–62 d.C., durante la cautividad del apóstol en Roma).

La opinión de los eruditos está dividida en lo que respecta a los destinatarios de la carta que conocemos con el nombre de “La Epístola a los Efesios”. Un cincuenta por ciento afirma que se trata de una encíclica, es decir, una carta dirigida a varias iglesias, tales como Efeso, Laodicea, Colosas, Heriápolis y otras. Probablemente esta incógnita no será resuelta aquí en a tierra, pero esto no reviste mayor importancia para nosotros ya que sabemos que es un escrito del Espíritu Santo para todo creyente en todos los tiempos

La ciudad de Éfeso y el establecimiento de la Iglesia allí.

Era la capital de Iconia, Provincia romana de Asia menor, situada cerca de la desembocadura del Cayster, como 40 millas(60 Km.) al sudoeste de Esmirna. Era celebre por el culto a la diosa Diana (Artemisa), cuyo templo original erigido en esta ciudad constituía una de las siete maravillas, del mundo antiguo. Esta diosa romana difería de su igual griega, en que parece haber sido venerada con ritos impuros y misterios de la magia ( Hch. 19:19),como la diosa siria Astoret.

Ciudad del occidente de Asia Menor, y centro importante en la historia de la iglesia primitiva. Estaba situada entre Mileto y Esmirna, en el valle del río Caistro, a 5 km del mar Egeo y entre las montañas de Koresos. Su excelente acceso al mar la convirtió en el principal puerto de Asia durante el Imperio Romano. Compartió con Alejandría y Antioquía la supremacía en el Mediterráneo oriental, y llegó a ser la más importante gracias a su posición geográfica y actividad industrial.

Historia General

Como ciudad, probablemente Éfeso se fundó en el siglo XII a.C., cuando los colonizadores griegos se mezclaron con los indígenas de la región, descendientes de habitantes de Anatolia en el centro de Asia Menor. En 560, Creso, rey de Lidia, conquistó a Éfeso. Este restauró el famoso templo de Artemisa y benefició de gran manera a la ciudad. Tres años después la capturaron los persas. Lisímaco, uno de los sucesores de Alejandro Magno, la reconstruyó más tarde (322) y además de embellecerla la inundó con la influencia helenista.

En 133 a.C., Atalo III, rey de Pérgamo, entregó la ciudad a Roma y así se mantuvo hasta el 262 d.C., cuando los godos destruyeron tanto al templo como a la ciudad. En la era apostólica, Éfeso era el centro administrativo y religioso de la provincia romana de Asia; algunos de sus oficiales se llamaban asiarcas (Hch 19.31).

El templo de Diana, considerado una de las siete maravillas del mundo, estaba situado al nordeste de la ciudad. Se terminó al principio del siglo III a.C. Daba renombre a Éfeso y esta se jactaba de ser «guardiana del templo de la gran diosa Diana» (Hch 19.35). Fueron impresionantes la superstición y el ocultismo que florecieron a la sombra del culto a esta diosa, cuyas características eran semejantes a las de la diosa oriental de la fertilidad.

Historia Sagrada

Según Hechos, Pablo visitó a Éfeso dos veces: a finales de su segundo viaje misionero, cuando iba de prisa hacia Jerusalén (18.19–21), y durante el tercero (19.1–41). Había en Éfeso una numerosa colonia judía donde Pablo y sus compañeros,  Aquila y Priscila, fueron bien acogidos al llegar por primera vez. El apóstol deseaba estar en Jerusalén para cierta fiesta y esto acortó su visita, pero sus compañeros permanecieron allí. Sin duda, fundaron la iglesia ayudados por Apolos (Hch 18.24–26).

La segunda visita de Pablo duró tres años (19.8, 10; 20.31), pero esta vez la situación fue diferente. Al principio, los judíos lo recibieron bien, pero después de predicar tres meses en la sinagoga surgió la oposición (quizás por desacuerdo en cuanto a lo que es el «reino de Dios», 19.8, 9). Por tanto, trasladó su centro de actividades a la «escuela de uno llamado Tiranno».

Con este punto como cuartel, Pablo llevó a cabo una obra extensa, ayudado por sus compañeros y convertidos como Tíquico, Epafras y Filemón (Hch 19.10). Seguramente durante esta época nacieron «las siete iglesias… en Asia» (Ap 1.11) y otras como Colosas y  Hierápolis (Col 4.13). Su ministerio lo acompañaron «milagros extraordinarios» (Hch 19.11). Tantos se convirtieron, que los fabricantes de ídolos vieron en peligro su negocio y provocaron el tremendo alboroto relatado en Hch 19.23–41.

Éfeso llegó a ser un centro importante de la iglesia primitiva. Timoteo permaneció allí para cuidar de la iglesia después de la ida de Pablo (1 Ti 1.3). La tradición (escritos postapostólicos) afirma que el apóstol Juan se trasladó a Éfeso a finales del siglo I para supervisar y ayudar a las iglesias de Asia. Esto explica por qué les dirigió los mensajes escritos en Ap 2 y 3 durante su destierro en la isla de Patmos.

Desde la época postapostólica hasta la invasión musulmana, Éfeso fue un centro eclesiástico importante. Aquí se celebró, en 431, el tercer concilio ecuménico donde se condenó la cristología nestoriana.

 

En lo que respecta a la fundación de la iglesia, sabemos que Pablo visitó esta ciudad en su segundo viaje misionero. Ésta primera y breve visita fue seguida por otra mas larga en su tercer viaje misionero. En esta ocasión permaneció aproximadamente tres años en Efeso. Durante su ausencia Aquila y Priscila continuaron la labor.

También Timoteo y Tiquico trabajaron en aquella iglesia .Después de su segunda estadía , los Hechos registran la conversión de los doce discípulos de Juan el bautista , la predicación de la escuela de Tirano, la realización de Asia y el levantamiento de los fabricantes de estatuillas de la diosa Diana.

En esa iglesia se destacan nombres de creyentes tales como: Trofimo, Tiquico, y Onesiforo. También sabemos los hombres que hicieron mucho daño a Pablo y a la causa de Cristo , tales como Sceva, Himeneo, Alejandro, Fiígelo, y Hermógenes.

Se dice allí que el apóstol Juan pasó la mayor parte de su vida y escribió sus Evangelios, y sus Epístolas, y que , habiendo escrito en su destierro en la isla de Palmos el Apocalipsis, regresó a Efeso y allí murió.

Sobre la ocasión de la carta.

Habiendo dos peligros que amenazaban a la iglesia de Éfeso:

1) Una tentación de sumergir las verdades cristianas en las normas paganas.

2) Una falta de unidad entre judíos y gentiles .

Para contrarrestar el primer peligro, Pablo expone la santidad   del llamamiento cristiano, en contraste   con la antigua condición de ellos como paganos. Para evitar el segundo, presenta al Señor Jesús haciendo la paz entre los judíos y el gentil por la sangre de Cristo y haciendo de los dos un nuevo cuerpo.

No se puede, pues, precisar con seguridad ni los destinatarios ni el propósito original de la carta, pero es posible sugerir que se escribió inmediatamente después de Colosenses. Constituye una meditación sobre la grandeza del misterio de Cristo (1.9; 3.4s) y la responsabilidad de la Iglesia en Él (2.10; 4.17ss), temas ya analizados en Colosenses, y se envió a varias iglesias, quizás al mismo tiempo que Colosenses (61–62 d.C., durante la cautividad del apóstol en Roma).

 

Desde Roma, sin duda el mismo tiempo que Filemón y colosenses, y enviada por Tíquico.

Evidentemente fue escrita estando Pablo preso. El se llama a si mismo “prisionero de Cristo Jesús” (3:1); “preso en el Señor” que les ruega…(4:1); en su famosa frase es un “embajador en cadenas”( 6:20). Pablo estaba preso y muy cerca su fin cuando escribió Efesios tiene a todas luces una relación estrecha e intima con los colosenses.

Parecía que Tíquico fue el portador de ambas cartas, pues en Colosenses Pablo dice que aquel le informará sobre su situación (Col. 4:7); y en Efesios dice que Tíquico les dará noticias sobre el asunto y sobre cómo está(Ef. 6.21).Tíquico está relacionado íntimamente con estas dos cartas. Pero además hay semejanzas en el contenido de las mismas. Es tanta la similitud, que se cuentan mas de 55 versículos idénticos. O como sostiene Coloridge , colosenses es lo que pudiera llamarse la “superabundancia” de Efesios, o Efesios constituye una versión mas extensa de colosenses. Al final veremos que esta semejanza es la que nos da la clave del lugar único de Efesios entre las dos cartas de Pablo

Aporte a La Teología de la Epístola a los Efesios.

La naturaleza de Efesios hace difícil determinar las circunstancias específicas que llevaron a escribir la epístola. Está claro, sin embargo, que los destinatarios eran principalmente gentiles (3.1) que antes estaban alejados de la ciudadanía de Israel (2.11). Ahora, gracias al don de Dios, disfrutaban de las bendiciones espirituales que proporciona Cristo.

El tema de Efesios es la relación entre el Jesucristo celestial y su cuerpo aquí en la tierra, la Iglesia. Cristo ahora reina «sobre todo principado y autoridad y poder y señorío» (1.21), «y sometió todas las cosas bajo sus pies» (1.22). En su estado de exaltación, no se ha olvidado de su pueblo. Al contrario, se identifica plenamente con la Iglesia que considera su Cuerpo y la llena de su presencia (1.23; 3.19; 4.10).

La relación de esposo a esposa es una bella analogía que expresa el amor, el sacrificio y el señorío de Cristo por la Iglesia (5.22–32). El Cristo entronizado habita por la fe en el corazón de los creyentes (3.17) para que puedan disfrutar de su amor. No hay absolutamente nada que esté fuera de su alcance redentor (1.10; 3.18; 4.9).

La unión de Cristo con su Iglesia se expresa también en la unidad de los creyentes. Los que antes andaban lejos, «apartados» y separados de Dios han sido «hechos cercanos por la sangre de Cristo» (2.13). Es más, los creyentes ahora son llevados por Cristo a sentarse con Él en los lugares celestiales (2.5–6). Como los creyentes están con Él, procuran ser como Él y están «solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz» (4.3). Él mismo «es nuestra paz» (2.14), dice Pablo, y derriba las paredes y barreras que antes separaban a los judíos de los gentiles, y los une en un Espíritu ante el Padre (2.14–22).

Después de expresar estas maravillosas bendiciones espirituales, Pablo exhorta a los creyentes a que anden como es digno de los que han sido llamados (4.1). Este llamamiento es una útil demostración de ética cristiana. En vez de presentar leyes y regulaciones, Pablo dice, en efecto, que nuestra manera de vivir debe honrar al que nos llamó. Cristo libera al cristiano, pero este tiene que dar cuenta a Cristo. Pablo hace varias declaraciones sobre cómo los creyentes pueden honrar a Cristo (4.17–5.9), pero la meta no es ganar mérito por medio de la moralidad. En vez de buscar personas buenas, Pablo quiere personas nuevas, el «varón perfecto», reedificado según «la estatura de la plenitud de Cristo» (4.13). Esta madurez puede referirse a la deseada y todavía no alcanzada unidad de la iglesia.

Michael Behe

Archivado en: 1 — pauloarieu @ 9:43 pm

Michael J. Behe (n. 18 de enero de 1952, en Altoona, Pennsylvania) es un bioquímico y defensor del diseño inteligente estadounidense. Behe es profesor de bioquímica en la universidad Lehigh University en Pennsylvania y es un senior fellow del Center for Science and Culture del Discovery Institute. Defiende la idea de acuerdo a la cual existen algunas estructuras demasiado complejas en un nivel bioquímico que no pueden ser explicadas como el resultado de mecanismos evolucionados. Él fue quien desarrollo el concepto de “Complejidad irreducible” (irreducible complexity).

El postulado de Behe sobre la complejidad irreductible de estructuras celulares claves ha tenido una fuert oposición en la comunidad científica. El Departamento de Ciencias Biológicas de la Universidad Lehigh ha publicado una declaración con su posición oficial en la que señala: “Nuestra posición colectiva es que el diseño inteligente no tiene su base en la ciencia, no ha sido comprobado experimentalmente, y no debe ser considerado como científico.”[1] Las ideas de Behe sobre el diseño inteligente han sido rechazadas por la comunidad científica y han sido categorizadas como pseudo ciencia.[2] [3] [4]

Estudios académicos

Behe se crió en Harrisburg, Pennsylvania, donde asistió al colegio St. Margaret Mary’s Parochial School y luego se graduó en el “Bishop McDevitt High School”.[5] [6] Sus estudios universitarios los realizó en la Drexel University en 1974 titulándose con un Bachiller en Ciencia con mención en química (Bachelor of Science). Obtuvo su PhD en bioquímica en University of Pennsylvania en 1978. Desde 1978 hasta 1982, hizo estudios de post doctorado en la estructura del ADN en el instituto National Institutes of Health. Desde 1982 hasta 1985, fue profesor asistente en química en Queens College en la Ciudad de Nueva York, donde conoció a su esposa, Celeste. En 1985 se mudó a Lehigh University donde se desempeña actualmente como profesor de cátedra en bioquímica.

Material publicado

Libros

Ediciones en español

Vídeos

  • Intelligent Design: From the Big Bang to Irreducible Complexity
  • Unlocking the Mystery of Life 2002
  • Irreducible Complexity: The Biochemical Challenge to Darwinian Theory
  • Where Does the Evidence Lead? 2004

Referencias

  1. Department Position on Evolution and “Intelligent Design”, Lehigh Department of Biological Sciences
  2. Debating the Merits of Intelligent Design
  3. Why Evolution Must Not Be Ignored
  4. The “Intelligent Design” Hoax
  5. Behe, Michael (2004). Scientific Orthodoxies. Godspy Magazine. Consultado el 2007-01-15.
  6. Bio, Michael Behe. Soylent Communications (2007). Consultado el 2007-01-15.

Enlaces externos

Fuente:

http://es.wikipedia.org/wiki/Michael_Behe

Phillip E. Johnson

Phillip E. Johnson

Phillip E. Johnson (1940-) es un abogado estadounidense retirado, el más notable proponente de lo que él y otros proclaman una teoría científica alternativa a la Teoría de la Evolución Biológica, la llamada «teoría del Diseño Inteligente».

    Michael Denton

    Archivado en: 1 — pauloarieu @ 9:33 pm

    Michael Denton

    Denton es el autor de la evolución: Una teoría en destino de la crisis y de la naturaleza, el libro anterior era instrumental en comenzar el movimiento inteligente del diseño. Denton ha sido un autor influyente del diseño inteligente y es un compañero mayor anterior del instituto del descubrimiento, cubo del movimiento inteligente del diseño. Aunque Denton pidió su conocido quítese de su Web site, el instituto continúa citando su trabajo en apoyo de su campaña, [1] y su libro: Evolution: A Theory in Crisis fue citada en el apéndice del libro de textos inteligente polémico del diseño, de Pandas y de los pueblos.

    Denton recibió su PhD en bioquímica en 1973 en el King’s College de Londres [2]..

    Bibliografía:

    • Evolución,  una teoría en crisis.
    • Nature’s Destiny: ¿Cómo las leyes de la biología y revelan Propósito en el Universo Free Press: Nueva York, 1998
    1. Bibliografía de recursos suplementarios para la ciencia instrucción personal del Instituto Discovery
    2. La caracterización del desarrollo de mamíferos adultos [sic] Células Eritroides separados por la velocidad de sedimentación, tesis base de datos de entrada, King’s College de Londres

    Enlaces externos

    http://en.wikipedia.org/wiki/Michael_Denton

    Richard Dawkins

    Richard Dawkins

    ver Artículos relacionados con el ateísmo

    Richard Dawkins
    Richard Dawkins
    Richard Dawkins en una conferencia sobre su libro “El espejismo de Dios“.
    Nacimiento 26 de marzo de 1941
    Nairobi, Kenia
    Residencia UK
    Nacionalidad(es) Inglés
    Campo(s) Biología evolutiva
    Instituciones Universidad de Oxford
    Supervisor doctoral Niko Tinbergen
    Sociedades Miembro de la Royal Society
    Premios destacados Sociedad Zoológica Medalla de Plata (1989)
    Premio Faraday (1990)
    Premio Kistler (2001)

    Clinton Richard Dawkins (conocido como Richard Dawkins; nacido el 26 de marzo de 1941) es un etólogo británico, teórico evolutivo y escritor de divulgación científica que ocupa la cátedra Charles Simonyi de Difusión de la Ciencia en la Universidad de Oxford.

    Nació en Nairobi en 1941 de padres británicos. Su familia volvió a Inglaterra en 1949. Fue educado en Oxford y realizó su doctorado bajo la tutela del Premio Nobel Nikolaas Tinbergen. Desde 1967 hasta 1969 fue profesor adjunto en la Universidad de California, Berkeley.

    Dawkins ganó fama con su libro El gen egoísta, publicado en 1976, que popularizó la visión de la evolución enfocada desde los genes, e introdujo los términos meme y memética. En 1982 hizo una contribución original a la ciencia de la evolución con la teoría presentada en su libro El fenotipo extendido, que afirma que los efectos fenotípicos no están limitados al cuerpo de un organismo, sino que pueden extenderse más allá en el ambiente, incluyendo los cuerpos de otros organismos. Desde entonces ha escrito varios libros muy populares sobre la evolución, y ha aparecido en varios programas de la televisión británica sobre biología evolutiva, creacionismo y religión.

    Dawkins es ateo, humanista, escéptico, prominente miembro del movimiento bright y –como comentarista de ciencia, religión y política– está entre los intelectuales públicos más conocidos del mundo en lengua inglesa. En referencia al epíteto de “bulldog de Darwin” que se le daba a Thomas Huxley, la defensa apasionada de Dawkins de la evolución le ha ganado el apelativo de “rottweiler de Darwin”.

    Vida personal

    Dawkins nació el 26 de marzo de 1941, y recibió el nombre de Clinton Richard Dawkins.[1] en Nairobi, Kenia, donde su padre, Clinton John Dawkins, era granjero y anteriormente soldado en tiempo de guerra, llamado del servicio colonial en Nyasaland (ahora Malawi).[2] Los padres de Dawkins eran de una rica clase media alta. Su padre era descendiente de la familia Clinton, que ostentaba el Condado de Lincoln, y su madre era Jean Mary Vyvyan Dawkins (de soltera Ladner). Ambos estaban interesados en las ciencias naturales y contestaban a las preguntas del joven Dawkins en términos más científicos que anecdóticos o sobrenaturales.[3]

    Dawkins describe su infancia como “una educación anglicana normal”,[4] pero revela que empezó a dudar de la existencia de Dios cuando tenía unos nueve años. Más tarde se reconvirtió persuadido por el argumento del diseño, aunque empezó a pensar que los usos y costumbres de la Iglesia de Inglaterra eran “absurdos”, y tenían que ver más con dictar moral que con Dios. Cuando, a los dieciséis años, entendió mejor lo que era la evolución, cambió de nuevo su posición religiosa porque pensaba que la evolución podía dar cuenta de la complejidad de la vida en términos puramente materiales, y por tanto no era necesario un diseñador.[4]

    Se casó con Marian Stamp en 1967 pero se divorciaron en 1984. Más tarde, ese mismo año, Dawkins se casó con Eve Barham –con quien tuvo una hija, Juliet– pero posteriormente se divorciaron también. En 1992 se casó con la actriz Lalla Ward.[5] Dawkins la conoció a través de un amigo mutuo, Douglas Adams, que trabajaba con Ward en la serie de ciencia ficción de la BBC Doctor Who. Ward ha ilustrado varios libros de Dawkins.

    Carrera

    Dawkins se trasladó a Inglaterra con sus padres cuando tenía ocho años y asistió al colegio Oundle. Luego estudió zoología en el Balliol College, Oxford, donde fue alumno del etólogo ganador de un Premio Nobel Nikolaas Tinbergen. Obtuvo el Bachelor of Arts de segunda clase en zoología en 1962, seguido de un Master of Arts y Doctor en Filosofía en 1966.[1]

    Entre 1967 y 1969, Dawkins fue profesor adjunto de zoología en la Universidad de California, Berkeley. En 1970 fue designado conferenciante y en 1990 reader de zoología en la Universidad de Oxford. En 1995 pasó a ejercer la cátedra Charles Simonyi de Difusión de la Ciencia, un puesto dotado por Charles Simonyi con la intención expresa de que Dawkins fuera su primer ocupante.[6] Ha sido miembro del New College, Oxford desde 1970.[7] Ha ofrecido varias conferencias inaugurales, incluyendo la Henry Sidgwick Memorial Lecture (1989), la primera Erasmus Darwin Memorial Lecture (1990), la Michael Faraday Lecture (1991) (editada recientemente en DVD con el nombre de “Growing Up In The Universe”), la T.H. Huxley Memorial Lecture (1992), la Irvine Memorial Lecture (1997), la Sheldon Doyle Lecture (1999), la Tinbergen Lecture (2000) y la Tanner Lecture (2003).[1]

    Dawkins ha sido editor de cuatro revistas científicas, y fundó Episteme Journal en 2002. También ha actuado como consejero editorial en nueve publicaciones, incluyendo la Enciclopedia Encarta y la Encyclopedia of Evolution. Escribe una columna para la revista Free Inquiry del Council for Secular Humanism y figura como senior editor. También ha sido presidente de la sección de ciencias biológicas de la British Association for the Advancement of Science, y figura como consejero de varias organizaciones más. Formó parte de varios jurados de premios tan diversos como el Premio Faraday de la Royal Society y el British Academy Television Awards. En 2004 el Balliol College de Oxford creó el Dawkins Prize, concedido a la “investigación destacada en la ecología y el comportamiento de los animales cuyo bienestar y supervivencia pueden estar en peligro por las actividades humanas”.[8]

    En 2005, la revista Discover se refirió a Dawkins como el “rottweiler de Darwin”,[9] una descripción que más tarde adoptaron Radio Times[10] y Channel 4, en referencia al epíteto “bulldog de Darwin” dado al defensor de Darwin del siglo XIX Thomas Henry Huxley. También sugiere una comparación con el papa Benedicto XVI que, siendo el Cardenal Ratzinger, era conocido como “el rottweiler de Dios”.

    En 2006, Dawkins fue invitado a participar en una charla de TED (Conference) Esta conferencia reúne a destacadas personalidades de la comunidad global, provenientes de actividades diversas.

    Obra

    Biología evolutiva

    Dawkins es más conocido quizás por la popularización de la visión de la evolución centrada en los genes –una visión claramente proclamada en sus libros El gen egoísta (1976), donde afirma que “toda la vida evoluciona por la supervivencia diferencial de los entes replicadores“, y El fenotipo extendido (1982), donde describe la selección natural como “el proceso por el que los replicadores se propagan a expensas de otros“. Como etólogo interesado en el comportamiento animal y su relación con la selección natural, defiende la idea de que el gen es la principal unidad de selección de la evolución.

    En sus libros, Dawkins usa la imagen del cubo de Necker para explicar que la visión genocéntrica no es una revolución científica, sino simplemente una nueva forma de visualizar la evolución. El cubo de Necker, una línea bidimensional que representa un cubo, es interpretada por el cerebro como una de las dos posibles formas tridimensionales. Dawkins argumenta que la visión genocéntrica es un modelo útil de la evolución para algunos propósitos, pero que la evolución sigue pudiéndose entender y estudiar en términos de individuos y poblaciones.

    La visión genocéntrica también proporciona una base para comprender el altruismo. El altruismo parece en primera instancia una paradoja, ya que ayudar a otros consume recursos preciosos –posiblemente la propia salud y la propia vida–, reduciendo así la propia aptitud. Anteriormente, esto fue intepretado por muchos como un aspecto de la selección de grupo, esto es, los individuos hacían lo mejor para la supervivencia de la población o la especie. Pero William Donald Hamilton utilizó la visión gen-centrista para explicar el altruismo en términos de la aptitud inclusiva y la selección de parentesco, esto es, los individuos se comportan altruistamente hacia sus parientes cercanos, que comparten muchos de sus genes.[11] (El trabajo de Hamilton aparece frecuentemente en los libros de Dawkins, y ambos se hicieron amigos en Oxford; tras su muerte en 2000, Dawkins escribió su obituario y organizó un oficio conmemorativo secular.[12] ) De manera similar, Robert Trivers, pensando en términos de un modelo gen-centrista, desarrolló la teoría del altruismo recíproco, por el que un organismo proporciona un beneficio a otro con la expectativa de una futura reciprocidad.[13]

    Los críticos de la visión de Dawkins sugieren que tomar el gen como la unidad de la selección es erróneo, pero que el gen podría describirse como la unidad de la evolución. El razonamiento es que en un suceso de selección, un individuo bien fracasa o bien tiene éxito a la hora de sobrevivir y reproducirse, pero a lo largo del tiempo son las proporciones de los alelos las que cambian.[14] En El gen egoísta, sin embargo, Dawkins explica que está usando la definición de gen de George C. Williams como “aquello que se separa y recombina con frecuencia apreciable“.[15] De manera similar, frecuentemente se argumenta que los genes no pueden sobrevivir solos, sino que deben cooperar para construir un individuo,[16] pero en El fenotipo extendido, Dawkins argumenta que a causa de la recombinación genética y la reproducción sexual, desde el punto de vista de un gen individual, todos los demás genes son parte del entorno al que este está adaptado. La recombinación es un proceso que ocurre durante la meiosis, en el que pares de cromosomas se cruzan para intercambiar segmentos de ADN. Estas secciones son los “genes” a los que se refieren Dawkins y Williams. Otros críticos de la visión de la herencia “centrada en los genes” señalan a la herencia epigenética como un mencanismo importante de la evolución.[17] [18]

    En la controversia sobre las interpretaciones de la evolución (las famosas Guerras de Darwin), una facción se alinea a menudo con Dawkins y la rival lo hace con Stephen Jay Gould. Esto refleja la eminencia de ambos como difusores de puntos de vista enfrentados, más que porque alguno de ellos sea el paladín más sustancial y extremo de estas posiciones. En particular, Dawkins y Gould han sido destacados comentaristas de la controversia sobre la sociobiología y la psicología evolutiva, en la que Dawkins generalmente ha sido aprobatorio y Gould crítico.[19] Un ejemplo típico de la posición de Dawkins es su cáustica crítica (1985) de No en nuestros genes, de Rose, Kamin y Lewontin.[20] Dos pensadores considerados del mismo lado de Dawkins son el psicólogo evolutivo Steven Pinker y el filósofo Daniel Dennett, que han promovido la visión genocéntrica de la evolución y defendido el reduccionismo en la biología.[21]

    Memética

    Dawkins acuñó el término meme (análogo al de gen) para describir cómo se podrían extender los principios de Darwin para explicar la difusión de ideas y fenómenos culturales, lo que engendró la teoría de la memética. Aunque lanzó la idea original en El gen egoísta, Dawkins ha dejado que otros autores, como Susan Blackmore, la expandan.[22] La memética, la selección de genes y la sociobiología han sido criticadas por ser demasiado reduccionistas por pensadores tales como la filósofa Mary Midgley, con quien Dawkins ha debatido desde finales de los 70.[23] En un artículo de la revista Philosophy, Midgley afirmó que debatir con Dawkins sería tan innecesario como “romper una mariposa con una rueda” (aforismo equivalente al español “matar una mosca a cañonazos”).[24] Dawkins replicó que esa afirmación sería “difícil de encajar en una revista respetable por su prepotente condescendencia hacia un colega académico”.[25]

    Aunque Dawkins acuñó el término independientemente, nunca ha afirmado que la idea de meme fuera nueva –ha habido términos similares para ideas similares en el pasado. John Laurent, en The Journal of Memetics, ha sugerido que el propio término “meme” puede ser derivado del trabajo del poco conocido biólogo alemán Richard Semon. En 1904, Semon publicó Die Mneme (que fue publicado en inglés como The Mneme en 1924). Su libro trataba de la transmisión cultural de las experiencias, algo que parece paralelo a las ideas de Dawkins. Laurent también encontró el uso del término “mneme” en The Soul of the White Ant (1927), de Maurice Maeterlinck, y resaltó las similitudes con el concepto de Dawkins.

    Creacionismo

    Dawkins es un conocido crítico del creacionismo, al que describe como una “falsedad ridícula y estupidizadora”.[26] Su libro El relojero ciego es una crítica al argumento del diseño, y sus otros libros de divulgación científica suelen tocar el tema. A recomendación de su fallecido colega Stephen Jay Gould, Dawkins rechaza participar en debates con creacionistas, porque eso les daría el “oxígeno de la respetabilidad” que pretenden. Argumenta que a los creacionistas “no les importa ser vencidos con un argumento. Lo que les importa es que les damos reconocimiento al molestarnos en argumentar con ellos en público”.[27] Sin embargo, Dawkins tomó parte en el Huxley Memorial Debate de la Oxford Union en 1986, en el que junto a John Maynard Smith venció a sus adversarios creacionistas por 198 votos a 115.[28]

    En una entrevista con Bill Moyers en diciembre de 2004, Dawkins afirmó que “entre todas las cosas que conoce la ciencia, la evolución es tan cierta como cualquier cosa que sepamos”. Cuando Moyers le preguntó después “¿Es la evolución una teoría, no un hecho?”, Dawkins contestó: “La evolución se ha observado. Es sólo que no se ha observado mientras estaba ocurriendo”.[29]

    Religión

    Dawkins es un ferviente y abierto ateo, Miembro Honorario de la National Secular Society,[30] vicepresidente de la British Humanist Association y Partidario Distinguido de la Sociedad Humanista de Escocia. En su ensayo “Los virus de la mente“, sugirió que la teoría memética podría analizar y explicar el fenómeno de la creencia religiosa y algunas características comunes de las religiones organizadas, como la creencia en que a los impíos les espera un castigo. En 2003, la Atheist Alliance instituyó el Richard Dawkins Award en su honor. Dawkins es conocido por su desprecio hacia el extremismo religioso, desde el terrorismo islamista al fundamentalismo cristiano, pero también ha discutido con creyentes liberales y científicos religiosos,[4] incluyendo muchos que de otra manera se habrían acercado a él en su lucha contra el creacionismo, como el biólogo Kenneth Miller[9] , y el Obispo de Oxford. Richard Harries,[31]

    Dawkins sigue siendo una figura prominente en el debate público contemporáneo sobre temas relacionados con la ciencia y la religión. Considera a la educación y la concienciación como herramientas primarias para oponerse al dogma religioso. Estas herramientas incluyen la lucha contra ciertos estereotipos, y también ha adoptado el término positivo “bright” como una manera de aportar connotaciones positivas a los partidarios de una visión del mundo naturalista.[32] Dawkins hace notar que las feministas han tenido éxito al hacernos sentir vergüenza cuando empleamos rutinariamente la palabra “él” en lugar de “ella”; de manera similar, sugiere, una frase como “niño católico” o “niño musulmán” debería verse como algo tan impropio como, por ejemplo, “niño marxista”. Poco después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, cuando le preguntaron en qué podría haber cambiado el mundo, Dawkins respondió:

    Muchos de nosotros veíamos a la religión como una tontería inofensiva. Puede que las creencias carezcan de toda evidencia pero, pensábamos, si la gente necesitaba un consuelo en el que apoyarse, ¿dónde está el daño? El 11 de septiembre lo cambió todo. La fe revelada no es una tontería inofensiva, puede ser una tontería letalmente peligrosa. Peligrosa porque le da a la gente una confianza firme en su propia rectitud. Peligrosa porque les da el falso coraje de matarse a sí mismos, lo que automáticamente elimina las barreras normales para matar a otros. Peligrosa porque les inculca enemistad a otras personas etiquetadas únicamente por una diferencia en tradiciones heredadas. Y peligrosa porque todos hemos adquirido un extraño respeto que protege con exclusividad a la religión de la crítica normal. ¡Dejemos ya de ser tan condenadamente respetuosos![33]

    En enero de 2006, Dawkins presentó un documental de dos capítulos en Channel 4 titulado The Root of All Evil? (¿La raíz de todo el mal?), abordando lo que él ve como la influencia maligna de la religión organizada en la sociedad. Los críticos alegaron que el programa dedicaba demasiado tiempo a figuras marginales y extremistas, y que el estilo de confrontación de Dawkins no ayuda a su causa.[34] [35] Dawkins, sin embargo, rechazó estas afirmaciones, replicando que el número de retransmisiones religiosas moderadas en los medios diarios suponían un equilibrio adecuado para los extremistas.[36] Sugirió, además, que alguien considerado “extremista” en un país religiosamente moderado bien podría ser considerado “convencional” en uno religiosamente conservador.[37] Richard Dawkins también ha comenzado la Out Campaign.

