Teología Dogmática (I) Nº 4
Teología Dogmática (I) Nº 4
Newton, hablando del cosmos dijo: «Hay que reconocer la voluntad y el dominio de un Ser Inteligente y poderoso»104.
Y en otro sitio: « ¿De dónde proviene todo ese orden y belleza que vemos en el mundo? ¿Fue el ojo ideado sin ingenio en materia de óptica? ¿No parece claro que existe un Ser Inteligente?»105.
Einstein escribió en The World as I see it: «La ley del cosmos revela una inteligencia de tal superioridad que comparada con ella todo pensar humano es insignificante».
El Premio Nobel de Física Alfredo Kastler declaraba en agosto de 1968: «La idea de que el mundo, el Universo material, se ha creado él mismo, me parece absurda.
«Yo no concibo el mundo sino con un Creador, por consiguiente, Dios. Para un físico, un solo átomo es tan complicado, supone tal inteligencia, que un Universo materialista carece de sentido».
Toda organización supone un organizador. Si en la Naturaleza hay seres organizados, es inevitable reconocer la existencia de una inteligencia organizadora.
El gran filósofo inglés David Hume, dice al final de su obra Historia natural de la Religión: «La organización de la naturaleza, en su totalidad, nos habla de un Autor inteligente»106.
1,15. Es absurdo pensar que la Naturaleza se ha hecho sin la intervención de una inteligencia. ¿Te parece posible que un mono tecleando en una máquina de escribir componga este libro que tienes en las manos?
Pues esto es mucho más probable que suponer que no ha intervenido una inteligencia en la formación del ojo humano (maravillosa máquina fotográfica), la agilidad de una mosca en el aire, o la función clorofílica de una hoja verde, que es un auténtico laboratorio químico.
Las plantas son sensibles al aire, al Sol, a la luz, a la oscuridad, a la electricidad, al magnetismo, etc.; sintetizan sustancias y fabrican oxígeno107: las plantas con la luz del Sol, desprenden oxígeno del agua, y absorben el anhídrido carbónico para sintetizar glucosa.
En 1976 un grupo de científicos españoles de la Universidad de Sevilla ha logrado en el laboratorio repetir lo que hacen las plantas. Es decir, que este fenómeno se realiza en las plantas según unas reacciones de leyes determinadas. Donde hay ley, orden, organización, hay inteligencia.
Azar es lo que sucede sin ser dirigido por una inteligencia108.
No es lo mismo «azar» que «falta de información».
El que salga «cara» o «cruz» al tirar una moneda al aire, más que azar es falta de información. Si conociéramos todas las variables que intervienen, podríamos saber si iba a salir cara o cruz.
Lo mismo habría que decir de la cara que queda arriba al tirar un dado. El que no sepamos predecirlo no significa que no se deba a leyes determinadas.
Por eso, muchas cosas que atribuimos al azar son por falta de información.
En cambio, el ciego azar es totalmente aleatorio, como sería que un mono, tecleando en una máquina de escribir, sacara el libro que tienes en las manos.
Lo casual no se repite varias veces seguidas.
Lo que sale por casualidad no es repetible a voluntad todas las veces que se desee, por ejemplo el Premio Gordo de la lotería; en cambio, lo que es fruto de la inteligencia, sí se puede repetir a voluntad.
Por eso el hecho científico puede repetirse a discreción, pues siempre se pueden conseguir los mismos efectos al poner las mismas causas.
Pero lo que sale por azar no puede repetirse a voluntad.
Las letras que forman este libro han necesitado muchas horas de trabajo para que digan lo que dicen.
Si yo meto en un cubo todas estas letras y las tiro al suelo, hay una probabilidad contra miles de millones de que las letras salgan en el orden que tienen en mi libro. Y desde luego todo el mundo comprenderá que no saldría cincuenta veces seguidas. Las cincuenta ediciones de mi libro no hubieran salido con meter las letras en un cubo y tirarlas al suelo cincuenta veces.
Este libro tiene un millón de letras sin contar puntos y comas.
Al tirarlas al suelo, ni siquiera caerían derechas y en línea recta.
Para que las letras se ordenen formando palabras, y las palabras se ordenen formando frases, hace falta una inteligencia ordenadora.
