Archivo paraAbril 11, 2008

Liderazgo

Liderazgo

Definición:

Liderazgo es el proceso de influir en otros y apoyarlos para que trabajen con entusiasmo en el logro de objetivos comunes.

Tipos de Liderazgo

Existen varios tipos de liderazgo dentro de las organizaciones.

Tres tipos de liderazgo que se refieren a formas variadas de autoridad:

Líder tradicional: Es aquel que hereda el poder, por costumbre o por un cargo importante, o que pertenece a un grupo familiar de élite que ha tenido el poder desde hace generaciones. Ejemplos: Reinado.

Líder legal: Es aquel que obtiene el poder mediante métodos oficipersona o un grupo de personas, con capacidad, conocimientos y experiencia para dirigir a los demás.

La palabra “liderazgo” en sí misma puede significar un grupo colectivo de líderes, o puede significar características especiales de una figura célebre (como un héroe). También existen otros usos para esta palabra, en los que el líder no dirige, sino simplemente es una figura de respeto (como una autoridad científica). Junto con el rol de prestigio que se asocia a líderes inspiradores, un uso más superficial de la palabra “liderazgo” puede designar a entidades innovadoras, aquellas que durante un periodo de tiempo toman la delantera en algún ámbito, como alguna corporación o producto que toma la primera posición en algún mercado.

Arieu define al líder como “la persona capaz de inspirar y asociar a otros con un sueño”. Por eso es tan importante que las organizaciones tengan una misión con alto contenido trascendente, ya que es una manera muy poderosa de reforzar el liderazgo de sus directivos.

Existe una regla fundamental en en liderazgo que es la base para que un buen líder cualquiera que este sea lleve a cabo un liderazgo efectivo. La mayoria de los autores la nombran la regla de oro en las relaciones personales y es facil, sencilla y muy efectiva la cual dice NO PONGAS A LAS PERSONAS EN TU LUGAR SI NO PONTE TU EN EL LUGAR DE LAS PERSONAS. En pocas palabras como tu trates a la personas asi ellas te trataran. Esto no quiere decir otra cosa si no que: si quieres que una persona te trate mal pues tratala mal si quieres que una persona te trate en broma pues bromeala pero si quieres que una persona te ales, ya sean elecciones o votaciones, o porque demuestra su calidad de experto sobre los demás. Esta figura se reconoce comúnmente en el campo de la política y de la empresa privada.

Líder carismático: es el que tiene la capacidad de generar entusiasmo. Es elegido como lider por su manera de dar entusiasmo a sus seguidores.

Liderazgo desarrollador

De acuerdo con esta clasificación, existen varios estilos de liderazgo:

Líder autócrata: Un líder autócrata asume toda la responsabilidad de la toma de decisiones, inicia las acciones, dirige, motiva y controla al subalterno.

Líder participativo: Un líder que adopta el estilo participativo, utiliza la consulta para practicar el liderazgo. No delega su derecho a tomar decisiones finales y señala directrices específicas a sus subalternos pero consulta sus ideas y opiniones sobre muchas decisiones que les incumben.

Líder liberal: Mediante este estilo de liderazgo, el líder delega a sus subalternos la autoridad para tomar decisiones.

Líder desarrollador: Este tipo de liderazgo promueve el desarrollo del potencial de las personas, de la forma que un jardinero cuida y potencia su jardín.

Tipología de liderazgo

Clasificaciones de líderes más frecuentes:

  • Según la formalidad en su elección:
    • Liderazgo formal: preestablecido por la organización.
    • Liderazgo informal: emergente en el grupo.
  • Según la relación entre el líder y sus seguidores:
    • Liderazgo autoritario:
El líder es el único en el grupo que toma las decisiones acerca del trabajo y la organización del grupo, sin tener que justificarlas en ningún momento.
Los criterios de evaluación utilizados por el líder no son conocidos por el resto del grupo.
La comunicación es unidireccional: del líder al subordinado.
    • Liderazgo democrático:
El líder toma decisiones tras potenciar la discusión del grupo, agradeciendo las opiniones de sus seguidores.
Los criterios de evaluación y las normas son explícitas y claras.
Cuando hay que resolver un problema, el líder ofrece varias soluciones entre las que el grupo tiene que elegir.
    • Liderazgo liberal “laissez faire”:
El líder adopta un papel pasivo, abandona el poder en manos del grupo.
En ningún momento juzga ni evalúa las aportaciones de los demás miembros del grupo.
Los miembros del grupo gozan de total libertad y cuentan con el apoyo del líder solo si se lo solicitan.
  • Según el tipo de influencia del líder en sus subordinados:
    • Liderazgo transaccional:
Los miembros del grupo reconocen al líder como autoridad y como líder.
El líder proporciona los recursos considerados como válidos para el grupo.
    • Liderazgo transformacional o carismático
El líder tiene la capacidad de modificar la escala de valores, las actitudes y las creencias de los seguidores.
Las principales acciones de un líder carismático son: discrepancias con lo establecido y deseos de cambiarlo, propuesta de una nueva alternativa con capacidad de ilusionar y convencer a sus seguidores, y el uso de medios no convencionales e innovadores para conseguir el cambio y ser capaz de asumir riesgos personales.  
    • Liderazgo en el trabajo

En los negocios se evalúan dos características importantes en sus ejecutivos con la intención de verificar la capacidad de dirección que estos posean, por un lado la aptitud y por otro la actitud.

La primera se obtiene con el aprendizaje de nuevos métodos y procedimientos, por ejemplo, la capacidad de construir un balance, un flujo de caja, distribución de planta o un plan de marketing, pero en muchos casos estos conocimientos no son aplicables porque los gerentes carecen de una buena actitud, es decir, un comportamiento adecuado que intente implementar dichos métodos. Entre las actitudes más solicitadas y requeridas está la habilidad de liderazgo, la misma que puede cultivarse pero que según muchos autores es parte de la personalidad de cada persona. Cómo saber si nosotros estamos configurados como líderes y en caso contrario, cómo desarrollar estas habilidades en nuestra persona, es un tema de amplio debate y estudio, pero es necesario descubrir si tenemos algo de líderes y qué cosas nos faltan para lograr serlo a cabalidad.

Una clasificación de la tipología del liderazgo es la formal, que representa la dirección de un grupo de trabajo de forma oficial o designada, y, otra menos evidente, el reconocimiento por los miembros de la institución de una manera informal de que tiene gran influencia, pero de una manera libre, sin ánimo retributivo y de forma carismática. En los estudios sociológicos de desarrollo comunitario por observación participativa, estas personas son claves para el trabajo de campo. En la década de los 70′, varios sociólogos españoles estudiaron el tema del papel de los ‘líderes informales’, como un tema relevante de la Sociología de la organización.

El liderazgo es el ejercicio de la actividad ejecutiva en un proyecto, de forma eficaz y eficiente sea este personal, dirigencial o institucional.

El liderazgo por tanto se divide en:

  • Liderazgo individual (ejemplo a seguir),
  • Liderazgo ejecutivo (planeamiento, organización, dirección y control de un proyecto),
  • Liderazgo institucional.
Cuando el liderazgo es necesario, comúnmente por el cargo, en una organización, hablamos de líderes formales, así este líder debe tener ciertas capacidades como habilidad comunicacional, capacidad organizativa, y eficiencia administrativa, lo que equivale a decir que un buen líder es una persona responsable, comunicativa y organizada.

