Archivo paraAbril 24, 2008

Blogs Cristianos satanizan a sitios y buscadores de Internet

Blogs Cristianos satanizan a sitios y buscadores de Internet
Miércoles 23 de Abril de 2008
México

Varios blogs de carácter cristiano califican el navegar por Internet como una cuestión netamente satánica.

(NoticiaCristiana.com) Varios blogs de carácter cristiano califican el navegar por Internet como una cuestión netamente satánica, debido a que consideran que la mente es el principal “campo de batalla” y que al explorar la supercarretera de la información se contaminan las mentes jóvenes y adultas por el simple hecho de abrir un buscador y encontrar palabras o imágenes relacionadas con sexo o cuestiones de carácter ideológico como la filosofía.

“Podemos tomar control y rechazar en el nombre de Jesús todo pensamiento que nos va a ensuciar. A lo mejor has oído el dicho, no puedes evitar que un pájaro vuele sobre tu cabeza pero si puedes evitar que haga nido allí”. Comentó pastor de los llamados blogs cristianos, al referirse a lo que la Internet puede abrir a los jóvenes en su búsqueda de una información muchas veces alterada.

A su vez fieles con diversos nombres bíblicos para mantener el anonimato, cuestionan los usos que los jóvenes dan a la Internet; calificándolos de “indecentes o prosaicos” por buscar información, muchas veces falsa, la cual es calificada como obra de Satán.

Fuente:

noticiacristiana.com

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¿No está la Biblia llena de errores?

¿No está la Biblia llena de errores?

Artículo escrito por: Dr. Gerardo Laursen

Cuando evangelizamos, hay personas que protestan y presentan objeciones, especialmente contra la persona de Dios o la Biblia o creyentes o religión en general. Algunas objeciones son meramente una manera para decir: “No quiero hablar de eso” (la causa por el cual frecuentemente es un sentir de culpabilidad por el pecado. Se sienten incómodos). Pero si la queja es sincera, estamos obligados a proveer respuesta (1 P. 3:15).

Entonces se ofrecen algunas respuestas a las objeciones más comunes, siguiendo una serie de artículos sobre el tema.
Objeción: ¿Acaso no está la Biblia llena de errores y contradicciones? La idea es si la Biblia contiene errores, no puede ser la Palabra de Dios, y no sería necesario creer lo que dice.

Sugeridas respuestas a una persona que tiene esta queja:


a. Dígale: “Muéstreme un error o una contradicción.”

Frecuentemente responderán: “Pues, me han dicho…” Pero si en realidad uno tiene un “ejemplo”, puede estar seguro que hay una solución. Ya que Dios es el autor de la Biblia, y Dios no puede contradecirse, los creyentes sabemos de antemano que no hay contradicciones legítimas en la Biblia. Sin embargo, hay impresión de algunas en la primera lectura, cuando uno no toma en cuenta el contexto u otros factores. Son todas meramente “contradicciones aparentes”, no reales. Por ejemplo:

1. ¿Cómo murió Saúl?

a. Se suicidó, 1 S. 31:1-6.

b. Fue asesinado por el amalecita, 2 S. 1:1-10.

Solución: Se suicidó. El primer texto es claro. Entonces el amalecita mintió
para obtener favor con David, supuestamente había eliminado a su enemigo.

2. ¿Cuántos murieron en una plaga en el desierto?

a. 23,000 en 1 Co. 10:8.

b. 24,000 en Nm. 25:9.

Solución: Como dice, 23,000 murieron en un día. Otros mil murieron después
por efectos de heridas mortales, o los otros mil por Finees mismo,
en Nm. 25:7. Entonces el total de muertos en la plaga fue 24,000.
Ambas cifras son correctas.

3. ¿Cuántos ciegos fueron sanados cerca de Jericó, Mt. 20:29-34; Mr. 10:46-52; Lc. 18:35-43?

Mateo dice dos, Marcos y Lucas dicen uno. Así que hubo dos, pero uno fue más interesante y así comentado por marcos y Lucas. Es paralelo con la tumba de Cristo, si hubo uno o dos ángeles. Hubo dos, pero solo uno habló.

4. Otro “problema” en los mismos pasajes del problema 3: ¿ocurrió la sanidad antes o después de entrar en Jericó?

Mateo y Marcos dicen “al salir de Jericó”, pero Lucas dice “acercándose a Jericó”. Las dos declaraciones tienen que ser verdad, porque es lo que dice la Biblia. Una explicación posible es que estaba pensando Jesús salir de la ciudad en la tarde para apenas llegar con luz a otro sitio. Pero pasando tiempo no planeado con los ciegos, decidió volver a Jericó para pasar la noche.


b. En lo personal, la Biblia jamás me ha fallado.

Pruébela usted mismo, para ver.

c. La Biblia misma dice que es absolutamente verdadera.

Por ejemplo:

Mt. 24:35, El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.”

2 Tim. 3:16, Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redarguir, para corregir, para instruir en justicia.”

2 Ped. 1:21, porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo.”

d. Las declaraciones proféticas se han cumplido con precisión.

Por ejemplo:

1. La destrucción de la ciudad de Tiro, (Ez. 26:3-14) fue profetizada en 593 aC aprox que los edificios y todo en Tiro serían barridos, dejando la ciudad permanentemente como peña lisa. Se cumplió con Alejandro Magno en 300 aC aprox. Su ejército atacó y la población escapó nadando a una isla muy cerca de Tiro. Furioso porque sus caballos y equipo no pudieron pasar sobre el agua del Mediterráneo, Alejandro destruyó la ciudad y empujó todo en el mar, formando una “calle” hasta la isla, y mató a todos. Hoy en día hay una ciudad en la punta de la “calle”, o sea la ex–isla, que se llama “Tiro”. Pero la ubicación original esta vacía de construcciones y habitantes, solo se usa esa área para secar redes (como dice 26:14).

2. Petra en Edom será abandonada, Jer. 49:16-18. La ciudad vacía se visita hoy por turistas.

3. Babilonia tomará a Israel en cautiverio por 70 años, Jer. 25:11-12; 29:10; Dn. 9:2; Zac. 7:5. Babilonia lo hizo, y terminó el cautiverio 70 años después.

4. Mi lista de 37 profecías específicas de Jesucristo con siglos de anticipación, como que sería nacido en Belén, 700 años antes del hecho (en Mi. 5:2). Vea mi artículo enviado en diciembre 2007, “Evangelizando a Escépticos y Judíos” para la lista y referencias.

Hay miles de profecías más, ya que un tercio de la Biblia fue profecía al momento de escribirla. Solo Dios conoce el futuro con certidumbre. Cumplimientos cabales hasta la fecha de las predicciones son evidencias de un libro sobrenatural.

La Biblia no contiene errores. Lo que enseña es la verdad. Nos explica cómo tener nuestros pecados perdonados y cómo vivir en tal manera que agrada a Dios. Rete a su amigo con dudas a leer la Biblia, comenzando con el Evangelio de Juan.

Seamos fieles proclamando la veracidad e inerrancia de la Biblia,


Scott Yingling
Director General de ObreroFiel.com


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La tolerancia

La cultura actual ha concedido a la libertad un valor inestimable. La libertad –afortunadamente– se cotiza hoy al alza.

Sin embargo, la historia reciente está demostrando que toda esa sensibilidad no ha logrado acabar con muchas formas de violencia e intolerancia que todos abominamos. Personas y grupos extremistas de todo signo demuestran que en muchos ambientes crece el prestigio de la intolerancia. La actualidad se encarga a diario de recordarnos que la intolerancia –política, cultural, étnica, religiosa, etc.– no ha muerto. Más bien, parece que goza de buena salud.

Quizá sea porque el verdadero amor a la libertad ha de demostrarse en la defensa de la libertad de los demás, y ahí –lamentablemente– no siempre resulta tan atractiva.

La libertad no es cuestión en absoluto sencilla. Plantea toda una serie de dilemas que sugieren apasionantes temas de debate para cualquier sociedad que se precie de reconocer y proteger los derechos naturales de sus ciudadanos. Porque es evidente que todo no puede tolerarse. Y es evidente también que debe respetarse la libertad. El problema que aquí se debate es dónde está el punto de equilibrio entre ambas afirmaciones obvias, puesto que crear una verdadera cultura de la tolerancia requiere fijar los límites de lo intolerable.

Este libro pretende señalar algunas ideas que pueden contribuir a una verdadera y positiva educación en la tolerancia. No busca solo dar una serie de consejos concretos sobre cómo resolver los pequeños problemas relacionados con la libertad y la tolerancia en la educación. Este libro pretende abordar el asunto desde una perspectiva de fondo, buscando poner las bases para una acertada –y siempre difícil– educación en la libertad y la tolerancia.

Se trata de analizar algunos aspectos en los que, si no hay una intervención adecuada y a tiempo, las nociones de libertad y tolerancia pueden quedar expuestas a una fácil manipulación, sobre todo en el estruendoso y positivo despertar adolescente del sentido de la libertad.

Conviene pararse a pensar. Pensar y hacer pensar, para hacer más eficaces nuestros esfuerzos. ¿Cuándo y cómo? Primero es preciso ir madurando personalmente las ideas, haciéndose preguntas que nos lleven a una comprensión más profunda de las cosas. Después, son abundantes las ocasiones en que se puede razonar con los hijos sobre estos temas en la vida ordinaria, y es cuestión de no dejarlas pasar. Se pueden aprovechar de forma muy eficaz, sin caer en una tediosa y continua reiteración.

Se trata de coger al vuelo, con naturalidad, esas ocasiones que surgen en la familia ante una noticia en la televisión o la prensa; o con motivo de algún acontecimiento familiar, o de cualquier sucedido, grande o pequeño. Hay que aprovechar esas frecuentes preguntas que, si hay confianza, deben surgir con fluidez, sabiendo hacer una sencilla reflexión, en el momento oportuno, sobre el sentido de estas cuestiones, de las que en tanto depende una acertada educación.

