Las tentaciones al Señor Jesús


Las tentaciones al Señor Jesús

(Mar. 1:12, 13: Mat .4:1-11, Luc. 4:1.13).

Tentaciones mesiánicas

« ¿Qué intención tienen los evangelistas al describir estas “tentaciones”? Algunos, en la antigüedad, pensaron en una victoria ejemplar y eficiente de Cristo sobre las tentaciones y pecados genéricos de los hombres: gula, vanagloria, soberbia, que cita San Juan (1 Jn 2:16). Así se podía Cristo compadecer de nosotros y animarnos en la lucha: “Confiad, yo he vencido al mundo” (Jn 16:33). Para otros significan la absoluta impecabilidad de Cristo: “¿Quién de vosotros me argüirá de pecado?” (Jn 8:46). Otros querían ver que en el desierto donde Israel fue tentado y pecó, Cristo supera aquella conducta. Y hasta se pensó que, contra el pecado del paraíso, él era el nuevo Adán.

La interpretación general, sin embargo, es que tienen un valor mesiánico. Cristo es tentado en cuanto Mesías, pues el diablo le dice: “Si eres Hijo de Dios,” palabras que se refieren directamente al Mesías, aunque en esta redacción literaria, van a tener el sentido del Mesías-Dios.

Se producen, además, en el desierto, símbolo y escenario de la edad mesiánica. “Ya en tiempos de los profetas existía la tradición según la cual el tiempo de la restauración de Israel, los tiempos mesiánicos, se verán precedidos de un período más o menos largo en el que se repitan las experiencias del pueblo de Dios en su peregrinación por el desierto antes de entrar en la tierra prometida. Pero, sobre todo, esta corriente de ideas penetraba íntimamente la conciencia del judaísmo contemporáneo de Jesús. Estaban convencidos de que el Mesías había de venir del desierto y que inauguraría la era mesiánica repitiendo la fenomenología del desierto”

Una confirmación de este ambiente se ve en un doble hecho:

a) Los relatos de Flavio Josefo presentando a diversos impostores pseudomesías que llevaban las gentes “al desierto,” prometiéndoles signos prodigiosos y desde allí conquistar prodigiosa y mesiánicamente Jerusalén, y de lo que se hace eco el mismo Ν.Τ. (Hch. 21:38). “Todos estos testimonios, de los que se hace eco el Ν.Τ., arguyen en el judaísmo contemporáneo de Jesús una corriente ideológica según la cual los tiempos mesiánicos, mejor dicho, escatológicos, estaban próximos y habrían de inaugurarse los ideales tiempos del desierto

b) Los recientes descubrimientos de Qumrán hablan también de esta expectación mesiánica que ha de realizarse en el desierto. Dice así la Regla de la Comunidad: “Cuando estas cosas sucedan en la comunidad de Israel, que se alejen de la ciudad, de los hombres de iniquidad, para ir al desierto, a fin de preparar allí el camino de El (Dios), según está escrito: En el desierto, preparad el camino de Yahvé.”

“Es bien probable que los hombres de Qumrán. También se fueron al desierto con el fin de repetir las experiencias de los cuarenta años, los mismos que peregrinó el pueblo antes de entrar en la tierra prometida.”

En este marco ideal del desierto es donde se comprende bien todo el sentido profundo del mesianismo que en esta escena se contiene. Todos los elementos concurren a ello: la cifra de cuarenta días, las citas del Deuteronomio, el “maná,” la condena de la idolatría recordando la escena del “becerro de oro,” son sucesos todos del pueblo de Israel en el desierto. Todo ello hace ver que el sentido de estas tentaciones fue mesiánico

Se comprende bien que Cristo, después del bautismo y antes de su vida pública de Mesías, se hubiese retirado algún tiempo a la oración, como hacía en otras ocasiones, máxime en momentos trascendentales, y que fuese este lugar una región desértica. Pero choca ya 25 toda esta escenificación calculada, y luego — como en el diálogo satánico del Génesis — que el demonio, al estilo de Job ante Dios, se ponga, sin la menor extrañeza, en diálogo con Cristo. Y si Cristo va realmente al desierto para ser tentado por el diablo, es extraño que ni allí, en el desierto, está Jerusalén ni ninguna montaña altísima. Aparte que las tentaciones son presentadas como un pugilato — entre Cristo y Satán — de textos bíblicos. “La lucha se desarrolla en la forma de una discusión entre peritos en las Escrituras” (J. Schmid). A esto se añade la gran discrepancia de este relato de la tentación de Mateo-Lucas con el relato de Marcos, y la misma divergencia entre Mateo y Lucas. En todo ello se ve un “maravillosismo” de afinidad con los relatos y géneros literarios conocidos y afines con esta exposición: no se ve el porqué de todos estos elementos. Sobre todo esta lucha demoníaca entre Cristo y Satán

¿No puede tener este relato una solución no histórica? La palabra “tentación” (πειρασμός) que se usa puede significar no “tentación” que solicite a Cristo al pecado — ¡increíble! — pero aun extraña que el diablo someta a Cristo al otro sentido de esta palabra: “prueba.” En cambio, son demasiado conocidos los procedimientos literarios judíos, especialmente apocalípticos y targúmicos — véase lo que se dijo a este propósito sobre el bautismo histórico de Cristo —, en orden a justificar, mediante dramatizaciones didácticas, algunos temas o preguntas que inquietaban aquel medio ambiente. Y esta escena parece ser respuesta del Kerygma de la comunidad cristiana primitiva a un problema inquietante entonces, tanto en la Iglesia como en las polémicas contra el fariseísmo rabínico. Si Cristo es el Mesías, ¿por qué no responde su actuación al concepto de Mesías brillante, triunfador, político y nacionalista, que estaba creído y esperado en el medio ambiente judío?