Enlaces externos 

Fuente:

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Otro blog que nos cita

Bajo el titulo “¿HAY QUE ANULAR EL CONCILIO VATICANO II? “, desde otro blog, citan un artículo editado por mi.

El autor del blog http://3montes.blogspot.com comenta el artículo citado en Lo que el viento se llevó….(de adentro de la iglesia católica)  diciendo: «Me he permitido la libertad de pensar que quizás la Iglesia un día corregirá algunos excesos modernistas del Concilio Vaticano II. Esta idea creo que subyace en unas consideraciones, quizás algo exageradas, de Paulo Arieu, (*) sobre la crisis de la Iglesia, las cuales reproduzco aquí casi integramente…»

No era mi intención al publicar ese artículo, reflexionar acerca de la posibilidad de anular un concilio,  ya que entiendo que no todo fue negativo. Como evangélicos nos vimos beneficiados, al menos momentáneamente, ya que las presiones que ejercía la Iglesia Católica Romano sobre las iglesias evangelicas, menguó, auqnue no desapareció del todo, y en Latinoamerica, se respiraron aires de mayor libertad religiosa, y un inicio de dialogo desde la inciiativa católcia, lo que yo considero positivo.

Sin embargo, la esencia doctrinal de la iglesia Católica Romana, no cambió en asboluto. 

Seguramente, en algun momento proximo, haga una reflexion sobnre Concilio Vaticano II,donde pueda analizar sus aspectos positivos y sus apsectos negativos.

Gracias por citarme.

Paulo Arieu

 

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El adulterio y la consupiscencia de la mirada

el adulterio y la consupiscencia de la mirada
Audiencia General del 8 de octubre de 1980



1. Quiero concluir hoy el análisis de las palabras que pronunció Cristo, en el sermón de la montaña, sobre el «adulterio» y sobre la «concupiscencia», y en particular del último miembro del enunciado, en el que se define específicamente a la «concupiscencia de la mirada», como «adulterio cometido en el corazón».

Ya hemos constatado anteriormente que dichas palabras se entienden ordinariamente como deseo de la mujer del otro (es decir, según el espíritu del noveno mandamiento del decálogo). Pero parece que esta interpretación -más restrictiva- puede y debe ser ampliada a la luz del contexto global. Parece que la valoración moral de la concupiscencia (del «mirar para desear») a la que Cristo llama «adulterio cometido en el corazón», depende, sobre todo, de la misma dignidad personal del hombre y de la mujer; lo que vale tanto para aquellos que no están unidos en matrimonio, como -y quizá más aún- para los que son marido y mujer.

2. El análisis, que hasta ahora hemos hecho del enunciado de Mt 5, 27-28 «Habéis oído que fue dicho. No adulterarás. Pero yo os digo que todo el que mira a una mujer deseándola, ya adulteró con ella en su corazón», indica la necesidad de ampliar y, sobre todo, de profundizar la interpretación presentada anteriormente, respecto al sentido ético que contiene este enunciado. Nos detenemos en la situación descrita por el Maestro, situación en la que aquel que «comete adulterio en el corazón», mediante un acto interior de concupiscencia (expresado por la mirada), es el hombre. Resulta significativo que Cristo, al hablar del objeto de este acto, no subraya que es «la mujer del otro», o la mujer que no es la propia esposa, sino que dice genéricamente: la mujer. El adulterio cometido «en el corazón no se circunscribe a los límites de la relación interpersonal, que permiten individuar el adulterio cometido «en el cuerpo». No son estos límites los que deciden exclusiva y esencialmente el adulterio cometido «en el corazón», sino la naturaleza misma de la concupiscencia, expresada en este caso a través de la mirada, esto es, por el hecho de que el hombre -del que, a modo de ejemplo, habla Cristo- «mira para desear». El adulterio «en el corazón» se comete no solo porque el hombre «mira» de ese modo a la mujer que no es su esposa, sino precisamente porque mira así a una mujer. Incluso si mirase de este modo a la mujer que es su esposa, cometería el mismo adulterio «en el corazón».

3. Esta interpretación parece considerar, de modo más amplio, lo que en el conjunto de los presentes análisis se ha dicho sobre la concupiscencia, y en primer lugar sobre la concupiscencia de la carne, como elemento permanente del estado pecaminoso del hombre (status naturæ lapsæ). La concupiscencia que, como acto interior, nace de esta base (como hemos tratado de indicar en el análisis precedente), cambia la intencionalidad misma del existir de la mujer «para» el hombre, reduciendo la riqueza de la perenne llamada a la comunión de las personas, la riqueza del profundo atractivo de la masculinidad y de la feminidad, a la mera satisfacción de la «necesidad» sexual del cuerpo (a la que parece unirse más de cerca el concepto de «instinto»). Una reducción tal hace, sí, que la persona (en este caso, la mujer) se convierta para la otra persona (para el hombre) sobre todo en objeto de la satisfacción potencial de la propia «necesidad» sexual. Así se deforma ese recíproco «para», que pierde su carácter de comunión de las personas en favor de la función utilitaria. El hombre que «mira» de este modo, como escribe Mt 5, 27-28, «se sirve» de la mujer, de su feminidad, para saciar el propio «instinto». Aunque no lo haga con un acto exterior, ya en su interior ha asumido esta actitud, decidiendo así interiormente respecto a una determinada mujer. En esto precisamente consiste el adulterio «cometido en el corazón». Este adulterio «en el corazón» puede cometerlo también el hombre con relación a su propia mujer, si la trata solamente como objeto de satisfacción del instinto.

4. No es posible llegar a la segunda interpretación de las palabras de Mt 5, 27-28, si nos limitamos a la interpretación puramente psicológica de la concupiscencia, sin tener en cuenta lo que constituye su específico carácter teológico, es decir, la relación orgánica entre la concupiscencia (como acto) y la concupiscencia de la carne, como, por decirlo así, disposición permanente que deriva del estado pecaminoso del hombre. Parece que la interpretación puramente psicológica (o sea, «sexológica») de la «concupiscencia», no constituye una base suficiente para comprender el relativo texto del sermón de la montaña. En cambio, si nos referimos a la interpretación teológica -sin infravalorar lo que en la primera interpretación (la psicológica) permanece inmutable- ella, esto es, la segunda interpretación (la teológica) se nos presenta como más completa. En efecto, gracias a ella, resulta mas claro también el significado ético de enunciado-clave del sermón de la montaña, el que nos da la adecuada dimensión del ethos del Evangelio.

