Sabbath
Ver Jesus y la señal del profeta Jonás
Ver sabbath
Ver Debemos Mantener el Credo Apostólico?
Ver ¿Permaneció Jesús tres días en la tumba?
Sábado
(Heb. shabbath, cesar, descansar; Gr. Sabbaton; Lat. Sabbatum).
El séptimo día de la semana entre los hebreos; contado de anochecer a anochecer, o sea, desde el viernes al anochecer al atardecer del sábado.
Prescripciones concernientes al Sábado
El Sábado era un día de descanso “consagrado a Yahvé” (Ex., 16, 23; 21, 15; Dt., 5, 14). Todo tipo de trabajo estaba prohibido incluyendo tanto a los extranjeros como a los israelitas, a los animales como a los hombres (Ex.20, 8-10; 31, 13-17; Dt. 5, 12-14). Las acciones particulares siguientes se mencionan como prohibidas: cocinar (Ex. 16, 23); recoger maná (16, 26 ss.); sembrar y segar (34, 21); encender fuego (para cocinar, 35, 3); buscar leña (Nm., 15, 32 ss.); llevar cargas (Jr. 17, 21-22); pisar uvas, acarrear haces de trigo, y poner cargas en los animales (Ne 13, 15); vender (Ne 13., 15 ss.). Viajar, al menos por motivos religiosos, no estaba prohibido; la prohibición de Ex. 16, 29, se refiere solamente a salir al campo para recoger comida; se sobreentiende que no hay prohibición cuando se trata de la institución de las reuniones sagradas (Lv. 23, 2-3, texto hebreo), y era acostumbrado en tiempo de los reyes (2 R 4, 23). Sin embargo, en un periodo posterior, todo movimiento fue limitado a una distancia de 2000 codos ( entre cinco y seis estadios ), o una “jornada sabática” (Hch 1, 12). Una abstención total del trabajo estaba prescrita únicamente para el Sábado y para el Día de la Expiación; en las demás fiestas el trabajo servil estaba prohibido (Ex 12, 16; Lev 23, 7 ss.). La violación intencionada del Sábado era castigada con la muerte (Ex 31, 14-15; Num. 15, 32-36). La prohibición del trabajo hizo necesaria la preparación de alimentos, y todo aquello que pudiera ser necesitado, el día anterior al Sábado, conocido por tanto, como día de preparación , o Parasceve (paraskeue; Mt. 27, 62; Mc 25, 42; etc.). Además de la abstención de trabajar, se prescribían observancias religiosas especiales. (a) Los sacrificios diarios eran doblados; es decir, por la mañana eran ofrecidos dos corderos sin tacha de un año, y otros dos por la tarde, doblando también la cantidad normal de harina amasada con aceite y del vino de libación (Nm. 28, 3-10). (b) Los panes nuevos de la Presencia eran colocados ante el Señor (Lv. 24, 5; 1 Cro 9, 32). (c) Una asamblea santa se convocaba en el santuario para realizar un ritual solemne (Lv 23, 2-3, Texto Heb; Ez 46, 3). No tenemos ningún detalle de lo que hacían aquellos que vivían lejos del santuario. El culto en las sinagogas es del periodo pos exílico; probablemente sea el desarrollo de una costumbre antigua. En los días más recientes, la gente iba a oír las instrucciones de los profetas (2 R 4, 23), y es probable que los encuentros para edificación y oración fueran normales desde tiempos más antiguos.
Significado del Sábado
El sábado era la consagración a Dios de un día del periodo semanal como autor del universo y del tiempo. Siendo así, el día del Señor, era obligatorio que la persona se abstuviera de trabajar para sus propios fines o intereses, ya que trabajando tomaría el día para sí mismo en lugar dedicar su actividad a Dios con los actos especiales del culto positivo. Después de la alianza sinaítica , Dios mantuvo su relación con Israel como Señor de la Alianza. De ese modo el Sábado también llegó a convertirse en una señal y su observancia en un reconocimiento de la alianza: “Di a los israelitas: No dejéis de guardar mis sábados, porque el sábado es una señal entre mí y vosotros, de generación en generación, para que sepáis que yo soy Yahvé, el que os santifico” (Ex 31, 13). Pero mientras el Sábado era ante todo un día religioso, tenía también su lado social y filantrópico. Era además día de descanso y esparcimiento, particularmente para los esclavos.
(Dt. 5, 14). Con motivo del doble carácter, religioso y filantrópico del día, se dan dos diferentes razones para su observancia. La primera está tomada del descanso de Dios en el séptimo día de la creación: “Pues en seis días hizo Yahvé el cielo y la tierra,… y el séptimo descansó; por eso bendijo Yahvé el día del sábado y lo santificó.” (Ex. 20, 11; 31, 17). Esto no significa que el Sábado haya sido instituido en el momento de la Creación, como algunos comentadores piensan, sino que los israelitas querían imitar el ejemplo de Dios y descansar en el día que Él había santificado con su descanso. El Sábado como señal de la alianza sinaítica recordaba la salida de la esclavitud de Egipto. Por eso, en segundo lugar, a los Israelitas se les ordena recordar que una vez fueron esclavos en Egipto, y por tanto, en agradecimiento y memoria de su salida deberían descansar y permitir también que sus siervos descansaran (Dt. 5, 14-15). Como recordatorio de los beneficios de Dios a Israel el Sábado suponía un día de alegría (Is 57, 13) y así era en la práctica (cf. Os 2, 11; Lam 2, 6). No se hacía ayuno en Sábado (Jdt 8, 6) por el contrario, los alimentos más selectos se servían a los amigos invitados.
Origen del Sábado
La primera mención del Sábado está en conexión con la caída del maná (Ex 16, 22 ss.), pero ahí se presenta como una institución ya conocida de los israelitas. Por consiguiente la legislación sinaítica sólo dio fuerza de ley a una costumbre existente. El origen de esta costumbre está envuelta en oscuridad. No fue tomada de los egipcios, ya que la semana de siete días terminando con un día de descanso les era desconocida. En años recientes se ha defendido una teoría de origen babilónico. Una tableta cuneiforme presenta el shabattu como el equivalente um nuh libbi, “día de apaciguamiento del corazón” (de los dioses). Además, un calendario religioso con el mes intercalar Elul y el mes Marchesvan menciona los días 7, 14, 21, 28, y 19; éste porque probablemente era el día 49 (7×7), desde el comienzo del mes precedente, como días en los cuales el rey, el mago y el médico se debían abstener de realizar ciertos actos. El rey, por ejemplo, no tenía que comer alimentos preparados al fuego, vestirse con vistosos vestidos, montar en un carro, o ejercer actos de autoridad. Estos días eran entonces días propicios, por tanto díasshabattu . Tenemos así periodos de siete días, el último de los cuales estaba marcado por la abstención de ciertas acciones y llamadoshabattu , en otras palabras, el equivalente al Sábado. Un origen babilónico no es en sí mismo improbable, ya que Caldea era originalmente la pátria de los hebreos, pero no hay ninguna prueba de que éste sea el caso. La lectura deshabattu es incierta, tampoco shapattushabattu; los signos así leídos se encuentran unidos sólo al día 15 del mes, donde, sin embargo, sha patti , “división” del mes sea la lectura más probable. Además, estos días difieren completamente del Sábado. No eran días de descanso general, ya que los asuntos se llevaban como en otros días. La abstención de ciertos actos tenía por objeto calmar la ira de los dioses; Así que estos días eran días de penitencia, no de júbilo como el Sábado. Finalmente, aquellos, seguían las fases de la luna, mientras que el Sábado era independiente de ellos. Ya que el Sábado siempre aparece como una fiesta semanal sin conexión con la luna, no puede decirse que se derive de la fiesta babilónica de la luna llena como pretenden algunos escritores, ni siquiera del quinceavo día del mes cuya designación shabattu tiene un carácter dudoso. es probable. Por otra parte, no hay evidencia de que estos días fueran llamados
Observancia del Sábado
Las violaciones del Sábado parece ser que eran bastante comunes antes y durante el exilio (Jer 17, 19 ss., Ez 20, 13. 16. 21. 24; 22, 8; 22, 38); por tanto los profetas ponían gran énfasis en su correcta observancia (Am 8, 5; Is, 1, 13; 58, 13-14; Jer, refer. cit. ; Ez, 20, 12 ss.). Después de la Restauración, el día fue profanado abiertamente, y Nehemías encontró algunas dificultades para detener el abuso (Ne13, 15-22). Sin embargo, enseguida, apareció un movimiento que se inclinaba hacia una meticulosa observancia que sobrepasó lo que contemplaba la ley. En tiempo de los Macabeos los fieles judíos se dejaban masacrar antes de luchar en Sábado (1 M 2, 35-38); Matatías y sus seguidores se dieron cuenta de que dicha actitud era equivocada y decidieron defenderse si eran atacados en Sábado, aunque ellos no asumían la ofensiva (1 M 2, 40-41;
2 M 8, 26). Bajo la influencia del rigorismo de los fariseos fue elaborado un sistema de pequeñas y gravosas reglas, mientras que el más alto propósito del Sábado se perdía de vista. El tratadoShabbath de la Mishna enumera treinta y nueve títulos principales de acciones prohibidas, cada una de ellas con subdivisiones. Entre los principales títulos se encuentran acciones tan insignificantes como tejer con dos hilos, coser dos puntadas, escribir dos cartas, etc. Arrancar dos espigas de trigo se consideraba como segar, mientras que frotarlas era una especie de trillado (cf. Mt 12, 1-2; Mc 2, 23-24; Lc 6, 1-2). Transportar un objeto del peso de un higo se consideraba como llevar una carga; por esa razón, cargar una cama (Jn 5, 10) era una gran violación del Sábado. Era ilegal curar en Sábado, o dar al enfermo una medicina a menos que su vida estuviese en peligro.(cf. Mt 12, 10 ss.; Mc 3, 2 ss.; Lc 6, 7 ss.). Esto explica por qué a los enfermos se les presentaba a Cristo después de la caída del sol (Mc 1, 32). Incluso se prohibía usar un medicamento el día anterior si aquel producía sus efectos en Sábado. En tiempo de Cristo se permitía sacar un animal de un hoyo (Mt 12, 11; Lc 14, 5), pero esto fue más tarde modificado para que no se permitiera agarrarlo y sacarlo fuera, aunque podría ayudársele a salir con colchones o cojines. Estos ejemplos, que no son los peores, muestran la estrechez del sistema. Sin embargo, algunas normas eran realmente gravosas, y un tratado de la Mishna (Erubin) modera su rigor con sutiles artificios.