Los judíos contemporáneos de Cristo esperaban un Mesías así (Mateo 12:22.23; Jn 4:29). En este plan se presentaron una serie de pseudomesías, como se ve por los evangelios (Marcos 10:35ss; Lucas 24:21; Jn 6:15), Josefo y los apócrifos

Por eso, ya desde antes se proponía si no sería esto una dramatización de las “luchas” concretas, que no eran otra cosa que la gran “lucha” que tuvo Cristo en su vida contra Satán (cf. Jn 13:2ss). No sería ello, en el fondo, otra cosa que querer orientar la solución por un camino, no al margen de las “tentaciones” históricas de Cristo, tal como están relatadas en los evangelios: las luchas que tuvo de obstáculos en su vida de Mesías, que tenían en gran parte un jefe invisible en aquella concepción — y realidad — que era Satán.

Además, si no hubiesen sido históricas en su “núcleo,” no como están relatadas, la comunidad cristiana primitiva no parece que las hubiese inventado, lo que no es creíble, por la humillación, incluso victoriosa de Cristo, máxime en la hora del pleno conocimiento de su divinidad. Por eso, parece que ella hubiese querido exponer — hubiese tenido necesidad de justificar — en una dramatización oriental, tan del gusto y estilo ambiental, la solución de un problema gravemente inquietante. Sería un caso, en terminología cuasi técnica, de una Deute-Erzahlung (narración) o una Deute-Darstellung (exposición), es decir: una “narración” o una “exposición interpretativa.”

Esta sería la respuesta de la comunidad cristiana primitiva al problema inquietante del mesianismo desconcertante de Cristo.

Primero, ¿por qué el Mesías va al desierto a “ayunar” y a ser “tentado por el diablo,” y para ello, además, es “movido” o “llevado” por el Espíritu Santo? Es ya un misterio, pero que Dios traza. Son los planes de Dios.

Y en estas “tentaciones” A prueba,” en la primera — ¿y por qué el Mesías tiene “hambre”? — no se resuelve por el expediente fácil del milagro, sino por el abandono a la Providencia de Dios. Si se hubiese hecho conforme a la proposición diabólica, el Mesías no seguiría el mesianismo profético, espiritual y de dolor (Isaías), que Dios trazó.

La segunda “tentación,” la espectacular, de bajar en la hora esplendente del Templo en manos de ángeles — ¿la gente vería los ángeles? —, era provocar el mesianismo por aclamación de triunfalismo espectacular. Lo que no era el Mesías profético, que triunfaría, finalmente en la cruz.

La tercera “tentación” era exponer que Cristo no recibe el poder de Satanás — como los fariseos decían de los milagros de Cristo —, sino de Dios. No era por recursos políticos — piénsese en tantos tronos de entonces logrados por sangre, en el fondo, por Satán —. Es verdad que en el salmo 2:6.8 se prometen al Mesías los reinos de la tierra. Pero éstos no le vienen por donación de Satán, que no tiene, sino de Yahvé. Lo llamaron en vida “endemoniado” y que realizaba prodigios en virtud del diablo. Es aquí la proclamación de los poderes mesiánicos, y del mesianismo universal, que Dios le dio.

“El ansia judía de poder autónomo, aunque teocrático, pero político, encuentra aquí su respuesta. Cristo-Mesías rechaza ese poder político. ¿Acaso se quiere insinuar por rechazo, que esos otros falsos mesianismos y aspiraciones judías son satánicos? Cristo es el gran vencedor de Satán y su obra: no se inclina ante él para recibir el mesianismo: ni en lo religioso ni en lo político.

Es la gran confesión que se hace del mesianismo isaiano del “Siervo de Yahvé.” Es el mesianismo profético, el auténtico. Es el mesianismo espiritual y de sufrimiento. Es el mesianismo de la Verdad, que trae Cristo, el Hijo de Dios, como mensaje del Padre: éste es el mesianismo salvador.

Y con este cuadro también se adelanta y confirma la temática fundamental evangélica: la victoria de Cristo contra Satán, el gran enemigo del Reino.