    Dawkins se ha opuesto con firmeza a la enseñanza del diseño inteligente en las clases de ciencia. Ha descrito al diseño inteligente como “no un argumento científico en absoluto, sino religioso”[38] y es un duro crítico de la organización pro-creacionismo Truth in Science. Dawkins ha declarado que la publicación de su libro de septiembre de 2006, El espejismo de Dios, es “probablemente la culminación” de su campaña contra la religión.[39] Dawkins fue un ponente especial en la conferencia de noviembre de 2006 Beyond Belief: Science, Religion, Reason and Survival.

    Richard Dawkins en una conferencia en Reykjav�k, Islandia, 24 de junio de 2006, fotograf�a de Matthias Asgeirsson.

    Richard Dawkins en una conferencia en Reykjavík, Islandia, 24 de junio de 2006, fotografía de Matthias Asgeirsson.

    El teólogo de Oxford y doctor en biofísica Alister McGrath, promotor de la «teología científica» y autor de Dawkins’ God: Genes, Memes, and the Meaning of Life (El Dios de Dawkins: genes, memes y el sentido de la vida) y The Dawkins Delusion?, ha acusado a Dawkins de ser un ignorante acerca de la teología cristiana,[40] y de caracterizar falsamente a la gente religiosa en general. McGrath afirma que Dawkins se ha hecho famoso más por su retórica que por sus razonamientos, y que no existe una base clara para la hostilidad de Dawkins hacia la religión.[41] En respuesta, Dawkins afirma que su posición es que la teología cristiana es vacua, y que la única área de la teología que podría llamar su atención sería la afirmación de poder demostrar la existencia de Dios. Dawkins critica a McGrath por no aportar ningún argumento para apoyar sus creencias, aparte del hecho de que no se pueden falsar. Dawkins tuvo un extenso debate con McGrath en el Festival Literario de 2007 del Sunday Times (podcast). Otro filósofo cristiano, Keith Ward, explora temas similares en su libro Is Religion Dangerous?, argumentando en contra de la opinión de Dawkins y otros de que la religión es socialmente peligrosa. También se han realizado críticas a El espejismo de Dios por parte de filósofos profesionales como el profesor John Cottingham, de la Universidad de Reading.[42] Otros, como Margaret Somerville,[43] han sugerido que Dawkins “exagera su caso contra la religión“,[44] y afirma que los conflictos globales continuarían sin religión por factores como la presión económica o la disputa de tierras. Sin embargo, los defensores de Dawkins afirman que los críticos no entienden el argumento de Dawkins. Durante un debatie en Radio 3 Hong Kong, David Nicholls, presidente de la Atheist Foundation of Australia, afirmó que Dawkins no dice que la religión es la fuente de todo el mal del mundo. Es, en cambio, una “parte innecesaria de lo malo”.[45] El propio Dawkins ha dicho que sus objeciones a la religión no son sólo que causa guerras y violencia, sino también le da a la gente una excusa para mantener creencias que no están basadas en la evidencia.[46] Además, ha afirmado que aunque la religión no sea la causa principal de muchas guerras, los asesinatos y los ataques terroristas, “es la principal etiqueta, y la más peligrosa, por la que puede identificarse un ‘ellos’, en oposición a un ‘nosotros’. Ni siquiera estoy afirmando que la religión sea la única etiqueta por la que identificamos a las víctimas de nuestro prejuicio. También están el color de la piel, el lenguaje, y la clase social. Pero, a menudo, como en Irlanda del Norte, éstas no se aplican, y la religión es la única etiqueta divisoria que hay”.[47]

    Dawkins piensa que “la existencia de Dios es una hipótesis científica como cualquier otra“.[48] No está de acuerdo con la idea de Stephen Jay Gould de los “magisterios no superpuestos” (NOMA) y con ideas similares propuestas por Martin Rees relativas a la coexistencia sin conflictos entre la ciencia y la religión, calificando a la primera de “positivamente supina” y “un ardid puramente político para ganarse a la gente religiosa [...] al bando de la ciencia”.[49] Con respecto a la afirmación de Rees en Our Cosmic Habitat de que “tales cuestiones están fuera del alcance de la ciencia, sin embargo: están en el dominio de los filósofos y los teólogos”, Dawkins replica que “¿qué capacidad pueden ofrecer los teólogos a las cuestiones cosmológicas profundas que no pueda la ciencia?”.[50] [51] Rees ha sugerido que el ataque de Dawkins incluso a la religión convencional no es de ayuda,[52] y Robert Winston ha dicho que Dawkins “trae el oprobio sobre la ciencia[53]

    Los críticos a Dawkins, también científicos y filósofos no creyentes, le reprochan sobre todo que alguien que quiere atacar a la teología debería hacer el esfuerzo de saber algo de ella, pero no es el caso.[54]

    H. Allen Orr, biólogo evolucionista, afirma que, si hay que condenar los pecados cometidos en nombre de la religión, el ateísmo debe ser juzgado con los mismos estándares. “Dawkins tiene difícil explicar un doble hecho: que el siglo XX fue un experimento de secularismo, y que el resultado fue un mal secular, un mal mucho más espectacular y violento que cualquiera anterior”.[55] Ante este tipo de argumentos, Dawkins ha contestado primero que Hitler nunca abandonó su catolicismo romano[47] [56] y que Stalin, aunque era ateo, no cometió sus atrocidades en nombre del ateísmo, de la misma manera que “Hitler y Stalin tenían bigote, pero no decimos que fueron sus bigotes los que les hicieron malvados”.[56]

    De los “buenos científicos que son religiosos sinceramente”, Dawkins nombra a Arthur Peacocke, Russell Stannard, John Polkinghorne, y Francis Collins, pero dice que “sigo desconcertado [...] por su creencia en los detalles de la religión cristiana“.[57]

    Otras áreas

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    Richard Dawkins hablando en la librería Kepler’s Books, Menlo Park, California, 29 de octubre de 2006.

    En su papel de profesor de difusión de la ciencia, Dawkins ha sido un duro crítico de la pseudociencia y la medicina alternativa. Su popular libro Destejiendo el arco iris aborda la afirmación de John Keats –que al explicar el arcoiris, Isaac Newton había reducido su belleza– y le da la vuelta. El espacio profundo, los miles de millones de años de evolución de la vida y los trabajos microscópicos de la biología y le herencia, asegura Dawkins, contienen más belleza y maravilla que los mitos y la pseudociencia.[58] Dawkins escribió el prefacio del libro póstumo de John Diamond, Snake Oil, un libro dedicado a desenmascarar a la medicina alternativa, en el que afirmaba que la medicina alternativa es dañina, aunque sólo sea porque distrae a los pacientes de los tratamientos convencionales más exitosos, y porque le da a la gente falsas esperanzas.[59] Dawkins afirma que “No hay medicina alternativa. Sólo hay medicina que funciona y medicina que no funciona.”[60]

    Dawkins ha expresado una preocupación maltusiana sobre el crecimiento exponencial de la población humana y el problema de la superpoblación.[61] En El gen egoísta Dawkins introdujo brevemente el concepto de crecimiento exponencial de la población, con el ejemplo de América latina que, en el momento en que escribió el libro, tenía una población que se doblaba cada cuarenta años. Las soluciones propuestas por Dawkins pueden describirse típicamente como humanistas, y se muestra crítico con las actitudes católicas con respecto a la planificación familiar y el control de población, afirmando que los líderes que prohíben la anticoncepción y “expresan una preferencia por los métodos ‘naturales’ de limitación de la población” acabarán propiciando un método de limitación demográfica igualmente natural: las hambrunas que seguirían a la superpoblación.[62]

    Como defensor del Proyecto Gran Simio –un movimiento para extender los derechos humanos a todos los grandes simios–, Dawkins contribuyó con un artículo al libro Great Ape Project titulado Gaps In The Mind, en el que critica a las actitudes morales de la sociedad contemporánea por basarse en una “imperativa discontinua y especista”.[63]

    Dawkins también comenta regularmente en periódicos y weblogs sobre asuntos políticos contemporáneos; las opiniones que ha expresado incluyen una oposición a la invasión de Irak de 2003,[64] al programa británico de misiles submarinos nucleares Trident,[65] y al presidente de EEUU George W. Bush.[66] Varios de estos artículos están incluidos en El capellán del diablo, una antología de artículos sobre ciencia, religión y política.

    Premios y reconocimientos

    Dawkins posee doctorados honorarios en ciencia por la Universidad de Westminster, la Universidad de Durham[67] y la Universidad de Hull, y es doctor honorario de la Open University.[1] También posee doctorados honorarios en letras por la Universidad de St Andrews y la Australian National University, y fue elegido Miembro de la Royal Society of Literature en 1997 y de la Royal Society en 2001.[1] Es vicepresidente de la Asociación Humanista Británica y presidente de honor de la Sociedad Filosófica Universitaria del Trinity College.

    Entre otros premios también ha ganado el Royal Society Literature Award (1987), el Literary Prize de Los Angeles Times (1987), la Medalla de Plata de la Sociedad Zoológica de Londres (1989), el Premio Michael Faraday (1990), el Premio Nakayama (1994), el Premio Humanista del Año (1996), el quinto Premio International Cosmos (1997), el Premio Kistler (2001), la Medalla de la Presidencia de la República Italiana (2001) y la Medalla Kelvin Bicentenaria (2002).[1] En 2005, la organización Alfred Toepfer Stiftung de Hamburgo le concedió el Premio Shakespeare en reconocimiento a su “presentación concisa y accesible del conocimiento científico”.[68] Dawkins fue Autor del Año de 2007 en los British Book Awards.[69]

    Dawkins encabezó la lista de 2004 de los 100 mejores intelectuales británicos de la revista Prospect, por decisión de los lectores, recibiendo el doble de votos que el siguiente clasificado.[70] En 1995, Dawkins fue invitado al Desert Island Discs, un programa de música de BBC Radio 4[1]

    La Alianza Atea Internacional otorga desde el 2003 el Premio Richard Dawkins, en honor a la labor de Richard Dawkins.

    Además, fue elegido por la revista Time como una de las 100 personas más influyentes del mundo en 2007.

    Libros

    Notas y referencias

    1. a b c d e f g Richard Dawkins, 2006. Curriculum Vitae. (PDF).
    2. John Catalano, 1995. Biografía de Richard Dawkins. World of Dawkins.
    3. BBC News Online, 2001-10-12. “Richard Dawkins: The foibles of faith.”
    4. a b c Jonathan Miller, Richard Dawkins & Richard Denton (director), 2003. The Atheism Tapes: Richard Dawkins. BBC Four television. Transcripción no oficial.
    5. Robin McKie, 2004. “Doctor Zoo.” The Guardian.
    6. Aims of the Simonyi Professorship (2004-09-10). Consultado el 2006-12-01.
    7. Simonyi Professorship, 2006. Prof. Richard Dawkins.
    8. Balliol College News. The Dawkins Prize.
    9. a b Stephen S. Hall, 2005. “Darwin’s Rottweiler.” Revista Discover.
    10. Radio Times, 2006-01-02. p. 27.
    11. W.D. Hamilton, 1964. “The genetical evolution of social behaviour I and II.” Journal of Theoretical Biology 7: 1-16 y 17-52.
    12. Richard Dawkins, 2000. “de Dawkins: Bill Hamilton.” The Independent, 2000-03-10.
    13. Robert Trivers, 1971. “The evolution of reciprocal altruism.” Quarterly Review of Biology. 46: 35-57.
    14. Gabriel Dover, 2000. Querido señor Darwin. Siglo XXI, ISBN 968-23-2413-0.
    15. George C. Williams, 1966. Adaptation and Natural Selection. Princeton University Press, ISBN 0-691-02615-7.
    16. Ernst Mayr, 2000. What Evolution Is. Basic Books, ISBN 0-465-04426-3.
    17. Robert Winston Greatest Minds lecture en la Universidad de Dundee
    18. Robert Winston interview en The Guardian, 25 de abril de 2007 – hay que tener en cuenta que, sin embargo, este breve comentario de The Guardian no se refiere a los comentarios sobre epigenética que se dieron en la conferencia de Winston
    19. Henry Morris, 2001. The Evolutionists. Henry Holt & Company, ISBN 0-7167-4094-X.
    20. Richard Dawkins, 1985. “Sociobiología: el debate continúa.” New Scientist, 1985-01-24.
    21. Daniel Dennett, 1995. La peligrosa idea de Darwin. Galaxia Gutenberg, ISBN 84-226-8036-X.
    22. Susan Blackmore, 1999. La máquina de los memes. Paidos Ibérica S.A., ISBN 84-493-0967-0.
    23. Mary Midgley, 2000. Science and Poetry. Routledge.
    24. Mary Midgley, 1979. “Gene Juggling.” Philosophy 54, no. 210, pp. 439-458.
    25. Ophelia Benson, 2003. “About Butterflies and Wheels.” ButterfliesAndWheels.com.
    26. Richard Dawkins, 2002. “A Scientist’s View.” The Guardian.
    27. Richard Dawkins, 2003. A Devil’s Chaplain. Weidenfeld & Nicolson, p. 256.
    28. John Durant, n.d. “Una perspectiva histórico-crítica de los argumentos sobre evolución y creación.” De Evolution and Creation: A European perspective, Svend Anderson & Arthur Peacocke Eds. Aarhus, DK: Aarhus Univ. Press. pp. 12-26.
    29. Bill Moyers et al, 2004. “Now with Bill Moyers.” PBS.
    30. Our Honorary Associates. National Secular Society (2005). Consultado el April 21de 2007.
    31. Richard Dawkins, 2006. The Root of All Evil? y con filósofos ateos, como Michael Ruse, que consideran contraproducente, por radical, su manera de batallar.
    32. Richard Dawkins, 2003. “The Future Looks Bright.” The Guardian.
    33. The Guardian, 2001-10-11 “Has the world changed?.” The Guardian.
    34. Howard Jacobson, 2006. “Nothing like an unimaginative scientist to get non-believers running back to God.” The Independent.
    35. Ron Ferguson, 2006. “What a lazy way to argue against God.” The Herald.
    36. Richard Dawkins, 2006. “Diary.” New Statesman.
    37. Richard Dawkins, 2006. “Diary.” New Statesman. Retrieved March 25, 2007.
    38. The Guardian, 2001-10-11 “One side can be wrong.” The Guardian. Accessed 2006-12-21.
    39. Heaven can wait Interview with Clive Cookson, FT Magazine Dec 16 2006. Retrieved March 25, 2007.
    40. McGrath, Alister (2004). Dawkins’ God: Genes, Memes, and the Meaning of Life. Oxford, England: Blackwell, 81.
    41. Marianna Krejci-Papa, 2005. “Taking On Dawkins’ God:An interview with Alister McGrath.” Science & Theology News, 2005-04-25.
    42. Flawed case for the prosecution“, ‘The God Delusion’ reviewed in ‘The Tablet’, 2006-10-19.
    43. Aiming for knockout blow in god wars. The Sydney Morning Herald (2007-05-24). Consultado el 2007-05-27.
    44. Easterbrook, Gregg. Does God Believe in Richard Dawkins?. Beliefnet. Consultado el 2007-05-26.
    45. http://www.rthk.org.hk/rthk/radio3/backchat/20070404.html
    46. http://www.scpr.org/programs/pattmorrison/index.shtml
    47. a b Richard Dawkins, 2001, “Es hora de levantarse“.
    48. Richard Dawkins, 2006. The God Delusion. p. 50.
    49. David Van Biema. “God vs. Science.” Time. Nov. 13, 2006
    50. Richard Dawkins “Cuando la religión pisa el césped de la cienciaFree Inquiry magazine, Volumen 18, número 2. Accedida el 1 de julio de 2007.
    51. Richard Dawkins, 2006. The God Delusion. pp. 55-56.
    52. Artículo en The Guardian sobre Martin Rees discutiendo con Dawkins en el Hay on Wye Festival el 29 de mayo de 2007
    53. Royal Society Noticia de Science in the News citando una [[noticia de The Independent, agosto de 2006. Este breve artículo sugiere que la razón era “por su poca disposición por abracar la espiritualidad”, pero en una discusión con Dawkins en el Today programme, Winston afirmó que era un enfoque condescendiente. Entrevista aquí (transcripción sin corregir aquí)
    54. Peter Steinfels, 2007. “Books on atheism garner criticism from unlikely places.” International Herald Tribune, 2007-03-06.
    55. H. Allen Orr, 2007. “A Mission to Convert.” The New York Review of Books.
    56. a b Entrevista de Bill O’Reilly a Richard Dawkins en The O’Reilly Factor
    57. Richard Dawkins, 2006. The God Delusion. p. 99.
    58. Richard Dawkins, 1998. Unweaving The Rainbow. Penguin.
    59. John Diamond, Richard Dawkins (foreword) & Dominic Lawson (ed), 2001. Snake Oil and Other Preoccupations. Vintage.
    60. Richard Dawkins, 2003. A Devil’s Chaplain. Weidenfeld & Nicolson.
    61. David A. Coutts, 2001. “Dawkins: An exponentialist view.”
    62. Richard Dawkins, 1989. The Selfish Gene, 2nd ed. Oxford University Press.
    63. Richard Dawkins, 1993. “Gaps In The Mind.” En The Great Ape Project, Paola Cavalieri & Peter Singer eds. London: Fourth Estate.
    64. Richard Dawkins, 2003. “Bin Laden’s victory”, The Guardian, 2003-03-22. Retrieved March 25, 2007.
    65. Richard Dawkins, 2007. “Trident is a dilemma with several prongs”, The Times, 2007-03-12. Retrieved 2007-03-25.
    66. Richard Dawkins, 2003. “While we have your attention, Mr President…”, The Guardian 2003-11-18. Retrieved 05 April 2007.
    67. Durham News & Events Service, 2006. “Durham salutes science, Shakespeare and social inclusion.”
    68. British Embassy in Berlin, 2005. “Premio Shakespeare para Richard Dawkins.”
    69. Galaxy British Book Awards – WINNERS & SHORTLISTS 2007. Publishing News (2007). Consultado el April 21de 2007.
    70. David Herman, 2004. “Public Intellectuals Poll.” Prospect magazine.

    Enlaces externos

    Wikiquote

    Documentales

    Ensayos

    Sobre evolución

    Sobre religión

    Sobre ciencia y sociedad

    Entrevistas a Richard Dawkins

    Algunas críticas a Dawkins

    MUJER Y TRABAJADORA

    Archivado en: 1 — pauloarieu @ 8:45 pm
    MUJER Y TRABAJADORA
    BELÉN CARREÑO – MADRID – Fuente: publico.es

    A la postre, la mujer trabajadora tiene dos empleos: el hogar y el puesto de trabajo. Quizá por eso ha terminado por tener dos días al año en el que se reivindican sus derechos. La búsqueda de la igualdad es una de las consignas de la marcha de hoy y también lo fue el 8 de marzo, día de la Mujer Trabajadora. Por ahora, el doblete hace poca mella en algunas esferas sociales, como en los consejos de administración de las empresas.

    La igualdad en el puesto de trabajo debe pasar por muchos filtros. El primero, el de la selección de personal. “Cuando el año pasado me puse a buscar trabajo al mismo tiempo que mi novio fue la primera vez que me di cuenta de que existía la discriminación”, comenta una joven arquitecta. “Nuestros currículos eran iguales, incluso el mío un poco más brillante en las notas. Yo recibí diez llamadas, él quince”, recuerda.

    La tasa de paro femenina se ha reducido en dos puntos en los últimos tres años (en el primer trimestre de 2008 fue del 11,99%) pero sigue estando a cuatro puntos de la masculina. Bien es cierto que la tasa de actividad (que mide el porcentaje de personas del total de población que quieren trabajar) se ha incrementado a mejor ritmo, más de cuatro puntos en los últimos tres años. En definitiva, el deseo de la mujer por incorporarse al mundo laboral ha crecido más rápido que las ganas del patrón en contratarla. En cualquier caso, la tasa de actividad femenina es 20 puntos inferior a la masculina.

    La educación, uno de los principales aspectos a tener en cuenta en un currículo para ser seleccionado, es una asignatura superada con nota por las españolas. Según el INE, las mujeres representaron la mitad del alumnado matriculado en las universidades y obtuvieron el 60% de los aprobados en selectividad.

    Sin embargo, la condición femenina altera la valoración de una educación reglada. Según los datos de la Confederación Sindical Internacional (CSI) en España, la brecha salarial entre hombres y mujeres alcanzó el 21,8% en 2007. Esta cifra se dispara conforme más avanzados son los estudios de la mujer trabajadora llegando a una diferencia salarial del 26% con los estudios más elevados.

    De igual forma, si en un entorno laboral predominan las mujeres, la brecha se amplía. El CSI explica lo que parece una contradicción por la naturaleza de estos trabajos donde abunda la mano de obra femenina. Se trata de servicios de limpieza, educación o sanidad, donde el hombre es el directivo del equipo. Total: una brecha salarial del 26%.

    En este sentido, es en el sector de la sanidad y en el de las actividades del hogar donde más se amplía la diferencia en la retribución, de media un 30%. Le siguen el comercio minorista y la Administración Pública, con una brecha del 23%.

    Superada la barrera de la inserción laboral y asumida la diferencia salarial, a la mujer le queda enfrentarse aún a la maternidad. El Ministerio de Trabajo difundió ayer mismo las estadísticas de excedencias por cuidado de familiares. Las mujeres solicitaron el 94% de las 40.000 excedencias concedidas en 2007. En muchos casos, si no se quiere optar por este frenazo laboral, las mujeres pueden sufrir presiones para no acudir a la jornada reducida o incluso sufrir mobbing cuando se suceden varios embarazos.

    Con todo, y sin conformismos, España es uno de los países que más ha avanzado en la consecución de la igualdad entre hombres y mujeres. Y no lo dice el Gobierno, sino el último informe del World Economic Forum.

    Según este organismo, España está en el top ten de países más igualitarios, precedido por los nórdicos, Nueva Zelanda y Filipinas. Además, en participación política, y antes de la formación del último Gabinete, España constaba ya como el quinto país del mundo más igualitario.

    Junto con Bélgica, Costa Rica o Irlanda, España es uno de los países que ha conseguido reducir en un 10% la brecha entre hombres y mujeres desde el año 2000. Parece difícil de creer, cuando en las 14 vicepresidencias de la patronal sólo se sienta una mujer o si se piensa que sólo un 5% de los consejeros del Ibex 35 es mujer.

    Fuente:

    http://www.lupaprotestante.com/index.php?option=com_content&task=view&id=1086&Itemid=1

    DECLARACIÓN DEL DIALOGO INTERRELIGIOSO POR LA SUPERACIÓN DE LA VIOLENCIA INTRAFAMILIAR

    Archivado en: 1 — pauloarieu @ 8:42 pm
    DECLARACIÓN DEL DIALOGO INTERRELIGIOSO POR LA SUPERACIÓN DE LA VIOLENCIA INTRAFAMILIAR

    Entre el 28 y el 30 de abril del 2008, representantes de diferentes denominaciones religiosas y organizaciones procedentes de dieciséis (16) países de América Latina y el Caribe, con la participación de niños, niñas, adolescentes y jóvenes, nos reunimos en la ciudad de Bogotá, Colombia, para sostener un diálogo interreligioso por la superación de la violencia intrafamiliar, gracias a la convocatoria de la Red Global de Religiones a Favor de la Niñez – GNRC -, Consejo Episcopal Latinoamericano-CELAM, Visión Mundial y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia-UNICEF.

    Desde nuestra preocupación por el bienestar de la niñez y la familia en un contexto de diversidad religiosa y cultural, nuestra fe en la Presencia Divina, fuente y creadora de vida y después de hacer reflexiones, análisis, compartir experiencias, sistematizaciones y diálogos, reconocemos que:

    1. Los niños, niñas, adolescentes, jóvenes y mujeres constituyen las poblaciones más vulnerables a las diversas formas de violencia enraizadas en la pobreza, la exclusión, la inequidad y patrones culturales que se manifiestan en la dominación de género, el adultocentrismo, el abuso sexual, el castigo corporal, verbal y psicológico y otras formas de violencia como el abandono.
    2. Existe una dolorosa y extendida realidad de violencia estructural, cultural y directa que afecta a la sociedad, las familias y, en especial, a los niños, niñas, adolescentes, jóvenes y mujeres de América Latina.
    3. Con esperanza compartimos un sinnúmero de respuestas a la problemática de violencia intrafamiliar desde nuestras respectivas instituciones y en alianza con otras, concluimos que ante la magnitud del problema urge unificar esfuerzos tendientes a superarla.

    En respuesta a lo anterior y animados por nuestras respectivas creencias religiosas nos sentimos desafiados y desafiadas a:

    1. Compartir las conclusiones de este diálogo interreligioso en los respectivos espacios de relacionamiento en cada país.
    2. Impulsar alianzas y escenarios de diálogo y trabajo con organizaciones religiosas, civiles e institucionales y medios de comunicación en cada país.
    3. Motivar a nuestras instituciones a un trabajo conjunto a favor de la niñez y en contra de la violencia intrafamiliar.
    4. Coordinar mecanismos para la realización de espacios de formación, diálogo y acciones comunes interinstitucionales en contra de la violencia intrafamiliar, desde las perspectivas de la prevención y la educación ética.
    5. Crear mecanismos de interrelación entre países, organizaciones e instituciones que trabajan por la superación de la violencia intrafamiliar.
    6. Generar espacios de diálogo intergeneracional en el ámbito de nuestras comunidades, instituciones y organizaciones.
    7. Asumir la obligación ética de proteger la vida en toda su extensión.

    Consejo Episcopal Latinoamericano. CELAM.
    Visión Mundial.
    Red Global de Religiones a Favor de la Niñez. GNRC.
    UNICEF
    Los y las abajo firmantes participantes de las siguientes expresiones religiosas de:

    Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.
    Fundación Universitaria Bautista Cali-Colombia. Seminario.
    Defensa de los Niños Internacional. DNI. Colombia.
    Iglesia Menonita. Ciudad Berna. Bogotá.
    Iglesia Menonita de Colombia.
    Iglesia Bautista de Colombia.
    Universidad del Rosario.
    Fe Baha’i
    Iglesia Presbiteriana Comunión Reformada de América Latina.
    Iglesia Episcopal en Colombia Comunión Anglicana.
    FICOMPAZ.
    Viva América Latina. Red Viva.
    Universidad de Chile.
    Centro Integral de la Familia. ECUADOR.
    Consejo Latinoamericano de Iglesias. CLAI.
    Centro Bartolomé de las Casas. El  Salvador.
    Iglesia Reformada Calvinista.
    Instituto de Familia. República Dominicana.

    http://www.lupaprotestante.com/index.php?option=com_content&task=view&id=1087&Itemid=1

    Ciencia, guerra y paz: El manifiesto de Sevilla sobre la violencia

    Archivado en: 1 — pauloarieu @ 8:40 pm

    Ciencia, guerra y paz: El manifiesto de Sevilla sobre la violencia

    Luis N. Rivera-Pagán, Puerto Rico

    El manifiesto de Sevilla sobre la violencia

    Se me ha solicitado que inicie esta séptima Conferencia sobre Ciencia, Ambiente y Sociedad*, dedicada al crucial tema de “La Ciencia al Servicio de la Paz y los Derechos Humanos”, con unas breves observaciones acerca del Manifiesto de Sevilla sobre la Violencia, aprobado y suscrito el 16 de mayo de 1986 en la señorial capital andaluza por unos veinte científicos de prestigio internacional y adoptado como propio por la UNESCO el 16 de noviembre de 1989.

    El Manifiesto de Sevilla es un repudio firme de la tesis de que el ser humano está genética y biológicamente destinado a perpetuamente hacer la guerra. Constituye, además, una convocatoria a científicos y estudiosos de todas latitudes a colaborar en el diseño de una cultura de paz. El Manifiesto surge en un contexto complejo pero preciso, que es necesario resaltar. Se emite en 1986, año designado por las Naciones Unidas como Año Internacional de la Paz, en el que la ONU solicitó a estados, gobiernos y entidades civiles de todo tipo aportes teóricos y prácticos para evitar las guerras y favorecer las soluciones pacíficas a los conflictos que inevitablemente surgen entre las naciones.