El Sábado en el Nuevo Testamento
Cristo, mientras observa el Sábado, protesta y actúa contra este absurdo rigorismo que hace del hombre un esclavo del día. Reprendió a los escribas y fariseos por poner cargas intolerables sobre los hombros de la gente. (.Mt 23, 4), y proclamó el principio que dice: “el sábado fue hecho para el hombre y no el hombre para el sábado” (Mc 2, 27). Curó en Sábado, y defendió a sus discípulos por arrancar espigas en ese día. En sus discusiones con los fariseos sobre este tema mostró que no se viola el Sábado en caso de necesidad o por actos de caridad.(Mt 12, 3 ss; Mc 2, 25 ss; Lc 6,3 ss; 14, 5). San Pablo menciona el Sábado entre las observancias judías que no son obligatorias para los cristianos (Col 2, 16; Gal 4, 9-10; Rom 14, 5). Los gentiles conversos celebraban sus encuentros religiosos el domingo (Hch 20, 7; 1 Cor 16, 2) y con la desaparición de las iglesias cristianas judías, este día fue observado exclusivamente como el Día del Señor.(Ver DOMINGO)
EDERSHEIM, “Life and Times of Jesus II” (New York, 1897), 52-62, 777 sqq.; SCHURER, “Hist. Of the Jewish People” (New York, 1891), see index; PINCHES, “Sapattu, the Babylonian Sabbaath” in “Proceed. Of Soc. Of Bibl. Archeol.” (1904), 51-56; LAGRANGE, “Relig. Semit.” (Paris, 1905), 291-5; DHORME in “Rev. bibl.” (1908), 462-6; HERN, “Siebenzahl und Sabbath bei den Babyloniern un im A. T.” (Leipzig, 1907); IDEM, Der Israelitische Sabbath” (Munster, 1909); KEIL, “Babel und Bibelfrage” (Trier, 1903), 38-44; LOTZ, “Quaestiones de histor. sabbati” (1883); LESETRE in VIGOUROUX, “Dict. de la bible”, s.v. “Sabbat.”
F. BECHTEL
Transcrito por John Looby
Dedicado a Christopher James Looby
Traducido por Alfredo Moreno Prieto
http://www.enciclopediacatolica.com/s/sabbath.htm
«El Pontífice hizo un breve recorrido histórico y citó al emperador Diocleciano, quien en el siglo III prohibió a los cristianos celebrar la eucaristía. En aquel tiempo la desobediencia, recordó el Papa, se pagaba con el martirio. Para Benedicto XVI la situación que se vive hoy en Occidente no dista mucho de aquellos tiempos ya que ahora «tampoco es fácil» vivir como cristianos. «Desde un punto de vista espiritual, el mundo en el que vivimos, marcado por el consumismo desenfrenado, la indiferencia religiosa y un secularismo cerrado a la trascendencia, puede parecer un desierto no menos áspero que el de entonces», afirmó S. S. Benedicto XVI – P.P. 2005-05-29

Existe el peligro que el reposo sea considerado como un simplemente no hacer nada. Semejante concepción no se corresponde a la realidad antropológica del descanso. En efecto, el descanso consiste principalmente en la recuperación de un equilibrio personal pleno, que las condiciones de la vida ordinaria tienden a destruir. Para alcanzar este equilibrio personal no basta una mera interrupción de toda actividad, sino que deben procurarse unas condiciones determinadas para recuperar el equilibrio.
Excepto en caso de necesidad en días festivos haz solo uso de los establecimientos de ocio. Comprando en festivos potencias que tengan que trabajar los empleados de grandes almacenes y superficies comerciales y esclavizas a los pequeños comerciantes que no pueden pagar empleados extras, dificultando que todos ellos descansen, hagan vida familiar y santifiquen las fiestas, así como se anula la singularidad social de la Festividad o del Domingo
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El que nadie deba imponer a otro una determinada visión de la realidad y de la trascendencia, no implica que todas las cosmovisiones tengan el mismo valor.
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Catecismo de la Iglesia Católica – 345-349

“El sentido del sabbat”
El Sabbat, culminación de la obra de los “seis días”. El texto sagrado dice que “Dios concluyó en el séptimo día la obra que había hecho” y que así “el cielo y la tierra fueron acabados”; Dios, en el séptimo día, “descansó”, santificó y bendijo este día (Gn 2, 1-3). Estas palabras inspiradas son ricas en enseñanzas salvíficas:
En la creación Dios puso un fundamento y unas leyes que permanecen estables (cf Hb 4, 3-4), en los cuales el creyente podrá apoyarse con confianza, y que son para él el signo y garantía de la fidelidad inquebrantable de la Alianza de Dios (cf Jr 31, 35-37, 33, 19-26). Por su parte el hombre deberá permanecer fiel a este fundamento y respetar las leyes que el Creador ha inscrito en la creación.
La creación está hecha con miras al Sabbat y, por tanto, al culto y a la adoración de Dios. El culto está inscrito en el orden de la creación (cf Gn 1, 14). “Operi Dei nihil praeponatur” (“Nada se anteponga a la dedicación a Dios”), dice la regla de S. Benito, indicando así el recto orden de las preocupaciones humanas.
El Sabbat pertenece al corazón de la ley de Israel. Guardar los mandamientos es corresponder a la sabiduría y a la voluntad de Dios, expresadas en su obra de creación.
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Celebración de la obra del Creador
« Por medio de la Palabra se hizo todo » (Jn 1,3)
8. En la experiencia cristiana el domingo es ante todo una fiesta pascual, iluminada totalmente por la gloria de Cristo resucitado. Es la celebración de la « nueva creación ». Pero precisamente este aspecto, si se comprende profundamente, es inseparable del mensaje que la Escritura, desde sus primeras páginas, nos ofrece sobre el designio de Dios en la creación del mundo. En efecto, si es verdad que el Verbo se hizo carne en la « plenitud de los tiempos » (Ga 4,4), no es menos verdad que, gracias a su mismo misterio de Hijo eterno del Padre, es origen y fin del universo. Lo afirma Juan en el prólogo de su Evangelio: « Por medio de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho » (1,3). Lo subraya también Pablo al escribir a los Colosenses: « Por medio de él fueron creadas todas las cosas: celestes y terrestres, visibles e invisibles [...]; todo fue creado por él y para él » (1,16). Esta presencia activa del Hijo en la obra creadora de Dios se reveló plenamente en el misterio pascual en el que Cristo, resucitando « de entre los muertos: el primero de todos » (1 Co 15,20), inauguró la nueva creación e inició el proceso que él mismo llevaría a término en el momento de su retorno glorioso, « cuando devuelve a Dios Padre su reino [...], y así Dios lo será todo para todos » (1 Co 15,24.28).
Ya en la mañana de la creación el proyecto de Dios implicaba esta « misión cósmica » de Cristo. Esta visión cristocéntrica, proyectada sobre todo el tiempo, estaba presente en la mirada complaciente de Dios cuando, al terminar todo su trabajo, « bendijo Dios el día séptimo y lo santificó » (Gn 2,3). Entonces —según el autor sacerdotal de la primera narración bíblica de la creación— empezaba el « sábado », tan característico de la primera Alianza, el cual en cierto modo preanunciaba el día sagrado de la nueva y definitiva Alianza. El mismo tema del « descanso de Dios » (cf. Gn 2,2) y del descanso ofrecido al pueblo del Éxodo con la entrada en la tierra prometida (cf. Ex 33,14; Dt 3,20; 12,9; Jos 21,44; Sal 95 [94],11), en el Nuevo Testamento recibe una nueva luz, la del definitivo « descanso sabático » (Hb 4,9) en el que Cristo mismo entró con su resurrección y en el que está llamado a entrar el pueblo de Dios, perseverando en su actitud de obediencia filial (cf. Hb 4,3-16). Es necesario, pues, releer la gran página de la creación y profundizar en la teología del « sábado », para entrar en la plena comprensión del domingo.