5. Al delinear esta dimensión, Cristo permanece fiel a la ley: «No penséis que he venido a abrogar la ley y los profetas no he venido a abrogarla, sino a consumarla» (Mt 5, 17) En consecuencia, demuestra cuanta necesidad tenemos de descender en profundidad, cuánto necesitamos descubrir a fondo las interioridades del corazón humano, a fin de que este corazón pueda llegar a ser un lugar de «cumplimiento» de la ley. El enunciado de Mt 5, 27-28, que hace manifiesta la perspectiva interior del adulterio cometido «en el corazón» -y en esta perspectiva señala los caminos justos para cumplir el mandamiento: «no adulterarás»-, es un argumento singular de ello. Este enunciado (Mt 5, 27-28), efectivamente, se refiere a la esfera en la que se trata de modo particular de la «pureza del corazón» (cf. Mt 5, 8) (expresión que en la Biblia -como es sabido- tiene un significado amplio). También en otro lugar tendremos ocasión de considerar cómo el mandamiento «no adulterarás» -el cual, en cuanto al modo en que se expresa y en cuanto al contenido, es una prohibición unívoca y severa (como el mandamiento «no desearás la mujer de tu prójimo» Ex 20, 17)- se cumple precisamente mediante la «pureza de corazón». Dan testimonio indirectamente de la severidad y fuerza de la prohibición las palabras siguientes del texto del sermón de la montaña, en las que Cristo habla figurativamente de «sacar el ojo» y de «cortar la mano», cuando estos miembros fuesen causa de pecado (cf. Mt 5, 29-30). Hemos constatado anteriormente que la legislación del Antiguo Testamento, aun cuando abundaba en castigos marcados por la severidad, sin embargo, no contribuía «a dar cumplimiento a la ley», porque su casuística estaba contramarcada por múltiples compromisos con la concupiscencia de la carne. En cambio, Cristo enseña que el mandamiento se cumple a través de la «pureza de corazón», de la cual no participa el hombre sino a precio de firmeza en relación con todo lo que tiene su origen en la concupiscencia de la carne. Adquiere la «pureza de corazón» quien sabe elegir coherentemente a su «corazón»: a su «corazón» y a su «cuerpo».

6. El mandamiento no adulterarás» encuentra su justa motivación en la indisolubilidad del matrimonio, en el que el hombre y la mujer, en virtud del originario designio del Creador, se unen de modo que «los dos se convierten en una sola carne» (cf. Gén 2, 24) El adulterio contrasta, por su esencia, con esta unidad, en el sentido de que esta unidad corresponde a la dignidad de las personas. Cristo no solo confirma este significado esencial ético del mandamiento, sino que tiende a consolidarlo en la misma profundidad de la persona humana. La nueva dimensión del ethos está unida siempre con la revelación de esa profundidad, que se llama «corazón» y con su liberación de la «concupiscencia», de modo que en ese corazón pueda resplandecer más plenamente el hombre: varón y mujer, en toda la verdad del recíproco «para». Liberado de la constricción y de la disminución del espíritu que lleva consigo la concupiscencia de la carne, el ser humano: varón y mujer, se encuentra recíprocamente en la libertad del don que es la condición de toda convivencia en la verdad, y, en particular, en la libertad del recíproco donarse, puesto que ambos, marido y mujer, deben formar la unidad sacramental querida por el mismo Creador, como dice el Génesis 2, 24.

7. Como es evidente, la exigencia, que en el sermón de la montaña propone Cristo a todos sus oyentes actuales y potenciales, pertenece al espacio interior en que el hombre -precisamente el que le escucha- debe descubrir de nuevo la plenitud perdida de su humanidad y quererla recuperar. Esa plenitud en la relación recíproca de las personas: del hombre y de la mujer, el Maestro la reivindica en Mt 5, 27-28, pensando sobre todo en la indisolubilidad del matrimonio, pero también en toda otra forma de convivencia de los hombres y de las mujeres, de esa convivencia que constituye la pura y sencilla trama de la existencia. La vida humana, por su naturaleza, es «coeducativa», y su dignidad, su equilibrio dependen, en cada momento de la historia y en cada punto de longitud y latitud geográfica, de «quién» será ella para el, y él para ella.

Las palabras que Cristo pronunció es el sermón de la montaña tienen indudablemente este alcance universal y a la vez profundo. Sólo así pueden ser entendidas en la boca de Aquel, que hasta el fondo «conocía lo que en el hombre había» (Jn 2, 25), y que, al mismo tiempo, llevaba en sí el misterio de la «redención del cuerpo», como dirá San Pablo. ¿Debemos temer la severidad de estas palabras, o más bien, tener confianza en su contenido salvífico, en su potencia?

En todo caso, el análisis realizado de las palabras pronunciadas por Cristo en el sermón de la montaña abre el camino a ulteriores reflexiones indispensables para tener plena conciencia del hombre «histórico», y sobre todo del hombre contemporáneo: de su conciencia y de su «corazón».

Fuente: http://www.corazones.org/santos/juan_pablo2/Teologia%20del%20cuerpo/teologia_audiencia_43.htm

 

 

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La inminente necesidad de un hogar guiado por Dios

Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra.

Y dijo Dios: He aquí que os he dado toda planta que da semilla, que está sobre toda la tierra, y todo árbol en que hay fruto y que da semilla; os serán para comer. Y a toda bestia de la tierra, y a todas las aves de los cielos, y a todo lo que se arrastra sobre la tierra, en que hay vida, toda planta verde les será para comer. Y fue así. Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera. Y fue la tarde y la mañana el día sexto. ” (Génesis 1:27-31)
La inminente necesidad de un hogar guiado por Dios

El hogar es la célula básica de la sociedad, es el lugar donde el cristianismo genuino es exhibido, ya que es fácil fingir “el cristianismo en la iglesia, pero cuan difícil es en el hogar”; allí es donde aparecen nuestras reacciones mas ocultas, donde nos mostramos tal cual somos, donde nuestro cónyuge y nuestros hijos juzgarán cuan sincera es nuestra fe en el Dios que profesamos.

Erróneamente creemos que la iglesia es el sustituto del hogar y decimos: “Esto te enseñan en la iglesia…”, pero la iglesia es un instrumento de Dios para complementar y fortalecer nuestro hogar.

No podemos desligarnos de tan importante responsabilidad, como hijos de Dios es nuestro deber construir nuestro hogar como un lugar donde haya amor, estabilidad, seguridad y donde se puede conocer a nuestro Señor de forma personal.

Este es el lugar donde el ser humano es moldeado mas que en cualquier lugar porque allí es donde se desarrolla la auto imagen, la inclinación sexual, el carácter de un niño; allí reside la mayor influencia; aún afectando la sociedad en que vivimos, así como andan los hogares, así andará la nación.

El libro de Proverbios dice “La justicia engrandece la nación, mas el pecado es afrenta de las naciones” (Prov. 14:34 RVR 1960)

Por eso me atrevo a hablar de la urgencia de revisar nuestros hogares y ejercer una fe sincera para comenzar el cambio desde nuestro lugar y así cambiar la sociedad en conductas que vemos hoy, por ejemplo en nuestros jóvenes, y aportar para fortalecer el hogar con principios cristianos, para que nuestras generaciones venideras sepan que Dios estableció la familia y por consecuencia el hogar como un lugar de refugio, contención y descanso en medio de un mundo cada vez ,mas cruel y pecaminoso.

Pastores Ruben y Cristian Dimarcos

Pastor Rubén DiMarco y su Esposa Maria Cristina

Los pastores Rubén y N. Cristina Dimarco, son nuestros pastores. Ambos nacidos en Buenos Aires, Argentina.

Están casados desde el año 1974, luego de finalizar sus estudios teológicos en el Instituto Bíblico de Quilmes donde se conocieron.

Son padres de cuatro hijos Eduardo (32) casado con Valeria, tienen una hija su nombre es Fiorella, Israel (29), Eunice (28) casada con Pablo y Aylen (12) nacida en Bahía Blanca. Juntos sirven al Señor desde hace 32 años.