Por eso, la escena del histórico bautismo de Cristo, expuesta por la catequesis primitiva como una Deute-Vision (visión interpretativa), y esta otra de la “tentación” de Cristo, expuesta como una Deute-Erzáhlung (narración interpretativa) o como una Deute-Darstellung (exposición interpretativa) son como dos condiciones “sine qua non” que había que deshacer ante las objeciones ambientales judías, previas a la exposición de la obra mesiánica de Cristo a narrarse, y totalmente opuesta al mesianismo judío material, político, nacionalista, triunfalista.

Y, por lo mismo, ambas escenas son un excelente “prólogo” al resto de la exposición de la obra mesiánica de Cristo.» (1)

«Inmediatamente después de su bautismo Jesús pasó por un periodo de prueba conocida usualmente por Las Tentaciones. Estas experiencias son en extremo importantes. El era el Mesías venido a reivindicar un reino que Satán también quería para si. Según una tradición, la escena de esta lucha tuvo lugar en el monte Quarantania de Judea al oeste de Jericó y a unos mil quinientos metros del valle del Jordán. La región era desierta y apta para su gran lucha. El periodo de pruebas duró cuarenta días. Se suele pensar que las tentaciones de Jesús fueron tres, sin embargo, si Ieemos bien el relato de los Evangelios veremos que fueron más de tres.

Lucas dice:“por cuarenta días y era tentado por el diablo” y más adelante añade: “Y cuando el diablo hubo acabado toda tentación, se apartó de él por un tiempo” (4:2, 13).

El relato de Mateo dice “Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo” (4:1).

Esta prueba tenía un propósito. Era una lucha consciente de dos líderes que deseaban al hombre. El diablo habla vencido a Adán y Eva y estaba sumamente preocupado por vencer al nuevo Adán. La esperanza de la raza humana estaba en la encrucijada. Satán sabía quién era Jesús y le aceptaba como el Hijo de Dios, pero a pesar de esto aún se atrevió a tentarle.”» (2)

«En su bautismo los cielos abiertos, la paloma que descendía y la voz divina son todos testigos de las perfecciones de los treinta años. Es decir, hablan de la victoria absoluta que Jesús había ganado sobre todos los embates del enemigo. El Maestro había enfrentado y triunfado sobre todas las tentaciones propias de la vida privada. Ahora Jesús entraba en los tres años de ministerio público, y le hacía frente al adversario de la raza, ahora el mal aparecía ante él con toda su tremenda fuerza y desnudo horror. Con toda probabilidad nunca antes hubo semejante ataque, y jamás volvió a ocurrir. Después de esta experiencia, su actitud hacia el derrotado Satanás y todos sus emisarios es la del Vencedor. De hecho, no se le vuelve a ver en el lugar de tentación del mismo modo específico. Obviamente, Satanás sí lo intento en otras oportunidades, por ejemplo por medio de Pedro, y luego en el jardín de Getsemaní, pero la victoria obtenida en el desierto es evidentemente la fuente de fortaleza en experiencias subsiguientes.

El ataque del enemigo va dirigido contra él en vista de su obra venidera. Su sutileza se manifiesta en estar dirigido contra tres aspectos de servicio triunfante. Para servir a Dios tiene que haber una fuerte humanidad en la concepción y realización de los ideales divinos. Contra esto se lanzó el primer ataque. También tiene que haber mucha de esa confianza implícita en Dios que se expresa en contentamiento con la disposición divina, con la negación de tentar a Dios mediante falsas demostraciones heroicas. La segunda tentación fue astutamente asestada con el fin de destruir esta confianza. Y, otra vez más, el Hijo debe aceptar los métodos de Dios cualquiera sea el costo para él mismo. La tentación final consistía en una insinuación de que un fin divino debía alcanzarse por un método que no fuese el divino.

En este estudio preliminar el tema principal es el trasfondo de la tentación en su relación con toda la misión de Cristo. » (3)

«Existen cuatro puntos a considerar: (4)

a. El tiempo de la tentación,

b. Su lugar

c. Su agente

d. Su importancia.

Este estudio se concentra en los relatos de Mateo, Marcos y Lucas. Juan no contiene una crónica de la tentación ya que se centra esencialmente en la Deidad de Jesús, y Dios no puede ser tentado.

a. El tiempo de la tentación

Al tratar el tiempo de la tentación, hay tres palabras significativas.

  • Mateo comienza la narración con la palabra “entonces” (Mat. 4.1).
  • Marcos emplea con referencia a esto una palabra característica del Evangelio,  “luego” (Mr 1.12).
  • Lucas empieza con la palabra “y” (Luc. 4.1, RV 1909).

Estas palabras “entonces”, “luego” e “y” muestran la conexión de la tentación con lo que le había precedido, y así marcan con gran claridad su tiempo.

“Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu”

¿Cuando? Inmediatamente después del bautismo, con su divino testimonio de satisfacción.

“Y luego el Espíritu le impulsó” (Mr 1.12).

Aquí el mayor énfasis se da sobre el hecho de que la tentación siguió inmediatamente al bautismo.

“(Y) Jesús… fue llevado por el Espíritu al desierto por cuarenta días” (Luc 4.1).