Este libro pretende facilitar unas explicaciones sencillas, que se entiendan intuitivamente, para las principales cuestiones –sin eludir los puntos más delicados– que hoy se debaten en torno a la tolerancia.

Todos los asuntos tienen dos asas; por una son manejables, por la otra no.
Epícteto

Por una verdadera cultura de la tolerancia

La tolerancia, entendida como respeto y consideración hacia la diferencia, como una disposición a admitir en los demás una manera de ser y de obrar distinta a la propia, o como una actitud de aceptación del legítimo pluralismo, es a todas luces un valor de enorme importancia.

Estimular en este sentido la tolerancia puede contribuir a resolver muchos conflictos y a erradicar muchas violencias. Y como unos y otras son noticia frecuente en los más diversos ámbitos de la vida social, cabe pensar que la tolerancia es un valor que –necesaria y urgentemente– hay que promover.

Sin embargo, promover una acertada aplicación de la tolerancia es algo extremadamente difícil y complejo, que conviene analizar con calma, sin trivializarlo, para no caer en simplistas reduccionismos.

En primer lugar, la tolerancia tiene su justa medida. A nadie se le ocurre que haya que tolerar el robo, la violación o el asesinato. Ni nadie cree de verdad que imponer la ley o un sistema de autoridad haya de considerarse como una grosera manifestación de intolerancia. Si nos dejáramos llevar por esos errores, terminaríamos bajo la ley del más fuerte. Sería imposible establecer un sistema de Derecho o cualquier tipo de ordenamiento jurídico. Sería como la ley de la selva. No habría forma de vivir pacíficamente en sociedad.

Promover la tolerancia no es tolerarlo todo, porque es evidente que no se puede permitir todo.

Por eso, ni siquiera el anarquismo más radical ha considerado la tolerancia como algo ilimitado, puesto que solo con imaginar un colectivo humano en el que todo debiese ser tolerado, es fácil comprender que sería un caos completo y absoluto.

La tolerancia ha de tener unos límites,Una interpretación superficial de la tolerancia la llevaría a su ruina: al escepticismo del todo vale.

La verdadera tolerancia –como ha señalado Norberto Bobbio– no se fundamenta en el escepticismo, sino en una firmeza de principios, que se opone a la indebida exclusión de lo diferente.

O, como señalaba Federico Mayor Zaragoza,

la tolerancia no es una actitud de simple neutralidad, o de indiferencia, sino una posición resuelta que cobra sentido cuando se opone a su límite, que es lo intolerable.

La cuestión es –como apunta Rafael Navarro-Valls– acertar con una noción de tolerancia que no sea simplemente fruto del cansancio intelectual o de la indiferencia, y que logre equilibrar los derechos de la verdad con los de la conciencia individual.

No quedarse en afirmaciones obvias

Aunque acabamos de referirnos a la tolerancia como un espíritu de apertura y de respeto hacia la diversidad, a la hora de hablar de tolerancia, lo difícil, y lo importante, es profundizar en su sentido más específico: la tolerancia del mal.

Podría decirse que la palabra tolerancia se aplica con toda propiedad cuando se refiere a la tolerancia del mal. No suele decirse en el lenguaje corriente, por ejemplo, que uno tolere que le haya tocado la lotería, haya aprobado unas oposiciones, juegue muy bien al baloncesto, o tenga muy buena memoria; no se habla de que lo tolere, sino más bien de que tiene la suerte, o el mérito, de contar con eso, que para él son bienes.
Es más, en sentido estricto no debería hablarse de tolerancia como respeto a la legítima diversidad, puesto que la legítima diversidad debe ser respetada y no simplemente tolerada, aunque pueda costarnos mucho aceptarla. Ser alto o bajo, rubio o moreno, pertenecer a una u otra raza o clase social, ser seguidor (apasionado si se quiere, pero pacífico) de tal o cual equipo de fútbol, etc., no parecen, en principio, diversidades que deban ser toleradas, sino simplemente respetadas.

El problema surge, como decíamos, cuando esa diversidad deja de ser legítima, o entra en colisión con el bien común, o con los derechos de los demás, y comenzamos a adentrarnos en el proceloso mar de la tolerancia del mal. Podrían ponerse muchos ejemplos de esas colisiones:

¿Debe tolerarse la esclavitud? ¿Y si hay personas que apelan a su libertad para tener esclavos, e incluso también personas dispuestas a aceptar ser esclavos?

¿Debe tolerarse la tortura? ¿Qué debe decirse a quien alegue su –supuesta– eficacia para la policía? ¿Y a quien sostenga que en sus convicciones personales se trata de un método perfectamente legítimo en su guerra sin cuartel contra la delincuencia?

¿Deben las leyes tolerar la poligamia? ¿Y si hay personas –marido y mujeres– que apelan a su libertad para que se les permita formar ese género de unión? ¿Qué se puede argumentar, por ejemplo, a quien considere la prohibición de la poligamia como un atentado contra las profundas raíces culturales y religiosas de un pueblo?

¿Debe permitirse –como sucede en algunos lugares– que unos padres practiquen determinadas mutilaciones sexuales a algunos de sus hijos, siguiendo antiguos ritos ancestrales? ¿Qué razones se pueden dar para prohibirlo, si argumentan que se trata de una costumbre milenaria, aceptada pacíficamente por toda la tribu?
¿Y si unos padres se niegan a que su hijo, menor de edad, reciba una transfusión de sangre, y muere por ello? ¿Cómo es conciliable la libertad religiosa con el hecho de que un juez salve la vida del niño autorizando dicha transfusión, en contra de las creencias de sus padres?

¿Debe tolerarse la producción y el tráfico de drogas? ¿Por qué no respetar la libertad de esas personas para cultivar lo que quieran y luego venderlo, acogiéndose a las reglas del libre mercado? ¿Y con el tráfico de armas? ¿Y con los productos radioactivos?

¿Debe tolerarse la mentira? ¿En qué ocasiones o circunstancias?

Son ejemplos muy diversos, que expresan un poco de la complejidad del problema de la tolerancia, y nos previenen contra una interpretación simplista de las cosas.

El Diccionario de la Real Academia señala dos acepciones de la palabra tolerancia que engloban quizá lo que acabamos de decir. Una es el respeto y consideración hacia las opiniones o prácticas de los demás, aunque sean diferentes a las nuestras; y la otra –que recoge quizá su sentido más específico– señala que tolerar es permitir algo que no se tiene por lícito, sin aprobarlo expresamente; o sea, no impedir –pudiendo hacerlo– que otro u otros realicen determinado mal.

En ambos casos, el quid de la cuestión está en determinar el límite de lo no tolerable: la legítima diversidad siempre debe tolerarse (respetarse), pero la ilegítima puede tolerarse o no, según los casos.

¿Prohibido prohibir? ¿En nombre de quién?

—Hay un problema en eso que dices: el concepto de legitimidad, e incluso el concepto de bien y de mal, son muy relativos para bastante gente.

Efectivamente, y por esa razón, para profundizar en la noción de tolerancia es preciso analizar previamente el fenómeno del relativismo.

Michael Novak decía, entre bromas y veras, que en su país –Estados Unidos– hay dos frases que son las más repetidas: la primera es “yo hago lo que me da la gana”, y la segunda “eso debería estar prohibido”. Un ejemplo claro de cómo todos aspiramos a la libertad, pero reclamamos protección frente al empleo que otros hagan de la suya: vemos necesario unos límites.

La pregunta es si pueden justificarse esas prohibiciones a la vez que se admite el principal postulado que siempre han repetido los relativistas: nadie tiene derecho a imponer a los demás su propio concepto de moral.

Este postulado relativista es una apasionada –y loable– invocación a la libertad individual, pero si se analiza con un poco de calma, es fácil descubrir que esconde serias contradicciones.

De entrada, el relativismo deja momentáneamente de ser relativo para imponernos a todos su postulado indiscutible (que nadie puede imponer nada a nadie).

El principal problema del relativismo surge cuando se habla de poner límites a la tolerancia. Ya hemos visto que parece inimaginable una sociedad en la que se permitiera todo, puesto que hay cosas que no pueden tolerarse.

Si analizamos por qué no toleramos algunas cosas, pronto descubrimos que la causa está en verdades y valores que consideramos innegociables.

Por ejemplo, no toleramos el robo para proteger la propiedad, necesaria para la subsistencia libre de las personas; o no toleramos el asesinato para proteger el derecho a la vida de todo hombre.

Hay que resaltar que, en ambos casos, estamos imponiendo a los delincuentes algo con lo que pueden no estar de acuerdo. Y a todos nos parece obvio que si el ladrón no cree en el derecho a la propiedad, o el asesino no cree en el derecho a la vida, o ambos consideran que tienen razones personales para robar o matar, no por ello sus acciones dejarán de ser reprobables, y castigadas en una sociedad en la que impere la justicia.

Si aceptáramos el relativismo, cada persona tendría derecho a su verdad y su criterio para definir lo bueno y lo malo, y entonces cualquier imposición de la ley (que muchas veces es manifestación de un sentido moral) sería una muestra de intolerancia (intolerancia que no puede tolerarse: atención al círculo vicioso).

Si cada uno tiene su verdad sobre lo que es la justicia, y nadie tiene derecho a imponer la suya a otros, ¿en nombre de qué verdad puede alguien impedir o perseguir el robo, la violación o el asesinato?

El relativismo siempre acaba en un círculo vicioso, porque sin una referencia a una verdad universal, que nos obligue a todos, ¿en nombre de qué autoridad se puede considerar que una acción es mala, e imponer a otros ese concepto de lo que es malo? ¿Cómo defender razonadamente que hay que actuar así, que deben ponerse esos límites a la tolerancia?

Nadie tiene derecho a imponerme sus valores

Cuenta Peter Kreeft que un día, en una de sus clases de ética, un alumno le dijo que la moral era algo relativo y que como profesor no tenía derecho a imponerles sus valores.

