¿Como surgió el pecado?


¿Como surgió el pecado?  - Rebelión en los lugares celestiales y en la tierra

El dr. Ed Murphy se hace una pregunta que es bastante común en muchos intelectuales y hombres de ciencia, y es que ¿como surgió el pecado?:

¿Cómo pudo surgir el pecado en un reino de completa pureza, es decir, en el Reino de Dios? ¿Cómo pudieron pecar los ángeles puros? Las Escrituras no intentan en ninguna parte explicar cómo o por qué Satanás y los ángeles fueron creados con la capacidad de pecar, ni tampoco de qué manera o por qué causa fueron los seres humanos hechos con esa misma capacidad. Estos son sólo dos de una serie de datos que proporciona la Biblia.

Por dato entiendo un factor o suceso que registra la Escritura sin explicación alguna. El primero y más importante de toda la Biblia se encuentra en Génesis 1.1: “En el principio… Dios… “

No se intenta explicar la existencia divina, simplemente se afirma. El segundo en importancia lo tenemos en el mismo versículo:“… creó… los cielos y la tierra”.

Tampoco se da ninguna explicación del momento o del modo en que se efectuó la creación original.

El tercer gran dato se encuentra en el siguiente versículo: “Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo” (v. 2a).

En el versículo 1 se mencionan los cielos y la tierra. A partir del versículo 2 la atención se centra exclusivamente en la tierra. No se da ninguna explicación acerca del desorden, el vacío o las tinieblas. Los seis días de la creación (o de la recreación) que siguen son también datos. Y lo mismo sucede con el pecado tanto de los ángeles como de los hombres. Se trata de datos.

La siguiente explicación proporciona una respuesta parcial (la que creo, como muchos comentaristas bíblicos). Dios es el único ser no creado del universo. Como eterno, no tiene principio ni fin. Existe pero no fue creado. Está ahí, pero jamás tuvo un comienzo. Siempre fue, es y será. Por lo tanto, Él y sólo Él es absolutamente perfecto. Tiene mente perfecta. Sabe todas y cada una de las cosas. Sus emociones son perfectas. Lo que siente es siempre lo que debería sentirse. Tiene voluntad perfecta. Siempre elige lo correcto. Ciertamente, por su propia definición como perfecto, no puede escoger el mal, no puede pecar.

Sin embargo, todas las criaturas son imperfectas. Por definición Dios no puede crearse a sí mismo. Sólo puede formar seres que sean inferiores a Él y, por lo tanto, imperfectos. La criatura jamás puede igualar al Creador. Por el mero hecho de hacer criaturas a su imagen y semejanza, Dios crea seres con mente, emociones y voluntad semejantes a las suyas. Por definición no puede hacer criaturas a su propia imagen y semejanza que no sean libres para pensar, sentir y elegir por sí mismas.

Además, las criaturas no pueden ser hechas a la imagen y semejanza de Dios y, al mismo tiempo, ser programadas para hacer sólo la voluntad de su creador. Paul Schilling, en su excelente libro God and Human Anguish [Dios y la angustia humana], expresa que si eso hubiera ocurrido, aunque todos los participantes pudieran pensar que eran libres, no lo serían en realidad, y aunque fueran superficialmente felices, serían incapaces de tomar sus propias decisiones o de llegar a tener relaciones auténticamente sensibles con otras personas[ … ] Les faltaría cualquier valor intrínseco, ya que todos serían robots viviendo de forma inconsciente su destino predeterminado en un enorme y organizadísimo sistema[ … ] Ese arreglo concebiría a Dios como el hipnotizador supremo, cuyos súbditos cumplirían de manera inconsciente y estricta las órdenes que se les diera durante la hipnosis[ … ] el concepto de seres humanos [y ángeles] creados para escoger siempre lo bueno se contradice a sí mismo.

Si eran realmente libres, no podía haber garantía alguna de que siempre fueran a escoger lo correcto, mientras que si hubieran estado constituidos de tal manera que se excluyera la elección, no serían libres.

Además, la libertad de opción no comprobada es mera teoría y no realidad. Así que, tanto los ángeles como la humanidad tenían que hacer frente a la elección entre obedecer a Dios o desobedecerle.

El Dr. Scott Peck, siquiatra americano, cuenta en su libro People of the Lie [El mundo de la mentira] cómo se convirtió a Cristo. Él también forcejea con el problema del mal.