“Y” marca continuidad. De este modo el primer acto de la nueva fase de servicio era el de la probación del Siervo, y su perfecta victoria sobre el adversario. Dios había sellado como aprobada la primera fase de la obra. El Espíritu de la unción había indicado su preparación para el futuro. Su precursor, Juan el Bautista, había reconocido en él al Rey, de cuya venida había hablado a las multitudes que se reunieron en las riberas del río. Todas las circunstancias del bautismo debieron haber llenado de satisfacción el corazón de Cristo. Ahora, consciente de la fortaleza obtenida por la victoria, pasa a la tenebrosidad y soledad del desierto para ser probada, y mediante la prueba demostrar su fortaleza.

b. El lugar de los hechos

En cuanto al lugar de la tentación, observe nuevamente la triple descripción.

  • Mateo dice: “fue llevado… al desierto” (Mat. 4.1);
  • Marcos, “le impulsó al desierto” (Mar 1.12);
  • Lucas dice: “fue llevado… al desierto” (Luc 4.1).

El pensamiento común es que Jesús experimentó la tentación en el desierto. El significado de este pensamiento con relación a la misión de Cristo merece una atención especial. Jesús ahora se presenta como el segundo Hombre, el postrer Adán. Observe con especial atención esta declaración escritural. Con frecuencia se habla de Cristo como el segundo Adán, pero la Escritura no usa dicha expresión. Habla del «postrer Adán» (1 Cor 15.45). El primer Adán era cabeza de una raza. El postrer Adán es la Cabeza de una raza, por cuanto no habrá ningún cambio nuevo, tampoco otra posición como cabeza federal, ni ninguna otra raza. El postrer Adán, entonces, se fue al desierto a un combate singular y solitario con el enemigo. Allí, ningún otro adversario excepto el capitán de las huestes del mal se opone a él. Tampoco ningún amigo excepto Dios, cuya mano lo alienta y quien es el dueño de todos sus caminos, está con él. El desierto es el lugar de enfrentamiento directo con el mal, todo lo demás se encuentra a un lado.

Es interesante ver el contraste entre las circunstancias a las que se enfrenta el segundo Hombre, el postrer Adán, en la tentación, y aquellas que el primer hombre, el primer Adán, hizo frente. Jesús se hallaba en circunstancias menos favorables que las que experimentó Adán. En cada caso hubo un hombre perfecto: en Edén un hombre hecho por Dios; en el desierto un Hombre engendrado de Dios. El primero, sin embargo, estaba en Edén, rodeado de condiciones de hermosura y abundancia, un lugar donde no faltaba nada, y donde se satisfacía divinamente toda la naturaleza del hombre. El segundo estaba en el desierto, en un medio árido, de pobreza, y hambre del pan perecedero.

Además, observe un toque gráfico de Marcos: “estaba con las fieras” (Mar 1.13).

Hay quienes creen que esta declaración revela el horror de la situación, y que las fieras hacían aún más terrible dicha experiencia. Pero la palabra “con” sugiere, no que estaban en sus inmediaciones o él en las de ellas meramente, sino que había compañerismo entre ellos. El hecho es que aun estas bestias reconocieron al Hombre de Dios, y perdieron su ferocidad. Así en el mismo lugar de conflicto hay una indicación del día en que el cordero se acostará con el león, y cuando se cumplan todas las maravillosas profecías que anuncian la comunión del hombre con las formas inferiores de la creación y su dominio sobre ellas. Este hecho hizo florecer aun la soledad con gloria milenaria.

“Él te condujo por el desierto, y en esa tierra seca y sin agua ha hecho brotar para ti un manantial de agua de la roca dura” (Deut 8,15).

«El desierto te expone, en desnudez total, ante el misterio de Dios que envuelve. Nada ni nadie podrá interferir tu encuentro, “lo verás cara a cara, y llevarás su nombre en tu frente” (Ap 22:4). Sé consciente de que el lenguaje del Amor te es revelado como don del Espíritu que te capacita para entenderlo y vivirlo.

El desierto es el lugar del despojo del propio yo. La inmensa aridez que te rodeará, hará desaparecer de ti todas aquellas cosas que no son imprescindibles en tu vida. Desnudará tu alma, y te despojará de todo, incluso de lo que consideras como más amado.

Te acercará al encuentro con Dios, porque la vaciedad en la que vivirás, te hará plenamente disponible para Él, postrado ante el misterio insondable de su voluntad.

El desierto es indispensable para todo aquel que busca a Dios, fijos los ojos en Jesús, alentado por la nostalgia que el Espíritu hizo nace en ti gracias al don del agua que te dio vida.

El desierto te libera, te deja desnudo delante de Él, te ayuda a comprender las cosas desde dentro, desde otra perspectiva que todo tiene en Dios.

En el desierto la oración se simplifica mucho: descubres que orar es ser simplemente tú, ante Él. Porque nada ni nadie te condiciona, te limitarás a estar, en la transparencia de tu realidad ante Dios, al que buscas porque lo añoras, con un amor cada vez más fuerte. Y aprendes a vivir con un amor confiado, abandonado, en medio del desierto, y sumergido en el mar del Amor… consumido por su agua.