    *Ponencia inicial de la Conferencia sobre Ciencia, Ambiente y Sociedad auspiciada por la Facultad de Estudios Generales de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras

    http://www.lupaprotestante.com/index.php?option=com_content&task=view&id=1084&Itemid=1

    TAMBIÉN los DEMENTES SABEN de AMOR

    Archivado en: 1 — pauloarieu @ 7:02 pm
    TAMBIÉN los DEMENTES SABEN de AMOR
    por Nieves García
    publicado por
    Solidaridad
    Vallejo Nájera, en su libro “Concierto para Instrumentos Desafinados”, nos cuenta el relato de Faustino, un esquizofrénico profundo en el hospital que dirigía:
    Faustino tenía, al igual que otros enfermos profundos, su “bolsa del tesoro”_ una bolsa que contenía todas sus pertenencias que él llevaba a todas partes. A diferencia de la bolsa del tesoro de otros enfermos, compuesta por toda clase de cachivaches, cartas, restos de comida, la bolsa de Faustino contenía exclusivamente un mango de paraguas y una foto con un marco. Nadie estaba seguro de donde había sacado ni uno ni otra, y cuando le preguntaban por la foto el contestaba lacónicamente “madre”. No estaba claro si el retrato realmente era una fotografía de su madre o era simplemente la foto que venía incorporada al marco, pero lo cierto es que Faustino la identificaba plenamente con su madre.
    La rutina de Faustino era todos los días la misma: se marchaba al jardín del hospital, se sentaba cerca de un árbol en el límite entre el sol y la sombra y extraía de su bolsa el retrato. Lo miraba pausadamente, con cariño, lo besaba y posteriormente lo depositaba con sumo cuidado de nuevo en la bolsa. A continuación, sacaba el manco de paraguas y lo contemplaba a la luz del sol. Le daba vueltas y lo observaba desde todas las direcciones posibles, embelesado. En cierto modo, Faustino era plenamente feliz pues estaba totalmente entregado a estos dos objetos y amaba con todo su ser lo que poseía, y no necesitaba nada mas.
    En esa época llegó al hospital un niño de 15 años, Luis, retrasado mental. Luis no dejaba de llorar desde que llegó. Una tarde, Faustino rompe su rutina y se acerca a él, se sienta a su lado. Tras unos momentos de vacilación, Faustino abre su bolsa del tesoro y le enseña su mango del paraguas y ambos se quedan contemplando sus destellos de ámbar a la luz del sol. Al final, Luis intenta coger el mango pero Faustino rápidamente lo esconde: todo tiene su límite
    Con el tiempo, llegan a convertirse en grandes amigos, quedándose todas las tardes a contemplar el manguito de paraguas a la luz del crepúsculo. Pasado un tiempo, sin embargo, Luis comienza a aburrirse y la relación se enfría. Entonces, un día, los parientes acuden al hospital a ver a Luis. Su madre ha muerto. Faustino se acerca lentamente y pregunta qué ocurre.”Ha perdido a su madre”, le contestan.
    El último párrafo de la historia merece ser reproducido literalmente tal como lo cuenta el propio Vallejo Nájera: “El esquizofrénico queda perplejo. Acaricia a Luis. Luego silencio. Al fin, un arranque aparentemente trivial, de los que pasan inadvertidos en la tierra, pero que retumban en las bóvedas del cielo como el tronar de mil cañones: Faustino regala a Luis el mango del paraguas. El niño lo acepta y sigue llorando. Entonces, Faustino, con un gesto dolorido como quien separa los bordes de una herida, abre lentamente, muy lentamente, la bolsa y le entrega el retrato de su madre”.
    ¿A dónde vamos con una anécdota tan detallada? Actualmente está en boga la afirmación de que todo el comportamiento humano depende del funcionamiento cerebral. La neurociencia se esfuerza por llenar los titulares de los periódicos con lemas como “La química del amor” o “Se ha descubierto al sustancia que provoca el sentimiento de culpa”. Pero estos autores suelen reducir implícita o explícitamente el ámbito de los fenómenos mentales casi exclusivamente a lo cognitivo, dejando completamente la dimensión afectiva fuera de la vida mental, como si lo único importante de explicar fuera el proceso inteligente. Realmente se entiende que no se investigue más el comportamiento ético del ser humano desde el supuesto materialista, porque sería difícil entender como Faustino, un esquizofrénico- sujeto que padece un trastorno fundamental de la personalidad, una distorsión seria del pensamiento- es capaz de un acto ético, que nos llena de admiración. ¿Será que el ser humano actúa por algo más que por los estímulos de una compleja organización de neuronas? Tratar de enjaular el espíritu humano tras los barrotes de química neuronal es un intento tan inútil como atrapar el viento con un cazamariposas.
    El ser humano, a pesar de sus disfunciones en muchos aspectos, es siempre digno y valioso en sí mismo; quizás no tanto por lo que él pueda hacer sino porque siempre será “un ser amable por sí mismo”. Mientras exista un solo hombre o mujer como Faustino, en la tierra, la dignidad humana está salvada, porque demostrará a los otros que son dignos de su amor, lo más grande que posee.
    fuente:
    http://libroarena.blogspot.com/2008/05/mirando-ms-all.html

    iglesia, Estado y secularización

    Archivado en: 1 — pauloarieu @ 6:54 pm

    Iglesia, Estado y secularización
    en la Argentina (1800-1890)

    Daniel Omar De Lucía

    Se ofrece un panorama{0} del proceso de constitución del Estado nación argentino
    y la consiguiente evolución de las relaciones entre la Iglesia y el Estado

    Crisis del orden colonial
    y relaciones Iglesia y Estado durante el decenio emancipador

    Si tomamos la crisis del orden colonial como el comienzo del ingreso en la modernidad liberal-burguesa de lo que era el Virreinato del Río de La Plata, no nos parece posible plantear la oposición clericalismo/anticlericalismo como una línea de ruptura central en la esfera político ideológica. Los principales trabajos de investigación sobre la vida intelectual del Río de La Plata en el periodo tardo-colonial, recalcan la ausencia de elementos anti-religiosos entre los ilustrados criollos.{1} Por el contrario, sí es posible detectar una cierta tendencia a apoyar el avance del regalismo estatal en la vida de la iglesia. Tendencia esta última que era funcional a las estrategias de modernización colonial planteadas desde la metrópoli en el periodo borbónico. Aparte de las bibliotecas secretas que los pesquisidores de la inquisición descubrían a cada tanto en Buenos Aires y otras ciudades, distintos ámbitos intelectuales eclesiásticos constituyeron canales de difusión indirecta de parte del ideario de la revolución francesa.{2} La Universidad de Charcas, administrada por religiosos, fue un ámbito donde circulaban de manera semi-clandestina las obras de los enciclopedistas franceses.{3} Obviamente, la introducción de las nuevas ideas por estos canales, fue un factor que condicionó la inclusión de elementos de anticlericalismo radical dentro de la crítica de los ilustrados criollos al orden colonial.

    Entre los círculos ilustrados del Río de La Plata circulaban ideas referentes a una reformulación del papel que el clero desempeñaba en el estado absolutista. En 1801 el Telégrafo Mercantil, primer diario bonaerense, publicaba un Manifiesto dirigido en 1800 por el Primer Cónsul Napoleón Bonaparte a los párrocos de la República Cisalpina, estado del norte de Italia satélite de Francia. En este manifiesto Bonaparte, que había comenzado la reconciliación entre Iglesia y Estado luego de diez años de conflicto, calificaba a los clérigos de agentes naturales del Estado difundiendo y explicando sus políticas y decisiones entre el pueblo.{4} La tradición del regalismo estatal aparecía aureolada por su aplicación en el país en donde en su momento se había entronizado una república de ateos y regicidas y que por las vueltas del destino ahora estaba aliado a la catolicísima corona de España. Ese regalismo del Consulado era muy distinto que el que hundía sus raíces en la tradición del estado colonial español de la contra reforma e incluso del regalismo remozado por los Borbones. Por eso el eco de estas reformas en la América hispana constituía un elemento innovador. Otro de los exponentes de la ilustración rioplatense, Hipólito Vieytes, redactor del Semanario de industria y comercio, defendió en sus escritos la idea de que el clero era un auxiliar indispensable como agente formador de consenso entre las masas en cualquier proceso de renovación política, económica y social que fuera a encararse. Estas ideas también tuvieron eco en las filas del clero y se proyectaron en las distintas actitudes que tomarían las diferentes facciones eclesiásticas al producirse la crisis del orden colonial.{5}

    En ese Buenos Aires de 1800, incorporado a la economía atlántica y a todos los conflictos que agitaban el mundo, la realidad fue obligando a las autoridades coloniales a adoptar una actitud más pragmática frente a las reglas de la ortodoxia religiosa e ideológica elaboradas por el absolutismo. Documentos eclesiásticos de los primeros años del periodo virreinal ya hablaban de la presencia de protestantismo clandestino e incluso de conventículos judaizantes a ambas orillas de El Plata. Pero ese tipo de afirmaciones son para ser tomadas con pinzas, dada la conocida tendencia del estado colonial a fabricar herejes y renegados. Con más seguridad podemos hablar de que en el último decenio del siglo XVIII se estaban produciendo novedades en ese sentido en la capital virreinal. El descubrimiento de una conspiración de esclavos y peones alentada por agentes franceses en 1795 fue el toque de alarma en ese sentido. La discreta presencia de agentes británicos o el asilo concedido a tripulaciones de barcos de la marina inglesa amotinados son las primeras muestras de la nueva atmósfera que se vivía en Buenos Aires hacia 1800.{6} Respecto a la masonería, el historiador Alcibiades Lappas menciona la inclusión de Buenos Aires en la organización de jurisdicciones para el cono sur de los Grandes Orientes europeos desde mediados del siglo XVIII.{7} Pero no parece haberse tratado más que de la acción de agentes aislados. Hacia 1800 se habían creado logias que fueron descubiertas por las autoridades virreinales en 1804 y que sumadas a las que fundaron los ingleses en ambas márgenes del Plata durante las invasiones al Río de La Plata (1806-1807){8} quedan como testimonio de los intentos por formar un pequeño ámbito intelectual secularizador en los últimos años del dominio español.

    La Revolución de Mayo retomó, en un contexto político muy diferente, la vieja idea de la adecuación del clero para hacerlo un auxiliar eficaz en un proceso de cambio de las estructuras políticas, económicas y sociales. Esta línea de acción no se tradujo en una política orientada a la reducción sostenida de la influencia del clero en el aparato estatal. En una declaración del 26 de mayo de 1810, la Primera Junta reafirmaba el carácter del catolicismo como religión del estado. La acusación de anticlericalismo y ateísmo hecha a los patriotas por las autoridades del Alto Perú o de Asunción formó parte de la guerra ideológica contra revolucionaria que los realistas impulsaban contra la causa independentista e indujo a los gobiernos patrios a evitar abrir un frente en este terreno. Tal vez el gesto más representativo de la política de la revolución de no agitar la cuestión confesional fue la decisión del jacobino Mariano Moreno, Secretario de Guerra de la Junta, de omitir los párrafos anti religiosos de la edición estatal del Contrato Social de Rousseau.{9}

    Los gobiernos patrios procedieron a regimentar el aparato eclesiástico para ponerlo al servicio de la legitimación del nuevo orden revolucionario. Mientras a los altos dignatarios se les exigía continuas muestras de adhesión al poder patriota, el clero bajo pasó a ser considerado una piedra angular del poder revolucionario que surgía. La primera junta ordenó la lectura de la Gaceta del Estado en todas las iglesias y removió a los párrocos desafectos al régimen, al igual que hizo con los alcaldes de barrio. Ambos grupos considerados como terminaciones capilares del Estado y correas de transmisión entre la elite jacobina y la plebe porteña, que comenzaba a ser movilizada políticamente en favor del nuevo orden. Este disciplinamiento fue más intenso en el interior del país donde los ejércitos conducidos por representantes de la Junta depusieron a los obispos desafectos con la causa de la independencia.{10} En el Alto Perú, lugar donde la revolución independentista tuvo ribetes de guerra social, se agigantaron las tensiones en las filas de la iglesia. Mientras los prelados chapetones cerraban filas alrededor del bando realista, aparecía otro personaje social surgido del seno del clero y ligado al campo patriota. El cura criollo o mestizo, de tendencias rusonianas, que se sumó a la revolución como capellán de los ejércitos patrios, como cabecilla de las «Republiquetas» guerrilleras o como agitador desde el púlpito o el panfleto. En aquellas lejanas provincias del norte, Juan José Casteli, auditor de guerra de los ejércitos revolucionarios, procedió con mano dura contra los clérigos que acusaban a los ejércitos criollos de impíos que venían a implantar el ateísmo jacobino.{11} Todas estas eran medidas propias de una guerra revolucionaria y no tenían el carácter anticlerical que les atribuyó José Ingenieros en su resignificación del proceso revolucionario de mayo.{12} Es por otra parte muy representativo que la severidad con que se reprimió la conspiración de realistas de Córdoba, comandada por el ex virrey Santiago de Liniers, encontrara una única excepción en la aplicación de la pena capital en la persona del Obispo Orellana, complicado con la conjura.

    La nueva sociabilidad política que nació en la capital del virreinato encontró sus límites en el intento de reconstrucción subjetiva del París revolucionario, en la ausencia de una política de descristianización de la vida social. En la Oración inaugural de la Sociedad Patriótica, el tribuno Bernardo Monteagudo desarrolló un esquema crítico sobre el rol de la iglesia en la historia del mundo moderno y su complicidad con la opresión colonial:

    «Entonces se perfeccionó la legislación de los tiranos; entonces la sancionaron a pesar de los clamores de la virtud, y para acabar de oprimirla llamaron en su auxilio el fanatismo de los pueblos, y formaron un sistema exclusivo de moral y religión que autorizaba la violencia y usurpaba a los oprimidos hasta la libertad de quejarse, graduando el sentimiento por un crimen. (…) Una religión cuya santidad es incompatible con el crimen sirvió de pretexto al usurpador. Bastaba ya enarbolar el estandarte de la cruz para asesinar a los hombres impunemente, para introducir entre ellos la discordia, usurparles sus derechos y arrancarles las riquezas que poseían en su patrio suelo. Sólo los climas estériles donde son desconocidos el oro y la plata, quedaban exentos de este celo fanático y desolador. Por desgracia la América tenía en sus entrañas riquezas inmensas, y esto bastó para poner en acción la codicia, quiero decir el celo de Fernando e Isabel, que sin demora resolvieron tomar posesión por la fuerza de las armas, de unas regiones que creían tener derecho en virtud de la donación de Alejandro VI, es decir en virtud de las intrigas y relaciones de las cortes de Roma con la de Madrid. En fin, las armas devastadoras del rey católico inundan en sangre nuestro continente; infunden terror a los indígenas; los obligan a abandonar su domicilio y buscar entre las bestias feroces la seguridad que les rehusaba la barbarie del conquistador.»{13}

    La crítica de Monteagudo a la iglesia católica no era de carácter descristianizador. Sino que se dirigía a aquellos aspectos de la relación del clero con el antiguo orden que el nuevo poder patriota le conminaba a repudiar: su complicidad histórica con el colonialismo y el absolutismo. Según Juan Canter, en el café de Marco y en otras tertulias porteñas se despotricaba contra el oscurantismo y la superstición y se comentaban los libros de Volney, Condorcet, Holbach, Helvetius y otros materialistas.{14} Pilar González Bernaldo dice que los jacobinos porteños habían avanzado en la idea que los nuevos clubes y sociedades revolucionarias debían cumplir un rol de formadoras de consenso desplazando a las instituciones que habían asegurado el control hegemónico en el periodo colonial; entre ellas el clero.{15} Pero más allá de esas efímeras aspiraciones de realizar una mini revolución cultural protagonizada por élites, en ningún momento se pensaron estos cambios como una lucha tendiente a la descristianización de las masas. Ni a los más exaltados tribunos de la Sociedad Patriótica, y su sucesora la Logia Lautaro, se les hubiera ocurrido coronar a una actriz de teatro como la Diosa razón en la catedral de Buenos Aires. Por mas que el General Paz cuente en sus memorias que un grupo de oficiales patriotas destruyó las cruces de una iglesia durante su retirada del alto Perú en 1811{16} cuesta mucho imaginarse al jacobino Casteli, remedando a los representantes en misión de 1793 y llamando a los indios del Altiplano a prender fuego las iglesias y profanar los iconos sagrados.

    Pero si no existía una política anticlerical manifiesta, de forma gradual se fueron notando cambios de tipo estructural en las relaciones entre iglesia y estado y también entre iglesia y sociedad. La revolución de 1810 acentúo un clima de libertad de cultos de hecho que existía en el Buenos Aires de los últimos años del dominio español. Los primeros intentos de crear el esqueleto jurídico del nuevo estado pusieron sobre el tapete la necesidad de ciertas reformas de tipo secularizador. En 1811 se suprimió el cargo de censor eclesiástico de imprenta para temas no eclesiásticos. El segundo triunvirato creo en junio de 1813 una Comisaría General de regulares, para ejercer un control político sobre las ordenes. En 1816 el Congreso de Tucumán aboliría este organismo.{17}

    La influencia de la Constitución liberal de Cádiz en 1812, que llegaría a Buenos Aires junto con los fundadores de la logia Lautaro, se dejó sentir en los primeros ensayos constitucionales del periodo post independentista. La abolición de los requisitos de pureza de sangre y del Tribunal de la Inquisición por la Asamblea del año XIII representan la derogación jurídica de criterios de exclusión e instituciones que en esa parte del Imperio español habían tenido una aplicación bastante relativa. Pero la Asamblea tomó otras medidas más importantes en materia de organización eclesiástica y culto: a) el desconocimiento de la potestad de cualquier autoridad eclesiástica metropolitana sobre la iglesia del ex-virreinato y; b) la afirmación del derecho de los no católicos de profesar cualquier religión en el ámbito privado.{18} La primera de estas reformas respondía a la necesidad de fortalecer la autonomía política del nuevo Estado y tuvo como consecuencia inmediata quebrar la sucesión de la legalidad eclesiástica y con ella las relaciones con el Vaticano, que estarían suspendidas por varias décadas. Luego de la muerte del Obispo Lúe y Riego (1812) la diócesis de Buenos Aires estaría a cargo de Vicarios designados por el cabildo eclesiástico durante veinte años. La segunda de estas medidas reconocía el derecho de los disidentes religiosos en su expresión mas elemental: libertad de conciencia e inmunidad para no ser molestados en su ámbito privado, no así el derecho a la instalación de iglesias no católicas. El número de disidentes religiosos crecía en importancia a medida que llegaban comerciantes británicos o norteamericanos a instalar sus casas en Buenos Aires. Respecto a la élite revolucionaria, el único disidente que tuvo cierta actuación destacada en Buenos Aires en el decenio emancipador fue el periodista Pazos Kanki. Este era un sacerdote católico de origen aymará, que luego de viajar a Inglaterra colgó los hábitos, se caso y se convirtió al anglicanismo, para volver a Buenos Aires a poner sus dotes de panfletista al servicio del partido alvearista.

    Esta parece haber sido la cuota de secularización funcional al nuevo orden que surgía. El Reglamento Provisorio dictado por el gobierno Directorial en 1817 y la efímera constitución directorial de 1819 reafirmaron el papel del catolicismo como religión del estado. Por contrapartida es bueno señalar que el movimiento federalista liderado por José Gervasio de Artigas en la Banda Oriental (Uruguay), y con ramificaciones en el litoral argentino, tomó una posición mucho más radical en la materia. Las instrucciones a los diputados orientales a la Asamblea del año XIII, que finalmente no serian aceptados en ese cuerpo legislativo, incluían un punto que rezaba: «…promoverá la libertad civil y religiosa en toda su extensión imaginable.»{19}

    Más allá de los términos del debate político o ideológico y de los ordenamientos jurídicos, el proceso abierto en 1810 tuvo consecuencias importantes en lo concerniente al status social del alto clero de la provincias unidas. Los prelados que durante el periodo colonial vivían de los altos sueldos y rentas eclesiásticas sufrieron las consecuencias de las guerras civiles y la disolución del estado central que implicó el colapso de sus ingresos y que en ocasiones los convirtió en rehenes de fuertes represalias políticas. Los miembros eclesiásticos de los clanes capitulares del interior o los administradores de inmuebles y establecimientos pertenecientes a las ordenes sufrieron las consecuencias de la «ruralización de las bases del poder» y luego del ajuste del aparato eclesiástico a las dimensiones de los nuevos estados provinciales.

    Iluminismo y secularización en la Buenos Aires rivadaviana

    La formación del orden político bonaerense luego de la disolución del estado Directorial en 1820 implicó un proceso de modernización que afectó de manera más seria el equilibrio de poderes entre Estado e Iglesia en la ex capital virreinal. Benardino Rivadavia y varios de sus colaboradores pertenecían a logias masónicas, pero no eran hombres de tendencia antireligiosa. Incluso, podemos decir, que si la provincia de Buenos Aires no regularizó sus relaciones con los Estados Pontificios durante la Misión Muzzi, enviada por el Vaticano en 1823, se debió a que el Papado se negaba a reconocer la independencia de los estados patriotas. Aún más, la silla apostólica dio a conocer en 1824 una bula en que llamaba al clero latinoamericano a trabajar por la vuelta a la obediencia de las colonias insurrectas a la corona de España.{20}

    Durante el gobierno de Martín Rodríguez (1821-1824) el grupo rivadaviano se decidió a reformular el rol de la iglesia en el estado provincial. Para este círculo iluminista las órdenes religiosas con sus inmunidades, sus prebendas, su administración de asilos y hospitales y su posesión de bienes inmuebles improductivos eran una rémora del pasado que obstaculizaba la modernización. La reforma rivadaviana fue una adaptación del aparato eclesiástico heredado del gobierno virreinal a las dimensiones de un gobierno que administraba un territorio, desgajado de las grandes unidades administrativas de antaño. La derrotada histórica de la reforma de 1822-1823 fue la rama regular del clero, que vió disminuida su influencia en el conjunto de la Iglesia bonaerense. La batalla contra la reforma la dió el fraile Castañeda, feroz panfletista, que anticipó en sus diarios y folletos los temas comunes del ultramontanismo de los federales Apostólicos. Por su parte, el gobierno depuso al Vicario Capitular Manuel Medrano por su oposición a las medidas en materia eclesiástica. El motín del General Tagle, que en 1823 levantó la bandera de la defensa de la religión, y contó con la participación de muchos clérigos, fue en realidad un movimiento aglutinante de los descontentos de todo tipo con las reformas rivadavianas en el plano político, militar y económico.{21}

    Buena parte del clero secular decidió apoyar las líneas generales de la reforma, por más que se resintiera de la parcial perdida de influencia en algunos espacios que le eran propios (administración de cementerios, instituciones caritativas, educación superior y media). Es bueno no perder de vista que el Partido del Orden, expresión política del grupo rivadaviano, contó con la adhesión de clérigos liberales como Valentín Gómez, rector de la recientemente creada Universidad de Buenos Aires.{22} Esta elite de inspiración neo clasicista difundió en la casa de altos estudios doctrinas deístas, sensualistas y materialistas, y confió a personal laico, incluyendo protestantes, parte del aparato educativo adaptado al sistema lancasteriano de origen británico.{23}

    Fuera de la elite rivadaviana, la masonería creció en esos años en Buenos Aires al fundarse logias que nucleaban a liberales españoles que huían de la reacción absolutista que siguió a la derrota del levantamiento de Riego en 1820, y otras logias fundadas por ingleses y norteamericanos.{24} Es en esos años cuando en Buenos Aires y en otros puntos de país se empiezan a sentir los efectos de la libertad de cultos de hecho que se vivía desde un decenio atrás. La erección de iglesias protestantes y la apertura de un cementerio de disidentes (1821){25} fueron los indicios de una transformación a la que el acuerdo con Gran Bretaña durante el gobierno de Las Heras daría forma legal.{26} Pero este compromiso que reconocía a los súbditos ingleses el derecho a establecer iglesias para ejercer su culto, tuvo limitaciones que condicionaron su aplicación en distintos aspectos. El tratado de 1825 no hacia extensivo a los pastores de cultos no católicos el derecho de casar parejas. Los matrimonios entre católicos y disidentes debían ser aprobados por un tribunal eclesiástico, que concedía la dispensa a condición de que el cónyuge disidente aceptara la fe católica. No serían pocos los conflictos que se suscitarían por esta cuestión. Por esos años se produjo otra experiencia secularizadora menos conocida, en la provincia de San Juan, gobernada por Salvador María del Carril. Esta administración ilustrada dictó en 1825 una constitución conocida como la Carta de Mayo, que abolía los conventos y proclamaba la tolerancia religiosa, siendo la primera carta provincial argentina que consagró la libertad de cultos. Esta reforma le costó a Carril y al Partido de las Luces su caída, producto de un motín alentado por el clero local.{27} Durante el periodo de las guerras civiles, que siguió a la disolución del estado rivadaviano, la cuestión religiosa pronto se insertó en las estrategias políticas de los bandos en pugna. Los federales de las provincias del noroeste, bajo el liderazgo de Facundo Quiroga, caudillo de La Rioja, levantarían la bandera de la vieja fe y el eslogan «Religión o muerte» como rechazo a la política de libertad de cultos propiciada por los liberales unitarios.{28}

    La cuestión religiosa y eclesiástica bajo la Santa Federación

    Luego del fracaso de la experiencia rivadaviana, la facción Apostólica del federalismo porteño haría propios los lugares comunes difundidos por los ultramontanos opuestos a la reforma de Rivadavia y los integraría en un discurso xenófobo y tradicionalista. Durante el primer gobierno de Rosas (1829-1832) ya era apreciable el cambio de atmósfera política en ese sentido, aunque el nuevo poder, interesado en mantener las buenas relaciones con los comerciantes extranjeros, aceptó que algunos de los cambios que se habían producido en el decenio anterior eran irreversibles. Pese a que en su entorno íntimo no faltaban los ultramontanos que querían expulsar a los herejes, Rosas mantuvo la libertad religiosa e incluso favoreció la erección de nuevas capillas anglicanas y presbiterianas.{29} Durante el gobierno del federal Lomonegro General Viamonte se produjeron algunas novedades importantes en las relaciones iglesia y estado. Viamonte consiguió que el Papa confirmara como Obispo al vicario capitular Manuel Medrano, el primero en ser reconocido por la silla pontificia desde la muerte del Obispo Lúe y Riego en 1812.{30} En el agitado año político de 1833, el Motín de los Restauradores, movilización de la plebe rosista contra el gobierno del federal Lomonegro Balcarce, fue impulsado por curas de barrios y matarifes que levantaban la bandera de la religión verdadera contra los herejes.{31} La celebración de un matrimonio entre el protestante yanqui Samuel Lafone y la criolla católica María Quevedo por un pastor presbiteriano, sirvió para agitar las aguas en ese sentido.{32} Finalmente un decreto de Viamonte refrendado por el Ministro Manuel García creó un sistema de Registro para los matrimonios no católicos. Ese mismo año se reunió un consejo formado por teólogos liberales que habían apoyado la reforma rivadaviana, expertos en derecho canónico y expertos de derecho común que debían asesorar al gobierno en materia eclesiástica sobre los alcances que debía tener el Patronato del gobierno sobre la iglesia. El dictamen de este Concilio provincial le adjudicaba a los gobiernos provinciales el conjunto de prerrogativas sobre el gobierno de la iglesia que habían gozado los reyes de España y sus representantes en indias, los virreyes.{33} Como se ve, la línea de instrumentalización del clero como un brazo espiritual del estado secular formó parte de un mínimo común denominador en el que se reconocían todos los gobiernos posteriores a la emancipación.

    El segundo gobierno de Rosas (1835-1852) significó una importante vuelta de tuerca en las relaciones entre el poder político y el clero. La dictadura utilizó profusamente la demagogia clerical e integró al clero como correa de transmisión en su relación con la plebe. Tampoco en este segundo periodo, signado por la elaboración de un discurso mas xenófobo y tradicionalista, se incurriría en la intolerancia abierta hacia los no católicos. Hacia fines de la década de 1830 se suma a las comunidades anglicanas y presbiterianas una pequeña congregación de metodistas norteamericanos que en 1842 consiguen erigir una iglesia. También por esos años empieza a formarse un grupo de evangélicos alemanes, a lo que se les reconoce el derecho a practicar su culto.{34} El régimen rosista concibió su relación con los disidentes a través de los líderes de sus comunidades. Mientras estos proclamaran su fidelidad a la causa federal, aceptaran la supervisión policial sobre sus escuelas y no hicieran un proselitismo demasiado ostentoso entre los criollos, el gobierno no tenía nada que objetarles.{35}

    La consecuencia más importante del ultramontanismo rosista fue el abandono de la política educativa y demás experimentos renovadores del periodo rivadaviano. La caída del proyecto iluminista de la burguesía comercial porteña y la nueva hegemonía de los hacendados, significó el desmantelamiento del incipiente aparato de estado creado una década atrás. La «ruralización» del estado provincial tuvo como consecuencia la reasunción por parte del clero de un montón de funciones que había cumplido en la sociedad colonial. Mientras en la universidad se produjo una contra reforma ideológica, tal vez no tan profunda como la que la historiografía liberal describiría luego,{36} el clero paso a monopolizar las escuelas medias particulares destinadas a la instrucción preparatoria a la universidad.{37} Rosas reintrodujo la orden jesuítica, ausente del Río de La Plata desde su expulsión por Carlos III en 1767. Pero luego entró en conflicto con las autoridades de la Compañía, que no aceptaron subordinarse a la línea política del restaurador. Retomando el viejo paradigma de utilización de los párrocos como terminación capilar del poder del Estado, Rosas instrumento los curas de barrio como propagandistas y como policía política del régimen. Ejecutor de una política tendiente a completar el proceso de proletarización y disciplinamiento de la mano de obra rural, el gobierno rosista extendió la red de curatos de la campaña, ordenó que en las escuelas de campo los niños asistieran obligatoriamente a misa, que las pulperías y tiendas estuvieran cerradas durante la homilía y que no se pudieran hacer reuniones públicas hasta que terminara el oficio.{38} El esquema de reglamentación de la vida privada por el Estado, heredado del periodo colonial pero nunca abandonado del todo, resurgió en toda su plenitud durante el rosismo. El fusilamiento del ex cura Ladislao Gutiérrez y su mujer Camila O’Gorman, en 1848, es un episodio que ha pasado a integrar las páginas de cierta mitología anti despótica romántica argentina. Pero el hecho de que esta pena draconiana haya sido aplicada en base a la legislación heredada del medioevo, frente a la inexistencia de leyes basadas en los principios del derecho liberal burgués, es un indicador importante del esquema de relaciones entre estado y sociedad que renacían con fuerza en la capital de la Santa Federación.

    Es interesante destacar que tan declarada vocación por la defensa de la «verdadera fe» no le alcanzó al Restaurador para normalizar de todo las relaciones con el Vaticano, normalizadas a medias con la confirmación del Obispo Medrano en 1832, en calidad de in partibus infidelis. El papado no se decidió a establecer un nuncio en Buenos Aires, ya que los estados pontificios se seguían negando a reconocer la independencia, cuando de la presencia española no quedaba ni el recuerdo. En lo concerniente a reafirmar los derechos de Patronato y los derechos de las autoridades locales sobre las pretensiones pontificias, Rosas fue tanto o más intransigente que los gobiernos iluministas. En 1837 ordenó un proceso de revisión para su posterior aprobación de todos los documentos papales destinados al Río de La Plata desde 1810 en adelante.{39} Dentro de este contexto las relaciones con la silla pontificia se siguieron realizando por medio de la nunciatura de Río de Janeiro. En 1851 el papa mandó un nuncio a Buenos Aires, que llegó cuando había estallado el conflicto con la provincia de Entre Ríos, y Rosas entendió que no era el momento para andar arreglando entuertos con el clero.{40}

    Bajo el gobierno de Rosas se persiguió a la masonería y se prohibió la literatura liberal o anticlerical. Sin embargo hasta 1839 siguió existiendo alguna presencia masónica semi encubierta en los salones literarios y tertulias de Buenos Aires. El descubrimiento y represión de la conspiración de Maza en 1839 cambió las cosas. Según los historiadores de filiación masónica, hasta el fin de la dictadura existieron círculos masónicos clandestinos en Buenos Aires. En esos años se formaron logias masónicas en distintos puntos del país. Entre ellas las logias de la Córdoba gobernada por el clan Reinafe, las del Entre Ríos urquicista o las del San Juan unitario. Pero en la mayoría de los casos parece haberse tratado más que nada de círculos políticos que se nutrían de un cierto imaginario masónico. En los ámbitos del exilio antirosista las ideas de secularización conocieron mejor fortuna. Sensibilidad presente en los diarios antirosistas que se publicaban en el Montevideo sitiado por las tropas de Oribe y defendido por milicias de italianos garibaldinos que traían, a la Troya del Sur, el clima de la Europa de las revoluciones liberales. Por su parte los círculos de argentinos instalados en Chile fueron liderados por el General Las Heras, oficial del cuerpo libertador del General San Martín, que había sido iniciado en las logias del decenio emancipador.{41} Muchos de estos exiliados se integraron en la fila de los sectores más anti-clericales del Partido liberal transandino.