Juntos sirven al Señor desde hace 32 años. Actualmente pastorean la iglesia “El Puente”, en Bahía Blanca, de la cual son fundadores desde 1986, iglesia que cuenta alrededor de 1000 personas entre redes de hombres y mujeres. [1]

El sociólogo e historiador Carl Zimmerman en su libro “Familia y Civilización” registró agudas observaciones mientras comparaba la desintegración de varias culturas, con la paralela declinación de la vida familiar en las mismas, enumera 6 patrones de comportamiento doméstico que tipifiquen el deterioro vertiginoso de cada cultura:

1. El matrimonio deja de ser sagrado:

Es roto por el divorcio: “Por lo tanto lo que Dios juntó no lo separe el hombre” (Mat. 19:6 RVR 1960)

La Familia Ingalls, (serie televisiva año 1974)

2. Se pierde el significado tradicional de la ceremonia matrimonial:
“Dejará el hombre a su Padre y a su madre y se unirá a su mujer y serán una sola carne” (Gen. 2:24 RVR 1960)

3 Se incrementa en forma pública la falta de respeto a los padres y a toda autoridad en general:

“Honra a tu padre y a tu madre…” (Ex. 20:12 RVR 1960)

4. Se acrecienta la delincuencia juvenil, la promiscuidad y la rebelión.

“Instruye al niño en su camino, Y aun cuando fuere viejo no se apartará de él” (Reina-Valera Revisión 1960).

“¿Con qué limpiará el joven su camino? Con guardar tu Palabra.” (Sal.119:9 Reina Valera Revisión 1960)

5. Crece el adulterio y la aceptación del mismo.

Mat 19:8 “No adulterarás”; Mar 10:19 “No adulteres”; Luc 18:20 “No adulterarás”.

Jesús incluyó “los adulterios y las fornicaciones entre las maldades que contaminan al hombre” (Mar 7:21), que acusó a sus incrédulos contemporáneos de “generación adulterina y pecadora” (Mar 8,38), y que en el Apocalipsis advierte que los “fornicarios”, junto a los incrédulos, hechiceros, idólatras, etc., irán “al lago ardiendo con fuego y azufre” (Ap 21:8).

Mat 5:27-28 «Habéis oído que fue dicho. No adulterarás. Pero yo os digo que todo el que mira a una mujer deseándola, ya adulteró con ella en su corazón»

DOÑA FLOR Y SUS DOS MARIDOS (1976) de Bruno Barreto. Sonia Braga protagoniza esta conocida película y novela, en la cual encarna a Doña Flor, quien mantendrá relaciones con sus dos maridos, el vivo y el muerto, interpretados por Mauro Mendonça y José Wilker.

6. Crecen las perversiones sexuales, difundiéndolo como normal y hasta necesario

Lot saliendo de Sodoma Lot saliendo de Sodoma

“Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad; porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó. Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa. Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido. Profesando ser sabios, se hicieron necios, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles. Por lo cual también Dios los entregó a la inmundicia, en las concupiscencias de sus corazones, de modo que deshonraron entre sí sus propios cuerpos, ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador, el cual es bendito por los siglos. Amén.

Por esto Dios los entregó a pasiones vergonzosas; pues aun sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza, y de igual modo también los hombres, dejando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos la retribución debida a su extravío. Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen; estando atestados de toda injusticia, fornicación, perversidad, avaricia, maldad; llenos de envidia, homicidios, contiendas, engaños y malignidades; murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes a los padres, necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia; quienes habiendo entendido el juicio de Dios, que los que practican tales cosas son dignos de muerte, no sólo las hacen, sino que también se complacen con los que las practican. ” (Romanos 1:18-32 RVR 1960)

El hogar es nuestra primera universidad, el lugar donde recibimos las mas grandes bendiciones o las mas profundas heridas en la vida.

bibliaPor esto querido lector, te animo con este sencillo comentario a conocer el plan de Dios para tu hogar, a que leas la Biblia y te capacites por medio de ella y de la lectura edificante de otros libros que hablen sobre como construir un hogar de acuerdo a los valores cristianos, para transformar tu hogar, con un solo y sublime propósito: “satisfacer el corazón de Dios” y te aseguro que vivirás en un “pedacito de cielo en la tierra”

“Si Jehová no edificare la casa en vano trabajan los que la edifican; si Jehová no guardare la ciudad en vano vela la guardia ( Sal. 127:1 RVR 1960)

“Si Dios no construye la casa, de nada sirve que se esfuercen los constructores. Si Dios no vigila la ciudad, de nada sirve que se desvelen los vigilantes.” (Sal. 127:1 Biblia en Lenguaje sencillo)

Dios te bendiga!!!

Autora: Daniela Alessandroni

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Daniela Alessandroni es miembro de la iglesia evangélica “El Puente”, del concilio Unión de las Asambleas de Dios, de la ciudad de Bahía Blanca, provincia de Buenos Aires, Argentina, a la cual yo asisto, y colaboradora de este blog.

Junto a su esposo Fabián Fernández y sus 3 jóvenes hijas sirven al Señor compartiendo alegremente su fe en Jesucristo entre los jóvenes y adultos.

Fuente:

[1]http://www.pasionxsupresencia.com.ar/Pasion%20Por%20su%20Presencia.swf

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Adúlteros: entre Vattimo y Jesús

Nota:

Este debate no necesariamente refleja el pensamiento teologico del blog.

Paulo Arieu

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DEBATE

Adúlteros: entre Vattimo y Jesús


El filósofo Gianni Vattimo había restado valor a la enseñanza bíblica acerca del adulterio (”Son situaciones históricas”, dijo en Ñ). León Ferrari cita numerosos pasajes de la Biblia y afirma: “Los Evangelios condenan el adulterio y todo lo que tenga que ver con el sexo”.



LEON FERRARI.

En la entrevista que publica Ñ el 8 de abril, Gianni Vattimo interpreta el Evangelio, y las Sagradas Escrituras en general, recordando algunas páginas y callando el resto. Cosa que sucede a menudo y que la Biblia facilita: sus lectores, santos o asesinos, encuentran en esos libros versículos que justifican su conducta, aplausos al amor y al delito.

Vattimo, refiriéndose al adulterio, dice: “El Evangelio no se ha ocupado nunca de si uno va a la cama con éste o con aquél. ¿El adulterio? Tiene que ver con instituciones históricas; no es necesariamente una orden divina”. Vattimo parece no haber leído, Mt 19,8 “No adulterarás”; Mc 10,19 “No adulteres”; Lc 18,20 “No adulterarás”.

Tampoco recuerda que Jesús incluyó “los adulterios y las fornicaciones entre las maldades que contaminan al hombre” (Mr 7,21), que acusó a sus incrédulos contemporáneos de “generación adulterina y pecadora”  (Mc 8,38), y que en el Apocalipsis advierte que los “fornicarios”, junto a los incrédulos, hechiceros, idólatras, etc, irán “al lago ardiendo con fuego y azufre” (Ap 21,8).

Las malas interpretaciones de la Biblia, el Evangelio incluido, son el origen de la enferma relación de Occidente con el sexo, la degradación del sexo, la obsesión vaticana por el sexo, el sexo como delito. Jesús,  es uno de los orígenes “de la identificación de la moralidad con el uso correcto de la sexualidad”, que a Vattimo, ateo, le parece una estupidez de la Iglesia.