« Al principio creó Dios el cielo y la tierra » » (Gn 1,1)
9. El estilo poético de la narración genesíaca describe muy bien el asombro que el hombre prueba ante la inmensidad de la creación y el sentimiento de adoración que deriva de ello hacia Aquél que sacó de la nada todas las cosas. Se trata de una página de profundo significado religioso, un himno al Creador del universo, señalado como el único Señor ante las frecuentes tentaciones de divinizar el mundo mismo. Es, a la vez, un himno a la bondad de la creación, plasmada totalmente por la mano poderosa y misericordiosa de Dios.
« Vio Dios que estaba bien » (Gn 1,10.12, etc.). Este estribillo, repetido durante la narración, proyecta una luz positiva sobre cada elemento del universo, dejando entrever al mismo tiempo el secreto para su comprensión apropiada y para su posible regeneración: el mundo es bueno en la medida en que permanece vinculado a sus orígenes y llega a ser bueno de nuevo, después que el pecado lo ha desfigurado, en la medida en que, con la ayuda de la gracia, vuelve a quien lo ha hecho. Esta dialéctica, obviamente, no atañe directamente a las cosas inanimadas y a los animales, sino a los seres humanos, a los cuales se ha concedido el don incomparable, pero también arriesgado, de la libertad. La Biblia, después de las narraciones de la creación, pone de relieve este contraste dramático entre la grandeza del hombre, creado a imagen y semejanza de Dios, y su caída, que abre en el mundo el ámbito oscuro del pecado y de la muerte (cf. Gn 3).
10. El cosmos, salido de las manos de Dios, lleva consigo la impronta de su bondad. Es un mundo bello, digno de ser admirado y gozado, aunque destinado a ser cultivado y desarrollado. La « conclusión » de la obra de Dios abre el mundo al trabajo del hombre. « Dio por concluida Dios en el séptimo día la labor que había hecho » (Gn 2,2). A través de este lenguaje antropomórfico del « trabajo » divino, la Biblia no sólo nos abre una luz sobre la misteriosa relación entre el Creador y el mundo creado, sino que proyecta también esta luz sobre el papel que el hombre tiene hacia el cosmos. El « trabajo » de Dios es de alguna manera ejemplar para el hombre. En efecto, el hombre no sólo está llamado a habitar, sino también a « construir » el mundo, haciéndose así « colaborador » de Dios. Los primeros capítulos del Génesis, como exponía en la Encíclica Laborem exercens, constituyen en cierto sentido el primer « evangelio del trabajo ».(10) Es una verdad subrayada también por el Concilio Vaticano II: « El hombre, creado a imagen de Dios, ha recibido el mandato de regir el mundo en justicia y santidad, sometiendo la tierra con todo cuanto en ella hay, y, reconociendo a Dios como creador de todas las cosas, de relacionarse a sí mismo y al universo entero con Él, de modo que, con el sometimiento de todas las cosas al hombre, sea admirable el nombre de Dios en toda la tierra ».(11)
La realidad sublime del desarrollo de la ciencia, de la técnica, de la cultura en sus diversas expresiones —desarrollo cada vez más rápido y hoy incluso vertiginoso— es el fruto, en la historia del mundo, de la misión con la que Dios confió al hombre y a la mujer el cometido y la responsabilidad de llenar la tierra y de someterla mediante el trabajo, observando su Ley.
El « shabbat »: gozoso descanso del Creador
11. Si en la primera página del Génesis es ejemplar para el hombre el « trabajo » de Dios, lo es también su « descanso ». « Concluyó en el séptimo día su trabajo » (Gn 2,2). Aquí tenemos también un antropomorfismo lleno de un fecundo mensaje.
En efecto, el « descanso » de Dios no puede interpretarse banalmente como una especie de « inactividad » de Dios. El acto creador que está en la base del mundo es permanente por su naturaleza y Dios nunca cesa de actuar, como Jesús mismo se preocupa de recordar precisamente con referencia al precepto del sábado: « Mi Padre actúa siempre y también yo actuó » (Jn 5,17). El descanso divino del séptimo día no se refiere a un Dios inactivo, sino que subraya la plenitud de la realización llevada a término y expresa el descanso de Dios frente a un trabajo « bien hecho » (Gn 1,31), salido de sus manos para dirigir al mismo una mirada llena de gozosa complacencia: una mirada « contemplativa », que ya no aspira a nuevas obras, sino más bien a gozar de la belleza de lo realizado; una mirada sobre todas las cosas, pero de modo particular sobre el hombre, vértice de la creación. Es una mirada en la que de alguna manera se puede intuir la dinámica « esponsal » de la relación que Dios quiere establecer con la criatura hecha a su imagen, llamándola a comprometerse en un pacto de amor. Es lo que él realizará progresivamente, en la perspectiva de la salvación ofrecida a la humanidad entera, mediante la alianza salvífica establecida con Israel y culminada después en Cristo: será precisamente el Verbo encarnado, mediante el don escatológico del Espíritu Santo y la constitución de la Iglesia como su cuerpo y su esposa, quien distribuirá el don de misericordia y la propuesta del amor del Padre a toda la humanidad.
12. En el designio del Creador hay una distinción, pero también una relación íntima entre el orden de la creación y el de la salvación. Ya lo subraya el Antiguo Testamento cuando pone el mandamiento relativo al « shabbat » respecto no sólo al misterioso « descanso » de Dios después de los días de su acción creadora (cf. Ex 20,8-11), sino también a la salvación ofrecida por él a Israel para liberarlo de la esclavitud de EgiptoDt 5,12-15). El Dios que descansa el séptimo día gozando por su creación es el mismo que manifiesta su gloria liberando a sus hijos de la opresión del faraón. En uno y otro caso se podría decir, según una imagen querida por los profetas, que él se manifiesta como el esposo ante su esposa (cf. Os 2,16-24; Jr 2,2; Is 54,4-8). (cf.
En efecto, para comprender el « shabbat », el « descanso » de Dios, como sugieren algunos elementos de la tradición hebraica misma,(12) conviene destacar la intensidad esponsal que caracteriza, desde el Antiguo al Nuevo Testamento, la relación de Dios con su pueblo. Así lo expresa, por ejemplo, esta maravillosa página de Oseas: « Haré en su favor un pacto el día aquel con la bestia del campo, con el ave del cielo, con el reptil del suelo; arco, espada y guerra los quebraré lejos de esta tierra, y haré que ellos reposen en seguro. Yo te desposaré conmigo para siempre; te desposaré conmigo en justicia y en derecho, en amor y en compasión, te desposaré conmigo en fidelidad, y tú conocerás al Señor » (2,20-22).
« Bendijo Dios el día séptimo y lo santificó » (Gn 2,3)
13. El precepto del sábado, que en la primera Alianza prepara el domingo de la nueva y eterna Alianza, se basa pues en la profundidad del designio de Dios. Precisamente por esto el sábado no se coloca junto a los ordenamientos meramente cultuales, como sucede con tantos otros preceptos, sino dentro del Decálogo, las « diez palabras » que delimitan los fundamentos de la vida moral inscrita en el corazón de cada hombre. Al analizar este mandamiento en la perspectiva de las estructuras fundamentales de la ética, Israel y luego la Iglesia no lo consideran una mera disposición de disciplina religiosa comunitaria, sino una expresión específica e irrenunciable de su relación con Dios, anunciada y propuesta por la revelación bíblica. Con en esta perspectiva es como se ha de descubrir hoy este precepto por parte de los cristianos. Si este precepto tiene también una convergencia natural con la necesidad humana del descanso, sin embargo es necesario referirse a la fe para descubrir su sentido profundo y no correr el riesgo de banalizarlo y traicionarlo.
14. El día del descanso es tal ante todo porque es el día « bendecido » y « santificado » por Dios, o sea, separado de los otros días para ser, entre todos, el « día del Señor ».
Para comprender plenamente el sentido de esta « santificación » del sábado, en la primera narración bíblica de la creación, conviene mirar el conjunto del texto del cual emerge claramente como cada realidad está orientada, sin excepciones, hacia Dios. El tiempo y el espacio le pertenecen. Él no es el Dios de un solo día, sino el Dios de todos los días del hombre.
Por tanto, si él « santifica » el séptimo día con una bendición especial y lo hace « su día » por excelencia, esto se ha de entender precisamente en la dinámica profunda del diálogo de alianza, es más, del diálogo « esponsal ». Es un diálogo de amor que no conoce interrupciones y que sin embargo no es monocorde. En efecto, se desarrolla considerando las diversas facetas del amor, desde las manifestaciones ordinarias e indirectas a las más intensas, que las palabras de la Escritura y los testimonios de tantos místicos no temen también en describir como imágenes sacadas de la experiencia del amor nupcial.
15. En realidad, toda la vida del hombre y todo su tiempo deben ser vividos como alabanza y agradecimiento al Creador. Pero la relación del hombre con Dios necesita también momentos de oración explícita, en los que dicha relación se convierte en diálogo intenso, que implica todas las dimensiones de la persona. El « día del Señor » es, por excelencia, el día de esta relación, en la que el hombre eleva a Dios su canto, haciéndose voz de toda la creación.