El Pueblo de Israel caminó por el desierto durante cuarenta años. Moisés vivió en él antes de acoger la misión que Dios le quería confiar.

Jesús fue al desierto para enfrentarse a los cuarenta días de tentación y de prueba, en los que se preparó para la predicación del Reino, después de haber vivido en la plena voluntad del Padre que lo había enviado al mundo, para ser Palabra visible y cercana del Amor Salvador de Dios.» (5)

El Dr. Ed Murphy, en su libro Manual de Guerra Espiritual comenta que:

«Adán fue tentado en el huerto de Dios, donde tenía satisfechas todas sus necesidades. Contaba con alimentos, cobijo, el compañerismo de su esposa y la presencia divina. Todos los animales eran sus amigos. Aquí, en cambio, vemos a Jesús en un contexto hostil. Está solo, sin comida y probablemente sin el abrigo adecuado. Su única compañía son los animales salvajes que no viven en paz con la humanidad.

En el tiempo de Jesús también se consideraba el desierto como la morada de los demonios (Mateo 12.43). John Broadus comentando sobre Mateo 12.43 dice: “El que los espíritus malos frecuentaban especialmente los lugares desiertos o solitarios era una idea corriente entre los judíos. Véanse Tobías 8.3, Baruch 4.35… Esta imagen… se ve respaldada por el presente pasaje y por Apocalipsis 18.2”

Ya que Jesús debe penetrar en la morada misma del ámbito sobrenatural perverso, es apropiado que ésta sea simbolizada por el desierto. Allí reina Satanás. Todo el entorno es favorable al miedo y al peligro procedente del mundo espiritual. Esto resulta especialmente cierto cuando a uno le falta la comida y el abrigo durante un período prolongado de tiempo. En tales circunstancias el ser humano está aún más desvalido. Se encuentra exhausto; su mente no trabaja bien y sus emociones se hallan fuera de control; su voluntad y resolución están bajo mínimos; y es sumamente sensible a cualquier oferta de alivio. Este es el contexto en que Jesús se encuentra allí en el desierto mientras se prepara para el ataque del diablo.

Mateo dice: «Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo» (4.1). El «entonces» de este pasaje es como un «por tanto» en otros. Nos devuelve al relato anterior. Y en este caso, lo que precede es el bautismo de Jesús en agua y su unción por el Espíritu Santo. Marcos lo aclara todavía más, cuando escribe: «Y luego el Espíritu le impulsó al desierto» (Marcos 1.12).

Mateo dice a continuación: «Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre» (v. 2). Aquí, tanto Lucas como Marcos añaden sus descripciones, las cuales nos ayudan a comprender lo que sucedió durante esos cuarenta días y noches antes de que se produjeran las tres últimas tentaciones del diablo narradas por Mateo y Lucas.

Marcos escribe: «Y estuvo allí en el desierto cuarenta días, y era tentado por Satanás, y estaba con las fieras; y los ángeles le servían» (Marcos 1.13). Si tomamos estas palabras en su sentido más natural, significarían que fue tentado por el diablo durante todo el período de cuarenta días.

Lucas, por su parte, escribe que Jesús estuvo en «el desierto por cuarenta días, y era tentado por el diablo. Y no comió nada en aquellos días, pasados los cuales tuvo hambre. Entonces el diablo le dijo […]» (Lucas 4.1b–3a). Nuevamente la interpretación normal sería que Jesús fue tentado por el diablo durante todo aquel período. Aunque no todos los comentaristas concuerdan, parece que las tres tentaciones finales llegaron al término de los cuarenta días de tentación, cuando empezó a sentir todo el efecto de su prolongado ayuno y de los continuos ataques opresivos de Satanás.» (6)

Respecto “al “pináculo del templo”, que se cita en Lucas, “Y le llevó a Jerusalén, y le puso sobre el pináculo del templo” (Luc. 4:9-12)

Probablemente era aquella parte del templo conocida como el pórtico real de Herodes que sobresalía encima del valle (o barranco) de Cedrón y tenía una profundidad de 450 pies (1 ½ veces el largo de una cancha de fútbol).

Josefo, el historiador judío que vivió en el primer siglo D.C., redactó la siguiente descripción de este pináculo: “Era la obra más admirable que se haya visto bajo el sol. Tenía tanta profundidad la barranca que si alguien se inclinaba a mirar no lograba ver el fondo; sin embargo, Herodes construyó sobre el borde mismo un pórtico de dimensiones inmensas, de tal modo que si alguien trataba, desde lo alto del techo, de sondear esta doble profundidad, sentía vértigo, sin lograr medir con la vista la profundidad del abismo”. (Antigüedades, Libro XV, Capítulo XI, Sección 5) » (7)

«La tradición nos dice, apoyada por Eusebio, uno de los grandes padres de la iglesia y respetado historiador, que Santiago murió finalmente como mártir por causa de su fe, siendo empujado desde el pináculo del templo. El pináculo del templo era la pared que estaba en una esquina, alrededor del templo y que sobresalía sobre el Valle de Cedrón. Hay una caída de más de cuarenta y cinco metros de altura desde la parte superior de la pared al valle. En una ocasión estuve sobre esa muralla, situado sobre el pináculo del templo, y al mirar hacia abajo recordé que fue precisamente en ese mismo lugar donde el demonio llevó a Jesús con el propósito de tentarle para que se tirase desde el pináculo del templo.