En el sermón de la montaña —donde recurre a Sodoma (Lc 17,28), uno de los exterminios bíblicos originados en el uso no convencional del sexo, para ilustrar la represión que lo acompañará en su vuelta— agrava el adulterio, castigado con lapidación por Jehová, incluyendo en esa falta a quien se limite a desear una mujer.

En Mt 5,28 dice: “Oísteis que fue dicho: ”No adulterarás”: mas yo os digo, que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón”. Y agrega el castigo: “Por tanto, si tu ojo derecho te fuere ocasión de caer, sácalo y échalo de ti: que mejor te es que se pierda uno de tus miembros, que no todo tu cuerpo sea echado en el infierno” (Mt 5,29).

mapa de Canaán realizado en Londres en 1650 por Thomas Fuller(1608-1661), un clérigo inglés que escribió libros sobre historia y geografía de Tierra Santa. Sus medidas son 28.1 x 34.3 cm.

Jesús se ocupa de nuevo del adulterio —y de nuevo corrige las leyes de su padre, a pesar de haber afirmado que no cambiará “un tilde” de ellas— cuando califica de adúlteros a quienes se casen por segunda vez luego de separarse de su primera esposa.

Mt 19,9: “Y yo os digo que cualquiera que repudiare a su mujer, si no fuere por causa de fornicación, y se casare con otra, adultera: y el que se casare con repudiada, adultera”.

Lapidacion de una mujer adultera en el Islam

Esas ideas de Jesús sobre divorcio y adulterio son el origen de la perseverante campaña de la Iglesia contra el divorcio: los divorciados católicos que se vuelven a casar no pueden recibir la comunión, es decir, son condenados al tormento eterno, castigo infinitamente más doloroso, cuentan, que la muerte prometida en el Pentateuco.

El cardenal Ratzinger años atrás y antes de haber accedido al trono papal, nos dio un ejemplo de la mentalidad vaticana: dispuso que los matrimonios entre divorciados pueden recibir la comunión siempre que no copulen.

A pesar de la reiteración evangélica en referirse el adulterio, Vattimo afirma que “el adulterio, en todo caso, es una de las leyes de Moisés, así que es un asunto de ellos”.

Pero es también asunto del Nuevo Testamento que no abandonó las leyes del Antiguo en el que la mayor parte de los condenados a muerte son pecadores sexuales.

La muerte que nos aguarda como castigo por el Pecado Original de Eva se adelanta si con el sexo que Eva descubrió se pretenden alcanzar orgasmos prohibidos.

A pesar de que las tablas de Moisés ordenan no matar, en la Biblia se ordena matar con diversos procedimientos (pestes, fuego, lapidación, degüello) a los homosexuales y sodomitas (Lv 20,13 y 1Ro 1,32), a las muchachas recién casadas cuando se compruebe que no son vírgenes (Dt 22, 13-21), a la hija del sacerdote que comenzara a fornicar (Lv 21,9), a los hombres que copulen con bestias (Lv 20,15), a las mujeres que copulen con animales (Lv 20,16), al que copule con su suegra (Lv 20,14), con su hermana (Lv 20,17), con la mujer del hermano de su padre (Lv 20,20), con su nuera (Lv 20,12), a las adúlteras (Lv 20,10 y Dt 22,22), a la mujer que violada dentro de la ciudad no grite pidiendo ayuda (Dt 22,24), a los “fornicarios” (Ap 21, 8), a los judíos que copulaban con las aborígenes de la Tierra Prometida y a los hijos que nacieran de esas uniones (Jer 16,2).

Jesús no corrige ni suaviza estas leyes; en cambio agrava el adulterio, identificando moral y sexo, lo que Vattimo juzga “una estupidez”.

El autor de la expresión más hostil de la Biblia contra el sexo es Jesús hablando de los eunucos, a los que clasifica en tres categorías: los que nacieron eunucos, los que fueron castrados por otros hombres y los que se autocastraron para alcanzar el reino de los cielos. Jesús promueve este camino a la Salvación sugiriendo “el que pueda ser capaz de eso (de autocastrarse), séalo” (Mt 19,12). Esta exhortación a separarse de los testículos originó varias interpretaciones.

Según San Jerónimo Jesús habló en los dos primeros casos de castración carnal y en el tercero usó esa imagen sólo para promover la abstención sexual (Catena Aurea 2 134: CA es la recopilación de comentarios a los evangelios realizada por Santo Tomás de Aquino).

San Juan Crisóstomo asegura que Jesús no se refirió a “la amputación de los miembros, sino de los malos pensamientos” (CA 2 135).

A estas opiniones se opone la de Orígenes 6 (Oregenes Adamantius, 185-254dC.) respetado teólogo del cristianismo, quien no sólo interpretó literalmente las palabras de Jesús, sino que las puso en práctica mutilando sus genitales. Lo mismo hicieron otros religiosos como el obispo Melitón y la secta de los valecianos, del siglo III, constituida por castrados que no admitían entre ellos a hombres enteros.

Beda comparte esta interpretación pues, comentando la idea de Jesús que serán “bienaventuradas las estériles” (Lc 23,29) cuando él vuelva en el Apocalipsis, explica que “se refiere sin duda, a aquellos de uno y otro sexo que se castraron por el reino de los cielos” (CA 4 516).

Juan Pablo II recordó la idea de Jesús: luego de citar el versículo de Mateo agrega: “desde luego las palabras de Jesús no quieren aludir a una mutilación física que la Iglesia nunca ha permitido, sino a la libre renuncia a las relaciones sexuales” (Osservatore Romano, diario del Vaticano, 18/11/94).

La interpretación del papa se debilita al aparecer junto a una afirmación equivocada. No es cierto que la iglesia nunca ha permitido la castración: es sabido que, como San Pablo prohibió hablar a las mujeres en los templos, el Vaticano solucionó la falta de sopranos y contraltos castrando chicos antes de su pubertad, o integrando en sus coros chicos castrados, para que conservaran sus cristalinas voces.

Vinculada o no a la sugestión de Jesús, esta costumbre se practicó desde el siglo XVI hasta fines del XIX y recién fue prohibida durante el papado de León XIII (1878-1903) quien dispuso que “no hubiera castrados en la capilla de música papal”.

La autocastración sugerida por Jesús, la circuncisión exigida por el Padre, la preocupación evangélica por el himen de María, las menciones a la menstruación y a zonas del cuerpo que puedan secundar el placer sexual, al ano, a los senos de las mujeres, a los vientres de las embarazadas y las metáforas de Jehová refiriéndose a Israel como una prostituta que lo engañaba con asirios, egipcios y caldeos (”abriste tus piernas y multiplicaste tus fornicaciones, y fornicaste con los hijos de Egipto, tus vecinos de grandes carnes”, Ez 16,25), Sodoma, la condena de San Pablo a los gay y a las mujeres sodomitas (Ro 1,23) son algunas exteriorizaciones de la sexualidad bíblica.