Precisamente por esto es también el día del descanso. La interrupción del ritmo a menudo avasallador de las ocupaciones expresa, con el lenguaje plástico de la « novedad » y del « desapego », el reconocimiento de la dependencia propia y del cosmos respecto a Dios. ¡Todo es de Dios! El día del Señor recalca continuamente este principio. El « sábado » ha sido pues interpretado sugestivamente como un elemento típico de aquella especie de « arquitectura sacra » del tiempo que caracteriza la revelación bíblica.(13) El sábado recuerda que el tiempo y la historia pertenecen a Dios y que el hombre no puede dedicarse a su obra de colaborador del Creador en el mundo sin tomar constantemente conciencia de esta verdad.
« Recordar » para « santificar »
16. El mandamiento del Decálogo con el que Dios impone la observancia del sábado tiene, en el libro del Éxodo, una formulación característica: « Recuerda el día del sábado para santificarlo » (20,8). Más adelante el texto inspirado da su motivación refiriéndose a la obra de Dios: « Pues en seis días hizo el Señor el cielo y la tierra, el mar y todo cuanto contienen, y el séptimo descansó; por eso bendijo el Señor el día del sábado y lo hizo sagrado » (11). Antes de imponer algo que hacer el mandamiento señala algo que recordar. Invita a recordar la obra grande y fundamental de Dios como es la creación. Es un recuerdo que debe animar toda la vida religiosa del hombre, para confluir después en el día en que el hombre es llamado a descansar. El descanso asume así un valor típicamente sagrado: el fiel es invitado a descansar no sólo como Dios ha descansado, sino a descansar en el Señor, refiriendo a él toda la creación, en la alabanza, en la acción de gracias, en la intimidad filial y en la amistad esponsal.
17. El tema del « recuerdo » de las maravillas hechas por Dios, en relación con el descanso sabático, se encuentra también en el texto del Deuteronomio (5,12-15), donde el fundamento del precepto se apoya no tanto en la obra de la creación, cuanto en la de la liberación llevada a cabo por Dios en el Éxodo: « Recuerda que fuiste esclavo en el país de Egipto y que el Señor tu Dios te sacó de allí con mano fuerte y tenso brazo; por eso el Señor tu Dios te ha mandado guardar el día del sábado » (Dt 5,15).
Esta formulación parece complementaria de la anterior. Consideradas juntas, manifiestan el sentido del « día del Señor » en una perspectiva unitaria de teología de la creación y de la salvación. El contenido del precepto no es pues primariamente una interrupción del trabajo, sino la celebración de las maravillas obradas por Dios.
En la medida en que este « recuerdo », lleno de agradecimiento y alabanza hacia Dios, está vivo, el descanso del hombre, en el día del Señor, asume también su pleno significado. Con el descanso el hombre entra en la dimensión del « descanso » de Dios y participa del mismo profundamente, haciéndose así capaz de experimentar la emoción de aquel mismo gozo que el Creador experimentó después de la creación viendo « cuanto había hecho, y todo estaba muy bien » (Gn 1,31).
Del sábado al domingo
18. Dado que el tercer mandamiento depende esencialmente del recuerdo de las obras salvíficas de Dios, los cristianos, percibiendo la originalidad del tiempo nuevo y definitivo inaugurado por Cristo, han asumido como festivo el primer día después del sábado, porque en él tuvo lugar la resurrección del Señor. En efecto, el misterio pascual de Cristo es la revelación plena del misterio de los orígenes, el vértice de la historia de la salvación y la anticipación del fin escatológico del mundo. Lo que Dios obró en la creación y lo que hizo por su pueblo en el Éxodo encontró en la muerte y resurrección de Cristo su cumplimiento, aunque la realización definitiva se descubrirá sólo en la parusía con su venida gloriosa. En él se realiza plenamente el sentido « espiritual » del sábado, como subraya san Gregorio Magno: « Nosotros consideramos como verdadero sábado la persona de nuestro Redentor, Nuestro Señor Jesucristo ».(14) Por esto, el gozo con el que Dios contempla la creación, hecha de la nada en el primer sábado de la humanidad, está ya expresado por el gozo con el que Cristo, el domingo de Pascua, se apareció a los suyos llevándoles el don de la paz y del Espíritu (cf. Jn 20,19-23). En efecto, en el misterio pascual la condición humana y con ella toda la creación, « que gime y sufre hasta hoy los dolores de parto » (Rm 8,22), ha conocido su nuevo « éxodo » hacia la libertad de los hijos de Dios que pueden exclamar, con Cristo, « ¡Abbá, Padre! » (Rm 8,15; Ga 4,6). A la luz de este misterio, el sentido del precepto veterotestamentario sobre el día del Señor es recuperado, integrado y revelado plenamente en la gloria que brilla en el rostro de Cristo resucitado (cf. 2 Co 4,6). Del « sábado » se pasa al « primer día después del sábado »; del séptimo día al primer día: el dies Domini se convierte en el dies Christi!
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«Con tal de que Cristo sea anunciado, me alegro y seguiré alegrándome» (Flp 1, 18).
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Así como la creación tiende al descanso del sábado, que a la luz de los relatos de la Toráh sobre ese día, es el símbolo de la Alianza de Dios con los hombres; el sábado –cosmos– recapitula desde dentro la esencia de la Alianza –historia–. «La meta de la creación es la Alianza, historia de amor entre Dios y el hombre»8 . «La liturgia histórica del cristianismo es y seguirá siendo cósmica –sin separación ni mezcla– y sólo así ostentará toda su grandeza. Aquí radica la novedad de la realidad cristiana»9 .
Toda la excelencia de esta grandeza –cósmica e histórica– de la liturgia católica se percibe aún con más fuerza, si cabe, cuando se canta en las Laudes de la Liturgia de las Horas de los domingos, dentro de la Misa, el Cántico de las criaturas de Daniel (3, 57–88).
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Javier Esteve Pradera (Madrid) no está muy de acuerdo con que el “sábado” venga de “Saturno”. Más bien lo identifica con el sabat de los judíos. Se trata de una coincidencia más. En latín el séptimo día de la semana es el dies Saturni. En inglés se ha conservado mejor ese origen: saturday. Pero al mismo tiempo en hebreo sabbath o algo parecido significa “descanso”. Mi impresión es que puede admitirse la coincidencia del doble origen. A saber si los hebreos no asociaban el descanso con Saturno, un dios que inspiraba en Roma jolgorios públicos. Por ejemplo, la lotería, que se permitía excepcionalmente hacia el 22 de diciembre.
José Enrique de la Rica aporta unas curiosas disquisiciones sobre los días de la semana. Acepta que “miércoles” sea el “dies Mercuri”, pero sostiene que el dios Mercurio quizá sea la traslación del dios germánico Wodan u Odin (voz llana), el inventor de la escritura. En el mundo germánico la feria cuarta se dedica a Wodan u Odin, lo que da las distintas versiones nórdicas del “miércoles”: woensdag (holandés), wednesday (inglés), odinsdag (islandés), onsdag (sueco, noruego). Sin embargo ─sigue don José Enrique─Mittwoch (= media semana), “quizá introducido por los misioneros cristianos para borrar la memoria de Wodan. También en griego antiguo (el miércoles) era la hemera hermou (= el día de Hermes o Mercurio)”. Don José Enrique recuerda que tanto el Sol como la Luna eran planetas según el sistema de Ptolomeo. Así pues, Mercurio era el cuarto planeta (después del Sol, la Luna y Marte) y daba nombre al cuarto día de la semana. L.D.Esp.2005.07.12 en alemán el “miércoles” es
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Tenemos aquí un correo perdido de Juan Luis García Alonso (profesor de Filología, Salamanca). Su tesis es que sábado viene directamente del hebreo sabbath. En español no aceptamos lo de dies Saturni. Añado que en inglés, sí (saturday). Lo fundamental es que “el sábado se hizo para el hombre”.
León Zeldis (Hezlía, Israel) confirma que shabat en hebreo equivale a “dejó de trabajar”. En el Génesis “Dios dejó de trabajar el séptimo día, Elohim shabat”. Se me ocurre que en castellano no tenemos verbo para “dejar de trabajar”, pero sí en catalán: plegar. Lo hemos asimilado todos los españoles. “Plegamos” ya el viernes para un largo fin de semana. 2005-08-05 LD.ESP.
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Argumentos sabáticos
Un rabino contrató a un infiel para que sirviera en su casa los sábados.
–Nuestra ley nos prohíbe trabajar en sábado. Si lo hacemos, recibiremos el castigo de la condenación eterna –razonó el rabino.
–Si trabajo para ti en sábado, ¿no me condenaré yo también? –preguntó entonces el criado.
–No te preocupes por eso –le tranquilizó el maestro–; tú no eres judío.
El criado quedó pensativo durante un momento hasta que se atrevió a preguntar:
–¿No te saldría más a cuenta dejar de ser judío?
–¿A qué viene eso? –se extrañó el rabino.