    Los referentes intelectuales de la generación del romanticismo, en especial los que viajaron a Europa, eran partidarios de avanzar hacia una secularización de la sociedad de forma más profunda o más gradual según los casos. Sarmiento fue un defensor de la secularización para superar la herencia colonial, pero pensada desde una perspectiva pragmática. Por eso, a la vez que sostenía que no se debía retroceder del grado de secularización alcanzado durante el periodo rivadaviano, el avance a partir de ese nivel histórico debía ser gradual. En las paginas de Facundo escribió:

    «La cuestión de la libertad de cultos es, en América, una cuestión de política y economía. Quien dice libertad de cultos dice inmigración europea y población. Tal no causó impresión en Buenos Aires, que Rosas no se ha atrevido a tocar nada de lo acordado entonces, y es preciso que sea un absurdo inconcebible aquello que Rosas no intente.»{42}

    Ideas semejantes, aunque de formulación más pragmática, son las que sostenía J. B. Alberdi en Las Bases, al proponer los lineamientos generales para la constitución que fuera a darse la Confederación Argentina. Alberdi era partidario de consagrar la libertad de cultos, pero consagrando a la vez al catolicismo como religión de Estado.{43} La visión mas crítica de la religión en la generación romántica se la debemos a Echeverría, que intentó realizar un compendio de las corrientes más avanzadas de la Francia en que se incubaba la revolución de 1848 y dejó severos juicios de la religión como aliada intrínseca del despotismo oscurantista.{44}

    La secularización gradual y modernizante

    Luego de la batalla de Caseros y la derrota del Régimen rosista (1852) se abrió una nueva etapa. Luego de la ruptura del nuevo gobierno de Buenos Aires con el General Urquiza, el país quedó dividido en dos bloques. En el campo de la Confederación, en la convención constituyente de 1853, se debatió ampliamente el tema de las relaciones de la iglesia con el Estado. Varios convencionales clérigos de la provincias del norte propusieron adoptar al catolicismo como única religión del Estado y proscribir a los cultos disidentes. Otra proposición fue recogida de la obra de Alberdi, que como ya explicamos, proponía mantener al catolicismo como religión de estado, pero con tolerancia a las otras iglesias. Finalmente los convencionales más liberales como Juan M. Gutiérrez o José B. Gorostiaga lograron imponer la formula de religión sostenida por el Estado.{45} El texto aprobado establecía la libertad de cultos y ponía como única limitación a los disidentes el acceso a la presidencia y vice-presidencia de la nación. Por otro lado le concedía al poder ejecutivo la designación de obispos con acuerdo del senado y la aprobación de las bulas papales. Por otro lado le encomendaba al congreso el promover la conversión de los indios al catolicismo. La resistencia que estos principios liberales produjeron en las provincias del norte, motivó el sermón apologético de la constitución que pronunció el obispo de Catamarca, Fray Mamerto Esquiu. Cualquiera hayan sido las ideas que en materia de secularización tuviera el grupo dirigente de la Confederación, en el que había varios masones (M. Derqui, Salvador M. del Carril, Juan F. Seguí, José B. Gorostiaga, Mariano Fragueiro, &c.) el carácter embrionario del aparato estatal de «los trece ranchos», no dio campo para ningún experimento importante en ese sentido. El parlamento de Paraná, del cual formaron parte no pocos clérigos, dicto algunas leyes en materia de culto (creación de diócesis, reformación de jurisdicciones, asignaciones a obispos y catedrales, &c.). La más interesante de estas leyes fue la nº 186 (7 de septiembre de 1858) ordenando la creación de un seminario conciliar destinado a la formación de clérigos para que, presuntamente, fueran una correa de transmisión del Estado confederal entre la población.{46} En 1858, luego de dos misiones diplomáticas encomendadas a J. Bautista Alberdi y Juan Campillo, el gobierno de la confederación reanudaba relaciones diplomáticas con los estados pontificios, cerrando el ciclo iniciado en 1810.{47}

    En Buenos Aires durante el periodo cismático no se produjeron importantes conflictos entre la Iglesia y el Estado, pero la relación entre iglesia y sociedad experimentó cambios mas importantes que en la confederación. La liberal y progresista Buenos Aires se mostró más piadosa que la federalista y tradicional Paraná a la hora de darse un ordenamiento constitucional. La Constitución del Estado de Buenos Aires en 1854 reafirmaba el carácter del catolicismo como religión del estado, y afirmaba que aún los disidentes religiosos le debían respeto. Por su parte la iglesia bonaerense tomó rápida distancia de su pasado pro rosista y se integró al nuevo orden. El Estado provincial que debía organizar su control sobre una población rural cuya adhesión al nuevo orden no era muy firme se decidió a no prescindir de la iglesia como brazo espiritual en el medio de la barbarie. Una Ley de 1856 reafirmaba el carácter de auxiliares de los Jueces de Paz que debían cumplir los párrocos de campaña. Por otra parte, los cambios que se estaban produciendo en la estructura productiva del campo bonaerense llevaron a la aprobación, en 1858, de una Ley de redención de capellanías que permitió la movilidad de estas tierras donadas por fieles a las iglesias.{48} Como herencia de la experiencia rivadaviana la élite porteña de 1850-1860 se mostró un tanto reticente a aceptar el arribo de ordenes religiosas extranjeras y conservó algunas reservas para las ordenes con viejo arraigo en la provincia. A los franciscanos, única orden sobreviviente de la reforma de 1822-1823, se les reprochaba su encendido pasado pro rosista.{49}

    Si la política estatal no se caracterizó por una línea de reformas profundas de la relación Iglesia y Estado, en la sociedad civil ganaron terreno los ámbitos y expresiones favorables a una secularización de la vida social. Los disidentes religiosos a los que el rosismo no había perseguido, pero a los que había mantenido bajo vigilancia, se decidieron a tener una participación más visible en la nueva ciudad liberal. Los protestantes alemanes, que habían crecido en número durante los últimos años del rosismo, fundaron en 1853 su primer templo en Buenos Aires, a cuya inauguración asistieron las autoridades provinciales.{50} Más importante es, sin duda, la reaparición de la masonería. A partir de 1853 se formaron varias logias de extranjeros residentes en Buenos Aires. La llegada de intelectuales librepensadores, como el chileno Francisco Bilbao, y de liberales franceses que venían escapando del autoritarismo del II Imperio, ayudó a fortalecer esta tendencia. En 1855 Sarmiento, retornado de Chile, comenzó a reorganizar la masonería bonaerense como una extensión del Gran Oriente del país transandino. La masonería se fue convirtiendo en una especie de ámbito de pertenencia del conjunto de los hombres públicos que adherían al nuevo orden político. Salvo los ex rosistas, nucleados en el partido chupandino, unos pocos unitarios devotos, como el gobernador Pastor Obligado, y los escasos políticos ligados a la iglesia, como Félix Frías, Navarro Viola o Vélez Sarfield, el resto de la clase política porteña ingresó a las numerosas logias que actuaban en la ciudad. En 1857 la Logia Unión del Plata, que contaba con la orientación de Domingo F. Sarmiento, presidió un complejo proceso de unión de las siete logias existentes en la ciudad para formar la Gran Logia de la Argentina.{51} Estos hombres de ideas laicistas actuaron en el periodismo, en la filantropía y en el aparato escolar que se empezaba a formar. La primera corporación municipal de Buenos Aires, elegida en 1856, contó en su seno con connotados masones. Entre otras iniciativas el Consejo del Gran Oriente, presidido por José Roque Pérez, promovió la creación de un Asilo de Mendigos.{52}

    El terreno que las tendencias secularizadoras ganaban en la sociedad porteña, no era ajeno a las tendencias profundas que se manifestaban en el proceso de formación del aparato del estado bonaerense. La política de aparente statu quo en las relaciones iglesia y estado encubría el hecho que la revitalización de la escuela y otras ramas del estado, luego del retroceso rosista, implicaba la paulatina traslación de funciones desde la órbita del clero a la órbita estatal. Sin duda los cambios en esta área eran más susceptibles de provocar la reacción de los sectores católicos que los de otras esferas. La designación del protestante alemán German Frers como Inspector General de Escuelas, desataron las iras del periodismo católico que no cesaron hasta que el «hereje» presento la renuncia.{53} En 1856 la Dirección General de Escuelas fue confiada al masón Domingo Faustino Sarmiento, quien trató de consolidar el perfil público de la educación elemental, presionando para imponer su «obligatoriedad» e impulsando la arquitectura escolar. Sarmiento no intento suprimir la educación religiosa de las escuelas. Incluso una circular de 1859, instruía a maestros y preceptores para hacer rezar a los niños antes de clase y de llevarlos a la misa el jueves santo. Comentando 24 años después esta medida, el sanjuanino hacía el siguiente comentario:

    «Las escuelas de Buenos Aires eran en 1859 católicas, apostólicas y romanas, y Don Domingo Faustino Sarmiento, encargado de ejecutar las leyes y la Constitución de su país contra el abandono por el clero de su función de enseñar, de catequizar, introdujo textos y prácticas católicas en las escuelas a su cargo.»{54}

    Lejos de cualquier doctrinarismo, el objetivo de Sarmiento era fortalecer los mecanismos que reforzaban el consenso alrededor del orden social. Y a su juicio esa tarea se debía realizar con las herramientas que se tuvieran en el momento. No obstante es indudable que a fines de su gestión la presencia de la iglesia en las escuelas bonaerenses había disminuido bastante. En esos años no se terminó de poner en pie un sistema escolar completamente integrado a la esfera pública. Pero los actores particulares que tenían injerencia sobre la educación elemental ya no eran exactamente los mismos de antes. Una elite de filántropos liberales pasó a hegemonizar las comisiones parroquiales de educación que sostenían y orientaban las escuelas urbanas.{55}

    Luego de la batalla de Cepeda (1859) se puso en marcha un intento de reunificación del país que incluyó la reunión de la convención reformadora de la Constitución de 1853, reunida en Buenos Aires en 1860. En esta convención el católico Felix Frías abogó en soledad para que se incluyera en la Constitución Nacional un artículo semejante al de la Constitución bonaerense de 1854 sobre religión de Estado. La convención, donde estaba presente el más rancio porteñismo, prefirió conservar la redacción más liberal del texto de 1853.{56} Ese mismo año, durante los festejos del 9 de julio en Buenos Aires, la masonería porteña fue el ámbito del agasajo que se le brindó a los líderes de la Confederación Justo J. de Urquiza y el presidente Manuel Derqui, iniciados en las logias del interior, en un fallido intento de acercamiento entre los dos bloques políticos en que estaba dividido el país.{57}

    Iglesia y Estado en los años de la «organización nacional»

    Luego de la batalla de Pavón (1861) el colapso de la Confederación y el definitivo triunfo de Buenos Aires, los triunfadores pensarían el rol de la iglesia en la vida del país a partir de la necesidad de fortificar un Estado-nación muy distinto del precario acuerdo confederal de Parana. Dentro de ese orden de prioridades se diseñó una política tendiente a transferir gradualmente ciertas funciones desempeñadas por la iglesia a distintas ramas del aparato estatal en formación. Política que se desenvolvió en base a una estrategia destinada a evitar un conflicto abierto con la iglesia. Esta estrategia, mantenida por los distintos gobiernos que se sucedieron hasta 1880, era inseparable del carácter embrionario del aparato del estado. Al igual que los intentos regalistas o secularizadores de décadas anteriores, la elite política de la argentina liberal de las décadas de 1860 y 1870 consideró que el control del poder político sobre la iglesia, en base al sistema de Patronato, era un poder al que no se podía renunciar. Era una política de cambio gradual, pero sostenido. Si se decidió mantener la enseñanza religiosa, no es menos cierto que a medida que el sistema escolar iba ganando en solidez era colocado bajo la autoridad directa del estado, lo cual implicaba una paulatina pérdida de peso del clero es su papel de organizador del consenso hegemónico.

    La administración de Bartolomé Mitre (1862-1868) integrada por un presidente y tres ministros masones (Eduardo Costa, Gely y Obes y Guillermo Rawson) produjo una serie de reformas puntuales para agiornar la esfera publica. Eduardo Costa, ministro de Instrucción publica de Don Bartolo, fue el diseñador de esta política laicista contrapesada con concesiones al clero. El principal objetivo de Costa fue la modernización de la escuela media en su rol de formadora de las nuevas elites políticas del país. La reorganización del antiguo Seminario eclesiástico para convertirlo en 1863 en Colegio Nacional, bajo el rectorado del liberal francés Amadeo Jacques, es el ejemplo de una línea de avance secularizadora no conflictiva. El colegio de la calle Bolívar sería tomado como modelo para los colegios nacionales que se instalarían en Tucumán, Mendoza, San Juan (1863), Catamarca, Salta (1865) y los que se irían abriendo en el resto de las capitales provinciales.{58} En ellos se comenzaría a formar la futura elite del país sin la presencia decisiva del clero. Aunque como M. Cane recuerda en sus memorias estudiantiles a los jóvenes liberales del Nacional de Buenos Aires se les leyera la vida de los santos y se les siguiera obligando a comulgar.{59} Debe tenerse en cuenta que el masón Costa, que impulsaba el agiornamiento del futuro elenco gobernante, se manifestó también preocupado por la disminución de los párrocos que se ocupaban del servicio espiritual de la ciudad y la campaña y consecuentemente apoyó la instalación de un nuevo seminario formador de sacerdotes.{60} En 1863 se produjo un incidente un poco más conflictivo ligado al proceso de secularización. Por medio de un Decreto del PE se le quitó al obispado la administración de los cementerios a consecuencia de su negativa de permitir el entierro de masones. El Decreto del Mitre, refrendado por Costa, utilizaba un lenguaje que reflejaba bien el sentido político que para el gobierno tenía esta medida. Por un lado aludía a la obligación que tenía el estado de frenar la injerencia del clero sobre los derechos de los ciudadanos y por otro se le reprochaba a la iglesia el no haber actuado de acuerdo con los generosos principios de su fe.{61} Interesante pirueta discursiva que terminaba afirmando el carácter positivo de los principios religiosos, aunque el decreto en cuestión fuera en respuesta a una actitud intolerante del clero. En 1865 la instalación de una colonia de galeses protestantes en el Chubut, con apoyo económico estatal, suscitó la impugnación en el parlamento de Felix Frías, el hombre de la iglesia en la elite política, quien no obstante militaba en las filas del mitrismo.

    La consecuencia política más directa de estas medidas parece haber sido las simpatías que el alsinismo cosechó hacia fines de la década de 1860 en la mayor parte del clero porteño. Esto pese a que el gobierno de Mitre había hecho concesiones a la jerarquía eclesiástica para compensarla de sus perdidas. En uso de las funciones de patronato el gobierno de Don Bartolo presentó un proyecto que se convertiría en la Ley 116, para elevar la diócesis porteña a la categoría del Arquidiócesis a cargo de toda la iglesia argentina.{62} Por su parte el Arzobispado de Buenos Aires apoyó abiertamente la guerra del Paraguay e incluso durante el conflicto se gestionó ante el Vaticano que el obispado de Asunción pasará a la jurisdicción de Buenos Aires.{63} En 1867 al producirse en Santa Fe un levantamiento popular contra la política secularizadora del gobernador Nicasio Oroño el gobierno de Mitre no lo sostuvo en el poder.

    El conflicto suscitado entre el gobierno de Santa Fe y el obispado de Paraná merece un análisis un poco más en detalle. El gobernador Nicasio Oroño venía realizando una política de impulso a la colonización agrícola, comenzada en Santa Fe una década atrás con la instalación de inmigrantes suizos en Colonia Esperanza en 1854. La presencia de colonos provenientes de países protestantes (Estados Unidos, Inglaterra, Alemania, &c.){64} obligó al gobierno santafesino a avanzar en la secularización de la administración provincial, con una premura que todavía no se dejaba sentir a nivel nacional. Ya mal enquistado con la iglesia por un intento de expropiación de un convento que terminó en los tribunales,{65} Oroño secularizó los cementerios en 1867 y se decidió ese mismo año a dar un paso mucho más audaz. El gobernador envió a la legislatura un proyecto de ley de matrimonio civil que luego de ser aprobado contó con la virulenta oposición del Obispo Gelabert y Crespo de Paraná, provincia de Entre Ríos. El obispo enterriano dio a conocer una pastoral donde ordenaba a los párrocos que no celebraran la ceremonia religiosa de las parejas que previamente se hubieran casado en el Registro Civil.{66} Luego que el gobernador declarara subversiva la pastoral y pusiera presos a varios curas, estalló la revuelta popular a comienzos de 1868 al grito de ¡Mueran los Masones! So pretexto de la lucha contra la impiedad secularizadora el jefe de los rebeldes, el joven Simón Iriondo, líder de la facción urquicista de Santa Fe, buscaba ganar la provincia para la órbita del caudillo entrerriano en vísperas de las elecciones presidenciales de 1868. Oroño pidió la intervención federal al gobierno de Mitre. Pero cuando la intervención llegó, en vez de reponerlo en el cargo, Oroño buscó una solución negociada. La misión del ministro Eduardo Costa en Santa Fe terminó con un llamado a elecciones en condiciones que implicaban entregar la provincia al urquicismo, aliado electoral de Mitre en ese momento.{67} Aun en sus rocambolescas derivaciones politiqueriles este conflicto es muy representativo del lugar que jugaban las medidas de secularización en esos años. La particular situación de Santa Fe obligó al gobierno de Oroño a ir más allá del límite tras el cual las relaciones entre gobierno e iglesia entraban en colisión. El gobierno nacional no podía avalar a una administración cuya política podía concitar sus simpatías pero que implicaba costos muy altos en un país con un aparato estatal embrionario. Por otra parte la utilización que hizo el General Urquiza del Obispado de Parana como grupo de presión para ganar una provincia es representativa del peso de la iglesia en la política provinciana.

    Pero, ¿cómo se reflejaban estas cuestiones en la sociedad civil? En Buenos Aires, en esos años, la presencia de círculos identificados con las ideas de secularización excedía el ámbito político e intelectual. La lucha por la instalación de ideas, discursos o lenguajes políticos es algo que se puede desarrollar de múltiples formas y en distintos espacios de la sociedad. Y la fuerte presencia de los sectores liberales en distintos ámbitos semi públicos y semi privados de Buenos Aires en 1860-1870 es una prueba de ello. Era muy importante la presencia de masones en las comisiones barriales que habían surgido para encarar una serie de problemas derivados del crecimiento urbano que el poder municipal embrionario no llegaba a atender. Pero por sobre todas las cosas fue importantísima la presencia de la masonería durante las grandes epidemias de 1867 y 1871. Tanto a través de los llamados de los diarios anticlericales a organizarse contra el flagelo, como con la presencia de los principales dignatarios masónicos en la Comisión de Higiene Publica de 1871 y con el protagonismo de médicos masones y hombres liberales en las comisiones parroquiales, en las sociedades de ayuda a las víctimas y en las iniciativas nacidas en el seno de las colectividades extranjeras. Ante los cambios que se vivían el aparato religioso caritativo-tradicional ya no podía cumplir el rol que había cumplido en el pasado aldeano y el aparato médico-sanitario estatal todavía no se había puesto en pie.{68} En ese contexto una red formada por distintos actores sociales que se reconocían en el mínimo común denominador de la vocación secularizadora ocupó ese vacío ante una coyuntura clave como las grandes epidemias producto del crecimiento urbano acelerado.

    Durante la presidencia de D. F. Sarmiento (1868-1874) el problema de las relaciones entre la iglesia y el estado cobraría mayor importancia. El sanjuanino llego al poder en medio de una guerra internacional y brotes de resistencias regionales en todo el país. Su base política era una coalición inestable de gobiernos provinciales que carecía de una solidez previamente adquirida para gobernar el país. Es en este contexto que Sarmiento decide renunciar a la masonería a poco de asumir la presidencia. El nuevo gobierno intentaba disipar cualquier sospecha de anticlericalismo militante. El Código Civil redactado por Vélez Sarfield, ministro del interior de Sarmiento, y aprobado en 1871, no incluyó la instauración del polémico sistema de matrimonio civil. Más allá de estos juegos de equilibrios estratégicos es indudable que la presidencia de Sarmiento significó un avance en la línea de secularización modernizadora del aparato del Estado. Pese a la presencia de clérigos y políticos cercanos a la iglesia el círculo dirigente del autonomismo compartía la línea de secularización progresiva iniciada después de Pavón.

    Así como la iglesia era un aparato lo suficientemente poderoso como para que los gobiernos nacionales no quisieran romper lanzas del todo con ella, ¿cuál era el peso de la masonería en el contexto de un país con un aparato estatal en formación? No puede pasarse por alto la funcionalidad de las logias para organizar redes de poder a lo largo de la geografía nacional y aún atravesando las fronteras todavía magmáticas de las repúblicas latinoamericanas. Queremos llamar la atención sobre un episodio poco conocido ligado a la consolidación de la soberanía del Estado sobre su territorio. Luego de la derrota paraguaya en la guerra de la Triple Alianza, los ejércitos aliados que entraron en Asunción en 1869 fueron acompañados por una delegación encabezada por el Gran Maestre del Oriente argentino Dr. Roque Pérez, por el brasileño Silva Parananho, miembro del Gran Oriente de su país y por un representante del gobierno uruguayo. Esta delegación debía resolver la forma de instalar un gobierno paraguayo provisional. Junto con la delegación viajaban varios masones paraguayos que habían apoyado a los aliados contra el gobierno de Mariscal Solano López. La común identidad masónica que unía a los representantes de los gobiernos aliados y a los exiliados paraguayos liberales servía de ámbito adecuado para negociar la organización de un país arrancado de las garras de una «Tiranía barbara». Una especie de diplomacia con sabor a logias y acuerdos de hermandades. En Asunción el representante argentino organizó la asistencia médica y sanitaria de la población paraguaya devastada cinco años de guerra de exterminio. Roque Pérez utilizó su condición de alto dignatario de la masonería para reclamarle a las logias ayuda pecuniaria y el envío de médicos. El equipo de médicos militares masones que llevaba la delegación argentina trabajó codo a codo con los capellanes aliados y con la iglesia local que buscaba brindar consuelo al desolado pueblo guaraní. Interesante alianza de la masonería y la iglesia unidas en una obra humanitaria para curar a las víctimas de un genocidio en las que ambas estuvieron de acuerdo. La gestión de Roque Pérez incluyó, como era de esperarse, la formación de una logia paraguaya dependiente del Gran Oriente Argentino.{69} Por su parte los brasileños fundaron Logias dependientes del Gran Oriente del Imperio, a través del cual ejercieron influencia sobre los gobiernos paraguayos hasta la evacuación de Asunción por las tropas imperiales en 1876.{70}

    La política educativa de Sarmiento es toda una radiografía de la política de secularización no conflictiva. El cuyano eligió como Ministro de Instrucción Publica al joven Nicolás Avellaneda, que había sido ministro del gabinete de Adolfo Alsina en la provincia de Buenos Aires y que era uno de los políticos más allegados a la Iglesia. Entre los funcionarios medios del área de educación en esos años convivirían liberales laicistas como Juana Manso con hombres más pragmáticos como José M. Torres.{71} En un mensaje de 1869 Avellaneda definía la política nacional tendiente a la formación de maestros para hacerse cargo de la educación elemental:

    «El maestro debe ser formado, y la Nación prestará el más valioso servicio a la educación primaria en las provincias, fundando y sosteniendo con sus rentas, dos o tres grandes establecimientos, donde aquel reciba la educación especial que ha de habilitarle para desempeñar su elevada misión, como instituto de la mente y de la conciencia del pueblo representado por el niño, que sus lecciones convertirán en hombre libre, inteligente, útil.»{72}

    En este mensaje está expresada la voluntad de formar un magisterio diplomado que debería ocuparse de la educación elemental suplantando cualquier otro agente que antes hubiera cumplido esa tarea, incluyendo a los clérigos católicos. La piedra angular de esta política sería la creación de las escuelas normales, comenzando por el Normal de Paraná, inaugurado en 1870, y los normales de Concepción del Uruguay (1873) y Buenos Aires (1874).{73} Como ministro, Avellaneda refrendó el ingreso de maestras protestantes norteamericanas, propiciado por Sarmiento para comenzar la formación de educadores; medida que como se sabe concitó fuertes críticas del clero en varios puntos del país. La creación del magisterio normalista, como un sacerdocio laico que llevaría la civilización hasta los confines de la barbarie e incorporaría a las masas a la democracia política fue la obra más importante del gobierno de Sarmiento. Es interesante ver cómo un ministro identificado con la iglesia fue el ejecutor de la política de fortalecimiento del sistema educativo escolar, que era funcional al proceso de secularización progresiva que venían impulsado los distintos gobiernos nacionales.

    El debate sobre la Iglesia y el Estado en la política bonaerense

    «Debe el gaucho tener casa
    escuela, iglesia y derechos»
    José Hernández, Martín Fierro

    El proceso de modernización del gobierno de la Provincia de Buenos Aires, llevado adelante por las administraciones autonomistas, también merece ser tenido en cuenta en un balance de los procesos de secularización previos a 1880. En esta materia los gobiernos autonomistas bonaerenses parecen haber seguido la misma política de equilibrio compensatorio con la iglesia y sus aliados que los gobiernos nacionales. La designación del joven católico Nicolás Avellaneda como Director General de Escuelas por Adolfo Alsina en 1866, fue compensada con la designación de hombres laicistas en los niveles medios del área educativa. En 1869 el Gobernador Emilio Castro designó al joven tribuno católico José M. Estrada como Director General de Escuelas, acompañado por un Consejo de Instrucción con mayoría de vocales ligados a la masonería. La designación de Estrada causó malestar en la mayoría de los maestros y directores. La instrumentación de un ciclo de conferencias formativas para maestros fue interpretada como un intento de hacer propaganda clerical y recibió la crítica de varios docentes, recogidas prontamente por la prensa liberal. Estrada intento sancionar a los maestros rebeldes y no contó con el aval de la mayoría de los vocales del Consejo, razón por la cual presentó la renuncia en marzo de 1870.{74} Este incidente es representativo no sólo de los juegos de equilibrios que los gobiernos ensayaban en materia confesional, sino también de otro tipo de equilibrios asimétricos que se estaban forjando en el seno de los aparatos de estado. A medida que se consolidaba el sistema escolar los sectores católicos estaban cada vez más en minoría.

    Por ese entonces el gobernador Emilio Castro propuso a la legislatura una reforma de la constitución bonaerense. La estrategia para legitimar ante la opinión publica la convocatoria y crear un consenso mínimo para su realización se hizo a través de la prensa porteña. Los diarios liberales de Buenos Aires, con la sola ausencia del órgano del arzobispado, se sumaron a la campaña en 1870. Este proceso es una muestra típica de los sistemas de acuerdos entre las distintas fracciones políticas de la oligarquía, tanto para superar crisis graves o como sistema de legitimación de reformas sobre las que existía un consenso implícito. En una serie de reuniones realizadas en la casa del General Bartolomé Mitre se negoció un acuerdo entre partidos para elaborar una lista común y un temario unificado para la convención. En las bancas de los constituyentes se sentaron los principales líderes del mitrismo y el alsinismo, pero también hombres jóvenes que tomaban el recambio de la generación de Pavón. Entre ellos varios de los egresados de la Facultad de Derecho en 1869 de donde saldrían algunos dirigentes el grupo reformista del autonomismo en la segunda mitad de la década de 1870-1880.{75} La convención constituyente aprobó varias reformas que modernizaban el sistema político electoral bonaerense (elección popular del gobernador, representación proporcional, acuerdo legislativo para la designación de ministros, &c.) e incluyó en el texto constitucional referencias a la obligatoriedad de la enseñanza a iniciativa del librepensador espiritualista Carlos Encina.{76} Pese a que entre los constituyentes había varios partidarios de la secularización, la propuesta del joven Eugenio Cambaceres para establecer la separación de la iglesia y el estado fue rechazada.

    El debate de la propuesta de Cambaceres es sumamente interesante porque trajo a colación los puntos claves de la relación Iglesia y Estado en la Argentina de 1870. Los argumentos de Cambaceres aludían al pluralismo confesional de la población, y como el carácter de religión estatal del catolicismo planteaba limitaciones a los disidentes (juramento religioso obligatorio a los legisladores, obligación de sostener un culto que no profesaban, &c.), salvo los discursos más doctrinarios de los católicos Goyena y Estrada, los demás oradores que rebatieron la propuesta de Cambaceres (Mitre, Tejedor, Montes de Oca) utilizaron argumentos concernientes al ordenamiento jurídico nacional (la obligación de las constituciones provinciales de no contradecir la constitución nacional). También aludieron a las funciones que cumplían los curas como auxiliares de la administración provincial en la campaña. El discurso del joven anticlerical Luis V. Varela, único orador que apoyo la moción de Cambaceres, recogió el guante y defendió la necesidad de laicizar el aparato estatal criticando por regresiva la actuación de los curas entre la población rural:

    «Allí señor Presidente, el párroco católico es el que forma el alma y la educación en los gauchos. Ese párroco, costeado por el Estado, con atribuciones indispensables y valiosísimas, en la vida civil, por su intervención en el estado civil de las personas, es considerado por todos los habitantes de su distrito, como funcionario público. Representante á la vez del Dios Divino y del Gobierno humano; disponiendo de poderosos elementos, de prestigio. ¿Quién nos garantiza, señor Presidente, que alguna vez no se constituirá en explotador de la ignorancia de los feligreses, para venir más tarde, en nombre de la religión, a levantar columnas religiosas, como la famosa Chirinada de triste recordación entre nosotros?»{77}

    La estrategia de Varela consistía en cuestionar los presupuestos de la política de secularización gradual. Los gradualistas sostenían que no se podía avanzar más rápido en la secularización, para no dejar un vacío en las instancias claves en la que se reforzaba la hegemonía de la oligarquía sobre las clases subalternas. Varela sostenía que el papel del párroco como un juez de paz con sotana le confería un poder que podría ser usado para impugnar al sistema político en la medida que el proceso de modernización gradual terminára afectando su status. Por su parte los oradores católicos aprovecharon el debate sobre la separación de la Iglesia y el Estado para exponer su doctrina de la Iglesia libre en el estado libre que será central en la estrategia de los grupos proclericales en los debates sobre las leyes de secularización de la década siguiente. Los miembros católicos de la elite a la vez que aspiraban a evitar la laicización del estado afirmaban el derecho de la iglesia de gozar de libertad respecto a la tutela que el estado ejercía sobre ella a través del sistema de patronato.{78}

    La convención reformadora bonaerense concluyó reafirmando el consenso de las distintas fracciones de la elite sobre la necesidad de no romper todos los puentes con el clero al que el estado gradualmente le quitaba poder de decisión. De hecho la convención dio el marco jurídico para la política de expansión de la educación en la provincia de Buenos Aires que impulsarían hombres liberales y laicistas como Carlos Encina, Jose M. Gutiérrez, &c. Como una nueva muestra de los equilibrios existentes dentro del autonomismo bonaerense la comisión que redactaría el texto de la Ley de Enseñanza común de 1875 estaría formada por dos liberales Jose M. Gutiérrez y Jose M. Moreno y por el católico Goyena. Esta norma provincial, que fue el principal antecedente de la Ley 1420, establecía que en las escuelas provinciales se debía aplicar un mínimo de educación religiosa respetando el derecho de los padres no-católicos a que no se le impartiera enseñanza confesional a sus hijos.{79}

    La relación Iglesia y Estado durante la presidencia de Nicolás Avellaneda

    La llegada a la presidencia de Nicolás Avellaneda en 1874 significó que por primera vez ocupara la cima del poder político un hombre asociado al catolicismo, aunque fuera en sus expresiones más dialoguistas. La inclusión de algunos políticos filo católicos en el gabinete y la consagración del Arzobispo Aneiros como diputado oficialista marcaron un momento de optimismo para los pequeños círculos políticos ligados a la iglesia católica. Pero la jerarquía eclesiástica pronto expresó su desazón al ver que la administración Avellaneda no estaba dispuesta a volver atrás en la línea de consolidación del aparato estatal iniciada por los anteriores gobiernos. El órgano de la curia El Católico Argentino criticó en duros términos la designación del masón Onésimo Leguizamon en el estratégico Ministerio de Instrucción Pública, en donde el clero hubiera querido ver a Felix Frías que en cambio fue designado Ministro de Relaciones Exteriores.{80} La administración de Taquito Avellaneda que no terminaba de llenar las expectativas del clero despertaba a la vez una fuerte desconfianza en los grupos laicistas. Para comprender esta particular situación debe tenerse en cuenta la frágil estabilidad del nuevo gobierno jaqueado por el fantasma de las conspiraciones mitristas y por la crisis económica que azotó el país entre 1873-1876. En este nuevo escenario surgirían las primeras iniciativas políticas importantes de corte anticlerical más definido y los primeros intentos de articular la acción de los miembros laicistas de la elite para defender el modelo de gestión estatal en formación.

    Pero esta agitación anticlerical de la segunda mitad de la década de 1870-1880 sólo puede entenderse pasando revista al proceso de crecimiento de un espacio laicista anticlerical en la sociedad civil desde 1860 en adelante.