Para crearnos a su imagen, Dios nos concedió libre albedrío. De otro modo hubiéramos sido marionetas o huecos maniquíes. Sin embargo, con el objeto de darnos libre albedrío, tuvo que renunciar al uso de la fuerza con nosotros. No somos libres de elegir si tenemos una pistola en la espalda… En la angustia, él tiene que ponerse a un lado y dejar que seamos nosotros mismos.

También a Lucifer (si es que ese era su nombre) y a los ángeles se les dio libertad de elección. En el reino celestial todos los ángeles fueron sometidos a la prueba de la obediencia. Aunque el relato de esa prueba no aparece en ningún sitio, está implícito en todas partes. Aquellos que resistieron al engaño del ángel caído, probablemente Lucifer (Is. 14:12), fueron confirmados en santidad. Se les describe como “los santos ángeles” (Mar. 8:38) y los “ángeles escogidos” (I Tim. 5:21). Por el contrario, los que fueron engañados y siguieron al rebelde Lucifer están ahora, como su señor, confirmados en su iniquidad. Según las Escrituras, no hay provisión alguna para ellos de redención.

La experiencia con los demonios confirma este hecho. Ellos odian a Dios y jamás se arrepentirán o buscarán su perdón, aunque reconozcan con terror que están destinados al lago de fuego. Se hallan realmente confirmados en la maldad. El hecho de que la rebelión en el cielo se originara con el conflicto inicial de un ser angélico, Satanás o el diablo, parece cierto. A través de toda la Escritura se revela como único propiciador del mal y de la tentación (Juan 8.44; Lucas 4.1–13). Además, siempre se considera al diablo como señor de un ejército angélico sobrenatural maligno (Mateo 25.41; Apocalipsis 12.3–17). Es su cola la que arrastró «la tercera parte de las estrellas del cielo, y las lanzó sobre la tierra» (Apocalipsis 12.4). (Tal vez esas estrellas representan ángeles.) Aparece al mando de “principados… potestades… gobernadores de las tinieblas de este siglo… huestes espirituales de maldad en las regiones celestes” (Ef. 6.12).

Esta rebelión cósmica alcanzó a la tierra poco después de la creación del hombre y el mal que produjo afectó al universo en dos niveles: el natural y el moral.

Edward J. Carnell define el mal natural como «todas esas frustraciones de los valores humanos que son perpetradas, no por la libre acción del hombre, sino por los elementos naturales del universo, tales como la furia del huracán o la devastación de los parásitos

Seguidamente, Carnell cita al poeta John Mills: Matar, el acto más criminal reconocido por las leyes humanas, es algo que la naturaleza comete una vez con cada ser viviente y, en una gran proporción de casos, después de prolongadas torturas como sólo los mayores monstruos, acerca de los cuales hemos leído, infligieron intencionadamente a otras criaturas vivas semejantes a ellos[ … ] Empala a los hombres, los rompe como el tormento de la rueda, los echa a las fieras para ser devorados, los quema, los aplasta con piedras como al primer mártir cristiano, los mata de hambre, los hiela de frío[ … ] Todo esto lo hace la naturaleza con el más arrogante desdén tanto por la misericordia como por la justicia, descargando sus saetas, indistintamente, sobre los mejores y más nobles, y sobre los peores y más perversos.

Carnell continúa con algunas palabras acerca de un mal que se cuenta entre los mayores, la muerte. Habla de su crueldad, que golpea tanto al bueno como al malo con indiscriminación ciega. Y comenta que:

[ … ] La razón por la cual el mal natural es un problema cristiano es que el cristianismo enseña, no sólo que toda la naturaleza fue en un principio creada por el Altísimo y declarada buena por Él, sino que el movimiento presente de todas las cosas está guiado y guardado por el muy vigilante ojo «del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad» (Efesios 1.11).

¿Puede el cristiano andar por los atestados pasillos de un hospital infantil o tropezar con los escombros dejados por la devastadora potencia de un huracán sin sentir la fuerza de aquellas palabras de Job? «Mas yo hablaría con el Todopoderoso, y querría razonar con Dios» (Job 13.3).