A lo que el criado respondió:
–Pues que, en ese caso, no sólo te ahorrarías el pago de mis servicios, sino la condenación eterna que tanto temes.
Carlos Goñi.
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“La Iglesia, desde la tradición apostólica que tiene su origen en el mismo día de la resurrección de Cristo, celebra el misterio pascual cada ocho días, en el día que se llama con razón ´día del Señor´ o domingo” (SC 106). El día de la Resurrección de Cristo es a la vez el “primer día de la semana”, memorial del primer día de la creación, y el “octavo día” en que Cristo, tras su “reposo” del gran Sabbat, inaugura el Día “que hace el Señor”, el “día que no conoce ocaso” (Liturgia bizantina). El “banquete del Señor” es su centro, porque es aquí donde toda la comunidad de los fieles encuentra al Señor resucitado que los invita a su banquete (cf Jn 21,12; Lc 24,30)
El día del Señor, el día de la Resurrección, el día de los cristianos, es nuestro día. Por eso es llamado día del Señor: porque es en este día cuando el Señor subió victorioso junto al Padre. Si los paganos lo llaman día del sol, también lo hacemos con gusto; porque hoy ha amanecido la luz del mundo, hoy ha aparecido el sol de justicia cuyos rayos traen la salvación (S. Jerónimo, pasch.).
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San Agustín (343-430) obispo de Hipona, doctor de la Iglesia Católica – Comentario sobre el libro del Génesis
“Acuérdate del sábado para santificarlo.” (Ex 20,8)
Ahora que estamos en el tiempo de la gracia que nos ha sido revelada, la observancia del sábado, antiguamente simbolizada por el reposo de un solo día, ha sido abolida para los fieles. En efecto, en este tiempo de gracia, el cristiano observa un sábado perpetuo si hace todas las obras buenas con la esperanza del reposo futuro y no se gloría de sus obras como si fueran un bien propio y no un don recibido.
Así, recibiendo y comprendiendo el sacramento del bautismo como un sábado, es decir, como el reposo del Señor en el sepulcro (cf Rm 6,4) el cristiano reposa de sus obras antiguas para caminar, desde ahora en una vida nueva, reconociendo que Dios obra en él. Dios es quien, a la vez, actúa y reposa, reconociendo a su criatura la actividad que le es propia y también el gozo de un reposo perenne en Dios.
Dios ni se cansó al crear el mundo, ni ha recobrado sus fuerzas después de la creación, sino que ha querido invitarnos con estas palabras de la Escritura: “Dios descansó el día séptimo…” (Gen 2,2) a desear su reposo dándonos el precepto de santificar este día. (cf Ex 20,8)
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San Hilario (hacia 315-367), obispo de Poitiers y doctor de la Iglesia
Tratado sobre el salmo 91, 3,4-5,7; PL 9, 495-498
“¿Está permitido hacer el bien en un sábado?… ¿salvar una vida?” – Dios ¿trabaja en día de sábado? Ciertamente que sí, porque si no fuera así el cielo desparecería, la luz del sol se apagaría, la tierra perdería consistencia, faltaría vigor a todos los frutos y se acabaría la vida. De hecho, no hay ninguna tregua; tanto el sábado como durante los otros seis días, los elementos del universo siguen cumpliendo su función. Es a través de ellos que el Padre actúa en todo momento, pero lo hace en el Hijo nacido de Él y por quien todo se ha hecho… Por el Hijo se prosigue la acción del Padre en día de sábado. Y, por consiguiente, en Dios no hay descanso puesto que ningún día cesa la obra de Dios.
Así es la acción de Dios. Pero ¿en qué consiste su descanso? La obra de Dios es la obra de Cristo. El descanso de Dios, es Dios, es Cristo, porque todo lo que pertenece a Dios está realmente en Cristo hasta el punto que el mismo Padre descansa en él.
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Baudoin de Ford (hacia 1190) abad cisterciense católico
El Sacramento del altar, 3,2
Hacia el sábado en plenitud
Moisés dice: “El sábado será consagrado al Señor.” (Ex 16,23) El Señor ama el descanso, quiere descansar en nosotros y que nosotros descansemos en él. Pero hay un descanso de los tiempos a venir del que está escrito: “Dichosos desde ahora los muertos que mueren en el Señor. De seguro, podrán descansar de sus trabajos.” (Ap 14,13) Y hay un descanso del tiempo presente del cual dice el profeta: “Dejad de hacer el mal.” (Is 1,16)
Se llega al tiempo de descanso futuro por las seis obras de misericordia que se enumeran en el evangelio, en el lugar donde se dice: “Tuve hambre y me disteis de comer, “ (Mt 25,35)… “Hay seis días en que se puede trabajar” (Lc 13,14) luego viene la noche, es decir la muerte, cuando no se puede hacer nada. (cf Jn 9,4) Después de estos seis días viene el sábado. Cuando todas las buenas obras se han realizado llega el descanso de las almas
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¿El Domingo como “Sabbath”
en la Iglesia Católica Primitiva?
Obviamente el primer dial de la semana se convirtió en el nuevo día de adoración en conmemoración de la resurrección de Jesucristo. El testimonio escrito de los Santos Padres de la Iglesia Católica, revela que la iglesia primitiva adoptó esta práctica desde sus mismos comienzos:
· 74 DC La Carta de Bernabé: “Nosotros guardamos el octavo día [domingo] con regocijo, el mismo día en el cual Jesús se levantó de los muertos” (Carta de Bernabé 15:6-8).
· 90 DC DIDACHE: …Cada día del Señor, mantengan sus solemnes asambleas, y regocíjense: pues es culpable de pecado quien ayune en el día del Señor, siendo el día de la resurrección… (Constituciones de los Santos Apóstoles, Padres Ante-Nicenos Vol. 7, Pág. 449)
· 90 DC DIDACHE: Y en el día de la resurrección de nuestro Señor, el cual es el día del Señor, reunios mas diligentemente, dando alabanzas a Dios quien hizo el universo por medio de Jesús, y lo envió a nosotros, y condescendió en dejarle sufrir, y le levantó de los muertos. De otro modo que apología hará el ante Dios de quien no se reúne el ese día a escuchar la palabra salvadora concerniente a la Constituciones de los Santos Apóstoles, Padres Ante-Nicenos Vol. 7, Pág. 423)
· 90 DC DIDACHE: En el día de la resurrección del Señor, eso es, el día del Señor, reunís juntos, sin falla, dando gracias a Dios, y alabándole por esas misericordias que Dios ha dado a vosotros por medio de Cristo, y le ha librado de la ignorancia, el error, y la esclavitud, que vuestro sacrificio sea sin mancha, y aceptable a Dios, quien ha dicho concerniente a su Iglesia Universal: ” «En todo lugar y tiempo se me ofrece un sacrificio puro: porque yo soy el gran Rey, dice el Señor, y mi nombre es admirable entre las naciones» (Mal 1, 11) (Cáp. 14). (Constituciones de los Santos Apóstoles, Padres Ante-Nicenos Vol. 7, Pág. 471)
· 107DC IGNACIO: No seáis engañados con doctrinas extrañas, ni con fábulas viejas, las cuales son sin ganancia. Pues si todavía vivimos conforme a la ley judía, reconocemos que no hemos recibido gracia…Si, por eso, aquellos que han sido enseñados en el orden antiguo de las cosas han venido a la posesión de la nueva esperanza, ya no más observando el Sabbath, sino viviendo en la observancia del día del Señor, en el cual también nuestra vida renació por medio de el y su muerte (la cual algunos niegan), misterio por medio del cual recibimos fe, y por cuenta de lo cual sufrimos para ser hallados como discípulos de Jesucristo nuestro único maestro, ¿Como pues seremos capaces de vivir aparte de el a quien aun los profetas estaban mirando como su maestro pues eran también sus discípulos en el espíritu? …que todo amigo de Cristo guarde el día del Señor como una fiesta, el día de la resurrección, la reina y jefe de todos los días de la semana. Es absurdo el hablar de Jesucristo con la lengua, y con la mente atesorar el Judaísmo el cual ha llegado ya a su final. Pues donde hay Cristianismo no pude haber Judaísmo … Estas cosas las dirijo a ustedes, mis amados, no que yo sepa que alguno de vosotros este en este estado; sino, como uno menor a todos ustedes, deseo guardarlos de antemano, para que no caigáis en las garras de la vana doctrina, sino que ustedes puedan tener completa seguridad de Cristo… (Ignacio, Epístola a los Magnesios, Cáp. 9. Padres ante-nicenos, Vol. 1, Pág. 62-63).