Eusebio nos dice que fue alrededor del año 66 A.D., cuando Santiago el Justo, hermano de nuestro Señor, fue empujado por los judíos desde este pináculo, enfurecidos con él por causa de su testimonio cristiano. Eusebio afirma que la caída no le produjo la muerte y que se las arregló para ponerse de rodillas para orar por sus asesinos, de modo que acabaron la tarea apedreándole hasta matarle y Santiago pasó a formar parte de la lista de los mártires de la fe.» (8)

El portal mscperu, define que “la palabra pináculo proviene del latín: pinnaculum. Se refiere a la parte superior y más alta de un edificio o templo.”(9)

Este portal cita a Remigio, quien comenta que «El pináculo era el asiento de los doctores. El templo no tiene puntos altos, como lo tienen nuestras casas, sino que era plano, como se acostumbra en Palestina y en el mismo templo había tres explanadas. Y sépase que en el pavimento había una elevación y en cada explanada había un pináculo. Si lo colocó en el pináculo que había en el pavimento, o si lo colocó en la de la primera, segunda o tercera explanada, no se sabe; pero sí que lo colocó en donde pudo haber algún precipicio.»(10)

Es un remate característico en la arquitectura gótica (y, por extensión, en otros estilos.) Se trata de un adorno terminal, piramidal o cónico, con que se solían rematar los contrafuertes u otras partes del muro. Frecuentemente están decorados con motivos vegetales.

El portal mscperu.org  comenta de La Glosa « Por ello, pues, lo llevó a la cumbre del pináculo, cuando quiso tentarle con la vanagloria, porque la vanagloria había engañado a muchos en la cátedra de los doctores y por ello creyó que colocado Este en la silla del magisterio, podría engreírse con la vanagloria. Por ello prosigue y dijo: “Si eres Hijo de Dios, arrójate al fondo.»(11)

Josefo, el historiador judío que vivió en el primer siglo D.C., redactó la siguiente descripción de este pináculo: “Era la obra más admirable que se haya visto bajo el sol. Tenía tanta profundidad la barranca que si alguien se inclinaba a mirar no lograba ver el fondo; sin embargo, Herodes construyó sobre el borde mismo un pórtico de dimensiones inmensas, de tal modo que si alguien trataba, desde lo alto del techo, de sondear esta doble profundidad, sentía vértigo, sin lograr medir con la vista la profundidad del abismo”. (Antigüedades, Libro XV, Capítulo XI, Sección 5) (12)

El portal @wikiGuide, en una nota titulada “El tridente de Satanás”, comenta acerca de esta segunda tentación que el diablo le realizó al Señor:

«Entonces Satanás le mostró al Señor lo más sagrado, la capital de la religión judía, que era la verdadera. Le llevó a Jerusalén y le puso sobre el pináculo del templo; como diciéndole: Ahora el que está sobre el pináculo eres tú, ya no soy yo; ahora estás tú en lo alto; ponte tú, como decir, rebélate contra el Padre, actúa por ti mismo. Ahí está la sutileza, el actuar por sí mismo, el arriesgarte a caminar sin tomarte de la mano de Dios; a ver qué resulta.”No moriréis”, le dijo el diablo, porque quería matarlo. El diablo quería matar al Señor, insinuándole que se tirara del pináculo del templo; que probara, que actuara por sí mismo, que si El era el Hijo de Dios, entonces que actuara como lo que El era, nada menos que en Jerusalén. Que en vez de esperar la hora del Padre y pasar por la cruz, ¿por qué no aparecía el gran Mesías con una espectacular y tremenda planeada desde el pináculo del templo, en toda la plaza mayor? » (13)

Maqueta del 2do Templo de Jerusalén

c- El agente tentador

«Ahora en cuanto al agente de la tentación, Mateo dice: “Para ser tentado por el diablo” (Mat. 4.1);

Marcos: “tentado por Satanás” (Mar 1.13);

Lucas:“tentado por el diablo” (Luc 4.1).

El énfasis de este hecho es que, en la experiencia del desierto, Jesús se enfrentó al príncipe de la potestad del aire, el dios de este mundo. Le hizo frente a Lucifer, el hijo de la mañana, que había caído de su alto estado en el primer rango del cielo, y ahora era jefe de las huestes de destrucción.

Se ha tratado en muchas otras maneras de explicar la tentación. Se ha sugerido que algún hombre o alguna compañía de hombres le visitaron en el desierto, y expresaron las insinuaciones del mal. Algunos hasta sostienen que el tentador era un miembro de su propia familia, que le siguió hasta el desierto y, al sentir ansiedad por él, llegó a ser la voz del mal. Todo esto es pura imaginación, y no tiene ninguna base bíblica, por eso, es necesario desecharlo inmediatamente como declaraciones falsas.