Bien –contestó, para iniciar un debate sobre aquella cuestión–, voy a aplicar a la clase tus valores, no los míos: como dices que no hay absolutos, y que los valores morales son subjetivos y relativos, y como resulta que mi conjunto particular de ideas personales incluye algunas particularidades muy especiales, ahora voy a aplicar esta: todas las alumnas quedan suspendidas.

Todos quedaron sorprendidos y protestaron diciendo que aquello no era justo.

Kreeft, continuando con aquel supuesto, les argumentó: ¿Qué significa para ti ser justo? Porque si la justicia es solo mi valor o tu valor, entonces no hay ninguna autoridad común a ti y a mí. Yo no tengo derecho a imponerte mi sentido de la justicia, pero tampoco tú a mí el tuyo.

Solo si hay un valor universal llamado justicia, que prevalezca sobre nosotros, puedes apelar a él para juzgar injusto que yo suspenda a todas las alumnas. Pero si no existieran valores absolutos y objetivos fuera de nosotros, solo podrías decir que tus valores subjetivos son diferentes de los míos, y nada más.

Sin embargo, no dices que no te gusta lo que yo hago, sino que es injusto. O sea, que, cuando desciendes a la práctica, sí crees en los valores absolutos.

El relativismo afirma los derechos, pero, al no tener ninguna referencia a una verdad objetiva, surge inmediata la confusión global de lo que está bien y lo que está mal. Con el relativismo, la justicia queda en la sociedad a merced de quienes tengan el poder de crear opinión e imponerla a los demás.

Una referencia insoslayable

—Es cierto que ninguna de esas preguntas puede responderse desde el relativismo absoluto, pero la mayoría de los relativistas suelen hacerse fuertes en el terreno de otras consideraciones éticas menos evidentes. Dicen que todo es cambiante, que las consideraciones morales se parecen bastante entre sí, y que ninguna merece ser rechazada.

Efectivamente, está cambiando todo mucho, pero ya hemos visto que ha de existir una frontera entre lo que es tolerable y lo que no lo es:

Para poder ser tolerante hay que fijar los límites de lo que es intolerable.

Ese límite puede ser difícil de apreciar, porque las circunstancias hacen a veces muy complejos esos problemas. Pero tiene que haber un límite, independientemente de que sea difícil de distinguir. Porque si no hubiera límites, la tolerancia se destruiría a sí misma.

—¿Por qué?

Si no hubiera límite objetivo entre lo que es tolerable y lo que no es tolerable (aunque luego sea difícil de apreciar, repito), nadie podría impedir legítimamente nada: en nombre de la tolerancia, habría que tolerar todo, también al que tiene el triste defecto de ser intolerante. Y también se podría tachar de intolerante a cualquiera que hiciera algo que no coincidiera exactamente con lo que nosotros defendemos.

Por el lado contrario, cualquiera podría arrogarse el derecho a no tolerar al que tolera algo que uno considera malo.

—Vale, no sigas.

No pretendo hacer trabalenguas, pero parece bastante claro que para definir esos límites de la tolerancia, es preciso reconocer la existencia de la verdad. De lo contrario, ¿en nombre de qué marcas ese límite?

—De acuerdo, pero hay quienes defienden un modelo permisivista basado en un relativismo menos duro, más light. Dicen que eso de luchar por la verdad objetiva lleva fácilmente a la tentación del fanatismo, de matar a los enemigos. Y que la historia tiene abundantes ejemplos de esto.

Es verdad que existe la tentación del fanatismo, contra la que hay que luchar decididamente, y es verdad también que en la historia hay abundantes ejemplos de esa grosera forma de intolerancia. Pero no puede decirse que creer en una verdad suponga ya ser un fanático, y mucho menos presentar instintos homicidas. Eso sería un prejuicio, más que una explicación.

Por ejemplo, si ha de haber respeto a la vida será porque existe la verdad de que la vida merece respeto. Si no, ¿por qué habríamos de respetar la vida? Y lo mismo puede decirse de cualquier consideración ética.

Sin una referencia a la verdad objetiva, toda afirmación moral se reduce a una simple conjetura.

La referencia a la verdad es insoslayable.

Existe un límite en el que la tolerancia deja de ser virtud.

E. Burke

¿Poseedores de la verdad?

—Bien, yo no digo que tener la verdad suponga instintos homicidas, pero la historia nos enseña que los hombres que pensaban que siempre tenían razón han sido causantes de guerras, persecuciones, esclavitud, racismo y otras muchas desgracias.

Debo decir que a mí también me parecen muy peligrosos los hombres que piensan tener siempre razón.

Pero una cosa es pretender tener siempre razón, y otra bien distinta decir que existe una verdad universal sobre el bien y el mal, que todos debemos procurar descubrir.

Hay que decir, además, que esos relativistas light también acuden furtivamente a la verdad objetiva cuando les interesa. Por ejemplo, cuando presentan como malas las guerras, las persecuciones, la esclavitud o el racismo (y supongo que queda claro que estoy de acuerdo en que lo son), están ya dando por establecida una verdad objetiva previa sobre la que no discuten.

—De acuerdo, pero ¿qué derecho tengo yo, o cualquier otra persona, a decidir que mi opinión es mejor que las otras?

Es distinto decir de modo altivo “mi opinión es la mejor” (entre otras cosas, porque puede fácilmente no serlo), a decir que, en esa búsqueda de la verdad en que todos debemos estar empeñados, las opiniones que más se acerquen a ella son mejores que las opiniones que estén más lejos.

Lógicamente, el hecho de que exista una verdad universal no da derecho a nadie para ir por la vida como dando lecciones, como engreído poseedor único y absoluto de la verdad: eso sería fundamentalismo (cuestión que trataremos más adelante). Además, como ha escrito Alejandro Llano,

No somos nosotros los que poseemos la verdad, es la verdad la que nos posee.

Y como decía Ortega y Gasset, el hombre necesita absolutamente la verdad; y al revés, la verdad es lo único que esencialmente necesita el hombre, su única necesidad incondicional.

No se puede decir que la verdad no exista, ni que dé igual una verdad que otra, ni que la verdad se vaya a componer entre las opiniones de todos. Pero sí ha de aceptarse –aunque se tenga una firme certeza moral sobre una serie de verdades–, que muchos otros tendrán parte de la verdad en ámbitos muy diversos, y también nos iluminan con sus aportaciones y sus hallazgos en esa necesaria y liberadora búsqueda de la verdad.

—Piensas entonces que el problema se reduce a aficionarse a buscar la verdad.

Sí, y es preciso tener presente que Los hombres somos a veces muy aficionados a buscar la verdad, pero bastante reacios a aceptarla.

A los hombres –decía Gilson–, no nos gusta que la evidencia racional nos acorrale. Incluso cuando la verdad está ahí, en su impersonal e imperiosa objetividad, muchas veces sigue en pie nuestra mayor dificultad: someternos a ella a pesar de no ser exclusivamente nuestra.

Un retorno al etnocentrismo persa

Según explica Herodoto, los persas estaban convencidos de que ellos eran los mejores; y que a ellos les seguían las naciones limítrofes; y que, a su vez, las naciones limítrofes con ésas ocupaban el tercer lugar en este orden decreciente de bondad; y así sucesivamente, disminuye progresivamente su valía a medida que los círculos concéntricos se iban alejando más del núcleo persa.

Esa firme ligazón entre el bien y el bien propio, y una visión del cosmos que reserva un lugar especial para el pueblo al que uno pertenece, retratan bastante bien a aquella primitiva concepción etnocentrista del bien.

Fueron los filósofos griegos –explica Allan Bloom–, los primeros hombres que abordaron la distinción entre bien y bien propio. Empezaron a distinguir entre lo que era exigido por la naturaleza, y lo que era simplemente algo convenido o pactado; entre lo que podía considerarse justo, y lo que era simplemente algo aceptado por un colectivo de personas.

Los filósofos griegos estaban abiertos al bien como tal. Tenían que usar el bien, que no era suyo, para juzgar lo suyo. Comprendieron que si los hombres querían ser verdaderamente humanos, no podían conformarse con lo que les venía dado por su cultura, sino que habían de buscar además el bien. Aquella conciencia del bien, y del deseo de poseerlo, fueron adquisiciones humanizadoras de un valor inestimable.

Con el paso del tiempo, la cultura occidental fue buscando una apertura que encontrara en otras culturas nuevos y mejores estilos. De esos estudios, algunos pensadores de los últimos siglos llegaron a sacar la curiosa conclusión de que los valores y las culturas son terriblemente relativos y que, por tanto, no podemos conocer la verdad (si es que existe), sino simplemente estudiar lo que muchos hombres pensaron sobre la verdad.

Sin embargo, el hecho de que en tiempos y lugares diferentes hayan existido diferentes opiniones sobre el bien y el mal, en absoluto supone que dé igual una que otra. Ante las diferencias de opinión, lo razonable es plantearse cuáles de las expresadas son más cercanas a la verdad, en lugar de rechazarlas todas; lo sensato es tratar de analizar esas diferencias, examinando las razones y argumentos de cada opinión.

Si queremos una actividad intelectual plural y libre –sugiere Alejandro Llano–, hemos de sacudirnos el miedo a pensar por cuenta propia, a reconocer que hay diferencias y rivalidades, a entablar auténticos debates intelectuales, y no cejar hasta descubrir de qué lado está la verdad.

Nadie puede vivir sin una convicción de lo que es el bien y el mal. Todos la necesitamos. Cuando alguien niega que exista una verdad universal, lo que realmente hace es tomar para sí un concepto propio de lo que es la verdad y el bien. Y como el relativismo absoluto es imposible, irá considerando menos válido el concepto de bien a medida que se aleje del concepto suyo. Más o menos, lo mismo que sucedía con el etnocentrismo persa, solo que ahora poniéndose en el centro uno mismo, en vez de al pueblo persa.

¿Son peligrosas las convicciones fuertes?

Los relativistas sostienen que la cuestión no es ver quién tiene razón, sino más bien no pensar en absoluto que se tiene razón. Dicen que el verdadero peligro es el hombre con convicciones fuertes.

—De todas formas, ¿no te parecen peligrosos los hombres con convicciones demasiado fuertes?

