Causas teológicas de la muerte de Jesús


jueves, 20 de marzo de 2008

Lima – Perú, (ORBITA).- Estas son las causas teológicas de la muerte de Jesús, las que sólo se aceptan por la fe y que nos ayudan a ver la salvación.

Muerto por nuestros pecados
El pecado nos impide experimentar el amor de Dios, nos aleja de Él. Los hombres en el Antiguo Testamento estaban conscientes de la necesidad de expiar sus pecados por medio de algún sacrificio, pero nada había sido suficiente, la única solución era Jesús, cuyo nombre significa “Dios salva”. Nuestros pecados han sido perdonados gracias al sacrificio de Cristo que le pide al Padre en la cruz: “Padre perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lc 23,33). El Padre al ver tanto amor de su Hijo por nosotros, cancela nuestra deuda. Por tanto, ya estamos en paz con Él (Col 2,13-14). Además, Jesús no solo borra nuestro pecado, sino que nos capacita para ya no pecar más, con el testimonio de su vida, con su doctrina, con su gracia. En la cruz de Jesús, murió todo lo que no nos dejaba vivir como hijos de Dios y por su sangre preciosa, fuimos rescatados, lavados y purificados. Él soportó el castigo que nos trae la paz y por sus heridas fuimos liberados.

Jesús el Mediador
El Padre nos salva por la mediación única de Jesucristo (1Tim 2,1-5). Su mediación supera la de cualquier otro, como hombre, Jesús es el único unido indisolublemente a la divinidad, y por ello, el único que, como Dios y hombre, puede ser “puente” entre Dios y los hombres. Jesús es el mediador de la Nueva Alianza, con su sangre sella este pacto con Dios. En la institución de la Eucaristía, presenta el vino (su sangre) como la sangre de la Alianza nueva y definitiva (1Cor 11,25), sangre derramada en expiación por los pecados de los hombres (Mt 26,28; Lc 22,20)

Jesús el Redentor
Jesús vivió su muerte en una actitud de obediencia y fidelidad total al Padre y de amor y perdón a los hombres. La muerte que era la manifestación suprema del pecado, se ha convertido en la manifestación suprema de amor y reconciliación entre Dios y el hombre.

La muerte de Jesús no fue fruto del azar, sino que pertenece al misterio del designio de Dios (Hch 2,23) más no significa que los que entregaron a Jesús son sólo ejecutores pasivos de un drama escrito de antemano por Dios. El designo eterno de Dios incluye la respuesta libre de cada hombre a su gracia. (Hch 4, 27-28). Dios permitió los actos nacidos de la ceguera del hombre para realizar su designio de salvación.

Fuente:

http://agenciaorbita.com/index.php?option=com_content&task=view&id=4927&Itemid=1

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