· 130DC BERNABÉ: Sobretodo Dios dice a los Judíos, ´vuestras lunas nuevas y vuestros Sabbaths no soporto´. Ves como él dice, “Los presentes Sabbaths no son aceptables para mí, sino el Sabbath el cual yo he hecho, cuando yo he descansado [el cielo: Heb. 4] de todas las cosas, Yo haré el comienzo del octavo día el cual es el comienzo de otro mundo. ´Por eso nosotros los Cristianos guardamos el octavo día para gozo, en el cual Jesús también resucitó de los muertos y después de habernos aparecido ascendió al cielo (15:8f, La Epístola de Bernabé, 100 DC, Padres Ante-Nicenos, Vol.. 1, Pág. 147)
· 150DC JUSTINO: Pero el Domingo es el día en el cual nosotros mantenemos nuestra asamblea común, porque es el primer día de la semana y el día en que nuestro salvador Jesús, en ese mismo día se levantó de los muertos. (Primera apología de Justino, Cáp… 68)
· 150DC JUSTINO: Sobre todo, todos los hombres justos ya mencionados [después de haber mencionado a Adán. Abel, Enóc, Lot, Noé, Melquisedec, y Abraham], aunque ellos no guardaron los Sabbaths, fueron agradables a Dios; Y después de estos Abraham con todos sus descendientes hasta Moisés… y vosotros [judíos según la carne] fuisteis mandados a guardar Sabbaths, para que retengáis este recuerdo de Dios. Pues su palabra hace este anuncio, diciendo, “Para que sepáis que yo soy Dios quien te redimió.” (Dialogo con Trifoel Judío, 150-165 DC, Padres Ante-Nicenos, Vol. 1, Pág. 204)
· 150DC JUSTINO: No hay otra cosa por la cual acusarnos, mis amigos, ¿hay algo mas que esto? Que nosotros no vivimos de acuerdo a la Ley, ni, somos circuncidados en la carne como vuestros antepasados, ni observamos el Sabbath como ustedes lo hacen. (Diálogo con Trifo 10:1. En el verso 3 el Judío Trifo reconoce que los Cristianos ´no guardan el Sabbath´.)
· 190DC CLEMENTE DE ALEJANDRIA: Él nos da el mandamiento de acuerdo al Evangelio y guarda el día del Señor, siempre que se aparta de la mente perversa… glorificando la resurrección del Señor mismo (Ibíd. Vii.xii.76.4)
· 200DC TERTULIANO: “Solemnizamos el día después del Sabbath en contradicción a aquellos quienes llaman este día su Sabbath ” (Apología de Tertuliano, Cáp.. 16)
· 200DC TERTULIANO: Otros… suponen que el sol es el Dios de los Cristianos, porque es bien sabido que ellos consideran el Domingo como un día de regocijo (A Las Naciones 1: 133)
· 220DC ORIGENES: “En Domingo no se debe hacer ninguna de las obras del mundo. Si entonces, os abstenéis de todas las obras de este mundo y se guardan libres para las cosas espirituales, ir a la iglesia, oír las lecturas y las homilías divinas, meditar en las cosas celestiales. (Homilía. 23 in Numero 4, PG 12:749).
· 250DC CIPRIANO: El Octavo día, eso es, el primer día, y el día del Señor, después del Sabbath (Epístola 58, Sec 4)
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«La democracia es una forma o método político que posee valor moral, pero que no garantiza la moralidad de sus resultados, pues éstos dependerán, sobre todo, del criterio y de la formación moral de la mayoría de los ciudadanos. Se concede una valoración excesiva al consenso como método para determinar lo que es o no correcto en el orden moral. Si es dudoso en el ámbito de la política, es falso en el orden moral. La mayoría no tiene necesariamente razón, lo que tiene es la fuerza democrática; si abusa de ella, degenera en tiranía». Ignacio Sánchez Cámara – España – 2004-09-
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Tengo la impresión de que, con san Agustín y santa Teresa, piensa aquello de que Nos sumus tempora y que, por consiguiente, no es cuestión tanto de que los hombres nos adecuemos a los tiempos, cuanto de que sepamos poner los tiempos a la altura de los hombres y de unas pautas y principios firmes, permanentes y claros, porque –alguna vez se lo he oído– lo sustancial, o lo es de verdad, en serio, o deja de ser sustancial.
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Cardenal Ratzinger: «No hay argumento apologético más eficaz que la santidad y el arte: la belleza de las almas y la belleza de las cosas que la fe ha plasmado, sin interrupciones, desde hace ya veinte siglos. Ahí está, créamelo, la fuerza misteriosa del Resucitado». 2004-04-11 ‘Pascua de Resurrección’.
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Creemos firmemente que Dios es el Señor del mundo y de la historia. Pero los caminos de su providencia nos son con frecuencia desconocidos. Sólo al final, cuando tenga fin nuestro conocimiento parcial, cuando veamos a Dios “cara a cara” (1 Co 13, 12), nos serán plenamente conocidos los caminos por los cuales, incluso a través de los dramas del mal y del pecado, Dios habrá conducido su creación hasta el reposo de ese Sabbat (cf Gn 2, 2) definitivo, en vista del cual creó el cielo y la tierra.
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León XIII, Papa desde l878-1903
Rerum novarum 32
“Recuerda el día del sábado para santificarlo.” (Ex 20,8)
La vida del cuerpo siendo tan valiosa y apreciada no es el fin último de nuestra existencia. Es un camino y medio para llegar, por el conocimiento de la verdad y del amor al bien, a la perfección de la vida del alma. Es el alma que lleva impresa la imagen y semejanza de Dios. En ella reside esta soberanía del hombre que le fue concedido cuando recibió el mandato de someter la naturaleza inferior y de poner a su servicio la tierra y los mares. (cf Gn 1,28)… En este sentido, todos los hombres son iguales. No ha diferencia alguna entre ricos y pobres, amos y siervos, gobernantes y súbditos: “Todos sirven al mismo Señor.” (cf Rm 10,12)
Nadie puede violar impunemente esta dignidad del hombre que Dios mismo respeta ni impedir el progreso del hombre hacia esta perfección que corresponde a la vida celestial y eterna…
De ahí se desprende la necesidad del reposo y la interrupción del trabajo en el día del Señor. El descanso, por otra parte, no debe entenderse como un tiempo dedicado a la ociosidad estéril y menos como una holgazanería que provoca vicios y malgasta los salarios, antes bien como un tiempo de reposo santificado por la religión…Esta es la característica y la razón de este descanso del séptimo día, prescrito por Dios en uno de los principales artículos de su ley: “Recuerda el día del sábado para santificarlo.” (Ex 20,8) El mismo Dios dio ejemplo de este reposo cuando descansó después de la creación del hombre: “…y cesó en el día séptimo de toda la labor que hiciera.” (Gn 2,2)
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En este artículo procuramos descifrar una
de las doctrinas más increíbles de la
Iglesia Adventista del Séptimo Día.
Me refiero a aquello de la acusación que hacen a la Iglesia católica de haber cambiado La Ley Mosaica y la observancia del sábado judío por el domingo cristiano.
En la Biblia tenemos dos recensiones del Decálogo (Éxodo 20,2-17 y Deuteronomio 5,6-21). En ninguna de ellas los mandamientos están numerados. La subdivisión del Decálogo en diez mandamientos es algo añadido posteriormente por los comentaristas. La Iglesia católica y la luterana siguen la división propuesta por San Agustín, mientras que las iglesias ortodoxa y reformada se adhieren a la división propuesta por los Padres griegos, tan católicos como San Agustín. Por eso el mandamiento referido a la observancia del sábado es el tercer mandamiento para los católicos y el cuarto mandamiento para los adventistas, ya que estos siguen la tradición de las iglesias ortodoxa y reformada.
Esta discrepancia ejemplifica claramente el tipo de “tradición” cuyas variaciones no deben preocuparnos demasiado, en tanto estas no atentan contra la Sagrada Tradición, es decir la transmisión viviente de la gracia y la verdad reveladas por Dios a los hombres por medio de su Hijo amado Jesucristo.
Los adventistas acusan también a la Iglesia católica de eliminar el mandamiento que se refiere a la prohibición del uso de imágenes. Dicho mandamiento, que figura como segundo en la tradición reformada, no ha sido omitido por la Iglesia católica, sino que lo ha considerado como incluido en el primer mandamiento. Y esto es completamente razonable, ya que el espíritu detrás de la prohibición del uso de las imágenes apunta a evitar la idolatría, al igual que la primera parte del primer mandamiento (“no habrá para ti otros dioses delante de mí”).
La Tradición católica sintetiza el primer mandamiento en la fórmula “Amarás a Dios sobre todas las cosas”, que es bíblica y expresa de forma positiva el mismo contenido que las largas formulas negativas del Decálogo.
Los adventistas arguyen que el Decálogo es el episodio más inspirado y sagrado de la Biblia, por ser supuestamente el único escrita por Dios mismo. Fundamentan su afirmación en un versículo tomado del libro del Éxodo (31, 18), donde dice: “…le dio las dos tablas del Testimonio, tablas de piedra, escritas por el dedo de Dios”. Por lo tanto nadie, ni siquiera Dios, puede cambiar el Decálogo, porque la Ley de Dios es perfecta e inmutable como el mismo Dios (Sal 19, 5).
La comprobación bíblica de los adventistas es realmente pueril. Por una parte, la expresión “escritas por el dedo de Dios” no obliga a creer que las tablas de la Ley fueron escritas real y efectivamente por Dios de manera milagrosa, ya que la lectura fundamentalista de la Biblia no está ni racional ni teológicamente justificada. Pero además, con o sin milagro, el Decálogo es de todos modos tan divinamente inspirado como el resto de la Biblia, ni más ni menos. Y que conste, esto no implica negar la importancia particular del Decálogo en la historia de salvación. No vemos claramente porqué el dedo de Dios ha de ser más importante o perfecto que, por ejemplo, la voz de Dios, que se hace oír innumerables veces a lo largo de toda la Biblia.