Como ha señalado Daniel Innerarity, apelar a la tolerancia para desacreditar la posibilidad de convicciones fuertes sería un error de bulto, puesto que la tolerancia se apoya y se alimenta de una convicción.

El respeto a la libertad se nutre de convicciones firmes.

Además, pocas convicciones son tan fuertes como las del lenguaje relativista, que esconde un sorprendente dogmatismo. El relativismo no manifiesta dudas en sus convicciones sobre cómo debe ser la sociedad, sino que se mantiene muy firme en su propósito de imponer a todos su concepción relativista. Nunca explican por qué, si dicen que todos los valores son relativos, los suyos propios deben obligarnos a todos.

—¿Y no podría haber unos valores que obligaran a todos, pero cambiantes según los condicionamientos culturales de la época?

Ante preguntas de este tipo, Bloom solía contestar a sus alumnos planteando un caso práctico. Les decía, por ejemplo: si usted hubiera sido administrador británico en la India hace unas decenas de años, ¿habría permitido que los nativos sometidos a su jurisdicción quemaran, en el propio funeral, a la viuda de un hombre recién fallecido?

Porque si se sostiene que los valores son sustancialmente relativos y subjetivos, es difícil decir por qué eso debe impedirse. El relativista, si es consecuente, cae pronto atrapado en su propia lógica, pues se ve obligado a admitir lo inadmisible.

Los condicionamientos culturales de la época son importantes, y pueden introducir algunas variantes en la percepción moral de algunas cuestiones, pero eso es muy distinto del relativismo.

Someter al hombre a tortura, condenar al inocente, quitarle la vida o privarlo de los derechos inalienables que le pertenecen como persona son ejemplos de acciones de suyo reprobables. Así de estrecha es la relación del hombre con la verdad y el bien. Ninguna situación histórica, peculiaridad cultural o razón política puede suprimir su irrestricta validez.

El riesgo del fanatismo

—¿De todas formas, y aunque se ha avanzado mucho, no te parece que sigue siendo preciso que la sociedad sea más tolerante y haya menos gente fanática?

Sin duda. El fanático es uno de los más grandes enemigos de la libertad. El fanatismo es como una plaga nauseabunda que anida en el corazón de quien no quiere ver el mal que hace. El fanático se pasa la vida denunciando el mal, pero nunca lo encuentra dentro de sí mismo (habitualmente porque está sumergido en él).

El fanático pretende poner a los buenos a un lado y a los malos al otro, y situarse en el lado de los buenos, y decir que a los malos se les puede maltratar: ese es el errado maniqueísmo de la dialéctica del fanático.

El fanático olvida que el fin no justifica los medios, que no puede buscarse un fin bueno –y además, dudosamente bueno, en la mayoría de los casos– empleando medios inmorales. Hay que perseguir el mal, pero dentro de la ley y dentro de la moral, y teniendo en cuenta siempre los principios fundamentales de la tolerancia.

—¿Y te parece que fomentar la tolerancia es eficaz para erradicar el fanatismo?

Por supuesto. Pero la tolerancia debe aplicarse correctamente, y que tiene unos límites, pues –como señala Innerarity– hay ocasiones en que es imposible describir o presenciar una injusticia sin protestar contra esa injusticia, y juzgaríamos una vileza cualquier empeño por parecer neutral.

Es una falsa alternativa la que plantea una única alternativa entre fanatismo por un lado y relativismo o escepticismo por otro:

Como tantos extremos, la ceguera furiosa del fanático y la ceguera cínica del escéptico se tocan, cruzan y pactan entre sí.

Toda sociedad necesita de valores firmes, de convencimientos no hipotéticos. Esta necesidad resultaba evidente para los fundadores del estado de derecho: la abolición de la tortura y la esclavitud no fue el resultado de una hipótesis, ni los derechos humanos fueron una propuesta, sino una proclamación. La aparente terquedad con que se alzan determinados valores humanos innegociables responde a una profunda sabiduría.

Tolerancia y comprensión

—De todas formas, no siempre es fácil vivir conforme a la moral. Hay que esforzarse para lograrlo, y hay que ser comprensivo, de alguna manera, con quienes no lo logran.

Sí, siempre que eso no desemboque en un tolerarlo todo con la excusa de que no es fácil hacer el bien.

Si alguien comete un robo, una violación o un asesinato, hay que ser comprensivo con él, y quizá haya circunstancias eximentes o atenuantes, pero de modo general esos hechos –en sí mismos– nunca deben tolerarse.

Es cierto que ser buen conocedor de la dificultad que entraña la lucha por el bien aleja al hombre del fanatismo y le hace profundamente comprensivo, y eso es bueno.

Pero la convivencia humana exige una lucha individual interior contra las malas tendencias que todo hombre tiene, puesto que esa lucha tiene consecuencias también para quienes le rodean. Ni las leyes ni los jueces deben inmiscuirse en el fuero interno de las personas, pero las leyes y los jueces no lograrían hacer nada por la convivencia humana si no hubiera en los ciudadanos un esfuerzo individual por vivir de un modo ético.

Hay que ser comprensivo, por tanto, pero sin olvidar que la buena convivencia social –y por tanto, la tolerancia– implican una seria exigencia moral personal.

—¿Y no crees que hay épocas en las que quizá esa lucha es más difícil, y hay que ser aún más comprensivo? Hay quien dice que la única bondad es la indulgencia.

No es lo mismo tolerancia que indulgencia. Pero, en cualquier caso, si no se aplica correctamente, también la indulgencia puede ser injusta, destructiva y cruel. Con indulgencia solo, no se puede promover el bien, ni educar a nadie, ni hacer que impere la justicia.

Hay que ser comprensivo siempre, pero la comprensión no lo arregla todo. No hay que olvidar, además, que la moral no está pensada solo para los buenos tiempos, sino que, de hecho, cuando más falta hace es en los malos tiempos. Los malos tiempos no justifican las malas acciones ni la mala vida. Como dijo Tomás Moro,

Los tiempos no son nunca tan malos como para impedir que un hombre bueno viva en ellos.

Fuente:

http://www.interrogantes.net/La-tolerancia/menu-id-24.html

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¿Y si la ciencia demostrara que Dios no existe?

André Frossard, “¿Y si la ciencia demostrara que Dios no existe?”, Arvo, 15.XI.02

“Esta pregunta se hace eco de un temor, muy habitual entre los creyentes, ante el auge de las ciencias naturales que contradicen en no pocos puntos su credo religioso, al tiempo que manifiesta una esperanza avivada periódicamente por el ateísmo militante. Ese temor fue el que indujo a los rectores de la Iglesia a condenara Galileo, no a la hoguera, ciertamente, sino a una especie de “arresto domiciliario”, castigo que no deja de tener su ironía referido á un hombre que se mostraba seguro de estar dando vueltas alrededor del sol. Para aquellos eclesiásticos, la tierra debía ocupar el centro del mundo universo, y pretender lo contrario suponía infligir a la Escritura santa un agravio lindante con la blasfemia. Tuvo que pasar un siglo para que se reconociera el error y para que se cayera en la cuenta de que la importancia de la tierra no dependía de su localización en el espacio. Los creyentes sufrieron mucho en el siglo XIX ante las declaraciones de Marcelin Berthelot en el sentido de que “en adelante, el universo no guardará secreto alguno para los sabios”. En esa línea, es razonable pensar que llegue el día en, que se prescinda de “la hipótesis de Dios” forjada en los siglos oscuros de la ignorancia.”

Sin embargo, el objeto de la ciencia no es más que lo observable y lo medible, y Dios no es nulo uno ni lo otro.

Para demostrar que Dios no existe, sería menester que lo que vosotros llamáis “la ciencia” descubriera un primer elemento que no tuviera causa, que existiera por él mismo, y cuya presencia explicara todo lo demás sin dejar nada fuera. Y justamente ese elemento es lo que nosotros llamamos Dios.

Extracto de “Preguntas sobre Dios”, Rialp, Madrid 1991, pp. 70-71.

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El autor, André Frossard

André Frossard nació en Francia en 1915. Como su padre, Ludovic-Oscar Frossard, fue diputado y ministro durante la III República y primer secretario general del Partido Comunista Francés, Frossard fue educado en un ateísmo total. Encontró la fe a los veinte años, de un modo sorprendente, en una capilla del Barrio Latino, en la que entró ateo y salió minutos más tarde “católico, apostólico y romano”.

Ateo perfecto, ni se planteaba el problema de Dios
El ateísmo en André Frossard y su posterior y repentina conversión se entienden un poco más contemplando su propia familia, como nos lo cuenta él mismo: “Eramos ateos perfectos, de esos que ni se preguntan por su ateísmo. Los últimos militantes anticlericales que todavía predicaban contra la religión en las reuniones públicas nos parecían patéticos y un poco ridículos, exactamente igual que lo serían unos historiadores esforzándose por refutar la fábula de Caperucita roja. Su celo no hacia más que prolongar en vano un debate cerrado mucho tiempo atrás por la razón. Pues el ateísmo perfecto no era ya el que negaba la existencia de Dios, sino aquel que ni siquiera se planteaba el problema. (…)

El mundo: material y explicable
Dios no existía. Su imagen o las que evocan su existencia no figuraban en parte alguna de nuestra casa. Nadie nos hablaba de Él. (…) No había Dios. El cielo estaba vacío; la tierra era una combinación de elementos químicos reunidos en formas caprichosas por el juego de las atracciones y de las repulsiones naturales. Pronto nos entregaría sus últimos secretos, entre los que no había en absoluto Dios.