    Ámbitos laicistas y anticlericales en el Buenos Aires de 1870

    Desde los años del cisma, se habían formado en Buenos Aires distintos ámbitos políticos, intelectuales y comunitarios en donde se difundían ideas de tipo liberal, laicista y anticlerical. Ya a fines de los años 50 se publicaban en Buenos Aires publicaciones liberales como La Nueva Generación y La Civilización, a la vez que las ideas liberales tenían su espacio en diario como Los Debates o en La Tribuna, órganos del liberalismo porteñista. En 1863 se funda El Artesano, periódico que se definía como socialista, en donde escribían los exiliados franceses Alejo Peyret, Amadeo Jacques y Victory y Suárez, quien sería un fuerte propagador de la masonería en Buenos Aires. El Artesano publicó en sus páginas colaboraciones del chileno Francisco Bilbao, tal vez la figura intelectual más identificada con un anticlericalismo militante en el Buenos Aires de esos años. Este polemista había escrito en 1860 una fuerte diatriba contra el Arzobispo Escalada, que había despachado una Pastoral censurando su libro La América en Peligro.{81} Bilbao ganó mucho prestigio en el Buenos Aires liberal de la presidencia de Don Bartolo. Hacia fines de la década pasaría e editar en sociedad con el masón alsaciano José Berhein, La República, que se convertiría en el órgano más anticlerical de la prensa porteña.

    En el marco de un sistema político electoral ajeno a cualquier forma de representación política amplia, existía una instancia clave de legitimación de las estrategias de las facciones de la élite política: la opinión publica.{82} La falta de una definición programática del liberalismo mitrista en materia de secularización generó críticas moderadas de distintos sectores que hubieran esperado una renovación más profunda en la materia.{83} Sobre esta base crecería en los años de la presidencia de Sarmiento la audiencia del espacio anticlerical porteño, que diversificaría sus canales, su agenda temática y sus vínculos con espacios políticos e intelectuales más amplios. La prensa porteña en su conjunto identificaba a la Iglesia Católica como un obstáculo para el progreso de la civilización. Era una reacción frente al Syllabus (1864) y la condena papal al pensamiento moderno y del estrechamiento de las relaciones entre el Vaticano y la reacción europea. El conjunto de los diarios de la elite recogían buena parte de las proposiciones de los grupos liberales europeos. En su análisis del periodismo de José Hernández, en su etapa al frente de El Río de La Plata (1869-1870), Halperin Donghi habla de un consenso general de la gran prensa porteña alrededor de condenar al catolicismo realmente existente en relación a su actitud con el espíritu del siglo.{84}

    Las manifestaciones concretas de esta crítica generalizada podían deslizarse hacia un estilo más virulento frente a situaciones concretas. La aparición en 1869 de un órgano periodístico del arzobispado porteño, Los Intereses Argentinos, concitó comentarios críticos y sarcásticos de todo el ámbito periodístico de la ciudad. En 1870, al entablarse una polémica entre la colectividad italiana y Los intereses, por comentarios de corte xenófobos publicados en sus páginas, el conjunto de la prensa porteña tomó partido por los italianos contra el diario católico.{85} En 1871 la negativa de la iglesia a incluir en un funeral de las víctimas de la fiebre amarilla a los médicos masones, provocó una fortísima campaña encabezada por La República y La Tribuna y personalizada en el Arzobispo Aneiros. Ese movimiento reflejo de destacar en primerísimo plano cualquier iniciativa de corte intolerante del clero fue cultivado por varios diarios de la elite. La Tribuna de Héctor «Orión» Varela escribía en 1871 que el clero cordobés llamaba a los paisanos a no trabajar en la construcción del ferrocarril, porque este serviría para traer masones y herejes.{86} En 1872 al conocerse el levantamiento de los gauchos del Tata Dios en Tandil, que al grito de «Mueran los Masones» procedió a asesinar gringos, la prensa porteña condenó unánimemente el rebrote de intolerancia y lo cargó a la cuenta de la iglesia, aunque el movimiento hubiera sido alentado por un curandero con vocación de santo mesiánico.{87} La República y la menos doctrinaria, pero no menos exaltada, La Tribuna, le dedicaron una amplia cobertura a los episodios de Tandil:

    «Allí el clero se ha apoderado de todas las conciencias. Indignos sacerdotes de una religión que cuenta tan augustos mártires, han propagado desde las más groseras supersticiones… El cura de campaña es casi siempre la autoridad absoluta e infalible del distrito. Se sabe ha habido un cura católico que impulsaba a su rebaño a hostilizar de todos modos la a la población protestante… En vista de tales ejemplos no es posible desconocer la influencia de esa propaganda funesta.»{88}

    Mientras no se dejaba pasar ninguna acción proveniente del campo católico para denunciar su influencia nefasta, la estrategia de la prensa liberal se volvía mucho más moderada a la hora de definir una posición respecto a las líneas a seguir respecto a la iglesia y su rol en la vida nacional. Buena parte de la crítica a la iglesia por la prensa, apuntaba a reconvenir al clero por su falta de voluntad para emprender el agiornamiento que haría posible su integración a la lucha por el progreso. Halperin Donghi cita como ejemplo de esta estrategia una serie de artículos de El Río de La Plata en donde se expresaba el deseo que el Concilio de 1870 emprendiera esa tarea.{89} Con la excepción de La República, de Bilbao, todos los demás periódicos clamaban por una reforma de la vetusta iglesia aliada al antiguo régimen. Esta estrategia, aun cuando se situaba en una posición más doctrinaria y militante, era en última instancia funcional a la legitimación de la política de secularización gradual y selectiva llevada adelante por los gobiernos de Mitre y Sarmiento.

    Mientras tanto el anticlericalismo periodístico se proyectaba en distintos ámbitos particulares de la vida porteña. Entre 1868-1872 surgió en Buenos Aires una prensa bohemia estudiantil (Los Negros, La Africana, La Cartera Misteriosa, El Estudiante) que acogía los lugares comunes del anticlericalismo de la Europa romántica. La crítica anticlerical de estos grupos estaba integrado a la sociabilidad festiva de los jóvenes de la elite. En 1868 el arzobispado protestó porque varias sociedades carnavalescas habían escenificado una sátira de la misa. En 1870 la ceremonia del carnaval en la plaza del Parque tomó la forma de una sátira al Concilio Ecuménico encabezada por tres chiflados disfrazados de cardenales.{90} Esta sátira asociaba el anhelo de una europeización del medio cultural porteño con la extinción de los restos de la atmósfera católica y tradicionalista en la vida de la ciudad. El diario carnavalesco Los Negros, analizaba en estos términos el esplendor de los carnavales de 1870:

    «…¡Oh! todo esto dice emocionado al corazón argentino que su patria ya no es la cautiva que lloraba silenciosa a la sombra de una tiranías, ni la que arrastraba las cadenas de una hipocresía monacal, sino que se levanta radiante y majestuosa como es su cielo, sus ríos y sus bosques, con su aliento libre como el viento de su Pampa, para que suspendido en alas del progreso la admire la orgullosa Europa que un día llamó desde las gradas de sus palacios, pueblo salvaje!»{91}

    Es también el campo carnavalesco el espacio elegido para otros grupos que incorporaban elementos anticlericales en los mensajes que formaban parte de una estrategia identitaria. Las comparsas de la colectividad italiana cantaban luego de 1870 a la gloria de la patria unificada luego de vencer al poder del papado. En los carnavales de 1876 cantaba la sociedad Stella di Roma:

    «Dopo lire de un bieco destino,
    dopo el tedio de una era incresciosa
    al delubro fatal di Quirino
    e tornata la dea liberta.»{92}

    La consolidación de las elites comunitarias de las principales colectividades extranjeras implicó un crecimiento del espacio laicista porteño. En la elite italiana predominaba un grupo mazziniano con una fuerte impronta anticlerical. Los diarios italianos que van viendo a la luz a partir de 1868 asumen, con distinto grado de adscripción, la pertenencia al campo anticlerical. Entre ellos La Nazione Italiana (1868), El Operai Italiani (1872), La Patria de gli Italiani (1876) y en particular Le Amico del Popolo (1879), órgano del mazzinismo más radicalizado.{93} Este predominio liberal laicista en la colectividad italiana no se limitaba al periodismo, sino que se extendía a la industria que hacía posible la circulación de las ideas. En momentos en que crecía la presencia de la imprenta en Buenos Aires y se producía la primera huelga de tipógrafos (1877), un sacerdote salesiano comentaba el predominio del elemento masónico entre los obreros gráficos italianos:

    «Hay también escuelas y diarios italianos pero alimentados y sostenidos por los pérfidos masones para corromper a los obreros, los cuales, son italianos casi todos. El obrero italiano tiene la imprenta propia, en la cual no acepta nada que no sea de ayuda a la propaganda masónica.»{94}

    La orden salesiana establecida en 1877 en el barrio italiano de La Boca, donde el predominio del los anticlericales era notorio, se convertiría en la bestia negra de los comecuras locales. El salesiano Antonio Milanesio, evangelizador de los indígenas patagónicos, fue víctima de un atentado a manos de un taita xeneize, hecho celebrado en los círculos anticlericales de la localidad. En 1880 la iglesia de San Marcos Evangelista fue objeto del ataque nocturno de una logia de carbonarios que destruyó distintos objetos de culto.{95}

    La presencia de liberales anticlericales era también importante en el ámbito de la colectividad española que venía recibiendo grupos que escapaban de los vaivenes de la política peninsular. En 1869 llegó a Buenos Aires, proveniente de Montevideo, el masón español Luis Fors, que se incorporó a la redacción de La República de Bilbao y fundó una Escuela Racionalista, que sería censurada por el diario del arzobispado por «atea». Como buen anticlerical Fors no dejo pasar la oportunidad para enzarzarse en una guerra de panfletos con el arzobispado y sus representantes legales. Exponente del anticlericalismo militante de la España de 1860, Fors ha dejado en sus escritos una opinión poco favorable de la política educativa de Sarmiento a la que consideraba una inmoral claudicación ante las fuerzas del oscurantismo y el atraso. Explicando el fracaso de su establecimiento en Buenos Aires dice el masón español:

    «Esta escuela atrajo sobre mí y sobre los tres españoles restantes que me ayudaron, toda clase de persecuciones públicas y secretas de los oscurantistas que monopolizan la enseñanza en Buenos Aires, protegidos por el inepto, maquiavélico y democrático Presidente de la República Argentina, que se titula Excmo. Sr Don Domingo Faustino Sarmiento.»{96}

    El aporte español fue importante también en otro pequeño ámbito doctrinario que cobra vida en esos años y que se incorpora con perfil propio a la constelación de grupos laicistas y anticlericales. En efecto, son españoles los inspiradores de los primeros grupos espiritistas que se forman en la capital argentina en los años de la presidencia de Sarmiento.{97} Más allá de estos círculos acotados, el perfil de la elite española en Buenos Aires estaba lejos de evidenciar un predominio anticlerical como el que encontramos en los italianos. Señalan Francisco Devoto y Alejandro Fernández en su estudio de las mutuales ibéricas en Buenos Aires que buena parte de las conducciones comunitarias estaban en manos de liberales o republicanos, que adscribían a una identidad laicista diferenciable del anticlericalismo abierto de los círculos italianos.{98} Pero el principal órgano de la colectividad, El Correo Español, tenía un fuerte componente anticlerical que reproducía la agenda temática de los diarios más anticlericales del medio porteño. Este periódico combatió duramente la candidatura del arzobispo Aneiros a Diputado en las listas autonomistas en 1874.{99}

    La elite afroargentina de Buenos Aires, que poco a poco abandonaba las asociaciones tribales para formar mutuales y adaptarse a las pautas de la sociedad blanca, también parece haber acusado cierto impacto de la expansión de las ideas liberales. Algunos exponentes del periodismo afroporteño parecen haber sido masones. Periódicos de negros como el efímero El Proletario (1858), publicado por Lucas Fernández, o La Unión (1879), sostenían ideas de corte saint-simoniano. Incluso, un par de sociedades carnavalescas afroporteñas de la década de 1870 adscribían a la identidad liberal: Símbolo republicano y Juventud republicana, &c.{100}

    Este consenso liberal anticlerical, o por lo menos laicista, presente en las redes formadas por organizaciones étnico nacionales era un dato insoslayable para las facciones políticas de la elite a la hora de pensar su relación con estos grupos como base de sustento político. Organizado el sistema electoral en forma que no necesitaba la movilización de grandes contingentes de votantes, los extranjeros y las castas jugaron un papel en la vida política porteña como grupos de choque y potenciales grupos de presión a través de distintos canales. De las facciones políticas de la elite era el mitrismo la que se hallaba identificada en el imaginario social con las banderas laicistas y liberales. Identificación que se mantuvo, pese a la desilusión que causó su política gradualista en la relación con el clero. Si esta moderación le había valido críticas de los anticlericales más militantes, era más funcional para conseguir una relación fluida con las elites inmigratorias. La presencia de Don Bartolo en los homenajes a Garibaldi, con el que había compartido la trinchera en el Montevideo sitiado, su afiliación de antigua data a la masonería, su discurso en la muerte de Gambeta, los artículos de La Nación Argentina apoyando la causa liberal en Europa, &c.; le valieron a Don Bartolo y su círculo una fuerte audiencia entre los gringos liberales.{101} Apoyo que fue notorio en la presencia de milicias italianas en Pavón y en los levantamientos armados de 1874 y 1880, donde el masón Mitre contó con el apoyo de italianos y españoles liberales contra el católico Avellaneda. No obstante, desde comienzos de los años 70, también el autonomismo venía intentado hacer pie en estos grupos. Y es interesante señalar que fue el liberal Héctor «Orión» Varela, cultor de la sátira anticlerical de bajo tono y auto divulgador de sus aventuras europeas como luchador liberal, el referente del autonomismo que tuvo una relación más fluida con los gringos en el periodo anterior a 1880.{102}

    En base a este cúmulos de espacios y redes laicistas y anticlericales, con distinto grado de convergencia entre sí, se produce durante la presidencia del católico Nicolás Avellaneda un nuevo tipo de articulación entre las iniciativas de los ámbitos anticlericales porteños y las fracciones políticas de la elite. Una de las primeras manifestaciones del crecimiento del peso específico de los medios anticlericales fue el nacimiento de órganos periodísticos más doctrinarios. Estos son la Revista Masónica de Victory Suárez (1874) y luego el diario El Librepensador, fundado en 1878 como órgano del Club Liberal. El pequeño resurgir de los grupos católicos en 1874 provocó la renovada combatividad de los anticlericales, hecho que no estuvo ajeno a la situación de inestabilidad institucional como producto del fracaso de la revolución mitrista de ese año. A las violentas polémicas entre la Revista Masónica y el nuevo órgano eclesiástico ultramontano, El Católico Argentino, pronto se sumaría el anticlericalismo utilitario de los diarios mitristas que criticaban distintas medidas del Arzobispo Aneiros, identificado políticamente con el oficialismo.{103} Pero el protagonismo que fue tomando Aneiros en los meses siguientes haría extensivo el malestar también a sectores ligados al autonomismo.

    En 1875 la decisión del obispo de devolver algunas iglesias a la orden jesuítica provoco una agitación anticlerical de proporciones inéditas. Se formo un Club Universitario que llamó a movilizarse para impedir el traspaso de las parroquias y para presentar un petitorio pidiendo la separación de la iglesia y el estado.{104} Este club estaba liderado por los jóvenes Luis V. Varela, autor de una Contra pastoral contra el arzobispo y defensor de la separación de la iglesia y el estado en la convención de 1871; por el futuro historiador Adolfo Saldias y otros jóvenes en su mayoría autonomistas. Pronto se sumaron a la campaña oradores anticlericales, como el pintoresco Emilio Castro Boedo. Este era un personaje inclasificable que, en su tiempo de cura católico, había sido colaborador del montonero Felipe Varela, para luego convertirse en pastor evangélico. La campaña fue acompañada por toda la prensa liberal encabezada por La Tribuna, periódicos de la colectividad italiana, española y francesa; sociedades italianas de La Boca, &c.

    Un gran mitin convocado frente al palacio arzobispal derivó en una manifestación violenta que se introdujo en la iglesia de San Ignacio, rompiendo bancos y objetos para luego dirigirse al Colegio de El Salvador e incendiar sus instalaciones. Varios dirigentes y manifestantes fueron detenidos. Grupos afines a la iglesia convocaron a actos de desagravio que convocaron menos gente que la manifestación anticlerical.{105} En el balance de este hecho queda la rápida toma de distancia de la mayor parte de sus protagonistas frente de la violencia desplegada y la paranoia que ganó a buena parte de la prensa que le atribuyó el hecho a agentes de la Internacional comunista que intentaban implantar una Comuna como en París en 1871.{106}

    Pese a sus características coyunturales este episodio es un buen indicador de los cambios que se estaban produciendo en Buenos Aires a fines de la década de 1870-1880. Crisis económica, agudización de los conflictos en el seno de la oligarquía y las primeras huelgas obreras van marcando una serie de hechos que si no constituían un amenaza grave a la hegemonía de la elite tradicional, sí ponían a prueba los sistemas de acuerdos desarrollados por el régimen consolidado después de Pavón. Si la política en materia de secularización se había desenvuelto dentro de las líneas de un gradualismo consensuado, en el que coincidían las distintas facciones de la elite, el relajamiento de los sistemas de acuerdo podía reflejarse en un quiebra de la unanimidad alrededor de esta materia, entre otras. O, también, podía favorecer la instrumentalización de un cierto discurso anticlerical militante para encolumnar a sectores susceptibles de actuar como grupos de presión en las pugnas políticas de los partidos tradicionales.

    En nuestra opinión, las cuestiones vinculadas a las relaciones Iglesia Estado comenzaban, para esos años, a estar condicionadas por una serie de elementos que no tenían un gran peso específico una década atrás. En los años siguientes se pondría sobre el tapete la necesidad de avanzar hacia una reformulación más profunda del rol del aparato eclesiástico sin poder evitarse un conflicto abierto. Pero ya antes de 1880 la red de aparatos del estado había alcanzado la suficiente expansión como para que en su seno distintas fracciones de funcionarios empezaran a acumular poder en su seno. Es en este contexto que se funda en 1878 el Club Liberal, agrupación que se proponía defender las «instituciones libres» y combatir la influencia clerical que intentaba coparlas para promover una regresión hacia el oscurantismo. Firmaban el manifiesto liminar de esta agrupación José M. Gutiérrez, Carlos Encina, Juan e Ignacio Pirovano, Miguel Cane, Carlos Pelegrini, Adolfo Saldias, Salvador María del Carril, B. Montero, A. Navarro Viola, J. M. Ramos Mejía, Delfín Gallo, Francisco Moreno, Ramón Lista, Nicomedes y Arturo Reynal O’Connor, &c.{107} Un grupo de educadores, médicos, abogados y jóvenes recientemente cooptados en el elenco político de los partidos tradicionales creaban un espacio en donde la relación iglesia y estado pasaba a ser el ordenador principal. Las líneas de los debates sobre las leyes de secularización de los años 80 estaban trazadas.

    Las leyes secularizadoras del 80

    La derrota del levantamiento localista del gobernador de Buenos Aires, Carlos Tejedor, la llegada al poder del General Julio A. Roca y la ley de capitalización de la ciudad de Buenos Aires, marcan la crisis del Régimen político iniciado en Pavón. El triunfo de Roca fue producto de una alianza entre el autonomismo porteño, la oligarquía cordobesa y los terratenientes tucumanos, apoyada por casi todos los demás gobiernos provinciales. Sobre el eje Buenos Aires-Córdoba-Tucumán se formó un nuevo bloque de poder que terminó por consolidar la estructura del Estado Nación centralizado y la incorporación definitiva del país al mercado mundial como nación exportadora de productos agropecuarios.{108}

    Los cambios en la estructura del Estado pondrían sobre el tapete la necesidad de concretar reformas hasta ese momento postergadas. En lo concerniente a las relaciones entre la Iglesia y el Estado los próximos pasos que daría el Estado Nacional no podrían ser aceptados sin resistencia por parte del clero, ni tampoco eran medidas que podían ser compensadas con concesiones de otro tipo. Al carácter cada vez más pluralista de la sociedad, se sumaban otros desafíos de efectos más recientes. La inmigración masiva no sólo complejizaba el perfil confesional de la población, sino que también ponía en primer plano la asimilación del inmigrante en el proceso de la formación de una voluntad de nación. Y aún también la necesidad de integrar a los nativos en una solidaridad básica con el Estado Nación consolidado.{109} Todas estas eran cuestiones en las que el viejo aparato de la iglesia criolla no podía ser un compañero de ruta adecuado para el poder político.

    Paradójicamente, los primeros tiempos de la administración Roca parecieron marcar un avance del clero y las facciones políticas afines. Roca nombró como Ministro de Instrucción publica al cordobés Didimo Pizarro, católico bastante intransigente. Pizarro incluso llegó a hacer gestiones en el seno del gobierno en vistas de realizar un concordato con el Vaticano. En 1881 se creó el Consejo Nacional de Educación, que tendrá como primer presidente a D. F. Sarmiento. El ex presidente venía recuperando prestigio en el seno de la masonería de la mano de la nueva generación de políticos laicistas. En su gestión al frente del Consejo fue acompañado por una mayoría de vocales del grupo católico liberal. La estrategia del gobierno de Roca en materia de relaciones con la iglesia parecía prolongar el juego de compensaciones que habían ensayado los anteriores gobiernos. En 1879, el futuro presidente comentaba la política secularizadora de su aliado el gobernador de Córdoba, Antonio del Viso, en carta a su cuñado, el Ministro de gobierno cordobés Juárez Celman, y le aconsejaba a avanzar en ese terreno de manera mas gradual: «Si es necesario haga una Novena en su casa y muéstrese más católico que el Papa.»{110}

    Para entender el posterior giro del gobierno y su ofensiva secularizada de 1882-1886 hay que tener en cuenta una serie de conflictos que se estaban produciendo en el interior del país entre autoridades eclesiásticas y gobiernos provinciales. En la provincia de Córdoba, pieza clave en la coalición roquista, las relaciones entre la iglesia y el gobierno provincial venían siendo tensas desde que el gobernador Antonio del Viso había hecho aprobar una ley de redención de capellanías en 1878.{111} Al asumir la gobernación Juárez Celman, en 1880, las relaciones entre la iglesia y el gobierno provincial empeoraron. El nuevo gobernador se decidió a llevar adelante un programa de tipo secularizador que incluyó la creación de un Registro Civil provincial y la abolición de los últimos cementerios parroquiales. A esto se sumó un conflicto con el obispado por el nombramiento de profesores en la recién creada Facultad de Teología de la Universidad de Córdoba.{112} El católico Pizarro, en su carácter de Ministro de Instrucción Publica, debió realizar una difícil mediación entre el obispo y el gobierno de Córdoba. Mientras tanto, en otros puntos del país, se producían conflictos por la oposición del clero a reformas de los gobiernos locales. En 1880 el Obispo de Paraná, Gelabert y Crespo, el mismo del conflicto con Oroño en 1867, sufrió una agresión de parte de estudiantes del Colegio de Concepción del Uruguay al finalizar un sermón.{113} En Buenos Aires el Arzobispo Aneiros cuestionó una medida del Consejo Nacional de Educación de 1881, en donde se disponía que la pequeña cuota de enseñanza religiosa de la enseñanza oficial fuera dictada ya no por los maestros sino por los párrocos.{114} La posición de Pizarro como defensor de los puntos de vista de la iglesia ante el gobierno nacional se volvió difícil, y a eso se sumó el conflicto con los miembros liberales del Consejo. El presidente Roca decidió relevar a Pizarro en vísperas de la reunión en Buenos Aires del Congreso Pedagógico Sudamericano. Luego de estar observando la evolución de los hechos desde hacía dos años, el Zorro Roca se volcó hacia los sectores laicistas que parecían garantizar el apoyo mayoritario para la postergada modernización del aparato del estado.

    El Congreso Pedagógico Sudamericano, reunido ese año en Buenos Aires, puso en evidencia el consenso alcanzado por las posiciones laicistas entre la comunidad de educadores, funcionarios del área de la instrucción pública y la mayor parte del establishment político. Los miembros del Club Liberal de 1878 se habían reagrupado en la Logia Docente en 1881, y habían hecho elegir al ex presidente Sarmiento como Gran Maestre, acompañado por Leandro N. Alem como Vice Gran Maestre.{115} El predominio de las posiciones laicistas en el campo intelectual porteño, forjado a lo largo de la década de 1870, adquiría un carácter militante para apuntalar medidas que el poder político se mostraba dispuesto a llevar adelante. En el Congreso Pedagógico participaron junto a los delegados argentinos numerosos educadores uruguayos, bolivianos, paraguayos, chilenos y brasileños. Además de los aspectos técnicos del proceso educativo en el Congreso se discutió el problema que para la elite política era más central en el área: la relación entre sistema educativo y sistema político. Tal es el tema que desarrollo el ex Ministro de Instrucción Pública Onésimo Leguizamon en el discurso inaugural.{116} El viejo axioma sarmientino que afirmaba que la democracia nacía del aula era incorporado en una estrategia que concedía a la escuela publica un rol central en la consolidación del Estado y la creación de una voluntad de nación. El médico liberal Wilde, que ocupó el Ministerio de Instrucción Pública luego de un breve interinato de Victorino de La Plaza, adelantó en sus ponencias las líneas generales de lo que sería el proyecto de Ley de Educación Común que se presentaría en el Congreso en 1883. Ante el claro predominio de los sectores laicistas los católicos liberales se retiraron del Congreso y fundaron el diario La Unión, redactado por José Manuel Estrada y Pedro Goyena. Este diario, junto al más conservador La Voz de la Iglesia, órgano del arzobispado, se abocaron a enfrentar la ofensiva laicizadora que ya era imparable.{117}

    El debate parlamentario de la Ley 1420 ha sido objeto de muchos estudios. En estas páginas nos limitaremos a destacar que mientras la estrategia de los parlamentarios católicos como Pedro Goyena y Tristán Achaval Rodríguez se centró en denunciar el carácter ateo que se le quería imprimir al sistema educativo, la estrategia del gobierno consistió en destacar el carácter neutral que la escuela tendría, de ahí en más, en materia confesional. El Ministro Wilde insistió en su discurso frente a las cámaras que en la perspectiva que manejaba el poder político no se desdeñaba el auxilio de la religión como elemento para socializar a las clases subalternas.{118} Pero no había gestos de conciliación que alcanzaran para compensar la derrota. Aparte de haberle quitado toda incidencia en el área educativa el gobierno no pretendía renunciar a ejercer plenamente sus derechos de patronato sobre el clero e invitaba a la iglesia a que comprendiera la necesidad de aceptar estos cambios impuestos por el progreso. Con esta misma filosofía la administración Roca afrontó la reacción de la iglesia en todo el país.

    Durante 1883-1884 la iglesia y sus aliados se movilizaron a lo largo del territorio nacional contra la ley de educación común. El epicentro de la resistencia fue Córdoba, donde el Obispo Clara publicó una pastoral contra las reformas laicizantes, llamando a los fieles a retirar a sus hijos de la Escuela Normal de la provincia porque era dirigida por maestras protestantes. La actitud del obispo cordobés fue imitada por los obispos de Salta y Santiago del Estero. Por su lado la facción de laicos católicos había creado la Asociación católica en Capital (1884). José M. Estrada, desde su cargo de rector del Colegio Nacional Buenos Aires, y los profesores católicos de la Universidad de Córdoba, desde sus cátedras, apoyaron esta agitación contra la nueva «escuela sin dios». Incluso el nuncio apostólico Monseñor Mattera viajó a Córdoba a alentar la movilización del aparato eclesiástico y sus aliados. El gobierno de Roca reaccionó removiendo a los obispos levantiscos, quitándoles sus puestos a los profesores rebeldes y rompiendo relaciones diplomáticas con el Vaticano, al expulsar al Nuncio del territorio nacional. Una etapa se cerraba. Y así como la política de secularización gradual había contado durante décadas con el acuerdo tácito de todas las facciones de la oligarquía, la firmeza ante la rebeldía del clero también contó con un grado de apoyo cuasi unánime. El ex presidente Mitre, representante de la oposición testimonial frente al Unicato roquista, publicó una serie de artículos en La Nación en donde sostenía que la actitud de los obispos era un intento de subvertir el orden jurídico que se venía construyendo desde Caseros, y aún desde la emancipación, en adelante.{119}

    Los últimos episodios del proceso de secularización del país se produjeron antes de concluir la década. Merece un comentario aparte el proceso de modernización del aparato estatal médico sanitario, que alcanzó un grado de concreción importante al mismo tiempo que se llevaba adelante el tumultuoso proceso de laicización de la enseñanza. Esa fuerte presencia de médicos higienistas en las grandes epidemias se había proyectado durante la década de 1870-1880 con el avance de concepciones médicas modernizadoras en las cátedras de la Universidad de Buenos Aires. El propio Eduardo Wilde había sido uno de los impulsores de los Cursos de Higiene Pública, en donde se difundió un modelo de medicina social que entraba en colisión con la teoría y la practica del viejo aparato médico caritativo. En 1881 la creación del Departamento Nacional de Higiene y la fundación en 1883 de la Asistencia Pública,{120} en el ámbito de la municipalidad de Buenos Aires, ponían las bases de un sistema de salud moderno, con un modelo de gestión laico, aunque en él subsistiera alguna presencia religiosa a través de las ordenes de monjas que actuaban como enfermeras. Si bien en el proceso de modernización del aparato sanitario el tema ideológico no tenía la misma centralidad que en el caso del sistema escolar, su apropiación subjetiva por distintos actores sociales lo hizo un campo de tensiones del debate laicismo/clericalismo. La oposición del clero a la práctica de la cremación promovida por los médicos higienistas es una buena prueba de ello.{121} En 1887, en la provincia de Tucumán, se produjo un levantamiento de la plebe criolla dirigido contra «gringos y masones» identificados con los médicos y enfermeros de la Cruz Roja, que habían llegado a la provincia para combatir a una epidemia de cólera.{122} Mientras tanto Juárez Celman, sucesor de Roca en la presidencia, impulsó la aprobación de la ley de Matrimonio Civil por el Congreso Nacional en 1889.{123} El debate y aprobación de esta ley reprodujo el clima de enfrentamiento de 1883-1884. Aunque esta vez la iglesia y los pequeños grupos católicos que la apoyaban estuvieron mucho más en soledad. El arzobispo Aneiros envió una circular a los párrocos pidiéndoles que le explicaran a los fieles que el matrimonio civil era, para la los católicos, un simple concubinato. Incluso desde el Vaticano se enviaron instrucciones para resistir la ley. El Vicario capitular de Córdoba llamó a desconocerlas y varios clérigos que casaron parejas que no habían pasado por el Registro Civil fueron procesados.{124} Esa fue la última resistencia clerical a las leyes de laicización del Estado.

    El proceso de secularización del Estado Nacional había llegado a su culminación a partir de una línea de acción compartida por los distintos gobiernos oligárquicos desde Caseros en adelante. Luego de aplastar los levantamientos localistas, el Estado Nación lograba poner en pie una red de aparatos ideológicos que respondían al poder central sin incidencia de ninguna corporación, ni ningún factor de poder autónomo. Todo esto sin renunciar a su control tradicional sobre la iglesia católica como religión de la mayoría de la población. Este Estado secularizador de los años ochenta sería una de las herramientas con que el bloque en el poder afrontaría el desafío de asimilar al extranjero y socializar al nativo. Como tal se convertiría en un escenario de luchas políticas e ideológicas, que se abrirían luego de la crisis de consenso que afectó a la República conservadora en 1890.

    Notas

    {0} Este artículo se corresponde con un capítulo del libro El Progreso Desencadenado. El Movimiento librepensador en la Argentina, de próxima publicación.

    {1} José Carlos Chiaramonte, La Critica ilustrada de la realidad, Ceal, Buenos Aires 1982, págs. 142-150.

    {2} Tulio Halperin Donghi, Tradición política española e ideología revolucionaria de mayo, Ceal, Buenos Aires 1985, págs. 61-76.

    {3} Eduardo O. Durnhofer, «Trascendencia de la filosofía de la revolución francesa en la revolución de mayo» en Varios, Imagen y recepción de la revolución francesa en la Argentina, págs. 73-74.

    {4} El Telégrafo Mercantil, 6 de junio de 1801.

    {5} James Peire, «De la dominación suave a la traición. La iglesia en la transición 1808-1815» en Enrique Normando Cruz (comp.), Anuario del CEIC/1. Iglesia, Misiones y Religiosidad, UNJU, San Salvador de Jujuy 2000, págs. 205-267.