El mismo Lutero había sostenido que en la Biblia habían unos libros más inspirados que otros, para poder librarse con ello de ciertos pasajes, como por ejemplo la carta de Santiago, que le era contraria a su doctrina. Pero esta noción de “grados de inspiración” fue insostenible.
Con respecto a las Sagradas Escrituras sólo caben dos posibilidades: o está inspirada por Dios o no lo está. La Iglesia católica rechaza de plano el intento por establecer “un canon dentro del canon bíblico”; no obstante, emplea la “analogía de la fe” para leer cada texto de la Escritura en el contexto del canon completo.
Por lo demás, en el capítulo 34 del Éxodo, la redacción de los versículos 27-28 lleva a pensar que es Moisés quien escribe en las tablas “las diez palabras”. Según el versículo 1, éstas son “las palabras que había en las primeras tablas que rompiste”, es decir las palabras del Decálogo. Esto nos muestra que, para el autor sagrado, tanto podemos afirmar que las tablas de la Ley fueron escritas por Dios como por Moisés, ya que éste actuó inspirado por Dios. El hagiógrafo no pretende narrar un hecho histórico con la fría objetividad periodística tan apreciada modernamente, sino que busca comunicar el verdadero significado salvífico del hecho, mucho más relevante que los detalles de lugar, tiempo y circunstancias.
La doctrina transmitida en Éxodo 31,18 es algo mucho más profundo que la cuestión suscitada por la polémica anticatólica de los adventistas: nos enseña que la Ley de Israel tiene su origen en el mismo Dios, quien la revela a su pueblo por medio de Moisés.
El Concilio Vaticano II enseña que sólo Jesucristo en persona es la cumbre de la Divina Revelación. Él es la Palabra de Dios hecha carne, la Imagen visible del Dios invisible, que nos revela plenamente la verdad acerca de Dios y acerca del hombre.
Los adventistas no terminan de captar esta forma típicamente cristiana de entender y razonar la Biblia: Toda ella nos habla de Cristo.
El Antiguo Testamento es la preparación de la revelación Evangélica; la Antigua Alianza es signo, figura y anticipo de la Alianza nueva y eterna sellada con la sangre del Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.
Sólo Dios es perfecto. Las obras de Dios (la Ley, el sábado, etc.) son perfectas sólo en el sentido de que portan apenas una huella de la perfección de quien ha sido su autor. Si fueran perfectas sin ninguna limitación, serían ellas mismas Dios. Por eso podemos decir que la Ley de Dios es perfecta, en tanto es el camino de perfección que Dios quiere que los hombres recorran para alcanzar la salvación eterna, y al mismo tiempo reconocer que la Ley de Moisés, con todo y su precepto sobre el sábado, es imperfecta, en tanto expresa de forma incompleta esa voluntad de Dios acerca del hombre.
Si la Ley antigua hubiera sido perfecta, no habría sido necesario el anuncio del Evangelio de Jesucristo.
En Mateo 5, 17-48 Jesús dice que no ha venido a abolir la Ley sino a darle cumplimiento, es decir, a perfeccionar lo que era imperfecto. Y a continuación, haciendo uso de su suprema autoridad, profundiza, “cambia”, seis preceptos de la Ley mosaica, las seis “antinomias”.
Jesús ejemplifica así la justicia de la Nueva Alianza, superior a la justicia de la Antigua Alianza.
La primera de esas “antinomias” basta para explicar en qué sentido la Ley de Moisés era imperfecta: El quinto mandamiento (“no matarás”), al tener una formulación negativa, expresaba sólo el mínimo ético que había que cumplir en esta materia. Jesús, Maestro supremo, enseña que no basta con atenerse a la letra del mandamiento; no basta con no matar; uno debe respetar a su hermano y procurar reconciliarse con él. O sea que no basta con no realizar exteriormente los actos que la Ley catalogaba como malos; es preciso amar al prójimo como a uno mismo. Jesús interioriza la Ley y la centra enteramente en el doble mandamiento del amor, salvando así a sus discípulos de la gran tentación del legalismo y el ritualismo que había amenazado siempre a Israel, contra la cual habían predicado los profetas y de la cual eran prisioneros muchos fariseos. Jesús nos redimió amándonos, entregándose gratuitamente por nosotros, pecadores, elevándonos a un estado en el que ya no hay más Ley que el amor, aún teniendo sus exigencias muy precisas y concretas.
Por todo esto, y algunas cosas más, la Ley de Cristo es superior a la Ley de Moisés y bien puede decirse que Cristo cambió la Ley, en el sentido de una mayor profundización de su verdadero y último significado.
En resumen, podemos decir que la revelación bíblica, de acuerdo con la condescendencia y la pedagogía divinas, es gradual y su cumbre no se realiza en Moisés, sino en Cristo Jesús. Ésta es una afirmación cristiana fundamental, que los adventistas desconocen debido a su tendencia judaizante.
Los adventistas del séptimo día se aferran al sábado, sin advertir que incurren en el error ya rechazado por San Pablo de judaizar a los gentiles. Es lógico preguntarles, ¿por qué detenerse en el sábado? ¿Por qué no regresar también a la circuncisión y al culto del Templo de Jerusalén con sus sacrificios de animales, y a cientos de otras prescripciones de la Ley antigua? Los adventistas responden que la Nueva Alianza abolió las leyes ceremoniales y rituales del Antiguo Testamento, pero no el Decálogo ni, por ende, la necesidad de la observancia del sábado. Sin embargo, la observancia del sábado no expresa solamente la ley moral natural (que puede ser conocida por la razón y es válida para todo ser humano), como el resto del Decálogo, sino que forma parte del ceremonial de la Antigua Alianza. Los gentiles no tenían obligación de observar el sábado. Veremos que tampoco los cristianos tienen esa obligación.
Jesús fue un judío piadoso, pero tuvo graves enfrentamientos con las autoridades religiosas judías de su tiempo porque se situó (por así decir) por encima de la Ley y del Templo. Jesús, quien es personalmente Dios, es la Ley y el Templo para los cristianos. Él es la Ley, porque su forma de vida es el modelo que debemos seguir para llegar a la plenitud humana; y Él es el Templo, porque es la Presencia viva de Dios-con-nosotros. Varias veces en su vida pública Jesús violó el descanso del sábado, curando milagrosamente a algunos enfermos, para liberar a los hombres de la esclavitud de un legalismo hueco. Jesús violó el sábado sólo en la perspectiva de los fariseos, que se atenían a la letra de la Ley y mataban su espíritu. El legalismo es incapaz de salvar al hombre, porque es el cumplimiento de actos externos, sin amor (sin unión con Dios). Jesús, polemizando con los fariseos, enseñó que “el sábado fue hecho para el hombre, y no el hombre para el sábado” (Marcos 2,27). Vale decir que la ley moral no es una disposición arbitraria de Dios que esclaviza al hombre, sino un servicio que Dios hace al hombre, indicándole el camino de su propia perfección. Que Jesús se declare “Señor del sábado” (Marcos 2,28) no quiere decir que no sea Señor también de los demás días. Significa que el sábado, como todas las demás cosas, está a su servicio y no al revés.
Los adventistas creen que Dios condenará eternamente a todos los que no observan el sábado (incluyendo a los católicos y protestantes no adventistas). Esto es absurdo desde el punto de vista cristiano. Aunque fuera verdad que se debe observar el sábado (que no lo es) Dios no condena a quienes yerran sin culpa, por mera ignorancia. Si alguien cree lo contrario, su Dios no es el Dios cristiano, e incurre en una forma de legalismo peor que la de los fariseos.
Siguiendo una invención de Ellen White (la profetisa adventista), los adventistas alegan que el cambio de la observancia del sábado por la del domingo se llevó a cabo mucho después de la época apostólica, pero carecen de razones de peso para sostener esa afirmación.
El domingo es el día de la resurrección de Cristo.
También ocurrieron en un domingo la mayoría de las apariciones del Resucitado y el envío del Espíritu Santo sobre la Iglesia naciente (Pentecostés). Hay muchas pruebas de que desde la época apostólica la Iglesia celebró la eucaristía el domingo, cumpliendo así el mandato del Señor: “Haced esto en conmemoración mía” (Lucas 22,19).
A continuación consideraremos algunos textos que arrojan luz sobre esta cuestión:
Hechos 20,7: “El primer día de la semana, estando nosotros reunidos para la fracción del pan…” Recordemos que “el primer día de la semana” es el primer día después del sábado (cf. Mateo 28,1) y que “fracción del pan” fue el nombre primitivo del rito eucarístico.
1 Corintios 16,2: “Cada primer día de la semana, cada uno de vosotros reserve en su casa lo que haya podido ahorrar, de modo que no se hagan las colectas cuando llegue yo.” Las colectas para socorrer a la comunidad de Jerusalén se hacían en las asambleas eucarísticas de cada domingo.