¿Necesito decir que no estaba bautizado? Según el uso de los medios avanzados, mis padres habían decidido, de común acuerdo, que yo escogería mi religión a los veinte años, si contra toda espera razonable consideraba bueno tener una. Era una decisión sin cálculo que presentaba todas las apariencias de imparcialidad. ¿A los veinte años quiere creer? Que crea. De hecho, es una edad impaciente y tumultuosa en la que los que han sido educados en la fe acaban corrientemente por perderla antes de volverla a encontrar, treinta o cuarenta años más tarde, como una amiga de la infancia… Los que no la han recibido en la cuna tienen pocas oportunidades de encontrarla al entrar en el cuartel…

Mi padre era el secretario general del partido socialista. Yo dormía en la habitación que, durante el día, servía a mi padre de despacho, frente a un retrato de Karl Marx, bajo un retrato a pluma de Jules Guesde (socialista que colaboró en la redacción del programa colectivista revolucionario) y una fotografía de Jaurès.

Fascinado por Marx
Karl Marx me fascinaba. Era un león, una esfinge, una erupción solar. Karl Marx escapaba al tiempo. Había en él algo de indestructible que era, transformada en piedra, la certidumbre de que tenía razón. Ese bloque de dialéctica compacta velaba mi sueño de niño. (…)

El domingo
El domingo era el día del Señor para los luteranos, que a veces iban al templo, y para los pietistas, que se reunían en pequeños grupos bajo la mirada falta de comprensión de otros. Para nosotros era el día del aseo general, en el agua corriente del arroyo truchero, después del cual mi abuelo mi friccionaba la cabeza con un cocimiento de manzanilla…”

Navidad sin sentido
En Navidad, las campanas de los pueblos cercanos, que no encontraban eco entre nosotros, extendían como un manto de ceremonia sobre la campiña muerta. Nosotros también nos poníamos nuestros trajes domingueros para ir a ninguna parte (…) Almorzábamos en la mejor habitación, sobre el blanco mantel de los días señalados.

Sus padres unidos por el socialismo
Entre las izquierdas la política se consideraba como la más alta actividad del espíritu, el más hermoso de los oficios, después del de médico, sin embargo. A ella debían mis padres, por otra parte, el haberse encontrado. Mi madre de espíritu curioso, había escuchado a mi padre hablar del socialismo ante un auditorio obrero, con la fogosidad de sus veinticinco años, una inteligencia combativa, una voz admirable. Desde aquel día, ella le siguió de reunión en reunión, por amor al socialismo, hasta la alcaldía. Cuando me contaba esa historia, yo no comprendía gran cosa. Para mí, mis padres eran mis padres desde siempre y no imaginaba que hubiesen podido no serlo en un momento dado de su existencia. La honestidad, la natural decencia de su vida en común, me habían dado del matrimonio la idea de una cosa que no podía deshacerse y que, al no tener fin, no había tenido comienzo.

La política llenaba la vida familiar
Mi madre vendía al pregón el periódico de la Federación Socialista, completamente redactado por mi padre, entonces maestro destituido por amaños revolucionarios y reducido a la miseria. Pero la política llenaba la vida de mi padre. (…)

Jesucristo hubiera sido de los suyos
Rechazábamos todo lo que venía del catolicismo, con una señalada excepción para la persona -humana- de Jesucristo, hacia quien los antiguos del partido mantenían (con bastante parquedad, a decir verdad) una especie de sentimiento de origen moral y de destino poético. No éramos de los suyos, pero él habría podido ser de los nuestros por su amor a los pobres, su severidad con respeto a los poderosos, y sobre todo por el hecho de que había sido la víctima de los sacerdotes, en todo caso de los situados más alto, el ajusticiado por el poder y por su aparato de represión”.

Encontró a Dios sin buscarlo

Pero sin tener mérito alguno Frossard, porque Dios quiso y no por otra razón, fue el afortunado en recibir el regalo de la conversión. El no buscaba a Dios. Se lo encontró: “Sobrenaturalmente, sé la verdad sobre la más disputada de las causas y el más antiguo de los procesos: Dios existe. Yo me lo encontré.
Me lo encontré fortuitamente -diría que por casualidad si el azar cupiese en esta especie de aventura-, con el asombro de paseante que, al doblar una calle de París, viese, en vez de la plaza o de la encrucijada habituales, una mar que batiese los pies de los edificios y se extendiese ante él hasta el infinito.
Fue un momento de estupor que dura todavía. Nunca me he acostumbrado a la existencia de Dios.
Habiendo entrado, a las cinco y diez de la tarde, en una capilla del Barrio Latino en busca de un amigo, salí a las cinco y cuarto en compañía de una amistad que no era de la tierra.

Habiendo entrado allí escéptico y ateo de extrema izquierda, y aún más que escéptico y todavía más que ateo, indiferente y ocupado en cosas muy distintas a un Dios que ni siquiera tenía intención de negar -hasta tal punto me parecía pasado, desde hacía mucho tiempo, a la cuenta de pérdidas y ganancias de la inquietud y de la ignorancia humanas-, volví a salir, algunos minutos más tarde, “católico, apostólico, romano”, llevado, alzado, recogido y arrollado por la ola de una alegría inagotable.

Al entrar tenía veinte años. Al salir, era un niño, listo para el bautismo, y que miraba entorno a sí, con los ojos desorbitados, ese cielo habitado, esa ciudad que no se sabía suspendida en los aires, esos seres a pleno sol que parecían caminar en la oscuridad, sin ver el inmenso desgarrón que acababa de hacerse en el toldo del mundo. Mis sentimientos, mis paisajes interiores, las construcciones intelectuales en las que me había repantingado, ya no existían; mis propias costumbres habían desaparecido y mis gustos estaban cambiados.

Cómo lo encontró
No me oculto lo que una conversión de esta clase, por su carácter improvisado, puede tener de chocante, e incluso de inadmisible, para los espíritus contemporáneos que prefieren los encaminamientos intelectuales a los flechazos místicos y que aprecian cada vez menos las intervenciones de lo divino en la vida cotidiana. Sin embargo, por deseoso que esté de alinearme con el espíritu de mi tiempo, no puedo sugerir los hitos de una elaboración lenta donde ha habido una brusca transformación; no puedo dar las razones psicológicas, inmediatas o lejanas, de esa mutación, porque esas razones no existen; me es imposible describir la senda que me ha conducido a la fe, porque me encontraba en cualquier otro camino y pensaba en cualquier otra cosa cuando caí en una especie de emboscada: no cuento cómo he llegado al catolicismo, sino como no iba a él y me lo encontré. (…)

Nada me preparaba a lo que me ha sucedido: también la caridad divina tiene sus actos gratuitos. Y si, a menudo, me resigno a hablar en primera persona, es porque está claro para mí, como quisiera que estuviese enseguida para vosotros, que no he desempeñado papel alguno en mi propia conversión. (…)

Una revolución exraordinaria

Ese acontecimiento iba a operar en mí una revolución tan extraordinaria, cambiando en un instante mi manera de ser, de ver, de sentir, transformando tan radicalmente mi carácter y haciéndome hablar un lenguaje tan insólito que mi familia se alarmó. Se creyó oportuno, suponiéndome hechizado, hacerme examinar por un médico amigo, ateo y buen socialista. Después de conversar conmigo sosegadamente y de interrogarme indirectamente, pudo comunicar a mi padre sus conclusiones: era la “gracia”, dijo, un efecto de la “gracia” y nada más. No había por qué inquietarse.

Hablaba de la gracia como de una enfermedad extraña, que presentaba tales y cuales síntomas fácilmente reconocibles. ¿Era una enfermedad grave? No. La fe no atacaba a la razón. ¿Había un remedio? No; la enfermedad evolucionaba por sí misma hacia la curación; esas crisis de misticismo, a la edad en que yo había sido atacado, duraban generalmente dos años y no dejaban ni lesión, ni huellas. No había más que tener paciencia.

Se me toleraría mi capricho religioso a condición de que fuese discreto, como lo serían conmigo. Se me rogó que me abstuviese de todo proselitismo en relación con mi hermana menor. Ella se convertiría a pesar de todo al catolicismo, y mi madre también, bastantes años después de ella”.

Best-seller mundial

Frossard escribió el libro de su conversión, “Dios existe. Yo me lo encontré” (Editorial Rialp), que mereció el Gran Premio de la literatura Católica en Francia en 1969, y que se convertiría en un best-seller mundial.
En 1985 fue elegido miembro de la Academia y trabajó en la Comisión del Diccionario. Muere en París en 1995 a los 80 años de edad, tras haber sido uno de los intelectuales católicos franceses más influyentes de su país en el presente siglo.

Fuente:

http://www.interrogantes.net/Andre-Frossard-Y-si-la-ciencia-demostrara-que-Dios-no-existe-Arvo-150XI002/menu-id-24.html

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22 DE ABRIL: DÍA DE LA TIERRA

22 DE ABRIL: DÍA DE LA TIERRA

Abril 21, 2008

Les dejo información sobre el día de la Tierra que he encontrado en un artículo:

El 22 de abril de 1970 más de 20 millones de norteamericanos se movilizaron para aumentar la escasa conciencia sobre la fragilidad del planeta. El evento promovido por las organizaciones sociales fue bautizado con el nombre de Día de la Tierra, y puede considerarse como el nacimiento del moderno movimiento ecologista.
Dos años después se celebró la primera cumbre mundial sobre medio ambiente: la Conferencia de Estocolmo.
En 1990 se organiza de nuevo el Día de la Tierra, esta vez en todo el mundo. La celebración fue todo un éxito: más de 1000 ONGs organizaron actos en 140 países y se estima que participaron del orden de 200 millones de personas.
El 22 de abril, Día de la Tierra, miles de organizaciones y millones de personas se movilizaran en el planeta por el medio ambiente.

Creo que es importante que todas las Instituciones públicas y privadas pero sobre todo los ciudadanos tomemos conciencia de la importancia de conmemorar este día y de la importancia del medio ambiente.

http://www.ecologistasenaccion.org/spip.php?article4603

Fuente:

http://vinglada.wordpress.com/2008/04/21/22-de-abril-dia-de-la-tierra/

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LA PALABRA MÁS TRISTE DE LA BIBLIA

¿Cuál es la palabra más triste de la Biblia?

Hay muchas posibilidades: la muerte, el infierno, o el estar perdido, nos conmueven a la tristeza. Sin embargo, ¿cuál palabra es la fuente de estas palabras y la causa de toda violencia, odio, y dolor en el mundo?