Además, a las numerosas condenas a quienes utilicen su recto o el de su prójimo como fuentes de placer, Dios agrega la idea de utilizarlo como fuente de castigo y dolor pues no sólo incluye las hemorroides entre los escarmientos que anuncia en el Deuteronomio, sino que hace realidad esa amenaza al castigar a los filisteos que habían robado el Arca del Señor (”e hirió a los hombres de aquella ciudad desde el chico hasta el grande con una plaga de hemorroides… y el clamor de la ciudad subía al cielo”, 1S 5,6), plaga de la que sólo pudieron librarse entregando junto al Arca una ofrenda de cinco hemorroides de oro, una por cada uno de los príncipes filisteos castigados.

Vinculadas a ese castigo están las amenazas contra las mujeres de Samaria (serán sus preñadas abiertas) y la imagen que utilizó Ezequiel para intimidar a Jerusalem cuando, aliada con los asirios, abandonaba a Jehová: “tus pechos arrancarás” (Ez 23,34).

El Evangelio, junto con la Biblia, el Antiguo y el Nuevo Testamento, condena el adulterio y todo lo que tenga que ver con el sexo. ¿Cómo leerlo en otra forma?

En la entrevista que publica Ñ el 8/4/06, Vattimo interpreta el Evangelio, y las Sagradas Escrituras en general, recordando algunas páginas y callando el resto.

Cosa que sucede a menudo y que la Biblia facilita: sus lectores, santos o asesinos, encuentran en esos libros versículos que justifican su conducta, aplausos al amor y al delito. Vattimo, refiriéndose al adulterio, dice: “El Evangelio no se ha ocupado nunca si uno va a la cama con este o con aquel.

¿El adulterio? Tiene que ver con instituciones históricas; no es necesariamente una orden divina”. Vattimo parece no haber leído, Mt 19,8 “No adulterarás”; Mc 10,19 “No adulteres”; Lc 18,20 “No adulterarás”. Tampoco recuerda que Jesús incluyó “los adulterios y las fornicaciones entre las maldades que contaminan al hombre” (Mr 7,21), que acusó a sus incrédulos contemporáneos de “generación adulterina y pecadora”  (Mc 8,38), y que en el Apocalipsis advierte que los “fornicarios”, junto a los incrédulos, hechiceros, idólatras, etc, irán “al lago ardiendo con fuego y azufre” (Ap 21,8).

Las malas interpretaciones de la Biblia, el Evangelio incluido, es el origen de la enferma relación de Occidente con el sexo, la degradación del sexo, la obsesión vaticana por el sexo, el sexo como delito. Jesús, real o imaginado, es uno de los orígenes “de la identificación de la moralidad con el uso correcto de la sexualidad”, que a Vattimo, ateo, le parece una estupidez de la Iglesia.

En el sermón de la montaña —donde recurre a Sodoma (Lc 17,28), uno de los exterminios bíblicos originados en el uso no convencional del sexo, para ilustrar la represión que lo acompañará en su vuelta— agrava el adulterio, castigado con lapidación por Jehová, incluyendo en esa falta a quien se limite a desear una mujer.

En Mt 5,28 dice: “Oísteis que fue dicho: ´No adulterarás: mas yo os digo, que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón”. Y agrega el castigo: “Por tanto, si tu ojo derecho te fuere ocasión de caer, sácalo y échalo de ti: que mejor te es que se pierda uno de tus miembros, que no todo tu cuerpo sea echado en el infierno” (Mt 5,29).

Jesús se ocupa de nuevo del adulterio —y de nuevo corrige las leyes de su padre, a pesar de haber afirmado que no cambiará “un tilde” de ellas— cuando califica de adúlteros a quienes se casen por segunda vez luego de separarse de su primera esposa.

Mt 19,9: “Y yo os digo que cualquiera que repudiare a su mujer, si no fuere por causa de fornicación, y se casare con otra, adultera: y el que se casare con repudiada, adultera”.

Esas ideas de Jesús sobre divorcio y adulterio son el origen de la perseverante campaña de la Iglesia contra el divorcio: los divorciados católicos que se vuelven a casar no pueden recibir la comunión, es decir, son condenados al tormento eterno, castigo infinitamente más doloroso, cuentan, que la muerte prometida en el Pentateuco.

Este mapa alude a los tiempos de Abraham y muestra el río Jordán, que pasa por la pentápolis (1)

El cardenal Ratzinger años atrás y antes de haber accedido al trono papal, nos dio un ejemplo de la mentalidad vaticana: dispuso que los matrimonios entre divorciados pueden recibir la comunión siempre que no copulen. A pesar de la reiteración

Fuente:

http://www.clarin.com/suplementos/cultura/2006/04/29/u-01186159.htm

(1) http://www.arqueologos.org/article.php3?id_article=134

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LA BIBLIA Y EL SEXO

LA BIBLIA Y EL SEXO

La Biblia sigue siendo un libro sagrado para dos religiones y mil millones de personas, lo que obliga a considerarlo como una obra excelente. Otra cosa son las interpretaciones que a lo largo de  los siglos se han hecho de los episodios que relata y los preceptos que instituye. Lamentablemente, muy a menudo se ha pretendido ver en la letra un espíritu distinto del que en realidad informaba al exegeta.

 

Esto sucede con especial intensidad en el caso del sexo, cuya visión en el texto sagrado puede diferir de la que cada religión incluso cada grupo se empeñe en pretender. Pero los textos son muy tozudos, y dicen lo que dicen. Los intentos de torturarlos invirtiendo a veces su significado siguen siendo numerosos, y pueden ocultar el hecho fundamental: el sexo es visto, a lo largo de las páginas bíblicas, como una actividad natural en el hombre y necesaria para la felicidad tanto individual como de la especie. Lo que no quiere decir, naturalmente, que, como cualquier actividad, no esté sujeta a normas y prácticas, unas adecuadas y otras inadecuadas.

 

Ya que hablamos de normas, podríamos empezar por su regulación en el Decálogo. El sexto mandamiento dice, literalmente: “No adulterarás” (Gen 20,14). No lo que a muchos nos contaban los catecismos, “no fornicarás”, ni aún menos la versión más relamida, “No cometerás actos impuros”.

 

¿Qué diferencia hay entre la letra y las interpretaciones? La palabra “fornicar” (tener sexo fuera del matrimonio) no es condenada fuertemente hasta san Pablo. Así, por ejemplo, “no sea que se halle algún fornicario o irreligioso como Esaú” (Heb 12,16). Pero el Antiguo Testamento, de habitual no juzga moralmente el hecho sexual en sí, considerándolo más bien como la asunción de una deuda, un “compromiso”, de modo que podemos decir que, en rigor, la Biblia no se opone a las relaciones prematrimoniales, ni siquiera a las ocasionales. En todo caso, la “deuda” afecta especialmente al varón, y su reparación puede llegar desde la restauración del honor de la mujer, el cuidado de la prole eventualmente sobrevenida y, en caso extremo, la obligación de contraer matrimonio. Para los que juzguen insólita esa obligación, recordemos que el “matrimonio por amor” es un invento bastante tardío (seguramente de la época romántica) y el matrimonio tradicional nada tenía que ver: se limitaba a ser un contrato entre hombre y mujer en orden a la asistencia mutua, cuidado de la prole, unificación de los patrimonios, etc.