    {6} Boleslao Lewin, «La conspiración de los franceses en Buenos Aires» en Anuario del Instituto de Investigaciones Históricas, UNL, Rosario 1960, págs. 9-37.

    {7} Alcibiades Lappas, La masonería argentina a través de sus hombres, págs. 70-72.

    {8} Tulio Halperin Donghi, Revolución y guerra, Siglo XXI, Buenos Aires 1979, págs. 134-135.

    {9} Ricardo Caillet Bois, «Las corrientes ideológicas europeas del siglo XVIII y el virreinato del Río de La Plata», en Academia Nacional de la Historia de la Nación Argentina, Historia de la Nación Argentina, Imprenta de la Universidad, Buenos Aires 1939, tomo V, sección I, págs. 71-72.

    {10} Tulio Halperin Donghi, Revolución…, págs. 190-191.

    {11} Julio Cesar Chávez, Casteli, el adalid de mayo, págs. 227-240.

    {12} José Ingenieros, La Evolución de las ideas en la Argentina, Elmer, Buenos Aires 1959, tomo I, págs. 177-192.

    {13} Bernardo Monteagudo, Oración inaugural pronunciada en la apertura de la Sociedad Patriótica la tarde del 13 de enero de 1812 por… Reproducido en Noemi Goldman, Historia y lenguaje, Ceal, Buenos Aires 1991, págs. 56-57.

    {14} Juan Canter, Las Sociedades secretas, políticas y literarias (1810-1815), Imprenta de la Universidad, Buenos Aires 1942, pág. 125.

    {15} Pilar González Bernaldo, «Producción de una nueva legitimidad: ejercicio y sociedades patrióticas en Buenos Aires entre 1810 y 1813», en Varios, Imagen y recepción…, págs. 48-49.

    {16} José M. Paz, Memorias, t. I, 12 nota (citado en José Ingenieros, La evolución…, t. I, pág. 126).

    {17} Heloisa Jochins Reichel, «A religiosidade na sociedade platina (fins do sec XVIII e Inicios do XIX)», en Estudos Leopoldenses, Sao Leopoldo (Brasil), volume 2, nº 2, julho/dezembro 1998, págs. 59-60.

    {18} Guillermo Gallardo, La política religiosa de Rivadavia, Ediciones Theoria, Buenos Aires 1962, págs. 41-67.

    {19} Washington Reyes Abadie, Artigas y el federalismo en el Río de La Plata, Hyspamerica, Buenos Aires 1986, págs. 320.

    {20} Americo A. Tonda, La iglesia Argentina incomunicada con Roma (1810-1858) Problemas, conflictos, soluciones, Universidad Católica de Santa Fe, Santa Fe 1965, págs. 15-16.

    {21} Adolfo Saldias, Buenos Aires en el centenario, Talleres Gráficos, La Plata 1910, págs. 136-143.

    {22} Guillermo Gallardo, op. cit., págs. 173-206.

    {23} Luis Alberto Romero, La Felix experiencia (1820-1824), Ediciones Bastilla, Buenos Aires 1983, págs. 225-226.

    {24} Alcibiades Lappas, op. cit., págs. 67-68.

    {25} Un inglés, Cinco años en Buenos Aires, 1820-1825, Hyspamerica, Buenos Aires 1986, págs. 134-135

    {26} Milciades Peña, El paraíso terrateniente, Fichas, Buenos Aires 1975, págs. 32-33.

    {27} Luis Alberto Romero, op. cit., págs. 94-96.

    {28} Domingo F. Sarmiento, Facundo, Kapeluz, Buenos Aires 1971, págs. 182-184.

    {29} John Lynch, Juan Manuel de Rosas, Hyspamerica, Buenos Aires 1986, pág. 237.

    {30} José Ingenieros, Evolución…, t. IV, págs. 113-115.

    {31} John Lynch, op. cit., págs. 156-157.

    {32} H. S. Ferns, Gran Bretaña y Argentina en el siglo XIX, Solar-Hachette, Buenos Aires 1968, págs. 241-242.

    {33} Fernando Carlos Urquiza, «Una imagen de las ideas políticas en el Buenos Aires de 1832. Pacto social, soberanía y sociedad civil en los eclesiásticos que intervienen en el ‘Memorial Ajustado’», en N. Enrique Cruz (comp.), op. cit., págs. 268-295.

    {34} Willians Mac Gan, Viaje a caballo por las provincias argentinas, Hyspamerica, Buenos Aires 1986, págs. 280-285.

    {35} John Lynch, Juan…, págs. 237-238.

    {36} Tulio Halperin Donghi, Historia de la Universidad de Buenos Aires, Eudeba, Buenos Aires 1962, págs. 48-56.

    {37} Ernesto Quesada Vicente, Memorias de un viejo, Buenos Aires 1942, pág. 246.

    {38} Milciades Peña, op. cit., págs. 70-71.

    {39} José Ingenieros, Evolución…, t. IV; págs. 124-133.

    {40} Americo A. Tonda, op. cit., págs. 249-252.

    {41} Jorge M. Mayer (edición crítica y estudio preliminar), Las «Bases» de Alberdi, Editorial Sudamericana, Buenos Aires 1969, págs. 64-66 (Noticia preliminar).

    {42} Domingo F. Sarmiento, op. cit., pág. 182.

    {43} Juan B. Alberdi, Las Bases, en Jorge M. Mayer, op. cit., págs. 258-260.

    {44} Esteban Echeverría, Obras completas, Claridad, Buenos Aires 1972, pág. 137.

    {45} Carlos Conforti, «¿La religión católica es religión de estado en nuestro país?», en Humanidad Nueva, noviembre de 1910, págs. 498-500.

    {46} Anales de legislación Argentina, La Ley, Buenos Aires, 1954, tomo: 1852-1880, pág. 178.

    {47} Americo A. Tonda, op. cit., págs. 254-257.

    {48} Abelardo Levaggi, Dalmacio Vélez Sarfield y el derecho eclesiástico, Editorial Perrot, Buenos Aires 1969, págs. 144-145.

    {49} María Saenz Quesada, El Estado rebelde. Buenos Aires entre 1850-1860, EB, Buenos Aires 1982, pág. 367.

    {50} Ibídem, 357.

    {51} Felix A. Chaparro, José Roque Pérez, Multicarta editores, Rosario 1951, págs. 119-129.

    {52} Alcibiades Lappas, op. cit., pág. 82.

    {53} María Saenz Quesada, op. cit., pág. 393.

    {54} Citado en José S. Campobassi, Sarmiento. Sus ideas sobre religión, educación y laicismo. Respuestas a un libro anti sarmientista, Ediciones de la Liga Argentina de Cultura Laica, Buenos Aires 1961, págs. 13-14.

    {55} Daniel Omar De Lucia, «Buenos Aires. Las formas del poder parroquial (1856-1880)», en Boletín del IHCBA, nº 14, págs. 15-18.

    {56} José S. Campobassi, op. cit., pág. 16.

    {57} María Saenz Quemada, op. cit., pág. 321.

    {58} Juan Carlos Tedesco, Educación y sociedad en la Argentina (1880-1900), Ceal, Buenos Aires 1982, págs. 66-67.

    {59} Miguel Cane, Juvenilia, Ceal, Buenos Aires 1967, págs. 62-63.

    {60} Cayetano Bruno, Historia de la iglesia en la Argentina, Editorial Don Bosco, Buenos Aires 1976, t. XI, págs. 49-50.

    {61} El texto del Decreto reproducido en Hector Recalde, «Higiene pública y secularización» en Conflictos y Procesos de la Historia Argentina Contemporánea, Ceal, Buenos Aires 1989, nº 30, págs. 22-25.

    {62} Anales de…, pág. 436.

    {63} Rodolfo Ortega Peña y Eduardo L. Duhalde, Felipe Várela contra el imperio británico, Editorial Sudestada, Buenos Aires 1966, págs. 141-143.

    {64} Elías Díaz Molano, Nicasio Oroño, colonizador, Plus Ultra, Buenos Aires 1977, págs. 41-73.

    {65} Hector Recalde, Matrimonio civil y Divorcio, Ceal, Buenos Aires 1986, págs. 113-114.

    {66} Miguel De Marco, «Nicasio Oroño, el luchador santafesino», en Todo es Historia, nº 99, julio de 1975, págs. 22-26.

    {67} José María Rosa, Historia Argentina, Oriente, Buenos Aires 1974, págs. 227-229.

    {68} Daniel Omar De Lucia, op. cit., págs. 18-26.

    {69} Felix Chaparro, op. cit., págs. 166-168.

    {70} «Masonería en Paraguay. Antecedentes Históricos» en www.galeon.hispavista.com/masoneriapya/historia.html

    {71} Adriana Puiggros, «José M. Torres y los fundamentos de la pedagogía argentina», en Hugo Biagini (comp.), Redescubriendo un continente. La inteligencia española en el París americano en las postrimerías del siglo XIX, Diputación Provincial, Sevilla 1993, págs. 239-253.

    {72} Citado en: Adriana Puiggros, Sujetos, disciplina y curriculum en los orígenes del sistema educativo argentino, Galerna, Buenos Aires 1990; pág. 73.

    {73} Juan Carlos Tedesco, op. cit., págs. 145-157.

    {74} José E. Martinelli, La acción educacional de José M. Estrada, Edición del Autor, Buenos Aires 1941, págs. 40-46.

    {75} José C. Chiaramonte, Nacionalismo y liberalismo económicos en Argentina, Hyspamerica, Buenos Aires 1986, pág. 168.

    {76} Hugo Biagini, La generación del ochenta, Editorial Sudamericana, Buenos Aires 1995, págs. 106-110.

    {77} Diario de sesiones de la convención constituyente de la provincia de Buenos Aires, 28 de julio de 1871, págs. 568-669 (subrayado en el original).

    {78} José Manuel Estrada, Sus mejores discursos, Editorial Difusión, Buenos Aires 1942, págs. 65-94 (Libertad de enseñanza).

    {79} Fernando Barba, Los autonomistas del 70, Ceal, Buenos Aires 1982, págs. 112-120.

    {80} El Católico Argentino, 18 de diciembre de 1875.

    {81} Francisco Bilbao, Contra-Pastoral, Buenos Aires 1860.

    {82} Alberto Adolfo Lettieri, «Hacia una historia de la opinión publica en la Argentina», en Boletín de Historia del Fundación del Pensamiento Iberoamericano, nº 19, primer semestre de 1992, págs. 3-21.

    {83} Tulio Halperin Donghi, Una nación para el desierto argentino, Ceal, Buenos Aires 1982, pág. 98.

    {84} Tulio Halperin Donghi, José Hernández y sus mundos, Sudamericana, Buenos Aires 1985, pág. 174.

    {85} Hilda Sabato y Emma Cibotti, «Hacer política en Buenos Aires: los italianos en la escena política porteña 1860-1880», en Boletín del Instituto de Historia Argentina y Americana «Dr. Emilio Ravigñani», nº 2, primer semestre de 1990, págs. 37-41.

    {86} La Tribuna, 4 de diciembre de 1871.

    {87} Hugo Nario, Los crímenes de Tandil, Ceal, Buenos Aires 1983, págs. 56-63.

    {88} La Tribuna, pág. 284.

    {89} Tulio Halperin Donghi, op. cit., págs. 175-183.

    {90} Daniel Omar De Lucia, «El carnaval porteño. El proceso de su constitución como campo simbólico (1868-1880)», en Desmemoria, nº 23-24, julio-diciembre de 1999, pág. 132.

    {91} Los Negros, 6 de marzo de 1870 (subrayado mío).

    {92} El Carnaval de Buenos Aires, 27, 28 y 29 de febrero de 1876.

    {93} Hilda Sabato y Emma Cibotti, op. cit., nº 2, primer semestre de 1990, pág. 27.

    {94} Citada en: Cayetano Bruno, op. cit., pág. 421.

    {95} Jorge N. Gualco, La epopeya de los italianos en la Argentina, Plus Ultra, Buenos Aires 1997, págs. 93-94.

    {96} Luis Fors, Miscelánea Americana, Imprenta de Diego Valero, Madrid 1871, pág. 330.

    {97} Mariño Cosme, El espiritismo en la Argentina, Sociedad Constancia, Buenos Aires 1960.

    {98} Fernando Devoto y Alejandro Fernández, «Mutualismo étnico, liderazgo y participación política. Algunas hipótesis de trabajo», en Diego Armus (comp.), Mundo urbano y cultura popular. Estudios de Historia Social Argentina, Sudamericana, Buenos Aires 1990, págs. 129-158.

    {99} Alejandro Herrero y Fabián Herrero, «La prensa española. Surgimiento y consolidación», en Hugo Biagini (comp.), Redescubriendo…, págs. 126-127.

    {100} Daniel Omar De Lucia, El Carnaval.., págs. 135-138.

    {101} Daniel Omar De Lucia, Mitre, la inmigración y su rol en la formación del Estado Nacional (1853-1880) (ponencia presentada en las XIV Jornadas de Historia del IHCBA, 1997)

    {102} Hector Varela, Almanaque de Orion, Imprenta de La Tribuna, Buenos Aires 1871 (folleto en que su autor resalta sus andanzas europeas).

    {103} José M. Rosa, op. cit., pág. 133.

    {104} Hilda Sabato, La política en las calles. Entre el voto y la movilización. Buenos Aires, 1862-1880, Editorial Sudamericana, Buenos Aires 1998, págs. 223-224.

    {105} Pablo Ibarra, «¡Hay que incendiar El Salvador!», en Todo es Historia, nº 3, julio de 1967, pág. 84.

    {106} Trinidad Delia Chianeli, Raúl H. Galmarini, «Una conspiración comunista en 1875?», en Todo es Historia, nº 102, noviembre de 1975, págs. 52-69.

    {107} El Librepensador, 9 de agosto de 1878.

    {108} Waldo Ansaldi, «Notas sobre la formación de la Burguesía Argentina 1780-1880», en Enrique Florescano (coord.), Orígenes y desarrollo de la Burguesía en América Latina, 1700-1955, Nueva Imagen, Caracas 1979, pág. 552.

    {109} María Inés Barbero y Darío Roldán, «Inmigración y educación (1880-1910) ¿La escuela como agente de integración?», en Cuadernos de Historia Regional de la UNLU, págs. 75-76.

    {110} Agustín Rivero Astengo, Juárez Celman, Editorial Kraft, Buenos Aires 1944, pág. 117.

    {111} Efraín U. Bischoff, Historia de Córdoba, Plus Ultra, Buenos Aires 1979, pág. 283.

    {112} Silvia N. Roitenburd, «Educación y control social. El nacionalismo católico cordobés (1862-1944)», en Adriana Puiggros (dir.), La educación en las provincias y territorios nacionales (1885-1945), Galerna, Buenos Aires 1993, págs. 81-82.

    {113} Cayetano Bruno, op. cit., t. XI, págs. 344-346.

    {114} Andrés R. Allende, «Las reformas liberales de Roca y Juárez Celman», en Julio Godio (selección y prologo), El Noventa, Granica, Buenos Aires 1974.

    {115} Ataulfo Pérez Aznar, «Esquema de las fuerzas políticas actuantes hasta 1890», en Julio Godio (selección y prologo), op. cit, págs. 68-72.

    {116} Discurso inaugural del Presidente del Congreso Pedagógico Internacional Sr. D. O. Leguizamon, el 10 de abril de 1882…, reproducido en Hugo E. Biagini, Educación y Progreso. Primer Congreso Pedagógico Interamericano, págs. 77-83 (apéndice documental) .

    {117} Norberto Rodríguez Bustamante, «Las ideas pedagógicas y filosóficas de la generación del 80», en Julio Godio (selección y prólogo), op. cit., págs. 153-154.

    {118} Diario de Sesiones de la HCDDLN, reproducido en Instrucción Publica, Ministerio de Instrucción Publica, Buenos Aires s.f., t. II, págs. 600-601.

    {119} La Nación, 3 de mayo de 1884, 10 de junio de 1884 y 15 de junio de 1884. Reproducidos en Atilio E. Torrasa, Mitre, paladín del laicismo, Ediciones Sarmiento, Buenos Aires 1957, págs. 93-121.

    {120} Hector Recalde, La salud de los trabajadores en Buenos Aires (1870-1910). A través de las fuentes medicas, Grupo Editor Universitario, Buenos Aires 1997, pág. 30.

    {121} Hector Recalde, Higiene…, págs. 25-31.

    {122} Noemi Goldman, «El levantamiento de montoneras contra ‘gringos’ y ‘masones’» en Boletín del Instituto de Historia Argentina y Americana «Dr. Emilio Ravigñani»; nº 2, primer semestre de 1990, págs. 47-73.

    {123} Andrés R. Allende, «Las reformas liberales de Roca y Juárez Celman», en Julio Godio (selección y prologo), op. cit., Granica, Buenos Aires 1974, págs. 46-47.

    {124} Cayetano Bruno, op. cit., t. II, págs. 153-158.

    http://www.nodulo.org/ec/2003/n016p13.htm

    Nihilsmo, Fin de la Metafisica y Secularizacion en el Pensamiento de Nietzsche, Heidegger y Vattimo

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    Nihilismo, Fin de la Metafísica y Secularización en el Pensamiento de Nietzsche, Heidegger y Vattimo

    Laura Laiseca

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    ABSTRACT: The purpose of this article is to articulate Nietzsche’s criticism of morality which is centered in his experience of the death of God and the end of the subject of Modernity. Nietzsche considers nihilism as a nihilism of morality, not of metaphysics: it is morality and its history that has given rise to nihilism in the Occident. That is why Nietzsche separates himself from metaphysics as well as from morality and science, which differs from Heidegger’s reasons. According to Heidegger, Nietzsche places himself in a primal position in the history of metaphysics, by which he means the consummation (Vollendung) of metaphysics’ nihilism, which Heidegger tries to transcend. On the one hand, Heidegger shows us how Nietzsche consummates the Platonic philosophy by inverting its principles. On the other, Nietzsche consummates the metaphysics of subjectivity. Consequently he conceives the thought of the will of power and of the eternal recurrence as the two last forms of the metaphysical categories of essence and existence respectively. On this ground it is possible to understand Nietzsche’s and Heidegger’s thought as the necessary first stage in the transition to Vattimo’s postmodern philosophy and his notion of secularization.

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    Si bien la discusión en torno al nihilismo se remonta a la época del del idealismo alemán, tal como lo señalara Otto Pöggeler oportunamente, el “nihilismo” es la noción fundamental sobre la que gira la meditación nietzscheana, así como el problema de su superación. (1) La convicción de la magnitud de tal tarea llamada en Ecce homo una “autoreflexión de la humanidad” (Selbstbesinnung), se presenta como un “destino” dentro de la historia de la filosofía occidental. (2)

    En noviembre de 1887 escribía Nietzsche: “Lo que cuento, es la historia de los próximos dos siglos. Describo lo que viene, lo que no puede venir de otra manera: la llegada del nihilismo”. (3) La llegada del nihilismo es “necesaria” porque: “son nuestros mismos valores habidos hasta ahora, los que conducen a él, porque el nihilismo es la lógica llevada hasta el fin de nuestros más grandes valores e ideales.” (4) Por eso, el nihilismo es pensado desde Nietzsche, como nihilismo de la moral principalmente y no como nihilismo de la metafísica, tal como postularía Heidegger posteriormente.

    Por el contrario en Nietzsche el centro de la reflexión lo ocupa la moral: “La moral, lo he dicho una vez, fue hasta ahora la Circe de los filósofos. Es la causa del pesimismo y del nihilismo.” (5) En lo que se refiere a la metafísica, ésta es caracterizada como una forma de la “mentira” (Lüge), junto con la religión, la ciencia y la moral. Refiriéndose a la “Voluntad de poder”, obra que quedaría inconclusa, anotará Nietzsche en uno de sus apuntes: “La vida debe infundir confianza: la tarea así planteada es enorme. Para resolverla, debe el hombre ser un mentiroso (Lügner) por naturaleza, debe ser más que otra cosa, un artista… y lo es, por otra parte: la metafísica, la moral, la religión, la ciencia, son todos engendros de su voluntad de arte, de mentira, de su huída de la ‘verdad’, de su negación de la ‘verdad’”, consideradas en este libro sólo como distintas formas de la mentira (Lüge), con cuya ayuda se cree en la vida. (6)

    ¿En qué sentido es para el hombre alcanzar la verdad una tarea imposible? En primer lugar, ya desde épocas tempranas Nietzsche presentará las bases de lo que dentro de la gnoseología se conocería posteriormente como el perspectivismo. En sus escritos “Sobre el pathos de la verdad” de 1872 y “Sobre verdad y mentira en un sentido extramoral” de 1873, el entendimiento es caracterizado como un “aparato simplificador”, cuya tarea, en una primera fase, es elaborar los conceptos y las palabras a partir de la multiplicidad de impresiones. En una segunda fase, a partir de los conceptos más elementales, forma ideas cada vez más generales en una gradación, llegando a los conceptos más abstractos, propios de la filosofía. Con el desarrollo de la cultura y del lenguaje este orígen es olvidado, tomándose estos conceptos por adecuados y verdaderos, es decir por coincidentes con una realidad externa. Esta situación se vuelve más grave medida que el intelecto crea conceptos más abstractos para abarcar toda realidad, con lo cual se cae en una clase de autoengaño (Selbsttäuschung) y automentira (Selbstlüge). (7)

    Por otra parte la inadecuación necesaria de los conceptos con las cosas obedece a dos causas fundamentales. En primer lugar, Nietzsche descarta la posibilidad de una intuición intelectual que captaría lo que sea “la cosa en sí” o la esencia de las cosas. No existe según su punto de vista tal facultad, sino que todo conocimiento obedece a una determinada “perspectiva”, es decir a un punto de vista particular distinto en cada especie. De esta forma, la especie humana, presta atención a todos aquellos estímulos que son necesarios para su preservación, desoyendo otros.

    En segundo término, el conocimiento último de las cosas imposible, dado que para Nietzsche la totalidad de lo real está en permanente devenir, determinada por el eterno retorno, con lo cual el conocimiento de toda substancia última es imposible. Por esta causa son excluídas categorías metafísicas como las de substancia, finalidad y unidad entre otras, siendo las mismas meros productos del arte de simulación del intelecto, que debe construírlas para poder atrapar por medio de estos esquemas, una realidad, que en perpetuo devenir es en sí misma inatrapable.

    Por consiguiente, todo conocimiento se vuelve relativo, provisorio, no permanente. Han sido los conceptos y las “formas” propias de la metafísica, las que han dado una apariencia falsa de permanencia a los entes en devenir constante. Pero en ningún momento debe olvidarse que los conceptos son formas “simplificadas”, regidas por la perspectiva particular del ser humano para su desarrollo. Consecuentemente tampoco el conocimiento científico es definitivo, ni desinteresado. También la ciencia como capacidad para alcanzar la verdad última es una “mentira”.

    No obstante, en la reflexión nietzscheana no es ni la ciencia, ni la metafísica lo determinante en el acontecimiento de la llegada del nihilismo, sino los valores o valoraciones morales que se esconden tras de ella. En efecto, “en una determinada interpretación, en la interpretación cristiano-moral se esconde el nihilismo.” (8) Son los valores de la moral los que han determinado un proceso en la historia de la filosofía que comenzará con Platón y culminará con el positivismo cientificista. El advenimiento del nihilismo significa que los valores de la moral se desvalorizan (sich entwerten), por ser valores negadores de la vida, mostrándo en su última fase como la “voluntad de verdad” (Wille zur Wahrheit), entendida como una voluntad tendiente hacia Dios (Wille zum Gott), hacia un mundo verdadero en el más allá, es en realidad una “voluntad de nada” (Wille zum Nichts).

    Por otra parte, no hay que olvidar una distinción fundamental que agrega Nietzsche al pensar el nihilismo, como nihilismo activo y pasivo respectivamente. El criterio de separación es la creencia (das Glauben). Así el nihilismo activo es un signo de la fortaleza del espíritu. Reconoce los valores como falsos, pero no tiene a su vez la fuerza para crear nuevos valores, por eso alcanza su culminación en la destrucción de los antiguos valores. No obstante reconoce el nihilismo activo la necesidad de instaurar nuevos valores, de instaurar una nueva creencia. Por el contrario el nihilismo pasivo es un signo de la debilidad del espíritu, pues al igual que el nihilismo activo reconoce los antiguos valores como falsos, pero no tiene la fuerza para destruírlos. La distinción más importante se manifiesta precisamente con respecto a la creencia, donde Nietzsche distingue: “No confundir: la no-creencia (der Unglaube) como la incapacidad (Unvermögen) de creer absolutamente, y por otro lado, la incapacidad de creer todavía en algo: en el último caso, por lo común, un síntoma de una nueva creecia.” La incapacidad de creer absolutamente hablando es la forma del nihilismo pasivo, que ni destruye ni puede instaurar nada nuevo. Por el contrario, la incapacidad de creer en algo determinado, en este caso en los valores de la moral negadora de la vida; significa al mismo tiempo la posibilidad de la apertura a una nueva creencia, que Nietzsche definirá como el “sagrado decir sí a la vida” (das Ja-sagen zum Leben), en contraposición al “tener-por-verdadero” (Für-wahr-halten) propio de la voluntad de verdad, que para Nietzsche se desenmascara como una voluntad de nada, una voluntad proyectada hacia la nada de un mundo verdadero inexistente.

    Si el nihilismo fue el hilo conductor de la reflexión nietzscheana, también podría serlo de la de Heidegger, pero siempre referido a la temática del fin de la metafísica en primer término. Ya en las lecciones que Heidegger diera en Friburgo a partir del año 1936, se perfila la interpretación heideggeriana de Nietzsche como la última figura del nihilismo de la metafísica.

    En la primera lección del semestre de invierno de 1936/37, denominada: “La voluntad de poder como arte” Heidegger nos confronta con la filosofía de Platón, para luego mostrar cómo Nietzsche consuma la metafísica platónica, precisamente en la inversión de sus principios. Se trata de la consumación (Vollendung) y no sólo del fin (Ende), como término, de la “única época del olvido del ser”, comenzada con Platón y consumada por Nietzsche.

    A partir de la reflexión de Nietzsche que afirma que el arte tiene más valor que la verdad, comienza Heidegger a tratar la idea platónica de la belleza, donde Platón se encontraría frente a un dilema (Zwiespalt). El mismo Platón habría reconocido el vínculo que une al arte con lo sensible en su manifestación, lo que lo lleva a rechazar ciertas formas de arte para su República. No obstante también habría de reconocer que en el arte, como “manía” divina se manifestaría lo suprasensible en grado sumo. (9)

    Ahora bien, en Platón el ser del ente, la Idea, se identifica con “el ente verdadero”, como “lo verdadero”. Pero la “Idea” platónica es pensada por Heidegger más profundamente a partir de la temporalidad, como una unidad en el sentido de la mismidad (das Selbe), como aquello que ha de permanecer constante en aquellos entes que participan de dicha Idea. Heidegger comenta: “el aspecto visto (das gesichtete Aussehen) caracteriza al ser, a saber para toda clase del ver, el cual en lo visto (im Gesehenen) como tal, conoce la pura presencia (die reine Anwesenheit)”. (10) “Ser” es en un primer momento un “mostrarse y aparecer” (sich Zeigen und Erscheinen), mas la unidad de la Idea trasciende este aparecerse. “Lo uno del aspecto (Aussehen) no es sólo lo uno según el número, sino primeramente, lo uno como lo uno y lo mismo (das Selbe): lo uno, lo que permanece constante en todas las modificaciones del “Gestell”, lo que conserva su existencia como constancia (Bestand)… Al ser pertenece – desde el punto de vista platónico – la con-stancia (Beständigkeit). Todo lo que deviene y lo que es cambiante no tiene ser como lo in-constante (Unbestängiges). Para el platonismo el ’ser’ está en una oposición excluyente con respecto al ‘devenir’ y al cambio (Wechsel)”. (11) Heidegger se refiere al pasaje de La República, donde se compara el hacer del demiurgo, con el del artesano y el del artista. Tanto en el “Ge-stell”, de la cama del artesano como la del pintor, lo que se manifiesta es la unidad de la Idea “cama”, como una constancia en el tiempo, de modo que todo ser verdadero, pensado como la unidad constante de la Idea ha de oponerse al mundo del devenir, y a medida que nos alejemos de la Idea paradigmática, mayor será la distancia con lo verdadero.

    Mas esta reflexión no concluye aquí, sino que se sitúa a continuación en Nietzsche, para mostrar como la concepción del “ser del ente” en Nietzsche significaría la inversión de los principios de la metafísica de Platón y por lo tanto su consumación. Consecuentemente Heidegger interpreta el pensamiento de la voluntad de poder y del eterno retorno como las últimas formas de las categorías metafísicas de esencia y existencia. Si la voluntad de poder se podría interpretar como el “¿qué es?”, el “qué”, es decir la esencia (Wesen); el eterno retorno sería la manera cómo esa esencia que es voluntad de poder se da, es decir, el “cómo es” (wie ist), o existencia de la voluntad de poder. (12) Nuevamente pensado el ser desde la temporalidad, la oposición de estos principios con Platón, sería evidente. La suprema con-stancia ya no estaría en lo suprasensible de la Idea, sino en el eterno retorno de lo sensible mismo, con lo cual se invierte la metafísica platónica, pero no se la supera.

    Siguiendo los razonamientos de Nietzsche en sus Escritos Póstumos, Heidegger muestra minuciosamente cómo han sido pensados estos pensamientos cruciales. De este modo, si el ser del ente es pensado como voluntad de poder, dicha voluntad no ha de tender sólo a la conservación (Erhaltung); sino mas bien el continuo aumento de poder (Steigerung der Macht). En una primera instancia la voluntad de poder, pareciera ser una voluntad tendiente a un aumento infinito de poder, pues necesariamente la mera conservación conduciría a una disminución en un determinado centro de poder. Nietzsche se refiere a determinados centros de poder que denomina: “cuantos de poder” (Machtquanta). Dicha concepción no sólo se aplicará al mundo orgánico de la naturaleza, sino también a otras configuraciones de poder como son las organizaciones sociales del ser humano: reinos, naciones, sociedades, Estados etc. El mismo principio vale también para el mundo inorgánico y la totalidad del universo o lo que Nietzsche denomina “el mundo dionisíaco”.

    Como Heidegger lo repite varias veces no puede pensarse la voluntad de poder, si no es asociada indisolublemente con el eterno retorno. Así en lo que Nietzsche denomina “su concepción del mundo” dionisíaco, la voluntad de poder no tiende infinitamente al aumento, como si pensásemos en una voluntad de dominio sin límites. Esto no fue lo pensado por Nietzsche. Intentando acercar su teoría al principio de conservación de la energía, Nietzsche afirma que la fuerza (Kraft) en el universo debe ser constante. Debe ser la misma cantidad, hoy diríamos de energía, la que esté en el universo en constante devenir. Por lo tanto, ningún “cuanto de poder”, como se denomina toda unidad provisoria de poder, es eterno, ni aumenta sin límites, necesariamente en algún momento del eterno retorno debe decaer. La voluntad de poder no aumenta infinitamente, ni en el universo, ni en el mundo orgánico, ni en el humano. (13)

    Por lo tanto la voluntad de poder “es eternamente activa y debe ser al mismo tiempo sin-meta (ziel-los), en tanto una meta significaría un estado en sí permanente fuera de sí. El eterno poder (Machten) sin-meta de la voluntad de poder es empero al mismo tiempo en su situación y conformaciones (Gestalten) necesariamente finito; pues si fuera infinito bajo este aspecto, entonces debería crecer infinitamente, de acuerdo a su esencia entendida como aumento.” (14) Mas tal crecimiento infinito es descartado, pues el mundo dionisíaco se encuentra determinado por el eterno retorno de lo mismo, en un estado de perpetuo devenir, donde se construye y se destruye a sí mismo constantemente y sin pausa.