Además, ¿cuál es la palabra que crucificó al Hijo de Dios a la cruz de Calvario?

Mis amigos cristianos, “pecado” es la palabra bíblica más triste y ella sigue siendo hoy día una amenaza real para nosotros.

Por eso estudiaremos esta palabra y su significado a través del ejemplo de Caín para entender mejor el peligro de esta, la palabra más triste de la Biblia.

Después de la caída en pecado de Adán y Eva en el Huerto de Edén, la situación se empeoró de gran manera.

La Biblia nos informa acerca de sus dos hijos Caín y Abel y de los sacrificios que ellos ofrecieron a Dios: Caín quemó frutos de la tierra en honor de Dios y Abel ofreció animales.

La Biblia nos dice que a Dios le agradó la ofrenda de Abel mientras la de Caín no. ¿Por qué no? Porque hubo algo equivocado en el corazón de Caín aún antes de ofrecérsela a Dios, o sea, él no tenía la confianza ni la fe en Dios. Caín mismo se dio cuenta de eso, pero en lugar de tratar de mejorar su actitud, se enojó con su hermano.

Dios supo esto y confrontó a Caín, por su falta de fe y por el odio que estaban aumentando en su corazón contra Abel. Le dijo: “Si hicieras lo bueno, podrías andar con la frente en alto. Pero si haces lo malo, el pecado te acecha, como una fiera lista para atraparte” (Génesis 4:7).

Cuando Caín no hizo caso al aviso de Dios la puerta de su corazón se abrió y el pecado entró como una fiera; y él mató a su propio hermano y lo escondió en el campo.

De esta forma llegó el homicidio y hasta fratricidio al mundo. ¡Qué triste! ¿No? ¿Acaso se puede imaginar la tristeza que sintieron Adán y Eva y el resto de la familia con la muerte de Abel? ¿Hermano contra hermano?

Cuando nosotros enfrentamos un día duro en la oficina o en la escuela, es de gran consuelo llegar a la casa para recibir el apoyo de parte de un cónyuge fiel, de los hijos o de los papás. Ellos son los que nos ayudan a soportar las pruebas y dificultades del mundo incrédulo de tal manera que al día siguiente podamos salir con una actitud diferente. Pero ¿qué tal si hay tensión, crueldad, o infidelidad, en la familia?

¿Qué pasa si el cónyuge está en su propio mundo y no le interesa nada lo que sucede a su pareja? ¿Qué pasa si los niños tienen miedo de platicarles a sus papás acerca de los retos y problemas que enfrentan en la escuela porque sus padres están siempre enojados y muy ocupados?

¿Qué tal si entre los hermanos no hay amor y respeto sino odio, celos e insultos? Dentro de una familia dividida así no hay solución para las dificultades en la vida sino desesperación. Y cuando ni siquiera se pueden controlar los lazos familiares de paz y armonía dentro de la casa, ¿cómo podemos tener esperanza de paz y armonía en el trabajo, la escuela, o entre personas y países extraños? Quizá esto nos lleve a poner el grito en el cielo.

“¿cuál es el problema con este mundo?” de la manera como lo hizo un periódico en la página del editor. A ese artículo algún lector escribió una respuesta de pocas palabras: “Yo soy el problema en este mundo”. Los
problemas y dificultades que hay en este mundo triste comienzan dentro del propio corazón. Caín era su peor enemigo y cuando el pecado le acechó, no puso atención al aviso de Dios. Mis amigos cristianos, el pecado es la palabra más triste de la Biblia, y hay que tener cuidado porque también acecha a su corazón.

Antes de continuar es necesario que consideremos la vida de otra persona en la cual se revela la triste realidad del pecado. Imagínense una colina solitaria  fuera de la ciudad donde hay tres cruces: sobre la primera hay un ladrón, sobre la tercera hay un asesino, y sobre la de en medio hay un hombre con una corona de espinas en su cabeza y sangre saliendo de sus manos y de sus pies.

¿Quién es? Es el Hijo del Hombre y el Hijo de Dios a quien los ángeles del cielo adoran. Sin embargo está colgado como un hombre derrotado y desamparado. ¿Por qué está allí? ¿Qué pecado cometió? Fue el pecado lo que lo trajo allí pero no su propio pecado sino el de nosotros. ¡Con razón el sol escondió su rostro mientras Jesús estaba en la cruz por causa de la gran tristeza y la inmensa injusticia!

Ahora espere un momento; el golpe que el pecado le dio a Jesús en la cruz resultó ser el golpe de libertad por todos nosotros que somos esclavos del pecado.

Sí, ¡es cierto! La tristeza e injusticia más grande de todo tiempo, es decir, Jesús en la cruz, llegó a ser la obra maestra de parte de Dios Padre en cuanto al perdón de los pecados y la misericordia. Cuando Jesús murió, el pecado murió; y por medio de esa muerte, la palabra más triste de la Biblia está vencida.

En la cruz de Jesús encontramos que toda tristeza y dolor han sido quitados para siempre, por causa de él y por medio de su muerte tenemos el perdón del pecado garantizado por su sangre. La palabra más triste ya no nos señorea porque Jesús la ha quitado para siempre. ¡Qué bonito es pensar en esta victoria!

Amén.

Pastor James Connell

Iglesia Cristo Nuestro Redentor
El Paso, Texas, EEUU

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La Biblia no está escrita para hacer ciencia, sino para dar salvación

La Biblia no está escrita para hacer ciencia, sino para dar salvación

Por Raniero Cantalamessa


Jueves 24 de abril de 2008

«¿Acaso no ardía nuestro corazón mientras hablaba con nosotros, en el camino, cuando nos explicaba las Escrituras?». Deseamos reflexionar precisamente sobre este punto del Evangelio relativo a los discípulos de Emaús: las Escrituras. Hay dos modos de acercarse a la Biblia. El primero es considerarla un libro antiguo, lleno de sabiduría religiosa, de valores morales y también de poesía. Desde este punto de vista es absolutamente el libro más importante para comprender nuestra cultura occidental y la religión judeo-cristiana. Es también el libro más impreso y más leído de toda la humanidad.

Pero existe otro modo, mucho más comprometido, de aproximarse a la Biblia; es el de creer que contiene la Palabra viva de Dios para nosotros. Que es un libro «inspirado», esto es, escrito, sí, por autores humanos, con todos sus límites, pero con la intervención directa de Dios. Un libro humanísimo y, a la vez, divino, que habla al hombre de todos los tiempos, les revela el sentido de la vida y de la muerte.

Sobre todo les revela el amor de Dios. Si todas las Biblias del mundo, decía san Agustín, por algún cataclisma, fueran destruidas y quedara una sola copia, y de ésta ya no fuera legible más que una página, y de tal página sólo una línea, si esta línea es la de la primera Carta de Juan donde está escrito: «Dios es amor», toda la Biblia se habría salvado, porque se resume en esto. Ello explica por qué tantas personas se encaminan a la Biblia sin cultura, sin grandes estudios, con sencillez, con fe en que es el Espíritu Santo quien habla en ella, y ahí encuentran respuestas a sus problemas, luz, aliento, en una palabra: vida.

Las dos formas de acercarse a la Biblia -la erudita y la de fe- no se excluyen; es más, deben mantenerse unidas. Es necesario estudiar la Biblia, los modos en que se hay que interpretarla (o tener en cuenta los resultados de quienes así la estudian), para no caer en el fundamentalismo. El fundamentalismo consiste en tomar un versículo de la Biblia literalmente y aplicarlo tal cual a las situaciones de hoy, sin considerar la diferencia de cultura, de tiempo, los distintos géneros literarios de la Biblia. Se cree, por ejemplo, que el mundo tiene poco más de cuatro mil años de edad porque son los años que se desprenden de la Biblia, si bien sabemos que, si hablamos de años, el mundo tiene varios miles de millones, sólo que la Biblia no está escrita para hacer ciencia, sino para dar salvación. Dios, en la Biblia, se ha adaptado a hablar en el modo que los hombres del tiempo pudieran entender; no ha escrito sólo para los hombres de la era tecnológica.

Por otro lado, sin embargo, reducir la Biblia a un mero objeto de estudio y de erudición, permaneciendo neutrales ante su mensaje, significaría matarla. Sería como si un novio que ha recibido una carta de amor de su novia se pusiera a examinarla con el diccionario, desde el punto de vista de la gramática y de la sintaxis, y se detuviera en estos aspectos, sin percibir el amor que contiene. Leer la Biblia sin fe es como abrir un libro en plena noche: no se ve nada, o al menos no lo esencial. Leer la Escritura con fe significa leerla con referencia a Cristo, captando, en cada página, aquello que tiene que ver con Él. Igual que Él hizo con los discípulos de Emaús. [Extractado de Catholic.net, México]

FUENTE:

http://labibliaweb.com/articulo/52/1187

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Dos universidades españolas cancelan conferencias sobre el Creacionismo

Uno de los carteles con los que se anuncian las conferencias de la asociación PSSI.
Uno de los carteles con los que se anuncian las conferencias

Sábado 19 de Enero del 2008
España

BARCELONA, España (ACPress.net / Protestante Digital) La Universidad de Vigo y la Facultad de Biología de la Universidad de León han anulado en tan solo dos días su compromiso de ceder sus aulas para la conferencia ‘Lo que Darwin no sabia’, al mismo tiempo que el diario “El País” publicaba el artículo ‘El creacionismo llega a España’ “tras diversas conversaciones a lo largo del día con responsables de la universidad”.

Ante la serie de conferencias titulada ‘Lo que Darwin no sabía’ que comienzan esta misma semana en Barcelona, Madrid y otras ciudades de España ha habido diversas reacciones adversas por parte del mundo científico y docente por haber dado cabida a este debate en las aulas de algunos centros universitarios.