La Biblia, de ninguna manera guarda silencio sobre el mal natural. Desde el Génesis hasta el capítulo 22 del Apocalipsis, a través de todo el relato bíblico, esta clase de mal ocupa un lugar prominente, sólo superado por su gemelo más destructor, el mal moral. Sin embargo, la Escritura no intenta explicar el mal natural fuera del contexto del mal humano moral. No dice nada acerca de la existencia del mal natural en el universo antes del nacimiento del mal moral en la experiencia humana.

Carnell define el mal moral de la siguiente manera: «Incluye todas las frustraciones de los valores humanos perpetradas, no por los elementos naturales del universo, sino por la libre acción del hombre». En sus definiciones, tanto del mal natural como del moral, Edward J. Carnell se limita en especial a la relación entre el mal y la humanidad.

Difiero de Carnell en que veo el mal como anterior al hombre, existente antes de su caída. En la Escritura se introduce el mal humano desde el contexto del mal prehumano cósmico. Sin embargo, el enfoque antropocéntrico de la Biblia omite sin embargo referencias directas a la existencia de mal natural en los cielos o en la tierra antes del pecado del hombre. ¿Hubo acaso una creación moral terrena anterior a Adán que sufriera una caída similar a la registrada en Génesis 3? ¿Es correcta la teoría de la laguna histórica que afirma que entre los versículos 1 y 2 de Génesis capítulo 1 se produjo un pecado preadámico en la tierra? ¿Hubo muerte física en el universo o en la tierra antes de la caída del hombre? ¿Existía el actual desorden dentro de la armonía de los cielos antes de la creación y la caída del ser humano?

Las Escrituras guardan silencio sobre estos y otros temas parecidos referentes al mal natural. Además, no vamos a la Palabra de Dios en busca de respuestas a las cuestiones básicas planteadas por las ciencias naturales aparte de la declaración: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra” (Gén. 1.1).

Sin embargo, la Biblia indica con claridad que la caída de la humanidad y el presente gemir de la naturaleza están íntimamente relacionados. En uno de los principales pasajes cosmológicos de la Escritura, Pablo afirma que:

[ … ] la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza; porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios. Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora; y no sólo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo (Ro. 8.20–23).

Teniendo esto en mente, el apóstol presenta su razonamiento cosmológico con las siguientes palabras:

«Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios» (v. 19).

¿Por qué? Porque la redención completa de la humanidad, que sólo ocurrirá cuando tenga lugar la de nuestros cuerpos (v. 23), transformará la creación física entera. Entonces, y sólo entonces, el mal natural quedará destruido para siempre.

El apóstol Pedro declara que en determinado momento, coincidiendo quizás con la redención o poco después de la redención de nuestros cuerpos a la que Pablo también hace referencia, «los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos […] Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia» (II Pe. 3.10–13).

 

 

Y todo esto concuerda con las palabras de Juan en Apocalipsis: “Ví un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más. Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido “(Ap. 21.1–2).

 

 

 

El resultado será la destrucción eterna y casi completa del mal natural y moral de la creación de Dios y de la experiencia de la humanidad. Digo «casi» porque la excepción misteriosa es el infierno o lago de fuego. Cualquiera que sea la idea que uno tenga respecto a ese infierno, se trata de un «lugar» que existe. Jesús dice que el infierno está hecho “para el diablo y sus ángeles” (Mat. 25.41), y advierte a los hombres que ellos también irán allí si continúan viviendo en desobediencia a Dios (Mateo 5.21–22, 27–30). Pablo describe ese lugar de eterno mal como un sitio donde los hombres “sufrirán pena de eterna perdición, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder” (II Tes. 1.9), un castigo reservado para aquellos “que no conocieron a Dios, ni obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo” (v. 8).

 

 

Juan presenta el infierno como un “lago de fuego y azufre” al que serán arrojados el diablo y sus servidores para ser “atormentados día y noche por los siglos de los siglos” (Ap. 20.10).

 

 

Y añade:“Y la muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda. Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego” (vv. 14–15).

Un cuadro horrendo, gráfico y aterrador del mal eterno. El lago de fuego es obviamente el concepto paralelo de los nuevos cielos y la nueva tierra de felicidad eterna, de ausencia perpetua de mal. ¡Misterio de misterios!

Con la entrada de la humanidad en el conflicto entre los dos reinos, la antes exclusiva rebelión cósmica se convierte en una contienda cósmico-terrenal.