 

¿Cuál es, pues, el significado último del mandamiento “No adulterarás”? Si no nos empeñamos en buscarle tres pies al gato, está muy claro: se trata de no engañar al cónyuge, de no traicionar su confianza. La práctica cristiana, llevada de su obsesión antisexo, ha reducido esta “traición” al aspecto meramente carnal, llegando a interpretaciones tan ridículas como las de Clinton pretendiendo que una felación de la gordita Lewinsky no era un acto sexual. Allá ellos. Pero está claro que la traición al cónyuge puede revestir muchas más formas, algunas bastante peores.

 

Por lo demás, la protección a las indeseadas consecuencias de un acto sexual no regulado aparecen en todo el texto, en el que se transparenta la actitud del legislador en torno a sus aspectos más discutibles: por una parte el mantenimiento de esa fidelidad, por otra, la protección de la prole, y a través de ella, de la especie. Así, veamos alabar el sexo lícito, previniendo contra el sexo de las rameras, “No codicies su hermosura en tu corazón, ni te dejes prender en sus párpados” (Prov 6,25), y de las casadas con otro hombre, “Quien comete adulterio carece de seso; el que desea perderse a sí mismo, éste tal hace” (Prov 6,32).

 

Obtendremos con más claridad esa visión de la Biblia sobre el sexo comentando algunos de sus episodios más conocidos. Un análisis de los parajes sexuales de la Biblia sería eterno, y llenaría libros (ya lo ha hecho). Nos limitaremos especialmente en este artículo a algunos episodios de Génesis, que por su carácter de “epopeya” del pueblo judío nos ilustran mucho sobre sus costumbres y sistema de valores.

 

Primer texto que choca a nuestra mentalidad moderna: el narrado en Gen 12. Abraham va a Egipto, pues en su país hay hambruna, y dice a su mujer: “Mira, yo sé que eres mujer de hermosa figura, y sucederá que te verán los egipcios y dirán: ‘Ésa es su mujer’, y me matarán a mí, y a ti te dejarán con  vida. Di, pues, que eres mi hermana, a fin de que se me trate bien en gracia a ti y conserve mi vida por causa tuya” (Gen 12,11-13). Y, en efecto, llamada por el faraón, Saray convivió con él, lo que indica que debía conservar sus encantos pese a su edad, que no dice la Escritura, aunque Abraham tenía 75 años (Gen 12,4). Lo bueno del caso es que el faraón, al ser castigado (!) por Yahvé con una serie de plagas, se entera de la situación y reprende a Abraham: “¿Por qué no me manifestaste que era tu mujer?… Tómala y vete” (Gen 12,18-19).

 

Algunos comentaristas añaden, a guisa de excusa, que en efecto, ambos eran hermanos, aunque sólo de padre (!!). Este hecho sólo tiene una interpretación: el sexo no tenía mayor importancia entre los primitivos judíos, desde luego muy inferior al riesgo que podía correr Abraham, prevenido gracias a su mujer.

 

Otra confirmación. Es la misma Saray la que, pasado el peligro y ante su esterilidad temporal, le dice a Abraham: “Ve y acuéstate con Agar” (la asistenta), a fin de que hubiera descendencia. Y así fue (Gén 16,2). Más tarde, habiendo concebido la propia Sara, Agar fue pagada con la expulsión (Gen 21, 8-10). Su hijo Ismael es cabeza de los ismaelitas (árabes), raza desde luego menos legítima que la judía (a ojos judíos, claro). Recordemos que la Biblia incide muy a menudo en esos episodios simbólicos para elogiar o desprestigiar determinada etnia.

 

La Biblia nos habla también del pudor. En el conocido episodio de la desnudez accidental de Noé por haberse embriagado, el tema acaba con la maldición contra Cam (Gén 9,20-25), que se había burlado de él, en lo que hay que ver desde luego un nuevo sentimiento, el menosprecio contra los pueblos africanos (camitas).

 

La homosexualidad es considerada, sin paliativo de ninguna clase, “pecado nefando” en la Escritura. Sin duda el episodio más conocido es el de la llegada de los ángeles enviados por Dios a Lot, el sobrino de Abraham, que vivía en Sodoma, población plagada de homosexuales (a lo que alude la palabra sodomía). En Gen 19,5 “todo el pueblo a una” llama a la casa de Lot diciéndole: “¿Dónde están los sujetos que te han llegado esta noche? Sácanoslos para que los conozcamos”, metáfora que ha quedado como símbolo del acto sexual para la posteridad. Y Lot les da una respuesta ciertamente chocante: “¡Por favor, hermanos míos, no obréis mal!; mirad, os ruego: dos hijas tengo que aún no han conocido varón; yo os las sacaré, y haced con ellas lo que mejor os parezca, con tal que a estos hombres nada les hagáis, pues por eso se han acogido a la sombra de mi techo” (Gen 19,8). Este ofrecimiento, para nosotros inconcebible, nos habla elocuentemente de la fuerza de la ley de la hospitalidad entre los antiguos: al acoger a alguien bajo su techo, uno se hacía responsable de su seguridad, y debía mantener ésta a costa de cualquier sacrificio.

 

Pero hay más: terminado el episodio, los ángeles reprueban la maldad de los sodomitas y advierten a Lot de la inminente destrucción sobre la ciudad, conminándole a abandonarla “sin mirar atrás” (claro símbolo de la ruptura total que hay que ejercer con la vida viciosa, aunque uno no haya participado en ella). Por el camino, la mujer de Lot sucumbe a la femenina curiosidad, y es convertida en estatua de sal (una leyenda inspirada en las “esculturas” salinas de forma caprichosa que tanto abundan en la zona). Es tan grande la catástrofe que se ha abatido sobre Sodoma y Gomorra, que las hijas de Lot, esas doncellas “que no habían conocido varón”, creyéndose solas en el mundo, se sienten compelidas a repoblarlo. Y para ello el único camino es su propio padre. Entonces, “aquella noche dieron de beber a su padre, y llegóse la mayor y se acostó con él, quien no se dio cuenta ni cuando ella se acostó ni cuando se levantó” (Gen 19,33). A la noche siguiente se repite la misma operación con la hermana menor.

 

Ambas consiguen su objetivo: la mayor pare a Moab, y la menor a Ben-Ammí. Ambos patriarcas engendrarían dos venerables tribus, la de los moabitas y la de los ammonitas.

 

La moraleja del episodio, sobre el que la Biblia no realiza juicio de valor alguno, está clara: la perpetuación de la especie está por encima de cualquier otro valor, y por ello las precipitadas hermanas quedan disculpadas de su incesto. El valor supremo que justifica el sexo es la perpetuación de la especie, idea que retomaría enérgicamente la iglesia católica, que llegó a tolerarlo sólo en cuanto estuviera encaminado a este fin, considerando pecaminosas incluso las relaciones entre cónyuges incapaces de procrear.

 

Sigamos. Muerto Er, esposo de Tamar, por sus iniquidades, el segundo hermano, Onán, toma por esposa a la viuda. Mas según la ley judía, los hijos del nuevo matrimonio serían reputados como del primer hermano. Conque Onán, “cuando se llegaba a la mujer de su hermano, dejaba caer por tierra el semen para no proporcionar a su hermano descendencia” (Gen 38,9). Por ello fue castigado. Lo curioso es que la interpretación tradicional, aparte de condenar el coitus interruptus, condena también la masturbación, considerándola por lo visto una variante del primero… sin mujer. La interpretación está clara en ambos casos: el semen no debe ser desperdiciado.