    Si el mundo considerado como voluntad de poder en el eterno devenir del mundo sensible, parece ser la inversión perfecta de la Idea platónica, es decir de la permanencia de lo suprasensible, la “constancia de lo constante”; dicha inversión manifiesta los límites del pensamiento metafísico. Heidegger concluye: “El eterno retorno de lo mismo es el modo de lo presente de lo no-constante (des Unbeständigen), (del lo que deviene como tal), esto empero en la suprema con-stancia (Beständigung) (en círculos), con la única determinación de asegurar la posibilidad de la acción del poder” (Machten). Con lo cual Nietzsche habría simplemente invertido el mundo platónico de la “verdad”, quedando no obstante preso de la metafísica, sin poder superarla.

    Finalmente en Vattimo confluyen tanto el pensamiento de Nietzsche como el de Heidegger. Con respecto a Heidegger, Vattimo no acepta todas sus tesis, considerando que el pensamiento nietzscheano no representa la consumación del nihilismo de la metafísica, como cree Heidegger. Por el contrario, Vattimo sitúa al superhombre nietzscheano como un antecedente de la posmodernidad: “La dificultad de la noción de ‘ultrahombre’ reside en el hecho de que su lectura más obvia parece reconducir al ámbito de la subjetividad metafísica (autoconciencia, autodominio, voluntad de poder afirmada contra cualquier otro), y por lo tanto aún, a una subjetividad potenciada en sus caracteres más tradicionales. Pero en la filosofía del eterno retorno para la que ‘no hay hechos, sólo interpretaciones’, también la idea de que ahora sean sólo sujetos interpretantes es únicamente una interpretación.” (15)

    No obstante Vattimo acepta la relación, establecida por Heidegger entre la historia de la metafísica, como época del “olvido del ser”, y el pensamiento técnico. Así Vattimo buscará reinterpretar la propuesta heideggeriana a partir de nociones claves, tal como son las de “Ge-stell” y “Verwindung”. Dicha tarea se cumplirá, en vistas a la elaboración de un pensamiento que se autodenomina “débil”, en contraposición con las categorías “fuertes” propias de la metafísica, como son las de “sustancia”, “sujeto”, “objeto”, “realidad”, “fin”, “totalidad”, etc.

    De esta manera, el filósofo italiano ha de repensar el mundo de la técnica, a partir de un pasaje de Identidad y diferencia, (16) donde Heidegger afirma que en el “Ge-stell”, en la “im-posición”, tal como es caracterizada la técnica, se daría “un primer centelleo del Er-eignis” (acontecimiento de transpropiación, según Vattimo).

    La aclaración de la noción heideggeriana de “Ge-stell” es de gran importancia para Vattimo, ya que el “Ge-stell” tiene una ambigüedad. Por un lado alude Heidegger con “Ge-stell” al mundo de la técnica moderna, como conjunto de “Stellen”, de poner, disponer etc., los que nos lleva al sentido de Ge-stell como “im-posición”. El “Ge-stell engloba todos los modos del poner, del tomar posición y del imponer, reunidos en la técnica. Pero la técnica moderna es un destino del Ser, es su modo de desocultamiento, por eso significa también el “Ge-stell”, la clausura de la metafísica, pero a la vez un “primer centelleo del Ereignis”.

    Esta posibilidad y ambigüedad del “Ge-stell” hace que Vattimo lo piense siempre junto con una noción, también de muchos significados: la “Verwindung”. Como Vattimo mismo lo dice repetidas veces, no se trata de apartarse de la metafísica como de un error humano, ni tampoco de su superación (Überwindung). Lo que Vattimo propone no es la superación de la metafísica, sino la “Verwindung”. (17) El verbo “verwinden” significa primeramente “olvidar” como un “sobreponerse a”, “consolarse de” una pérdida. Está compuesto de “winden” que significa “torcer”. Vattimo significará ambos sentidos al entender la “Verwindung” doblemente como una aceptación resignada, convaleciente del fin del pensamiento metafísico, signada a su vez por la “dis-torsión”, donde se abre una segunda perspectiva. En efecto, se puede decir que el objeto de la “Verwindung” es el “Ge-stell” cuyo despliegue se da en la organización total de la tierra bajo la técnica. Pero para Vattimo se da otra posibilidad no prevista por Heidegger. La “Verwindung” (distorsión-torsión) como la piensa Vattimo, descubrirá los caminos o “chances” postmetafísicas en una hermenéutica que reconstituya la continuidad entre tecnología y tradición filosófica occidental. La ontología se vuelve hermenéutica de una realidad “aligerada”, no dividida netamente entre realidad y ficción, sujeto-objeto. Vattimo se refiere al mundo de los medios masivos de comunicación, al mundo de la mediatización total de la experiencia humana, y concretamente a los “mass media”. Pues, la pérdida del sentido de “realidad” (categoría metafísica) en este mundo de la comunicación liberaría las diferencias, desapareciendo el límite entre sujeto y objeto, y la configuración dominante del sujeto moderno, único, central y europeo. (18) De esta manera, en el “Ge-stell” de los mass media tendría lugar el primer “centelleo del acontecimiento de transpropiación” que implicaría el desfondamiento de la relación sujeto-objeto de la metafísica moderna: “la circunstancia de que hombre y ser, en una recíproca sacudida, pierden sus caracteres metafísicos y ante todo el carácter que los contrapone como sujeto y objeto.” (19)

    Por último en su obra Creer que se cree, Vattimo integra todas las fases de su pensamiento. Desde su pasado cristiano, por sobre su experiencia con el nihilismo de Nietzsche y Heidegger, hasta la determinación de su propio lugar en su interpretación de la “secularización”, como una “experiencia legítimamente cristiana”. Se trata por un lado del “debilitamiento” del dogma oficial y de las instituciones “fuertes” de la Iglesia católica, donde se daría una nueva posibilidad de cristianismo, que estaría anunciada en la figura de Jesús mismo, en el central concepto teológico de la “kenosis”, entendida como el “abajamiento de Dios”. (20) Se trata de la encarnación de Dios, quien se acerca al hombre “despojándose” de los caracteres “misteriosos”, “incomprensibles” de toda divinidad natural. Dios se hace hombre, eliminando los razgos “violentos”, presentes en toda religión. La “kenosis” es interpretada, en esta línea, como la “disolución de lo sagrado natural-violento”. (21)

    Por otro lado, la “secularización”, significaría también la liberación del Dios absoluto, trascendente, omnipotente de la metafísica y de sus “categorías fuertes”, donde Vattimo encontrará también un razgo de violencia, contrario al espíritu del verdadero cristianismo. La secularización, entendida como liberación del dios “fuerte” de la metafísica, se convierte en un “redescubrimiento” del núcleo de la doctrina, en una salvación que todavía “está en curso”, a través del único precepto no secularizable, es decir del mandamiento de la “caritas” universal.

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    Notes

    (1) Cf. Pöggeler, Otto, “Hegel und die Anfänge der Nihilismus-Diskussion”, en: Der Nihilismus als Phänomen der Geistesgeschichte in der wissenschaftlichen Diskussion unseres Jahrhunderts. Ed. Dieter Arendt, Darmstadt, 1974; Kuhn, Elizabeth, “Nietzsches Quelle des Nihilismus-Begriffs”, en: Nietzsche-Studien 13,1984,S.253-278; Arendt, Dieter y otros, Nihilismus. Die Anfänge von Jacobi bis Nietzsche. Colonia, 1970.

    (2) Las obras de Friedrich Nietzsche se citarán por la siguiente edición: Kritische Gesamtausgabe, ed. por Giorgio Colli y Mazzino Montinari, Berlin-New York, De Gruyter, 1967. A partir de ahora se indicará como: KGW, mencionando luego el tomo, la página y el renglón. En el caso de los Escritos Póstumos se mencionará el número de fragmento codificado según la edición alemana. La traducción al castellano me pertenece.

    Ecce homo, KGW, VI 3,363,23.

    (3) KGW, 11[411],VIII 2,431,15.

    (4) Op. cit., 432,22.

    (5) KGW, 9[83],VIII 2,41,29)

    (6) KGW, 11[415],VIII 2,435,16

    (7) Compárese: Über das Pathos der Wahrheit, KGW,III 2,249ss. Über Wahrheit und Lüge im außermoralischen Sinne, KGW,III 2,369ss.

    (8) KGW, 2[127],VIII 1,123,20.

    (9) “La mentira es el poder… El arte y nada más que el arte. El es quien en mayor grado hace posible la vida, el gran seductor de la vida, el gran estimulante para la vida. Fragmento de Noviembre 1887-marzo 1888,KGW,11[415],VIII 2,436,9.

    (10) Heidegger, Martin, Nietzsche, dos tomos, Neske, Pfullingen, 1961. A continuación se citarán como: “N I” y “N II” para el primer y segundo tomo respectivamente. Cf. N I,195.

    (11) N I,201. Heidegger alude aquí a “Bettgestell”, la cama como soporte. “Gestell” significa en el lenguaje corriente el soporte, armazón, estantería, chasis, esqueleto etc. Pero en el lenguaje heideggeriano puede ser traducido como lo dis-puesto, la im-posición, lo implantado, la instalación. Con este término se alude la última etapa del nihilismo de la técnica que clausura la metafísica. En cuanto a “Beständigkeit” se menta tanto la constancia, como la permanencia y la persistencia. “Der Bestand” o existencia como constancia alude también a la técnica, donde todo objeto se reduce a un “fondo fijo acumulado” (Bestand). “Stand” como sustantivo significa en el lenguaje corriente “lo puesto”, el puesto, la posición o situación, también un estado determinado. En la forma verbal “stand” es el pretérito imperfecto de “stehen”: estar de pie, instalado, detenido etc.

    (12) N II,287.

    (13) Con este principio Nietzsche intenta acercarse a determinadas teorías científicas de su época, al principio de la conservación de la energía, término que denomina difusamente con la idea de “fuerza” (Kraft).

    (14) N II,285.

    (15) Vattimo, Etica de la interpretación, Buenos Aires, Paidós, p.127.

    (16) Heidegger, Martin, Identität und Differenz, Pfulligen, Neske, 1957, p. 27. Identidad y diferencia, trad. de H. Cortés y A. Leyte, Madrid, Anthropos, p.90-91.

    (17) Vattimo, G., El fin de la modernidad, Barcelona, Gedisa, 1994, p. 151ss. También se refiere a la “Verwindung” en su artículo: “Dialéctica, diferencia y pensamiento débil”, en: El pensamiento débil, Madrid, Cátedra, pp.18-42; Etica de la interpretación, p.24ss.

    (18) Vattimo, G., La sociedad transparente, Bardelona, Paidós, 1994,pp.83-87; En torno a la posmodernidad, Barcelona, Anthropos, p.17ss.

    (19) Vattimo, G., El fin de la modernidad, op. cit., p. 40.

    (20) Vattimo, G., Creer que se cree, Buenos Aires, Paidós, 1996, p.50.

    (21) Vattimo, G., “La huella de la huella” en: La religión, Buenos Aires, Ed. de la Flor, 1997.

    http://www.bu.edu/wcp/Papers/Cont/ContLais.htm

    Secularización y democracia

    Archivado en: 1 — pauloarieu @ 6:47 pm

    Secularización y democracia

    Carl Schmitt insistió en la secularización como elemento explicativo fundamental de la época actual. La secularización consiste en que el hombre moderno pone en lugar de Dios cosas terrenales. Y como la actitud metafísica es una constante de la naturaleza humana, puede considerarse entonces como la instancia absoluta, última a que apelar la Humanidad, la Nación, el Individuo, el desarrollo histórico o la Vida como causa de sí misma, factores del aquende con los que le sustituye. Esto sucede también con la Democracia cuando sintetiza aquellas instancias absolutizadas aunque con ello se desnaturalice la democracia que, en su estricto sentido, no es más que una forma de gobierno, de régimen político. Esto es la esencia de la politización contemporánea, la política invadiendo todo, si bien, paradójicamente, despolitizándose. Pues la democracia rompe así con la tradición política europea que es única.

    En realidad, esta tradición no es ante todo unas tradición democrática sino liberal. Gracias a ella la civilización europea ha sido hasta ahora la única civilización liberal que ha existido y sin duda por eso ha dinamizado el mundo entero. Y la democracia constituye también una consecuencia directa de la evolución de esa tradición política como tradición creadora. Pues, a pesar de su origen formalmente griego, en rigor, lo que significaban los griegos por democracia era una forma de gobierno de los pocos que eran ciudadanos. La democracia era en realidad, desde el punto de vista actual, una aristocracia: sólo algunos tenían allí libertad política. Y fue el cristianismo con su idea teológica, de hecho una suerte de dogma metafísico, de la libertad incondicionada, ontológica de cada hombre lo que les hace iguales a todos, el que impulsó la evolución hacia lo que se entiende modernamente por democracia. Lo que queda de la herencia griega es la otra idea de sustituir la romé, la fuerza, por el diálogo, por la libre discusión a fin de formar la razón común, política, que dirige a la voluntad colectiva. Lo demás es de origen cristiano.

    La secularización, en tanto nace espontáneamente dentro de esa tradición de la política, puede conservar los supuestos de esta última. Pero si corta con ellos, sustancialmente con el cristianismo, la tradición se trastoca y, al final, se agota. Es lo que ocurre cuando la democracia, una consecuencia directa de esa tradición, se pone como última instancia absoluta. Pues, al revolverse así contra aquella, se produce una suerte de involución histórica. La crisis de la democracia tiene esta causa principal, concurriendo otras secundarias, algunas de las cuales están directamente en el origen de la secularización. Así, el contractualismo político, un fiat, un hágase como el de la creación según la Biblia, decía Hobbes, del que surge el Estado que empezó a controlar la tradición política. El Estado, aparato radicalmente igualador, en sí mismo democrático, empezó suprimiendo la libertad política. Configurado luego bajo la presión de la actitud liberal de la tradición política como Estado de Derecho, la devolvió. Pero, dado el peso adquirido por el Estado, no como devolución de una propiedad originaria del hombre concreto y anterior a todo, sino como don o donación, por así decirlo, del propio Estado. Es decir, la tendencia natural de la tra- dición política a la democracia se desfiguró bajo el Estado y la democracia evolucionó en Europa dentro de él tergiversándose su sentido: como expansión de la forma de democracia que el Estado lleva en su seno. Con ello, el principio de la igualdad, que es secundario respecto al de la libertad – la libertad es el principio de la democracia, decían ya los griegos – , se antepuso a este último y la idea estatal de democracia se absolutizó. Mientras la secularización no se opuso al cristianismo, apenas se advirtió la diferencia: cuando el Estado secularizado se opone al cristianismo, se advierte que su democratismo elimina la libertad. El Estado en sí mismo, a fin de cuentas un aparato, un instrumento, ni es cristiano ni deja de serlo. Pero los supuestos históricos en que descansa a pesar de todo el mismo Estado, son también cristianos. Y al atacarlos se destruye a sí mismo.

    http://www.conoze.com/doc.php?doc=1652

    Teología y secularización en España.

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    Teología y secularización en España.

    A los cuarenta años de la clausura del Concilio Vaticano II

    Instrucción Pastoral
    Madrid, 30 de marzo de 2006

    SUMARIO

    Introducción
    Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? (Mt 16, 15).

    1. Jesucristo, plenitud de la Revelación
    Porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos (Mt 16, 17)

    a) Concepción católica de la Revelación
    b) Respuesta a la Revelación divina
    c) La inteligencia y el lenguaje de la fe
    d) Revelación y exégesis bíblica
    e) Revelación y oración cristiana

    2. Jesucristo, el Hijo de Dios vivo
    Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo (Mt 16, 16)

    a) Cristología y Soteriología
    b) Toda la vida de Cristo es Misterio
    c) Jesucristo, el único Salvador de todos los hombres
    d) Cristología y Catequesis

    3. La Iglesia, Sacramento de Cristo
    Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia (Mt 16, 18)

    a) Cristo y la Iglesia: el “Cristo total”
    b) Liturgia y esperanza escatológica
    c) El ministerio ordenado en la Iglesia
    d) La Vida consagrada en la Iglesia
    e) El Magisterio de la Iglesia y el fenómeno del disenso

    4. La vida en Cristo
    Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame (Mt 16, 24)

    a) Cristo, norma de la moral
    b) La dignidad de la persona humana
    c) Moral de la sexualidad y de la vida
    d) Moral social

    Conclusión
    Os he dicho esto, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea colmado (Jn 15, 11)

    Introducción

    1. Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? (Mt 16, 15). La pregunta de Jesucristo a sus discípulos se extiende en el curso de la historia a los cristianos de todos los tiempos. La respuesta que demos determinará el modo de acercarnos a la Persona de Cristo y la manera de entender la existencia cristiana. La insuficiente respuesta que nace de las posibles opiniones humanas-¿quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre? (Mt 16, 13)- es superada, desde el encuentro personal con el Salvador, en el seno de la Iglesia naciente. Jesús se dirige a la comunidad de sus discípulos y, desde ella, escucha las palabras de Simón, cuya Verdad descansa en la Revelación del Padre y no en la opinión de los hombres[1]: ¡Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo! (Mt 16, 16). La dicha del apóstol no tiene su origen en la carne ni en la sangre, como tampoco su firmeza de “roca”, sino que la recibe directamente de Cristo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia (Mt 16, 18).

    2. Al cumplirse el cuarenta aniversario de la clausura del Concilio Vaticano II, queremos volver a la región de Cesarea de Filipo para escuchar la pregunta de Jesucristo y hacer nuestra la respuesta de Pedro[2]. La tarea de recepción de la enseñanza conciliar aún no ha terminado. Pasados cuarenta años, somos testigos de los frutos valiosos que ha rendido la buena semilla. A la vez, no son pocos los que en este tiempo, amparándose en un Concilio que no existió, ni en la letra ni en el espíritu, han sembrado la agitación y la zozobra en el corazón de muchos fieles. En medio de un ambiente cultural, en el que se reflejan las opiniones más diversas sobre Jesús, es necesario acoger con docilidad la Revelación del Padre, lo que el Espíritu nos dice en el Concilio Vaticano II, llenarse de la alegría que viene de lo Alto, reposar gozosamente en la roca firme de la Iglesia y renovar cada día nuestra confesión de fe[3].

    3. Conscientes de haber recibido por la imposición de manos la misión de conservar íntegro el depósito de la fe (cf. 1 Tm 6, 20) y atentos a la voz de tantos fieles que se sienten zarandeados por cualquier viento de doctrina (Ef 4, 14), hablando con una sola voz en comunión con el Sucesor de Pedro, como testigos de la Verdad divina y católica[4], queremos ofrecer una palabra de orientación y discernimiento ante determinados planteamientos doctrinales, extendidos dentro de la Iglesia, y que han encontrado una difundida acogida también en España, perturbando la vida eclesial y la fe de los sencillos. Nos mueve a ello, únicamente, la solicitud pastoral. Estamos convencidos de que la nueva evangelización no podrá llevarse a cabo sin la ayuda de una sana y honda teología, en la que refuljan el espíritu de fe y la pertenencia eclesial. Para velar por la comunión real en la fe y en la caridad, nuestra misión magisterial, sin coartar la legítima autonomía de la reflexión teológica, debe custodiar su fidelidad a la Palabra de Dios escrita y transmitida[5]. El anuncio del Evangelio será mediocre mientras pervivan y se propaguen enseñanzas que dañan la unidad e integridad de la fe, la comunión de la Iglesia y proyecten dudas y ambigüedades respecto a la vida cristiana.

    4. Con la presente Instrucción Pastoral deseamos dirigir nuestra mirada a algunos aspectos de la labor teológica realizada en España en los últimos decenios, con el deseo de impulsar el anuncio íntegro del Evangelio, en medio de una sociedad que se siente tentada a apostatar silenciosamente de Dios[6]. Queremos, ante todo, y una vez más, reiterar nuestro más profundo reconocimiento y agradecimiento a tantas personas que desempeñan, con entrega ejemplar, su misión eclesial en el ámbito de la teología. Constatamos con gozo cómo la mayoría de ellos «se sitúan en su puesto de teólogos católicos tanto por la doctrina como por su actitud eclesial en sintonía con el Magisterio y al servicio del Pueblo de Dios»[7], esforzándose con un diálogo ante los retos y desafíos de un mundo secularizado, pues a pesar de todas las contradicciones de nuestra sociedad, el corazón del hombre no deja de buscar y esperar. En la teología española actual hay signos de esperanza: crece el espíritu de colaboración en el ámbito de la investigación y de la enseñanza; la teología se abre cada vez más ampliamente a todo el Pueblo de Dios; contamos con más instrumentos para el estudio; se percibe con más claridad el vínculo inescindible entre la teología y la vida cristiana; el diálogo entre Obispos y Teólogos es más fluido en la mayoría de las diócesis; y se han consolidado Asociaciones teológicas especializadas, fieles a la doctrina de la Iglesia.

    5. Junto a estos signos luminosos de esperanza, constatamos con viva preocupación sombras que oscurecen la Verdad. Los Obispos hemos recordado en varias ocasiones que la cuestión principal a la que debe hacer frente la Iglesia en España es su secularización interna[8]. En el origen de la secularización está la pérdida de la fe y de su inteligencia, en la que juegan, sin duda, un papel importante algunas propuestas teológicas deficientes relacionadas con la confesión de fe cristológica. Se trata de interpretaciones reduccionistas que no acogen el Misterio revelado en su integridad. Los aspectos de la crisis pueden resumirse en cuatro: concepción racionalista de la fe y de la Revelación[9]; humanismo inmanentista aplicado a Jesucristo; interpretación meramente sociológica de la Iglesia, y subjetivismo-relativismo secular en la moral católica. Lo que une a todos estos planteamientos deficientes es el abandono y el no reconocimiento de lo específicamente cristiano, en especial, del valor definitivo y universal de Cristo en su Revelación, su condición de Hijo de Dios vivo, su presencia real en la Iglesia y su vida ofrecida y prometida como configuradora de la conducta moral[10]. Articulamos la presente Instrucción pastoral en torno a estos cuatro apartados, señalando, a partir de la confesión de fe de Pedro, algunas enseñanzas que ponen en peligro la Profesión de fe, la comunión eclesial, causan confusión entre los fieles e impiden impulsar la evangelización.

    1. Jesucristo, plenitud de la Revelación

    6. No te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos (Mt 16, 17). Cuando el apóstol san Pedro confiesa a Jesús como el Hijo de Dios, el mismo Señor Jesús manifiesta que esa Verdad no ha sido inducida de una realidad humana, sino revelada por el Padre que está en los cielos. En sus palabras se encuentra formulado el carácter específico y absoluto de la Revelación cristiana, don gratuito que no se reduce a la sabiduría de este mundo (“la carne y a la sangre”).

    a) Concepción católica de la Revelación

    7. El Concilio Vaticano II ha descrito la Revelación de Dios en términos de diálogo amistoso: «Dios invisible, movido por su gran amor, habla a los hombres como a amigos, entre ellos habita, a fin de invitarlos y recibirlos en su compañía»[11]. Habiendo decidido revelarse, Dios ha hablado a los hombres y ha adoptado el lenguaje humano de la amistad con una finalidad muy precisa: llevar al hombre a la comunión de vida con Él por la participación en su naturaleza divina[12]. «Dios, que habita una luz inaccesible (1 Tm 6, 16), quiere comunicar su propia vida divina a los hombres, libremente creados por Él, para hacer de ellos, en su Hijo único, hijos adoptivos. Al revelarse a sí mismo, Dios quiere hacer a los hombres capaces de responderle, de conocerle y de amarle más allá de lo que ellos serían capaces por sus propias fuerzas»[13].

    8. La enseñanza conciliar ha puesto en evidencia los elementos específicos del acontecimiento de la Revelación, entendida como la comunicación que Dios hace de Sí mismo al hombre. Es el resultado de la libre y absoluta iniciativa de Dios. Su objeto es Dios mismo y los designios de su Voluntad, es decir, no nos da simplemente a conocer algo, sino a Sí mismo, como Dios vivo en Jesucristo, su Hijo[14]. Su finalidad es la comunión y participación de vida con el Padre hecha posible mediante Jesucristo por obra del Espíritu Santo. La plenitud de la Revelación se da en Jesucristo, de forma que conocer a Cristo es conocer a Dios: El que me ha visto a mí, ha visto al Padre (Jn 14, 9)[15]. En consecuencia, la concepción católica de la Revelación subraya tanto su carácter gratuito, y radicalmente nuevo, como su condición de ser completa y definitiva (cf. Hb 1, 1-2). De la recta comprensión de la Revelación del Hijo depende todo el edificio de la fe, lo que vivimos y confesamos.

    9. Resulta incompatible con la fe de la Iglesia considerar la Revelación, según sostienen algunos autores, como una mera percepción subjetiva por la cual “se cae en la cuenta” del Dios que nos habita y trata de manifestársenos. Aun cuando emplean un lenguaje que parece próximo al eclesial, se alejan, sin embargo, del sentir de la Iglesia[16]. Es necesario reafirmar que la Revelación supone una novedad[17], porque forma parte del designio de Dios que «se ha dignado redimirnos y ha querido hacernos hijos suyos»[18]. Por ello, es erróneo entender la Revelación como el desarrollo inmanente de la religiosidad de los pueblos y considerar que todas las religiones son “reveladas”, según el grado alcanzado en su historia, y, en ese mismo sentido, verdaderas y salvíficas. La Iglesia reconoce lo que, por disposición de Dios, hay de verdadero y de santo en las religiones no cristianas[19]. Reconoce, además, que «todo lo que el Espíritu obra en los hombres y en la historia de los pueblos, así como en las culturas y religiones, tiene un papel de preparación evangélica»[20], pues su fuente última es Dios. De ahí que sea legítimo sostener que, mediante los elementos de verdad y santidad que se contienen en las otras religiones, el Espíritu Santo obra la salvación en los no cristianos; esto no significa, sin embargo, que esas religiones sean consideradas «en cuanto tales, como vías de salvación, porque además en ellas hay lagunas, insuficiencias y errores acerca de las verdades fundamentales sobre Dios, el hombre y el mundo»[21].

    10. La doctrina católica sostiene que la Revelación no puede ser equiparada a las, llamadas por algunos, “revelaciones” de otras religiones. Tal equiparación no tiene en cuenta que «la verdad íntima acerca de Dios y acerca de la salvación humana se nos manifiesta por la Revelación en Cristo, que es a un tiempo mediador y plenitud de toda la Revelación»[22]. Jesucristo, el Hijo eterno del Padre hecho hombre en el seno purísimo de la Virgen María por obra y gracia del Espíritu Santo, es la Palabra definitiva de Dios a la Humanidad. En Cristo «se da la plena y completa Revelación del Misterio salvífico de Dios»[23]. Pretender que las “revelaciones” de otras religiones son equivalentes o complementarias a la Revelación de Jesucristo significa negar la verdad misma de la Encarnación y de la Salvación, pues Él es «el que por su amor sin medida se hizo lo que nosotros para hacernos perfectos con la perfección de Él»[24].

    b) Respuesta a la Revelación divina

    11. La fe es la respuesta adecuada a la Revelación de Dios. Cuando Dios se revela hay que prestarle la obediencia de la fe, «que consiste en fiarse plenamente de Dios y acoger su Verdad, en cuanto garantizada por Él, que es la Verdad misma»[25]. La fe es un don de Dios. El hombre, para creer, necesita la gracia de Dios y el auxilio interior del Espíritu Santo, «que mueve el corazón, lo dirige a Dios, abre los ojos del espíritu y concede a todos gusto en aceptar y creer la verdad. Para que el hombre pueda comprender cada vez más profundamente la Revelación, el Espíritu Santo perfecciona constantemente la fe con sus dones»[26].

    12. Tres aspectos merecen ser subrayados en la enseñanza conciliar[27]. Primero, la fe se entiende como una entrega de toda la persona a Dios que se revela y comunica; es escucha y obediencia en su raíz original y, por eso, seguimiento. Por la obediencia de la fe, el ser humano se abandona, por entero y libremente, a Dios, prestándole el pleno obsequio del entendimiento y de la voluntad, y asintiendo voluntariamente a su Revelación[28]. El ser humano acoge como verdadero lo que Dios ha dicho de Sí, precisamente porque lo ha testimoniado Dios, no porque lo desvele la razón[29]. El aspecto doctrinal de la fe -contenido de verdades reveladas que recogen el testimonio de Dios- debe ser comprendido personalmente: la entrega libre de toda la persona a Dios que se revela permite acoger el testimonio divino. Si se olvida este segundo aspecto, no se entienden las repercusiones morales del acto de fe[30]. Segundo, la adhesión a Dios, que es la fe, tiene su origen, su medio y su fin en Dios[31]. Su origen en Dios, porque Él tiene la iniciativa. Muchas veces y de muchas maneras habló a los hombres desde el principio (cf. Hb 1, 1), pero en Jesucristo, su Hijo encarnado, tenemos su Palabra definitiva (cf. Jn 1, 14-16). Su medio, porque la gracia divina pone en ejercicio la libertad humana e ilumina la razón para que pueda reconocer la presencia del Señor, haciendo posible, incluso, el primer gesto de receptividad y acogida, propio de la sencillez de corazón (cf. Mt 11, 25). Su fin, porque el movimiento de la fe tiende a Él. Tercero, la comprensión de la Revelación es un don del Espíritu Santo que va perfeccionando con sus dones continuamente la fe. Sin la vida del Espíritu, la fe no se perfecciona y la Revelación acaba por no comprenderse.

    13. Vivir según la fe requiere profesar de manera completa e íntegra el mensaje de Jesucristo, ya que una “selección” de diversos aspectos de su enseñanza, aceptar unos y rechazar otros[32], no respondería a la Revelación del Padre, sino “a la carne y la sangre” (cf. Mt 16, 17), porque tus pensamientos no son los de Dios sino los de los hombres (Mc 8, 33). Es de vital importancia mantener íntegro el depósito de la fe, tal como Cristo lo confió a la Iglesia para su custodia. Así fue afirmado desde los inicios de la Iglesia[33]. De la negación de un aspecto de la Profesión de fe, se pasa a la pérdida total de la misma, pues al seleccionar unos aspectos y rechazar otros, no se atiende ya al testimonio de Dios, sino a razones humanas[34]. La vida entera del cristiano queda comprometida cuando se altera la Profesión de la fe[35].

    c) La inteligencia y el lenguaje de la fe

    14. La Revelación de Dios al Pueblo elegido, con quien ha establecido la Alianza, no es reducible a la experiencia religiosa subjetiva; de igual forma, la Revelación definitiva en Cristo se ha realizado «con hechos y palabras intrínsecamente conexos entre sí»[36]. Consiguientemente, no se puede admitir que el lenguaje sobre Dios sea algo meramente «simbólico, estructuralmente poético, imaginativo y figurativo, que expresaría y produciría una experiencia determinada de Dios»[37], pero no nos comunicaría quién es Dios. Es necesario mantener que la fe se expresa mediante afirmaciones que emplean un lenguaje verdadero, no meramente aproximativo, por más que sea analógico[38]. No han faltado quienes han sembrado la duda en relación con la Revelación y la inteligencia de la fe. Se reconoce ciertamente que Dios se ha revelado al hombre, pero a éste se le niega la capacidad concreta de acoger la Revelación. Se invoca la desproporción que existe entre el Dios que se revela y el hombre destinatario de la Revelación. Se afirma que, dado el carácter contingente, finito y limitado del ser humano, sólo podrá acoger la Palabra de Dios de forma fragmentaria, parcial y limitada. La pretensión de una Revelación divina, que se considerara definitiva y plena, entraría en conflicto con la misma condición histórica del ser humano[39]. Y aunque la Revelación pudiera ser acogida -se dice- no podrá, sin embargo, expresarse en proposiciones concretas, que deban ser tenidas por verdaderas. Si esto es así, la Revelación cristiana debe ponerse a la par de las “revelaciones” en otras religiones, o, incluso, en el orden mismo de la Creación. Es cierto que el lenguaje humano es limitado y parcial[40], pero no se debe olvidar que las palabras y las obras de Jesús, aun siendo limitadas en cuanto realidades humanas, tienen como fuente la Persona divina del Verbo encarnado, verdadero Dios y verdadero hombre, y por eso poseen carácter definitivo y pleno. «La verdad sobre Dios no es abolida o reducida porque sea dicha en lenguaje humano. Ella, en cambio, sigue siendo única, plena y completa porque quien habla y actúa es el Hijo de Dios encarnado»[41].