Evidentemente, el orden que las letras tienen en este libro es uno de los órdenes posibles.
Pero la probabilidad de que caigan las letras en este orden es una contra un número que tiene tres millones de cifras. El cálculo se ha hecho con calculadora. El número es tan grande que si lo nombráramos por su nombre propio, pocas personas lo entenderían: el número de permutaciones es de quinientos millones (500.000 grupos de seis cifras).
Para escribirlo con números del tamaño de las letras de este libro necesitaríamos una tira de papel de seis kilómetros de larga.
Es decir, la probabilidad de que salga este libro al tirar las letras del cubo al suelo es prácticamente nula. Y menos aún que salga cincuenta veces seguidas.
La prueba es que si alguien se apostara un millón de pesetas de que lo conseguiría, cincuenta veces seguidas, como las ediciones de este libro, aceptaríamos encantados la apuesta, seguros de ganarla.
Pues si para hacer este libro hace falta una inteligencia ordenadora, ¿se habrán formado sin inteligencia ordenadora las moscas, las flores, los pájaros y el cosmos de precisión matemática?
Una sinfonía no se compone poniendo a un mono a teclear en un piano.
Dice Paul Davies en su libro La mente de Dios: «Cuesta trabajo creer que este intrincado universo exista por casualidad»109.
El que contemplando el mundo sólo ve materia, es como el que entra en la Biblioteca Nacional de Madrid y sale diciendo que allí sólo hay papeles manchados con tinta de imprenta.
Salvador de Madariaga dice: «Creo que la atribución del Universo y de la vida a la copulación del azar con la necesidad es un disparate de tal envergadura, que no hay intelecto humano medianamente ejercitado que lo pueda sostener en serio; y que la prueba de la existencia de un Creador es cosa al alcance de cualquier cabeza sana»110.
«El azar es algo inconsistente y poco creíble»111. El azar no explica nada. Es tan sólo la razón de nuestra ignorancia. Llamamos azar al suceso que no hemos podido prever112.
El hecho de que al echar los dados no podamos prever qué cara quedará arriba, no significa que eso no se deba a una porción de combinaciones de fuerzas que no conocemos de antemano, pero que existen.
Por eso dijo Jules-Henri Poincaré, Profesor de Física Matemática en la Universidad de París: «El azar no es más que la medida de nuestra ignorancia»113. Y Monod reconoce que su tesis del azar es «una declaración de ignorancia»114.
Dice Wenher von Siemens: «Cuanto más penetro en el reino de las fuerzas de la naturaleza, tanto más sube mi admiración de la Sabiduría que resplandece en la Creación»115.
«El estudio objetivo de la Naturaleza, en su complejidad, no puede contentarse con el azar, estando ausente la inteligencia; sino debe admitirse que la Naturaleza reclama una Mente Superior»116.
Y Kastler, Premio Nobel, afirma: «Querer admitir que el azar haya creado el ser viviente me parece absurdo»117.
1,16. Que la Naturaleza se rige según unas leyes es algo indiscutible.
Estas leyes de la Naturaleza, son la base de la Ciencia.
«El hombre de Ciencia sabe que idénticos efectos en idénticas circunstancias presuponen idénticas causas»118. Sin tales premisas la Ciencia resultaría imposible.
Aunque es verdad que algunas veces intervienen tantos factores que es muy difícil predecir de antemano lo que ocurrirá: como si saldrá cara o cruz al echar una moneda al aire. Entonces se acudirá al «cálculo de probabilidades» y estadísticas. De ahí el «principio de indeterminación» de Heisenberg en la microfísica donde tanto desconocemos; pero esto no niega que el resultado se deba a leyes determinadas119.
Admirar la Naturaleza e ignorar a Dios sería como admirar una máquina automática por la perfección de su funcionamiento e ignorar la inteligencia del ingeniero que ha hecho posible esa máquina.
Por eso la Biblia dice que los que no conocen a Dios a través de la Naturaleza son unos necios120. Afirma la Biblia: «Dijo el necio: No hay Dios»121. .Y en otro lugar: «Los cielos cantan la gloria de Dios»122. «Dios se hace visible a través de sus obras, por eso quienes no le glorifican no tienen excusa»123.