El error más grave es creer que la tentación provino de las operaciones naturales de la mente de Cristo. Esta afirmación es tan injustificable como las demás. El mal se presentó al primer hombre desde afuera, y lo mismo ocurrió con el segundo Hombre. Pero no vale la pena desperdiciar el tiempo con estas tentativas inútiles que tratan de desestimar la exactitud de las Escrituras. Uno de los principales valores de este relato de la tentación se halla en el hecho de que Jesús sacó y expuso a Satanás a la luz. Jesús reveló a todos sus seguidores el hecho de su personalidad y el método de sus operaciones.

Negar la personalidad de Satanás es negar la Escritura. Además, es hacer insinuaciones con respecto a la humanidad en forma no justificada por todo el esquema de la revelación. Si no hay un diablo personal, todo lo malo que empaña la página de la historia humana es el resultado de la naturaleza del hombre. Esto no se puede creer. El mal no es un producto natural de la humanidad de Dios. No es un proceso de evolución. Mantener eso, en última instancia, es promover a Dios como el autor del pecado. Es evidente, por lo tanto, que con negar la personalidad de Satanás no se evita el problema del mal. Si el relato bíblico de la caída del hombre es incorrecto, todavía queda el problema sin resolver. Si bien se admite el misterio, el hombre se niega a creer que el génesis del mal se halla dentro de la naturaleza humana. Acepta la enseñanza de la Escritura de que el problema se halla más atrás, y que el mal se originó con anterioridad a la creación del hombre. La revelación no lleva al hombre más atrás que la caída de los ángeles, declarada y no explicada. De esa caída vino el primer movimiento del mal en la vida humana, y la ruina de una raza. La Cabeza de la nueva raza retrocede al punto del origen del mal en el hombre, y hace frente a la personalidad que es cabeza y frente de los ofensores.»(14)

Según nos explica el Nuevo Diccionario Ilustrado de la Biblia «Satanás (del hebreo, Satán, que significa enemigo, adversario). Acusador del pueblo escogido y enemigo de Dios por excelencia. Genéricamente, puede aplicarse a todo opositor ante un tribunal (Sal 71.13; 109.6; 1 Sam 29.4), pero como nombre propio se refiere al  Diablo.

Según el monoteísmo riguroso de la Biblia, este ser sobrehumano fue creado por Dios y está sujeto a su voluntad soberana. Satanás, por ejemplo, aparece como uno de los “hijos de Dios” que rinden informes ante el trono, y necesita el permiso divino para tocar al piadoso Job (Job 1.6–2.7, cf. Luc 22.31). En Zac 3.1ss no se había desarrollado todavía el concepto pleno de Satanás como un ser maligno, pero en I Cro 21.1 (cf. //; 2 S 24.1), donde el sujeto es “Jehová”,  es evidente la hostilidad implacable de Satanás. Asimismo, aparentemente Jehová manda un espíritu mentiroso como instrumento de su voluntad (I Re 22.19ss) que, sin embargo, pertenece al “ejército del cielo”. La noción del acusador no aparece con frecuencia en el Antiguo Testamento; pero, ya sea que aparezca como abogado acusador o como principio demoníaco y destructivo, siempre está dentro del plan redentor.

En el período intertestamentario varios conceptos originalmente independientes fueron combinados con la noción de Satanás: el ángel de la muerte, el principio del mal, la tentación interna del hombre, Azazel, el capitán de los demonios, etc. Se le identifica con la  Serpiente de Gen 3.1ss (cf. Ap 12.9) y por consiguiente como fuente de la muerte (Sabiduría 2.24). Se le llama Belial, Baal-zebub y Sammael. Es esencial recordar que en estos desarrollos Satanás sigue como una figura celestial, ya que una “caída del cielo” haría imposible su obra acusadora. Su identificación como príncipe de los ángeles caídos aparece muy tarde y no influye en el Nuevo Testamento, ya que Luc 10.18 describe una visión profética del Señor Jesús, y los otros pasajes aducidos (Is. 14.12–17; Ez. 28.11–19; Jud 6; Ap passim) son también de tinte apocalíptico y describen el triunfo final de Dios.

Los rabinos asimismo daban poca importancia a Satanás. Solían asociarlo con el impulso maligno interno del hombre y lo llamaban el tentador (cf. Mat. 4.3; 1 Tes. 3.5).

Dos ideas sobresalen en el Nuevo Testamento: la antítesis absoluta entre Dios y Satanás y la victoria del Reino de Dios sobre él. Satanás es el príncipe o dios de este mundo que dispone de sus reinos (Jn 12.31; 2 Cor 4.4; Luc 4.6) y mantiene dominio sobre la mayoría de sus habitantes (Mat. 6.13). “Guárdanos del maligno”; Hch 26.18; Col 1.13). Es el fuerte que, armado, vigila sus bienes (Mar 3.27). El hombre no puede, sin la gracia divina, escapar de su esclavitud. Por tanto, con el consentimiento humano, la hegemonía de Satanás produce un  Mundo cuyas obras son malas (1 Jn 3.8; 2.15, 16), y Satanás mismo es padre de todo lo funesto (Hch 13.10; Jn 6.70; 8.44).