En el artículo ‘El creacionismo llega a España’, que publicó el diario “El País”, el periodista Javier Rico decía que “tras diversas conversaciones a lo largo del día con responsables de la universidad” de la ciudad de Vigo, confirmaron que la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Telecomunicaciones rechazaba la autorización que en un principio había otorgado para celebrar la conferencia. Dicha escuela argumenta que se han dado cuenta de que los fines para los que fue pedida la utilización de su Aula Magna no se corresponden con los que ahora han conocido.


Logo del diario español “El País”

El segundo centro en ser consultado fue la Facultad de Biología de la Universidad de León, que a causa de las presiones mediáticas y de algunas instituciones emitió un comunicado a través de su decano José Carlos Pena Álvarez, en el cual afirmaba: “que me conoce sabe de mis convicciones evolucionistas pero también de mis ideas liberales, que me llevan a permitir y afrontar cualquier debate sobre cualquier materia y más sobre algo que es fundamental en la concepción de la biología”. Sin embargo, tras recibir otro comunicado de firme condena y oposición de la Sociedad Española de Biología Evolutiva (SESBE), firmado por su presidente Manuel Soler, el mismo decano aseguró que iba a realizar consultas con la Junta de Facultad: “Según se pronuncie reconsideraré, a pesar de todo, la oportunidad de que se celebre la conferencia”. Finalmente, hoy se ha confirmado que la Facultad de Biología de León tampoco permitirá que se celebren las conferencias en alguna de sus aulas.

El Servicio Evangélico de Documentación e Información (SEDIN) ha lamentado estos hechos y ha expresado a través de un comunicado que estos acontecimientos significan una clara censura y que las universidades siempre deberían ser un foro de libre discusión: “Con ello traicionan su vocación, manifestando su verdadera naturaleza de centros de adoctrinamiento secuestrados por un materialismo dogmático” –dice el comunicado. Se puede visualizar en formato PDF una copia de la revocación recibida por el Dr. Antonio Martínez.

También reproducimos la respuesta del Dr. Martínez al Decano. “Ayer 9 de enero de 2008, el Dr. Martínez recibió una llamada de un informador de “El País”, que le hizo diversas preguntas. El resultado fue un artículo a toda página donde se hace una tergiversación de la información dada por el Dr. Martínez.

El Dr. Martínez afirmó que las conferencias tratarían exclusivamente de los problemas que afronta el Darwinismo/Neodarwinismo ante el surgimiento de todos los datos durante los últimos 50 años de los mecanismos celulares de reproducción y procesos vitales en general; y que la Asociación de Médicos y Cirujanos por la Integridad Científica (PSSI) era una asociación no religiosa. Estas cosas son ciertas. En el PSSI participan médicos y cirujanos creyentes y no creyentes. La única declaración fundamental del PSSI es que los mecanismos propuestos por el neodarwinismo no explican la complejidad de la vida tal como se ha llegado a conocer durante el último medio siglo y según se está avanzando en las investigaciones actuales.

PSSI

Logo de la Asociación de Médicos y
Cirujanos por la Integridad Científica (PSSI).

El diario “El País” (10 de enero de 2008, página 42) afirma que el Dr. Martínez negó ser creacionista. Esto es radicalmente falso. El Dr. Martínez se había referido a Michael Behe (el autor de La Caja Negra de Darwin), que cuando la esposa de Carl Sagan le preguntó si era creacionista, Behe respondió: «No, yo soy bioquímico, y sigo las cosas como son». De hecho, Michael Behe, aunque mantiene la tesis del Diseño Inteligente, se mantiene distanciado del Creacionismo entendido como tal. Más aun, él mantiene la Descendencia Común de la vida, aunque insiste en que sin un diseño inteligente no se explican las estructuras celulares de la vida” –dice el Coordinador delegado de las conferencias, Santiago Escuain.

“Además –sigue Escuain- El Dr. Martínez no habló de él mismo, pero preguntado por el informador si había en España asociaciones semejantes al PSSI (que el Dr. Martínez comprendió en el sentido de crítica al darwinismo), el Dr. Martínez dio la dirección de www.sedin.org (que es un portal confesional en Internet fundado en 1997). Dio esta dirección porque en medio de materiales abiertamente cristianos, hay también un enlace directo a la Coordinadora Creacionista. Evidentemente, el Dr. Martínez no tenía intención de negar su calidad de creacionista ni de cristiano. Esta no era la pregunta que le había sido planteada. Sí que hizo énfasis, y con razón, en que las conferencias no son de cariz confesional, sino puramente de contenido científico. El tema de las mismas es las evidencias que plantean un reto irresoluble para el darwinismo”

LOS ORGANIZADORES DE LAS CONFERENCIAS

Hay dos asociaciones que organizan estas conferencias. Por una parte está el portal del Servicio Evangélico de Documentación e Información (SEDIN) que mantiene una postura favorable a la teoría del Diseño Inteligente y, por otra parte, la Asociación de Médicos y Cirujanos por la Integridad Científica (PSSI) que es una organización de carácter científico que incluye tanto creyentes como no creyentes que han llegado a la convicción objetiva de que los mecanismos darvinistas o neodarwinistas son incapaces de explicar el origen de los complejos sistemas de la maquinaria de los seres vivos.

ARTÍCULO PUBLICADO EN EL DIARIO “EL PAÍS”:

El creacionismo llega a España

SITIOS WEBS CREACIONISTAS:

Centro Creacionista Latinoaméricano (CANOPY)

Respuestas en Génesis

Investigaciones Creacionistas

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Nuevo Diccionario Bíblico Ilustrado, Vila y Escuain

Contiene más de 4.000 artículos de carácter enciclopédico. Contiene abundantísimos grabados y mapas colocados dentro del texto correspondiente.

Además contiene muchas fotografías a todo color y en blanco y negro. El profundo motivo de la recopilación y redacción de los artículos fue ser de ayuda a los cristianos y a los interesados en general a conseguir un conocimiento del trasfondo de los tiempos de la Biblia, de sus lugares, hechos, conceptos, personas, animales y cosas, a la vez que documentando la plena fiabilidad de la historia bíblica de una manera tan amplia y profunda como fuese posible en una obra de esta naturaleza y tamaño.

Es, que sepamos, el único Diccionario Bíblico general que expone de cara al público general la cuestión de la polémica entablada entre la Cronología Revisada y la Cronología Establecida de las tierras del Mediterráneo Oriental.

También trata de cuestiones largamente discutidas, desde la época del polemista pagano Porfirio hasta las modernas especulaciones naturalistas que tratan de negar la paternidad mosaica del Pentateuco y la fecha tradicional de redacción de Daniel, entre otros temas. Se da una sinopsis de cada libro de la Biblia y una valoración crítica de la evidencia por lo que atañe a su paternidad literaria y fecha. Su tratamiento de Qumrán, Ebla, Nuzu, Ugarit y otras localidades arqueológicas tiene una buena extensión para un trabajo de este tamaño, y dan las reflexiones de este autor basadas en extensas lecturas a lo largo de muchos años, incluyendo la más reciente literatura hasta el año de su publicación.

Explora las principales doctrinas, como la Unidad de la Deidad y su revelación en un Ser Uno y Trino, la persona deJesús de Nazaret, el Mesías o Cristo. La persona del Espíritu. La Iglesia, su naturaleza, llamamiento, misión y esperanza.

Israel, lla tierra y el pueblo, su historia, su presente y su futuro profético. Los Imperios de los Gentiles. Biografías, como las de Abraham, Pablo, etc. Y mucho más. En todo esto, el objetivo fue dar al lector una ayuda muy compacta y a la vez extensa y amplia en temas bíblicos en lengua castellana, y ayudar al lector a penetrar en los medios bíblicos desde los más antiguos tiempos hasta el medio ambiente apostólico, e introducirlo en las esperanzas de la Iglesia de Dios y en el futuro de Israel y de las Naciones en el venidero Reino de Dios. Santiago Escuain

Un diccionario comprometido con la inerrancia divina de la Biblia. Según sus autores, este es el único Diccionario Bíblico general que expone de cara al público general la cuestión de la polémica entablada entre la Cronología Revisada y la Cronología Establecida de las tierras del Mediterráneo Oriental.

Páginas: 1264

http://store.mercadocristiano.com/nuevdicbdbli.html

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Acerca de «El Darwinismo»

Muchos posiblemente se preguntarán: si el darwinismo no trata sobre la relación del hombre con Dios ¿por qué lo estudiaremos como religión pagana?, - sencillo, porque si es una religión pagana, solo que el puesto de Dios se lo dan al ser humano, en este caso ellos son sus propios dioses; es por eso que en la definición del término “religión”, dado en el tema sobre el Romanismo, solo se dijo que era: « toda actividad humana que trata de la relación del hombre con Dios » no que consista o logre la relación del hombre con Dios; eso se explicará mejor a través del tema; los darwinistas son renuentes a confesarlo pero si poseen y enseñan una posición respecto a Dios; a diferencia de una actividad deportiva, entre sus fines si está fijar y enseñar una posición respecto a Dios.

Si al autor del escrito le preguntasen ¿cuál es la marca que distingue a los darwinista de las otras creencias y personas?, - contestaría: el razonamiento circular; por ejemplo: nuestra inteligencia es producto del “azar” evolutivo y del “azar” electroquímico cerebral (1), pero debemos creer que la evolución de bacteria a hombre es verdad, y que esa conclusión no es azarosa sino absoluta…a eso se le dice: “dárselas de Dios”, porque si nuestro razonamiento no puede ser influenciado por nada entonces somos absolutos y no necesitaríamos de Dios.

Muy lamentablemente el ambiente donde más se difunde el darwinismo es el académico; se le atribuye el calificativo de “teoría científica”; pero en este estudio veremos que tal cosa dista mucho de ser verdadera ciencia, es mas bien, una filosofía errada, a un grado tal que contradice la evidencia, es decir, están engañados y mienten.

Nuestros conceptos.