El relato histórico-gráfico aparece en Génesis 3.1–24. La historicidad de la caída es confirmada por pasajes de la Escritura tales como 2 Corintios 11.3 y Apocalipsis 12.7–9. También Pablo, en Romanos 5 y 1 Corintios 15, utiliza el hecho histórico del pecado de Adán en conexión con la actuación redentora de Jesús en la historia como último Adán y segundo hombre. Afirmo que Génesis 3 es un relato gráfico a causa del vivo simbolismo empleado para describir los acontecimientos históricos. Las verdades más importantes de la historia son precisamente reales e históricas, si uno admite el simbolismo del pasaje como si siguiéramos un literalismo estricto.

El dr. Ed Murphy, dice en su libro que “Considera que Génesis 3 es el pasaje más importante sobre la guerra espiritual de todo el Antiguo Testamento….

Tres de las numerosas lecciones que pueden extraerse de este relato contribuyen a aclarar lo que estamos analizando.

1. La humanidad fue guiada a la rebelión contra el gobierno de Dios por un ser maligno y sobrenatural que ya existía. En el simbolismo de la historia, ese ser se presenta como una serpiente, un animal, parte de la creación buena de Dios. No tiene aquí ninguna importancia si el animal físico que conocemos hoy como serpiente es la criatura que aparece en ese pasaje. El punto principal de la historia es que la humanidad fue engañada e inducida a desobedecer a Dios por un sabio pero maligno ser ya existente.

Este ser demuestra su perversa sabiduría disfrazándose para que la mujer no esté consciente de su malignidad. Eva piensa que está hablando con una criatura conocida, parte de la buena creación de Dios. Luego, Satanás la lleva a una discusión acerca de Dios y de las limitaciones que les ha impuesto a ella y a Adán en el huerto. Hasta ese momento, Eva sólo había visto el lado positivo de su estado edénico, pero el diablo despierta en su mente la percepción del lado negativo, lo que ella y Adán no pueden hacer en el huerto. El engaño iba dirigido contra su mente, que por definición incluye también sus emociones y voluntad.

2. Él engaña a la pura pero inexperta mujer. Escoge con cuidado sus palabras para hacer que absorba los pensamientos que le sugiere. Esta sutil transición confunde la mente de Eva y deforma su visión de la realidad. No es capaz de rechazar las falsedades que se están fijando en su cerebro y acepta las mentiras y verdades a medias que escucha como si fueran la verdad real.

3. Como había sido una criatura sin pecado, la serpiente (Satanás) nota cuándo la forma de pensar de la mujer se distorsiona. Conoce en qué momento está lista para aceptar en su mente una negación directa de la Palabra de Dios y una tergiversación de sus motivos: «No moriréis; sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal» (vv. 4–5). Eso era lo que se necesitaba. Ahora el engaño es completo. La mente de Eva abraza los pensamientos de Satanás y la mujer ve el árbol prohibido desde una perspectiva nueva y equivocada en su totalidad. El diablo ha despertado en su interior emociones que nunca antes había conocido. Ahora ve, siente deleite, desea y toma el fruto de su engaño.

El pecado ha nacido. Y según su naturaleza jamás quedará solo. Siempre busca compañía. De modo que Eva disfruta de inmediato con su esposo, Adán, los placeres recién descubiertos. Es obvio que no hay todavía en su aspecto evidencia visible del pecado. Adán ejerce su libre albedrío y come del fruto prohibido, desobedeciendo la Palabra de Dios. Ahora se cumple el propósito del engaño de Satanás y el jefe de la nueva creación de Dios cae.

Una de las principales consecuencias de esto es la contaminación de la nueva creación divina. El deleite de Satanás alcanza su cenit. No sólo ha logrado engañar a la creación angélica de Dios, sino también corromper su creación terrena.

En segundo lugar, la rebelión cósmica se ha convertido en un conflicto cósmico-terrenal. La humanidad se ha unido a los ángeles caídos rechazando la voluntad revelada de Dios. La historia, tanto cósmica como terrena, jamás será la misma.

En tercer lugar, la humanidad no sólo participa del conflicto entre los dos reinos, sino que también se convierte en el ente central en torno al cual gira. De este modo, el género humano, tanto por naturaleza como por elección, pertenece al reino de Satanás (Lucas 4.5–6; Juan 12.31; 14.30; 16.11; Hechos 26.18; Efesios 2.1–3; Colosenses 1.13). Sin embargo, Dios, movido por su amor soberano, su misericordia, su compasión y su gracia (Efesios 2.4–9; cf. 1.13–14), ha actuado para proporcionar una redención plena a toda la humanidad (Juan 3.16; 2 Corintios 5.18–21; 1 Juan 2.1–2).