Desde el nacimiento de Cristo, Satanás hizo todo lo posible por destruirlo y estorbarle en su ministerio (Mat. 2.16; cf. Ap 12.3, 4). La tentación en el desierto (Mat. 4; Luc 4) fue una tentativa satánica de arruinar el ministerio de Cristo. El hecho de que, después de la tentación, Satanás “se apartó de él por un tiempo” (Luc 4.13) significa que volvió a tentarle en otras ocasiones (cf. Heb 2.18; 4.15). Cristo vino precisamente “para deshacer las obras del diablo” (1 Jn 3.8; Heb 2.14), y por eso Satanás se opone a toda su obra. Cuando Pedro protestó por la idea de la muerte de Cristo, este le dijo: “¡Quítate de delante de mí, Satanás! Me eres tropiezo” (Mat. 16.23). La traición de Judas fue instigada por Satanás. (Luc 22.3; Jn 13.2, 27).

La destrucción que Satanás ha efectuado abarca procesos nefastos de toda índole (Mar 3.23ss; Luc 13.11, 16; 1 Cor 5.5; II Cor 12.7; I Ti 1.20) que a menudo son efectuados por sus súbditos, los demonios. En este sentido Satanás tiene “el imperio de la muerte” (Heb 2.14 HA). Tras el paganismo están los demonios y, en fin de cuentas, su capitán (Hch 13.10; I Cor. 10.20). Satanás no deja jamás de ser el acusador (Ap 12.10). Contra este reino satánico, Cristo alza el estandarte de Dios. Él ha atado al fuerte y saqueado sus bienes; por Él el adversario es echado del cielo (Ap 12.10–13; Jn 12.31; Luc 10.18). Aun así, a Satanás le queda algo de tiempo en la tierra (Ap 12.12).

En los primeros días de la iglesia, Satanás aparece como protagonista hostil (Hch 5.3; Ro 16.20; I Cor 7.5; II Cor 2.11, etc.) que arrebata la semilla del evangelio (Mar 4.15) y siembra otra que es espuria (Mat. 13.25). Aunque los cristianos son salvaguardados de Satanás (2 Tes. 3.3) y le han vencido (1 Jn 2.13), se les exhorta a combatirle con todas sus fuerzas (Ef. 6.10ss).

En los últimos días, Satanás llama al Anticristo y al falso profeta para que estos le sirvan (Ap 13.2, 11; 2 Tes. 2.9s). Su éxito inicial es evidente, pero la Segunda Venida de Cristo resulta en la derrota del triunvirato satánico, y Satanás es echado en cadenas al Abismo. Después del Milenio, queda suelto brevemente, pero de nuevo Dios lo derrota y finalmente lo arroja al tormento eterno en el lago de fuego (Ap 20.1–10).» (15)

El sacerdote católico Leonardo Castellani comenta que «En la parábola de las “Dos Banderas” que inserta San Ignacio en sus “Ejercicios Espirituales”, presenta a Cristo y a Satán como dos caudillos que están reclutando gente para sus campañas bélicas: San Ignacio ve la vida cristiana como una milicia, pues él había sido milico. El Mal Caudillo se sienta en un trono de fuego y humo, en figura horrible y espantosa… y haciendo llamamiento de innumerables demonios los manda a tentar por tres escalones… primero de codicia de riquezas… después de vano honor del mundo… por último a recrecida soberbia… de donde después los precipiten en todos los vicios y pecados. “Dale al diablo un cabello y te tomará todo el pelo” -dice el español.» (16)

Fuente:

  1. http://hesed.wordpress.com/2007/02/13/las-tentaciones-de-jesus-en-el-desierto/
  2. Introducción al estudio del Nuevo Testamento. H. I. Hester, Publicado en 2003
    Editorial Mundo Hispano, Pág.
  3. http://www.panodigital.com/homilias/ayuno_y_tentaciones_de_cristo_un_sermon_de_castellani
  4. http://ar.geocities.com/misa_tridentina/t_cuaresma/sermon.html
  5. http://www.desarrollocristiano.com/site.asp?seccion=arti&articulo=1566
  6. Manual de Guerra Espiritual, cáp. 36 Pág. 308-309, op. cit.
  7. http://www.middletownbiblechurch.org/spanish/lifeoc/c4.htm
  8. http://www.seminarioabierto.com/sinopsisnt21.htm
  9. http://www.mscperu.org/biblia/catena_aurea/catena/c37.html
  10. Ibid
  11. Ibid
  12. http://www.middletownbiblechurch.org/spanish/lifeoc/c4.htm
  13. http://help.atwiki.com/page/el%20tridente%20de%20satan%C3%A1s
  14. http://www.mscperu.org/biblia/catena_aurea/catena/c37.html
  15. Ibid
  16. http://www.pbc.org/files/messages/3267/0260sp.html
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