Debido a que lo más probable es que le toque a algún creyente presentar defensa o explicarle a más de un académico, es necesario repasar nuestros conceptos y agregar otros términos, es necesario aclararlo porque en las universidades hay tantos como autores; los conceptos han sido resumidos o sintetizados por el autor, tomando como referencia el diccionario « El Pequeño Larousse 1997 » (Editorial Larousse, México) y por supuesto el Diccionario de la Real Academia Española que se menciona en la presentación, y así hacerlos más fácilmente comprensibles al lector.

a) «Verdad »: decir verdad es decir lo que es de lo que está, lo que se corresponde con la evidencia. Este concepto es aristotélico. No se ha publicado ningún experimento que origine un ser que se alimente y reproduzca como un ser vivo, así que el origen inorgánico de la vida, sin intervención divina, no es cierto.

b) « Hecho demostrado »: es aquel fenómeno que es verdad por repetida constatación, es decir, podemos apreciarlo por nuestros sentidos o a través de aparatos las veces que sean necesarias, por ejemplo: cuantas veces se deje caer un objeto la Tierra lo atraerá, el nacimiento de los seres vivos, otros. La inteligencia humana no tiene explicación natural, ni son reglas heredadas porque cambiamos nuestra conducta a voluntad, ni es azar porque tenemos control de nuestros pensamiento, aun así percibimos los sabores, olores, etc., por lo tanto, el espíritu humano existe, y las cosas a nuestro alrededor manan de Dios que es espíritu también. Dios lo creó todo.

c) « Hecho comprobado »: es aquel que está basado en un hecho demostrado, y es verdad por lógica, o dicho de otra manera, por el uso correcto de la información, por ejemplo: todos los seres humanos que conocemos nacieron alguna vez, aunque no hayamos estado allí. Si Cristo es el único hombre que es adorado como Dios, debe ser Dios, porque así Él lo permite (Juan 1: 1).

d) « Hipótesis »: es una pregunta que puede ser puesta a prueba, por ejemplo: no sé si esta pieza sea de este computador, se la instalaré para ver si le sirve; luego de eso diré si es verdad que le pertenece o no (2). ¿será verdad lo que la Biblia dice: que todos los seres humanos son pecadores? (Romanos 3: 23), - trate de conseguir a alguien que jamás haya mentido.

e) « Filosofía »: estudio de la relación de las causas y los efectos. Cada ser humano en base a lo que sabe e influenciado por lo que ignora tiende a relacionar los elementos de la realidad o evidencia de diferente manera, por ejemplo: unos piensan que Dios no existe porque existe el dolor; otros que sin Dios no se puede vencer el sufrimiento (nosotros). Si Dios está mi alrededor, no puede evadirse de mi dolor, y si le gustase hacer sufrir ya estaríamos en el infierno (Proverbios 20: 27).

f) « Teoría »: el concepto más sencillo sería « es una explicación de un hecho considerada posible », las teorías modernas tienden a ser muy complejas.

Aclaratoria: cuando una pregunta no puede ser puesta a prueba o comprobada por razones o causas temporales, tecnológicas, económicas, sociales, etc., esta pasa a teoría, más modernamente pasa a ser parte de una teoría, es decir, de un conjunto de principios y leyes que tratan de explicarlo. Debido a que el conocimiento humano siempre es finito, la aceptación de una teoría depende del marco filosófico y cognoscitivo (conocimiento) de quien la considere, para unos la teoría “A” será aceptable, para otros no lo será, por eso, los debates son comunes en al ámbito académico, por ejemplo: si dentro de la familia Pérez hay muchas mujeres llamadas “Débora”, posiblemente un antepasado muy apreciado de esa familia, se llamaba así. Una buena manera de hacer una teoría más aceptable (buena teoría), es basarla al máximo en hechos ya demostrados o comprobados, suprimiendo todo lo posible el formular hipótesis y recargarla con muchos argumentos, los hechos no son falibles pero los hombres si; otra forma de evaluar una teoría es por la cantidad y calidad de sus predicciones, la más acertada también hará más y mejores predicciones del futuro, por ejemplo: si suprimimos nuestro conocimiento personal sobre nuestra relación con Dios, gran parte del conocimiento objetivo y consideramos a la Biblia como una teoría, Isaías 13: 19 y 20 dice que Babilonia nunca más será habitada, y sus ruinas están en el medio oriente y nadie las ha podido reconstruir y habitar con éxito; Hechos 12: 20- 35 dice que Herodes murió comido de gusanos al querer suplantar a Dios, ¿conoce usted otro hombre adorado como hombre y Dios (Dios universal) de la historia que no sea Jesús de Nazaret ?. Otros podrían mencionar la “trinidad hindú”, pero si indaga un poco en la Internet se dará cuenta que “Shiva” decapitó una de las cabezas de “Brahma” por incestuoso, mejor dicho, esa trinidad es auto-agresiva y manifiesta desacuerdos morales; eso no se corresponde con la estabilidad de las leyes naturales, y que Dios todo lo controla.

g) « Ciencia »: quiere decir « conocimiento », pero no cualquier conocimiento, este debe ser igual para todos (objetivo), y orgánico (formar un sistema, armonizar, ser organizado). « yo sé que mi redentor vive ». Job 19: 25 (nótese que no dice “yo creo” o “yo pienso”).

Aclaratoria: existen conocimientos que no son científicos, llamados subjetivos, los cuales no son forzosamente falsos, pero no son iguales para todos, la experiencia personal es así, subjetiva, un buen conjunto de conocimientos subjetivos son aquellos que no contradicen lo objetivo, sino que lo complementan, una relación personal con Dios debe ayudar a enmarcar bien a la persona en su sociedad, y no a desorientarlo, Dios es el Dios de la creación y de las personas. En este caso lo científico se enfoca más hacia lo externo, lo religioso más hacia lo interno y personal. El arte es otro tipo de conocimiento no científico; una obra puede ser considerada muy bonita por muchos y no saberse el porque, tiene que ver con algo que no podemos medir, los sentimientos; es en parte por ello, que la ciencia no sirve como norma única de vida, no abarca todo lo que existe, solo lo que podemos medir y es igual para todos, pero además es hecha por hombres falibles, los datos son los mismos, pero las conclusiones dependen de las personas…he aquí un dogma darwinista, la ciencia como el origen de toda verdad, es un dogma porque no se puede comprobar tal cosa, algunos medios de comunicación abusan de ese mensaje “los científicos dicen esto o lo otro”, la verdad es que a veces dicen hoy una cosa y otra mañana; los sociólogos de la derecha política dicen una cosa, y los de la izquierda lo contrario; el neodarwinismo dice que la especies cambian gradualmente, y otros como S. J. Gould postularon que de manera brusca (3) …

h) « Dogma »: idea o enseñanza que se acepta y sostiene de por sí, sin más razones o causas; por ejemplo: los romanistas sostienen que el vino de la eucaristía se convierte en sangre, aunque tal cosa sea falsa.

Origen del Darwinismo.

Su origen específico lo podemos situar a mediados del siglo XIX, tomando como hito la primera publicación del libro “El Origen de las Especies” de Charles Darwin, (1859) , un naturalista ingles de la época, aunque las ideas como tal ya se venían debatiendo desde antes, tanto que se les puede seguir el rastro histórico hasta los antiguos filósofos griegos como Anaximandro, Leucipo, Platón, Aristóteles y otros tantos (4). Darwin postuló un origen totalmente diferente para la vida y su diversidad, ya no haría falta un creador inteligente como Dios para justificar nuestra existencia, solo se necesitaba de “suficiente tiempo, azar y selección natural”, es decir, una cosmovisión totalmente atea (1). Actualmente esta cosmovisión ha sido extendida a todos los campos de la ciencia, se habla en la Internet y medios académicos de evolución cósmica.

Entremos ahora a estudiar algunas de las enseñanzas darwinistas más difundidas:

Algunas de sus enseñanzas

  1. Afirman que la realidad cambia por “ azar ”

Evidencia que contradicen: es cierto que las cosas presentan diferencias, pero también orden y por ello similitudes, así que se trata de un cambio controlado. Un argumento que se puede agregar es que el ente de donde provienen todas las cosas, tiene que ser autocontrolado, cambiarse a sí mismo, porque nada más lo puede controlar porque precisamente de Él depende todo, a ese ser le decimos Dios; por lo tanto, es imposible que cambie por “azar”. Es imposible que en una realidad azarosa, solo un hombre sea Dios, Jesús de Nazaret.

La Biblia dice: « El fuego y el granizo, la nieve y el vapor, El viento de tempestad que ejecuta su palabra » Salmos 148: 8.

Sobre la selección natural solo diremos que si la realidad la controla Dios, es imposible que exista la selección propiamente natural (naturalista se quiere decir); es mas, si la realidad cambiara por “azar” ¿existiría la selección natural?…¿realmente debería sobrevivir siempre el más apto o el mejor?…esta es una de las incongruencias filosóficas del darwinismo. La misma consideración cabe en relación a la supuesta cadena evolutiva de bacteria a ser humano; si la realidad cambia por “azar” ¿por qué deberían los organismos volverse más complejos en el curso de “millones de años”? – simplemente es un dogma, una idea aceptada como tal sin más razón; y una mentira porque contradice la realidad.

2) Dicen que con suficiente tiempo cualquier evento muy improbable puede ocurrir

Evidencia que contradicen: 1) si el universo tuvo un principio, tal como ellos lo reconocen, ese llamado “tiempo suficiente” no estaría garantizado, porque indicaría que las leyes naturales no siempre actuaron de igual forma, se trata entonces de otro dogma (5). Solo Dios puede darnos la edad del universo. 2) si ellos dicen que la Tierra tiene más de 4000 millones de años, también quiere decir que nadie a podido verificar (experimentar) que los elementos del paisaje cambien de manera tal que esa edad pueda ser medida, así que tales mediciones están basadas en presuposiciones (6) (7).

La Biblia dice: « Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, Jehová bendijo el día de reposo* y lo santificó » Éxodo 20: 11. La Biblia pone toda la creación en función del ser humano, del ser inteligente hecho para disfrutarla, por lo mismo, y según la Biblia el mundo no tendría más años que los que tenemos nosotros aquí, más o menos 6000 años; y debe ser así porque de otra forma no se podría fechar el universo(6)(7).