El Concilio Vaticano I condena a los que nieguen que la razón humana no pueda demostrar con certeza la existencia de Dios: «La misma Santa Madre Iglesia sostiene y enseña que Dios, principio y fin de todas las cosas, puede ser conocido con certeza por la luz natural de la razón humana partiendo de las cosas creadas». 124.
Carlos Rubbia, Premio Nobel de Física, Director del Laboratorio Europeo para la Física de las Partículas, dice: «Hablar del origen del mundo lleva a pensar en la Creación… Para mí está claro que esto no puede ser consecuencia de la casualidad»125.
Igualmente, la belleza del plumaje de colores de algunos pájaros me habla del talento del artista que concibió esa armonía de colores.
Donde hay una obra de arte hay un artista. Hasta el blasfemo Voltaire dijo: «No puedo imaginar que haya un reloj sin relojero»126.
Y André Gide: «Para no creer en Dios es absolutamente necesario abstenerse de mirar la naturaleza y reflexionar sobre lo que vemos»127.
Por eso «por más que retrocedamos en el tiempo no encontraremos ningún pueblo sin religión, sin creencias, preceptos y ritos cuya finalidad es poner al hombre en relación con la Divinidad»128.
Notas:
104 ANTONIO ROMAÑÁ, S.I.: Estado actual de la cosmología. Epílogo. Publicaciones del Observatorio del Ebro. Tortosa, 1966.
105 ISAAC NEWTON: Optics, 3º edición. London 1721, pg. 344s.
106 GARRIGOU-LAGRANGE: DIOS, su existencia, II, 2. Ed. Palabra. Madrid. 1976.
107 SALVADOR DE MADARIAGA: Dios y los españoles, 2º, V, Ed. Planeta. Barcelona, l975.
108 JOSÉ ANTONIO GALINDO: Dios no ha muerto, IV, 6, 5, a. Ed. San Pablo. Madrid. 1996.
109 PAUL DAVIES: La mente de Dios. Ed. Interamericana de España. Madrid. 1976.
110 SALVADOR DE MADARIAGA: Dios y los españoles, Introducción. Ed. Planeta. Barcelona.
111 MANUEL QUIRELL: Tras los pasos de Dios, VIII. Ed. Monte Casino. Zamora. 1997.
112 JOSÉ M. RIAZA, S.I.: Azar, Ley, Milagro, II, 1. Ed. BAC. Madrid, 1964
113 JOSÉ M. CIURANA: Pruebas racionales de la existencia de Dios, V.C. Difusora del libro. Madrid.
114 JUAN LUIS RUIZ DE LA PEÑA: Teología de la creación, 2ª, VIII, 3, 3. Ed. Sal Terrae. Santander
115 MANUEL QUIRELL: Tras los pasos de Dios, II. Ed. Monte Casino. Zamora. 1997.
116 JOSÉ M. RIAZA, S.I.: La Iglesia en la Historia de la Ciencia, 2ª, XIII, 3, g. Ed. BAC. Madrid. 1999.
117 A. KASTLER: Revista La Civiltá Cattolica, 136 (1985) 144.
118 JOSÉ M. RIAZA, S.I.: Azar, Ley, Milagro, X, 7. Ed. BAC. Madrid.
119 JOSÉ M. CIURANA: La existencia de Dios ante la razón, 3º, II, A, b. Ed. Bosch. Barcelona, 1976.
120 Libro de la Sabiduría, 13:1-10; SAN PABLO: Carta a los romanos, 1:20-23.
121 Salmo 14:1.
122 Salmo 19:2.
123 SAN PABLO: Carta a los Romanos, 1:19ss.
124 DENZINGER: El Magisterio de la Iglesia, nº 1785,1806. Ed. Herder Barcelona.
125 Revista ECCLESIA, n.2498 (20-X-1990) pg. 7.
126 VITTORIO MESSORI: Algunas razones para creer, XIV. Ed. Planeta+Testimonio.Barcelona.2000
127 VITTORIO MESSORI: Algunas razones para creer, XIV. Ed.Planeta+Testimonio.Barcelona.2000
128 VITTORIO MESSORI: Algunas razones para creer, XIV. Ed.Planeta+Testimonio.Barcelona.2000