Todavía tenemos otro episodio, esta vez encomiástico para la castidad: en Gen 39,7-12, la mujer del funcionario Putifar, a cuyo servicio se hallaba José, trata de seducirlo en vano. Despechada, le calumnia y el casto José va a parar a la cárcel, desde donde obrará otros prodigios, interpretando sueños y convirtiéndose en el antecesor de Freud.

 

Demos ahora un salto de unos siglos. Ya con el pueblo judío erigido en reino, refiere Samuel que el rey David vio desde a terraza del palacio real a una mujer de singular hermosura que estaba bañándose, y quedó prendado de ella. Averiguada su identidad como Betsabé, la esposa del general Urías, “David comisionó a algunos para que se la llevasen, y llegada ella donde él, yació con la misma… La mujer concibió y mandó recado a David, avisándole en estos términos: ‘Estoy encinta’” (Sam II, 11,4-5). Entonces David urde un plan tan torpe como criminal: manda que Urías sea colocado en el punto más peligroso de la acción bélica, donde efectivamente perece. David puede desposar a Betsabé. Curiosamente, el hijo adulterino de ambos será el gran Salomón.

 

Es notable que la Biblia no se molesta siquiera en aclarar si David recibió algún castigo por su acción, salvo, en todo caso, la que recayó sobre su familia: su hijo Amnón violó a su hermana Tamar (se trata de otra Tamar), con una débil protesta inicial de ésta: “No, hermano mío, no me deshonres, pues esto no se hace en Israel. No cometas tal iniquidad. Porque, ¿dónde llevaría yo mi deshonor? Y tú pasarías por uno de los más infames de Israel. Habla al rey, por favor, porque él no se negará a hacerme tuya” (II Sam 13,12). Nuevamente nos sorprendemos. ¿Es que el incesto no era tal si estaba permitido por el rey? La causa quizás haya que buscarla en que posiblemente el matrimonio entre hermanastros de estirpe regia era legítimo, como en Egipto.

 

En todo caso, por esta acción Amnón fue muerto por su hermano Absalón. Pero éste, no tan escrupuloso en otras cuestiones, acabó rebelándose contra su propio padre, quien tuvo que huir. Al final, el hijo rebelde acabó muerto, y lo último que sabemos de David es que efectivamente se arrepintió de su pecado, reprendido por el profeta Natán.

En una palabra: el episodio nos revela dos cosas: por una parte, no importa mucho el sexo ilícito con Betsabé, sino el hecho del crimen que David cometió, llevado por él (Betsabé no es culpada para nada). Y, en segundo lugar, algo que nos revela el instinto ferozmente tribal de pueblo palestino: no es castigado tanto David como su familia. En la visión del pueblo israelita, ambas cosas eran lo mismo.

 

Terminemos por algunas referencias insuperablemente explícitas, como son las del Cantar de los Cantares, que desconcertaron muchas veces a rabinos y padres de la Iglesia, remisos a aceptar lo que la letra decía. Veamos algunos párrafos:

“Esa tu talla semeja a una palmera, y tos senos a racimos” (Can 7,7).

“Tu ombligo es una crátera redonda, ¡nunca te falte en ella el vino mezclado!” (Can 2,2)

O esta otra, de indudable carecer simbólico-erótico: “Mi amado alargó su mano por la hendidura de la puerta, y se me conmovieron las entrañas. Me levanté a abrir a mi amado; mis manos gotearon mirra, y mis dedos mirra abundante sobre la manilla de la cerradura” (Can 5,4-5).

Los rabinos, desconcertados de que tales textos quedaran incluidos en el Canon bíblico, ya en el siglo II aJC opinaron que se referían en realidad al amor espiritual, y que todas sus explícitas menciones eran en realidad símbolos. Más tarde, los cristianos prefirieron ver en el texto el amor de Cristo por su Iglesia. Vano empeño: la letra salta a nuestra mirada y no es fácil, si no se está dispuesto a abandonar el propio juicio y criterio, ver en ella otra cosa de lo que dice.

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Fuente:http://www.albaiges.com/religion/bibliasexo.htm

 

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Recomiendan leer mi blog

paulo y johannaEn un articulo publicado en jrania.wordpress.com, recomiendan la lectura de mi blog.

Reproduzco la nota, en agradecimiento a la persona que me recomendó: lasteologias.wordpress.com « es la puerta de entrada para conocer un blog que tiene el mérito de ser abundante en información sobre multitud de temas y además, tratados con seriedad. Yo,  personalmente, puedo discrepar en elgún tema puntual, pero en conjunto creo que merece ser conocido.

Este blog tiene la apariencia de defender la postura “integrista” de la Iglesia Católica, lo cual merece el máximo respeto. En mi opinión, cualquier mente civilizada y culta, incluso si no comparte la fe cristiana, debe conocer la interpretación que de la religión cristiana hace este blog.  Es significativo que una persona tan ajena al cristianismo como René Guenon, que además se convirtió al islam, en su obra “La crisis del mundo moderno”, afirmara que durante muchos siglos la Iglesia Católica Romana ha sido un firme puntal de los valores tradicionales y de la Civilización.

Habiendo, por mi parte hecho un comentario contrario a la tesis absurda de que “las razas humanas no existen” y que lo que existe es el “racismo”, este blog ha tenido la elegancia de publicarlo. Ahora añadiría que quienes admiten que el “racismo” existe, deben reconocer que este –sea cual fuere el significado que se quiera dar a esa palabra– sólo existe como resultado de un instinto elemental e innato de autodefensa. Cualquien minoría que se siente invadida o agredida genera reacciones de defensa. Sólo así cabe entender esta palabra (”racismo”) que contra lo que se puede creer, era una palabra inexistente en el idioma alemán y en el vocabulario del nacionalsocialismo.  Como “neologismo” podría significar, como todo “…ismo”, la defensa de algo, nunca el odio contra su contrario. Así por ejemplo: cristianismo, platonismo, marxismo, patriotismo, etc., son ideas que expresan la defensa o apologia del sujeto al que hacen referencia. Por consiguiente, lo sensato es desposeer a esa palabra de la connotación negativa y precisamente, al hacerlo se procura la mejor convivencia entre las distintas etnias… En resumen, hay que entender que el “amor a la propia patria, a la propia nación, raza, religión, etc..”  no lleva implícito, necesariamente, el odio a los demás… Es más, sólo a quien se le permite honrar y amar a sus padres, a sus ancestros, se le hace más asumible  al menos el respeto, hacia los antepasados de los demás. Como suele decirse: “La caridad empieza por uno mismo”.

Si  Dios ha hecho al mundo con toda su diversidad en todos los órdenes, los intentos modernos de “ingeniería genética” para relativizar las diferencias de sexos,  y el mestizaje programado mediante migraciones masivas pueden ser considerados como petulante  insensatez que trata de remedar a la propia naturaleza. JULIAN. Viernes, 4 de abril de 2008»

Gracias Julian por recomendarme y Dios te bendiga mucho y te de sabiduria de lo alto para seguir escribiendo articulos.

Gracias nuevamente.

Paulo Arieu 

Fuentepaulo-arieu-theologies-weblog,  de jrania.wordpress.com

 

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