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“… el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, me apareció diciendo.” (Ex.3:16 RVA)
“… de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.” (Ro.1:1 RVA)
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Este el Dios en quien creemos, este el Dios que está en nuestras bocas, mentes y en nuestras acciones, reconocemos que muchas veces este no es el dios que traemos en la boca, mente y acciones, sin embargo, cada día debemos reflexionar acerca del Dios revelado en nuestras vidas.
Ahora bien, ¿quién es el Dios de la Biblia?
No podemos hacer aquí un análisis exhaustivo acerca del tema, solo podremos tener unas pinceladas acerca de su ser. Es posible que ya sepamos esto acerca de Dios, sin embargo, penetrar en la Sagrada Escritura para conocer acerca de Dios seguramente nos debe tocar nuestra conciencia y responder ante el Dios, el Único y Verdadero.
Conozcamos al Único y Verdadero por sus nombres que son mencionados en la Sagrada Escritura:
Existen tres nombres de Dios que resaltan sobre los demás, no como superiores, sino como aquellos que nos revelan más acerca del Dios de la Biblia:
Elohim. Este nombre, el cual está escrito en su forma plural, significa de entrada: Dios. Sin embargo, un estudio del desarrollo histórico de este nombre nos permite saber que el significado es: Dios es el Dios que lo es verdaderamente.
Este es el Dios creador de los cielos y la tierra (Gén. 1:1) Este es el Dios que nos ha hecho para la gloria de su alabanza. (Ef. 1:11-12) De esta manera, somos partícipes de su divinidad, no tenemos nada de divinos, somos diferentes, Dios es el Totalmente Otro, sin embargo, el Dios de la Biblia, a diferencia de cualquier otra divinidad del pasado o del presente, es un Dios creador, que ha formado los cielos, la tierra y a los hombres con la palma de su mano.
Yahvé. Este nombre le fue revelado a Moisés en el Sinaí. (Ex. 3:14) La traducción que tenemos en nuestras Biblias dice: Yo soy el que Soy. Pero debemos adentrarnos un poco más para saber, a ciencia cierta, lo que Dios quería que Moisés y el pueblo supieran de él.
Los israelitas no querían saber que Dios existía, eso estaba en su conocimiento, tampoco que Dios es el creador, lo sabían también, ellos querían saber lo que Dios haría con ellos en medio de la opresión por parte de los Egipcios. Es muy probable que al escuchar el nombre de Dios entendieran que Dios estaría con ellos, es decir, una traducción que se viene dando es: “Estaré ahí con poder” Sí, Dios no solo les hablaría, sino que estaría con ellos en todo momento para cuidarlos y defenderlos.
Dios baja y deja su gloria para entrar en contacto con el hombre, su creación especial. A diferencia de cualquier otra divinidad del pasado o del presente, el Dios de la Biblia está con nosotros, camina con nosotros y es nuestro Dios (Lev. 26:11)
El Shaddai Dios Todopoderoso (Gén. 17:1) El Dios que todo lo puede, su poder es tan grande que no hay dios que se le pueda comprar. Nuestro Dios es tan Poderoso que tiene el poder para entrar en contacto con su creación, una vez más, a diferencia de cualquier otra divinidad, el Dios Todopoderoso tiene capacidad y poder para vencer y guiar a su pueblo. Para Dios no hay nada imposible porque todo lo puede.
Solo tres nombres de Dios y podemos reconocerle como el Único y Verdadero, es decir, no hay un solo dios (insisto, no que haya otros dioses) que se le pueda comparar. Nuestro Dios es alguien especial, necesitamos conocerlo, es el anhelo de Jesús. Jesús nos ha dado a conocer este Dios, su Padre, para que cada hombre que pisa esta tierra pueda conocerle. Como iglesia debemos estar concientes que cuando mencionamos el nombre de Dios estamos hablando de algo serio, más bien de alguien muy importante e interesante para nuestras vidas y la vida de la iglesia.
Hoy, enfrentamos un mundo raro, un mundo que necesita conocer al Único y Dios Verdadero, el mundo debe dejar atrás sus dioses para conocer a nuestro Dios, l que ha sido revelado en la Sagradas Escrituras, el que usted y yo conocemos a través de Jesucristo.
Nuestro Dios, es Único y Verdadero, no es una proyección humana como muchos hombres en la sociedad han dicho, no es sádico como otros han aseverado, tampoco es un Dios tan lejano que no se acuerde de nosotros. No, nuestro Dios es real, se ha dado a conocer, nos ha creado y llamado para vivir en armonía con él y los hombres. A él, al Único y Verdadero, debemos darle la honra y la gloria.» [2]
3 El plan de Dios es salvar a la humanidad del poder del pecado, la muerte y la condenación eterna mediante la fe en Jesucristo.
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“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él. El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios. Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas. Mas el que practica la verdad viene a la luz, para que sea manifiesto que sus obras son hechas en Dios.” (Jn. 3: 16-21 RVA)
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“Entra por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan.” (Mat. 7:13 RVA)
“Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero. Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él. Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me come, él también vivirá por mí. Este es el pan que descendió del cielo; no como vuestros padres comieron el maná, y murieron; el que come de este pan, vivirá eternamente.” (Jn 6:53-58. RVA)
“Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él” (Jn. 3: 17 RVA).
“Por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos” (Heb. 7: 25 RVA).
“Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre” (Fil. 2:5-11 RVA).
“La larga conversación con Nicodemo permite a Jesús mostrar también qué pretensiones guarda Dios en su infinito cerebro. Él, positivamente, quiere salvar al hombre, a todo hombre. Pretende solamente eso, nada más que eso. Por ello ha maquetado la vida como historia de salvación, no de condenación. Para conseguirlo hace lo absolutamente imprevisible, lo escandaloso, lo impensable… ¡entrega -y pierde- nada menos que a su Hijo! ¡Cómo es Dios! ¡Ama en serio,… hasta que se le rompe el alma! Como alguien afirmaba: “Si no existiera un Dios así, habría que inventarlo”.
Nosotros, sin embargo. ¡Condenamos! Se ha dicho que la mayoría de los creyentes somos propensos a una neurosis típica, la del divorcio entre fe y vida. Decimos creer en un Dios que salva, pero nos especializamos en el viperino arte de juzgar y condenar. Nuestra historia personal y común así lo certifica. Conseguimos con ello algunas rastreras cotas de poder porque “para hacer el mal cualquiera es poderoso” (Fray Luis de León).»3
Por eso, Juan Pablo II, en su Redemptoris missio (sobre la permanente Validez del Mandato Misionero, de 12 de julio de 1990) dice que «Jesús vino a traer la salvación integral, que abarca al hombre entero y a todos los hombres, abriéndoles a los admirables horizontes de la filiación divina.» (RM, 11) [4]
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