    15. El conocimiento de la fe tiene su punto de partida en el testimonio personal de Dios que se revela. La fe nos viene por el oído, por la escucha de la Palabra de Dios (cf. Rm 10, 14-17). Ahora bien, la misma fe que acoge la verdad revelada (auditus fidei) suscita el deseo de avanzar en su inteligencia (intellectus fidei). La fe, en efecto, busca inteligencia[42]. La verdad revelada, aun trascendiendo la razón humana, está en armonía con ella. La razón, por estar ordenada a la verdad, con la luz de la fe, puede penetrar el significado de la Revelación. En contra del parecer de algunas corrientes filosóficas muy difundidas entre nosotros, debemos reconocer la capacidad que posee la razón humana para alcanzar la verdad, como también su capacidad metafísica de conocer a Dios a partir de lo creado[43]. En un mundo que con frecuencia ha perdido la esperanza de poder buscar y encontrar la Verdad, el mensaje de Cristo recuerda las posibilidades que tiene la razón humana. En tiempos de grave crisis para la razón, la fe viene en su ayuda y se hace su abogada[44].

    16. La mediación de una reflexión genuinamente filosófica ayudará a la teología en el verdadero diálogo con la cultura de cada tiempo[45]. Es necesario tener en cuenta «la filosofía o la sabiduría de los pueblos»[46], pero el intercambio fecundo entre las culturas no debe llevar al relativismo ni a la negación del «valor universal del patrimonio filosófico asumido por la Iglesia»[47]. La filosofía permite discernir entre las meras opiniones y la verdad objetiva. La cultura nunca puede ser criterio absoluto de juicio en relación con la Revelación de Dios. Es la fe la que juzga la cultura y es el Evangelio el que conduce las culturas a la verdad plena[48]. Análogamente, no toda reflexión filosófica es compatible con la Revelación[49], ni tampoco es válido asumir acríticamente los principios de la cultura imperante para hacer actual el siempre nuevo mensaje evangélico[50].

    17. Tenemos en el Magisterio de la Iglesia la garantía para explicar correctamente la Revelación de Dios. Como la Alianza instaurada por Dios en Cristo tiene un carácter definitivo, es necesario que esté protegida de desviaciones y fallos que puedan corromperla; para garantizar esta permanencia en la verdad, Cristo dotó a la Iglesia, especialmente a los pastores, con el carisma de la infalibilidad[51], que se ejerce de diversas maneras[52]. Suscitar dudas y desconfianzas acerca del Magisterio de la Iglesia; anteponer la autoridad de ciertos autores a la del Magisterio; o contemplar las indicaciones y los documentos magisteriales simplemente como un “límite” que detiene el progreso de la teología, y que se debe “respetar” por motivos externos a la misma teología, es algo opuesto a la dinámica de la fe cristiana[53].

    d) Revelación y exégesis bíblica

    18. Una concepción errónea de la Revelación está abocada necesariamente a una interpretación también errada de la Sagrada Escritura. La Constitución conciliar Dei Verbum enseña que la Escritura es Palabra de Dios, y que, en la composición de los libros sagrados, el Espíritu Santo ha inspirado a los autores humanos para escribir la Verdad que el Espíritu ha querido enseñarnos en orden a nuestra salvación[54]. Consiguientemente, es preciso estudiar el modo de composición de los libros, la intención de los autores, y otros muchos elementos literarios e histórico-críticos. Las aportaciones de la exégesis, en este punto, han supuesto una gran riqueza, pero, al mismo tiempo, no debemos olvidar que, en cuanto Palabra inspirada, la Sagrada Escritura «se ha de leer e interpretar con el mismo Espíritu con que fue escrita; por tanto, para descubrir el verdadero sentido del texto sagrado hay que tener muy en cuenta el contenido y la unidad de toda la Escritura, habida cuenta de la tradición viva de toda la Iglesia, y de la analogía de la fe»[55].

    19. En algunas ocasiones los textos bíblicos se estudian e interpretan como si se tratara de meros textos de la antigüedad. Incluso se emplean métodos en los que se excluye sistemáticamente la posibilidad de la Revelación, del milagro o de la intervención de Dios. En lugar de integrar las aportaciones de la historia, de la filología y de otros instrumentos científicos con la fe y la Tradición de la Iglesia, frecuentemente se presenta como problemática la interpretación eclesial y se la considera ajena, cuando no opuesta, a la “exégesis científica”[56]. El olvido de la inspiración y del canon de la Sagrada Escritura, como si se tratara de principios irrelevantes para la auténtica comprensión del texto sagrado, no deja de constituir una grave preocupación[57]. El problema no radica en la utilización de los recursos de la filología o de todos los datos que la investigación nos ofrece, sino de aquellos presupuestos filosóficos e ideológicos de los métodos[58], que resultan incompatibles con la confesión de Cristo, centro de las Escrituras[59]. Dichos métodos son muy útiles y necesarios dentro de su ámbito, pero no pueden tener, por su propia naturaleza, la última palabra en la comprensión de un texto bíblico cuyo elemento determinante es la inspiración[60]. Sería algo semejante a querer comprender la persona e identidad de Cristo prescindiendo de su carácter divino[61], y, además, presentar tal comprensión como una conclusión “científica”[62]. La consecuencia de una errónea exégesis es que la Escritura deja de ser “el alma de la teología”[63], y no puede fundamentar ni la catequesis, ni la liturgia, ni la predicación, ni la vida moral cristiana, ni la piedad de los fieles[64].

    e) Revelación y oración cristiana

    20. El mismo Jesucristo que nos revela el rostro del Padre (cf. Jn 14, 9) es quien nos enseña a dirigirnos a Él con la oración del Padrenuestro. Los incorporados a Cristo por el bautismo, hemos recibido su mismo Espíritu que nos hace clamar Abbá, Padre (cf. Rm 8, 15). El anhelo del corazón humano que busca a Dios, aun sin saberlo, ha sido colmado por Aquel que se ha hecho nuestro compañero de camino (cf. Lc 24, 15) comunicándonos su misma vida divina. «La oración cristiana es relación personal y viva de los hijos de Dios con su Padre infinitamente bueno, con su Hijo Jesucristo y con el Espíritu Santo, que habita en sus corazones»[65]. La aceptación por la fe del Misterio de Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, sitúa al cristiano en una forma de oración sin par en las otras religiones. Pues la primera experiencia del Espíritu Santo se da en el mismo acto de fe (cf. 1 Cor 12, 3) y es el mismo Espíritu quien impulsa la oración al Padre, la lleva adelante compensando nuestra flaqueza (cf. Rm 8, 26) y nos capacita para el comportamiento cristiano (cf. Ga 5, 18. 22-25).

    21. El cristiano sabe que Dios «llama incansablemente a cada persona al encuentro misterioso de la oración»[66]. Si el Dios vivo y verdadero no puede ser conocido más que cuando Él mismo toma la iniciativa de revelarse, la oración se descubre como absolutamente necesaria, porque pone al hombre en disposición de recibir el don de la Revelación. Cuando Ésta es vaciada de su contenido trinitario y es equiparada a las “revelaciones” de otras religiones, la oración se vacía de Cristo y, en consecuencia, deja de ser cristiana. Constatamos con preocupación cómo las confusiones respecto al Misterio de Cristo y a la concepción católica de la Revelación han llevado a algunos cristianos a la minusvaloración de la oración de petición, o a “formas sustitutivas” de oración, en las que los “métodos” se confunden con los contenidos, se distancia de la oración pública de la Iglesia y se pone en peligro la relación entre lo que se cree (lex credendi) y lo que se ora (lex orandi)[67]. Las comunidades cristianas están llamadas a ser escuelas de oración, en las que se oriente de manera adecuada el hambre de espiritualidad[68].

    2. Jesucristo, el Hijo de Dios vivo

    22. Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo (Mt 16, 16). De la confesión de fe en la persona de Jesucristo se deriva la verdad del hombre, de la historia y del mundo[69]. La vida cristiana, la incorporación a la Iglesia, el compromiso por la transformación del mundo mediante la promoción de la justicia y la solidaridad, la esperanza futura…, son inseparables del modo como se entiende y se vive a Jesucristo. «Es necesario que el misterio del Hijo de Dios hecho hombre y el misterio de la Santísima Trinidad, que forman parte de las verdades principales de la Revelación, iluminen con la pureza de la verdad la vida de los cristianos»[70]. La Iglesia es consciente de que el primer servicio que puede y debe prestar a cada persona, y a toda la Humanidad, es anunciar a Jesucristo, hacer posible el encuentro con Él y, desde Él, iluminar la vida de los hombres[71]. Por eso, no es indiferente la manera en que es comprendida, vivida y presentada, la Persona y el misterio de Cristo[72].

    a) Cristología y Soteriología

    23. «En el momento establecido por Dios, el Hijo único del Padre… se hizo carne: sin perder la naturaleza divina asumió la naturaleza humana»[73], de modo que «al revestirse de nuestra frágil condición no sólo confiere dignidad eterna a la naturaleza humana, sino que por esta unión admirable nos hace a nosotros eternos»[74]. «La encarnación es el misterio de la admirable unión de la naturaleza divina y de la naturaleza humana en la única Persona del Verbo»[75]. Jesucristo, Persona divina, por ser verdadero Dios y verdadero hombre, es el único Mediador entre Dios y los hombres[76]. Proclamar al mundo que Jesucristo, el Hijo de Dios vivo, ha muerto y ha resucitado, «por nosotros los hombres y por nuestra salvación»[77] es la Buena Noticia que la Iglesia, desde sus orígenes, ha deseado ardientemente anunciar[78]. La predicación apostólica ha mantenido siempre unida la Verdad sobre la Persona de Cristo –objeto de la cristología- y la Verdad sobre su acción redentora –objeto de la soteriología-.

    24. La reflexión teológica sobre Jesucristo, secundando las orientaciones del Concilio Vaticano II[79], se ha visto enriquecida con estudios bíblicos, patrísticos e históricos, que han ayudado a profundizar, cada vez más, en el depósito recibido de los apóstoles y custodiado por el Magisterio auténtico de la Iglesia. Nada ha determinado tanto la transmisión de la fe en las últimas décadas como la presentación que se ha hecho de la Persona y del Misterio de Cristo. A nadie se le oculta que la investigación reciente sobre Jesucristo, realizada desde diferentes perspectivas, ha influido de forma notoria y decisiva en la catequesis, la predicación y la enseñanza religiosa escolar.

    25. Sin embargo, no siempre se han mantenido de manera completa los elementos esenciales de la fe de la Iglesia sobre la Persona y el mensaje de Jesucristo. Planteamientos metodológicos equivocados han llevado a alterar la fe y el lenguaje en que esta fe se expresa. En muchas ocasiones se ha abusado del método histórico-crítico sin advertir sus límites, y se ha llegado a considerar que la preexistencia de la Persona divina de Cristo era una mera deformación filosófica del dato bíblico. Cuando esto ha sucedido, no ha dejado la Iglesia de confesar la fe verdadera[80], reafirmando la validez del lenguaje con el que proclama que «Jesucristo posee dos naturalezas, la divina y la humana, no confundidas, sino unidas en la única Persona del Hijo de Dios»[81]. El abandono de este lenguaje de la fe cristológica ha sido causa frecuente de confusión y ocasión para caer en el error. Análogamente, se ha entendido la misión de Cristo como algo meramente terreno, cuando no político-revolucionario, de modo que se ha negado su voluntad de morir en la Cruz por los hombres. La Iglesia ha reiterado que el mismo Cristo aceptó y asumió libremente su Pasión y Muerte para la salvación de la Humanidad[82].

    b) Toda la vida de Cristo es Misterio

    26. «Toda la vida de Cristo es acontecimiento de revelación: lo que es visible en la vida terrena de Jesús conduce a su Misterio invisible»[83]. Las palabras, los milagros, las acciones, la vida entera de Jesucristo es revelación de su filiación divina y de su misión redentora. Los evangelistas, habiendo conocido por la fe quién es Jesús, mostraron los rasgos de su Misterio durante toda su vida terrena. La Revelación de los misterios de la vida de Cristo, acogida por la fe, nos abre al conocimiento de Dios y a la participación en su misma vida. En la Liturgia, en cuanto «ejercicio de la función sacerdotal de Jesucristo»[84], la Iglesia celebra lo que nuestra fe confiesa, de modo que podemos entrar en comunión verdadera con los misterios de Cristo[85]. «Todo lo que Cristo vivió hace que podamos vivirlo en Él y Él lo viva en nosotros»[86]. Una honda cristología mostrará la continuidad entre la figura histórica de Jesucristo, la Profesión de fe eclesial, y la comunión litúrgica y sacramental en los Misterios de Cristo[87].

    27. Constatamos con dolor que en algunos escritos de cristología no se haya mostrado esa continuidad, dando pie a presentaciones incompletas, cuando no deformadas, del Misterio de Cristo. En algunas cristologías se perciben los siguientes vacíos: 1) una incorrecta metodología teológica, por cuanto se pretende leer la Sagrada Escritura al margen de la Tradición eclesial y con criterios únicamente histórico-críticos, sin explicitar sus presupuestos ni advertir de sus límites; 2) sospecha de que la humanidad de Jesucristo se ve amenazada si se afirma su divinidad[88]; 3) ruptura entre el “Jesús histórico” y el “Cristo de la fe”, como si este último fuera el resultado de distintas experiencias de la figura de Jesús desde los Apóstoles hasta nuestros días; 4) negación del carácter real, histórico y trascendente de la Resurrección de Cristo[89], reduciéndola a la mera experiencia subjetiva de los apóstoles[90]; 5) oscurecimiento de nociones fundamentales de la Profesión de fe en el Misterio de Cristo: entre otras, su preexistencia, filiación divina, conciencia de Sí, de su Muerte y misión redentora, Resurrección, Ascensión y Glorificación.

    28. En la raíz de estas presentaciones se encuentra con frecuencia una ruptura entre la historicidad de Jesús y la Profesión de fe de la Iglesia: se consideran escasos los datos históricos de los evangelistas sobre Jesucristo[91]. Los Evangelios son estudiados exclusivamente como testimonios de fe en Jesús, que no dirían nada o muy poco sobre Jesús mismo, y que necesitan por tanto ser reinterpretados; además, en esta interpretación se prescinde y margina la Tradición de la Iglesia. Este modo de proceder lleva a consecuencias difícilmente compatibles con la fe, como son: 1) vaciar de contenido ontológico la filiación divina de Jesús; 2) negar que en los Evangelios se afirme la preexistencia del Hijo; y, 3) considerar que Jesús no vivió su pasión y su muerte como entrega redentora, sino como fracaso. Estos errores son fuente de grave confusión, llevando a no pocos cristianos a concluir equivocadamente que las enseñanzas de la Iglesia sobre Jesucristo no se apoyan en la Sagrada Escritura o deben ser radicalmente reinterpretadas.

    29. La incorrecta comprensión de la humanidad de Cristo, con una deficiente metodología teológica, tiene su correspondencia en los errores sobre la Virgen María. En 1978 la Conferencia Episcopal Española, mediante la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe, salió al paso de algunas publicaciones en las que se negaba la enseñanza de la Iglesia sobre la concepción virginal del Jesús[92]. Algunas afirmaciones sobre la Santísima Virgen son signo del abandono de la dimensión mariana, propia de una genuina espiritualidad católica, y de la ruptura entre la fe celebrada y la fe confesada[93].

    c) Jesucristo, el único Salvador de todos los hombres

    30. La afirmación sobre el carácter único y universal de la Mediación salvífica de Cristo es parte central de la Buena Nueva que la Iglesia proclama sin interrupción desde la época apostólica: Jesús es la piedra que desechasteis vosotros los constructores y que se ha convertido en piedra angular. Porque no hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres por el que nosotros debamos salvarnos (Hch 4, 12). La Verdad sobre la Persona de Cristo, constituido por Dios juez de vivos y muertos (Hch 10, 42), es inseparable de la Verdad sobre su misión redentora, de modo que todo el que cree en él alcanza, por su nombre, el perdón de los pecados (Hch 10, 43). «Debe ser, por lo tanto, firmemente creída, como verdad de fe católica que la voluntad salvífica universal de Dios Uno y Trino es ofrecida y cumplida una vez para siempre en el misterio de la encarnación, muerte y resurrección del Hijo de Dios»[94]. La certeza inquebrantable respecto a esta Verdad de fe ha impulsado a los cristianos de todos los tiempos a anunciar, con palabras y hechos, que Jesucristo es el Señor de todos (Hch 10, 36).

    31. En estrecha relación con el significado de la revelación, el debate cristológico contemporáneo se ha centrado en torno a las llamadas teologías del pluralismo religioso, que presentan la figura de Jesucristo a partir de presupuestos relativistas, bien desde la convicción de que la verdad divina es inasible por el entendimiento, bien desde una mentalidad simbólica atribuida a Oriente[95]. La consecuencia de estos presupuestos ha sido el rechazo sustancial de la identificación de la figura histórica individual de Jesucristo con la realidad misma de Hijo de Dios. El que es Absoluto –se afirma- no puede revelarse en la historia de forma plena y definitiva. Todo lo más que se encuentra en la historia son modelos, figuras ideales que remiten al Totalmente Otro. Algunas propuestas teológicas afirman que Jesucristo es Dios y hombre verdadero, pero piensan que, debido a la limitación de la naturaleza humana de Jesús, la Revelación de Dios en Él no se puede considerar completa y definitiva. Habrá, por tanto, que considerarla en relación a otras posibles “revelaciones” de Dios expresadas en los guías religiosos de la Humanidad y en los fundadores de las religiones del mundo. Cuando se considera, de manera errónea, que Jesucristo no es la plenitud de la Revelación de Dios, se sitúan a la par de Él otros líderes religiosos[96]. De aquí se seguiría la idea, igualmente errónea, y que siembra inseguridad y duda, que las religiones del mundo, en cuanto tales, son vías de salvación complementarias al Cristianismo[97].

    32. La reflexión cristológica debe salvaguardar, razonar y justificar, por un lado, el carácter realmente histórico y concreto de la Encarnación de Cristo, y, por otro, el carácter definitivo y pleno de su existencia histórica en relación a la historia y salvación de todos los hombres. Afirmar que Jesucristo es el Verbo de Dios encarnado significa: 1) que Él es Dios, la Verdad última y definitiva; 2) que Él desvela quién es el hombre, en cuanto nos revela la relación necesaria y apropiada con Dios[98]; y, 3) que Él es la Verdad absoluta de la Historia y de la Creación. Por eso, en el encuentro y en la comunión con Cristo, el ser humano puede reconocerse verdaderamente a sí mismo. Con la Encarnación no sólo no disminuye la divinidad, sino que se engrandece la humanidad.

    d) Cristología y Catequesis

    33. En el centro de la catequesis se encuentra Cristo. El fin de la catequesis es conducir a la comunión con Jesucristo, mediante una instrucción orgánica y completa en la que progresivamente se ha de «descubrir en la Persona de Cristo el designio eterno de Dios»[99]. La alegría de Jesús, que da gracias al Padre por haber ocultado estas cosas a los sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños (Mt 11, 25), se extiende a todos aquellos que participan en la misión salvífica de transmitir la fe. Esta alegría se ve truncada cuando determinadas maneras de catequizar, en lugar de favorecer el encuentro con Cristo vivo, lo retrasan o, incluso, lo impiden.

    34. Determinadas presentaciones erróneas del Misterio de Cristo, que han pasado de ámbitos académicos a otros más populares, a la catequesis y a la enseñanza escolar, son motivo de tristeza. En ellos se silencia la divinidad de Jesucristo o se considera expresión de un lenguaje poético vacío de contenido real, negándose, en consecuencia, su preexistencia y su filiación divina[100]. La muerte de Jesús es despojada de su sentido redentor y considerada como el resultado de su enfrentamiento a la religión. Cristo es considerado predominantemente desde el punto de vista de lo ético y de la praxis transformadora de la sociedad: sería simplemente el hombre del pueblo que toma partido por los oprimidos y marginados al servicio de la libertad[101].

    35. La consecuencia de estas propuestas, contrarias a la fe de la Iglesia, es la disolución del sujeto cristiano. La reflexión, que debería ayudar a dar razón de la esperanza (cf. 1 P 3, 15), se distancia de la fe recibida y celebrada. La enseñanza de la Iglesia y la vida sacramental se consideran alejadas, cuando no enfrentadas, a la voluntad de Cristo[102]. El Cristianismo y la Iglesia aparecen como separables. Según los escritos de algunos autores, no estuvo en la intención de Jesucristo el establecer ni la Iglesia, ni siquiera una religión, sino más bien la liberación de la Religión y de los poderes constituidos. Conscientes de la gravedad de estas afirmaciones y del daño que causan en el pueblo fiel y sencillo, no podemos dejar de repetir con las palabras de la Carta a los Hebreos: Ayer como hoy, Jesucristo es el mismo y lo será siempre. No os dejéis seducir por doctrinas varias y extrañas. Mejor es fortalecer el corazón con la gracia que con alimentos que nada aprovecharon a los que siguieron ese camino (Hb 13, 8-9).

    3. La Iglesia, Sacramento de Cristo

    36. Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia (Mt 16, 18). La confesión de Jesús por parte de Pedro como el Hijo de Dios vivo ha precedido a la promesa de Jesús de edificar su Iglesia. La Iglesia vive para confesar a Jesucristo como el Ungido de Dios, y cuenta para eso con la asistencia del Espíritu Santo. La misma Iglesia es columna y fundamento de la verdad (1 Tm 3, 15). La Verdad que nos hace libres (cf. Jn 8, 32) es un don del Espíritu dado por Jesucristo resucitado, y está íntimamente unida a la salvación (cf. 1 Tm 2, 4), de manera que la Iglesia realiza su misión anunciando a Cristo que es el Camino, la Verdad y la Vida (Jn 14, 6)[103].

    a) Cristo y la Iglesia: el “Cristo total”

    37. «La Iglesia es en Cristo como un sacramento o signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano»[104]. El ser más profundo de la Iglesia consiste en su íntima vinculación con el Misterio salvador de Cristo, quien la ha constituido en «instrumento de redención universal»[105] y «sacramento universal de salvación»[106], para realizar y manifestar por medio de Ella el misterio del amor de Dios al hombre[107]. Cristo y la Iglesia, sin confundirse, pero sin separarse, constituyen el Cristo total (Christus totus)[108]. La única Iglesia de Cristo, «constituida y ordenada en este mundo como una sociedad, subsiste en la Iglesia Católica, gobernada por el sucesor de Pedro y por los obispos en comunión con Él»[109]. La enseñanza del Concilio Vaticano II ha destacado tanto la continuidad que existe entre la Iglesia de Cristo y la Iglesia Católica, como los elementos pertenecientes a la Iglesia de Cristo, presentes en otras Iglesias y Comunidades eclesiales, que, por su misma naturaleza, tienden a la comunión plena[110].

    38. «El Señor Jesús comenzó su Iglesia predicando la buena nueva, es decir, la llegada del Reino de Dios prometido desde hacía siglos en las Escrituras»[111]. El estrecho vínculo entre el Reino de Dios y la Iglesia se ilumina a partir de la unidad existente entre las palabras y obras de Cristo y su Misterio Pascual. La acogida del Reino es identificada por los Evangelios, desde el principio, con la acogida y el seguimiento de Jesucristo. La participación en el Reino, tras la Pascua, tiene como forma definitiva la comunión plena con el Señor resucitado, por el don de su Espíritu. Todo hombre está llamado a participar, por caminos que sólo Dios conoce, en esta Pascua del Señor[112] y a entrar así en el Reino. No es legítimo, en consecuencia, separar el Reino de Dios de la figura histórica de Jesucristo, muerto y resucitado y, por tanto, del Padre[113]. Tampoco lo es disolver el significado de la Iglesia como verdadero sacramento de la comunión en Cristo. Y aunque la realización del designio divino de salvación pueda darse fuera de los límites visibles de la Iglesia, no es correcto separar la noción de Reino de Dios de la realidad de la Iglesia[114].

    39. El Sínodo Extraordinario de Obispos del año 1985, celebrado a los veinte años de la clausura del Concilio Vaticano II, puso en evidencia la importancia de la noción de comunión para comprender la naturaleza íntima de la Iglesia, tal como el Concilio la había formulado[115]. Al hablar de comunión se debe tener en cuenta que ante todo es un don de Dios, con una dimensión horizontal y vertical, visible e invisible[116]. En consecuencia, es insuficiente entender la comunión como el fruto del ejercicio asociativo propio de agrupaciones meramente humanas. El punto de partida de la comunión es el encuentro con Jesucristo, el Hijo de Dios, que llega a los hombres a través del anuncio de la Iglesia y de los sacramentos[117]. Si esto no se tiene en cuenta, lo propio y específico del misterio de la Iglesia queda oscurecido.

    b) Liturgia y esperanza escatológica

    40. La Liturgia en cuanto es obra de Cristo y acción de su Iglesia, realiza y manifiesta su misterio como signo visible de la comunión entre Dios y los hombres, introduciendo a los fieles en la Vida nueva de la comunidad[118]. Por eso, aunque ciertamente «no agota toda la actividad de la Iglesia»[119], la Liturgia es la cumbre y la fuente de la vida eclesial[120], en la que se hace presente y se confiesa públicamente el misterio de la fe[121]. La transmisión de la fe, el anuncio misionero, el servicio al mundo en caridad[122], la oración cristiana, la esperanza respecto a las realidades futuras, toda la vida de la Iglesia tiene en la Liturgia su fuente y su término. A la luz de estas enseñanzas se comprende el grave daño que suponen, para el Pueblo de Dios, los abusos en el campo de la celebración litúrgica, especialmente en los sacramentos de la Eucaristía y de la Penitencia. ¿Cómo no manifestar un profundo dolor cuando la disciplina de la Iglesia en materia litúrgica es vulnerada?[123] Que nos tengan los hombres por servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios. Ahora bien, lo que en fin de cuentas se exige de los administradores es que sean fieles (1 Cor 4, 1-2).

    41. «¿Qué es la Iglesia, sino la Asamblea de los santos?»[124]. «Creemos en la comunión de todos los fieles cristianos, es decir, de los que peregrinan en la tierra, de los que se purifican después de muertos y de los que gozan de la bienaventuranza celeste, y que todos se unen en una sola Iglesia»[125]. La Iglesia será llevada a su plenitud al final de los tiempos (cf. Hch 3, 21), cuando el género humano, juntamente con el universo entero, será renovado (cf. Ef 1, 10; Col 1, 20; 2 P 3, 10-13)[126]. La esperanza respecto a la vida del mundo futuro es constitutiva de la condición de cristianos. Se es cristiano precisamente por la fe en la Resurrección de Cristo[127], principio y causa de nuestra propia resurrección (cf. 1 Cor 15, 21). Cuando se siembran dudas y errores respecto a la fe de la Iglesia en la venida del Señor en gloria al final de los tiempos (Parusía), la resurrección de la carne, el juicio particular y final, el Purgatorio, la posibilidad real de condenación eterna (Infierno) o la Bienaventuranza eterna (Cielo)[128], se debilita gravemente la vida cristiana de los que aún peregrinamos en este mundo, porque se permanece entonces «en la ignorancia respecto a la suerte de los difuntos» y se cae en la tristeza de los que no tienen esperanza (cf. 1 Ts 4, 13). El silencio sobre estas verdades de nuestra fe, en el ámbito de la predicación y de la catequesis, es causa de desorientación entre el pueblo fiel que experimenta, en su propia existencia, las consecuencias de la ruptura entre lo que cree y lo que celebra.

    c) El ministerio ordenado en la Iglesia

    42. El Señor Jesús instituyó diversos ministerios para el servicio de su Cuerpo, la Iglesia[129]. Según la fe eclesial, Jesucristo ha fundado el ministerio de la sucesión apostólica en la vocación y misión de los doce apóstoles, transmitido con la consagración sacramental[130]. A ellos y a sus sucesores, Cristo les confirió la función de enseñar, santificar y gobernar en su propio nombre y autoridad. Presentar, pues, el ministerio ordenado como el fruto de avatares históricos o luchas de poder en el ámbito religioso es contrario a la verdad histórica y a la fe de la Iglesia[131].

    43. Constatamos que algunos autores han defendido y difunden concepciones erróneas sobre el ministerio ordenado en la Iglesia. Mediante la aplicación de un deficiente método exegético, han separado a Cristo de la Iglesia, como si no hubiera estado en la voluntad de Jesucristo fundar su Iglesia[132]. Una vez roto el vínculo entre la voluntad de Cristo y la Iglesia, se busca el origen de la constitución jerárquica de la Iglesia en razones puramente humanas, fruto de meras coyunturas históricas. Se interpreta el testimonio bíblico desde presupuestos ideológicos, seleccionando algunos textos y elementos, y olvidando otros. Se habla de “modelos de Iglesia” que estarían presentes en el Nuevo Testamento: frente a la Iglesia de los orígenes, caracterizada por ser “discipular y carismática”, libre de ataduras, habría nacido después la “institucional y jerárquica”. El modelo de Iglesia “jerárquico, legal y piramidal”, surgido tardíamente, se distanciaría de las afirmaciones neotestamentarias, caracterizadas por poner el acento en la comunidad y en la pluralidad de carismas y ministerios, así como en la fraternidad cristiana, toda ella sacerdotal y consagrada. Este modo de presentar la Iglesia no tiene apoyo real en la Sagrada Escritura ni en la Tradición eclesial y desfigura gravemente el designio de Dios sobre el Cuerpo de Cristo que es la Iglesia, llevando a los fieles a actitudes de enfrentamiento dialéctico, según las cuales la riqueza de carismas y ministerios suscitados por el Espíritu Santo ya no son vistos en favor del bien común (cf.1 Cor 12, 4-12), sino como expresión de soluciones humanas que responden más a las luchas de poder que a la voluntad positiva del Señor[133].

    44. De manera semejante hay quien niega la distinción entre el sacerdocio común de los fieles y el sacerdocio ministerial, cuya diferencia «es esencial y no sólo de grado»[134]. Quien así razona pretende partir de que en el Nuevo Testamento no se considera a los ministros como “personas sagradas”, para concluir que esta “sacralización” del ministerio, o de un grupo dentro de la Iglesia, habría sido una adherencia histórica posterior. Este planteamiento silencia que Cristo es el Sumo Sacerdote de la Nueva Alianza (cf. Hb 4, 14-15; 7,26-28; 8-9), de cuyo ministerio participan algunos cristianos de manera especial, para hacerle presente sacramentalmente en la Iglesia. La posterior terminología sacerdotal no cambiará la realidad del ministerio apostólico testimoniado claramente en el Nuevo Testamento. En él se encuentran referencias a la incorporación al ministerio mediante la imposición de manos (cf. Hch 14, 23; 1 Tm 4, 14).

    45. La falta de claridad respecto al ministerio ordenado en la Iglesia no ha sido ajena a la crisis vocacional de los últimos años. En algunos casos parece, incluso, que hay el deseo de provocar un “desierto vocacional” para así lograr que se produzcan cambios en la estructura interna de la Iglesia. Sin embargo, donde, manteniendo la doctrina católica, se ofrecen a los jóvenes ámbitos para el encuentro personal con Cristo en la oración litúrgica y personal, ordinariamente surgen las vocaciones para el sacerdocio ministerial. Es preciso recordar las determinaciones magisteriales acerca del varón como único sujeto válido del orden sacramental, porque tal fue la voluntad de Cristo al instituir el sacerdocio[135]. Algunos han pretendido injustificadamente que esa voluntad no consta en la Escritura, lo cual no corresponde a la interpretación auténtica de la Palabra de Dios escrita y transmitida