Apocalipsis 1,10: “Caí en éxtasis el día del Señor”. La palabra griega traducida como “día del Señor” (“Kyriaké”) es el término creado por los cristianos para designar el domingo. Esto implica que cuando se redactó el Apocalipsis (alrededor del año 90) ya existía la realidad nueva expresada por esa nueva palabra.
Además de los testimonios bíblicos sobre el domingo cristiano, hay muchos testimonios extra bíblicos antiguos. Por ejemplo San Justino (a principios del siglo II) y San Hipólito (en el siglo III) escribieron sobre la celebración eucarística dominical.
La necesidad de la observancia del domingo se deriva obviamente de la necesidad de la Eucaristía (cf. Juan 6). Durante siglos la eucaristía se celebró sólo los domingos. Más aún, el domingo era la única fiesta cristiana, la Pascua semanal. Sólo más adelante se comenzó a celebrar la Pascua anualmente y a partir de la Pascua (el gran domingo) se estructuró luego todo el ciclo anual de las fiestas cristianas (el año litúrgico).
El mayor problema para la Iglesia naciente fue el de precisar las relaciones entre judaísmo y cristianismo. Los cristianos judaizantes, contra quienes polemiza San Pablo, pretendían que los gentiles convertidos al cristianismo asumieran las costumbres judías. San Pablo comprende que la antigua Ley ha caducado y que no es necesario ser judío para ser cristiano. En el así llamado “concilio de Jerusalén” (que tuvo lugar hacia el año 50) los apóstoles deciden la cuestión, apoyando la tesis paulina. Únicamente, a instancia de Santiago, piden a los cristianos de origen pagano que se abstengan de la carne inmolada a los ídolos (cf. Hechos 15). No se menciona allí la observancia del sábado. O sea que los apóstoles, asistidos por el Espíritu Santo, entendieron que no es necesario observar el sábado a la manera judía para ser cristiano.
El domingo es la celebración semanal de la Pascua cristiana. El misterio pascual de Cristo es el acontecimiento central de la historia de salvación. Por eso, así como la Pascua cristiana es el cumplimiento y la superación de la Pascua judía, el domingo cristiano es el cumplimiento y la superación del sábado judío. El sábado conmemora el descanso de Dios al final de su obra creadora, según Génesis 1. La creación es una obra admirable de Dios, pero la redención es una obra de Dios mucho más admirable todavía. Es una nueva creación, superior a la antigua creación conmemorada por el sábado judío. En ella Cristo no sólo regenera al hombre caído en el pecado, sino que lo eleva a la condición de hijo de Dios, partícipe de la naturaleza divina. Por eso los primeros cristianos llamaron al domingo el “octavo día”. El octavo día (el día del Señor Jesús) es la repetición amplificada del primer día, también domingo según Génesis 1, en el cual Dios creó el cielo y la tierra. Evoca así el inicio y el final del tiempo; es figura de la eternidad. Se comprende así que el domingo sea la fiesta cristiana por excelencia.
La relación entre el sábado judío y el domingo cristiano es sólo un caso particular de la ley general que rige la relación entre las dos grandes etapas de la historia de salvación: La Antigua Alianza y la Nueva Alianza. Esta ley general se podría expresar diciendo que la Antigua Alianza es la preparación de la Nueva Alianza y que ésta es el cumplimiento y la superación de aquélla. El pueblo de Israel de la Antigua Alianza no sólo observaba el sábado, sino que celebraba varias fiestas religiosas, la más importante de las cuales era la Pascua. La fiesta de Pascua conmemoraba el acontecimiento salvífico principal de la Antigua Alianza: El Éxodo, es decir el paso del mar Rojo, la liberación de la esclavitud en Egipto y la Alianza del Sinaí. La fórmula con que la Tradición católica sintetiza el tercer mandamiento (“Santificarás las fiestas”) abarca, para el antiguo Israel, no sólo el sábado sino también la Pascua y las demás fiestas menores. La Pascua judía fue sustituida por la Pascua cristiana, que es el misterio de nuestra redención, obtenida a través de la muerte y resurrección de Cristo.
La Eucaristía es el sacramento que rememora y actualiza el misterio pascual, por lo cual ésta es evidentemente la gran fiesta cristiana. Los cristianos santifican la fiesta del domingo recibiendo sacramentalmente en su corazón al único Santo y viviendo santamente, por la gracia santificante bebida de esa fuente de la vida cristiana que es la Eucaristía.
Al fundar la Iglesia, Jesucristo la quiso como sacramento suyo, es decir como signo e instrumento de su presencia viva y operante entre los hombres. Cristo le dio a su Iglesia el Espíritu Santo y plena autoridad para cumplir su misión. La Iglesia tiene conciencia de haber recibido de Cristo sus siete sacramentos, aunque Él no haya determinado al detalle el contenido de cada uno de sus ritos. Algo análogo ocurre con la fiesta dominical: La Iglesia es consciente de que se trata de un don de Dios, no de una mera costumbre humana.
El principio protestante de la “sola Escritura” deja por el camino el hecho fundamental de que es la propia Iglesia la que pone por escrito la Revelación en el Nuevo Testamento y de que ella conserva la memoria viviente de su verdadero significado. Contra la certeza de la Iglesia de ser fiel a la voluntad de Cristo al guardar el domingo, nada pueden las arbitrarias especulaciones de Ellen White, quien 1800 años después de los hechos y fuera del contexto de la Tradición cristiana, pretende vanamente redescubrir por sí misma el verdadero sentido de la Escritura.
En suma, al considerar la observancia del domingo como una ley humana y no divina, los adventistas olvidan que la Iglesia es una institución a la vez divina y humana, y que en su obrar humano se manifiesta su peculiar relación con Dios.
En definitiva, el sábado por sí mismo no tiene un valor superior a los demás días. En la Antigua Alianza se le dio un valor especial por su relación simbólica con la creación. En la Nueva Alianza ese simbolismo palidece frente a otro de valor muy superior: el del domingo como “día de Cristo” y de la Pascua cristiana. Es justo que la Iglesia celebre su fiesta y su descanso en este día consagrado por Dios.
El intento de justificar la observancia del sábado desde una perspectiva cristiana es penoso:
¿Cómo un cristiano puede preferir el Sábado Santo (Jesús muerto y enterrado en una tumba) al Domingo de Pascua (Cristo resucitado y exaltado)?
Termino citando al Papa Juan Pablo II. En su carta apostólica Dies Domini, sobre la santificación del domingo, escrita en 1998, en el nº 18 (titulado precisamente “Del sábado al domingo”), dice así:
“En él [el domingo] se realiza plenamente el sentido “espiritual” del sábado, como subraya san Gregorio Magno: “Nosotros consideramos como verdadero sábado la persona de nuestro Redentor, Nuestro Señor Jesucristo”… A la luz de este misterio, el sentido del precepto veterotestamentario sobre el día del Señor es recuperado, integrado y revelado plenamente en la gloria que brilla en el rostro de Cristo resucitado (cf. 2 Corintios 4,6). Del “sábado” se pasa al “primer día después del sábado”; del séptimo día al primer día: ¡el Dies Domini [día del Señor] se convierte en el Dies Christi [día de Cristo]!”
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Scott Hahn: “Roma Dulce Hogar” indispensable frente a sectas americanas y otras
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«Está claro, por tanto, que todas vuestras actividades deben encaminarse a la proclamación de Cristo».
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Arder muchas veces – siempre – en deseos de amor, entrega y afecto hacia la Santa Madre Iglesia y hacia el Papa, Vicario de Cristo.
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El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo» (Romanos 5, 5). No es merito nuestro; es un don gratuito. A pesar del peso de nuestros pecados, Dios nos ha amado y nos ha redimido en la sangre de Cristo. Su gracia nos ha resanado en lo profundo.
Por eso, podemos exclamar con el Salmista: «¡Qué grande es, Señor, tu amor sobre toda la tierra». ¡Qué grande es Señor en mí, en los demás, en todo ser humano!
Este es el auténtico manantial de la grandeza del hombre, esta es la raíz de su indestructible dignidad. En todo ser humano se refleja la imagen de Dios. Aquí está la profunda «verdad» del hombre, que en ningún caso puede ser ignorada o violada. Todo ultraje cometido contra el hombre se revela, en definitiva, un ultraje contra su Creador, que le ama con amor de Padre. S.S. Juan Pablo II – Berna, Suiza 2004.06
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¿Qué es la verdad? Preguntó Jesús un día: «Yo soy el camino, la verdad y la vida» (Juan 14, 6). La formulación adecuada de la pregunta no es, por tanto, « ¿qué es la verdad?», sino « ¿quién es la verdad?».
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“Viendo lo que Jesús ha hecho por mí y por tí, ¿qué vamos, en lo adelante, a hacer por Él?” [Ignacio de Loyola (+ 1556)]
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Si eres cristiano se tiene que ver tu fe.»

“Obras todas del Señor, bendecid al Señor”.-
Dijo Dios: «Produzca la tierra animales vivientes según su especie: ganados, reptiles y bestias salvajes según su especie». Y así fue. Dios hizo las bestias de la tierra, los ganados y los reptiles campestres, cada uno según su especie. Vio Dios que esto estaba bien. Gen. 1, 24-25