El enemigo de Dios, después de engañar a la raza humana para que le siguiera en su independencia de la voluntad divina, se convierte en su enemigo mortal, y por medio de sus huestes demoníacas resiste al programa de redención del Señor para la humanidad. Satanás no quiere que la gente oiga u obedezca el evangelio del amor de Dios. Hace cuanto está en su mano perversa para oponerse a la extensión del evangelio a las naciones (Mat. 13.19, 25–30; Hch. 5: 8, 13:19; II Cor. 4.3–4; 11.3–4, 13–15; I Tes. 2.18; 3.5; Ap. 2–3; 12.17–13.7).

La batalla se centra en la humanidad. Satanás engañó y esclavizó a toda la raza; Dios la ha redimido en potencia (II Cor. 5.18–19; I Jn. 2.1–2). Lo único que falta es la respuesta de la gente al amor redentor de Dios. La meta del diablo es que no responda al mismo, lo cual intenta conseguir mediante el engaño continuado.

El evangelio se predica en este contexto de pecado y engaño. El Espíritu de Dios convence a la gente de pecado, justicia y juicio (Jn. 16.18). El enemigo contraataca para mantenerla en esclavitud constante (Mat. 13.19; II Cor. 4.3–4). De este modo, repetimos, la humanidad en cierto sentido no sólo participa en el conflicto entre los dos reinos, sino que es el personaje central a cuyo alrededor gira el mencionado conflicto. Basándose en la carne humana pecadora activada por este mundo maligno, Satanás asalta la mente del hombre y de la mujer con mentiras continuas. La gente, así engañada, se convierte a su vez en engañadora (II Tim. 3.13) y difunde las mentiras del diablo a escala mundial al asumir inconscientemente la naturaleza de su mortal enemigo.”

 

 

Fuente:

  • Manual de Guerra Espiritual, Cáp. 4, Pág. 27-33. Dr. Ed Murphy, Nashville, TN: Editorial Caribe Inc. 2000, © 1994.

 

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5 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. ROSARIO
    sep 18, 2008 @ 03:23:24

    TODO UN PSIQUIATRA MANEGE LA SIQUI CON MIEDOS Y TEMORES. .PIENSO QUE LOS PROBLEMAS MENTALES EN PARTE TIENEN ORIGEN EN LA INTERPRETACION QUE LE DAMOS A LAS COSAS O ACONTICIMIENTOS. QUE LINDO PODER ESCHUCHAR DE UN DIOS DE AMOR A SUS HIJOS . SI TODOS PECAMOS O TENEMOS ERRORES Y SOMOS PERDONADOS PORQUE ELLOS NO ?
    IRENE FUENTES

  2. ROSARIO
    sep 18, 2008 @ 03:26:08

    TODO UN PSIQUIATRA MANEGE LA SIQUI CON MIEDOS Y TEMORES. .PIENSO QUE LOS PROBLEMAS MENTALES EN PARTE TIENEN ORIGEN EN LA INTERPRETACION QUE LE DAMOS A LAS COSAS O ACONTICIMIENTOS. QUE LINDO PODER ESCHUCHAR DE UN DIOS DE AMOR A SUS HIJOS . SI TODOS PECAMOS O TENEMOS ERRORES Y SOMOS PERDONADOS PORQUE ELLOS NO ?
    IRENE FUENTES
    NO LE HE ESCRITO NUNCA .

  3. pauloarieu
    sep 18, 2008 @ 03:30:59

    Hola Rosario
    Dios te bendiga
    Gracias por tu comentario,
    ¿Quien son “ellos no”? ¿A que te referís?
    Saludos

  4. cristina andrade
    sep 20, 2008 @ 06:18:15

    queridos siervos de dios, le escribo con la guia del señor preguntandole si pueden mandarme urgente el correo electronico del doctor ed. murphy, ya que el padecio de lo que yo estoy diagnosticada.”depresion bipolar” desde ya les mando un beso.
    hermana cristina de rio grande. tierra del fuego. argentina
    telefono 54/02964/15608912
    direccion catamarca 165 “a” casa 26 .

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